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Taller No. 2: Lee Atentamente El Siguiente Cuento

El cuento 'Cruce de caminos' de Miguel de Unamuno narra el encuentro entre un caminante y una niña que han perdido a sus seres queridos, quienes deciden unirse en su búsqueda. A lo largo de su viaje, comparten recuerdos y reflexiones sobre la vida y la muerte, mientras exploran un camino que simboliza la búsqueda de esperanza y conexión. La historia culmina con la muerte del anciano, quien se reconcilia con su pasado, dejando a la niña con la promesa de seguir adelante.

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Taller No. 2: Lee Atentamente El Siguiente Cuento

El cuento 'Cruce de caminos' de Miguel de Unamuno narra el encuentro entre un caminante y una niña que han perdido a sus seres queridos, quienes deciden unirse en su búsqueda. A lo largo de su viaje, comparten recuerdos y reflexiones sobre la vida y la muerte, mientras exploran un camino que simboliza la búsqueda de esperanza y conexión. La historia culmina con la muerte del anciano, quien se reconcilia con su pasado, dejando a la niña con la promesa de seguir adelante.

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INSTITUTO JOSE ANTONIO GALAN- FLORIDABLANCA

LECTURA CRÍTICA – GRADO ONCE


Profesora: NANCY GARCIA FORERO

Taller No. 2
NOMBRE:_________________________________________________________________________Grado:______Fecha:_______________

Lee atentamente el siguiente Cuento…

Cruce de caminos
Miguel de Unamuno

Entre dos filas de árboles, la carretera piérdese en el cielo, sestea un pueblecillo junto a un charco, en que
el sol cabrillea, y una alondra, señera, trepidando en el azul sereno, dice la vida mientras todo calla. El
caminante va por donde dicen las sombras de los álamos; a trechos para y mira, y sigue luego.

Deja que oree el viento su cabeza blanca de penas y años, y anega sus recuerdos dolorosos en la paz que
le envuelve.

De pronto, el corazón le da rebato, y se detiene temblando cual si fuese ante el misterioso final de su
existencia. A sus pies, sobre el suelo, al pie de un álamo y al borde del camino, una niña dormía un sueño
sosegado y dulce. Lloró un momento el caminante, luego se arrodilló, después sentose, y sin quitar sus ojos
de los ojos cerrados de la niña, le veló el sueño. Y él soñaba entretanto.

Soñaba en otra niña como aquella, que fue su raíz de vida, y que al morir una mañana dulce de primavera
le dejó solo en el hogar, lanzándole a errar por los caminos, desarraigado.

De pronto abrió los ojos hacia el cielo la que dormía, los volvió al caminante, y cual quien habla con un
viejo conocido, le preguntó: «¿Y mi abuelo?» Y el caminante respondió: «¿Y mi nieta?» Miráronse a los ojos,
y la niña le contó que, al morírsele su abuelo, con quien vivía sola -en soledad de compañía solos-, partió al
azar de casa, buscando… no sabía qué…: más soledad acaso.

-Iremos juntos; tú a buscar a tu abuelo; yo, a mi nieta -le dijo el caminante.


-¡Es que mi abuelo se murió! -dijo la niña.
-Volverán a la vida y al camino -contestó el viejo
-Entonces… ¿vamos?
-¡Vamos, sí, hacia adelante, hacia levante!
-No, que así llegaremos a mi pueblo y no quiero volver, que allí estoy sola. Allí sé el sitio en que mi abuelo
duerme. Es mejor al poniente, todo derecho.
-¿El camino que traje? -exclamó el vejo-. ¿Volverme dices? ¿Desandar lo andado? ¿Volver a mis
recuerdos? ¿Cara al ocaso? ¡No, eso nunca! ¡No, eso sí que no, antes morirnos!
-¡Pues entonces… por aquí, entre las flores, por los prados, por donde no hay camino!

Dejando así la carretera fueron campo traviesa, entre floridos campos -magarzas, clavelinas, amapolas-,
adonde Dios quisiera.

Y ella, mientras chupaba un chupamieles con sus labios de rosa, le iba contando de su abuelo cómo en las
largas veladas invernizas le hablaba de otros mundos, del Paraíso, de aquel diluvio de Noé, de Cristo…

-¿Y cómo era tu abuelo?


-Casi era como tú, algo más alto…; pero no mucho, no te creas…, viejo…, y sabía canciones.

Calláronse los dos, siguió un silencio y lo rompió el anciano dando a la brisa que iba entre las flores este
cantar:
Los caminos de la vida,
van del ayer al mañana,
más los del cielo, mi vida,
van al ayer del mañana.

Y al oírle, la niña dio a los cielos como una alondra, esta fresca canción de primavera:

Pajarcito, pajarcito,
¿de dónde vienes?
El tu nido, pajarcito,
¿ya no le tienes?

Si estás solo, pajarcito,


¿cómo es que cantas?
¿A quién buscas, pajarcito,
cuando te levantas?

-Así era como tú, algo más chica -dijo llorando el viejo-; así era como tú… como estas flores…

-¡Cuéntame de ella, pues, cuéntame de ella!

Y empezó el viejo a repasar su vida, a rezar sus recuerdos, y la niña a su vez a ensimismárselos, a
hacerlos propios.

«Otra vez…» -empezaba él, y ella, cortándole, decía: «¡Lo recuerdo!»

-¿Que lo recuerdas, niña?

-Sí, sí todo eso me parece cual, si fuera algo que me pasó, como si hubiese vivido yo otra vida.

-¡Tal vez! -dijo el anciano pensativo.

-Allí hay un pueblo: ¡mira!

Y el caminante vio en una loma humo de hogares. Luego, al llegar a su espinazo, al fondo, un pueblecillo
agazapado en rolde de una pobre espadaña, cuyos dos huecos con sus dos chilejas, cual dos pupilas,
parecían mirar al infinito. En el ejido, un zagalejo rubio cuidaba de unos bueyes que bebían en una charca,
que, cual si fuese un desgarrón de tierra, mostraba el cielo soterraño, y en este otros dos bueyes -dos bueyes
celestiales- que venían a contemplar sus sombras pasajeras o darles nueva vida acaso.

-Zagal, ¿aquí hay donde hacer noche, dime? -preguntó el viejo.

-¡Ni a posta! -dijo el mozo-. Esa casa de ahí está vacía; sus dueños emigraron, hoy sirve nada más que de
guarida para alimañas. Pan, vino y fuego aquí nunca se niega al que viene de paso en busca de su vida.

-¡Dios os lo pagará, zagal, en la otra!

Durmiéronse arrimados y soñaron, el viejo, en el abuelo de la niña, y ella, en la nietecita que perdiera el
pobre caminante. Al despertar miráronse a los ojos, y como en una charca sosegada que nos descubre el
cielo soterraño, vieron allí, en el fondo, sus sendos sueños.

-Puesto que hay que vivir, si nos quedáramos en esta casa… ¡La pobre está tan sola! -dijo el viejo.
-Sí, sí: la pobre casa… ¡Mira, abuelo, que el pueblo es tan bonito! Ayer, el campanario de la iglesia nos
miraba muy fijo, como yendo a decir…
En este punto sonaron las chilejas. «Padre nuestro que estás en los cielos…» Y la niña siguió: «¡Hágase tu
voluntá así en la tierra como en el cielo!» Rezaron a una voz. Y salieron de casa, y les dijeron: «Vosotros,
¿qué sabéis hacer?, ¡veamos!» El viejo hacía cestas, componía mil cosas estropeadas; sus manos eran
ágiles; industrioso su ingenio.

Sentábanse al arrimo de la lumbre: la niña hacía el fuego, y cuidando de la olla le ayudaba. Y hablaban de
los suyos, de la otra vida y de aquel otro abuelo. Y era cual si las almas de los otros, también desarraigadas,
errantes por las sendas de los cielos, bajasen al arrimo de la lumbre del nuevo hogar. Y les miraban
silenciosas, y eran cuatro y no dos. O más bien eran dos, mas dos parejas. Y así vivían doble vida: la una,
vida del cielo, vida de recuerdos, y la otra, de esperanzas de la tierra.

Íbanse por las tardes a la loma, y de espaldas al pueblo veían sobre el cielo destacarse, allá en las
lejanías, unos álamos que dicen el camino de la vida. Volvíanse cantando.

Y así pasaba el tiempo hasta que un día -unos años más tarde- oyó otro canto junto a casa el viejo.

-Dime, ¿quién canta esa canción, María?


-Acaso el ruiseñor de la alameda…
-¡No, que es cantar de mozo!

Ella bajó los ojos.

-Ese canto, María, es un reclamo. Te llama a ti al camino y a mí a morir. ¡Dios os bendiga, niña!

-¡Abuelito! ¡Abuelito! -y le abrazaba, cubríale de besos, le miraba a los ojos cual buscándose.

-¡No, no, que aquella se murió, María! ¡También yo muero!

-No quiero, abuelo, que te mueras; vivirás con nosotros…

-¿Con vosotros me dices? ¿Tu abuelo? Tu abuelo, niña, se murió. ¡Soy otro!

-¡No, no; tú eres mi abuelo! ¿No te acuerdas cuando yo, al despertar sola y contarte cómo escape de casa,
me dijiste: ¿Volverán a la vida y al camino? ¡Y volvieron!

-Volvieron al camino, sí, hija mía, y a él nos llama esa canción del mozo. ¡Tú con él, mi María; yo… con
ella!

-¡Con ella, no! ¡Conmigo!

-¡Sí, contigo! Pero… ¡con la otra!

-¡Ay, mi abuelo, mi abuelo!

-¡Allí te aguardo! ¡Dios os bendiga, pues por ti he vivido!

Muriose aquella tarde el pobre anciano, el caminante que alargó sus días; la niña, con los dedos que
cogían flores del campo -magarzas, clavelinas, amapolas- le cerró ambos los ojos, guardadores de ensueño
de otro mundo; besole en ellos, lloró rezó, soñó, hasta que oyendo la canción del camino se fue a quien le
llamaba.

Y el viejo fue a la tierra: a beber bajo de ella sus recuerdos.

FIN
ACTIVIDAD 1. NIVEL LITERAL
1. Identifica el vocabulario desconocido, consulta su significado y consígnalo en tu cuaderno. Así
entenderás mejor la historia.
2. ¿Cuál es el tema central y cuales los temas secundarios del cuento?
3. Establece la relación que hay entre el título del cuento y su contenido.
4. Identifica la voz narrativa que uso el autor.
5. Haz una descripción detallada de los personajes de la historia.
6. ¿Cuál es el tiempo narrativo del cuento? Es decir, el tiempo en el que transcurre la historia narrada.
Explica.
7. Identifica las figuras retoricas utilizadas por el autor
8. ¿Dónde y cuando se desarrollan los hechos?
9. Identifica las imágenes sensoriales utilizadas por el autor.

ACTIVIDAD 2, NIVEL INFERENCIAL


10. ¿Qué se puede inferir del lenguaje utilizado en la narrativa?
11. ¿Quién era el caminante?
12. ¿Qué suceso los unió en el camino?
13. ¿Por qué el abuelo y la niña decidieron dejar el camino?
14. ¿Qué crees que significa “Campo traviesa”?
15. Lee atentamente los versos subrayados y explica lo que lograste interpretar en ellos.
16. En la frase: “Al despertar miráronse a los ojos, y como en una charca sosegada que nos descubre el
cielo soterraño, vieron allí, en el fondo, sus sendos sueños.” ¿A qué crees que hace referencia la voz
narrativa?

ACTIVIDAD3. NIVEL INTERTEXTUAL


17. Investiga un poco sobre la vida del autor Miguel de Unamuno.
18. ¿A que corriente literaria pertenece el relato?
19. ¿Qué otro título sería adecuado para el cuento?
20. Infiere el significado de la siguiente frase: “Y el viejo fue a la tierra: a beber bajo de ella sus recuerdos.”
21. Qué puedes concluir del siguiente fragmento: “… -Volvieron al camino, sí, hija mía, y a él nos llama esa
canción del mozo. ¡Tú con él, mi María; yo… con ella! __-¡Con ella, no! ¡Conmigo! __-¡Sí, contigo!
Pero… ¡con la otra! . Argumenta.
22. Escribe tu comentario crítico sobre el cuento. (Ten en cuenta la estructura del texto.)

“No sabes lo fuerte que puedes llegar a


ser, hasta que ser fuerte es tu única
opción.”

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