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TFG

Este trabajo de investigación analiza el crecimiento de las fake news en redes sociales, especialmente durante la pandemia de COVID-19, y su impacto en el periodismo. Se destaca cómo la desinformación ha afectado la credibilidad de la profesión periodística, llevando a la implementación de medidas como el fact-checking. Además, se proponen estrategias para combatir este fenómeno, incluyendo la educación mediática y la colaboración entre plataformas y medios.
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Este trabajo de investigación analiza el crecimiento de las fake news en redes sociales, especialmente durante la pandemia de COVID-19, y su impacto en el periodismo. Se destaca cómo la desinformación ha afectado la credibilidad de la profesión periodística, llevando a la implementación de medidas como el fact-checking. Además, se proponen estrategias para combatir este fenómeno, incluyendo la educación mediática y la colaboración entre plataformas y medios.
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Facultad de Ciencias de la Información

Grado: Periodismo
Curso académico: 2023-2024
Título: El impacto de las fake news en las redes
sociales: Desafíos y consecuencias para el
periodismo

Autor: Natalia Carmona Hernández-Linador


Tutor: María Josefa Cavadas Gormaz
ÍNDICE

1. Resumen……………………………………………………………………………………3

2. Introducción………………………………………………………………………………..4
2.1. Justificación tema……………………………………………………………………5
2.2. Objetivos……………………………………………………………………………….6
2.3. Metodología……………………………………………………………………………7

3. Redes sociales, “nuevo periodismo”.....................................................................11


3.1. Tik Tok………………………………………………………………………………….15
3.2. Instagram……………………………………………………………………………...18

4. Consumo y sometimiento de los jóvenes en las redes sociales………………...20

5. Desinformación en auge: El impacto de las fake news en tiempos de


pandemia…………………………………………………………………………………...24
5.1. Bulos y casos mediáticos durante la pandemia……………………………….27

6. Fake News………………………………………………………………………………….31
6.1. Tipos de información falsa…………………………………………………………34

7. Medidas del periodismo para combatir las fake news……………………………..36


7.1. Fact-checking………………………………………………………………………...38

8. Conclusiones………………………………………………………………………………41

9. Bibliografía…………………………………………………………………………………42
I. RESUMEN
Este trabajo de investigación muestra un análisis detallado, así como un estudio
cualitativo y descriptivo sobre el crecimiento que han tenido las fake news en los
últimos años, especialmente a partir de la pandemia de COVID-19, en las redes
sociales y cómo estas se han convertido en el “nuevo periodismo” del siglo XXI.
Para estudiar estas cuestiones, se ha realizado un estudio de caso, con un
razonamiento deductivo, para llegar a las conclusiones pertinentes. Se han utilizado
herramientas específicas, como la bibliografía especializada en el campo de las fake
news y las redes sociales. Sin embargo, hay dos herramientas clave que he
utilizado para estudiar el campo de las redes sociales y el impacto de las fake news
en ellas: Instagram y Tik Tok.

Esta investigación también ha analizado el hecho de que con la pandemia de


COVID-19 aumentó, considerablemente, la circulación de las fake news en línea,
provocando que se normalizasen los procesos de desinformación y bulos en
Internet, y que su difusión se produjese de manera más rápida y eficaz. Algunos
informes, como el del Instituto Nacional de Estadística o la Revista de Comunicación
de Vivat Academía me han mostrado porcentajes exactos sobre las circulación de
las fake news y el impacto que estas tuvieron durante la época de la pandemia.

Como consecuencia de los procesos de desinformación y bulos en línea, la


profesión periodística ha sido la gran perjudicada en esta historia. La profesión ha
perdido su credibilidad y la sociedad ya no cree que sea posible la elaboración de
un periodismo veraz y honesto. Por ello, los medios de comunicación tradicionales
pasaron a ser digitales y a utilizar herramientas de verificación, con el objetivo de
combatir la desinformación. Con ello, nace el fact-checking. Para profundizar en
este hecho y conocer las herramientas utilizadas por los profesionales del
periodismo para combatir las fake news, se ha dispuesto de medios especializados
en este proceso: [Link] y newtral. Estos medios nacieron con el objetivo de
luchar y acabar con la desinformación y nos muestran detalladamente los medios y
procesos que utilizan para ello.

Como no es fácil predecir el futuro del periodismo, mi estudio de investigación


concluye planteando varias estrategias para abordar el problema de las fake news.
En primer lugar, la educación mediática es fundamental para enseñar a las personas
a identificar y cuestionar la desinformación. En segundo lugar, los algoritmos de las
redes sociales deben modificarse para priorizar la veracidad sobre el
sensacionalismo. Además, es importante la colaboración entre plataformas,
gobiernos y medios de comunicación para crear una fuente común contra las fake
news.

II. INTRODUCCIÓN
En un artículo escrito por Carmela Ríos (2017: 1), expresa lo siguiente: «Las redes
sociales se han revelado como el vehículo natural para la puesta en circulación de
estas armas del siglo XXI». Las redes, en sí, no forman parte del periodismo
convencional que conocemos, pero son un canal de comunicación que se ha ido
abriendo paso y que se han acabado integrando en el panorama informativo actual.
Esto ha provocado que las redes se hayan situado como intermediarias entre el
público y los periodistas. Los periodistas lo comenzaron a utilizar como canal, con el
objetivo de que la información llegase más rápidamente al público, proporcionando
un mejor acceso a la información. La consecuencia de esto es que cualquier
persona puede publicar en internet porque es información que no se verifica. En
muchos casos, la información final que les llega a los consumidores es una
información manipulada.

La profesión periodística ha experimentado cambios constantes y se ha ido


ajustando e innovando desde sus orígenes para mantenerse relevante y mejorar su
práctica. En la actualidad, las redes sociales se han convertido en una nueva
herramienta tecnológica para el ámbito de la información. Con este nuevo medio de
comunicación, cualquier persona puede participar generando contenido y
contribuyendo a su creación. Sin embargo, esta apertura tiene un lado negativo que
afecta considerablemente a la credibilidad de la información y, como consecuencia,
a los periodistas que la difunden: la desinformación y las fake news.

El surgimiento de las redes sociales ha permitido a muchos usuarios acceder a


información sobre cualquier tema, a menudo basada en sus preferencias e intereses
personales. Aunque esta libertad para informarse ha sido en gran medida positiva,
porque el acceso a la información es mucho más sencillo, también ha facilitado la
difusión de las noticias falsas. Y estas noticias suelen tener como objetivo sembrar
confusión y desinformar mediante historias falsas y manipuladas.

Es importante destacar que con la llegada de la pandemia del coronavirus, las redes
sociales se convirtieron en un canal clave para la comunicación y la información. Sin
embargo, esta mayor conectividad también dió lugar a una explosión de fake news,
desde rumores sobre el origen del virus hasta curas falsas. Estas noticias falsas se
difundieron rápidamente debido a algoritmos que priorizan el contenido
sensacionalista y emocional, lo que provocó confusión y desinformación en la
sociedad.

El periodismo ha sido el principal perjudicado en esta situación. Jesús Miguel Flores


(2021: 3), profesor e investigador del departamento Periodismo y Nuevos Medios de
la Universidad Complutense, asegura que «los medios de comunicación están
atravesando una fase en la que se está cuestionando su propia existencia». Como
consecuencia, los usuarios han dejado de creer en el periodismo honesto y ético;
en ese periodismo que trabaja a través de fuentes y de investigación. Por ello, los
medios de comunicación decidieron ponerse manos a la obra y combatir este
fenómeno que tanto está afectando a la población. Esas medidas empleadas se
basan en el fact checking y la verificación de datos.

El fact-checking emergió como una herramienta esencial para combatir la


desinformación. Equipos dedicados a verificar datos trabajan arduamente para
desmentir las fake news y proporcionar contexto a la información que circula en
línea. Sin embargo, el fact-checking también enfrenta desafíos, como la dificultad de
llegar a audiencias que ya están predispuestas a creer en la desinformación y el
riesgo de politización en el proceso de verificación.

2.1. JUSTIFICACIÓN TEMA


En los últimos años la redes sociales se han convertido en el “nuevo periodismo”,
provocando que los medios tradicionales se abrieran camino en los medios digitales
y que los periodistas estuviesen en “línea” de forma constante y precisa. Sin
embargo, lejos de convertirse en un canal informativo y de generar una labor
informativa, las redes se han vuelto un canal para la desinformación y las noticias
falsas (González, 2019).

Según Magallón (2023), con las redes sociales se ha democratizado la capacidad


de propagar mensajes falsos. Dicho profesor de Comunicación Audiovisual de la
Universidad Rey Juan Carlos, llega a esta conclusión tras estudiar los procesos de
información y desinformación en las redes.

Siempre ha existido la desinformación, pero antes se relacionaba con las fuerzas del
estado y con la propaganda (Magallón, 2023). Sin embargo, las redes sociales han
provocado que la difusión de información errónea se vuelva más accesible para
todos, lo que hace aumentar la rapidez con la que se propaga la desinformación y su
potencial para volverse viral. Además, se observa un cambio en el paradigma en el
que el acceso a la información implicaba poder, ya que antes era limitado, pero
ahora nos enfrentamos a una sobreabundancia de datos.

2.2. OBJETIVOS
2.2.1 Objetivo general
El objetivo principal de este estudio es saber el por qué de que las fake news hayan
crecido tanto en las redes sociales, el por qué de este fenómeno y de que se haya
producido en estas plataformas. Además, se investigará cómo la profesión
periodística se ha visto afectada por este fenómeno y las medidas que han tomado
para paliar los efectos de la desinformación.
2.2.2 Objetivos específicos
● Profundizar en los conceptos de “fake news” y “desinformación” y conocer
sus características principales; así como los diferentes tipos de noticias falsas
que existen y como aparecen en internet.
● Conocer la evolución que ha tenido el consumo de noticias falsas en redes
sociales, vista desde el sector más vulnerable: el de los jóvenes.
● Investigar por qué las redes sociales se han convertido en el “nuevo
periodismo” y cómo los medios tradicionales han pasado a convertirse en
medios digitales.
● Investigar por qué las fake news y la desinformación aumentaron durante la
época de la pandemia. El papel de las redes sociales y los medios
tradicionales en la transmisión de la información.
● Conocer el impacto que este fenómeno ha tenido sobre el periodismo y el
futuro que le depara a esta profesión.

2.3. Metodología
Este trabajo de investigación está basado, principalmente, en un estudio cualitativo
y descriptivo sobre las fake news, su desarrollo en las redes sociales, especialmente
a partir de la pandemia de COVID-19 y sobre el impacto que todo esto ha generado
en la profesión periodística del siglo XXI. Esta investigación se ha basado en un
método, principalmente, cualitativo ya que se han utilizado definiciones teóricas y
datos enfocados, tanto a la influencia que tiene Internet en la sociedad, la facilidad
con la que se extienden las fake news y los principios y métodos empleados por las
empresas periodísticas para frenar este fenómeno. Esta investigación me ha hecho
comprender que la profesión periodística debe profundizar en los métodos que
utiliza para combatir las fake news; así como que se debe producir y enfocarse en
una reeducación de los ciudadanos para que estos sepan distinguir entre la verdad
y la falsedad. Para llevar a cabo un análisis correcto y completo sobre esta
investigación, ha sido necesario llevar a cabo un marco teórico lo más completo
posible, con el fin de dar respuesta a los objetivos planteados previamente en el
trabajo.

Este trabajo de investigación se basa en un estudio de caso, como he dicho


anteriormente, una técnica de índole cualitativa, porque el objetivo de la
investigación es alcanzar las respuestas y conclusiones necesarias a través de un
razonamiento deductivo. Para ello, ha sido necesario buscar bibliografía
especializada en el campo de las fake news y las redes sociales; así como
bibliografía centrada en la profesión periodística y los métodos profesionales que
utilizan los profesionales para combatir las fake news. Se han utilizado una serie de
filtros que han sido necesarios aplicar para llevar a cabo la investigación y que esta
fuese más precisa. En primer lugar, se han utilizado palabras clave para definir y
profundizar los puntos principales del trabajo: Fake news, redes sociales, medios
digitales, consumo, desinformación, impacto, profesión periodística, pandemia y
sometimiento. Esta investigación ha querido mostrar que las fake news han existido
siempre, pero que durante y tras la pandemia de COVID-19 hubo un aumento
considerable de la desinformación en las redes sociales, y que los jóvenes, con el
uso de las redes sociales, han sido uno de los principales motivos de este aumento
y, al mismo tiempo, han sido los más perjudicados, junto a la profesión periodística.

Este trabajo se puede definir como una investigación evaluativa, porque el objetivo
es evaluar el impacto que las fake news han tenido sobre la profesión periodística y
sobre la rapidez e inmediatez del método utilizado a través de las redes sociales.

De la misma forma, la actualidad del tema de la investigación, ya que, como


sociedad, formamos parte de la era digital, me ha permitido tener y obtener una
visión crítica de la situación que nos hace reflexionar sobre el presente, pero
especialmente, sobre el futuro de la profesión periodística y de la vinculación
política, que también es necesaria para llevar a cabo el cambio y la reeducación de
la sociedad, argumentos que abordo en las conclusiones.

Teniendo en cuenta que las redes sociales, en los últimos años se han consolidado
como el “nuevo periodismo”, era fundamental centrarse en la proliferación de las
redes sociales y de cómo el periodismo ha tenido que adaptarse a estos cambios.
Para llevar a cabo esta investigación, me centré en dos redes sociales;
concretamente en las redes sociales más consumidas y en las que más fake news
proliferan: Instagram y Tik Tok. Además recurrí a varios estudios e informes
realizados con anterioridad a la pandemia, como el estudio realizado por INVBIT
(Agencia de Desarrollo y Diseño Web), en 2011, dónde España se situaba como el
7º país que más utilizaba las redes sociales. Sin embargo, tras la pandemia de
COVID-19, teniendo en cuenta que las redes sociales se habían convertido en el
método de comunicación más utilizado por la sociedad, el índice DESI (Índice de
Economía y Sociedad Digital) situó a España como el tercer país en la utilización de
redes sociales. Lo que hizo demostrar que el uso de las redes sociales, como medio
comunicativo, aumentó considerablemente tras la pandemia COVID. Esto también
nos ha mostrado que a lo largo de los años, en una era digitalizada, que es en la
que actualmente estamos viviendo, los medios tradicionales han pasado a un
segundo plano, dando lugar a que los medios digitales se expandan y lleguen más
rápido a la sociedad. Atendiendo al EGM (Estudio General de Medios) de 2023,
Internet y, por excelencia, las redes sociales fueron los medios más consumidos ese
año, por detrás de la televisión, que siempre ha sido el más consumido por la
sociedad.
We Are Social también ha sido una herramienta utilizada para esta investigación,
con el objetivo de saber el número exacto de audiencia que han tenido Tik Tok e
Instagram en lo que llevamos de 2024. Además, se han tenido en cuenta varios
perfiles de periodistas freelance, que actualmente utilizan, únicamente, las redes
sociales como herramienta para crear y difundir su trabajo. Lo que nos ha mostrado
que la sociedad y la manera de comunicar avanza y que las redes sociales pueden
ser un arma de doble filo en el ámbito informativo. En este caso, se ha mostrado la
parte positiva de las redes sociales, así como el trabajo veraz y fiable de los
periodistas que lo utilizan como buenas herramientas de trabajo y que genera que
lleguen a un público más amplio.

El hecho de que actualmente cualquier persona pueda acceder a Internet, ha


provocado un aumento en el consumo y sometimiento que los jóvenes tienen a las
redes sociales. El Pew Research Center, en 2018, mostró que el 97% de los
jóvenes utilizan las redes sociales, y que eso se sigue manteniendo en la actualidad,
2024. Como los jóvenes están más expuestos a las redes sociales, son los que más
las consumen y los que más interactúan en estas plataformas, y como no están
preparados socialmente para distinguir entra la veracidad y la falsedad de la
información, son ellos los que, en muchas ocasiones, impulsan las noticias falsas
sin darse cuenta. Un estudio (Underestimating digital media ham) publicado en la
revista científica EClinicalMedicine, en 2020, avala esta afirmación.
Para hablar de la desinformación en auge, especialmente en tiempos de pandemia,
era importante tener en cuenta cuánto aumentó el uso de las redes sociales durante
el proceso y, por consiguiente, como aumentó también la desinformación en línea.
En este caso se utilizaron informes, como el del Instituto Nacional de Estadística, en
2020, que fue el año en el que se produjo el confinamiento y, por tanto, el
aislamiento de la sociedad.
La revista de comunicación de Vivat Academia también nos proporcionó las fuentes
y datos estadísticos necesarios para hacer referencia a los tipos de fake news que
se publicaron en ese año y cómo se llevó a cabo la labor periodística frente a la
desinformación. Además, el 20% de los encuestados, periodistas profesionales,
admitieron haber publicado, durante la pandemia, algún tipo de información falsa.
Aunque el 80% afirmó no haberlo hecho. Esto nos muestra, que hasta el periodismo
más profesional también dió traspiés durante la época de la pandemia.
Un informe de ISGlobal (2020) nos muestra que las redes sociales tuvieron un
impacto dual durante la pandemia. Por un lado, ayudaron a mantener informada a la
sociedad, una sociedad que estaba aislada del mundo exterior y, por otro lado, fue
un trampolín para la propagación rápida y eficaz de las fake news y los bulos,
especialmente sobre la propia pandemia.
El profesor de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III,
Raúl Magallón, también fue un punto clave para esta investigación, ya que durante
la pandemia se dedicó a llevar a cabo una estrategía de lucha contra las campañas
de desinformación y pudo afirmar, tras una larga investigación, que con las redes
sociales se democratizó la capacidad para propagar mensajes que son falsos.

No podía concluir mi trabajo de investigación sin hacer referencia a las fake news y
a los mecanismos de verificación que han ido adoptando los medios de
comunicación tradicionales para combatir los procesos de desinformación. En
primer lugar, era necesaria la clasificación de los tipos de fake news que existen,
junto con la detección de las mismas, ha sido posible por el informe de First Draft
News que hizo una clasificación en 2017 para poder comprender verdaderamente la
situación.
Respecto al fact-checking, me he centrado, principalmente, en trabajar con la
herramienta de Maldito Bulo y Newtral, para saber cómo funcionan los procesos de
verificación de hechos y, por supuesto, tener en cuenta proyectos anteriores que
han llevado a cabo estos dos medios y darnos las herramientas suficientes para
hacernos una idea sobre el rumbo que va a tener que tomar el periodismo
profesional y tradicional para recuperar esa credibilidad perdida, especialmente,
durante los tiempos de pandemia.

Comprender y estudiar esta herramienta y llevar a cabo esta investigación, me ha


permitido identificar las distintas fases por las que pasan las fake news en todos los
contextos sociales y a través de las redes sociales, y la repercusión que todo esto
ha tenido en el ámbito periodístico.

III. Redes sociales, el “nuevo periodismo” en los medios digitales


(Instagram y Tik Tok)
Las redes sociales se conciben como un nuevo concepto de medio de
comunicación. Hay que tener en cuenta que la mayoría de nosotros compartimos y
buscamos información por redes sociales. Llegaron para quedarse, adquiriendo
grandes dimensiones en el panorama informativo.

En un estudio realizado por INVBIT(Agencia de Desarrollo y Diseño Web), en 2011,


España se situó como el 7º país en todo el mundo que más utiliza las redes
sociales. Y el 80% de la población pertenecía a alguna red social. Actualmente,
según el Índice DESI (índice de Economía y Sociedad Digital), España ocupa la 3ª
posición como uno de los países con mayor conectividad digital y uso de redes
sociales. Esto nos muestra que a lo largo de los años, los usuarios españoles no
solo consumen más las redes sociales, sino que también son grandes expertos en
la red.

El consumo de redes sociales en España, es superior al del resto de países en el


mundo. En un estudio realizado por la VIU (Universidad Internacional de Valencia),
el uso que se hace de las redes sociales en España es del 47%, la cual es una cifra
que supera a la media del resto del mundo, siendo el 29%. En promedio, los
españoles pasan alrededor de dos horas diarias explorando las redes sociales en
busca de contenido interesante, lo que equivale a más del 50% del tiempo total que
dedicamos a navegar por internet, que ronda las 4 horas al día.

Cerca del 78% de los usuarios de internet acceden a las redes sociales diariamente,
lo que significa que aproximadamente 20.6 millones de personas están activas en
plataformas o al menos muestran interés en lo que ocurre en ellas (Soloaga, 2019).
Esta alta tasa de conectividad, posiciona a España como la ciudad europea más
activa en redes sociales.

Las redes sociales representan un nuevo medio para compartir información de los
medios de comunicación en un contexto interactivo, donde tanto los usuarios como
los propios medios juegan un papel importante en la difusión de contenidos
(Herrera, 2012). Esto implica que el periodismo debe adaptarse constantemente
para mantener su relevancia y evitar volverse obsoleto, ya que ahora los usuarios
tienen un mayor protagonismo en la circulación de información.

Con la popularización de las redes sociales, la práctica periodística adquiere otros


matices y perspectivas. Y es que el periodismo lleva viviendo tiempos de cambio
desde que nacieron las redes sociales (Flores, 2018: 8). Hace 15 años, algunas
personas pronosticaban un cambio radical y una gran actividad en el periodismo,
debido a la expansión de internet. Sin embargo, otros creían que estos cambios solo
agregarían una nueva capa de novedad a una profesión que seguiría transmitiendo
información de manera tradicional a través de la radio, la televisión y los periódicos.
Actualmente, se consume y se produce mucha más información a través de los
medios digitales, como las redes sociales, que a través de los medios tradicionales,
a excepción de la televisión.
Figura 1. Ilustración de EGM. Evolución en el consumo de medios en 2023

Este gráfico nos muestra como el consumo de internet ha ido creciendo con el paso
de los años, pasando de ser de los menos consumidos en 2015 a posicionarse
como el tercer medio más consumido, detrás del exterior y de la televisión, que por
excelencia siempre ha sido el medio más consumido por la sociedad.

Las nuevas tecnologías han cambiado la forma en que los periodistas trabajan. La
presencia de las redes sociales en el periodismo se refleja en cómo acceden a la
información, a las fuentes y a los métodos de verificación, lo que ha convertido el
uso de las redes sociales en una herramienta diaria en las salas de redacción. En el
siglo de las redes sociales, el periodismo ha transformado la manera en que los
redactores llevan a cabo su trabajo, en comparación con lo que se solía hacer hace
más de diez años. «Más que nuevos medios, observamos laboratorios de
innovación periodística con mayores compromisos para hacer mejor periodismo»
(Flores, 2018: 8)

En la actualidad, la dinámica ha cambiado; la información ya no es exclusiva del


periodista (Espiritusanto, 2014, 7). Esto implica que los profesionales deben estar
constantemente atentos a cualquier modificación que ocurra en el mundo digital.
Aquí es donde entra en juego la participación ciudadana. El ámbito de las nuevas
tecnologías y herramientas de las que disponemos han provocado un cambio
generalizado en la manera que tenemos de relacionarnos, informarnos y
comunicarnos (Espiritusanto, 2014: 7).

La audiencia que solía sólo recibir información ahora puede tomar parte activa en
cada etapa del proceso informativo. Desde buscar datos hasta crear y compartir
contenido en una red global, tienen la capacidad de hacerse escuchar con una
fuerza sin precedentes (Villegas, 2017).

Las nuevas tecnologías están afectando la percepción de la verdad y la mentira en


el periodismo. Un ejemplo es la blogosfera, donde varios autores comparten noticias
y opiniones en Internet sin necesidad de experiencia periodística o conocimientos
tecnológicos. Esto ha dado lugar al "periodismo ciudadano" o "participativo", donde
la gente común contribuye a la información periodística. Este término fue
mencionado por primera vez en 2004, y fue Dan Gillmor quién comenzó a poner en
valor esta nueva circunstancia, que aparecía como cambio.

La ciudadanía, cada vez más vinculada a dispositivos móviles y redes sociales, está
perdiendo interés y confianza en los medios tradicionales (Espiritusanto, 2014; 9).
Esto lleva a los medios y a los periodistas a enfrentar una crisis marcada por la
pérdida de credibilidad debido a su proximidad con otros poderes y su desconexión,
en algunos casos, con la ciudadanía.

ARA (Aula en Red-Acción) asegura que este tipo de “periodismo” es un arma de


doble filo. Por un lado, el hecho de que los ciudadanos participen activamente en
redes sociales, permite obtener testimonios directos y de manera inmediata en
cualquier circunstancia, y, de hecho, permite que la información viaje mucho más
rápido que en los medios tradicionales. Sin embargo, hablamos de que cualquier
persona puede publicar en internet, lo que provoca que estas plataformas carezcan
de credibilidad en sus noticias e informaciones.
3.1. Tik Tok
Actualmente podemos encontrar una gran variedad de redes sociales con las que
poder disfrutar de sus contenidos, pero durante los últimos años Tik Tok se ha
convertido en una de las plataformas más destacadas, tanto para consumir
contenido como para publicarlo.

España cuenta con 16, 63 millones de usuarios en TikTok (Galván, 2024) y tiene
1,572 millones de usuarios activos al mes (bytedance Ltd, 2024).

Figura
2. Fuente: PRIMEWEB. Ilustración de we are social. Estadísticas clave de Tik Tok

Con estos datos podemos observar que Tik Tok es una de las redes sociales más
consumidas, tanto en nuestro país como en el resto del mundo. Sin embargo,
¿hasta qué punto puede hacerse periodismo en Tik Tok?

La aplicación, al tener una amplia base de usuarios en todo el mundo, está


atrayendo cada vez más la atención de diversos medios y profesionales que buscan
utilizarla como una plataforma para innovar y aumentar su visibilidad. Es común que
periodistas independientes, sin el respaldo de grandes empresas mediáticas,
encuentren en esta aplicación una oportunidad para desarrollar su trabajo
(Manrique, 2021).
El medio, de contenido generalista, más seguido en Tik Tok, según ARA (Aula en
Red-Acción) es Ac2ality, es un grupo de jóvenes de la generación Centennial que
poseen una base de seguidores que supera los tres millones. Su contenido más
destacado incluye segmentos como "5 cosas de hoy", donde ofrecen cinco titulares
con las noticias más relevantes del día, y los "explainers", que son noticias
explicadas de forma concisa en 1 a 3 minutos.

Este canal es el más seguido de Tik Tok en Europa (ARA, 2022). Las fundadoras
tienen la ambición de revolucionar el campo del periodismo y de introducir a las
nuevas generaciones en otras modalidades de informarse. Por ende, se dedican a
traducir la información de los medios y proporcionar los detalles esenciales para
mantenerse al tanto de los acontecimientos mundiales de manera más accesible,
entretenida y agradable. Inicialmente, solo contaban con una cuenta en Instagram
donde compartían esquemas e infografías que ilustraban visualmente las noticias.
Su empresa ha sido construida mediante un arduo trabajo, un profundo
conocimiento de las redes sociales y una constante conexión con la actualidad,
generando contenido diariamente.

Otra de las cuentas más seguidas en Tik Tok, es la del periodista Abel Planelles,
que actualmente cuenta con 345,3 mil seguidores en la red. El joven, graduado en
periodismo, comenzaba a publicar videos hace tan solo un año en la red. Sus
informaciones se centran, principalmente, en el mundo del corazón y de los
influencers. Son videos cortos, de no más de 3 minutos, donde explica brevemente,
y a través de fuentes, las informaciones de las que dispone. Actualmente ha
conseguido formar parte de las alfombras rojas de los Premios Ídolo (evento de
premios para influencers). Además tiene un podcast, llamado “La Alfombra de Abel
Planelles” en Apple Podcast.
Figura 3. Fuente: Tik Tok. Perfil de Abel planelles

Las redes sociales han transformado la manera en que las personas interactúan y
se comunican, y el periodismo no ha sido ajeno a este cambio impulsado por la era
digital. Tik Tok ha emergido como una poderosa herramienta para la difusión,
permitiendo acercar el periodismo a una amplia gama de audiencias (Manrique,
2021).

Tras observar el funcionamiento de la aplicación y algunos ejemplos de periodismo


en ella, es crucial resaltar las claves fundamentales para realizar un periodismo
efectivo en Tik Tok. La creatividad es esencial, ya que lo que sobresale en esta
plataforma son los contenidos frescos que sorprenden a los usuarios. Es importante
mantener un enfoque en la información, incluso al añadir elementos como texto o
imágenes. La información debe ser transmitida de manera clara, concisa y
entretenida, ya que los usuarios disponen de poco tiempo y pueden perder interés
fácilmente. Por último, es fundamental no temer al fracaso; es posible que nuestro
contenido no tenga éxito inicialmente, pero esto no significa que carezca de calidad.
3.2 Instagram

Con más de 1,200 millones usuarios activos en Instagram, convirtiéndose en una de


las redes sociales más populares en el mundo (Fernández, 2024).

¿Instagram resulta beneficioso para los periodistas? La plataforma social líder en


interacción no solo es útil, sino que también se ha convertido en el principal medio
de comunicación para numerosas marcas, expertos e individuos de diversas
industrias.

Pero ahora bien, ¿cómo se usa Instagram en el periodismo profesional? Como bien
he dicho en otras ocasiones, las redes sociales se utilizan como herramientas para
mostrar lo que sucede de manera continúa a nuestro alrededor. Por eso y su
inmediatez, muchos periodistas profesionales utilizan Instagram como herramienta
para documentar e informar de los sucesos, en menor tiempo y de manera más
eficaz.

Por lo tanto, desde el principio, medios de comunicación como The New York Times,
The Wall Street Journal, NBC o Time han adoptado esta plataforma como parte de
su estrategia de actualización y para conectarse mejor con su audiencia. Nada
mejor que combinar la creación de contenido con la interacción con la audiencia
para transformar la comunicación y el periodismo en su conjunto (Coobis, 2017).

También es el caso de Sonia Narang, video reportera y fotógrafa, que utiliza


Instagram como una herramienta profesional para publicar sus trabajos. En una
entrevista hecha por Javier Gabacho, en su cuenta de Twitter
(@JCorbachoUC),trata de dar respuesta a como Instagram se ha convertido en una
herramienta de trabajo para tantos profesionales (Paula Gonzalo, periodismo
ciudadano).
Figura 4. Fuente: Periodismo ciudadano. Entrevista a Sonia Narang

Figura 5. Fuente: Periodismo ciudadano. Entrevista a Sonia Narang

Lo que nos quiere decir Sonia con esta entrevista es que Instagram puede ser una
gran herramienta para los profesionales que carecen de medios más orientados al
periodismo, y que aún así se puede generar información verídica y contrastada a
través de un medio alternativo, pero mucho más inmediato, eficaz y accesible.
IV. Consumo y sometimiento de los jóvenes en las redes sociales
La accesibilidad de internet desde una variedad de dispositivos, como portátiles,
televisores, tablet y, especialmente, teléfonos móviles, permite que la generación
más joven se desenvuelva con destreza en el mundo digital y se conecte desde
cualquier lugar del planeta (Cerezo, 2016; 10).

Cada vez más, los jóvenes muestran una mayor dependencia de sus teléfonos
móviles cada año (El Mundo, 2021). Utilizan estos dispositivos no solo para
mantenerse bien informados y al día con las últimas noticias, sino también para
pasar largos periodos en redes sociales, lo que los expone al riesgo de creer y
difundir información falsa y engañosa.

En la era digital, los jóvenes consideran las redes sociales como una parte esencial
de su vida. Con la popularidad en aumento de plataformas como Instagram y TikTok,
los jóvenes están dedicando más tiempo a estar en línea. No obstante, surge la
interrogante sobre si estas redes sociales influyen de manera favorable o
desfavorable en la vida de los jóvenes (Anguita, 2023).

En los últimos años, hemos sido testigos de cómo ha evolucionado la manera en


que los jóvenes acceden a las noticias. Es evidente que muchos jóvenes han
abandonado la práctica de leer noticias en los medios tradicionales. Esta tendencia
también se observa en otros grupos demográficos, aunque en menor medida (El
Mundo, 2021). Los usuarios han optado por plataformas digitales, ya que prefieren
la forma en que reciben la información. Internet y las redes sociales han ganado
popularidad y uso, mientras que la televisión sigue siendo relevante, aunque el
interés por parte de los jóvenes ha disminuido gradualmente.

Internet y las tecnologías digitales ofrecen a los jóvenes un universo completamente


nuevo, lleno de oportunidades para conectarse con millones de usuarios y acceder a
cualquier información que deseen de forma rápida y sencilla (Cuesta, 2021). Esto
les permite mantenerse al tanto de las últimas actualizaciones de manera constante
y sin esfuerzo, facilitando su conexión y participación en el mundo digital en su vida
diaria.
La población juvenil, especialmente aquellos de entre 14 y 19 años, son los usuarios
más activos de Internet y las redes sociales. Según estadísticas, el 97% de su
tiempo en línea lo dedican a las redes sociales, siendo Facebook, Twitter e
Instagram las plataformas más frecuentadas por ellos (beediagital, 2022). En 2018,
el Pew Research Center llevó a cabo una encuesta entre aproximadamente 750
adolescentes de 13 a 17 años. Los resultados mostraron que el 45% de ellos están
prácticamente siempre conectados, y que el 97% utiliza alguna plataforma de redes
sociales, como YouTube, Facebook, Instagram o Snapchat (Mayo Clinic, 2022).

TikTok e Instagram son dos plataformas de redes sociales muy conocidas que
ponen énfasis en el contenido visual. Utilizan algoritmos para adaptar el contenido
que aparece en los feeds de los usuarios, teniendo en cuenta sus acciones previas
y gustos. Además, ambas ofrecen herramientas de configuración de privacidad para
que los usuarios controlen quién puede acceder a su contenido.

Pero, ¿qué repercusión tiene el uso de las redes sociales en los jóvenes?. ¿Cuáles
son sus beneficios y sus puntos perjudiciales?

Las plataformas de redes sociales ofrecen a los adolescentes la oportunidad de


forjar identidades en línea, interactuar con sus padres y fortalecer sus conexiones
sociales (Civantos, 2022: 16). Para algunos jóvenes, estas redes pueden ser una
fuente crucial de apoyo, especialmente para aquellos que enfrentan la exclusión
social o viven con discapacidades o enfermedades crónicas.

Los adolescentes utilizan las redes sociales como un medio para divertirse y
expresarse libremente. Estas plataformas también sirven como ventana al mundo
actual, permitiendo a los jóvenes interactuar más allá de sus límites geográficos y
aprender sobre una variedad de temas, incluyendo hábitos saludables. Las redes
sociales que ofrecen entretenimiento, distracción o una conexión significativa con
amigos y una comunidad más amplia pueden incluso contribuir a prevenir la
depresión en los adolescentes (Mayo Clinic, 2022).
Las plataformas digitales han cambiado la manera en que los jóvenes interactúan
unos con otros. En un entorno donde la conexión es constante, se facilita la
comunicación con amigos y familiares, sin importar la distancia física que los
separe. Estas herramientas posibilitan la comunicación instantánea y el compartir
vivencias, lo que puede reforzar los lazos afectivos ya establecidos (Anguita, 2023).

Por otro lado, hay quienes sostienen que las redes sociales también pueden tener
efectos negativos en las relaciones personales de los jóvenes. Abusar de las redes
sociales ha mostrado una asociación con la depresión, insomnio y repitencia (Elías
Arab/G & Díaz, 2015). El exceso de tiempo invertido en estas plataformas puede
resultar en una disminución de la interacción cara a cara, lo cual podría impactar
negativamente en la calidad de las relaciones. Además, la exposición a la envidia y
la comparación social, en plataformas como Instagram, puede generar ansiedad y
estrés, lo que a su vez puede deteriorar las relaciones.

Aunque la conexión global facilitada por las redes sociales puede ser beneficiosa al
permitir que los jóvenes se conecten con personas de todo el mundo, este mismo
alcance global también puede contribuir al problema del ciberacoso. Dado que las
interacciones en línea no están limitadas por fronteras geográficas, el acoso puede
propagarse fácilmente a través de diferentes regiones (Anguita, 2023).

La interacción entre las redes sociales y el bienestar mental de los jóvenes es un


tema cada vez más inquietante. Aunque estas plataformas pueden servir como
medio de expresión y conexión social, también pueden contribuir a problemas de
salud mental. La presión para mantener una imagen perfecta en línea, el acoso
cibernético y la dependencia de las redes sociales son desafíos que afectan a
muchos jóvenes (Marquéz, 2024).

Un estudio realizado en 2018 por el Pew Research Center (Centro de Investigación


Pew) por especialistas en salud mental descubrió que el uso excesivo de las redes
sociales puede estar vinculado con la depresión y la ansiedad en los jóvenes. Es
crucial que tanto los jóvenes como sus familias sean conscientes de estos riesgos y
tomen medidas para fomentar un uso saludable de las redes sociales (Anguita,
2023).

Los peligros pueden asociarse con la cantidad de tiempo que los adolescentes
pasan en las redes sociales. Una investigación llevada a cabo en 2019, por el Pew
Research Center, con más de 6,500 adolescentes de entre 12 y 15 años en Estados
Unidos reveló que aquellos que dedicaban más de tres horas diarias a las redes
sociales tenían un mayor riesgo de experimentar problemas de salud mental. Otro
estudio (‘Underestimating digital media harm’), realizado en Inglaterra en el mismo
año, publicado en la revista científica EClinicalMedicine (Maldita, 2021), con más de
12,000 jóvenes de entre 13 y 16 años, obtuvo claros indicios que que son los
adolescentes los que más consumen las redes sociales y, por consiguiente, los que
más hacen circular fake news, sin darse cuenta de la falsedad de estas (Mayo
Clinic, 2022).

Por otro lado, las redes sociales también pueden tener un impacto positivo en las
oportunidades laborales de los jóvenes. Plataformas como LinkedIn les brindan la
posibilidad de crear perfiles profesionales y establecer grandes conexiones en sus
campos de interés. El networking en línea puede ser una herramienta poderosa para
la búsqueda de empleo y el crecimiento profesional (Anguita, 2023).

Adicionalmente, las redes sociales pueden servir como un escaparate para que los
jóvenes exhiban sus habilidades y talentos, abriendo puertas a oportunidades
únicas en áreas como el arte, la música y el entretenimiento.

En este contexto, los jóvenes disfrutan de ventajas significativas en comparación


con generaciones más maduras, dado que han crecido junto a estas plataformas y
comprenden cómo utilizarlas para alcanzar sus metas y llegar a su audiencia
objetivo (Digital Zone, 2024). Tienen un conocimiento profundo de las tendencias,
los códigos de conducta y otras normas de comportamiento que a menudo los
adultos pasan por alto al no haber crecido con ellas.

En resumen, las redes sociales pueden tener tanto efectos positivos como negativos
en la vida de los jóvenes. Por ello es esencial encontrar un equilibrio entre
aprovechar los beneficios de la conexión en línea y ser conscientes de los riesgos
para la salud mental y las relaciones personales. La educación y la guía familiar son
elementos fundamentales para promover un uso responsable de las redes sociales.
Con la dirección adecuada, las redes sociales pueden convertirse en una
herramienta útil para el desarrollo personal y profesional de los jóvenes en la
sociedad actual en la que vivimos.

V. Desinformación en auge: El impacto de las fake news en tiempos


de pandemia

«En pandemia se normalizaron los procesos de desinformación y se integraron en la


vida cotidiana» (Magallón, 2023: 1).

El confinamiento y las medidas de restricción derivadas de la pandemia de


COVID-19 ocasionaron un aumento bastante notable de la actividad en línea y del
uso de las tecnologías de la comunicación. (González, 2021). Según el Instituto
Nacional de Estadística (2020), este incremento alcanzó más de un millón de
personas, siendo en total 32,8 millones. Este fenómeno se manifestó en diversos
ámbitos, desde un mayor uso de las redes sociales hasta un aumento en el tiempo
dedicado a la televisión, videojuegos y el consumo de contenido en plataformas en
línea.

Como consecuencia de esta nueva situación, en España, la demanda de


información por parte de la población aumentó significativamente. Esta situación
propició la propagación de una gran cantidad de informaciones falsas, las cuales el
periodismo ha debido enfrentar, llegando incluso a influir en las agendas mediáticas
(Larson, 2020).
Figura 6. Fuente: Vivat Academia. Revista de Comunicación., nº 155, 131-149. Respuestas
sobre si se publicaron más noticias falsas o poco contrastadas.

Este gráfico muestra las respuestas a preguntas sobre la publicación de noticias


falsas y poco contrastadas que se hicieron durante la etapa de la pandemia, que se
le hicieron a varios profesionales del mundo del periodismo.

Cuando se les preguntó si habían difundido información que luego se demostró falsa
o fue desmentida, el 83,3% de los encuestados afirmó que no lo hicieron. Sin
embargo, es relevante mencionar que el 11,1% restante se abstuvo de responder a
la pregunta.

No obstante, al consultar si creen que durante la pandemia se han difundido más


informaciones falsas o poco contrastadas que en otros momentos, hasta un 61,1%
opina que sí.

En base a estas encuestas, sobre los motivos por los que consideran que las fake
news aumentaron durante la pandemia, mantienen que es una tendencia común en
los tiempos de incertidumbre, como una especie de mecanismo de defensa.
Señalan que uno de los problemas es la proliferación de información, lo que se
conoce como “infodemia”, que es un fenómeno muy característico de este tipo de
crisis. «Había una sobrecarga de información y poco tiempo para analizarla» (San
Miguel, A., Sánchez Gay Valenzuela, N., & Zambrano, 2022: 140).

Como consecuencia de una mayor demanda de información por parte de la


sociedad, las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales jugaron un
papel fundamental durante el periodo de la pandemia. Cierto es, que la necesidad
de ofrecer respuestas, a la sociedad que vivía en una gran incertidumbre, provocó
que muchas de las informaciones que se publicaban eran falsas y no contrastadas,
con el objetivo de tranquilizar y, en otras ocasiones, también alertar a la sociedad.

En el caso de las redes sociales, tienen un impacto dual durante momentos de crisis
como la pandemia. Por un lado, son herramientas valiosas para fomentar
discusiones entre científicos, compartir críticas a datos erróneos o artículos y,
además, difundir rápidamente información que puede ser útil. Sin embargo, también
pueden ser vehículos para propagar estudios falsos y propagar deliberadamente la
desinformación (IS Global, 2020).

En las redes sociales es mucho más sencillo difundir información que es falsa y que
esto no tenga consecuencias, porque no llevan a cabo ninguna edición de los
mensajes publicados por los usuarios y tampoco están obligadas a asumir ninguna
responsabilidad por su contenido, a diferencia de los medios de comunicación
convencionales (Lozano, 2023).

Además, en épocas donde la incertidumbre es mucho más grande, las


informaciones falsas son mucho más populares que aquellas que publican
información mucho más rigurosa (IS Global, 2020).

Por otro lado, las redes sociales transformaron la manera que las personas tenían
de comunicarse, durante la pandemia. Se formaron comunidades de opinión,
denominadas “tribus” (IS Global, 2020). Esos grupos se unían por ideas y valores
compartidos, provocando una radicalización del discurso, como consecuencia del
sentimiento de pertenencia de los miembros. Esto dió lugar a una pérdida de la
perspectiva comunitaria, donde el interés del grupo se prioriza sobre cualquier otro y
provoca que se le dé veracidad a informaciones falsas, aunque estas sean falsas y
solo por el hecho de que se trata de una información que es aceptada por todo ese
grupo.

Por su parte, los medios de comunicación tuvieron una labor mucho más compleja
durante la pandemia, pero al mismo tiempo, más esencial.

Las divisiones entre las secciones de los medios de comunicación se volvieron


menos definidas, y muchos periodistas, sin importar su experiencia, se centraron en
informar sobre la pandemia. Al mismo tiempo, la urgencia de respuesta y la falta de
evidencia científica llevaron a destacar el papel de los expertos, lo que desencadenó
una búsqueda frenética de voces autorizadas y expertas por parte de los medios (IS
Global, 2020).

Otro de los objetivos de los medios tradicionales fue la de llevar a cabo una gran
cobertura mediática y hacerlo en tiempo real y con el mayor rigor posible,
priorizando la rapidez y la veracidad de los hechos.

En conclusión, la pandemia coincidió con una avalancha masiva de desinformación,


creando una infodemia que dificultó el hecho de encontrar información fiable. En
España, la búsqueda de información se centró en los medios de comunicación
tradicionales y en WhatsApp. Aunque los medios tradicionales contribuyeron a
comprender la pandemia y a tratar de mantener informados, con la mayor veracidad
posible, generaron menos confianza que en otros países (Casino, 2022).

5.1 Bulos y casos mediáticos durante la pandemia

«Los bulos pueden hacer más daño que el coronavirus» (Mateos, 2020: 3).

Durante la pandemia de COVID-19, la propagación de desinformación y rumores


representó un gran riesgo para la salud pública. En tiempos de crisis, como aquel,
era crucial y necesario que los ciudadanos tuvieran acceso a información precisa y
verdadera. Por tanto, fue necesario implementar acciones para prevenir y contrastar
la difusión de noticias falsas. Una de las medidas que tomó el gobierno español,
ante las noticias falsas y bulos que llegaban constantemente, fue la de controlar
todo lo que se publicaba y penalizar todo aquello que fuera falso (Martínez-Sánchez,
2022).

La propagación de desinformación sobre el virus alcanzó niveles sin precedentes,


en términos de velocidad y alcance global. (Mateos, 2020). Los rumores y las
informaciones falsas se difundieron a una velocidad incluso maor que la del virus en
sí mismo, y su impacto fue devastador.
Desde el comienzo del estado de alarma, diversas plataformas surgieron con el
propósito de alertar a los ciudadanos sobre la posible presencia de bulos y noticias
falsas que surgían en relación con el COVID-19. Estas plataformas (Newtral,
[Link]) se dedicaron a verificar la información que circulaba por Internet,
especialmente en redes sociales como Twitter y Facebook y, por supuesto, las
cadenas que iban surgiendo y propagándose por WhatsApp. Su objetivo principal
era brindar a los ciudadanos las herramientas necesarias para poder acceder a
información precisa y verdadera y poder contrastar con la que era falsa (Maldita,
2020).

Estas plataformas son parte del International Fact-Checking Network (IFCN) y/o del
Grupo de Alto Nivel sobre fake news y desinformación designado por la Comisión
Europea en 2018 (García & Cerdán Martínez, 2020). Para dar un ejemplo de la labor
que realizó [Link] durante la pandemia, para mediados de junio en 2020, ya
había identificado más de 590 bulos y desinformaciones desde que se inició la
pandemia en España (Maldita, 2020). Algunos ejemplos incluyen la creencia
errónea de que hacer gárgaras con vinagre, agua tibia o sal prevenía el contagio, la
falsa noticia de que la OMS prohibió la realización de autopsias en los cuerpos de
personas que murieron a causa de la pandemia, o la falsa afirmación de que el
clorito de sodio curaba el COVID-19 en 24 horas.

Cuando es mucho más complicado generar información falsa en Internet,


recurriendo a imágenes verdaderas, se recurre a formas mucho más simples de
crear contenido que obtienen más visualizaciones, “me gusta” y retuits: los memes y
las imágenes con tono satírico y humorístico se ponen a la orden del día, y se
lanzan informaciones falsas o hirientes sin necesidad de justificación, bajo la excusa
de entretener.
Figura [Link]: Twitter. Meme sobre el coronavirus.

Figura 8. Fuente: Twitter. Meme sobre el coronavirus.

Los memes se difunden con mayor rapidez que cualquier comunicado oficial y se
comparten sin considerar las implicaciones que pueden tener en la
formación/construcción de opiniones.

Los medios de comunicación españoles publicaban cada vez más noticias sobre la
pandemia de coronavirus, debido a la creciente preocupación de una enfermedad
que afectaba a más de 38 países en todo el mundo. A medida que pasaba el
tiempo, íbamos obteniendo más datos sobre la pandemia, sin embargo, la
necesidad de información y el sentimiento de alarma generalizado, crearon el
ambiente ideal para que se propagase más rumores y Fake news a través de las
redes sociales (Mateos, 2020: 11).
«Los bulos sobre el coronavirus cada vez serán más numerosos según pasen los
días y se dispararán en las redes sociales españolas una vez aparezcan los
primeros casos en territorio nacional» (Mariscal, 2020: 7).

Según lo confirmó #SaludsinBulos, WhatsApp fue el canal principal por el cuál se


propagaron la mayor cantidad de fake news y bulos sobre el coronavirus. Esta red
social fue utilizada para compartir videos relacionados con la enfermedad. Dos de
los más difundidos tuvieron que ver con el origen del coronavirus.

El primero muestra a algunos comensales disfrutando de sopa de murciélago y se


dice que esa cena en Wuhan fue donde comenzó la pandemia. Aunque el video es
real, es antiguo y no tiene relación con Wuhan, sino con una celebración de 2016 en
una Isla del Pacífico, donde la sopa de murciélago es una comida tradicional. En
wuhan, este plato no es parte de la dieta local (Mateos, 2020: 12).

Un segundo video afirma ser grabado en un mercado de Wuhan, supuestamente el


lugar del origen del virus. Sin embargo, se confirmó que las imágenes provenían de
un mercado en Indonesia (Mateos, 2020: 12).
Figura 9. Fuente: Informe Bulos sobre Coronavirus 2020 (Mateos, 2020: 16). Desmintiendo bulos
durante la pandemia.

En conclusión, para combatir la desinformación, es fundamental recurrir a fuentes


oficiales, sitios web confiables y a personas profesionales y expertas en el tema.
También es importante verificar la información y mantener un escepticismo
saludable respecto a las noticias alarmantes que surgen constantemente y que se
comparten en las redes sociales.

VI. Fake news


Cuando hablamos de fake news, estamos haciendo referencia a noticias falsas que
consisten en la propagación de rumores y contenido manipulado que se distribuye a
través de los distintos canales de la comunicación: periódicos, televisión, redes
sociales y radio (Molina, 2021).

Las fake news han existido desde siempre, pero con la llegada de Internet y las
nuevas tecnologías de comunicación e información, las fake news se han expandido
por todo el mundo (International Federation of Journalists, 2018: 3).

Las redes sociales permiten a los usuarios crear y consumir contenido de manera
simultánea, facilitando la difusión de información que es falsa. Esto genera una
especie de círculo vicioso que hace que una noticia que es falsa se replique muchas
veces en cuestión de segundos (International Federation of Journalists, 2018: 3).

Todo esto se produce en un contexto de posverdad, cuyo término hace referencia a


la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el
fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales, tal y como lo define la RAE
(Real Academia Española).

El concepto de posverdad, también llamado “mentira emotiva”, significa que los


hechos objetivos tienen menos influencia que los argumentos emocionales y las
creencias personales en un discurso cuyo propósito es moldear la opinión de
quienes lo escuchan y, como consecuencia, influir en su comportamiento (UNIR (La
Universidad en Internet), 2021).

El término “posverdad” tuvo su origen a principios de la década de 1990, cuando el


dramaturgo y novelista serbio, Steve Tesich, utilizó la palabra “post-truth” en un
artículo que fue publicado en el periódico The Nation. Desde entonces, se ha
empleado, especialmente, para asuntos políticos; así como para poder describir el
comportamiento político de algunos presidentes como George W. Bush o Ronald
Reagan, pero sobre todo el de Donald Trump (UNIR (La Universidad en Internet),
2021).

Como consecuencia de este fenómeno, el periodismo de calidad y el derecho de la


ciudadanía a recibir información veraz y precisa se están viendo afectados por este
fenómeno, que se está volviendo cada vez más peligroso y que afecta a las distintas
prácticas democráticas (International Federation of Journalists, 2018: 3).

Las noticias falsas se propagan rápidamente. Los medios de comunicación y sus


periodistas compiten por ser los primeros en divulgar las noticias y obtener la
primicia, generando una intensa rivalidad por exclusivas (Molina, 2021). El principal
problema es que se prioriza el ser el primero en publicar una noticia, por encima de
asegurarse de que la información haya sido adecuadamente contrastada y sea
verídica (Cabello, 2019: 4). En otras palabras, no se tiene en cuenta que la noticia
podría no ser del todo verdadera, ya que no se realizan verificaciones rigurosas para
comprobar la veracidad del contenido periodístico.

Muchos medios de comunicación se arriesgan demasiado y ponen en peligro su


reputación (Molina, 2021). Toda esta información lleva a que el usuario, que busca
informarse sobre temas de actualidad, en redes sociales se sienta abrumado, y esto
se debe a que tiene a su alcance una gran cantidad de noticias sobre un mismo
tema. Incluso, el usuario puede llegar a tener dificultades para distinguir entre las
noticias reales y las falsas (Valenzuela, Hernández & Goglios, 2016: 13). Esto ha
causado que la profesión del periodismo pierda credibilidad ante los lectores. Por
ello, actualmente la profesión periodística es la que más perjudicada se ha visto por
este fenómeno (Prado, 2019: 15).
Pero, ¿por qué se divulgan las fake news? Pues bien, el surgimiento de las redes
sociales es lo que ha facilitado la propagación de las noticias falsas. En primer lugar,
porque al cambiar de un modelo de comunicación masiva (broadcasting) a uno de
red (networking), el intercambio de mensajes permite que los usuarios no solo sean
consumidores, sino también productores de contenido, lo cual lleva a la circulación
de información que a menudo es engañosa o inexacta (International Federation of
Journalists, 2018: 6). Además, estas plataformas utilizan algoritmos que distribuyen
el contenido que consideran más relevante para cada usuario, lo que significa que la
información que cada persona vé, está condicionada y filtrada (Ceylan, Anderson &
Wood, 2023).

Por otro lado, el flujo de información en las redes sociales se actualiza


constantemente, y no solo según la relevancia que esta tenga para el usuario, sino
también en base al alcance y las interacciones que tiene dicha publicación. Esto
puede llevar a que una noticia se valide, simplemente, por su nivel de difusión,
aunque esta sea falsa (International Federation of Journalists, 2018: 6). Además, las
diferentes inclinaciones políticas y los intereses partidarios pueden contribuir a que
la información falsa se viralice aún con mayor velocidad (Ceylan, Anderson & Wood,
2023).

6.1 Tipos de información falsa


De acuerdo a un estudio realizado por [Link] se distinguen,
principalmente, seis tipos de información falsa y desinformación, las cuales se
exponen a continuación.
● Noticias impostoras: Los sitios web de noticias falsas son páginas que se
presentan como medios de comunicación convencionales, pero en realidad
ofrecen contenido engañoso. Pueden mostrar información, imágenes y
vídeos diseñados para confundir a los lectores. A menudo, estos materiales
se manipulan para ajustarse a la narrativa que promueve el sitio, mientras
que en otras ocasiones el contenido es auténtico, pero desactualizado o no
tiene relación con eventos que han sucedido recientemente.
● Noticias satíricas: Las noticias satíricas son una forma de comedia que
parodia los eventos actuales. Estos sitios web se distinguen de los sitios de
noticias falsas porque suelen ser claros sobre su objetivo humorístico, algo
que a menudo se puede encontrar en sus secciones de “Acerca de “ o
“Preguntas frecuentes”. En contraste, los sitios de noticias falsas a menudo
pretenden ser fuentes de información legítimas y afirman ser imparciales o
auténticos.
● Clickbait: Es un tipo de contenido diseñado para atraer la atención y
provocar que las personas hagan clic en un enlace, vídeo o imagen. Se trata
de una estrategia común que utilizan los sitios web para generar tráfico en
redes sociales o en plataformas de videos como YouTube. A menudo, el
contenido que se muestra en la miniatura no corresponde con lo que
realmente encuentran los usuarios al hacer clic.
● Deepfakes: Son vídeos que muestran versiones modificadas digitalmente de
personas. Con frecuencia, se trata de figuras públicas que han sido alteradas
para decir o hacer algo que no dirían ni harían en la vida real. Muchos
deepfakes utilizan inteligencia artificial para generar vídeos realistas que
pueden engañar a la gente, haciéndoles creer que son auténticos.
● Anuncios fraudulentos: Las aplicaciones o sitios de redes sociales a veces
muestran anuncios que no son de confianza. Es importante que los usuarios
reporten los anuncios engañosos para que la plataforma pueda tomar
medidas y prohibir a esos anunciantes.
● Cuentas de títeres de calcetines: Las cuentas conocidas como “sock
puppets” son perfiles de redes sociales o páginas que fingen ser figuras
públicas. Su objetivo es usar la reputación de esa figura para difundir
información falsa o engañosa. Dependiendo del contenido que compartan,
estas cuentas pueden generar confusión y causar daños.

Sin embargo, la Organización First Draft (2017), ha definido siete tipos distintos de
fake news, los cuales se nombran a continuación.
1. Sátira o parodia: No pretende causar daño o engaño.
2. Contenido engañoso: Uso engañoso de la información para incriminar a
alguien o algo
3. Contenido impostor: Suplanta fuentes verdaderas e identidades.
4. Contenido fabricado: Contenido nuevo, que es falso y está diseñado para
engañar y perjudicar.
5. Conexión falsa: Los titulares, imágenes y fuentes no confirman el contenido
6. Contexto falso: El contenido genuino se difunde con información de contexto
que es falso.
7. Contenido manipulado: Información y/o imágenes verdaderas se manipulan
para engañar.
Figura 10. Fuente: First Draft. Lista de desinformación y lugares de mayor influencia

¿Qué podemos hacer para detectar y evitar las noticias falsas? Todos
desempeñamos un papel fundamental en el mundo. Cuando aceptamos información
sin cuestionar o compartimos publicaciones, imágenes o vídeos sin verificar
previamente, estamos contribuyendo a aumentar la desinformación y la confusión.
Es esencial asumir la responsabilidad, de manera independiente, de verificar lo que
encontramos en redes.

Estamos en un momento crítico. Para comprender verdaderamente la situación en


la que nos encontramos, debemos reconocer la gravedad del asunto y entender a
qué nos estamos enfrentando. Usar el término “Fake News”, no nos lleva a ningún
lugar (First Draft, 2017).

VII. Medidas del periodismo para combatir las fake news


Distinguir entre lo que es real y lo que no, puede ser muy complicado. Sin embargo,
cuando las personas leen noticias, a menudo solo necesitan aplicar su sentido
común y crítico para llegar al punto en el que se cuestionen todo aquello que no les
pueda parecer verdadero y no den por sentado todo aquello que ven en las redes
sociales e Internet (Molina, 2021).
Cada vez es más común obtener información a través de las redes sociales, como
Twitter o Tik Tok. En estas plataformas, cualquier persona puede compartir sus
experiencias, pero hay que tener en cuenta que todo esto puede alejarse de la
verdad y estar basado en relatos personales con intereses que son particulares, y
que no van dirigidos a ningún público específico (Gómez, 2022).

Además, la desinformación y los rumores también han encontrado un terreno


bastante fértil en redes como WhatsApp, donde se difunden fácilmente.
Especialmente, como comentaba anteriormente, en nuevos formatos como los
memes, que se propagan fácilmente debido a su apariencia y a su eficacia para
publicarse. La situación se volvió tan seria que WhatsApp tomó la decisión de limitar
el reenvío de mensajes para frenar la propagación de noticias falsas y, con ello,
reducir la desinformación para los usuarios (Comisión Europea, 2022).

Pero, ¿cómo se puede actuar ante una noticia falsa? No existe una fórmula precisa
para saber cómo reaccionar ante este tipo de noticias. Sin embargo, el usuario
puede seguir ciertas guías que le ayuden a identificar si el contenido de una noticia
está manipulado o no (Comisión Europea, 2022).

Los periodistas están trabajando en esto actualmente. A través de su labor, buscan


compartir estas pautas con los usuarios para que puedan aprender a diferenciar la
información que consumen y detectar posibles manipulaciones y desinformaciones
(Molina, 2022).

«Corregir antes que censurar» (Soufi, 2024: 1)

Elon Musk (director de Twitter) tuvo una buena idea. Así lo confirma un estudio
publicado el pasado 28 de febrero en la revista Information Systems Research. Las
Community Notes (antes conocidas como “notas comunitarias”) de Twitter,
diseñadas para combatir la desinformación, han demostrado ser mucho más
efectivas que la censura para prevenir la propagación de las fake news (Soufi,
2024).
Las Community Notes son un sistema que permite a los usuarios escribir
anotaciones en tuits específicos para agregar contexto adicional, señalar errores o
destacar información verificada que contraríen o aclare el contenido del tuit. Otros
usuarios de la plataforma pueden evaluar estas notas en base a su utilidad y
precisión, para asegurar que las correcciones sean fiables. Los usuarios votan si
una nota es fiable o no, y estos votos lo que hacen es determinar la visibilidad de la
corrección, que se va a mostrar a continuación del tuit, como complemento del
contexto (Soufi, 2024).

En términos generales, hay que recordar que las pautas para identificar fake news
suelen ser bastante claras. No es necesario llevar a cabo una investigación
profunda y exhaustiva para entender los principios que deben de seguir los
periodistas para verificar una noticia, o la de un usuario que busca información
fiable. Cualquier persona que sea consumidora de los medios digitales y que quiera
estar constantemente informado, lo tendrá en cuenta como consecuencia del
impacto que tuvo la desinformación durante la pandemia (Molina, 2022).

Es importante tener en cuenta que no solo se debe leer un titular, porque los
titulares, en muchas ocasiones, no se corresponden con la información que luego se
desarrolla a continuación. Una vez que se ha leído la noticia al completo, se debe
evaluar si hay dudas de su veracidad y averiguar cómo se difundió esa noticia y en
que medio, si no está especificado. Todo esto se hace con el objetivo de verificar la
información aportada (Capilla, 2014: 45).

Otra opción es utilizar los motores de búsqueda disponibles en plataformas digitales,


como Google, copiando el titular y buscándolo directamente. Esto puede ayudar a
confirmar la veracidad de la noticia al comprar múltiples fuentes o encontrar
información adicional que aclare el contexto (Molina, 2022).

7.1 Fact-checking
El fact-checking (verificación de hechos) consiste en detectar los errores y las
noticias falsas en los distintos medios de comunicación. Es el proceso de verificar y
comparar información, discursos y/o declaraciones para poder confirmar su
autenticidad (Molina, 2022).

Originalmente, el fact-checking era un proceso que se producía internamente en los


medios de comunicación, los cuales se encargaban de revisar los datos de una
noticia antes de publicarla. Los responsables, principalmente, eran los periodistas,
porque eran los encargados de salir a buscar la información y las herramientas
necesarias para poder identificar la falsedad o veracidad de la información obtenida
(Verificat, 2021).

Sin embargo, todo este sistema cambia radicalmente con la llegada de Internet.
Internet permite la ampliación en el acceso a la información y, como consecuencia,
hace que los propios usuarios de la web creen y compartan sus contenidos
particulares, lo que da lugar a la infoxicación. El exceso de información que se
produce y el crecimiento de canales para su difusión (las redes sociales) generan
una crisis de confianza hacia los periodistas, lo que hace reivindicar la práctica del
fact-checking (Limia, 2017).

«La infoxicación es el exceso o sobrecarga de información, que te impide


profundizar en los temas que abordas» (Limia, 2017: 5).

Esa sobrecarga de información y la gran cantidad de canales de difusión hacen que


los periodistas no puedan cubrirlo todo. Los fact checkers actúan de la manera más
rápida y precisa que pueden, desmintiendo información y hechos que ya están
circulando por Internet. Lo que si que no pueden hacer, es verificar opiniones que
son personales de los usuarios que operan en la red. El fact-checking es un
producto de la era digital (Ufarte-Ruiz, 2018).
En 1994 se fundó en Estados Unidos, Snopes, que fue la primera plataforma de
verificación en línea, diseñada para validar y desmentir mitos y rumores que se
difundían por internet. Y nueve años después, en 2003, se creó [Link], la
primera plataforma de fact-checking político que fue enfocada a desmentir
declaraciones y afirmaciones basadas en los hechos políticos estadounidenses de
los casos más sonados (Verificat, 2021).
En Europa, las plataformas de verificación comenzaron a ganar popularidad en la
década de 2010. La International Fact-Checking Network (IFCN) fue fundada en
2015, y se trata de un foro en el que se encuentran verificadores de todo el mundo.
El IFCN supervisa las tendencias y los formatos que forman parte en la verificación
de datos, además de establecer un código de principios que las plataformas de
verificación deben llevar a cabo y seguir (Verificat, 2021).

En España, el primer equipo de periodistas reconocido por la IFCN (International


Fact-Checking Network) provolone del programa de televisión “El Objetivo”, que fue
dirigido en 2017 (MYNEWS, 2020).

Más tarde, nacieron dos de las principales organizaciones del país dedicadas al
fact-checking: [Link] y Newtral, ambas son miembros del IFCN desde 2018.
Maldita. es ha desarrollado diversas herramientas periodísticas para combatir el
tema de la desinformación, como Maldita Hemeroteca, Maldito Bulo, Maldita
Ciencia, Maldito Dato y Maldita Tecnología. Por su parte, Newtral se enfoca en la
producción de programas, espacios en redes sociales, innovación periodística y
sigue una línea de investigación que utiliza la Inteligencia Artificial (Verificat, 2021).

EFE Verifica, nación en 2019, de mano de la Agencia EFE, ante el preocupante


aumento de las noticias falsas y la desinformación en el entorno online. Desde esta
iniciativa, publican información para contextualizar eventos que generan confusión
en la sociedad. Su objetivo es ayudar a los ciudadanos a mejorar su conocimiento,
con el objetivo de que puedan evaluar mejor las noticias a las que acceden y así
poder participar en el debate público (Molina, 2022).

Ese mismo año se funda Verificat, que es la primera plataforma de verificación


catalan, siendo reconocida por la IFCN en 2020. Esta plataforma lucha contra la
desinformación y la manipulación en Internet, y lo hace a través de la educación y el
periodismo, ofreciendo talleres disponibles para diversos públicos y programas de
televisión, como Desfake (Verificat, 2021).
También existen otras iniciativas, como la plataforma temática Salud Sin Bulos, que
es la plataforma de verificación de RTVE (Radio Televisión Española), pero no
cuenta con el reconocimiento del IFCN (MYNEWS, 2020).

El trabajo de los verificadores es crucial en la era en la que nos encontramos, una


era basada en el exceso de información y las redes sociales. Sin embargo, para
poder combatir a la información falsa, y que el trabajo y la labor sean efectivos, es
esencial que cualquier persona pueda reconocer ese tipo de contenidos. Es
importante tener en cuenta que la alfabetización digital es clave para que todos
puedan disponer de las herramientas necesarias para informarse sin ser engañados
por las fake news (Verificat, 2021).

VIII. Conclusiones
8.1 El futuro del periodismo
No es fácil predecir el futuro del periodismo, ni cómo se ajustará a las tecnologías y
las narrativas que emergen continuamente para comunicar. Sin embargo, es
evidente que esta profesión ha enfrentado numerosos y grandes cambios a lo largo
del tiempo y siempre ha podido encontrar la manera y las formas de adaptarse a los
cambios de cada nuevo medio y tecnología presente.

Para que el periodismo continúe creciendo y manteniendo su credibilidad es


fundamental que mantenga altos los estándares de verificación de información
(fact-checking) en un entorno donde las fake news se propagan rápidamente. Lo
que implica que tienen que darle mucha importancia a la investigación y a la
corroboración de fuentes para contrarrestar la desinformación.

Para ayudar a reconstruir la confianza del público, que se perdió gran parte durante
y después de la pandemia de COVID-19, los medios deben ser transparentes sobre
los procesos editoriales y criterios de verificación. Aparte hay una necesidad urgente
de saber educar al público para que sepan identificar y discernir entre las noticias
falsas y las reales. Los medios de comunicación pueden desempeñar un papel
importante, pero también se requiere de la colaboración de instituciones educativas
y organizaciones de la sociedad civil.

Con todo esto y teniendo en cuenta que las redes sociales se han convertido en el
“nuevo periodismo” y que se tratan de una de las herramientas más utilizadas por la
sociedad civil, es fundamental que asuman una mayor responsabilidad en la
detección y mitigación de la desinformación en sus plataformas. Lo que podría
implicar una colaboración más estrecha entre las redes sociales y los medios de
comunicación para desarrollar herramientas y políticas efectivas contra las fake
news.

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