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Ponencia Sandler

El documento analiza las raíces de la crisis argentina, destacando el crecimiento económico del país en el siglo XIX y los problemas estructurales que llevaron a su estancamiento. Se enfatiza la concentración de la propiedad de la tierra y la privatización de la renta fundiaria como factores que perpetúan la desigualdad social y económica. Además, se critica el marco legal que impide el acceso equitativo a la tierra, contribuyendo a la pobreza y la emigración de la población.

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Ponencia Sandler

El documento analiza las raíces de la crisis argentina, destacando el crecimiento económico del país en el siglo XIX y los problemas estructurales que llevaron a su estancamiento. Se enfatiza la concentración de la propiedad de la tierra y la privatización de la renta fundiaria como factores que perpetúan la desigualdad social y económica. Además, se critica el marco legal que impide el acceso equitativo a la tierra, contribuyendo a la pobreza y la emigración de la población.

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SUMARIO_________________________________________________________________2

Develando el misterio. Raíces de la Crisis Argentina_________________2

DEVELANDO EL MISTERIO Raíces de la Crisis Argentina_____________5

 El milagro argentino de los 1860_________________________________5

 La cuestión de la tierra y el derrumbe argentino_______________5

 La renta fundiaria crece sin cesar_______________________________8

 Quien produce la renta fundiaria_______________________________10

 Renta fundiaria y precio del suelo______________________________11

 ¿Quién es el beneficiario de la renta fundiaria en nuestro


país?__________________________________________________________________12

 Múltiple contenido del derecho real de propiedad del suelo_13

 Renta fundiaria y locación_______________________________________14

 Acciones, monedas, títulos y titulo de propiedad_____________15

 La privatización de la renta es obra del sistema______________15

 Efectos de la apropiación de la renta fundiaria por lo


particulares___________________________________________________________18

 La privatización de la renta fundiaria rebaja los salarios y los


intereses______________________________________________________________19

 Las tierras baratas invitan a poblar el país____________________22

 El desorden lo causa el ordenamiento jurídico________________23

 La apropiación privada de la renta fundiaria arruina la


sociedad______________________________________________________________24

 Efectos de la especulación del suelo al fin del siglo XIX______26

 La privatización de la renta fundiaria genera sistemas


violentos______________________________________________________________27

 Erróneas teorías provocan profundos conflictos sociales_____29


 La producción aumenta pero también la brecha entre ricos y
pobres________________________________________________________________31

 Si no se recauda la renta fundiaria hay que crear impuestos_32

 Ahora y después_________________________________________________34

2
xDEVELANDO EL MISTERIO
Raíces de la Crisis Argentina
Héctor Raúl Sandler, Argentina
En memoria de mi querido amigo Bob Andelson

 El milagro argentino de los 1860


“El explosivo crecimiento que la Argentina experimentó en los cincuenta
años posteriores a 1860 es uno de los casos de mayor éxito que se
inscriben en la historia de las economías capitalistas. No se registra
ninguna otra economía cuyo crecimiento haya sido tan importante y tan
rápido. El único caso comparable es el de los Estados Unidos.
La economía norteamericana fue de mayor magnitud tanto al comienzo
como al final de su más rápido crecimiento. Pero, de acuerdo con las
mediciones tradicionales del crecimiento - aquéllas que se centran en las
proporciones o porcentajes de cambio el caso de la economía argentina
registró valores mucho más elevados que el de la norteamericana y ha sido
objeto de numerosos estudios.
Lo fascinante del caso argentino no radica sólo en su asombroso, éxito
inicial, sino también en el hecho de su clasificación como tierra de
colonización relativamente reciente y como economía de exportación. Este
último factor ha proporcionado la base para establecer comparaciones con
otros países de reciente colonización, especialmente los Estados Unidos,
Canadá, Australia y Nueva Zelanda. La mayoría de estas comparaciones, al
menos aquellas que datan de 1960 en adelante, han resultado
desfavorables para la Argentina, pues se han centrado en el prolongado
estancamiento de su economía en la última mitad del siglo.
Producto de las comparaciones, ha proliferado una extensa bibliografía
mediante la cual se intenta responder a la pregunta,: "¿Qué se hizo mal?".
O, extendiendo el acertado aforismo de W. W. Rostow, ¿por qué la
Argentina se estrelló después de despegar? “ (Tulchin, Joseph S. [24]).

3
 La cuestión de la tierra y el derrumbe argentino

El modelo de crecimiento orgullosamente pregonado por la oligarquía en


realidad presentaba dos graves falencias en la base misma del orden
económico: el modo de acceder jurídicamente al uso de la tierra y el
privilegio otorgado por ley a los dueños del suelo para hacerse con el
creciente valor de la tierra.
La ley de Enfiteusis de la Revolución de Mayo fue utilizada por federales y
unitarios “in fraude legis”. Para que unos pocos acaparan toda la tierra
disponible del territorio patrio. Ella fue derogada el 16 de septiembre de
1857, entre otras cosas, por ser considerada “comunista” (sic) (Bartolomé
Mitre [14], p.17). Poco después el derecho de propiedad quedó regulado
por el Código Civil , redactado por Vélez Sarsfield y aprobado a libro
cerrado ambas cámaras del Congreso Nacional. No es necesario hacer una
gran investigación para advertir que el derecho de propiedad sobre la
tierra fue, a partir de ese momento, regulado por leyes por completo
contrarias a la visión, progresista y popular, de los hombre de Mayo. Un
mero vistazo a las señales dejadas por el propio autor del código – aun
subsistente – basta para convencerse de ello.
Contra el principio de Mayo según el cual la tierra no podía ser vendida
(Art.1° del Decreto del 1° de julio de 1822 en Andrés Lamas [12]), salvo
excepciones taxativamente señaladas, la tierra pasó a ser un bien in
comercio, con lo que desapareció toda diferencia de trato jurídico entre lo
dado al hombre para vivir y producir y las cosas producidas por el hombre
mediante su trabajo usando de la naturaleza (arts. 2311 y siguientes y
2336 del CC). Esta fue la necesaria consecuencia de haber desechado al
innovador derecho patrio recién citado, para poner en su lugar “el derecho
puro de los romanos” (Párrafo 5° de la nota al art. 2503 del CC). Con la
aceptación de tal derecho no solo se consolidó la rebatiña de tierra
cometida hasta ese momento, sino que se echaron las bases de un orden
social cuya historia fuera cabal repetición de la desgraciada historia de la
antigua Roma. Las palabras del autor del Código cuando argumenta sobre
los fundamentos la propiedad fueron y sigue siendo pura retórica. Suena

4
muy bien – porque es una seria verdad - que la propiedad “debía definirse
mejor en sus relaciones económicas: el derecho a gozar del fruto de su
trabajo, el derecho de trabajar y de ejercer sus facultades como cada uno
lo encuentre mejor” (art.2506 , 2° párrafo de la nota ). Sin embargo es
este derecho menos vigente en la Argentina de hoy. Pese a ser un país
relativamente vacío, hay casi 4 millones de desocupados o mal ocupados y
unos 3 millones de emigrados. ¿Qué es lo que se opone a la realización de
aquella verdad? Un mecanismo legal a resultas del cual, los hombres sin
otro recurso para vivir que se capacidad para trabajar, se ven impedidos
de acceder a la tierra – rural y urbana – por su alto costo en el mercado.
Cuando se permite legalmente que el dueño de la tierra se quede con el
aumento de su valor se genera un orden económico primero y un orden
cultural después, que obran de manera tal que en los hechos no hay sitio
donde trabajar. La tierra existe desde luego, pero solo emblemáticamente
como territorio nacional. Pero este territorio no aparece accesible en la
vida cotidiana de la mayoría de los hombres. El actual régimen legal ha
convertido a la tierra en la base de negocios especulativos de toda índole,
porque ella misma, en lugar de estar a disposición del trabajo y la
inversión del capital real, fue y es objeto de una obscena especulación.
Hoy, como ocurría hace casi un siglo y medio atrás , no más del 1% de su
población, es dueña de más del 95% de las tierras de toda clase (Jacinto
Oddone [33])
Causa asombro que sean ojos extranjeros los que denuncien lo que está a
la vista de todo aquel que quiera ver. Esta ceguera general, proviene, en
parte, de los intereses y las ideologías que , de propósito o de rebote ,
mantienen en pie tan inhumana situación, cuyos efectos se aprecia en la
emergencia (en la Capital, sus alrededores o en las grandes ciudades) de
miles de villas miserias, de casas tomadas y de hoteles clandestinos. Miles
de familias cuya fuente de recursos es la limosna y su hábitat la plaza
pública. Descontada la densidad de Buenos Aires (unos 15.000 h/km2 y el
Gran Buenos Aires con unos 4.500 h/km2), la densidad media del resto del
país apenas alcanza a 5 h/km2. Pero es solo la media, pues en verdad hay
provincias que a pesar que por sus recursos territoriales equivalen a países

5
enteros, su densidad no llega a 2 h/km2. Para colmo la mayoría de
población vive del empleo público o de “planes de subsistencia” . Si bien
los intereses creados obran para impedir se corra el velo que oculta la
causa de tales dislates, tal ignorancia y desvarío hay que rastrearlos en el
contenido de los planes de estudio, en todos los grados de la enseñanza,
especialmente en la carreras de economía y derecho, que tanta influencia
tienen en la formulación de diagnósticos y adopción de políticas de
gobierno. De hecho, salvo excepciones individuales que no pesan en la
formación del conocimiento dominante, solo en obras extranjeras se
encuentran pensamientos como el siguiente:
“El proceso de colonización de la pampa ya estaba bien avanzado
antes de que el gobierno intentara corregir la tendencia hacia la
concentración de propiedades y tenencia, sancionando leyes cuyo
objetivo consistía en la creación de un patrón jeffersoniano de
tenencia de la tierra. Las leyes fueron tardías y nunca recibieron
respaldo. En la época del centenario, los estudios oficiales realizados
por el Ministerio de Agricultura confirmaban lo qué ya se sabía: que
la tierra más productiva de la pampa era aquella que estaba en
manos de relativamente pocos dueños y que existía en todo el país
una amplia clase de arrendatarios que trabajaban en condiciones
miserables y quienes tenían poca o ninguna esperanza de lograr
alguna vez tener su propia tierra. El patrón de tenencia de la tierra
era tal que la organización de la producción permitía la maximización
de las ganancias de los dueños de la tierra sin que ello
necesariamente implicara el aumento de la producción o el beneficio
para el bien común , ni por cierto la presencia de una iniciativa

empresarial innovadora. Como respuesta a estos estudios se señaló


de forma acomodaticia que aun cuando los hechos presentados
pudieran ser precisos y aunque fuera lamentable que no se hubieran
logrado los objetivos originales, el gran éxito del modelo de
desarrollo era tan evidente que realmente no convenía preocupar a
la sociedad por estos resultados y que los estudios no debían
tornarse como consejeros de la perfección. Los defectos del modelo

6
de crecimiento eran tan evidentes en la ciudad como en el campo y
se destacaban tan claramente en los informes oficiales como en el
Congreso, la prensa y en una larga serie de trabajos de análisis
social. La respuesta habitual profesaba que el "prob1ema social" -
como se denominaba a estas dificultades - era el resultado de
influencias extranjeras nefastas, que se habla permitido un tipo
equivocado de inmigración y que el hacinamiento y otras evidencias
de desigualdad social serían eliminadas a su debido tiempo junto con
las influencias antisociales del cuerpo político para conceder tiempo
al maravilloso y restablecedor proceso de crecimiento que
aumentaría la riqueza nacional para resolver el prob1ema social.
Cualquiera que pensara de otra manera era antinacionalista. La vasta
mayoría aceptaba la idea de que la exportación de carne, granos,
lana y cueros garantizaría el futuro dorado del país [Tulchin, J.A, p.79
y siguientes]
Lo que sigue es un nuevo intento de quien esto escribe para estimular a
los estudiosos y a los preocupados por los problemas sociales de la
Argentina y América Latina , a abocarse al examen de la principal causa de
carácter legal que los genera. Esta perspectiva, si bien fuera bastante
conocida alrededor del primer centenario, ha sido olvidada por
académicos, políticos, dirigentes sociales y la gente del común. Una niebla
intelectual cubre ésta causa y, en consecuencia, la opinión pública yerra al
pronunciar sobre los problemas que aqueja a la sociedad.

 La renta fundiaria crece sin cesar

Cualquiera sea el régimen legal que se establezca para que los hombres
de una sociedad accedan al espacio económico configurado por su
territorio nacional, en tanto y en cuanto la población aumente, la inversión
pública y privada se incremente y el desarrollo social en la amplia
expresión del término se multiplique, habrá de producirse un efecto
inevitable: el valor de ese espacio económico crecerá en proporción directa
a aquellos crecimientos. Esto es válido para cualquier organización social

7
considerada en su totalidad como nación o en su parcialidad como región
dentro de determinado país. La primera causa es económica. El espacio
económico o territorio nacional es un dato finito, inextensible e
irreproducible. Sobre él debe cumplirse toda la actividad. No sólo la
económica sino toda la actividad individual y social de un pueblo.
Del suelo y sobre el suelo con el esfuerzo individual y colectivo son
creados los valores de riqueza (valores de producción) que los hombres
necesitan para vivir y desarrollarse. Escaso desde su origen el suelo es -
relativamente - cada vez más escaso dado el crecimiento de la población,
las necesidades de inversión, la multiplicación de la actividad individual.
Incurren en error graven quienes creen que con el progreso tecnológico la
importancia de la tierra disminuye; ocurre justamente al revés.
En la compleja división del trabajo dentro de una sociedad en la que
sería insensato que todos hicieran lo mismo, no todos necesitan - para
producir y para trabajar - acceder al espacio de modo directo; pero todos
lo necesitan por igual para vivir. En parte lo necesitan para residir. Pero de
manera fundamental porque para saciar sus necesidades requieren valores
de producción por otros producidos . Y toda cosa producida por el hombre
es tierra manufacturada. Somos consumidores indirectos de tierra. De
manera que el espacio económico de un pueblo de ninguna manera es
cuestión de los hombres del campo o de la ciudad; de los trabajadores
industriales o de cuello blanco; de los ancianos o de los niños; de hombres
en la chacra o las mujeres en el hogar. Es absolutamente problema de
todos. Sin embargo, paradójicamente, es la cuestión menos tratada por
académicos, intelectuales, dirigentes sociales , políticos y hombres de
gobierno. Es posible que por ser un hecho tan transparente resulte invisible
para el hombre y , en consecuencia, en cada lugar se piense que la forma
en que está reglado el derecho para acceder a ese bien primordial es el
único modo correcto de hacerlo. Esto es un grueso error.
Un impropio modo de ordenar jurídicamente el uso directo y el indirecto
del espacio económico nacional determina la mayoría de nuestros
problemas sociales. Que muchos hombres del mundo no puedan poblar
nuestro vacío país y que no pocos hijos de nuestra patria emigren en busca

8
de mejores horizontes (según Juan C. Zuccotti 10 de cada 100 argentinos
viven en el exterior [25]). Tienen un origen en el sistema actual de
propiedad en conjunción con el sistema de recursos del Estado.
Por la misma razón que el valor del espacio crece con la población, la
inversión y el desarrollo, los espacios económicos vacíos- por la causa que
fuere- tienen menor valor que los más poblados. Cualquiera por su propia
experiencia sabe del mayor valor del espacio en la Capital Federal con otro
semejante en cualquier ciudad del interior. Sabe también que en el centro
de cualquiera de esas ciudades el espacio cuesta más que en la periferia, y
en ésta más que en el campo abierto. También sabe que en igualdad de
condiciones naturales tienen mayor valor los terrenos mejor ubicados, de
más fácil acceso o más cercanos a los centros de producción y consumo.
Una hectárea en el centro de la Capital Federal demandaría una cifra con
muchos más ceros de los que habitualmente estamos acostumbrados a
manejar para calcular el precio de una hectárea agrícola en las mejores
zonas del país.
En estudios recientes realizados durante los años 1998 y 1999 se ha
medido el valor de toda la superficie de la Capital Federal (200 km2) y el
gradiente de valorización entre medición y medición, con estos resultados:
Jul/98, u$s 109.000 millones; dic/98 u$s 111.477 millones ( +2.2%) ;
Mayo/99 u$s 115.077 millones ( + 4.6%); a julio de 1999 rondaría los
118.000 millones. Esto equivale a decir que el valor de la tierra ha crecido
en un año alrededor de ¡ 9.000 millones de dólares!
Cuando Juan de Garay hizo la traza de la ciudad y repartió los lotes, no
valían nada. Ya en 1605, un solar en el barrio del Cabildo ( hoy la Plaza de
Mayo) el mismo predio valía unos $300 y en 1750, en el barrio San Miguel
(en alguna medida "las afueras") una casa costaba unos $ 1800 (Juan
Agustín García [27] ).

 Quien produce la renta fundiaria

El mayor valor del espacio, según el lugar del país y según la época que
se considere, no es hechura de su ocupante individual, sea propietario,

9
inquilino, arrendatario o usurpador. Es el producto del quehacer social.
Toda vez que este mayor valor del espacio se manifiesta como un rédito de
la tierra, ha sido denominado renta fundiaria (Achilles Loria, La Rendita
Fundiaria)
El espacio económico nacional - esto es, el espacio sobre el cual
nuestros antepasados han desplegado, los actuales habitantes despliegan
y nuestros descendientes deberán seguir desplegando su actividad, es el
territorio argentino. La renta fundiaria se extiende como un manto sobre
toda esa superficie, y midiendo el valor en cada punto se podría trazar una
peculiar orografía. A diferencia de la natural, que es permanentes, la
orografía de la renta fundiaria varía tanto como varía su agente productor:
el desarrollo social. Si levantáramos la planimetría de la renta fundiaria
construiríamos el mapa orográfico de la renta fundiaria nacional. Algunos
pocos picos serían tan bajos como las sierras y corresponderían a las
principales ciudades del interior. Sus laderas descenderían en cada
periferia abruptamente para convertirse en la prolongada meseta de la
zona pampeana. Deprimidos valles correspondientes a la mayoría de los
terrenos que integran el resto del país. Pero en un punto, al borde del Río
de la Plata, la línea se elevaría logarítmicamente hacia arriba: valor del
suelo correspondiente al Gran Buenos Aires. Esta malformación llamaría
poderosamente la atención. En una superficie apenas del 0.1% del
territorio patrio, se asienta más del 40% de la población y tiene lugar el
90% de la actividad financiera y cultural del país. Su valor frisa los 120.000
millones de dólares, suma equivalente a la deuda externa.
La unidad de este manto pondría en evidencia la continuidad sin
cortes de todo el espacio económico nacional y su renta fundiaria, a la vez
que pondría de manifiesto la carencia de fundamento, desde el punto de
vista económico, de la costumbre de dividir la superficie argentina en tierra
rural y urbana. Esta diferenciación -que existe y es útil para otros fines -
carece de interés en relación con el problema de la renta fundiaria y el
orden social. Por el contrario, enturbia la visión del problema y ha
conducido a pésimas soluciones.[3]

10
Dos aspectos sobresalientes caracterizan la renta fundiaria: a) ella
no depende de la actividad de un determinado propietario en particular y
b) ella existe en función de la actividad cooperativa de la sociedad como
grupo comunitario. Un terreno en el centro de la ciudad no vale un céntimo
menos por el hecho de que el propietario nunca haya hecho nada en él; su
valor estará dado por la cota de valor de la tierra para la zona en que la
parcela se encuentre. A la inversa, todo esfuerzo que haga el propietario,
no aumentará su valor rentístico en un solo centavo.
La renta fundiaria se acumula sobre cada parcela integrante del
espacio económico bajo la presión de las demandas de la sociedad, la que
para satisfacer sus necesidades debe invertir sus fuerzas de trabajo y sus
capitales reales sobre aquel espacio. En la ciencia económica fue
inicialmente apreciada como una renta diferencial en el sentido de que una
misma cantidad de trabajo y capital invertido sobre dos parcelas distintas
de tierra, si dan rendimientos diferentes, la diferencia es propia de la
condición de cada parcela (así los fisiócratas franceses y David Ricardo,
Principios de economía política [ 34]). Esta condición puede derivar de
causas endógenas (calidad natural del terreno, como describió Francois
Quesnay ) o exógenas, si devienen de su ubicación dentro de un espacio
mayor, como lo señalaron Heinrich von Thünen, Alred Weber entre otros
August Lösch [35]

 Renta fundiaria y precio del suelo

En un sistema como el nuestro, en que la tierra es susceptible de ser


vendida y comprada, la renta fundiaria puede con mucha aproximación ser
medida por el precio real de mercado; es decir, por la cantidad de moneda
que el comprador está dispuesto a dar contra el traspaso del título
conteniendo el derecho real de propiedad sobre la parcela. Sin embargo el
precio debe ser distinguido de la renta fundiaria. El valor de la renta
fundiaria puede ser medido en dinero, lo que da su precio; pero una
moneda pervertida por la inflación no permite medir con acierto la renta a
través del precio. En segundo lugar, aun en casos de moneda sana, el

11
acaparamiento de tierras produce una falsa renta fundiaria, pues los
elevados precios de las pocas tierras que están efectivamente en
comercio se desinflarían si las acaparadas, entraran al mercado (Fernando
A. Scornik, [36]). Obsérvese que las acaparadas, en tanto excluidas del
comercio, no tienen precio, pero sí tienen el valor llamado renta fundiaria.
En países en que esa compraventa estuviese prohibida, caso de sistemas
colectivistas, la renta fundiaria no dejaría de existir, aunque -en este caso-
no podría ser medida por el precio ni por tanto conocida.
La demanda determina la existencia y valor de la renta fundiaria
sobre cada parcela del espacio; pero en ciertas circunstancias cuando la
demanda de tierra se incrementa no solo por la necesidad económica sino
por la pretensión de proteger el valor del dinero (inflación), como
acabamos de anticipar suele generarse la “falsa renta”, que se incorpora al
precio de compraventa sin que este refleje, en consecuencia, la efectiva
renta fundiaria. La falsa renta - sin embargo- obstaculiza tal cual y a veces
peor que la renta verdadera el acceso de trabajadores e inversores por lo
que su tratamiento práctico no debe ser distinto.

 ¿Quién es el beneficiario de la renta fundiaria en


nuestro país?

Con la vista puesta en el problema de constituir un orden económico


justo y auto sustentable, hay una pregunta central en torno a esta
importante cuestión de la renta fundiaria. Toda vez que ella no es una
cosa material, sino un valor de obligación (algo que debe pagar el que
pretende usar la tierra), cabe preguntarse ¿quien es el beneficiario de ese
crédito generado por el orden legal existente?
Al establecer el Código Civil la comerciabilidad de las parcelas del espacio
territorial (salvo específicas excepciones como lagos, ríos, etc. (art. 2340 y
correlativos) , identifica el suelo con las mercaderías, esto es con las
cosas producidas por el hombre o sea valores de producción. Por lo tanto
de acuerdo al Código Civil el propietario del suelo goza para sí del mayor

12
valor que éste adquiera; o sea, se apropia de la renta fundiaria. A esto lo
llamamos privatización de la renta fundiaria.
La apropiación por parte del propietario de la renta fundiaria se
produce de modo principal por alguna de estas dos vías: el contrato de
venta o el contrato de locación. En cualquiera de ambos negocios jurídicos
siempre nos referimos sólo al espacio, es decir, el terreno libre de mejoras.
Las mejoras son riqueza, cosas producidas por el hombre.
En el primer supuesto - la venta- el propietario transfiere el título que
contiene derecho real de propiedad, contra lo cual recibe un precio. Este
precio con las salvedades antes efectuadas, es la renta fundiaria
capitalizada sobre la parcela al momento de la venta. En el supuesto de la
locación, el propietario solo constituye en favor del inquilino un derecho
personal de uso sobre la cosa, por lo cual recibe un alquiler. Este alquiler
es un tanto por ciento de la renta fundiaria capitalizada. El propietario
considera al “valor del terreno” como un capital, y cobra el alquiler como el
"interés" de ese capital. En ambos supuestos el propietario es beneficiario
del mayor valor del terreno, o sea de la renta fundiaria acumulados por
obra del trabajo social.
La renta fundiaria depende de la variable desarrollo social: el general del
país, el especial de la región o particular de la zona en que está enclavada
la parcela. El propietario, según la velocidad de ese desarrollo y la
intensidad de inversión de capital y trabajo ajenos, puede tener modestos
o extraordinarios ingresos sin necesidad que haya hecho el más mínimo
esfuerzo. La conjunción de la facultad jurídica de poder vender y arrendar -
comercialización del espacio- con el constante incremento de la renta
fundiaria por el desarrollo social, alientan el negocio conocido como
especulación en tierras. Mediante la privatización de la renta fundiaria se
han amasado las fantásticas fortunas que algunas familias detentaron a
fines del pasado siglo y comienzos del presente. Fortunas inmensas que
han dejado rastros en la ciudad, como el viejo Palacio San Martín, la actual
embajada del Brasil, o el palacio que sirve de sede al arzobispado de
Buenos Aires. Todas casas de familias particulares.

13
 Múltiple contenido del derecho real de propiedad del

suelo

Esto pone de manifiesto que en los hechos el derecho real de


propiedad -entendido en principio como el derecho por parte del titular a
acceder y usar de la cosa- permite algo más que el ejercicio de estas
potestades. Tiene como añadido el poder embolsar para sí el producto
social conocido como renta fundiaria. Una firma porteña, de acreditada
fama, ha resumido en pocas palabras esta realidad argentina. Su titular,
dedicado al negocio inmobiliario, ha adquirido un saber que,
lamentablemente, carecen muchos técnicos. En el salón destinado al
público, como paternal consejo de hombre experimentado -casi como un
proverbio-, sobre una gran franja heráldica figura en vistosas letras esta
frase: El mejor negocio de la Tierra es la tierra misma. Esta frase es fruto
de una experiencia nacional. Se atribuye a la señora de Alvear este
aforismo: “Hay dos clases de gente: los locos y los cuerdos. En Argentina
los cuerdos son los que conservan sus tierras y compran nuevas; los locos
los que las venden” (J. Huret [10]). El pensamiento seria más completo si
dijera: así sucede en todos aquellos países cuyo ordenamiento legal
permite a los propietarios del suelo aumentar sus ingresos a costa del
trabajo y la inversión de los demás habitantes.
El pensamiento de la inmobiliaria de nuestro ejemplo y de la señora
de Alvear (si es verdad que lo dijera ella) es cierto por varias razones. Es el
mejor negocio porque, el derecho real de propiedad posibilita no solo el
uso y goce del suelo, sino además embolsar de una vez la renta fundiaria
en caso de venta, o en forma continua en caso de locación. Habrá negocios
que lo igualen, pero no que lo superen. En segundo lugar es un negocio de
ganancias in crescendo , pues como la renta fundiaria crece a través del
tiempo por el desarrollo social impulsado por el aumento de población, el
avance tecnológico y la inversión, solo hay que echarle tiempo al tiempo.
Finalmente, es el más seguro. Respecto de los valores de producción -
cosas hechas por el hombre- la ventaja es evidente, pues estas cosas
sufren por los avances de la ciencia, la tecnología, las modas y la

14
competencia. Las cosas creadas por el hombre, no son eternas, no
conservan su utilidad inicial y dejan de ser apetecibles por los
consumidores por las más variadas y a veces caprichosas razones. ¡Cuán
distinta es la suerte del suelo! Por aumento de la población, por mayores
demandas de la inversión, por el incremento exponencial de las
necesidades humanas impulsadas por el deseo de mayor bienestar de un
mayor número e incluso por la tendencia al consumismo, es constante la
demanda de tierra. Pero se trata de un bien no creado ni creable por el
hombre, finito e irreproducible. No hay hombre que pueda vivir sin tierra,
sea que la consuma directa o indirectamente . Ella es la base del derecho
a la vida, razón por la que su valor no decrece con el tiempo, sino que
aumentará hasta que la humanidad desaparezca de la faz de la Tierra. De
esto se ha ido adquiriendo conciencia de soslayo, por causa de la polución
ambiental, las crisis del petróleo o lo que es peor, la amenaza de la falta
de agua potable. Sin embargo en lugar de revelarse a la inteligencia
humana la necesidad de abordar el problema que plantea el Código Civil,
ha nacido la especialidad del “ambientalismo” y el derecho ambiental. Esta
fragmentación de la realidad da resultados paradójicos : los ambientalistas
suelen sufrir por ballenas o pingüinos empetrolados, pero no atisban la
conexión de estas catástrofes con otra bastante mayor: la mendicidad, los
niños de la calle, los emigrados, los homeless y otras llagas de la moderna
sociedad argentina. La seguridad del negocio especulativo existe donde la
especulación está legalmente permitida. En ordenamientos como el
nuestro, ni la expropiación por razones de utilidad pública mella esa
seguridad. Cuando se dicta una ley de expropiación, no es un comprador
individual sino toda la sociedad la habrá de pagar la renta fundiaria al
propietario particular. Uno de los fenómenos jurídicos más absurdos de la
jurisprudencia: obligar a la sociedad entera a pagar al propietario la renta
que ella generó.

15
 Renta fundiaria y locación

Ni que decir de la locación. El precio que el inquilino paga por el alquiler,


considerado provisionalmente como un interés que percibe el propietario
por la renta fundiaria acumulada sobre la parcela, tiene que crecer a través
del tiempo. Ningún bien de riqueza (valor de producción) puede dar tan
fantástico resultado para su dueño. Los bienes de riqueza -creados por el
hombre- tienen defectos notorios frente al espacio. En primer lugar, se
gastan. En segundo lugar, el desarrollo tecnológico tiende a hacerlos
despreciables. Cuando aparece el automóvil se decreta la desaparición del
carruaje a caballos. En tercer lugar, la capacidad creativa del hombre es
tan formidable que muchos otros hombres pueden hacer lo mismo; es
decir, el propietario de bienes de riqueza sufre los efectos de la
competencia. Ninguna de estas anomalías padece quien arrienda espacio
económico. De manera que el negocio locativo podría ser considerado el
mejor negocio de rentabilidad constante, si no fuera que por el sistema
tiende a arruinarse a sí mismo. En efecto, la suba de alquileres va
excluyendo inquilinos con capacidad de demanda efectiva. Los excluidos
forman la legión de villeros, piqueteros y gente si hogar alguno que pululan
alrededor y dentro de las ciudades. En su conjunto parecen repetir el
asedio de los bárbaros contra la antigua Roma.

 Acciones, monedas, títulos y titulo de propiedad

Mucha gente tiene clavados sus ojos en la valorización o desvalorización de


su dinero, de las divisas, de las acciones de empresas y de los títulos de la
deuda pública. En ocasiones se invierte en estos valores de obligación y se
obtienen estupendas ganancias. Si bien tiene este negocio una fisonomía
especulativa, lo cierto que aquella ganancia es incierta y no pocas veces
en la Argentina, ha motivado la ruina de tales “inversores en papeles”.
Todos éstos y otros títulos no tienen nada que hacer – considerando el
punto seguridad – en comparación con el titulo de propiedad sobre la
tierra. Muy pocos, si es que hay alguno, son los que han reparado que este

16
titulo es un título más. Es decir, un valor de obligación. La diferencia con
todos los demás es que, asegurada por ley la apropiación particular de la
renta del suelo, estos títulos no se “derrumban”, a pesar que en medio de
la crisis los precios del suelo bajen. “Ladrillos son ladrillos” suelen decir los
viejos agentes de inmobiliarias conocedores de cierta verdad, aunque
fallan en el nombre: no son los ladrillos los que conservan el valor del título
de propiedad. Es la tierra. Haya o no ladrillos sobre ella.
La condición de ser el título de propiedad inmobiliario un valor de
obligación, lo asimila a la moneda. No es corriente, pero se puede pagar
total o parcialmente una deuda transfiriendo ese título de propiedad a
favor del acreedor. Si se contemplan las cosas sin prejuicio de especialista
y se recuerda que la tierra aumenta constantemente de valor, se ve claro
que el titulo de propiedad es una “moneda” que no solo conserva su valor
sino que se “aprecia” en forma lenta pero constante. Pero por lento que
sea el incremento de su valor con relación a los otros títulos, incluyendo la
moneda legal, todos ellos – en relación con él – se irán “depreciando”.
Cuando este proceso de apreciación unilateral del titulo de propiedad sea
acelerado por algún vasto plan de construcción, de obra publica o privada,
o por la simple reactivación general de la economía , ocurre el conocido
“boom inmobiliario” que remata, indefectiblemente (en el actual sistema
legal) en una “crisis” financiera y económica, cayendo la economía en
recesión. Tal es el caso del Japón a partir de la crisis ocurrida luego de su
“boom inmobiliario” hace unos diez años atrás.
(Joseph Stiglitz [22])

 La privatización de la renta es obra del sistema


Es necesario subrayar marcadamente que el extraordinario negocio que el
propietario hace -sea en el caso de venta o locación - no es efecto del
designio de los titulares del derecho de propiedad. Ocurre a expensas de
su voluntad, causado por un ordenamiento jurídico determinado. Es
indispensable hacer esta observación, porque hay teorías que por descuido
o falta de precisión atribuyen los pingües beneficios de los propietarios a
un plan por ellos pensado. Desde luego que el negocio de la especulación

17
con el suelo lo hace mucha gente de modo bien consciente. Tal es el caso
del financista internacional G. Soros que a fines de los 1990 viajo a Buenos
Aires para comprar cuatro manzanas en un barrio de la Capital por la suma
de 2,800.000 dólares, para venderlas pocos meses después en casi 11
millones de igual moneda. Es decir, que se alzó con una ganancia de casi 8
millones de dólares en un año con solo poner un par de firmas. Pero esta
especulación si bien ocurre por el “ojo de aguila” de los especuladores,
solo son posibles porque el sistema jurídico lo hace viable. Si el mal solo se
atribuye a la moral del especulador, jamás se alcanzará a comprender el
problema y mucho menos a resolverlo. Por el contrario, un mal diagnóstico
ha conducido a gobiernos bien intencionados a tomar medidas de las que
se puede decir , viendo los resultados generales , que el remedios fue peor
que la enfermedad (Carlos P. Carranza [3]).
Atribuir los malos efectos al “sistema” no significa ignorar que los intereses
creados por ese sistema oponen resistencia, en ocasiones una férrea
resistencia , a los cambios para poner fin a ese modo de obtener ganancias
sin trabajar. El ejemplo más notable entre nosotros, poco conocido, sucedió
durante la dictadura de Rosas. Sabido es que la Sala de Representantes, la
legislatura de su gobierno, no solo le era afín sino que en ocasiones llegaba
a la obsecuencia. Sin embargo cuando Rosas, bajo la presión de ciertos
apremios financieros en 1838 presentó un proyecto de ley para aumentar
el canon enfitéutico, la legislatura se rebeló, obligando al poderoso
dictador dar marcha atrás (John Lynch [13]). Por lo demás Rosas habrá
entrado pronto en razones pues era el más grande terrateniente del país.
Cabe ahora hacerse otra pregunta: Si el propietario no vende ni arrienda el
terreno de su propiedad ¿alcanza a gozar de los beneficios de la renta
fundiaria?
A primera vista pareciera que no es así. Sin embargo, corresponde hacer
algunas aclaraciones. En primer lugar, es verdad que no obtiene ningún
beneficio en dinero si nunca vende ni arrienda. Pero si el propietario usa de
la parcela desarrollando sobre ella su trabajo, tiene un beneficio: no tiene
que pagar -por el uso de esa parcela- el mayor valor de la renta fundiaria.
Si bien es claro que esa tierra valdrá cada vez más por obra del

18
crecimiento de la renta, el propietario no sufrirá los impactos de ese
crecimiento. Solo en sus especulaciones contables calculará estos valores
para apreciar la rentabilidad de su negocio. Es decir: revaluando para sí el
crecimiento del valor del inmueble. En consecuencia aumentará sus costos
en la medida que el mercado lo permita. En este caso con la venta de la
mercadería recibirá un plus extra beneficio: lo equivalente a la apropiación
de la renta del suelo cobrada a los consumidores en el precio. Es muy
frecuente ver en el centro de las grandes ciudades, que quien es dueño
puede vender sus productos a precios inferiores a los que lo hace la
competencia que paga alquileres. Como así también se puede ver como el
alquiler, en poco tiempo, arrastra a la quiebra a los jóvenes y entusiastas
emprendedores en los más diversos rubros, en especial, en el comercio,
pues este tipo de negocio tiene que instalarse en lugares adonde concurre
mucha gente, o sea en sitios donde la tierra es más cara. La legión de
jóvenes e incluso no tan jóvenes con “negocios en la vereda”, desde la
miriada de vendedores ambulantes hasta las extensas ferias de artesanías
y muchos “puestos”, en plazas y lugares de paseo público, son sido
causados por la imposibilidad de pagar el alquiler (Héctor Sandler [19])
Este beneficio comercial de ser propietario, dicho sea de paso, es una
de las razones de la persistente tendencia a ser propietario del inmueble,
aunque ésto le signifique, en un primer momento un fuerte desembolso de
dinero. Ésto es un despilfarro, pues bien podría aplicárselo a mejorar sus
instalaciones o al giro del negocio comercial. Se prefiere hacer ese gasto
(que es capital financiero congelado, tan necesario para el giro
empresarial) para no correr el riesgo que importa la locación y en cambio
aprovechar los beneficios que importa apropiarse de la renta del suelo.
Esta tendencia es contraria a la movilidad que debe privar en una
economía social e importa, como hemos dicho, un despilfarro al que
tienden productores y comerciantes por causa del sistema.
Las empresas constructoras de edificios con su misma acción suelen
provocar la “crisis de la construcción”. El asunto se vio con claridad cada
vez que se recurrió a la construcción como motor de la economía. La
construcción masiva de viviendas o caminos lleva a un inmediato aumento

19
del valor de las tierras. Las empresas dedicadas a esa actividad, cada vez
que construyen nuevos edificios en serie, ven pronto disminuir sus
ganancias, pues los terrenos que deben adquirir para poder seguir con su
actividad han subido de precio. En los años 1960 el gran impulso dado a la
construcción bajo el gobierno de Frondizi, terminó en fenomenales
quiebras de las empresas constructoras. Estos efectos son también
inconvientes para la marcha normal de la economía general. Como la
renta fundiaria, resultado del desarrollo social, sigue creciendo
inexorablemente, no son pocos los empresarios que luego de años de
trabajo y sacrificio -en el campo o en la ciudad- advierten que con la venta
del inmueble pueden ganar en un instante mucho más de lo que han
ganado en décadas de sufrido trabajo. Se genera y propaga un desánimo
empresarial. Producir deja de ser interesante. Una prueba pública de la
ventaja de ser propietario sobre la de ser industrial la hemos tenido a la
vista hace poco. Una antigua empresa de molienda (Molinos Morixe) cayó
en convocatoria de acreedores. Pese a la aceptación de su oferta de pago
con quitas y plazos, sus deudas no podían ser pagadas con la producción.
En cambio pudieron ser solventadas gracias al precio del terreno dónde
estaban las instalaciones de la fábrica. Una manzana, comprada a principio
de siglo por una monedas, a través del tiempo se valorizó a tal punto que
con su venta o traspaso se pagaron las cuentas. El terreno estaba tal cual
hacia un siglo; la única diferencia es que a su alrededor se había
construido el elegante barrio de Caballito.
Enorme cantidad de gente en plena juventud ingreso a la vida económica
con ímpetu empresario; pero el sistema los convirtió en especuladores del
suelo. ¿Qué enseñanzas pueden extraer las nuevas generaciones, savia
renovadora de la economía, de esta lección práctica de sus mayores? La
lección es tan simple como dañina para la sociedad y sus miembros: que
hay mejores formas de enriquecerse que trabajar, fabricar o comerciar lo
que la gente necesita. Lamentablemente sin una capa de emprendedores
entusiastas ninguna economía social puede ser poderosa y sin un vigoroso
orden económico un país vive en constante estado de postración.

20
En síntesis: la renta fundiaria es creada por toda la comunidad; pero por
obra de nuestro ordenamiento jurídico tiene como destino beneficiar a
quien es propietario del suelo. El beneficio se percibe en el momento de
vender la parcela; durante el tiempo por la que ha sido arrendada o
durante el tiempo en que la usa. Como la falta de uso de la tierra no causa
desapoderamiento ni trae otras consecuencias negativas, el derecho de
propiedad también sirve como una caja de ahorros para su propietario.
Esta consecuencia ocurre dentro de un organismo que se llama sociedad.
Así como un solo órgano enfermo tiene efectos catabólicos para todo el
organismo, esa mala conjunción entre la ley y la propiedad, lleva a la ruina
social.

 Efectos de la apropiación de la renta fundiaria por lo


particulares

El destino de la renta fundiaria de origen público causa tantos malhay


algunopuede ser considerado como un cáncer que corroe nuestra
sociedad. La afirmación puede parecer patética: pero es apenas una pálida
imagen de la realidad. En el estado actual puede afirmarse que sin una
corrección de aquel destino será imposible la solución de la mayoría de los
problemas económicos que nos afligen, individuales y colectivos.
Pero hay efectos peores que el malestar económico. La apropiación de la
renta fundiaria por los particulares no solo arruina al orden económico.
Impone maniobras de salvataje a todos los individuos, se trate de
empresarios, productores, comerciantes, profesionales, activos o jubilados,
pero sobretodo a los trabajadores asalariados y a la juventud que año tras
año ingresa a la actividad social adulta. Esas maniobras de salvataje
trastocan todos los valores espirituales necesarios para una vida civilizada.
A consecuencia de esta inversión de los valores, decaen la vida política, el
derecho e incluso los órdenes más excelsos de la vida humana: religión,
arte y ciencia. En medio de esta general decadencia de lo espiritual , no
puede asombrar que la vida social se deshumanice y la actividad
económica en lugar de favorecer la cooperación sea fuente de cerril

21
egoísmo. No solo domina una visión estrecha y burdamente materialista
sino que, además, aparecen pústulas sociales como el vandalismo, la
delincuencia, la mendicidad profesional, y la corrupción en todos los
niveles de la sociedad, particularmente en la esfera de lo público.
Estas pústulas, cuando aparecen a la luz, causan estupor primero y rencor
después. Cierto es que también convocan a la solidaridad para con
algunos de los más castigados. Pero a decir verdad podría decirse que el
crecimiento de organizaciones y conductas solidarias es directamente
proporcional a la ausencia de una sana organización de la economía social.
Por otra parte se trata siempre de un socorro parcial: millares inteligencias
frustradas, millones de emigrados, no reciben ningún beneficio de la
solidaridad. Se pasa por alto que es justo el orden económico el único lugar
en que los hombres pueden ejercer la efectiva fraternidad que exige la
condición humana. Ni el orden cultural ni el orden político-jurídico para
existir exigen de la fraternidad como ejercicio. Las distintas actividades
que se cumplen en el orden cultural requieren en modo principal de la
libertad del individuo para desarrollar su personalidad; el orden político-
juridico demanda la practica de la igualdad. Solo la economía social exige
para existir la cooperación entre los hombres. Esta cooperación puede
lograrse y de hecho se ha logrado y se logra aun hoy, por la fuerza, es
decir de manera forzada. Pero éste tipo de economía no sirve a la
sociedad ni al desarrollo de la persona. Una economía sana debe
apuntalarse en la fraternidad, porque la actividad económica sólo se da
con la de los hombres entre sí. (Rudolf Steiner [17]).
Para colmo, la falta de conocimiento sobre la causa originaria, hace que
muchos demanden una firme actitud de las autoridades e incluso una
franca represión para acabar con abundancia de mendigos, cargosos
vendedores ambulantes, usurpadores de viviendas, perturbadores
piqueteros, corrupción en el manejos de los subsidios sociales, etc. No
dejan de tener razón cuando sostienen que no son propios de una sana
vida social tales hechos. Pero olvidan que la Argentina ha vivido muy
dolorosamente el fracaso de las soluciones de fuerza. Lo que debiera
llamar la atención es que ahora esta viviendo el doloroso fracaso de su

22
opuesto: la democracia reinstalada en 1983. Aunque parezca absurdo
aquellos males son indiferentes al orden político que se instale y a quienes
ocupen los cargos que ofrece. Clara señal que la causa originaria de tantos
males ha de estar en algún punto menos visible del jurídico. Menos visible
no tanto porque esté oculto, sino por no tener preparada la visión para
verlo (Héctor Sandler [20])

 La privatización de la renta fundiaria rebaja los

salarios y los intereses

El peor efecto de la privatización de renta fundiaria es que rebaja


constantemente los salarios de los trabajadores, sea de la clase que
fueren.
En una investigación de Roberto Cortés Conde, analizando la causa
de la expansión agropecuaria en los años que corren desde 1890 y 1910,
dice textualmente: La expansión de la población rural hacia zonas cada vez
mas alejadas se realizó a instancia de dos factores: el continuo agregado
de población en el país que se iba encontrando con mejores tierras ya
ocupadas, y por otro lado a los mayores beneficios que prometían la
tierras nuevas por ser más baratas.
Esta frase señala un fenómeno económico olvidado entre nuestros
estudiosos y estadistas: las tierras de campo baratas -eso ocurre siempre
con las nuevas- cuya renta fundiaria es baja cuando no nula, permite
mayores beneficios en la explotación, o sea a la empresa agraria. De igual
importancia es lo que agrega Cortés Conde: Ello (los mayores beneficios)
justificó que se abonaran salarios más altos en las zonas más
alejadas, a pesar que allí se pagaran menores precios por los
cereales.
El hecho es suficientemente importante e ilustrativo de lo que nos
ocupa, y merece ser examinado con alguna detención, toda vez que, a
primera vista, pareciera imposible que con precio más bajo para el cereal
los beneficios fueran mayores y también -correlativamente- los salarios.
Sin embargo, ésto es producto de una ley lógica, que la experiencia

23
corrobora y que los actuales pensadores ignoran. Esa experiencia
argentina, relacionada por Cortés Conde, debiera gravarse a fuego en la
mente de todos los que se preocupan por la suerte del campo. A la luz de
esa experiencia, de ninguna manera la caída de los precios de la
producción agrícola es primera causa del malestar agrario. El examen de la
situación debe comenzar por revisar el orden interno en cuanto no permite
producir, pese a la feracidad de las tierras, a precios competitivos en el
mercado mundial. Cierto que el “proteccionismo” norteamericano y
europeos es una barrera también. Pero su causa es justo el mal sistema del
régimen de la tierra en ambas regiones.
La producción económica de bienes - más allá de las complejidades
económicas que impone la siempre creciente división social del trabajo y
de la sofisticación que exige la técnica moderna - es fundamentalmente la
aplicación de trabajo humano a la tierra auxiliado con bienes de
capital real. Podemos graficar este pensamiento con una sencilla fórmula,
en la que P es la producción o riqueza, T es el trabajo, C el capital real y N
la naturaleza o tierra, del siguiente modo:

P = T+C+N

Para que el flujo producción / consumo conocido por "actividad


económica" o "proceso económico" sea continuo, la producción P (totalidad
de cosas producidas) debe ser repartida entre quienes, según el
ordenamiento jurídico, son los dueños de cada uno de los tres factores de
la producción. Una parte a los trabajadores (tomado él termino en el más
amplio sentido, es decir como aportadores de trabajo intelectual y físico,
desde el peón hasta el director de la empresa productiva ); otra parte los
dueños del capital real (cosas físicas producidas por los hombres en
procesos anteriores) y finalmente una tercera parte a los dueños de la
naturaleza, tierra o espacio económico. Manejamos una hipótesis gruesa,
en la que no hay dinero (valores de obligación) que represente a las cosas
producidas a fin de mostrar claramente la anomalía principal de nuestro
orden económico por causa del ordenamiento jurídico.

24
Si a cada una de las partes le damos los nombres corrientes , la
producción P debiera repartirse en tres partes; a) Salarios, o alícuota parte
correspondiente a los aportadores de trabajo; b) Intereses o alícuota parte
correspondiente a los aportadores de capital y c) Renta fundiaria o alícuota
parte correspondiente a los dueños de la tierra. La distribución de la
producción puede representarse mediante esta ecuación:

(1) P = S+I+RF
Esta ecuación nos permite afirmar lo siguiente:

(2) P-RF = S+I

La ecuación (2) leída literalmente expresa:


"La cantidad de cosas producidas (P) menos la cantidad de cosas
producidas entregadas al propietario del suelo (RF) es igual a la cantidad
de cosas entregadas a los trabajadores (S) más lo entregado a los
inversores de capital (I).
Si la cantidad de cosas que se le entrega al propietario aumenta,
disminuye lo que resta para trabajadores e inversores. En el punto de la
curva en que todo P sea entregado a los dueños del suelo, nada quedaría
para repartir entre los trabajadores e inversores. Allá en donde las
circunstancias eximan de entregar algo a los dueños del suelo (frontera de
tierras libres) , el total producido P se reparte exclusivamente entre los
trabajadores e inversores de capital. Ese punto se llama punto de máximos
ingresos para el trabajo y el capital.

Esta ecuación explica lo que llamara la atención a Cortés Conde. En la


historia argentina en el caso de tierras muy baratas, es decir de escaso o
nulo valor de la renta fundiaria, los ingresos (llamados por él beneficios)
tenían que ser altos. La baratura del suelo permitía pagar salarios más
elevados a pesar que el precio de venta del grano era inferior al de
producido en otros lugares del mundo. La cosecha de esos sitios
extranjeros tenían mayores precios, pero los beneficios eran menores,

25
porque la renta fundiaria de esas tierras era mayor y los dueños absorbían
gran parte del producto. Esto sucede aun hoy. Si el Mercado Común
Europeo y los EEUU cierran las puertas a los productos agrarios argentinos
mediante el proteccionismo aduanero, es porque pese a nuestro
defectuoso sistema, aun siguen siendo los nuestros más baratos. Y si en
ambos mercados el Estado debe subsidiar a los productores agrarios, es
porque los propietarios del suelo embolsan gran parte de la renta fundiaria,
a punto tal que de no ser subsidiados, los precios para el consumidor
interno se irían por las nubes. Sea esto dicho al pasar para recordar que
tampoco es bueno el sistema actual de propiedad de la tierra vigente en
los EEUU y en Europa.
La formula (2) revela otro hecho muy importante, desvirtuado por los
slogans políticos. Contra lo que habitualmente se sostiene no hay una
contradicción necesaria entre el trabajo y el capital, sino de ambos con la
renta fundiaria.
Debe advertirse, además, que del trabajo de Cortés Conde surge que
esos salarios eran superiores a los que se pagaban en otras zonas muy
productivas del mundo y más adelantadas que nuestro país. En efecto, los
años tomados en cuenta por el historiador nombrado fueron aquellos de la
masiva inmigración a la Argentina proveniente de países de ultramar; entre
los que se encontraban España, Italia, Austria, Prusia, Francia, Polonia,
etcétera. Ninguno de estos países podían ser considerados
subdesarrollados en el sentido en que actualmente se usa el término.
Cualquiera de ellos contaba con una cultura milenaria y de algunos
habíamos obtenido nuestro propio acervo cultural. España, entre otros,
seguía siendo un país imperial y hasta un siglo atrás ella gobernaba gran
parte del mundo. Sin embargo, sus habitantes no dudaron en abandonar
aquellas “cunas de la cultura occidental”, sin que pudieran retenerlos el
hecho de que sus patrias fueran orgullo de la civilización. Rompiendo con
ancestrales raíces, con lazos familiares, viajando hacia lo desconocido,
muchas veces en condiciones infrahumanas, prefirieron venir a poblar
nuestro país. La razón es sencilla: allá formaban parte del ejercito de

26
trabajadores de reserva; aquí esperaban ser hombres libres. Es decir vivir
de su trabajo con mayor bienestar.
La Argentina de entonces como todos los países nuevos, con tierras
abundantes y baratas, brindaba la posibilidad de más altos salarios que
aquellos viejos y desarrollados, incluyendo la poderosa potencia imperial
Inglaterra.

 Las tierras baratas invitan a poblar el país

No puede omitirse con ligereza este hecho fundamental: un país


nuevo como el nuestro, saliendo de guerras externas e internas , aun en
lucha contra el indio, sin capitales reales y con falta total de lo que hoy se
llamaría infraestructura y confort, se constituyó en un formidable polo de
atracción para todos los pueblos del mundo. El trabajo altamente más
retribuido que en sus respectivos países, fue el imán que los trajo a nuestra
tierra.
Se dirá: es que en aquellos países la población era excesiva y los
trabajadores abundantes, mientras que en el nuestro era escasa la mano
de obra. De acuerdo. ¿Pero abundancia y escasez en relación a qué? Si se
dice que en relación al territorio - como dimensión geográfica- la
afirmación carece de valor. Es innegable que esa relación sigue mostrando
hoy en día nuestro país está todavía absolutamente vacío. En más de 2,7
millones de kilómetros cuadrados - tomando como dato la densidad de
cualquiera de aquellos países suministradores de población- la Argentina
debiera tener entre 200 y 600 millones de habitantes. Con solo 36 millones
actualmente la inmigración no debiera haber cesado, sobretodo teniendo
en cuenta que "sobra" gente en la mayoría de los países del mundo,
incluyendo Europa.
Pero si en lugar de considerar la dimensión geográfica tenemos en
cuenta los valores económicos de la tierra, entonces otra es la conclusión.
Teniendo en cuenta este factor puede decirse que efectivamente las
condiciones han cambiado radicalmente comparadas con las de aquella
época. La vertiginosa valorización del espacio argentino, por la presencia

27
masiva de nuevas poblaciones e inversión de capitales reales, conforme a
la fórmula indicada al comienzo, generó desde el vamos la tendencia a
frenar el ingreso de trabajadores e inversores. El freno se aplicó
automáticamente por causa de la autorizada apropiación de la renta del
suelo por los propietarios con más el sistema de impuestos creado para
solventar los gastos del Estado.

 El desorden lo causa el ordenamiento jurídico

Al no implantarse como recurso principal del Estado el sistema de


recaudación de la renta fundiaria (idea, central de la Enfiteusis de Mayo) la
tierra se convirtió en objeto de especulación. El Estado forzosamente hubo
de recurrir a uno de los más antiguos inventos en esta materia: los
impuestos. Haciendo uso del poder legislativo el Estado produce actos
confiscatorios de lo que es propiedad de los particulares por causa de su
trabajo.
Hoy los salarios reales de los trabajadores están tan deprimidos que
son inferiores a la mayoría de los países desarrollados del mundo, en
condiciones comparativas semejantes al nuestro. Los valores del suelo han
seguido creciendo a la par de la carga impositiva. En consecuencia el
trabajo esta sujetado entre dos zapatas: por abajo el creciente valor de la
tierra; por encima el peso de los crecientes impuestos.
Dando la espalda al problema del destino de la renta fundiaria y sus
consecuencias, trabajadores e inversores de capital, empresarios y
asalariados, están condenados a enfrentarse como perros y gatos, en vana
lucha para disputar sobre el remanente de la producción. No habrá
sindicatos ni ligas patronales que puedan evitar ésto. Los contendientes
ignorantes de la causa que los enfrenta, en lugar de usar su poder
democrático para darle justa solución y lograr establecer la cooperación
que la economía exige, buscan celebrar por separado alianzas con el
gobierno político para lograr por la fuerza mejorar su lastimosa situación.
Unos logran imponer mediante leyes laborales algunas mejoras sectoriales
que la economía general acaba por destruir. Los otros buscan de mil

28
modos lograr leyes de privilegio para no pagar impuestos y, si es posible,
lograr una posición monopólica en el mercado interno o incluso en el
mercado regional si este se establece. Los gobiernos ignorantes también
de la cuestión central, no alcanzan a resolverla. Según las circunstancias y
las personas los gobiernos argentinos se bambolean entre un
irresponsable populismo o un insensible ajuste del cinturón de los
ciudadanos.
Esta debilidad intrínseca convierte al país en campo orégano para
explotadores multinacionales. Con su base económica en regiones menos
deteriorantes, usan de su fuerza financiera para manipular gobiernos , la
enseñanza superior y la opinión pública y finalmente para hacer aquí
negocios que no podrían hacer en sus países de origen.

 La apropiación privada de la renta fundiaria arruina la

sociedad

Cuando el espacio económico argentino estuvo totalmente ocupado


en términos jurídicos, luego de las primeras corrientes inmigratorias y la
llegada de grandes capitales reales, facilitado por la baratura del suelo, se
produjo un gigantesco crecimiento de la producción. Pero este crecimiento
de población trabajadora y de capitales reales, además de aumentar la
producción para el consumo interno y la exportación, causó un inmediato
aumento de la renta fundiaria. Cada población que se instalaba, cada
colonia que se implantaba, cada ferrocarril que se trazaba, cada ciudad
que se ensanchaba, producía un fantástico crecimiento de los valores de la
tierra. Esto despertó la preocupación de algunos argentinos que veían en
este forjar rápidas y gigantescas fortunas algo irregular, que a la corta o a
la larga habría de costar muy caro al país.
Suele sostenerse que como la Argentina organizó su producción para
el mercado externo, exclusivamente, lo cual es relativamente falso, pues
de otro modo hubiera sido imposible dar abasto a los millones de seres que
se instalaron en el país. No obstante las condiciones descriptas habrían de

29
construir un tipo de país “fabricante para el mercado internacional”. Ya en
1900 la Argentina pisaba fuerte en el mercado mundial de productos
agrarios, lo cual no significa que su sociedad toda haya disfrutado de esa
posición. No es sorprendente entonces que al producirse la quiebra del
mercado internacional, primero en 1914, pero substancialmente a partir
del crack de 1929, nuestro país quedara con un orden económico privado
de su sentido fundamental. Por esta razón se suele fijar el mojón de la
detención del proceso de crecimiento argentino en 1930. Sin embargo si
pensamos en los efectos del encarecimiento del espacio económico a fines
del siglo XIX, hay que sospechar que el sobrante de mano de obra, una
caída de los salarios y los réditos de la inversión y consecuentemente una
detención del desarrollo, debió producirse mucho antes.
Por empezar no puede pasarse por alto que hubo una gran crisis en 1873
causada por una especulación que “se dirigió principalmente sobre la
propiedad raíz, elevando su precio fabulosamente” ( Jose Panettieri [15]).
Le siguió la nombrada crisis de 1890 en la que la especulación inmobiliaria
no fue ajena (José Panettieri [16]) . Pero por otra parte hay estudios
importantes que revelan que la crisis empezó mucho antes que en 1930.
Alejandro E. Bunge, en 1923 descubría quince años de paralización
anteriores a la fecha de estudio: Con ser notable entonces el crecimiento
de la población el de los factores económicos lo superaba en casi cuatro
veces. Es decir que al principio de 1860 por cada habitante que se
incorporaba, la producción se multiplicaba por cuatro. En cambio, agrega,
en estos últimos quince años se crece el equivalente de la población, lo
cual representa una paralización efectiva. Bunge descubría que la
paralización efectiva había comenzado a ocurrir quince años antes a la
primera guerra mundial. La fijaba alrededor de los años 1907/1908, al filo
del Centenario. ¿ Qué es lo que había reducido tan manifiestamente el
rendimiento de la población y de los capitales?
Los capitales no habían dejado de llegar y mucho menos los inmigrantes.
Pero rendían cada vez menos. El costo económico de la tierra - por obra de
la renta fundiaria- estaba produciendo sus funestos efectos. En 1907
estalla una huelga de inquilinos en la Capital motivado por el elevado

30
precio de los alquileres ( Juan Suriano [23]). En pocos años más (1912), en
el campo, se oiría el Grito de Alcorta. Una masiva rebelión de arrendatarios
de chacras en la provincia de Santa Fe asfixiados por los altos precios de
los arrendamientos que cobraban los propietarios (Plácido Grela [8]).
No mucho después el país sufriría la huelga de los trabajadores industriales
de los talleres Vasena en la Capital, con la sangrienta represión recordada
como la Semana Trágica ( 1919). Los trabajadores urbanos sobraban cada
vez más en el país. Apenas comenzada la década de los 1920, acontecen
los dramáticos hechos descriptos por Osvaldo Bayer en su saga sobre la
rebelión de los trabajadores laneros en la Patagonia que terminó con el
fusilamiento de la mayoría de ellos. En 1923, Las huelgas azucareras de
Tucumán (Daniel Santamaría [21])
¿Es serio afirmar que la crisis argentina comenzó por la crisis mundial de
1929? Cierto es que con la caída vertical de la exportación habrían de caer
los principales ingresos del tesoro nacional consistentes en derechos
aduaneros, de los cuales – dicho sea de paso - se apropió definitivamente
en desmedro de las provincias por la reforma de la Constitución en 1866
(Isidoro Ruiz Moreno [18]). Pero la postración argentina había comenzado
medio siglo antes, cuando el alud de inmigrantes y la enorme inversión de
capitales , posible gracias a la incorporación de millones de hectáreas tras
la campaña al desierto comandada por Roca. El país se engrandeció
territorialmente en más de 15.000 leguas cuadradas. Una legua cuadrada
son 1600 hectáreas, lo que equivale decir que el territorio se agrandó en
alrededor de 24 millones de hectáreas. Entre el acaparamiento y la
colonización no podía dejar de producirse el "boom" de los valores
inmobiliarios. Valores que no son riqueza - como hemos visto - sino
créditos que la gente debía pagar para acceder al suelo por compra o
alquiler. No se alcanza a comprender éstos efectos sin, al menos, dar un
vistazo a la próspera Argentina de 1910.

 Efectos de la especulación del suelo al fin del siglo XIX

31
La increíble ola especulativa en tierras y sus efectos al filo del Centenario
puede apreciar en el colorido aguafuerte del francés Jules Huret que nos
visitara para ese entonces. Unos pocos párrafos reflejan que existiendo el
mismo derecho y similitud de situaciones, el mal continúa.
Para apreciar una ciudad como Buenos Aires, narra el cronista, hay
que saber que en 1870 no tenía más que 175.000 habitantes mientras hoy
tiene 1 millón 300.000. Las anécdotas más comunes y el fondo de toda
conversación, se refieren a las fortunas hechas en diez años, a los
emigrantes de ayer, hoy millonarios, a las vastas regiones que están por
desmontar...a los terrenos a adquirir a 20 pesos la hectárea y que valdrán
200 dentro de cuatro años. Al perspicaz cronista no se le escapa lo que
está pasando: Casi todas las grandes fortunas tienen, en efecto, su origen
en el mayor valor de los terrenos...A la hora actual los que mas pronto se
enriquecen no son los industriales, sino los propietarios, los especuladores
y los bancos. Es tan cierto que un comerciante enriquecido por el negocio ,
se apresura a comprar tierras. Si es listo , en muy pocos años dobla o
triplica su fortuna [10](p. 577/578).
Pero el festín no es para todos: Los barrios obreros están formados por
casas miserables... que se llaman en la Argentina conventillos... tugurios
oscuros y sin aire que son las habitaciones. Lo verdaderamente
escandaloso es el alquiler que pagan los 50 infelices que viven en tales
antros [10](p.137).
Sin embargo hay gente pobre que está peor. En esta ciudad que progresa
desde hace treinta años, aun quedan por hacer muchas cosas. El barrio de
San Cristóbal , llamado barrio de las Ranas , es un vestigio persistente del
Buenos Aires de antaño. Allí se refugian los miserables refractarios a la
asistencia pública, los libertarios que prefieren la miseria y la
independencia ...La arquitectura de sus viviendas es el "estilo lata de
petróleo" ...El Trust del Standard Oil ha proporcionado casi todos los
materiales...(p.78). Se ve a toda esa población compuesta de rufianes y
prostitutas sentados a las puertas de sus casuchas tomando mate y
alrededor de ellos montañas de inmundicias y basuras que los carros van a
vaciar allí incesantemente [10](p.79).

32
Contrafuerte de una ciudad en la que a pocas cuadras, en la Plaza San
Martín , aparece como un barrio de suntuosas moradas de la gente rica de
Buenos Aires , de la aristocracia como dicen aquí: hoteles de los Alvear,
Bary, Anchorena, Cobo, Casares, Unzue, Quintana y Pereyra. [10](p.89).

Al aprovechar la tierra como objeto de comercio y no recaudar la


renta del suelo el derecho de propiedad, se transforma en un mecanismo
para vivir del trabajo ajeno. Nos ilustra sobre este fenómeno el señor Huret
narrando el caso de quien fuera Vicepresidente de la República Victorino
de la Plaza. Compró al Estado 20 leguas de terreno al Sur de la provincia
de Buenos Aires a 2000 francos. Después marchó a Inglaterra donde
permaneció algunos años. Durante su ausencia se empezaron a cultivar las
tierras vecinas y se construyeron algunos ferrocarriles. Cuando volvió a la
Argentina se le ofreció 150.000 francos por cada legua. Los agricultores
italianos y los capitalistas ingleses habían trabajado para él [10](p.580)
Hemos transcripto las investigaciones de Bunge y las constataciones de un
visitante extranjero, pues desde la investigación y desde el testimonio dan
cuenta del cáncer que corroe a la sociedad argentina desde la organización
nacional.

 La privatización de la renta fundiaria genera sistemas

violentos

La privatización de la renta fundiaria no solo achica los ingresos de


trabajadores e inversores y torna escaso el espacio económico por causa
de su mayor valor y su acaparamiento, sino que por vía de efectos
derivados produce hondas transformaciones económicas, sociales y
políticas que tienden a independizarse y a obrar como causas autónomas
en la configuración del orden social.
Se produce un excedente de trabajadores que no pueden aportar su
capacidad al proceso productivo. Las nuevas generaciones o las nuevas
oleadas inmigratorias de trabajadores encuentran que tampoco pueden
acceder fácilmente al espacio. La inmigración cesa. Pero las fuerzas vitales

33
que gobiernan al comportamiento humano determinan que sigan viniendo
nuevos seres a este mundo y a pesar que la tasa de natalidad se reduzca
drásticamente, al tiempo que aumenta la de los abortos y la mortandad
infantil, el saldo neto de crecimiento vegetativo alcanza al 1% anual. Sobre
una población de 36 millones significa que cada año unos 360.000 niños se
incorporan a nuestra población, que por la diversidad de sexos, en dos
décadas formarán alrededor de 150.000 hogares. Por mínima que sea esta
tasa , dada la barrera que constituye la renta fundiaria, ese modesto
crecimiento es una fuerza tremenda, que a semejanza de la ley de Boyle-
Mariotte, fijo el volumen (espacio económicamente alcanzable) , provocará
una elevación de la presión social (conflictos latentes) que causará no
pocos estallidos en el orden (manifestaciones y choques violentos).
El capital real carece también de nuevas oportunidades de inversión
y sus ingresos disminuyen lo mismo que los salarios de los trabajadores.
Es partir de entonces que rápidamente operan fuerzas tendientes a
asegurar la sobrevivencia de los miembros de la sociedad asfixiados por el
sistema. Cambia notoriamente la estructura de la sociedad: de una
sociedad razonablemente abierta se pasa a una cada vez más cerrada; sus
miembros no encuentran horizontes para desarrollarse según sus naturales
inclinaciones. El fenómeno de poder comienza a dominar en todas y cada
una de las relaciones sociales. Los más perspicaces pronto advierten que
solo una suficiente concentración de poder en sus manos , el goce de
privilegios especiales, el dominio monopólico del mercado y si es posible el
apoderamiento del aparato del Estado , por sí o por elementos afines ,
puede asegurarles ingresos que les permitan llevar sus planes y vivir a
tono con las formas más refinadas de la civilización de su tiempo.
Respetando el sistema de la apropiación privada de la renta fundiaria, las
empresas y el capital tienden a tener un poder monopólico en su campo de
actuación; a igual que los trabajadores asalariados , con la diferencia que
la organización de estos últimos suele ser más lenta y a veces deben
sobreponerse a la represión de los gobiernos. Respetando la privatización
de la renta fundiaria los beneficios del empresario se logran a costa de los
trabajadores; el capital en su forma de capital financiero es escurridizo.

34
Como el recorte recae sobre el salario de los trabajadores, éstos entran en
conflicto abierto con los empresarios y los capitalistas en general, pues en
ellos visualizan la fuente de su malestar. Por lo demás carecen de una
teoría capaz de exponerles la raíz inmobiliaria del conflicto. Los
trabajadores no distinguen entre empresario, inversor de capital y
capitales en posición monopólica y quien lucra con la renta fundiaria.
Muchas veces se trata de las mismas personas ejerciendo esos diferentes
roles. La explotación de los trabajadores asalariados se manifiesta en la
caída de sus ingresos lo que se da sobretodo cuando la desocupación
emerge como la peor amenaza que asecha.
La relación laboral que debiera ser de cooperación, pasa a ser latente y
permanentemente conflictiva. La cosa empeora cuando una concepción
del mundo tipo "amigo / enemigo" se instala en la sociedad. Por el lado de
los afortunados, se crean ideologías que confirman su propia superioridad,
justificando enormes ingresos, miles de veces superiores a los de los
infelices incapaces de salir de pobres. En cuanto a éstos también se
forman prejuicios deletéreos para un orden social de cooperación. Se
alcanza el colmo cuando en cada campo adversario se llega a pensar
cuánto mejor estaría en el país sin “los otros”, aquellos visualizados como
el enemigo nato. Tales prejuicios por malos o erróneos que fueren son
pensamientos operativos que condicionan la realidad. Al fin de un relativo
largo proceso las clases enfrentadas quedan constituidas en la realidad
social (sobre el pensamiento como conformador de la realidad, David Bohm
[1]) .
Por el lado de los trabajadores asalariados, que es la mayoría de la
población, se generan muchísimas deformaciones. El peor es el repudio al
trabajo como instrumento para ganarse el pan. Una sorda antipatía para
con los empresarios en general domina en el animo de la mayoría de los
trabajadores, aun cuando lo consideren un "dador de trabajo". Esta
antipatía latente es como una herida mal cerrada que en cualquier
instante puede infectarse, lo que hace de la relación laboral así constituida
algo conflictivo por naturaleza, hecho que mina lentamente a la economía
social. Otro efecto es la creencia por parte de los asalariados - creencia

35
que se propaga por toda la sociedad - que el trabajo con el cual uno se
gana la vida, debe ser "dado" por alguien. No es extraño que los
trabajadores se forjen la ilusión de que el Estado es el más importante
"dador de trabajo". Esto tiene funestas consecuencias no solo en la
economía sino en el estilo que toma el orden político y la degradación de la
moral social. La sorda hostilidad de los trabajadores comunes contra todo
aquel que desempeñe el rol de empresario es un mal ambiente moral,
muy poco propicio para que se desarrolle una vigorosa juventud
empresaria, indispensable para establecer una economía de mercado
autosustentable. No puede dejarse de citar una general esperanza puesta
en otro título: “el diploma”, obtenido tras cursar largos estudios, no
cumplidos para saber, sino para obtener una mejor oportunidad para vivir.

 Erróneas teorías provocan profundos conflictos

sociales

Es importante destacar estos efectos derivados del bloqueo del espacio,


porque en el supuesto que se adoptaran nuevas leyes para que éste sea
accesible, ellas no serán suficientes para el cambio en tanto subsistan
aquellos sentimientos afincados en la sociedad desde hace más de un
siglo. Habrá que apelar a una educación específica para lograr un
saneamiento espiritual que permita a todos visualizar por igual la
perversidad que implica el apoderamiento privado de la renta fundiaria y
los requisitos de conocimiento y de conducta para estructurar un nuevo
orden. En verdad, tras un siglo de perverso sistema no basta con
cambiarlo. Tienen razón quienes dicen que “sin la creación de una
conciencia ciudadana, la Argentina podría sufrir un derrumbe peor”
(Monseñor Carmelo Giaquinta, Presidente de la Comisión Episcopal
Pastoral, La Nación, octubre 8,2003, p.6 [26])
Los trabajadores asalariados desde un comienzo se organizaron y
constituyeron en sindicatos y centrales obreras con el objetivo de gozar de
un poder equivalente al de los capitalistas y empresarios con el fin de
mejorar sus salarios y condiciones de trabajo. Reacción explicable si se

36
tiene en cuenta las relaciones violentas que se han ido conformando por
causa del acaparamiento de tierras y la apropiación privada de la renta
fundiara . Son estos actos extremadamente violentos. Basta con imaginar
la violencia estructural que se establecería si alguien pudiera monopolizar
el aire que respiramos para vendérnoslo en el mercado ( Ian Lambert [11]
y Fred Harrison [9]). Pero lo grave es que muy pocos, si alguno, tiene
conciencia que las relaciones violentas entre capitalistas y empresarios por
un lado y trabajadores asalariados por el otro tienen origen en el sistema
de propiedad inmobiliaria. ¿Quién piensa en la relación que existe entre la
creciente violencia en la sociedad argentina (asesinatos, robos, secuestros
y corrupción) y en el sistema de propiedad del suelo?. Nadie conoce el
siguiente pensamiento científico:
“¿De dónde vendrán los nuevos bárbaros? ¡Pasad por los barrios
miserables de las grandes ciudades, y desde ahora podréis ver sus hordas
amontonadas! ¿Cómo morirá la ciencia? ¡Los hombres dejarán de leer y
con los libros encenderán o los convertirán en cartuchos!. (Henry George,
[32])
El enfrentamiento empresarial / sindical se debió a la progresiva
concreción de hechos dañinos que ambas partes se infligieron (y a aun se
causan), pero mucho más por las visiones erróneas sobre las causas
profundas del conflicto. Ninguna de ellas, sobretodo en los sectores
urbanos, tuvo en cuenta la cuestión del acaparamiento de la tierra, la
apropiación privada de la renta fundiaria y la expoliación impositiva del
Estado. En sus visiones erradas jugó un papel importante la teoría
económica a la que apelaba como un catecismo cada una de las partes.
Los empresarios e inversores de capital explicaban la economía, en una
primera etapa, desde el punto de vista de la Riqueza de las Naciones de
Adam Smith (1853/1945), y en una segunda, desde la perspectiva
neoliberal iniciada por Alfred Marshall y cultivada por los economistas
norteamericanos (M. Gaffney-
F. Harrison, [7]) , todos los cuales se caracterizan por ignorar,
menospreciar o ignorar por completo las cuestiones de la tierra, la renta
del suelo y los impuestos (Así Peter Schumpeter [29]). Los trabajadores

37
argentinos por su lado, en un una primera etapa (1890/1945) veían las
cosas desde el punto de vista de la teoría de El Capital de Carlos Marx, y en
la siguiente, a partir de l945, desde el punto de vista de los discursos y
hechos del presidente y líder Juan D. Perón, quienes a su modo también
daban por sentado “a priori” el enfrentamiento entre el capital y el trabajo,
solo que Perón sostenía que podían ser conciliados mediante la férrea
acción del Estado convertido en el tercer vértice de un triángulo. Para
ambas posiciones aquellas tres cuestiones (el acaparamiento de tierra, la
apropiación privada de la renta del suelo y la exacción impositiva del
Estado), no eran operativas.
¿Con tales concepciones de la vida social, cómo esperar que se lleve
adelante un cambio que ponga fin al desorden crónico y una paz social en
que la cooperación humana - aprovechando los ingentes recursos naturales
de nuestro territorio - pueda dar sus frutos?

 La producción aumenta pero también la brecha

entre ricos y pobres


En términos absolutos por razones tecnológicas, científicas y de
refinamiento de las instituciones, la riqueza producida ha crecido a través
del tiempo, lo que traduce en mayor capital disponible y en la medida que
las circunstancias favorezcan el empleo de trabajadores y capital, crece el
bienestar general. Pero en tanto subsista la trilogía "acaparamiento de
tierras-privatización de renta fundiaria- impuestos", el crecimiento de los
salarios de los trabajadores no es correlativo al crecimiento de la riqueza.
La vigencia de las fórmulas expuestas más arriba (1) y (2) muestra que la
alícuota parte de los trabajadores e inversores es cercenada por la
apropiación privada de la renta fundiaria en cada tramo del proceso de
producción. De modo que un aumento general de la producción no
importa, de suyo, un aumento proporcional -como correspondería en otras
condiciones- de los salarios de los trabajadores e inversores de capital en
cuanto agentes de ese incremento de riqueza; pero sí un mayor
incremento de los ingresos de quienes se apropian de riqueza que no
contribuyeron a forjar mediante distintos recursos.

38
En primer lugar por apropiarse de la renta del suelo; pero también por
gozar de monopolios, privilegios y posiciones preferenciales de toda clase
generadas dentro la distorsionada organización de la sociedad que
permite la apropiación privada del la renta fundiaria. Dada la complejidad
de la organización de la sociedad humana es imposible determinar
individualmente con exactitud si cada uno recibe lo que le corresponde en
función de lo que aporta con su trabajo o capital a la producción de
riqueza. Sin embargo, tomando los grandes conjuntos, si el producto bruto
per cápita de la sociedad crece y en lugar de un mejoramiento general de
la vida de todos, lo que aparece es una franja de gente opulenta
distanciada de otra mucho mayor de gente trabajadora pero menesterosa,
hay que sospechar la existencia de alguna estructura del orden que
impone esa crónica injusta distribución de la riqueza.
Importa poner en claro esta realidad si se aspira a contar con un
propio mercado de consumo. Un reducido número de propietarios de todo
el territorio nacional , beneficiario de la renta fundiaria que sobre él se
acumula, por mucho que consuma no es un mercado interno dinamizador
de la economía. Pueden forjar una clase económica y políticamente
poderosa; pero no alcanza para constituir un mercado de consumo
nacional al que se destinen los productos que puede producir el país. Por
mas que aquella clase opulenta hiciese ingentes consumos, el resto de la
población -numéricamente mucho mas importante-, con sus salarios
deprimidos , conforman un mercado consumidor interno de escaso poder
adquisitivo. En consecuencia el aparato productivo se volcará a mercados
externos, haciendo de la Argentina un país substancialmente exportador.
Este sesgo ha dominado y domina hoy en la historia argentina.
Esta marca cultural, de fundamento material, es tan honda, que los sueños
de crecimiento de la Argentina están siempre atados a la exportación de
bienes, como si fuese Hong Kong u otro puerto semejante. En verdad, un
país con una ciudad puerto de habitada a razón de 15.700 personas por
kilómetro cuadrado y la mitad de su población total concentrada en la
estrecha franja de corre de Buenos Aires a Rosario, con una enorme
capacidad de producción dada la feracidad de sus tierras , pero

39
prácticamente vacías de gente , tiene que depender de la exportación. No
es un país, es un puerto.
El daltonismo visual sobre este asunto es propio de todos los países
latinoamericanos con la única excepción, según algunos, de Costa Rica,
distinguida en el continente por un aceptable reparto de la tierra (James
Busey [2]). En el Afán de exportar lo que sus propios pueblos no pueden
consumir, cada país latinoamericano "cree que es más verde el pasto del
otro lado de la frontera" y a resulta de ello sus diplomacias trabajan a
fondo para forjar mercados arbitrarios como el MERCOSUR. Para estos
constructores de mercados regionales parece no tener importancia alguna
que en Brasil deambulen 20 millones de hambrientos sin tierra, que en
Argentina un tercio de su población esté ubicada por debajo del nivel de
pobreza extrema, que la mitad de la población del Uruguay se haya
diseminado por el mundo y que en Paraguay pululen tanto los latifundios
como los empobrecidos. Se comprende que industrias nacidas y protegidas
en países bajo tan inhóspitas condiciones busquen con verdadera
desesperación la protección de los Estados para poder colocar sus
productos. Lo que no se alcanza a comprender es la no percepción de la
realidad que acabo de describir, hecha pública por la Iglesia en
importantes documentos difundidos en países con amplia mayoría de
católicos (así, El reto de la Reforma Agraria, producido por el Pontificio
Consejo de Paz y Justicia, Enero de 1998 [28]) . Es este otro hecho que
prueba que la carencia de una teoría acertada no deja ver la realidad.

 Si no se recauda la renta fundiaria hay que crear

impuestos

Hasta el año 1930, pese a periódicas dificultades, el Estado nacional


argentino afrontaba el gasto público en forma principal con los impuestos a
la exportación e importación. Era la lógica de un país escasamente poblado
pero gran productor de mercaderías con demanda mundial. Esto se puede
presentar de otra manera: los compradores extranjeros con las tarifas
arancelarias que pagaban al comprar contribuían a sostener el gasto

40
público en importante proporción. Se explica entonces que en el interior
del país no solo los terratenientes se embolsaran la renta fundiaria sino
que la población en general pagara pocos impuestos. Pero alrededor de
1930 el mercado mundial , por razones propias razones de cada país, y la
crisis financiera mundial , redujo mucho la demanda de productos
argentinos. Las exportaciones se redujeron entre 1928 y 1933 en cerca de
la mitad en cuanto a valores y los mismo sucedió con las importaciones
(Jaime Fuchs, [6] p.234).
El Estado nacional quedó sin recursos suficientes. La crisis mundial no fue
la causante de el ruinoso derrotero de la economía argentina posterior;
pero agravó las consecuencias perversas de la estructura acaparamiento
de tierra / privatización de la renta fundiaria. El gobierno frente a la crisis
financiera tenía que elegir entre dos caminos: comenzar a recaudar la
renta fundiaria y de ese modo hacerse de los recursos por vía legítima (tal
como la habían proyectado el presidente Roque Saenz Peña [30] en 1912 y
el diputado Carlos Rodríguez [31] en 1919), lo que al mismo tiempo
comenzaría a reordenar la estructura socio económica del país, o en lugar
de ello proteger a los particulares beneficiarios de la renta fundiaria
optando para hacerse de recursos mediante impuestos a la producción, al
trabajo y la inversión y al consumo.
Por la naturaleza del gobierno de entonces, derivado de un golpe militar
conservador, vinculado a las familias que formaban el núcleo terrateniente
originario, eligió el segundo de los caminos: la creación de impuestos a
todas esas actividades económicas. Esto significo lisa y llanamente
estaquear la economía social argentina, pues desde el primer “impuesto a
las rentas” hasta los actuales Impuestos al Valor Agregado, Impuesto a las
Ganancias y el Impuesto a los Ingresos Brutos – núcleo del financiamiento
llamado “genuino”- con más la miríada de otros que de continuo se
inventan para satisfacer un lastimoso gasto público, el Estado se ha
convertido en un asaltante del producto del trabajo y la inversión real. No
puede salir de una situación miserable un país gobernado por un principio
que en pocas palabras dice: “Trabaja y perecerás”. La apropiación privada

41
de la renta del suelo más los impuestos se encargan de ejecutar ésta
sentencia.
Desde 1943 hasta mediados de los 1950 hubo un cambio gigantesco del
orden económico argentino que habría de repercutir en las otras esferas de
la vida social. Los gobiernos militares de 1943 y en especial el democrático
de masas que le siguió, deseoso de poner en vigencia de una vez por todas
una sociedad justa, prácticamente no dejo cosa por cambiar. Pero aquí
cabe reproducir las palabras finales de Alexis de Tocqueville en Antiguo
Régimen y Revolución: “La revolución francesa cambió todo, incluso hasta
los nombres de los meses y el calendario, todo, salvo lo peor del antiguo
régimen”. El gobierno de la época que hablamos también cambió casi todo
en el país, incluyendo la Constitución Nacional en 1949. Cambio todo ,
salvo lo peor del antiguo régimen: el sistema de acceso al suelo, la
privatización de la renta fundiaria y el mantenimiento del sistema de
impuestos, agregando para colmo como método la emisión monetaria sin
correlato en la producción.

 Ahora y después

Desde el derrocamiento por la fuerza de un gobierno popular como el


peronismo, en el ambiente internacional enrarecido por la guerra fría, la
historia argentina entra en una especie de convulsión epiléptica: años de
falsa estabilidad, años de conflictos abiertos y sangrientos, años de pseudo
pacificación mediante una férrea dictadura primero (1966-1973) y una
tiranía genocida desde 1976 a 1983. Casi por desfallecimiento, retornó a la
democracia. El entusiasmo por la democracia en los 1980 era casi
indescriptible y su impulso, aunque amenguado, perdura hasta nuestros
días. Muy amortiguado en cuanto a las esperanzas en los resultados que de
ella se pueden tener.
El escepticismo se justifica , a juicio de la gente en general , porque tiene
la sensación que más allá de la retórica política y de los sesudas teorías de
los especialistas en economía, “la Argentina sigue igual”. Se habla de
aquella etapa luminosa de los 1860 con que iniciamos este trabajo, como

42
un milagro que no se ha de repetir. Así expresamente la expone Humberto
“Cacho” Costantini en su obra de teatro “!Chau Pericles!”[5]. Pericles,
Platón, Aristóteles, son la Grecia luminosa, es verdad: pero también es
verdad – según Costantini – que el griego actual distribuidor de golosinas,
nada tiene que ver con ellos. La Argentina de los 1860, ¿fue también un
milagro como la antigua Grecia? ¿No es por lo tanto repetible?
Puede ser que nuestro poeta tenga razón en buena medida. Pero si
se ama a la Argentina y se desea de plena buena fé que ella se recupere
para sí y para el mundo, en el grado que todos una vez esperaban con
absoluta seguridad, de una cosa habrá que estar convencido : que tal
recuperación es imposible si no se aborda serena y razonablemente la
cuestión de la renta fundiaria. Los argentinos deben darse cuenta que ella
no puede quedar en manos privadas, pues es el fondo básico del tesoro
público. Si se recauda la renta del suelo, es posible eliminar los impuestos
que traban al trabajo y la inversión. Esto no es todo; pero sin esto no habrá
un nuevo milagro argentino.
Buenos Aires, 2004

43
Bibliografía

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1971,
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46

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