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El documento aborda la escritura femenina en la literatura, explorando la existencia de una literatura específicamente femenina y las cuestiones de identidad y estilo. Se analizan las experiencias y cosmovisiones de las escritoras, así como los temas recurrentes en su obra, como la sexualidad, la maternidad y la desigualdad de género. Además, se discute la revalorización de la literatura escrita por mujeres y la relación de estas con su público.
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El documento aborda la escritura femenina en la literatura, explorando la existencia de una literatura específicamente femenina y las cuestiones de identidad y estilo. Se analizan las experiencias y cosmovisiones de las escritoras, así como los temas recurrentes en su obra, como la sexualidad, la maternidad y la desigualdad de género. Además, se discute la revalorización de la literatura escrita por mujeres y la relación de estas con su público.
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Tema 2

Smart Readings. Leer como un Escritor

Tema 2. Escritura y silencio


en la literatura escrita por
mujeres
Índice
Esquema

Ideas clave

2.1. Introducción y objetivos

2.2. La escritura femenina y las cuestiones de identidad y


estilo: ¿realidad o quimera?

2.3. La mujer como sujeto y objeto de la escritura


narrativa

2.4. (Sin)razones para el olvido: las escritoras y su público

2.5. Revalorización de la literatura escrita por mujeres

2.6. Referencias bibliográficas

A fondo

Día de las escritoras: Lectura de textos en la Biblioteca


Nacional de España

Jóvenes escritoras

Las Sinsombrero

Test
Esquema

Smart Readings. Leer como un Escritor 3


Tema 2. Esquema
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Ideas clave

2.1. Introducción y objetivos

Este tema tiene como objetivo llevar a cabo una reflexión acerca de la existencia o

no de una literatura específicamente femenina. Comentaremos cuestiones como la

cosmovisión que las escritoras plasman en sus obras, los temas que prefieren tratar

en sus obras, así como algunos rasgos estilísticos que se presuponen netamente

femeninos. También hablaremos de la mujer como personaje literario y mostraremos

las opiniones que algunas autoras tienen de su propia literatura en relación a la

cuestión femenina. Abordaremos, también, las razones que han servido para

silenciar sus voces y la relación de las escritoras con el lectorado, así como algunas

estrategias que contribuyen a su rescate y revalorización.

Por lo tanto, los objetivos que alcanzaremos con el estudio de este tema son los

detallados a continuación:

▸ Conocer las diferentes concepciones que tiene la crítica sobre la literatura

femenina.

▸ Conocer las particularidades de la escritura femenina: visión del mundo, temas

y estilo.

▸ Entender las diferentes consideraciones de la mujer como sujeto y objeto

literario, es decir, como autora y como personaje.

▸ Comprender las diferentes posturas de las escritoras ante su propia obra.

▸ Conocer las causas de su olvido y del interés renovado que suscitan entre

crítica y público.

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

2.2. La escritura femenina y las cuestiones de


identidad y estilo: ¿realidad o quimera?

Leemos y escuchamos muchas veces marbetes como «escritura femenina»,

«escritura de mujeres», «literatura escrita por mujeres», etc. Pero, ¿existe

verdaderamente una forma particular de escritura o una producción literaria que

puede calificarse como exclusivamente femenina? ¿Hombres y mujeres escriben de

forma diferente? ¿Se trata solo de una cuestión de estilo o de preferencias por unos

temas determinados? ¿Imprimen las mujeres a sus obras de una cosmovisión

particular y diferente de la de los escritores varones?

Todas estas son preguntas que la crítica lleva formulándose desde años, desde

siglos podríamos incluso decir, pero que tienen una frecuencia e incidencia mayor en

la historiografía literaria de las últimas décadas. Podemos encontrar posiciones

críticas en muchos sentidos y no es nuestra intención explorarlos todos aquí ni

ofrecer soluciones definitivas. Más bien al contrario, queremos sembrar la duda –

múltiples dudas- y propiciar el debate reflexivo individual y colectivo en el aula. Como

escritores, debemos plantearnos estas cuestiones.

La cosmovisión de la escritura femenina: escritoras frente al mundo y frente a sí


mismas

La primera idea que debemos tener en cuenta puede resultar muy clarificadora: el

simple acto de escribir es una elección en sí misma que conlleva una multiplicidad

de sucesivas elecciones, muchas de las cuales son inconscientes y colman el

producto escritural de nuestras experiencias, emociones, ideología, miedos y deseos,

etc. Así lo manifiesta la escritora argentina Griselda Gambaro, quien añade con

acierto que «escribir es reconocer, a uno mismo y al otro» (1985, p. 472) y necesita
la presencia del lector que, de alguna manera, participa también en esa acción de

reconocimiento.

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

Lo que ocurre con las mujeres, como escritoras y como lectoras, es que toda esa

carga de experiencias y emociones ha estado secularmente mediada y moldeada por

la visión masculina del mundo, que es la que ha configurado a grandes rasgos la vida

social, la vida privada y la cultura. En este sentido, las mujeres se acercan a la

literatura desde parámetros que no les son propios por naturaleza y el esfuerzo de

muchas escritoras se ha centrado muchas veces en ir ganando terreno en la

comprensión de lo que significa ser mujer y escribir como mujer. Si bien no

necesariamente toda la escritura producida por mujeres puede asemejarse y

asimilarse a criterios comunes que podemos llamar –acertadamente o no-

femeninos, no es menos cierto que las mujeres, en tanto que tales, escriben desde

su condición femenina, por el simple hecho de que cada individuo siente, piensa y,

por extensión, escribe desde quien es. Por ello, es razonable pensar que las

escritoras plasman en sus obras ese bagaje inmenso, condicionado por la cultura

dominante, que es eminentemente masculina. En este sentido, afirma Gambaro que:

«[…] cuando una mujer reflexiona sobre sí misma y su relación con

los seres y las cosas, piensa espontáneamente, caída en el lazo del

acostumbramiento o la misoginia verbal, en «uno y los otros», cuando

habla genéricamente de las conquistas y los sueños, son las


conquistas y los sueños del hombre» (1985, p. 472).

A lo largo del tiempo, a muchos lectores –tanto hombres como mujeres- les ha

costado enfrentarse a esa «literatura diferente», porque siguen leyendo los textos

escritos por mujeres desde esa «metaforización engañosa», esa visión impuesta

por la cultura masculina de la que habla la autora. Por ello, es necesario aprender a

leer también atendiendo al sujeto que escribe –en este caso las mujeres- y esto es

fundamental para un futuro escritor. Llegamos así a otra percepción del asunto, la de

Gioconda Espina, que matiza la opinión de Gambaro:

«No hay una literatura o un arte femeninos. Tampoco hay una

literatura o un arte masculinos. Hay literatura escrita y arte hecho por

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

mujeres y hombres que solo resistirán el paso del tiempo si

consiguen tratar los grandes temas de la condición humana con una

singularidad tal que las marque como únicas, por el estilo

inconfundible de sus autores. Lo que sí es cierto es que –salvo

excepciones—la elección del material a trabajar es distinta en

hombres y mujeres, pues la «experiencia vivida» no es igual para

ambos sexos y la elaboración de esa experiencia no sigue ni los

mismos caminos ni tiene los mismos énfasis en unos y otras» (2013,

p. 19).

La posible inexistencia de una literatura femenina implica la sola existencia de una

literatura de carácter global, diversa en muchos aspectos, pero única, en la que se

alcanza la universalidad –la victoria frente al paso del tiempo- a través de la calidad,

sin importar quién esgrime la pluma. En este sentido, Espina recuerda la idea de

Simone de Beauvoir centrada en que, si las mujeres quieren que su obra trascienda,

deben ser conscientes de que no van a generar valores diferentes a los hombres

(2013, p. 25). Como señala Espina, una forma de entender esta propuesta pasa por

la asunción de las normas de los grandes autores varones. Sin embargo, muchas

escritoras han logrado su estatus literario haciendo precisamente lo contrario,

enfrentándose a esas normas. Ejemplo de ello es Marguerite Duras, que asume que

si se es mujer, solo se puede escribir desde esa posición (p. 26).

La concepción de Beauvoir es más compleja e interesante de lo que hasta aquí

hemos mostrado, pues no niega que pueda alcanzarse la universalidad con una

escritura que parta del yo femenino sino que, lo que defiende, es que la mayoría de

escritoras tienen que superar la «superficialidad descriptiva» que caracteriza sus

obras para lograrla. Beauvoir cree que la mayor parte de las mujeres «escriben o

hacen arte sin pagar el precio del trabajo escritural o artístico diario, sin hacerle

frente a la crítica adversa y a la autocrítica despiadada» (p. 27). Debemos ser

conscientes, aquí, de que estas palabras deben circunscribirse al contexto social de

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

la pensadora francesa, en el que las mujeres vivían relegadas al ámbito privado, de

espaldas al mundo. Por ello, afirma Beauvoir que estas observan el mundo desde su

propia perspectiva individual y no desde una universal y, por tanto, lo reproducen

tal y como lo conocen, circunscrito a su pequeño espacio vital (Beauvoir, 1949-1977,

pp. 493-494 citado en Espina, 2013, p. 27).

Para entender a Beauvoir es necesario ser consciente de que su planteamiento

abarca, fundamentalmente, a toda una nómina de escritoras que recurrían a la

literatura como modo de superar el aburrimiento. Quedan excluidas, por tanto,

algunas de las grandes plumas como Virginia Woolf (Espina, 2013, p. 27). Y es que,

al margen de algunos juicios de valor que pueden estar basados en su gusto

personal, no le falta razón al pensar así sobre algunas autoras decimonónicas o de


principios del siglo XX, pues muchas ellas, en distintos países, seguían el modelo de

un realismo ya superado o de escasa calidad. Lo que no invalida que encontremos

en ese período escritoras de altura, al mismo nivel que muchas de las grandes firmas

masculinas.

Recordemos que el criterio que debe prevalecer en nuestras valoraciones es

el de la calidad, con independencia del género –u otra condición- de quien

escribe.

Nos hemos planteado, hasta aquí, la posible existencia de una escritura

específicamente femenina. Quizá la escritura en sí misma no es diferente cuando es

abordada por mujeres, pero es innegable que no se puede evitar escribir desde lo

que uno es. Por ello, las mujeres han ido ganado terreno progresivamente en la

plasmación del mundo en sus obras desde el yo femenino desasiéndose, de forma

paulatina y en mayor o menor grado en los distintos casos, de la cosmovisión

masculina. Esto se puede apreciar en la preferencia por ciertos temas o rasgos

estilísticos.

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

Tabla 1. Criterios de diferenciación de la escritura femenina.

En los párrafos precedentes hemos centrado nuestra atención en la existencia de

diferentes cosmovisiones de los hombres y mujeres que escriben y, en las siguientes

líneas, abordaremos las cuestiones temática y estilística.

Los temas de la escritura femenina

El primer aspecto que debemos tener en cuenta es que, siguiendo la argumentación

del subapartado anterior, las mujeres escriben desde su condición femenina, por

tanto, es lógico que reflejen en sus obras su evolución histórica.

Como es sabido, ya desde finales del XIX pero, sobre todo, a partir de la Primera

Guerra Mundial, la mujer da un paso de gigante en su participación en la vida

pública – en las parcelas social, política, laboral y educativa- y en la conquista de

derechos. Su literatura revela indiscutiblemente las problemáticas asociadas a estos

avances y luchas. Son muchos los ensayos que se han ocupado de estas cuestiones

y buena parte de ellos quedan sintetizados en el trabajo de Schuck (2008), que

menciona la labor crítica al respecto de estudiosas como Elódia Xavier, Biruté

Ciplijauskaité, Isabel Magalhães, Norma Telles, Maria Consuelo Campos, Luiza Lobo

y Lélia Almeida, cuyas apreciaciones, que podemos hacer extensibles a la literatura

escrita por mujeres en el mundo contemporáneo, veremos en las siguientes líneas.

Ciplijauskaité menciona como temas preferentes de la narrativa femenina la

sexualidad, el aborto, la maternidad y la elección de profesión, expuestos a lo largo

de un proceso de concienciación femenina en varias fases: la toma de conciencia

como niña, como mujer y como madre (1982, pp. 37-38 citado en Schuck, 2008, p.

2).

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

Por su parte, Telles hace hincapié en la presencia de los temas que tienen que ver

con la desigualdad entre hombres y mujeres y la subordinación de estas a aquellos

(1992, p. 112 citado en Schuck, 2008, p. 2).

En otro orden de cosas, Luiza Lobo califica la literatura femenina como «más
afectiva, delicada, sutil, reservada, frágil o doméstica» pues refleja sus vivencias

cotidianas (2000, p. 1 citado en Schuck, 2008, p. 2).

Por el contrario, para Magalhães las inquietudes que esta literatura muestra aluden a

un abanico más amplio de relaciones de las escritoras con el mundo, pues manifiesta

estrechas conexiones con lo telúrico, el tiempo, la racionalidad, la

autorreferencialidad y las relaciones intersubjetivas (1995, p. 31 citado en Schuck,

2008, p. 4).

A esto hay que añadir otro tópico fundamental preferido por las escritoras: la

memoria, pues por su pasado se justifican muchas de las acciones y sentimientos de

sus personajes (Xavier, 1991, p. 13 citado en Schuck, 2008, p. 4). Esta idea se

complementa con la explicación de Ciplijauskaité centrada en el «paso de la

adolescencia a la plenitud como mujer, forzosamente relacionado con la experiencia

sexual. Frecuentemente se incluyen consideraciones sobre la vida de familia, a

veces desde dos puntos de vista: evaluando aquella de que procede, y mirando

hacia aquella que posiblemente va –o acaba de- fundar» (1982, p. 46 citado en

Schuck, 2008, p. 4).

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

Esta autora incide, además, en otro elemento importante y es la identificación que

se observa entre las mujeres en la literatura de autoría femenina (Ciplijauskaité,

1982, p. 53 citado en Schuck, 2008, p. 5). Como señala Schuck, «madres, hijas,

abuelas, nietas, amigas y hermanas se relacionan y se identifican» (2008, p. 5). A

estos hay que sumar otros temas presentes en las obras de las escritoras, aunque

tratados también de una forma evolutiva, en consonancia con los cambios que las

mujeres han experimentado a lo largo de las décadas: el matrimonio, la fidelidad o la

virginidad (p. 5).

Para el desarrollo de estos temas, las autoras se valen con frecuencia de diferentes

subgéneros narrativos, entre ellos, «el epistolario, la canción popular, el diario de

vida y el folletín» (Cobos, 1998, s.p. citado en Schuck, 2008, p. 5). Y, como veremos

a continuación, de diferentes recursos estilísticos.

Algunos rasgos estilísticos de la escritura femenina

La posibilidad de hacer un compendio sobre los rasgos de estilo más frecuentes de

la escritura femenina sigue siendo objeto de debate, en el que algunos críticos se

erigen en defensores y otros en detractores de una supuesta homogeneidad formal.

Desde estas páginas queremos animar a la reflexión en este sentido y a la discusión

en clase. Para ello, seguidamente ofreceremos algunas de las características

estilísticas que se han atribuido a la literatura escrita por mujeres. Nos guiaremos en

esta ocasión por el trabajo de Carmen María Matías López y Philippe Campillo, de

elocuente título, ¿Puede hablarse realmente de escritura femenina? (2009).

Empecemos con la mención que hacen estos autores a dos obras de Béatrice Didier,

Le journal intime (1976) y L’écriture-Femme (1981), por la conexión que se establece

con la noción de escritura femenina que hemos manejado en el epígrafe precedente.

En ellas, Didier habla también de que lo que hace específica la literatura de mujeres

es que refleja su posición en la sociedad. Y, según Matías y Campillo, Didier

afirma también que «la escritura íntima masculina sería más egocéntrica mientras

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

que la escritura femenina se centraría más en las relaciones sociales» (2009, s.p.).

En línea con lo expuesto anteriormente, también Quinn redunda en la idea de que

hombres y mujeres no experimentan el mundo de igual forma y, por ello, no pueden

mostrarlo de la misma manera en sus obras (1994, pp. 48-49). Una vez recordada

esta idea, pasemos a mencionar los rasgos más definitorios que han señalado

algunos críticos como específicamente femeninos (Matías y Campillo, 2009, s.p.):

Figura 1. Rasgos definitorios de la escritura femenina. Fuente: basado en Matías y Campillo (2009).

Finalizamos con varias reflexiones de Matías y Campillo (2009, s.p.):

▸ La literatura femenina ha ocupado durante mucho tiempo –y en algunos casos sigue

siendo así- un lugar marginal con respecto a la literatura masculina.

▸ La crítica más tradicional no se esfuerza por encontrar «una realidad diferente y un

lenguaje particular» en las obras escritas por mujeres, sino que se esfuerza «en
estigmatizar el texto de la escritora definiéndolo en función de otros textos, textos de
escritores masculinos».

▸ Las mujeres tienen una relación particular con el mundo, distinta de los hombres. «Lo

que no quiere decir que su literatura sea específica y obligatoriamente diferente de la


literatura masculina, a la que cuestionan, sino simplemente que las escritoras

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

comparten una concepción de la realidad, con frecuencia distinta de la de sus


homólogos masculinos».

▸ No es fácil hablar de «especificidad femenina», pues no todas las mujeres ven el

mundo de la misma manera, pero sí «desarrollan una temática femenina porque la


visión que ellas tienen de sí mismas y del mundo, solo ellas pueden transmitirla y
continuarla, comunicarla».

En conclusión, hay muchos críticos que señalan algunas peculiaridades de la


escritura femenina, que vienen dadas, fundamentalmente, por la visión del mundo

que tienen las mujeres por el hecho de serlo y por haber experimentado las vivencias

que les han tocado vivir, que habrían sido distintas de haber sido hombres.

A pesar de todo, hay muchas voces que opinan lo contrario, que no creen que se

pueda hablar de escritura femenina simplemente porque las autoras sean mujeres.

Es posible que esto sea así, que deban darse varias circunstancias para que esta

máxima se cumpla. Como en el tema anterior, el debate está servido y para avivarlo,

planteamos la misma pregunta que se hace Potok-Nycz:

«Nadie se pone a cuestionar la legitimidad del concepto de «literatura

española» o «polaca», dando por justificado el poder condicionador

del criterio nacional, aunque sin lugar a dudas la pertenencia a una

nación puede resultar más problemática que la calificación de género

(femenino u masculino)» (2003, p. 153).

¿Entonces, existe o no una literatura –o escritura- femenina?

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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave

2.3. La mujer como sujeto y objeto de la escritura


narrativa

La mujer como personaje literario

En el apartado anterior nos hemos centrado en la mujer como sujeto de la escritura,

es decir, como creadora, pero es importante también observar cómo se ha

representado la figura femenina como personaje literario.

Es ingente la nómina de trabajos que se han dedicado al análisis de la mujer como

objeto literario en las diferentes literaturas nacionales y en relación a todas las

épocas, pero podemos afirmar que casi todas las diversas tendencias y

manifestaciones literarias –y también artísticas en general- muestran tipos de mujer

similares porque son en su mayoría producto de la imaginación masculina.

Como interesante contrapunto a esta tendencia pondremos el ejemplo de los

esfuerzos de un grupo de escritoras, que en la España del primer tercio del siglo XX,

llevaron desde las páginas de sus obras la representación de la mujer hacia

posiciones opuestas a las dominantes. Son muchas las que, párrafo a párrafo, fueron

construyendo un nuevo modelo de mujer, alejado del ideal masculino, pero


citaremos solamente algunos nombres fundamentales para animar a la lectura de

sus novelas y poder así comprobar esos cambios de paradigma en la construcción

de sus personajes femeninos. Aprovechamos la ocasión para aconsejar algunas de

ellas:

Las hijas de Don Juan (1907), de Blanca de los Ríos; Idilio trágico (1907), de

Caterina Albert (Víctor Catalá); Princesa del Amor Hermoso (1909), de Sofía

Casanova; Los negociantes de la Puerta del Sol (1919), de Carmen de Burgos

(Colombine); La aventura de Roma (1923), de Margarita Nelken; La carabina (1924),

de Eva Carmen Nelken (Magda Donato); Las dos estrellas (1928), de Pilar Millán

Astray; El tizón en los trigos (1930), de María Teresa León y Heroínas (1935-1936?),

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Ideas clave

de Federica Montseny. Todas ellas son novelas breves y pueden leerse en la

recopilación que de ellas hace Ángela Ena Bordonada (1990).

Como decíamos, estas y otras autoras de la época, van conformando una imagen

diferente de la mujer, alejada del ideal que proponen los autores varones. Se refleja

la mujer real y, por ello, es frecuente que nos encontremos con personajes que no

se caracterizan por su belleza, esa belleza casi inalcanzable con la que los escritores

han configurado habitualmente a las mujeres de sus textos.

Figura 2. Cambios en la representación de la mujer como personaje. Fuente: basado en Ena Bordonada (1990).

Conocidos son los dos prototipos femeninos habituales y antagónicos que nos

encontramos en la literatura –y en las artes visuales- desde tiempos inmemoriales.

No son los únicos, pero sí estamos ante un binomio altamente reproducido en la

historia de la literatura. Por un lado, la mujer madre y esposa, dulce y doméstica,

relegada al ámbito de la vida privada y dotada de muy escasa capacidad de acción,

esto es, el «Ángel del hogar» decimonónico y, por otro, la femme fatale, arquetipo

de las primeras décadas del XX, difundido masivamente a través del cine, que se

articula en torno a múltiples figuras disgregadas: la mujer-vampiro (la vamp de la

cultura anglosajona), la mujer-serpiente, etc.

Ambas representaciones, si bien se especifican y matizan en este período, están

presentes en la cultura occidental ya en las distintas mitologías y en la Biblia y han

ido consolidándose a través de los textos y las imágenes, pero siempre desde una

perspectiva idealizada, poco realista. Pero es en ese primer tercio del siglo XX
cuando las escritoras –que no los escritores- van a empezar a romper los moldes y

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los esquemas prefijados por la cultura de los hombres. Las autoras y artistas de las

siguientes décadas recogerán el testigo de estas pioneras y la literatura se nutrirá de

nuevas imágenes de la feminidad.

Confrontaciones de las escritoras con su propia literatura

En este subapartado vamos a considerar otra posibilidad dentro de la idea general

que estamos tratando en todo el tema: la existencia o inexistencia de una escritura

específicamente femenina. Hemos observado los argumentos de los críticos de

ambas posturas y la presencia de la mujer como agente activo en la creación literaria

y como objeto de interés narrativo. Veamos ahora algunas consideraciones que

algunas escritoras hacen de su propia literatura y de su labor escritural. En esta

ocasión, ilustraremos esta diatriba con el antagonismo que representan Ana María

Matute y Lucía Etxebarría.

Mientras que la primera hace referencia a la muy extendida idea de que no existe

literatura femenina o masculina, sino solo mala buena o mediocre, la segunda

toma una postura diferente cuando afirma que:

«Yo, sin embargo, creo que el sexo del autor (como su religión, su

raza o su opción sexual) condiciona sus escritos, porque la

literatura a la postre no es sino un modo de universalizar la

experiencia» (Etxebarría, 2000, p. 111).

Como indica Potok-Nycz:

«Estas dos opiniones, aparte de poner de manifiesto la diferencia

generacional entre ambas escritoras, representan los polos opuestos

de la discusión que los estudios de humanidades han dedicado al

tema de la literatura de mujeres en la segunda mitad del siglo XX»

(2003, p. 151).

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Ideas clave

Esta investigadora hace mención a la misma idea que hemos manejado en los

apartados precedentes:

«[…] parece evidente considerar a las mujeres como un grupo social con

características propias y problemas específicos y, por ello, realizar un análisis

común; se ha puesto en evidencia la recurrencia de las mujeres escritoras en temas,

imágenes y géneros comunes» (p. 152).

Esta es la opinión de muchos críticos, mientras que otros esgrimen justamente la

contraria, no existe una línea común en la literatura escrita por mujeres. Ahora bien,

¿cómo ven las propias escritoras la literatura femenina? ¿Consideran que se puede

hablar de escritura femenina? ¿Son conscientes de las semejanzas que comparten

unas y otras en sus planteamientos literarios? Veamos qué opinan ellas:

Empecemos por el leitmotiv que Potok-Nycz (p. 153) señala como el más recurrente

en sus reflexiones: la experiencia común. Al hilo de esta cuestión, la investigadora

trae a colación las palabras de Extebarría:

«Hombres y mujeres vivimos experiencias en parte idénticas y en

parte distintas, y nuestra visión del mundo […] está condicionada a

ser diferente en función de nuestro género […]. La literatura femenina

[…] emana de nuestra propia naturaleza de mujeres. Tenemos

nuestro propio estilo y ámbito de creación, porque la creación es

inherente a lo que el escritor o la escritora vive» (Etxebarría, 2000,

pp. 107 y 108 citado en Potok-Nycz, 2003, p. 153).

La diferencia no marca solamente la especificidad de la escritura de hombres y

mujeres, sino que en ella descansa la innovación que introduce la literatura femenina

y, buena parte de ella, «representa un intento de rescatar las vivencias femeninas»,

de reflexionar sobre las condiciones socioeconómicas de la mujer, sobre temas antes

ignorados (como la relación entre madres e hijas) o sobre la autorrepresentación de

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las escritoras. A esto hay que añadir la presencia dominante del personaje femenino

–no olvidemos que la mujer se está explorando a sí misma- y la revisitación de

grandes mujeres precedentes en los campos de la historia, la mitología o la literatura,

todas ellas conformadas por la cultura dominante que, encuentran, sobre todo a
partir del siglo XX, una nueva mirada, esta vez desde la feminidad.

No importa si las escritoras se han parado a pensar en todas estas cuestiones,

constantemente se les está recordando la cuestión de género cuando se les

pregunta sobre su escritura o cuando se alude a ello cuando se analiza su obra por

parte de la crítica. Por ello, siempre son conscientes y pocas escapan a este peso.

Las autoras han manifestado su cansancio en muchas ocasiones, pero invitamos a

leer los comentarios al respecto de algunas de ellas: Laura Freixas (2000) y

Almudena Grandes (1996) y Rosa Montero (1998 y 2000).

Es notable el número de escritoras que no acepta la existencia de una literatura

propiamente femenina. Su sentir podría quedar bien resumido con la siguiente

afirmación de Grandes:

«Me gustaría aclarar, de una vez por todas, que, al igual que no

reconozco una literatura de autores madrileños, una literatura de

autores altos o una literatura de autores con el pelo negro, categorías

que, de momento, nunca me han amenazado, […] creo que no existe

en absoluto ninguna clase de literatura femenina» (1996, p. 16 citado

en Potok-Nycz, 2003, p. 155).

El problema es que se suele asociar la literatura femenina a una literatura de

entidad menor y esa es la razón por la que muchas escritoras no quieren que su

trabajo quede amparado bajo ese marbete de la literatura femenina. Como remarca
Potok-Nycz, es frecuente que se asocie la inteligencia y la calidad a lo masculino

(2003, p. 155). Es posible que ni siquiera sientan verdaderamente estas opiniones,

pero no quieren –con razón- ser estigmatizadas y que su público se circunscriba a un

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Tema 2. Ideas clave
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solo colectivo. Ellas buscan, también, la universalidad y la trascendencia literarias.

De hecho, lo asevera explícitamente Almudena Grandes que:

«Se opone a que su literatura sea interpretada dentro del concepto

de lo femenino, como una creación de mujeres sobre mujeres y para

mujeres. Se empeña en resaltar que la literatura femenina tiene

ambiciones y posibilidades universales» (Potok-Nycz, 2003, p. 156).

Por su parte, la escritora Rosa Montero ofrece una perspectiva algo más compleja,

pues si bien no considera la pertinencia de hablar de literatura femenina, sí admite

que el género es una influencia que afecta al escritor, pero que no constituye en

sí mismo una categoría teórica (p. 156).

Como vemos, tenemos opiniones a un lado: escritoras que no conciben su propia

narrativa como femenina (Matute, Grandes, Montero) y, al otro, aquellas que son
conscientes de que no pueden despegarse de esta condición, que se trasluce en su

narrativa y que la asumen sin ambages. Leamos, a este respecto, las palabras de

Esther Tusquets, que recogen el sentir de muchas autoras:

«Yo encuentro que la literatura es una, pero dentro de ella se pueden

hacer múltiples divisiones, y una división lícita es entre femenino y

masculino. Sigue habiendo en el mundo características de una y otra

condición, y cuando uno se sienta a escribir lo hace con todo lo que

es, y eso se plasma. Yo no podría negar que mi literatura está escrita

por mujer» (Tusquets, 2000, s.p. citado en Potok-Nycz, 2003, p. 157).

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Esté justificada o no la existencia de la escritura femenina o la asuman o no las

escritoras, la cuestión es que su literatura suele concebirse de forma separada con

respecto a la producción masculina y la prueba está en la innumerable cantidad de,

publicaciones, eventos, congresos, etc., que se dedican al arte femenino, de forma

desgajada de su contraparte masculina.

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2.4. (Sin)razones para el olvido: las escritoras y su


público

Es bien sabido que a lo largo de la historia de la literatura, aquella escrita por

mujeres ha gozado frecuentemente de una menor consideración y respeto, cuando

ha sido atendida, mientras que en muchos casos ha sido silenciada y ninguneada.

Justo es decir, también, que los críticos han prestado atención a un buen puñado de

autoras pero, teniendo en cuenta criterios globales, la muestra no ha sido lo

suficientemente representativa de la realidad escritural. Las causas de ello son

también suficientemente conocidas pero podríamos resumirlas en dos bloques:

Tabla 2. Causas para el olvido de la literatura femenina.

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Las causas por las que algunas escritoras han sido muy valoradas y han entrado en

el olimpo del reconocimiento literario son también muy variadas y a ello dedicaremos

el siguiente vídeo, que se centrará también en hablar de algunas de las silenciadas.

Accede al vídeo:

[Link]
45d1-9b66-ac8c00ce3327

Ya hemos comentado en el apartado anterior que muchas veces –y aún sigue

ocurriendo- se ha concebido la literatura escrita por mujeres como de menor calidad

y esta consideración ha partido tanto de los críticos como de los lectores. A ello se

suma la falta de interés –de unos y otros- por algunos de los temas que plantean

muchas escritoras en sus obras, así como por las problemáticas asociadas al

universo femenino presentes en estas y el estilo o concepción artística que

caracteriza a muchas de las autoras y que se han considerado como propios de las

mujeres.

El término literatura femenina puede entenderse también como aquella que tiene

como principales destinatarias a las mujeres. Es decir, la determinación de la

Smart Readings. Leer como un Escritor 22


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etiqueta partiría entonces no tanto de quién produce las obras, sino de quién las

consume. Y, en este sentido, se ha producido también un menosprecio por parte de

analistas y receptores hacia aquellos géneros intencionadamente escritos para

disfrute femenino y, por extensión, también hacia este público específico.

Nos referimos, por ejemplo, a la novela de folletín y a sus sucesoras la novela rosa o
incluso al melodrama –también teatral y cinematográfico- que, a pesar de que

sabemos que han tenido muchos lectores masculinos, se han pergeñado

fundamentalmente para las lectoras. Es cierto que, en muchos casos, esa

subestimación de los productos pertenecientes a estos géneros está avalada por su

escasez artística, pero esto no es así en todos los casos, pues contamos con obras

de gran calidad.

Curiosamente, los hombres han tenido gran participación en su producción –de

hecho, es mayoritaria y supera a la de las mujeres-, lo que ha redundado en que,

también a través de este tipo de literatura, de carácter popular y masiva muchas

veces, se han seguido difundiendo estereotipos femeninos –como algunos de los

mencionados más arriba- moldeados por las plumas –y el imaginario- de los varones.

Las escritoras han tomado parte también en estos géneros, pues frecuentemente

constituían su mayor posibilidad de publicación y han contribuido a cristalizar esos

arquetipos, unas veces y, otras, a romperlos.

En cualquier caso, sea a través de estos géneros destinados a un público femenino o

a través de obras que no se adscriban a ellos, muchos piensan que las mujeres

siempre escriben para ellas mismas, que son estas su lectorado principal. Este

planteamiento resulta equivocado por reduccionista, porque inhabilitaría las obras de

escritoras para la lectura masculina, por más que periodistas y críticos se empeñen

muchas veces, como hemos constatado con las quejas de algunas autoras en el

apartado anterior, en seguir incidiendo en esta idea.

Pero no parece arriesgado aventurar que, si bien las obras de autoría femenina

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pueden tener un público universal, la relación que se establece entre lectoras y

escritoras resulta altamente significativa, en tanto que lo que muchas veces se busca

cuando se abre un libro de ficción es cumplir con nuestras expectativas de

proyección e identificación con los personajes y las situaciones que viven.

Proyectamos nuestros deseos –por ejemplo, los que no podemos cumplir- y los

experimentamos a través de los personajes, con quienes, otras veces, nos

identificamos al compartir con ellos algunas similitudes. Por ello, muchas lectoras

eligen ex profeso obras de autoría femenina o que estén protagonizadas por mujeres

o tengan un elevado número de personajes femeninos. Afirma al respecto la escritora


Lucía Etxebarría:

«Nos acercamos a los libros […] con la esperanza de ver reflejadas

nuestras experiencias específicas y encontrar modelos a partir de los

cuales afirmarnos en nuestra identidad» (2000, p. 107).

Y es que la lectura nos configura como individuos, nos ayuda a

comprendernos y a comprender al otro. Todo buen escritor debe ser antes un

buen lector, permeable a la diferencia y a la variedad si aspira a hacer

literatura de verdad.

En este sentido, la literatura femenina –la entendamos como la entendamos- puede

cumplir una importante función social: la de guiar el conocimiento que las mujeres

pueden alcanzar de sí mismas. En este sentido tiene gran relevancia, al margen de

su calidad, como puede ser la de cualquier otra literatura –buena o mala- que

suponga la representación de determinados grupos que buscan en el arte

reconocerse a sí mismos.

Por todo ello, puede ser válida la opción de que, quien decida la especificidad de la

literatura sea el lectorado. En este sentido, escribe Almudena Grandes: «Yo, desde

luego, creo que las comillas solo pueden colocarlas los lectores» (Grandes, 1996, p.
17 citado en (Potok-Nycz, 2003, p. 158). Potok recuerda, a su vez, que Jonathan

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Culler «planteó con claridad la experiencia de «leer como mujer», aunque su

concepto haya servido más bien para interpretar la imagen de la mujer en la literatura

universal» (2003, p. 158). Esto es, qué decida el público qué es o no literatura

femenina.

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2.5. Revalorización de la literatura escrita por


mujeres

En las últimas décadas, la literatura escrita por mujeres ha ganado en atención por

parte de crítica y público y, aunque sigue sin gozar del mismo reconocimiento que la

literatura masculina, está viviendo un momento de indudable revalorización. Este

rescate de la tradición literaria femenina tiene diversos frentes que sintetizamos a

continuación:

Tabla 3. Estrategias de rescate de la literatura femenina.

Estas son algunas de las estrategias que en las últimas décadas están dando a

conocer o reivindicando la labor literaria de muchas escritoras. También desde aquí


queremos contribuir a la revalorización de la escritura femenina a través de la

recomendación lectora y, como es imposible elegir todas las que nos gustarían,

vamos a ofrecer solo algunos nombres.

En aras de que no resulte muy difícil el acceso a su lectura –pues los premios

motivan las traducciones- y que no nos limitemos al hábito únicamente hispánico,

nos centraremos, en primer lugar, en las escritoras que han ganado el Premio Nobel

de Literatura en el siglo XXI. Y, en segundo lugar, aconsejaremos la lectura de una

nutrida antología –en 4 volúmenes- centrada en la literatura española e

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hispanoamericana, por resultarnos más cercanas, que abarca desde la Edad Media

hasta el siglo XX. Se trata de La vida escrita por las mujeres (2003), compilada bajo

la dirección de Anna Caballé.

Tabla 4. Premios Nobel de Literatura femenina en el siglo XXI. Fuente: basado en Wikipedia.

Es posible que no pueda identificarse una literatura específicamente femenina, sino

que la casuística para esclarecerla es compleja y variada, en el sentido de que

muchos autores varones han tratado cuestiones profundamente femeninas y lo han


hecho con gran acierto, mientras que muchas escritoras han asumido plenamente los

presupuestos prototípicos de la escritura masculina.

No parece incorrecto afirmar que concurren, en este asunto, muchas circunstancias a

la vez: la existencia de escritores con preferencias temáticas o cualidades estilísticas

consideradas femeninas –solo en ocasiones o como tendencia dominante-;

escritoras con estas mismas asunciones en sus obras y autoras y autores que no

recurren a ellas o lo hacen en escasas ocasiones. Pero lo importante no es tanto la

especificidad –aunque en ocasiones sí puede serlo-, sino que las obras alcancen

categoría universal y calidad literaria. Ejemplo de ello son las escritoras que se

comentan en el siguiente vídeo. Vivieron a la sombra de sus maridos, también

dedicados al mundo del arte o la escritura, pero ellas les igualaron –e incluso

superaron- en calidad.

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Accede al vídeo:

[Link]
4043-9ff2-ac8c00ce3291

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2.6. Referencias bibliográficas

Beauvoir, S. (1949-1977). El segundo sexo. La experiencia vivida. Buenos Aires:

Ediciones Siglo Veinte.

Caballé, A. (2003) (dir.). La vida escrita por las mujeres. Obras y autoras de la

literatura hispánica e hispanoamericana. 4 vols. Barcelona: Círculo de Lectores.

Ciplijauskaité, B. (1982). La novela femenina contemporánea (1970-1985). Hacia una

tipología de la narración en primera persona. Barcelona: Anthropos.

Cobos, E. (1998). Editorial y novela: un paquete chileno. Disponible en:


[Link]

Culler, J. (2000). Breve introducción a la teoría literaria. Gonzalo García (trad.).

Barcelona: Editorial Crítica.

Didier, B. (1976). Le journal intime. Paris: Presses universitaires de France.

Didier, B. (1981). L'Écriture-femme. Paris: PUF.

Ena Bordonada, Á. (1990). Novelas breves de escritoras españolas (1900-1936).

Madrid: Castalia.

Espina, G. (2013). Hecho y escrito por mujeres. Revista Venezolana de Estudios de


la Mujer, 18(41), 19-46.

Etxebarría, L. (2000). La letra futura. Barcelona: Destino.

Freixas, L. (2000). Literatura y mujeres. Barcelona: Destino.

Gambaro, G. (1985). Algunas consideraciones sobre la mujer y la literatura. Revista

Iberoamericana, 132-133, 471-474.

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Ideas clave

Grandes, A. (1996). Modelos de mujer. Barcelona: Tusquets Editores.

Lobo, L. (2000). A literatura de autoria feminina na América Latina. Rio de Janeiro:

UFRJ.

Magalhães, I. (1995). O sexo dos textos: traços da ficçao narrativa de autoria

feminina. Lisboa: Caminho.

Matías López, C. M. y Campillo, P. (2009). ¿Puede hablarse realmente de escritura

femenina? Espéculo. Revista de estudios literarios, (s.p.).

Montero, R. (1998). Odio las novelas feministas, ecologistas y pacifistas. (Entrevista

de Sonia Lira). Qué pasa, 1419, 22-29 de junio.

Montero, R. (2000). El cuento es como asomarse a una ventana y la novela como

caminar por el paisaje. (Entrevista de Pedro Escribano). Espéculo, 14.

Potok-Nycz, M. (2003). Escritoras españolas y el concepto de literatura femenina.

Lectora: Revista de dones i textualitat, 9, 151-160.

Quinn, C. S. (1994). Une révolte inconsciente: Colette comme précurseur de l'écriture

féminine. (Tesis doctoral). Queen’s University. Kingston (Canadá).

Schuck, N. C. (2008). Literatura de escritura femenina. Revista Borradores, 8-9, 1-10.

Telles, N. (1992). Autor+a. En José Luis Jobim (org.), Palavras da crítica: tendencias

e conceitos no estudo da literatura. Río de Janeiro: Imago.

Tusquets, E. (2000). Deberíamos volvernos un poco menos femeninas en el amor.

(Entrevista de Elena Pita). El Mundo, la Revista, 201, 31 de enero.

Xavier, E. (1991). Tudo no feminino: a mulhere a narrativa brasileira contemporânea .

Río de Janeiro: Alves.

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A fondo

Día de las escritoras: Lectura de textos en la


Biblioteca Nacional de España

Biblioteca Nacional de España. (2019). Mujeres, amor y libertad. [Archivo de vídeo].


[Link]

Biblioteca Nacional de España. (2018). Rebeldes y transgresoras. [Archivo de

vídeo]. [Link]

Biblioteca Nacional de España. (2017). Mujeres, saber y poder. [Archivo de

vídeo]. [Link]

En estas jornadas de lectura que organiza la Biblioteca Nacional de España puede

escucharse la voz de muchas escritoras y la percepción del mundo que plasman en

sus obras. La variedad ofrecerá al estudiante una apasionante y nutrida visión de

conjunto de la literatura escrita por mujeres.

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Tema 2. A fondo
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A fondo

Jóvenes escritoras

France24. (5 de mayo de 2019). El trabajo de escritoras jóvenes para acercar la

literatura a las nuevas generaciones. [Archivo de vídeo].

[Link]

En este breve reportaje podremos escuchar a dos escritoras latinoamericanas

reflexionar sobre los retos a los que se enfrentan como mujeres y como jóvenes

escritoras, así como los caminos que las nuevas plumas están forjados en el amplio

panorama literario y editorial actual.

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Tema 2. A fondo
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A fondo

Las Sinsombrero

RTVE. (9 de octubre de 2015). Imprescindibles. Las Sinsombrero. [Archivo de vídeo].


[Link]

sombrero/3318136/

RTVE. (10 de marzo de 2019). Imprescindibles. Las Sinsombrero. Ocultas e

i m p e c a b l e s . [Archivo de vídeo].

[Link]

ocultas-impecables/5049337/

En este documental, dividido en dos partes expandiremos nuestro conocimiento

sobre las intelectuales y artistas de la llamada Generación del 27. Veremos, así, las

conexiones que las escritoras mantuvieron con las artistas y pensadoras de otras

disciplinas, en un constante flujo de ideas y experiencias que marcaron el primer

tercio del siglo XX, pero que quedaron en el olvido hasta época reciente.

Smart Readings. Leer como un Escritor 33


Tema 2. A fondo
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Test

1. Según la escritora Griselda Gambaro, ¿cuál es la postura del lector ante la

lectura?

A. La postura del lector es completamente pasiva siempre, pues aunque se

trate de un proceso complejo, la lectura es un acto de simple decodificación

B. El lector participa de la acción de reconocimiento, que se inicia desde el

propio acto de escritura. Escribir es reconocerse a uno mismo y a los otros.

C. El lector es el único que ejerce la acción de reconocimiento. El escritor solo

recrea un universo ficcional, que debe ser interpretado por el lector

D. Ninguna de las anteriores es correcta.

2. ¿Por qué opinaba Simone de Beauvoir que, en general, la literatura de las

mujeres era peor que las de los hombres?

A. Porque no habían accedido a la misma educación que los hombres

B. Porque tienen una menor capacidad escritural

C. Porque observan el mundo desde su perspectiva individual y no desde un

punto de vista universal y, por ello, solo reproducen su pequeño universo vital.

D. Beavoir no opina esto, sino que considera más compleja la escritura

femenina que la masculina.

3. ¿Cuál de estas estudiosas cree que el reflejo de temas específicos en la escritura

femenina es paralelo a un proceso de concienciación en varias fases: la toma de

conciencia como niña, como mujer y como madre?

A. Isabel Magalhães.

B. Luiza Lobo.

C. Norma Telles.

D. Biruté Ciplijauskaité.

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Test

4. ¿Cuáles de estos rasgos han sido considerados como específicamente

femeninos por parte de la crítica?

A. Interés por la vida íntima y lo cotidiano

B. Predominio de la primera persona

C. Negación de la retórica y propensión a la esencialidad

D. Todas las anteriores son correctas.

5. ¿En qué tendencia literaria tuvo lugar el cambio de paradigma en la

representación de la mujer en la literatura? De entre los siguientes ejemplos,

seleccione el estudiado en la asignatura.

A. El modernismo latinoamericano

B. El Bildungsroman del siglo XIX

C. La narrativa femenina de la España del primer tercio del siglo XX.

D. La Generación Beat norteamericana.

6. ¿Por qué rechazan muchas escritoras la existencia de una literatura

específicamente femenina?

A. Porque muchas veces se asocia la literatura femenina a una menor calidad

artística

B. Porque no quieren cerrar sus opciones de público, quieren que las lean

tanto mujeres como hombres

C. Porque buscan la universalidad

D. Todas son correctas.

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Tema 2. Test
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Test

7. ¿Cuáles son algunas de las causas del olvido de la literatura femenina?

A. Consideración de la literatura femenina como de menor calidad

B. Desinterés por las problemáticas asociadas a las mujeres

C. Ninguna de las dos es correcta

D. Las dos son correctas.

8. ¿Qué autoridad puede ser, a juicio de Almudena Grandes, la adecuada para

decidir qué es o qué no es literatura femenina?

A. Los críticos

B. Los periodistas

C. Los lectores.

D. Las mujeres.

9. ¿Cuáles de estas acciones pueden contribuir a la revalorización de la literatura

femenina?

A. Congresos científicos

B. Colecciones editoriales específicas

C. Biopics.

D. Todas son correctas.

10. Al margen de la especificidad de la literatura femenina, ¿qué es lo más

importante para su consideración?

A. Que refleje el universo femenino


B. Que alcance categoría universal y calidad literaria.

C. Que sea muy distante de la mirada masculina


D. Que guste a todo tipo de público.

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Tema 2. Test
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