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04.-Molinos-Ruiz - Hornos - Toya

arqueología ibérica

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Figura 1.- Valle del río Toya.

Del Cerrillo de la Compañía de Hornos de Peal


a la necrópolis del Cerro de la Horca de Toya
Manuel Molinos y Arturo Ruiz

EL TUMULO DE HORNOS DE PEAL

E
l Cerrillo de la Compañía es una pequeña eleva- En Hornos de Peal, la primera actividad antrópica de
ción situada en el corazón del valle del río Toya, la que tenemos constancia fue el trabajo de modelado de
cerca de la aldea de Hornos, en Peal de Becerro. todo un pequeño cerro de margocalizas y margas arcillo-
Se trata de un paisaje que define el límite de la Cam- sas que hoy conocemos como Cerrillo de la Compañía.
piña Alta, con cotas entre los 400 y 600 metros, pero Fruto de este trabajo fue la definición de una estructu-
desde donde ya comienza a percibirse la cercanía de la ra de forma ovalada de 33 metros de eje principal y 22,
Sierra de Cazorla que domina la silueta del paisaje hacia 5 de ancho. Todos los elementos que caracterizan esta
el Norte. El olivar es hoy el cultivo dominante en la zona construcción, en su imagen exterior, están pensados para
aunque todavía se conservan algunas zonas, ya residua- definir el sitio como un túmulo y que este fuera visible
les, que recuerdan el cercano pasado cerealista de la co- desde todo el Valle del Río Toya y muy particularmente
marca. En el entorno del río Toya todavía son frecuentes desde el vecino Cerro del Castillo, el emplazamiento del
las huertas, a veces con sistemas de regadío tradicionales oppidum de Tugia (Figura 1).
que constituyen una riqueza etnográfica de gran valor. En el lado W de esta construcción se identifica el
En el sitio se plantearon tres intervenciones, entre avance del túmulo central en una prolongación en codo
2000 y 2002, de excavación y protección, coordinadas que posibilita el acceso desde el exterior hasta un espacio,
por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía igualmente tallado en la base geológica, que constituye
y el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica1(Molinos el enterramiento propiamente dicho. El túmulo estuvo
y Ruiz 2007), con la entusiasta colaboración del Ayun- cubierto por una capa de enlucido que en ocasiones con-
tamiento de Peal de Becerro. En paralelo con el trabajo serva un tono fuertemente rojizo. En la parte superior
de campo, se procedió a la realización de diferentes estu- se situó, sobre dos plataformas cuadradas escalonadas,
dios: análisis geológico (Castro 2007), químico (Sánchez una pira funeraria donde se produjo, a altas temperatu-
y Parras 2007) y antracológico (Rodríguez Ariza 2007), ras, la cremación de dos cadáveres. Una vez calcinados
así como al estudio del material antropológico (Trancho los restos fueron colocados en dos urnas, procurando
y Robledo 2007). que cada una de ellas contuviera los de cada uno de los
1 Desde 2012 Instituto Universitario de Investigación en Arqueolo- dos individuos, un hombre y una mujer, que acababan
gía Ibérica. Universidad de Jaén.

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de ser incinerados. Pero algunos huesos de los individuos tarse hasta Cazalilla IVA, es decir en torno a la mitad
incinerados se mezclaron por error. La simultaneidad del siglo VI a.n.e. o algo anterior. Estaba decorado con
del proceso ritual parece suficientemente demostrada motivos diversos, puntillados y bandas entre los reco-
(Figuras 2 y 3). nocibles, en color negro y rojo. La urna se encontraba
Los análisis antropológicos indican que el hombre rota en momentos anteriores a su uso final pero había
era un individuo adulto, en torno a los 28 años de edad, sido reparada mediante lañas; y para este nuevo servicio
con importantes problemas de salud: anemia por déficit había sido cubierta con un enlucido de yeso y repintada
nutricional y perdida antemorten del incisivo central y de nuevo, ahora con una única tonalidad en rojo y con
lateral inferiores izquierdos, seguramente por un suceso motivos que no es posible identificar.
traumático local, problemas que seguramente tendrían Pensamos que la identificación de la mujer con una
una estrecha relación entre sí. La urna presenta una ti- urna antigua, un objeto que debió haber sido conservado
pología que paralelizamos con los materiales de Cazalilla durante muchos años en el seno de un grupo familiar,
IVB (Ruiz et al. 1983) o con los documentados para el debe vincularse con el significado que hemos asignado
mismo momento en Puente Tablas y con las series defi- a los broches de cinturón en otros contextos funerarios
nidas por Pereira (Pereira 1988) para finales del siglo VI protohistóricos (Aubet 1975 y 1978; Ruiz y Molinos
e inicios del s. V a.n.e. Se trata de un vaso trocopiramidal 2007), es decir un símbolo de la mujer como portado-
decorado con una limpia serie de bandas horizontales, ra de la legitimidad del linaje representado en un viejo
de trazo fino, y exclusivo color rojo. e inútil, a efectos de uso cotidiano, aunque seguramen-
La mujer tendría una edad en torno a los veinte años te cargado de historia y significado, recipiente de barro.
y no se han detectado problemas de salud. El vaso depó- En esta misma línea, no podemos dejar de paso un dato
sito tenía forma ovoide y una historia más larga que el que podría ser relevante y que se desprende de la misma
vaso del hombre puesto que en su origen puede remon- información arqueológica proporcionada por la cámara

Figura 2.-Hipogeo de Hornos de Peal. Vista aérea Figura 3.-Ajuar al fondo del corredor de la cámara funeraria
(Archivo IAI). (Archivo IAI).

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de Hornos. Hemos hablado de la simultaneidad de los algunos puntos, fundamentalmente en la entrada mis-
rituales, de la unicidad temporal de las dos incineracio- ma, se estrecha hasta llegar a los 0,70 m. El remate de
nes y de las características físicas del hombre y la mujer esta cámara, al W, tiene forma de covacha pero su esta-
muertos. El hombre un individuo con problemas de sa- do de destrucción no nos permite definir con precisión
lud (anemia nutricional, traumatismos,...), mientras que el arranque o inicio de esta tendencia. La cámara tiene
ella no presentaba, aparentemente al menos según los una altura al nivel del dintel de entrada de 0, 81 m. y a
análisis, problemas similares o de cualquier otro tipo. En tenor de los elementos conservados esta altura debió de
estas condiciones, ¿la simultaneidad del enterramiento, ser bastante homogénea en su recorrido hasta el mo-
estuvo en paralelo con una muerte por causas natura- mento en que comenzara la tendencia a transformarse
les, o fue provocada en el caso de la mujer? ¿Es posible en covacha, aunque esta no comenzó sino después de
que esta última muerte estuviera asociada a algún tipo 2,37 metros medidos desde la rasante del dintel de la
de sati o sacrificio ritual? La ausencia de paralelismos entrada.
y de análisis en otras espacios funerarios donde se pro- Todo el interior de la cámara fue revocado (suelo,
duce la doble asociación de enterrados, nos obliga a ser paredes y seguramente el techo abovedado). Los resulta-
cautos, pero no podemos dejar de citar esta posibilidad. dos de la difracción de rayos-X muestran que la elabora-
Es evidente que en las sociedades aristocráticas de tipo ción del mismo se realizó con dos elementos básicos: un
heroico en el Mediterráneo los casos de sacrificios de la componente mayoritario de calcita (carbonato cálcico)
esposa junto al hombre muerto, no están documentados como consecuencia del uso de cal que actuaría como
e incluso las fuentes y la literatura clásica, apenas citan material ligante. El análisis también detectó la presencia
casos de esta índole, todo lo más algún caso de suicidio, muy escasa de dolomita (carbonato cálcico de magnesio)
igualmente ritual, expresado en la tragedia griega, como que formaría también parte del ligante. Y un componen-
el que se relata en Las Suplicantes de Eurípides. Pero el te arenoso en menor proporción, el cuarzo (óxido de sili-
espacio funerario de Hornos se corresponde con un mo- cio), que actuaría de árido en la mezcla.
mento de transición, de profunda contradicción entre el Al fondo de la cámara se colocó un banco de arcilla
mundo de los vivos y el mundo funerario, y en esas con- muy depurada de un vistoso color anaranjado. Sobre este
diciones la propia afirmación de los emergentes linajes banco y apoyadas contra la pared del fondo se colocaron
aristocráticos pudo haber definido un tipo de ritual en las dos urnas conteniendo las cenizas de los dos muertos
el que la muerte de la esposa fuera una suerte de afirma- y algunos vasos de ofrendas.
ción de aquellos o incluso elemento de su propia defini- En el entorno del extraordinario enterramiento no
ción y origen. se ha localizado ninguna otra sepultura. El túmulo de
Las dos urnas fueron introducidas en la cámara, ex- Hornos se construyó y mantuvo aislado en el territorio
cavada en la base geológica, de forma rectangular orien- circundante, en contraste con la anterior situación que
tada en dirección Este–Oeste, con una longitud máxi- se dibujaba en el túmulo funerario de Cerrillo Blanco de
ma desde el quicio de la entrada a la altura del dintel de Porcuna y con la que posteriormente veremos en la ve-
3,20 m., con un ancho máximo de 1,38 m. aunque en cina Toya.

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EL TÚMULO DE HORNOS Y LA EMERGENCIA DE LOS PRÍNCIPES

E n el Valle del Guadalquivir (Ruiz y Molinos 1993)


el oppidum, definido al modo de los iberos, es decir
asentamientos fortificados con casas de estructura cua-
fomento de unas relaciones de producción basadas en el
modelo de servidumbre que fomentaba la clientela.
Para que las aristocracias ibéricas acabaran impo-
drangular y urbanismo muy ordenado, fue el elemento niendo el nuevo sistema hubo sin duda que superar las
que articuló el proceso que condujo a la consolidación importantes contradicciones que éste significaba frente al
de la aristocracia. A partir del siglo V a. C. el oppidum viejo orden social aldeano. La más importante sin duda
se impuso como el único tipo de asentamiento en todo fue una transformación paulatina de los propios concep-
el territorio, como la unidad de vecindad mayor y como tos de poder, que hubieron de transmutar desde el poder
la expresión del desarrollo de modelos políticos heroicos orientalizante al poder de los héroes. Pero mientras en
de tipo aristocrático, porque en él se configuraron las el mundo de los vivos el proceso nos aparece como un
nuevas relaciones sociales de propiedad y de poder, en desarrollo continuo, al menos entre los momentos inicia-
suma las formas de hegemonía. El oppidum con su mode- les del siglo VI a.n.e. y la plena consolidación del mode-
lo ordenado de urbanismo y la arquitectura de sus espa- lo en el albor del siglo IV, en el mundo de la muerte el
cios contribuyó a crear formas de integración del grupo proceso demuestra más a las claras las contradicciones
muy efectivas y se configuró como la expresión del poder y desajustes que aquel proceso generaba. Y es precisa-
aristocrático y como el espacio por excelencia del grupo mente en este ámbito conceptual donde cobra especial
y el germen de las nuevas formas de identidad colecti- importancia la investigación en Hornos de Peal; porque
va. Creó una nueva identidad local cifrada en la iden- resulta llamativo que en un momento en el que en toda
tificación entre el gentilicio de la unidad de parentesco la Alta Andalucía, donde se sitúa el oppidum de Tugia, se
del aristócrata, ahora ampliada a un número mayor de estaban consolidando las bases de la nueva situación aris-
personas gracias al uso de la institución clientelar, y el tocrático–clientelar, en el túmulo–hipogeo excavado el
ritual funerario y las aspiraciones de definir y definirse en
el territorio, parecen ser cuanto menos contradictorias
con lo que ocurría en el mundo de los vivos. Un desajuste
histórico extraordinario ya que al mismo tiempo que los
príncipes mostraban su mayor aislamiento en el paisaje
funerario, en el territorio se estaba fortaleciendo el siste-
ma de la clientela al imponerse el modelo de poblamiento
exclusivamente formado por oppida. Resulta ser ésta una
de las claves que mejor definen este periodo de finales del
siglo VI y la primera mitad del siglo V a.n.e.: mientras en
el interior de los oppida el proceso de urbanización, con
Figura 4.- Fragmento tibiales procedentes de las dos urnas y que certifican la articulación de espacios según modelos cuadrangula-
la simultaneidad de la cremación de ambos cadáveres (Archivo IAI). res con una retícula compacta, apropiada al desarrollo de

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las estructuras clientelares, que viene a indicar que en el poseían ya la legitimidad del tiempo y el espacio de iden-
mundo real los modelos heroicos entraban en su fase de tidad ante la muerte y que ya quedaba como un lejano
pleno desarrollo, como se desprende del caso de Puente sueño la pretensión de construir un poder sacro que hi-
Tablas en Jaén, los espacios funerarios muestran el deseo ciera de los aristócratas dioses, el proceso que se expresa-
de soledad de los príncipes que sólo en el mundo de la ba en su origen en los marfiles de Bencarrón y acababa
muerte conservaban sus antiguas aspiraciones de con- en el monumento de Cerrillo Blanco. El desarrollo de los
vertirse en dioses. Este desfase entre vida y muerte es lo modelos de poder de tipo heroico que tan bien queda ex-
que podría explicar que fue un sueño la consecución del plicitado en el caso de El Pajarillo, la estructura político
poder orientalizante en la Alta Andalucía porque sólo parental de la clientela y las redes de vecindad creadas
se consiguió en la muerte y de alguna manera sólo sirvió en el oppidum terminaron por dar la forma al paisaje fu-
para la posterior legitimación de un nuevo concepto de nerario. Esto ocurrió a partir del siglo V y sobre todo a
poder, este sí ajustado a la realidad social. partir del inicio del s. IV a.n.e. cuando se desarrollaron
Sin embargo era evidente que los años inmediata- las verdaderas necrópolis, de las que la del Cerro de la
mente posteriores tenían que ajustar el espacio funera- Horca, a pesar de su destrucción y características de la
rio el nuevo modelo social toda vez que los aristócratas intervención, es un ejemplo excepcional.

Figura 5.- Gran vaso de ofrendas (archivo IAI).

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LA NECRÓPOLIS DE TOYA

C on los inicios del siglo IV a. C. se desarrollan las


auténticas necrópolis. Cerca de Hornos de Peal en
el Cerro del Ahorcado, en Toya, una colina dispuesta es-
La cámara de Toya tuvo en los testeros de sus tres naves
nichos rectangulares labrados en las piedras de los mu-
ros e incluso un cuarto más en la pared meridional de la
casamente a dos Km al Oeste del túmulo de Hornos y nave Sur. A ello se añade un poyo continuo bajo, adosado
también como aquel al otro lado del río Toya, frente al a los pies de los muros y aleros de piedra que vuelan a la
oppidum de Tugia se excavó a principio de siglo una de altura de la base de los nichos. Las puertas son en general
ellas (Cabré 1925) donde destaca la asombrosa cámara vanos rectangulares pero las dos que comunican las tres
central, la más espectacular de la arquitectura funeraria naves muestran una característica muy particular de la
ibera. La estructura arquitectónica de esta cámara tiene construcción ibérica de estas tierras y es que los últimos
planta cuadrangular y su interior se divide en tres naves sillares en vez de ascender hasta encontrarse con el adin-
longitudinales, la central de las cuales tiene al Oeste la telado en vertical, se curvan hasta dar la imagen de una
única puerta de acceso a la construcción. Las dos naves falsa ojiva. El ajuar depositado en la cámara fue verda-
laterales a diferencia de la central están divididas en dos deramente principesco e incluía entre otros materiales
espacios cada una de ellas, el primero a modo de ante- cerámicas griegas (Figura 9) y un carro fúnebre (Figura
cámara es el que comunica en ambos casos con la nave 11) que debió ser desmontado junto a la puerta de la cá-
central. Los sillares de la construcción perfectamente mara en el momento del enterramiento (Pereira 1979).
labrados se colocaron sin ayuda de grapas o mortero, es Si hoy resulta imposible reconstruir la distribución
decir van montados en seco (Figura 6). La cubierta por espacial de las tumbas si se puede en cambio constatar
último se caracteriza por una serie de grandes losas que cómo ha evolucionado el modelo de cámara de Hornos
se apoyan en los muros de las estancias longitudinales. de Peal. Para ello contamos con lo investigado en otras
necrópolis de la Alta Andalucía donde el caso más pa-
radigmático es la Necrópolis es Baza (Presedo 1982)
porque es la que permite una mejor aproximación a la
estructura de un grupo gentilicio clientelar y al, ahora sí,
reajuste entre el mundo de los vivos y el paisaje funera-
rio (Ruiz et al. 1992). Para comprender el significado de
este reajuste partiremos de la situación en el interior de
uno de los oppida mejor definidos de la Alta Andalucía:
Puente Tablas en Jaén.
En Puente Tablas, el entramado urbano de define
mediante un ritmo urbano configurado en base a ejes
viarios longitudinales y transversales que definen una
estructura de manzanas. La excavación de una ellas y
Figura 6.- Urnas cinerarias de Hornos de Peal (Archivo IAI) el análisis geoeléctrico permiten advertir que se repiten

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Figura 7.- Recreación del ritual funerario en Hornos de Peal (El Bosco).

Figura 8.- Recreación del ritual funerario (Detalle). (El Bosco).

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Figura 9.- Cerro de la Horca. Cámara de Toya. Vista
del interior (J.M. Pedrosa).

Figura 10.- Cámara de Toya. Nave central (J.M. Pedrosa)

Figura 11.- Cámara de Toya. Detalle de la puerta lateral (J.M. Pedrosa)

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sistemáticamente determinados elementos como los
muros medianeros que definen casas a uno y otro lado
del parcelario, con diferentes niveles, en espacio y cuali-
ficación del ajuar mobiliar que permite definir jerarquías
en el interior de las diferentes manzanas.
En general se trata de un hábitat muy compacto, al
menos para los momentos finales del siglo V e inicios del
s. IV a.n.e., que define una completa urbanización del
espacio interior a excepción de algunas zonas reserva-
das, seguramente vinculadas a infraestructuras comuni-
tarias, que en este momento no podemos precisar. Pero
hay un elemento fundamental que rompe esta dinámica
general, un espacio segregado del resto del espacio urba-
nizado por una calle que iniciada en la misma puerta de
acceso al oppidum, crea una zona de gran relieve donde
se ha determinado la existencia de una residencia aristo-
crática de primer nivel: un palacio. Los tres elementos
de hábitat señalado, dos vinculados a las diferentes man-
zanas y un tercero segregado del resto, nos muestran con
claridad la estructura misma de la sociedad aristocrática
desarrollada, en diferentes escalas, todas ellas articula-
das en base a la fides y al sistema de tributación que susti-
tuía, integrándolo desde el imaginario, al don agonístico.
Son estas las coordenadas fundamentales que definen la
estructura de los oppida ibéricos en su fase de pleno de-
sarrollo.
Y en el paisaje funerario estamos en condiciones
de cifrar esta misma definición espacial en el caso de la
necrópolis de Baza. La asociación del tamaño y sistema
constructivo de la tumba, cantidad y cualidad del ajuar
y disposición en el espacio de cada enterramiento de la
necrópolis en relación con los demás, ha permitido con-
cluir la existencia de los siguientes grupos o niveles:
En primer lugar hay que destacar el grupo de tumbas
Figura 12.- Proceso de construcción de la Cámara de Toya. aristocráticas entre las que se definían dos subgrupos. El
primero lo constituían las tumbas 155 y 176 que se ca-

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racterizan por su mayor tamaño, diversidad cualitativa
del ajuar y por la existencia de un área de respeto en tor-
no a la tumba donde no existen otros enterramientos.
La primera tumba citada contenía la Dama de Baza y,
según la lectura estratigráfica, parecía ordenar el tiempo
de la necrópolis, ya que contenía un complejo ritual en
el que se asociaría un enterramiento femenino a varias
panoplias guerreras. La segunda tumba de las dos, la 176
que como la anterior era de pozo, en cambio marcaba
el punto de referencia del espacio funerario del grupo
gentilicio. Las características de su ajuar no se repetían
en ninguna otra, ya que a las armas sumaba un grupo
de catorce recipientes áticos de figuras rojas y un equi-
pamiento excepcional caracterizado por la asociación de
crátera ática caldero de bronce y carro.
Figura 13.- Cerámica ática (Archivo IAI).
El segundo subgrupo formado al menos por las tum-
bas 43 y 130 se disponía a una distancia de 10 m. de radio
de la tumba 176. Su estructura era en cista y el tamaño
algo menor que las del primer subgrupo; el número de
recipientes griegos, bajaba hasta los seis y siete respecti-
vamente y además de las panoplias completas tenía un
equipamiento de cualidad compuesto por crátera-brase-
ro, si bien ya no incluía el carro. No presentaban zona de
respeto.
El grupo de las tumbas de los clientes estaba consti-
tuido por enterramientos constructivamente muy sim-
ples, a veces solo hoyos practicados en la tierra y según su
disposición, más cercana a las tumbas aristocráticas del
primer y segundo subgrupo mostraban mayor riqueza
en armas y objetos griegos. La presencia de estos pro-
ductos se limitaba como norma a una kylix o una patera
por tumba. Hay que añadir además, armas ricas como la
falcata o el soliferrum y excepcionalmente la presencia de
arreos de caballos.
La estructura de la necrópolis es, sin duda, la de un Figura 14.-Cámara de Toya. Urna cineraria ibérica
grupo gentilicio clientelar. En ella se manifiesta la je- (Archivo IAI).

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rarquía en las armas, la desigualdad en la riqueza y una tenía la escultura de la Dama de Baza, eran dobles (nº
lógica de distanciamiento-proximidad entre grupos de 176) o triples (nº 130 y 43). Con lo que se reafirmaba el
enterramientos en su distribución espacial. Además es papel de la pareja o quizás ya de la familia nuclear para
perceptible que los dos primeros subgrupos del grupo detentar en la estructura espacial la legitimidad del linaje
aristocrático, respondían a la existencia de una jerarquía gentilicio clientelar.
interna en dos niveles. En todo caso los análisis de las necrópolis ibéricas
Otro factor contribuía a distinguir los dos grandes del siglo IV a. C. durante su primera mitad ofrecen una
grupos, mientras los enterramientos de los clientes eran imagen del linaje clientelar que está muy lejos del espacio
individuales y en caso de ser dobles correspondía a mujer funerario de las necrópolis de base de los túmulos tarté-
e hijo en cambio las tumbas aristocráticas de los dos pri- sicos antiguos. Entre una y otra etapa los príncipes, desde
meros subgrupos, salvo la tumba excepcional que con- la muerte, habían nacido para los vivos.

Figura 15.-Rueda de Toya (Archivo IAI).

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