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Ensayo Real 6

La calidad educativa es fundamental para la justicia social, promoviendo la equidad y la igualdad de oportunidades en la educación, especialmente en el contexto colombiano. A pesar de los avances legislativos, persisten desafíos significativos como la exclusión y la falta de recursos que afectan a grupos vulnerables. Se requiere un compromiso colectivo para transformar el sistema educativo y garantizar el derecho a la educación para todos.
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Ensayo Real 6

La calidad educativa es fundamental para la justicia social, promoviendo la equidad y la igualdad de oportunidades en la educación, especialmente en el contexto colombiano. A pesar de los avances legislativos, persisten desafíos significativos como la exclusión y la falta de recursos que afectan a grupos vulnerables. Se requiere un compromiso colectivo para transformar el sistema educativo y garantizar el derecho a la educación para todos.
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La Calidad Educativa como Pilar de Justicia Social: Una Reflexión sobre la

Equidad y la Igualdad de Oportunidades en el Contexto Actual.

La educación, es un derecho universal, lo cual se configura como una llave maestra


para el ejercicio pleno de los derechos sociales, económicos, políticos y culturales de la
ciudadanía. En el presente siglo XXI, se ha caracterizado como la sociedad del
conocimiento y global, la calidad educativa, la equidad y la igualdad de oportunidades,
surge como un postulado elemental para el desarrollo humano integral y sostenible.
Este ensayo abordará la unión de estos conceptos, analizando su relevancia y los
desafíos para su concreción, principalmente en el contexto colombiano y a la luz de las
expectativas internacionales.

La equidad añade exactitud al concepto de igualdad al poder atender a la particularidad


y diversidad humana en sus diferencias. También como principio ético, busca la
concentración entre ambos derechos. Por otra parte, en el ámbito educativo, la equidad
se conecta esencialmente con la igualdad de oportunidades educativas, esto implica
que no se debe considerar factores como el sexo, la clase social, la religión o la
política, más bien se debe establecer la justicia en la distribución del servicio e integrar
a aquellos que no han sido visibilizados. La igualdad de oportunidades, por su parte,
demanda que la educación debe ser accesible a todos en igualdad de condiciones, y
equitativa en la distribución de ofertas y posibilidades de logro. Por otra parte, requiere
identificar las diferencias previas al inicio de cada etapa formativa, variar las estrategias
pedagógicas y adaptarlas los estándares de desempeño y éxito. El "Plan de Igualdad
de Oportunidades para la equidad de género en el distrito capital 2004-2012" en
Bogotá, por ejemplo, impulsa el derecho a la Educación con Equidad como uno de sus
pilares, que busca poder garantizar el ejercicio de los derechos de niñas, jóvenes y
adultas, sin importar su origen étnico, orientación sexual o condición biopsicosocial,
reconociéndolas y valorando como sujetos de conocimiento y sabiduría.

La calidad educativa, de acuerdo con la Oficina Regional de Educación de la UNESCO


para América Latina y el Caribe, es un medio por el cual el ser humano se desarrolla
plenamente, crece y se fortalece como una persona dentro de la sociedad. Asimismo,
transmitiendo y compartiendo valores y cultura. No es solamente una herramienta de
crecimiento económico, más bien es un proceso incompleto que propicia el aprendizaje
y el desarrollo psicosocial, con el objetivo de lograr el desarrollo integral de todas las
personas para cambiar su contexto en una sociedad justa, inclusiva y democrática. Se
considera que es difícil de hablar ampliamente de "calidad educativa" si no se cuenta
con recursos materiales, legislaciones, políticas públicas y equidad. En Colombia, las
políticas públicas se han postulado para el logro de la calidad educativa, apoyadas por
una legislación avanzada que promueve transformaciones pedagógicas. Según
Schmelkes (2015), la equidad señala a la justicia en el trato diferenciado esto logra una
igualdad en los resultados. Esto se convierte en una educación adaptada a las
necesidades de cada grupo al igual están centradas en el desarrollo integral de las
personas.
Sin embargo, la realidad de este ideal. Las fuentes señalan que la sociedad del
conocimiento y global puede ser intimidador debido a la concentración de micropoderes
en países líderes, inviabilizando otras opciones de vida. según plantea Boaventura de
Sousa Santos (2010), “una educación de calidad debe ser emancipadora, capaz de
transformar estructuras de exclusión y opresión”. Esta es una visión amplía la noción
tradicional de calidad educativa dado que enmarca en un paradigma de los derechos
humanos.

Las perspectivas internacionales, como el Marco de Acción de Dakar y los Objetivos de


Desarrollo del Milenio (ODM) para generalizar la educación básica primaria, son
consideradas limitadas y difíciles de alcanzar debido a la escasa voluntad política de la
comunidad de naciones. En el caso colombiano, pese a de una legislación
trascendental desde 1991, la fuerza mayor se ha dado en la educación básica,
descuidando la educación preescolar, media y superior pública, y la educación de
adultos. También, la generosidad de la normatividad no se ha precisado a plenitud
debido a fuerzas oponentes y juegos de poder.

Un efecto fatal de las políticas públicas equilibrados en el control del gasto y en


resultados cuantitativos es el daño de la calidad de vida de la población y el atraso
cultural. La falta de voluntad política de los gobernantes para complacer las
necesidades básicas ha conducido a un deterioro de la calidad educativa y, por lo
tanto, a la violación del derecho sustancial a la educación para un amplio sector de la
población en situación de pobreza, exclusión y marginación. Esto incluye a niñas y
mujeres, población afrodescendiente, indígena y rom, grupos desplazados, y personas
con discapacidad. Los costos educativos y la falta de recursos básicos evitan a muchos
jóvenes ceder a la educación superior, lo que los expone a estados emocionales
dañinos o comportamientos antisociales.

Las situaciones de exclusión se proclaman a diario en las aulas: niños en desventaja


por desnutrición, miseria, baja autoestima, color de piel, características físicas, lugar de
residencia, o por ser hijos de trabajadores informales. La diversidad en estilos de
aprendizaje y las injusticias de género culturalmente construidas también deslumbran el
desempeño escolar, con ejemplos que favorecen a los niños en ciertas materias o
asignan roles de apoyo a las niñas. El racismo, en particular hacia niños
afromexicanos, es frecuente y aceptado a través del lenguaje verbal y no verbal
discriminatorio, y la casi inexistencia de interpretación positivas en materiales
educativos. Estas particularidades crean condiciones de inequidad por lo que impiden
que todos asuman tareas y responsabilidades en pie de igualdad.

Asimismo, los estudiantes en los aprendizajes formales son aquellos que valoran la
socialización y sociabilidad con pares y otras personas. Esto propone una crítica a la
institución escolar, donde las actividades de clase no son lo suficientemente amigables.
La calidad de la educación mejorará en la medida en que los docentes cuenten con una
calidad de vida y de ejercicio profesional propia de su condición, incluyendo mejores
condiciones para su selección, formación, promoción, remuneración y bienestar. Esto
se requiere una definición del docente como profesional de la pedagogía, proporcionar
comunidades académicas, estímulo a la producción académica e innovación, y un
régimen laboral comparable al de países con mejores desempeños educativos. Una
educación de calidad debería empujar hacia escuelas amenas, saludables y exigentes,
un sistema educativo.

En conclusión, la calidad educativa es un concepto multidimensional ligado a la


equidad y la igualdad de oportunidades. Los retos son grandes, marcados por la
desigualdad socioeconómica, y la falta de voluntad política. Aunque, la madurez
ciudadana y el reconocimiento de la educación como una prioridad brindan un
ambiente favorable para su transformación. Por otra parte, la tarea es colectiva, desde
las políticas internacionales que comprometen la comunidad y los propios estudiantes.
Por medio, de un compromiso auténtico con la justicia en la distribución educativa y la
comprobación de la diversidad humana, se podrá construir una sociedad más justa,
inclusiva y democrática donde el derecho a la educación sea una verdadera posibilidad
para todos.
Referencias

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