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TP Antropologia1

La investigación de Fernando Vidal sugiere que las Venus prehistóricas fueron creadas por mujeres embarazadas que se representaban a sí mismas, lo que ofrece nuevas interpretaciones sobre estas esculturas, tradicionalmente vistas como símbolos de fertilidad. Este enfoque resalta el papel activo de las mujeres en la creación cultural y desafía visiones pasivas del arte prehistórico. Además, se explora cómo las representaciones del cuerpo femenino han variado a lo largo de la historia, reflejando valores y creencias de diferentes sociedades.
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La investigación de Fernando Vidal sugiere que las Venus prehistóricas fueron creadas por mujeres embarazadas que se representaban a sí mismas, lo que ofrece nuevas interpretaciones sobre estas esculturas, tradicionalmente vistas como símbolos de fertilidad. Este enfoque resalta el papel activo de las mujeres en la creación cultural y desafía visiones pasivas del arte prehistórico. Además, se explora cómo las representaciones del cuerpo femenino han variado a lo largo de la historia, reflejando valores y creencias de diferentes sociedades.
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Materia Asignada: Antropologia

Año: 2025

Docente: Juan carlos Sabogal

Integrante: Maria Daniela Cornelli DNI: 44409499

Las Venus Prehistóricas en Realidad Aumentada: Reflexiones sobre Cultura y


Naturaleza
Una nueva investigación llevada a cabo en 2021 por Fernando Vidal y publicada en la revista
Obesity, retoma y refuerza una teoría que ha ido ganando terreno en el campo de la
antropología. Según esta interpretación, las Venus prehistóricas fueron creadas por mujeres
embarazadas que se representaban a sí mismas desde su perspectiva al mirar hacia abajo.

Esta visión ayuda a


explicar algunas
características de las
esculturas, como las
proporciones
exageradas, la falta de
rostros y pies, y el
énfasis en el abdomen (McCoid & McDermott, 1996; Vidal, 2021). Antes de este estudio,
teníamos una noción general de estas figuras como símbolos de fertilidad, pero no éramos
conscientes de la variedad de interpretaciones que existen sobre ellas. Habíamos escuchado
teorías que las vinculaban con diosas madre o amuletos protectores, pero la investigación nos
abrió los ojos a otras perspectivas que enriquecen nuestro entendimiento. Las formas
exageradas de caderas, senos y vientres suelen verse como representaciones de una divinidad
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femenina conectada con la naturaleza (Gimbutas, 1989). La disponibilidad de imágenes


comparativas y reconstrucciones digitales ha fortalecido este enfoque que se centra en la
autoobservación y el testimonio del cuerpo femenino (Llobera, 2011).

Las imágenes de la
comparación presentada
en el artículo de Vidal
(2021) permiten visualizar
esta hipótesis de manera
más clara, proporcionando
evidencia visual que complementa el análisis teórico. Esta perspectiva redefine el papel de las
mujeres como agentes culturales activas en la creación simbólica. Reconocerlas como autoras
de estas esculturas nos ofrece una lectura más equitativa y compleja del arte prehistórico,
desafiando visiones que las consideraban objetos pasivos o meras inspiraciones divinas.
Como señala León (2011), las formas del arte prehistórico reflejan una cosmovisión en la que
el cuerpo actúa como un puente entre lo humano y lo natural.
Es fundamental reconocer que la figura femenina ha sido representada de muchas maneras a
lo largo de la historia. En diferentes épocas, las representaciones del cuerpo humano han
reflejado los valores, creencias y aspiraciones de cada sociedad. En la prehistoria, las Venus
eran notorias por sus formas exageradas: caderas anchas, senos prominentes y vientres
abultados, simbolizando fertilidad, maternidad y una conexión profunda con la naturaleza. En
contraste, las representaciones masculinas eran escasas y a menudo se asociaban con la fuerza
o la caza (González Echevarría, 2015). Durante la Antigüedad clásica, tanto en Grecia como
en Roma, se celebró la armonía y la proporción. El cuerpo femenino se esculpía con curvas
suaves, senos pequeños y rostros serenos, reflejando un ideal de belleza controlada. Por otro
lado, el masculino se representaba atlético y musculoso, como en las esculturas de atletas o
dioses, destacando la perfección física y el dominio del cuerpo como símbolo de virtud y
poder. En la Edad Media, la visión del cuerpo se tornó más espiritual. Las figuras femeninas
eran representadas con ropajes largos, cuerpos esbeltos y rostros angelicales, asociadas a la
pureza y la devoción. El cuerpo masculino se mostraba en función de roles religiosos o
caballerescos, y su forma física pasaba a un segundo plano frente a su conducta moral
(Douglas, 1970). Con el Renacimiento y el redescubrimiento del cuerpo humano y la
anatomía, resurgió el interés por la representación realista. Las mujeres fueron pintadas y
esculpidas con cuerpos más curvilíneos, piel clara y expresiones serenas, simbolizando la
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belleza natural. Los hombres, por su parte, se representaban desnudos, musculosos y en poses
heroicas, reflejando el ideal del “hombre universal”. Hoy en día, los medios y la industria
cultural han creado modelos de belleza que a menudo son poco realistas. Para las mujeres, se
idealiza un cuerpo delgado pero curvilíneo; para los hombres, uno musculoso y definido. Sin
embargo, en la actualidad han surgido movimientos que cuestionan estos estándares y
promueven la aceptación de la diversidad corporal en ambos géneros, reconociendo que la
belleza y el valor del cuerpo no se limitan a una única forma (Bourdieu, 1998). Para entender
el impacto antropológico e histórico de esta perspectiva, es fundamental conocer el origen de
estas esculturas. Estas pequeñas figuras femeninas, talladas en materiales como piedra, hueso,
marfil o arcilla, son algunas de las primeras obras de arte que se han encontrado de la
civilización humana, datando del Paleolítico Superior, con algunas de ellas de más de 30,000
años de antigüedad. Desde un enfoque antropológico, estas esculturas nos ofrecen una
ventana para comprender los símbolos y las cosmovisiones de las primeras sociedades
cazadoras-recolectoras que las crearon. En su relación con el entorno, simbolizaban la
abundancia y el vínculo con los ciclos naturales, como la tierra fértil, la luna o las estaciones
(González Echevarría, 2015).

Bibliografía
1. Bourdieu, P. (1998). La dominación masculina. Barcelona: Anagrama.

2. Douglas, M. (1970). Natural Symbols: Explorations in Cosmology. London: Barrie


and Rockliff.

3. Gimbutas, M. (1989). The Language of the Goddess. San Francisco: Harper and Row.

4. González Echevarría, A. (2015). Arqueología del arte paleolítico. Madrid: Akal.

5. León, J. (2011). "Arte prehistórico y cosmovisión: una mirada simbólica". Revista de


Antropología Social, 20(2), 55–78.

6. Llobera, M. (2011). "Arqueología virtual y reconstrucción del paisaje". Virtual


Archaeology Review, 2(4), 25–33.

7. McCoid, C. H., & McDermott, L. (1996). "Towards Decolonizing Gender: Female


Vision in the Upper Paleolithic". American Anthropologist, 98(2), 319–326.

8. Vidal, F. (2021). "Repensar el embarazo y las Venus paleolíticas". Obesity,


suplemento especial, 1(3), 15–19.

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