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Difteria
20 de noviembre de 2023
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Datos y cifras
La difteria es una enfermedad provocada por una bacteria que afecta a las vías respiratorias superiores
y, con menor frecuencia, a la piel. Esta bacteria produce también una toxina que daña el corazón y los
nervios.
La difteria es una enfermedad prevenible mediante vacunación, pero se necesitan varias dosis
seguidas de dosis de refuerzo para producir y mantener la inmunidad.
Las personas no inmunizadas o insuficientemente inmunizadas están en riesgo de padecer la
enfermedad.
La difteria es letal entre el 5% y el 10% de los casos, con una tasa de mortalidad más elevada en niños
pequeños.
Como se ha puesto de manifiesto con los brotes recientes de difteria, es importante que la población
mantenga unos niveles elevados de cobertura vacunal a lo largo del curso de la vida.
Se estima que, en 2022, el 84% de los niños de todo el mundo recibieron las tres dosis recomendadas
de vacuna antidiftérica durante la infancia, lo que deja un 16% de niños sin cobertura o con la
cobertura incompleta. La cobertura varía mucho entre los países y dentro de ellos.
Generalidades
La difteria es una enfermedad contagiosa causada por bacterias que producen toxinas.
Puede propagarse de persona a persona cuando un individuo que está infectado tose o
estornuda. Aunque es posible que algunas personas no desarrollen manifestaciones de la
enfermedad, pueden transmitir las bacterias a otras. En otros casos, se desarrolla una
enfermedad leve, aunque también pueden aparecer cuadros graves y complicaciones, que
pueden resultar letales.
La difteria puede afectar a cualquier persona, pero es más común en los niños que no han
sido vacunados.
La toxina diftérica daña las vías respiratorias y se puede extender por todo el cuerpo. Los
síntomas más habituales que causa son fiebre, dolor de garganta e hinchazón de los ganglios
cervicales.
Estar vacunado es la mejor manera de no enfermar de difteria y no contagiársela a otras
personas. La vacuna es segura y ayuda al cuerpo a luchar contra la infección.
Antes de la introducción de la vacuna antidiftérica y de la inmunización generalizada en la
década de 1930, se producían casos en todo el mundo.
Recientemente, como resultado de la vacunación insuficiente, se han dado brotes con una
frecuencia cada vez mayor a pesar de la disponibilidad de una vacuna segura y eficaz.
El impacto de la pandemia de COVID-19
La pandemia de COVID-19 tuvo un impacto en la prestación de servicios de inmunización
sistemática y las actividades de vigilancia. Estos contratiempos han dejado a muchos niños
susceptibles a enfermedades prevenibles mediante vacunación, como la difteria.
Ninguna región de la OMS se encuentra completamente libre de difteria, y las bacterias
pueden circular en las áreas con una cobertura de inmunización baja de la vacuna que
contiene toxoide diftérico, lo que aumenta la probabilidad de brotes y pone en riesgo a todas
las personas no vacunadas o insuficientemente vacunadas.
Deberían fortalecerse los programas de vacunación y de vigilancia dentro de la atención
primaria de salud, así como realizar esfuerzos para administrar las tres dosis de una vacuna
que contenga toxoide diftérico a todos los niños durante la primera infancia, la infancia y la
adolescencia. Los países también deberían aplicar sistemas de vigilancia sólidos para detectar
y confirmar los casos y para acabar rápidamente con las lagunas en la inmunización.
Signos y síntomas
Los síntomas de la difteria suelen comenzar entre 2 y 5 días tras la exposición a las bacterias.
Los síntomas típicos de la infección son dolor de garganta, fiebre, inflamación de los ganglios
cervicales y debilidad. Dentro de los 2 a 3 días posteriores a la infección, el tejido muerto en el
tracto respiratorio forma una capa gruesa de color gris que puede cubrir los tejidos de la
nariz, las amígdalas y la garganta, lo que dificulta la respiración y la deglución.
La mayoría de los casos graves y las muertes por difteria suceden como resultado de la toxina
de la difteria y sus efectos. Entre sus complicaciones se encuentra la inflamación del corazón
y los nervios. La tasa de letalidad general está comprendida entre el 5 y el 10%, con una tasa
de mortalidad más elevada (hasta el 20%) en los menores de 5 años.
Grupos de riesgo
Cualquier persona no inmune (no vacunada o insuficientemente vacunada) puede infectarse.
La difteria reaparece cada vez que la cobertura de inmunización baja. Los daños en las
infraestructuras y los servicios de salud en los países que han sufrido un desastre natural o
un conflicto o que se están recuperando de ellos interrumpen la inmunización sistemática, y
el hacinamiento en los campamentos de alojamiento temporal aumenta el riesgo de
infección.
Tratamiento
El riesgo de complicaciones o de muerte disminuye considerablemente si se administra un
tratamiento adecuado en la fase inicial de la enfermedad. Por esta razón, si se sospecha de
difteria, hay que realizar rápidamente las pruebas para confirmar la enfermedad y el
tratamiento debe comenzar lo antes posible.
Los casos de difteria generalmente se tratan con antitoxina diftérica y antibióticos. La
antitoxina específica contra la difteria neutraliza la toxina que circula en la sangre. En las
directrices de la OMS para el tratamiento (en inglés) se explica detalladamente el modo de
administrar esta antitoxina. Los antibióticos detienen la replicación bacteriana y, por lo tanto,
la producción de toxinas, aceleran la eliminación de las bacterias y previenen que se
transmitan a otras personas. No obstante, muchas cepas actuales de la bacteria que causa la
difteria han presentado resistencia a algunos antibióticos de uso común. Cualquier persona
que haya padecido difteria también debe vacunarse una vez termine la fase aguda de la
enfermedad.
Los individuos que han estado en contacto con enfermos de difteria deben ser tratados con
antibióticos de manera profiláctica. También se debe verificar el estado de vacunación de
todos sus contactos; si no tienen la pauta completa, también se les debería ofrecer la vacuna.
Prevención
La difteria se puede prevenir mediante vacunas que, normalmente, se administran junto a las
vacunas del tétanos, la tosferina y otras enfermedades. La OMS recomienda la administración
de un total de seis dosis de vacunas con toxoide diftérico desde las 6 semanas de edad y a lo
largo de la adolescencia para proporcionar protección a largo plazo.
La manera más eficaz de prevenir la difteria es mantener una alta cobertura de vacunación de
la población como parte de los servicios de inmunización sistemática dentro de la atención
primaria de salud. Debe vacunarse a todos los niños contra la difteria con una
primovacunación completa y tres dosis de refuerzo adicionales para protegerles a largo
plazo. La vacuna es segura y eficaz.
La vacuna contra la difteria se administra a menudo en combinación con vacunas contra
enfermedades como el tétanos, la tosferina, las infecciones por Haemophilus influenzae y la
hepatitis B, así como con la vacuna antipoliomielítica inactivada.
La combinación de vacunas incrementa ligeramente el costo, pero permite compartir los
gastos de distribución y administración, y añade el beneficio de la protección contra otras
enfermedades infantiles como el tétanos, la tosferina, la meningitis y la poliomielitis.
En 2022, el 84% de los niños recibieron las tres dosis de la primovacunación de la vacuna
antidiftérica. No obstante, existen variaciones sustanciales en los niveles de cobertura entre
países y dentro de cada país.
La vacunación insuficiente en cohortes sucesivas de niños puede dar lugar a casos y brotes
de difteria.
Respuesta de la OMS
El programa esencial de vacunación comenzó en 1974. Las vacunas contra la difteria, en
combinación con otras, se introdujeron como parte del programa desde su inicio y, gracias a
ellas, se redujeron en más de un 90% el número de casos entre 1980 y 2000. La OMS continúa
trabajando con sus Estados Miembros para promover la vacunación con el fin de mantener la
cobertura y prevenir la enfermedad en la población.
En los últimos años, se han producido brotes de difteria debido a una cobertura insuficiente
de la vacunación. Con el fin de controlar estos brotes, la OMS ha trabajado con los Estados
Miembros en la respuesta a los brotes y en el fortalecimiento de los programas de
vacunación sistemática para mejorar y mantener la cobertura de inmunización y prevenir las
infecciones y muertes por difteria.