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Derecho Civil I

El documento es un compendio de apuntes sobre Derecho Civil, abarcando aspectos introductorios, la persona, el acto jurídico y tópicos civiles de la prueba, basándose en obras de diversos profesores. Se exploran temas como la evolución histórica del Derecho Civil, las fuentes del derecho, la teoría de la ley y los derechos subjetivos, así como la estructura y principios del Código Civil chileno. Además, se discuten las tendencias actuales del Derecho Civil, como la descodificación y la constitucionalización.

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Derecho Civil I

El documento es un compendio de apuntes sobre Derecho Civil, abarcando aspectos introductorios, la persona, el acto jurídico y tópicos civiles de la prueba, basándose en obras de diversos profesores. Se exploran temas como la evolución histórica del Derecho Civil, las fuentes del derecho, la teoría de la ley y los derechos subjetivos, así como la estructura y principios del Código Civil chileno. Además, se discuten las tendencias actuales del Derecho Civil, como la descodificación y la constitucionalización.

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Martín Urbina Siles

Licenciatura Derecho Civil – Tomo I


Aspectos Introductorios
La Persona
El Acto Jurídico
Tópicos Civiles de la Prueba

Apuntes realizados en base a las Obras Curso de Derecho Civil, Parte General, del
profesor Hernán Corral Talciani, y Teoría General del Acto Jurídico, del profesor Víctor
Vial Del Rio, y complementados con los apuntes de clases de los profesores Rodrigo de
Alencar, Jorge Baraona y Juan Andrés Orrego.
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Parte 1 – Aspectos Introductorios

Contenidos
I. Introducción al Derecho Civil
II. Las Fuentes del Derecho
III. Teoría de la Ley
IV. La Relación Jurídica y los Derechos Subjetivos

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo I – Introducción al Derecho Civil


1. Aspectos Generales
A) Evolución Histórica y Concepto
B) Contenido del Derecho Civil
C) Carácter General y Común del Derecho Civil
2. La Codificación y el Código Civil Chileno
A) La Codificación
B) Génesis del Código Civil Chileno
C) Estructura del Código Civil Chileno
3. Principios Fundamentales del Derecho Civil Chileno
A) Dignidad de la Persona Humana y su Familia
B) La Igualdad Ante la Ley
C) La Buena Fe
D) Autonomía Privada, Libertad Contractual y de Empresa
E) Libre Circulación de la Propiedad
F) La Responsabilidad
4. Tendencias del Derecho Civil Actual
A) Descodificación
B) Constitucionalización
C) Internacionalización

Capítulo II – Las Fuentes del Derecho


1. Introducción
2. La Constitución
3. La Ley
A) Conceptos Generales
B) Clases de Leyes
1) Según el Modo de su Obligatoriedad
2) Según el Objeto de su Regulación
3) Según su Contenido y Quórum de Aprobación Constitucional
4) Según la Organicidad de sus Materias
C) Normas de Valor Equivalente a la Ley
1) El Decreto con Fuerza de Ley
2) El Decreto-Ley
3) El Contrato-Ley
4. Los Tratados Internacionales
5. Reglamentos, Decretos y Resoluciones
6. Otras Fuentes Legisladas
7. La Costumbre
A) Aspectos Generales
B) La Costumbre en el Derecho Civil
C) La Costumbre en el Derecho Comercial
D) La Prueba de la Costumbre
8. La Sentencia Judicial y la Jurisprudencia
A) Aspectos Generales
B) La Jurisprudencia Como Fuente del Derecho
9. La Equidad y los Principios Jurídicos
10. La Doctrina como Fuente del Derecho

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo III – Teoría de la Ley


1. Vigencia de la Ley
A) Promulgación y Publicación de la Ley
B) Derogación de las Leyes
C) Causas Intrínsecas de la Cesación de Eficacia de una Ley
D) Efecto Inmediato y Efecto Retroactivo de la Ley
1) Aspectos Generales
2) El Principio de Irretroactividad ante el Legislador y el Juez
3) Teoría de los Derechos Adquiridos y de las Meras Expectativas
E) Ley Sobre el Efecto Retroactivo de las Leyes
2. Efectos de la Ley en Cuanto al Territorio
A) Principio Territorial y Principio Extraterritorial
B) Territorialidad de la Ley
C) Extraterritorialidad de la Ley
1) En Cuanto a las Personas
2) En Cuanto a los Bienes
3) En Cuanto a los Actos y Contratos
3. Interpretación de la Ley
A) Introducción
B) Clases de Interpretación
1) Según la Fuente de la que Emana
2) Según el Alcance de la Interpretación
C) Escuelas de Interpretación
D) Los Elementos y Reglas de la Interpretación
E) Criterios Complementarios de Interpretación
1) Principio de Especialidad
2) Reglas Prácticas de Interpretación
4. Integración de la Ley

Capítulo IV – La Relación Jurídica y los Derechos Subjetivos


1. La Relación Jurídica
A) Conceptos Generales
B) Otras Relaciones Jurídicas Subjetivas
1) Las Expectativas, los Derechos Condicionales y los Derechos Eventuales
2) Las Potestades
3) Los Deberes Jurídicos
4) Instituciones Jurídicas
2. El Derecho Subjetivo
A) Aspectos Generales
B) Elementos del Derecho Subjetivo
1) Los Sujetos
2) El Objeto
3) Contenido
3. Ejercicio de los Derechos Subjetivos y Abuso del Derecho
A) Concepción Absoluta y Relativa de los Derechos Subjetivos
B) Límites Intrínsecos al Ejercicio de los Derechos Subjetivos
C) Límites Extrínsecos al Ejercicio de los Derechos Subjetivos
D) La Doctrina de los Actos Propios

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo I – Introducción al Derecho Civil

1. Aspectos Generales
A) Evolución Histórica y Concepto
En el Derecho Romano, el Derecho Civil, o Ius Civile, se refería al derecho de los
ciudadanos romanos, oponiéndose al Ius Gentium o Derecho de Gentes, que hacía alusión
al derecho de los extranjeros.
En un sentido más profundo, se oponía también al Derecho Natural, puesto que éste
último era impuesto por la naturaleza del hombre, mientras que el Ius Civile era creado
por el hombre.
A la caída del Imperio Romano, no obstante, sólo quedaba un derecho, que era el derecho
de los romanos, ampliado y modificado, y que había pasado a ser la ley común del
imperio.
Por ello, durante la edad media, el término Derecho Civil se empleaba para referirse al
Derecho Romano, recogido en las compilaciones ordenadas por Justiniano (Corpus Iuris
Civilis), y se contraponía al Derecho Canónico, expresado en el Corpus Iuris Canonicis.

Tras la caída de la Roma Occidental y la vulgarización del Derecho Romano en occidente,


resurge su estudio en el siglo XI gracias a la obra de los glosadores, empezando a
equivaler el estudio del Derecho Civil al del Derecho Común, y contraponiéndose esta
vez al Iure Proprio, esto es, el derecho subjetivo de cada reino.
Ya en el siglo XVIII está firme la idea del Derecho Civil como el derecho que regula las
relaciones privadas en cada país, surgiendo los primeros Códigos Civiles en el siglo XIX,
empezando con Francia en 1804.

A día de hoy, entendemos por el Derecho Civil aquella rama del Derecho Privado,
formada por el conjunto de principios y preceptos jurídicos sobre la personalidad y las
relaciones patrimoniales y de familia (Vodanovic).
Es en la práctica el derecho común aplicable a las relaciones de los particulares entre sí,
y comprende, especialmente, a la familia, a la propiedad y a las relaciones pecuniarias de
los mismos particulares entre sí.

B) Contenido del Derecho Civil


El Derecho Civil está compuesto por normas sobre las instituciones fundamentales del
Derecho Privado, es decir, la personalidad, la familia y el patrimonio.
Las normas sobre la personalidad miran a la persona en sí misma, y no en sus relaciones
con las demás.
Las normas sobre la familia rigen la organización de la misma, y dentro de ella definen
el estado de cada uno de sus miembros.
Las normas sobre el patrimonio contienen la regulación de los derechos reales,
personales, y de la sucesión por causa de muerte.

En cuanto al estudio del Derecho Civil, suele agruparse en seis materias distintas:
• Personas;
• Actos y Contratos;
• Bienes y Derechos Reales;
• Obligaciones;
• Familia;
• Sucesión por Causa de Muerte.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Carácter General y Común del Derecho Civil


El Derecho Civil es general, puesto que se aplica a todas las personas y rige las relaciones
jurídicas ordinarias y más generales. Es común, además, porque todas las relaciones
jurídicas privadas que no están disciplinadas por otra rama del derecho son regidas por el
Código Civil. Además, todos sus principios o normas generales suplen las lagunas o
vacíos de las demás ramas del derecho.
El Derecho Civil no solo es derecho común respecto de las demás ramas del Derecho
Privado, sino también de aquellas que integran el Derecho Público, y ello se aprecia en el
Art. 4° del Código Civil, en cuanto establece que “Las disposiciones contenidas en los
Códigos de Comercio, de Minería, del Ejército y Armada, y demás especiales, se
aplicarán con preferencia a las de este Código”. Así, el Código Civil es norma supletoria
tanto de las demás ramas del Derecho Privado como del Derecho Público.

2. La Codificación y el Código Civil Chileno


A) La Codificación
Entendemos por Código toda ordenación sistemática de reglas legales relativas a una
determinada rama del derecho o una parte orgánica de ella.
En su origen, la codificación consistió básicamente en la recopilación de leyes, doctrina
y costumbres jurídicas con el propósito de facilitar su conocimiento, consulta y aplicación
por los juristas y jueces.
Ahora bien, con el fenómeno de la codificación que se dio desde la segunda mitad del
Siglo XVIII, no hubo una recopilación de normativas preexistentes, sino que una creación
de derecho nuevo. En lugar de compilaciones de derecho vigente, revisiones o
consolidaciones del mismo, la codificación se transformó en un instrumento para
transformar el derecho por medio de la ley.

B) Génesis del Código Civil Chileno


En Chile, la idea de elaborar un Código Civil fue republicana. Antes del Código Civil, se
aplicaban en Chile las leyes españolas, que tenían su origen en cuerpos legales como el
Fuero Juzgo, las Siete Partidas o la Novísima Recopilación.
En conjunto con la emancipación política, nace la idea de la codificación, que logró
consagrarse gracias a la llegada a nuestro país del venezolano Andrés Bello.
Alejandro Guzmán Brito divide la historia de la elaboración del Código Civil chileno
en tres períodos:
• 1840-1847
Durante este período se crearon la Comisión de Legislación del Congreso
Nacional en 1840, compuesta, entre otros, por Andrés Bello y Mariano Egaña, y
la Junta Revisora en 1841, cuya misión consistía en examinar los títulos que la
comisión presentara al Congreso, proponiendo las modificaciones pertinentes.
Por ley de 1845, ambas comisiones se fusionaron, y se dio luz a dos proyectos,
uno que contenía un título preliminar y un título de la sucesión por causa de
muerte, y otro que contenía un libro sobre contratos y obligaciones
convencionales.

• 1847-1853
Durante 1848 y 1849, el trabajo de la Comisión se hizo esporádico hasta que dejó
de reunirse, y de hecho se extinguió. Sin embargo, Andrés Bello continuó
trabajando sólo, y logró presentar concluido el Proyecto en 1852. El gobierno
nombró una comisión revisora, que introdujo diversas modificaciones hasta la
presentación del Proyecto de 1853.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• 1853-1855
Se creó una nueva Comisión Revisora, cuyo trabajo tuvo como resultado el
Proyecto Inédito, revisado nuevamente por otra comisión, dando lugar al
Proyecto de 1855, que se presentó al Congreso y fue aprobado por éste el 14 de
Diciembre de 1855.
Ya concluido, el Código Civil se publicó el 31 de Mayo de 1856, con algunas
enmiendas introducidas por Andrés Bello, y entró en vigencia el 1° de Enero de
1857.

En cuanto a las Fuentes del Código Civil chileno, Andrés Bello se basó tanto en
legislación positiva extranjera como en importantes autores históricos.
Entre la legislación positiva más influyente encontramos:
• Corpus Iuris Civilis;
• Código Civil francés de 1804;
• Las Siete Partidas;
• Novísima Recopilación y el Fuero Real;
• Códigos de Luisiana, Sardo, Austria, Prusia, Holandés y Bávaro.

En cuanto a las influencias doctrinarias, se consultaron obras de diversos autores, tales


como Savigny, Pothier, Domat o Florencio García Goyena.

El Código Civil tuvo notable influencia en los países de habla hispana debido a sus notas
de buena doctrina, precisión, concisión y gran lenguaje. Varios países adoptaron en
bloque nuestro Código, entre ellos El Salvador, Ecuador, Nicaragua y Honduras.

C) Estructura del Código Civil Chileno


Nuestro Código se divide en el mensaje, un título preliminar, cuatro libros y un título final
de un solo artículo. Nominalmente, se compone de un total de 2524 artículos, más el
artículo final contenido en el título final.

El Título Preliminar, compuesto por 53 artículos, trata de todo lo relativo a la ley,


incluyendo su definición, promulgación, efectos, interpretación y derogación, y da la
definición de varias palabras de uso frecuente en las leyes.

El Libro Primero se titula “De las Personas” (Arts. 54-564). Reglamenta lo relativo a
las personas naturales, su nacionalidad y domicilio, principio y fin de su existencia, el
matrimonio, los esponsales, obligaciones y derechos entre cónyuges, filiación, derechos
y obligaciones entre padres e hijos, estado civil, alimentos, tutelas y curadurías y personas
jurídicas.

El Libro Segundo se titula “De los Bienes y de su Dominio, Posesión, Uso y Goce”
(Arts. 565-950). Regula lo relativo a los bienes, el dominio, los modos de adquirir, la
posesión, las limitaciones al dominio, la acción reivindicatoria y las acciones posesorias.

El Libro Tercero se titula “De la Sucesión por Causa de Muerte y de las Donaciones
entre Vivos” (Arts. 951-1436). Reglamenta lo concerniente a la sucesión intestada, la
ordenación del testamento, las asignaciones testamentarias, las asignaciones forzosas, la
revocación y reforma del testamento, la apertura de la sucesión, albaceas, partición de
bienes, pago de las deudas hereditarias y testamentarias, beneficio de separación y
donaciones entre vivos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El Libro IV se titula “De las Obligaciones en General y de los Contratos” (Arts. 1437-
2524). Se ocupa de la definición de los diversos tipos de contratos, de los requisitos de
los actos jurídicos, de las clases de obligaciones, de sus efectos, de la interpretación de
los contratos, de los modos de extinguir las obligaciones, de la nulidad, de la prueba de
las obligaciones, de los regímenes patrimoniales en el matrimonio, de los diversos
contratos y cuasicontratos, de los delitos y cuasidelitos civiles, la prelación de créditos y
la prescripción.

3. Principios Fundamentales del Derecho Civil Chileno


A) Dignidad de la Persona Humana y su Familia
La dignidad de la persona humana está expresamente señalada en nuestra Constitución
(Arts. 1° y 5º), y además, en ella se fundan los tratados de derechos humanos.
El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dice en su preámbulo que se
reconoce que estos derechos “derivan de la dignidad inherente a la persona humana”.

La Constitución también reconoce a la familia como núcleo fundamental de la sociedad


(Art. 1°), lo cual se repite en tratados internacionales como el Pacto de San José de Costa
Rica, también conocido como Convención Americana de Derechos Humanos, cuyo Art.
17 establece que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad.

En el Código Civil, estos principios no están declarados explícitamente, pero impregnan


toda su regulación.
Así, por ejemplo, se observa que existe una radical diferencia entre personas y cosas, y
que se protege la vida del ser humano desde la concepción (Art. 75 CC) hasta la muerte
natural (Art. 78 CC).
La familia es también objeto de regulación y tutela especial en el Código, aunque no como
tal, sino a través de sus relaciones fundadoras, que son el matrimonio y la filiación.

B) La Igualdad Ante la Ley


La igualdad ante la ley es un principio fundamental del derecho en general, y es
consecuencia de los postulados de la Revolución Francesa.
Nuestra Constitución declara que todas las personas nacen iguales en dignidad y derechos,
sin ir más lejos.

Muchas disposiciones del Código recogen este principio, como por ejemplo:
• La ley considera iguales a todos los hijos (Art. 33 CC);
• Son personas todos los individuos de la especie humana, cualquiera sea su edad,
sexo, estirpe o condición (Art. 55 CC);
• La ley no reconoce diferencias entre el chileno y el extranjero en cuanto a la
adquisición y goce de los derechos civiles que regla el Código (Art. 57 CC).

Pero el principio de igualdad no prescribe un uniformismo legal, es decir, que siempre


todo se trate del mismo modo, lo cual sería contrario al mismo principio que prescribe
que ante situaciones desiguales el trato no debe ser igual, sino distinto.
Así, por ejemplo, sería absurdo tratar igual, para efectos de su validez, los contratos que
realiza un niño y los que celebra un adulto.
Sería desvirtuar el Derecho que a un acreedor que goza de hipoteca se le tratara igual que
aquel que no la tiene, o que el arrendatario tuviera el mismo trato que el usufructuario o
propietario de la cosa.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El principio de igualdad no prohíbe toda diferencia jurídica, sino sólo aquellas que no
estén justificadas racionalmente.
Como señala la Constitución, se prohíben las diferencias arbitrarias, que podemos
entender como discriminatorias.
Abolir toda diferencia en el trato jurídico es abolir el Derecho mismo, que busca
proporcionar una regulación igualitaria a lo que debe tener un igual tratamiento jurídico.

C) La Buena Fe
La palabra latina fides, de la que deriva fe, quiere decir confianza.
La buena fe alude, por lo tanto, a la necesidad que toda sociedad tiene de que sus
miembros actúen lealmente, como personas de recto proceder y sin querer engañar o
aprovecharse del error ajeno.
Por eso, el Derecho Civil asume que las personas intentan comportarse honradamente, de
modo que la buena fe se presume, salvo que se pruebe lo contrario (Art. 707 CC).

El principio de buena fe tiene una dimensión protectora y otra prescriptiva.


En el primer aspecto, la buena fe es valorada por el Derecho Civil como un motivo para
beneficiar a la persona que, aunque equivocada, pensaba que procedía correctamente.
La doctrina suele hablar entonces de una buena fe subjetiva, o creencia de obrar
lícitamente.
Es la buena fe que se toma en cuenta para calificar la posesión del que recibe una cosa
sin hacerse dueño, pero pensando que sí ha devenido en propietario porque ha actuado
correctamente e ignora, sin culpa de su parte, que la persona que le transfirió el objeto no
era el auténtico dueño (Art. 706 CC).
Se tratará de un poseedor que está de buena fe, y la ley, en razón de ello, lo protege e
incluso le permite llegar a ser propietario por medio de una prescripción adquisitiva de
menor tiempo.

En otras materias, el principio de buena fe tiene una dimensión prescriptiva.


Se trata de señalar un criterio de conducta, cómo debe proceder una determinada persona.
Se compara entonces su comportamiento con aquel que se hubiera esperado de un hombre
medio que actúa leal y rectamente, y se trata de la llamada buena fe objetiva.
Esta forma del principio de buena fe es utilizada por el Derecho Civil en materia de
contratos, cuando se pretende determinar cómo debieran cumplirse los acuerdos
contractuales.
El Código Civil dispone expresamente que los contratos deben ejecutarse de buena fe
(Art. 1546 CC), criterio que ha sido largamente extendido por la jurisprudencia.

D) Autonomía Privada, Libertad Contractual y de Empresa


Uno de los principios inspiradores del Derecho Civil, junto con el de igualdad, es el de
libertad.
Las personas, para que puedan aspirar a su más plena realización como seres humanos,
necesitan un espacio para decidir autónomamente lo mejor para sus vidas, dentro del
marco de respeto a la dignidad personal de los demás y a las exigencias que impone el
bien común.
En este sentido, el Derecho Civil es un Derecho que privilegia, como regla general, la
libertad, sobre todo en los aspectos patrimoniales, donde hay menos cuestiones de interés
público implicadas.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

La libertad de actuación en el Derecho Civil, tradicionalmente, se conoció como el


principio de autonomía de la voluntad, porque se entendía que era la voluntad de las
personas la que producía los vínculos jurídicos.
Modernamente, se prefiere hablar en forma más amplia de principio de autonomía
privada.

Una de las manifestaciones más importantes de este principio general es la libertad


contractual, que consiste en la facultad que se reconoce a las personas, tanto naturales
como jurídicas, de celebrar contratos con otras y establecer el contenido y la extinción de
estos acuerdos.
El Código Civil asimila así el contrato a la ley, en el sentido de que los contratantes son
legisladores para sí mismos (Art. 1545 CC).

La autonomía privada en las economías contemporáneas se extiende también a la libertad


de empresa o de iniciativa económica, lo cual ya estaba implícito en el Código Civil, ya
que estas empresas suelen ser resultantes de acuerdos contractuales.
Hoy está recogida expresamente en la Constitución, cuando asegura a todas las personas
el derecho a la libre iniciativa en materia económica (Art. 19 N°21 CPR).

No se trata, sin embargo, de libertades absolutas, como podemos ver en el Derecho de


Familia, en cual las normas son de orden público, y por lo tanto quedan al margen de la
autonomía privada.
Incluso en las regulaciones patrimoniales existen también limitaciones fundadas en la
moral o las buenas costumbres, el orden público, la seguridad nacional, el principio de
buena fe contractual, la libre competencia, y otras nociones semejantes.

E) Libre Circulación de la Propiedad


La libertad que promueve el Derecho Civil actual se traduce también en la circulación de
la propiedad, lo cual es también fruto de los postulados de la Revolución Francesa.
La libre circulación de la propiedad incluye tres aspectos:
• Libertad para Adquirir Toda Clase de Bienes
Si bien esta libertad no está consagrada expresamente en el Código Civil, sí se
encuentra explícitamente en la Constitución (Art. 19 N°23 CPR).

• Libertad para Enajenarlos y Disponer de Ellos


Una de las atribuciones del dominio, tal como se define en el Código Civil, es la
de disponer de la propiedad (Art. 582 CC).
El mismo Código se ha encargado de prohibir las vinculaciones o mayorazgos, a
través de fideicomisos o usufructos sucesivos (Arts. 745 y 768 CC).
Aunque se discute si pueden las partes, por regla general, establecer prohibiciones
de enajenar contractuales, hay consenso en que, en todo caso, no impiden la
enajenación.

• Libertad para Pedir la Partición de los Bienes Comunes


El Código mira con malos ojos el estado de comunidad, justamente porque
perturba la libre disposición de los bienes.
Por ello, permite que se enajene libremente la cuota de cada comunero en la cosa
común (Art. 1812 CC), y les da el derecho a pedir siempre la división del haber
común (Art. 1317 CC).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Libertad Para Testar


El Código Civil permite disponer de los bienes para después de la muerte de la
persona por medio del testamento (Arts. 999 y 1005 CC).

Nuevamente, debemos advertir que se trata de un principio que no es absoluto, y que, en


todas sus manifestaciones, presenta excepciones y limitaciones.
Por ejemplo, la libertad de testar está restringida por las asignaciones forzosas que la ley
contempla a favor de ciertas personas.

F) La Responsabilidad
La libertad que se reconoce al ser humano le impone el deber de responder por las
consecuencias de sus actos.
La responsabilidad en el Derecho Civil no suele ser sancionatoria, como en el caso del
Derecho Penal, sino más bien reparatoria, es decir, su existencia y extensión se miden
según el daño causado a otra persona injustamente.

Este principio tiene aplicación en el ámbito de un contrato, ya que las partes son
responsables respecto de la otra en caso de incumplimiento (responsabilidad
contractual), o fuera de contrato, cuando alguien daña a otro por un delito o cuasidelito
(responsabilidad extracontractual).
El Código Civil regula los delitos o cuasidelitos civiles como fuentes de las obligaciones,
en este caso, la de reparar el daño causado (Arts. 1437 y 2284 CC), y contempla un
estatuto que regula esta obligación, cuyo principio general expresa el Art. 2314 CC, en
cuya conformidad, el que ha cometido un delito o cuasidelito que ha inferido daño a otro,
es obligado a la indemnización.

El principio de responsabilidad puede ser visualizado como una limitación del principio
de libertad y del adagio de que en el Derecho Civil se puede hacer todo lo que no esté
expresamente prohibido.
La libertad no autoriza a dañar injustamente a otro, de modo que quien ejerce de esa
manera su libre albedrío deberá responder por el perjuicio causado, y surgirá para él la
obligación de reparar ese daño, ya sea en naturaleza, reponiendo la situación original, o
en equivalente, a través de una indemnización dineraria.

4. Tendencias del Derecho Civil Actual


A) Descodificación
Se aprecia en la actualidad un cierto grado de descodificación del Derecho Civil,
especialmente en el ámbito del Derecho de Familia, existiendo diversas leyes especiales
que, en lugar de modificar el Código Civil para conservar un sistema integrado, devienen
como legislación especial y complementaria del mismo.
Con todo, no se trata de una tendencia general, sino más bien de carácter excepcional, por
lo que puede afirmarse que el Código Civil continúa siendo el cuerpo legal fundamental
en materia de Derecho Privado, sin perjuicio de complementar su análisis, cuando
corresponda, con las leyes especiales respectivas.

B) Constitucionalización
Con la dictación de la Constitución de 1980, se produjo una importante
constitucionalización del Derecho Civil, dado que la Constitución consagra como
derechos fundamentales varios que son de orden civil, como el derecho de propiedad o la
libertad para desarrollar actividades económicas lícitas, entre otros.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

De esta forma, el análisis de las más importantes instituciones del Derecho Civil debe
partir del estudio de las normas que se refieren a ellas en la Constitución.

C) Internacionalización
Diversas convenciones internacionales forman parte a día de hoy del Derecho chileno,
siendo sus normas igualmente obligatorias que las leyes nacionales, y muchas de ellas
tratan materias propias del Derecho Civil, como el Pacto de San José de Costa Rica o la
Convención de Derechos del Niño, por ejemplo.
En la medida que estos tratados han sido ratificados por Chile, han pasado a ser derecho
vigente, habiendo debido modificarse nuestra legislación para adecuarse a los preceptos
internacionales en varios casos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo II – Las Fuentes del Derecho

1. Introducción
Se da el nombre de fuentes del derecho a las realidades de las cuales el Derecho emana,
y a aquellas que lo expresan o contienen.
La expresión fuentes del derecho se usa, sin embargo, en dos formas: una para designar
los factores que influyen en la conformación de un particular ordenamiento jurídico y que
determinan las características específicas que permiten diferenciarlo de otros, y otra para
señalar los tipos de elementos que deben ser tenidos como Derecho aplicable en un
determinado sistema jurídico.
Así, se distinguen las fuentes materiales y las fuentes formales. Las primeras tienden a
fijarse en el contenido de lo que llamamos Derecho, mientras que las segundas apuntan
al continente donde se inserta o encuentra el Derecho.

Las fuentes materiales son múltiples y poco caracterizadas por los juristas, ya que no
interesan tanto a los jueces y estudiosos del Derecho, sino más bien a los sociólogos
jurídicos.
Se mencionan como posibles fuentes materiales el lenguaje, la cultura popular, la moral
social, la religión, el clima, la historia, el paisaje, la geografía, y muchos otros factores
similares.

A los juristas les interesan más las fuentes formales, que reciben su nombre porque aluden
no al contenido mismo del Derecho, sino a las formas en las que se expresa o se
manifiesta.
Las fuentes formales varían no sólo respecto de cada ordenamiento jurídico, sino que
también de la historia.
En los primeros ordenamientos, la fuente primordial era la costumbre, la que daba paso a
los llamados sistemas de Derecho consuetudinario.
Más tarde, la organización de una judicatura permitió avanzar hacia la costumbre jurídica
que conocemos con el nombre de jurisprudencia.
Las opiniones de los expertos en Derecho también podían ser invocadas como fuentes
autorizadas, como sucedió en el Derecho romano.
Aunque en la antigüedad existían también normativas escritas, ordenadas cumplir por las
autoridades gubernamentales, estas, bajo el nombre de leyes, comenzaron a tener su
apogeo gracias al movimiento ilustrado consumado por la revolución francesa, que dio
paso al movimiento jurídico conocido como codificación.
Aparece aquí también la idea de una Ley mayor o fundamental, que toma el nombre de
Constitución.

Esta evolución de las fuentes formales no es uniforme en todos los países, y debe
advertirse que junto a la formación de este sistema romano-continental en los países
europeos y latinoamericanos, se forja en Inglaterra, Estados Unidos y otros países de
cultura anglosajona el llamado sistema de Common Law, donde la fuente formal por
excelencia sigue siendo la jurisprudencia, y las decisiones legislativas tienen menor
relevancia para jueces y juristas.

Podemos ver que en el sistema de Derecho chileno se reconocen como fuentes formales
fundamentales algunas que se presentan como textos normativos escritos y otras que se
apartan de esa conformación.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Las primeras toman el nombre de fuentes legisladas, porque toman la forma de una ley
en sentido lato, y las segundas, por oposición, fuentes no legisladas.

Son fuentes legisladas la Constitución, la ley en sus diversas facetas, los tratados
internacionales aprobados y ratificados, los decretos supremos y demás normas de la
potestad reglamentaria del Poder Ejecutivo.
Son fuentes no legisladas la costumbre, la jurisprudencia, la doctrina, la equidad y los
principios generales del Derecho o principios jurídicos.

2. La Constitución
El consenso consuetudinario fundante y legitimador de nuestras fuentes formales
reconoce que existe una fuente formal que reclama la supremacía sobre todas las demás,
en cuanto emanación del llamado poder constituyente. Se trata del texto normativo que
recibe el nombre de Constitución Política de la República.

La Constitución ordena que se la respete como la norma superior, y se denomina


principio de la supremacía constitucional a este imperio, manifestado en el Art. 6º
CPR, que señala que los órganos del Estado deben someter su acción a la Constitución y
a las normas dictadas conforme a ella, y que los preceptos de esta Constitución obligan
tanto a los titulares o integrantes de dichos órganos como a toda persona, institución o
grupo.

La misma Constitución prevé mecanismos para asegurar que las leyes y demás normas
inferiores se ajusten a los preceptos constitucionales, siendo el más importante de ellos el
control de constitucionalidad que ejerce el Tribunal Constitucional.
Este órgano, que no integra el Poder judicial, puede ejercer un control preventivo antes
de que las normas entren en vigor, y también un control represivo o a posteriori, cuando
la norma ya ha entrado en vigor.

Junto con la supremacía constitucional, se ha extendido la idea de la aplicabilidad directa


de la Constitución, con lo cual se busca reafirmar la supremacía constitucional negando
que el texto de la Constitución sea sólo una declaración de principios programáticos o
aspiracionales, que no son obligatorios o vinculantes mientras no haya una ley que los
concrete y los haga aplicables jurídicamente.
Se reacciona contra un concepto más político que jurídico de la Constitución, que
prevaleció en épocas pasadas.
La Constitución era el gran marco organizacional, pero los jueces debían fundar sus
decisiones en los códigos y en las leyes, no en normas constitucionales.
Por el contrario, en nuestra época se ha comprendido que la Constitución es un texto
propiamente jurídico, cuyas normas no sólo obligan al Poder Legislativo (que debe
desarrollar y concretar los preceptos constitucionales), sino directamente a todos los
ciudadanos, en especial, respecto de los derechos fundamentales protegidos y asegurados
en la Carta Constitucional.

3. La Ley
A) Conceptos Generales
Suele emplearse la expresión ley en un sentido amplio, como comprensivo de todo texto
escrito que contiene una regulación imperativa de carácter general, aplicable a toda la
población o a un sector de ella.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Algunas de las definiciones tradicionales de ley adoptan este sentido lato, y enfatizan la
misión de la ley como fuente del Derecho, y por tanto como regla de la justicia. Es
conocida la definición que hace Santo Tomás de Aquino, en la que intenta comprender
en la noción no sólo a la ley positiva, sino a la ley eterna y a la ley natural: “ordenación
de la razón dirigida al bien común, dada y promulgada por quien tiene a su cargo el
cuidado de la comunidad”.

Una definición de ley también en sentido lato, pero que enfatiza su aspecto formal, y no
su finalidad, es la del jurista francés Marcel Planiol: “La ley es una regla social
obligatoria, establecida en forma permanente por la autoridad pública y sancionada por
la fuerza”.

En el Derecho actual, si bien a veces también se usa el sentido lato de ley, se reserva el
sentido estricto de ley a una norma emanada del Estado, y más concretamente a la dictada
por el Poder Legislativo de acuerdo a los procedimientos determinados por la
Constitución.
Su origen es la doctrina de la separación de los poderes y el constitucionalismo moderno.

De este tipo es la definición con la que Andrés Bello decidió abrir el Código Civil: “La
ley es una declaración de la voluntad soberana que, manifestada en la forma prescrita
por la Constitución, manda, prohíbe o permite” (Art. 1º CC).

La definición no ha estado exenta de críticas, y algunas de las que se le dirigen son las
siguientes:
• Que no establece el fin de la ley;
• Que no puede ser la ley una declaración de la voluntad, sino de la razón;
• Que el poder legislativo humano no es soberano, sino que está subordinado a la
ley natural;
• Que la explicitación de que la ley manda, prohíbe o permite es superflua, porque
ya estaba contenida en la mención de la voluntad soberana.

Las críticas no son del todo justas, y pueden ser refutadas. Hay que decir, primero, en
descargo de Bello, que no trataba de dar una definición filosófica o académica de ley,
sino una noción de carácter didáctico y funcional a las demás disposiciones del Código.
Es lógico, por consecuencia, que silenciara aspectos más de fondo, que pueden entenderse
implícitos en la noción de soberanía, voluntad y Constitución, como por ejemplo, que la
ley positiva debe adecuarse a los imperativos básicos de la justicia natural y que debe
ordenarse hacia el bien común.
Recuérdese que el precepto se remite a la Constitución, y que ésta señala que el Estado,
y por tanto las leyes que dicte, está al servicio de la persona humana, y su finalidad es
promover el bien común (Art. 1º CPR), y que la soberanía debe entenderse limitada en
su ejercicio por el respeto a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana
(Art. 5° CPR).

Nada impide tampoco entender que cuando el Art. 1º CC se refiere a la voluntad, ha de


entenderse la voluntad no guiada por la pasión o el capricho, sino aquella iluminada por
la inteligencia y la prudencia del soberano (el Poder Legislativo).
El mismo Tomás de Aquino señalaba que no había problemas para entender compatible
con su definición la noción de la ley que la identificaba con la voluntad del príncipe.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Por último, el que se explicite el carácter imperativo de la ley no debe juzgarse superfluo
si contribuye a la claridad y elegancia de la fórmula y en nada estorba, sino más bien
ayuda, a la comprensión de lo definido.

B) Clases de Leyes
1) Según el Modo de su Obligatoriedad
Como mencionamos, la definición de ley que nos otorga el Código Civil distingue tres
formas en que las leyes pueden obligar, esto es, ordenando, prohibiendo y permitiendo,
por lo que tenemos entonces tres clases de leyes:
• Leyes Imperativas
Son aquellas que ordenan expresamente alguna cosa, como las que obligan a pagar
impuestos, realizar el servicio militar obligatorio o servir de vocal de mesa.

• Leyes Prohibitivas
Son aquellas que ordenan que los ciudadanos se abstengan de realizar ciertos actos
que se consideran negativos o perjudiciales.
La mayoría de las leyes que penan conductas son de este tipo, ya que prohíben, si
bien indirectamente, su realización.

• Leyes Autorizadoras o Permisivas


Son aquellas que otorgan una facultad o regulan la forma de realizar ciertos actos.
Por ejemplo, son leyes autorizadoras las que facultan a las personas para contraer
matrimonio, para reconocer un hijo, para otorgar testamento y designar a
herederos.

Se ha discutido mucho sobre si esta caracterización es adecuada y correcta.


Se dice así que las leyes prohibitivas son, en el fondo, imperativas de castigo, ya que no
prohibirían la conducta, sino que ordenarían que el juez aplique una sanción al que las
comete.
Se señala igualmente que todas son leyes imperativas, ya que la permisivas no son
propiamente autorizadoras, sino más bien ordenadoras de que los demás no impidan el
ejercicio de los actos autorizados.
No parece necesario detenerse en estas precisiones, y basta con decir que todas las leyes
son obligatorias, y que la clasificación sólo intenta describir el modo en el que se expresa
esa obligatoriedad.
Por lo demás, es común que en un cuerpo legal se entremezclen normas imperativas,
prohibitivas o permisivas, por lo que más que leyes de un solo tipo, lo que hay son
disposiciones legales de una u otra modalidad.

Es conveniente, sin embargo, aclarar que la jurisprudencia y doctrina chilenas, para


efectos de la eficacia de los actos jurídicos, dan un significado muy restringido a las leyes
o disposiciones legales prohibitivas.
Se interpreta el Art. 10° CC, que declara nulos los actos que prohíbe la ley, y se sostiene
que la norma se aplica únicamente a las leyes más rigurosamente prohibitivas, es decir,
aquellas que vedan absoluta y completamente la realización del acto.
Las normas que prohíben ciertos actos, a menos que se cumpla con ciertos requisitos o
exigencias, no serían verdaderamente prohibitivas, sino más bien imperativas.

No siempre es sencillo, en consecuencia, identificar una verdadera ley prohibitiva en este


sentido tan riguroso, y es dudoso que una norma tan categórica casi nunca pueda

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

aplicarse, y por ello, autores como Corral consideran que son también leyes prohibitivas
aquellas cuyo fin sea impedir una conducta, aunque tengan casos de excepción.

2) Según el Objeto de su Regulación


Esta clasificación interesa especialmente al Derecho Civil, y corresponde a la función que
pretende cumplir la ley en el contexto de libertad de las personas que reina en el mundo
privado.
Así, es posible reconocer tres tipos de leyes o disposiciones:
• Leyes Indisponibles
Son aquellas que se imponen a la voluntad de los particulares, por cuanto buscan
hacer prevalecer valores de bien público y de contenido irrenunciable.

• Leyes Declarativas o Supletorias


Son aquellas leyes o disposiciones que imperan cuando las personas no han
manifestado su voluntad, pero que pueden ser excluidas por una estipulación
contraria o diferente de los ciudadanos.
Por ejemplo, las disposiciones del Código Civil sobre los contratos suelen ser
supletorias, es decir, se aplican cuando las partes no han establecido algo distinto.

• Leyes Dispositivas
Son aquellas que tiene por objeto resolver un conflicto de intereses que se suscita
entre dos personas que no han contratado entre sí.
Por ejemplo, la norma del Art. 1815 CC se pone en la situación de la venta de
una cosa por una persona distinta de su dueño, lo que genera un conflicto de
intereses entre el propietario de la cosa que fue vendida y el actual poseedor que
la ha comprado.
Como estudiaremos más adelante, la norma da preferencia al propietario, salvo
que el comprador haya adquirido el dominio por la prescripción transcurrido el
tiempo legal.

Debe advertirse que no hay consenso sobre la utilización de estas denominaciones, y a


veces se usa el nombre de leyes dispositivas para aludir a las supletorias.

3) Según su Contenido y Quórum de Aprobación Constitucional


La Constitución ha distinguido las leyes estableciendo distintos quórums de votación para
su aprobación legislativa, en términos que tenemos las siguientes cuatro clases de leyes:
• Leyes Interpretativas de la Constitución
Se trata de leyes que declaran el sentido de alguna disposición constitucional.
Por la trascendencia de su cometido, estas leyes pueden ser aprobadas siempre
que cumplan un alto quórum de votación: tres quintos de los diputados y senadores
en ejercicio.
Están sometidas al control preventivo necesario de constitucionalidad del
Tribunal Constitucional (Arts. 66 y 93 Inc. 1º CPR).

• Leyes Orgánicas Constitucionales


Son leyes a las que la Constitución encarga regular de manera orgánica toda una
determinada materia o el funcionamiento de una institución.
Por ejemplo, son de esta clase las leyes que regulan la organización de la
Administración Pública, el Tribunal Constitucional, la organización y
atribuciones de los Tribunales de Justicia, el Banco Central, las Fuerzas Armadas.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Su quórum de aprobación es también alto, ya que se necesita el voto de las 4/7


partes de diputados y senadores en ejercicio.
También están sujetas a control de constitucionalidad preventivo necesario (Arts.
66 y 93 Inc. 1º CPR).

• Leyes de Quórum Calificado


Son leyes que regulan asuntos de especial relevancia a los ojos del constituyente,
por lo que se exige un quórum un poco más alto que el de las leyes ordinarias.
Para su aprobación, modificación o derogación se requiere el voto conforme de la
mayoría absoluta de los diputados y senadores en ejercicio.

• Leyes Ordinarias
Se suelen denominar leyes ordinarias a las que no caen en ninguna de las
categorías anteriores.
Su quórum de aprobación es la mayoría absoluta de diputados y senadores
presentes.
Pueden versar sobre cualesquiera de las materias que la Constitución reserva a la
ley (Arts. 63 y 65 CPR).
Estas leyes no están sujetas a control de constitucionalidad preventivo necesario,
pero pueden ser llevadas al Tribunal Constitucional por un requerimiento
presentado por el Presidente o por la cuarta parte de los diputados o senadores
(Art. 93 Inc. 3º CPR).

4) Según la Organicidad de sus Materias


En la época moderna, hay ciertas leyes cuyo objetivo es sistematizar y estructurar de
modo ordenado, orgánico y omnicomprensivo toda una determinada materia jurídica, y
que, desde principios del siglo XIX, se les da la denominación de códigos.
Formalmente, son y tienen la jerarquía de leyes, pero por su forma y por la función de
núcleo central de un determinado régimen jurídico, se les asigna el nombre de códigos.

En Chile, la Constitución determina que son materias de ley las que son objeto de
codificación, sea civil, comercial, procesal, penal u otra (Art. 63 N°3 CPR).
El Tribunal Constitucional ha señalado que esta disposición constitucional alude a la
codificación como la técnica o forma de ejercicio de la función legislativa que produce
leyes llamadas códigos, que se refieren a leyes que usualmente se citan por su nombre y
no por su número, y que corresponden a cuerpos jurídicos sistematizados a partir de
principios generales.

Los Códigos deben ser aprobados como leyes ordinarias, salvo que por su materia se exija
un quórum especial, como sucede con el Código Orgánico de Tribunales, de conformidad
con el Art. 77 y Disp. 4ª transitoria CPR.
Las leyes no codificadas son todas las demás que no tienen la forma de códigos.

C) Normas de Valor Equivalente a la Ley


1) El Decreto con Fuerza de Ley
Los decretos con fuerza de ley son normas de valor equivalente a la ley, regulados
expresamente por la Constitución.
El decreto con fuerza de ley es un decreto dictado por el Poder Ejecutivo sobre una
materia propia de ley, en virtud de una delegación expresa del Poder Legislativo.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

La delegación debe hacerse por una ley y someterse a las restricciones establecidas en el
Art. 64 CPR, esto es, sólo es admisible en ciertas materias y debe fijarse un plazo que no
puede exceder el año.

Estos decretos están sometidos en cuanto a su publicación, vigencia y efectos, a las


mismas normas que rigen para la ley, pero su numeración no es correlativa, sino que
llevan un número propio para cada año, y que depende del Ministerio o Secretaría a través
del cual se dicta el decreto.

2) El Decreto-Ley
Se conoce como decreto-ley el decreto dictado por el Poder Ejecutivo, sobre materias
propias de ley, que, por una ruptura constitucional, ha asumido de hecho las potestades
legislativas.
No están regulados ni en la Constitución ni en otra norma legislada, ya que son propios
de períodos de crisis política en los que el orden constitucional no ha podido funcionar.

En nuestro país, se han dictado en épocas de crisis políticas, como en la crisis del gobierno
parlamentario de los años 1924-1925, en la llamada República Socialista de 1932 y, más
recientemente, durante la dictadura militar.

La costumbre ha prevalecido sobre los textos legales al reconocer la jurisprudencia de los


tribunales la pervivencia como normas legales de los decretos-leyes, aunque hayan sido
derrocados los gobiernos de facto que los hayan dictado, y aun cuando su
inconstitucionalidad originaria sea manifiesta.
Priman consideraciones de seguridad jurídica y de continuidad del orden jurídico, más
allá de los movimientos políticos.
Por cierto, nada impide que, recuperada la institucionalidad, el Poder Legislativo regule,
derogue o sustituya los decretos-leyes, pero mientras ello no sucede, los decretos-leyes
son fuentes del Derecho de un rango equivalente al de las leyes.

3) El Contrato-Ley
Se denomina contrato-ley a una figura híbrida que se genera por la conjunción entre una
ley y un contrato entre el Estado, que aprueba la ley, y un particular que necesita
especiales garantías de seguridad de su estatuto jurídico contractual.
En el fondo, es un contrato que proporciona una franquicia o beneficio al particular que
acuerda con el Estado, y que ve reforzada su estabilidad a través de una ley, que puede
dictarse antes o después de aquel.

La importancia del contrato-ley se ha visto mermada desde que la Constitución y la


jurisprudencia han reconocido la intangibilidad de los derechos que surgen de los
contratos válidamente celebrados para las partes, aunque no estén reforzados por la
aprobación de una ley.
No obstante, la figura puede seguir sirviendo para épocas de posibles declives de este
principio, y sobre todo, para proporcionar seguridad a los extranjeros que pueden no
confiar en el Derecho nacional de los contratos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

4. Los Tratados Internacionales


Tradicionalmente, se sostenía que, internamente, los tratados internacionales ratificados
por Chile tienen igual valor que una ley. La Constitución, de hecho, determina que la
aprobación de un tratado se someterá, en lo pertinente, a los trámites de una ley (Art. 54
N°1º CPR).
Sin embargo, se ha producido una intensa discusión sobre si el Art. 5° Inc. 2° CPR
reconocería un valor superior al legal a los tratados internacionales ratificados por Chile,
que se encuentren vigentes y que establezcan derechos esenciales que emanan de la
naturaleza humana.

Algunos han llegado a sostener que este tipo de tratados tienen la misma jerarquía que la
Constitución, de modo que su aprobación constituiría una forma extraordinaria de
reforma constitucional.
Por el contrario, otros sostienen que siguen teniendo valor de ley, y si otra ley los deroga,
aunque esto comprometa la responsabilidad internacional del Estado, en el ámbito interno
dejarán de estar vigentes, y ya no se aplicará el Art. 5º CPR.
Según una posición intermedia, los tratados internacionales sobre derechos humanos
tienen un valor superior a la ley, pero inferior a la Constitución.

5. Reglamentos, Decretos y Resoluciones


Se llama potestad reglamentaria a la atribución que tiene el Presidente de la República
y demás autoridades de la Administración del Estado, para dictar normas necesarias para
la ejecución de las leyes y de la Constitución.
La potestad reglamentaria del Presidente de la República puede ser de dos clases:
• De ejecución, si mediante ella se trata de dar cumplimiento o reglamentar lo que
señala una ley;
• Autónoma, si se ejerce regulando materias que no están reservadas al dominio
legal.

Esta potestad se ejerce dictando normas denominadas genéricamente decretos.


Cuando la ejerce el mismo Presidente de la República, los decretos se llaman decretos
supremos, y si el decreto regula orgánicamente toda una materia, recibe el nombre de
reglamento.
Según dispone el Art. 3° de la Ley Nº19.880 de 2003 sobre Bases de los
Procedimientos Administrativos, el decreto supremo es la orden escrita que dicta el
Presidente de la República, o un Ministro por orden del Presidente de la República, sobre
asuntos propios de su competencia.

Por debajo de los decretos supremos están los decretos o resoluciones de los Ministros y
demás autoridades de la Administración del Estado.
La Ley Nº19.880 las conceptualiza diciendo que las resoluciones son los actos de análoga
naturaleza que dictan las autoridades administrativas dotadas de poder de decisión.

Reciben el nombre de instrucciones las comunicaciones que los jefes de servicio


imparten a sus subordinados sobre la forma de aplicar una disposición legal o
reglamentaria.
Cuando van dirigidas a un gran número de funcionarios, se les denomina circulares.
Las circulares del Servicio de Impuestos Internos que indican cómo deben entenderse las
normas tributarias presentan especial interés no sólo para los funcionarios de ese servicio,

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

sino para los ciudadanos, a quienes se aplicarán los criterios interpretativos al momento
de la recaudación de los impuestos.
Los actos administrativos de los órganos colegiados o pluripersonales se denominan
acuerdos.

6. Otras Fuentes Legisladas


Existe una multiplicidad de normas que no se ajustan a ninguna de las anteriores fuentes,
como por ejemplo, las que provienen de las atribuciones que la Constitución y la ley
otorgan a las Municipalidades y a los Alcaldes como autoridades públicas.
Se habla así de decretos alcaldicios y de ordenanzas municipales.

Los Tribunales superiores de justicia, y en especial, la Corte Suprema, en ejercicio de sus


funciones económicas, pueden dictar normas denominadas autoacordados.
Después de la reforma constitucional de 2005, los autoacordados están reconocidos como
fuentes del Derecho, ya que son susceptibles de control de constitucionalidad por el
Tribunal Constitucional (Art. 93 Inc. 2º CPR).

La Constitución contempla igualmente que la Cámara de Diputados y el Senado dicten


sus propios reglamentos de funcionamiento (Art. 56 Inc. 2° CPR), y asimismo, el
Consejo de Seguridad Nacional tiene competencia para normar su funcionamiento
dictando un reglamento específico (Art. 107 Inc. 4° CPR).

7. La Costumbre
A) Aspectos Generales
Podemos definir la costumbre como la regla jurídica que nace de la repetición constante
de una conducta por la mayoría de los miembros de una comunidad jurídica determinada,
realizada con la convicción de estar cumpliendo con un imperativo jurídico.
Como se desprende de la definición, la costumbre presenta dos elementos fundamentales,
uno objetivo y otro subjetivo.
El elemento objetivo está constituido por la repetición de ciertos actos en la sociedad por
un largo espacio de tiempo, y si se da este elemento, se dice que estamos frente a un uso
social.
Por ejemplo, las personas suelen saludarse cuando se conocen o hacer regalos para el
aniversario del nacimiento.

Pero con el solo uso social no puede decirse que haya una costumbre como fuente del
Derecho, siendo necesario además un elemento subjetivo que la equipare a las demás
fuentes jurídicas, es decir, la idea de que la realización de la conducta es debida en razones
de justicia, siendo exigible e imperativa no sólo por las modas o convencionalismos
sociales, sino por el Derecho.
Este convencimiento de los que obran se denomina opinio iuris.
Cuando concurre la opinio iuris, estamos ante un caso de costumbre, y cuando ella falta,
podemos tener un uso social.

Históricamente, la costumbre ha sido siempre considerada como fuente de derecho,


habiendo tenido mayor importancia en ciertas épocas y lugares en comparación con la
actualidad.
Tras la Revolución Francesa, se intenta establecer una fuente única de legislación,
reforzando de tal manera que la ley sea una expresión de la voluntad general, lo cual llevó
a un debilitamiento del valor jurídico de la costumbre.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

La gran influencia de la Revolución Francesa en los ordenamientos jurídicos modernos


llevó a la adopción de esta postura, lo cual puede verse reflejado, por ejemplo, en Chile.

Suele distinguirse entre tres tipos de costumbre, según la validez que le asigna el
ordenamiento jurídico como fuente de derecho:
• Costumbre Secundum Legem (Según la Ley): En estos casos, la costumbre sólo
tiene valor si la ley se remite a ella;
• Costumbre Contra Legem (Contra la Ley): En estos casos, la costumbre tiene
eficacia derogatoria frente a una norma legal;
• Costumbre Praeter Legem (Fuera de la Ley): En estos casos, la costumbre
constituye fuente de Derecho en ausencia de una norma legal expresa.

B) La Costumbre en el Derecho Civil


Según dispone el Art. 2° CC, la costumbre no constituye derecho sino en los casos en
que la ley se remite a ella, de lo cual se desprende claramente que, en materia civil, la
costumbre tiene valor secundum legem.
En un comienzo, Bello trató de dar mayor espacio a la costumbre, y en el Proyecto de
Código Civil de 1853, se disponía que la costumbre podía tener fuerza de ley si se probaba
de los modos establecidos.
Este criterio no prevaleció, y en definitiva, se resolvió que la costumbre sólo fuera
considerada fuente de Derecho cuando la ley le diera expresamente competencia
normativa.

Entendemos que la costumbre tendrá valor jurídico, en nuestro sistema civil, toda vez que
se llegue a la conclusión de que la ley ha implícitamente consentido o tolerado que, sobre
alguna situación o realidad, sean los propios particulares a través de su comportamiento
los que regulen la materia.
No es necesaria, por tanto, una remisión expresa y directa a la costumbre o a algún tipo
de costumbre.

Ahora bien, a pesar del limitado reconocimiento como fuente de derecho que el Art. 2°
CC le otorga a la costumbre, no ocurre lo mismo en materia contractual, dado que el Art.
1546 CC dispone que los contratos obligan a todas las cosas que por la ley o la costumbre
pertenecen a la obligación.
Esta disposición ha llevado a algunos autores, como Corral, a considerar que, en materia
contractual, rige la costumbre praeter legem, y no sólo la costumbre secundum legem.

C) La Costumbre en el Derecho Comercial


La velocidad de los negocios comerciales y la necesaria lentitud de la ley para regularlos
ha llevado a aceptar con mayor amplitud a la costumbre como fuente de Derecho en
materia mercantil.

Nuestro Código de Comercio reconoce que la costumbre, en materias mercantiles, no


necesita para constituirse en Derecho que la ley se remita en ella, sino que basta que no
haya disposición legal sobre la materia.
En este sentido, el Art. 4° CdC dispone que las costumbres mercantiles suplen el silencio
de la ley, cuando los hechos que las constituyen son uniformes, públicos, generalmente
ejecutados en la República o en una determinada localidad, y reiterados por un largo
espacio de tiempo, que se apreciará prudencialmente por los juzgados de comercio.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En virtud del Art. 6° CdC, la costumbre también es aceptada como regla interpretativa
de los contratos mercantiles.

D) La Prueba de la Costumbre
La prueba de la costumbre cuenta con profundas diferencias respecto de la prueba de otras
fuentes de Derecho, lo cual se debe a que, respecto de estas últimas, el Estado ha
procurado medios de certificación pública de la existencia y vigencia de las fuentes
legisladas, los que no pueden aplicarse a fuentes como la costumbre, cuyas formas de
constitución son desformalizadas y espontáneas.
Por lo mismo, cuando se trata de la costumbre, lo que debe probarse son los hechos que
la conforman, de los cuales se extraerá la regla que se aplicará como fuente jurídica,
aunque se reconoce que, si se trata de hechos notorios, el juez puede considerarla
aplicable de oficio.

Para la prueba de estos hechos constitutivos, se distingue entre materias civiles y


comerciales.
Cuando se trata de materias civiles, a falta de regla expresa, podrán ocuparse todos los
medios de prueba considerados admisibles por el Código Civil y el Código de
Procedimiento Civil.
Para el Derecho comercial, el Código de Comercio previó reglas especiales para probar
indirectamente la costumbre, y en este sentido, el Art. 5° CdC dispone que la parte que
invoca la costumbre debe probarla por uno de los dos siguientes medios:
• Por un testimonio fehaciente de dos sentencias que, aseverando la existencia de la
costumbre, hayan sido pronunciadas conforme a ella;
• Por tres escrituras públicas anteriores a los hechos que motivan el juicio en que
debe obrar la prueba.

La carga de la prueba recaerá en la parte que quiera invocar la costumbre como fuente de
Derecho en apoyo a su pretensión, sin perjuicio de la facultad del juez de aplicarla de
oficio si consta de hechos notorios.

8. La Sentencia Judicial y la Jurisprudencia


A) Aspectos Generales
La sentencia judicial es el acto por el cual un tribunal aplica el Derecho a un caso
particular.
La esencia de la función judicial consiste en determinar la aplicación del Derecho a un
caso particular en que hay contienda entre partes o puede potencialmente haberla.

En conformidad al Art. 3° Inc. 2° CC, las sentencias judiciales no tienen fuerza


obligatoria sino respecto de las causas en que actualmente se pronunciaren, de lo cual se
desprende que las sentencias judiciales cuentan con fuerza obligatoria, pero relativa a las
partes que han intervenido en el litigio o asunto no contencioso, lo cual constituye el
principio de relatividad de la sentencia judicial.

Nuestro sistema, a diferencia del anglosajón, no da fuerza vinculatoria al precedente, por


lo que la sentencia que falla un asunto no puede ser invocada como norma en otro proceso,
por muy parecido que se presente.
Nuestro sistema prefiere la independencia de los jueces para fallar, por sobre el ideal de
la igualdad de que todos los casos se fallen siempre del mismo modo.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Con todo, hay excepciones al principio de la relatividad, no en el sentido de que una


sentencia puede ser norma decisoria en otro, pero sí en que la sentencia puede invocarse
como obligatoria respecto de personas que no fueron parte del litigio, y tiene efectos
generales o erga omnes (para todos).
Es lo que sucede con las sentencias que se pronuncian sobre cuestiones de estado civil,
ya que éste es indivisible y necesariamente social (una persona no puede estar soltero para
unas y casado para otras, o ser hijo de alguien para unas y no para otras, etc.).
Lo mismo sucede con la calidad de heredero, que una vez declarada tiene eficacia general,
y no sólo para los intervinientes en el pleito (Art. 1246 CC).

B) La Jurisprudencia Como Fuente del Derecho


Se conoce como jurisprudencia la regla de derecho que puede extraerse de una serie de
sentencias que fallan en el mismo sentido casos similares.
La jurisprudencia se conforma no sólo con la decisión de ciertos casos en el mismo modo,
sino con la razón jurídica o los fundamentos de derecho en los que se apoya la decisión.
Es una manera de interpretar las otras fuentes del Derecho que produce una nueva regla
jurídica.

No hay criterios fijos, en nuestro sistema, sobre cuántas sentencias y de qué tribunales
producen jurisprudencia.
A veces la regla no es clara, y se dice que la jurisprudencia no está afirmada, o incluso
que es contradictoria, o mayoritaria, pero con excepciones.

En el sistema del Common Law, la jurisprudencia es entendida como una fuente formal
de Derecho.
El precedente, es decir, la forma en que un tribunal falló un caso, es considerada
vinculante para decidir un caso que presenta los mismos hechos jurídicamente relevantes.
Habiendo esa coincidencia de casos, no puede haber una decisión diversa. No obstante,
no se trata de un procedimiento automático, ya que los elementos jurídicamente relevantes
de los casos son siempre interpretables, y de este modo, un juez que desee impartir justicia
de modo diferente a como lo hizo la sentencia anterior, sólo debe justificar que el caso
que él decide es de algún modo distinto de aquel en que se basó el precedente.

En Chile, prevalece el principio de la relatividad de las sentencias judiciales (Art. 3º CC),


incluso las de casación, de modo que sólo son obligatorias para el asunto sobre el cual se
dictan, y no constituyen un precedente o fuente de Derecho que vincule u obligue al juez
para fallar otro caso, aunque sea de características similares.
Esto no cambia por el número o la continuidad de sentencias que se hayan dictado en un
mismo sentido. La jurisprudencia, por tanto, no es fuente formal de Derecho en nuestro
sistema.

9. La Equidad y los Principios Jurídicos


Se define la equidad como la justicia aplicada al caso concreto, que supera la simple
justicia general de la ley.
No debe confundirse la equidad con la sensación o intuición de justicia que pueda tener
el juez, ni tampoco con el capricho o la mera discrecionalidad, ya que la equidad es una
forma de prudencia razonada, y debe ser adecuadamente fundada.

Muy relacionada con la equidad está la fuente de Derecho que suele denominarse
principios jurídicos, o también principios generales del Derecho.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Existen principios que están plenamente vigentes, y que han sido recogidos por nuestra
doctrina y jurisprudencia, como el principio de buena fe, el principio de que nadie puede
aprovecharse de su propio dolo, el principio de que nadie puede actuar contra sus propios
actos, o el principio de que no se admite el enriquecimiento sin causa.

La equidad y los principios jurídicos están muy ligados entre sí, ya que muchas veces la
solución equitativa de un caso pasa por la aplicación a él de un principio general, es decir,
la equidad puede fundamentarse, y ordinariamente así sucederá, en uno o más principios
jurídicos.

Lo corriente para determinar si la equidad o los principios jurídicos tienen el valor de


fuente del Derecho es ver en qué medida ellos son recogidos como tales por las fuentes
legisladas, es decir, por la ley.
El Art. 24 CC no se refiere expresamente a los principios jurídicos, sino al espíritu
general de la legislación, pero los autores y la jurisprudencia han entendido que en esa
expresión quedan perfectamente identificados tanto los llamados principios
intrasistemáticos (que se derivan de las normas legisladas) como los extrasistemáticos
(que informan desde fuera ese espíritu y lo hacen general).
La equidad es expresamente denominada con el apellido de natural, que se opone aquí a
positivo.
Por su parte, el Art. 170 Nº5 CPC alude a los principios de equidad, con lo que parece
hacer una mención conjunta a los principios jurídicos y a la equidad que, como hemos
dicho, frecuentemente van enlazados.

Debemos consignar que los textos legales no permiten que los principios o la equidad
sean invocados por el juez para dejar sin aplicación una ley o corregir o enmendar la ley,
sino que sólo pueden ayudar para interpretar la ley o para suplirla.
Existe una situación, sin embargo, en que es posible corregir o desechar la ley para aplicar
la equidad y los principios, y se trata del juez árbitro arbitrador.
Cuando las partes han dado este carácter al árbitro, él está obligado a fallar obedeciendo
a lo que su prudencia y la equidad le dictaren (Art. 223 COT), de modo que su fallo
deberá contener las razones de prudencia o equidad que sirven de fundamento a la
sentencia (Art. 640 CPC).

10. La Doctrina como Fuente del Derecho


En Chile, la doctrina no constituye una fuente de derecho propiamente tal, pero sí sirve
para ilustrarlo, ya que el pensamiento de juristas destacados es usado muchas veces en la
jurisprudencia para llegar a veredictos.
Con la fundación de la Universidad de Chile empezaron a surgir los primeros grandes
juristas chilenos, inspirados principalmente por Andrés Bello.
Históricamente, algunos de los juristas chilenos más importantes han sido Luis Claro
Solar, Arturo Alessandri Rodríguez o Fernando Fuello, y más recientemente, Ramón
Meza Barros, Gonzalo Figueroa, Alejandro Guzmán Brito o Hernán Corral, entre otros.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo III – Teoría de la Ley

1. Vigencia de la Ley
A) Promulgación y Publicación de la Ley
La ley debe formarse de acuerdo al procedimiento que para tal efecto establece la
Constitución. Sin embargo, para que la ley sea obligatoria, no basta con la aprobación de
ambas cámaras, los quórums y la sanción del Presidente de la República, sino que además,
es necesario que se proceda a su promulgación y publicación.

Art. 6° CC: “La ley no obliga sino una vez promulgada en conformidad a la Constitución
Política del Estado y publicada de acuerdo con los preceptos que siguen.
El decreto supremo promulgatorio de una ley iniciada en una moción deberá contener,
a continuación del nombre de aquella, el de los diputados o senadores autores de la
referida iniciativa”.
Art. 7° CC: “La publicación de la ley se hará mediante su inserción en el Diario Oficial,
y desde la fecha de éste se entenderá conocida de todos y será obligatoria.
Para todos los efectos legales, la fecha de la ley será la de su publicación en el Diario
Oficial.
Sin embargo, en cualquiera ley podrán establecerse reglas diferentes sobre su
publicación y sobre la fecha o fechas en que haya de entrar en vigencia”.
Art. 8° CC: “Nadie podrá alegar ignorancia de la ley después que ésta haya entrado en
vigencia”.

En los tres artículos citados están contenidas las principales normas en cuanto a la
promulgación y publicación de la ley, y de ellas podemos extraer que las dos condiciones
para que la ley se entienda obligatoria son:
• Que sea promulgada por el Presidente de la República;
• Que se publique en el Diario Oficial o en otra forma dispuesta en la misma ley.

Podemos definir la promulgación como “el acto por el cual el Presidente de la


República atestigua o certifica a la comunidad la existencia de la ley y ordena su
ejecución”.
La promulgación se verifica mediante un Decreto Supremo, el cual lleva las firmas del
Presidente de la República y del Ministro de Estado respectivo.

Por otro lado, la publicación es el medio que se emplea para hacer llegar la ley al
conocimiento de los individuos.
Una vez publicada la ley, se entiende conocida por todos y se vuelve obligatoria, siendo
la fecha de la ley la de su publicación, para todos los efectos legales.

Profundizando en esto último, es necesario destacar la presunción o ficción de


conocimiento de la ley, consagrada en el Inc. 1° del Art. 7° CC. A su vez, el Art. 8°
CC dispone que nadie puede alegar ignorancia de la ley una vez que ha entrado en
vigencia.
El fundamento de esta presunción no está en el conocimiento de la ley, sino en su
obligatoriedad. Sería muy fácil infringir la ley alegando ignorancia de ella, por lo que la
ficción de conocimiento de la ley se basa en el interés social.
En relación con esta materia, tienen gran importancia los Arts. 706 y 1452 CC, que son
la base de la imposibilidad para alegar error de derecho como vicio del consentimiento,
lo cual cuenta con limitadas excepciones a lo largo del Código.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El tiempo entre la publicación y la entrada en vigencia de una ley se denomina, en Chile,


Vacancia de la Ley. Por regla general, en Chile no hay un período de vacancia, ya que
una vez publicada la ley en el diario oficial, comienza a regir de inmediato. Sin embargo,
es posible que la misma ley determine un momento determinado desde el cual empiece a
regir, caso en el cual podemos hablar de vacancia de la ley propiamente tal.

B) Derogación de las Leyes


La ley rige hasta su derogación, que podemos definir como la cesación de eficacia de
una ley en virtud de otra ley posterior. De esta manera, se priva a la primera ley de su
fuerza obligatoria, reemplazando o no sus disposiciones por otras.
El Código trata la derogación de las leyes en sus Arts. 52 y 53, de acuerdo a los cuales la
derogación puede ser de distintas clases, clasificación que complementa la doctrina.

En primer lugar, según la forma en que se produce la derogación, ésta puede ser:
• Derogación Expresa
Aquella que opera como consecuencia de que una nueva ley ordena
explícitamente que otra anterior se entienda derogada.

• Derogación Tácita
Aquella que ocurre cuando una nueva ley regula la misma materia que una
anterior, pero conteniendo preceptos inconciliables con la ley antigua, teniendo
preferencia la nueva ley, en virtud del Art. 53 CC.

• Derogación Orgánica
Aquella que se produce cuando una ley regula toda la materia contenida por una
o varias leyes precedentes, aunque no exista incompatibilidad.
Para que tenga lugar, es necesario que la nueva ley reglamente en forma completa
una materia u organismo.

En segundo lugar, según el alcance de la derogación, ésta puede ser:


• Derogación Total
Suprime por completo la ley antigua, sea de forma expresa o tácita.

• Derogación Parcial
Suprime uno o más preceptos de la ley antigua, sustituyéndolos o no por otros,
pero quedando el resto de las disposiciones vigentes.

Cabe mencionar lo que ocurre con la derogación en relación con la ley general y la ley
especial. En virtud del principio de especialidad, si se dicta una ley especial con
posterioridad a una de carácter general y sobre la misma materia, es indudable que la ley
especial prevalece en todo aquello en que sean incompatibles.
Ahora bien, en el caso en que la ley general se dicte con posterioridad a la especial, y
versen sobre la misma materia, es más discutible. La mayoría de la doctrina sostiene que
las disposiciones especiales deben ser derogadas expresamente por la ley posterior,
mientras que algunos autores plantean que es una cuestión de interpretación que debe
resolverse de manera casuística, dado que es posible que la ley general posterior deje en
evidencia la determinación de someter a su imperio los casos que se encontraban regidos
por la ley especial.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Causas Intrínsecas de la Cesación de Eficacia de una Ley


Aunque la derogación constituye la causa más frecuente de la cesación de eficacia de una
ley, existen otras causas, llamadas intrínsecas, las cuales son:
• El transcurso del tiempo fijado para la vigencia de la ley;
• La consecución del fin que se propuso alcanzar;
• La desaparición de una institución jurídica, o la imposibilidad de un hecho que
era presupuesto necesario de la ley.

D) Efecto Inmediato y Efecto Retroactivo de la Ley


1) Aspectos Generales
Art. 9° Inc. 1° CC: “La ley puede sólo disponer para lo futuro, y no tendrá jamás efecto
retroactivo”.
En virtud de este artículo, la ley rige para los actos y situaciones que se produzcan con
posterioridad a su entrada en vigencia, y al no decir nada sobre los hechos y situaciones
anteriores a su vigencia, se constituye el principio de la irretroactividad de la ley.
El principio es que la ley no tiene efecto retroactivo, y ello porque de otra forma sería
causa de incertezas jurídicas.
El efecto inmediato de la ley es la regla general, y consiste en que, desde el día en que
entra en vigor, todos los actos y situaciones que se produzcan en el futuro se rigen por
ella mientras siga vigente.
Cabe destacar que, aunque la ley antigua sea derogada, continúa rigiendo aquellos
contratos celebrados bajo su vigencia, caso en el cual hablamos de ultraactividad de la
ley antigua.

2) El Principio de Irretroactividad ante el Legislador y el Juez


En materia civil, este principio está consagrado en el Código, por lo que no obliga al
legislador, ya que éste sólo se subordina ante la Constitución. En otras palabras, ya que
el Código sólo tiene rango legal, la prohibición de la retroactividad no puede imponerse
frente a una ley posterior que ordene que deba ser aplicada con efecto retroactivo.
Sin embargo, la Constitución, al consagrar el derecho de propiedad, establece una
prohibición indirecta a la retroactividad que tiene rango constitucional, ya que dispone
que nadie puede ser privado de su dominio sino por expropiación por causa de utilidad
pública, y pagando al afectado la pertinente indemnización. En consecuencia, cualquier
ley que atente contra el derecho de dominio habido bajo el imperio de una ley anterior, es
inconstitucional.
La misma Constitución establece, en materia penal, que nadie puede ser juzgado sino por
un tribunal establecido con anterioridad, y que ningún delito se castiga con otra pena que
la que señale una ley promulgada con anterioridad a su perpetración, salvo que la nueva
ley favorezca al afectado.
Así, en síntesis, el legislador tiene libertad para dictar leyes retroactivas, salvo en materia
penal y en materia civil respecto al derecho de dominio.

Respecto del juez, el Art. 9° CC, como toda norma legal, es obligatorio para el juez. Por
ello, no puede aplicar una ley con efecto retroactivo, salvo que la misma ley así lo
disponga, caso en el cual está obligado a aplicarla con tal efecto. Por ello se dice que el
Art. 9° CC contiene una prohibición para el juez, y no para el legislador.
Ya que el juez no puede eludir la prohibición del Art. 9° CC bajo el pretexto de una
intención tácita del legislador, decimos que no es posible aceptar una retroactividad
implícita, debiendo ser impuesta de forma expresa por el legislador.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

3) Teoría de los Derechos Adquiridos y de las Meras Expectativas


Según ella, una ley es retroactiva cuando vulnera los intereses que son considerados como
derechos adquiridos de una persona, pero no las meras expectativas o facultades legales.
Entendemos por derecho adquirido aquel que, al momento de dictarse una disposición,
se encuentra incorporado al patrimonio de una persona.
Las facultades legales constituyen el supuesto para la adquisición de derechos y la
posibilidad de tenerlos y ejercerlos, como la capacidad de ejercicio o la facultad para
testar.
Las meras expectativas son las esperanzas de adquisición de un derecho, fundadas en la
ley vigente y aún no convertidas en derecho por la falta de alguno de los requisitos
exigidos por la ley, como la expectativa de adquirir por prescripción el dominio.

E) Ley Sobre el Efecto Retroactivo de las Leyes


Esta ley, promulgada en 1861, tiene por objeto decidir los conflictos resultantes de la
aplicación de leyes dictadas en diversas épocas, abarcando para ello diversas materias.
Se funda en la teoría de los derechos adquiridos y de las meras expectativas, y es obra de
Andrés Bello, quien previó los eventuales problemas de retroactividad de la ley.
Regula distintas materias, encargándose específicamente de la retroactividad en:
• Leyes sobre el Estado Civil;
• Leyes sobre las Personas Jurídicas;
• Leyes acerca de la Capacidad;
• Leyes relativas a los Bienes;
• Leyes relativas a la Posesión;
• Derechos deferidos bajo una Condición;
• Prohibición de Usufructos, Usos, Habitaciones y Fideicomisos Sucesivos;
• Leyes relativas a la Sucesión por Causa de Muerte;
• Leyes relativas a los Contratos;
• Leyes relativas al Procedimiento;
• Leyes relativas a la Prescripción.

Podemos resumir los principios esenciales de esta ley de la siguiente forma:


• Las meras expectativas quedan sujetas enteramente a la ley nueva;
• Los hechos constitutivos y sus efectos se rigen por la ley vigente a la época de su
constitución;
• Los hechos jurídicos desarrollados durante la vigencia de una nueva ley se rigen
por ésta;
• En conformidad al Art. 22 de la ley, en todo contrato se entenderán incorporadas
las leyes vigentes al tiempo de su celebración, lo cual constituye un caso de
ultraactividad de la ley antigua, al seguir rigiendo para un contrato a pesar de su
derogación, y ello se debe a que Andrés Bello siguió la Teoría de los Derechos
Adquiridos.
Ahora bien, la norma cuenta con dos marcadas excepciones:
o Las leyes concernientes al modo de reclamar en juicio los derechos que
resultaren del contrato;
o Las leyes que señalaren penas para el caso de infracción del contenido del
contrato.
• Los hechos que se constituyen por etapas se rigen por la ley vigente al momento
en que se ejecuta la última de ellas;
• Las leyes procesales rigen in actum.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

2. Efectos de la Ley en Cuanto al Territorio


A) Principio Territorial y Principio Extraterritorial
Los problemas originados en el conflicto de leyes en el espacio giran en torno a dos
principios contrapuestos, que son el territorial y extraterritorial, llamado también
personal.
Según el principio territorial, las leyes se dictan para un territorio y tienen su límite
dentro del mismo. Según el principio personal, las leyes se dictan para las personas, y
se mantienen con ellas aun fuera del territorio nacional.
Ninguno de los dos principios puede ser ni es absoluto. Si el principio territorial lo fuera,
el Estado podría exigir el reconocimiento exclusivo de su Derecho sobre el territorio que
le pertenece, pero no podría pretender el reconocimiento internacional de sus normas. Si
el principio personal fuera absoluto, por otra parte, el Estado sólo podría legislar para sus
nacionales, y no podría hacer valer autoridad alguna sobre los extranjeros que residieran
en su territorio.
Por ello, ninguno de los dos principios es absoluto, aunque sí podemos decir que el
principio territorial es la regla general, y que la extraterritorialidad aplica de forma
excepcional.

B) Territorialidad de la Ley
Por regla general, la ley chilena sólo es obligatoria en el territorio chileno, lo cual
consagra el Art. 14 CC: “La ley es obligatoria para todos los habitantes de la República,
inclusos los extranjeros”.
Conforme a ello, y salvas ciertas excepciones, todos los individuos que habitan en el
territorio nacional, sean chilenos o extranjeros, quedan sometidos a la ley chilena desde
el punto de vista de las personas, bienes y actos jurídicos.
Respecto de los bienes, el Art. 16 Inc. 1° CC consagra este principio, al disponer: “Los
bienes situados en Chile están sujetos a las leyes chilenas, aunque sus dueños sean
extranjeros y no residan en Chile”.
El principio territorial aplica de forma absoluta en ciertos ámbitos. Por ejemplo, en lo que
se refiere al matrimonio, el Art. 80 de la Ley de Matrimonio Civil impone como
requisitos de validez en Chile para el matrimonio celebrado en el extranjero el
cumplimiento de las normas relativas a las incapacidades absolutas que establece la
misma ley.

La igual aplicación de la ley chilena a nacionales y extranjeros se entiende a partir del


Art. 57 CC: “La ley no reconoce diferencias entre el chileno y el extranjero en cuanto a
la adquisición y goce de los derechos civiles que regla este Código”.

C) Extraterritorialidad de la Ley
Los casos en que la ley produce efectos fuera del territorio del Estado que las dicta son
excepcionales, aunque, en el caso de Chile, existen ciertas disposiciones que permiten
que la ley chilena surta efectos fuera del territorio de la República, casos en los cuales
hablamos de extraterritorialidad de la ley.
A estos efectos, es menester distinguir entre las leyes chilenas en cuanto a las personas,
los bienes y los contratos.

1) En Cuanto a las Personas


La extraterritorialidad de la ley chilena, en lo que respecta a las personas, está
determinada por el Art. 15 CC, y se funda en que el legislador chileno busca evitar que
se burlen las leyes nacionales relativas al estado y la capacidad de las personas y a las

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

relaciones de familia, todas de orden público, y ligadas a la constitución misma de la


sociedad, y en especial a la familia, su núcleo básico.
Dado que constituye una excepción al principio de la territorialidad, esta norma se aplica
restrictivamente, y sólo en los casos que la misma contempla.

Art. 15 CC: “A las leyes patrias que reglan las obligaciones y derechos civiles,
permanecerán sujetos los chilenos, no obstante su residencia o domicilio en país
extranjero.
1º. En lo relativo al estado de las personas y a su capacidad para ejecutar ciertos actos,
que hayan de tener efecto en Chile;
2º. En las obligaciones y derechos que nacen de las relaciones de familia; pero sólo
respecto de sus cónyuges y parientes chilenos”.

En cuanto al Art. 15 N°1 CC, el acto ejecutado por un chileno en el extranjero se sujeta
a la ley chilena, en cuanto a su estado y capacidad, pero sólo cuando ese acto va a producir
efectos en Chile. Un acto produce efectos en Chile cuando los derechos y obligaciones
que origina se hacen valer o intentar cumplir en Chile.

Respecto del Art. 15 N°2 CC, la disposición tiene por objeto proteger a la familia. Los
chilenos domiciliados o residentes en el extranjero se someten a la ley chilena en lo que
respecta a sus relaciones de familia, y los derechos que emanen de tales relaciones sólo
pueden reclamarse por los parientes y el cónyuge chilenos.

2) En Cuanto a los Bienes


El principio general, basado en la territorialidad, es que los bienes situados en Chile se
rigen por la ley chilena, aunque sus dueños sean extranjeros y no residan en Chile (Art.
16 Inc. 1° CC). Ahora bien, esta norma cuenta con ciertas excepciones.

En primer lugar, en virtud del Inc. 2° del mismo Art. 16 CC, el primer inciso se entiende
sin perjuicio de las estipulaciones contenidas en los contratos otorgados válidamente en
el extranjero. Esto implica que, no obstante estar situados los bienes en Chile, las
estipulaciones contractuales que a ellos se refieren, otorgadas válidamente en el
extranjero, tienen pleno valor y efecto en Chile.

En segundo lugar, en virtud del Art. 955 CC, la sucesión se regla por la ley del último
domicilio del causante, por lo que, si tiene su último domicilio en el extranjero, los bienes
del causante que estén en Chile se regirán por las leyes sucesorias extranjeras.
Esto, sin embargo, cuenta con una contraexcepción, contenida en el Art. 998 CC, el cual
dispone que, si en una sucesión abierta en el extranjero, tiene el causante bienes en Chile,
en éstos debe adjudicarse el total de lo que corresponda a los herederos chilenos, quienes
tienen los mismos derechos que las leyes chilenas les otorgan en las sucesiones abiertas
en Chile.

3) En Cuanto a los Actos y Contratos


Para determinar la ley por la cual se rige un acto jurídico ejecutado en el extranjero, es
necesario distinguir entre los requisitos internos y los requisitos externos.
Son requisitos internos o de fondo la voluntad, la capacidad, el objeto y la causa del acto
o contrato. Son requisitos externos o de forma los que se relacionan con la manera de
hacer constar fehacientemente la existencia del acto jurídico, como la escritura pública en
la compraventa de bienes raíces.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Los actos jurídicos se rigen por la ley del lugar en que han sido ejecutados o celebrados,
según el principio “Lex Locus Regit Actum”, principio universal de Derecho. La Corte
Suprema ha declarado que este principio es de carácter general, y se refiere a todo acto o
contrato, y a todo instrumento, sea público o privado.

Para que un instrumento público otorgado en el extranjero tenga validez en Chile, es


necesario que haya sido extendido con las formalidades prescritas por la ley del país en
que se otorgó, y a la vez, que se pruebe su autenticidad conforme a las normas del Código
de Procedimiento Civil.
La autenticidad de los documentos públicos se refiere al hecho de haber sido realmente
otorgados y autorizados por las personas y de la manera que en los respectivos
instrumentos se exprese (Art. 17 Inc. 2° CC).
Art. 17 CC: “La forma de los instrumentos públicos se determina por la ley del país en
que hayan sido otorgados. Su autenticidad se probará según las reglas establecidas en
el Código de Enjuiciamiento.
La forma se refiere a las solemnidades externas, y la autenticidad al hecho de haber sido
realmente otorgados y autorizados por las personas y de la manera que en los tales
instrumentos se exprese”.

Art. 18 CC: “En los casos en que las leyes chilenas exigieren instrumentos públicos para
pruebas que han de rendirse y producir efecto en Chile, no valdrán las escrituras
privadas, cualquiera que sea la fuerza de éstas en el país en que hubieren sido
otorgadas”.
Tratándose de actos solemnes, la ley considera que no hay manifestación de voluntad si
no se cumplen las formalidades por ella exigidas. Por ejemplo, el contrato de compraventa
de bienes raíces es solemne, ya que requiere ser otorgado por escritura pública.
En virtud del Art. 18 CC, todo extranjero que, fuera de Chile, ejecute un acto que haya
de tener efecto en nuestro país y que, según nuestras leyes, deba otorgarse por escritura
pública, debe tener claro que su acto no valdrá en Chile si no se cumple tal requisito, aun
cuando las leyes del país en que el acto se realiza no exijan dicha solemnidad.
Esto puede parecer contradictorio al principio “Lex Locus Regit Actum”, pero no lo es
realmente, ya que de acuerdo al Art. 16 Inc. Final CC, los efectos de un contrato
celebrado en el extranjero, para cumplirse en Chile, deben sujetarse a la ley chilena, y en
tal contexto, uno de los efectos de un contrato es su prueba, de manera que el Art. 18 CC
es una consecuencia del Art. 16 Inc. Final CC.

En cuanto a los requisitos internos del acto o contrato, por regla general se rigen por la
ley del país en que el acto o contrato se ejecuta o celebra, en aplicación del principio
Locus Regit Actum.
Sin embargo, si los efectos del acto se producen en Chile, debemos distinguir entre el
chileno y el extranjero en cuanto al estado y la capacidad (Art. 15 CC), ya que el chileno
deberá sujetarse en lo relativo a ello a las leyes chilenas, mientras que el extranjero deberá
sujetarse a la ley de su país.

3. Interpretación de la Ley
A) Introducción
Una noción preliminar y básica de interpretación jurídica es aquella que la concibe como
la labor de explicar o aclarar el sentido de una norma (ley) para aplicarla a un caso
concreto.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Se observa, por lo tanto, que la interpretación es un proceso de carácter intelectual que


implica una comprensión de una proposición lingüística de carácter normativo o
prescriptivo caracterizada por su generalidad, con la finalidad de decidir su aplicación a
una realidad fáctica concreta y particular.
La interpretación va de la mano con la aplicación de la norma al caso, y su lugar más
típico es el del juicio en el que un juez debe resolver cómo debe aplicarse la norma
legislada al caso concreto en el que se ha producido una disputa entre dos o más personas.
Una vez determinada la interpretación que resulta razonable, el juez la declarará en la
sentencia y aplicará la norma para decretar su decisión.

B) Clases de Interpretación
1) Según la Fuente de la que Emana
Según la fuente de la cual emana la interpretación, podemos distinguir entre interpretación
auténtica, judicial y doctrinal.

La interpretación auténtica se denomina así porque es la que emana de la misma


autoridad que dictó la norma.
Así, el Poder Legislativo puede dictar una ley cuyo objetivo sea interpretar otra ley que
se estima oscura.
Lo mismo debe aplicarse si el Poder Ejecutivo dicta un decreto para interpretar otro.
Una forma especial de interpretación auténtica es la interpretación administrativa que
realizan ciertos órganos públicos mediante dictámenes o resoluciones para interpretar las
leyes que están sujetas a su supervisión, como sucede con la Contraloría General de la
República, la Dirección del Trabajo o el Servicio de Impuestos Internos.

La interpretación judicial es aquella que realiza el juez en la sentencia al aplicar la


norma a un caso particular.

La interpretación doctrinal es la que elaboran quienes se dedican al estudio y enseñanza


del Derecho, y de la que se deja constancia en libros, manuales y artículos de revistas
especializadas.

Estas interpretaciones no tienen, sin embargo, la misma fuerza obligatoria.


Así, la interpretación auténtica que realiza el legislador tiene el mismo valor general y
obligatorio de las leyes (Art. 3º CC), mientras que la interpretación administrativa tiene
fuerza obligatoria para los funcionarios del servicio público de la que emana, pero no para
los particulares, que pueden impugnarla ante los tribunales de justicia.
La interpretación doctrinal sólo tiene la fuerza autoritativa que se le reconoce a la
doctrina.
Por su lado, la interpretación judicial tiene eficacia relativa, es decir, sólo para las partes
del proceso (Art. 3º CC).

2) Según el Alcance de la Interpretación


Según el alcance de la interpretación, ésta puede ser:
• Declarativa: Aquella interpretación que se limita a concluir que las palabras de
la ley son exactas, y deben por lo tanto seguirse al pie de la letra;
• Extensiva: Aquella interpretación que determina que el legislador ha querido
decir más de lo que palabra alcanza;
• Restrictiva: Aquella interpretación que determina que las palabras se han
utilizado de forma demasiado amplia, y por ende deben ser restringidas.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Escuelas de Interpretación
Se conocen como escuelas de interpretación, algunas teorías hermenéuticas que han
conseguido agrupar bajo su influencia a un número significativo de juristas.
Las principales escuelas de interpretación del Derecho son las siguientes:
• La Escuela Francesa de la Exégesis
La escuela exegética se caracteriza por sostener la idea de que el juez debe
simplemente ser el aplicador de la decisión soberana del poder político, que se
refleja en la ley.
Por ello, el juez debe aplicar la ley clara, aunque personalmente le parezca injusta,
y si la ley es oscura, debe buscar la intención del legislador en su texto, analizando
las palabras empleadas (método exegético) o indagando en las actas de los órganos
políticos en que se discutió el texto legal.

• La Escuela Histórica del Derecho


El forjador de esta Escuela fue el jurista alemán Savigny, quien abogó por evitar
que se codificara el Derecho alemán en el siglo XVI, puesto que sostenía que el
Derecho es el resultado de una tradición histórica, que se refleja en el espíritu del
pueblo, más que una creación de textos por los cuerpos legislativos.
La interpretación, por consiguiente, no debe atenerse a las palabras de los textos
legales, ni tampoco a la historia inmediata de la decisión del órgano legislativo,
sino que debe profundizar en la conformación histórica de las instituciones
jurídicas y en las necesidades del espíritu del pueblo a las que ellas responden.

• La Escuela Kelseniana de Interpretación


Kelsen optó por atribuir rigor científico a la actividad jurídica, separando el
Derecho tanto del ámbito de la política y la filosofía (y por tanto de la moral)
como de la sociología.
De allí el nombre que le impone a su concepción, la teoría pura del Derecho.
Según Kelsen, el Derecho es una realidad normativa que se reconoce por su
pertenencia a un sistema formal de producción de normas.
La validez de las normas depende de si han sido elaboradas de acuerdo al
procedimiento establecido también normativamente, no de su contenido ni de su
eficacia social.
No obstante, en la interpretación, Kelsen es más realista que sus antecesores de la
Escuela de la Exégesis, puesto que reconoce que el juez no sólo aplica la ley, sino
que también crea Derecho al dictar una regla particular que regulará el caso en
concreto.
Según esta teoría, no es posible que el texto de la ley, salvo raros casos, permita
una sola lectura, dado que la ambigüedad esencial del lenguaje hace que en la
mayoría de las veces la letra de la ley sea sólo un marco en el que varias
interpretaciones son posibles, tocando al juez decidir cuál de ellas es la aplicable
al caso.

En el mundo actual puede decirse que ninguna escuela predomina del todo, aunque en
Chile hay una larga tradición exegética. Con todo, la sobrevaloración del poder creador
del juez tiene también serios riesgos, y uno de ellos es el de mermar la fuerza jurídica de
las decisiones normativas adoptadas por los órganos establecidos para el ejercicio
democrático de la soberanía nacional.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

D) Los Elementos y Reglas de la Interpretación


Los Arts. 19-24 CC establecen una serie de criterios para la interpretación de la ley, que
según gran parte de la doctrina están inspirados en la doctrina de Savigny, quien
distinguía cuatro elementos en la interpretación de la ley.
Según la teoría de Savigny, tales elementos serían:
• Elemento Gramatical, que busca el sentido de la ley en sus palabras, en su tenor
literal o gramatical;
• Elemento Lógico, que pretende aclarar una norma de la ley por medio de la
observación de todo el conjunto normativo de dicha ley;
• Elemento Histórico, que intenta desentrañar el significado de la ley a través de
su origen y la historia de su aprobación;
• Elemento Sistemático, que obtiene el sentido de la ley oscura a través de su cotejo
con otras leyes o con todo el conjunto del sistema legal u ordenamiento jurídico
en el que se inserta.

Al menos hasta cierto punto, las referidas normas del Código Civil cuentan con cierta
relación respecto de estos elementos, y pasamos a analizar cada una de ellas.

En primer lugar, el Art. 19 Inc. 1° CC nos dice que cuando el sentido de la ley es claro,
no se desatenderá su tenor literal a pretexto de consultar su espíritu.
El legislador plantea de inmediato, si bien implícitamente, la distinción entre el sentido
claro y oscuro de la ley, despejando cualquier discusión acerca de su interpretación
cuando tal sentido es claro, dado que en tal caso no puede desatenderse el tenor literal
para interpretarla de forma distinta.

Este sentido claro es complementado por los Arts. 20 y 21 CC.


El primero de estos artículos señala que las palabras de la ley se entenderán en su sentido
natural y obvio, según el uso general de las mismas palabras, pero cuando el legislador
las haya definido expresamente para ciertas materias, se les dará en éstas su sentido legal.
El segundo de ellos dispone que las palabras técnicas de toda ciencia o arte se tomarán en
el sentido que les den los que profesan la misma ciencia o arte, a menos que aparezca
claramente que se han tomado en sentido diverso.
En virtud de las disposiciones citadas, podemos distinguir entre el sentido natural y obvio
de las palabras, la definición legal que tengan algunas, y el uso que se les dé a otras en
determinadas ciencias o artes. Todo esto debe ser tenido en cuenta para una correcta
interpretación literal de la ley.

Pasamos al Art. 19 Inc. 2° CC, que introduce el concepto de ley oscura, al disponer que
bien se puede, para interpretar una expresión oscura de la ley, recurrir a su intención o
espíritu, claramente manifestados en ella misma, o en la historia fidedigna de su
establecimiento.
De esta forma, cuando tenemos una ley oscura, es válido desapegarnos en su
interpretación de la mera literalidad, y el legislador nos otorga criterios a los cuales
recurrir en tales casos, complementando la disposición recién citada con el Art. 22 CC,
en cuya virtud, el contexto de la ley servirá para ilustrar el sentido de cada una de sus
partes, de manera que haya entre todas ellas la debida correspondencia y armonía.
El mismo artículo nos dice en su Inc. 2° que los pasajes oscuros de una ley pueden ser
ilustrados por medio de otras leyes, particularmente si versan sobre el mismo asunto.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

De esta forma, ante una disposición legal oscura, podemos recurrir a su espíritu para
interpretarla, para lo cual podemos basarnos en la misma ley, en la historia fidedigna de
su establecimiento, en el contexto de la ley e incluso en otras leyes, de lo cual se desprende
que Bello integró en la interpretación de la ley los elementos histórico, lógico y
sistemático que planteaba Savigny.

Cabe mencionar también el Art. 23 CC, en cuya virtud, lo favorable u odioso de una
disposición no se tomará en cuenta para ampliar o restringir su interpretación. La
extensión que deba darse a toda ley se determinará por su genuino sentido y según las
reglas de interpretación.

La última regla de interpretación de la ley está dada por el Art. 24 CC, conforme al cual,
en los casos a que no pudieren aplicarse las reglas de interpretación precedentes, se
interpretarán los pasajes oscuros o contradictorios del modo que más conforme parezca
al espíritu general de la legislación y a la equidad natural.
Así, Bello incluyó una regla de ultima ratio para los casos en que la interpretación de una
ley oscura fuere imposible, permitiendo la interpretación de conformidad al espíritu
general de la legislación y a la equidad natural, lo cual se relaciona además con el
principio de inexcusabilidad con que cuentan los jueces de acuerdo al Art. 76 CPR, esto
es, que no pueden excusarse de fallar aun a falta de norma legal que resuelva la contienda.

E) Criterios Complementarios de Interpretación


1) Principio de Especialidad
En virtud de este principio, las leyes especiales se aplican siempre con preferencia a las
generales.
Art. 4° CC: “Las disposiciones contenidas en los Códigos de Comercio, de Minería, del
Ejército y Armada, y demás especiales, se aplicarán con preferencia a las de este
Código”.
Art. 13 CC: “Las disposiciones de una ley, relativas a cosas o negocios particulares,
prevalecerán sobre las disposiciones generales de la misma ley, cuando entre las unas y
las otras hubiere oposición”.

2) Reglas Prácticas de Interpretación


Además de las normas del Código, existen para la interpretación de las leyes una serie de
aforismos jurídicos, formados en la práctica y que suelen ser citados por la doctrina y
jurisprudencia, deviniendo en reglas que, si bien no tienen un valor absoluto, tienen gran
aplicación práctica. Entre estas reglas encontramos:
• Analogía
Alude a la interpretación por analogía, y se expresa en el aforismo “Donde existe
la misma razón, debe existir la misma disposición”. La analogía consiste en
resolver un caso conforme a las leyes que rigen casos semejantes o análogos en
casos no previstos por la ley.

• Contradicción o a Contrario Sensu


Se expresa en el aforismo “Lo que se dice de unos se excluye de otros”. Significa
que cuando la ley afirma algo, se entiende que rechaza lo contrario.

• A Fortiori
Se trata de un principio de amplitud, es decir, cuando se afirma algo mayor, ello
incluye todo lo menor. Por ejemplo, si todo hombre es libre, todo niño es libre.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• No Distinción
Donde la ley no distingue, no le cabe al intérprete distinguir. Por ejemplo, la ley
no distingue entre hijos matrimoniales y no matrimoniales, por lo que no podría
hacerlo tampoco el intérprete para reducir los derechos hereditarios de uno de
ellos.

4. Integración de la Ley
La búsqueda de una solución para los casos no previstos en el ordenamiento y que deben
ser fallados por el juez se denomina integración del Derecho.
El Derecho se integra o completa con criterios o recursos que provienen de fuentes que
no son las legislativas, ya que estas se muestran deficitarias.

Lógicamente, la integración es también una forma de interpretación, sólo que tiene por
objeto no una norma legislada, sino el conjunto de la legislación u orden normativo de
una sociedad.

Este proceso comienza con el reconocimiento de que realmente existe una laguna jurídica,
es decir, un caso que no cuenta con una solución en las normas y que debe tener una
respuesta distinta a la mera constatación de la ausencia de regulación legislativa.
El hallazgo de una laguna es de por sí una operación hermenéutica, ya que requiere
observar el ordenamiento, mirar el caso, determinar la ratio del orden legal, considerar si
esta no se contenta con remitir el problema a la libertad general y que debe elaborarse una
respuesta con una regla específica para el caso.
Constatada la presencia de la laguna, el juez debe pasar a la fase siguiente, consistente en
indagar cuál debiera ser la solución del caso no previsto, y por medio de qué elementos o
fuentes no legisladas se puede arribar a una nueva regla, que sea justa para el asunto
concreto y además congruente con la ratio de todo el ordenamiento jurídico.

Los elementos más característicos de la integración son la costumbre, la analogía iuris,


los principios jurídicos y la equidad.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo IV – La Relación Jurídica y los Derechos Subjetivos

1. La Relación Jurídica
A) Conceptos Generales
La relación jurídica es un vínculo surgido de la realización de un supuesto normativo,
describiendo un nexo entre personas, entre personas y cosas o incluso entre cosas.
Esta relación es jurídica por cuanto tiene por contenido un supuesto que el ordenamiento
jurídico hace relevante, dada su necesidad de tutela jurídica.

En principio, la relación jurídica puede describir el nexo entre personas, pero también
entre personas y cosas, e incluso entre cosas.
Así, por ejemplo, en un derecho real de servidumbre puede encontrarse una relación entre
dos bienes inmuebles, que son el predio dominante y el predio sirviente. A su vez, las
cosas inmuebles por destinación se califican justamente por su relación con el inmueble
principal, y el modo de adquirir la propiedad denominada accesión relaciona dos cosas
muebles o inmuebles.
También existen relaciones de una persona con una cosa, siendo la más característica la
propiedad, y la que se produce en todos los derechos reales.
En tercer lugar, tenemos las relaciones entre personas, de la cual la más típica es el
derecho personal u obligación.

Como el Derecho regula las relaciones entre personas o sujetos de derecho, se ha


circunscrito su campo de aplicación a las llamadas relaciones subjetivas.

La expresión relación jurídica subjetiva se refiere a una relación jurídica entre personas.
Como el Derecho regula los comportamientos y relaciones entre personas o sujetos, se
señala que las únicas relaciones que le interesan son las relaciones jurídicas subjetivas,
pero al concluirse esto, se incluyen en el concepto de relación jurídica subjetiva, también,
las relaciones entre personas y cosas, e incluso las relaciones jurídicas entre cosas.

Las relaciones entre personas y cosas, como el derecho de propiedad y los demás derechos
reales, serían relaciones jurídicas subjetivas, porque, si bien directamente relacionan a
una persona con una cosa, indirectamente relacionan al titular del derecho sobre la cosa
con todas las demás personas que se verán obligadas a respetar y no perturbar el derecho
real.

Las relaciones jurídicas entre cosas son reconducidas a relaciones entre personas. Así la
servidumbre predial termina por relacionar al dueño del predio dominante con el dueño
del predio sirviente, o se señala que interesan al Derecho únicamente en cuanto sirven
para determinar relaciones jurídicas interpersonales, es decir, subjetivas.
Por ejemplo, en la accesión no interesa directamente que dos cosas se junten, sino que la
persona que es propietaria de una pase a ser dueña de la otra.

La principal relación jurídica es el derecho subjetivo, que entendemos como una relación
jurídica por la cual una persona tiene la facultad para obrar de una determinada manera.
Para distinguirlo de otras acepciones de la palabra derecho (derecho como norma, como
ciencia jurídica o como la cosa justa debida), cuando se habla de derecho/facultad se
utiliza el calificativo de subjetivo, que quiere significar que es atribuido a una persona o
sujeto de derechos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

B) Otras Relaciones Jurídicas Subjetivas


El derecho subjetivo es la relación jurídica más estudiada, pero es sólo una especie dentro
del gran género de las relaciones jurídicas subjetivas.
El concepto genérico de relaciones jurídicas subjetivas comprende una gran cantidad de
figuras que, aunque no conformando propiamente derechos subjetivos, implican un nexo
o relación que es reconocida, y a veces, tutelada por el ordenamiento jurídico.

Pasamos a estudiar algunas de estas relaciones jurídicas.

1) Las Expectativas, los Derechos Condicionales y los Derechos Eventuales


Las expectativas, los derechos bajo condición suspensiva o los derechos eventuales, son
relaciones jurídicas que corresponden a lo que podría decirse es la gestación de los
derechos subjetivos.

Se suele llamar expectativa de derecho o mera expectativa a la posibilidad directa y


concreta que tiene una persona de devenir en titular de un derecho subjetivo.
Decimos que se trata de una posibilidad directa, porque en rigor toda persona tiene la
posibilidad de adquirir cualquier derecho.
Para que haya una expectativa de derecho deben haberse dado ya algunos elementos de
la formación del derecho en favor de una persona determinada, aunque todavía los
requisitos determinantes estén pendientes.
El ejemplo más común es un pariente que es designado por la ley como heredero
abintestato de alguien que está vivo, ya que en tal supuesto, hay algo que lo pone en
camino de ser heredero, pero falta un hecho determinante, que es la muerte del causante,
sin hacer testamento, y que antes no se haya producido el fallecimiento del posible
beneficiario.
Mientras no se produzca la muerte, que no se sabe cuándo vendrá, puede decirse que tiene
la mera expectativa de adquirir su herencia.

Un paso más hacia la configuración del derecho subjetivo se produce cuando se han dado
todos los elementos para que el derecho sea adquirido, pero se ha determinado que su
adquisición quede en suspenso mientras no ocurra un hecho futuro e incierto, es decir,
una condición.
Supongamos ahora que una persona ha dejado en su testamento un legado a un sobrino,
pero con la condición de que termine la carrera universitaria que está estudiando.
Si el testador muere, el sobrino ya no tendrá una mera expectativa de adquirir el legado,
sino que tiene un derecho potencial sujeto a la condición suspensiva de que culmine con
éxito su estudios universitarios.
Si se gradúa, se cumple el último elemento configurativo, y adquirirá el derecho al legado,
pero si abandona la carrera, la formación del derecho subjetivo se frustra, y nada adquirirá
en la sucesión de su difunto tío.
A diferencia de la mera expectativa, que no suele ser tutelada por el ordenamiento
jurídico, el derecho sujeto a condición suspensiva sí es reconocido y tutelado.
Así, el acreedor condicional tiene derecho a pedir medidas conservativas para evitar que
durante la pendencia se malogre el bien sobre el que recae el derecho sujeto a condición
(Art. 1492 Inc. 3° CC).

Cuando la condición no ha sido establecida por la voluntad de las partes en un contrato,


testamento u otro acto jurídico, sino que ha sido contemplada por la misma ley, se suele
hablar de derechos eventuales.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Pueden considerarse derechos eventuales los derechos que se defieren a la criatura


humana mientras está en el vientre materno a la espera de su consolidación en caso de
que el nacimiento constituya un principio de existencia legal, aunque a juicio de algunos
autores, pueden entenderse mejor como derechos sujetos a condición resolutoria (Art. 77
CC).

2) Las Potestades
Las potestades son similares al derecho subjetivo, pero con una gran diferencia,
consistente en que son atribuidas y deben ser ejercidas no en beneficio del titular, sino en
favor de la persona que está sujeta a ella.
Es lo característico de la patria potestad que tienen los padres sobre los hijos no
emancipados, así como también son potestades los poderes y facultades que tienen los
tutores y curadores sobre los respectivos pupilos.

En ellas deben incluirse los derechos que conforman la llamada autoridad paterna o
materna, en las que se comprenden el derecho al cuidado personal, la crianza y la
dirección de la educación de los hijos.

3) Los Deberes Jurídicos


Algunos deberes jurídicos pueden identificarse con la cara pasiva de un derecho subjetivo,
y así sucede con los derechos personales o créditos en los que una persona tiene el derecho
de exigir el cumplimiento de una prestación que le debe otra, ya que en tal supuesto, quien
debe tiene un deber jurídico específico que denominamos obligación.

Pero existen otros deberes jurídicos que no constituyen obligaciones, y que, por tanto,
configuran formas de relaciones jurídicas subjetivas diversas a la del derecho subjetivo.

Así, pueden mencionarse los llamados deberes jurídicos generales, que son aquellos que
los integrantes de la sociedad deben cumplir para procurar una mejor convivencia entre
todos ellos, como el de no causar daño injustamente a otro, o de comportarse lealmente y
de buena fe.

Otros deberes jurídicos son las cargas. La carga se distingue por una característica
fundamental, y es que su ejecución o cumplimiento va en beneficio del mismo gravado
con el deber.
Así, por ejemplo, en un contrato de seguro, el asegurado tiene el deber de dar aviso a la
compañía de seguros de la ocurrencia del siniestro dentro de cierto tiempo, y si no lo hace,
su derecho a la indemnización caduca o se extingue.
Se trata de un deber, pero en beneficio del mismo asegurado, ya que si quiere cobrar la
indemnización, debe cumplir con la carga.
Algo similar sucede con la carga de la prueba, dado que si la parte que tiene la carga no
presenta prueba, nadie le va a exigir que lo haga, pero perderá el juicio.

4) Instituciones Jurídicas
Las relaciones jurídicas pueden reunirse y a su vez relacionarse o conectarse con ocasión
de una realidad jurídica de trascendencia mayor.
Así, por ejemplo, la persona, el matrimonio, el contrato, la filiación, el patrimonio, la
propiedad o la sucesión por causa de muerte dan origen a un buen número de relaciones
jurídicas que se interconectan.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

La doctrina les da el nombre de instituciones, con lo cual quiere dar a entender que se
trata de realidades fundamentales en la construcción del entramado de relaciones jurídicas
que conforman el Derecho.

2. El Derecho Subjetivo
A) Aspectos Generales
Corral define el derecho subjetivo como la facultad para gozar y exigir un bien
determinado que le corresponde a la persona en justicia.
Los derechos subjetivos aceptan una multiplicidad de clasificaciones, que pasamos a
analizar:
• Derechos Subjetivos Públicos y Privados
Según el ámbito jurídico en el cual deben ejercerse, los derechos subjetivos
pueden clasificarse en públicos y privados, consistiendo los primeros en
facultades que se reconocen a la persona en el ámbito del Derecho Público, como
el derecho de sufragio, y refiriéndose los segundos al ámbito del Derecho Privado,
como sucede con el derecho de propiedad o los derechos personales.

• Derechos Subjetivos Patrimoniales y Extrapatrimoniales


Según el tipo de bien que corresponde al objeto del derecho, podemos distinguir
entre derechos patrimoniales o extrapatrimoniales.
En los derechos subjetivos patrimoniales, el bien es de carácter patrimonial, es
decir, susceptible de valoración económica, como por ejemplo el derecho de
dominio sobre un automóvil.
Los derechos subjetivos extrapatrimoniales son facultades relativas a un bien
extrapatrimonial, es decir, no susceptible de apreciación económica, como son los
derechos de la personalidad, como el derecho a la vida o a la honra.
También son derechos extrapatrimoniales los derechos personales de familia,
como por ejemplo, los derechos de respeto y ayuda mutua entre cónyuges o el
derecho al cuidado personal de un hijo menor de edad.

• Derechos Subjetivos Originarios y Adquiridos


Según la forma en que la persona adquiere los derechos, estos pueden ser
originarios o adquiridos.
Son originarios aquellos derechos que son propios de la personalidad, de manera
que se adquieren sólo por el hecho de que la persona exista, y desde ese mismo
momento, como el derecho a la vida.
Por el contrario, son derechos adquiridos aquellos que suponen un acto o hecho
distinto al solo existir de la persona para que ésta puede ser titular de ellos.
Los derechos patrimoniales son derechos que se van adquiriendo durante la vida
de la persona, según si ocurren los hechos o actos a los que la ley les da la
virtualidad para su adquisición.

• Derechos Subjetivos Puros y Simples y Sujetos a Modalidad


Los derechos subjetivos puros y simples son aquellos que despliegan sus efectos
de manera normal y sin alteraciones, mientras que los derechos subjetivos sujetos
a modalidad, por el contrario, poseen una eficacia que está alterada o modificada
por un elemento destinado a producir dicha alteración o modificación.
Estos elementos son las llamadas modalidades, y los clásicos ejemplos de ellas
son la condición, el plazo y el modo, que estudiaremos más adelante.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Cabe exceptuar, sin embargo, al derecho sujeto a condición suspensiva, ya que,


como no ha nacido, no puede ser propiamente un derecho subjetivo, siendo más
bien una relación jurídica diversa.

• Derechos Subjetivos de Eficacia General y de Eficacia Relativa


Existen derechos cuyos efectos se producen de manera general, es decir, son
oponibles a cualquiera de los miembros de la sociedad, estando todos ellos
obligados a reconocerlos y a no perturbar su libre ejercicio. De esta clase son los
derechos de la personalidad, y dentro de los derechos patrimoniales, los derechos
reales, que se ejercen directamente sobre una cosa sin respecto a determinada
persona (Art. 577 CC).
Usualmente, se les califica de derechos con efectos erga omnes.
Los derechos de eficacia relativa también deben ser respetados por la generalidad
de las personas, pero tienen una prestación que sólo es exigible a una persona
determinada, y no al resto de los integrantes de la sociedad.
Los derechos personales o créditos son los típicos derechos de eficacia relativa
(Art. 578 CC).

• Derechos Subjetivos Personalísimos y No Personalísimos


Los derechos subjetivos personalísimos son aquellos que se entienden
estrictamente ligados a una determinada persona, de modo que no pueden
pertenecer o corresponder a otra.
Los derechos no personalísimos son aquellos que, si bien corresponden a un
persona, pueden pertenecer a otra.
La diferencia tiene importancia porque los derechos personalísimos no pueden
cederse entre vivos ni transmitirse por causa de muerte, mientras que los derechos
no personalísimos admiten ser transferidos por acto entre vivos o transmitidos por
causa de muerte.
En general, los derechos de la personalidad y los derechos de familia son
personalísimos, mientras que los derechos patrimoniales son no personalísimos,
salvo excepciones, como sucede con los derechos reales de uso y habitación (Art.
819 CC).

B) Elementos del Derecho Subjetivo


1) Los Sujetos
El sujeto del derecho subjetivo es la persona a la que se reconoce la facultad de exigir un
determinado bien. Se le denomina también titular del derecho, porque tiene un título para
ejercerlo.
Si la persona es un incapaz, el ejercicio corresponderá a su representante legal.
Un derecho puede corresponder a una o varias personas, y en este último caso, se tratará
de cotitularidad, como sucede cuando dos personas adquieren en conjunto un inmueble.

Se ha discutido si es posible que haya derechos subjetivos sin titular. En principio, esto
es inconcebible, ya que no puede haber una facultad o poder de actuación que no
corresponda a una o más personas.
Sin embargo, a veces se dan situaciones en los que el titular no está determinado, pero se
espera que ello suceda, como ocurre con la herencia yacente, que es aquella que no ha
sido aceptada por ninguno de los herederos llamados a hacerlo. Si tampoco existe albacea
con tenencia de bienes, se le nombra un curador que administre los bienes en espera de
que exista un heredero que acepte (Art. 1240 CC).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En ocasiones, el titular está expuesto a ser sustituido por otro si ocurre algún
acontecimiento futuro, que es lo que sucede con los derechos eventuales del que está por
nacer, que pasan a otras personas si la criatura no nace (Art. 77 CC) y con el propietario
fiduciario que debe restituir el fideicomiso al fideicomisario si se cumple una condición
(Art. 733 CC).

2) El Objeto
El objeto del derecho subjetivo es el bien al cual tiende la facultad reconocida por el
ordenamiento jurídico, pudiendo ser un bien material o inmaterial.
Los derechos de la personalidad no tienen por objeto a la misma persona, sino un aspecto
o ámbito de desarrollo de la personalidad, como la vida, la integridad corporal, la vida
privada, la honra o la imagen.

También puede tratarse de una cosa intelectual, como una obra creativa o inventiva. Así,
los derechos subjetivos relacionados con la llamada propiedad intelectual o industrial
tienen por objeto la obra creada o inventada.

Finalmente, las cosas materiales pueden ser objeto de derechos subjetivos, salvo que estén
fuera del comercio humano o no sean apropiables.

Se discute si un derecho puede ser a su vez objeto de otro derecho. En nuestro Código,
tal posibilidad está expresamente permitida, puesto que se estima que los derechos reales
o personales son cosas incorporales (Art. 576 CC), sobre las cuales existe una especie de
propiedad (Art. 583 CC).

3) Contenido
El contenido de los derechos subjetivos corresponde a los distintos poderes o facultades
que contempla cada derecho.
De aquí se señala que el concepto técnico de facultad no equivale a la de derecho
subjetivo, si no a los poderes de actuación que se contienen en un derecho. Por ello, se
distingue la facultad del derecho en su carencia de independencia o autonomía, puesto
que la facultad no puede existir por sí sola.

Las facultades permiten reconocer un derecho subjetivo y distinguirlos de otros, aunque


tengan el mismo objeto material.
Así, sobre una misma cosa puede haber un derecho de propiedad que corresponde a una
persona, el usufructo que pertenece a otra y un derecho personal de uso (por un contrato
de arrendamiento) que incumbe a una tercera.

Algunas de las facultades de ciertos derechos adquieren una caracterización o tipicidad


por la importancia que presentan en su conformación, y el ejemplo clásico son las
facultades del derecho de propiedad, esto es, la facultad de uso, de goce y de disposición.

3. Ejercicio de los Derechos Subjetivos y Abuso del Derecho


A) Concepción Absoluta y Relativa de los Derechos Subjetivos
Tradicionalmente, se sostenía que el ejercicio de un derecho no era objetable, por lo que
el titular del mismo tenía completa libertad para ejercerlo, y de tal manera, si del ejercicio
de las prerrogativas que el derecho importa, resultara un daño para un tercero, el autor del
perjuicio no respondería de tal daño, pues no podría ser responsable quien se limita a
ejercer las facultades permitidas por la ley.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Pero frente a esta concepción tradicional o absoluta de los derechos, surge la llamada
Teoría del Abuso del Derecho, que subraya la relatividad de los derechos. En este
sentido, y siguiendo esta teoría, el Código Alemán establece que “El ejercicio de un
derecho es inadmisible si únicamente puede tener la finalidad de causar daño a otra
persona”. A su vez, el Código Suizo dispone “Cada uno está obligado a ejercer sus
derechos y cumplir sus obligaciones según las normas de la buena fe. El abuso manifiesto
de un derecho no está protegido por la ley”.

Ahora bien, el problema está en determinar en qué momento el ejercicio de un derecho


llega a ser abusivo, existiendo criterios tanto objetivos como subjetivos.
Los criterios subjetivos exigen que haya culpa o dolo en el ejercicio del derecho, por lo
que se aplican las normas de la responsabilidad extracontractual.
Los criterios objetivos, por otra parte, estiman que hay abuso del derecho cuando éste no
se ejerce de acuerdo a su función social.

Por otro lado, también se afirma que existen algunos derechos absolutos que escapan la
noción del abuso, de forma que sus titulares pueden ejercerlos con todas las intenciones
y para cualquier fin, aun doloso, sin riesgo de comprometer su responsabilidad. Por
ejemplo, tenemos:
• El Derecho a oponerse al matrimonio del menor, conferido por el Art. 112 CC;
• El Derecho del testador para disponer como quiera de la cuarta de libre
disposición, o su derecho de dejar la cuarta de mejoras a cualquiera de las personas
que señala el Art. 1195 CC;
• El derecho del comunero para pedir la división de la cosa común en cualquier
momento (salvo que exista pacto de indivisión), conferido por el Art. 1317 CC.

B) Límites Intrínsecos al Ejercicio de los Derechos Subjetivos


Existen ciertas limitaciones que son inherentes al derecho mismo y a la forma en que debe
ejercerse, y son:
• Límites que Provienen de la Naturaleza del Derecho
La facultad del titular de un derecho real o el crédito del sujeto activo de un
derecho personal, no pueden ir más allá de aquello a que su propio derecho los
autoriza. Por ejemplo, el derecho real de uso confiere la facultad de uso, pero no
los derechos de goce o disposición.

• Límites que Derivan de la Buena Fe


En el Código Civil podemos encontrar diversos ejemplos de los que se desprenden
que es inherente al ejercicio de un derecho subjetivo el proceder de buena fe. Un
ejemplo está en el Art. 1546 CC, que exige ejecutar los contratos de buena fe.

• Límites Determinados por la Función Social del Derecho


Algunos autores consideran que los derechos subjetivos son reconocidos a los
individuos como funciones sociales o, al menos, con determinados fines sociales.
Si el titular del derecho los desvía o aparta de su fin social, comete un fraude por
el que no merece protección jurídica.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Límites Extrínsecos al Ejercicio de los Derechos Subjetivos


También existen ciertas limitaciones que se presentan cuando el Derecho Subjetivo se
pone en movimiento, cuando se desenvuelve en el medio social, y son:
• Límites que Provienen del Respeto a la Buena Fe de los Terceros
Se trata de terceros extraños a la relación jurídica, pero cuya buena fe no puede
desconocerse por el ejercicio de un derecho.
Por ejemplo, los efectos de la condición resolutoria cumplida no alcanzan a los
terceros poseedores de buena fe, como establecen los Arts. 1490-1491 CC, por
ejemplo.

• Límites Inherentes a la Concurrencia de Derechos


Cuando sobre una misma cosa concurren varios derechos, como el del nudo
propietario y el usufructuario, ambos derechos se limitan recíprocamente.

• Límites Originados por la Colisión de Derechos


A diferencia del caso anterior, aquí hay derechos independientes, a veces incluso
equivalentes, que entran en conflicto legítimamente. El problema es que cuando
esto ocurre, no pueden satisfacerse simultáneamente en su totalidad.
Un ejemplo de esto sería cuando hay más de un acreedor hipotecario sobre un
mismo inmueble, sin perjuicio de que pueden colisionar tanto derechos reales con
reales como personales con personales o personales con reales, y dependerá de
cada caso cuál sea el derecho que prevalezca.

D) La Doctrina de los Actos Propios


Por regla general, salvo que una persona se haya obligado jurídicamente a realizar una
determinada conducta, ella es libre para cambiar de opinión y ejecutar actos que resulten
en contradicción con comportamientos anteriores.

Sin embargo, en ocasiones, esta modificación de comportamiento puede lesionar los


intereses de terceros que legítimamente han desarrollado expectativas en que una persona
no va a variar una decisión o actitud adoptada previamente.
Si lo hace, podrá alegar que dicho acto, al ser contradictorio con un acto anterior del
mismo sujeto, no puede tener eficacia en su perjuicio, y surge así la doctrina del acto
propio, que se asienta en el aforismo “nadie puede venir en contra de sus propios actos”
(venire contra factum proprium non valet).

Aunque no ha sido consagrada por ninguna norma general, la doctrina y la jurisprudencia


reconocen que la doctrina que prohíbe ir contra los propios actos es una especificación
del principio general de buena fe.
Se considera, entonces, que quien pretende ir contra sus actos anteriores defraudando la
expectativas legítimas de terceros, no está actuando de buena fe y no debe ser amparado
en la pretensión.
Se trata de una doctrina que opera en casos excepcionales, y de modo supletorio, es decir,
siempre que no haya otro instrumento legal que proteja al tercero de la actuación
incoherente de una persona.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Para que pueda aplicarse esta doctrina, se requiere el cumplimiento de los siguientes
requisitos:
• La primera conducta debe ser voluntaria, relevante y válida;
• La primera conducta debe generar un estado de hecho que permita abrigar
expectativas legítimas a otra persona;
• La segunda conducta debe ser contradictoria con la primera;
• Por la segunda conducta se pretende ejercer un derecho, facultad o pretensión;
• Identidad entre quien desarrolló la primera conducta y quien ahora pretende
desconocerla.

Cumplidos estos requisitos, entonces el juez debe desestimar el derecho, facultad o


pretensión, y restarle efectos en perjuicio del tercero que confió en la primera conducta.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Parte 2 – La Persona

Contenidos
I. Conceptos Fundamentales
II. Inicio y Extinción de la Persona
III. Los Atributos y Derechos de la Personalidad
IV. Las Personas Jurídicas

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo I – Conceptos Fundamentales


1. Nociones Generales
2. Clasificación de las Personas
A) Personas Naturales y Personas Jurídicas
B) Personas Chilenas y Personas Extranjeras
C) Personas Domiciliadas y Personas Transeúntes

Capítulo II – Inicio y Extinción de la Persona


1. Principio de la Existencia de las Personas Naturales
A) La Existencia Natural
B) La Existencia Legal
2. Muerte y Extinción de la Personalidad
3. Prueba Ordinaria de la Muerte
4. Prueba Extraordinaria de la Muerte
A) La Comprobación Judicial de la Muerte
1) Aspectos Generales
2) Procedimiento
3) Efectos y Revocación
B) Prueba Extraordinaria por Abolición de las Funciones Encefálicas
5. La Declaración de Muerte Presunta como Equivalente Probatorio
A) Concepto y Fundamento
B) Legitimación y Competencia
C) Formalidades Requeridas para la Declaración de Muerte Presunta
D) Fijación del Día Presuntivo de Muerte
E) Períodos Legales de la Muerte Presunta
1) Período de Mera Ausencia
2) Período de Posesión Provisoria
3) Período de Posesión Definitiva
6. La Regla de la Comoriencia como Equivalente Probatorio

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo III – Los Atributos y Derechos de la Personalidad


1. Los Atributos de la Personalidad
2. La Capacidad de Goce
3. La Nacionalidad
A) Aspectos Generales
B) Obtención de la Nacionalidad
C) Pérdida de la Nacionalidad
4. El Nombre
A) Generalidades
B) El Cambio de Nombre
1) Cambio por Vía Principal o Directa
2) Cambio por Vía Consecuencial o Indirecta
5. El Estado Civil
A) Aspectos Generales
B) Consecuencias del Estado Civil
C) Fuentes del Estado Civil
6. El Domicilio
A) Generalidades
B) Presunciones de Domicilio
C) Clases de Domicilio
1) Domicilio Civil y Domicilio Político
2) Domicilio de Origen y Domicilio Adquirido
3) Domicilio Legal, Domicilio Convencional y Domicilio Real
4) Domicilio General y Domicilio Especial
D) Importancia del Domicilio
7. El Patrimonio
8. Los Derechos de la Personalidad
A) Conceptos Generales
B) Enumeración de los Derechos de la Personalidad
C) Tutela de los Derechos de la Personalidad
D) Límites y Colisión Entre Derechos de la Personalidad

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Capítulo IV – Las Personas Jurídicas


1. Generalidades
A) Origen y Evolución Histórica
B) Concepto y Elementos Esenciales
C) Naturaleza Jurídica
1) Teorías que Aceptan la Existencia de las Personas Jurídicas
2) Teorías que Niegan la Personalidad Jurídica
D) Clasificación de las Personas Jurídicas
2. Personas Jurídicas de Derecho Público
3. Personas Jurídicas de Derecho Privado Sin Fines de Lucro
A) Aspectos Generales
B) Constitución de las Corporaciones y Fundaciones
1) Formalidades del Acto Constitutivo
2) Contenido de los Estatutos
3) Depósito del Acto Constitutivo
4) Inscripción del Acto Constitutivo
C) Modificación de los Estatutos
D) Voluntad y Administración de una Corporación
1) Las Asambleas
2) Los Directorios
E) Patrimonio de las Corporaciones y Fundaciones
F) Disolución de las Corporaciones y Fundaciones
4. Personas Jurídicas de Derecho Privado Con Fines de Lucro
5. La Doctrina del Levantamiento del Velo

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo I – Conceptos Fundamentales

1. Nociones Generales
Desde un punto de vista jurídico, los derechos y obligaciones deben tener como
fundamento o base a una persona, siendo la persona la que justifica la existencia misma
del Derecho.
En Roma se distinguía entre hombre y persona, siendo personas los hombres libres,
mientras que los esclavos eran hombres, pero no personas.
A día de hoy, siguen siendo conceptos distintos, pues la palabra hombre da cuenta de una
realidad biológica, mientras que el concepto de persona da cuenta de una abstracción
jurídica que expresa el centro de convergencia de un conjunto de derechos y obligaciones.
Esto, sin perjuicio de que todo individuo de la especie humana, por el sólo hecho de serlo,
es persona, sin ser necesario que esté dotado de plena voluntad y consciencia.

Así, la persona es finalmente el sustrato donde descansa la personalidad, que podemos


entender como la condición de ser sujeto de derecho, teniendo capacidad jurídica.
Es importante tener presente, no obstante, que el hombre no es el único que puede estar
dotado de personalidad, como ocurre con las personas jurídicas, que estudiaremos más
adelante.
Cuando estamos en presencia de una persona, sea natural o jurídica, capaz de contraer
derechos y obligaciones y de actuar judicial y extrajudicialmente por cuenta propia,
estamos frente a un Sujeto de Derecho.

2. Clasificación de las Personas


A) Personas Naturales y Personas Jurídicas
Las personas naturales, en virtud del Art. 55 CC, son “Todos los individuos de la
especie humana, cualquiera sea su edad, sexo estirpe o condición”.
Debemos relacionar esta definición con algunas disposiciones de la Constitución, como
el Art. 1°, en virtud del cual las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos,
o el Art. 2°, que establece que en Chile no hay personas ni grupos privilegiados.
La definición se destaca, por un lado, porque caracteriza a la persona como individuo, es
decir, un ser con individualidad propia y distintiva, lo cual le permite asegurar su
autonomía e independencia respecto de los demás individuos de la misma especie. Por
otro lado, se caracteriza por la universalidad de la definición, al considerar a todo
individuo de la especie humana como persona, sin distinción alguna en cuanto a edad,
sexo, estirpe o condición.

La persona jurídica, por otra parte, está definida por el Art. 545 Inc. 1° CC como “Una
persona ficticia, capaz de ejercer derechos y contraer obligaciones civiles, y de ser
representada judicial y extrajudicialmente”.

Dedicaremos los siguientes capítulos al estudio de las personas naturales, dejando para el
final de esta parte el estudio de las personas jurídicas.

B) Personas Chilenas y Personas Extranjeras


El mismo Art. 55 CC recién mencionado divide a las personas en chilenas y extranjeras,
disponiendo el Art. 56 CC que son chilenos los que la Constitución declara como tales,
siendo extranjeros todos los demás.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Cabe destacar, no obstante la distinción, que el Art. 57 CC dispone que la ley no reconoce
diferencias entre el chileno y el extranjero en cuanto a la adquisición y goce de los
derechos civiles que regla el Código.

C) Personas Domiciliadas y Personas Transeúntes


La distinción está establecida por el Art. 58 CC, siendo domiciliados aquellos que
cuentan con un domicilio en Chile, y transeúntes aquellos que sólo se encuentran en el
país de manera temporal y sin ánimo de permanencia.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo II – Inicio y Extinción de la Persona

1. Principio de la Existencia de las Personas Naturales


A) La Existencia Natural
La existencia natural comienza con la concepción y se extiende hasta el nacimiento,
momento desde el cual comienza la existencia legal.
La ley considera la existencia natural con el propósito de proteger la vida del que está por
nacer y los derechos del mismo.

En cuanto a la protección de la vida del que está por nacer, es un mandato


constitucional, por cuanto el Art. 19 N°1 Inc. 2° CPR dispone que la ley protege la vida
del que está por nacer. En cumplimiento de este mandato, el Art. 75 CC dispone: “La ley
protege la vida del que está por nacer. El juez, en consecuencia, tomará, a petición de
cualquiera persona o de oficio, todas las providencias que le parezcan convenientes para
proteger la existencia del no nacido, siempre que crea que de algún modo peligra.
Todo castigo de la madre, por el cual pudiera peligrar la vida o la salud de la criatura
que tiene en su seno, deberá diferirse hasta después del nacimiento”.

Respecto de la protección de los derechos del que está por nacer, el Art. 77 CC
establece: “Los derechos que se deferirían a la criatura que está en el vientre materno,
si hubiese nacido y viviese, estarán suspensos hasta que el nacimiento se efectúe. Y si el
nacimiento constituye un principio de existencia, entrará el recién nacido en el goce de
dichos derechos, como si hubiese existido al tiempo en que se defirieron. En el caso del
artículo 74, inciso 2º, pasarán estos derechos a otras personas, como si la criatura no
hubiese jamás existido”.
Siguiendo este artículo, si se verifica el nacimiento, el recién nacido entra en el goce de
los derechos como si hubiere existido al tiempo en que le fueron deferidos, y si el
nacimiento no constituye principio de existencia, esos derechos pasan a otras personas,
como si la criatura nunca hubiera existido.
En cuanto a la naturaleza jurídica de estos derechos, Alessandri y Claro Solar
concuerdan en que se trata de derechos sujetos a un condición suspensiva, consistente en
que la criatura nazca con vida.
Ahora bien, cabe señalar que autores como Corral distinguen en este punto entre los
derechos de la personalidad y los derechos patrimoniales, ya que, si bien los segundos
estarán siempre suspensos hasta que se efectúe y verifique el nacimiento, los primeros
estarán presentes desde la concepción misma, como se desprende de la protección que
hace la ley de la vida del que está por nacer.

En cuanto a la concepción, el Art. 76 CC establece una presunción de derecho para


determinar la época de la concepción: “Se presume de derecho que la concepción ha
precedido al nacimiento no menos que ciento ochenta días cabales, y no más que
trescientos, contados hacia atrás, desde la medianoche en que principie el día del
nacimiento”.
Este artículo es de gran importancia, ya que esta presunción de derecho sirve de base para
determinar derechos hereditarios y la presunción de paternidad. Una presunción de
derecho no acepta prueba en contrario, a diferencia de las presunciones simplemente
legales, que sí la aceptan.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Se discute en distintos ámbitos, tanto jurídicos como extrajurídicos, en torno a si el


concebido pero no nacido es persona. Desde un punto de vista jurídico, sí lo consideramos
persona, basándonos en disposiciones del Código Civil, la Constitución y el Pacto de San
José de Costa Rica:
• El Código Civil
El Código le reconoce al concebido pero no nacido existencia natural, tutela de su
vida y derechos patrimoniales como los sucesorios, lo cual supone un grado de
personalidad que no podría tener sin ser persona.
Además, la definición de persona que da el código habla de “todos los individuos
de la especie humana”, y siguiendo tal definición, ¿qué es el concebido pero no
nacido si no es humano?
Además, cuando habla de “cualquiera que sea su condición”, podemos entender
que, en este caso, esta condición es estar dentro del vientre materno.

• La Constitución
El Art. 5° CPR establece que el ejercicio de la soberanía reconoce como límite el
respeto a los derechos esenciales que derivan de la naturaleza humana, y uno de
ellos es el derecho a la vida.
Además, el Art. 19 N°1 Inc. 2° dispone que la ley protege la vida del que está por
nacer, haciendo clara referencia a una persona.

• El Pacto de San José de Costa Rica


En primer lugar, su Art. 2° identifica como persona a todo ser humano, volviendo
al argumento anterior de que si el concebido pero no nacido no es humano, ¿qué
es?
Por otra parte, el Art. 4° N°1 afirma: “Toda persona tiene derecho a que se
respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir
del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida
arbitrariamente”.

B) La Existencia Legal
Art. 74 CC: “La existencia legal de toda persona principia al nacer, esto es, al separarse
completamente de su madre.
La criatura que muere en el vientre materno, o que perece antes de estar completamente
separada de su madre, o que no haya sobrevivido a la separación un momento siquiera,
se reputará no haber existido jamás”.
Desde su nacimiento, la persona natural tiene existencia legal, constituyendo el mismo
nacimiento un principio de existencia, siempre que cumpla con ciertos requisitos:
• Que la Criatura Nazca
El feto debe desprenderse del claustro materno, sea natural o artificialmente, o por
medios quirúrgicos.

• Que la Separación de la Madre sea Total


Esto significa que no debe haber ningún vínculo físico entre madre e hijo, es decir,
debe haber una separación material efectiva, lo cual ocurre cuando se corta el
cordón umbilical, sin perjuicio de que algunos autores discuerdan en esto último,
planteando que basta con la expulsión completa de la criatura del vientre materno.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Que la Criatura Sobreviva a la Separación un Momento Siquiera


La criatura que muere en el vientre materno o antes de estar completamente
separada de su madre, o que no sobrevive a la separación un momento siquiera,
se reputa no haber existido jamás.

La prueba ordinaria del nacimiento y de su fecha se efectúa por la necesidad de inscribir


este hecho en las partidas del Registro Civil (Arts. 3º y 28 y ss. LRC).
El Reglamento del Registro Civil dispone que la inscripción debe basarse en un
certificado médico o de la partera que hubiese presenciado el parto o por dos testigos
(Art. 29 RRC).

Si surge disputa sobre si la criatura murió después o antes del nacimiento, deberá resolver
el juez, con la prueba que se presente.
Quien alegue que la criatura murió antes del nacimiento debe acreditarlo, y para ello, se
utilizarán pericias forenses y pruebas que determinen si la criatura alcanzó a respirar
después de haber sido separada de la madre.
Tradicionalmente se habla de la "docimasia pulmonar hidrostática", que consiste en
extraer los pulmones del niño y sumergirlos en un contenedor con agua. Su capacidad de
flotación revela presencia de oxígeno y que, por tanto, la criatura alcanzó a respirar, lo
que deja de manifiesto que vivió al menos un momento después de su separación de la
madre.

El Código Civil no plantea exigencias posteriores al nacimiento para conceder la


personalidad, por lo que se sigue la doctrina de la vitalidad, es decir, mientras el
nacimiento constituya principio de existencia, se considera que hay personalidad.
Otras legislaciones siguen la doctrina de la viabilidad, que exige a la criatura la aptitud
para continuar viviendo por un determinado lapso de tiempo.
Actualmente, se critica la doctrina de la viabilidad, por cuanto es enteramente arbitrario
e injustificado designar un plazo de supervivencia, y es por ello que la tendencia moderna
se inclina por la doctrina de la vitalidad.

2. Muerte y Extinción de la Personalidad


En nuestro Derecho, la muerte constituye la única causa de extinción de la personalidad,
y entendemos por muerte la cesación de los fenómenos biológicos que constituyen la vida.
Conforme al Art. 78 CC, la persona termina en la muerte natural, y la expresión natural
alude al hecho físico de la muerte, en contraposición a una muerte legal o construida
jurídicamente con prescindencia de si la persona vive realmente o no.

Como todo hecho jurídico, la muerte necesita ser probada para desplegar su eficacia y
producir consecuencias jurídicas, y por lo mismo, debemos distinguir entre el hecho
mismo de la muerte y la forma en que el Derecho permite que se tenga por probada.

Como la muerte es un elemento que influye en el estado civil de las personas y tiene
mucha influencia en las relaciones jurídicas, los sistemas civiles construyen una prueba
de ella que pueda funcionar de manera general en el tráfico jurídico, y sin que haya que
demostrar la defunción respecto de cualquier efecto jurídico en el que pueda tener
impacto.
Esta prueba preconstituida y general se produce mediante la inscripción del hecho en las
partidas de un registro público, esto es, el Registro Civil.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Una vez ingresada la defunción al registro, bastará la copia de la partida o un certificado


que sobre su base otorgue el Oficial del Registro Civil para acreditar la muerte de la
persona.
Incluso, ella puede servir de prueba judicial en un proceso en el que se necesite comprobar
el fallecimiento, como sería una gestión de petición de posesión efectiva de la herencia.

Pero, a su vez, para que pueda ingresar al registro, la ley establece las formas en las que
se entenderá que la muerte ha sido suficientemente probada.
Esta prueba, normalmente, no tiene muchas dificultades, ya que es manifiesta su
ocurrencia por el cese de las funciones cardiorrespiratorias, para lo cual basta un examen
del cuerpo.
Por eso, la prueba ordinaria de la muerte requerirá un certificado de un médico o, a falta
de éste, la declaración de dos testigos, como luego veremos.

En ciertos casos, la ley establece formas de prueba extraordinaria de la muerte, que es


lo que sucede cuando no es posible examinar el cadáver, pero hay certeza, a lo menos
moral, de que la persona ha fallecido, o cuando para poder extraer órganos para un
trasplante, es necesario anticipar el diagnóstico de la defunción mediante la observación
del cese total e irreversible de las funciones encefálicas.
La primera corresponde a la regulación incorporada al Código Civil en sus Arts. 95-97
por la Ley Nº20.577 de 2012, y que lleva por nombre Comprobación Judicial de la
Muerte.
La segunda está regulada en la Ley Nº19.451 de 1996, sobre donación de órganos con
fines de trasplante.

No siempre, sin embargo, es posible obtener la prueba ordinaria o extraordinaria de la


muerte, y pueden ocasionarse situaciones de incertidumbre que, por falta de esa
constancia probatoria, podrían ser perniciosas para la estabilidad de las relaciones
sociales.
Frente a ello, los sistemas jurídicos suelen diseñar mecanismos que funcionen como
instituciones que sustituyan no la muerte en sí misma, pero sí la prueba de la muerte.
Se deja en suspenso si la muerte ocurrió realmente o no, o en qué fecha precisa, pero se
la tiene por comprobada con un momento que se determina legalmente.
Son las figuras que llamamos equivalentes funcionales de la prueba de la muerte y
que, en nuestro sistema, son dos, esto es, la presunción de muerte por
desaparecimiento y la regla de la comoriencia.

3. Prueba Ordinaria de la Muerte


La prueba ordinaria de la defunción es la que se practica con la mayor frecuencia, puesto
que, en la inmensa mayoría de los casos, no se presentan dudas sobre si la muerte ocurrió
y en qué momento se produjo.

La ley establece la necesidad de que dicha muerte acceda al Registro Civil por medio de
la práctica de una inscripción en el Registro de Defunciones, de manera que luego baste
presentar copia o un certificado extraído de la información registral para acreditar la
defunción en el tráfico jurídico o judicialmente.
El Art. 305 Inc. 3° CC dispone que la muerte puede acreditarse o probarse por las
respectivas partidas de muerte.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Para que se practique la inscripción, se exige, además de la petición de los parientes u


otras personas, un certificado de un médico que atestigüe la muerte bajo su
responsabilidad profesional.
Si no es posible conseguir certificado médico, la muerte debe ser comprobada por el
testimonio de dos testigos, que debe rendirse ante el Oficial del Registro Civil o cualquier
autoridad judicial del lugar de la defunción (Art. 45 LRC).

4. Prueba Extraordinaria de la Muerte


A) La Comprobación Judicial de la Muerte
1) Aspectos Generales
Como hemos mencionado, es de común ocurrencia que la prueba de la muerte no sea un
tema complejo, pero pueden darse casos en que el cadáver ha desaparecido, por lo que su
examen es imposible, pero de igual forma puede probarse con certeza que la muerte se ha
producido.

Entrado el siglo XX, no existía en Chile alguna previsión normativa para este tipo de
casos, por lo que debía recurrirse al procedimiento de presunción de muerte por
desaparecimiento de la persona, que exige el cumplimiento de ciertos lapsos de tiempo,
al sólo basarse en la probabilidad de muerte, y no en su certeza.
Sin embargo, con las desapariciones producidas después del terremoto de 2010 y la caída
de un avión en Juan Fernández en 2011, se aprobó la Ley N°20.577 en 2012, que junto
con abreviar algunos plazos de la regulación de la muerte presunta, introdujo en los Arts.
95-97 CC una institución denominada comprobación judicial de la muerte, llenando
un sensible vació legal respecto de casos de muerte cierta, pero con desaparición o no
identificación del cadáver.

Según dispone el Art. 95 CC, la comprobación judicial de la muerte es una forma


extraordinaria de probar la muerte de una persona, mediante sentencia judicial, cuando se
ha producido la desaparición de aquélla en circunstancias tales que la muerte pueda ser
tenida como cierta, a pesar de que el cadáver no ha sido hallado o no es posible su
identificación.

La exigencia de que se forme un juicio de certeza sobre la muerte diferencia esta


institución de la declaración de presunción de muerte, puesto que en ésta no existe dicha
certeza, sino más bien incertidumbre sobre si la persona está viva o ha fallecido, aunque
existen probabilidades de que pueda estar muerta al no retornar dentro de ciertos plazos
que la misma ley señala.
La presunción de muerte es una institución que no pretende probar directamente la
muerte, sino más bien servir de sustituto a la prueba ordinaria, por razones de seguridad
jurídica y de oportunidad.
La comprobación judicial de la muerte, en cambio, como su mismo nombre indica, se
dirige a constatar o probar directamente el hecho de la muerte, sólo que por medios
diversos a la examinación del cadáver o de los restos mortales.

Los requisitos para que proceda la comprobación judicial de la muerte se desprenden del
mismo Art. 95 CC, y pueden sintetizarse de la siguiente forma:
• Desaparición de una persona;
• Imposibilidad de hallar o identificar el cadáver;
• Certeza de la muerte;
• Derivación de la certeza de las circunstancias de la desaparición.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Respecto de la certeza de la muerte, hablamos de una constatación objetiva, fundada en


antecedentes categóricos, y que el juzgador debe ponderar razonadamente.
Se trata, sin embargo, no de una certeza absoluta o física, sino de una certeza moral, a la
que puede arribarse con el criterio probatorio de la convicción más allá de toda duda
razonable que se emplea en nuestro procedimiento penal para declarar la culpabilidad
(Art. 340 CPP).

Por otro lado, respecto del último requisito, el Código dispone que para la comprobación
judicial de la muerte es necesario que la desaparición de una persona se hubiere producido
en circunstancias tales que la muerte pueda ser tenida por cierta.
Queda claro, entonces, que la certeza de la defunción debe estar fundada en las
circunstancias en las que se produjo la desaparición de la persona, y no podría, en
consecuencia, declararse la comprobación judicial de la muerte si la certeza de ésta
proviene de otros hechos que no tienen relación directa con la desaparición.

2) Procedimiento
La normativa del Código Civil es bastante escueta en cuanto al procedimiento.
Se determina sólo que es competente el juez del último domicilio que el difunto haya
tenido en Chile (Art. 95 CC), y que un extracto de la resolución, con los antecedentes
indispensables para su identificación y la fecha de la muerte fijada por el juez, debe
publicarse en el Diario Oficial en el plazo de 60 días desde que la sentencia quede firme
o ejecutoriada (art. 96 CC).

También se dispone que sólo tiene legitimación activa para pedir la declaración
cualquiera que tenga interés en ello, y que la resolución que se dicte declarando la muerte
debe ser inscrita en el Registro Civil (Art. 95 CC).

Aunque nada se haya dicho, parece claro que no estamos ante un proceso contencioso, ya
que sólo hay un solicitante y no un demandado, y por ello, habrá que aplicar las reglas
comunes de los actos voluntarios previstas en los Arts. 817-828 CPC.

3) Efectos y Revocación
A diferencia de la institución de la muerte presunta, que como luego veremos, va
desplegando los efectos propios del fallecimiento de manera progresiva en el tiempo, la
comprobación judicial de la muerte produce todos sus efectos desde que queda firme la
sentencia que la declara, y ellos se deben considerar producidos en la fecha de muerte que
fije el juez.

La inscripción de defunción practicada en virtud de la sentencia tiene la función que le da


el Art. 8º LRC, es decir, que la sentencia no podrá invocarse en juicio mientras no haya
sido inscrita.

Ahora bien, debemos tener en consideración que la comprobación judicial de la muerte,


si bien se basa en un juicio de certeza moral del acaecimiento de la defunción de la
persona, no es infalible y puede más tarde evidenciarse que fue errónea, ya sea porque
ella no ha muerto o no ha muerto en la fecha señalada.
En estos casos, como respecto de inscripciones de defunciones que luego se revelen
equivocadas, debe dejarse sin efecto o modificarse la inscripción a través de una sentencia
judicial.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Tratándose de la comprobación judicial de la muerte, la sentencia que revoque sus efectos


deberá emanar del mismo tribunal que conoció del asunto.

La ley se ha preocupado de la forma en que se producen los efectos de esa revocación, y


ha optado por asimilar la situación a lo que acontece en el caso de probarse la vida o la
muerte respecto de un desaparecido declarado presuntivamente muerto.
Por ello, el Art. 97 CC dispone que la resolución que tiene por comprobada judicialmente
la muerte podrá dejarse sin efecto conforme a lo dispuesto en el párrafo precedente, es
decir, el Párrafo 3 del Título II del libro I del Código Civil, dedicado a regular la
presunción de muerte por desaparecimiento.
La remisión debe entenderse hecha a los Arts. 93 y 94 CC, en relación con la rescisión
del decreto de posesión definitiva de los bienes del declarado presuntivamente muerto.

B) Prueba Extraordinaria por Abolición de las Funciones Encefálicas


La prueba de la muerte puede realizarse, en nuestro ordenamiento, en forma
extraordinaria por la comprobación de la abolición total e irreversible de todas las
funciones del encéfalo de una persona, aun cuando se conserven, a través de sustentos
mecánicos, las funciones cardiorrespiratorias.
Esta forma de acreditar la muerte de la persona surgió como una respuesta médica al
descubrimiento de la viabilidad del trasplante de órganos vitales, como el corazón, el
hígado y otros.

La Ley Nº19.451 de 1996 establece normas sobre trasplante y donación de órganos, y


acepta el criterio probatorio encefálico de la muerte para autorizar el trasplante de
órganos.
Señala la ley que la muerte se puede acreditar, para los efectos previstos en esta ley (Arts.
7º y 11), mediante la comprobación de la abolición total e irreversible de todas las
funciones encefálicas, lo que se acreditará con la certeza diagnóstica de la causa del
mal, según parámetros clínicos corroborados por las pruebas o exámenes calificados.

Como este concepto no es de fácil precisión, la ley dispone que la certificación debe
hacerse en forma unánime e inequívoca por un equipo de médicos, uno de los cuales debe
desempeñarse en el campo de la neurología o neurocirugía, y estos médicos no pueden
formar parte del equipo que va a efectuar el trasplante, para evitar un conflicto de
intereses.

Los requisitos que contempla la ley para que se entienda que existe muerte en estos casos
son:
• Ningún movimiento voluntario observado durante una hora;
• Apnea luego de tres minutos de desconexión de ventilador;
• Ausencia de reflejos troncoencefálicos.

Una vez que el equipo médico llegue a la conclusión de que el individuo se encuentra
muerto por destrucción total del encéfalo, debe firmar un acta adjuntando constancia de
los exámenes.
Para que esta prueba de la muerte ingrese al registro, se necesita que otro médico expida
un certificado de defunción, al cual debe agregar constancia de los antecedentes que
permitieron acreditar la muerte (Art. 11).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

5. La Declaración de Muerte Presunta como Equivalente Probatorio


A) Concepto y Fundamento
La muerte presunta es la que declara el juez, en conformidad a las reglas legales, respecto
de un individuo que ha desaparecido y de quien se ignora si vive o no. Está tratada por el
Código entre sus Arts. 80 y 94.
El principal objeto de la declaración de muerte presunta es definir la suerte de los bienes
que constituían el patrimonio dejado por el desaparecido, o de aquellos bienes que
pudieran corresponderle en las sucesiones abiertas durante su ausencia.
La declaración de muerte presunta se divide en tres etapas, lo cual veremos más adelante.

B) Legitimación y Competencia
La declaración de muerte presunta puede ser provocada por cualquier persona que tenga
interés en ella, y se entiende que tiene interés en ella cualquier persona que tiene un interés
pecuniario subordinado a la muerte del desaparecido, como sus herederos, por ejemplo.
No pueden pedirla los acreedores, sin embargo, ya que su interés pecuniario no está
subordinado a la muerte del desaparecido.
Es competente para declarar la muerte presunta el juez del último domicilio que el
desaparecido haya tenido en Chile, y si hubiera tenido dos o más domicilios, puede
declararla el juez competente en el territorio de cualquiera de aquellos domicilios.

C) Formalidades Requeridas para la Declaración de Muerte Presunta


El Art. 81 contempla las distintas formalidades necesarias para que pueda obtenerse la
declaración de muerte presunta, las cuales son:
• Los interesados deben justificar previamente que se ignora el paradero del
desaparecido y que se han hecho las diligencias posibles para averiguar tal
paradero;
• Debe citarse al desaparecido al menos tres veces mediante el Diario Oficial,
mediando entre cada dos citaciones más de dos meses;
• Debe existir intervención del defensor de ausentes;
• La sentencia debe insertarse en el Diario Oficial;
• Deben haber transcurrido al menos tres meses desde la última citación;
• Deben haber transcurrido al menos cinco años desde la fecha de las últimas
noticias que se tuvieron del desaparecido.

D) Fijación del Día Presuntivo de Muerte


En virtud del Art. 81 N°6, el juez fija como el día presuntivo de muerte, por regla general,
el último del primer bienio contado desde la fecha de las últimas noticias.
Excepcionalmente, el día presuntivo de muerte se fija en otra fecha, lo cual ocurre en los
siguiente casos:
• Cuando una persona recibe una herida grave en guerra o le sobreviene un peligro
semejante, el día será el de la acción de guerra o peligro, y si no es posible
determinarlo, el juez adopta un término medio entre el comienzo y fin de la guerra
o del peligro (Art. 81 N°7);
• Cuando una persona se encontraba en una nave o aeronave reputada perdida, se
fija el día conforme a la regla anterior (Art. 81 N°8);
• Cuando desapareció luego de un sismo o catástrofe, el día presuntivo de muerte
es el del sismo o catástrofe (Art. 81 N°9).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

E) Períodos Legales de la Muerte Presunta


1) Período de Mera Ausencia
Comienza con la fecha de las últimas noticias del desaparecido y dura hasta el día en que
se decreta la posesión provisoria o definitiva de sus bienes, que es de cinco años por regla
general, pero que puede ser de tres o seis meses en ciertos casos.
Ya que, durante este período, predominan las posibilidades de vida y regreso del
desaparecido, las medidas adoptadas tienden exclusivamente a preservar sus derechos y
patrimonio.
Durante el período de mera ausencia, deben cuidar los intereses del desaparecido sus
apoderados o representantes legales, y si no los hubiera, procede el nombramiento de un
curador de bienes.
El período de mera ausencia termina cuando se decretan la posesión provisoria o la
posesión definitiva de los bienes del desaparecido, cuando el ausente reaparece, o cuando
existe certeza acerca de la fecha de la muerte real del desaparecido.

2) Período de Posesión Provisoria


Comienza con el decreto del juez que concede la posesión provisoria de los bienes del
desaparecido.
En este período, la ley busca conciliar los derechos del desaparecido con los de aquellos
a quienes pasarían sus bienes si hubiera fallecido realmente.
Se dicta el decreto de posesión provisoria pasados cinco años desde la fecha de las últimas
noticias del desaparecido, y sólo pueden solicitarlo los herederos presuntivos del
desaparecido, que son los testamentarios o quienes eran legitimarios en la fecha
presuntiva de muerte.
El patrimonio cuya posesión provisoria se confiere a los herederos presuntivos
comprende la totalidad de los bienes, derechos y acciones del desaparecido. Se discute en
cuanto a la naturaleza del derecho de los herederos presuntivos, planteando algunos que
estamos frente a un usufructo, mientras que otros autores consideran que se estaría frente
a una condición resolutoria, consistente en que el desaparecido reaparezca o se establezca
su muerte efectiva, lo cual tiene mayor sentido, puesto que no existe en este caso la
certidumbre que caracteriza el plazo presente en todo usufructo.
Los herederos presuntivos deben confeccionar un inventario solemne de los bienes y
constituir caución de conservación y restitución de los bienes del desaparecido. Además,
cuentan con ciertas restricciones para vender o hipotecar los bienes.
El período de posesión provisoria termina con el decreto de posesión definitiva, la
reaparición del ausente o cuando existe certeza acerca de la fecha de la muerte real del
desaparecido.

3) Período de Posesión Definitiva


Se inicia con el decreto del juez que concede la posesión definitiva de los bienes del
desaparecido, que debe inscribirse en el Conservador de Bienes Raíces que corresponda
al último domicilio que el desaparecido haya tenido en Chile. Si el decreto no se inscribe,
será inoponible a terceros.
En este período, las posibilidades de muerte del desaparecido prevalecen sobre las
posibilidades de vida, de modo que puede conferirse a los presuntos herederos plenos
derechos de uso, goce y disposición sobre los bienes del ausente.
Puede ser solicitado el decreto de posesión definitiva por los poseedores provisorios, y en
general, por aquellos que tengan derechos subordinados a la muerte del desaparecido.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Puede tener lugar en varios casos distintos. La regla general es que se conceda
transcurridos diez años desde la fecha de las últimas noticias, antecediendo a este período
los cinco años de mera ausencia y los cinco años de posesión provisoria de los bienes del
desaparecido. Ahora bien, existen ciertos casos en que se omite el período de posesión
provisoria, pasando directamente a la posesión definitiva de los bienes del desaparecido:
• Cuando cumplidos cinco años desde la fecha de las últimas noticias, se prueba
que han transcurrido setenta años o más desde que nació el desaparecido;
• Inmediatamente después de transcurridos cinco años desde la fecha de la batalla
o peligro en que se encontró la persona desaparecida, sin haberse sabido más de
su existencia;
• Después de tres meses contados desde la fecha de las últimas noticias que se
tuvieron de la nave o aeronave reputada perdida y en la cual se encontraba la
persona desaparecida;
• Después de seis meses de ocurrido el sismo o catástrofe en el que desapareció el
ausente.

Entre los efectos del decreto de posesión definitiva de los bienes, tenemos:
• Ejercicio de los derechos subordinados a la muerte del desaparecido;
• Apertura de la sucesión del desaparecido;
• Cancelación o alzamiento de las cauciones y cesación de las restricciones para
vender e hipotecar;
• Disolución del matrimonio, sin perjuicio de que en virtud de la Ley de Matrimonio
Civil, no basta con la declaración de la muerte presunta, debiendo suceder a la
declaración ciertos plazos legales de diez, cinco o un año según cada caso.

Por último, la ley permite la revocación del decreto de posesión definitiva cuando se
tuvieren noticias exactas de la existencia del desaparecido o de su muerte real, o bien si
el presunto muerto reaparece.
La ley habla de rescisión y no de revocación, lo cual es un error, ya que con la rescisión
se alude a la nulidad relativa, lo que supondría un vicio que permitiría la anulación del
decreto.

6. La Regla de la Comoriencia como Equivalente Probatorio


Puede ocurrir que dos o más personas llamadas a sucederse recíprocamente, o una a la
otra, mueran en un mismo acontecimiento sin que se sepa cuál falleció primero. En estos
casos, hablamos de comurientes, y de ellos trata el Art. 79 CC: “Si por haber perecido
dos o más personas en un mismo acontecimiento, como en un naufragio, incendio, ruina
o batalla, o por otra causa cualquiera, no pudiere saberse el orden en que han ocurrido
sus fallecimientos, se procederá en todos casos como si dichas personas hubiesen
perecido en un mismo momento, y ninguna de ellas hubiese sobrevivido a las otras”.
Así, se establece una presunción simplemente legal, consistente en que se presume que
ambas personas se entienden perecidas en el mismo momento, y por ende ninguna sucede
a la otra.
Esta presunción, siendo simplemente legal, acepta prueba en contrario, por lo que puede
probarse que una falleció antes que la otra por cualquier medio probatorio.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo III – Los Atributos y Derechos de la Personalidad

1. Los Atributos de la Personalidad


Los atributos de la personalidad son las propiedades o características inherentes a toda
persona. Contienen, al mismo tiempo, una serie de prerrogativas y un conjunto de deberes
y obligaciones.
Se trata de un conjunto de derechos extrapatrimoniales, sin un significado económico
directo, y son esenciales para que una persona pueda desarrollarse en la vida del Derecho.
Se refieren tanto a las personas naturales como a las personas jurídicas, y son:
• La Capacidad de Goce;
• La Nacionalidad;
• El Nombre;
• El Estado Civil;
• El Domicilio;
• El Patrimonio.

2. La Capacidad de Goce
Se define la capacidad como la aptitud de la persona para adquirir derechos y contraer
obligaciones, así como para ejercer derechos y ejecutar obligaciones por sí misma y sin
el ministerio de otra persona.
En la misma definición, acuñada por la doctrina, se distingue la capacidad para adquirir
derechos y la capacidad para ejercerlos de manera independiente, que dará lugar a la
clasificación entre capacidad de goce y capacidad de ejercicio.

La capacidad de goce es la aptitud de la persona para adquirir derechos y para contraer


obligaciones.
Son capaces de goce, es decir, tienen la posibilidad de ser titulares de derechos, todas las
personas.
Por ejemplo, un niño recién nacido puede adquirir un derecho de herencia o una
indemnización por seguro de vida, aunque no tenga conciencia de ello, y puede también
resultar obligado si debe pagar impuestos por esas atribuciones patrimoniales.
Lo que no tiene este niño es la capacidad de ejercicio, puesto que ésta supone la aptitud
para ejercer derechos y contraer obligaciones sin el ministerio de otras personas, es decir,
un representante legal.
El Código define esta última en términos obligacionales, diciendo que “la capacidad
legal de una persona consiste en poderse obligar por sí misma, y sin el ministerio o la
autorización de otra” (Art. 1445 Inc. 2° CC).

La regla general en ambos tipos de capacidades es que toda persona es capaz, de manera
que lo relevante desde el punto de vista jurídico es el estudio de las incapacidades, que
constituyen una excepción a esa regla.
Las incapacidades pueden ser generales o especiales, según si se trate de la generalidad
de las relaciones jurídicas o sólo de una parte específica de ellas.
Ahora bien, la incapacidad de goce general de una persona no es concebible, ya que
implicaría la ausencia de personalidad.
Por ejemplo, una asociación sin personalidad jurídica adolece de incapacidad de goce
para la generalidad de los derechos, pero es incapaz porque no es persona, y no viceversa.
Es la personalidad la que determina la capacidad general de goce, y es por lo mismo que
ésta es un atributo de la personalidad.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En cambio, existen personas que pueden adolecer de una incapacidad de goce especial,
relativa a ciertos tipos de derechos.
Así, por ejemplo, ciertos extranjeros no pueden adquirir el dominio de inmuebles
fronterizos, así como también hay personas que son incapaces o indignas para suceder
por causa de muerte.

La incapacidad de ejercicio puede ser también general y especial.


Es general cuando la persona no puede ejercer la generalidad de sus derechos sin el
ministerio de otro, y es especial cuando la ley ha prohibido a ciertas personas la ejecución
de ciertos actos jurídicos.
El Art. 1447 CC dispone que hay incapacidades particulares que consisten en la
prohibición que la ley ha impuesto a ciertas personas para ejecutar ciertos actos.
Por ejemplo, es nulo el contrato de compraventa entre cónyuges no separados
judicialmente, y entre padres e hijos sujetos a patria potestad (Art. 1796 CC).

La incapacidad de ejercicio puede ser absoluta o relativa, y la distinción radica en la


mayor o menor libertad del incapaz para administrar por sí mismo sus asuntos
patrimoniales y en la mayor o menor intervención del representante.

Los incapaces absolutos sólo pueden actuar por medio de su representante legal, y nunca
por sí mismos.
Si actúan por sí mismos, sus actos adolecen de nulidad absoluta, no generan obligaciones
siquiera naturales y no pueden ser caucionados (Art. 1447 Inc. 2° CC).
Los incapaces absolutos, en conformidad con el Art. 1447 Inc. 1° CC, son:
• Los dementes;
• Los impúberes;
• Los sordos o sordomudos que no pueden dar a entenderse claramente.

A diferencia de los incapaces absolutos, los incapaces relativos tienen cierta


independencia, ya que pueden actuar legalmente, ya sea representados o por sí mismos y
con la autorización del representante legal.
Además, en algunas ocasiones, pueden administrar incluso por sí mismos un peculio o
patrimonio separado, y por ello, el Art. 1447 CC dispone que sus actos pueden tener
valor en ciertas circunstancias y bajo ciertos respectos, determinados por las leyes.
Los incapaces relativos, en virtud del Art. 1447 Inc. 3° CC, son:
• Los menores adultos;
• Los disipadores que se hallen en interdicción de administrar lo suyo.
Nótese que los disipadores sólo pasan a ser incapaces una vez declarada su interdicción
mediante resolución judicial.

La protección de la persona incapaz se realiza mediante la imposición de una carga o


función a otra persona para que la sustituya o asista en la administración de sus bienes y
demás relaciones jurídicas.
Es una función, y no un derecho, porque se ejerce en beneficio no del titular, sino de la
persona que está sujeta a ella.
Esta función es denominada representación legal, y el Código Civil dispone que son
representantes legales de una persona el padre o la madre que ejerce la patria potestad, su
tutor o curador (Art. 43 CC).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

3. La Nacionalidad
A) Aspectos Generales
La nacionalidad es el vínculo jurídico que une a una persona con un Estado y que origina
derechos y obligaciones recíprocas.
El Estado tiene diversos deberes para con sus nacionales, como otorgar amparo legal,
garantizar el desarrollo de la personalidad, conferir derechos políticos, etc.
Los nacionales, por su parte, tienen deberes correlativos, como el respeto a la
institucionalidad y legalidad vigentes o el pago de impuestos, por ejemplo.
El Código se remite, en cuanto a lo que la nacionalidad se refiere, a la Constitución
Política de la República, que en su Capítulo II (La Nacionalidad y la Ciudadanía),
regula la obtención y pérdida de la nacionalidad chilena.
Cabe recordar el Art. 57 CC, en virtud del cual la ley no reconoce diferencias entre el
chileno y el extranjero para la adquisición y goce de derechos civiles.

B) Obtención de la Nacionalidad
El Art. 10° CPR contiene las llamadas fuentes de la nacionalidad, que suelen clasificarse
en originarias (N°1-2) y derivadas (N°3-4).
Art. 10° CPR: “Son chilenos:
1º.- Los nacidos en el territorio de Chile, con excepción de los hijos de extranjeros que
se encuentren en Chile en servicio de su Gobierno, y de los hijos de extranjeros
transeúntes, todos los que, sin embargo, podrán optar por la nacionalidad chilena;
2º.- Los hijos de padre o madre chilenos, nacidos en territorio extranjero. Con todo, se
requerirá que alguno de sus ascendientes en línea recta de primer o segundo grado, haya
adquirido la nacionalidad chilena en virtud de lo establecido en los números 1º, 3º o 4º;
3º.- Los extranjeros que obtuvieren carta de nacionalización en conformidad a la ley, y
4º.- Los que obtuvieren especial gracia de nacionalización por ley.
(…)”.
Así, son fuentes de la nacionalidad el ius solis (derecho de suelo), ius sanguinis (derecho
de sangre), la carta de nacionalización y la nacionalización por gracia.

C) Pérdida de la Nacionalidad
La pérdida de la nacionalidad chilena está regulada en el Art. 11 CPR, que contempla
varios supuestos.
Art. 11 CPR: “La nacionalidad chilena se pierde:
1º.- Por renuncia voluntaria manifestada ante autoridad chilena competente. Esta
renuncia sólo producirá efectos si la persona, previamente, se ha nacionalizado en país
extranjero;
2º.- Por decreto supremo, en caso de prestación de servicios durante una guerra exterior
a enemigos de Chile o de sus aliados;
3º.- Por cancelación de la carta de nacionalización, y
4º.- Por ley que revoque la nacionalización concedida por gracia.
(…)”.
En cualquier caso, puede recuperarse la nacionalidad que se perdió por cualquiera de estas
causas en virtud de una ley especial.

4. El Nombre
A) Generalidades
Entendemos por el nombre las palabras que sirven para distinguir legalmente a una
persona de las demás. Es la designación que sirve para individualizar a las personas
gráfica y verbalmente, tanto en la sociedad como en su familia de origen.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El nombre civil comprende el nombre individual y el nombre de familia, que comprende


los dos apellidos de un individuo.
El Art. 31 de la Ley de Registro Civil contempla varias normas acerca del nombre civil
de la persona, que pasamos a analizar a continuación.
Las partidas de nacimiento deben contener el nombre y apellido del nacido, así como los
nombres, apellidos, nacionalidad, profesión u oficio y domicilio de los padres, o los del
padre o madre que le reconozca o haya reconocido.
Se deja constancia de los nombres y apellidos de la madre, aunque no haya
reconocimiento, cuando la declaración del requirente coincide con el comprobante del
médico que asistió al parto en lo concerniente a la identidad del nacido y de la mujer que
le dio a luz.
No puede imponerse al nacido un nombre extravagante, ridículo, impropio de personas,
equívoco respecto del sexo o contrario al buen lenguaje.
Cuando hay adopción, se concede al adoptado el estado civil de hijo de filiación
matrimonial de los adoptantes, por lo que debe tomar el nombre civil de los padres
adoptivos. El cambio de los apellidos se verifica en la nueva inscripción de nacimiento
que corresponde hacer, debiendo cancelarse la antigua.

El nombre civil cuenta con ciertas características, las cuales son:


• Es Incomerciable;
• Intransferible e Intransmisible;
• Inembargable;
• Imprescriptible;
• Irrenunciable;
• Permanente por regla general;
• Indivisible.

B) El Cambio de Nombre
El nombre no tiene un carácter inmutable, pudiendo modificarse por vía principal o
consecuencial.

1) Cambio por Vía Principal o Directa


El cambio por vía principal o directa está constituido por un procedimiento que tiende
única y exclusivamente a obtener la mutación del nombre.
Está reglamentado en la Ley N°17.344, que dispone que cualquier persona puede
solicitar, por una sola vez, que se le autorice para cambiar sus nombres o apellidos, o
ambos a la vez, en los siguientes casos:
• Cuando sean ridículos, risibles o la menoscaben moral o materialmente;
• Cuando el solicitante haya sido conocido durante más de cinco años, por motivos
plausibles, con nombre o apellidos diferentes de los propios;
• En los casos de filiación no matrimonial o en que no se encuentre determinada la
filiación, para agregar un apellido cuando la persona hubiere sido inscrita con uno
solo, o para cambiar uno de los que se hubieran impuesto al nacido cuando fueran
iguales.

Por otra parte, la ley contempla otras situaciones que también habilitan para introducir
cambios en el nombre civil:
• Supresión de nombres propios cuando se cuenta con más de uno, siempre que la
persona haya sido conocida durante más de cinco años sin uno de ellos;

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Traducción o cambio de nombres o apellidos que no sean de origen español;


• Peticiones entabladas por menores de edad que carecen de representante legal, o
cuando éste último está impedido por alguna causa legal o se negare a autorizarlo.
En estos casos, el juez resuelve con audiencia del menor, a petición de cualquier
consanguíneo de éste o del defensor de menores, o bien, de oficio.

2) Cambio por Vía Consecuencial o Indirecta


El cambio por vía consecuencial o indirecta es el que se produce como consecuencia del
cambio de una determinada situación jurídica. Por ejemplo, el hijo de filiación no
matrimonial reconocido sólo por la madre y que después adquiere la filiación matrimonial
por el matrimonio posterior de sus padres, pasando a llevar el apellido paterno y el
materno, en lugar de sólo el último.

5. El Estado Civil
A) Aspectos Generales
Art. 304 CC: “El estado civil es la calidad de un individuo, en cuanto le habilita para
ejercer ciertos derechos o contraer ciertas obligaciones civiles”.
La definición cuenta con ciertas críticas, ya que es muy amplia y no expresa en realidad
lo que es el estado civil, limitándose a consignar que de él derivan consecuencias
jurídicas, sin señalar en qué consiste la calidad de que proceden tales consecuencias.
Por ello, es más acertado definir el estado civil como “la calidad o posición permanente
que un individuo ocupa en la sociedad, en orden a sus relaciones de familia, en cuanto
le confiere o impone determinados derechos, deberes y obligaciones civiles”.
Cabe destacar, no obstante esta definición, que el estado civil no es siempre permanente,
ya que, por ejemplo, el hijo de filiación no matrimonial podría adquirir filiación
matrimonial.

En cuanto a las características del estado civil, podemos mencionar:


• Siendo un atributo de la personalidad, es inherente a toda persona;
• Es indivisible, atendiendo a una misma clase de familia. Esto significa que es
único respecto al hecho de origen, por lo que no se puede ser al mismo tiempo
hijo de filiación matrimonial y no matrimonial, sin perjuicio de que se puede ser
hijo de filiación matrimonial y al mismo tiempo casado, por ejemplo;
• Las leyes sobre el estado civil son de orden público;
• Es un derecho personalísimo;
• Es permanente.

B) Consecuencias del Estado Civil


Sin perjuicio de que esta materia será tratada en profundidad cuando estudiemos el
derecho de familia, podemos introducirla diciendo que tiene, fundamentalmente, dos
grandes consecuencias jurídicas:
• Da Origen a un Conjunto de Derechos, Deberes y Obligaciones
La distinción entre deberes y obligaciones es propia del derecho de familia. Los
deberes tienen un contenido ético o personal, como el deber de guardarse fe que
se deben los cónyuges entre sí. Las obligaciones, por otra parte, tienen un
contenido patrimonial.
De todas formas, unos y otras constituyen imperativos jurídicos, cuyo
incumplimiento acarrea sanciones o consecuencias previstas en la ley.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Da Origen al Parentesco
El parentesco es la relación de familia que existe entre dos personas, y que puede
establecerse por consanguineidad, afinidad o el acuerdo de unión civil.
El parentesco es la vinculación más importante que establece el derecho privado,
y sus efectos son tan amplios que abarcan toda la vida del individuo.

C) Fuentes del Estado Civil


El estado civil puede emanar de la ley, de hechos ajenos a la voluntad de las personas, de
la voluntad de las personas o de sentencias judiciales.
Cuando hablamos de la ley tenemos, por ejemplo, el nacimiento, caso en el cual el hijo
tiene el estado civil de hijo de filiación matrimonial o no matrimonial, según el caso, y
sin que la voluntad de los padres importe para tal determinación, ya que se produce ipso
iure.
En el caso de los hechos ajenos a la voluntad de las personas, está el caso de la muerte,
que puede producir, por ejemplo, el estado civil de viudo o viuda para el cónyuge
sobreviviente.
En relación a los hechos provenientes de la voluntad del hombre, tenemos, por
ejemplo, el matrimonio, la adopción o el reconocimiento de un hijo.
Por último, cuando hablamos de sentencias judiciales, pueden originar estados civiles,
como la sentencia de divorcio, que origina el estado civil de divorciado.

6. El Domicilio
A) Generalidades
El domicilio determina el lugar en que un individuo se considera siempre presente,
aunque no lo esté momentáneamente, para el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento
de sus obligaciones.
El Art. 59 CC lo define como “la residencia, acompañada, real o presuntivamente, del
ánimo de permanecer en ella”.
Con esto en mente, tenemos un elemento objetivo, consistente en la residencia real o
presuntiva en el domicilio, y un elemento subjetivo, que consiste en el ánimo de
permanecer en esta residencia.

La doctrina distingue entre distintos niveles de vinculación jurídica de una persona con
un lugar, los cuales son:
• Habitación o Morada: Es el lugar en que accidentalmente está una persona, en
el cual pernocta o tiene alojamiento. Prácticamente no tiene trascendencia para el
Derecho;
• Residencia: Es el lugar en que habitualmente se encuentra una persona, una sede
estable, aunque no necesariamente perpetua o continua. Tiene importantes efectos
jurídicos, como hacer las veces de domicilio civil respecto de las personas que no
lo tienen en otra residencia (Art. 68 CC);
• Domicilio: Es un concepto jurídico y no de hecho, como los dos anteriores, una
abstracción legal, que considera a una persona presente en un lugar determinado,
cuando hay residencia, acompañada real o presuntivamente del ánimo de
permanecer en ella.

El Código acepta la pluralidad de domicilios en su Art. 67, con la condición de que en


cada uno de ellos concurran todas las circunstancias constitutivas de domicilio.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

B) Presunciones de Domicilio
Como dice la definición del Código Civil, el ánimo de permanecer en una residencia
puede ser real o presuntivo, y esto porque el Código establece diversas presunciones
acerca del ánimo de una persona de permanecer en un lugar, cambiando efectivamente su
domicilio.
Estas presunciones pueden ser tanto positivas como negativas, siendo las primeras
aquellas que en que el legislador presume el ánimo de constituir un nuevo domicilio, y
las segundas aquellas en que el legislador deduce que no hay intención de cambio de
domicilio.
Todas estas presunciones son simplemente legales, por lo que aceptan prueba en
contrario.

Las presunciones positivas de domicilio son las siguientes:


• El lugar donde la persona está de asiento o donde ejerce habitualmente su
profesión u oficio (Art. 62 CC);
• El lugar donde una persona ha abierto un establecimiento durable, para
administrarlo en persona, como una tienda, botica, fábrica, taller, posada y escuela
(Art. 64 CC);
• El lugar donde debe ejercerse un cargo concejil (oficios que corresponden a los
vecinos) o empleo fijo de los que se confieren regularmente por largo tiempo (Art.
64 CC).
El Código abre las posibilidades señalando que el domicilio puede presumirse también
“por otras circunstancias análogas” (Art. 64 CC).

En cuanto a las presunciones negativas de domicilio, el Código Civil dispone, por el


contrario, que no se presume ánimo ni se adquiere domicilio por el solo hecho de habitar
por algún tiempo casa propia o ajena en un lugar, si la persona tiene en otra parte el hogar
doméstico o aparece por otras circunstancias que la residencia es accidental (Art. 63 CC).
Igualmente, establece que el domicilio no se muda por el hecho de residir el individuo
largo tiempo en otra parte, voluntaria o forzadamente, si conserva su familia y el asiento
principal de sus negocios en el domicilio anterior.
Se pone como ejemplo el condenado a una pena que lo obligue a residir en un punto del
territorio o fuera de él, pero que conserva su familia y principal asiento de sus negocios
en su anterior domicilio (Art. 65 CC).

C) Clases de Domicilio
1) Domicilio Civil y Domicilio Político
El Domicilio Civil es aquel relativo a una parte determinada del territorio de la República,
existiendo los elementos de la residencia y el ánimo de permanecer en ella, sea real o
presuntivo.
Los dos elementos, la residencia y el ánimo, son necesarios para constituir el domicilio
civil, y la mera residencia no basta por sí sola, ya que la persona puede conservar el ánimo
de volver a la residencia anterior. Tampoco basta con el ánimo de permanencia si no hay
un cambio de residencia efectivo, aunque sí basta el ánimo para conservar un domicilio,
en el caso en que se abandone una residencia con el ánimo de volver a ella.

El Domicilio Político está definido por el Art. 60 Inc. 1° CC: “El domicilio político es
relativo al territorio del Estado en general. El que lo tiene o adquiere es o se hace
miembro de la sociedad chilena, aunque conserve la calidad de extranjero”.
La palabra “político” se usa en el sentido de “nacional”.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Este domicilio abarca todo el territorio sujeto a la soberanía de un Estado en que una
persona se entiende avecindada. Los chilenos lo tienen por origen y los extranjeros por el
hecho de avecindarse en Chile.
En virtud del Art. 60 Inc. 2° CC, la constitución y efectos del domicilio político
pertenecen al Derecho Internacional, por lo que escapan el alcance de nuestro estudio.

2) Domicilio de Origen y Domicilio Adquirido


El Domicilio de Origen se adquiere por el nacimiento, aun cuando no coincida realmente
con el lugar en que la persona nació, determinándose por el domicilio de sus padres.
El Domicilio Adquirido es aquel que resulta de la elección de la persona, al fijar en un
lugar determinado la sede principal de sus negocios, distinta al domicilio de origen.

3) Domicilio Legal, Domicilio Convencional y Domicilio Real


El Domicilio Legal o de Derecho es aquel que la ley impone de oficio a ciertas personas,
en razón del estado de dependencia en que se encuentran respecto de otras, o por
consideración al cargo que desempeñan. Dentro de esta clase de domicilio cabe el
domicilio de origen.
Sólo existen los domicilios legales manifiestamente establecidos por la ley, y no cabe
extenderlos por analogía a otras situaciones, por lo que su interpretación es restrictiva.
Entre los casos de domicilio legal tenemos el de los menores, los interdictos o los
eclesiásticos, por ejemplo.

El Domicilio Convencional, en virtud del Art. 69 CC, es aquel que se pacta en un


contrato, para efectos judiciales o extrajudiciales, y puede alterar las reglas de
competencia, sometiendo el conocimiento de un juicio a los tribunales de un determinado
lugar, en el cual las partes, de común acuerdo, fijan su domicilio.

El Domicilio Real o de Hecho es aquel que las personas eligen a su arbitrio, siendo real
porque en él se encuentra efectivamente el asiento jurídico de una persona.

4) Domicilio General y Domicilio Especial


El Domicilio General es el que se aplica a la generalidad de los derechos y obligaciones
que entran en la esfera del Derecho Civil, por lo que aplica para todas sus relaciones
jurídicas.
El Domicilio Especial, por otra parte, sólo se refiere al ejercicio de ciertos derechos o
relaciones jurídicas, como el domicilio convencional.

D) Importancia del Domicilio


Podemos encontrar la importancia del domicilio en varias disposiciones legales, como
por ejemplo:
• En las obligaciones de género, si no se estipula un lugar determinado para el
cumplimiento de la obligación, éste debe hacerse en el domicilio del deudor (Art.
1588 CC);
• En materia sucesoria, la sucesión de una persona se abre en el lugar de su último
domicilio, y se rige por la ley del lugar de aquel domicilio (Art. 955 CC);
• Es juez competente para conocer de una demanda civil el del domicilio del
demandado (Art. 134 COT).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

7. El Patrimonio
Planiol define el patrimonio como el “conjunto de derechos y obligaciones de una
persona, apreciables en dinero”.
En términos más contemporáneos, podemos entenderlo como “la aptitud para llegar a
ser el centro de relaciones jurídicas pecuniarias” (Orrego).

Existen dos doctrinas que han intentado explicar las características y naturaleza jurídica
del patrimonio, que pasamos a analizar:
• Doctrina Clásica o Subjetiva
Según esta doctrina, desarrollada por Aubry y Rau, el patrimonio responde a una
noción esencialmente pecuniaria, comprendiendo todos los bienes, derechos y
obligaciones apreciables en dinero que tiene una persona, siendo los primeros dos
parte de su activo, mientras que sus obligaciones conforman el pasivo.
Es importante que sean apreciables en dinero, ya que de otra forma, no forman
parte del patrimonio.
Entienden, además, al patrimonio como una universalidad de derecho, es decir,
un continente distinto de su contenido, lo cual significa que el patrimonio es
distinto a los bienes, derechos y obligaciones que comprende.
Por último, se considera como un atributo de la personalidad, por lo que es
inherente a toda persona, y una persona podría tener un solo patrimonio.

• Doctrina Moderna u Objetiva


Esta doctrina desvincula al patrimonio de la personalidad, considerándolo como
una entidad independiente, y conformada por un conjunto de bienes que presentan
un valor económico y están unidos por una finalidad común.
Conforme a esta doctrina, por otra parte, una persona puede tener varios
patrimonios, como uno familiar, uno profesional y otro comercial, por ejemplo.
Tendría, además, una realidad material o fáctica, por lo que el patrimonio no sería
una abstracción jurídica, sino algo tangible o material.

Ambas teorías tienen sus críticas. La clásica, por un lado, se considera estrecha, ya que
no contempla la existencia de patrimonios separados, independientes del patrimonio
general. La teoría moderna, por otro lado, al desvincular al patrimonio de la personalidad,
es objeto de críticas, puesto que todo patrimonio debe necesariamente tener un titular, ya
que las cosas carecen de voluntad propia.

Desde todo esto, podemos concluir que el patrimonio cuenta con tres características
esenciales:
• Es un atributo de la personalidad, sin perjuicio de la posibilidad de que existan
patrimonios separados o especiales;
• Está comprendido por bienes, derechos y obligaciones apreciables en dinero;
• Es una universalidad de derecho.

8. Los Derechos de la Personalidad


A) Conceptos Generales
Los derechos de la personalidad son aquellas facultades que, por ser inherentes a la
persona, son protegidas por el ordenamiento jurídico como una extensión de la protección
otorgada a la personalidad, y en razón de su inviolable dignidad.
Los tribunales los han ido forjando, principalmente, determinando situaciones que dan
derecho a pedir indemnizaciones de perjuicios por daños causados a la persona.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Sus principales características son las siguientes:


• Originarios: Los derechos de la personalidad se adquieren desde el origen de la
persona, y por el solo hecho de tener esa calidad;
• Universales: Todas las personas tienen estos derechos, y no pueden ser privados
de ellos durante su existencia;
• Son de Eficacia General o Erga Omnes: Los derechos de la personalidad se
ejercen de manera general frente a toda persona, y deben ser respetados por todo
ciudadano;
• Extrapatrimoniales: Son derechos que no integran el patrimonio, por cuanto no
pueden ser apreciados pecuniariamente;
• Personalísimos: Son derechos que están estrictamente unidos a la persona que
es su titular, por lo que no pueden existir sin ella, y de ello se desprenden cuatro
subcaracterísticas, esto es, que son imprescriptibles, intransferibles,
intransmisibles e irrenunciables.

B) Enumeración de los Derechos de la Personalidad


En doctrina se han propuesto diversos catálogos, agrupaciones y clasificaciones de los
derechos de la personalidad, pero para efectos de nuestro estudio, seguimos la
enumeración planteada por Hernán Corral, quien distingue los derechos de la
personalidad de la categoría más amplia y diversificada de derechos fundamentales o
derechos humanos.
A juicio del autor mencionado, los derechos de la personalidad son solo aquellos derechos
humanos o fundamentales que tienen por objeto proteger directamente la dignidad de la
persona en sus bienes más básicos e indispensables.
Los derechos que dicen relación con la organización social, política, laboral o económica
de una sociedad, siendo también fundamentales, no pueden considerarse propiamente
derechos de la personalidad.

Por lo tanto, plantea un catálogo mínimo de derechos de la personalidad, que permita


distinguir estos últimos de la categoría más general de derechos humanos o
fundamentales, ya que una consideración más estricta de los derechos de la personalidad
permite definir y caracterizarlos de mejor manera, así como disponer de instrumentos
adecuados para su tutela.

Siguiendo el catálogo planteado por el profesor Corral, podemos enumerar los siguientes
derechos de la personalidad:
• Derecho a la vida;
• Derecho a la integridad corporal;
• Derecho a la libertad de pensamiento y expresión;
• Derecho al honor;
• Derecho a la vida privada;
• Derecho al nombre, a la imagen y a la identidad;
• Derecho al control de la información personal y al “olvido digital”;
• Derecho moral de autor sobre la propiedad intelectual.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Tutela de los Derechos de la Personalidad


Existen en nuestro ordenamiento jurídico una serie de herramientas que protegen o tutelan
los derechos de la personalidad, y los principales son los siguientes:
• La Acción Constitucional de Protección
Por su procedimiento desformalizado, su tramitación ante los tribunales
superiores y su rapidez, la tutela de los derechos de la personalidad suele hacerse,
en nuestro ordenamiento jurídico, a través de la acción constitucional de
protección prevista en el Art. 20 CPR.
Para ello, hay que acreditar que por causa de actos u omisiones arbitrarios o
ilegales, una persona está sufriendo privación, perturbación o amenaza en el
legítimo ejercicio de ciertos derechos protegidos en ciertos numerales del Art. 19
CPR.
Los principales derechos de la personalidad están amparados por esta norma, por
lo que su afectación permitirá pedir el cese de la privación, perturbación o
amenaza ante la Corte de Apelaciones respectiva ejerciendo la acción de
protección.
Esta acción cautelar y de urgencia no permite, sin embargo, pedir indemnización
de daños y perjuicios por la vulneración del derecho, siendo para ello necesario
acudir a las acciones del Derecho Civil.

• La Responsabilidad Civil
Si la violación a los derechos de la personalidad genera daños, da lugar a una
acción de indemnización de perjuicios fundada en la responsabilidad
extracontractual.
El daño que se invocará será el perjuicio moral derivado de la afectación del
derecho, aunque se ha sostenido que, al menos en ciertos casos, basta la
intromisión o injerencia indebida para que exista daño, aunque no haya
padecimiento o dolor emocional, como por ejemplo, si se vulnera la intimidad o
el honor de una persona que está en estado de inconsciencia.
La responsabilidad civil podría invocarse de manera preventiva, es decir, antes de
que se produzca el daño, conforme con lo dispuesto en el Art. 2333 CC (supuestos
de daño contingente), pero en la práctica, el hecho de tener que recurrir a un juicio
ordinario o sumario hace poco atractiva esta alternativa, y se suele optar por
interponer una acción de protección por amenaza de perturbación en el legítimo
ejercicio del derecho.

• La Nulidad de los Actos Jurídicos


Los actos jurídicos y contratos que transgreden un derecho de la personalidad
adolecen de nulidad absoluta por falta de objeto (objeto incomerciable) o causa
ilícita (contraria a las buenas costumbres).
Se admite que el consentimiento del afectado pueda inhibir su posterior
reclamación, como sucede en el caso del derecho a la imagen o de la intimidad,
pero ello sólo cuando se trate de consentimiento expreso, de persona capaz y sobre
aspectos o imágenes específicas.

• El Hábeas Data de la Ley N°19.628


La Ley Nº19.628 de 1999 sobre protección de datos de carácter personal
estableció varios derechos de las personas sobre la información recogida en
bancos de datos, sean o no automatizados.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En principio, los datos necesitan de la autorización del titular, a menos que sean
de fuentes accesibles al público en general.
Existe el derecho de acceso, derecho de modificación, de cancelación, de bloqueo
y de copia.
Si el responsable del banco de datos no se pronuncia en los dos días hábiles
siguientes o deniega la solicitud del titular de los datos, este puede ejercer la
acción de amparo (habeas data) ante el juez civil del domicilio del demandado.
La sentencia puede ordenar que se acceda a la petición del titular, imponer una
multa y dar lugar a una indemnización de los perjuicios (Arts. 16 y 23 de la Ley
Nº19.628).

D) Límites y Colisión Entre Derechos de la Personalidad


Los derechos de la personalidad tienen límites internos y externos.
Los límites internos son los que determinan el alcance del respectivo derecho, es decir,
las zonas de protección que alcanzan según los bienes de la personalidad que intentan
tutelar.
Así, el derecho a la vida privada se refiere a las intromisiones a los ámbitos de reserva de
la persona, pero no a los hechos que son públicos y sobre los que no hay ninguna
expectativa razonable de intimidad.

Los límites externos son limitaciones impuestas para que el ejercicio del derecho pueda
conciliarse con una buena organización de la vida en comunidad.
De este modo, la libertad de cultos está limitada por la moral, las buenas costumbres y el
orden público (Art. 19 N°6 CPR).

Una de las limitaciones externas puede provenir del ejercicio de otro derecho que le
corresponde a otra persona.
Por ejemplo, el derecho a que se respete la honra que tiene una persona podría estar
limitado si otra entiende que opinar o informar un hecho que afecta su reputación es parte
del ejercicio de su propio derecho a la libre expresión.
Se producen, así, casos en los que, al menos provisionalmente y hasta que una decisión
judicial se pronuncie sobre el conflicto, existe una colisión de derechos de la personalidad.

Diversos métodos se han propuesto para solucionar estas colisiones de Derechos, como
la ponderación de los intereses protegidos por cada derecho según las circunstancias de
cada caso, la primacía de algunos derechos por sobre otros por su mayor vinculación con
la realización de la persona, o la proporción entre la lesión de un derecho en relación con
la lesión del otro.
En todo caso, debe considerarse que métodos como la ponderación y la proporcionalidad
no pueden autorizar que se termine por vulnerar bienes humanos básicos.
El Art. 19 Nº26 CPR, aunque hablando de las limitaciones que puede imponer el
legislador, reconoce que existe un núcleo esencial en los derechos fundamentales que no
puede ser afectado.
Así, el derecho a la salud de una persona no puede autorizar a que se dé muerte a otra
para extraer un órgano que necesite la primera.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo IV – Las Personas Jurídicas

1. Generalidades
A) Origen y Evolución Histórica
Junto a la existencia de las personas naturales, el Derecho ha debido reconocer la
existencia de otros entes, denominados Personas Jurídicas, que se entienden como
ficticias, al no tener un sustrato en forma de persona.
La formación de las personas jurídicas se entiende naturalmente, puesto que la asociación
de las personas naturales es primordial para la consecución del bien común, y así, puede
ocurrir que un conjunto de personas forme un todo orgánico, que demuestre una
individualidad propia y distinta a la de cada uno de sus integrantes, formando un nuevo
ente capaz de ejercer derechos y contraer obligaciones, que denominamos Persona
Jurídica.

Su origen se remonta incluso a la Ley de las XII Tablas, que contenía ciertas normas
mínimas acerca de las corporaciones. Sin embargo, fue en el Derecho Feudal donde
alcanzaron mayor recepción, en gran parte debido al desarrollo de los gremios y las
corporaciones, siendo imposible ejercer un oficio sino en el marco de una corporación
rígidamente jerarquizada.
Con la Revolución Francesa, se rompe el corporativismo medieval, y con ello, se llega a
la abolición de los gremios y corporaciones, al proclamarse la libertad del trabajo, sin
existir la obligación de pertenecer a un gremio para ejercer una profesión.
No obstante, los gremios y corporaciones se fueron rehabilitando en la consideración
política y jurídica de forma progresiva, aceptándose la existencia de fundaciones y
corporaciones como una manifestación del derecho de asociación, aunque requiriendo la
autorización del Estado para su constitución, previa acreditación de su utilidad pública.
Las Sociedades, personas jurídicas con fines de lucro, tuvieron un importante auge entre
fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, lo cual explica su fuerte reglamentación en
nuestro Código Civil, que además fue uno de los primeros en tratar con mayor extensión
a las personas jurídicas sin fines de lucro.

B) Concepto y Elementos Esenciales


Savigny hablaba de las personas jurídicas como seres ficticios capaces de poseer bienes
y tener un patrimonio, concibiendo así a las personas jurídicas como una ficción teórica.
El Código Civil sigue esta teoría acerca de la naturaleza jurídica de estos entes, y como
tal, nos da una definición en su Art. 545 Inc. 1°: “Se llama persona jurídica una persona
ficticia, capaz de ejercer derechos y contraer obligaciones civiles, y de ser representada
judicial y extrajudicialmente”.

Orrego define a las personas jurídicas como “Entes colectivos integrados por personas
y bienes adscritos a una personalidad común y a los que se les reconoce una personalidad
jurídica distinta de las personas naturales que las integran”.
De esta definición, el mismo autor distingue dos elementos esenciales a toda persona
jurídica, que son:
• Elemento Material: Un conjunto de personas o bienes con una finalidad común;
• Elemento Ideal: Reconocimiento explícito por parte de la autoridad de su
individualidad, de su capacidad de actuar en el mundo jurídico.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Naturaleza Jurídica
La naturaleza jurídica de las personas jurídicas es un tema sumamente discutido en la
doctrina, existiendo incluso teorías que niegan su existencia.

1) Teorías que Aceptan la Existencia de las Personas Jurídicas


En primer lugar, tenemos la Teoría de la Ficción, que postula que las personas jurídicas
son entes ficticios, siendo las personas naturales las únicas que existen realmente. Parte
del supuesto de que el derecho subjetivo es un poder atribuido a una voluntad, y que en
tal sentido, sólo una persona puede naturalmente ser sujeto de derechos.
El principal sostenedor de esta teoría es Savigny, quien a lo anterior agregaba que el
derecho positivo puede modificar la regla natural y considerar la capacidad jurídica en
relación con otros seres ficticios a los cuales llama personas jurídicas.
Esta teoría es la que sigue nuestro Código Civil, según se desprende de la definición del
Art. 545 CC y de la historia fidedigna de la ley, ya que existe una nota al proyecto de
1853 que alude a Savigny en este punto.
Cabe destacar, sin embargo, que nuestro ordenamiento jurídico no es tan concordante en
seguir esta teoría. Por ejemplo, se considera que las personas jurídicas poseen voluntad
propia, lo cual rechaza Savigny.

En segundo lugar, tenemos la Teoría de la Realidad, que plantea que las personas
jurídicas no son entes ficticios, sino poderosas individualidades sociales, siendo una
realidad objetiva. Se vincula con la concepción orgánica de la sociedad, que reconoce la
existencia de grupos intermedios entre el Estado y el individuo.

2) Teorías que Niegan la Personalidad Jurídica


Tenemos en primer lugar la Teoría del Patrimonio Colectivo, sustentada por Planiol,
quien afirma que no puede haber sobre la tierra otros titulares de derechos que los
hombres. Para él, bajo el nombre de personas jurídicas hay que entender la existencia de
bienes colectivos, en el estado de formas o masas distintas, poseídas por grupos de
hombres más o menos numerosos, y substraídas al régimen de la propiedad individual.
Así, estas pretendidas personas no existirían ni aun ficticiamente.

Por otra parte, tenemos la Teoría del Patrimonio de Afectación, planteada por Brinz y
Bekker, según quienes los derechos y obligaciones no tienen necesariamente por base a
las personas, por lo que existirían patrimonios sin dueño, basados en la afectación a un
fin único de todos los bienes que forman parte de ellos.

D) Clasificación de las Personas Jurídicas


La primera distinción que debemos hacer está entre las Personas Jurídicas de Derecho
Público y las Personas Jurídicas de Derecho Privado. Entre las primeras están el
Estado, el Fisco, las Municipalidades y las Iglesias, por ejemplo.
Las Personas Jurídicas de Derecho Privado, a la vez, se dividen en Personas Jurídicas
Sin Fines de Lucro y Personas Jurídicas Con Fines de Lucro. Aquellas sin fines de
lucro pueden ser Corporaciones o Fundaciones, mientras que aquellas con fines de lucro
se denominan Sociedades.

75
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En cuanto a la distinción entre personas jurídicas de derecho público y privado, nuestra


jurisprudencia ha adoptado distintos criterios, teniendo en cuenta en el escaso interés de
la doctrina en el tema. Estos criterios son:
• Iniciativa para la Creación del Ente: Las personas jurídicas de derecho público
obtienen su existencia en virtud de resoluciones de la autoridad, mientras que las
de derecho privado emanan directamente de la iniciativa de los particulares;
• Potestad Pública: Las personas jurídicas de derecho público está dotadas de
potestades públicas, gozando de imperio en virtud del cual pueden dictar normas
de carácter obligatorio, potestad con la cual no cuentan las personas jurídicas de
derecho privado;
• Naturaleza del Fin: Las personas jurídicas de derecho público tienen por objeto
el servicio de fines públicos, mientras que las de derecho privado cumplen con los
objetivos señalados por los asociados o fundadores, o bien, persiguen la obtención
de lucro;
• Fuente de Recursos: En el caso de las personas jurídicas de derecho público, los
recursos provienen, por lo general, de todos los habitantes de la nación, mientras
que en las de derecho privado, los recursos provienen de aportes, donaciones,
cuotas sociales, etc.

2. Personas Jurídicas de Derecho Público


Art. 547 Inc. 2° CC: “Tampoco se extienden las disposiciones de este título a las
corporaciones o fundaciones de derecho público, como la nación, el fisco, las
municipalidades, las iglesias, las comunidades religiosas, y los establecimientos que se
costean con fondos del erario: estas corporaciones y fundaciones se rigen por leyes y
reglamentos especiales”.
Las normas del Código Civil acerca de las personas jurídicas no son aplicables para
aquellas que son de derecho público, las cuales se rigen por la Constitución, leyes
administrativas y reglamentos de servicios públicos.
Sin embargo, sí son aplicables algunas normas del Código a estas personas jurídicas,
como respecto de la prescripción o de las relaciones contractuales que lleva el Fisco con
los particulares.
El Art. 547 CC recién citado menciona ilustrativamente algunos ejemplos de personas
jurídicas de derecho público, enumeración que no es taxativa, puesto que es el derecho
público el que determina qué personas jurídicas son de derecho público.
Teniendo esto en mente, la regulación profunda de las personas jurídicas de derecho
público no pertenece al Derecho Civil, y escapa por tanto a nuestro estudio.

3. Personas Jurídicas de Derecho Privado Sin Fines de Lucro


A) Aspectos Generales
Tradicionalmente, estas personas jurídicas se dividen en corporaciones y fundaciones de
beneficencia pública, distinción propuesta por Heise, adoptada por Savigny y luego por
nuestro Código Civil, que denomina también a las corporaciones como asociaciones.
Art. 545 Inc. 2°-3° CC: “Las personas jurídicas son de dos especies: corporaciones y
fundaciones de beneficencia pública. Las corporaciones de derecho privado se llaman
también asociaciones.
Una asociación se forma por una reunión de personas en torno a objetivos de interés
común a los asociados. Una fundación, mediante la afectación de bienes a un fin
determinado de interés general”.
Entendemos por Corporación o Asociación la unión estable de un conjunto de personas
que pretenden fines ideales y no lucrativos.

76
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Por otra parte, entendemos a las Fundaciones como una masa o conjunto de bienes
destinados por la voluntad del fundador o fundadores a un fin determinado de interés
general.

La diferencia fundamental entre las corporaciones y las fundaciones está en que las
primeras tienen como elemento básico un conjunto de personas, mientras que las
segundas tienen como elemento básico de existencia un conjunto de bienes destinados a
la obtención de un fin.
Por otra parte, los sujetos beneficiados suelen ser distintos en cada una, ya que las
corporaciones persiguen un interés común a sus asociados, que puede incluso
beneficiarlos, mientras que la fundación tiene destinatarios, que son beneficiarios
señalados por el fundador y que son ajenos, por lo general, a los integrantes de la
fundación. Por ello, mientras que la corporación persigue un interés común de sus
asociados, la fundación persigue un interés general.

B) Constitución de las Corporaciones y Fundaciones


1) Formalidades del Acto Constitutivo
El acto constitutivo es solemne, debiendo constar por escritura pública o en escritura
privada suscrita ante notario, oficial del Registro Civil o funcionario municipal autorizado
por el alcalde (Art. 548 Inc. 1° CC).
En el acto constitutivo, es necesario individualizar a quienes comparecen, expresar la
voluntad de constituir una persona jurídica, reproducir y aprobar los estatutos y designar
las autoridades inicialmente encargadas de dirigir la persona jurídica (Art. 548-1 CC).

2) Contenido de los Estatutos


El Art. 548-2 CC establece los contenidos mínimos de los estatutos constitutivos de las
corporaciones y fundaciones en general, los cuales son:
• Nombre y domicilio de la persona jurídica;
• Duración, si es que no se constituye por tiempo indefinido;
• Indicación de los fines a que está destinada;
• Bienes que forman su patrimonio inicial, si los hubiere, y la forma en que se
aportan;
• Disposiciones que establezcan sus órganos de administración, cómo se integran y
las atribuciones que les correspondan;
• Disposiciones relativas a la reforma de los estatutos y a la extinción de la persona
jurídica, indicándose en este último caso la institución a la cual pasarían sus
bienes.
Cabe destacar que, en virtud del Art. 548-3 CC, el nombre debe hacer referencia a la
naturaleza, objeto o finalidad de la persona jurídica. Por otra parte, es de suma
importancia la determinación del domicilio, ya que dependiendo de él, se sabrá la
municipalidad ante la cual debe practicarse el depósito de los estatutos.

De manera más específica, los estatutos de las corporaciones y asociaciones deben


contener, en virtud del Art. 548-2 CC, la determinación de los derechos y obligaciones
de los asociados, las condiciones de incorporación, la forma y motivos de exclusión y los
aportes ordinarios o extraordinarios que deban efectuar los asociados.
A su vez, el mismo artículo establece algunos contenidos específicos para los estatutos
constitutivos de las fundaciones, que son los bienes o derechos que aporte el fundador a
su patrimonio, las reglas básicas para la aplicación de los recursos al cumplimiento de los
fines fundacionales y las reglas básicas para determinar a los beneficiarios.

77
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

3) Depósito del Acto Constitutivo


En virtud del Art. 548 Inc. 2° CC, una copia del acto constitutivo, autorizada por el
ministro de fe o funcionario ante el cual fue otorgado, debe depositarse en la secretaría
municipal del domicilio de la persona jurídica en formación.
El plazo para efectuar el depósito es de treinta días, contados desde el otorgamiento del
acto constitutivo, salvo para el caso de las fundaciones que se constituyen conforme a una
disposición testamentaria.
El secretario municipal debe estudiar los antecedentes y verificar el cumplimiento de los
requisitos señalados por la ley o el reglamento.
Si no se han cumplido estos requisitos, el secretario municipal debe realizar una objeción
al acto constitutivo, que debe ser fundada y realizarse dentro de los treinta días siguientes
a la fecha del depósito. La objeción se notifica al solicitante por carta certificada, quien
debe subsanar los defectos en un plazo de treinta días desde la notificación.

Si transcurridos treinta días desde el depósito del acto constitutivo sin que el secretario
municipal lo objete, se entiende por el sólo ministerio de la ley que se aprueba el acto
constitutivo. Lo mismo ocurre si, tras subsanados los vicios, transcurren treinta días sin
que haya una nueva objeción.
En cualquiera de los dos casos, el secretario municipal debe, de oficio y dentro del quinto
día, archivar copia de los antecedentes de la persona jurídica y remitirlos al Registro Civil.

4) Inscripción del Acto Constitutivo


Recibidos los antecedentes por el Registro Civil, éste procede a realizar la inscripción en
el Registro Nacional de Personas Jurídicas sin Fines de Lucro. El Registro Civil no puede
objetar el acto constitutivo, debiendo limitarse a hacer la inscripción.
A partir de la inscripción, la corporación o fundación pasa a gozar de personalidad
jurídica.

C) Modificación de los Estatutos


La materia está tratada por el Art. 558 CC, que distingue según sean corporaciones o
fundaciones:
• Respecto de las Corporaciones
La modificación de los estatutos debe hacerse por acuerdo de una Asamblea
especialmente citada al efecto. El quórum es el que indiquen los estatutos, pero en
ciertos casos, la modificación debe ser aprobada por al menos dos tercios de los
asociados asistentes. Estos casos son los acuerdos de disolución de la corporación
y de fusión con otra corporación.

• Respecto de las Fundaciones


En las fundaciones, para modificar los estatutos, debe haber un acuerdo del
directorio de la fundación en tal sentido, previo informe favorable del Ministerio
de Justicia, y siempre que la modificación resulte conveniente al interés
fundacional y en la medida en que el fundador no hubiere prohibido la
modificación de los estatutos.

Por otra parte, y en virtud del Art. 558 Inc. 4° CC, la modificación de los estatutos debe
cumplir con las formalidades establecidas en el Art. 548 CC, lo cual significa que,
además de los requisitos propios recién mencionados, se debe cumplir con las mismas
formalidades del acto constitutivo.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

D) Voluntad y Administración de una Corporación


1) Las Asambleas
La voluntad de la corporación se expresa en la asamblea respectiva. En virtud del Art.
550 CC, la mayoría de los miembros de una corporación, que tengan según sus estatutos
voto deliberativo, es considerada como una asamblea de la corporación entera.
Esta asamblea se reúne ordinariamente una vez al año, y extraordinariamente cuando lo
exijan las necesidades de la asociación.
Se entiende que la voluntad de la mayoría de la asamblea es la voluntad de la corporación,
lo cual se entiende sin perjuicio de las modificaciones que los estatutos de la corporación
prescriban.
Entre otras cosas, a la asamblea le corresponde fijar el monto de los aportes de sus
asociados, elegir al directorio, aprobar la modificación de los estatutos o acordar la
disolución de la corporación.

En cuanto a las fundaciones, se entiende que su voluntad es la de su fundador o


fundadores, y no hay, por tanto, asambleas.

2) Los Directorios
La dirección y administración de una corporación recae en un directorio de al menos
tres miembros, cuyo mandato puede extenderse hasta por cinco años. Los estatutos
pueden establecer un número de directores mayor a tres, pero siempre impar, y pueden
establecer una duración menor a cinco años, pero nunca mayor.
La forma en que se eligen los directores depende de los estatutos, sin perjuicio de que es
la asamblea quien los elige.
El presidente del directorio lo es también de la corporación, y la representa judicial y
extrajudicialmente, teniendo las demás atribuciones que los estatutos señalen.
Los directores ejercen su cargo gratuitamente, pero teniendo derecho a ser reembolsados
por gastos efectuados en el ejercicio de su función y autorizados por el directorio. Con
todo, el directorio puede fijar una retribución adecuada a los directores que presten a la
corporación servicios distintos a su función como directores, salvo que los estatutos lo
prohíban.
En el ejercicio de sus funciones, los directores responden solidariamente hasta de la culpa
leve por los perjuicios que causaren a la corporación.
Por último, los actos del representante de la corporación obligan a ésta, siempre y cuando
se hayan realizado en el marco de las facultades que los estatutos le confieran. Todos los
demás actos son inoponibles a la corporación, y obligan exclusivamente al representante.

Respecto de las fundaciones, la ley sólo regula lo concerniente a las corporaciones en


esta materia, pero en virtud del Art. 563 CC, estas normas son plenamente aplicables a
las fundaciones, por lo que las reglas relativas a la dirección y administración son las
mismas que para las corporaciones.

E) Patrimonio de las Corporaciones y Fundaciones


El activo de una corporación está conformado por:
• Bienes muebles e inmuebles adquiridos gratuita u onerosamente, entre vivos o por
causa de muerte;
• Aportes ordinarios o extraordinarios de los asociados;
• Frutos naturales y civiles producidos por los bienes y aportes mencionados.

79
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En cuanto a las fundaciones, su activo está compuesto por:


• Los bienes destinados por el fundador a la fundación;
• Bienes muebles e inmuebles, adquiridos a título gratuito u oneroso, por acto entre
vivos o por causa de muerte;
• Frutos naturales y civiles que produzcan los bienes mencionados.

Luego, respecto del pasivo, para ambos es el mismo, es decir, está conformado por las
obligaciones contraídas por sus representantes, siempre y cuando hayan actuado dentro
de la esfera de sus atribuciones.
Es importante destacar el Art. 556 Inc. 3° CC, en virtud del cual las rentas, utilidades,
beneficios o excedentes de la asociación no pueden distribuirse entre los asociados ni aun
en caso de disolución.
Ahora bien, conforme al Art. 557-2 CC, las asociaciones y fundaciones pueden realizar
actividades económicas que se relacionen con su fines e invertir sus recursos, pero las
rentas percibidas sólo pueden destinarse a los fines de la asociación o fundación o a
incrementar su patrimonio.
En esta misma línea, el Art. 549 CC dispone que lo que pertenece a una corporación, no
pertenece ni en todo ni en parte a ninguno de los individuos que la componen.
Por último, cabe señalar la restricción contemplada en el Art. 770 CC, en cuanto a que
el usufructo a favor de una corporación o fundación cualquiera no puede exceder de
treinta años.

F) Disolución de las Corporaciones y Fundaciones


Conforme al Art. 559 CC, las asociaciones se disuelven por:
• Vencimiento del plazo de su duración, si hubiera uno;
• Acuerdo de la asamblea general extraordinaria;
• Otras causas previstas en los estatutos o las leyes;
• Sentencia judicial ejecutoriada en caso de estar prohibida por la Constitución o la
ley, haber infringido gravemente los estatutos, haberse realizado íntegramente su
fin o hacerse imposible la realización del fin de la asociación.
La sentencia debe dictarse en un juicio incoado a requerimiento del Consejo de
Defensa del Estado, y una copia autorizada de la misma debe remitirse al Registro
Civil para efectos de inscribir la disolución en el Registro Nacional de Personas
Jurídicas sin Fines de Lucro.

En el caso de las fundaciones, pueden disolverse por las mismas causas que las
corporaciones, salvo la causal de acuerdo de la asamblea, ya que no hay asambleas en las
fundaciones. Además, pueden disolverse por la destrucción de los bienes destinados a su
manutención.

Una vez disuelta la corporación o fundación, surge el tema de qué ocurre con los bienes
que formaban parte de ella.
En virtud del Art. 561 CC, se dispone de las propiedades de la corporación o fundación
en la forma prevista en los estatutos, y si en ellos no se hubiere previsto, dichas
propiedades pasan a pertenecer al Estado, con la obligación de emplearlas con los mismos
fines que la institución.
Ahora bien, el Art. 548-2 CC dispone que una de las menciones esenciales de los
estatutos es indicar una institución sin fines de lucro a la cual pasen los bienes de la
entidad en caso de disolución, por lo que la hipótesis de que pasen al Estado los bienes es
prácticamente imposible.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

4. Personas Jurídicas de Derecho Privado Con Fines de Lucro


Precisamente, en este caso, hablamos de Sociedades, las cuales estudiaremos en
profundidad a propósito del Contrato de Sociedad.
Sin perjuicio de ello, podemos adelantar que, conforme al Art. 2053 Inc. 1° CC, la
sociedad es un contrato en que dos o más personas estipulan poner algo en común con la
mira de repartir entre sí los beneficios que de ello provengan.
La sociedad es una persona jurídica distinta de los socios individualmente considerados,
teniendo patrimonio, voluntad y nombre o razón social propios.
La principal diferencia con las fundaciones y corporaciones está en la finalidad lucrativa
de la sociedad, puesto que los socios participan en las utilidades de la sociedad, y a su
vez, contribuyen en las pérdidas.

5. La Doctrina del Levantamiento del Velo


Sin perjuicio de la gran utilidad que ha prestado la personalidad jurídica al derecho
occidental y a la economía moderna, también ha dado paso a situaciones de abuso de la
personalidad jurídica. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se utiliza una sociedad como un
medio para burlar la ley o para defraudar los derechos de terceros.
Estamos en presencia de actos formalmente lícitos, pero que se hacen en fraude o
perjuicio de terceros, utilizando la forma societaria o corporativa como una herramienta
para ello.
Ante este evidente problema, diversos ordenamientos de derecho comparado han ido
desarrollando un procedimiento judicial comúnmente llamado levantamiento del velo,
en virtud del cual se permite excepcionalmente al juez prescindir en un caso concreto de
la personalidad jurídica y patrimonio separado de una sociedad, en términos tales que los
derechos u obligaciones se atribuyan directamente a quien ha cometido o permitido tal
abuso de la personalidad jurídica.

En Chile, la técnica judicial del levantamiento del velo tiene una aplicación excepcional
y muy restringida, siendo la tendencia mayoritaria intentar otras alternativas que ofrece
el Derecho, como la acción pauliana, por ejemplo.
Si su aplicación no fuera excepcional, ello podría menoscabar la protección que se debe
a las sociedades, a su personalidad jurídica y a su patrimonio separado, esenciales para el
ordenamiento social, tanto jurídica como económicamente.

En virtud del derecho comparado y los fallos de los tribunales chilenos en la materia, se
puede sostener que el abuso de la personalidad jurídica y la consiguiente aplicación del
levantamiento del velo requieren la presencia de dos supuestos copulativos:
• Identidad Personal o Patrimonial
Es necesario que exista una unidad de hecho entre dos personas o patrimonios
que, si bien desde el punto de vista de las formalidades legales exteriores podrían
considerarse distintos, en la práctica carecen de autonomía económica y funcional.

• Conducta Abusiva o Fraudulenta


Debe existir una instrumentalización de la estructura jurídica de una sociedad para
perpetrar un fraude a la ley o a los derechos de un tercero, de lo cual deriva la
ilicitud de la conducta.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Parte 3 – El Acto Jurídico

Contenidos
I. Teoría General del Acto Jurídico
II. La Voluntad Jurídica
III. El Objeto
IV. La Causa
V. Las Solemnidades y Formalidades
VI. Efectos de los Actos Jurídicos
VII. Ineficacia de los Actos Jurídicos

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo I – Teoría General del Acto Jurídico


1. Generalidades
A) Introducción
B) Los Hechos Jurídicos
C) Actos y Negocios Jurídicos
2. Noción de Acto Jurídico
3. Elementos del Acto Jurídico
A) Elementos de la Esencia
B) Elementos de la Naturaleza
C) Elementos Accidentales
4. Clasificación de los Actos Jurídicos
A) Actos Jurídicos Unilaterales y Bilaterales
B) Actos Jurídicos Entre Vivos o por Causa de Muerte
C) Actos Jurídicos a Título Gratuito u Oneroso
D) Actos Jurídicos Puros y Simples o Sujetos a Modalidad
E) Actos Jurídicos de Familia y Patrimoniales
F) Actos Jurídicos Principales y Accesorios
G) Actos Jurídicos Solemnes y No Solemnes
H) Actos Jurídicos Nominados e Innominados
5. Requisitos del Acto Jurídico

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo II – La Voluntad Jurídica


1. Aspectos Generales
2. Manifestación de la Voluntad
A) Voluntad Expresa y Tácita
B) El Silencio Como Manifestación de Voluntad
3. Formación del Consentimiento
A) La Oferta
B) La Aceptación
C) Formación del Consentimiento
1) Momento en que se Forma el Consentimiento
2) Lugar en que se Forma el Consentimiento
3) Formación del Consentimiento en los Actos de Consumo y Electrónicos
4. Los Vicios de la Voluntad
5. El Error
A) Aspectos Generales
B) El Error de Hecho y el Error de Derecho
C) Error Esencial
D) Error Sustancial
E) Error Sobre las Calidades Accidentales
F) Error en la Persona
G) El Error Común
6. La Fuerza
A) Concepto y Clases
B) Requisitos
C) Sanción
7. El Dolo
A) Generalidades
B) El Dolo en el Código Civil
8. La Lesión
A) Concepto y Naturaleza
B) La Lesión en el Código Civil
C) Efectos de la Lesión
9. La Simulación
A) Generalidades
B) Acción de Simulación

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo III – El Objeto


1. Introducción
2. Requisitos del Objeto
A) Requisitos que Debe Reunir el Objeto si es una Cosa
B) Requisitos que Debe Reunir el Objeto si es un Hecho
3. El Objeto Lícito
A) Contratos Prohibidos por las Leyes
B) Actos que Contravienen el Derecho Público
C) Pactos Sobre Sucesión Futura
D) Condonación del Dolo Futuro
E) Juegos de Azar
F) Venta de Publicaciones Prohibidas, Obscenas o Abusivas
G) Enajenaciones con Objeto Ilícito
1) Generalidades
2) Casos de Enajenaciones Con Objeto Ilícito
3) El Problema de la Compraventa
4. Sanción a la Falta de Objeto y al Objeto Ilícito

Capítulo IV – La Causa
1. Generalidades
2. Doctrinas Sobre la Causa
A) Doctrina Clásica de la Causa
B) Doctrina del Motivo Determinante
C) Doctrina Anticausalista
3. La Teoría de la Causa en el Código Civil Chileno
4. Causa Real y Lícita
5. Sanción por la Falta y la Ilicitud de la Causa
5. El Acto en Fraude a la Ley

Capítulo V – Las Solemnidades y Formalidades


1. Introducción
2. Las Solemnidades
A) Conceptos Generales
B) Sanción por la Omisión de Solemnidades
3. Las Formalidades
A) Formalidades Habilitantes
B) Formalidades Probatorias
C) Formalidades de Publicidad
4. Las Formas en el Acto Jurídico Electrónico

Capítulo VI – Efectos de los Actos Jurídicos


1. Introducción
2. Los Terceros
A) Terceros Absolutos
B) Terceros Relativos
3. Excepciones al Principio del Efecto Relativo de los Actos Jurídicos
A) Actos Jurídicos Unilaterales
B) Actos Jurídicos Bilaterales

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4. Las Modalidades del Acto Jurídico


5. La Condición
A) Aspectos Generales
B) Clasificación de las Condiciones
1) Condiciones Positivas y Negativas
2) Condiciones Posibles e Imposibles
3) Condiciones Potestativas, Casuales y Mixtas
4) Condiciones Suspensivas y Resolutorias
6. Condición Suspensiva
A) Condición Suspensiva Pendiente
B) Condición Suspensiva Cumplida
C) Condición Suspensiva Fallida
D) Límites Temporales de la Condición Suspensiva
7. Condición Resolutoria
A) Clases de Condición Resolutoria
1) Condición Resolutoria Ordinaria
2) Condición Resolutoria Tácita
3) El Pacto Comisorio
B) Efectos de la Condición Resolutoria
1) Condición Resolutoria Pendiente
2) Condición Resolutoria Cumplida
3) Condición Resolutoria Fallida
8. El Plazo
A) Aspectos Generales
B) Clasificaciones del Plazo
1) Plazo Expreso y Tácito
2) Plazo Legal, Judicial y Convencional
3) Plazos Determinados e Indeterminados
4) Plazos Suspensivos y Extintivos
C) Efectos del Plazo
1) Plazo Suspensivo
2) Plazo Extintivo
D) Causales de Extinción del Plazo
1) Cumplimiento o Vencimiento
2) Renuncia
3) Caducidad
9. El Modo
10. La Representación
A) Aspectos Generales
B) Naturaleza Jurídica de la Representación
C) Clases de Representación
1) Representación Legal
2) Representación Voluntaria
D) Requisitos de la Representación
E) Efectos de la Representación
F) Sanción de los Actos Realizados Sin Poder Suficiente
G) Extinción de la Representación

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo VII – Ineficacia de los Actos Jurídicos


1. Introducción
A) Aspectos Generales
B) Ineficacias Originarias
C) Ineficacias Sobrevinientes
1) Ineficacias Sobrevinientes Voluntarias
2) Ineficacias Sobrevinientes por Causa Legal
2. La Inoponibilidad Como Forma de Ineficacia Relativa
A) Aspectos Generales
B) Inoponibilidades de Forma
C) Inoponibilidades de Fondo
3. La Ineficacia por Inexistencia
A) Controversia Doctrinaria
1) Posición de Luis Claro Solar
2) Posición de Arturo Alessandri Rodríguez
B) Acto Inexistente y Acto Nulo
4. La Ineficacia por Nulidad en General
5. La Nulidad Absoluta
A) Aspectos Generales
B) Declaración de Nulidad Absoluta
1) Declaración de Nulidad Absoluta a Petición de una Persona con Interés
2) Declaración de Nulidad Absoluta a Petición del Ministerio Público
3) Declaración de Nulidad Absoluta de Oficio por el Juez
C) Saneamiento de la Nulidad Absoluta
6. La Nulidad Relativa
A) Aspectos Generales
B) Legitimación para Solicitar la Declaración de Nulidad Relativa
C) Saneamiento de la Nulidad Relativa por el Transcurso del Tiempo
D) Saneamiento por la Ratificación o Confirmación del Acto Rescindible
1) Conceptos Generales
2) Clasificación de la Confirmación
3) Características de la Confirmación
4) Requisitos de la Confirmación
E) Diferencias entre la Nulidad Relativa y la Nulidad Absoluta
7. Efectos de la Nulidad
A) Aspectos Generales
B) Efectos de la Nulidad entre las Partes
C) Efectos de la Nulidad Respecto de Terceros
1) Nulidad Pedida Por Una de las Partes
2) Nulidad Pedida Por un Tercero
8. Acciones a que da Origen la Nulidad
A) Acción de Nulidad
B) Acción Reivindicatoria
9. La Conversión del Acto Nulo

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo I – Teoría General del Acto Jurídico

1. Generalidades
A) Introducción
La teoría del acto jurídico nace como resultado del esfuerzo de encontrar un elemento
común vinculante a las distintas instituciones del derecho privado, para así lograr una
sistematización y abstracción que facilite su estudio y comprensión.
Por ejemplo, si comparáramos un testamento con el pago de una obligación, o un
matrimonio con una compraventa, podríamos decir, en principio, que no se relacionan en
absoluto. Sin embargo, si partimos de un elemento común como es la voluntad del
hombre, podemos encontrar otros elementos en común, como un propósito determinado
por el cual se realizan tales actos, o el hecho de que todos producen efectos jurídicos, por
distintos que sean.
Estos actos voluntarios que realiza el hombre con un propósito determinado y
característico, y que producen efectos jurídicos, se denominan actos jurídicos. Sobre esta
base, los juristas han intentado establecer las reglas o principios generales aplicables a
todos los actos jurídicos, surgiendo así la Teoría del Acto Jurídico.
Lógicamente, no es una teoría perfecta, pues si bien en abstracto es posible formular
ciertos principios generales, éstos suelen presentarse en las distintas especies de actos
jurídicos con características diversas. Sin embargo, la Teoría General del Acto Jurídico
representa un notable esfuerzo de sistematización que se ha plasmado en el derecho
positivo y que se mantiene vigente hasta la actualidad.

La Teoría General del Acto Jurídico surgió en el siglo XVIII, como resultado de los
principios filosóficos de la Ilustración, consagrándose la libertad del hombre en todo el
ámbito de su actuar.
En el campo jurídico, esta libertad personal se manifiesta en el principio de la Autonomía
de la Voluntad, en virtud del cual se considera que el hombre se relaciona y obliga con
otros porque tal ha sido su voluntad, entendiéndose que las personas tienen plena libertad
para realizar los actos jurídicos que estimen convenientes, determinando su contenido y
efectos. Este principio constituye el fundamento o piedra angular sobre el cual descansa
la Teoría General del Acto Jurídico.

Nuestro Código Civil no acoge ni regula expresamente una figura general de acto jurídico,
aunque sobre los elementos que las normas del Código facilitan al regular tipos similares
de actos, se puede construir por abstracción una figura unitaria, de lo cual se han
encargado la doctrina y la jurisprudencia.
El Libro IV del Código Civil, titulado “De las Obligaciones en General y de los
Contratos”, contiene numerosas normas que, por su carácter general, pueden aplicarse
no sólo a los contratos, sino que también a los actos jurídicos que no tienen tal calidad.
La doctrina y jurisprudencia concuerdan en que todos los actos jurídicos se rigen por estas
normas, salvo que del tenor de la disposición o de la naturaleza de las cosas se desprenda
que tales normas se limiten solamente a las convenciones o contratos.

B) Los Hechos Jurídicos


No todos los hechos interesan al Derecho, ya que algunos son jurídicamente irrelevantes
o indiferentes. Importan los denominados Hechos Jurídicos, es decir, hechos que tienen
relevancia y que producen efectos jurídicos.
Un hecho está dotado de relevancia jurídica cuando su acaecimiento permite cambiar una
realidad preexistente, creándose nuevas situaciones con una distinta calificación jurídica,

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

como por ejemplo, con el matrimonio, debido al cual cambia el estado civil de los
contrayentes y ambos adquieren derechos y contraen obligaciones recíprocas.
Así, entendemos por hecho jurídico el acontecimiento de la naturaleza o del hombre que
produce efectos jurídicos.
La producción de efectos jurídicos es lo que caracteriza a los hechos jurídicos, y para la
doctrina tradicional, los efectos jurídicos pueden consistir en la adquisición, modificación
o extinción de derechos subjetivos.

Ahora bien, para que un hecho jurídico produzca consecuencias de derecho, es necesario
que la ley le haya atribuido dicha virtud. En este sentido, la doctrina le da la denominación
de supuesto jurídico a los hechos y circunstancias que la norma legal prevé y a los cuales
atribuye la producción de efectos jurídicos.

C) Actos y Negocios Jurídicos


La doctrina alemana e italiana distinguen entre negocios jurídicos y actos jurídicos,
radicando la distinción en que los negocios jurídicos producen los efectos queridos por
su autor o por las partes, mientras que en los actos jurídicos, los efectos no van
necesariamente adheridos a la voluntad de sus autores, siendo muchas veces
independientes de ella.
Nuestra legislación y la doctrina tradicional rechazan esta clasificación, hablándose
siempre de acto jurídico. La doctrina distingue entre actos voluntarios realizados con la
intención de producir efectos jurídicos y actos voluntarios realizados sin dicha intención,
siendo actos jurídicos sólo los primeros.

2. Noción de Acto Jurídico


Víctor Vial define el acto jurídico como “La manifestación de voluntad hecha con el
propósito de crear, modificar o extinguir derechos, y que produce los efectos queridos
por su autor o por las partes, porque el derecho sanciona dicha manifestación de
voluntad”.
Un análisis de la definición nos permite distinguir tres elementos en el concepto de acto
jurídico:
• Manifestación de Voluntad
Todo acto jurídico requiere una manifestación de voluntad. No basta con la
existencia de una voluntad interna, debiendo exteriorizarse por medio de una
declaración o un comportamiento que permita conocerla inequívocamente.
Así, son necesarios tanto un elemento interno, consistente en la voluntad, como
también uno externo, consistente en la manifestación de esa voluntad por medios
idóneos.

• Propósito Determinado
La manifestación de la voluntad debe perseguir un fin o propósito determinado,
el cual debe necesariamente ser jurídico, es decir, las partes o el autor del acto
deben pretender producir efectos jurídicos, sea crear, modificar o extinguir
derechos subjetivos.

• Sanción por parte del Derecho


Los actos jurídicos producen los efectos que les son propios porque el autor o las
partes así lo han querido y porque el derecho lo permite o autoriza.
En otras palabras, los efectos del acto jurídico derivan en forma inmediata de la
voluntad del autor o de las partes, y en forma mediata de la ley, que permite la

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

libertad jurídica, expresada en la facultad de los particulares para crear relaciones


jurídicas.

3. Elementos del Acto Jurídico


La distinción de elementos en el acto jurídico proviene de la doctrina francesa del
contrato, y de hecho el Art. 1444 CC habla de cosas que se distinguen en cada contrato,
sin perjuicio de que la doctrina no ha tenido mayores inconvenientes para ampliar esta
distinción para generalizarla para todo tipo de acto jurídico.
La distinción dice relación con la función de la voluntad de las personas en la
configuración de un determinado acto jurídico.
De esta manera, ciertas estipulaciones son necesarias para que pueda hablarse de un acto
jurídico o de un específico acto jurídico, mientras que otras estipulaciones se dan por
entendidas salvo que las partes las hayan expresamente incluido, y, finalmente, hay
estipulaciones que, si no se expresan, no se entenderán contenidas en la regulación
realizada por el acto.
A las primeras se denomina elementos de la esencia, a las segundas, elementos de la
naturaleza y a las terceras, elementos accidentales.

A) Elementos de la Esencia
En conformidad al Art. 1444 CC, los elementos de la esencia de un acto jurídico son
aquellas cosas sin las cuales o no produce efecto alguno o degenera en otro acto diferente.
Los elementos cuya ausencia provoca la ineficacia del acto suelen denominarse requisitos
del acto jurídico, y son:
• La voluntad o consentimiento;
• La capacidad de las partes;
• El objeto lícito;
• La causa lícita;
• Las solemnidades.

Pero si se trata de actos jurídicos tipificados por la ley, más allá de los requisitos
generales, se exigen elementos específicos que caracterizan y distinguen ese tipo de acto
jurídico, de manera que si faltan el acto se transforma o degenera en otro diferente.
Así, por ejemplo, es requisito específico de una compraventa el que haya precio, y que
éste sea en dinero, por lo que si no hay precio, lo que se ha llamado compraventa por las
partes en realidad ha devenido en donación, y si el precio se hace consistir en otra cosa
que se entrega a cambio de aquella que se compra, entonces la compraventa habrá
degenerado en una permuta.

B) Elementos de la Naturaleza
Los elementos de la naturaleza de un acto jurídico son aquellas cosas que, no siendo
esenciales en él, se entienden pertenecerle sin necesidad de una cláusula especial (Art.
1444 CC).
Los elementos de la naturaleza son muy importantes en nuestro sistema jurídico, porque
evitan que nuestros contratos o actos jurídicos tengan que ser excesivamente
reglamentados, como sucede en el Common Law.
Así una compraventa de un inmueble puede otorgarse en un escrito de unas cuantas
páginas, porque en caso de no haberse regulado alguna eventualidad, lo más probable es
que se acudirá a la regulación supletoria del Código Civil con estipulaciones que se
entenderán integradas en el acto jurídico.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Se mencionan como elementos de la naturaleza algunos que son generales a una clase
completa de actos jurídicos, y otros que son específicos y aplicables sólo a un tipo de acto
jurídico.
Entre los primeros, está la resolución por incumplimiento por obra de la llamada
condición resolutoria tácita, que según el Código Civil se entiende envuelta en todo
contrato bilateral (Art. 1489 CC).
En cambio, sería un elemento de la naturaleza específico la responsabilidad por el
saneamiento de la evicción y de los vicios ocultos que compete al vendedor en el contrato
de compraventa (Art. 1837 CC).

Ahora bien, recordemos que estos elementos de la naturaleza no son esenciales, por lo
que las partes pueden excluirlos por una cláusula expresa, sin que el acto pierda su
eficacia ni se transforme en otro distinto.

C) Elementos Accidentales
En tercer lugar, tenemos los elementos que no son esenciales ni tampoco de la naturaleza,
y se les denomina accidentales, porque pueden estar o no en un acto jurídico, y para estar,
deben haber sido expresamente considerados por las partes.
Según el texto del Código Civil, son elementos accidentales de un acto jurídico aquellas
cosas que ni esencial ni naturalmente le pertenecen, y que se le agregan por medio de
cláusulas especiales (Art. 1444 CC).

El contenido de estas cláusulas especiales es indefinido, y corresponde a la autonomía


privada determinarlo.
Algunas de ellas, por su uso frecuente, han sido reguladas en el Código Civil a propósito
de las diferentes clases de obligaciones, y son las llamadas modalidades, como la
condición, el plazo y el modo.
Se agregan la solidaridad, la indivisibilidad convencional, la alternatividad y otros pactos
accesorios a ciertos contratos.

No hay que confundir los elementos accidentales con otros actos jurídicos que se
convienen en la misma escritura y que están de alguna manera ligados al principal.
Por ejemplo, es corriente que en una escritura pública de compraventa de un inmueble se
agregue la clásica cláusula se faculta al portador, por el que se permite que cualquier
persona que lleve la escritura pública al Conservador de Bienes Raíces pueda solicitar la
inscripción de la propiedad raíz.
Esta cláusula no contiene un mero elemento accidental que se añade a la compraventa,
sino un nuevo acto jurídico que podría ser un mandato a persona por determinar.

Lo mismo sucede si en cláusulas de un contrato se pactan actos jurídicos accesorios al


principal, como por ejemplo, si para asegurar el pago del precio de una compraventa se
pactan contratos de garantía, como una cláusula penal, una fianza o una hipoteca.
No se trata de elementos accidentales de la compraventa, sino de actos jurídicos diferentes
que se pactan en el mismo documento y que, si bien acceden al contrato de compraventa,
mantienen su autonomía conceptual y funcional.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

4. Clasificación de los Actos Jurídicos


A) Actos Jurídicos Unilaterales y Bilaterales
Atendiendo al número de partes cuya voluntad es necesaria para que el acto jurídico se
forme, dichos actos pueden ser unilaterales o bilaterales.
Son actos jurídicos unilaterales aquellos que, para nacer a la vida del Derecho, requieren
solamente de la voluntad de una parte, como un testamento.
Los actos jurídicos bilaterales, por otra parte, son aquellos que, para nacer a la vida del
Derecho, requieren la manifestación de voluntad de dos partes, como sucede con los
contratos.
La doctrina designa al acto jurídico bilateral con el nombre de convención, que se define
como el acuerdo de voluntades de dos partes, con un propósito definido y característico
que produce como efectos la adquisición, modificación o extinción de derechos
subjetivos.

En general, hablamos de partes, y no de personas, lo cual se explica porque es posible que


numerosas personas manifiesten una sola voluntad, con lo cual el acto no deja de ser
unilateral.
La doctrina clasifica los actos unilaterales en simples y complejos. Son actos unilaterales
simples aquellos que emanan de la voluntad de una sola persona, como el testamento,
mientras que el acto unilateral compuesto es aquel que procede de varias personas
físicas que manifiestan una voluntad común, como la oferta de venta de un inmueble que
hacen de consuno varios copropietarios.

Por otro lado, los actos jurídicos unilaterales pueden ser también recepticios o no
recepticios.
Son recepticios aquellos que, si bien se perfeccionan con la voluntad manifestada de una
sola parte, están destinadas a la aceptación de otra para que produzcan la plenitud de sus
efectos, y por tanto deben ser comunicados o notificados al destinatario, como sucede con
la oferta de celebrar un contrato o la revocación de un mandato.
La oferta va dirigida al aceptante, y busca que se otorgue la aceptación para que se
conforme un nuevo acto jurídico, esta vez de carácter bilateral.

No son recepticios aquellos actos jurídicos unilaterales que surten la plenitud de sus
efectos con independencia de la voluntad o conocimiento de otras personas diversas del
autor, como, por ejemplo, la renuncia a un derecho, la interrupción de la prescripción o
la confirmación de un acto relativamente nulo.

No siempre es sencillo determinar si el acto jurídico es recepticio o no.


Por ejemplo, el testamento podría ser considerado recepticio, ya que en él se contienen
asignaciones a los que los herederos o legatarios serán llamados a aceptar o repudiar.
Lo mismo podría señalarse respecto del reconocimiento de un hijo no matrimonial, ya
que aunque no es necesario que el hijo lo acepte, este tiene derecho a repudiarlo y así
dejarlo sin efecto (Art. 191 CC).
La doctrina, en general, tiende a negar su carácter de recepticios por el hecho de que no
van dirigidos a una persona ni son comunicados a ella, de manera que habría total
independencia entre el acto unilateral (testamento, reconocimiento) y la aceptación o
repudiación.
En opinión de Corral, esta independencia es bastante dudosa, ya que se trata de actos
jurídicos diversos y autónomos, pero que están funcionalmente conectados, de modo que

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

sin la aceptación la asignación testamentaria no produce el efecto que estaba destinada a


producir, y lo mismo sucede en el caso de la repudiación de un reconocimiento de hijo.

A la parte cuya voluntad se requiere para dar nacimiento al acto jurídico unilateral se le
denomina autor, reservándose el término partes para aquellas personas que, teniendo
intereses antagónicos o contrapuestos, se ponen de acuerdo para dar nacimiento a un acto
jurídico bilateral.
Es importante destacar que no altera el carácter unilateral del acto jurídico la circunstancia
de que éste, para producir la plenitud de sus efectos, pueda requerir, en ciertos casos, la
manifestación de voluntad de otra persona que no sea el autor. Por ejemplo, un testamento
no deja de ser un acto jurídico unilateral por el hecho de que la herencia deba ser aceptada
por alguno de los herederos del causante, ya que aun sin aceptación, el testamento es
válido y nace a la vida del Derecho.
En este caso particular, no hay un acto bilateral, sino dos actos jurídicos unilaterales,
consistente el primero en la disposición testamentaria, y el segundo en la aceptación o
repudio de la herencia.

Volviendo a los actos jurídicos bilaterales, decíamos que la doctrina los llama
convenciones, y es importante mencionar que el Código suele confundir los términos
convención y contrato como si fueran sinónimos, cosa que no es así.
La doctrina los distingue claramente, estableciendo una relación de género a especie, ya
que todo contrato es una convención, pero no toda convención es un contrato.
Los efectos de la convención pueden consistir en la creación, modificación o extinción
de derechos subjetivos, mientras que el contrato se reduce a la creación de derechos y
obligaciones, y es por ello que se habla del contrato como la convención creadora de
derechos y obligaciones.
La crítica es meramente conceptual, sin embargo, ya que en la práctica, los principios y
reglas por los que se rigen ambos son los mismos.

Sin perjuicio de todo lo dicho, la doctrina agrega a esta clasificación clásica otra categoría:
los actos plurilaterales, que son aquellos que, para nacer, requieren la manifestación de
voluntad de más de dos partes.
Un ejemplo de estos actos es la novación por cambio de acreedor, que requiere la
manifestación de voluntad de tres partes (Art. 1631 N°2).

B) Actos Jurídicos Entre Vivos o por Causa de Muerte


Son actos jurídicos entre vivos aquellos que, para producir los efectos que le son
propios, no requieren de la muerte de su autor o de una de sus partes, lo cual es la regla
general.
Por otra parte, hay actos que, para producir sus efectos, requieren de la muerte de su autor
o de una de las partes, como el testamento, y se denominan actos por causa de muerte
o mortis causa.
Lo que hace que un acto sea entre vivos o mortis causa es la necesidad que éste puede o
no tener de que se verifique la muerte del autor o de una de las partes, siendo la mayoría
actos entre vivos. Sin embargo, nada obsta a que las partes otorguen el carácter de mortis
causa a un acto que por su naturaleza no lo sea, como si se introdujera una condición
suspensiva que pospusiera la adquisición de un derecho hasta la muerte de una persona.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Actos Jurídicos a Título Gratuito u Oneroso


Son actos jurídicos a título gratuito aquellos que se celebran en beneficio exclusivo de
una de las partes, sufriendo la otra el gravamen, como la donación.
Son actos jurídicos onerosos, por otra parte, aquellos que miran el interés de ambas
partes, como el contrato de compraventa.

D) Actos Jurídicos Puros y Simples o Sujetos a Modalidad


Los actos jurídicos puros y simples son aquellos que producen sus efectos de inmediato
y sin limitación alguna, constituyendo la regla general.
Los actos jurídicos sujetos a modalidad, por otro lado, son aquellos cuyos efectos están
subordinados a una modalidad.
Las modalidades son las cláusulas que se incorporan a un acto jurídico con el fin de alterar
sus efectos normales, como la condición o el plazo.

E) Actos Jurídicos de Familia y Patrimoniales


Los actos jurídicos de familia son aquellos que atañen al estado de las personas o a las
relaciones del individuo dentro de la familia, como el matrimonio o el reconocimiento de
un hijo.
Los actos jurídicos patrimoniales, por otro lado, son aquellos que tienen por finalidad
la adquisición, modificación o extinción de un derecho pecuniario, es decir, un derecho
apreciable en dinero, como los contratos de compraventa o mutuo.

F) Actos Jurídicos Principales y Accesorios


Son actos jurídicos principales aquellos que subsisten por sí mismos, sin necesidad de
otro acto que les sirva de sustento, como la compraventa.
Por otra parte, son actos jurídicos accesorios aquellos que necesitan de un acto principal
para poder existir, pudiendo constituir una caución o un acto dependiente. Las cauciones
son actos tendientes a garantizar el cumplimiento de una obligación principal, mientras
que los actos jurídicos dependientes no tienen tal finalidad, pero no pueden subsistir sin
el acto principal, como una capitulación matrimonial celebrada antes del matrimonio.
Normalmente, los actos accesorios se constituyen con posterioridad al acto principal o de
forma coetánea, pero puede suceder que se constituyan con anterioridad, como por
ejemplo, en la hipoteca para garantizar obligaciones futuras (Art. 2413).
Ahora bien, si se extingue el acto principal, se extingue también el acto accesorio, y es de
ello que deviene el aforismo “lo accesorio sigue la suerte de lo principal”.

G) Actos Jurídicos Solemnes y No Solemnes


Los actos jurídicos solemnes son aquellos sujetos a la observancia de ciertas
formalidades especiales requeridas, sea para la existencia misma del acto, sea para su
validez, de tal modo que su omisión trae como consecuencia la inexistencia del acto o su
nulidad. El clásico ejemplo es la compraventa de inmuebles, que requiere ser otorgada
por escritura pública.
Por el contrario, los actos no solemnes son aquellos que no están sujetos a requisitos
externos o formales para su existencia o validez, lo cual es la regla general.

H) Actos Jurídicos Nominados e Innominados


Son actos jurídicos nominados o típicos aquellos que por su trascendencia
socioeconómica se encuentran regulados por la ley, la cual señala el supuesto de hecho al
cual atribuye efectos jurídicos y los determina, lo cual sucede, por ejemplo, con todos los
contratos que regula el Código Civil.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Por otra parte, son actos jurídicos innominados o atípicos los que, pese a no estar
contemplados por el legislador, pueden adquirir existencia jurídica en aplicación del
principio de la autonomía de la voluntad, y siempre y cuando no atenten contra la ley, el
orden público y las buenas costumbres. Producen los efectos que quieran las partes,
rigiéndose en lo no previsto por ellas a las reglas generales de los actos y declaraciones
de voluntad. Un perfecto ejemplo de estos actos está en la transferencia de un futbolista
de un club a otro.

5. Requisitos del Acto Jurídico


El Código Civil enumera los requisitos del acto jurídico en su Art. 1445, que retomando
la teoría francesa del contrato, dispone que para que una persona se obligue a otra por un
acto o declaración de voluntad es necesario:
• Que sea legalmente capaz;
• Que consienta en dicho acto o declaración y su consentimiento no adolezca de
vicio;
• Que recaiga sobre un objeto lícito;
• Que tenga una causa lícita.

A estos requisitos (capacidad, voluntad, consentimiento sin vicios, objeto lícito y causa
lícita), se agrega, para aquellos actos jurídicos solemnes, la solemnidad.

La doctrina tradicional clasifica estos requisitos que la ley enumera sin mayor distinción,
en requisitos de existencia y requisitos de validez.

Los requisitos de existencia serían aquellos sin los cuales el acto no llega ni siquiera a
existir en el mundo del derecho, mientras que los requisitos de validez son aquellos que
se necesitan, no para que el acto exista, pero sí para que sea válido y eficaz.
De esta forma, se señala que los requisitos de existencia son la voluntad (o
consentimiento), el objeto, la causa y las solemnidades de existencia.
Requisitos de validez, en cambio, son la capacidad de la o las partes, la voluntad o
consentimiento exento de vicios, el objeto lícito, la causa lícita y las solemnidades de
validez.

El problema que presenta esta clasificación tiene que ver con los efectos que la falta de
ellos puede producir.
En estricta lógica, si falla algún requisito de la existencia, el efecto que debiera producirse
es la inexistencia jurídica del acto, mientras que si se omite algún requisito de validez, lo
que procedería sería la declaración de nulidad del mismo.
Pero no existe consenso en la doctrina, y tampoco en la jurisprudencia, sobre si se admite
la situación jurídica de inexistencia de un acto jurídico, que no sea en verdad una forma
de nulidad.

Estudiaremos más adelante las ineficacias del acto jurídico, poniendo énfasis en la
discusión acerca de la teoría de la inexistencia, pero por ahora, cabe destacar que se han
planteado diversas clasificaciones a los requisitos del acto jurídico, y siguiendo al
profesor Corral, podemos distinguir entre requisitos constitutivos y validatorios.
La ausencia de los primeros devendría en lo que tradicionalmente se denomina como
inexistencia del acto, y que el citado autor replantea como una nulidad de pleno derecho,
mientras que la ausencia de los segundos provocaría la anulabilidad del acto, es decir, que

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

puede nacer y producir sus efectos válidamente, pero con un vicio que lo hace susceptible
de ser anulado a petición de parte.

El primero de los requisitos constitutivos del acto jurídico es la voluntad de la o las


partes, que toma el nombre de consentimiento en los actos jurídicos bilaterales.
En los actos solemnes, la voluntad o consentimiento debe manifestarse a través de las
solemnidades determinadas por la ley.
En la mayor parte de los actos solemnes, la solemnidad es exigida como un requisito
constitutivo, de modo que su ausencia produce la nulidad de pleno derecho del acto, pero
en ciertas ocasiones, la ley exige solemnidades no para que se manifieste el
consentimiento a través de ellas, sino con alguna otra finalidad, y por ello, su omisión
produce sólo la anulabilidad.
En todo caso, debe notarse que la solemnidad no es un requisito de todos los actos
jurídicos, sino sólo de aquellos que deben calificarse como solemnes.

Los otros requisitos constitutivos del acto jurídico son el objeto sobre el que versa el acto
y la causa que es su fin o motivo jurídico.

En cuanto a los requisitos validatorios, nos referimos a aquellos que, no siendo


constitutivos, son exigidos por la ley para que el acto pueda desplegar sus efectos sin que
sea impugnado por una declaración judicial de nulidad.
Los requisitos validatorios consolidan la validez del acto e impiden su anulabilidad.
Aquí debemos situar la exigencia de capacidad de la o las partes, que la voluntad o
consentimiento esté exento de vicios, la licitud del objeto y la licitud de la causa.
Además, en el caso de actos sujetos a solemnidades que no sean constitutivas, debemos
agregar las solemnidades validatorias.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo II – La Voluntad Jurídica

1. Aspectos Generales
En conformidad al Art. 1445 N°2 CC, para que una persona resulte vinculada por un acto
o declaración de voluntad, es necesario que consienta en dicho acto o declaración.
Cuando se trata de un acto unilateral, hablamos de voluntad del o los autores, mientras
que si se trata de un acto jurídico bilateral, no basta la voluntad aislada de cada una de las
partes, sino la concordancia entre sus voluntades, que llamamos consentimiento.

Para que la voluntad produzca efectos jurídicos, es necesario que cumpla con ciertos
requisitos:
• Real
Que la voluntad sea real significa que debe corresponder a aquello que la persona
efectivamente quiere realizar.
La voluntad real se opone a la voluntad simulada, que se presenta cuando se
exterioriza una voluntad que no es la que interiormente se ha querido.
Si las partes declaran que celebran una compraventa para evitar que un bien sea
embargado si se encuentra en el patrimonio del supuesto vendedor, faltará la
voluntad real, ya que la exteriorizada no corresponde con lo que efectivamente se
quiso hacer.

• Seria
Que la voluntad sea seria significa que haya intención de generar efectos jurídicos
que afectarán a la persona hacia el futuro.
No hay voluntad seria cuando se manifiesta una voluntad, pero como parte de un
broma o de una escenificación teatral.

• Vinculante
La voluntad debe ser jurídicamente eficaz, es decir, que genere vínculos jurídicos.
Si se promete algo que por el contexto social, la forma en que se expresa u otras
circunstancias no aparece como algo destinado a producir propios efectos
jurídicos, sino que se inspira más bien en los buenos deseos, en la cortesía o reglas
de decoro social, estaremos ante una voluntad no vinculante.
Por ejemplo, si un tío le dice a un sobrino que le hará un muy buen regalo de
matrimonio cuando se case, no está manifestando voluntad de celebrar un contrato
de promesa de donación.

• Manifestada
La voluntad debe ser exteriorizada o comunicada a los demás, ya que, de no ser
así, sólo se quedará en el fuero de la conciencia, y no podrá tener efectos jurídicos.
Este requisito de la voluntad merece un tratamiento aparte, así como los casos en
los que, por excepción, se da valor de manifestación de voluntad a una conducta
pasiva.

2. Manifestación de la Voluntad
A) Voluntad Expresa y Tácita
La manifestación de la voluntad es diversa si se trata de actos solemnes o no solemnes.
Tratándose de actos solemnes, la voluntad debe expresarse a través de la solemnidad,
pero no sucede lo mismo en los consensuales y reales, en los que el consentimiento puede

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

manifestarse de múltiples maneras que permitan su exteriorización y su comunicación a


las demás personas.

Estas manifestaciones pueden clasificarse en dos grandes formas, esto es, manifestación
expresa y manifestación tácita.
La manifestación expresa es aquella en la que la voluntad se explicita mediante el
instrumento de comunicación humana, que es el lenguaje.
La manifestación tácita, en cambio, es aquella en que la voluntad se comunica, no por
medio del lenguaje, sino a través de gestos o conductas corporales.
Así, por ejemplo, si alguien no dice nada, pero toma una lechuga de una verdulería y
entrega al dueño el precio exhibido, ha manifestado su voluntad de comprar, pero lo ha
hecho tácitamente.

La manifestación expresa puede ser verbal o escrita.


Es verbal si se utiliza el lenguaje oral, escrita si la voluntad de una o ambas partes se
expresa mediante la escritura en formato papel o digital.
También debe considerarse una forma de manifestación expresa aquella que se manifiesta
a través de un lenguaje gestual, como es la lengua de señas.

Se habla también a veces de voluntad presunta, pero o bien se trata de casos de voluntad
tácita o de efectos que la ley da al silencio.

B) El Silencio Como Manifestación de Voluntad


Por regla general, el silencio no constituye manifestación de voluntad, por lo que, frente
a una oferta de celebración de un acto jurídico, el mero silencio no significa aceptación.
Sin embargo, tanto la ley como la voluntad de las partes pueden atribuir al silencio un
determinado significado como expresión de voluntad, y además, a veces el silencio se da
en un contexto social que llega a constituir una manifestación tácita de voluntad, porque
se genera la expectativa razonable de que la persona, si no dice nada, es porque ha
aceptado una determinada propuesta jurídica.
Tenemos, entonces, tres supuestos en los que el silencio constituye manifestación de
voluntad:
• Silencio Legal
En estos supuestos, es la ley la que ha otorgado un valor de expresión de voluntad
a la conducta pasiva o mero silencio.
Así, el asignatario por causa de muerte que, después del plazo otorgado por el juez
para pronunciarse, nada dice sobre si repudia o acepta la asignación, se entiende
que repudia (Art. 1233 CC).

• Silencio Convencional
Las partes pueden estipular en un contrato alguna cláusula en la que se otorga
valor de manifestación de voluntad en un determinado sentido si una de ellas no
dice nada en el plazo que se establezca.
Una cláusula que se suele contemplar en ciertos contratos de tracto sucesivo es la
que establece que el acuerdo se renovará automáticamente por un nuevo período
de tiempo, si ninguna de las partes manifiesta voluntad contraria antes del
vencimiento.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Silencio Circunstanciado
En estos casos, son las circunstancias que rodean la situación en que se encuentre
el que mantiene silencio las que hablan por él y confieren un significado a su
propio silencio.
Así, por ejemplo, si por largo tiempo entre dos partes se ha celebrado un
determinado contrato de suministro de una mercadería en una determinada fecha,
el proveedor puede entender que si no se ha dicho nada en contrario antes del día
de la entrega es porque se ha aceptado nuevamente la celebración de dicho
contrato.

3. Formación del Consentimiento


El problema de en qué momento y lugar se produce el acuerdo de voluntades, es decir, el
consentimiento que da lugar a la formación del acto jurídico, no se aplica a todos ellos,
sino sólo a los que son bilaterales y consensuales.
Sólo en los actos bilaterales hay dos o más partes que se ponen de acuerdo para negociar,
y además, sólo en los actos jurídicos que se perfeccionan por el solo consentimiento puede
plantearse el problema del momento y lugar en que se ha formado el acto, ya que si se
trata de un acto real o solemne, cualquiera sea el momento en los que las partes hayan
llegado a acuerdo, el acto jurídico sólo se perfeccionará desde la entrega de la cosa o el
cumplimiento de la solemnidad.

Las reglas sobre la formación del consentimiento no están contenidas en el Código Civil,
en lo cual Bello siguió al Código Civil francés.
Por ello, cuando se redactó el Código de Comercio, se contempló regular expresamente
este tema, con la expresa intención de que se aplicara en forma general y no sólo a los
actos mercantiles.
Así queda de manifiesto en el Mensaje del Código de Comercio, aprobado en 1865, que
dice que con estas normas se viene a llenar “un sensible vacío de nuestra legislación
comercial y civil”.

A) La Oferta
Entendemos por oferta el acto jurídico unilateral por el cual una persona propone a otra
celebrar una determinada convención.
Como acto jurídico, la oferta debe consistir en una manifestación de la voluntad seria, y
además, para que se forme el consentimiento, la oferta debe ser completa. Se entiende
que la oferta es completa cuando se formula en términos tales que basta con la mera
aquiescencia del receptor de la oferta para que la convención propuesta se perfeccione.
Si el destinatario responde a la propuesta con otra oferta, ésta toma el nombre de
contraoferta. Si a una oferta incompleta se responde con una contraoferta completa, y el
primer oferente acepta, se forma el consentimiento.

La oferta puede ser expresa o tácita, y a la vez, puede ser hecha a persona determinada o
indeterminada.
La oferta expresa es aquella contenida en una declaración en la cual el proponente, en
términos explícitos y directos, revela su intención de celebrar una determinada
convención. Puede ser verbal o escrita, siendo la primera aquella que se expresa por
palabras o gestos que hagan inequívoca la proposición de celebrar la convención, y la
segunda aquella que se hace a través de la escritura.
La oferta tácita es aquella que se desprende de un comportamiento que revela
inequívocamente la proposición de celebrar una convención.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

La oferta hecha a persona determinada es aquella que va dirigida a un destinatario que


se encuentra individualizado, lo cual es lo ordinario y corriente.
La oferta hecha a persona indeterminada es aquella que no se dirige a una persona en
especial, sino al público en general, como una oferta de venta en un aviso en el diario.
En virtud del Art. 105 CdC, estas ofertas a personas indeterminadas no son obligatorias
para el que las hace, a diferencia de las hechas a persona determinada, que llevan siempre
la condición implícita de que al tiempo de la demanda no hayan sido enajenados los
efectos ofrecidos, que no hayan sufrido alteración en su precio, y de que existan en el
domicilio del oferente.

B) La Aceptación
La aceptación es un acto jurídico unilateral por medio del cual el destinatario de la oferta
manifiesta su conformidad con ella. Puede ser expresa o tácita, y a la vez, pura y simple
o condicionada.
La aceptación expresa es aquella contenida en una declaración en la cual el destinatario
de la oferta manifiesta en términos explícitos y directos su conformidad con ella. Puede
ser verbal o escrita, siendo la primera aquella que se manifiesta por palabras o gestos que
hagan inequívoca la conformidad con la propuesta, y la segunda aquella que se hace por
la escritura.
La aceptación tácita es aquella que se desprende de un comportamiento que revela
inequívocamente la aquiescencia o asentimiento de la oferta.
La aceptación pura y simple es aquella en que el destinatario de la propuesta manifiesta
su conformidad o asentimiento a ésta en los mismos términos en que se le formuló.
La aceptación condicionada es aquella en que el destinatario de la oferta introduce a ésta
modificaciones, o sólo se pronuncia parcialmente con respecto a la misma. Conforme al
Art. 102 CdC, la aceptación condicionada importa una contraoferta del destinatario al
proponente, y para que se forme el consentimiento, el primer oferente debe adherir a las
condiciones o modificaciones que constituyen la contraoferta.

Puede ocurrir que una oferta comprenda varias cosas, y el destinatario acepte sólo
respecto de una de ellas. En estos casos, para determinar si se ha formado el
consentimiento, es necesario distinguir. Si la intención del proponente era formular una
oferta divisible, el consentimiento se entiende formado respecto de la cosa que se acepta,
pero si se entiende que era indivisible, la aceptación de una sola de las cosas se entiende
como una contraoferta.

Para que se forme el consentimiento, la aceptación debe cumplir con ciertos requisitos,
los cuales son:
• Aceptación Pura y Simple
El destinatario de la oferta debe aceptarla tal como se le formuló para que se
entienda formado el consentimiento, ya que, como decíamos anteriormente, la
aceptación condicionada constituye una contraoferta.
En virtud del Art. 101 CdC, si se acepta de forma pura y simple la propuesta, el
contrato se considera perfeccionado y produce todos sus efectos legales, salvo que
antes de darse la respuesta ocurra la retractación, muerte, o incapacidad legal del
proponente.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Aceptación Oportuna
La aceptación se da en tiempo oportuno cuando se manifiesta dentro del plazo que
eventualmente hubiese señalado el proponente para que el destinatario emita su
pronunciamiento, o a falta de dicho plazo, el que la ley determine.
El plazo determinado por ley varía según si la oferta se formuló de forma verbal
o escrita. Si la oferta fue verbal, la aceptación debe producirse en el acto, de forma
inmediatamente posterior a la manifestación de la oferta (Art. 97 CdC). Ahora
bien, si la oferta se formuló por escrito, debemos distinguir nuevamente, en virtud
del Art. 98 CdC. Si el destinatario reside en el mismo lugar que el proponente,
debe aceptar la oferta en un plazo de veinticuatro horas, pero si reside en un lugar
distinto, debe aceptar “a la vuelta de correo”, plazo implícito que constituye una
cuestión de hecho a ser considerada por el juez.
Vencidos estos plazos, la oferta pierde validez, y cualquier aceptación se
considera extemporánea. Sin embargo, el oferente está obligado a comunicar al
aceptante que su aceptación ha sido extemporánea, bajo responsabilidad de daños
y perjuicios.
Por último, cabe destacar que la aceptación no se presume, debiendo probarla la
persona que en ello tenga interés.

• Aceptación Durante la Vigencia de la Oferta


Existen ciertos hechos que tienen por consecuencia la pérdida de vigencia de la
oferta, haciendo inidónea cualquier aceptación posterior. Estos hechos son la
retractación del proponente, su muerte, o su incapacidad legal sobreviniente.
La retractación es el arrepentimiento del oferente respecto de su propuesta, lo
cual significa que éste, unilateralmente, decide desistirse de la oferta y dejarla sin
efecto como si nunca la hubiera formulado. En virtud del Art. 99 CdC, el
proponente puede retractarse válidamente en el tiempo que media entre el envío
de la propuesta y la aceptación, aunque no puede hacerlo si al hacer la oferta se
hubiese comprometido a esperar una contestación del destinatario, o si se hubiera
comprometido a no disponer del objeto del contrato sino después de transcurrido
un determinado plazo.
Si la retractación se produce antes de que el destinatario acepte la oferta, hablamos
de retractación tempestiva, y tiene por efecto que se entiende que la oferta jamás
se formuló, volviéndose irrelevante cualquier respuesta de su destinatario. Sin
perjuicio de ello, quien se retracta tempestivamente debe igualmente indemnizar
los gastos, daños y perjuicios que la ley le impone por motivos de equidad,
pudiendo librarse de ellos si se allana a cumplir el contrato propuesto (Art. 99
CdC).
Si el oferente se retracta con posterioridad a la aceptación del destinatario,
hablamos de retractación intempestiva, siendo jurídicamente irrelevante la
retractación, ya que el consentimiento está formado, y por lo tanto no puede
eximirse de cumplir con su obligación.
Por último, respecto de la muerte y la incapacidad legal sobreviniente,
desaparece con ellas la voluntad, y no es posible por tanto formar el
consentimiento.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Formación del Consentimiento


1) Momento en que se Forma el Consentimiento
Es importante verificar el momento en que se forma el consentimiento, debido a varios
aspectos que pasamos a analizar:
• La Capacidad de las Partes: Al momento de contratar, las partes deben ser
capaces;
• Objeto del Contrato: Al momento de contratar, el objeto del contrato debe ser
lícito;
• Legislación Aplicable: De acuerdo al Art. 22 de la Ley sobre Efecto
Retroactivo de las Leyes, en todo contrato se entienden incorporadas las leyes
vigentes al tiempo de su celebración;
• Los Efectos del Contrato: El contrato empieza a producir sus efectos desde el
momento en que se perfecciona;
• Retractación del Oferente: Una vez formado el consentimiento, el oferente no
puede retractarse válidamente, estando obligado a cumplir con el contrato.

Por otro lado, se han formulado en la doctrina distintas teorías acerca del momento en
que se forma el consentimiento, siendo las más importantes:
• Teoría de la Declaración de Voluntad
También llamada teoría de la aprobación, plantea que el consentimiento se forma
una vez que el destinatario acepta la oferta, aun siendo la aceptación ignorada por
el oferente.

• Teoría de la Expedición
Postula que el consentimiento se forma en el momento en que el destinatario de
la oferta envía a su emisor la correspondencia que contiene la aceptación.

• Teoría de la Recepción
Plantea que el consentimiento se forma cuando la aceptación, contenida en una
carta o telegrama, llega al domicilio del oferente, aun cuando éste ignore tal
circunstancia.

• Teoría del Conocimiento


También llamada teoría de la información, postula que el conocimiento se forma
una vez que el oferente toma conocimiento de la aceptación.

El Código de Comercio se inclina por la primera teoría, como se desprende del Art. 99,
en cuya virtud el proponente puede retractarse válidamente en el tiempo que media entre
el envío de la propuesta y la aceptación.
Excepcionalmente, el Código Civil contempla un caso en que se aplica la teoría del
conocimiento o la información, y es el de las donaciones entre vivos, para las cuales el
Art. 1412 CC dispone que el donante puede revocar la donación mientras no se ponga en
su conocimiento la aceptación del donatario.

2) Lugar en que se Forma el Consentimiento


Importa determinar el lugar en que se forma el consentimiento, ya que el contrato se rige
por la ley de tal lugar.
Además, determina la costumbre aplicable a ciertos contratos, y en ciertos casos, el
tribunal competente para conocer de cuestiones suscitadas de aquel contrato.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El Código de Comercio dispone sobre la materia que, residiendo los interesados en


distintos lugares, se entiende celebrado el contrato, para todos los efectos legales, en el
de la residencia del que hubiera aceptado la primera oferta o la contraoferta.

3) Formación del Consentimiento en los Actos de Consumo y Electrónicos


Las normas generales que hemos revisado sobre la formación del consentimiento sufren
excepciones en el Derecho del Consumo, campo en el cual la ley intenta proteger al
consumidor como la parte más débil en la relación con el proveedor.

La principal excepción tiene que ver con las ofertas a personas indeterminadas, que como
hemos visto, en el régimen general o no son obligatorias o están condicionadas.
En cambio, en el Derecho del Consumo las ofertas a personas indeterminadas son
obligatorias. Así lo dispone el Art. 12 de la Ley Nº19.496, según el cual, todo proveedor
de bienes o servicios está obligado a respetar los términos, condiciones y modalidades
conforme a las cuales se hubiere ofrecido o convenido con el consumidor la entrega del
bien o la prestación del servicio.
No parece, sin embargo, que el incumplimiento de la oferta lleve aparejada la acción para
pedir el cumplimiento del contrato en las condiciones ofrecidas si el proveedor se niega
a tenerlo por celebrado y retracta la oferta, pero su incumplimiento podrá constituir una
infracción que será castigada con pena de multa, y el consumidor afectado podrá deducir
acción civil para que le indemnicen los daños causados por dicha infracción.

Sólo en el caso de promociones u ofertas, en el sentido específico que les da esta ley
(ofrecimiento al público de bienes y servicios en condiciones más favorables, y
ofrecimiento al público de bienes o servicios a precios rebajados en forma transitoria,
respectivamente), se permite al consumidor reclamar el cumplimiento forzado del
contrato.

Otras normas especiales se refieren a actos de consumo que se celebren a través de medios
electrónicos.
Para estos, la Ley Nº19.496 dispone que el consentimiento no se entenderá formado si el
consumidor no ha tenido previamente un acceso claro, comprensible e inequívoco de las
condiciones generales del mismo y la posibilidad de almacenar o imprimir el contrato
celebrado.
En consecuencia, no habrá contrato si el consumidor prueba que no tuvo acceso claro,
comprensible e inequívoco a las condiciones generales del contrato, o que no pudo
almacenar o imprimir el contrato respectivo.
La ley se cuida de advertir que la sola visita de un sitio de internet en el cual se ofrece el
acceso a determinados servicios no impone obligación al consumidor.

Una vez formado el consentimiento del contrato electrónico, el proveedor queda obligado
a enviar confirmación escrita del mismo, la que puede ser hecha por medios electrónicos
y debe contener copia del contrato celebrado.

103
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

4. Los Vicios de la Voluntad


Para que la voluntad pueda producir efectos mediante la formación de un acto jurídico,
no sólo debe existir, sino que debe haber obrado con conocimiento y una razonable
libertad.
Si ha sido presionada o inducida por ciertos elementos que le restan autonomía a la
decisión, se habla de que existe una voluntad viciada, que puede dar lugar a la ineficacia
(nulidad) del acto jurídico.

Los vicios reconocidos y regulados por el Código Civil son tres: el error, la fuerza y el
dolo (Art. 1451 CC), y además, se discute sobre si deben agregarse otros, como la lesión.

5. El Error
A) Aspectos Generales
Para Stolfi, el error es “la falsa representación de la realidad determinada por la
ignorancia, es decir, por no haber tenido la parte conocimiento de todas las
circunstancias que influyen en el acto concertado, o por la equivocación, es decir, por
no haber valorado exactamente la influencia de dichas circunstancias”.
Lo que determina a una persona a manifestar su voluntad para la celebración de un acto
jurídico es el conocimiento que tenga de la realidad. Esto no significa que deba tener un
conocimiento absoluto de la realidad, sino que basta con que la persona posea una opinión
en sí suficiente para explicar, como causa, su propia actuación.
Esta representación de la realidad puede estar deformada por la ignorancia o la
equivocación, al existir en el sujeto un hecho psicológico de carácter positivo que lo
induce a actuar, pero siendo dicha representación falsa por ignorancia o equivocación.
En este caso, la manifestación del sujeto no puede producir válidamente los efectos que
le son propios, ya que se debió la manifestación a una falsa representación de la realidad.
Por ello, la voluntad está viciada.

El error puede deberse a ignorancia o equivocación, y ambas pueden configurar el error


como vicio del consentimiento. Lo que no configura error es la duda, ya que, quien emite
una declaración a sabiendas de que no conoce con exactitud su contenido y efectos, no
puede invocar posteriormente su propio error, ya que conscientemente tomó un riesgo,
del cual debe soportar las consecuencias.

Se puede errar respecto de hechos presentes y pasados, pero no de hechos futuros, ya que
para hablar de realidad, es necesario referirse a algo que efectivamente exista.
Por ejemplo, una persona compra un predio agrícola con la creencia de que puede hacerlo
rendir el doble de lo que producía el propietario anterior, pero transcurrido cierto tiempo,
se da cuenta de que no podía hacerlo producir más, por lo que cayó en un error. En este
caso, tenemos un error de previsión, que no vicia la voluntad.

Teniendo todo esto en consideración, podemos entender el error como un vicio del
conocimiento, y no del consentimiento. En efecto, la manifestación de voluntad que
supone todo acto jurídico debe motivarse en un conocimiento de la realidad, y si dicho
conocimiento es equívoco o errado, se dice que está viciado, privando de eficacia a la
manifestación de voluntad.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Para que el error opere como vicio del consentimiento, deben concurrir los siguientes
requisitos:
• Reconocimiento Legal
Sólo en los casos en los que la ley ha reconocido que el error puede viciar la
voluntad se producirá ese efecto, y no en otros, por mucha semejanza que pueda
existir entre ellos.

• Excusabilidad
El error sólo viciará la voluntad cuando se trate de una equivocación excusable,
es decir, que cualquier persona en las mismas circunstancias hubiera incurrido en
ella actuando con mediana diligencia.
En muchas ocasiones, se exige a las partes que se informen y que se asesoren para
evitar errores, y en otras, el umbral de la diligencia debe ser más bajo, como
sucede en los actos de consumo, ya que el consumidor puede confiar en que el
proveedor está proporcionando una información exacta y fiel del producto o
servicio que ofrece.

• Determinación
Para que el error vicie la voluntad, es necesario que sea determinante, lo que
quiere significar que, de no haberse producido el error, no habría celebrado el
contrato o ejecutado el acto.
Si el error influye pero no determina la voluntad, no se podrá invalidar el acto,
aunque, por analogía con lo que se establece para el dolo (Art. 1458 Inc. 2° CC),
procederá acción de perjuicios contra la otra parte o un tercero por cuya culpa se
haya causado el error.

No es requisito del error que haya sido conocido o advertido por la otra parte, salvo en el
caso del error accidental, como luego veremos, ni tampoco es necesario que genere
perjuicios al que incurre en él, ya que la ley no lo exige.

B) El Error de Hecho y el Error de Derecho


El error puede recaer sobre los hechos o sobre las disposiciones del Derecho, de donde se
sigue la distinción entre error de hecho y error de derecho.
Así, si alguien que compra un inmueble hipotecado piensa que la ley dispone que la
hipoteca se extingue cuando se transfiere el dominio a una persona distinta del deudor de
la obligación caucionada con esa garantía, celebra el contrato de compraventa bajo un
error de derecho.
Cabe hacer presente que el error de derecho puede cumplir todas las condiciones que
hemos visto se exigen para que error sea vicio de la voluntad, entre ellas que sea excusable
y determinante.

Conforme al Art. 1452 CC, el error sobre un punto de Derecho no vicia el


consentimiento, lo cual es una consecuencia lógica de la ficción de la ley que supone que
las normas jurídicas son conocidas por todos, sin que nadie pueda alegar su ignorancia
después de haber entrado en vigencia (Art. 8° CC).
Tal es el alcance de esta presunción de conocimiento de la ley, que el Art. 706 CC
dispone que el error en materia de Derecho constituye una presunción de mala fe que no
admite prueba en contrario.
La doctrina concuerda, no obstante, en que hay una excepción a la regla general, para el
pago de lo no debido, contemplada en los Arts. 2297 y 2299 CC, ya que se permite repetir

105
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

el pago de lo no debido aun cuando hay error de derecho, siendo el único caso en el
Código en el que tiene relevancia el error de derecho.

Excluido el error de derecho en todas sus formas, los errores que vician la voluntad son
todos errores de hecho, pero para tener ese efecto deben cumplir las exigencias que
establece el Código Civil, y que dan lugar a lo que en doctrina se ha denominado error
esencial, error sustancial, error accidental y error en la persona.

C) Error Esencial
En conformidad al Art. 1453 CC, el error de hecho vicia el consentimiento cuando recae
sobre la especie de acto o contrato que se ejecuta o celebra, como si una de las partes
entendiese empréstito y la otra donación; o sobre la identidad de la cosa específica de que
se trata, como si en el contrato de venta el vendedor entendiese vender cierta cosa
determinada, y el comprador entendiese comprar otra.

Del tenor del artículo citado se desprenden dos supuestos de error:


• Aquel que recae sobre la especie del acto o contrato celebrado (error in negotio);
• Aquel que recae sobre la identidad de la cosa específica de que se trata (error in
corpore).

En el primer caso, hay una falsa representación de las partes del contrato respecto del acto
que se está celebrando, como si una parte entendiera entregar una cosa a título de mutuo
y la otra recibirla a título de donación.
En el segundo caso, hay una falsa representación de la identidad de la cosa específica que
es objeto del contrato, como si una parte creyera comprar a un caballo y la otra entendiera
estar vendiendo otro caballo.

En cuanto a la sanción de este tipo de error, la doctrina se encuentra dividida en tres


opiniones:
• Algunos estiman que el error esencial u obstáculo impide el acuerdo de voluntades
que es indispensable para el nacimiento de la convención, por lo que sería
jurídicamente inexistente;
• Aquellos que plantean que la inexistencia no está contemplada como sanción de
ineficacia en el Código postulan que la sanción para el error obstáculo sería la
nulidad absoluta;
• Otros estiman que la sanción sería la nulidad relativa, puesto que el Art. 1682
CC, al establecer las causas que dan lugar a la nulidad absoluta, no menciona el
error esencial, y en su último inciso nos dice que cualquier otro vicio da lugar a la
nulidad relativa.
Además, el mismo Art. 1453 CC nos dice que este tipo de error vicia el
consentimiento, por lo que su sanción debe ser la misma que para los demás vicios
de la voluntad, esto es, la nulidad relativa.

D) Error Sustancial
Según dispone el Art. 1454 Inc. 1° CC, el error de hecho vicia asimismo el
consentimiento cuando la sustancia o calidad esencial del objeto sobre que versa el acto
o contrato, es diversa de lo que se cree; como si por alguna de las partes se supone que el
objeto es una barra de plata, y realmente es una masa de algún otro metal semejante.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En esta hipótesis de error, la víctima del mismo atribuye a la cosa que es objeto del acto
o contrato una sustancia o calidad esencial que en realidad no tiene.
La disposición citada habla de sustancia y calidad esencial, que son conceptos que cabe
desarrollar.
La sustancia es la materia específica que constituye la cosa, lo cual supone una
apreciación estrictamente objetiva y material, como si alguien comprara vinagre
pensando que es vino.
La calidad esencial, en cambio, es una apreciación eminentemente subjetiva, y guarda
relación con la intención de las partes al contratar. Lo que determina a una persona a
celebrar un acto que tiene por objeto una cosa es la creencia de que esta posee
determinadas cualidades o condiciones, y si supiera que carece de ellas, no celebraría el
acto o contrato.

El ejemplo que da el Código con la barra de plata alude a un error en la sustancia, pero al
hablar del error en la calidad esencial, se amplían los supuestos, y podríamos incluir en
la hipótesis de error del Art. 1454 Inc. 1° CC, por ejemplo, el caso en que una persona
compra un cuadro pensando que fue pintado por Picasso, cuando en realidad así no fue.
La doctrina moderna no habla de error sustancial, sino de error sobre las cualidades
determinantes de una cosa, entendiéndose por tales las que son determinantes y
atrayentes para las partes, que las inducen a contratar y sin las cuales, al menos una de
ellas, no habría contratado.

Siendo la calidad esencial de la cosa un elemento subjetivo, no es posible formular una


regla jurídica que permita establecer en abstracto qué es lo que constituye la calidad
esencial, y ya que no es frecuente que las partes de un contrato dejen expresamente
establecido qué es lo que constituye para cada una la calidad esencial de la cosa,
corresponde al juez determinarla, atendiendo las circunstancias del caso concreto
sometido a su conocimiento.
El error sustancial vicia el consentimiento, y el acto en que incide se sanciona con nulidad
relativa.

E) Error Sobre las Calidades Accidentales


En virtud del Art. 1454 Inc. 2° CC, el error acerca de otra cualquiera calidad de la cosa
no vicia el consentimiento de los que contratan, sino cuando esa calidad es el principal
motivo de una de ellas para contratar, y este motivo ha sido conocido de la otra parte.

Para que el error en una cualidad no esencial de la cosa vicie el consentimiento, es


necesario que la consideración de que la cosa tiene tal cualidad hubiese constituido el
motivo determinante que tuvo una de las partes para contratar, y a la vez, que ello haya
sido conocido por la otra parte.
Por ello, decimos que generalmente este tipo de error no vicia el consentimiento, salvo
que se dé la hipótesis contenida en la disposición citada, caso en el cual el acto en que
influye el error se sanciona con nulidad relativa.

F) Error en la Persona
En conformidad al Art. 1455 Inc. 1° CC, el error acerca de la persona con quien se tiene
intención de contratar no vicia el consentimiento, salvo que la consideración de esta
persona sea la causa principal del contrato.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En la hipótesis de error in persona, quien lo sufre yerra en la identidad de una persona o


en alguna de sus cualidades personales, por desconocimiento o conocimiento defectuoso
de dicha persona.
Doctrinariamente, es por regla general irrelevante, pero excepcionalmente puede viciar el
consentimiento, cuando el acto o contrato ha sido celebrado en consideración a una
persona determinada (intuito personae), hasta el punto de que la misma ha sido la razón
principal o exclusiva de la declaración de voluntad, caso en el cual el error reviste el
carácter de esencial, anulando por tanto el negocio celebrado.
Los actos de familia tienen este carácter, y algunos patrimoniales también, como los
contratos gratuitos que se celebran en consideración a una persona determinada, como la
donación. Algunos onerosos también, como el contrato de sociedad o el mandato, que se
celebran en atención a las cualidades de una persona.
En los contratos en que la consideración de la persona con quien se contrata es la causa
principal, el error en la persona vicia el consentimiento, sancionándose el acto con nulidad
relativa.
Ahora bien, en virtud del Art. 1455 Inc. 2° CC, declarada la nulidad relativa del contrato
por el error en la persona que sufrió una de las partes, la contraparte tiene derecho a la
indemnización de los perjuicios sufridos a causa de la nulidad, siempre que hubiera
celebrado el contrato de buena fe.

G) El Error Común
La llamada doctrina del error común permite asegurar la validez de un acto que, sin su
influencia, debería ser declarado nulo.
La doctrina tiene un antecedente romano en la historia del esclavo Barbarius Philippus
que, después de haberse fugado, fue nombrado pretor creyéndole ciudadano romano.
Descubierta su inhabilidad para el cargo, las sentencias dictadas por él debían haberse
considerado nulas, pero atendida la legítima apariencia, se llegó a la conclusión de que
debían considerarse válidas.

La doctrina y la jurisprudencia francesas, seguidas por las chilenas, han acuñado los
requisitos que se exigirían al error común para atribuir validez a actos que deberían ser
nulos:
• Debe haber un error común, ya sea porque efectivamente la comunidad en
general incurrió en la equivocación o, de hecho, el error tenía potencialidad para
ser compartido por ella, aunque no se haya dado tiempo para que así sucediera;
• El error debe ser excusable, en el sentido de que cualquier persona de
inteligencia y cultura media hubiera incurrido en el error.
Normalmente, el primer requisito asegura este segundo, ya que si la comunidad
incurrió en el error era porque no podía ser evitado con la diligencia exigida;
• El que pretende la validez del acto debe haber actuado de buena fe. No se
aplicaría la doctrina si, por ejemplo, existe un notario cuyo nombramiento fue
ilegal y ello es desconocido por la población, pero quien alega la validez de la
escritura pública autorizada por dicho funcionario sí sabía la inhabilidad que
afectaba a éste.

Sin perjuicio de que la aplicación del error común proceda cuando se verifican los
requisitos mencionados, existen casos específicos en los que la misma ley parece haberse
inspirado en esta teoría.
Así se mencionan especialmente los casos del guardador de hecho (Art. 426 CC), la
habilidad putativa de un testigo del testamento (Art. 1013 CC), la posibilidad de que el

108
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

heredero aparente tenga justo título si obtiene la posesión efectiva de la herencia (Art.
704 CC), el pago al poseedor del crédito (Art. 1576 CC) y la sociedad de hecho (Art.
2058).
Algunos agregan el matrimonio putativo que hoy se regula en el Art. 51 de la Ley de
Matrimonio Civil.

6. La Fuerza
A) Concepto y Clases
Se denomina fuerza toda coacción, presión o amenaza que se dirige a una persona con el
fin de que consienta en la celebración de un acto o negocio jurídico.
Se suele distinguir entre fuerza absoluta y fuerza relativa, así como entre fuerza física y
fuerza moral.

Es fuerza absoluta aquella que suprime totalmente la voluntad de la persona sobre la que
se ejerce, mientras que es fuerza relativa aquella que no produce dicha supresión, pero
limita o restringe la libertad de dicha persona en cuanto se siente obligada a celebrar el
acto jurídico para evitar el mal o dolor con que se le conmina violentamente.

La fuerza física es aquella que se ejerce sobre el cuerpo de la persona afectada, mediante
golpes que le causan dolor físico. En cambio, se llama fuerza moral aquella que consiste
simplemente en una amenaza de un mal propio o ajeno.
Por cierto, ambos tipos de violencia pueden darse conjuntamente, e incluso es posible
pensar que la fuerza física también es moral, ya que lo que impulsa a la víctima a consentir
es evitar que sigan maltratándola físicamente.

Siguiendo en este punto a Corral, no parece conveniente asimilar la fuerza física con la
fuerza absoluta, ya que no toda fuerza física produce la eliminación completa de la
voluntad.
La importancia de la llamada fuerza absoluta reside en que, de producirse en algún caso,
no habría vicio de la voluntad, sino que simplemente no habría voluntad ni acto humano
voluntario atribuible al afectado.
Si hubiera alguna apariencia de acto jurídico del coaccionado, procedería constatar
judicialmente su inexistencia.

B) Requisitos
Los requisitos para que la fuerza vicie el consentimiento han sido acuñados por la doctrina
sobre la base de los Arts. 1456 y 1457 CC, y se pueden sistematizar diciendo que es
necesario que la fuerza padecida por una de las partes sea grave, injusta y determinante.

La gravedad de la fuerza se mide por el impacto que es capaz de causar en la voluntad del
afectado, lo que también dependerá de la situación personal de éste.
Por ello, el Código Civil señala que la fuerza vicia el consentimiento cuando es capaz de
producir una impresión fuerte en una persona de sano juicio tomando en cuenta su edad,
sexo y condición (Art. 1456 Inc. 1° CC).

Se añaden dos reglas destinadas a aclarar cuándo hay y cuándo no hay una fuerza grave
capaz de viciar la voluntad:
• Según el Código, es una especie de fuerza grave todo acto que infunde a una
persona un justo temor de verse expuesta ella, su consorte o alguno de sus
ascendientes o descendientes a un mal irreparable y grave (Art. 1456 Inc. 1° CC).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Se trata de una presunción simplemente legal, que admitirá prueba en contrario.


A la inversa, si alguien alega fuerza por la amenaza de un mal a una persona
distinta de las mencionadas, por ejemplo, a un conviviente o a un sobrino, no
contará con la presunción, pero podrá acreditar que, atendidas sus circunstancias,
la fuerza debe ser considerada grave, conforme a la regla general;
• En cambio, no hay fuerza grave cuando se trata de alguien que ha actuado
impulsado sólo por el llamado temor reverencial.
El Código Civil define el temor reverencial como el solo temor de desagradar a
las personas a quienes se debe sumisión y respeto (Art. 1456 Inc. 2° CC).

Además de grave, la fuerza debe ser injusta, en el sentido de contraria a Derecho, por lo
que se excluyen las amenazas que consisten en el ejercicio de derechos, incluso
judicialmente.
Así, por ejemplo, el deudor de una obligación que pagó una parte de la deuda no puede
alegar vicio del consentimiento por la amenaza que le hizo el acreedor de ejercer la acción
ejecutiva en su contra y embargarle sus bienes.

Sin embargo, si la amenaza de ejercer un derecho se utiliza para obtener un acto jurídico
que nada tiene que ver con dicho derecho, habrá fuerza injusta. De este modo, si un
acreedor amenaza con embargar bienes de su deudor por el no pago de una deuda y le
exige para evitar esa acción que el deudor le venda su casa, el contrato de compraventa
podrá anularse por vicio de fuerza.

Finalmente, la fuerza debe ser determinante, en el sentido de que haya condicionado


precisamente la voluntad para consentir en el respectivo acto, o, dicho de manera
negativa, que el afectado no hubiera ejecutado o celebrado el acto o contrato si no hubiere
sido objeto de la presión indebida constitutiva de fuerza.

En cuanto a la procedencia de la fuerza, el Código Civil señala que no es necesario que


la ejerza aquel que es beneficiado por ella, sino que basta que se haya empleado la fuerza
por cualquiera persona con el objeto de obtener el consentimiento (Art. 1457 CC).
Queda claro que, a diferencia de lo que sucede con el dolo, como veremos más adelante,
no es necesario que la fuerza sea ejercida por la otra parte del acto jurídico, sino que puede
tratarse de un tercero que coacciona a alguien para que ejecute o celebre una convención
o contrato que no va en beneficio propio.
La contraparte de la víctima de la fuerza puede no estar en conocimiento de que la primera
está celebrando el acto porque un tercero lo ha coaccionado gravemente para ello, y aun
así, la ley consentirá en que el acto sea declarado nulo por vicio de la fuerza ejercida sobre
la voluntad de una de las partes.

Por las mismas razones, no hay problemas en que la fuerza vicie la voluntad en un acto
unilateral, ya que, en estos, siempre será un tercero quien presione al autor del acto, al no
existir una contraparte.
Así se dispone expresamente para el testamento (Art. 1007 CC).

C) Sanción
La sanción de la fuerza es la nulidad relativa que podrá solicitar quien la ha padecido.
Se excluye el caso de fuerza absoluta, para el que procedería la inexistencia (o la nulidad
absoluta), pero en tal evento, no se alegará vicio de la voluntad, sino falta de voluntad o
de consentimiento.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Por cierto, los actos de violencia que constituyen la fuerza podrán ser castigados, además,
por la vía penal conforme al delito que constituyan.
Igualmente, procederá la responsabilidad civil para demandar los perjuicios causados que
no se hayan visto reparados por la privación de efectos del acto cuyo consentimiento fue
viciado.
La violencia implica dolo extracontractual, de modo que la obligación de indemnizar
perjuicios provendrá de un delito civil (Art. 2284 Inc. 3° CC).

7. El Dolo
A) Generalidades
El dolo es un vicio del consentimiento constituido por la maquinación fraudulenta
destinada a que una persona preste su consentimiento para la celebración de un acto o
contrato.
El dolo acepta distintas clasificaciones, que pasamos a analizar:
• Dolo Bueno y Dolo Malo
El dolo bueno consiste en el comportamiento lícito, realizado con astucia,
malicia, halagos o jactancia que se consideran permitidas en las relaciones
jurídicas, siendo un engaño menor, producto de las exageraciones que son
normales en el comercio.
El dolo malo, en cambio, supone un comportamiento ilícito, constituido por el
engaño que una persona hace a otra para inducirla a una manifestación de la
voluntad que sin el dolo no habría efectuado, o habría efectuado en condiciones
menos onerosas.

• Dolo Positivo y Dolo Negativo


Es dolo positivo aquel en que el engaño se realiza a través de razonamientos o
actos tendientes a representar como verdaderas circunstancias falsas, o a suprimir
o alterar las verdaderas.
El dolo negativo, por otra parte, es aquel en que el engaño consiste en ocultar
sagazmente hechos verdaderos, escudándose el autor del dolo en una omisión de
actividad, como el silencio o la reticencia.

• Dolo Determinante y Dolo Incidental


Es dolo determinante, principal o inductivo aquel que induce en forma directa
a una persona a realizar una declaración de voluntad que, de no mediar el dolo, se
habría abstenido de realizar.
El dolo incidental, en cambio, no es determinante para la declaración de voluntad,
ya que la víctima la habría realizado de igual forma, pero en condiciones menos
onerosas.

B) El Dolo en el Código Civil


El legislador reconoce el término dolo con tres acepciones distintas:
• Como vicio del consentimiento;
• Como factor de imputabilidad en el incumplimiento de un contrato (Art. 1558
CC);
• Como uno de los elementos que integran el supuesto de hecho de un delito civil,
y que consiste en la intención de causar daño.

El Art. 44 CC define el dolo como “la intención de inferir injuria a la persona o


propiedad de otro”.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

A efectos del estudio de esta materia, nos interesa la acepción del dolo como vicio del
consentimiento, que podemos entender como una conducta realizada por una persona para
engañar a otra e inducirla, mediante este engaño, a celebrar o ejecutar un acto o contrato.
El Código regula al dolo como vicio del consentimiento en sus Arts. 1458-1459,
estableciendo el Inc. 1° del Art. 1458 CC que el dolo no vicia el consentimiento sino
cuando es obra de una de las partes, y cuando además aparece claramente que sin él no
habrían contratado. Así, el dolo debe ser obra de una de las partes, y además, ser
determinante.
Esto, sin embargo, no significa que sólo pueda haber dolo en actos jurídicos bilaterales,
ya que puede existir en actos unilaterales, lo cual reconoce el Código al regular, por
ejemplo, el testamento, y en tales casos, el dolo debe necesariamente ser obra de un
tercero, y también, necesariamente, determinante.

Como vicio de la voluntad, el dolo se sanciona con la nulidad relativa o rescisión, siempre
que cumpla con los requisitos mencionados anteriormente. De otra forma, no afecta la
validez del acto jurídico.
Sin embargo, el dolo que no reúne las características requeridas para viciar la voluntad da
derecho a la víctima para exigir la indemnización por los perjuicios sufridos como
consecuencia del dolo.
La víctima del dolo, para obtener reparación de los perjuicios causados, puede demandar
a la persona que fraguó el dolo por el total de los perjuicios, o bien, demandar a la persona
que, sin haber maquinado el dolo, ha obtenido provecho de él, aunque sólo hasta la
concurrencia de dicho provecho (Art. 1458 Inc. 2° CC).

Es importante destacar que el dolo no se presume sino en los casos expresamente


previstos en la ley, tal y como dispone el Art. 1459 CC. La regla general es que el dolo
debe probarse por quien alega haber sido víctima de él, aunque excepcionalmente, la ley
presume el dolo en ciertos casos, como en el Art. 968 N°5 CC, que considera indignos
de suceder al causante a los que dolosamente han detenido u ocultado un testamento,
presumiéndose dolo por el mero hecho de la detención u ocultación.

Por último, es importante mencionar el tema de la condonación del dolo. Conforme al


Art. 1465 CC, el dolo no puede perdonarse o condonarse anticipadamente, es decir, antes
de cometerse.
La condonación del dolo futuro adolece de objeto ilícito, y se sanciona con nulidad
absoluta.
Nada obsta, sin embargo, a que el dolo sea condonado una vez que ya se cometió y fue
conocido por la víctima.

8. La Lesión
A) Concepto y Naturaleza
La lesión es el perjuicio que experimenta una persona cuando ejecuta ciertos actos
jurídicos, y que resulta de la desigualdad existente entre la ventaja obtenida y el sacrificio
hecho para obtenerla.
El campo de aplicación de la lesión se restringe a los contratos onerosos conmutativos,
que son aquellos que tienen por objeto la utilidad de ambos contratantes, obligándose
ambas partes a dar o hacer una cosa que se mira como equivalente a lo que la otra debe
dar o hacer a su vez.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Se discute en doctrina acerca de la naturaleza jurídica de la lesión, ya que puede


apreciarse subjetiva u objetivamente.
• Criterio Subjetivo
Si se aborda desde un punto de vista estrictamente subjetivo, la lesión tendría el
carácter de vicio del consentimiento. Ahora bien, dentro de este mismo criterio,
algunos consideran la lesión como un vicio del consentimiento autónomo,
mientras que otros la consideran como un vicio que es accesorio al error, la fuerza
o el dolo.
Para aquellos que plantean la lesión como un vicio del consentimiento
autónomo e independiente del error, la fuerza y el dolo, la falta de equivalencia
de las prestaciones de las partes vicia el consentimiento cuando proviene del
apremio moral causado por la imperiosa necesidad de dinero, el cual coarta la
libertad de decisión de la parte que se obliga a dar más de lo que recibe.
Se critica esta postura porque sería antijurídico que cualquier persona pudiera
pedir la nulidad de un contrato que la pone en una posición desfavorable para sus
intereses por la sola circunstancia de haber consentido por la necesidad de dinero.
Para aquellos que plantean la lesión como un vicio del consentimiento
accesorio, la falta de equivalencia de las prestaciones de las partes revela que
aquella que se obliga a dar más de lo que recibe lo hace como consecuencia del
error, fuerza o dolo de que ha sido víctima.
Esta postura también es fuertemente criticada, ya que de tal manera, la existencia
de la lesión como vicio sería irrelevante, pues bastaría con demandar la nulidad
relativa del acto por la presencia del error, fuerza o dolo.
Teniendo todo esto en cuenta, la seguridad y estabilidad de las relaciones jurídicas
obligan a desechar el criterio subjetivo.

• Criterio Objetivo
Un sector de la doctrina estima que la lesión debe apreciarse con un criterio
estrictamente objetivo, ya que la lesión no guarda relación alguna con el
consentimiento de la víctima, sino que opera lisa y llanamente cuando el contrato
revela una desigualdad de las prestaciones que supera los márgenes permisibles.
Por ello, el legislador tendría que establecer los límites dentro de los cuales sería
tolerable una desigualdad entre las prestaciones en un contrato oneroso
conmutativo, siendo ilícita la desigualdad que superara tales límites.
Esto no obstaría, sin embargo, a que pueda demandarse la nulidad relativa del
contrato si además existiera error, fuerza o dolo.

B) La Lesión en el Código Civil


En el proyecto de 1853, la lesión estaba contemplada como un vicio del consentimiento,
pero se eliminó del Art. 1451 CC. Además, para nuestra legislación, la lesión no
constituye una causal genérica de rescisión de los contratos onerosos conmutativos que
evidencien una falta de equivalencia en las prestaciones de ambas partes.
El Código limita el campo de aplicación de la lesión a determinados actos jurídicos, que
no son necesariamente contratos onerosos conmutativos, dictando para tales casos ciertas
normas para reestablecer el equilibrio.
La lesión está contemplada en una serie de actos jurídicos, entre los cuales analizamos la
compraventa de bienes raíces, la cláusula penal y el mutuo.

Para la compraventa de bienes raíces, el Art. 1888 CC establece que el contrato puede
rescindirse por lesión enorme, precisando el Art. 1889 CC al decir que el vendedor sufre

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

lesión enorme cuando el precio que recibe es inferior a la mitad del justo precio de la cosa
que vende, y el comprador, a su vez, sufre lesión enorme cuando el justo precio de la cosa
que compra es inferior a la mitad del precio que paga por ella.

Respecto de la cláusula penal, podemos definirla como una avaluación anticipada que
hacen las partes de los perjuicios que deriven del incumplimiento o el retardo en el
cumplimiento de una obligación. La cláusula penal es perfectamente lícita, y muy usual
en la práctica. Sin embargo, pueden existir casos de cláusula penal enorme, lo cual
consiste en el caso en que es excesiva o desmesurada, perdiendo su carácter
indemnizatorio y convirtiéndose en lucro para el acreedor.

Por último, en el mutuo, el legislador determina el máximo que se puede estipular por
intereses en el contrato de mutuo, el cual toma el nombre de interés máximo
convencional, consistente en el interés corriente aumentado en un 50%.
Si el interés pactado supera el máximo convencional, la estipulación no es nula, pero el
interés se rebaja al interés corriente.

C) Efectos de la Lesión
Si analizamos cada uno de los casos de lesión que contempla el Código, podemos ver que
las sanciones no son uniformes, ya que en algunos casos produce la rescisión o nulidad
relativa, como en la aceptación de una herencia, partición de bienes, compraventa de
bienes raíces o permuta de bienes raíces, y en otros casos, produce la rebaja de la
prestación que supera los límites permitidos por el legislador, como ocurre con la cláusula
penal enorme, el mutuo o la anticresis con intereses excesivos.

9. La Simulación
A) Generalidades
Ferrara define la simulación como “la declaración de un contenido de voluntad no real,
emitida conscientemente y de acuerdo entre las partes, para producir con fines de engaño
la apariencia de un negocio jurídico que no existe o es distinto de aquel que realmente
se ha llevado a cabo”.
De esta definición es posible extraer los requisitos de toda simulación:
• Existencia de una declaración que deliberadamente no se conforma con la
intención de las partes;
• Concertación de común acuerdo entre las partes de la declaración;
• Engaño de terceros como el propósito perseguido por las partes.

Ahora bien, no toda simulación es ilícita, y ello sólo ocurrirá cuando las partes intenten
eludir una norma prohibitiva o cuando la simulación produzca un perjuicio patrimonial a
terceros.

El mismo autor distingue tres formas principales de simulación:


• Simulación Absoluta
La simulación absoluta es aquella en que lo simulado es la existencia de un acto
jurídico que no existe realmente, como si las partes parecieran celebrar una
compraventa cuando en realidad no lo han hecho ni han tenido la intención de
hacerlo.
Establecida la simulación absoluta, el acto simulado se desvanece, quedando por
tanto como inexistente.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Simulación Relativa
La simulación relativa se refiere a la naturaleza del acto, y consiste en que se
esconde o disimula un acto distinto al que se aparenta celebrar.
Tenemos por lo tanto un acto simulado o fingido y un acto disimulado u oculto,
que es aquel que refleja la verdadera intención de las partes y que se encuentra
encubierto por el primero.
Si el acto disimulado no perjudica a terceros ni infringe la ley, estaremos frente a
una simulación lícita, caso en el cual, si el acto disimulado cumple con los
requisitos de existencia y validez, producirá todos los efectos que le sean propios.
Si perjudica a un tercero y se establece la simulación relativa, el acto simulado
queda inexistente, al carecer de causa, o existiendo ésta, es ilícita. El acto
disimulado, en cambio, queda a la vista, y se sanciona según los vicios que en él
se adviertan.

• Simulación por Interposición de Personas


Se refiere a las personas de los contratantes, ya que las partes celebran un acto real
en cuanto a su existencia y contenido, pero atribuyen la calidad de partes a
personas que no la tienen realmente.

B) Acción de Simulación
La doctrina denomina acción de simulación a aquella ejercida por terceros a quienes la
simulación perjudica, para que el juez declare la voluntad real de las partes.
Para que pueda ejercerse, deben cumplirse ciertas condiciones:
• Sólo puede entablarla el tercero al acto simulado que tiene un interés jurídico;
• El actor debe probar el daño sufrido como consecuencia de la incertidumbre
causada por el acto simulado.

En cuanto a la naturaleza jurídica de esta acción, la doctrina clásica postula que aquellos
perjudicados por el acto simulado deben demandar la nulidad absoluta, mientras que otros
autores distinguen según quién demande, ya que si lo hace una de las partes, tendría que
demandar la nulidad absoluta, pero si lo hiciera un tercero, nacería una acción autónoma
de simulación.
Para Corral, no sería necesaria una acción, puesto que estaríamos ante un caso de
inexistencia jurídica, aunque para efectos de seguridad jurídica, lo mejor sería demandar
la nulidad.

La ley no menciona un plazo de prescripción para esta acción, por lo que se entiende que
aplica el plazo general de las acciones personales, es decir, de cinco años.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo III – El Objeto

1. Introducción
En conformidad al Art. 1460 CC, toda declaración de voluntad debe tener por objeto una
o más cosas que se trata de dar, hacer o no hacer. El mero uso de la cosa o su tenencia
puede ser objeto de la declaración.
De lo anterior puede concluirse que, para nuestro Código Civil, el objeto del acto jurídico
es la cosa que se trata de dar, hacer o no hacer, aplicando la palabra cosa en un sentido
amplísimo, que no incluye sólo las cosas que pueden ser objeto de transferencia, sino
también hechos y abstenciones.

La doctrina ha cuestionado este concepto de objeto del acto, puesto que confundiría el
objeto del acto jurídico con el objeto de la prestación que a su vez es objeto de la
obligación que es creada, modificada o extinguida por éste.
En palabras más simples, imaginemos que tenemos un acto jurídico, que contiene una
obligación, y ésta, a su vez, contiene una prestación.
El objeto del acto jurídico sería la creación, modificación o extinción de derechos y
obligaciones, mientras que el objeto de la obligación sería la prestación misma (dar, hacer
o no hacer algo) y el objeto de la prestación, a su vez, sería la cosa o el hecho que debe
hacerse o no hacerse.

Según otras opiniones, el objeto del acto estaría constituido por los intereses de las partes
que son regulados, o más bien, por el propósito práctico que intentan conseguir a través
de él.

Cabe señalar, no obstante lo anterior, que el Código no distingue entre el objeto del acto
y el objeto de la obligación, y en efecto, suele confundir ambas cosas.
La regulación que el Código hace del objeto se refiere finalmente a la primera teoría, y
por lo mismo, se consideran legalmente objeto las cosas o hechos que son, a su vez, el
objeto de la prestación a que se obligan las partes.

2. Requisitos del Objeto


Los requisitos para que exista objeto en el acto jurídico son distintos según se trate de una
cosa o de un hecho.

A) Requisitos que Debe Reunir el Objeto si es una Cosa


Si se trata de una cosa, corporal o incorporal, es necesario:
• Que la Cosa Exista o se Espere que Exista
Según dispone el Art. 1461 CC, no sólo las cosas que existen pueden ser objetos
de una declaración de voluntad, sino las que se espera que existan, por lo que
pueden ser objeto de un acto jurídico las cosas futuras.
Si la cosa se supone existente pero no existe, el acto jurídico no producirá efectos
por falta de objeto.

• Que la Cosa Sea Comerciable


El mismo Art. 1461 CC nos dice que tanto las cosas presentes como las cosas
futuras pueden constituir objeto del acto, pero agrega que es menester que las unas
y las otras sean comerciables.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Una cosa será comerciable cuando sea susceptible de dominio o posesión por los
particulares, o bien, cuando se encuentre en el comercio humano y no excluido de
él por su naturaleza, destinación o la ley.

• Que la Cosa Sea Determinada o Determinable


Siguiendo con el Art. 1461 CC, nos otorga el tercer requisito al disponer que la
cosa debe estar determinada, al menos, en cuanto a su género, agregando que la
cantidad puede ser incierta con tal que el acto o contrato fije reglas o contenga
datos que sirvan para determinarla.
La determinación de la cosa puede hacerse de dos formas, esto es, específica y
genéricamente.
Es específica cuando se identifica una especie determinada de un género
determinado, como por ejemplo, la casa ubicada en Calle Principal 2500.
Es genérica cuando se señala indeterminadamente una especie de una clase o
género determinado, como por ejemplo, un automóvil de cierta marca y año, ocho
toneladas de harina, o diez millones de pesos.
Cuando la determinación es genérica, se debe añadir la cantidad de las cosas del
género que se incluyen en el acto jurídico, pero esta cantidad puede quedar
indeterminada si es posible determinarla mediante reglas o datos que proporcione
el mismo acto jurídico.

B) Requisitos que Debe Reunir el Objeto si es un Hecho


Cuando el objeto consiste en una conducta o hecho, sea una conducta activa o una
abstención, debe cumplir con los siguientes requisitos:
• El Hecho Debe Ser Determinado o Determinable
La conducta que debe hacerse o no hacerse debe estar señalada precisamente en
el acto jurídico, por lo que no cabe aquí la distinción entre determinación genérica
o específica, ya que será siempre específica.
Es posible que el hecho no esté determinado en el mismo acto, siempre y cuando
éste contenga reglas o fije datos que sirvan para determinarlo, caso en el cual en
el objeto será determinable.

• El Hecho Debe Ser Físicamente Posible


En conformidad al Art. 1461 Inc. 3° CC, si el objeto es un hecho, debe ser
físicamente posible, y no lo será cuando sea contrario a la naturaleza. La
imposibilidad debe ser absoluta y permanente.

• El Hecho Debe Ser Moralmente Posible


El Art. 1461 Inc. 3° CC considera moralmente imposible el hecho que es
prohibido por las leyes, o contrario a las buenas costumbres o al orden público.

3. El Objeto Lícito
Para la validez del acto jurídico se requiere que el objeto sea lícito, requisito que dispone
el Art. 1445 CC, pero sobre el cual no profundiza en el sentido de explicar en qué consiste
dicho requisito. La ley se limita a describir ciertas situaciones en las cuales considera que
el objeto es ilícito.
En términos generales, el objeto es ilícito cuando consiste en la ejecución de un hecho
que atenta contra la ley, el orden público, la moral o las buenas costumbres, ya que el
reproche de ilicitud se formula específicamente en consideración al hecho que constituye

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

el objeto del acto, como sería matar a otro, lo que contamina con ilicitud al acto que tiene
por objeto tal hecho.
Por otra parte, la ley habla de objeto ilícito en ciertos casos en que trata como ilícito no
el objeto, sino el acto mismo, como ocurre con los contratos que la ley prohíbe o las
enajenaciones prohibidas por el Art. 1464 CC.
Pasamos a analizar los actos en que el Código establece que hay objeto ilícito.

A) Contratos Prohibidos por las Leyes


Según dispone el Art. 1466 CC, hay ilicitud de objeto, generalmente, en todo contrato
prohibido por las leyes.
Aunque la norma mencione sólo a los contratos, la sanción puede ampliarse a todos los
actos jurídicos, conforme a lo previsto en el Art. 10 CC, aun cuando la sanción será
distinta, ya que para los contratos prohibidos se aplicará la nulidad absoluta por lo que
dispone el Art. 1682 CC, mientras que para los actos jurídicos que no son contratos se
aplicará la inexistencia conforme al Art. 10 CC, que señala que los actos prohibidos son
nulos y de ningún valor.

Aplicando también esta norma, debemos agregar que si la ley establece expresamente
otro efecto que el de la nulidad para el caso de que se contravenga la prohibición, el acto
será válido.

B) Actos que Contravienen el Derecho Público


Según dispone el Art. 1462 CC, hay objeto ilícito en todo lo que contraviene al derecho
público chileno. Así, la promesa de someterse en Chile a una jurisdicción no reconocida
por las leyes chilenas, es nula por el vicio del objeto.

Cabe destacar, sin embargo, que se discute acerca de la validez de la sumisión a una
jurisdicción extranjera pactada entre particulares.
Algunos niegan la validez de tal pacto, ya que iría en contra de las normas del Código
Orgánico de Tribunales y por tanto infringiría el Derecho Público Chileno, lo cual ha sido
respaldado por la Corte Suprema.
Sin embargo, hay quienes piensan que lo prohibido es someterse a un jurisdicción no
reconocida por las leyes chilenas, por lo que sería válido someterse a la jurisdicción
extranjera, al estar reconocida por el mismo Código de Procedimiento Civil, que contiene
normas relativas al cumplimiento de resoluciones dictadas por tribunales extranjeros. Así,
tal estipulación sería perfectamente legítima en el contexto del Derecho Internacional
Privado.

En 1978 se dictó el Decreto Ley N°2349, autorizando la sumisión a la jurisdicción


extranjera en contratos internacionales cuando una de las partes es el Estado de Chile o
sus organismos, instituciones o empresas. Por ello, este problema de interpretación sólo
subsiste cuando no es parte el Estado o sus organismos, instituciones o empresas, sino los
particulares.

C) Pactos Sobre Sucesión Futura


Según dispone el Art. 1463 CC, el derecho de suceder por causa de muerte a una persona
viva no puede ser objeto de una donación o contrato, aun cuando intervenga el
consentimiento de la misma persona.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El derecho de suceder a una persona por causa de muerte no puede ser objeto de contrato
alguno, sea gratuito u oneroso. Por ejemplo, una persona no podría vender a un amigo los
derechos sucesorios que tiene respecto de su padre vivo.
Ahora bien, hablamos de sucesión futura, y ello se debe a que es perfectamente posible
la cesión de derechos hereditarios una vez que la sucesión ya se ha abierto, lo cual regula
el Código en sus Arts. 1909 y siguientes.

En general, cualquier convención que consista en un pacto de sucesión futura adolece de


objeto ilícito, por lo tanto, pero cabe mencionar una excepción, contenida en el Art. 1204
CC y que se refiere al llamado Pacto de No Disponer de la Cuarta de Mejoras.
En virtud de este pacto, el causante puede, en vida, prometer por escritura pública entre
vivos, a su cónyuge o a alguno de sus descendientes o ascendientes, que a la sazón era
legitimario, no donar ni asignar por testamento parte alguna de la cuarta de mejoras,
siendo el único pacto de sucesión futura que no adolece de objeto ilícito.

D) Condonación del Dolo Futuro


Art. 1465 CC: “El pacto de no pedir más en razón de una cuenta aprobada, no vale en
cuanto al dolo contenido en ella, si no se ha condonado expresamente. La condonación
del dolo futuro no vale”.
La condonación del dolo futuro es reprobada por la ley porque supone que una de las
partes de la convención en que se estipula dicha condonación acepta anticipadamente que
la otra la haga víctima de engaños o que infrinja un contrato con la intención de dañar al
acreedor, y porque implica una renuncia a perseguir la responsabilidad de la parte que
actuó con dolo, lo cual pugna contra principios esenciales del Derecho, como la buena fe
o la responsabilidad por los actos ilícitos.

E) Juegos de Azar
Conforme a la primera parte del Art. 1466 CC, las deudas contraídas en juegos de azar
adolecen de objeto ilícito.
Los juegos no siempre son ilícitos, ya que existen juegos lícitos que la ley regula como
contratos aleatorios, como aquellos en que predomina la destreza física o intelectual. Sin
embargo, la ley reprueba los juegos de azar, que son aquellos en que la contingencia
incierta de ganar o perder depende principalmente de la suerte.
Excepcionalmente, la ley permite ciertos juegos de azar, como son los que se practican
en casinos específicamente determinados, o los de lotería, también específicamente
determinados.

F) Venta de Publicaciones Prohibidas, Obscenas o Abusivas


El Art. 1466 CC contempla como casos específicos de objeto ilícito la venta de libros
cuya circulación es prohibida por la autoridad competente, de láminas, pinturas y estatuas
obscenas y de impresos condenados como abusivos de la libertad de prensa.

En los tres supuestos se trata de contratos de compraventa que pasan a ser nulos por tener
por objeto ciertas publicaciones y cosas que son consideradas ilícitas por abusar del
derecho a la libre expresión.
Sin embargo, las formas de prohibición han variado desde los tiempos en que entró a regir
el Código y la actualidad. Ya no existe la censura previa y administrativa de libros y la
libertad de prensa se ha ampliado fuertemente.
Sin embargo, la norma puede seguir siendo aplicable, aunque más restringidamente.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

G) Enajenaciones con Objeto Ilícito


1) Generalidades
Es de gran importancia en esta materia el Art. 1464 CC, que contiene cuatro casos en los
cuales se califica como de objeto ilícito la enajenación de ciertas cosas.
Se trata de una norma que impone limitaciones a la facultad de disponer que se considera
esencial en el dominio, como se deduce de la definición contenida en el Art. 582 CC, y
por ello, constituyen también excepciones al principio informador del Derecho Civil
conocido como el principio de libre circulación de los bienes.
Por ello, la norma, en principio, debe ser interpretada de manera restrictiva, aunque ello
no siempre ha sido tenido en cuenta por la doctrina y la jurisprudencia.

En su núcleo más esencial, enajenar significa transferir el dominio o propiedad sobre una
cosa a otra persona.
La enajenación debe producirse por acto entre vivos, ya que no parece que la haya cuando
la propiedad se transmite a los sucesores por el modo sucesión por causa de muerte.
En estricto rigor, no puede decirse en este último caso que la cosa se haya hecho ajena al
causante, porque éste al morir ha dejado de existir como persona.

También hay enajenación cuando no se trasfiere el dominio de la cosa a otra persona,


pero sí se la favorece con algún otro derecho real de goce (usufructo, uso, habitación,
servidumbres) o de garantía (prenda, hipoteca, censo) que se constituye sobre la cosa.
Tratándose de derechos reales de goce, hay una cierta enajenación, ya que se está
haciendo ajena una facultad del dominio (aunque sea temporalmente).
En los derechos reales de garantía, la enajenación es potencial, ya que, eventualmente, si
no se cumple la obligación garantizada, se ejecutará la cosa y se venderá en pública
subasta.

2) Casos de Enajenaciones Con Objeto Ilícito


Como ya dijimos, los casos de enajenaciones con objeto ilícito se encuentran
contemplados en el Art. 1464 CC, y pasamos a analizar cada uno:
• Enajenación de las Cosas que No Están en el Comercio (Art. 1464 N°1 CC)
Esta norma resulta contradictoria con el Art. 1461 CC antes estudiado, dado que
éste exige como requisito del objeto su comerciabilidad, y por lo tanto, se plantea
la interrogante acerca de si en casos de cosas incomerciables estamos ante un
objeto ilícito o ante una falta de objeto.
La cuestión tiene relevancia práctica ya que, según un sector de la doctrina, la
sanción por la falta de objeto es la inexistencia, mientras que no hay duda que la
sanción por el objeto ilícito es la nulidad absoluta (Art. 1682 CC).
La mayoría de la doctrina resuelve este conflicto por medio del principio de
especialidad, por lo que, de manera general, la incomerciabilidad de la cosa
determina la inexistencia de objeto, pero de manera especial, cuando se trate de
actos jurídicos que puedan ser calificados de enajenación, la incomerciabilidad
determinará la presencia de un objeto, pero ilícito.

• Enajenación de Derechos o Privilegios Intransferibles (Art. 1464 N°2 CC)


Hay que advertir que la norma no se refiere a cosas corporales que no puedan ser
transferidas, porque ellas están fuera del comercio, y por tanto, quedan
comprendidas en el Art. 1464 N°1 CC.
Los derechos son cosas incorporales que pueden ser reales o personales (Art. 576
CC), y por regla general, pueden ser transferidos por acto entre vivos y

120
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

transmitidos por causa de muerte. Sin embargo, por excepción existen ciertos
derechos que son inalienables o intransferibles, como el derecho real de uso (Art.
819 CC), el derecho de habitación (Art. 819 CC) y el derecho a pedir alimentos
(Art. 334 CC).
La regla señala que también tiene objeto ilícito la enajenación de privilegios que
no sean transferibles.
Parece claro que la norma no se refiere a los privilegios como causa de preferencia
de ciertos créditos, ya que estos privilegios son inherentes al crédito y se
transfieren junto con él.
Más bien, se refiere a ciertos derechos que por ser exorbitantes del derecho común
se confieren a ciertas personas por su calidad de tal.
Así por ejemplo, el derecho a que la prescripción se suspenda (Art. 2509 CC), el
derecho a invocar el beneficio de competencia (Art. 1625 CC) o el derecho del
cónyuge sobreviviente a la adjudicación preferente de la vivienda familiar (Art.
1337 N°10 CC).

• Enajenación de Cosas Embargadas por Decreto Judicial (Art. 1464 N°3 CC)
Puede definirse el embargo como la medida judicial, propia de un procedimiento
ejecutivo por la cual se incautan bienes del deudor en cantidad suficiente para
cubrir la deuda con sus intereses y costas.
La doctrina y la jurisprudencia concuerdan en que no sólo tienen la calidad de
embargadas las cosas respecto de las cuales se traba embargo en un juicio
ejecutivo, sino también aquellas cosas que se encuentran afectadas por una medida
precautoria de prohibición de celebrar actos y contratos o de gravar y enajenar.
El embargo o prohibición debe existir al momento de la enajenación para que ésta
adolezca de objeto ilícito.
El Art. 1463 N°3 CC establece dos maneras para enajenar válidamente una cosa
embargada, que son la autorización judicial y el consentimiento del acreedor.
Respecto de la Autorización Judicial, la jurisprudencia ha señalado que la
autorización debe ser concedida por el mismo juez que decretó la prohibición o el
embargo, y si fueron varios jueces, la autorización debe provenir de todos ellos.
En cuanto al Consentimiento del Acreedor, constituye una renuncia tácita a
ejercer los derechos que le corresponden en su calidad de acreedor embargante.
Si el embargo se hubiera trabado en favor de más de un acreedor, todos deben
consentir en la enajenación de la cosa.
En cualquier caso, la autorización judicial o el consentimiento del acreedor deben
prestarse con anterioridad al acto de enajenación. Si se dieran de forma posterior
a la enajenación, constituiría una forma de saneamiento de un vicio de nulidad
absoluta, lo cual la ley no contempla.

• Enajenación de Especies Cuya Propiedad se Litiga (Art. 1464 N°4 CC)


Según dispone el Art. 1464 N°4 CC, hay objeto ilícito en la enajenación de las
especies cuya propiedad se litiga, sin permiso del juez que conoce en el litigio.
Con especies, el legislador se refiere a cosas determinadas específicamente, y no
genéricas, pudiendo ser muebles, inmuebles, corporales o incorporales.
Para que se aplique el objeto ilícito, según el Código Civil, basta que haya un
juicio en que se discuta sobre la propiedad de la cosa.
Sin embargo, el Código de Procedimiento Civil ha añadido un nuevo requisito,
esto es, que el juez haya decretado una medida precautoria de prohibición de
celebrar actos y contratos sobre ella (Art. 296 Inc. 2° CPC).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El precepto del Código Civil sólo contempla una excepción en este caso, esto es,
que el juez otorgue permiso para la enajenación.
Lógicamente, se tratará de una resolución judicial que deberá dictarse en un
incidente en el que se oirá la opinión de ambas partes.
Frente al silencio de la ley, parece que no cabe que sea la otra parte la que autorice
la enajenación, aunque si hay consentimiento entre las dos, bien podrían llegar a
una transacción o conciliación que ponga término al pleito, y en ella contemplar
la enajenación de la cosa por parte de alguna de ellas.

3) El Problema de la Compraventa
La interpretación común de la enajenación a la que se refiere el Art. 1464 CC es la que
la identifica con la operatividad de un modo de adquirir el dominio, y concretamente con
la tradición.
En principio, por tanto, el mero contrato de compraventa en cuanto título traslaticio de
dominio, pero no modo de adquirir, no constituye enajenación, y puede referirse a alguna
de las cosas enumeradas por el Art. 1464 CC.

Esta conclusión debe ser contrastada con lo que se dispone en el Art. 1810 CC, según el
cual, pueden venderse todas las cosas corporales o incorporales, cuya enajenación no esté
prohibida por ley.
De esta manera, el Código nos dice que no pueden ser objeto de compraventa las cosas
cuya enajenación esté prohibida por ley.
Si consideramos que el Art. 1464 CC justamente prohíbe la enajenación válida de ciertas
cosas, debemos concluir en consecuencia que también será nulo el contrato de
compraventa que se refiera a esas cosas, no por aplicación directa del Art. 1464 CC, sino
por mandato del Art. 1810 CC, en relación con el Art. 1464 CC.

Sin embargo, para algunos autores, es necesario hacer una distinción sobre la base del
concepto de leyes prohibitivas.
Como ya estudiamos, se suele entender por leyes que prohíben un acto aquellas que lo
vedan absolutamente, sin excepciones.
En cambio, cuando una ley se expresa en términos prohibitivos, pero hace excepciones a
ella, se trataría de una ley imperativa de requisitos, por lo que ordenaría cumplir con esos
requisitos para llevar a efecto el acto que aparentemente prohíbe.

Si consideramos que cuando el Art. 1810 CC habla de cosas cuya enajenación está
prohibida por ley se ha referido a leyes propiamente prohibitivas, entonces sólo podría
aplicarse a los números 1 y 2 del Art. 1464 CC, que son aquellos en los que la enajenación
tiene objeto ilícito de manera absoluta y sin excepciones.
A la inversa, tratándose de los supuestos de los números 3 y 4 (cosas embargadas y
especies litigiosas), al contemplarse expresamente excepciones que permiten bajo ciertas
condiciones la enajenación, no se trataría de cosas cuya enajenación esté realmente
prohibida, sino más bien de cosas cuya enajenación está sujeta al cumplimiento de ciertos
requisitos.
Siendo así, no cabría aplicar el Art. 1810 CC a los números 3 y 4 del Art. 1464 CC, y
por tanto, la compraventa de cosas embargadas o de especies litigiosas sería plenamente
válida.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Ahora bien, Corral rechaza esta interpretación, planteando que una ley no deja de ser
prohibitiva por contar con excepciones, las cuales no constituyen requisitos de validez
para el acto.
Por lo tanto, el referido autor considera que los cuatro números del Art. 1464 CC son
normas que prohíben la enajenación de cosas.

4. Sanción a la Falta de Objeto y al Objeto Ilícito


Cuando un acto jurídico carece de objeto, al menos doctrinariamente, ello significaría la
inexistencia del acto, al carecer de un elemento de existencia.
Esto se subentiende del Art. 1814 CC que, regulando la compraventa, dispone que la
venta de una cosa que al tiempo de perfeccionarse el contrato se supone existente y no
existe, no produce efecto alguno.
La falta de producción de los efectos propios de la compraventa constituye la
consecuencia de la inexistencia de un acto o contrato.

Ahora bien, para quienes no admiten la teoría de la inexistencia, la sanción a la falta de


objeto sería la nulidad absoluta, al ser la sanción de más alto grado que contempla nuestro
ordenamiento.

En cuanto al objeto ilícito, su sanción es la nulidad absoluta, ya que así lo dispone


expresamente el Art. 1682 CC, uniendo las causales de objeto y causa ilícita.
A esta sanción, la ley añade una adicional para el que celebró el acto con pleno
conocimiento de que tenía objeto ilícito, ya que, en tal caso, según el Art. 1468 CC, no
podrá pedir que se le restituya lo que haya dado o pagado en virtud del acto jurídico.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo IV – La Causa

1. Generalidades
Para la doctrina clásica, todo acto o contrato requiere como elemento esencial para su
existencia jurídica una causa, y para la validez del mismo, a su vez, que tal causa sea
lícita.
Esta doctrina es la llamada causalista, y se contrapone a cierto sector de la doctrina que
considera suficiente para la existencia del acto jurídico la manifestación de voluntad y el
objeto sobre el cual recae, estimando que la exigencia de una causa impone un requisito
artificial y prescindible. Esta última es la llamada doctrina anticausalista.

La principal dificultad que presenta la causa para los intérpretes y tratadistas está
constituida por el hecho de ser un término que admite diversas y variadas acepciones,
dentro de las cuales, las más importantes son:
• Causa Eficiente
La causa eficiente es el elemento generador del efecto, por lo que la causa eficiente
de las obligaciones sería la fuente de las mismas.
Así, la causa de la obligación del vendedor de entregar la cosa sería el mismo
contrato de compraventa.

• Causa Final
La causa final es el fin inmediato o invariable de un acto, es decir, el fin próximo
que determina a la voluntad a obrar, y que siempre es posible encontrar en la
estructura misma del contrato, siendo idéntica para todos los actos pertenecientes
a la misma especie.
En este sentido, la causa o fin del comprador, en todos los contratos de
compraventa, es incorporar a su patrimonio una cosa.

• Causa Ocasional
Está constituida por el fin lejano y variable de un acto, siendo de carácter
completamente subjetivo. Sería el móvil o la razón que empuja al individuo a
celebrar un acto o contrato en determinadas circunstancias.

2. Doctrinas Sobre la Causa


A) Doctrina Clásica de la Causa
La teoría clásica requiere que la obligación que nace de un contrato tenga una causa,
centrándose por tanto en la causa de las obligaciones que emanan de los contratos, y
descartando así la causa de la obligación que emana de una fuente de las obligaciones
distinta al contrato y la causa del contrato mismo.
Para la doctrina clásica, la causa de la obligación varía según el tipo de contrato de que
se trate, distinguiendo entre los contratos bilaterales, reales y gratuitos.
En los Contratos Bilaterales la causa de la obligación de una de las partes es la
obligación correlativa de la otra parte.
En los Contratos Reales, la causa de la obligación de restituir la cosa que contrae la parte
obligada es la entrega que de la misma se le hizo en virtud de un título que obligaba a su
restitución. Si no se hubiera efectuado la entrega de la cosa, la obligación de restituirla
carecería de causa, siendo ineficaz la obligación.
En los Contratos Gratuitos, la causa es la intención de hacer una liberalidad, lo cual
recoge el Código a propósito de las donaciones entre vivos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

B) Doctrina del Motivo Determinante


La teoría del motivo determinante, también llamada de la causa ocasional o impulsiva,
estructura un concepto de causa con un criterio eminentemente subjetivo. A diferencia de
la doctrina clásica, plantea que la causa se refiere al acto o contrato, y no a la obligación.
Así, sería causa del acto o contrato el motivo determinante que impulsó al autor o a las
partes a su celebración.
Según esta doctrina, no sería posible formular un concepto abstracto de causa aplicable a
una misma especie o categoría de actos jurídicos, ya que la causa estaría constituida por
el motivo que impulsa a cada individuo a contratar en determinadas circunstancias.

Ahora bien, no bastaría sólo con esta intención de celebrar un acto o contrato, sino que
dicha intención tendría que ser conforme a Derecho, ya que de otra forma, el acto podría
invalidarse.
La invalidación del contrato que adolece de esta causa ilícita, de acuerdo a la teoría del
motivo determinante, varía según el contrato sea gratuito u oneroso.
En los Contratos Gratuitos, basta que el móvil ilícito exista en el autor de la liberalidad
para que el contrato pueda anularse, sin que se requiera que el motivo ilícito sea conocido
o compartido por el destinatario.
En los Contratos Onerosos, en cambio, el motivo ilícito que determinó a una de las
partes a contratar debe ser al menos conocido por la contraparte, ya que el
desconocimiento por una de las partes del motivo ilícito de la otra impediría anular el
contrato.

C) Doctrina Anticausalista
Para Planiol, la noción de causa planteada por la teoría clásica sería falsa e inútil a la vez.
Según dicho autor, la falsedad de la causa abstracta de la obligación se advierte en cada
una de las especies o categorías que distingue la teoría clásica.
Para los Contratos Bilaterales, bastaría con mencionar que las obligaciones recíprocas
nacen al mismo tiempo, por lo que no podría una ser la causa de la otra si se considera
que la causa debe necesariamente preceder al efecto.
En los Contratos Reales, la entrega de la cosa no sería la causa de la obligación, sino un
requisito esencial para que el contrato se perfeccione.
Por último, para los Contratos Gratuitos, señala que la doctrina clásica confunde la
causa de la obligación con los motivos que han impulsado al disponente, siendo
imposible, en la práctica, separar la intención de efectuar una liberalidad de los motivos
que tuvo el contratante para obligarse.

Por otro lado, el mismo autor señala que la doctrina tradicional en materia de causa es
inútil, distinguiendo nuevamente entre las tres teorías planteadas por dicha doctrina.
Para los Contratos Bilaterales, lo que constituye la causa de la obligación de una de las
partes no es otra cosa que el objeto de la obligación de la otra, de manera que la falta de
causa de una de las obligaciones implicaría necesariamente la falta de objeto de la otra.
Así, por falta de objeto, y no por falta de causa, la obligación sería ineficaz.
En los Contratos Reales, considera que la causa es irrelevante, puesto que si la cosa no
ha sido entregada, el contrato no se ha perfeccionado, y por lo tanto, no produce efecto
alguno.
Finalmente, en los Contratos Gratuitos, la falta de intención liberal vendría a constituir,
en la práctica, falta de consentimiento, por lo que, por esa única circunstancia, el contrato
no produciría efectos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

3. La Teoría de la Causa en el Código Civil Chileno


El Código habla de la causa en sus Arts. 1445, 1467 y 1468.
Art. 1445 N°4 CC: “Para que una persona se obligue a otra por un acto o declaración
de voluntad es necesario:
4º. Que tenga una causa lícita”.
Art. 1467 CC: “No puede haber obligación sin una causa real y lícita; pero no es
necesario expresarla. La pura liberalidad o beneficencia es causa suficiente.
Se entiende por causa el motivo que induce al acto o contrato; y por causa ilícita la
prohibida por ley, o contraria a las buenas costumbres o al orden público.
Así la promesa de dar algo en pago de una deuda que no existe, carece de causa; y la
promesa de dar algo en recompensa de un crimen o de un hecho inmoral, tiene una causa
ilícita”.
Art. 1468 CC: “No podrá repetirse lo que se haya dado o pagado por un objeto o causa
ilícita a sabiendas”.

Estas disposiciones han hecho surgir la duda acerca de si es la obligación o el acto o


contrato lo que requiere una causa.
Quienes sostienen que es la obligación la que requiere causa se basan en los siguientes
argumentos:
• Emana de la interpretación del tenor literal del Art. 1445 N°4 CC (“Para que una
persona se obligue a otra”) y del Art. 1467 CC (“No puede haber obligación sin
una causa real y lícita”);
• El Código Civil se dictó en pleno auge de la doctrina clásica, que habla de causa
de la obligación, y no del acto mismo.

Quienes postulan que es el acto o contrato el que requiere una causa se apoyan en los
siguientes argumentos:
• Si bien el Art. 1445 N°4 CC, en apariencia, vincula la causa a la obligación, está
exigiendo en realidad una causa lícita para el acto que engendra la obligación;
• El Art. 1467 CC define la causa como “el motivo que induce al acto o contrato”;
• El Art. 2057 CC, respecto del contrato de sociedad, se refiere a las sociedades
nulas por ilicitud de causa, de lo cual se desprende que es el contrato de sociedad
lo que debe tener una causa lícita.

4. Causa Real y Lícita


La ley señala que no es necesario que el autor de un acto jurídico o las partes de una
convención expresen la causa, esto es, el motivo que los induce al acto o contrato. Esto
porque la ley presume que todo acto o contrato tiene una causa, constituida por los
motivos que normal y ordinariamente inducen a celebrar las diversas especies o tipos de
actos jurídicos.
Asimismo, la ley presume que el motivo que induce a la celebración del acto o contrato
es lícito, en el sentido de que no se opone ni contraviene a la ley, al orden público o a las
buenas costumbres.

La causa es real cuando existe efectivamente, y si no existiera de forma alguna, habría


ausencia de causa, siendo el acto inexistente. Si la causa sólo existiera en la mente de una
persona y no se correspondiera con la realidad, estaríamos ante una causa falsa o errónea.
La causa es lícita cuando no está prohibida por ley o no se contrapone a las buenas
costumbres y el orden público.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Es difícil que no exista un motivo que induzca a las personas a celebrar un acto jurídico,
pero no imposible. Falta la causa en los actos jurídicos simulados y en los actos que tienen
como único motivo la creencia errada de que existe una obligación, constituyendo una
causa falsa.

El acto jurídico en que no hay causa es doctrinariamente inexistente, ya que omite un


requisito esencial de los actos jurídicos. Ahora bien, para aquellos autores que niegan
cabida a la inexistencia como sanción, el acto en que falta la causa se sanciona con nulidad
absoluta.
El Código contempla expresamente la nulidad absoluta como sanción cuando la causa es
ilícita.

5. Sanción por la Falta y la Ilicitud de la Causa


La causa es un requisito constitutivo del acto jurídico, y por ello, ante su ausencia, el acto
no llegará a formarse plenamente y será por lo tanto inexistente.

En cambio, la licitud de la causa es un requisito validatorio, por lo que la sanción que


procederá en caso de ilicitud será la nulidad judicial del acto jurídico, que por disposición
del Art. 1682 CC, será absoluta.

A esta sanción, la ley agrega una adicional, consistente en que, aunque se declare la
nulidad, el que haya obrado a sabiendas de la ilicitud de la causa pierde el derecho a
recobrar lo que haya dado o pagado en virtud del acto (Art. 1468 CC).

6. El Acto en Fraude a la Ley


Para cerrar este capítulo, cabe hablar sobre los llamados actos en fraude a la ley.
Se dice que el fraude a la ley consiste en procedimientos en sí lícitos, o en maniobras
jurídicas que tienen la apariencia de legalidad y que, sin embargo, permiten realizar lo
que la ley prohíbe, o no hacer lo que la ley ordena.
En los actos en fraude a la ley, existe un aparente respeto a la norma, ya que no se infringe
abiertamente. Sin embargo, en realidad, se elude su aplicación, al llegar a un resultado
final análogo que se habría logrado infringiendo abiertamente la norma.

El fraude a la ley tiene dos elementos, uno material u objetivo, y otro intencional o
subjetivo.
El elemento objetivo consiste en el resultado que la ley no quiere, y está constituido por
la similitud o equivalencia práctica del resultado perseguido por el acto en fraude a la ley
y el resultado prohibido por la norma.
El elemento subjetivo es la intención de defraudar o burlar la ley, lo cual significa que
el sujeto debe tener la intención de eludir la aplicación de la norma, y a ello se le llama
ánimo fraudatorio.

Se discute en la doctrina acerca de si ambos elementos deben coexistir necesariamente


para que se configure el fraude a la ley.
Para algunos, el elemento intencional no sería necesario, ya que hay fraude a la ley cada
vez que, a través de actos reales voluntarios, aunque a veces no intencionales, se crea una
situación conforme a la ley en cuanto a su literalidad, pero que la infringe en su espíritu.
Para otros, de la esencia del fraude a la ley es el ánimo fraudatorio, que es el móvil que
induce a adoptar una determinada postura jurídica. De esta manera, se vincula el concepto
de fraude a la ley con el concepto de causa.

127
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

En el acto en fraude a la ley, la ilicitud no se encuentra en el acto mismo, sino en los


motivos perseguidos con la realización de tales actos, que evidencian la intención de
burlar una norma jurídica.
Doctrinariamente, hay coincidencia en que el fraude a la ley se sanciona con la nulidad
absoluta del acto o complejo de actos fraudulentos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo V – Las Solemnidades y Formalidades

1. Introducción
A lo largo de la historia, el Derecho ha oscilado entre dos grandes extremos que
podríamos denominar formalismo y consensualismo.
En épocas en la que ha imperado el formalismo, como sucedió en el Derecho Romano
clásico, los actos jurídicos no podían obligar sólo por la expresión de voluntad de las
personas, sino que se requería que ella se manifestara con ciertas palabras a las que se
añadían gestos o ritos especiales.
Los actos, para ser obligatorios y vinculantes en Derecho, debían sujetarse a una
determinada forma, entendida como un cierto ropaje externo que, junto con garantizar la
libertad de contratación, le daba publicidad y contribuía a la certeza jurídica.

Sin embargo, más adelante, con el aporte del Derecho Canónico primero, y luego por la
Escuela del Iusnaturalismo Racionalista, se fue imponiendo la visión contraria, esto es, el
consensualismo, según el cual para que un acto jurídico tenga el respaldo del Derecho,
no se necesita más que el libre consentimiento de las personas que lo celebran, cuya
voluntad sea manifestada por cualquier medio y de cualquier manera.
Basta el acuerdo de voluntades (consentir) para que el acto jurídico realizado vincule de
manera obligatoria.
Por cierto, los extremos de formalismo y de consensualismo no se dan en su estado puro,
y la cuestión tiene que ver más con cuál es el principio que rige como regla general,
aunque se reconozcan excepciones incluso muy calificadas.

En el actual sistema jurídico, puede decirse que el principio o regla general es el


consensualismo, pero existen excepciones para determinados actos jurídicos que, por su
importancia o repercusión en el estado o patrimonio de las personas, son sometidos por
la ley al cumplimiento de ciertas formas.

Se denominan en términos generales como formalidades a todos los requisitos externos


y añadidos a la expresión de voluntad que, para diferentes fines, la ley establece respecto
de determinados actos jurídicos.
También se admite, aunque esto puede ser mirado como una aplicación del mismo
principio del consensualismo, que sean los mismos particulares los que acuerden que un
acto entre ellos que, según la ley no requiere de una formalidad especial, no pueda valer
sin que se cumpla con una formalidad dispuesta por su convención.

Sin embargo, sólo una clase de formalidades son en realidad requisitos de validez del acto
jurídico, puesto que respecto de otras la ley les otorga otra función, y por lo mismo, otro
efecto que el de nulidad para el caso de que no se cumpla con ellas.
Las formalidades que son requisitos del acto jurídico se denominan solemnidades, por lo
que los actos que están sujetos a ellas se denominan actos jurídicos solemnes.
El Código Civil establece que el contrato (lo que podemos extender a todo acto jurídico),
es solemne cuando está sujeto a la observancia de ciertas formalidades especiales, de
manera que sin ellas no produce ningún efecto civil (Art. 1443 CC).

Por ello, a continuación, estudiaremos las solemnidades, sin perjuicio de reseñar también
brevemente las otras especies de formalidades que se requieren con fines diversos a la
constitución o validez del acto, para así obtener una mejor definición de las solemnidades
al distinguirlas de las simples formalidades.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

2. Las Solemnidades
A) Conceptos Generales
Siguiendo al Código Civil, pueden definirse las solemnidades como ciertas formalidades
especiales a las que está sujeto un acto jurídico, de manera que sin ellas no produce ningún
efecto civil (Art. 1443 CC).
No obstante, Corral reformula esta definición, al considerar que se vincula más bien a
las solemnidades constitutivas, y no a las solemnidades de validez, por lo que plantea una
definición más general: “ciertas formalidades especiales a las que está sujeto un acto
jurídico de manera que sin ellas o no produce ningún efecto civil o puede ser declarado
nulo judicialmente”.

En principio, las solemnidades constitutivas son requisitos esenciales de la estructura del


acto jurídico, mientras que la solemnidades exigidas para la validez son aquellas que la
ley le agrega a dicha estructura bajo la pena de declararse la nulidad del mismo si no se
cumple con ellas.

Las solemnidades constitutivas, también llamadas de existencia, son aquellas que en sí


mismas contienen la manifestación de la voluntad de las partes, de manera que, si se
omiten, desaparece también dicha manifestación.
Es lo que sucede, por ejemplo, con la escritura pública en el caso del contrato de
compraventa de bienes raíces (Art. 1801 CC) o el de hipoteca (Art. 2409 CC).

Por otro lado, las solemnidades validatorias suponen un acto ya estructurado en sus
elementos esenciales, pero la ley ordena que, por la naturaleza o especie del acto, que se
agreguen ciertas formalidades externas que complementan esa estructura y cuya omisión
produce la nulidad judicial del acto.
Los ejemplos que se suelen dar en la doctrina son los testigos hábiles que se exigen para
el otorgamiento de un testamento abierto (Art. 1014 CC) o cerrado (Art. 1021 CC), y la
insinuación de las donaciones (Art. 1401 CC).

No obstante lo anterior, debemos considerar que el Código prevé que las partes puedan
acordar el cumplimiento de ciertas solemnidades para actos que, según la ley, no la
necesitan.
Así, se dispone que para la compraventa las partes pueden estipular que el contrato no se
repute perfecto hasta el otorgamiento de una escritura pública o privada (Art. 1802 CC).
De estas disposiciones, la doctrina ha entendido que no hay impedimentos para que las
partes acuerden solemnidades que son meramente convencionales y que son atribuibles
al principio de libertad de contratación o de autonomía privada.

No obstante, así como las partes pueden estipular una solemnidad convencional, también
pueden eximirse de ella si lo hacen de común acuerdo, y esta voluntad puede manifestarse
tácitamente.
Por ello, en los casos de la compraventa y del arrendamiento, la ley dispone que si se
procede a la entrega de la cosa vendida o arrendada, el contrato se perfecciona aunque las
partes hayan estipulado la necesidad de una escritura (Arts. 1802 y 1921 CC).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

B) Sanción por la Omisión de Solemnidades


La sanción que procede aplicar en caso de que se omitan las solemnidades dispuestas por
la ley es la nulidad, pero debemos distinguir.
Si se trata de las solemnidades constitutivas, su omisión producirá la inexistencia del
acto. Así, por ejemplo, si se celebra una compraventa de un bien raíz por medio de una
escritura privada, esa compraventa es inexistente, sin que sea necesario pedir que se
declare judicialmente.

Por el contrario, tratándose de solemnidades validatorias, la sanción por no cumplirlas


producirá la nulidad del acto. Como se trata de requisitos exigidos por la ley en
consideración a la naturaleza o especie del acto jurídico, la nulidad que corresponde
demandar a los tribunales es la nulidad absoluta.

En cuanto a la omisión de las solemnidades convencionales, no puede generar la nulidad


o invalidez del acto realizado sin sujeción a ellas.
Si miramos las dos disposiciones que expresamente permiten pactar solemnidades no
legales, podemos observar que en ambas se dispone que mientras no se cumpla con la
solemnidad, cualquiera de las partes puede retractarse o arrepentirse de la celebración del
contrato.
Esto nos da la pista para sugerir que en todos los casos de solemnidades convencionales
su omisión no produce la nulidad del acto jurídico, pero sí otorga un derecho de retracto
a cualquiera de las partes sin necesidad de obtener el consentimiento de la otra.

En todo caso, como ya dijimos, las partes también pueden renunciar a la exigencia de la
solemnidad convencional incluso tácitamente, lo que se entiende si proceden, de común
acuerdo, a la ejecución de los efectos jurídicos del acto, como por ejemplo, si se procede
a entregar la cosa comprada o la arrendada.

3. Las Formalidades
A) Formalidades Habilitantes
Se denominan formalidades habilitantes aquellas exigencias que establece la ley para la
realización de actos que puedan tener efectos perjudiciales para personas incapaces o para
patrimonios que son sujetos de protección especial.

De esta manera, el hijo sujeto a patria potestad, si es menor adulto, puede actuar por sí
solo, pero siempre que el acto sea autorizado o ratificado por el padre o madre que ejerza
dicha patria potestad (Art. 260 CC), y si se trata de enajenar o gravar bienes raíces o
derechos hereditarios, se necesita además autorización judicial (Art. 254 CC).
Algo similar, e incluso más intenso aún, sucede con las personas incapaces que están bajo
tutela o curaduría, y al respecto pueden verse las exigencias que se disponen en los Arts.
393 y ss. CC.
También es posible observar este tipo de formalidades para la actuación de los encargados
de administrar un patrimonio ajeno sujeto a protección especial, como son los derechos
eventuales del que está por nacer, los bienes del ausente y la herencia yacente.

La sanción por la omisión de este tipo de formalidades es la nulidad relativa, ya que se


trata de requisitos que la ley exige en consideración a la calidad o estado de las personas
y no de la especie o naturaleza del acto.
Sin embargo, a veces la ley dispone otro efecto que el de la nulidad para el caso de no
cumplirse una formalidad habilitante, como ocurre con la exigencia de autorización o

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

ratificación de los actos del hijo sujeto a patria potestad, dado que si éste realiza un acto
sin aquella autorización o ratificación, la sanción no es la nulidad del acto, sino la
limitación de sus efectos, esto es, sólo obliga al hijo en el peculio profesional o industrial
si es que lo tiene (Art. 260 CC).
Tampoco produce nulidad la exigencia de que el tutor o curador declare expresamente y
por escrito que está celebrando un acto o contrato en representación del pupilo, dado que
si no lo hace, la sanción es la inoponibilidad del acto para este último, salvo que le fuere
útil (Art. 411 CC).

B) Formalidades Probatorias
Las formalidades probatorias son aquellas que se imponen para establecer, de forma
previa, medios de prueba que puedan servir para evitar los litigios sobre la celebración o
el contenido del acto jurídico.
Estas pruebas se suelen denominar preconstituidas, porque se constituyen con
anticipación y en previsión del eventual juicio en que deberán rendirse.

La formalidad probatoria más importante en nuestro sistema dice relación con la


desconfianza hacia la prueba testimonial, y consiste en que los actos jurídicos de cierta
cuantía (más de dos unidades tributarias mensuales) deben ponerse por escrito, bajo pena
de no poder probarse por testigos (Art. 1708 CC).

La sanción por la omisión de las formalidades probatorias no es la nulidad del acto


jurídico, sino la pérdida de ciertos derechos en relación con la prueba de dicho acto.
Así, la exigencia de que se pongan por escrito los actos o contratos que contienen la
entrega o promesa de una cosa que valga más de dos unidades tributarias, es la
imposibilidad de presentar testigos para acreditar la existencia o el contenido de dicho
acto o contrato (Art. 1710 CC), aunque bien podría acreditarse en juicio por otros medios
probatorios, como por ejemplo, la confesión del demandado.

C) Formalidades de Publicidad
Una modalidad de formalidad es aquella que busca dar noticia o hacer público un
determinado acto jurídico que puede ser relevante para intereses de terceros.
Estas formalidades reciben el nombre de formalidades de publicidad, y pueden ser de dos
clases: sustanciales o de simple noticia.
Las sustanciales son las que se exigen respecto de ciertas personas que podrían tener un
interés en el acto, al estar relacionadas con alguna de las partes.
Las de simple noticia, en cambio, son aquellas que no tienen un destinatario determinado,
sino que dan información del acto al público en general de modo que cualquiera pueda
tomar noticia de él.

Un ejemplo de formalidad de publicidad sustancial es la notificación al deudor de la


cesión del crédito que hace el acreedor a otra persona (Art. 1902 CC).
Más frecuentes son las formalidades de simple noticia, como por ejemplo publicaciones
en el Diario Oficial, o en diarios de la localidad o inscripciones en un registro público.

Por regla general, la omisión de estas formalidades de publicidad no produce la invalidez


del acto jurídico, sino sólo su inoponibilidad respecto de terceros.
Así, por ejemplo, se dispone que si la cesión del crédito no es notificada (ni aceptada) por
el deudor, la cesión no produce efecto contra el deudor ni contra terceros (Art. 1902 CC).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

A veces la ley dispone una sanción diversa, como con las inscripciones en el Registro
Civil, esto es, las sentencias o instrumentos que debiendo inscribirse no lo han sido, no
pueden hacerse valer en juicio (Art. 8º LRC).

En otras ocasiones, la ley no dispone ninguna sanción, y lo que procederá será la


indemnización de los perjuicios causados por la inobservancia de la formalidad de
publicidad.

Por último, la ley puede disponer que el acto no produzca efectos ni siquiera entre las
partes, como sucede con la exigencia de subinscribir en el Registro Civil el pacto de
separación de bienes o de participación en los gananciales (Art. 1723 CC).
En tal caso, puede decirse que la formalidad de publicidad ha pasado a ser una
solemnidad, cuya omisión provocará la nulidad del acto.

4. Las Formas en el Acto Jurídico Electrónico


Puede señalarse que el principio del formalismo ha visto una revitalización con el
advenimiento de las nuevas tecnologías que permiten comunicar la voluntad o establecer
el contenido de ciertos acuerdos o declaraciones, ya no en el llamado formato papel, sino
en formato digital o electrónico.
Con ello, en el fondo, ha ganado un nuevo espacio la producción de escritos que dan
cuenta de la celebración de un acto o contrato, sólo que el escrito ahora está en un
documento digital o electrónico.

En nuestro país, la Ley Nº19.799 sobre firma electrónica establece el llamado principio
de equivalencia, esto es, que los actos y contratos suscritos por medio de firma
electrónica serán válidos de la misma manera y producirán los mismos efectos que los
celebrados por escrito y en soporte de papel.
De esta manera, dichos actos se reputan como escritos en los casos en que la ley exija la
escrituración.
A su vez, la firma electrónica se mira como firma manuscrita para todos los efectos
legales, pero la ley distingue entre firma electrónica simple (que puede ser cualquier
modo de identificación) y la firma electrónica avanzada, que requiere de prestadores de
servicios de autentificación.

En todo caso, y aunque es de esperar mayores avances hacia una digitalización de


escrituras, inscripciones y expedientes de todo tipo, la Ley Nº19.799 exceptúa de la
equivalencia digital a tres tipos de actos:
• Aquellos en que la ley exige una solemnidad que no es susceptible de cumplirse
mediante documento electrónico;
• Aquellos en que la ley requiere la concurrencia personal de alguna de las partes;
• Actos relativos al derecho de familia.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo VI – Efectos de los Actos Jurídicos

1. Introducción
Los actos jurídicos tienen por efecto crear, modificar, transferir, transmitir o extinguir
derechos y obligaciones, por lo que decimos que el efecto de un acto es la relación jurídica
que de él nace.
Los efectos de los actos jurídicos constituyen la forma a través de la cual la ley traduce a
términos jurídicos lo que las partes del acto quieren lograr a través de él.

Con respecto a los efectos de los actos jurídicos, es importante determinar a quién o a
quiénes alcanzan dichos efectos.
Conforme al principio del efecto relativo de los actos jurídicos, por regla general, los
actos jurídicos sólo producen efectos entre las partes, y no benefician ni perjudican a
quienes no los han celebrado. Estos últimos se denominan terceros, que son personas
extrañas a la formación del acto y que, siendo ajenas, podrían quedar perjudicialmente
ligadas a sus efectos.

Entendemos por partes de un acto jurídico a aquellas personas que, personalmente o


representadas, concurren a la formación del acto jurídico.
Respecto de las partes, el acto produce todos sus efectos, lo cual deriva del Art. 1545 CC,
conforme al cual, todo contrato legalmente celebrado es una ley para los contratantes, y
no puede ser invalidado sino por su consentimiento mutuo o por causas legales.
Como hemos dicho anteriormente, una parte puede estar conformada por una o muchas
personas, tal y como dispone el Art. 1438 CC. Ahora bien, la expresión ‘parte’ se reserva
para las personas que celebran un acto jurídico bilateral, ya que cuando hablamos de un
acto jurídico unilateral, la persona que lo genera toma el nombre de autor.
Se habla, por lo tanto, de partes o de autor para referirse a quienes generan, con su
voluntad, el acto jurídico, siendo éste el elemento decisivo para que tal hecho acontezca.
Distinta es la situación de aquellos que, si bien concurren a la ejecución o celebración del
acto jurídico, lo hacen cumpliendo otras finalidades, especialmente relativas a las
solemnidades o a las formalidades, como ocurre con el notario o los testigos, los cuales
no son ni partes ni autores.

2. Los Terceros
Como ya mencionamos, por regla general, los actos jurídicos sólo producen efectos entre
las partes que los celebran, pero excepcionalmente, el acto puede producir efectos
respecto de terceros, es decir, de personas que no intervienen, ni personalmente ni
representadas, en su celebración.
Existen distintos tipos de terceros, que pasamos a analizar a continuación.

A) Terceros Absolutos
Los terceros absolutos son personas extrañas a la formación del acto jurídico, y que no
están ni estarán en relaciones jurídicas con las partes.
Respecto de los terceros absolutos, el acto jurídico no produce efectos, principio que
constituye la contrapartida a la norma del Art. 1545 CC recién estudiado.

B) Terceros Relativos
Son también llamados terceros interesados, y son aquellos que, si bien no han participado
en la celebración del acto jurídico, están o estarán en relaciones jurídicas con las partes,
sea por su propia voluntad o por disposición de la ley.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Según Giovene, la idea jurídica de terceros relativos presupone, por una parte, un acto
respecto del cual el tercero es extraño, y por otra parte, un nuevo acto jurídico en el que
esta persona es parte con relación a uno de los sujetos del primer acto, y en virtud del cual
llega, necesariamente, a encontrarse en relación con el otro sujeto que intervino en el
primer acto, a consecuencia del contenido de ambas estipulaciones.

La doctrina da la calidad de terceros relativos a las siguientes personas:


• Sucesores o Causahabientes a Título Universal
En estricto rigor, los sucesores o causahabientes a título universal son terceros en
relación con los actos jurídicos que hubiere realizado el causante.
En términos amplios, estas personas se benefician cuando los actos jurídicos
realizados por el causante incorporan bienes a su patrimonio, y se ven
perjudicados cuando dichos actos hacen salir bienes del patrimonio del causante.
Ahora bien, ese beneficio o perjuicio sólo se materializa una vez producida la
apertura de la sucesión, ya que antes de la muerte del causante, sus derechos sobre
los bienes de éste último no se han concretado.
El tratamiento que otorga la ley a los herederos, no obstante, impide considerarlos
como terceros, ya que representan al causante y son los continuadores de su
personalidad, por lo que jurídicamente cabe atribuirles la calidad de partes en
relación con los actos que celebró el causante.

• Sucesores o Causahabientes a Título Singular


Son aquellas personas que han adquirido de otra una cosa o relación jurídica
determinada, como son, por ejemplo, los legatarios o donatarios.
Estas personas se ven afectadas por los actos o contratos realizados por su
antecesor y que tengan por objeto la cosa o relación jurídica antedicha.

• Los Acreedores de las Partes


Los acreedores de las partes, pese a su clara calidad de terceros, pueden quedar
afectados por los actos que éstas realicen.
Conforme al Art. 2465 CC, el acreedor de una obligación tiene un Derecho
General de Prenda sobre el patrimonio del deudor, estando el acreedor facultado
para perseguir la ejecución de la obligación personal sobre todos los bien raíces o
muebles del deudor, sean presentes o futuros, salvo los bienes inembargables.
En virtud de este derecho general de prenda, el acreedor puede ejercer ciertas
acciones respecto de actos jurídicos celebrados por el deudor y un tercero cuando
estos actos le generan un perjuicio.
Por ejemplo, si el deudor enajenara todos sus bienes, de modo que no tuviera
forma de pagar al acreedor lo que le debe, ello le generaría un perjuicio, por lo
que podría, por ejemplo, ejercer la acción pauliana (Art. 2467 CC) para que se
declare la nulidad de tal enajenación.
Así, aun siendo ajeno al acto jurídico celebrado, se entiende ser tercero relativo,
por cuanto sus intereses o derechos se ven afectados por la celebración del acto.

3. Excepciones al Principio del Efecto Relativo de los Actos Jurídicos


Hemos señalado anteriormente que, conforme al principio del efecto relativo de los
actos jurídicos, por regla general, los actos jurídicos sólo producen efectos entre las
partes que los celebran, pero excepcionalmente, el acto puede producir efectos respecto
de terceros, es decir, de personas que no intervienen, ni personalmente ni representadas,
en su celebración.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Con este objeto, se distingue en la doctrina entre actos jurídicos unilaterales y actos
jurídicos bilaterales.

A) Actos Jurídicos Unilaterales


Cuando el acto jurídico está destinado a crear, modificar o extinguir una relación jurídica,
sus efectos no pueden, por regla general, radicarse exclusivamente en la persona del autor,
siendo necesario que alcancen a terceros.
Por lo tanto, es posible que se cree una relación jurídica entre el autor y el destinatario
de los efectos jurídicos, o entre los herederos del autor y otras personas, como los
legatarios o los acreedores testamentarios.

B) Actos Jurídicos Bilaterales


Existen diversas hipótesis en que los terceros, sean absolutos o relativos, se ven
excepcionalmente afectados por actos jurídicos a los cuales son ajenos.
Algunos de estos casos son:
• Estipulación en Favor de Otro
Conforme al Art. 1449 CC, cualquiera puede estipular a favor de una tercera
persona, aunque no tenga derecho para representarla, pero sólo esta tercera
persona podrá demandar lo estipulado, y mientras no intervenga su aceptación
expresa o tácita, es revocable el contrato por la sola voluntad de las partes que
concurrieron a él.
En estos casos, tenemos dos partes, que son el estipulante y el promitente, y un
tercero, que es llamado beneficiario. Por ejemplo, un estipulante contrata un
seguro de vida con una compañía de seguros, que toma el nombre de promitente,
y el tercero beneficiado con la prima del seguro de vida será el beneficiario.
Una vez que interviene la aceptación, el beneficiario se convierte en acreedor del
promitente, y tiene acción para exigir el cumplimiento de la obligación, pero no
para demandar la resolución del contrato, ya que no es parte en él.
El estipulante, por su parte, no puede demandar el cumplimiento de la obligación,
pero sí puede demandar la resolución del contrato.
El contrato, conforme a lo dispuesto en el Art. 1545 CC, puede ser revocado por
el mutuo consentimiento de las partes, pero sólo antes de que el beneficiario
acepte, ya que una vez efectuada la aceptación, el tercero pasa a ser acreedor del
promitente, teniendo derecho a exigir el cumplimiento de la obligación.

• Promesa del Hecho Ajeno


Conforme al Art. 1450 CC, siempre que uno de los contratantes se compromete
a que, por una tercera persona de quien no es representante, ha de darse, hacerse
o no hacerse alguna cosa, esta tercera persona no contrae obligación alguna hasta
que ratifique esta promesa, y si no ratifica, el otro contratante tiene acción contra
el que hizo la promesa para demandar los perjuicios causados.
Así, tenemos un caso inverso al primero, ya que en vez de que el tercero, mediante
su aceptación, adquiera un derecho, esta vez, mediante su ratificación, adquiere
una obligación.

Algunos autores, no obstante, plantean que estos dos casos no constituyen realmente una
excepción al principio del efecto relativo de los efectos jurídicos, ya que los terceros sólo
adquieren el derecho o la obligación una vez que aceptan o ratifican los actos en cuestión,
y de no mediar tal aceptación o ratificación, no son alcanzados por los efectos del acto
jurídico.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

4. Las Modalidades del Acto Jurídico


Las modalidades son ciertas cláusulas particulares que pueden ser insertadas en los actos
jurídicos para modificar sus efectos, desde el punto de vista de la existencia, ejercicio o
extinción de los derechos y obligaciones derivados del acto jurídico.
En el ejercicio de la autonomía privada, las partes pueden incorporar a un acto jurídico
algo que ni esencial ni naturalmente le corresponde, con el propósito de que dicho acto
no produzca los efectos que normalmente produciría, o los produzca de forma distinta.
De ello se desprende que las modalidades son elementos accidentales al acto jurídico, y
que su existencia requiere siempre de una manifestación de voluntad con el propósito de
incorporarlas al acto.
Son además excepcionales, y ello porque los actos jurídicos, por regla general, producen
sus efectos de manera pura y simple, y de ello deriva que las modalidades no se presumen,
por lo que las partes deben hacer constar expresamente su existencia en el acto.

Cabe hacer presente, no obstante todo lo anterior, que existen ciertas instituciones
jurídicas en que la ley contempla ciertas modalidades, sea como elementos de la esencia
o la naturaleza, como sucede por ejemplo con la condición resolutoria tácita, que
estudiaremos más adelante.

Por otra parte, no todo acto jurídico es susceptible de modalidades, y a tal respecto,
debemos distinguir entre los actos patrimoniales y los actos de familia.
Tratándose de actos patrimoniales, por regla general son susceptibles de someterse a
modalidades, como lógica consecuencia de la autonomía de la voluntad, aunque hay
ciertos actos patrimoniales en que la ley prohíbe las modalidades, como sucede con la
aceptación o repudio de una herencia, por ejemplo.
Por otro lado, los actos de familia no admiten modalidades, ya que el derecho de familia
es de orden público, quedando sus actos al margen de la autonomía de la voluntad.

Las principales modalidades son la condición, el plazo y el modo, y con ellas se alteran
los efectos que normalmente produce un acto jurídico, sea porque se posterga la fecha en
que naturalmente el acto empieza a producir efectos, o porque se estipula la extinción
futura de un derecho que naturalmente no está sujeto a extinguirse.
La doctrina agrega también como modalidad a la representación, ya que al quedar
radicados en el representado los efectos que emanan del acto celebrado por el
representante, se alteran los efectos normales del acto jurídico.
Se agrega también como modalidad a la solidaridad, que se pacta para el cumplimiento
de una obligación con pluralidad de deudores o acreedores, consistiendo la alteración de
los efectos normales de las obligaciones con pluralidad de sujetos en que cualquiera de
los acreedores puede exigir a cualquiera de los deudores el pago de la totalidad del crédito,
y no solamente la cuota que en éste le corresponde.

El Código Civil regula las modalidades en:


• Libro III, Título IV, Párrafo 2°: “De las asignaciones testamentarias
condicionales”;
• Libro III, Título IV, Párrafo 3°: “De las asignaciones testamentarias a día”;
• Libro III, Título IV, Párrafo 4°: “De las asignaciones modales”;
• Libro IV, Título IV: “De las obligaciones condicionales y modales”;
• Libro IV, Título V: “De las obligaciones a plazo”.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

5. La Condición
A) Aspectos Generales
La condición es un hecho futuro e incierto del cual depende el nacimiento o la extinción
de un derecho.
De la definición se desprenden las dos características esenciales de toda condición, que
son la futureidad y la incertidumbre.
En primer lugar, que el hecho sea futuro significa que debe realizarse o verificarse con
posterioridad a la celebración del acto jurídico en que se estipuló la condición.
Jurídicamente, no constituye condición el hecho presente o pasado, y si se pactara de tal
forma, habría que distinguir según lo dispuesto por el Art. 1071 CC, que contempla
distintos casos:
• Si el hecho pasado o presente existe o ha existido, la condición se mira como no
escrita, por lo que el acto produce sus efectos como si fuera puro y simple;
• Si el hecho pasado o presente no existe o no ha existido, la disposición es inválida,
por lo que el acto es nulo y la obligación no nace.

Luego, que el hecho sea incierto significa que razonablemente no sea posible prever si el
hecho va a suceder o no.
Jurídicamente, no constituye condición el hecho respecto del cual existe la certidumbre
de que necesariamente va o no a suceder.
Por ejemplo, no sería condición sujetar el cumplimiento de una obligación al evento de
la muerte de una persona, pues se sabe que tal día llegará, aunque no se sepa el día exacto.
Sí sería un hecho incierto, en cambio, el matrimonio de una persona, por ejemplo.

B) Clasificación de las Condiciones


1) Condiciones Positivas y Negativas
Conforme al Art. 1474 CC, la condición puede ser positiva o negativa. Es positiva aquella
que consiste en acontecer una cosa, mientras que es negativa la que consiste en que una
cosa no acontezca.
Una condición positiva sería, por ejemplo, que Pedro se reciba como abogado, mientras
que una condición negativa podría ser que Juan no se case con María.

2) Condiciones Posibles e Imposibles


Según dispone el Art. 1475 CC, la condición debe ser física y moralmente posible, y una
condición puede ser imposible tanto físicamente como moralmente, tal y como se
desprende del mismo artículo.
Una condición es físicamente imposible cuando es contraria a las leyes de la naturaleza
física, mientras que es moralmente imposible cuando consiste en un hecho prohibido por
las leyes, o que es opuesto a las buenas costumbres o al orden público. A su vez, se miran
como moralmente imposibles las condiciones que están concebidas en términos
ininteligibles.
Cuando de la condición imposible depende el nacimiento de un derecho, la sanción es la
ineficacia del acto o contrato, mientras que cuando de ella depende la extinción de un
derecho, la condición se tiene por no escrita, por lo que el acto produce sus efectos como
si fuera puro y simple.

3) Condiciones Potestativas, Casuales y Mixtas


Esta distinción surge como consecuencia de que el cumplimiento de la condición puede
depender de un hecho voluntario de cualquiera de las partes o de la mera voluntad de
éstas, o bien del hecho voluntario o de la mera voluntad de un tercero, o de una casualidad.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El Art. 1477 CC se encarga de definir cada una de estas condiciones, que pasamos a
analizar:
• Condiciones Potestativas
Definidas por el Art. 1477 CC como aquellas que dependen de la voluntad del
acreedor o del deudor.
La doctrina subdistingue entre las condiciones simplemente potestativas y las
meramente potestativas.
Las condiciones simplemente potestativas son aquellas cuyo cumplimiento
depende de un hecho voluntario del deudor o del acreedor, como si el donante se
obligara a dar la cosa al donatario si alguno de los dos viaja a Buenos Aires.
Las condiciones meramente potestativas, por otra parte, son aquellas cuyo
cumplimiento depende de la pura o mera voluntad de una de las partes, como si el
donante se obligara a entregar la cosa al donatario si es que quiere.
Esta distinción es importante para determinar la eficacia de la obligación
contraída, ya que, mientras que la obligación contraída bajo condición
simplemente potestativa es siempre eficaz, las obligaciones contraídas bajo
condición meramente potestativa sólo son eficaces si dependen de la voluntad del
acreedor (Art. 1478 CC).
La persona que se compromete a efectuar una determinada prestación en el evento
de que en el futuro quiera o decida obligarse unilateralmente no tiene, realmente,
la intención seria de constituirse como deudor, por lo que le bastaría negarse a
cumplir para eludir el cumplimiento de su obligación. Es por lo mismo que el
legislador ha determinado que las obligaciones contraídas bajo condición
meramente potestativa que depende de la sola voluntad del deudor, son nulas.
Ahora bien, esto sólo aplica cuando la condición es suspensiva, y la doctrina
concuerda en que las condiciones meramente potestativas que dependen de la sola
voluntad del deudor son válidas cuando son resolutorias, conceptos que
estudiaremos más adelante.

• Condiciones Casuales
Definidas por el Art. 1477 CC como aquellas que dependen de la voluntad de un
tercero o de un acaso.
Entendemos por acaso cualquier suceso imprevisto, siempre que no consista en
un hecho voluntario o en la mera voluntad de una de las partes, como la condición
de que ocurra un terremoto durante este año.
También es casual la condición que depende de la voluntad de un tercero, como
por ejemplo la obligación que contrae una de las partes en un contrato de efectuar
una determinada prestación si una persona que no es parte en el contrato ejecuta
un hecho o quiere que el deudor contraiga la obligación.

• Condiciones Mixtas
Conforme al Art. 1477 CC, es condición mixta aquella que en parte depende de
la voluntad del acreedor, y en parte de la voluntad de un tercero o de un acaso.
Omite el Código la opción de que en parte dependa de la voluntad del deudor, lo
cual el legislador hace, en opinión de Víctor Vial, en atención a que la condición
que depende de la voluntad del deudor no es aceptada.
Un ejemplo de condición mixta sería una convención en virtud de la cual Juan se
obliga a entregar gratuitamente un auto a Pedro si éste se casa con María, ya que
depende tanto de la voluntad de una de las partes (Pedro) como de un tercero
(María).

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

4) Condiciones Suspensivas y Resolutorias


La distinción entre condiciones suspensivas y resolutorias es la más importante, y la hace
el Art. 1479 CC, según el cual, la condición se llama suspensiva si mientras no se
cumple, suspende la adquisición de un derecho, mientras que es resolutoria cuando por
su cumplimiento se extingue un derecho.
Un ejemplo de condición suspensiva sería que Pedro se obligue a dar un Código Civil a
Juan si éste se recibe de abogado, mientras que una condición resolutoria sería que Pedro
done el mismo Código Civil a Juan, pero estipulando que si no se recibe de abogado en
los próximos seis años, deberá restituirlo.
Procedemos a continuación a estudiar en profundidad cada una de estas condiciones.

6. Condición Suspensiva
Entendemos por condición suspensiva el hecho futuro e incierto del cual depende el
nacimiento o exigibilidad de un derecho.
Los efectos de la condición suspensiva son distintos según el estado en el cual se
encuentre, pudiendo estar pendiente, cumplida o fallida.

A) Condición Suspensiva Pendiente


La condición suspensiva se encuentra pendiente en el tiempo que media entre el día de la
celebración del contrato en que una de las partes contrajo una obligación sujeta a
condición suspensiva, y el día en que la condición se cumple, o en que llega a ser cierto
que no sucederá el acontecimiento contemplado en ella, o en que se ha cumplido el plazo
dentro del cual el acontecimiento debía verificarse y no se verificó.
Estando pendiente la condición suspensiva, el derecho del acreedor condicional no ha
nacido, por lo que no puede reclamar el cumplimiento de la obligación hasta que se
verifique la condición totalmente.
A su vez, el deudor tampoco ha contraído una obligación de forma propiamente tal, y por
lo mismo, el Art. 1485 CC dispone que lo pagado antes de cumplirse la condición
suspensiva puede repetirse mientras no se hubiere cumplido. Esto se explica porque al no
haberse cumplido la condición, no ha nacido la obligación, y por lo mismo, el pago carece
de causa, por lo que si se paga antes, puede exigirse la restitución de lo pagado.

Ahora, si bien el acreedor condicional no tiene incorporado este derecho en su patrimonio,


la doctrina considera que sí tiene un germen de derecho, que se justifica en el efecto
retroactivo con que opera la condición suspensiva cumplida.
El Código reconoce la existencia de este germen de derecho al facultar al acreedor
condicional para impetrar las providencias conservativas necesarias (Art. 1492 CC).

B) Condición Suspensiva Cumplida


La condición suspensiva se encuentra cumplida el día en que se verifica el hecho en que
ella consiste.
Cumplida la condición suspensiva, nace el derecho del acreedor y la obligación del
deudor, y desde tal momento, el acreedor puede reclamar la prestación que desde tal
momento le debe el deudor.

Si bien en estricto rigor el derecho del acreedor y la obligación del deudor sólo nacen una
vez que la condición se cumple, la ley finge que tanto el derecho como la obligación
existen desde el momento en que se constituye la relación de obligación, como si ésta
hubiera sido pura y simple. Es por ello que se dice que la condición suspensiva cumplida
opera con efecto retroactivo.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Condición Suspensiva Fallida


La condición suspensiva se encuentra fallida el día en que llega a ser cierto que el hecho
no se realizará, o en que vence el plazo establecido por la ley o por las partes para que el
hecho se verifique y no se ha verificado.
Fallida la condición, el germen de derecho que tenía el acreedor condicional se frustra y
desaparece, como si nunca hubiese existido. Asimismo, se entiende que nunca existió la
obligación del deudor condicional, y si se hubieran decretado medidas conservativas a
petición del acreedor condicional, éstas deben quedar sin efecto, al desaparecer la causa
que las motivó.

D) Límites Temporales de la Condición Suspensiva


Podría suceder que transcurra un tiempo prolongado sin que se cumpla la condición
suspensiva, lo cual crea una situación de incertidumbre en torno a la existencia de los
derechos y obligaciones que emanan del acto. Por lo mismo, la ley faculta a las partes
para fijar un plazo dentro del cual debe verificarse el cumplimiento de la condición
(condición determinada), sin lo cual se reputará fallida.
Sin embargo, cabe preguntarse qué es lo que sucede cuando las partes no fijan un plazo
para que se cumpla la condición (condición indeterminada). A tal respecto, un pasaje
del mensaje del Código señala: “Es una regla fundamental en este proyecto la que
prohíbe dos o más usufructos o fideicomisos sucesivos; porque unos y otros embarazan
la circulación y entibian el espíritu de conservación y mejora, que da vida y movimiento
a la industria. Otra que tiende al mismo fin es la que limita la duración de las condiciones
suspensivas y resolutorias, que en general se reputan fallidas si tardan más de treinta
años en cumplirse”.
De esto entendemos que las condiciones no pueden mantenerse pendientes por siempre,
ya que si se mantienen en ese estado indefinidamente, atentan en contra de los principios
fundantes del Derecho Civil, produciendo incertidumbre jurídica, paralizando la libre
circulación de los bienes y entibiando el espíritu de conservación y mejora.
Ahora bien, aunque el mensaje habla de esto como una regla fundamental, el Código no
contiene una norma expresa que regule los límites temporales dentro de los cuales debe
cumplirse una condición suspensiva antes de reputarse fallida, lo cual ha generado una
división doctrinaria y jurisprudencial de gran tamaño.

Las posibilidades serían aplicar el plazo de prescripción extraordinaria o el contemplado


en el Art. 739 CC, que regula el plazo dentro del cual debe cumplirse la condición de que
depende un fideicomiso antes de que se repute fallida.
Originalmente, el plazo en ambos casos era de treinta años, en concordancia con el
mensaje. Luego, ambos plazos se redujeron a quince años, pero en 1968, el plazo de
prescripción extraordinaria se redujo a diez años, pero el plazo contenido en el Art. 739
CC se redujo a cinco años, por lo que se perdió la armonía que había entre estos plazos y
ganó importancia esta discusión.
La mayoría doctrinaria y jurisprudencial defiende la aplicación del plazo de prescripción
extraordinaria, ya que al no contemplar el Código una norma especial respecto del plazo,
debe aplicarse el de la prescripción extraordinaria, al ser el mayor plazo contemplado en
dicho cuerpo legal.

Sin embargo, motivos prácticos y los mismos argumentos que otorga el pasaje del
mensaje del Código citado hacen parecer excesivo el plazo de diez años, sobre todo en la
sucesión por causa de muerte, ya que cuando un legado se otorga bajo condición
suspensiva, se produce en el hecho un fideicomiso, quedando los herederos como

141
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

fiduciarios, y dado que la condición no se originó de su voluntad, sujetar sus derechos


sobre las cosas legadas a un hecho futuro e incierto por diez años parece excesivo.

7. Condición Resolutoria
La condición resolutoria es el hecho futuro e incierto del cual depende la extinción de un
derecho.

A) Clases de Condición Resolutoria


1) Condición Resolutoria Ordinaria
La condición resolutoria ordinaria es cualquier condición resolutoria pactada
expresamente por las partes en un contrato, siempre que no consista en la condición
resolutoria tácita.
Opera de pleno derecho y sin necesidad de una declaración judicial previa que declare la
resolución del acto o contrato.
Ello no obsta, sin embargo, a que haya que recurrir a los tribunales de justicia para obtener
la restitución de la cosa, ya que pese a haberse cumplido la condición resolutoria
ordinaria, el obligado a restituir no lo hace voluntariamente, sino que forzado por el juez.
Sin embargo, quien busca la restitución no tendrá que pedir la declaración de que la cosa
le pertenece, pudiendo perseguir directamente la restitución mediante acción
reivindicatoria, ya que habiéndose cumplido la condición, el derecho de la contraparte
sobre la cosa está extinto.

2) Condición Resolutoria Tácita


Art. 1489 CC: “En los contratos bilaterales va envuelta la condición resolutoria de no
cumplirse por uno de los contratantes lo pactado.
Pero en tal caso podrá el otro contratante pedir a su arbitrio o la resolución o el
cumplimiento del contrato, con indemnización de perjuicios”.
La condición resolutoria se llama tácita cuando no son las partes de un contrato quienes
la estipulan, sino que es la propia ley la que la considera como un elemento de la
naturaleza de los contratos bilaterales.
Así, la condición resolutoria tácita se entiende pertenecer a todo contrato bilateral sin
necesidad de cláusulas especiales, ya que es la propia ley la que la subentiende.
Por lo tanto, si una de las partes en un contrato bilateral no cumple con aquello a que se
ha obligado, opera la condición resolutoria tácita, y el efecto consiste en que la parte
diligente puede pedir, a su elección, o la resolución del contrato o el cumplimiento del
contrato, y en cualquier caso, con indemnización de perjuicios.
Ahora bien, a diferencia de la condición resolutoria ordinaria, la condición resolutoria
tácita no opera de pleno derecho, y debe ser declarada por sentencia judicial.

3) El Pacto Comisorio
El pacto comisorio es, básicamente, la condición resolutoria tácita expresada en un
contrato de compraventa.
Mediante el pacto comisorio, se estipula expresamente que, no pagándose el precio en el
tiempo convenido, se resuelve el contrato de compraventa.
Ahora bien, se entiende generalmente que no es exclusivo a la compraventa, pese a su
ubicación en el Código, por lo que puede estipularse en cualquier contrato bilateral, y
respecto del incumplimiento de cualquier tipo de obligación.
Así, en términos más amplios, podemos definir el pacto comisorio como una convención
mediante la cual las partes de un contrato estipulan que el incumplimiento de la obligación
de una de ellas traerá como consecuencia la resolución del contrato.

142
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Ahora bien, la doctrina distingue otro tipo de pacto comisorio, que se desprende del tenor
literal del Art. 1879 CC: “Si se estipula que por no pagarse el precio al tiempo
convenido, se resuelva ipso facto el contrato de venta, el comprador podrá, sin embargo,
hacerlo subsistir, pagando el precio, lo más tarde, en las veinticuatro horas subsiguientes
a la notificación judicial de la demanda”.
Este es el llamado pacto comisorio calificado, mediante el cual se estipula que el
incumplimiento de la obligación de una de las partes produce la resolución del contrato
de pleno derecho, lo cual no ocurre en el pacto comisorio simple, donde la resolución
debe ser demandada por el contratante diligente.
No obstante, puede evitarse esta resolución de pleno derecho si el deudor cumple con su
obligación en las veinticuatro horas posteriores a la notificación judicial de la demanda.

B) Efectos de la Condición Resolutoria


Al igual que en la condición suspensiva, los efectos de la condición resolutoria dependen
del estado en que ésta se encuentre, por lo que debemos distinguir si está pendiente,
cumplida o fallida.

1) Condición Resolutoria Pendiente


La condición resolutoria se encuentra pendiente mientras no se realiza el hecho que la
constituye, y ello media entre la fecha del contrato que hace nacer el derecho afecto al
riesgo de extinción y la fecha en que tal hecho se realiza, o en que ha llegado a ser cierto
que el hecho no se va a realizar, o en que se cumple el plazo fijado por las partes o la ley
para que el hecho se verifique, sin que se hubiera verificado.
A diferencia de lo que ocurre con la condición suspensiva, mientras la condición
resolutoria está pendiente, el acto o contrato produce todos sus efectos, como si fuera puro
y simple, por lo que el acreedor puede exigir el cumplimiento total de la obligación por
parte del deudor.
Ahora bien, existe incertidumbre acerca de si el derecho del acreedor se extinguirá en el
futuro o no, dada la incertidumbre que caracteriza a las condiciones.

2) Condición Resolutoria Cumplida


Siendo positiva, la condición resolutoria se encuentra cumplida cuando se verifica el
hecho en que ella consiste, y siendo negativa, se encuentra cumplida cuando tal hecho no
se verifica.
Una vez cumplida, se extingue el derecho del acreedor, y aún más, la ley finge que tal
derecho nunca existió, pues el cumplimiento de la condición resolutoria opera con efecto
retroactivo, por lo que se entiende que la persona que adquirió el derecho nunca lo
adquirió.
Los efectos son similares a la declaración de nulidad absoluta, y en tal sentido, debemos
distinguir entre los efectos que produce el cumplimiento de la condición resolutoria entre
las partes y respecto de las partes.

Entre las partes, los efectos son muy similares, ya que la ley les otorga el derecho de ser
retrotraídas al estado en que se encontrarían de no haberse celebrado el acto. Sin embargo,
existe una gran diferencia, y es que no se deben los frutos percibidos mientras la condición
estaba pendiente, salvo que la ley, el testador, el donante o los contratantes hayan
dispuesto lo contrario (Art. 1488 CC).

Ahora bien, respecto de terceros, hay una importante diferencia con la nulidad, ya que
aquí no hay acción reivindicatoria contra terceros poseedores de buena fe. Sin embargo,

143
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

los Arts. 1490-1491 CC hacen una distinción en esta materia para determinar si existe o
no buena fe.
Conforme al Art. 1490 CC, no hay acción reivindicatoria contra terceros poseedores de
buena fe cuando se trata de la restitución de bienes muebles.
Sin embargo, en virtud del Art. 1491 CC, si el bien era inmueble, la condición resolutoria
constaba en el título respectivo, y tal título se otorgó o inscribió por escritura pública, se
presume la mala fe del tercero, por lo que se puede ejercer la acción reivindicatoria en su
contra. Lo mismo aplica si sobre el inmueble se constituyeron hipotecas, censos o
servidumbres.

3) Condición Resolutoria Fallida


La condición resolutoria se encuentra fallida cuando llega a ser cierto que no sucederá el
acontecimiento contemplado para la extinción del derecho, lo cual puede ocurrir en
cualquier momento, como consecuencia de un hecho que así lo revele, o cuando ha
expirado el tiempo dentro del cual debía verificarse el acontecimiento y no se verificó.
Fallida la condición resolutoria, desaparece el riesgo de extinción que afectaba al derecho,
y la condición se tiene por no escrita. Además, si se impetraron medidas conservativas,
éstas también se extinguen.

8. El Plazo
A) Aspectos Generales
En su Art. 1494, el Código Civil define el plazo como “la época que se fija para el
cumplimiento de la obligación”. La doctrina, no obstante, nos otorga una mejor
definición: “Hecho futuro y cierto del cual depende la exigibilidad o extinción de un
derecho”.
Tenemos así las dos principales características del plazo, que son la futureidad y la
certidumbre.

De la definición se desprende la principal diferencia que tienen el plazo y la condición, y


es que existe certidumbre en el plazo.
Otra diferencia esencial entre ambos consiste en que de la condición puede depender el
nacimiento o la extinción de un derecho, mientras que el plazo sólo condiciona su
exigibilidad (Plazo Suspensivo) o extinción (Plazo Extintivo), pero nunca su
nacimiento. Esto porque no hay incertidumbre en el plazo suspensivo, ya que se sabe que
el día llegará, y por lo tanto el derecho nace de inmediato, pero con la salvedad de que no
es exigible hasta la llegada del día prefijado.
Esto es muy importante, ya que el deudor que paga cuando la condición está pendiente
puede exigir la restitución de lo pagado, al existir un pago de lo no debido, mientras que
el pago mientras el plazo suspensivo está pendiente es válido, pues la obligación ya nació.

Por otra parte, mientras las condiciones pueden encontrarse pendientes, cumplidas o
fallidas, el plazo sólo puede estar pendiente o cumplido, ya que al existir certidumbre de
que el día prefijado llegará, no es posible suponer un plazo fallido.
Además, mientras las condiciones operan con efecto retroactivo una vez cumplidas, el
plazo sólo produce sus efectos hacia el futuro, y jamás opera con efecto retroactivo.
Una última gran diferencia es que el cumplimiento del plazo opera siempre de pleno
derecho, mientras que la condición, en ciertos casos, requiere de sentencia judicial que
declare su cumplimiento para producir sus efectos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

B) Clasificaciones del Plazo


1) Plazo Expreso y Tácito
Atendiendo a que el plazo puede encontrarse expresamente establecido, o bien deducirse
de la naturaleza de una obligación, podemos clasificarlo en expreso o tácito.
El plazo es expreso cuando aparece establecido en forma explícita en una declaración de
voluntad o en una disposición legal, mientras que el plazo tácito se subentiende por la ley
como indispensable para cumplir la obligación a falta de estipulación de las partes.

2) Plazo Legal, Judicial y Convencional


Atendiendo el origen del plazo, o el hecho jurídico del cual proviene, el plazo puede
clasificarse en legal, judicial o convencional.
El plazo legal es el que establece directamente la ley, como sería el plazo de diez años
para adquirir el dominio por prescripción adquisitiva extraordinaria.
El plazo judicial es el que fija el juez para el cumplimiento de una obligación en aquellos
casos en que la ley lo faculta expresamente para ello, lo cual es excepcional y sucede, por
ejemplo, en el juicio reivindicatorio, siendo el juez quien determina el plazo para que el
poseedor vencido restituya la cosa al reivindicante.
Por último, el plazo convencional es aquel que fijan las partes en un contrato.

3) Plazos Determinados e Indeterminados


El plazo es determinado cuando se sabe el día en que se realizará el hecho futuro e
incierto, como si las partes de una compraventa pactaran que se pague el precio el día 22
de Julio de 2019, mientras que el plazo es indeterminado cuando se sabe que el día
llegará, pero no se sabe cuándo, como si se pactara la entrega de las cosas donadas en el
día en que muera el donante.

4) Plazos Suspensivos y Extintivos


Atendiendo a que del plazo puede depender el ejercicio o la extinción de un derecho, éste
se clasifica en suspensivo o extintivo.
El plazo es suspensivo si mientras no se cumple, suspende el ejercicio de un derecho,
mientras que es extintivo cuando por su cumplimiento se extingue un derecho.

C) Efectos del Plazo


Al igual que con la condición, los efectos del plazo dependen del estado en que éste se
encuentre, y a su vez, dependen de si el plazo es suspensivo o extintivo.

1) Plazo Suspensivo
Estando pendiente el plazo suspensivo, nace el derecho del acreedor y la obligación del
deudor, pero el acreedor no puede exigir el cumplimiento de la obligación.
Esto, sin embargo, no obsta a que el deudor cumpla la obligación con anterioridad a la
fecha en que ésta se hace exigible, con lo cual renuncia tácitamente al plazo que se
encuentra establecido en su exclusivo beneficio.
Una vez cumplido el plazo suspensivo, el acreedor puede ejercer su derecho y exigir la
prestación debida.

2) Plazo Extintivo
Pendiente el plazo extintivo, nace el derecho del acreedor y la obligación del deudor,
pudiendo aquél ejercer su derecho y reclamar la prestación debida.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Sin embargo, el derecho del acreedor no se adquiere permanentemente, toda vez que
existe la certeza de que llegado un día preestablecido, dicho derecho se extinguirá, lo cual
no afecta, en todo caso, al ejercicio ni al goce del derecho.
Por su parte, una vez cumplido el plazo extintivo, se extingue el derecho. Si el derecho
autorizaba a su titular para adquirir el dominio, la posesión o la mera tenencia de una
cosa, éste debe restituirla a la parte que tiene derecho a exigir la restitución.

D) Causales de Extinción del Plazo


1) Cumplimiento o Vencimiento
El plazo se extingue por su cumplimiento o vencimiento cuando llega el día prefijado
para que pueda ejercerse el derecho o para que este se extinga.

2) Renuncia
El plazo se extingue antes de su vencimiento por la renuncia, que puede formular la
persona en cuyo beneficio el plazo ha sido establecido. La renuncia puede ser expresa o
tácita, y constituye renuncia tácita el pago que hace el deudor de la obligación
encontrándose el plazo pendiente.

Aunque por regla general el deudor puede renunciar al plazo establecido en su exclusivo
beneficio, existen ciertos casos en que no puede renunciar al plazo, casos que contempla
el Art. 1497 CC, y que son:
• Cuando le esté prohibido por el testador o por el contrato;
• Cuando el pago anticipado acarrea al acreedor un perjuicio que se propuso evitar
mediante el plazo.

En este último caso, el plazo no se encuentra establecido en el beneficio exclusivo del


deudor, sino que en el del acreedor o en el de ambos.
Por lo mismo, cuando el plazo se establece en beneficio del acreedor o de ambas partes,
se requiere el consentimiento del acreedor para que el deudor pueda cumplir con la
obligación antes del vencimiento del plazo.
Todo esto se explica por lo dispuesto en el Art. 12 CC, conforme al cual, pueden
renunciarse los derechos conferidos por las leyes, con tal que sólo miren al interés
individual del renunciante, y que no esté prohibida su renuncia.

3) Caducidad
El plazo se extingue por caducidad cuando la mantención del plazo produciría un fuerte
riesgo de que el acreedor no podrá satisfacer su crédito.
La caducidad puede ser legal, si la establece la ley, o convencional, si la acuerdan las
partes de manera anticipada.

Los casos de caducidad legal están previstas en el Art. 1496 CC, y son los siguientes:
• Notoria Insolvencia del Deudor
El Código dispone que el pago de una obligación a plazo puede exigirse antes de
su vencimiento si se trata de un deudor que “se encuentre en notoria insolvencia
y no tenga la calidad de deudor en un procedimiento concursal de
reorganización” (Art. 1496 N°1 CC).
La excepción se refiere a la posibilidad de que, para evitar la liquidación, la
empresa deudora solicite y obtenga una resolución que ordene la reorganización
de sus pasivos según los Arts. 54 y ss. de la Ley Nº20.720.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El texto del Art. 1496 N°1 CC no menciona el procedimiento equivalente al que


puede someterse el deudor persona natural, y que la ley denomina renegociación,
aunque por los términos de la misma ley, no puede ser aplicable, dado que su Art.
264 dispone que no es posible hacer efectivas cláusulas de caducidad fundadas en
el inicio de este procedimiento.

• Procedimiento Concursal de Liquidación


Igualmente, el plazo caduca desde que el deudor tiene esta calidad, sea empresa
deudora o deudor persona natural, en un procedimiento concursal de liquidación
(Art. 1496 N°1 CC).
En este sentido, el Art. 136 de la Ley N°20.720 dispone que una vez dictada la
resolución de liquidación, todas las obligaciones dinerarias se entenderán
vencidas y actualmente exigibles respecto del deudor.

• Extinción o Disminución de Cauciones


El plazo se extingue por caducidad, aunque no se den los supuestos anteriores,
cuando la deuda estaba garantizada por ciertas cauciones (por ejemplo, fianza,
prenda, hipoteca) y estas se han extinguido o, sin extinguirse del todo, han
disminuido considerablemente de valor.
En tales casos, el acreedor se encuentra en peligro de que si espera el vencimiento
del plazo, y el deudor no paga, no podrá recurrir a las cauciones que aseguraban
la satisfacción del crédito.
Por esta razón, la ley le concede el derecho de exigir el pago anticipadamente.
Sin embargo, este caso tiene una excepción, y es que el plazo no caduca si el
deudor reclama el beneficio del plazo renovando las cauciones (en caso de que se
hayan extinguido) o mejorándolas (si han disminuido de valor) (Art. 1496 N°2
CC).

La caducidad convencional es la que acuerdan las partes en uso de la autonomía privada.


Así, por ejemplo, es usual que respecto de créditos que se pagan en cuotas, se estipule
que la falta de pago de una sola de ellas hará exigible inmediatamente la totalidad del
crédito, caducando el plazo pactado para las cuotas que faltaban.
Es lo que en el tráfico jurídico se llama cláusula de aceleración.

9. El Modo
El modo está regulado en los Arts. 1089-1096 CC. Es muy excepcional, y casi exclusivo
en la práctica a las asignaciones testamentarias, aunque puede introducirse en una
convención.
Podemos definir la obligación modal como aquella que se establece en el testamento o en
una convención, en virtud de la cual el asignatario o la parte que adquiere una cosa debe
aplicarla a un fin especial, como el de ejecutar ciertas obras o sujetarse a ciertas cargas.
La obligación del beneficiario no es una contraprestación en cuanto a lo recibido, sino
una restricción a las facultades que respecto de ello se gozan.

El modo no suspende el nacimiento ni el ejercicio del derecho, pero puede determinar su


extinción, aunque ello no siempre procede cuando se incumple con la obligación modal.
En las asignaciones testamentarias modales, el incumplimiento del modo por parte del
asignatario no acarrea, por regla general, la extinción del derecho que adquiere sobre la
cosa, salvo que el testador hubiera establecido una cláusula resolutoria, caso en el cual

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

el incumplimiento de la obligación modal extingue el derecho del asignatario sobre la


cosa.
La cláusula resolutoria es aquella que impone la obligación de restituir la cosa y sus frutos
si no se cumple con el modo.
Si no se incluye una cláusula resolutoria, no se puede exigir la resolución de la asignación,
puesto que al no ser un contrato bilateral, no hay condición resolutoria tácita, y no hay
nada que justifique la resolución.
Lo que sí puede exigirse es el cumplimiento forzado de la obligación modal, así como
también la indemnización de perjuicios, en caso de ser procedente.

Más discutible es el caso en que se estipule una obligación modal en un contrato, ya que
el Código Civil hace plenamente aplicables las normas de las asignaciones testamentarias
modales a tales obligaciones. De ello podría interpretarse que sin una cláusula resolutoria
expresada en el contrato, no podría resolverse el mismo, y que por lo tanto, el contrato no
incluiría la condición resolutoria tácita. Por lo mismo, siguiendo tal interpretación,
debería estipularse un pacto comisorio.
Pero esto es discutible, más aun teniendo en consideración la redacción del Art. 1489
CC, según el cual la condición resolutoria tácita va envuelta en todo contrato bilateral.
El problema, más bien, se presenta en los contratos unilaterales, donde no está presente
la condición resolutoria tácita, aunque la ley permite en ciertos casos su resolución, como
ocurre en la donación, por ejemplo.

10. La Representación
A) Aspectos Generales
Aunque lo más frecuente es que las partes en un contrato concurran o intervengan
personalmente en su celebración, es posible que el autor del acto jurídico unilateral o una
de las partes de la convención se encuentre impedida para concurrir personalmente a su
celebración.
Por lo mismo, la ley hace posible que se encargue a otra persona la gestión de la cual el
interesado no puede hacerse cargo personalmente, y es por ello común que una persona
dé a otra poder para que contrate a nombre y en lugar suyo.
Los efectos del acto que concluye una persona a nombre de otra se radican directamente
en esta última, como si hubiera concurrido personalmente a la celebración de dicho acto.

Entendemos por representación la institución jurídica en virtud de la cual los efectos de


un acto que celebra una persona que actúa a nombre o en lugar de otra, se radican de
forma inmediata y directa en esta última, como si ella personalmente lo hubiera celebrado.
Intervienen en la representación dos personas:
• El Representante: Aquel que celebra el acto jurídico a nombre o en lugar de otra
persona;
• El Representado: Aquel en quien radican los efectos del acto ejecutado por el
representante.

El Código Civil se refiere a la representación en su Art. 1448 CC, conforme al cual, lo


que una persona ejecuta a nombre de otra, estando facultada por ella o por la ley para
representarla, produce respecto del representado iguales efectos que si hubiese contratado
él mismo.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

B) Naturaleza Jurídica de la Representación


Existen en doctrina distintas teorías para explicar la naturaleza jurídica de la
representación, que pasamos a analizar:
• Teoría de la Ficción Legal
Esta teoría se atribuye a Pothier, y afirma que la representación es una ficción,
por medio de la cual la ley entiende que el representado manifiesta su voluntad
por medio del representante.
La teoría ha sido abandonada en la actualidad, especialmente porque no es
suficiente para explicar los casos de representación legal, como en los casos del
demente o del impúber, ya que la ley les da tutor y curador precisamente porque
carecen de voluntad.

• Teoría del Nuncio o Mensajero


Formulada por Savigny, plantea que el representante no es más que un mensajero,
un portavoz que transmite mecánicamente la voluntad del representado.
La doctrina contemporánea refuta también esta teoría, ya que decir que el
representante es un mero mensajero es negarle la calidad de representante, y
tampoco puede transmitir la voluntad de los absolutamente incapaces.

• Teoría de la Cooperación de Voluntades


Planteada por Mitteis, según quien, la representación se explica por la
cooperación de voluntades del representante y representado, concurriendo ambas
en la formación del acto jurídico, el cual, sin embargo, sólo afectará al segundo.
Esta teoría tiene el mismo problema que presentan las anteriores, por cuanto no
explican lo que sucede con la representación legal de los absolutamente incapaces.
Tampoco explica los casos en que el mandatario actúa en contra de la voluntad
del mandante.

• Teoría de la Representación-Modalidad del Acto Jurídico


Desarrollada por la doctrina francesa, sostiene que la representación es una
modalidad del acto jurídico, en virtud de la cual los efectos del acto o contrato
ejecutado o celebrado por un representante en nombre de un representado se
radican directa e inmediatamente en el segundo.
Esta teoría, a juicio de Alessandri, encaja perfectamente dentro del sistema del
Código Civil chileno, y además, ha tenido reconocimiento jurisprudencial en la
Corte Suprema.

C) Clases de Representación
1) Representación Legal
La representación legal, también llamada necesaria, supone que una persona se encuentra
en la imposibilidad jurídica de ejercer por sí sola la autonomía privada, careciendo por lo
mismo de la aptitud para disponer de sus propios intereses.
A través de normas inderogables, la ley sustrae del incapaz la facultad de proveer por sí
mismo a su propios intereses, y al juicio del interesado sustituye el juicio y la decisión de
otro sujeto, al cual se confía, conjuntamente, la competencia para el cuidado de los
intereses del incapaz, las resoluciones en la gestión de sus asuntos y la representación en
los negocios que celebre por cuenta de aquél.
El representado legal no puede decidir libremente sobre la persona que lo representa,
siendo necesariamente su representante el que determina la ley.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El representante legal debe ser plenamente capaz, y puede ser, por ejemplo, el padre o la
madre del hijo de familia, el adoptante del adoptado o el tutor o curador del pupilo.

2) Representación Voluntaria
A diferencia de la representación legal, la representación voluntaria surge exclusivamente
como consecuencia de un acto voluntario del interesado, que otorga poder a otra persona
para que actúe a su nombre.
Supone la más amplia libertad del interesado para decidir si actúa o no personalmente, y
en caso de optar por actuar representado, para escoger a la persona del representante, que
puede incluso ser una persona incapaz.

D) Requisitos de la Representación
Para que exista representación, la doctrina requiere la concurrencia copulativa de los
siguientes requisitos:
• El Representante debe Declarar su Propia Voluntad
Para dar vida al acto jurídico que celebra en nombre de otro, el representante debe
manifestar su propia voluntad, ya que es él quien contrata.
La doctrina y jurisprudencia concuerdan en que basta con que el representante
tenga capacidad relativa, ya que el acto no compromete su propio patrimonio, sino
el del representado, y la capacidad plena se exige cuando se comprometen los
derechos propios, y es por ello que se permite que los relativamente incapaces
puedan ser mandatarios.

• El Representante debe Actuar a Nombre del Representado


En el acto o contrato celebrado por el representante, éste debe dar a conocer la
llamada contemplatio domini, lo cual significa que debe manifestar de forma
inequívoca su intención de obrar en nombre y por cuenta de otro, y que aquel que
contrata con el representante participe de esa intención.

• El Representante debe Tener Poder de Representación


El representante debe tener poder de representación, que entendemos como la
autorización que tiene una persona para concertar negocios por cuenta de otra,
obligando exclusiva y directamente al representado.
En derecho se habla de facultad para designar el permiso que tiene una persona
para intervenir de hecho en las cosas que le pertenecen, es decir, toda acción lícita
que tal persona puede ejecutar en la órbita de sus propios intereses. Así, por
ejemplo, el dueño de una cosa tiene sobre ella las facultades de uso, goce y
disposición.
Por otro lado, entendemos por poder la potestad que tiene una persona para
ejecutar con éxito actos jurídicos que atañen o dicen relación con los intereses de
terceros.
Por regla general, las personas están facultadas para disponer por sí solas de los
intereses que les pertenecen, y de los cuales tienen la calidad de titular. Ahora
bien, excepcionalmente, cuando su capacidad se encuentra restringida, no pueden
disponer por sí solas de dichos intereses, necesitando autorización de otras
personas.
Sin embargo, nadie está facultado para disponer de los intereses ajenos, salvo que
tenga poder para ello, y este poder puede emanar de la ley o de la voluntad del
interesado.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El acto por el cual una persona otorga a otra el poder de representarla toma el
nombre de apoderamiento.
La autorización para actuar a nombre del representado debe ser anterior a la
celebración del acto en que ejerce dicho poder.
Sin embargo, y aunque no exista poder de representación, es posible que los
efectos del acto ejecutado por una persona se radiquen en otra, como si hubiere
existido este poder, lo cual ocurre en dos casos:
o Cuando el acto jurídico ha sido celebrado por un agente oficioso o gestor
de negocios ajenos, se entiende que si la gestión realizada es útil para el
interesado, éste le ha autorizado en el momento mismo en que se realizó;
o Cuando con posterioridad a la celebración del acto, el interesado lo
ratifica.

E) Efectos de la Representación
Sea la representación legal o voluntaria, sus efectos son los mismos, es decir, que los
derechos y obligaciones del acto se radican en el patrimonio del representado como si
hubiera contratado él mismo, lo cual es el efecto normal.

Ahora bien, cuando un acto o contrato es ejecutado por alguien que carece de poder de
representación, o por quien teniendo un poder de representación se excede de sus
facultades, tal acto o contrato tiene como sanción, en principio, la inoponibilidad de sus
efectos ante la persona que se pretendió obligar.
Sin embargo, el interesado puede ratificar el acto, y entendemos la ratificación como el
acto jurídico unilateral en virtud del cual el representado aprueba lo ejecutado o celebrado
por quien se dijo su representante o lo que ejecutó o celebró su representante
excediéndose de sus facultades.

La ratificación cuenta con las siguientes características:


• Puede ser expresa o tácita;
• Si el acto ratificado es solemne, también debe serlo la ratificación;
• Es un acto jurídico unilateral;
• Quien ratifica debe tener capacidad suficiente para ejecutar el acto ratificado;
• La ratificación puede hacerse en cualquier momento, aun después de la muerte
del representante, representado, o el tercero con quien se contrató;
• Una vez producida, la ratificación es irrevocable;
• Tan pronto como se produce, obliga al representado respecto del tercero
contratante con efecto retroactivo desde la fecha del contrato celebrado con el
representante.

F) Sanción de los Actos Realizados Sin Poder Suficiente


El problema que se suscita cuando alguien actúa a nombre de otro sin tener su
representación legal o voluntaria, es qué sucede con dicho acto y en qué situación quedan
los terceros que contrataron con el falso representante.
La falta de poder puede ser absoluta o relativa, siendo absoluta cuando quien actúa a
nombre de otro carece de toda facultad para representarlo, ya sea porque nunca lo tuvo o
porque expiró (no es representante legal ni voluntario).
Pero también puede darse una falta de poder relativa, cuando se trata de una persona que
tiene un poder de representación (legal o voluntario) pero actúa fuera de sus atribuciones
o facultades.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Los efectos de esta falta de poder relativa son los mismos que los de la absoluta, ya que,
para el acto que se realizó, quien obró a nombre ajeno no tenía facultades, y es lo mismo
que no hubiera sido representante en absoluto.

Según una primera opinión doctrinal, la sanción de este acto es la inexistencia por falta
de voluntad, ya que dicho acto no puede atribuirse a la voluntad del representado al no
operar el mecanismo de la representación.
Contra esta teoría se ha objetado que, de ser así, no se entendería que el acto pueda ser
ratificado por el representado y con ello producir todos sus efectos. Por esta razón, la
opinión más extendida actualmente es que la sanción para los actos realizados a nombre
de otro por un falso representante es la inoponibilidad respecto del supuesto representado,
es decir, leyendo a contrario sensu el Art. 1448 CC, el acto no produce efectos como si
el representado lo hubiera celebrado él mismo, siéndole absolutamente ajeno, inoponible.
El supuesto representado es un tercero en relación con dicho acto, y no puede verse
vinculado por el mismo.

Sin embargo, existen casos excepcionales en los que la ley, en atención a la buena fe del
tercero, impone los efectos de la representación a pesar de la falta de poder del
representante, y sin que el representado haya ratificado el acto.
Así, si el mandato se ha extinguido (por ejemplo, por revocación del mandante) y el
tercero procede de buena fe, resulta obligado el mandante (Art. 2173 CC), y el falso tutor
o curador pueden obligar al pupilo en los actos que realice a su nombre y que le reporten
positiva ventaja (Art. 426 CC).

Distinto es el caso en que una persona obra a nombre de otra, pero sabiendo que no tiene
facultades para representarla y sin aparentar que las posee.
Por ejemplo, si alguien, viendo que un amigo que reside en el extranjero ha tenido un
accidente, asume la administración de un local comercial que tiene este último, para evitar
que se produzca un perjuicio a sus negocios y mientras recupera su salud y pueda él
mismo nombrar un mandatario o representante.
Es un supuesto de gestión de negocios ajenos, llamada también agencia oficiosa, y que
el Código Civil regula como un cuasicontrato.
Los actos que se realizan en esta gestión pueden obligar al titular del negocio gestionado,
siempre que el negocio haya sido bien administrado (Art. 2290 CC).

G) Extinción de la Representación
La doctrina señala como causales de extinción de la representación:
• La revocación del poder, que es un acto jurídico unilateral del representado;
• La muerte del representado;
• La muerte del representante.
Se entiende que la muerte de cualquiera de los dos pone fin a la representación,
ya que un elemento esencial de la convención es la confianza que existe entre los
contratantes, que puede no necesariamente existir con los herederos de cada uno.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo VII – Ineficacia de los Actos Jurídicos

1. Introducción
A) Aspectos Generales
La reacción del ordenamiento jurídico contra el acto jurídico que no cumple con los
requisitos que establece puede ser de las más diversas formas. Puede consistir tanto en
una sanción que afecte a los sujetos que lo celebraron, como también al acto en sí mismo.
Por lo anterior, no es posible dar un principio general de que toda disconformidad del acto
con el ordenamiento jurídico se sanciona con la ineficacia del acto, dado que la sanción
podría consistir, por ejemplo, en una multa contra los sujetos responsables.

Sí podemos decir que el ordenamiento jurídico reacciona de distintas formas ante una
disconformidad, por lo que podemos decir que existen distintos tipos de sanciones.
Cuando la ley reacciona en contra del acto disconforme y no en contra de las personas
que lo celebraron, lo sanciona con la ineficacia, y podemos decir que un acto jurídico es
ineficaz cuando no produce efecto alguno, o cuando sus efectos se producen de modo
efímero o caduco.

Por lo tanto, el concepto de ineficacia, entendido en un sentido amplio, comprende todos


los casos en que la reacción del ordenamiento jurídico incide sobre la producción de los
efectos del acto disconforme, efectos que se eliminan, reducen o perturban.

Siguiendo la clasificación del profesor Corral, podemos distinguir entre ineficacias


originarias y sobrevinientes, conceptos que pasamos a analizar.

B) Ineficacias Originarias
La privación de los efectos propios de un acto pueden deberse a un defecto que concurre
al momento de su celebración o a un acontecimiento que sucede con posterioridad a su
perfeccionamiento.
En el primer caso, hablamos de ineficacias originarias, mientras que, en el segundo, nos
referiremos a ineficacias sobrevinientes.
Por ejemplo, si un acto tiene objeto ilícito y es declarado nulo, su ineficacia es originaria,
aunque la nulidad se declare con posterioridad, porque la razón de la nulidad es un defecto
que estaba presente en el momento en que se originó dicho acto.
En cambio, si el comprador no cumple con su obligación de pagar el precio y se declara
la resolución del contrato, estaremos frente a una ineficacia sobreviniente, porque al
perfeccionarse el acto jurídico este no sufría de ningún defecto, y la razón de la ineficacia
es el incumplimiento de la obligación de pagar el precio, que se produce después de
haberse perfeccionado el contrato.

Las ineficacias originarias más importantes son la inexistencia y las nulidades, en sus
diversos tipos, esto es, absoluta o relativa.
También existen algunas ineficacias originarias que no son ocasionadas por un vicio o
defecto que entraña la nulidad, como sucede con la rescisión por lesión enorme, o también
con la revocación de actos realizados en perjuicio de terceros (Art. 2468 CC).

Estudiaremos estos conceptos con profundidad más adelante.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Ineficacias Sobrevinientes
1) Ineficacias Sobrevinientes Voluntarias
Las ineficacias sobrevinientes voluntarias son aquellas que se producen respecto de un
acto que no tiene un defecto coetáneo al momento de su perfeccionamiento, pero respecto
del cual las partes, de común acuerdo, o excepcionalmente, una de ellas de modo
unilateral, deciden ponerle término, como sucede en los siguientes casos:
• Resciliación o Mutuo Disenso
Se denomina resciliación o mutuo disenso la extinción de un acto jurídico bilateral
por acuerdo de las partes.
El Art. 1567 CC la contempla como un modo de extinguir las obligaciones,
porque lo más frecuente es que el objeto de la resciliación sea un contrato.
Por ello, el mismo Código señala que todo contrato es ley para las partes, y no
puede ser invalidado sino por su consentimiento mutuo o por causales legales
(Art. 1545 CC).
El acuerdo por el que se rescilia un contrato es una convención que extingue
efectos jurídicos. En general, todos los contratos pueden ser resciliados, salvo
aquellos en los que la autonomía privada está limitada, como sucede, por ejemplo,
con el matrimonio.
Aunque se hable de divorcio de común acuerdo, nuestra ley no lo contempla como
tal, puesto que se requiere una sentencia judicial dictada conforme a una causa
legal, entre las cuales está un plazo de cese de la convivencia, que puede ser de
uno o tres años, según si haya acuerdo o no en el divorcio (Art. 53 LMC).

• Revocación
La revocación es el acto por el cual una de las partes, de manera unilateral y sin
necesidad de causa legal, pone fin a un acto o contrato.
La revocación procede, como regla general, en los actos jurídicos unilaterales,
como el testamento (Art. 1212 CC) o la oferta (Art. 99 CdC), aunque la
revocación unilateral no procederá cuando por ella se constituya una situación
jurídica favorable y definitiva para un tercero, como ocurre con el reconocimiento
de hijo no matrimonial (Art. 189 Inc. 2° CC) o con la remisión de una deuda
(Arts. 1653 y 1386 CC).
En cambio, respecto de los actos jurídicos bilaterales, la regla es que sólo pueden
dejarse sin efecto por mutuo acuerdo de las partes, aunque por excepción, y dada
la naturaleza de la relación jurídica nacida del acto, la ley puede atribuir a una
parte la facultad para dejar sin efecto por su propia voluntad dicho acto jurídico.
Un caso típico es el contrato de mandato, en el que, al tratarse de un contrato
intuito personae y de confianza, se admite que el mandante pueda ponerle término
por su sola voluntad, esto es, por revocación (Art. 2163 N°3 CC).
La revocación puede adoptar denominaciones diversas en ciertos contratos, como
por ejemplo, en la sociedad, en que la revocación unilateral toma el nombre de
renuncia (Art. 2108 CC).
En el contrato de arrendamiento, ya sea que la voluntad de ponerle término
provenga del arrendador o del arrendatario, el acto por el cual se pone término al
contrato, en los casos en que ello es posible, se denomina desahucio (Art. 1951
CC).

• Retracto o Desistimiento
Una forma singular de revocación es la que se produce en un tiempo próximo a la
celebración del acto jurídico en razón de que se admite, por diversas razones, que

154
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

una de las partes tiene derecho, en un plazo breve, a arrepentirse del acto
celebrado, y que se suele denominar retracto, retractación o desistimiento.
Por ejemplo, es lo que sucede cuando se vende una cosa y se entregan arras en
garantía, caso en el cual, se entiende que en un plazo de dos meses cada
contratante puede dejar sin efecto el contrato perdiendo las arras o restituyéndolas
dobladas (Arts. 1803 y 1804 CC).

2) Ineficacias Sobrevinientes por Causa Legal


En ciertos casos, es la misma ley la que determina que ciertos hechos pueden poner fin a
un acto o contrato, ya sea con la intervención de la voluntad de alguna de las partes o,
incluso, sin ella.
Tales formas de ineficacia son las siguientes:
• Resolución
La resolución, en general, es la extinción de un derecho por el cumplimiento de
una condición resolutoria a la que estaba sujeto.
Se extiende a la ineficacia de un acto jurídico por el cumplimiento de una
condición resolutoria a la que las partes atribuyeron la virtualidad de poner fin a
todos los efectos de dicho acto.
La forma más frecuente de resolución es aquella que deriva del cumplimiento de
la llamada condición resolutoria tácita, que va envuelta en todo contrato
bilateral, y que consiste en que una de las partes no cumpla lo pactado. En tal caso,
el contrato no se extingue automáticamente, sino que el otro contratante puede
pedir la resolución al juez (Art. 1489 CC).

• Terminación
Se suele denominar terminación a la resolución que opera respecto de contratos
de tracto sucesivo, es decir, de aquellos cuyos efectos se van desplegando
progresivamente en el tiempo.
Por ello, se habla de terminación de un contrato de arrendamiento de cosa o de un
contrato de trabajo.
La Ley de Matrimonio Civil emplea también esta palabra para hablar de la
extinción del matrimonio (Art. 42 LMC).

• Rescisión
El término rescisión alude a la nulidad relativa, pero el Código suele emplearlo en
diversos sentidos, designándolo para ineficacias que no son propiamente una
nulidad relativa, como podemos ver a propósito de las donaciones (Art. 1426
CC), en que se refiere más bien a una resolución por incumplimiento.

• Disolución
Se usa este término para designar la pérdida de eficacia del contrato de sociedad
(Arts. 2098 y ss. CC), probablemente porque ella conlleva la extinción no sólo
de un acto, sino de una persona jurídica.
Por su analogía con este contrato, también se habla de disolución respecto de la
sociedad conyugal (Art. 1764 CC).

• Caducidad
La caducidad es una forma de extinción de un derecho o relación jurídica que
intrínsecamente contiene un elemento que hace depender la mantención de su

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

eficacia de un acontecimiento externo que debe suceder en un período de tiempo


breve.
La caducidad puede operar también como forma de ineficacia de todo un acto
jurídico, como sucede con el testamento privilegiado (verbal, militar o marítimo),
que caduca si el testador sobrevive en 30 o 90 días a la situación de peligro que lo
autorizó a testar de un modo más desformalizado (Arts. 1036, 1044 y 1052 CC).
Otra forma de caducidad puede verse en los llamados contratos accesorios, es
decir, los que tienen por objeto asegurar el cumplimiento de una obligación
principal, de manera que no puedan subsistir sin ella (Art. 1442 CC), como el
contrato de fianza, prenda e hipoteca. Todos estos contratos, siendo perfectamente
válidos, pierden eficacia si se extingue la obligación principal a la que accedían
(Arts. 2381 Inc. 3°, 2401 Inc. 1° y Art. 2434 Inc. 1° CC).

2. La Inoponibilidad Como Forma de Ineficacia Relativa


A) Aspectos Generales
La inoponibilidad es la ineficacia, respecto de un tercero, de un derecho nacido como
consecuencia de la celebración de un acto jurídico o de la declaración de nulidad del
mismo.
La inoponibilidad no está tratada de forma sistemática por el Código Civil, sin perjuicio
de que es reconocida como una forma de ineficacia jurídica, y ha sido desarrollada
conceptualmente por la doctrina y la jurisprudencia.

Podemos mencionar varias diferencias entre la inoponibilidad y la nulidad, como son, por
ejemplo:
• La nulidad ataca la validez del acto mismo, privándolo de eficacia tanto respecto
de las partes como de los terceros, mientras que la inoponibilidad sólo se dirige a
privar de efectos al acto respecto de terceros de buena fe;
• La nulidad es una sanción de orden público, por lo que no puede renunciarse
anticipadamente, mientras que la inoponibilidad sí puede renunciarse, siendo una
sanción de orden privado, establecida a favor de los terceros de buena fe;
• Si la nulidad absoluta aparece de manifiesto en el acto o contrato, puede y debe
ser declarada de oficio por el juez, mientras que la inoponibilidad nunca puede ser
declarada de oficio.

Algunos autores consideran que los únicos terceros que pueden beneficiarse de la
inoponibilidad son los terceros relativos, aunque esto no siempre es así, ya que,
excepcionalmente, los terceros absolutos a un acto jurídico pueden alegar la
inoponibilidad, como ocurre en los casos de inoponibilidad por falta de concurrencia o
consentimiento, que estudiaremos a continuación.
Por otro lado, lo normal es que se haga valer la inoponibilidad como excepción, pero es
posible que se deduzca como acción en ciertos casos, como sucede con la acción pauliana.
La doctrina agrupa los distintos casos de inoponibilidad según sean de forma o fondo,
como pasamos a analizar.

B) Inoponibilidades de Forma
Las inoponibilidades de forma son aquellas que se basan en la omisión de ciertas
formalidades exigidas para que los efectos del acto jurídico puedan hacerse valer frente a
terceros.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Hablamos específicamente de:


• Inoponibilidades por Omisión de Formas o Medidas de Publicidad
Como hemos estudiado anteriormente, las formas o medidas de publicidad tienen
por objeto proteger a los terceros que pueden verse alcanzados por los efectos del
acto jurídico. Por lo mismo, la omisión de estas formalidades generan que los
efectos del acto no puedan hacerse valer frente a terceros, y existen varios de estos
casos en el Código Civil, como por ejemplo:
o Conforme al Art. 1902 CC, la cesión de un crédito personal no produce
efectos contra el deudor ni contra terceros mientras no sea notificada por
el cesionario al deudor, o aceptada por éste;
o En virtud del Art. 2513 CC, la sentencia judicial que declara la
prescripción hace las veces de escritura pública para la propiedad de
bienes raíces, pero no vale contra terceros sin la competente inscripción;
o Según dispone el Art. 1707 CC, las escrituras privadas hechas por los
contratantes para alterar lo pactado en escrituras públicas, no producen
efectos contra terceros.

• Inoponibilidades por Falta de Fecha Cierta


Los instrumentos privados, cuya fecha es susceptible de ser alterada por las partes,
no hacen fe en contra de terceros respecto de su exactitud, mientras no se produzca
un hecho que a los ojos de la ley dé certeza de tal fecha.
En tal sentido, el Art. 1703 CC dispone que la fecha de un instrumento privado
sólo se cuenta respecto de terceros:
o Desde el fallecimiento de alguno de los que lo han firmado;
o Desde el día en que ha sido copiado en un registro público;
o Desde que conste haberse presentado en juicio;
o Desde que se haya tomado razón de él;
o Desde que le haya inventariado un funcionario competente en el carácter
de tal.

C) Inoponibilidades de Fondo
Las inoponibilidades de fondo son aquellas que se basan en los efectos de un acto que
afecta injustamente los derechos de terceros.
Tales inoponibilidades son:
• Inoponibilidades por Falta de Concurrencia o Consentimiento
Hablamos aquí de casos en que el acto o contrato no puede hacerse valer en contra
de las personas que no han concurrido como partes a su celebración, como ocurre,
por ejemplo, en los siguientes casos:
o Conforme al Art. 1815 CC, la venta de cosa ajena vale, sin perjuicio de
los derechos del dueño de la cosa vendida, mientras no se extingan por el
lapso del tiempo;
o Según dispone el Art. 1490 CC, si el que debe una cosa mueble a plazo o
bajo condición suspensiva o resolutoria, la enajena, no habrá derecho de
reivindicarla contra terceros poseedores de buena fe.
Como decíamos anteriormente, no sólo los terceros relativos pueden oponer este
tipo de inoponibilidad, sino también los terceros absolutos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Inoponibilidades por Fraude


Son inoponibles por fraude los actos ejecutados en perjuicio de los derechos de
terceros, y la ley otorga a estos terceros ciertos medios para que aquellos actos no
los afecten, como por ejemplo:
o Conforme al Art. 2468 regla primera CC, los acreedores tienen derecho
para que se rescindan los contratos onerosos y las hipotecas, prendas y
anticresis que el deudor haya otorgado en perjuicio de ellos, estando de
mala fe el otorgante y el adquirente;
o Según dispone el Art. 1578 N°3 CC, el pago hecho al acreedor es nulo si
se paga al deudor insolvente en fraude de los acreedores a cuyo favor se
ha abierto concurso.

• Inoponibilidades por Lesión de Derechos Adquiridos


Comprende los casos en que los efectos de un acto no pueden hacerse valer contra
terceros que tienen derechos adquiridos sobre cosas a que el acto se refiere. Por
ejemplo, tenemos:
o Conforme al Art. 94 N°4 CC, el decreto de posesión definitiva de los
bienes del desaparecido, otorgado en favor de otros sujetos, puede
rescindirse en beneficio del desaparecido si reapareciere, recobrando sus
bienes en el estado en que se hallaren, pero subsistiendo las enajenaciones,
hipotecas y demás derechos reales constituidos legalmente sobre ellos;
o Según dispone el Art. 2517 CC, toda acción por la cual se reclama un
derecho, se extingue por la prescripción adquisitiva del mismo derecho.

• Inoponibilidades por Lesión de las Asignaciones Forzosas


Las asignaciones forzosas son aquellas que el testador está obligado a hacer a
ciertas personas determinadas por la ley, que son su cónyuge e hijos.
Si el testador no respeta las asignaciones forzosas, el testamento es válido, pero
inoponible a dichos asignatarios en cuanto los perjudica, y tienen ellos acción de
reforma de testamento para salvarse de ese perjuicio, conforme al Art. 1216 CC.

• Inoponibilidad de la Nulidad o Resolución de un Acto Jurídico


Existen ciertos casos excepcionales en que la nulidad de un acto o contrato no
puede hacerse valer en contra de terceros, los cuales tienen el derecho de que,
respecto de ellos, el acto se mire como perfectamente válido. Un ejemplo de esto
está en el Art. 2058 CC, conforme al cual, la nulidad del contrato de sociedad no
perjudica a las acciones que corresponden a terceros de buena fe contra todos y
cada uno de los asociados por las operaciones de la sociedad, si existiere de hecho.
Respecto de la resolución de los actos jurídicos, por regla general, opera con
efecto retroactivo, pero podemos encontrar ciertos casos en que la declaración de
la resolución no es oponible ante terceros de buena fe. Por ejemplo, conforme al
Art. 1490 CC, si el que debe una cosa mueble a plazo o bajo condición suspensiva
o resolutoria la enajena, no habrá derecho de reivindicarla contra terceros
poseedores de buena fe.

3. La Ineficacia por Inexistencia


A) Controversia Doctrinaria
Una de las mayores discusiones que existen en nuestra doctrina, y que hasta la actualidad
no ha podido ser zanjada, recae en si el ordenamiento jurídico sanciona o no con la
inexistencia a los actos o contratos en que se omite un requisito de existencia.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Podemos encontrar dos grandes escuelas de opinión en esta materia. La primera,


encabezada por Luis Claro Solar, sostiene que la inexistencia tiene aplicación en el
Código Civil, mientras que la segunda, encabezada por Arturo Alessandri Rodríguez,
plantea que la teoría de la inexistencia sólo es aceptable en la doctrina, ya que el Código
Civil no la reconoce como sanción.
Pasamos a analizar las posturas de los referidos autores y los argumentos con los cuales
las defienden.

1) Posición de Luis Claro Solar


Luis Claro Solar sostiene que el Código Civil recoge la teoría de la inexistencia jurídica,
en términos tales que si falta una de las cosas esenciales a la existencia del acto, este no
puede existir ni producir efecto alguno.
El autor distingue entre ‘la nada’ y la nulidad, siendo la primera la no existencia, y que se
sanciona con la misma inexistencia que ha hecho imposible el perfeccionamiento del acto
y la producción de efectos. La nulidad, en cambio, es la invalidez, la sanción de un vicio
de que el acto adolece.
Según Claro Solar, esta distinción aparece formulada en el Código Civil, lo cual puede
desprenderse de varios pasajes del mismo, como por ejemplo:
• Conforme al Art. 1444 CC, si falta alguna de las cosas esenciales al
perfeccionamiento del contrato como tal, éste no produce efecto alguno, mientras
que los actos que adolecen de un vicio de nulidad producen todos sus efectos
mientras la nulidad no se declare judicialmente;
• En virtud del Art. 1701 CC, la falta de instrumento público en los actos o
contratos en que la ley requiera tal solemnidad, trae como consecuencia que se
miren como no ejecutados o celebrados, es decir, como inexistentes. Incluso,
conforme a la misma disposición, aun cuando las partes se comprometan a reducir
los actos a instrumento público bajo una cláusula penal, esta cláusula no tiene
efecto alguno;
• Según dispone el Art. 1809 CC, en caso de no convenirse el precio, no hay venta;
• Conforme a lo que se desprende del Art. 1814 CC, la venta de una cosa que al
tiempo de perfeccionarse el contrato se supone existente y no existe, no produce
efecto alguno;
• Por último, en virtud del Art. 2055 CC, no hay sociedad si cada uno de los socios
no pone alguna cosa en común, ni tampoco si no hay participación de beneficios.

Todas estas disposiciones dan a entender que la omisión de ciertos requisitos prescritos
por la ley tiene una sanción de alcance más amplio que la nulidad, lo que se desprende
claramente de expresiones como “no produce efecto alguno” o “se mirará como no
ejecutado o celebrado”.
Esto no ocurre con el acto que adolece de un vicio de nulidad, que se tiene por ejecutado
o celebrado y produce, por lo mismo, todos los efectos que le son propios hasta que se
declare judicialmente la nulidad.

2) Posición de Arturo Alessandri Rodríguez


Alessandri sostiene que la teoría de la inexistencia no encuentra acogida en el Código
Civil, que establece como máxima sanción la nulidad absoluta, con lo cual, si a un acto
le falta algún requisito de aquellos doctrinariamente llamados requisitos de existencia,
dicha omisión autoriza para la declaración de la nulidad absoluta de dicho acto.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Los principales argumentos con los que Alessandri refuerza esta postura son:
• El Código Civil no contempla la inexistencia como sanción, ni reglamenta sus
consecuencias, como sí hace con la nulidad, por ejemplo;
• El Art. 1682 CC sanciona con la nulidad absoluta la omisión de los requisitos o
formalidades que las leyes prescriben para el valor de ciertos actos o contratos en
consideración a su naturaleza, refiriéndose tanto a los requisitos de existencia
como de validez, ya que los primeros también se exigen para el valor de un acto
en consideración a su naturaleza;
• El mismo Art. 1682 CC sanciona con nulidad absoluta los actos de los
absolutamente incapaces, y si el Código hubiera seguido la teoría de la
inexistencia, hubiera declarado tales actos inexistentes, ya que la demencia del
autor o de una de las partes implica la falta de voluntad.

B) Acto Inexistente y Acto Nulo


Las principales diferencias que se citan en doctrina entre el acto inexistente y el acto nulo
son:
• La inexistencia se produce por la omisión de un requisito de existencia del acto
jurídico, mientras que la nulidad se produce por la falta de un requisito de validez
del mismo;
• El acto inexistente no produce efecto alguno. El acto nulo, en cambio, mientras
no sea declarada la nulidad, nace a la vida del Derecho y produce todos sus efectos
como si fuera válido;
• No es necesaria la declaración judicial de la inexistencia, operando de pleno
derecho o ipso iure, mientras que la nulidad de un acto jurídico no puede operar
sino en virtud de una sentencia judicial.
Esto no obsta a que un juez reconozca o constate la inexistencia de un acto o
contrato en el juicio en que una parte pretenda acogerse a los efectos de un acto
inexistente y la otra alegara que no procede la producción de efectos por ser el
acto inexistente, pero el acto es inexistente antes de la constatación judicial;
• El acto inexistente no puede sanearse por el transcurso del tiempo, mientras que
el acto nulo sí;
• El acto inexistente no puede ser ratificado por la voluntad de las partes, lo cual se
permite en la nulidad relativa.

4. La Ineficacia por Nulidad en General


Según se desprende del Art. 1681 CC, la nulidad es la sanción para todo acto o contrato
a que falta alguno de los requisitos que la ley prescribe para el valor de los mismos, según
su especie y la calidad y estado de las partes.
El Código regula la nulidad como un modo de extinguir las obligaciones, aunque cabe
hacer presente que la nulidad no extingue propiamente la obligación, sino que destruye el
acto o declaración de voluntad que hizo nacer la obligación, extinguiéndose ésta por
consecuencia.

Según dispone el Art. 1681 Inc. 2° CC, la nulidad puede ser absoluta o relativa, y las
principales diferencias entre una y otra dicen relación con las causales para invocarlas,
las personas que pueden impetrarlas, y en el saneamiento de cada una.
Existen varios principios comunes para ambas clases de nulidad, los cuales son:
• La nulidad es una sanción de derecho estricto, por lo que no puede aplicarse por
analogía, y no hay otros casos de nulidad que los expresamente establecidos por
la ley;

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• La nulidad no puede renunciarse anticipadamente, ya que con ella se protegen los


intereses superiores de la colectividad;
• Cuando dos o más personas han contratado con un tercero, la nulidad declarada a
favor de una de ellas no aprovecha a las otras;
• La nulidad puede hacerse valer en juicio como acción o como excepción;
• No opera de pleno derecho, salvo la nulidad absoluta en casos excepcionales.

5. La Nulidad Absoluta
A) Aspectos Generales
La nulidad absoluta es la ineficacia originaria, declarable judicialmente, que tiene lugar
cuando en el acto o contrato se ha omitido algún requisito que la ley prescribe para su
valor, en consideración a su naturaleza o especie.

El Art. 1682 CC establece de forma taxativa las causales de nulidad absoluta, las cuales
son:
• El objeto ilícito;
• La causa ilícita;
• La omisión de algún requisito o formalidad que las leyes prescriben para el valor
de ciertos actos o contratos en consideración a la naturaleza de los mismos
(solemnidades de validez);
• La incapacidad absoluta de alguna de las partes.

Además, para quienes no aceptan la teoría de la inexistencia, hay que agregar las
siguientes causales:
• Falta de voluntad (incluyendo según ciertos autores las hipótesis de fuerza
absoluta y error esencial);
• Falta de objeto;
• Falta de causa;
• Falta de solemnidades requeridas para la existencia de los actos jurídicos.

B) Declaración de Nulidad Absoluta


Como hemos dicho anteriormente, para que un acto sea nulo y se produzcan los efectos
de la nulidad, es necesario que una sentencia judicial declare la nulidad absoluta o
relativa, y antes de la sentencia, el acto no es nulo, sino anulable.
Las formas mediante las cuales se puede llegar a la declaración judicial de nulidad
absoluta de un acto jurídico están establecidas en el Art. 1683 CC, del cual se desprende
que la declaración de nulidad absoluta puede ser solicitada por cualquier persona que
tenga interés en ello, por el Ministerio Público en el interés de la moral o la ley, o bien,
ser declarada de oficio por el juez cuando el vicio aparece de manifiesto en el acto o
contrato.

1) Declaración de Nulidad Absoluta a Petición de una Persona con Interés


Si bien la ley omite calificar el interés que se requiere, la doctrina y la jurisprudencia
concuerdan en que el interés debe ser actual y de carácter pecuniario, por lo que debe
existir al momento de solicitarse la declaración de nulidad, y debe ser apreciable en
dinero.
De esto se desprende que no sólo las partes pueden solicitar la declaración de nulidad,
sino también cualquier tercero que tenga un interés actual y pecuniario en ello.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Sin perjuicio de esto, cabe destacar una excepción contenida en el Art. 1683 CC,
consistente en que carece de esta facultad la persona que ejecutó el acto o celebró el
contrato sabiendo o debiendo saber del vicio que lo invalidaba. Esta norma debe
interpretarse restrictivamente, al ser excepcional, y por lo tanto, sólo aplica para el autor
del acto jurídico unilateral o a las partes del acto jurídico bilateral.
La jurisprudencia ha interpretado el significado de las expresiones “sabiendo” y
“debiendo saber”, en el sentido de que con la primera, la ley se refiere al conocimiento
directo, personal y efectivo del vicio de nulidad absoluta, y con la segunda, quiere decir
que el autor del acto o la parte en el contrato no puede alegar ignorancia del vicio, por
cuanto las circunstancias obligan a presumir lo contrario. Hablamos por tanto de un error
de hecho inexcusable.
Esta norma es de toda lógica, ya que nadie puede aprovecharse de su propio dolo, y por
lo tanto, se niega la legitimidad para solicitar la declaración de nulidad.

2) Declaración de Nulidad Absoluta a Petición del Ministerio Público


Conforme a lo dispuesto en el Art. 1683 CC, el Ministerio Público puede solicitar al juez
la declaración de nulidad absoluta en un acto o contrato, en el sólo interés de la moral o
de la ley.
De esto último se desprende que el interés que faculta al Ministerio Público para solicitar
la declaración de nulidad no es pecuniario, como en el caso anterior, sino en un interés
moral o legal.
La nulidad absoluta es de orden público y mira al interés general de la sociedad, por lo
que se concede al Ministerio Público la facultad de solicitar su declaración, en el sólo
interés de la moral o de la ley.
Cabe destacar, por otra parte, que para la actuación del Ministerio Público, la ley no
requiere que el vicio de nulidad absoluta aparezca de manifiesto en el acto o contrato.

Es necesario aclarar que la aplicación de esta norma es escasa, dado que fue suprimido el
ministerio público judicial en los juzgados de primera instancia (D.F.L. Nº426 de 1927),
y permanece sólo en las Cortes de Apelaciones y Suprema, compuesto por el funcionario
denominado fiscal judicial.
Existe un fiscal judicial por cada Corte de Apelaciones y un fiscal de la Corte Suprema
(Art. 350 COT).
Aunque en teoría estos fiscales podrían pedir la nulidad absoluta incluso en tribunales de
primera instancia (Art. 361 COT) o en las cortes cuando se les pida su dictamen (Arts.
357 y 359 COT), para lo cual no será necesario que aparezca de manifiesto en el acto el
vicio de nulidad, en la práctica esto no sucede.

3) Declaración de Nulidad Absoluta de Oficio por el Juez


El Art. 1683 CC faculta al juez para declarar de oficio la nulidad absoluta, e incluso lo
obliga a ello cuando el vicio de nulidad aparece de manifiesto en el acto o contrato.
La jurisprudencia ha interpretado que el vicio aparece de manifiesto cuando se aprecia en
forma evidente y clara con la sola lectura del acto o contrato que ha sido acompañado al
juicio como fundamento de las acciones o excepciones entabladas por las partes, de modo
tal que sin necesidad de recurrir a otras pruebas o antecedentes, el juez se encuentra en
condiciones de advertir que en dicho acto o contrato se observa inequívocamente un
hecho que configura una causal de nulidad absoluta.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

C) Saneamiento de la Nulidad Absoluta


Conforme a lo dispuesto por el Art. 1683 CC, la nulidad absoluta no puede sanearse por
la ratificación de las partes, ni por un lapso de tiempo menor a diez años.
La ley impide la ratificación de las partes porque la nulidad absoluta se encuentra
establecida en el interés general, al existir un interés moral y social que prima sobre la
voluntad de las partes.
Así, la nulidad absoluta sólo puede sanearse por el transcurso de un lapso de diez años,
que se cuentan desde la fecha de celebración del acto o contrato.
Este plazo se cuenta desde que el acto se perfeccionó, y no se suspende en favor de
persona alguna.

6. La Nulidad Relativa
A) Aspectos Generales
La nulidad relativa o rescisión es la ineficacia originaria, declarable judicialmente, que
tiene lugar cuando en el acto o contrato se ha omitido algún requisito que la ley prescribe
para su valor, en consideración a la calidad o estado de las personas que los ejecutan o
celebran.
Según se desprende de lo dispuesto en el Art. 1682 CC, cualquier especie de vicio que
no constituya una causal de nulidad absoluta se sanciona con la nulidad relativa, por lo
que podemos decir que la nulidad relativa constituye la regla general en esta materia.

Las causales de nulidad relativa son:


• Los vicios de la voluntad o consentimiento, con exclusión de la fuerza absoluta,
pero con inclusión del caso de error esencial;
• La incapacidad relativa cuando no ha sido subsanada por las formalidades
habilitantes que establece la ley para ello;
• Toda otra omisión de requisitos o formalidades exigidos en atención al estado o
calidad de las partes.
En esta categoría queda la nulidad relativa que afecta a los actos realizados por un
cónyuge sin la autorización del otro o sin autorización judicial en relación a los
bienes sociales o propios de la mujer en el régimen de sociedad conyugal (Art.
1757 CC).

Respecto de los actos realizados por personas relativamente incapaces (menores adultos
e interdictos por disipación), es necesario precisar que si el incapaz actúa mediante la
representación o autorización de su representante legal (padre o madre que ejerce la patria
potestad, tutor o curador) y se cumple con las exigencias específicas que se hacen para
ciertos actos más importantes, el acto es plenamente válido, sin que se pueda alegar que
aun así el incapaz resultó lesionado o perjudicado en sus intereses.

Otra acotación cabe hacer en relación con los actos de los relativamente incapaces, y es
que no siempre la falta de las formalidades requeridas da lugar a la nulidad relativa, ya
que en ocasiones la ley declara procedente una sanción diversa.
Así, tratándose de un menor adulto sujeto a patria potestad, los actos que ejecute sin la
autorización del padre o madre son válidos, pero sólo le obligan si cuenta con un peculio
profesional o industrial, y si se trata de contraer préstamos de dinero a interés o comprar
al fiado y no hay autorización escrita de su padre o madre, le obligan en sus bienes, aunque
no sean del peculio profesional o industrial, pero sólo hasta concurrencia del beneficio
que haya reportado del acto (Art. 260 CC). En ambos casos, la sanción no es la nulidad,
sino la inoponibilidad total o parcial del acto en favor del menor.

163
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

B) Legitimación para Solicitar la Declaración de Nulidad Relativa


En virtud del Art. 1684 CC, la nulidad relativa sólo puede ser alegada por aquellos en
cuyo beneficio la establece la ley, o por sus herederos o cesionarios.
A diferencia de la nulidad absoluta, la nulidad relativa no puede ser declarada de oficio
por el juez, aunque aparezca de manifiesto en el acto o contrato, ni puede solicitar su
declaración el Ministerio Público o cualquier persona que tenga interés en ello.

La persona en cuyo beneficio la ley establece la nulidad relativa es aquella que sufrió el
vicio que hace anulable el acto, como sería la víctima del error, la fuerza o el dolo, o el
incapaz relativo que celebró el acto sin la autorización de su representante legal, por
ejemplo.
Además, pueden alegar la rescisión los herederos de la persona que, teniendo derecho a
pedirla, falleció sin haberlo hecho. Esto es lógico, pues los herederos representan al
causante en todos sus derechos y obligaciones transmisibles, y uno de sus derechos
transmisibles es pedir la rescisión del acto o contrato celebrado por el causante en cuyo
beneficio la ley establece la nulidad relativa.
Finalmente, pueden también alegar la rescisión los cesionarios de la persona que tenía
derecho a demandarla, y entendemos por cesionarios aquellos a quienes la persona en
cuyo beneficio la ley establece la nulidad relativa, o sus herederos, transfieren por acto
entre vivos los derechos que emanan del acto o contrato anulable por el vicio de nulidad
relativa, entendiéndose incluido en la cesión el derecho a demandar la rescisión.

Es necesario mencionar en esta materia el Art. 1685 CC, que dispone: “Si de parte del
incapaz ha habido dolo para inducir al acto o contrato, ni él ni sus herederos o
cesionarios podrán alegar nulidad. Sin embargo, la aserción de mayor edad, o de no
existir la interdicción u otra causa de incapacidad, no inhabilitará al incapaz para
obtener el pronunciamiento de nulidad”.
Esta norma supone que la parte que contrató con el relativamente incapaz lo haya hecho
creyendo que éste era capaz, incurriendo así en un error que fue provocado por las
maniobras dolosas del incapaz con el propósito de engañarlo.
La ley sanciona así el dolo del incapaz, privándolo del derecho a alegar la rescisión por
su propia incapacidad, dando aplicación al principio de que nadie puede aprovecharse de
su propio dolo.
Ahora bien, la ley no considera constitutivo de dolo el engaño consistente en la simple
aserción de ser mayor de edad, o de no existir la interdicción u otra causa de incapacidad,
sancionando así implícitamente la falta de diligencia de la persona que no hizo nada por
comprobar si afectaba o no a la contraparte alguna causal de incapacidad legal.
Por ejemplo, si el menor adulto se limita a afirmar que es mayor de edad, la ley entiende
que el engaño no es sancionable, pero si además exhibiera una cédula de identidad falsa
para consumar el engaño, queda claro que existen maniobras dolosas que impiden que el
menor pueda después solicitar la declaración de nulidad relativa.

C) Saneamiento de la Nulidad Relativa por el Transcurso del Tiempo


Art. 1691 CC: “El plazo para pedir la rescisión durará cuatro años.
Este cuadrienio se contará, en el caso de violencia, desde el día en que ésta hubiere
cesado; en el caso de error o de dolo, desde el día de la celebración del acto o contrato.
Cuando la nulidad proviene de una incapacidad legal, se contará el cuadrienio desde el
día en que haya cesado esta incapacidad.
Todo lo cual se entiende en los casos en que leyes especiales no hubieren designado otro
plazo”.

164
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

De lo dispuesto en la norma citada, podemos extraer que el saneamiento de la nulidad


relativa por el transcurso del tiempo supone que la persona que tenía derecho para
demandar la rescisión no lo hace en el lapso de cuatro años, plazo tras el cual desaparece
el vicio que hacía rescindible el contrato.
Ahora bien, para determinar desde qué momento se cuenta el plazo de cuatro años, la ley
distingue entre las siguientes situaciones:
• En el caso de violencia o fuerza, los cuatro años se cuentan desde el día en que
hubiere cesado;
• En el caso de error o dolo, los cuatro años se cuentan desde la celebración del
acto o contrato;
• En el caso de incapacidad legal, los cuatro años se cuentan desde el día en que
haya cesado la incapacidad.

Sin perjuicio de lo anterior, puede ocurrir que la persona legitimada para demandar la
nulidad relativa fallezca antes del vencimiento del plazo, caso del cual se ocupa el Art.
1692 CC.
Esta disposición distingue según si los herederos son o no mayores de edad, disponiendo
que, si lo son, gozan del plazo completo de cuatro años si este no hubiere comenzado a
correr, y en caso contrario, del remanente del plazo.
Por otra parte, si fueran menores de edad, el plazo o su remanente comienzan a correr
desde que alcancen la mayoría de edad. Sin embargo, no puede nunca solicitarse la
declaración de nulidad transcurridos diez años desde la celebración del acto o contrato.

D) Saneamiento por la Ratificación o Confirmación del Acto Rescindible


1) Conceptos Generales
El acto que adolece de un vicio de nulidad relativa puede ser saneado por la confirmación
o ratificación.
El Código sólo habla de ratificación, aunque doctrinariamente, tal término se reserva para
los casos en que el mandante aprueba lo obrado por el mandatario que actuó sin poder
suficiente o excediéndose de sus facultades, o en que el dueño aprueba la venta de la cosa
ajena que hizo otra persona.
Por otro lado, la confirmación es el acto jurídico unilateral mediante el cual la persona
que tenía el derecho de alegar la nulidad relativa, renuncia a esta facultad, saneando de
tal manera el vicio de que adolece el acto o contrato rescindible.
Una vez confirmado, el acto jurídico rescindible se transforma en uno plenamente válido,
y la confirmación encuentra su fundamento en el Art. 12 CC, que permite renunciar los
derechos conferidos por las leyes, siempre que miren al interés individual del renunciante,
y que no esté prohibida su renuncia.

2) Clasificación de la Confirmación
La confirmación puede ser de dos clases:
• Confirmación Expresa
Se produce cuando la parte que tiene derecho a pedir la rescisión de un acto
jurídico, o sus herederos o cesionarios, declaran su voluntad de validar dicho acto
en términos explícitos y directos, haciendo desaparecer el vicio.

• Confirmación Tácita
Conforme al Art. 1695 CC, consiste en la ejecución voluntaria de la obligación
contraída. Así, aun sin haber una declaración de voluntad expresa de validar el

165
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

acto jurídico, de la ejecución de la obligación se desprende que la parte que podía


rescindir el acto consiente en su validez.

3) Características de la Confirmación
La confirmación presenta las siguientes características:
• Es un acto jurídico unilateral, ya que para nacer a la vida del Derecho requiere
la manifestación de voluntad de una sola parte, el confirmante;
• Es un acto jurídico accesorio, ya que no puede subsistir sin el acto o contrato que
se convalida;
• Es irrevocable, pues quien confirma un acto rescindible no puede posteriormente
desconocer la confirmación y solicitar la rescisión del acto convalidado;
• Opera con efecto retroactivo, lo que significa que, confirmado el acto, se entiende
que ha sido siempre válido y que nunca tuvo un vicio de nulidad relativa.

4) Requisitos de la Confirmación
Para que se produzcan los efectos de la confirmación, es necesario que cumpla con los
siguientes requisitos:
• La confirmación sólo opera tratándose de un vicio que la ley sanciona con la
nulidad relativa, ya que el vicio que la ley sanciona con nulidad absoluta no puede
ser saneado sino por el transcurso del tiempo;
• La confirmación debe necesariamente provenir de la persona que tiene derecho a
alegar la nulidad relativa, tal y como dispone el Art. 1696 CC;
• El confirmante debe ser capaz de contratar, según dispone el Art. 1697 CC;
• La confirmación debe hacerse en tiempo oportuno, entendiéndose por tal el que
media entre la celebración del acto jurídico y la declaración judicial de nulidad.
Una vez declarada la nulidad relativa, se entiende que el acto nunca existió, por
lo que no produce efecto alguno su confirmación;
• La confirmación debe efectuarse después de haber cesado la causa de invalidez,
ya que, de otra forma, si subsiste el mismo vicio, se daría vida a un acto también
anulable;
• La confirmación, cuando es expresa, debe cumplir con las mismas solemnidades
a que por ley está sujeto el acto o contrato que se confirma, según lo dispuesto en
el Art. 1694 CC;
• La ratificación debe efectuarse con conocimiento del vicio que afecta el acto, y
teniendo conciencia del derecho que asiste al confirmante de solicitar la rescisión
del acto.

E) Diferencias entre la Nulidad Relativa y la Nulidad Absoluta


De todo lo estudiado, podemos mencionar las diferencias esenciales que existen entre la
nulidad absoluta y la nulidad relativa:
• Las causales para pedir cada tipo de nulidad son distintas, según lo estudiado
anteriormente;
• La nulidad absoluta puede ser pedida por cualquier persona que tenga interés en
ello o por el Ministerio Público, mientras que la nulidad relativa sólo puede ser
pedida por la persona en cuyo beneficio la establece la ley, o por sus herederos o
cesionarios;
• La nulidad absoluta puede ser declarada de oficio por el juez, lo cual la ley no
permite para la nulidad relativa;

166
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• La nulidad absoluta se sanea transcurridos diez años desde la fecha de celebración


del acto o contrato, mientras que la nulidad relativa se sanea transcurridos cuatro
años, contados desde momentos distintos según el vicio de que se trate;
• La nulidad absoluta no puede sanearse por voluntad del autor o de las partes,
mientras que la nulidad relativa puede sanearse a través de la confirmación o
ratificación del acto rescindible por parte de la persona en cuyo beneficio la ley
establece la nulidad, o por sus herederos o cesionarios;

7. Efectos de la Nulidad
A) Aspectos Generales
Como hemos mencionado anteriormente, para que se produzcan los efectos propios de la
nulidad, sea absoluta o relativa, es necesario que exista una sentencia judicial firme o
ejecutoriada que declare la nulidad del acto o contrato.
Con anterioridad a la declaración judicial, el acto o contrato anulable o rescindible
produce de igual manera todos sus efectos como si fuera válido, sin perjuicio de que
dichos efectos serán efímeros, y teniendo en consideración que una vez declarada
judicialmente la nulidad, el acto no sólo dejará de producir efectos, sino que se entenderá
que tampoco produjo efectos en el pasado.
Así, los efectos de la nulidad son exactamente los mismos cuando es absoluta o relativa,
por lo que no hay distinciones entre ambas respecto a sus efectos.
Donde sí debemos distinguir, no obstante, es respecto de las personas ante quienes la
nulidad produce sus efectos, por lo que pasamos a estudiar los efectos de la nulidad entre
las partes y respecto de terceros.

B) Efectos de la Nulidad entre las Partes


Art. 1687 CC: “La nulidad pronunciada en sentencia que tiene la fuerza de cosa
juzgada, da a las partes derecho para ser restituidas al mismo estado en que se hallarían
si no hubiese existido el acto o contrato nulo; sin perjuicio de lo prevenido sobre el objeto
o causa ilícita.
En las restituciones mutuas que hayan de hacerse los contratantes en virtud de este
pronunciamiento, será cada cual responsable de la pérdida de las especies o de su
deterioro, de los intereses y frutos, y del abono de las mejoras necesarias, útiles o
voluptuarias, tomándose en consideración los casos fortuitos y la posesión de buena o
mala fe de las partes; todo ello según las reglas generales y sin perjuicio de lo dispuesto
en el siguiente artículo”.

Así, el efecto propio de la declaración de nulidad es el derecho que se concede a las partes
de ser restituidas al estado en que se hallarían si no hubiese existido el acto o contrato
nulo, de modo que si éste engendraba obligaciones que no se encontraban cumplidas, tal
derecho se satisface con la extinción de dichas obligaciones.
Ahora bien, si la extinción de obligaciones, por sí sola, no permite que se produzca este
efecto, debe una de las partes, o ambas, efectuar las prestaciones determinadas por la ley,
que reciben el nombre de restituciones mutuas.

En otras palabras, si el acto o contrato no se ha cumplido, la nulidad extingue las


obligaciones emanadas del acto o contrato, pero si el contrato ha sido cumplido, sea total
o parcialmente, y por una o ambas partes, proceden las restituciones mutuas.
De esta manera, cuando son procedentes las restituciones mutuas, lo primero que debe
restituirse es la cosa que una o ambas partes recibió con anterioridad a la declaración de
nulidad del acto o contrato.

167
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Junto con la cosa, deben restituirse los frutos naturales y civiles, pero aplicando las reglas
generales a que alude el Art. 1687 CC, que son las contenidas en el Título XII del Libro
II del Código Civil, que se refiere a la reivindicación.
En particular, el Art. 907 CC, aplicable en esta materia, distingue para estos efectos entre
el poseedor de buena y de mala fe:
• Poseedor de Mala Fe
Se entiende de mala fe a la parte del acto nulo que recibió la cosa en conocimiento
del vicio que hacía anulable el acto.
El poseedor de mala fe es obligado a restituir los frutos naturales y civiles de la
cosa, y no solamente los percibidos, sino los que el dueño hubiera podido percibir
con mediana inteligencia y actividad, teniendo la cosa en su poder.
Si no existen los frutos, debe el valor que tenían o que hubieran tenido al tiempo
de la percepción, y se consideran como no existentes los frutos que se hubieran
deteriorado en su poder.

• Poseedor de Buena Fe
Se entiende de buena fe a la parte del acto nulo que recibió la cosa con la
convicción de haberla adquirido por medios legítimos, exentos de cualquier vicio
de nulidad.
El poseedor de buena fe no es obligado a la restitución de los frutos percibidos
antes de la contestación de la demanda, y en cuanto a los frutos percibidos
después, se sujeta a las reglas del poseedor de mala fe.

Ahora bien, la regla general que da derecho a las partes para ser restituidas al estado en
que se hallarían si no hubiese existido el acto o contrato nulo presenta las siguientes
excepciones:
• Declaración de Nulidad por Objeto o Causa Ilícita a Sabiendas
El mismo Art. 1687 CC, al establecer la regla general, señala que ésta debe
entenderse sin perjuicio de lo prevenido sobre el objeto o causa ilícita.
Esta referencia se hace al Art. 1468 CC, conforme al cual no puede repetirse lo
que se haya dado o pagado por un objeto o causa ilícita a sabiendas.
Por consiguiente, declarada la nulidad absoluta por objeto o causa ilícita, quien lo
celebró a sabiendas de que adolecía de tales vicios no puede exigir la restitución
de lo que dio o pagó en virtud del acto o contrato, sin perjuicio de que puede estar
obligado a restituir lo que, a su vez, recibió.

• Restitución de los Frutos del Poseedor de Buena Fe


Como ya mencionamos, el poseedor de buena fe no es obligado a la restitución de
los frutos percibidos antes de la contestación de la demanda.

• Declaración de Nulidad por la Incapacidad de una de las Partes


Conforme al Art. 1688 CC, si se declara nulo el contrato celebrado con una
persona incapaz sin los requisitos que la ley exige, el que contrató con ella no
puede pedir la restitución o reembolso de lo que gastó o pagó en virtud del
contrato, sino en cuanto probare haberse hecho más rica, con ello, la persona
incapaz, ya que de otra forma existiría un enriquecimiento sin causa.

168
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Adquisición del Dominio por Prescripción


La persona que adquiere el dominio de una cosa por prescripción adquisitiva no
está obligada a restituirla cuando la recibió de un contrato nulo, ya que al operar
la prescripción, se extingue toda acción que la contraparte tenga en su contra.

C) Efectos de la Nulidad Respecto de Terceros


1) Nulidad Pedida Por Una de las Partes
Es posible que entre el tiempo en que se celebra el acto o contrato y aquel en que queda
firme la sentencia de nulidad y se ordenan las restituciones mutuas, alguna o ambas partes
hayan enajenado la cosa o cosas en favor de un tercero, que suele llamarse adquirente,
porque adquiere el dominio o algún otro derecho real sobre esa cosa.

Para estos casos, nos dice el Art. 1689 CC que la nulidad judicialmente pronunciada da
acción reivindicatoria contra terceros poseedores, lo cual significa que, declarada nula la
venta, cae también la transferencia del dominio por tradición, de modo que se entiende
que el propietario siempre ha sido el mismo.

Nótese que el tercero queda sujeto a las consecuencias de la nulidad, aunque por su parte
haya habido buena fe e incluso no haya tenido ninguna noticia de la posible nulidad del
contrato por el cual Pedro habría adquirido el inmueble.
Como veremos, es una solución mucho más dura que la que el mismo Código da para el
caso en que el contrato termine por resolución, en el que se protegen los terceros de buena
fe (Arts. 1490 y 1491 CC).

El Art. 1689 CC, en su parte final, aclara que esta regla admite excepciones, y se suelen
mencionar como excepciones los supuestos de la rescisión del decreto de posesión
definitiva del desaparecido (Art. 94 N°4 CC), de la indignidad sucesoria (Art. 976 CC),
de la rescisión de donaciones (Art. 1432 CC) y de la rescisión de la compraventa por
lesión enorme (Art. 1895 CC).
Sin embargo, estas excepciones son más aparentes que reales, porque no se refieren a
casos en los que la ineficacia del acto sea propiamente una nulidad.

Por tanto, la única excepción auténtica a la regla consiste en que el tercer poseedor pueda
alegar que ha adquirido el dominio por la prescripción ordinaria o extraordinaria, según
los casos.
Si el tercero ha adquirido el dominio, lo habrá perdido el demandante, y no podrá
reivindicar.

En principio, la parte que desea alegar la nulidad, y que sabe que la cosa cuya restitución
pretende se encuentra en manos de un tercer poseedor, debería primero demandar a la
contraparte de nulidad, y luego, con la sentencia ejecutoriada que pronuncia la nulidad,
hacer un nuevo juicio, ahora de reivindicación en contra del tercero poseedor.
Pero esto, aparte de engorroso, encierra el riesgo de que el tercero alegue que la sentencia
que declaró la nulidad no le es oponible, dado que él no fue parte del juicio en el que se
dictó.
Por ello, se recomienda que en estos supuestos el demandante ejerza las dos acciones, es
decir, de nulidad contra la otra parte y de reivindicación contra el tercero, en un mismo
proceso judicial, lo que resulta admisible conforme con el Art. 18 CPC, ya que se trata
de acciones compatibles que emanan de un mismo hecho.

169
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El Art. 1689 CC sólo se refiere al derecho real de dominio, pero parece lógico que la
regla se aplique también a otras formas de enajenación, como la constitución de derechos
reales en favor de terceros, ya sea de goce (usufructo, uso, habitación, servidumbre) o de
garantía (prenda o hipoteca).
En estos casos, pronunciada la nulidad, se restaura el derecho de dominio en la persona
que la tenía antes de que se celebrara el acto o contrato nulo, por lo que lo que haya obrado
la parte que tenía la cosa en virtud de dicho acto o contrato debe ser tratado como un acto
sobre cosa ajena, que no perjudica los derechos del dueño, nuevamente sin perjuicio de
que el tercero pueda alegar la prescripción adquisitiva del respectivo derecho cuando ello
sea procedente.

Debemos resaltar que este efecto de la nulidad en contra de terceros es lo que ha generado
en nuestro sistema lo que usualmente se denomina estudio de títulos.
Cuando alguien desea adquirir una propiedad, no sólo debe cerciorarse de que quien le
está vendiendo la cosa la ha adquirido de su antecesor mediante un acto o contrato válido,
sino también de que éste, a su vez, la adquirió legalmente y sin vicio, y así sucesivamente
hacia atrás.
La prescripción adquisitiva, cuyo mayor plazo es de diez años, permite limitar el estudio
a las transferencias que se hayan realizado en los diez años anteriores a la que ahora se
pretende.
Esto incrementa los costos de las transferencias y las garantías, y podría evitarse si la
nulidad no afectara a terceros que procedan de buena fe, pero para ello se necesitaría una
reforma legal.

2) Nulidad Pedida Por un Tercero


En el caso anterior, la nulidad es demandada por una de las partes del acto o contrato
nulo, pero, como ya hemos visto, hay casos, tanto de nulidad absoluta como de nulidad
relativa, en que la legitimación para pedir la nulidad puede corresponder a un tercero que
no fue parte del acto o contrato.
Por ejemplo, un acreedor que pide la nulidad absoluta de la enajenación realizada por el
deudor de una cosa embargada (objeto ilícito) o la mujer casada que desea pedir la nulidad
relativa de la enajenación de un bien raíz de la sociedad conyugal realizada sin su
autorización.

En estos casos, puede suceder también que la parte que recibió la cosa en virtud del
contrato que se declara nulo la haya a su vez enajenado a un tercer adquirente, y en tal
evento, quien debería ejercer la acción reivindicatoria debería ser la parte que recupera el
dominio en virtud de la declaración de nulidad, como por ejemplo, el deudor en el caso
de la cosa embargada o el marido en el caso de enajenación de bienes de la sociedad
conyugal.
Sin embargo, ninguno de ellos estará muy interesado en ejercer la acción reivindicatoria
contra el tercero poseedor, ya que, por ejemplo, el deudor considerará que no le resulta
útil dicha reivindicación en la medida en que, si recupera la posesión del bien, le será
embargado para satisfacer sus deudas.

Atendido lo anterior, podría suceder que el tercero legitimado para pedir la nulidad viera
frustrado el objetivo práctico por el cual puede pedir la nulidad, y por ello, se ha propuesto
que, como el Art. 1689 CC dice en forma genérica que la nulidad “da acción
reivindicatoria contra terceros poseedores”, debe entenderse que no es necesario que

170
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

ejerza dicha acción la parte que recupera el dominio, sino también el tercero que ha pedido
la nulidad obrando en subrogación de la primera.
Se trataría de un caso de subrogación legal cuyo sustento normativo está dado por el Art.
1689 CC.

8. Acciones a que da Origen la Nulidad


A) Acción de Nulidad
Es una acción personal destinada a solicitar la declaración de nulidad de un acto o
contrato.
Si la demanda se interpone por uno de los contratantes, debe dirigirse en contra del otro
contratante, pero si la interpone un tercero, debe dirigirla contra ambos contratantes o
contra el que ejecutó el acto jurídico.
A su vez, el autor de un acto jurídico unilateral puede también demandar su nulidad, caso
en el cual la acción debe dirigirse en contra de la persona a cuyo favor se otorgó dicho
acto.
En cualquiera de los casos anteriores, de fallecer quien tiene la legitimación pasiva, la
demanda se dirige en contra de sus herederos.

B) Acción Reivindicatoria
Es una acción real destinada a recuperar una cosa que se encuentra en poder de una
persona distinta de quien celebró el acto o contrato nulo, el actual poseedor.
Cabe tener presente que, conforme al principio general del efecto relativo de las
sentencias, no puede desposeerse a terceros poseedores que no han sido parte en el juicio,
por lo que es conveniente interponer ambas acciones conjuntamente, lo cual permite el
Código de Procedimiento Civil.

9. La Conversión del Acto Nulo


Entendemos por conversión el medio jurídico en virtud del cual un acto jurídico se salva
de la nulidad convirtiéndose en otro distinto, que sustituye al primero en la medida de lo
posible, salvaguardando con ello el fin perseguido por las partes.

La doctrina ha señalado que, para que opere la conversión, deben concurrir


necesariamente dos requisitos:
• Que el acto jurídico nulo contenga todos los elementos constitutivos del nuevo
acto válido, tanto sustanciales como formales;
• Que pueda considerarse que las partes habrían querido el segundo acto jurídico
conociendo de la ineficacia del primero.

En cuanto a su reconocimiento legal, no existe en el Código una disposición que permita


expresamente la conversión de un acto jurídico nulo en otro válido.
Algunos autores plantean que puede desprenderse del Art. 1444 CC, conforme al cual,
son de la esencia de un contrato las cosas sin las cuales no produce efectos, o bien,
degenera en un contrato distinto.
Víctor Vial discrepa de esta posición, no obstante, al considerar que esta disposición debe
ser analizada, más bien, bajo la perspectiva del error que determina que las partes den una
denominación o calificación equivocada a un acto que la ley denomina o califica de otra
forma.

171
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

El mismo autor plantea, por lo tanto, que no cabe sino concluir que la posibilidad de
conversión se encuentra restringida exclusivamente a los casos particulares en que la ley
la permite, y nombra algunos ejemplos de estos casos:
• La escritura pública defectuosa por incompetencia del funcionario o por otra falta
en la forma, vale como instrumento privado si estuviera firmada por las partes
(Art. 1701 CC);
• La donación entre cónyuges, que es ineficaz como donación irrevocable, vale
como donación revocable, produciendo los efectos de esta última (Art. 1138 CC).

172
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Parte 4 – Tópicos Civiles de la Prueba

Contenidos
I. Conceptos Fundamentales Sobre la Prueba
II. Los Medios Probatorios

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo I – Conceptos Fundamentales Sobre la Prueba


1. Introducción
2. El Objeto de la Prueba
3. La Carga de la Prueba u Onus Probandi
4. Clasificaciones de los Sistemas Probatorios
A) Según las Atribuciones del Juez
B) Según la Admisibilidad y Valor de los Medios Probatorios

Capítulo II – Los Medios Probatorios


1. Aspectos Generales
A) Concepto y Enumeración
B) Clasificación de los Medios Probatorios
1) Según su Valor Probatorio
2) Según el Momento en que se Producen
3) Según su Licitud
4) Según el Contacto del Juez con el Hecho Probado
2. Los Instrumentos
A) Concepto y Clasificación
B) El Instrumento Público
1) Aspectos Generales
2) Valor Probatorio
3) Impugnación del Instrumento Público
4) Las Escrituras Públicas
C) El Instrumento Privado
1) Concepto
2) Valor Probatorio
3. Los Testigos
A) Concepto
B) Actos que No Admiten la Prueba Testimonial
1) Actos que Deben Consignarse por Escrito
2) Adición o Alteración de lo Expresado en un Acto o Contrato
C) Excepciones a los Principios que Rechazan la Prueba de Testigos
D) Valor Probatorio de la Prueba de Testigos
1) Testigos de Oídas
2) Testigos Presenciales
4. Las Presunciones
A) Presunciones Judiciales
B) Presunciones Legales
5. La Confesión de Parte
A) Concepto y Características
B) Clasificación de la Confesión
1) Confesión Extrajudicial
2) Confesión Judicial
6. Inspección Personal del Tribunal
7. Informe de Peritos

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo I – Conceptos Fundamentales Sobre la Prueba


1. Introducción
El concepto de prueba alude a la demostración de la verdad de un hecho, de su existencia
o inexistencia. En tal sentido, podemos definirla como el establecimiento, por medios
legales, de la exactitud de un hecho que sirve de fundamento a un derecho que se reclama.
La regulación de la prueba en el proceso civil puede encontrarse tanto en el Código Civil
como en el Código de Procedimiento Civil, y mientras el primero regula los aspectos
sustantivos o materiales de la prueba, el segundo regula los aspectos procesales de la
misma.
Los aspectos sustantivos o materiales de la prueba abarcan la determinación de los medios
probatorios, su admisibilidad y valor probatorio y la carga de la prueba.
El Derecho Procesal regula más bien la forma de producir la prueba y los procedimientos
contemplados por la ley para impugnar la prueba rendida.
La importancia de la prueba es lógica, ya que aunque personalmente se tenga plena
claridad sobre la existencia de una obligación, si ella no se acredita, el juez no podrá
acoger las pretensiones del actor en su sentencia.

2. El Objeto de la Prueba
La prueba recae en los hechos, y no en el derecho. Son cuestiones de derecho, por
ejemplo, la existencia de una norma legal, su contenido, determinación, sentido y alcance,
y de acuerdo a lo dispuesto en el Art. 8° CC, el derecho no necesita probarse.
Esto último, sin embargo, cuenta con dos excepciones:
• Cuando la norma de derecho emana de la costumbre, debe probarse por cualquier
medio de prueba en el ámbito civil, y a través de los medios de prueba que
establece el Código de Comercio en el ámbito mercantil;
• Cuando la norma de derecho está contenida en la ley extranjera, conforme al Art.
411 CPC, puede oírse informe de peritos sobre puntos de derecho relativos a tal
legislación.

Ahora bien, existen hechos respecto de los cuales no hay necesidad de prueba, como son:
• Hechos No Controvertidos, es decir, aquellos que las partes aceptan sin
contradicción, y que el juez, por tanto, tiene por acreditados;
• Hechos Públicos o Notorios, que son aquellos de público conocimiento o de
notoria relevancia que se asumen conocidos por todos;
• Hechos Normales o Evidentes, que son aquellos que, al ser claros, no necesitan
ser acreditados.
Algunos autores agregan los hechos negativos, ya que una negación no puede probarse,
y por lo tanto concluyen que la afirmación de un hecho negativo implica invertir el peso
de la prueba.
Sin embargo, esto no nos parece correcto, dado que toda proposición negativa implica
una proposición positiva como antítesis, por lo que, por ejemplo, si una parte afirma que
en un día determinado no se encontraba en el país, puede probarlo demostrando haber
estado en otro país ese día.

Conforme al Art. 318 CPC, los hechos que se prueban deben ser:
• Controvertidos, es decir, aquellos sobre los cuales las partes discrepan;
• Sustanciales, que son aquellos relevantes para la solución de la disputa;
• Pertinentes, que son aquellos que tienen conexión con el asunto discutido.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

3. La Carga de la Prueba u Onus Probandi


La necesidad de probar no es jurídicamente una obligación, sino una carga. El litigante
no está obligado a probar, ya que la ley no lo obliga, pero si no proporciona prueba, ello
le traerá un perjuicio, pues sus pretensiones no serán acogidas por el juez.
Ahora bien, cabe preguntarse quién tiene la carga de aportar la prueba en el juicio. En
doctrina se plantea un principio según el cual corresponde probar al que sostiene una
proposición contraria al estado normal u ordinario de las cosas, o al que pretende destruir
una situación adquirida.
Sin embargo, no siempre resulta sencillo determinar qué es lo normal o corriente frente a
un caso concreto, por lo que este principio parece insuficiente.

La norma básica en materia de carga de la prueba está en el Art. 1698 Inc. 1° CC,
conforme al cual “Incumbe probar las obligaciones o su extinción al que alega aquellas
o ésta”.
Ahora bien, la doctrina ha complementado esta norma estableciendo una clasificación de
los hechos jurídicos para efectos probatorios, distinguiéndose entre:
• Hechos Constitutivos
Aquellos que producen el nacimiento de un derecho o de una situación jurídica
que antes era inexistente, como sería un contrato o un testamento. Pueden ser de
dos tipos.
Los hechos constitutivos genéricos son los comunes a toda relación jurídica,
como la capacidad, el objeto o la causa. La ley presume su existencia, por lo que
no deben probarse.
Los hechos constitutivos específicos, por otra parte, son los particulares a una
relación jurídica determinada, como por ejemplo el precio acordado en un contrato
de compraventa, y sí deben probarse.

• Hechos Impeditivos
Aquellos que impiden la generación válida de una relación jurídica, como los
vicios del consentimiento.
Deben ser probados por quien los invoca.

• Hechos Modificativos
Aquellos que alteran en su contenido o efectos la relación jurídica, como las
modalidades.
Deben probarse por quien los alega.

• Hechos Extintivos
Aquellos que hacen desaparecer la relación jurídica o sus efectos, como son los
modos de extinguir las obligaciones.
Deben probarse por quien los hace valer.

No obstante lo anterior, existen ciertas circunstancias que modifican o alteran la regla


general del onus probandi, las cuales son:
• Presunciones Legales
Las presunciones legales hacen que hechos que debiesen probarse por quien en
ellos funda su derecho, no tengan necesidad de prueba.
No obstante, a diferencia de las presunciones de derecho, aceptan prueba en
contrario.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• La Voluntad de las Partes


El Onus Probandi puede alterarse por la voluntad de las partes, ya que los
preceptos que regulan el peso de la prueba están establecidos en interés de las
partes, siendo por tanto renunciables.
No pueden, sin embargo, alterar las reglas procesales sobre la forma o modo de
producir la prueba y sobre los medios probatorios admisibles. La Corte Suprema
ha determinado que en tales estipulaciones habría objeto ilícito.

4. Clasificaciones de los Sistemas Probatorios


A) Según las Atribuciones del Juez
Según las atribuciones del juez, existen dos sistemas probatorios, que son el sistema
dispositivo y el inquisitivo.
En el sistema dispositivo o de aportación de parte, las partes son las encargadas de
producir la prueba en el proceso, y el papel del juez se reduce a valorar las pruebas que
le son presentadas.
En el sistema inquisitivo, en cambio, el juez es un interviniente activo en el proceso, que
debe buscar la verdad por su propia cuenta. Por lo mismo, puede ordenar de oficio, y en
cualquier momento, las medidas probatorias que estime necesarias para conseguir una
mejor decisión del asunto sometido a su conocimiento.

En Chile, son las partes las llamadas a probar y acreditar los hechos que alegan como
fundamento de sus pretensiones o excepciones, aunque el sistema no es absoluto, ya que
el Código de Procedimiento Civil establece las Medidas para Mejor Resolver, que son
aquellas diligencias probatorias establecidas por la ley y que pueden decretarse de oficio
por el tribunal con el fin de acreditar o establecer alguno de los hechos que configuran el
conflicto para la adecuada decisión del tribunal.

B) Según la Admisibilidad y Valor de los Medios Probatorios


En el derecho comparado, se conocen dos sistemas probatorios que atienden este criterio,
que son el sistema de prueba legal o tasada y el sistema de libertad probatoria
En el sistema de prueba legal o tasada, el legislador determina taxativamente los medios
de prueba, su valor probatorio y la oportunidad en que la prueba debe rendirse.
En el sistema de libertad probatoria, son admisibles todos los medios de prueba que
aporten las partes, y la eficacia de cada uno depende de la valoración que le dé el juez, en
conciencia y racionalmente.

En nuestro procedimiento civil rige el sistema de la prueba legal o tasada, y el Código


Civil establece taxativamente los medios de prueba que pueden utilizarse, así como su
valor probatorio.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Capítulo II – Los Medios Probatorios


1. Aspectos Generales
A) Concepto y Enumeración
Los medios probatorios son aquellos que las partes pueden emplear, de acuerdo a la ley,
para producir el convencimiento del juez.
Conforme al Art. 1698 Inc. 2° CC, los medios probatorios permitidos en nuestro
procedimiento civil son los instrumentos públicos o privados, los testigos, las
presunciones, la confesión de parte, el juramento deferido y la inspección personal del
juez.
El Art. 341 CPC agrega los informes de peritos, pero no contempla el juramento deferido,
el cual fue derogado por la Ley N°7.760, no obstante estar nombrado en el Código Civil.
Por lo tanto, los medios de prueba que contempla el legislador para nuestro procedimiento
civil son:
• Instrumentos Públicos o Privados;
• Prueba Testimonial;
• Confesión de Parte;
• Inspección Personal del Tribunal;
• Informe de Peritos;
• Presunciones.

B) Clasificación de los Medios Probatorios


1) Según su Valor Probatorio
El valor probatorio es la fuerza relativa que tiene cada medio de prueba, como elemento
de convicción, respecto de los demás.
Así, constituye plena prueba aquella que basta por sí sola para establecer la existencia
de un hecho, mientras que constituye prueba semiplena aquella que, por sí sola, no basta
para establecer la existencia de un hecho.
Tanto el Código Civil como el Código de Procedimiento Civil establecen el valor
probatorio de cada medio de prueba. Así, la confesión de parte y el instrumento público,
por ejemplo, constituyen plena prueba, mientras que la prueba testimonial, por ejemplo,
produce prueba semiplena.

2) Según el Momento en que se Producen


Según el momento en que se produce, la prueba puede ser preconstituida o simple.
La prueba preconstituida es aquella creada con anterioridad al juicio, como la escritura
pública, mientras que la simple o a posteriori es aquella que nace durante el curso del
juicio, como la prueba testimonial o la confesión de parte.

3) Según su Licitud
Esta clasificación dice relación con la forma en que se obtienen los medios probatorios.
Es prueba lícita aquella que se obtiene sin vulneración de derechos fundamentales,
mientras que la prueba ilícita, por el contrario, es aquella que se obtiene con
inobservancia de derechos fundamentales, y no puede incorporarse al proceso o ser
considerada como elemento probatorio.

4) Según el Contacto del Juez con el Hecho Probado


La prueba puede ser directa, esto es, aquella en la cual el contacto del juez con el hecho
probado es inmediato, o indirecta, es decir, aquella en que el contacto del juez con el
hecho probado es mediato, como en la prueba testimonial.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

2. Los Instrumentos
A) Concepto y Clasificación
Como consecuencia del sistema taxativo de los medios de prueba, no existe una definición
clara del concepto de instrumento, ya que pueden ser de diversa índole.
En términos amplios, podemos definir el instrumento como toda representación material
idónea para dejar constancia de un hecho.
De la definición se desprende que los instrumentos no sólo están referidos a los
documentos escritos, sino que también comprenden aquellos que consten en medios no
escritos, como fotografías, documentos electrónicos, dibujos, videos, etc.

Los instrumentos aceptan distintas clasificaciones, las cuales pasamos a enumerar:


• Instrumentos Públicos y Privados
Conforme al Art. 1699 Inc. 1° CC, los instrumentos públicos son aquellos
autorizados con las solemnidades legales por el competente funcionario.
Los instrumentos privados, por otra parte, son todos aquellos que no caben en
la definición de instrumentos públicos, es decir, aquellos otorgados por cualquier
persona y que no son autorizados por un funcionario público competente.
La diferencia fundamental está en la intervención del funcionario público, que
confiere un sello de autenticidad a los instrumentos públicos, por lo que quien los
presenta en un juicio no debe acreditar su veracidad.
En cambio, si se presenta un instrumento privado en juicio, debe probarse como
verdadero por quien lo presenta.

• Instrumentos Auténticos y No Auténticos


De acuerdo con el Art. 17 Inc. 2°CC, un instrumento es auténtico cuando ha sido
realmente otorgado y autorizado por las personas y de la manera que en ellos se
expresa. Como lógica contrapartida, un instrumento no auténtico es aquel que no
ha sido verdaderamente otorgado o autorizado por las personas y en la manera que
en ellos se indica, es decir, un instrumento falsificado.
El Código Civil tiende a asimilar los instrumentos auténticos con los instrumentos
públicos, pero varios autores discrepan de tal asimilación, ya que el instrumento
público es siempre otorgado por un funcionario público, mientras que el
instrumento auténtico es aquel que ha sido realmente otorgado y autorizado por la
persona que en él se expresa, pudiendo ser un instrumento privado.
En otras palabras, todo instrumento público es auténtico, pero no todo instrumento
auténtico es público.

• Instrumentos por Vía de Solemnidad y por Vía de Prueba


Los instrumentos por vía de solemnidad son aquellos que la ley exige en
atención a la naturaleza o especie del acto o contrato, de manera que si falta la
solemnidad, el acto adolece de nulidad absoluta o inexistencia, según la teoría que
se siga.
Los instrumentos por vía de prueba, por otra parte, son aquellos que la ley exige
sólo como medio de prueba del acto jurídico. Por lo mismo, si falta el instrumento,
no se ve afectada la validez del acto, sino la prueba del mismo.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

B) El Instrumento Público
1) Aspectos Generales
El instrumento público, conforme al Art. 1699 Inc. 1° CC, es aquel autorizado con las
solemnidades legales por el competente funcionario.
De tal definición se desprenden los requisitos que tiene todo instrumento público:
• Debe ser autorizado por un funcionario público actuando dentro de sus funciones;
• El funcionario debe ser competente, tanto funcional como territorialmente;
• El instrumento debe otorgarse con las solemnidades que señala la ley.

Cuando en un acto se exige un instrumento público como solemnidad, su omisión produce


ciertos efectos, materia que trata el Art. 1701 CC.
En estos casos, el acto adolecerá de nulidad absoluta, o será inexistente, dependiendo de
la teoría que se siga. A mayor abundamiento, conforme al Art. 1713 CC, ni siquiera la
confesión judicial tiene valor para acreditar la existencia de un acto o contrato cuya
solemnidad es el instrumento público, si éste se omite.
Ahora bien, en virtud de lo dispuesto en el Art. 1701 Inc. 2° CC, en ciertas circunstancias,
el instrumento público nulo puede convertirse en instrumento privado, aunque
cumpliendo ciertos requisitos:
• Debe ser nulo por incompetencia del funcionario o por vicios en la forma, y no
por cualquier causa de nulidad;
• Debe referirse a actos o contratos en que la ley no requiera como solemnidad el
instrumento público;
• Debe estar firmado por las partes.

2) Valor Probatorio
El Art. 1700 CC distingue, por un lado, entre las partes y los terceros, y por otro lado, en
cuanto al otorgamiento del instrumento, a su fecha y a la verdad de las declaraciones que
contiene. Pasamos a analizar cada uno de estos aspectos.

En primer lugar, respecto del otorgamiento del Instrumento Público, el Art. 1700 CC
dispone que “el instrumento público hace plena fe en cuanto al hecho de haberse
otorgado”. Esto se entiende tanto respecto de las partes como de terceros, y comprende
dos aspectos:
• El hecho de haber sido realmente otorgado el instrumento público por las personas
que aparecen compareciendo en él;
• El hecho de haber sido realmente autorizado por la persona que actúa de ministro
de fe, y de la manera que se expresa en el instrumento.

En segundo lugar, respecto de la fecha del instrumento público, se desprende del Art.
1700 CC que el instrumento público hace plena fe en cuanto a su fecha.

En tercer lugar, respecto de las declaraciones contenidas en el instrumento público,


debemos distinguir entre las declaraciones del funcionario que autoriza el instrumento y
las declaraciones de las partes.
Las declaraciones del funcionario producen plena fe en cuanto se refieran a:
• Hechos suyos propios;
• Hechos que no siendo suyos propios, percibió por sus sentidos;
• Hechos que ha comprobado por los medios que la propia ley le suministra.

180
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Luego, respecto de las declaraciones de las partes, debemos distinguir entre el valor que
tienen tales declaraciones entre las partes y respecto de terceros.
Además, debemos distinguir entre los distintos tipos de declaraciones, que pueden ser
dispositivas, enunciativas o enunciativas directamente relacionadas con las dispositivas.

Respecto del valor probatorio entre las partes de las declaraciones efectuadas por ellas,
el instrumento hace plena fe en cuanto al hecho de haberse formulado, así como también
produce plena prueba de la verdad de una declaración, pero sólo en contra de la parte que
efectuó tal declaración.

Ahora, en cuanto al valor probatorio respecto de terceros de las declaraciones efectuadas


por las partes, las declaraciones hacen plena fe respecto de su otorgamiento y de su fecha,
así como del hecho de haberse efectuado.
Ahora bien, respecto de la veracidad de las declaraciones, el Art. 1700 CC establece que,
en cuanto a la verdad de las declaraciones contenidas en él, el instrumento público sólo
hace plena fe contra los declarantes, de lo cual se desprende que no podrían hacer plena
fe tales declaraciones en contra de terceros.
Sin embargo, esto no es así en la práctica. Al igual que ocurre entre las partes, las
declaraciones se presumen verdaderas respecto de terceros, ya que de otra forma no
podría jamás probarse ante aquellos la existencia del acto o contrato que da cuenta de un
instrumento público. Así, por aplicación del principio de normalidad, las declaraciones
también se presumen verdaderas respecto de terceros, aunque éstos pueden impugnar la
verdad de las declaraciones mediante otra plena prueba, destruyendo la presunción de
sinceridad.

Por otra parte, es necesario distinguir según el tipo de declaración de que se trate.
Las declaraciones dispositivas son aquellas que expresan el consentimiento y
especifican el objeto sobre el que éste recae. Configuran el acto jurídico y se refieren a
los elementos del mismo, tanto esenciales como de la naturaleza o accidentales.
Las declaraciones enunciativas son aquellas que no constituyen el objeto del acto
jurídico, sino en el cual las partes relatan de forma enunciativa hechos o actos jurídicos
complementarios.
Todo lo que hemos dicho respecto del valor probatorio de las declaraciones efectuadas
por las partes se refiere a las declaraciones dispositivas, que son las únicas que se
presumen verdaderas y hacen plena fe entre las partes y respecto de terceros.
No se presume la veracidad de las declaraciones enunciativas, sino que sólo hacen plena
fe respecto del hecho de haberse formulado.
Sin embargo, tienen algún mérito probatorio ya que pueden ser tenidas como una
confesión extrajudicial en contra de la parte que las emite, lo cual sirve, a su vez, como
base para una presunción judicial.
En contra de terceros, la declaración enunciativa no constituye sino un testimonio
irregular, prestado fuera de juicio y que carece, por tanto, de mérito probatorio, aunque
podría aceptarse como antecedente de una presunción.

Ahora bien, existen ciertas declaraciones enunciativas que la ley asimila a las dispositivas,
al tener relación directa con éstas. Conforme al Art. 1706 CC, el instrumento público o
privado hace fe entre las partes, aun en lo meramente enunciativo, con tal que tenga
relación directa con lo dispositivo del acto o contrato. Hablamos por lo tanto de
declaraciones enunciativas directamente relacionadas con las dispositivas.

181
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Por último, cabe destacar que el valor probatorio de los instrumentos públicos es el
mismo, tratándose del original como de una copia legalmente autorizada por un
funcionario competente, y son competentes para dar copias los funcionarios que
autorizaron el original, así como también otros facultados por la ley, como los archiveros
judiciales.

3) Impugnación del Instrumento Público


La impugnación de los instrumentos públicos es la refutación destinada a destruir su fe
probatoria. Puede hacerse por tres vías:
• Impugnación por Vía de Nulidad
Son plenamente aplicables al instrumento público las disposiciones que rigen la
nulidad de los actos jurídicos. La nulidad puede producirse por causa del
funcionario autorizante o por el instrumento mismo.
La nulidad por causa del funcionario autorizante ocurre cuando éste no tiene
competencia material o territorial, así como también cuando la ley le prohíbe
actuar o cuando no sea realmente funcionario público, como si fuera nulo el
nombramiento.
Si el nombramiento fue nulo, también son nulos los instrumentos autorizados por
el funcionario, salvo que se trate de un funcionario aparente, caso en el cual sus
actuaciones son válidas por aplicación del principio del error común.
En cuanto a la nulidad referida al instrumento mismo, la omisión de cualquier
formalidad que debe tener el instrumento público implica la nulidad absoluta del
mismo, en virtud del Art. 1682 CC.
Sin embargo, no hay nulidad cuando la misma ley señala una sanción distinta, o
cuando expresamente establece que la omisión no produce nulidad.
Los hechos que motivan la nulidad, en cualquier caso, pueden ser probados por
cualquier medio probatorio, incluso por testigos, ya que las limitaciones a la
prueba testimonial se refieren a la prueba de actos y contratos, y en este caso lo
que debe probarse son hechos materiales que conducen a establecer la nulidad del
instrumento.

• Impugnación por Falta de Autenticidad


La falta de autenticidad dice relación con la falsificación del instrumento, lo cual
ocurre cuando el documento no es autorizado por las personas y de la manera
indicada en el instrumento, o por haberse alterado las declaraciones que éstas
formularon en el mismo.
En materia civil, la falta de autenticidad puede probarse por cualquier medio
idóneo, y especialmente por el cotejo de letras, conforme a los Arts. 350-355
CPC.

• Impugnación por Falsedad de las Declaraciones de las Partes


En este caso, no hablamos de la impugnación del instrumento público, que es
válido y auténtico, sino del contenido de las declaraciones de las partes, que no
corresponde a la voluntad real de los otorgantes, sea por error, dolo o simulación.
Ahora bien, es necesario distinguir según el tipo de declaración de que se trate.
Respecto de las declaraciones enunciativas, ya que sólo representan una
confesión extrajudicial, el propio declarante puede impugnarlas, demostrando que
los hechos a que se refieren son falsos.
Respecto de las declaraciones dispositivas, se presumen verdaderas, pero los
terceros pueden destruir tal presunción de sinceridad por cualquier medio, siempre

182
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

que constituya plena prueba, sin que rijan para ellos las limitaciones de la prueba
testimonial.
Ahora bien, respecto de la posibilidad de que las partes puedan impugnar las
declaraciones que ellas mismas hicieron en el instrumento público, se discute
mucho. Algunos autores consideran que no es posible, dado que el Art. 1700 CC
dispone que el instrumento público hace plena fe contra los declarantes en cuanto
a la verdad de las declaraciones que en él hayan hecho. Además, citan como
complemento el Art. 1876 CC, conforme al cual los contratantes no pueden
alegar, respecto de terceros, que la declaración de haberse pagado el precio de la
compraventa no se ajusta a la verdad.
Sin embargo, otros autores, como Somarriva, piensan lo contrario, ya que, si bien
el instrumento público produce plena prueba, nada impide que se rinda otra plena
prueba en contrario, correspondiéndole al juez apreciar la prueba rendida.
Además, plantea Somarriva que la regla del Art. 1876 CC sería excepcional,
argumentando que si tal fuera la regla general, no habría sido necesario incluir
expresamente tal norma.
En cualquier caso, no podría probarse por testigos en contra de lo declarado en el
instrumento público, conforme al Art. 1709 Inc. 2° CC, salvo en los casos
contemplados en el Art. 1711 CC.

4) Las Escrituras Públicas


Conforme al Art. 1699 CC, cuando el instrumento público es otorgado ante escribano e
incorporado en un protocolo o registro público, se llama escritura pública.
Debe cumplir con ciertos requisitos, los cuales son:
• Ser otorgada por un notario;
• Que el notario sea competente;
• Que en su otorgamiento se cumplan los requisitos de los Arts. 404-413 COT;
• Que se encuentre incorporada en el protocolo o registro público del notario.

C) El Instrumento Privado
1) Concepto
En términos amplios, entendemos por instrumento privado cualquiera que haya sido
otorgado por particulares sin la intervención de un funcionario público en su calidad de
tal.
La doctrina exige que el instrumento privado esté firmado por sus otorgantes, ya que la
firma es el signo que demuestra que se aprueba y hace propio lo escrito.
En general, no se exigen solemnidades para su otorgamiento, pero excepcionalmente se
exige en ciertos casos, como ocurre en las letras de cambio.

2) Valor Probatorio
En principio, el instrumento privado carece de valor probatorio tanto entre las partes como
respecto de terceros, pero conforme al Art. 1702 CC, adquieren valor probatorio respecto
de las partes que lo han suscrito cuando han sido reconocidos o cuando se han mandado
tener por reconocidos.

Algunos autores, como Vodanovic, sostienen que, establecida su autenticidad, el valor


probatorio del instrumento privado es el mismo entre las partes que respecto de terceros,
en virtud del principio de normalidad, sin perjuicio de que los terceros puedan presentar
prueba en contrario.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Sin embargo, otros autores, como Ducci, sostienen que el instrumento privado no tiene
jamás valor contra terceros, ya que las partes podrían ponerse de acuerdo para
perjudicarlos.
En cualquier caso, para que el instrumento privado adquiera valor probatorio, es necesario
su reconocimiento, el cual puede ser expreso o tácito.
El Reconocimiento Expreso, a su vez, puede ser de dos tipos. En primer lugar, puede ser
judicial, es decir cuando se produce dentro de un proceso judicial, lo cual puede
producirse de forma voluntaria o involuntaria, esto último cuando se declara la
autenticidad del instrumento privado por resolución judicial ante la oposición de una de
las partes. En segundo lugar, puede ser extrajudicial, lo cual ocurre cuando la misma
declaración se hace en un instrumento público o en un juicio distinto.
El Reconocimiento Tácito ocurre cuando, puesto en conocimiento de la parte contraria,
ésta no alega la falsedad o falta de integridad del instrumento dentro de los seis días
siguientes a su presentación.

Una vez reconocido, o mandado tener por reconocido, el instrumento privado tiene el
valor de escritura pública, y hace plena fe respecto de:
• El hecho de haberse otorgado;
• Su fecha, que será la del otorgamiento;
• La verdad de sus declaraciones.

Respecto de la fecha, no obstante, la regla es distinta respecto de terceros, ya que


conforme al Art. 1703 CC, la fecha de un instrumento privado no se cuenta respecto de
terceros sino:
• Desde el fallecimiento de alguno de los que lo han firmado;
• Desde el día en que ha sido copiado en un registro público;
• Desde que conste haberse presentado en juicio;
• Desde que se haya tomado razón de él;
• Desde el momento en que ha sido inventariado por funcionario competente, en el
carácter de tal;
• Desde el momento de su protocolización (Art. 419 COT).
Esta restricción se justifica en la protección de los terceros, ya que el cambio de la fecha
del instrumento podría perjudicarlos. Así, ocurrida cualquiera de estas situaciones, ya no
es posible alterar la fecha del instrumento.

3. Los Testigos
A) Concepto
Los testigos son aquellos terceros que, sin ser partes en un proceso, declaran sobre hechos
de que tienen conocimiento.
Son terceros ajenos al acto o hecho jurídico debatido, y atestiguan sobre hechos en los
cuales no tienen interés alguno, pudiendo hacerlo porque estuvieron presentes en el acto
de su realización (Testigos Presenciales), o porque tuvieron conocimiento del mismo
(Testigos de Oídas).

B) Actos que No Admiten la Prueba Testimonial


1) Actos que Deben Consignarse por Escrito
Conforme al Art. 1708 CC, no se admite la prueba de testigos respecto de una obligación
que haya debido consignarse por escrito.
Deben constar siempre por escrito las obligaciones que emanan de actos y contratos
solemnes, cuya solemnidad consista precisamente en el otorgamiento de un instrumento

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

público o privado. En estos casos, además, la falta de instrumentos impide la acreditación


del acto o contrato respectivo por cualquier otro medio probatorio, e incluso produce la
nulidad absoluta o la inexistencia del acto jurídico.

Además, conforme al Art. 1709 CC, deben constar siempre por escrito los actos o
contratos que contienen la entrega o promesa de una cosa que valga más de dos unidades
tributarias.
En la suma del valor de las cosas o de los hechos prometidos, no se incluyen los frutos,
intereses u otros accesorios de la especie o cantidad debida.
Estos actos pueden probarse por cualquier otro medio de prueba.

Cabe destacar que la ley habla de “actos y contratos”, por lo que se refiere a obligaciones
emanadas de un acto jurídico, y no de hechos jurídicos que no tengan tal carácter, por lo
que tratándose de delitos y cuasidelitos cabe la prueba de testigos, aunque se reclame una
suma superior a dos unidades tributarias mensuales.
Además, el hecho mismo de la entrega también puede probarse por testigos, ya que la ley
se refiere a los actos o contratos que contienen la entrega, pero no a la entrega misma.
Tampoco opera esta limitación cuando se trata de probar fraude o dolo, ya que en tales
casos, la prueba recae en simples hechos.

Con el objeto de impedir que se eluda la limitación probatoria, la ley regula expresamente
dos situaciones:
• Al que demanda una cosa o hecho de un valor superior al indicado, no se le admite
rendir prueba de testigos, aunque limite a ese valor la demanda (Art. 1710 Inc. 1°
CC);
• Tampoco es admisible la prueba de testigos en las demandas de menos de 2 UTM,
cuando se declara que lo que se demanda es parte o resto de un crédito que debió
ser consignado por escrito y no lo fue (Art. 1710 Inc. 2° CC).

2) Adición o Alteración de lo Expresado en un Acto o Contrato


Conforme al Art. 1709 Inc. 2° CC, no es admisible la prueba de testigos en cuanto
adicione o altere de modo alguno lo que se exprese en el acto o contrato.
Así, por ejemplo, si en un contrato de mutuo pactado con una tasa de interés del 5%, el
mutuario pretende probar después que la tasa pactada era inferior, no podrá hacerlo
mediante testigos.

C) Excepciones a los Principios que Rechazan la Prueba de Testigos


No obstante todo lo anterior, el Código establece ciertas excepciones a las limitaciones
de la prueba testimonial, y a tal respecto, el Art. 1711 CC contempla tres casos en que es
posible recurrir a la prueba testimonial, no obstante tratarse de un acto jurídico que
contiene una obligación superior a las 2 UTM:
• Cuando hay un principio de prueba por escrito, es decir, un acto escrito del
demandado o de su representante, que haga verosímil el hecho litigioso;
• Cuando haya sido imposible obtener una prueba escrita, sea la imposibilidad física
o moral;
• Cuando la ley expresamente lo admite, como ocurre con el contrato de comodato,
el depósito necesario, o en materia mercantil.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

D) Valor Probatorio de la Prueba de Testigos


Los Arts. 383-384 CPC regulan el valor probatorio de la prueba testimonial,
distinguiendo según se trate de testigos presenciales o de oídas.

1) Testigos de Oídas
Los testigos de oídas son aquellos que relatan hechos que no han percibido por sus propios
sentidos, y que sólo conocen por el dicho de otras personas.
Su testimonio sólo puede estimarse como base de una presunción judicial, aunque en todo
caso, y conforme al Art. 383 CPC, el tribunal debe considerar especialmente al testigo
de oídas cuando el testigo se refiera a lo que oyó decir a una de las partes, en cuanto de
este modo se explica o esclarece el hecho de que se trata.

2) Testigos Presenciales
Conforme al Art. 384 CPC, los testimonios de los testigos presenciales se rigen por las
siguientes reglas:
• Lo que declara un testigo imparcial y verídico constituye una presunción judicial,
cuyo mérito se aprecia conforme al Art. 426 CPC;
• Lo que declaran dos o más testigos contestes en el hecho y en sus circunstancias
esenciales, sin tacha, legalmente examinados y que den razón de sus dichos, puede
constituir plena prueba cuando no haya sido desvirtuado por otra prueba en
contrario;
• Cuando las declaraciones de los testigos de una parte sean contradictorias con las
de los testigos de la otra, se tiene por cierto lo que declaren aquellos que, aun
siendo en menor número, parezca que dicen la verdad por estar mejor instruidos
de los hechos, o por ser de mejor fama, más imparciales y verídicos, o por hallarse
más conformes en sus declaraciones con otras pruebas del proceso;
• Cuando los testigos de una y otra parte reúnen iguales condiciones de ciencia,
imparcialidad y veracidad, se tiene por cierto lo que declare el mayor número;
• Cuando los testigos de una y otra parte sean iguales en circunstancias y en número,
de tal modo que la sana razón no puede inclinarse a dar más crédito a los unos que
a los otros, se tiene por no probado el hecho;
• Cuando sean contradictorias las declaraciones de los testigos de una misma parte,
las que favorezcan a la parte contraria se considerarán presentadas por ésta,
apreciándose el mérito probatorio de todas ellas en conformidad a las reglas
anteriores.

4. Las Presunciones
La presunción es el resultado de una operación lógica, mediante la cual, partiendo de un
hecho conocido, se llega a aceptar como existente otro hecho desconocido o incierto.
Las presunciones pueden ser legales o judiciales.
Las presunciones legales son aquellas establecidas por la ley, y a su vez pueden ser
simplemente legales o de derecho, siendo la diferencia esencial entre ambas que la
presunción de derecho no acepta prueba en contrario.
Las presunciones judiciales, por otro lado, son aquellas que establece el juez.

A) Presunciones Judiciales
Las presunciones judiciales son las que establece el juez, fundado en las circunstancias o
antecedentes concomitantes o subsiguientes al hecho principal que se examina. Son
aquellas en que el juez, de ciertos antecedentes o circunstancias conocidas, infiere o
deduce un hecho desconocido en el proceso.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Según se desprende del Art. 1712 CC, las presunciones judiciales deben reunir tres
requisitos:
• Deben ser Graves, es decir, que el hecho desconocido surja como consecuencia
necesaria u obligada del hecho conocido en que se apoya la presunción;
• Deben ser Precisas, es decir, la presunción no debe ser vaga ni capaz de aplicarse
a muchas circunstancias;
• Deben ser Concordantes, lo cual significa que, cuando hay más de una
presunción, no deben destruirse unas a otras, ni existir contradicción entre ellas.

Por su naturaleza, este medio probatorio carece de restricciones, y pueden acreditarse


mediante él toda clase de hechos, sean jurídicos o materiales. Sin embargo, la presunción
es inadmisible para probar los actos y contratos solemnes, los cuales sólo pueden probarse
por su respectiva solemnidad.

En cuanto a su valor probatorio, el Art. 426 CPC dispone que una sola presunción puede
constituir plena prueba cuando, a juicio del tribunal, tenga caracteres de gravedad y
precisión suficientes para formar su convencimiento.
Los jueces del fondo son soberanos para establecer las presunciones, pero en sus
sentencias deben puntualizar o precisar la operación lógica que los llevó al respectivo
convencimiento.

B) Presunciones Legales
Las presunciones legales son aquellas en que la ley deduce o infiere de ciertas
circunstancias conocidas, un hecho nuevo o desconocido.
Las presunciones legales se clasifican en simplemente legales o de derecho, según acepten
o no prueba en contrario.
Las presunciones simplemente legales tienen pleno valor probatorio, pero admiten
prueba en contrario, por lo que su efecto es el de invertir el Onus Probandi, debiendo ser
la parte que pretenda destruir la presunción la que deba probar los hechos que la
desvirtúen.
Algunos ejemplos de presunciones simplemente legales son:
• Presunción de paternidad (Art. 184 CC);
• Presunción de que el poseedor es también dueño (Art. 700 Inc. 2° CC);
• Presunción general de buena fe (Art. 707 CC).

Las presunciones de derecho, por otra parte, además de ostentar pleno valor probatorio,
no admiten prueba en contrario.
Algunos ejemplos de presunciones de derecho son:
• Mala fe del poseedor que invoca un error de derecho (Art. 706 CC);
• Mala fe del tercero que posee un inmueble cuando la condición resolutoria
constaba en el título de su antecesor en la posesión (Art. 1491 CC).

En cualquier caso, las presunciones legales son de derecho estricto, por lo que su
interpretación debe ser restrictiva.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

5. La Confesión de Parte
A) Concepto y Características
La confesión de parte es el acto por el cual una de las partes del litigio reconoce hechos
que perjudican sus pretensiones a la vez que favorecen las de su contraparte.

Sus características son las siguientes:


• Es una declaración unilateral de voluntad;
• Produce consecuencias jurídicas en contra de quien confiesa;
• Es irrevocable, salvo que sea consecuencia de un error de hecho;
• Es delegable, ya que puede prestarse la confesión a través de un mandatario,
aunque si se presta por un apoderado judicial, éste debe contar expresamente con
tal facultad;
• Es indivisible por regla general, ya que la contraparte no puede aprovecharse de
aquello que la favorezca y desechar aquello que la perjudique, salvo en dos casos
en que se permite dividir el mérito de la confesión:
o Cuando comprende hechos enteramente desligados entre sí;
o Cuando la contraparte prueba la falsedad de las circunstancias que, según
el confesante, alteran el hecho confesado.

B) Clasificación de la Confesión
1) Confesión Extrajudicial
La confesión extrajudicial puede ser expresa o tácita, siendo expresa aquella efectuada
en términos explícitos y formales, sea verbal o escrita, y siendo tácita aquella que se
desprende de los dichos o actitudes del confesante.
En cualquier caso, el Art. 398 CPC dispone las siguientes reglas para la confesión
extrajudicial:
• Sólo constituye una base para una presunción judicial;
• Si es puramente verbal, sólo se toma en cuenta en los casos en que fuere admisible
la prueba de testigos;
• Si se prestó a presencia de la parte que lo invoca o ante un juez incompetente, pero
que ejerza jurisdicción, se estima siempre como presunción grave;
• Si se prestó en un juicio distinto, se estima siempre como presunción grave;
• Si se prestó en un juicio distinto, pero seguido entre las mismas partes que
actualmente litigan, puede dársele el mérito de prueba completa cuando existan
motivos poderosos para estimarlo así.

2) Confesión Judicial
La confesión judicial es aquella prestada en juicio, y puede clasificarse según distintos
criterios:
• Atendiendo a su Forma
Puede ser espontánea o provocada. La confesión espontánea es aquella que se
efectúa sin el requerimiento de la contraparte, y puede darse tanto de forma verbal
como escrita, mientras que la confesión provocada es la que se produce dentro
del contexto de una absolución de posiciones.
A su vez, la confesión provocada puede ser expresa o tácita, habiendo confesión
tácita cuando el citado a absolver posiciones no comparece al segundo llamado, o
si compareciendo se niega a declarar o da respuestas evasivas, dándosele por
confeso, a petición de parte, en todos aquellos hechos que estén categóricamente
afirmados en el escrito en que se pidió la declaración.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Atendiendo a su Naturaleza
En primer lugar, atendiendo a su naturaleza, la confesión puede ser pura y simple,
que es aquella en la que el confesante reconoce lisa y llanamente el hecho en toda
su integridad y en la misma forma que lo invoca la contraparte.
En segundo lugar, la confesión puede ser calificada, lo cual ocurre cuando el
confesante reconoce el hecho invocado por la parte contraria, pero agregando
otros hechos coetáneos al hecho que es objeto de la confesión.
Por último, la confesión puede ser compleja, lo cual sucede cuando el confesante
reconoce lo alegado por la contraparte, pero agrega que, por otro hecho posterior,
los efectos del hecho confesado se extinguieron.

En cuanto al valor probatorio de la confesión judicial, cualquiera sea su forma, produce


plena prueba respecto del confesante, tanto en los hechos personales como en los no
personales de éste (Art. 399 CPC).
Contra los hechos personales claramente confesados por los litigantes no se recibe prueba
alguna, salvo que el confesante alegue, para revocar su confesión, que ha sufrido un error
de hecho, y ofrezca justificar esta circunstancia.

Por último, no es admisible la confesión judicial en los siguientes casos:


• Tratándose de contratos solemnes;
• En los juicios de divorcio o de nulidad de matrimonio;
• En los casos expresamente exceptuados por la ley.

6. Inspección Personal del Tribunal


Como medio probatorio, la inspección personal del tribunal está regulada en los Arts.
403-408 CPC.
Consiste en la visita que el juez de la causa realiza a la cosa que se litiga o al lugar donde
ocurrieron u ocurren los hechos, con el fin de cerciorarse personalmente del estado de las
cosas o de la efectividad de los hechos que se alegan.
Tiene lugar en los casos en que la ley lo ordena, como sucede con las querellas posesorias,
y además en los casos en que el tribunal lo decreta, si lo estima necesario.
Conforme al Art. 408 CPC, la inspección personal del tribunal constituye plena prueba
en cuanto a las circunstancias o hechos materiales que el tribunal establezca en el acta
como resultado de su propia observación.

7. Informe de Peritos
El perito es una persona con conocimientos técnicos especiales acerca de los hechos que
se discuten, designado por el juez o las partes para que informe al tribunal sobre tales
hechos. Su informe toma el nombre de peritaje.
El informe de peritos o peritaje es un medio de prueba consistente en un dictamen u
opinión sobre hechos discutidos en el pleito, para cuya apreciación se requieren
conocimientos especiales de alguna ciencia o arte.

El informe de peritos es obligatorio en los casos en que la ley ordena informes de peritos,
y en tal sentido, el Art. 409 CPC dispone: “Se oirá informe de peritos en todos aquellos
casos en que la ley así lo disponga, ya sea que se valga de estas expresiones o de otras
que indiquen la necesidad de consultar opiniones periciales”.
Luego, conforme al Art. 411 CPC, puede también oírse el informe de peritos:
• Sobre puntos de hecho para cuya apreciación se necesiten conocimientos
especiales de alguna ciencia o arte;

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

• Sobre puntos de derecho referentes a alguna legislación extranjera.

Por último, en cuanto a su valor probatorio, el Art. 425 CPC dispone: “Los tribunales
apreciarán la fuerza probatoria del dictamen de peritos en conformidad a las reglas de
la sana crítica”.
Se entiende por reglas de la sana crítica aquellas que conducen al conocimiento de la
verdad por los medios que aconseja la recta razón, lo cual implica que los tribunales no
están obligados a aceptar los informes de peritos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

Definiciones

Parte 1 – Aspectos Introductorios

1. Derecho Civil: Rama del Derecho Privado conformada por el conjunto de principios
y preceptos jurídicos sobre la personalidad y las relaciones patrimoniales y de familia,
aplicable a las relaciones de los particulares entre sí.

2. Ley:
• Art. 1° CC: Declaración de la voluntad soberana que, manifestada en la forma
prescrita por la Constitución, manda, prohíbe o permite;
• Tomás de Aquino: Cierta prescripción de la razón en orden al bien común, dada
y promulgada por quien tiene a su cargo el cuidado de la comunidad.

3. Costumbre: Repetición constante de una conducta por la mayoría de los miembros de


una comunidad jurídica determinada, realizada con la convicción de estar cumpliendo
con un imperativo jurídico.

4. Autonomía Privada: Principio elemental que se entiende incorporado en todo


contrato, y que consiste en la libertad de que gozan los particulares para pactar los
contratos que les plazcan, y de determinar su contenido y efectos.

5. La Buena Fe:
• Sentido Objetivo: El correcto comportamiento en las relaciones con otros sujetos;
• Sentido Subjetivo: La creencia sincera o firme persuasión de conocer una
situación jurídica, estando basada dicha creencia o persuasión en un error de
hecho.

6. Derecho Objetivo: Conjunto de normas imperativas que sirven para ordenar la


convivencia práctica de los hombres que viven en sociedad.

7. Derecho Subjetivo: Facultad o potestad para actuar de un particular, sancionada por


una norma jurídica.

8. Relación Jurídica: Vínculo surgido de la realización de un supuesto normativo, entre


dos o más sujetos, uno de los cuales se denomina sujeto activo, y que tiene un derecho
frente a otro llamado sujeto pasivo, quien debe realizar una prestación determinada.

Parte 2 – La Persona

1. Persona Natural (Art. 55 CC): Todo individuo de la especie humana, cualquiera sea
su sexo, estirpe o condición.

2. Persona Jurídica (Art. 545 CC): Persona ficticia, capaz de ejercer derechos y contraer
obligaciones civiles, y de ser representada judicial y extrajudicialmente.

3. Existencia Legal: Aquella que le permite a toda persona ser titular de derechos y
obligaciones.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

4. Muerte Real o Natural (Art. 11 Ley N°19.451): Abolición total e irreversible de todas
las funciones encefálicas.

5. Muerte Presunta: Aquella que declara el juez, en conformidad con las reglas legales,
respecto de un individuo que ha desaparecido y de quien se ignora si vive o no.

6. Atributos de la Personalidad: Propiedades o características inherentes a toda persona.

7. Capacidad:
• De Goce: La aptitud de una persona para adquirir derechos y contraer
obligaciones;
• De ejercicio: La aptitud de una persona para ejercer sus derechos y cumplir sus
obligaciones por sí misma, sin el ministerio o autorización de otra persona.

8. Nacionalidad: Vínculo jurídico que une a una persona con un Estado, y que origina
derechos y obligaciones recíprocos.

9. Estado Civil:
• Art. 304 CC: La calidad de un individuo, en cuanto le habilita para ejercer ciertos
derechos o contraer ciertas obligaciones civiles;
• Doctrinaria: La calidad o posición permanente que un individuo ocupa en la
sociedad, en orden a sus relaciones de familia, en cuanto le confiere o impone
determinados derechos, deberes y obligaciones civiles.

10. Domicilio (Art. 59 CC): La residencia, acompañada, real o presuntivamente, del


ánimo de permanecer en ella.

11. Patrimonio: Universalidad jurídica que consiste en el conjunto de derechos y


obligaciones de una persona, apreciables en dinero.

12. Derechos de la Personalidad: Conjunto de derechos subjetivos, absolutos,


extrapatrimoniales e inherentes a toda persona por cuanto es persona.

13. Corporación: Unión estable de un conjunto de personas que pretenden fines ideales
y no lucrativos.

14. Fundación: Masa o conjunto de bienes destinados por la voluntad del fundador o
fundadores a un fin determinado de interés general.

Parte 3 – Acto Jurídico

1. Acto Jurídico (Víctor Vial): La manifestación de la voluntad hecha con el propósito


de crear, modificar o extinguir derechos, y que produce los efectos queridos por su autor
o por las partes, porque el derecho sanciona dicha manifestación de voluntad.

2. Hecho Jurídico: Acontecimiento de la naturaleza o del hombre que produce efectos


jurídicos.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

3. Elementos del Acto Jurídico:


• Elementos Esenciales: Aquellos sin los cuales el acto no produce efecto alguno
o degenera en un acto distinto;
• Elementos o Cosas de la Naturaleza: Aquellas que, sin ser de la esencia del acto,
se entienden pertenecerle sin necesidad de cláusulas especiales;
• Elementos Accidentales: Aquellos que las partes incorporan al acto mediante
cláusulas especiales.

4. Voluntad: Libre querer interno de hacer o no hacer alguna cosa.

5. Consentimiento: Encuentro de dos declaraciones de voluntad que, emitidas por sujetos


diversos, se dirigen a un fin común y se funden.

6. Oferta: Acto jurídico unilateral por el cual una persona propone a otra la celebración
de una determinada convención.

7. Aceptación: Acto jurídico unilateral por medio del cual el destinatario de la oferta
manifiesta su conformidad con ella.

8. Error:
• En General: Falsa representación de la realidad determinada por la ignorancia;
• Error de Derecho: Falsa o inexacta representación de la realidad jurídica por la
ignorancia de una norma, o bien, por la equivocada interpretación o inexacta
aplicación de la misma a un caso concreto;
• Error de Hecho: Falsa representación que se tiene de una cosa, de un hecho o de
una persona, como consecuencia de la ignorancia o equivocación;
• Error Esencial u Obstáculo: Aquel que recae sobre la especie del acto o contrato
que se ejecuta o celebra, o sobre la identidad de la cosa específica de que se trata;
• Error Sustancial: Aquel que recae sobre la sustancia o calidad esencial del objeto
sobre que versa el acto o contrato;
• Error sobre las Calidades Accidentales: Error sobre cualquiera otra calidad de
la cosa;
• Error en la Persona: Aquel que recae sobre la persona con quien se tiene la
intención de contratar;
• Error Común: Aquel que es compartido por la totalidad o la inmensa mayoría de
los habitantes de una determinada comunidad.

9. Fuerza: Apremio físico o moral que se ejerce sobre una persona, destinado a que preste
su consentimiento para la celebración o ejecución de un acto jurídico.

10. Dolo:
• Art. 44 CC: Intención positiva de inferir injuria a la persona o propiedad de otro;
• Vicio del Consentimiento: Maquinación fraudulenta destinada a que una persona
preste su consentimiento para la celebración de un acto o contrato;
• Agravante de Responsabilidad Contractual: Factor de imputabilidad en el
incumplimiento de una obligación contractual, que agrava la responsabilidad de
la parte que incumple;
• Elemento del Delito Civil: Elemento que integra el supuesto de hecho de un
delito civil, y que consiste en la intención de causar daño.

193
Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

11. Lesión: Perjuicio que experimenta una persona en la ejecución de ciertos acto
jurídicos, y que resulta de la desigualdad existente entre la ventaja obtenida y el sacrificio
hecho para obtenerla.

12. Simulación: Declaración de un contenido de voluntad no real, emitida


conscientemente y de acuerdo entre las partes, para producir con fines de engaño la
apariencia de un negocio jurídico que no existe, o que es distinto de aquel que realmente
se ha llevado a cabo.

13. Objeto: Elemento esencial del acto jurídico que consiste en la prestación debida, esto
es, la cosa que debe darse o el hecho que debe ejecutarse o no ejecutarse.

14. Causa: Elemento esencial del acto jurídico que consiste en el motivo que induce al
acto o contrato.

15. Formalidades:
• En General: Ciertos requisitos que la ley exige para la forma o aspecto externo
de ciertos actos jurídicos;
• Solemnidades de Existencia o Constitutivas: Requisitos externos que exige la
ley para la celebración de ciertos actos jurídicos, sin los cuales el acto no se
perfecciona ni produce efecto alguno;
• Solemnidades de Validez o Validatorias: Requisitos externos que exige la ley
para la validez de ciertos actos jurídicos, y cuya omisión genera un vicio en el acto
que lo hace susceptible de ser declarado nulo;
• Formalidades Habilitantes: Requisitos exigidos por la ley para completar la
voluntad de un incapaz, o para protegerlo;
• Formalidades por Vía de Prueba o Ad Probationem: Requisitos exigidos por la
ley y cuya omisión impide que el acto pueda ser probado por testigos;
• Formalidades de Publicidad: Requisitos exigidos por la ley para la protección
de terceros que pueden verse alcanzados por los efectos de un acto jurídico, y cuya
omisión produce la inoponibilidad de estos actos frente a dichos terceros, o los
habilita para demandar la indemnización de los perjuicios causados por la
omisión.

16. Partes: Personas que, personalmente o representadas, concurren a la formación del


acto jurídico.

17. Terceros:
• En General: Toda persona que no ha participado ni ha sido válidamente
representada en la celebración del acto;
• Tercero Absoluto: Persona extraña a la formación del acto jurídico, y que no está
ni estará en relaciones jurídicas con las partes;
• Tercero Relativo: Persona que, si bien no ha participado en la celebración del
acto jurídico, está o estará en relaciones jurídicas con las partes, sea por su propia
voluntad o por disposición de la ley.

18. Ineficacia Jurídica: Reacción del ordenamiento jurídico en cuya virtud se priva de
efectos a aquel acto que no cumple con los requisitos de existencia o validez del acto
jurídico, o bien, porque por un hecho o causa posterior, eliminan, reducen o perturban los
efectos propios de un acto válido.

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Licenciatura Derecho Civil – Tomo I

19. Inexistencia: Sanción impuesta a los actos jurídicos celebrados con omisión de uno
de los requisitos necesarios para su existencia en el mundo del Derecho.

20. Nulidad (Art. 1681 CC): Sanción para todo acto o contrato a que falta uno de los
requisitos que la ley prescribe para el valor de los mismos, según su especie y la calidad
y estado de las partes.

21. Nulidad Absoluta (Corral): Ineficacia originaria, declarable judicialmente, que tiene
lugar cuando en el acto o contrato se ha omitido algún requisito que la ley prescribe para
su valor, en consideración a su naturaleza o especie.

22. Nulidad Relativa (Corral): Ineficacia originaria, declarable judicialmente, que tiene
lugar cuando en el acto o contrato se ha omitido algún requisito que la ley prescribe para
su valor, en consideración a la calidad o estado de las personas que las ejecutan o celebran.

23. Ratificación o Confirmación: Acto jurídico unilateral mediante el cual la persona


que tenía derecho a alegar la nulidad relativa renuncia a esta facultad, saneando de tal
manera el vicio de que adolece el acto o contrato rescindible.

24. Inoponibilidad: Ineficacia, respecto de un tercero, de un derecho nacido como


consecuencia de la celebración de un acto jurídico o de la declaración de ineficacia del
mismo.

25. Resolución: Extinción de un derecho por el cumplimiento de una condición


resolutoria a la que estaba sujeto.

26. Representación: Institución jurídica en virtud de la cual los efectos de un acto que
celebra una persona que actúa a nombre o en lugar de otra, se radican de forma inmediata
y directa en esta última, como si ella personalmente lo hubiera celebrado.

27. Poder de Representación: Autorización que tiene una persona para concertar
negocios por cuenta de otra, obligando exclusiva y directamente al representado.

28. Apoderamiento: Acto por el cual una persona otorga a otra el poder de representarla.

29. Condición:
• En General: Hecho futuro e incierto del cual depende el nacimiento o la extinción
de un derecho;
• Condición Resolutoria: Hecho futuro e incierto del cual depende la extinción de
un derecho;
• Condición Resolutoria Ordinaria: Cualquier condición resolutoria pactada
expresamente por las partes en un contrato, siempre que no consista en la
condición resolutoria tácita;
• Condición Resolutoria Tácita: Condición resolutoria que se encuentra envuelta
en todo contrato bilateral, consistente en no cumplirse por uno de los contratantes
lo pactado, y cuyo cumplimiento otorga al contratante diligente el derecho de
pedir a su arbitrio o la resolución o el cumplimiento del contrato, con
indemnización de perjuicios;

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• Pacto Comisorio: Convención mediante la cual las partes de un contrato estipulan


que el incumplimiento de la obligación de una de ellas traerá como consecuencia
la resolución del contrato;
• Condición Suspensiva: Hecho futuro e incierto del cual depende el nacimiento
de un derecho.

30. Plazo:
• Art. 1494 CC: La época que se fija para el cumplimiento de la obligación;
• Doctrina: Hecho futuro y cierto del cual depende la exigibilidad (plazo
suspensivo) o extinción (plazo extintivo) de un derecho.

31. Modo: Carga establecida en los actos jurídicos a título gratuito con el propósito de
limitar el derecho del adquirente.

Parte 4 – Tópicos Civiles de la Prueba

1. Instrumento:
• En General: Toda representación material idónea para dejar constancia de un
hecho;
• Instrumento Público (Art. 1699 CC): Aquel autorizado con las solemnidades
legales por el competente funcionario;
• Escritura Pública (Art. 1699 CC): Instrumento público otorgado ante escribano
e incorporado en un protocolo o registro público;
• Instrumento Privado: Cualquiera que haya sido otorgado por particulares sin la
intervención de un funcionario público en su calidad de tal.

2. Testigos: Aquellos terceros que, sin ser partes en un proceso, declaran sobre hechos de
que tienen conocimiento.

3. Presunción:
• En General: El resultado de una operación lógica, mediante la cual, partiendo de
un hecho conocido, se llega a aceptar como existente otro hecho desconocido o
incierto;
• Presunción Simplemente Legal: Aquella establecida por la ley y que acepta
prueba en contrario;
• Presunción de Derecho: Aquella establecida por la ley y que no acepta prueba
en contrario;
• Presunción Judicial: Aquella que establece el juez, fundado en las circunstancias
o antecedentes concomitantes o subsiguientes al hecho principal que se examina.

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