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Comunidad Otaku
Una dinámica de grupo global que trasciende la barrera de las
fronteras.
Introducción:
El fenómeno OTAKU, surgido originalmente en Japón, ha atravesado por varios países y viajado
a nuestra realidad cotidiana hasta convertirse en una subcultura global con millones de
seguidores.
Podemos analizar esta cultura, sus raíces y como hoy en día es comprendida y adaptada en el
mundo según sus propias realidades mediante el estudio de su dinámica de grupo podemos
tener una vista general de cómo esta comunidad, su estructura, que criterios adopta para
aceptar nuevos miembros, que símbolos, valores y estéticas la caracterizan, y como su filosofía
de vida expresa en sus prácticas cotidianas.
Este ensayo aborda a la comunidad Otaku como un grupo social complejo, al cual, dicho sea de
paso, pertenezco o mas certeramente puedo decir que me siento bienvenida, como un grupo
social complejo que suele ser incomprendido por las masas y aun así cumple con las
características de una tribu con identidad propia.
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De la Marginalidad a la comunidad global
En su origen, el término Otaku en Japón tenía una connotación negativa, asociada con personas
obsesionadas no solo con el anime, si no con cualquier tema de su gusto con el cual se
disociaban de la realidad. Recuerdo como en mi infancia y adolescencia, quienes teníamos
gusto por esta clase de series éramos tratados como personas raras, que no encajábamos con
el interés colectivo. Muchos sufríamos de Bullying, burlas y demás consecuencias sociales por
no terminar de cuadrar con lo que en ese momento era lo normal en relación a lo que era
aceptado y bien visto por una mayoría.
El termino ha sido resignificado por quienes lo integran, generando una comunidad que se
reconoce a si misma como apasionada por la cultura japonesa contemporánea o la fantasía
visual.
Vista desde el punto de vista del estudio de la dinámica de grupos, el colectivo Otaku cumple
con características y hasta inconfundibles:
Un interés central que une.
Una identidad compartida.
Una estructura informal de roles.
Una comunicación particular.
Y
Normas internas que regulan la pertenencia.
En Japón los otakus se reúnen en eventos como la Comiket, un evento gigantesco donde una
vez al año, autores independientes dan a conocer sus obras en formato Manga (Comic)
O en barrios temáticos como Akihabara, que además es el distrito comercial más grande e
icónico de Japón, por su cruce donde cruzan a diario hasta 2.4 millones de perdonas al día, esto
en Shibuya el distrito del cual Akihabara se alimenta de clientes y concurrencia de curiosos.
A nivel grupal, las convenciones, foros, y redes sociales funcionan como espacios de encuentro
que refuerzan la cohesión grupal.
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Criterios de pertenencia:
La aceptación dentro de su grupo otaku se ve estrechamente vinculada al nivel de
conocimientos, implicación y respeto hacia los elementos culturales de los que sus miembros
son adeptos.
Los criterios mas comunes son:
Conocimiento y pasión.
El ser buen conocedor y por lo tanto buen conversador y analista sobre series de anime,
manga el cosplay, videojuegos y algo de cultura japonesa en general es factor clave.
No solo ser consumidor pasivo si no de involucrarse activamente en discusiones,
creación de contenido y algunas prácticas culturales.
Participación:
Tener pasión por asistir en grupo a eventos, participación en comunidades ya sea en
persona o virtuales y sobre todo quienes se involucran en el cosplay, tienden a ser
reconocidos con mayor facilidad como parte activa del grupo.
Respeto a la diversidad de gustos:
Así como cualquier medio de narrativa, el anime, manga y videojuegos tienen distintos
géneros y maneras de contar historias, así como su publico objetivo. Dentro de esta
cultura urbana se incentiva entre los miembros un respeto por consumidores de todo
tipo de gustos y preferencias con ese respecto.
Moda y estética:
La moda otaku es variada, pero tiene elementos distintivos. El cosplay (disfrazarse de
personajes de anime/manga) es la forma más visible de expresión identitaria, y puede
entenderse como una especie de ritual simbólico que refuerza la pertenencia al grupo. Además,
prendas con estampados de personajes, accesorios inspirados en series y peinados llamativos
funcionan como códigos de reconocimiento dentro y fuera de la comunidad.
El otaku promedio suele ir despreocupado por su apariencia, luciendo camisas de sus series
favoritas y sobre todo una mochila para llevar todas sus cosas.
En Japón, algunos otakus optan por un estilo más discreto, mientras que en occidente la
estética puede ser más llamativa, especialmente en eventos. La moda no solo cumple una
función estética, sino también comunicativa: expresa afinidades, niveles de compromiso y
conocimientos específicos.
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Valores y filosofía:
Los otakus comparten valores que giran en torno a la pasión, la autenticidad y la libertad de
expresión. Lejos de ser una simple afición, para muchos es una forma de vida que implica una
mirada particular sobre el mundo: se valora la imaginación, la creatividad, la profundidad
emocional y la posibilidad de construir mundos alternativos a través del arte.
Desde la dinámica de grupos, esto configura una filosofía colectiva basada en la aceptación de
lo diferente, la evasión frente a normas sociales rígidas y el derecho a construir identidades
propias fuera de los moldes tradicionales. En este sentido, la comunidad otaku también puede
funcionar como un espacio de contención emocional y social, especialmente para quienes se
sienten marginados o inadaptados en otros contextos.
Mi experiencia personal:
Yo misma fui testigo de todas estas características personalmente, mientras me integré a un
grupo que no solo me aceptaba, si no con el cual tuve las experiencias sociales más profundas y
significativas de mi vida.
Un interés central fue nuestro gran gusto por personajes que, aunque fuesen parte de
una historia ficticia, en ocasiones solían demostrar más humanidad que las personas que te
rodeaban.
Por argumentos que no solo te enseñaban una filosofía de superación (el GAMBARE japones,
que no es más que la palabra ESFUERZATE) si no que te llegaban al corazón y te hacían sentir
comprendido, escuchado o inclusive acompañado.
A través del cosplay que viene de las palabras inglesas Costume y Play, o sea Juego de disfraces,
me abrí a la posibilidad no solo de sentirme identificada, si no de literalmente por un día SER el
personaje al cual admiraba y deseaba ser o parecerme porque era para mí un modelo a seguir,
más que familiares, más que personas vivas…ellos, personajes que no existen, pero podías
sentir que tocabas su alma cada los veías en pantalla.
Podría sonar triste o inclusive patético, pero esta dinámica de grupo que tuve con amistades y
la relación para social que tuve con personajes ficticios, hoy en día podría decir que salvaron mi
vida en un momento donde mi familia me dio la espalda y no tuve otra opción de convertir a
mis amistades en mi nueva familia.
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A pesar de ser mi última opción, fue la correcta, fue aquello que me hizo entender tantas cosas
y por lo que hoy en día puedo decir que no he muerto… Gracias a tantas personas que, ¿quién
lo diría?
Me aceptaron cuando el mundo a mi alrededor me estaba vomitando.
Fue una etapa hermosa de mi juventud que no cambiaría por nada.
Tania Alejandra Flores salcedo.