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Simbiosis de Fe y Razón

El documento explora la relación entre fe y razón a lo largo de la historia, destacando su interdependencia y la necesidad de un equilibrio entre ambas para alcanzar la verdad. Se menciona la influencia de pensadores como Santo Tomás de Aquino y Averroes, así como la encíclica 'Fides et ratio' de Juan Pablo II, que busca unir la filosofía y la teología en la búsqueda de la verdad. La fe y la razón son presentadas como dos alas que permiten al espíritu humano elevarse hacia la comprensión de la realidad y la trascendencia.

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Simbiosis de Fe y Razón

El documento explora la relación entre fe y razón a lo largo de la historia, destacando su interdependencia y la necesidad de un equilibrio entre ambas para alcanzar la verdad. Se menciona la influencia de pensadores como Santo Tomás de Aquino y Averroes, así como la encíclica 'Fides et ratio' de Juan Pablo II, que busca unir la filosofía y la teología en la búsqueda de la verdad. La fe y la razón son presentadas como dos alas que permiten al espíritu humano elevarse hacia la comprensión de la realidad y la trascendencia.

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Simbiosis de Fe y Razón

A lo largo de la historia de la humanidad el hombre en sus diversas


manifestaciones culturales ha tratado de buscar explicaciones emocionales,
racionales y de fe, de sus problemas existenciales que tienen que ver con todo su
entorno cultural, la relación consigo mismo, con los demás y con Dios.

Hay que puntualizar que en diferentes etapas del pensamiento de la humanidad


han existido contradicciones muy radicales sobre los conceptos de fe y razón. No
pueden vivir desconectados totalmente en la vida de cada persona, así sea cual
fuere las creencias religiosas, costumbres y tradiciones culturales. Pero es
necesario establecer las diferencias respectivas para establecer parámetros que
sean convenientes para su forma de vida[1]

Para establecer la relación de ambos términos es necesario expresar que la razón


es la facultad que poseemos como seres pensantes, que nos permite descubrir
permanentemente certezas ó desaciertos en la actividad pensante. "Cuanto más
coherente sea la situación, más razonable será y viceversa"[2].

Desde el plano filosófico, la razón como facultad y como quehacer, fue descubierta
por los griegos; a ellos les permitió la interacción mediante la argumentación, la
discusión y el diálogo en las acciones necesarias para el desarrollo intelectual, en la
constante búsqueda del conocimiento y del saber; en el establecimiento de
relaciones políticas, humanas y sociales.

Desde el plano etimológico la palabra fe proviene del latín fides que significa creer;
es aceptar la palabra de la otra persona, entendiéndola y confiando que es honesto,
por lo tanto, su palabra será veraz. Cuando se habla de fe divina se refiere a la
relación intima con Dios (en cualquier religión) a quien se cree. Existe fe humana y
divina, pero en jerarquías diferentes.

La fe divina que tiene el hombre, lo compromete totalmente con Dios y su obra; los
personajes que estuvieron con nuestros antepasados nos transmitieron la esencia
y hábitos a través de los tiempos.

Desde la antigüedad, las culturas de oriente y de occidente, dentro de sus


cosmovisiones, han aportado al mundo contemporáneo conocimientos y saberes
que vierten elementos que proporcionan explicaciones de su propia existencia.

Desde que el hombre apareció en la faz de tierra, en la modalidad de vida que


posee, ha convivido siempre con la fe y la razón, no como se entiende desde la
filosofía y la teología de nuestro tiempo, sino como saberes mitológicos, ritos,
ceremonias, verdades basadas en costumbres y tradiciones, que proporcionan
principios de identidad y pertenencias.

Nuestros antepasados no se complicaron la vida y la existencia con lo concerniente


a la relación de fe y razón, porque no poseían las formaciones doctrinales e
ideológicas que la modernidad creó al separar sistemáticamente las unidades de
luz y del todo; porque la tendencia de la modernidad positivista se radicalizó
sistemáticamente en algunas posturas que dieron origen a otras formas de pensar
y de actuar en la vida del hombre; dándole supremacía a lo medible y a lo
cuantificable. Todo lo que tuviese principios y fundamentos metafísicos no podrían
ser elementos de verdad, por lo tanto deberían ser desechados.

En la Edad Media Santo Tomás prestó atención al tema, presente a lo largo de la


época. Hasta ese momento lo más característico, "era subordinar los
conocimientos racionales al ámbito de la fe, puesto que ésta por sí misma no es
suficiente para alcanzar la verdad, que es Dios (agustinísmo filosófico). Entre
algunos de los pensadores cristianos más representativos de esta concepción
podemos citar a: San Agustín, San Anselmo de Canterbury, San Buenaventura"[3].
Para todos ellos no hay ningún tipo de separación entre el dominio filosófico
(razón) y la teología (fe), estos dos tipos de conocimiento colaboran entre ellos
para alcanzar la verdad divina, ahora bien, en esta mutua colaboración siempre
tendrá prioridad cognoscitiva la teología sobre la razón.

Es importante señar que Santo Tomás mantiene la tesis de que las verdades
teológicas y las filosóficas, son completamente distintas. El saber de la filosofía
verifica sus presupuestos a partir de los datos del mundo sensible, sin necesidad
de recurrir a la presencia divina, mientras que la teología construye su sistema
gnoseológico a partir de la revelación divina.

Fe y razón ambos tipos conocimientos independientes (teología y filosofía) no


existe conflicto entre ellas, porque ambas proceden de Dios. Para santo Tomás de
Aquino, tanto la creación del mundo natural como el sobrenatural son obra de la
divinidad y por tanto considerar a ambos mundos y formas de conocimiento
separadas sería ilógico, pues todo procede de Dios."Las verdades mismas, a las que
por sí sola puede llegar la razón, no son alcanzables por todas las personas y el
camino que a ellas conduce no está libre de errores. Por ello se hace necesaria la
instrucción del hombre mediante la revelación divina. Ahora bien, cuando una
proposición está en conflicto con un presupuesto revelado"[4], Santo Tomás de
Aquino se inclina a pensar que la equivocación es siempre de la razón o de la
filosofía, porque la fe al provenir de la revelación es verdadera. Así, en caso de
error habrá que revisar los pasos de la deducción filosófica para descubrir sus
aparentes [Link] Tomás de Aquino demuestra que la razón como forma de
conocimiento no puede demostrar lo que pertenece a la fe, pero puede servir para
demostrar los preámbulos de la fe, las verdades cuya demostración es necesaria a
la fe misma. Por lo tanto la fe se sustenta sobre presupuestos racionales previos,
pues no podríamos conocer que Dios es eterno o inmortal si nuestro
entendimiento no poseyera las nociones de Dios y de eternidad. Por otro lado la
razón puede rebatir las objeciones contra la fe demostrando que son falsas o que
no tienen fuerza demostrativa[5]

Sin embargo, en el siglo Xll, Averroes rompe esta concepción, al considerar que el
dominio filosófico, es completamente independiente al de la fe. Defiende la
concepción de que filosóficamente puede ser verdadero lo contrario de lo que
teológicamente se acepta como verdad de fe. Así por ejemplo, tomando como
referencia a la teología podríamos aceptar como verdadero la inmortalidad del
alma, y por el contrario si nuestras argumentaciones estuviesen apoyadas en
presupuestos racionales a la conclusión, de que el alma es mortal.

Tanto las ideas de Averroes corno la de sus seguidores cristianos de la escuela de


París tuvieron muchas dificultades con la iglesia, al admitir presupuestos como la
eternidad del mundo, la mortalidad del alma o la teoría de la doble verdad, puntos
centrales e incompatibles para la teología cristiana

La fe y la razón son luces que iluminan la conciencia de toda persona humana, para
ver adecuadamente la realidad donde viven, conviven y transforman, en las
diversas circunstancias de su vida. Son elementos que están en función de la
búsqueda de la verdad y de la trascendencia de la persona. "son las dos alas con las
cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad"[6]

La verdad es y será siempre el punto fundamental de la búsqueda de la actividad


científica que desarrolla la ciencia en todos sus campos, pero hay que puntualizar
que solamente encontrará aspectos de verdad, que se complementarán de manera
armónica y equilibrada. Como aspectos de verdad lo visualizará la inteligencia
humana por ser producto de sus procedimientos y métodos utilizados. El método
siempre tendrá límites porque es diseñado para un fin, pero la fe como realidad
complementará los actos de la inteligencia para descubrir, alcanzar y trascender a
la verdad absoluta.

Dado a las situaciones y circunstancias de pérdida de sentido de la vida; la


descomposición social que ha generado el hombre en sus instituciones y la
creación de la cultura de valores globalizantes ha convertido la existencia en que
todo debe usarse y desecharse cuando no sirva o no se necesite. De esta manera se
crea una modalidad de función en la vida social de los pueblos: el reciclaje humano
como moda y estilo que le dan utilidad al desarrollo y progreso de los que
conducen los destinos de las naciones.
De manera oportuna y atinada la Iglesia como institución, Esposa de Cristo,
formadora y orientadora de conciencia ha sabido leer, estudiar y analizar
críticamente los signos de los tiempos. Signos que se convierten en indicadores
vivientes de la fe y de la razón.

Ante la importancia de la relación de los dos elementos que nos llevan a la


búsqueda de la Verdad, el Papa Juan Pablo II, durante su pontificado crea y ofrece
la encíclica Fides et ratio, a la comunidad científica de filósofos y teólogos con la
finalidad de orientar e iluminar la gran tarea que tienen para la humanidad.

El documento pontificio sobre la relación de Fe y razón tiene como finalidad de ser


luz en la mente y en la conciencia de los que hacen ciencia en los campos del saber
e indicar que el espíritu humano puede elevarse a la contemplación de la
Verdad[7]

"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva
hacia la contemplación de la verdad", resume a la encíclica y la Verdad es su
contenido central. Juan Pablo II defiende la capacidad de la razón humana para
conocer la verdad, y pide que la fe y la filosofía vuelvan a encontrar su unidad
profunda.

Ante la necesidad de tener puntos de equilibro y de referencia Juan Pablo II plantea


el problema que tendrá impacto entre los hombres de cultura: ¿por qué los
movimientos filosóficos contemporáneos insisten en puntualizar la debilidad de la
razón y la difusión de un escepticismo generalizado? Con la Fides et ratio plantea la
verdad misma y su fundamento en relación con la fe. Además considera a la
filosofía como una ayuda indispensable para profundizar en la inteligencia de la fe
y comunicar la verdad del Evangelio a cuantos aún no la conocen[8]

Es de vital importancia para los estudiosos de la filosofía y la teología dejarse


iluminar de esta fuente del saber que el Sumo Pontífice ha puesto en mano de los
creyentes y de la humanidad, por lo cual creo necesario indicar las ideas centrales
que aborda los siete capítulos del documento.

La filosofía cuando se estudia el ser, no es aprehendido de manera inmediata por la


concepción humana, porque la acción de conciencia intenciona lo real, aunque no
alcance lo real en sí mismo, sólo puede dar explicación de su complejidad. La
génesis del conocimiento y saber se da mediante el ejercicio de la intuición
simbólica. Cuando interviene el concepto, va precedido por un saber en sí mismo
que hace posible la reflexión. Además, el juicio comprende su objeto mediante un
objeto distinto que funciona como signo.
La Encíclica de Juan Pablo II, actualiza la gran tradición del magisterio, porque abre
un nuevo punto de partida para la reflexión entre filosofía, verdad revelada y las
relaciones supeditadas a ella (fe-razón, filosofía-teología). Se confirma que se ha
tenido aceptación extraordinaria de la Encíclica en todo el orbe, en creyentes y no
creyentes.

Este punto de partida, ha sido posible por la capacidad y habilidad, que ha tenido
Iglesia, en fundamentar las intervenciones a lo largo de la historia, porque lejos de
poner límites, ha fijado su postura equilibrada y sensata.

Juan Pablo II, con su obra, ha dado luz para desarrollar la investigación filosófico-
teológica. Por lo que hay que indicar que la Encíclica Fides et ratio no representa
un fin, sino un comienzo del conocimiento y saber.

El primer capítulo aborda que el conocimiento viene de la fe y la Revelación como


conocimiento, es Dios mismo quien ofrece al hombre. El conocimiento propio de la
razón humana es capaz, por su naturaleza, de llegar hasta el Creador; existe un
conocimiento que es peculiar de la fe. Son dos verdades que no se confunden, ni
una hace superflua a la otra.

El segundo capítulo señala que hay una profunda e inseparable unidad entre el
conocimiento de la razón y el de la fe. Se demuestra cómo el pensamiento bíblico,
basado en esta unidad, había ya descubierto una vía maestra hacia el conocimiento
de la verdad.

El tercer capítulo expresa que, en la expresión: hay que entender para creer y parte
de la experiencia de que todo hombre desea saber, que la verdad es el objeto
propio de ese deseo. El hombre busca la verdad, hacia una verdad ulterior que
pueda explicar el sentido de la vida. La verdad que nos llega por la Revelación es, al
mismo tiempo, una verdad que debe ser comprendida a la luz de la razón, es muy
importante el papel de la filosofía.

El capítulo cuarto realiza una síntesis histórica, filosófica y teológica de cómo el


cristianismo entró en relación con el pensamiento filosófico antiguo. Presenta el
ejemplo de los Padres de la Iglesia, los cuales, con la aportación de la riqueza de la
fe. En la Edad Media se pone el esfuerzo en encontrar las razones que permitan a
todos entender los contenidos de la fe. La época moderna señala la progresiva
separación entre fe y razón, con el consiguiente cambio del papel desempeñado
por la filosofía: de sabiduría y saber universal, se fue empequeñeciendo hasta
considerarse una más de las tantas parcelas del saber humano.
En el capítulo quinto se dan diversos pronunciamientos del Magisterio sobre la
filosofía. Afirma que la Iglesia no propone una filosofía propia ni canoniza una
filosofía particular con menoscabo de otras, pero tiene el deber de indicar lo que
en un sistema filosófico puede ser incompatible con su fe.

Ninguna forma histórica y sistema filosófico puede legítimamente pretender


abarcar toda la verdad, ni ser la explicación plena del ser humano, del mundo y de
la relación del hombre con Dios. Además, se recorren las censuras del Magisterio a
propósito de doctrinas como el fideísmo, el tradicionalismo radical, el
racionalismo. A pesar de que la Iglesia ha animado a la filosofía a recuperar su
misión, el Papa que entre teólogos existe un desinterés por el estudio de la
filosofía. De ahí que haya querido proponer algunos puntos de referencia para
instaurar una relación armoniosa y eficaz entre la filosofía y la teología.

El capítulo sexto está dedicado a que las diversas disciplinas teológicas deben
mantener relación con el saber filosófico. La idea central es que sin la aportación
de la filosofía no se podrían ilustrar determinados contenidos teológicos. El Papa
precisa que, el patrimonio filosófico asumido por la Iglesia tiene valor universal, y
ve en el término circularidad la vía que conviene seguir en la relación entre fe y
razón: El punto de partida y la fuente original debe ser siempre la palabra de Dios
revelada en la historia, mientras que el objetivo final no puede ser otro que la
inteligencia de ésta, profundizada progresivamente a través de las generaciones.
La gran fecundidad de esta vía se pone de manifiesto en tantos autores cristianos
que han combinado una búsqueda filosófica y los datos de la fe. El Papa cita, a
título de ejemplo, a J. H. Newman, A. Rosmini, J. Maritain, E. Gilson, E. Stein, V.
Solovev, P. A. Florenskij, P.J. Caadaev, V. Losskij.

El capítulo séptimo como tema central aborda la revelación como el punto de


referencia y de confrontación entre filosofía y fe. La Sagrada Escritura contiene
elementos que permiten obtener una visión del hombre y del mundo de gran valor
filosófico.

Precisamente la crisis de sentido, es uno de los elementos más importantes del


pensamiento actual. La fragmentación del saber hace difícil una búsqueda de
sentido. El Papa precisa firmemente la convicción de que el hombre es capaz de
llegar a una visión unitaria y orgánica del saber. Este es uno de los cometidos que
el pensamiento cristiano deberá afrontar a lo largo del próximo milenio de la era
cristiana.

Para estar en consonancia con la palabra de Dios es necesario, ante todo, que la
filosofía encuentre de nuevo su dimensión sapiencial de búsqueda del sentido
último y global de la vida. Una teología sin un horizonte metafísico no conseguirá ir
más allá del análisis de la experiencia religiosa y será incapaz de expresar con
coherencia el valor universal y trascendente de la verdad revelada.

Fe y razón serán las luces para caminar hacia el encuentro de la Verdad, por lo
tanto es necesario estar siempre en una constante búsqueda a lo largo de la vida.
No perder la capacidad de asombro que tenemos como seres pensantes porque es
la chispa de la inteligencia y de la fe.
El problema de la relación entre fe y razón

Historia de la Filosofía
Introducción

El encuentro del cristianismo con la filosofía griega fue un acontecimiento de enorme


trascendencia para nuestra cultura.

La filosofía en el imperio romano estuvo marcada por las cuatro escuelas filosóficas que
marcaron el pensamiento en el período helenístico: la platónica y la aristotélica, a las cuales se
sumaron el epicureísmo y el estoicismo.

Platonismo, aristotelismo y estoicismo mantuvieron un continuado e intenso intercambio


entre sí: las tres se oponían conjuntamente a la doctrina epicúrea, considerándola atea y
licenciosa.

A partir del siglo III, la doctrina más vigorosa y con filósofos de mayor categoría es el
neoplatonismo

-Las doctrinas cristianas frente a la filosofía


Algunas doctrinas aportadas por el cristianismo resultaban radicalmente nuevas, y por tanto,
ajenas a cuanto habían afirmado los filósofos anteriores. Una de ellas es la teoría de la
creación. Otra, es la referencia esencial de su doctrina a la historia. El cristianismo pone a Dios
en relación con la historia.

La filosofía griega había puesto a Dios en relación con el cosmos, pero el cristianismo coloca a
Dios en relación con la historia en un doble sentido:

Dios es providente y se ocupa directamente de los asuntos humanos, de la marcha de la


historia.

En segundo lugar, Dios no sólo se ocupa de la historia humana, sino que ha entrado en ella:
Dios se ha hecho hombre en un lugar y en un momento preciso

-Cristianismo y verdad

Según el mensaje cristiano, Dios había hablado a los hombres a través de ciertas personas en
el Antiguo Testamento, y después Él mismo, directamente, encarnado en Cristo. Es por esto
por lo que la verdad cristiana se presentaba como la “verdad”, la única posible.

-La imagen cristiana de Dios

Aunque, estrictamente hablando, el cristianismo no sea una filosofía, el contenido de la fe


cristiana incluye doctrinas que podían ofrecerse como respuestas a los problemas tradicionales
de la filosofía, como el origen del mundo.

Entre sus rasgos están:

-Monoteísmo: Un único Dios

-Creacionismo: Según el cristianismo, Dios creó el mundo de la nada. Desde Parménides, la


imposibilidad de que surja algo de la nada absoluta fue siempre considerada como un principio
racional indiscutible. Del poder ilimitado de Dios se desarrolla el concepto de Contingencia: el
único ser necesario es Dios, todo lo demás es contingente, pueden o no existir.

-Omnipotencia: Un Dios Omnipotente. Si Dios es único puede ser omnipotente, y solo si es


omnipotente puede ser creador.

-La concepción cristiana del hombre

La concepción cristiana del hombre incluye tres elementos fundamentales: que el hombre fue
creado a imagen de Dios, que el alma es inmortal y que al final de los tiempos los cuerpos
resucitarán.

En el terreno de lo moral, la filosofía griega es básicamente intelectualista, el pecado no es más


que ignorancia; en el cristianismo, el pecado no es ignorancia, sino el resultado de dos
factores: la maldad humana y la libertad del individuo. Cobran así sentido la idea de culpa, el
arrepentimiento y el pecado.
-Cristianismo y platonismo

El cristianismo entró definitivamente en contacto con el pensamiento griego ya a partir del


siglo II. Inicialmente el cristianismo se opuso radicalmente a la filosofía, y la filosofía, a su vez,
atacó duramente al cristianismo.

Posteriormente se prudujo una asimilación de la filosofía griega. El acercamiento permitió que


el cristianismo se formulara en un cuerpo doctrinal de conceptos básicamente platónicos por
dos razones: La doctrina platónica era la más vigorosa y dominante y porque era la que ofrecía
mayores semejanzas con la doctrina cristiana.

(la existencia de otro mundo (el de las ideas) más allá del mundo físico o el lugar de destino del
alma, por citar un par de ejemplos.

SAN AGUSTÍN

-Fe y Razón en el pensamiento agustiniano

San Agustín no es un filosofo en sentido estricto, jamás se preocupó en trazar fronteras entre
fe y razón; piensa que ambas, conjunta y solidariamente, tienen como misión el
esclarecimiento de la verdad, que para un creyente no puede ser otra cosa que la verdad
cristiana. El objetivo de San Agustín es la comprensión de la verdad cristiana, y para ello
colaboran la razón y la fe del siguiente modo: Primero la razón ayuda al hombre a alcanzar la
fe, después la fe orientará e iluminará la razón y tercero, la razón contribuirá al
esclarecimiento ulterior de los contenidos de la fe.

La actitud agustiniana ante la fe y la razón proviene de su convicción de que la verdad es única.


Solamente hay una verdad, la que se encuentra en el cristianismo.

Desde el punto de vista histórico-cultural, dos son las circunstancias que contribuyeron a
configurar la filosofía agustiniana: 1º la forma en que el cristianismo se enfrentó con la filosofía
y 2º, el carácter mismo de la filosofía neoplatónica, que influyó poderosamente en San
Agustín.

-Existencia de Dios. La vía de la interiorización.

El agustinismo siempre mostró predilección por la vía de la interiorización, del recogimiento


del alma en sí misma. El alma capta, en el interior de sí misma, las verdades eternas e
inmutables, cuyo fundamento no puede ser otro que Dios, eterno e inmutable, ya que nuestra
alma es mutable y, por tanto, las verdades son superiores a ella.

San Agustín no se preocupó por formular argumentaciones tomadas de la realidad exterior, del
universo, para demostrar la existencia de Dios. Hay referencias en sus obras al orden del
universo y al argumento denominado del consenso (el hecho de que la mayoría de los
hombres coinciden en aceptar la existencia de Dios), pero nunca tomó dichas pruebas de
modo sistemático.

Al tratar de definir el atributo fundamental de Dios, eligió la inmutabilidad, hecho que hace
evidente su orientación platónica.

SANTO TOMÁS DE AQUINO


-Los límites de la razón. La fe.

En la época de Santo Tomás la obra de Aristóteles había llegado al mundo cristiano de la mano
de Averroes, a través del averroísmo latino, en el que, entre otras cosas que contradecían el
dogma católico, se mantenía la teoría de la doble verdad: una era la verdad de razón y otra era
la verdad de fe, de tal manera que no tenían por qué coincidir, e incluso, podían entrar en
contradicción.

Santo Tomás rechaza esta teoría. Para él, las verdades de fe y las de razón tienen que coincidir,
ya que, según él, ambas provienen de Dios. Si alguna vez la razón contradice a la revelación
(palabra de Dios), porque el hombre se halla equivocado, siempre es la razón la que debe
someterse a la fe.

Por tanto, el pensamiento tomista ha consistido en un esfuerzo por integrar la filosofía


(aristotélica) con la teología, creyendo útil la utilización de ambas para lograr la salvación.
Aunque ambas teorías son compatibles -según Aquino- son diferentes:

La filosofía se ocupa de las verdades accesibles a la razón humana y su alcance es limitado.


Pero dado que la filosofía se preocupa por el ser, sus causas y principios, esta debe estar
coronada por la metafísica y buscar la causa primera de todo ser, Dios.

A la teología Santo Tomás la define como la doctrina de la revelación, aquello que busca la
palabra de Dios fundamentándose en la fe. Mediante la fe se alcanza el conocimiento de
aquello que se encuentra más allá de los límites humanos. En el contenido de la revelación,
Santo Tomás distingue entre:

Lo revelado: lo llama “artículos de fe”. Consiste en una serie de conocimientos sobre Dios que
han sido reveladas por Él y que, por lo tanto, exceden de la capacidad de la razón humana, por
lo que se aceptan basándose en su autoridad y no en evidencias y demostraciones. Son las
también llamadas verdades de fe.

Lo revelable: lo llama “preámbulos de fe”. Son también conocimientos sobre Dios, pero
accesibles a la razón humana. Son las explicaciones de la Biblia, que pueden ser explicadas
racionalmente. Son las también llamadas verdades de razón.

Ambas son fuentes de conocimiento, pero la razón tiene un límite a partir del cual se sitúa la
fe, con lo que la fe aporta conocimientos que la razón no puede alcanzar, viniendo así a
perfeccionarla (este concepto se puede relacionar con el de San Agustín de Hipona sobre la fe
y la razón).

-Existencia de Dios. Las Cinco vías.

Santo Tomás de Aquino rechaza una serie de argumentos de origen platónico utilizados por
algunos teólogos para afirmar que la existencia de Dios es evidente, por lo que no es necesario
su demostración. La consideración de que la existencia de Dios es un problema que hay que
resolver tiene su origen en Santo Tomás. El filósofo se plantea dos cuestiones:

¿Es necesario demostrar la existencia de Dios? Y, ¿es posible demostrarla?

En la Suma teológica se recogen tres posturas de tres autoridades de la filosofía cristiana que
mantienen que no es necesaria dicha demostración y los respectivos rechazos de Santo Tomás.
Uno de sus puntos de vista es que no todo el mundo entiende por Dios “aquello mayor de lo
cual no cabe pensar nada”.

Por ello, Santo Tomás de Aquino piensa que es necesario demostrar la existencia de Dios y que
es demostrable si utilizamos el método adecuado. Existen dos clases de demostración, una que
procede de la causa al efecto y es, por tanto, a priori, y otra que parte de las cosas sensibles,
consideradas como efectos, para buscar la causa, por lo que procede a posteriori. Sólo este
último método puede llevarnos al conocimiento de la existencia de Dios.

Santo Tomás propone cinco vías (o modos) mediante las cuales llegar al conocimiento de la
existencia de Dios:

Vía del movimiento: es innegable que todas las cosas del mundo se mueven. Todo movimiento
tiene una causa exterior a él mismo. Por todo ello es necesario un primer motor inmóvil que
no sea movido por nadie y tenga la capacidad de mover, éste es al que todos llaman Dios.

Vía de la causa eficiente: es imposible que exista en el mundo algo que sea causa y efecto a la
vez, pues la causa es anterior al efecto. Ha sido necesario una primera causa eficiente que halla
producido todas las demás, Dios.

Vía de lo contingente: todos los seres de la realidad existen, pero podrían no existir, pues son
contingentes (su existencia depende de otro). Debe existir forzosamente un ser no contingente
que haya creado a los demás seres: Dios

Vía de los grados de perfección: para que podamos hablar de un más o un menos en la
perfección de los seres, es necesario que exista un ser perfecto que haga posible la
comparación: Dios.

Vía del gobierno del mundo: todos los seres irracionales o carentes de conocimiento tienden a
un fin. Esto sólo es posible si alguien los dirige (a la manera que un arquero dirige a la flecha).
Luego, tiene que existir un ser inteligente que dirija todas las cosas: Dios.

Aquino piensa que el hombre sólo verá cara a cara a Dios, solo conocerá realmente su esencia
en el más allá, y esto es algo revelado en las Sagradas Escrituras. Descubre que Dios es el ser
puro y que existe por sí solo; es acto puro sin sombra de potencialidad, por lo que es simple,
infinito, eterno, bueno, etc. Él es el creador del mundo, produciéndolo de la nada.

GUILLERMO DE OCKHAM

Ockham rompe definitivamente entre la unión de fe y razón establecida por los tomistas. Los
presupuestos de esta relación que establece son:

1.- La fe y la razón se encuentran totalmente separadas; lo mismo se puede decir de los


saberes que se derivan de las mismas, teología y filosofía. Ambas se diferencian por su objeto
material, es decir, por ocuparse de objetos distintos en sí. El ámbito de la fe y de la razón son
dos conjuntos distintos, sin intersección posible.
2.- Ockham niega validez a las pruebas sobre la existencia de Dios, ya que la existencia de Dios
sólo es admisible mediante la fe.

3.- La separación entre la fe y la razón no es obstáculo para una plena armonía entre una y
otra. Separar dos ámbitos no implica oposición. Aunque se pueda establecer contradicciones
entre lo que se dice en Filosofía y en Teología, los occamistas se refugiaron en esta distinción,
es decir, lo que es verdadero en Teología y lo que es verdadero en Filosofía.

¿Dónde se puede rastrear esta separación radical? En el averroísmo. Averroes, para no ser
perseguido por las autoridades coránicas, estableció la posibilidad de una triple interpretación
del Corán - la vulgar, la filosófica y la teológica. Así algo podía ser falso en Teología y verdadero
en Filosofía, y viceversa.

Los Occamistas decían lo mismo. Por ejemplo, con respecto al tema de Dios, no se podía
demostrar racionalmente, que es una especulación o hipótesis; pero seriamente hablando se
podía conocer por fe.

La relación entre la razón y la fe

1.

La relación del cristianismo con la filosofía viene determinada, ya desde sus inicios, por el
predominio de la fe sobre la razón. Esta actitud queda reflejada en el "Credo ut intelligam" de
San Agustín, tributario en este aspecto del "Credo quia absurdum est" de Tertuliano, y que se
transmitirá a lo largo de toda la tradición filosófica hasta Santo Tomás de Aquino, quien
replanteará la relación entre la fe y la razón, dotando a ésta de una mayor autonomía.

2.

No obstante, también santo Tomás será, en este sentido, deudor de la tradición filosófica
cristiana, de carácter fundamentalmente agustiniano, aceptando el predominio de lo teológico
sobre cualquier otra cuestión filosófica, así como los elementos de la fe que deben ser
considerados como imprescindibles en la reflexión filosófica cristiana: el creacionismo, la
inmortalidad del alma, las verdades reveladas de la Biblia y los evangelios, y otros no menos
importantes que derivan de ellos, como la concepción de una historia lineal y trascendente, en
oposición a la concepción cíclica de la temporalidad típica del pensamiento clásico.

3.

Sin embargo, esa relación de dependencia de la razón con respecto a la fe será modificada
sustancialmente por santo Tomás de Aquino. A lo largo del siglo trece, el desarrollo de la
averroísmo latino había insistido, entre otras, en la teoría de la "doble verdad", según la cual
habría una verdad para la teología y una verdad para la filosofía, independientes una de otra, y
cada una con su propio ámbito de aplicación y de conocimiento. La verdad de la razón puede
coincidir con la verdad de la fe, o no. En todo caso, siendo independientes, no debe interferir
una en el terreno de la otra. Santo Tomás rechazará esta teoría, insistiendo en la existencia de
una única verdad, que puede ser conocida desde la razón y desde la fe.

4.

Sin embargo, reconoce la particularidad y la independencia de esos dos campos, por lo que
cada una de ellas tendrá su objeto y método propio de conocimiento. La filosofía se ocupará
del conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser alcanzadas por la luz natural de la
razón; y la teología se ocupará del conocimiento de las verdades reveladas, de las verdades
que sólo puede ser conocidas mediante la luz de la revelación divina. Ello supone una
modificación sustancial de la concepción tradicional (agustiniana) de las relaciones entre la
razón y la fe. La filosofía, el ámbito propio de aplicación de la razón deja, en cierto sentido, de
ser la "sierva" de la teología, al reconocerle un objeto y un método propio de conocimiento.
No obstante, santo Tomás acepta la existencia de un terreno "común" a la filosofía y a la
teología, que vendría representado por los llamados "preámbulos" de la fe (la existencia y
unidad de Dios, por ejemplo). En ese terreno, la filosofía seguiría siendo un auxiliar útil a la
teología y, en ese sentido, Sto. Tomás se refiere a ella todavía como la "criada" de la teología.

5.

Pero, estrictamente hablando, la posición de santo Tomás supondrá el fin de la sumisión de lo


filosófico a lo teológico. Esta distinción e independencia entre ellas se irá aceptando en los
siglos posteriores, en el mismo seno de la Escolástica, constituyéndose en uno de los
elementos fundamentales para comprender el surgimiento de la filosofía moderna.

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