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Introducción

El mercantilismo, una corriente económica predominante entre los siglos XVI y XVIII, se centraba en la acumulación de metales preciosos y la intervención estatal para lograr un superávit comercial. Promovido por pensadores como Thomas Mun y Jean Bodin, esta teoría influyó en las políticas económicas de las potencias europeas y sentó las bases para el desarrollo de teorías económicas posteriores, como el liberalismo. Aunque hoy se considera superada, sus principios aún resuenan en algunas políticas proteccionistas contemporáneas.
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Introducción

El mercantilismo, una corriente económica predominante entre los siglos XVI y XVIII, se centraba en la acumulación de metales preciosos y la intervención estatal para lograr un superávit comercial. Promovido por pensadores como Thomas Mun y Jean Bodin, esta teoría influyó en las políticas económicas de las potencias europeas y sentó las bases para el desarrollo de teorías económicas posteriores, como el liberalismo. Aunque hoy se considera superada, sus principios aún resuenan en algunas políticas proteccionistas contemporáneas.
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Introducción

El mercantilismo fue una corriente económica que se desarrolló principalmente


entre los siglos XVI y XVIII, marcando un periodo importante en la historia del
pensamiento económico y las relaciones comerciales internacionales. Esta teoría se
centraba en la idea de que la riqueza de una nación no se medía por su capacidad
productiva, por la cantidad de metales preciosos, especialmente oro y plata, que poseía.
Los mercantilistas defendían una intervención activa del Estado en la economía,
mediante políticas que favorecieran las exportaciones y restringieran las importaciones,
con el fin de lograr un superávit comercial que se tradujera en una acumulación de
riqueza nacional. Esta perspectiva tuvo un gran impacto en las relaciones comerciales y
la política de expansión imperial de las potencias europeas de la época.

Los principales promotores del mercantilismo fueron economistas y pensadores


como Thomas Mun, Jean Bodin, y Richard Cantillon, quienes jugaron un papel
fundamental en la formulación y expansión de esta teoría. Mun, defendía que las
naciones debían concentrarse en exportar más de lo que importaban, generando así un
flujo de metales preciosos que incrementaría su poder económico. Bodin, introdujo la
noción de que el control de los recursos naturales y las rutas comerciales era esencial
para el bienestar económico de una nación. A través de sus teorías, el mercantilismo
proporcionó las bases para las políticas económicas de los estados europeos durante la
expansión de los imperios coloniales.

Smith sostuvo que la riqueza de una nación no dependía de su acumulación de


metales preciosos, sino de su capacidad para producir bienes y servicios de manera
eficiente y distribuirlos libremente en los mercados internacionales. A lo largo del
tiempo, la crítica al mercantilismo llevó al desarrollo de teorías económicas más
liberales, como el liberalismo económico, que promovía la libertad de comercio y la
competencia. En la actualidad, algunas políticas proteccionistas adoptadas por países
como Estados Unidos, que recurren al aumento de aranceles y barreras comerciales, han
sido comparadas con las prácticas mercantilistas. Este trabajo tiene como objetivo
explorar las bases del mercantilismo, sus principales teóricos, las críticas que surgieron
en su contra, y cómo sus principios todavía pueden influir en las políticas económicas
contemporáneas.
Desarrollo del tema

El Mercantilismo en la economía

El mercantilismo es una doctrina económica que surgió en Europa durante los


inicios de la Edad Moderna, aproximadamente entre los siglos XVI y XVIII. Se
desarrolló históricamente marcando el nacimiento del Estado moderno, la expansión
colonial y los cambios en la estructura de poder económica. Esta corriente se centraba
en el fortalecimiento del Estado mediante la acumulación de riqueza, particularmente en
forma de metales preciosos, y consideraba que la riqueza de una nación se medía por la
cantidad de oro y plata que poseía. La economía se entendía como una herramienta
política al servicio del poder del Estado.

Uno de los elementos fundamentales del mercantilismo es la idea de que el


comercio internacional es un juego de suma cero, lo que una nación gana otra lo pierde.
Esta visión llevó a que los gobiernos adoptaran políticas proteccionistas, restringiendo
las importaciones mediante aranceles altos y promoviendo las exportaciones para lograr
una balanza comercial favorable (Santiago, 2022). El superávit comercial era visto
como el principal mecanismo para lograr la entrada de metales preciosos y, fortalecer el
poder económico y político del país.

El surgimiento del mercantilismo como corriente económica no fue producto de


una escuela unificada, de una serie de ideas prácticas desarrolladas por asesores reales,
comerciantes, burócratas y pensadores que compartían una misma preocupación: cómo
aumentar el poder del Estado mediante la riqueza. El mercantilismo no posee una
doctrina homogénea ni un cuerpo teórico sólido, pero sí comparte principios comunes
como la intervención estatal, el proteccionismo y el fomento de la industria nacional.

Este pensamiento se diferenció de otras visiones anteriores, como la escolástica


medieval, que condenaba la acumulación de riqueza y defendía la economía como un
reflejo del orden divino. El mercantilismo justificaba el lucro y la intervención del
Estado en los asuntos económicos, abriendo paso a una visión más secular y pragmática
del funcionamiento económico (Sánchez, 2021). Esta transformación ideológica sentó
las bases para el posterior desarrollo de teorías económicas más elaboradas.
Durante el auge del mercantilismo, los gobiernos impulsaron medidas como el
establecimiento de compañías comerciales monopólicas, el subsidio a industrias
estratégicas, la reglamentación estricta del comercio y la limitación de importaciones de
productos considerados innecesarios. Se buscaba así generar una economía
autosuficiente en lo posible y altamente controlada, donde el Estado era el principal
actor económico. Este modelo fue aplicado de diferentes maneras en países como
Inglaterra, Francia, España y los Países Bajos.

El pensamiento mercantilista también consideró esencial el papel de las colonias.


Estas eran vistas como fuentes de materias primas y mercados seguros para las
exportaciones de la metrópoli. La relación comercial entre colonia y metrópoli debía ser
exclusiva, de forma que los recursos coloniales se destinaran únicamente a fortalecer a
la nación dominante. Esta lógica contribuyó al desarrollo de un sistema económico
mundial basado en la desigualdad y la dependencia, cuyas consecuencias se mantienen
hasta la actualidad en muchos países.

En cuanto a la organización interna, el mercantilismo impulsó el desarrollo de la


manufactura y de la infraestructura comercial. Se valoraba la industria por encima de la
agricultura, ya que los productos manufacturados tenían mayor valor agregado y eran
más competitivos en el comercio exterior. Se incentivó la creación de talleres, la
capacitación de mano de obra, y se aplicaron políticas que restringían el consumo de
bienes importados que pudieran competir con los productos nacionales.

El pensamiento mercantilista también tenía limitaciones. Al centrarse


exclusivamente en la acumulación de metales y en la protección del mercado interno,
descuidaba factores como la eficiencia productiva, la innovación tecnológica y el
bienestar general de la población (Espinoza, Guerrero, & Pérez, 2022). Su modelo
favorecía a las élites comerciales e industriales, mientras que muchos sectores sociales
eran excluidos de los beneficios del crecimiento económico. Estas críticas fueron claves
en el surgimiento de corrientes posteriores.

La crítica más influyente vino con el surgimiento de la economía clásica,


especialmente a partir del pensamiento de Adam Smith. En su obra "La riqueza de las
naciones" (1776), Smith argumentó que la riqueza de un país no dependía del oro que
poseía, de su capacidad de producción y del trabajo. Introdujo el concepto de libre
mercado como mecanismo natural para asignar recursos, criticando la intervención
excesiva del Estado promovida por el mercantilismo. El pensamiento liberal marcó el
declive de esta corriente económica.

El mercantilismo representó una etapa clave en la transición de la economía


feudal a la moderna. Aunque hoy en día es considerado una doctrina superada, muchos
de sus elementos persisten en algunas políticas económicas actuales, como el
proteccionismo o la intervención estatal en sectores estratégicos. Su importancia
histórica radica en haber sido la primera gran visión sobre cómo organizar la economía
nacional al servicio del Estado, anticipando debates que aún siguen vigentes sobre
soberanía económica, comercio internacional y poder estatal.

Principales promotores del Mercantilismo

A lo largo de los siglos XVI al XVIII, el mercantilismo se configuró como una


corriente de pensamiento económico influenciada por la consolidación de los Estados
modernos y la expansión del comercio internacional. Aunque no existió un manifiesto
fundacional ni una doctrina uniforme, sí surgieron diversos pensadores y funcionarios
que, desde la teoría o la práctica, desarrollaron ideas fundamentales que dieron forma al
mercantilismo. Estos promotores compartieron una misma preocupación: cómo
fortalecer el poder económico del Estado y consolidar su soberanía a través de políticas
que protegieran e impulsaran el comercio y la producción nacional.

Entre los nombres más reconocidos se encuentra Thomas Mun, economista inglés
que trabajó para la Compañía de las Indias Orientales. En su obra England's Treasure by
Forraign Trade, defendió la idea de que la prosperidad de una nación dependía de una
balanza comercial positiva, de exportar más de lo que se importaba. Según Mun, el
comercio exterior era la principal fuente de ingreso de metales preciosos y, de riqueza
nacional (Kenton, 2024). Su enfoque ayudó a justificar el intervencionismo estatal y la
promoción de las exportaciones como política clave para el desarrollo económico.

Otro importante promotor del mercantilismo fue Antonio Serra, economista


napolitano que escribió Breve trattato delle cause che possono far abbondare li regni
d’oro e argento dove non sono miniere (1613). Serra fue uno de los primeros en teorizar
sobre el papel del trabajo productivo como fuente de riqueza, y aunque defendía la
acumulación de metales, también destacaba la importancia de las manufacturas para
lograrlo. A diferencia de otros autores, su análisis incluyó variables como el empleo y la
productividad, anticipando algunas ideas posteriores del pensamiento económico
clásico.

En Francia, una figura importante fue Jean-Baptiste Colbert, ministro de finanzas


del rey Luis XIV. Más que un teórico, Colbert fue un estratega del Estado absolutista,
quien aplicó políticas mercantilistas a gran escala, conocidas como colbertismo.
Promovió la creación de fábricas estatales, subsidios a la industria nacional, altos
aranceles para productos extranjeros y una poderosa flota mercante (unlam, 2023). Su
enfoque buscaba reducir la dependencia de productos importados, fomentar la
autosuficiencia y acumular metales preciosos mediante el superávit comercial. Colbert
consolidó el modelo del Estado como actor central en la economía.

También se destaca Philipp Wilhelm von Hornick, un austríaco que en su obra


Austria Over All If She Only Will resumió principios fundamentales del mercantilismo
germano. Von Hornick abogaba por el uso eficiente de los recursos internos, la
prohibición de importaciones innecesarias, la expansión de la población productiva y la
acumulación de reservas de oro y plata (Orozco, 2022). Sus ideas fueron representativas
del cameralismo, una corriente administrativa que influenció las políticas económicas
de los Estados alemanes y del Imperio Austrohúngaro, defendiendo un control técnico y
racional sobre las actividades económicas.

En los Países Bajos, Pieter de la Court, aunque más liberal que otros
mercantilistas, también contribuyó al debate con su visión de la riqueza basada en el
trabajo y el comercio competitivo. Defendía la libertad económica, pero bajo el
principio de que el interés nacional debía prevalecer en cuestiones estratégicas. Aunque
no abogaba por el proteccionismo extremo, consideraba legítimo que el Estado
interviniera para asegurar el bienestar y la prosperidad del país en un entorno
internacional hostil.

No se puede dejar de mencionar a Martín de Azpilcueta, teólogo y economista


español del siglo XVI, quien, sin ser un mercantilista en sentido estricto, aportó ideas
sobre el valor del dinero y su relación con la abundancia de metales (mundial, 2023).
Azpilcueta observó que la llegada de oro y plata de América a España provocaba una
pérdida de valor del dinero, anticipando así la teoría cuantitativa del dinero. Este
análisis alimentó la reflexión mercantilista sobre la necesidad de controlar el flujo de
metales y proteger la economía interna frente a la inflación.

Todos estos promotores, desde distintos países, compartieron una visión


estratégica de la economía al servicio del Estado. Aunque algunos priorizaron el
comercio exterior y otros las manufacturas internas, todos coincidieron en que la
intervención del gobierno era fundamental para alcanzar la riqueza y la estabilidad. No
se trataba solo de teorizar, de aplicar medidas prácticas que aseguraran el
fortalecimiento del poder nacional a través de la economía.

Los teóricos y aplicadores del mercantilismo sentaron las bases del pensamiento
económico moderno, al plantear por primera vez una relación directa entre economía,
política y poder estatal. Su legado permanece como una referencia obligada en el
estudio de las doctrinas económicas, especialmente donde resurgen ideas de
proteccionismo y nacionalismo económico. Sus propuestas reflejaban la búsqueda de
autonomía económica y superioridad en un mundo cada vez más competitivo.

Principales teorías del Mercantilismo

Las teorías del mercantilismo constituyen uno de los primeros esfuerzos


sistemáticos por comprender y dirigir la economía desde una lógica nacionalista,
asociando la riqueza de un país con su capacidad para acumular recursos tangibles,
especialmente metales preciosos. Esta corriente de pensamiento no surgió como una
escuela homogénea, sino como una serie de ideas aplicadas por los Estados europeos
entre los siglos XVI y XVIII, cuyo objetivo era fortalecer el poder nacional a través del
control económico. Una de las principales teorías mercantilistas fue la creencia de que
el oro y la plata representaban la verdadera riqueza de una nación (Goenaga & Otal,
2022). Cuanta más cantidad de estos metales poseía un Estado, mayor era su seguridad
y poder político. Esta visión impulsó políticas que incentivaban las exportaciones y
restringían las importaciones, creando un superávit comercial permanente.

Otra teoría fundamental fue la defensa de una balanza comercial positiva como
indicador del éxito económico. Bajo esta premisa, los países debían vender más bienes
de los que compraban, y las ganancias obtenidas por esas exportaciones debían ingresar
al país en forma de metales preciosos. Para asegurar esta ventaja comercial, se fomentó
un sistema proteccionista basado en aranceles, cuotas de importación y subsidios a
industrias nacionales. Los mercantilistas argumentaban que era deber del Estado
intervenir activamente en la economía para controlar los precios, regular el comercio
exterior y supervisar la actividad productiva interna. Este principio dio lugar a un
modelo económico centralizado, donde la autoridad del gobierno era vista como
necesaria para garantizar el orden y la eficiencia.

Una idea clave del mercantilismo fue el estímulo a la manufactura por encima del
comercio de materias primas. Los productos elaborados no solo generaban mayor valor
económico, sino que también permitían al país competir en los mercados
internacionales. Los Estados favorecieron la creación de industrias nacionales mediante
incentivos fiscales, concesiones exclusivas y control de la competencia extranjera
(Bencid, 2024). También se fomentó el empleo intensivo, ya que se consideraba que una
nación con alta actividad laboral interna era más productiva, fuerte y autosuficiente.
Esta visión promovía la disciplina social, el orden y el trabajo como base de la
prosperidad colectiva.

Dentro de estas teorías también se destacaba la función estratégica de las colonias,


concebidas como extensiones económicas de la metrópoli. Las colonias debían aportar
materias primas, servir como mercados exclusivos para productos manufacturados, y no
desarrollar industrias propias que compitieran con la nación dominante. El comercio
colonial se convirtió en un instrumento central del sistema mercantilista, alimentando la
riqueza de las potencias europeas y estableciendo relaciones económicas asimétricas.

El concepto de autosuficiencia nacional también fue recurrente. Los mercantilistas


defendían la idea de reducir al máximo la dependencia del extranjero, especialmente en
productos considerados estratégicos como alimentos, armas, textiles o herramientas.
Esta visión llevó a priorizar el desarrollo agrícola e industrial local, fortalecer la marina
mercante y asegurar rutas comerciales protegidas (Soledispa, 2021). El control de la
moneda y del crédito interno era considerado indispensable. Los gobiernos debían evitar
la salida de dinero al extranjero y, si era necesario, restringir la circulación de divisas
para mantener la estabilidad económica.
Otra teoría esencial del mercantilismo fue la promoción del nacionalismo
económico. Se afirmaba que el bienestar del país estaba por encima de los intereses
individuales o de mercado, por lo que los ciudadanos debían consumir productos
nacionales y contribuir al crecimiento interno. Este principio sentó las bases del llamado
“interés nacional”, orientando la economía hacia objetivos políticos. El Estado asumió
un rol protagónico en la definición de las prioridades productivas y en la supervisión de
los agentes económicos.

El mercantilismo también incluyó la creación de compañías comerciales


privilegiadas, que actuaban como brazos económicos del Estado en regiones
estratégicas. Estas compañías, como la Compañía Británica de las Indias Orientales,
recibían derechos exclusivos para comerciar en determinadas zonas y actuaban bajo
protección militar estatal. Esta estructura reforzaba la conexión entre economía,
expansión territorial y poder político. Se establecían tratados comerciales
desequilibrados que beneficiaban a la metrópoli en detrimento de sus socios o colonias.

La teoría mercantilista atribuía un papel moral a la economía: trabajar, ahorrar y


consumir con prudencia eran vistos como deberes ciudadanos. Esta ética del trabajo y
del ahorro fue integrada al pensamiento económico, alimentando posteriormente las
bases ideológicas del capitalismo. Aunque con el tiempo las ideas mercantilistas fueron
reemplazadas por teorías más complejas y menos intervencionistas, su legado se
mantiene en muchas prácticas económicas actuales, sobre todo en políticas de
nacionalismo económico y protección de industrias estratégicas.

Críticas hacia el Mercantilismo

El mercantilismo, una corriente económica predominante en Europa durante los


siglos XVI a XVIII, fue fundamental en la construcción del pensamiento económico
primitivo. Una de las críticas más destacadas al mercantilismo se refiere a su visión
limitada y rígida sobre el comercio internacional. Los mercantilistas creían que la
riqueza de una nación se medía por la cantidad de metales preciosos que poseía, una
concepción que fue rápidamente desmentida por los economistas clásicos (Weller,
2019). Según el enfoque mercantilista, el objetivo primordial era acumular oro y plata
mediante políticas como el proteccionismo, aranceles y una balanza comercial
favorable, donde las exportaciones debían superar a las importaciones.
En un enfoque más técnico, David Ricardo fue otro crítico influyente que
cuestionó la visión mercantilista. A través de su teoría de la ventaja comparativa,
Ricardo demostró que incluso si un país no es el más eficiente en la producción de todos
los bienes, puede beneficiarse del comercio internacional especializándose en aquellos
bienes en los cuales tiene una ventaja relativa (Internacional, 2024). Esto refutó la idea
mercantilista de que el comercio internacional es un juego de suma cero, donde una
nación siempre debe ganar a expensas de otra. De acuerdo con Ricardo, el comercio
libre entre países, basado en las ventajas comparativas, permite que todas las naciones
involucradas se beneficien mutuamente, lo que contradice directamente la mentalidad
mercantilista de acumular riqueza a expensas de los demás.

La crítica más práctica del mercantilismo se centró en sus políticas de


intervención estatal en la economía. Los mercantilistas defendían una gran intervención
gubernamental en el comercio, incluyendo la imposición de altos aranceles y la
regulación estricta de las exportaciones e importaciones. Economistas como John Stuart
Mill y Jean-Baptiste Say sostuvieron que la intervención del Estado en los mercados
distorsiona las señales de oferta y demanda y limita la competencia. El exceso de
regulación y la protección de industrias nacionales mediante barreras comerciales no
solo aumentaban los costos para los consumidores, impedían la innovación y la
eficiencia (Massa, 2020). Según los economistas liberales, la intervención estatal
excesiva, característica del mercantilismo, bloqueaba el desarrollo de un mercado más
dinámico y competitivo.

La crítica más filosófica al mercantilismo provino de la concepción del individuo


y el mercado. Los mercantilistas sostenían que la intervención estatal debía estar
dirigida a maximizar el interés colectivo, pero esta visión fue cuestionada por
pensadores como Adam Smith, que promovían la idea de que la suma de los intereses
individuales podía generar el beneficio general, conocido como "la mano invisible"
(Bahamonde, 2022). Según esta teoría, los individuos, al buscar su propio beneficio,
contribuyen involuntariamente al bienestar general de la sociedad. Esta idea fue clave
en la fundación del liberalismo económico y en el rechazo de las políticas mercantilistas
de control estatal.

Uno de los puntos más fuertes de la crítica moderna al mercantilismo tiene que
ver con las consecuencias sociales y económicas de las políticas que promovía. El
sistema mercantilista, al favorecer el acaparamiento de metales preciosos y una balanza
comercial positiva, llevaba a la creación de sistemas comerciales monopolísticos y
coloniales, que no solo eran insostenibles a largo plazo, desiguales. Las potencias
coloniales explotaban a las colonias, extrayendo sus recursos naturales sin ofrecer un
desarrollo económico sostenible a estas regiones. El comercio entre las colonias y las
potencias coloniales estaba estrictamente controlado, lo que impedía que las colonias
desarrollaran economías propias y competitivas. A largo plazo, esto generó
desigualdades significativas entre las naciones colonizadoras y las colonias.

Los economistas neoclásicos, en el siglo XIX, ampliaron aún más la crítica al


mercantilismo al incorporar el concepto de la "productividad marginal", que enfatizaba
la eficiencia de los recursos y la producción de bienes. Según estos economistas, el
mercantilismo, al centrarse exclusivamente en la acumulación de metales preciosos,
ignoraba el papel de la productividad y la inversión en el capital humano y físico
(Morla, 2020). Esta visión más amplia de la economía subrayaba la importancia de los
factores de producción como el trabajo, la tierra y el capital, y cómo su interacción
eficiente podía generar más riqueza que cualquier política proteccionista o restrictiva.

La crítica más profunda y sustantiva al mercantilismo vino de la teoría de la


competencia perfecta, que los economistas liberales promovieron con fuerza en el siglo
XIX. En lugar de ver el comercio como un juego de suma cero, los economistas clásicos
defendían que el comercio internacional podía generar beneficios mutuos para todas las
naciones involucradas. La competencia perfecta, sin barreras comerciales y con
mercados abiertos, sería más eficiente, reduciría los precios y aumentaría la oferta de
bienes y servicios. En contraste con el modelo mercantilista, que fomentaba la
intervención y el control estatal, el liberalismo económico promovía un mercado libre
en el que las fuerzas del mercado, y no el gobierno, determinarían los precios y la
producción.

La crítica moderna también se centra en la globalización y las políticas


comerciales actuales, que en muchos casos siguen la tradición del mercantilismo.
Aunque el modelo mercantilista fue reemplazado por el libre comercio y el mercado
global, muchos gobiernos, especialmente en momentos de crisis económica, han vuelto
a recurrir a políticas proteccionistas (Valencia & Filián, 2022). Estas políticas, aunque a
veces beneficiosas a corto plazo para sectores específicos de la economía, pueden
perjudicar a largo plazo el bienestar de los consumidores y de la economía global. El
proteccionismo moderno, al igual que el mercantilismo, puede limitar la competencia,
aumentar los costos de los productos y frenar la innovación.

Las críticas al mercantilismo provienen de diversos enfoques económicos, desde


las teorías clásicas que defienden el libre comercio hasta las críticas más filosóficas y
sociales sobre los efectos de la intervención estatal en la economía. Los economistas
posteriores al mercantilismo han demostrado que las políticas basadas en la
acumulación de metales preciosos y la intervención estatal pueden ser ineficaces y
contraproducentes a largo plazo. El libre comercio, la competencia y la especialización
en la producción de bienes son principios fundamentales que, según la teoría económica
moderna, conducen a un mayor bienestar para todos los países involucrados (Burgess &
Cooper, 2023). Las ideas mercantilistas siguen siendo relevantes en el ámbito político y
económicos contemporáneos, aunque en general, se considera que el mercado libre es la
mejor vía para el crecimiento y desarrollo económico global.

¿Se puede considerar esta política como el nuevo mercantilismo de Estados


Unidos o es una estrategia sabia para presionar y quebrantar la soberanía de los
demás países y recibir un trato comercial más preferencial para los Estados
Unidos?

La política arancelaria implementada por Estados Unidos bajo la administración


de Donald Trump ha generado un intenso debate sobre si constituye un resurgimiento
del mercantilismo o una estrategia legítima para recuperar la competitividad económica
del país. El mercantilismo, como corriente económica del siglo XVI y XVIII, promovía
la intervención estatal en la economía con el objetivo de maximizar las exportaciones y
minimizar las importaciones, para asegurar un flujo constante de metales preciosos
hacia el país (Hunt, 2020). Al imponer aranceles a productos extranjeros, Trump
argumentó que esta medida ayudaría a disminuir el déficit comercial y a reactivar la
industria nacional, especialmente en sectores clave como el acero, la automotriz y la
manufactura. A pesar de las críticas, esta política parece seguir los mismos principios
del mercantilismo, al favorecer el proteccionismo y la autosuficiencia económica.

La imposición de aranceles también tiene un componente estratégico. Trump


utilizó los aranceles como una herramienta de presión para negociar acuerdos
comerciales más favorables, especialmente con China, al acusar a este país de prácticas
desleales como el robo de propiedad intelectual y la manipulación de la moneda. A
diferencia del mercantilismo clásico, que se centraba en la acumulación de riquezas
materiales, la política de Trump busca modernizar la economía estadounidense
mediante el fortalecimiento de la industria interna y la reducción de la dependencia de
los suministros extranjeros. Este enfoque se basa en la creencia de que, mediante la
adopción de políticas proteccionistas, Estados Unidos podrá recuperar empleos perdidos
durante las últimas décadas y mejorar su balance comercial.

Los beneficios y riesgos de esta estrategia son complejos. Aunque la reactivación


de la producción interna y la creación de empleo son objetivos loables, los aranceles
pueden tener efectos negativos a largo plazo. El aumento de los precios de los productos
importados genera un encarecimiento para los consumidores estadounidenses, afectando
su poder adquisitivo (Rodríguez & Palacio, 2022). Los socios comerciales de Estados
Unidos han respondido con medidas similares, lo que podría resultar en una guerra
comercial que reduzca las exportaciones estadounidenses. Los sectores que dependen de
las importaciones, como la tecnología, las empresas agrícolas y los fabricantes de
productos electrónicos, también se verían perjudicados, ya que los costos de producción
aumentarían debido a los aranceles impuestos sobre los insumos (Sotomayor, Ramírez,
& Martínez, 2021). Aunque la política de Trump puede tener algunos beneficios a corto
plazo en términos de protección de ciertos sectores industriales, los efectos negativos
podrían superar los beneficios, afectando tanto a los consumidores como a la
competitividad global de Estados Unidos.
Conclusiones

1. El mercantilismo, aunque obsoleto en muchos aspectos, tiene lecciones valiosas


sobre la importancia de las políticas económicas activas en tiempos de crecimiento
nacional. La idea de que el Estado debe jugar un papel central en la economía es algo
que muchos gobiernos actuales siguen considerando, especialmente cuando buscan
fortalecer sectores estratégicos, aunque los métodos han cambiado significativamente.

2. A través de la investigación sobre el mercantilismo, me di cuenta de que este


modelo económico, a pesar de su énfasis en la acumulación de metales preciosos, fue
una respuesta pragmática a los desafíos del comercio internacional de su época. Aunque
sus principios fueron reemplazados por otros más liberales, el mercantilismo sigue
siendo relevante para entender cómo las políticas proteccionistas pueden ser utilizadas
para preservar la autonomía económica de los países.

3. Una de las conclusiones que más me impactó fue cómo el mercantilismo,


aunque en su tiempo favorecía a los Estados europeos, dejó una gran carga histórica a
las colonias, ya que justificaba su explotación para beneficio de las metrópolis. Esto nos
enseña que los sistemas económicos deben ser evaluados no solo por su eficiencia, sino
también por sus implicaciones sociales y éticas.

4. Al estudiar el mercantilismo, comprendí que sus defensores creían firmemente


que la riqueza era finita y que los países debían competir por ella. Hoy, sin embargo,
vivimos en un mundo interconectado donde el intercambio y la cooperación pueden
generar beneficios mutuos. El mercantilismo nos invita a reflexionar sobre las
limitaciones de los modelos económicos cerrados y cómo la globalización ofrece nuevas
oportunidades, aunque también desafíos.

5. Lo que más me ha impresionado de esta investigación es cómo el


mercantilismo refleja las tensiones entre el Estado y el mercado. La historia económica
está llena de ejemplos de cómo estos dos actores han intentado equilibrarse. Aunque el
mercantilismo fue criticado por su enfoque rígido, las lecciones sobre la intervención
estatal siguen siendo útiles en debates sobre la regulación del comercio internacional y
el papel del gobierno en la economía.

Recomendaciones

Es fundamental que los países modernos aprendan de las lecciones del


mercantilismo, especialmente en términos de intervención estatal en la economía.
Aunque este enfoque buscaba proteger a las industrias nacionales, hoy es importante
equilibrar esa protección con una apertura al comercio internacional.

Los gobiernos deben buscar formas de apoyar a las industrias estratégicas a través
de políticas fiscales e incentivos a la innovación, sin caer en excesivas barreras
comerciales que puedan aislar sus economías. Esto permitirá una adaptación más
flexible a los cambios globales y fomentará el desarrollo de sectores competitivos y
tecnológicamente avanzados. Al considerar las políticas proteccionistas actuales, como
las impulsadas por algunos países para fortalecer sus industrias nacionales, es esencial
evaluar los impactos a largo plazo.

El mercantilismo tenía una visión limitada, que no contemplaba la cooperación


internacional y la interdependencia global. En la actualidad, las naciones deben
reconocer que la cooperación comercial es clave para un crecimiento sostenible. A
medida que el mundo se globaliza, las economías nacionales deben buscar acuerdos que
favorezcan el libre comercio y, a su vez, protejan ciertos sectores estratégicos sin
recurrir a la imposición de aranceles elevados que puedan perjudicar las relaciones
internacionales.
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ANEXO

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