Géneros Televisivos en México.
Un paseo
por la Geografía de Cuatro Décadas 1
Luis Alfonso Guadarrama Rico
CIPAP-UAEM
Resumen: Este trabajo parte de la premisa de que el contenido de la televisión en México
puede ser apreciado a través de sus géneros programáticos, y que el desarrollo y mutación de
éstos no sólo se debió a la explicable intervención creativa de quienes la produjeron
cotidianamente, sino que fue y ha sido resultado de transformaciones más amplias como la
evolución de la estructura de la población, su desplazamiento hacia formas de vida más
urbanas y el propio desarrollo tecnológico que de suyo orquesta la producción televisiva.
En este sentido, se presenta un recuento gen eral de cuatro décadas de televisión en México, vis-
tas a través de sus géneros, pero manteniendo entrelazados al recorrido, algunos indicadores
demográficos que permitieran dibujar escenarios globales en tre los contenidos ofrecidos por la
televisión y las familias que se vieron arropadas por dichos programas de la pantalla chica.
Abstract:The aim of this es say is to pres ent a gen eral re view of four de cades of tele vi sion in
Mex ico, seen on the light of TV shows types and re lated to de mo graphic in dex, to draw global
sce nar ios about the TV shows most watched and the fam i lies who hold them.
Los albores
E
n materia de producción televisiva, México adoptó, desde sus
inicios, un sistema de operación privado en el que su columna
vertebral era el enfoque comercial-publicitario. Esta forma de
operación, que desde 1948 marcó el perfil de la televisión nacional,
obedeció a una recomendación formulada por Salvador Novo y
Guillermo González Camarena, después de haber realizado un estudio
sobre la conveniencia de adoptar el modelo estatal o el comercial
(Sánchez, 1991).
Las primeras tres señales de televisión que empezaron a cubrir la
ciudad de México iniciaron con una oferta televisiva escasa
(XHTV-Canal 4, XEWTV-Canal 2 y XHGC-Canal 5). Las horas de
1
Este documento forma parte de un proyecto de investigación denominado “Familia y
Medios de Comunicación”, mismo que ha sido financiado por el CONACYT.
mayo-agosto 1999, Núm. 19, pp. 179-205 179
Luis Alfonso Guadarrama Rico
televisión eran pocas debido a que requerían de un fuerte trabajo de
producción local (Herrera, 1989). Con la llegada del videotape en
1959; el uso del satélite Telstar I en 1963; el enlace con el “pájaro
madrugador” en 1965 y la asociación que México llevó a cabo en 1966
con el consorcio Intelsat, la oferta televisiva aumentó
considerablemente y poco a poco algunas familias de varias entidades
del país contaron con mayor oferta programática.
Los años sesenta, radio vs televisión
Para el inicio de la década de los sesenta, la población en nuestro país
ascendía a casi 35 millones de habitantes, de los cuales prácticamente
la mitad vivía en poblaciones rurales 49.3% y el resto en urbanas. La
2
tasa de natalidad era 46.1 y la tasa bruta de reproducción alcanzaba
3
3.18, en tanto la esperanza de vida promedio era de 59 años, con una
ligera ventaja para el caso de las mujeres. En suma, el país reflejaba un
crecimiento natural de 34.6 (INEGI, 1994a).
La población estaba distribuida en poco más de 6 millones de
viviendas, de las cuales, casi la mitad estaba ubicada en localidades
rurales, aspecto directamente relacionado con el párrafo anterior. Las
viviendas estaban caracterizadas por disponer de un solo cuarto4 en
55.68% de los casos aunque, por supuesto, había viviendas que
disponían de tres cuartos, en una relación de nueve por cada cien. En el
caso particular de las viviendas rurales, más de dos tercios disponían
apenas de un cuarto, en tanto que las urbanas tenían, en casi 40% de los
casos, en tre dos y tres espacios domésticos. Asimismo, el índice de per-
so nas por cuarto era 2.90, aunque –por supuesto– con un índice mayor
3.35 en las viviendas rurales (Schteingart y Solís, 1994).
2
Número de nacimientos por cada 1 000 habitantes.
3
Tasa bru tal de reproducción. Número de hijos nacidos vivos por cada 1 000 mujeres en
edad de comportamiento reproductivo, es decir, 15-49 años.
4
A este respecto, vale la pena tener en consideración dos elementos: Por un lado, an tes
del censo de 1990 el número de cuartos no consideraba pasillos, baños ni cocina; por
ello, hasta el censo de 1980, el número de cuartos no incluye habitaciones, comedor y/o
sala. Asimismo, es importante tener presente que el referente “cuarto” para el medio
ru ral no tiene las mismas dimensiones y por ende tampoco las mismas funciones que
para el medio urbano.
180
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
Durante esta década, los hogares que tuvieron la posibilidad
económica de adquirir su primer televisor blanco y ne gro, vieron cómo
la pantalla chica daba cuenta de programas ubicados en diversos
géneros: 5 ecómico, musicales, telenovela e incipientes noticiarios.
Respecto a los programas de sainete, las familias vieron en los años
sesenta: El show de los Polivoces, Chucherías, Sonrisas y Juan sin
miedo, entre otros. Los niños de aquellos años tenían en sus pantallas
chicas programas infantiles como Teatro fantástico y algunas
caricaturas como la serie inglesa los Thun der bird (Herrera, 1989; Peña,
1994).
La ansiada fama para los nuevos artistas de esa década tenía entre
una de sus puertas más deseadas a la televisión. El programa que se
distinguió por constituir un trampolín para muchos de los cantantes y
grupos musicales era conocido como Premier Orfeón; en éste, los
hogares presenciaban las salidas a cuadro de grupos como La Sonora
Santanera, Dámaso Pérez Prado, Los Locos del Ritmo, Los Rebeldes
del Rock, Los Crazy Boys, Los Rockin’ Devils y a cantantes como
Sonia López, María Victoria, Agustín Lara, Javier Solís, Carlos Lico,
Marco Antonio Muñiz, Mayté Gaos, Johnny Laboriel, Enrique
Guzmán, Rocío Durcal, César Costa, Johnny Dinamo, Angélica María,
Alberto Vázquez, Julissa y a los exiliados cubanos Bienvenido Granda
y Celia Cruz; sobre el particular, recuérdese que con el triunfo de la
revolución cubana y el reordenamiento del modo de producción,
artistas y gente acaudalada de la Cuba del régimen Batista, emigraron
de la isla para poder continuar con su esquema de vida.
Las comedias, como popularmente se les denominaba, eran
transmitidas en vivo, en capítulos de me dia hora y tenían una extensión
promedio de 45 episodios. Las de mayor éxito fueron La Leona,
5
Empleo el concepto género, en términos de la estructura narrativa (texto-reglas, formas
de articulación y de presentación) capaz de identificar programas específicos y de
aglutinarlos alrededor de esta arquitectura; asimismo presumiblemente dirigidos a
públicos distintos. A través del género televisivo, como lo han planteado varios autores
(Larsen, 1993; Jensen, 1997 y Martín-Barbero, 1986) no sólo se proponen versiones
particulares y parciales de la realidad social que pueden ser interpretadas de distinta
forma por cada individualidad sino que “integra los aspectos culturales y discursivos de
la comunicación e insinúa como las audiencias se pueden acercar a los discursos
particulares de los medios de comunicación” (Jensen, 1997:120) .
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Madres egoistas, San Martín de Porres, Corazón Salvaje, María Isabel,
Rubí, Simplemente María, El derecho de nacer y La mentira 6. Poco
más allá de la mitad de la década, incursionaron las telenovelas de corte
histórico, entre éstas: La tormenta y La Constitución.
Los programas de corte noticioso de estos años los conducían Jorge
Saldaña, Anatomías; Jacobo Zabludovsky, Su diario nescafé y
Federico León, El primero con las últimas. Sin duda fue Jacobo
Zabludovsky, con la serie Telemundo, quien empezó a sembrar una
imagen de credibilidad en los hogares, con sus trabajos periodísticos
relacionados con acontecimientos relevantes para la época. Así,
destacan los programas dedicados al lanzamiento del Apolo 11 en
Cabo Cañaveral, en Florida y las revelaciones ofrecidas por el con duc-
tor de Telemundo, alrededor de figuras políticas como Sta lin y John F.
Kennedy (Peña, 1994).
Desde luego, es necesario considerar que las familias estaban
acostumbradas a escuchar en sus espacios privados la radio (de
baterías) y así se mantuvieron muchas de ellas, debido a cuatro factores
sustanciales: I) apenas un tercio de las viviendas en el país disponían de
7
electricidad; II) la mayor parte de las familias estaban asentadas en
localidades rurales; III) muchas familias carecían de recursos para
adquirir su televisor y, IV) la cobertura en materia de
telecomunicaciones era incipiente en nuestro país.
Los programas de mayor audiencia radiofónica en la época eran: El
rico vacilón, El risámetro, El colegio del amor, Así es mi tierra, De
mujer a mujer, Crí Crí, el Grillito cantor, Cómicos y canciones, La
doctora corazón, La policía siempre vigila, El club de la escoba y el
plumero, El doctor IQ, La hora internacional, La casa de huéspedes y
Noches tapatías. De manera destacada, las radionovelas más populares
fueron Chucho el Roto,8 Felipe Reyes, Apague la luz y escuche, El
derecho de nacer, San Martín de Porres, El conde de Montecristo,
6
Algunas telenovelas tuvieron una duración por episodio, de 15 minutos y eran
programadas para su transmisión matutina, sin em bargo estos melo dra mas tan cortos
pronto cayeron en desuso (Peña,1994).
7
Cfr. Scheteingart y Solís, 1994.
8
Esta radionovela inició en el año de 1965 y se mantuvo a lo largo de 11 años, generando
más de 11 mil capítulos (Reyes, 1994).
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Juana de Arco y Los Pérez García. Algunos de estos programas se
habían logrado mantener durante varios años,9 mismos que eran
transmitidos por la XEW, copropiedad de Emilio Azcárraga
Vidaurreta, y Radio Corporation of América (RCA).
Las vo ces especializadas en la narración deportiva que ambientaban
los hogares de los años sesenta fueron las de Alfonso Sordo Noriega,
conocido entonces como el Maestro de la crónica y la narrativa y el
investigador policiaco del aire. También eran plenamente
identificados Álvaro Gálvez y Fuentes, El Bachiller, Luis Cáceres,
Paco Malgesto, Arturo de Córdoba, Ricardo El Vate López Méndez,
Pedro El mago Septién, El Dr. I.Q y Ramiro Gamboa (Reyes, 1994).
Para el fin de la década de los sesenta, gracias a la conclusión de los
trabajos de la Red Nacional de Telecomunciaciones, los hogares
asentados en el Distrito Fed eral, valle de México y varias ciudades del
territorio nacional podían captar mediante antena panorámica las
señales de microondas de hasta seis ca na les de televisión:
XEWTV-Canal 2, XHTV-Canal 4, XHGCTV- Ca nal 5, XHTM-Canal
8, XEIPN-Canal 11 y XHDF-Canal 13. Los tres primeros pertenecían a
Telesistema Mexicano S.A., el cuarto a Televisión Independiente de
México, el canal 11 al Instituto Politécnico Nacional y el último había
sido concesionado a Francisco Aguirre Jiménez. Ésta era la oferta de
canales disponibles para la audiencia de entonces y debido a que para
captarla era suficiente disponer de un televisor y mantenerlo conectado
a una antena panorámica o aérea, se le denominó televisión abierta.
Cómo iba la televisión por cable
Hacia la mitad de la década de los cincuenta, en el norte de nuestro país
se había puesto en operación el primer servicio de televisión por ca-
ble. 10 Los primeros experimentos tuvieron una cobertura muy
9
En es pe cial los programas Crí-Crí, el Grillito can tor y la Doctora Corazón (Petter- sson,
1984).
10
John Walson, en el año de 1947, fue el pionero de la televisión por ca ble en Mahanoy
City, Pensilvania. En México, en 1954 se inauguró en Nogales, Sonora el primer servicio
de televisión por ca ble, con el propósito de ofrecer un servicio ad hoc a los residentes
estadounidenses (Sánchez, 1991). Sin embargo, fue hasta el fin de la década de los
sesenta que la televisión restringida inició su propagación en forma más sostenida, tanto
en varios puntos de EEUU como en nuestro país.
183
Luis Alfonso Guadarrama Rico
restringida pero poco a poco fueron conquistando plazas en varios
puntos del país. También para esos últimos años del decenio, la Home
Box Office de Estados Unidos de Norteamérica comenzó a emplear
técnicas de codificación para impedir el acceso a canales específicos
por parte de los televisores dotados con una antena panorámica (Flichy,
1993). Este recurso tecnológico haría posible el surgimiento y
11
expansión de la televisión restringida o por ca ble, es decir, una oferta
de canales adicionales a los de la televisión abierta pero en la que el
usuario tendría que inscribirse y pagar una cuota mensual por la
recepción de dichas señales. En México, de manera sigilosa,
Cablevisión fue la empresa que por más de dos décadas ofreció este
servicio, constituyendo un monopolio. Así, la fil ial de Televisa, inició
en 1969 la oferta de señales de televisión por cable para el Distrito
Federal.12
Para el caso de la televisión abierta o convencional, los grupos
familiares que contaban con televisor y/o con radio en sus hogares,13
habían sido testigos de los acontecimientos de la noche de Tlatelolco en
1968 y el subsecuente movimiento estudiantil; de la llegada del hom -
bre a la luna en el año 1969; del despunte del rock and roll; de la muerte
de John F. Ken nedy; de la popularidad de los Bea tles; del movimiento
hip pie; de la comercialización de la píldora anticonceptiva; del cambio
de moda en la vestimenta femenina (como el uso incipiente de la
minifalda y las pantimedias) y de la mezclilla como símbolo de libertad
y comodidad.
Los setenta, nuevos géneros televisivos
Diez años después, para el inicio de los setenta, nuestra población
había crecido considerablemente, debido fundamentalmente a que la
esperanza de vida –respecto al decenio an te rior– había aumentado casi
11
Las características de estas señales consisten en que las imágenes son más nítidas, la
transmisión de anuncios publicitarios es más reducida que en la televisión abierta y
dominan los programas de manufactura norteamericana, doblados o subtitulados en
idioma castellano y emitidos en idioma inglés (Guadarrama, 1995).
12
Para un análisis más detallado sobre los orígenes y desarrollo de la televisión por ca ble,
ver los trabajos de Crovi, 1990; 1993; Trejo, 1993; Gaona, 1994.
13
Para el año 1967, según cifras estimadas, el número de televisores en México ascendía
a 800 000 aparatos por poco más de 7 000 000 de radiorreceptores (Cárdenas, 1967).
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tres años, gracias al avance de la medicina; la tasa de natalidad y la tasa
bruta de reproducción se habían mantenido prácticamente iguales a la
década anterior (44.2 y 3.16, respectivamente). Por ello, en sólo una
década habíamos rebasado ligeramente 47 millones de habitantes en el
país. El proceso de emigración campo-ciudad había iniciado su
despunte de una manera más clara y, ahora, 58 de cada cien personas
vivían en localidades urbanas y las restantes en rurales (INEGI,
1994a).
En esta década el número de viviendas ascendía a poco más de 8
millones; cerca del 60% estaban asentadas en localidades urbanas. El
número de cuartos reportados para cada casa-habitación no había
crecido significativamente pues en tanto en 1960, 56% de los hogares
contaba apenas con uno, para esta década 54% de las construcciones
domésticas seguían reportando un cuarto. A pesar de ello, sí se observó
una redistribución en el número de este tipo de espacios para las
localidades urbanas (Schteingart y Solís, 1994). Comparativamente,
en tanto en la década anterior las viviendas con dos cuartos o más
ascendían a 55.4%, para este decenio se registraban 59.6% de las
viviendas urbanas con dos cuartos o más; en otras palabras, este tipo de
vivienda doméstica, en prácticamente 5% de los casos, creció en sus
dimensiones espaciales.
Para los setenta, en las familias que vivían en las principales
ciudades del país el televisor era ya un aparato in dis pens able.14 Hacia el
año 1971, el número de aparatos telerreceptores ascendía a 2 millones
500 mil pero la ra dio se había popularizado aún más pues alcanzaba los
10 millones de unidades (Cárdenas, 1971). Es decir, de acuerdo con
estas cifras, podemos suponer que cada fa milia del país tenía un ra dio y
quizá la cuarta parte de los hogares disponían de un televisor. Para estas
familias, ver televisión ya se había convertido en una actividad
15
cotidiana; los telerreceptores a color empezaban a llegar a los
14
Posiblemente algunas de las familias que adquirieron su primer televisor a color fueron
impulsadas por el deseo de disfrutar el campeonato mundial de futbol soccer de 1970,
con sede en nuestro país.
15
Para la mitad de la década, el número de televisores en nuestro país había superado los
4 millones de aparatos (Álvarez del Real, 1976).
185
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espacios domésticos, aunque las características técnicas y la definción
de las imágenes eran todavía rudimentarias.
En la televisión abierta, otros géneros televisivos empezaron a
incursionar durante esos años. Los programas misceláneos como
Domingos Espectaculares y, poco después, Aún hay más, transmitidos
por el canal 4, empezaron a cobrar popularidad entre las audiencias
familiares. Roberto Gómez Bolaños Chespirito inició con uno de los
programas que al paso del tiempo sería de los más longevos: El chavo
del 8 y poco después continuaría con el de El chapulín colorado.
Los programas de concurso que habían iniciado la década anterior,
crecerían y se consolidarían durante estos años; de especial mención
Las 13 preguntas del 13, conducido por Pedro Ferriz; Estudiantinas que
estudian, con León Michel; Sábados de la Fortuna, con Neftalí López
Páez y de manera particular por su popularidad en los hogares, los
programas conducidos por Luis Manuel Pelayo: Juan Pirulero, Basta y
Sube Pelayo, sube (Aviña, 1995). Dicho sea de paso, dos décadas
después, este género empezaría a llamar la atención de los
investigadores de la comunicación, quizá como resultado de la
detonación que presentarían en la programación televisiva vespertina.
Ver los trabajos de Claudia Benassini (1995a, 1995b).
En el renglón de telenovelas, se abrió un subgénero hasta entonces
inédito, el melodrama didáctico o, como algunos investigadores lo
denominan: telenovelas prodesarrollo (González y otros, 1981;
Rogers, E y Singhal, A., 1988 y Fuenzalida, 1992 ); dicha temática fue
instaurada en nuestro país con la trama Ven conmigo, misma que
versaba sobre la responsabilidad paterna y la planificación familiar.16
Otras telenovelas que arribaron a una buena proporción de hogares du-
rante cada tarde fueron: Angelitos negros, La sonrisa del Diablo, La
Gata, El milagro de vivir, La Zulianita, Corazón Salvaje, Simplemente
María, Yesenia, Muchacha Italiana viene a casarse, Rina, Paloma,
Viviana, Mamá campanita y Los ricos también lloran, uno de los melo-
dramas más exportados.
16
Temática que correspondía a las urgentes políticas que el gobierno de la república
buscaba implantar para tratar de reducir los índices de natalidad y por ende el
crecimiento poblacional, sobre todo en los medios suburbanos y rurales.
186
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Aquí cabe apuntar que la telenovela Corazón Salvaje había sido
transmitida durante la década de los sesenta, con gran audiencia; los
protagonistas habían sido Enrique Lizalde, Jacqueline Andere, Julissa
y Enrique Alvarez Félix. Para la versión de 1978, la trama era idéntica
sólo que estelarizada por Angélica María, Fernando Allende, Martín
Cortés y Susana Dosamantes. Se trataba de una práctica que empezaría
a instaurar el consorcio Televisa con las telenovelas de mayor rat ing, es
decir, reciclar las historias, haciendo pequeños ajustes para actualizar
el contenido a la época y darle cierta vigencia. A partir de entonces, la
audiencia, proclive al seguimiento de melodramas, empezó a edificar
un conocimiento en torno a la capacidad histriónica de los actores y
actrices; a establecer comparaciones entre una versión y otra y,
también, a incorporar esa repetición tan sui géneris, como artilugio de
la empresa televisora para invertir con un margen más amplio de
seguridad.
La familia Telerín, Topo Gigio, Los Banana Splits, Los Muppets,
Popeye el marino, Los picapiedra, La pantera Rosa, Los cuatro
fantásticos, Archie y Sabrina; programas de manufactura japonesa
como El hom bre de acero, Meteoro y Ultraman fueron objeto de es pe-
cial popularidad entre los niños y preadolescentes de las familias que
entonces contaban con televisor en sus domicilios. Para un grupo de
televidentes en plena adolescencia, la pantalla chica ofrecía La
Señorita Cometa y Mi Bella Genio.
De manera particular, las series extranjeras cubrieron un mayor
número de horas de programación, particularmente en los cuatro ca na-
les de la firma Azcárraga. Las familias vieron desgranar en sus
pantallas un gran número de capítulos de Daniel Boone, Batman, El
Avispón Verde, Daktari, Viaje al fondo del mar, Bonanza, El gran
chaparral, El santo, Los vengadores, La familia Patridge, El tunel del
17
tiempo, Los Beverly Ricos, Misión Imposible, Custer, Hawai 5-0,
Plaza Sésamo, Los Angeles de Charlie, El hombre nuclear, Kojak,
Columbo y Dimensión desconocida, entre otros (Aviña, 1995).
Los programas denominados culturales nacieron durante esta
década. Los canales pioneros en este género fueron el 11 del Instituto
17
El nombre de este programa fue tomado para hacer una serie mexicana
humorística-familiar que titularon Los Beverly de Peralvillo (Aviña, 1995).
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Luis Alfonso Guadarrama Rico
Politécnico Nacional y el Canal 13, de sostenimiento gubernamental.
Las se ries que alcanzaron mayor audiencia (aunque nunca comparadas
con otros géneros como las telenovelas, las series de acción o las
caricaturas) fueron: La hora 25, Sopa de letras, Charlas de Figaredo,
Arreola y su circunstancia, Cine-historia, Cine en el Once y Hol ly wood
a través del tiempo.
En esta época también se inició la producción y transmisión de
programas considerados para adultos, sobre todo aquellos
relacionados con el humor. Raúl Astor, zurcó el camino con su
programa La cosquilla; le seguiría Esta noche es Olga y La carabina de
Ambrosio.
Se puede presumir de una mayor cobertura doméstica de las señales
de televisión du rante esta época, debido a que prácticamente 60 de cada
100 viviendas disponían del servicio de electricidad (Schteingart y
Solís, 1994), es decir, había aumentado este servicio en poco más del
100% con respecto al decenio anterior.
Así, las familias urbanas vieron, a través de los medios impresos y
electrónicos (en particular la televisión) y en sus propios espacios
socioculturales, cómo se imponía la minifalda, los hot pants, las
camisas de encaje; accesorios como las pelucas y las pestañas postizas;
en los hombres los pantalones a la cadera con campana y su
correspondiente playera de likra y cinturones anchos (Martínez, et al.,
1996).
Los ochenta, nuevos géneros televisivos, nuevas tecnologías
En términos absolutos, para el inicio de este decenio la población
del país había llegado, según cifras del X Censo Gen eral de Población y
Vivienda, a casi 67 millones de habitantes. El flujo migratorio cam -
po-ciudad se había exacerbado, de cada cien per so nas, 66 radicaban en
localidades urbanas y 34 en rurales. Los efectos de las políticas de
planificación fa mil iar, instauradas en la década an te rior, habían surtido
efecto; a pesar de que la esperanza de vida continuaba en ascenso y que
la tasa de defunción había disminuido ostensiblemente hasta 6.3, la
tasa bruta de reproducción había descendido a 2.57 y el crecimiento
nat u ral arrojaba 28.7, en contraste con 34.1 de los años setenta (INEGI,
1994a).
Si se observan gráficas de la estructura porcentual de la población
por grupos etáreos, se notará que justamente en esta década la pirámide
188
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
se ve reducida en su base más inferior, en el grupo de 0 a cuatro años
(INEGI, 1994a), indicador que refleja que las nuevas familias
postergaron y redujeron el número de hijos, es decir, se inició la
contracción en el tamaño de las familias en México.
Los más de sesenta millones de habitantes que según INEGI había
en el país, estaban distribuidos en poco más de 12 millones de
viviendas, de las cuales dos tercios estaban asentadas en localidades
urbanas. Es en esta época en la que por vez primera la tasa de
crecimiento promedio anual de viviendas supera a la tasa de
crecimiento anual de la población, indicador que lleva a pensar en la
cantidad de hogares que se establecieron durante toda la década.
Además, otro aspecto que implicó una transformación en el orden
cualitativo de los espacios domésticos es que mientras en los setenta,
40% de las viviendas urbanas disponían de un cuarto, para este
decenio, dicha proporción había disminuido hasta 24.5%. En otras
palabras, poco más de las tres cuartas par tes de las viviendas urbanas ya
disponían de dos cuartos o más. Al cruzar este valor con el índice de
personas por cuarto se comprende porqué se registró un ligero
descenso respecto al periodo an te rior y alcanzó 2.24. (Cfr. Schteingart
y Solís, 1994).
En paralelo, otras mutaciones a considerar
Si bien es cierto que para articular este recuento me he apoyado en
cortes decenales, romperé momentáneamente dicho esquema, a efecto
de dar cabida a una serie de transformaciones que vertebraron tres
lustros. Veamos: durante la década de los años setenta y la primera
mitad de los ochenta se sucedieron tres procesos importantes en
materia televisiva. Primero, surgió el consorcio Televisa y agrupó
cuatro ca na les de la televisión abierta (2, 4, 5 y 9). Segundo, se observó
un fuerte apoyo por parte del gobierno federal para estimular la
creación y operación de televisoras estatales o regionales. Tercero, el
Estado impulsó la configuración de un sistema de televisión no
comercial a través de los canales 7, 11 y 13.
Para esta época la televisión, junto con la radio y prensa ya
constituían las carreteras a través de las cuales la información corría en
dirección de los cuatro puntos cardinales del territorio nacional. En
particular, entidades como Jalisco, México, Veracruz, Tamaulipas,
Nuevo León y desde luego el Distrito Federal, concentraban la mayor
parte de la población y se calculaba que en tre 80 y 90% de los hogares
189
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disponían de ra dios y/o televisores (Álvarez, 1993). Hasta aquí con los
tres lustros.
Regresemos a la década que nos ocupa. Posiblemente hacia el
primer lustro de los ochenta las familias urbanas empezaron a notar que
el contenido televisivo difería entre los canales 2, 4, 5, 9 y el 11 del
Politécnico, el 13 y 7 del Instituto Mexicano de Televisión. Sin em -
bargo, creo que sólo los intelectuales o los más o menos leídos
buscaban programas y géneros un poco menos comerciales y más
culturales. La mayor parte de las familias, quizá por una preferencia
sembrada desde la visión de los Azcárraga ya se había habituado a las
telenovelas, noticiarios, programas deportivos y a las se ries
norteamericanas que llegaban a sus televisores, vía los ca na les 2, 4 y 5,
mayoritariamente 18.
La telenovela, género por excelencia de alta audiencia televisiva,
mostró cambios sustantivos. Durante la década incursionó en el
melodrama, digamos, infantil puesto que el contenido de la trama
giraba en torno a los sufrimientos y consabidos triunfos de niñas o
niños; como corresponde, se dio inicio a la participación de actores
infantiles en este género, algunos de los cuales (años después) saltarían
a la fama internacional, Raúl Velasco mediante. Mundo de juguete y
Chispita iniciaron la década abriendo esta modalidad en el melo drama
y, me parece, los hijos menores de las familias empezaron a configurar
de una manera más frecuente escenas en las que se podían ver
congregadas la madre de familia y su prole, para verse reflejados o
interpelados con estas historias. Después continuaron con la telenovela
Carrusel y, al poco tiempo, ésta ensanchó sus capítulos para dar cabida
a Carrusel de las Américas, mediante una coproducción en la que
intervinieron otros países latinoamericanos.
Otro de los cambios cualitativos que dio cuenta este tipo de
programas televisivos estuvo relacionado con su contenido. A través
de historias como El maleficio, Cuna de lobos y el Extraño retorno de
Diana Salazar, las familias siguieron tramas relacionadas con la
brujería, la supuesta transferencia genética de la maldad y la
18
Según estimaciones, para el año 1986 se calculaba que en nuestro país había 9 500,000
televisores, es decir, cerca de 80% de los hogares disponía de televisor aunque dicha
proporción debió ser más baja en el medio ru ral (Cfr. Enciclopedia Hispánica, 1989)
190
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
reencarnación. También llamó la atención, y en algunos casos la
desaprobación, la incorporación de escenas de cama en melodramas
como De pura sangre, Encadenados e Imperio de Cristal; éstas últimas
tres, fueron las pioneras en este tipo de contenidos (Cueva,1996).
Según las medidas al aire de la época (rating), estas historias de la
pantalla chica mantuvieron altas audiencias entre las familias.
Por su parte, la denominada televisión cul tural buscó arremeter con-
tra la capacidad de producción de la empresa Televisa y de sus
escritoras como Yolanda Vargas Dulché, Caridad Bravo Adams,
Fernanda Villeli y contra quien años después se conocería en el
ambiente como Mr. Telenovela, Ernesto Alonso. Por ello, el Ca nal 13
se dio a la tarea de producir adaptaciones de obras de la literatura uni-
versal, dando forma a telenovelas como El fistol del diablo, Los
Pardaillán y La montaña mágica, entre otras.
Lamentablemente la escasa cobertura a lo largo y ancho del
territorio nacional de esta señal televisiva y, en paralelo, la preferencia
de las familias mexicanas por las historias del Ca nal 2 de Televisa, a lo
largo de poco más de 20 años, dieron al traste con este proyecto y, por si
fuera poco, nuestro sistema métrico sexenal hizo su acostumbrado giro
de 90 a 180 grados y el proyecto cambió considerablemente hacia el fi-
nal del periodo.
Los niños y niñas de las familias de nuestro país, amén de haber
contado con telenovelas en las que podían ver a sus similares en plena
actuación e incipiente desarrollo artístico, también contaban con
nuevas transmisiones del género de caricaturas. Los programas de la
época eran Gasparín, Tiro loco McGraw, Don gato y su pandilla,
Daktari, Capitán cavernícola, Los Picapiedra, Superamigos, Los
pitufos, He-man, Amos del universo, Mazzinger Z, She-ra, Pequeños
Muppets, Tom y Jerry, Cazafantasmas, Halcones Galácticos,
Robotech, Daniel el travieso, Vaquero galáctico, Los pequeños
Picapiedra y Comandos heróicos, en tre los programas de este género.
En este sentido, me parece que desde los nombres y por supuesto el
contenido de las caricaturas ya constituían parte del reflejo del
desarrollo tecnológico que despuntaba en los países más desarrollados
del orbe y empezaban a llegar a los espacios domésticos para ir
articulando nuevos códigos y conversaciones entre los infantes, a
propósito de lo que miraban en sus televisores. Creo que se puede
apreciar un paralelismo entre el género de las caricaturas y la
191
Luis Alfonso Guadarrama Rico
telenovela, puesto que las primeras también dieron cuenta de temas de
ultratumba,19 como Gasparín y los Cazafantasmas; presentaron, al
igual que en la telenovela, la emergencia de personajes infantiles,
como Daniel el travieso, Los pequeños Picapiedra, los Pequeños
Muppets y los Pitufos.
Las se ries norteamericanas antiguas cubrieron bar ras
programáticas en la televisión abierta; en particular programas como
Los locos Adams, La familia monster, Batman y Robin, El avispón
verde, Dimensión desconocida, Lobo del aire, Ripley, Los intocables,
El hombre increíble, La mujer maravilla, Magnum, Hawai 5-0, El
precio del deber, Barnaby Jones y Camino al cielo, conformaban parte
del género de las series.
Otra de las características de esta década fue la instauración de
programas de opinión-debate, es decir, alrededor de temas sociales,
políticos, económicos o culturales en general, se invitaba a jóvenes y
expertos a debatir sobre los aspectos señalados en el guión, con el
propósito de ofrecer a las familias una visión de la problemática
aludida, sólo que entrecruzada por diversas ópticas. Programas como
Parlamento Juvenil, Esos locos aventureros, A capa y espada, A la
misma hora, Temas de Garibay, Contrapunto, Diálogos y opiniones y
Reporte juvenil, cubrieron horas de transmisión tanto en las señales de
la televisión privada como en la no comercial (Álvarez, 1993).
Los programas de concurso continuaron, aunque regresaron los de
contenido musical como XE-TU sueño posible y Canta, canta.
También las familias apreciaron otro tipo de concursos como Más o
menos, Con-cursor y las 13 preguntas del 13. No menos importante, a
pesar de su transmisión en horarios de mediodía, se mantuvieron
programas como El club de la televisión y el Club del hogar, como un
recurso para llegar a un sec tor de la audiencia que se quedaba en casa:
las madre-esposas.20
En el género de hu mor, se consolidaron los denominados programas
para los adultos, por su manejo del llamado “doble sentido”. Por citar
algunos de ellos: La hora del loco, No empujen, La carabina de
19
Por supuesto, tratados con la estructura narrativa propia del dibujo animado para
infantes.
192
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
Ambrosio, El pirruris, ¿Qué nos pasa?, El show del loco y Cotorreando
la noticia. Por supuesto, en este tenor también surgieron transmisiones
humorísticas menos audaces como Mi secretaria, Nosotros los Gómez
y Cachún, cachún, ra, ra.
De manera particular, el programa de revista o de variedades
conocido como Siempre en Domingo, empezó a constituir el
escaparate para los lanzamientos y consecuente popularización de
grupos de cantantes como Menudo (puertorriqueños), Chamos
(venezolanos), Tenis, Flans, Timbiriche (mexicanos), entre muchos
otros y cuya presencia resultó efímera. También emergieron cantantes
preadolescentes como Luis Miguel, Lucero y Lorenzo Antonio, por
citar algunos.
Por su parte, los noticiarios empezaron a cubrir los tiempos de varias
señales de la televisión abierta. En el caso de Televisa, se diversificaron
a través de programas como: Hoy mismo, 24 horas de la tarde, En
contacto directo, 24 horas informa, 24 horas de la noche, Muchas
noticias; otras señales como el Canal 13, transmitían entre otros
programas noticiosos como: Siete días, La guía de cada día e Imevisión
informa; el Ca nal del IPN, abrió un importante espacio en este género,
denominado Enlace y Hoy en la cultura. Hacia el fi nal de esta década el
tiempo de transmisión de noticias fue ampliado ya que entró en
operación el sistema ECO, operado por Televisa, e inició cubriendo
una ancha barra que corría de las siete a las trece horas y, poco después,
la mantendría durante casi 24 horas, alternando su transmisión en las
señales 2 y 4 de su sistema.
La plataforma internacional que para estos años ya representaba el
Canal 2 de Televisa era una consecuencia no sólo de la preferencia o
lealtad mostrada por las familias de nuestro territorio sino también
estaba respaldada por un consolidado sistema internacional de
comunicación que desde la mitad de los setenta había cocinado el tigre
Azcárraga, mediante su incorporación al Sistema Univisión, mismo
20
Empleo esta categoría en los términos que propone Marcela Lagarde: “Ser madre y ser
esposa consiste en vivir de acuerdo con las normas que expresan su ser —para y
de—otros, realizar actividades de reproducción y tener relaciones de servidumbre
voluntaria, tanto con el deber encarnado en los otros, como con el poder en sus más
variadas manifestaciones.” (Largarde, 1993: 363)
193
Luis Alfonso Guadarrama Rico
que le permitió difundir sus programas a los grupos hispanoparlantes
de 18 países del continente americano. Es necesario tener presente que
dichos enlaces se lograron gracias a la puesta en órbita y
funcionamiento de los satélites Morelos I y Morelos II, llevada a cabo
entre 1985 y 1986, respectivamente 21.
Como se ha señalado en páginas anteriores, en este decenio el
gobierno de la república impulsó de manera notoria la creación y
operación de televisoras regionales en varias entidades del país, entre
las cuales se encontraba precisamente el Estado de México. 22
Asimismo, al calor de un amplio proyecto que buscaba generar una
forma de televisión nacionalista y cul tural, el gobierno fed eral, a través
del Instituto Mexicano de Televisión, incursionó en un trabajo
televisivo basado en el reportaje con el objeto de dar cuenta de
vestigios relacionados con lo que entonces se entendía como nuestra
identidad. De esta forma, en los horarios culturales, es decir, en los
matutinos, algunos miembros de las familias pudieron ver programas
como Tianguis, Artesanos, Orfebres, Folkloristas, Oficio de... y el
Hombre y el campo, entre los de mayor resistencia a la agonía
(Álvarez, 1993).
Es importante destacar aquí el intento que hizo desde el año 1983 la
televisión comercial al tratar de mantener una de sus cuatro señales
como cultural, cediendo su barra matutina para la emisión de
programas universitarios, elaborados por la UNAM; básicamente del
género documentales y concurso. En tre los programas que
posiblemente recuerdan algunas familias son: Estudio 54, programa
biográfico-musical y Video cos mos, doblado al castellano y conducido
por Carl Sagan. Fueron también frecuentes las transmisiones de
conciertos de música docta, ballet, ópera, así como series extranjeras
basadas en obras literarias universales.
21
Univisión, desde entonces, estaba enlazado a dos grandes cadenas de televisión en los
Estados Unidos de Norteamérica, a Span ish In ter na tional Net work (SIN) y a Galavisión.
De esta manera, el sistema Univisión ocupaba el cuarto lugar en importancia en los
EUA, antecedido por la ABC, CBS y NBC
22
El gobierno de la entidad se había mantenido pendiente de este proyecto y por ello, en el
mes de septiembre de 1983, no sin dificultades de equipo y de per sonal técnico, creó el
Sistema de Ra dio y Televisión Mexiquense (Cfr. Guinto y Rivas, 1995).
194
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
Un factor más que reclama su lugar en este recuento de los años
ochenta es la ampliación que muchas familias empezaron a reg is trar en
materia de equipamiento electrónico. Para la época, los televisores a
color ya habían logrado desplazar a muchos de los telerreceptores
blanco y negro.23 Con el desarrollo tecnológico de grandes empresas
como la Phil lips y Sony, se introdujo la videograbadora/reproductora y
el correspondiente casete, denominado convencionalmente video
(González, 1994). Este nuevo equipo, conforme lo fueron incorporando
las familias, empezó a redefinir el uso del televisor, incluso pocos años
después algunos investigadores24 emplearon expresiones como nuevas
tecnologías de información o elementos peritelevisivos para aludir a la
videograbadora y posteriormente a los videojuegos.
El arribo de la videograbadora a los espacios domésticos empezó a
modificar las pautas de interacción con la televisión y, sobre todo, du-
rante los fines de semana las familias que disponían de este equipo,
redujeron sensiblemente el uso del televisor como tal y lo
refuncionalizaron como monitor para mirar videocasetes de películas
rentadas ex professo; otras –quizá al inicio– se reunían a observar
videos caseros sobre bodas, quinceaños, bautizos o reuniones
domésticas.
Pronto la televisión (como empresa), empezó a hacer los ajustes
respectivos y la programación de los fines de semana acentuó su barra
con los géneros películas y reportajes, sin menoscabo de la transmisión
de eventos deportivos como futbol soccer,25 beisbol, futbol americano
y lucha libre.
Justamente, al fi nal de los años ochenta, el desarrollo vertiginoso de
las telecomunicaciones reconfiguró drásticamente el mapa de la
televisión en México. Para 1989 la empresa Multivisión entró en
abierta competencia con su sim i lar Cablevisión, con el objeto de ganar
23
Empleo el término desplazar y no desaparecer , debido a que considero que para la
mayor proporción de las familias el televisor blanco y ne gro puede entrar en desuso pero
la historia o las historias cotidianas, las razones y las pasiones atadas a estos viejos
televisores explican —me parece— los motivos que llevan a muchas familias a
conservar estos equipos, incluso inservibles técnicamente hablando, dentro de sus
espacios domésticos.
24
Ver Gómez Mont, 1990.
195
Luis Alfonso Guadarrama Rico
puntos geográficos o plazas y suscriptores. Esta lucha empezó a
generar una con sid er able mutación en lo que hoy disponemos a través
de la televisión. Para ese año la oferta de canales por ca ble ascendía a
16 y los dividían entre ambas empresas, aunque Cablevisión ofrecía
una mayor cantidad de horas de transmisión diarias: 163 con tra 120 de
Multivisión.26 De esta manera, algunos hogares selectos del Distrito
Fed eral empezaron a contar con mayor oferta de ca na les, de programas
y sus televisores se empezaron a llenar de horas de transmisión
(Guadarrama, 1995).
Los años noventa
El XI Censo General de Población y Vivienda contó poco más de 81
millones de habitantes en nuestro territorio nacional. La distribución
de la población, según tipo de localidad indicó que 71 habitantes de
cada 100 radicaban en poblaciones urbanas y el res tante 29% vivía en
medios rurales (INEGI, 1994a). Es decir, continuó el flujo migratorio
campo-ciudad y la consecuente densidad de población en las
principales ciudades del país se acrecentó aún más.
A 10 años de distancia, el crecimiento natural de la población
mostró un descenso sin precedente en las décadas anteriores pues bajó
casi diez puntos. Mientras en 1980 el crecimiento nat u ral promediaba
28.7, para el inicio de los noventa, apenas alcanzaba 19.53, a pesar de
que la esperanza de vida continuó en aumento y la tasa de mortalidad
infantil mostró un descenso significativo. Este indicador estuvo
directamente relacionado con la tasa bruta de reproducción, misma que
reportó 1.56 (INEGI, 1994a). En menos palabras, para la última década
del siglo XX, el tamaño de las familias se contrajo aún más, para
25
Hacia la mitad del año 1986, México, nuevamente, fue sede del mundial de futbol.
Du rante casi cuatro semanas la barra programática de la televisión se vio transformada
y el dominio del género deportivo creció en forma significativa, así como los programas
de análisis o de bate acerca de cada uno de los partidos que se juegan du rante la justa.
Ante este tipo de programas, la mayor parte de los miembros de las familias (aunque con
cierto dominio del género masculino) concurren para presenciar y comentar el desarrollo
de los encuentros.
26
Cálculos propios con base en lo publicado por los Diarios Nacionales en el año de 1989.
Mi agradecimiento a Lilia Eugenia Varas por el apoyo brindado en todas las tareas de
procesamiento de datos.
196
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
entonces se calculaba un promedio de 3.1 hijos por hogar familiar
(López e Izazola, 1994).
La población era albergada en poco más de 16 millones de
viviendas, las cuales se encontraban ubicadas, en más de dos tercios, en
localidades urbanas; condición que permite entender porqué casi 90%
de las viviendas disponían del servicio de electricidad. En páginas
anteriores comenté que du rante los años ochenta la tasa de crecimiento
de las viviendas había sido superior al de la población y que ello se
presentó por vez primera. Para este último decenio, la tendencia
continuó, sólo que con mayor pronunciamiento, pues mientras la tasa
de crecimiento promedio de la población reportaba 2.02, la vivienda
alcanzaba 2.84 (Schteingart y Solís, 1994) . Ello puede constituir un reflejo
de la tendencia creciente de instauración de hogares y de la necesidad
de estos espacios, derivación sostenible si además se tiene presente que
precisamente para el inicio de la década en cuestión la tasa de
nupcialidad alcanzó 7.90, en contraste con 7.38 de la década
precedente (INEGI, 1994b).
En materia televisiva, esta década mostró también cambios
importantes. Enseguida, un breve recuento de los más significativos.
En el año 1993, el Estado desincorporó el pretendido sistema
Imevisión, al poner en venta los ca na les 7 y 13 y redujo
significativamente el apoyo a las televisoras regionales. En
consecuencia, sólo quedó, con una pretendida cobertura nacional, la
señal del Instituto Politécnico Nacional, Canal 11. Como una medida
de consolación, ese mismo año (1993) fue aprobada y creada una señal
cultural, denominada Canal 22, pero apenas cubría la ciudad de
México y la zona conurbada a la capital del país. Desde luego que a
través de la televisión restringida, dicha señal llega a los hogares que
tienen recursos suficientes para pagar este tipo de servicio
(Guadarrama, 1995).
Con el arribo de una empresa televisora más, en el campo de la
oferta programática, desde los primeros meses las familias empezaron
a percatarse que entre Televisa y TV Azteca (grupo Elektra), se había
desatado una batalla por ganar audiencia (rating) a través de cuatro
naipes: telenovelas, noticiarios, dibujos animados o caricaturas y
paquetes publicitarios para anunciantes.
Así, la transmisión de telenovelas amplió tanto sus horarios de
transmisión como el contenido de las historias y, en par tic u lar el Ca nal
197
Luis Alfonso Guadarrama Rico
13 y 7 (ya privatizados) iniciaron la emisión de melodramas
producidos por otros países, en es pe cial las telenovelas venezolanas y
algunas de manufactura en Miami, EUA. Por citar algunas: Café con
aroma de mujer, Doña Bella, Pantanal y Se ñora tentación; luego, bien
entrada la década, empezó a ganarle audiencia a la firma de los
Azcárraga, con Nada Per sonal, Demasiado Corazón, Mirada de Mujer,
Tentaciones, el Amor de mi vida, Perla, Tres veces Sofía y, La Vida en
el espejo. Por su parte, el consorcio Televisa mantuvo fuertemente la
producción de este género y continuó abordando temas que pudieran
acaparar la atención de madres, adolescentes, niñas y niños, a través de
melodramas como: Rosa Salvaje, Volver a empezar, Alondra, María
José, Caminos Cruzados, Muchachitas, Bajo un mismo rostro, Pueblo
chico, infierno grande, El privilegio de amar, Soñadoras, Camila,
Ángela, El diario de Daniela, Tres mujeres, Nunca te olvidaré y, Amor
gitano.
Por su parte, los programas de concurso despuntaron de manera par-
ticular en la mayor parte de las señales de la televisión abierta y
buscaron segmentos de la audiencia, también divididos por grupos
etáreos. Por ejemplo, Sábado Gigante, El gran juego de la Oca, Xuxa
Parck, Llévatelo, La rueda de la fortuna, A la cachi, cachi porra, El club
de Gaby, Sin control, TV.O, Nube luz; algunos años después se
diversificaron en: Atínale al precio, Chitón, Rola la rola, Aguántate,
Gánale compadre, Jeopardy, Cuenta y gana y, con amplia trayectoria
por su longevidad los fines de semana, el programa conducido por
Javier López Chabelo, denominado En familia.
Aquí vale hacer una acotación. El género concurso –como muchos
otros– en cuanto a su formato convencional, prácticamente desbordó
su estructura pues en la presente década una gran cantidad de
programas (deportivos, de hu mor y aun los de tipo revista) incluyeron
secciones para que algunos asistentes a las salas de los estudios de
televisión o bien desde sus respectivos hogares, tomaran parte en
breves competencias para ganar algún premio. Ejemplos de este tipo de
desbordamiento fueron Picardía Mexicana, Con ganas, Con ganas por
detrás y un sinnúmero de encuentros deportivos.
En lo que va de la presente década, los dibujos animados continúan
cubriendo una importante barra programática, tanto en las señales del
consorcio Televisa como en el grupo Elektra. Al inicio de la decena, los
hijos pequeños de las familias vieron desfilar algunos de los siguientes
198
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
programas: Los bits, Pixie-Dixie, Los Thundercats Moto-ratones de
Marte, Dink, Alvin y las ardillas, El pequeño dinosaurio, Caballeros
del Zodiaco, El nuevo pop eye, Candy- Candy, Super campeones y Los
Simpson. Más adelante, en el último trecho de la década que nos ocupa,
desfilaron programas como: Sandybelle, Garfiel y su amigos, Winnie
Pooh, Yogui, Dragon ball, Dragon ball Z y Ranma 1/2,
Por otra parte, emergió con especial fuerza el denominado género
Talk Show. Al inicio de esta novena década, programas como:
Íntimamente Shanik, El Show de Cristina (Saralegui) y Pedro Sevcec,
a través de la televisión por cable, abrieron una veta hasta antes
inexplorada en la televisión pues se dieron a la tarea de alimentar sus
transmisiones con contenidos tabú y que, desde cierta óptica, podrían
ser considerados eminentemente marginales. Así, a través de este tipo
de programas los invitados de Shanik, Cristina Saralegui o Pedro
Sevcec, algunas familias o miembros de ellas siguen a través de sus
pantallas chicas los padecimientos, desavanencias y pleitos de
homosexuales, lesbianas, drogadictos, prostitutas, sidosos, supuestos
vampiros, curanderos, brujos, contactados por seres extraterrestres,
estigmatizados, poligámicos, poliándricas, célibes y fóbicos.
Dicho sea de paso, este género se ha generalizado en las pantallas
chicas en gran parte de América Latina, Estados Unidos de
Norteamérica y algunos países de Europa (Pastoriza, 1997), aspecto
que empieza a ganar la atención de algunos otros investigadores en el
cam po de la comunicación. Sobre el par tic u lar, ver el trabajo de Alicia
Poloniato (1997).
Finalmente, en el caso de los noticiarios, la fuerte competencia que
se inició poco antes de la primera mitad de los noventa entre las
televisoras privadas, hizo que este último naipe ocupara tres regiones
clave en la barra programática: durante la mañana, por la tarde y
pasadas las 22 horas de la noche. Con ello, aunque prácticamente
ofrecen la misma información, matizada por su propia perspectiva de
tratamiento, buscan trabajar sobre los ejes tanto de cobertura como de
una pretendida credibilidad en el manejo de las noticias.
Balance
El recorrido que he intentado ofrecer a lo largo de estas cuatro décadas,
permite proponer algunas reflexiones sumarias ¿Qué nos ha dejado la
televisión en nuestro país? Acaso una memoria colectiva en la que
199
Luis Alfonso Guadarrama Rico
compartimos programas específicos durante cierta época de nuestra
vida, y que nos da la posibilidad de encontrarnos y reubicarnos en esa
geografía, tanto de géneros programáticos como de puntos cardinales
en el mapa de nuestra mnémesis televisiva, hecha a fuerza de asistir
cotidianamente al encuentro con la pantalla catódica pero también ésta
se ha encargado de hacernos del tiempo pasado (con programas viejos)
un presente que nos habla del ayer, en un hoy que fenece con cada
emisión.
Poblacionalmente somos casi el doble de cuantos éramos en la
década de los sesenta; también los poblados que antaño eran
semi-urbanos o rurales, ahora han mutado hacia la vida agudamente
urbanizada. Por ende, las familias son cada día más urbanas; más
reducidas en su estructura, en tanto menos hijos y más tardía la edad
para la procreación. En este proceso de transformación familiar, la
televisión y sus programas no sólo nos han acompañado sino que en
muchos casos, incluso han operado como artífice de políticas
poblacionales, sea a través de telenovelas prodesarrollo o de casi
anuncios, para controlar la natalidad y convencernos, programa a
programa, spot tras spot, que la familia pequeña vive mejor.
La moda ha tenido como vaso comunicante a la pantalla catódica,
ésta nos ha dicho, desde los años setenta hasta hoy, cómo debemos
vestir, peinarnos, qué desodorante usar cada mañana; qué música
escuchar; qué ver en el teatro o en el cine; cómo hablar y más
recientemente no sólo qué desayunar, comer o cenar, sino qué estética
debe tener nuestro cuerpo. A estas propuestas, prácticamente nadie ha
escapado no sólo porque las haya visto-escuchado sino porque aun con
matices, terminan por ocupar un espacio en nuestra conversación y en
nuestras preocupaciones.
En los años sesenta, había más niños y niñas; más núbiles y
adolescentes, pero entonces la oferta televisiva y su cobertura no
habían llegado a todos los rincones del país. En esta condición,
tampoco había experiencia, recursos tecnológicos, consorcios e
industrias del entretenimiento altamente especializadas ni pericia
suficiente para producir géneros programáticos de propósito y
contenido específico que interpelaran a grupos etáreos más
segmentados: niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos o grupos de
la llamada tercera edad. Hoy, en el milenio que está por concluir, la
oferta programática no sólo se ha diversificado para llegar a elementos
200
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
de la familia cada vez más particulares, sino que además los géneros
han desbordado sus formatos y mixturan múltiples estructuras
narrativas en un solo programa.
Ese conservadurismo en torno a la familia conyugal nuclear como
única forma válida para amar y procrear; las relaciones de pareja,
encajonadas en un noviazgo tradicional, más otros tantos tema-tabú
como el homosexualismo, el alcoholismo y en gen eral la drogadicción,
fueron tímidamente tocados u obviados por la televisión de los años
sesenta.
Al respecto, mi punto de vista es que la pantalla chica trazó un doble
movimiento: por un lado, hizo (y sigue haciendo) eco de las ideas
conservadoras en torno a cada tema que aborda; por otro, al darles
cabida, al convertirse en una tribuna pública pero territorializada y
encendida cotidianamente en la intimidad de los hogares y de las
familias, ha incorporado las mutaciones sociales a las mentalidades
tanto individuales como colectivas para proponer una agenda temática
sobre lo que hace bastante tiempo sucede en la vida y en la trama de las
personas comunes. El resultado, pretendido o no por la televisión, es
que al menos un fuerte sector de la población –que no todos–,
empezamos a vernos reflejados en nuestras preocupaciones y en
nuestros temas cotidianos.
En par tic u lar, el melo drama de la última década no sólo ha puesto al
descubierto gran parte del cuerpo, tanto masculino como femenino,
sino acaso ha puesto en las tribunas pública, privada e íntima de cada
hogar cosmopolita temas como el narcotráfico y la corrupción en al tos
mandos de la política (Nada personal, Demasiado corazón); la
drogadicción juvenil (Soñadoras); el sida, la impotencia sexual, el
climaterio, la menopausia, el cáncer mamario (Mirada de mujer); el
homosexualismo (El privilegio de amar); el lesbianismo (Infierno en el
paraíso) y, en muchos melodramas, nuevas estructuras y dinámicas
familiares que buscan reflejar parte de las mutaciones
sociodemográficas que se han registrado en las últimas dos décadas,
especialmente –como lo señala Orlandina de Oliveira–, el incremento
de separaciones, divorcios y sus repercusiones en el tamaño,
estructura, composición y ciclo de vida de la familia mexicana
(Oliveira, 1994). En paralelo, a lo largo de 40 años, la telenovela
también continúa vendiendo y reciclando la misma historia de la
201
Luis Alfonso Guadarrama Rico
cenicienta pobre o desheredada que, después de muchos sufrimientos
encuentra la felicidad y, en su consorte, al príncipe de sus anhelos.
Durante los años sesenta y setenta, la radionovela y el radioteatro
supieron convivir con la oferta televisiva y particularmente con la
telenovela. Al paso de cuatro décadas de producción melodramática y
de un mayor afianzamiento de una cultura au dio vi sual en las nuevas y
viejas generaciones, hoy el grueso de la población escucha ra dio para
seguir la oferta mu si cal y los noticiarios; la radionovela no figura más
que marginalmente, quizá, como lo diría Cristina Romo, en espera de
revivir algún día a manos de nuevos talentos universitarios (Romo,
1996).
Hoy domina con mayor franqueza la televisión comercial; su
cometido principal es y será la venta tanto de sus programas como de
los productos de los anunciantes que le dotan de ganancias. Du rante los
años ochenta, en el régimen de Miguel de la Madrid, creímos que se
había erigido un sólido proyecto de televisión alternativa (llamada re-
gional o cultural) que sabría sostenerse y convivir con la oferta
comercial. Sin em bargo, el modelo neoliberal que asumió nuestro país,
entrada la década de los noventa, exigió el adelgazamiento de todo
aquello que no diera señal alguna de ganancias monetarias, y entonces
varias de las televisoras (y radiodifusoras) regionales entraron en un
largo proceso de sobrevivencia que hoy las tiene, a quienes han
aprendido a vivir en estado de coma, en una lamentable producción
marginal.
En correspondencia, la televisión comercial de las últimas dos
décadas agudiza sus criterios de rentabilidad y se guía con el rating
para determinar qué debe permanecer en la pantalla y cuáles programas
han de fenecer, con independencia de la calidad, el contenido y de la
función sociocultural que represente para determinados sectores de la
población o grupos etáreos específicos. En este tenor, muchos
programas se han sujetado al escrutinio de la audiencia a través de la
medida al aire pero también de la opinión de grupos y asociaciones que,
en su momento, han ejercido presión para que salga del aire
determinado programa.
La última década de la televisión en México se ha caracterizado por
el asalto de la nota roja al contenido de la pantalla catódica; no sólo a
través de programas específicos como en su momento lo fueron:
Ciudad desnuda, Visión urbana, Fuera de la ley, Duro y directo o la
202
Géneros Televisivos en México.
Un Paseo por la Geografía de Cuatro Décadas
retransmisión de Primer impacto, producido por Univisión, sino
también nutre de manera cotidiana los noticiarios, la telenovela y un
gran abanico de series de manufactura norteamericana.
Hacia los años sesenta, apenas una cuarta parte de los hogares
disponía de un televisor blanco y ne gro; la oferta programática no sólo
era explicablemente incipiente sino que apenas cubría el horario
vespertino y difícilmente las tres señales emitían programación
después de las 9 de la noche. A la distancia, en la década de los noventa,
como resultado del desarrollo de las telecomunicaciones, la fusión de
mega-empresas de comunicación y de la in du stria del entretenimiento,
más el desarrollo tanto de la televisión a color, la de alta definición y en
particular la incursión y despunte de las nuevas tecnologías como el
video, el telemando y la integración de la telefonía, la
microcomputadora y la in ternet, la televisión ocupa un lugar
omnipresente en la vida cotidiana de las familias. En particular, en el
dominante México urbano, nueve de cada diez per so nas ven televisión
cotidianamente y ochenta y siete de cada cien hogares disponen de
pantalla chica a color.
Con este panorama, nuestro encuentro con la televisión parece
insalvable. Desde la década pasada, a la mayor parte de los nuevos
seres humanos que nacen en México, les precederá el televisor una
mega-oferta a la que difícilmente podrán acceder en su tiempo li bre o a
lo largo de su vida, pero que nos empujará con denuedo hacia una
cultura eminentemente audiovisual, en la que unos cuantos proponen
qué debemos ver y sobre qué debemos pensar, con trol remoto en mano.
[email protected]Bibliografía
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