Tema 2
Smart Readings. Leer como un Escritor
Tema 2. Escritura y silencio
en la literatura escrita por
mujeres
Índice
Esquema
Ideas clave
2.1. Introducción y objetivos
2.2. La escritura femenina y las cuestiones de identidad y
estilo: ¿realidad o quimera?
2.3. La mujer como sujeto y objeto de la escritura
narrativa
2.4. (Sin)razones para el olvido: las escritoras y su público
2.5. Revalorización de la literatura escrita por mujeres
2.6. Referencias bibliográficas
A fondo
Día de las escritoras: Lectura de textos en la Biblioteca
Nacional de España
Jóvenes escritoras
Las Sinsombrero
Test
Esquema
Smart Readings. Leer como un Escritor 3
Tema 2. Esquema
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Ideas clave
2.1. Introducción y objetivos
Este tema tiene como objetivo llevar a cabo una reflexión acerca de la existencia o
no de una literatura específicamente femenina. Comentaremos cuestiones como la
cosmovisión que las escritoras plasman en sus obras, los temas que prefieren tratar
en sus obras, así como algunos rasgos estilísticos que se presuponen netamente
femeninos. También hablaremos de la mujer como personaje literario y mostraremos
las opiniones que algunas autoras tienen de su propia literatura en relación a la
cuestión femenina. Abordaremos, también, las razones que han servido para
silenciar sus voces y la relación de las escritoras con el lectorado, así como algunas
estrategias que contribuyen a su rescate y revalorización.
Por lo tanto, los objetivos que alcanzaremos con el estudio de este tema son los
detallados a continuación:
▸ Conocer las diferentes concepciones que tiene la crítica sobre la literatura
femenina.
▸ Conocer las particularidades de la escritura femenina: visión del mundo, temas
y estilo.
▸ Entender las diferentes consideraciones de la mujer como sujeto y objeto
literario, es decir, como autora y como personaje.
▸ Comprender las diferentes posturas de las escritoras ante su propia obra.
▸ Conocer las causas de su olvido y del interés renovado que suscitan entre
crítica y público.
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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
2.2. La escritura femenina y las cuestiones de
identidad y estilo: ¿realidad o quimera?
Leemos y escuchamos muchas veces marbetes como «escritura femenina»,
«escritura de mujeres», «literatura escrita por mujeres», etc. Pero, ¿existe
verdaderamente una forma particular de escritura o una producción literaria que
puede calificarse como exclusivamente femenina? ¿Hombres y mujeres escriben de
forma diferente? ¿Se trata solo de una cuestión de estilo o de preferencias por unos
temas determinados? ¿Imprimen las mujeres a sus obras de una cosmovisión
particular y diferente de la de los escritores varones?
Todas estas son preguntas que la crítica lleva formulándose desde años, desde
siglos podríamos incluso decir, pero que tienen una frecuencia e incidencia mayor en
la historiografía literaria de las últimas décadas. Podemos encontrar posiciones
críticas en muchos sentidos y no es nuestra intención explorarlos todos aquí ni
ofrecer soluciones definitivas. Más bien al contrario, queremos sembrar la duda –
múltiples dudas- y propiciar el debate reflexivo individual y colectivo en el aula. Como
escritores, debemos plantearnos estas cuestiones.
La cosmovisión de la escritura femenina: escritoras frente al mundo y frente a sí
mismas
La primera idea que debemos tener en cuenta puede resultar muy clarificadora: el
simple acto de escribir es una elección en sí misma que conlleva una multiplicidad
de sucesivas elecciones, muchas de las cuales son inconscientes y colman el
producto escritural de nuestras experiencias, emociones, ideología, miedos y deseos,
etc. Así lo manifiesta la escritora argentina Griselda Gambaro, quien añade con
acierto que «escribir es reconocer, a uno mismo y al otro» (1985, p. 472) y necesita
la presencia del lector que, de alguna manera, participa también en esa acción de
reconocimiento.
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Ideas clave
Lo que ocurre con las mujeres, como escritoras y como lectoras, es que toda esa
carga de experiencias y emociones ha estado secularmente mediada y moldeada por
la visión masculina del mundo, que es la que ha configurado a grandes rasgos la vida
social, la vida privada y la cultura. En este sentido, las mujeres se acercan a la
literatura desde parámetros que no les son propios por naturaleza y el esfuerzo de
muchas escritoras se ha centrado muchas veces en ir ganando terreno en la
comprensión de lo que significa ser mujer y escribir como mujer. Si bien no
necesariamente toda la escritura producida por mujeres puede asemejarse y
asimilarse a criterios comunes que podemos llamar –acertadamente o no-
femeninos, no es menos cierto que las mujeres, en tanto que tales, escriben desde
su condición femenina, por el simple hecho de que cada individuo siente, piensa y,
por extensión, escribe desde quien es. Por ello, es razonable pensar que las
escritoras plasman en sus obras ese bagaje inmenso, condicionado por la cultura
dominante, que es eminentemente masculina. En este sentido, afirma Gambaro que:
«[…] cuando una mujer reflexiona sobre sí misma y su relación con
los seres y las cosas, piensa espontáneamente, caída en el lazo del
acostumbramiento o la misoginia verbal, en «uno y los otros», cuando
habla genéricamente de las conquistas y los sueños, son las
conquistas y los sueños del hombre» (1985, p. 472).
A lo largo del tiempo, a muchos lectores –tanto hombres como mujeres- les ha
costado enfrentarse a esa «literatura diferente», porque siguen leyendo los textos
escritos por mujeres desde esa «metaforización engañosa», esa visión impuesta
por la cultura masculina de la que habla la autora. Por ello, es necesario aprender a
leer también atendiendo al sujeto que escribe –en este caso las mujeres- y esto es
fundamental para un futuro escritor. Llegamos así a otra percepción del asunto, la de
Gioconda Espina, que matiza la opinión de Gambaro:
«No hay una literatura o un arte femeninos. Tampoco hay una
literatura o un arte masculinos. Hay literatura escrita y arte hecho por
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Ideas clave
mujeres y hombres que solo resistirán el paso del tiempo si
consiguen tratar los grandes temas de la condición humana con una
singularidad tal que las marque como únicas, por el estilo
inconfundible de sus autores. Lo que sí es cierto es que –salvo
excepciones—la elección del material a trabajar es distinta en
hombres y mujeres, pues la «experiencia vivida» no es igual para
ambos sexos y la elaboración de esa experiencia no sigue ni los
mismos caminos ni tiene los mismos énfasis en unos y otras» (2013,
p. 19).
La posible inexistencia de una literatura femenina implica la sola existencia de una
literatura de carácter global, diversa en muchos aspectos, pero única, en la que se
alcanza la universalidad –la victoria frente al paso del tiempo- a través de la calidad,
sin importar quién esgrime la pluma. En este sentido, Espina recuerda la idea de
Simone de Beauvoir centrada en que, si las mujeres quieren que su obra trascienda,
deben ser conscientes de que no van a generar valores diferentes a los hombres
(2013, p. 25). Como señala Espina, una forma de entender esta propuesta pasa por
la asunción de las normas de los grandes autores varones. Sin embargo, muchas
escritoras han logrado su estatus literario haciendo precisamente lo contrario,
enfrentándose a esas normas. Ejemplo de ello es Marguerite Duras, que asume que
si se es mujer, solo se puede escribir desde esa posición (p. 26).
La concepción de Beauvoir es más compleja e interesante de lo que hasta aquí
hemos mostrado, pues no niega que pueda alcanzarse la universalidad con una
escritura que parta del yo femenino sino que, lo que defiende, es que la mayoría de
escritoras tienen que superar la «superficialidad descriptiva» que caracteriza sus
obras para lograrla. Beauvoir cree que la mayor parte de las mujeres «escriben o
hacen arte sin pagar el precio del trabajo escritural o artístico diario, sin hacerle
frente a la crítica adversa y a la autocrítica despiadada» (p. 27). Debemos ser
conscientes, aquí, de que estas palabras deben circunscribirse al contexto social de
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Ideas clave
la pensadora francesa, en el que las mujeres vivían relegadas al ámbito privado, de
espaldas al mundo. Por ello, afirma Beauvoir que estas observan el mundo desde su
propia perspectiva individual y no desde una universal y, por tanto, lo reproducen
tal y como lo conocen, circunscrito a su pequeño espacio vital (Beauvoir, 1949-1977,
pp. 493-494 citado en Espina, 2013, p. 27).
Para entender a Beauvoir es necesario ser consciente de que su planteamiento
abarca, fundamentalmente, a toda una nómina de escritoras que recurrían a la
literatura como modo de superar el aburrimiento. Quedan excluidas, por tanto,
algunas de las grandes plumas como Virginia Woolf (Espina, 2013, p. 27). Y es que,
al margen de algunos juicios de valor que pueden estar basados en su gusto
personal, no le falta razón al pensar así sobre algunas autoras decimonónicas o de
principios del siglo XX, pues muchas ellas, en distintos países, seguían el modelo de
un realismo ya superado o de escasa calidad. Lo que no invalida que encontremos
en ese período escritoras de altura, al mismo nivel que muchas de las grandes firmas
masculinas.
Recordemos que el criterio que debe prevalecer en nuestras valoraciones es
el de la calidad, con independencia del género –u otra condición- de quien
escribe.
Nos hemos planteado, hasta aquí, la posible existencia de una escritura
específicamente femenina. Quizá la escritura en sí misma no es diferente cuando es
abordada por mujeres, pero es innegable que no se puede evitar escribir desde lo
que uno es. Por ello, las mujeres han ido ganado terreno progresivamente en la
plasmación del mundo en sus obras desde el yo femenino desasiéndose, de forma
paulatina y en mayor o menor grado en los distintos casos, de la cosmovisión
masculina. Esto se puede apreciar en la preferencia por ciertos temas o rasgos
estilísticos.
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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
Tabla 1. Criterios de diferenciación de la escritura femenina.
En los párrafos precedentes hemos centrado nuestra atención en la existencia de
diferentes cosmovisiones de los hombres y mujeres que escriben y, en las siguientes
líneas, abordaremos las cuestiones temática y estilística.
Los temas de la escritura femenina
El primer aspecto que debemos tener en cuenta es que, siguiendo la argumentación
del subapartado anterior, las mujeres escriben desde su condición femenina, por
tanto, es lógico que reflejen en sus obras su evolución histórica.
Como es sabido, ya desde finales del XIX pero, sobre todo, a partir de la Primera
Guerra Mundial, la mujer da un paso de gigante en su participación en la vida
pública – en las parcelas social, política, laboral y educativa- y en la conquista de
derechos. Su literatura revela indiscutiblemente las problemáticas asociadas a estos
avances y luchas. Son muchos los ensayos que se han ocupado de estas cuestiones
y buena parte de ellos quedan sintetizados en el trabajo de Schuck (2008), que
menciona la labor crítica al respecto de estudiosas como Elódia Xavier, Biruté
Ciplijauskaité, Isabel Magalhães, Norma Telles, Maria Consuelo Campos, Luiza Lobo
y Lélia Almeida, cuyas apreciaciones, que podemos hacer extensibles a la literatura
escrita por mujeres en el mundo contemporáneo, veremos en las siguientes líneas.
Ciplijauskaité menciona como temas preferentes de la narrativa femenina la
sexualidad, el aborto, la maternidad y la elección de profesión, expuestos a lo largo
de un proceso de concienciación femenina en varias fases: la toma de conciencia
como niña, como mujer y como madre (1982, pp. 37-38 citado en Schuck, 2008, p.
2).
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Por su parte, Telles hace hincapié en la presencia de los temas que tienen que ver
con la desigualdad entre hombres y mujeres y la subordinación de estas a aquellos
(1992, p. 112 citado en Schuck, 2008, p. 2).
En otro orden de cosas, Luiza Lobo califica la literatura femenina como «más
afectiva, delicada, sutil, reservada, frágil o doméstica» pues refleja sus vivencias
cotidianas (2000, p. 1 citado en Schuck, 2008, p. 2).
Por el contrario, para Magalhães las inquietudes que esta literatura muestra aluden a
un abanico más amplio de relaciones de las escritoras con el mundo, pues manifiesta
estrechas conexiones con lo telúrico, el tiempo, la racionalidad, la
autorreferencialidad y las relaciones intersubjetivas (1995, p. 31 citado en Schuck,
2008, p. 4).
A esto hay que añadir otro tópico fundamental preferido por las escritoras: la
memoria, pues por su pasado se justifican muchas de las acciones y sentimientos de
sus personajes (Xavier, 1991, p. 13 citado en Schuck, 2008, p. 4). Esta idea se
complementa con la explicación de Ciplijauskaité centrada en el «paso de la
adolescencia a la plenitud como mujer, forzosamente relacionado con la experiencia
sexual. Frecuentemente se incluyen consideraciones sobre la vida de familia, a
veces desde dos puntos de vista: evaluando aquella de que procede, y mirando
hacia aquella que posiblemente va –o acaba de- fundar» (1982, p. 46 citado en
Schuck, 2008, p. 4).
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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
Esta autora incide, además, en otro elemento importante y es la identificación que
se observa entre las mujeres en la literatura de autoría femenina (Ciplijauskaité,
1982, p. 53 citado en Schuck, 2008, p. 5). Como señala Schuck, «madres, hijas,
abuelas, nietas, amigas y hermanas se relacionan y se identifican» (2008, p. 5). A
estos hay que sumar otros temas presentes en las obras de las escritoras, aunque
tratados también de una forma evolutiva, en consonancia con los cambios que las
mujeres han experimentado a lo largo de las décadas: el matrimonio, la fidelidad o la
virginidad (p. 5).
Para el desarrollo de estos temas, las autoras se valen con frecuencia de diferentes
subgéneros narrativos, entre ellos, «el epistolario, la canción popular, el diario de
vida y el folletín» (Cobos, 1998, s.p. citado en Schuck, 2008, p. 5). Y, como veremos
a continuación, de diferentes recursos estilísticos.
Algunos rasgos estilísticos de la escritura femenina
La posibilidad de hacer un compendio sobre los rasgos de estilo más frecuentes de
la escritura femenina sigue siendo objeto de debate, en el que algunos críticos se
erigen en defensores y otros en detractores de una supuesta homogeneidad formal.
Desde estas páginas queremos animar a la reflexión en este sentido y a la discusión
en clase. Para ello, seguidamente ofreceremos algunas de las características
estilísticas que se han atribuido a la literatura escrita por mujeres. Nos guiaremos en
esta ocasión por el trabajo de Carmen María Matías López y Philippe Campillo, de
elocuente título, ¿Puede hablarse realmente de escritura femenina? (2009).
Empecemos con la mención que hacen estos autores a dos obras de Béatrice Didier,
Le journal intime (1976) y L’écriture-Femme (1981), por la conexión que se establece
con la noción de escritura femenina que hemos manejado en el epígrafe precedente.
En ellas, Didier habla también de que lo que hace específica la literatura de mujeres
es que refleja su posición en la sociedad. Y, según Matías y Campillo, Didier
afirma también que «la escritura íntima masculina sería más egocéntrica mientras
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Ideas clave
que la escritura femenina se centraría más en las relaciones sociales» (2009, s.p.).
En línea con lo expuesto anteriormente, también Quinn redunda en la idea de que
hombres y mujeres no experimentan el mundo de igual forma y, por ello, no pueden
mostrarlo de la misma manera en sus obras (1994, pp. 48-49). Una vez recordada
esta idea, pasemos a mencionar los rasgos más definitorios que han señalado
algunos críticos como específicamente femeninos (Matías y Campillo, 2009, s.p.):
Figura 1. Rasgos definitorios de la escritura femenina. Fuente: basado en Matías y Campillo (2009).
Finalizamos con varias reflexiones de Matías y Campillo (2009, s.p.):
▸ La literatura femenina ha ocupado durante mucho tiempo –y en algunos casos sigue
siendo así- un lugar marginal con respecto a la literatura masculina.
▸ La crítica más tradicional no se esfuerza por encontrar «una realidad diferente y un
lenguaje particular» en las obras escritas por mujeres, sino que se esfuerza «en
estigmatizar el texto de la escritora definiéndolo en función de otros textos, textos de
escritores masculinos».
▸ Las mujeres tienen una relación particular con el mundo, distinta de los hombres. «Lo
que no quiere decir que su literatura sea específica y obligatoriamente diferente de la
literatura masculina, a la que cuestionan, sino simplemente que las escritoras
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comparten una concepción de la realidad, con frecuencia distinta de la de sus
homólogos masculinos».
▸ No es fácil hablar de «especificidad femenina», pues no todas las mujeres ven el
mundo de la misma manera, pero sí «desarrollan una temática femenina porque la
visión que ellas tienen de sí mismas y del mundo, solo ellas pueden transmitirla y
continuarla, comunicarla».
En conclusión, hay muchos críticos que señalan algunas peculiaridades de la
escritura femenina, que vienen dadas, fundamentalmente, por la visión del mundo
que tienen las mujeres por el hecho de serlo y por haber experimentado las vivencias
que les han tocado vivir, que habrían sido distintas de haber sido hombres.
A pesar de todo, hay muchas voces que opinan lo contrario, que no creen que se
pueda hablar de escritura femenina simplemente porque las autoras sean mujeres.
Es posible que esto sea así, que deban darse varias circunstancias para que esta
máxima se cumpla. Como en el tema anterior, el debate está servido y para avivarlo,
planteamos la misma pregunta que se hace Potok-Nycz:
«Nadie se pone a cuestionar la legitimidad del concepto de «literatura
española» o «polaca», dando por justificado el poder condicionador
del criterio nacional, aunque sin lugar a dudas la pertenencia a una
nación puede resultar más problemática que la calificación de género
(femenino u masculino)» (2003, p. 153).
¿Entonces, existe o no una literatura –o escritura- femenina?
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2.3. La mujer como sujeto y objeto de la escritura
narrativa
La mujer como personaje literario
En el apartado anterior nos hemos centrado en la mujer como sujeto de la escritura,
es decir, como creadora, pero es importante también observar cómo se ha
representado la figura femenina como personaje literario.
Es ingente la nómina de trabajos que se han dedicado al análisis de la mujer como
objeto literario en las diferentes literaturas nacionales y en relación a todas las
épocas, pero podemos afirmar que casi todas las diversas tendencias y
manifestaciones literarias –y también artísticas en general- muestran tipos de mujer
similares porque son en su mayoría producto de la imaginación masculina.
Como interesante contrapunto a esta tendencia pondremos el ejemplo de los
esfuerzos de un grupo de escritoras, que en la España del primer tercio del siglo XX,
llevaron desde las páginas de sus obras la representación de la mujer hacia
posiciones opuestas a las dominantes. Son muchas las que, párrafo a párrafo, fueron
construyendo un nuevo modelo de mujer, alejado del ideal masculino, pero
citaremos solamente algunos nombres fundamentales para animar a la lectura de
sus novelas y poder así comprobar esos cambios de paradigma en la construcción
de sus personajes femeninos. Aprovechamos la ocasión para aconsejar algunas de
ellas:
Las hijas de Don Juan (1907), de Blanca de los Ríos; Idilio trágico (1907), de
Caterina Albert (Víctor Catalá); Princesa del Amor Hermoso (1909), de Sofía
Casanova; Los negociantes de la Puerta del Sol (1919), de Carmen de Burgos
(Colombine); La aventura de Roma (1923), de Margarita Nelken; La carabina (1924),
de Eva Carmen Nelken (Magda Donato); Las dos estrellas (1928), de Pilar Millán
Astray; El tizón en los trigos (1930), de María Teresa León y Heroínas (1935-1936?),
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de Federica Montseny. Todas ellas son novelas breves y pueden leerse en la
recopilación que de ellas hace Ángela Ena Bordonada (1990).
Como decíamos, estas y otras autoras de la época, van conformando una imagen
diferente de la mujer, alejada del ideal que proponen los autores varones. Se refleja
la mujer real y, por ello, es frecuente que nos encontremos con personajes que no
se caracterizan por su belleza, esa belleza casi inalcanzable con la que los escritores
han configurado habitualmente a las mujeres de sus textos.
Figura 2. Cambios en la representación de la mujer como personaje. Fuente: basado en Ena Bordonada (1990).
Conocidos son los dos prototipos femeninos habituales y antagónicos que nos
encontramos en la literatura –y en las artes visuales- desde tiempos inmemoriales.
No son los únicos, pero sí estamos ante un binomio altamente reproducido en la
historia de la literatura. Por un lado, la mujer madre y esposa, dulce y doméstica,
relegada al ámbito de la vida privada y dotada de muy escasa capacidad de acción,
esto es, el «Ángel del hogar» decimonónico y, por otro, la femme fatale, arquetipo
de las primeras décadas del XX, difundido masivamente a través del cine, que se
articula en torno a múltiples figuras disgregadas: la mujer-vampiro (la vamp de la
cultura anglosajona), la mujer-serpiente, etc.
Ambas representaciones, si bien se especifican y matizan en este período, están
presentes en la cultura occidental ya en las distintas mitologías y en la Biblia y han
ido consolidándose a través de los textos y las imágenes, pero siempre desde una
perspectiva idealizada, poco realista. Pero es en ese primer tercio del siglo XX
cuando las escritoras –que no los escritores- van a empezar a romper los moldes y
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los esquemas prefijados por la cultura de los hombres. Las autoras y artistas de las
siguientes décadas recogerán el testigo de estas pioneras y la literatura se nutrirá de
nuevas imágenes de la feminidad.
Confrontaciones de las escritoras con su propia literatura
En este subapartado vamos a considerar otra posibilidad dentro de la idea general
que estamos tratando en todo el tema: la existencia o inexistencia de una escritura
específicamente femenina. Hemos observado los argumentos de los críticos de
ambas posturas y la presencia de la mujer como agente activo en la creación literaria
y como objeto de interés narrativo. Veamos ahora algunas consideraciones que
algunas escritoras hacen de su propia literatura y de su labor escritural. En esta
ocasión, ilustraremos esta diatriba con el antagonismo que representan Ana María
Matute y Lucía Etxebarría.
Mientras que la primera hace referencia a la muy extendida idea de que no existe
literatura femenina o masculina, sino solo mala buena o mediocre, la segunda
toma una postura diferente cuando afirma que:
«Yo, sin embargo, creo que el sexo del autor (como su religión, su
raza o su opción sexual) condiciona sus escritos, porque la
literatura a la postre no es sino un modo de universalizar la
experiencia» (Etxebarría, 2000, p. 111).
Como indica Potok-Nycz:
«Estas dos opiniones, aparte de poner de manifiesto la diferencia
generacional entre ambas escritoras, representan los polos opuestos
de la discusión que los estudios de humanidades han dedicado al
tema de la literatura de mujeres en la segunda mitad del siglo XX»
(2003, p. 151).
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Esta investigadora hace mención a la misma idea que hemos manejado en los
apartados precedentes:
«[…] parece evidente considerar a las mujeres como un grupo social con
características propias y problemas específicos y, por ello, realizar un análisis
común; se ha puesto en evidencia la recurrencia de las mujeres escritoras en temas,
imágenes y géneros comunes» (p. 152).
Esta es la opinión de muchos críticos, mientras que otros esgrimen justamente la
contraria, no existe una línea común en la literatura escrita por mujeres. Ahora bien,
¿cómo ven las propias escritoras la literatura femenina? ¿Consideran que se puede
hablar de escritura femenina? ¿Son conscientes de las semejanzas que comparten
unas y otras en sus planteamientos literarios? Veamos qué opinan ellas:
Empecemos por el leitmotiv que Potok-Nycz (p. 153) señala como el más recurrente
en sus reflexiones: la experiencia común. Al hilo de esta cuestión, la investigadora
trae a colación las palabras de Extebarría:
«Hombres y mujeres vivimos experiencias en parte idénticas y en
parte distintas, y nuestra visión del mundo […] está condicionada a
ser diferente en función de nuestro género […]. La literatura femenina
[…] emana de nuestra propia naturaleza de mujeres. Tenemos
nuestro propio estilo y ámbito de creación, porque la creación es
inherente a lo que el escritor o la escritora vive» (Etxebarría, 2000,
pp. 107 y 108 citado en Potok-Nycz, 2003, p. 153).
La diferencia no marca solamente la especificidad de la escritura de hombres y
mujeres, sino que en ella descansa la innovación que introduce la literatura femenina
y, buena parte de ella, «representa un intento de rescatar las vivencias femeninas»,
de reflexionar sobre las condiciones socioeconómicas de la mujer, sobre temas antes
ignorados (como la relación entre madres e hijas) o sobre la autorrepresentación de
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las escritoras. A esto hay que añadir la presencia dominante del personaje femenino
–no olvidemos que la mujer se está explorando a sí misma- y la revisitación de
grandes mujeres precedentes en los campos de la historia, la mitología o la literatura,
todas ellas conformadas por la cultura dominante que, encuentran, sobre todo a
partir del siglo XX, una nueva mirada, esta vez desde la feminidad.
No importa si las escritoras se han parado a pensar en todas estas cuestiones,
constantemente se les está recordando la cuestión de género cuando se les
pregunta sobre su escritura o cuando se alude a ello cuando se analiza su obra por
parte de la crítica. Por ello, siempre son conscientes y pocas escapan a este peso.
Las autoras han manifestado su cansancio en muchas ocasiones, pero invitamos a
leer los comentarios al respecto de algunas de ellas: Laura Freixas (2000) y
Almudena Grandes (1996) y Rosa Montero (1998 y 2000).
Es notable el número de escritoras que no acepta la existencia de una literatura
propiamente femenina. Su sentir podría quedar bien resumido con la siguiente
afirmación de Grandes:
«Me gustaría aclarar, de una vez por todas, que, al igual que no
reconozco una literatura de autores madrileños, una literatura de
autores altos o una literatura de autores con el pelo negro, categorías
que, de momento, nunca me han amenazado, […] creo que no existe
en absoluto ninguna clase de literatura femenina» (1996, p. 16 citado
en Potok-Nycz, 2003, p. 155).
El problema es que se suele asociar la literatura femenina a una literatura de
entidad menor y esa es la razón por la que muchas escritoras no quieren que su
trabajo quede amparado bajo ese marbete de la literatura femenina. Como remarca
Potok-Nycz, es frecuente que se asocie la inteligencia y la calidad a lo masculino
(2003, p. 155). Es posible que ni siquiera sientan verdaderamente estas opiniones,
pero no quieren –con razón- ser estigmatizadas y que su público se circunscriba a un
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solo colectivo. Ellas buscan, también, la universalidad y la trascendencia literarias.
De hecho, lo asevera explícitamente Almudena Grandes que:
«Se opone a que su literatura sea interpretada dentro del concepto
de lo femenino, como una creación de mujeres sobre mujeres y para
mujeres. Se empeña en resaltar que la literatura femenina tiene
ambiciones y posibilidades universales» (Potok-Nycz, 2003, p. 156).
Por su parte, la escritora Rosa Montero ofrece una perspectiva algo más compleja,
pues si bien no considera la pertinencia de hablar de literatura femenina, sí admite
que el género es una influencia que afecta al escritor, pero que no constituye en
sí mismo una categoría teórica (p. 156).
Como vemos, tenemos opiniones a un lado: escritoras que no conciben su propia
narrativa como femenina (Matute, Grandes, Montero) y, al otro, aquellas que son
conscientes de que no pueden despegarse de esta condición, que se trasluce en su
narrativa y que la asumen sin ambages. Leamos, a este respecto, las palabras de
Esther Tusquets, que recogen el sentir de muchas autoras:
«Yo encuentro que la literatura es una, pero dentro de ella se pueden
hacer múltiples divisiones, y una división lícita es entre femenino y
masculino. Sigue habiendo en el mundo características de una y otra
condición, y cuando uno se sienta a escribir lo hace con todo lo que
es, y eso se plasma. Yo no podría negar que mi literatura está escrita
por mujer» (Tusquets, 2000, s.p. citado en Potok-Nycz, 2003, p. 157).
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Esté justificada o no la existencia de la escritura femenina o la asuman o no las
escritoras, la cuestión es que su literatura suele concebirse de forma separada con
respecto a la producción masculina y la prueba está en la innumerable cantidad de,
publicaciones, eventos, congresos, etc., que se dedican al arte femenino, de forma
desgajada de su contraparte masculina.
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2.4. (Sin)razones para el olvido: las escritoras y su
público
Es bien sabido que a lo largo de la historia de la literatura, aquella escrita por
mujeres ha gozado frecuentemente de una menor consideración y respeto, cuando
ha sido atendida, mientras que en muchos casos ha sido silenciada y ninguneada.
Justo es decir, también, que los críticos han prestado atención a un buen puñado de
autoras pero, teniendo en cuenta criterios globales, la muestra no ha sido lo
suficientemente representativa de la realidad escritural. Las causas de ello son
también suficientemente conocidas pero podríamos resumirlas en dos bloques:
Tabla 2. Causas para el olvido de la literatura femenina.
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Las causas por las que algunas escritoras han sido muy valoradas y han entrado en
el olimpo del reconocimiento literario son también muy variadas y a ello dedicaremos
el siguiente vídeo, que se centrará también en hablar de algunas de las silenciadas.
Accede al vídeo:
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45d1-9b66-ac8c00ce3327
Ya hemos comentado en el apartado anterior que muchas veces –y aún sigue
ocurriendo- se ha concebido la literatura escrita por mujeres como de menor calidad
y esta consideración ha partido tanto de los críticos como de los lectores. A ello se
suma la falta de interés –de unos y otros- por algunos de los temas que plantean
muchas escritoras en sus obras, así como por las problemáticas asociadas al
universo femenino presentes en estas y el estilo o concepción artística que
caracteriza a muchas de las autoras y que se han considerado como propios de las
mujeres.
El término literatura femenina puede entenderse también como aquella que tiene
como principales destinatarias a las mujeres. Es decir, la determinación de la
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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
etiqueta partiría entonces no tanto de quién produce las obras, sino de quién las
consume. Y, en este sentido, se ha producido también un menosprecio por parte de
analistas y receptores hacia aquellos géneros intencionadamente escritos para
disfrute femenino y, por extensión, también hacia este público específico.
Nos referimos, por ejemplo, a la novela de folletín y a sus sucesoras la novela rosa o
incluso al melodrama –también teatral y cinematográfico- que, a pesar de que
sabemos que han tenido muchos lectores masculinos, se han pergeñado
fundamentalmente para las lectoras. Es cierto que, en muchos casos, esa
subestimación de los productos pertenecientes a estos géneros está avalada por su
escasez artística, pero esto no es así en todos los casos, pues contamos con obras
de gran calidad.
Curiosamente, los hombres han tenido gran participación en su producción –de
hecho, es mayoritaria y supera a la de las mujeres-, lo que ha redundado en que,
también a través de este tipo de literatura, de carácter popular y masiva muchas
veces, se han seguido difundiendo estereotipos femeninos –como algunos de los
mencionados más arriba- moldeados por las plumas –y el imaginario- de los varones.
Las escritoras han tomado parte también en estos géneros, pues frecuentemente
constituían su mayor posibilidad de publicación y han contribuido a cristalizar esos
arquetipos, unas veces y, otras, a romperlos.
En cualquier caso, sea a través de estos géneros destinados a un público femenino o
a través de obras que no se adscriban a ellos, muchos piensan que las mujeres
siempre escriben para ellas mismas, que son estas su lectorado principal. Este
planteamiento resulta equivocado por reduccionista, porque inhabilitaría las obras de
escritoras para la lectura masculina, por más que periodistas y críticos se empeñen
muchas veces, como hemos constatado con las quejas de algunas autoras en el
apartado anterior, en seguir incidiendo en esta idea.
Pero no parece arriesgado aventurar que, si bien las obras de autoría femenina
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pueden tener un público universal, la relación que se establece entre lectoras y
escritoras resulta altamente significativa, en tanto que lo que muchas veces se busca
cuando se abre un libro de ficción es cumplir con nuestras expectativas de
proyección e identificación con los personajes y las situaciones que viven.
Proyectamos nuestros deseos –por ejemplo, los que no podemos cumplir- y los
experimentamos a través de los personajes, con quienes, otras veces, nos
identificamos al compartir con ellos algunas similitudes. Por ello, muchas lectoras
eligen ex profeso obras de autoría femenina o que estén protagonizadas por mujeres
o tengan un elevado número de personajes femeninos. Afirma al respecto la escritora
Lucía Etxebarría:
«Nos acercamos a los libros […] con la esperanza de ver reflejadas
nuestras experiencias específicas y encontrar modelos a partir de los
cuales afirmarnos en nuestra identidad» (2000, p. 107).
Y es que la lectura nos configura como individuos, nos ayuda a
comprendernos y a comprender al otro. Todo buen escritor debe ser antes un
buen lector, permeable a la diferencia y a la variedad si aspira a hacer
literatura de verdad.
En este sentido, la literatura femenina –la entendamos como la entendamos- puede
cumplir una importante función social: la de guiar el conocimiento que las mujeres
pueden alcanzar de sí mismas. En este sentido tiene gran relevancia, al margen de
su calidad, como puede ser la de cualquier otra literatura –buena o mala- que
suponga la representación de determinados grupos que buscan en el arte
reconocerse a sí mismos.
Por todo ello, puede ser válida la opción de que, quien decida la especificidad de la
literatura sea el lectorado. En este sentido, escribe Almudena Grandes: «Yo, desde
luego, creo que las comillas solo pueden colocarlas los lectores» (Grandes, 1996, p.
17 citado en (Potok-Nycz, 2003, p. 158). Potok recuerda, a su vez, que Jonathan
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Culler «planteó con claridad la experiencia de «leer como mujer», aunque su
concepto haya servido más bien para interpretar la imagen de la mujer en la literatura
universal» (2003, p. 158). Esto es, qué decida el público qué es o no literatura
femenina.
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Ideas clave
2.5. Revalorización de la literatura escrita por
mujeres
En las últimas décadas, la literatura escrita por mujeres ha ganado en atención por
parte de crítica y público y, aunque sigue sin gozar del mismo reconocimiento que la
literatura masculina, está viviendo un momento de indudable revalorización. Este
rescate de la tradición literaria femenina tiene diversos frentes que sintetizamos a
continuación:
Tabla 3. Estrategias de rescate de la literatura femenina.
Estas son algunas de las estrategias que en las últimas décadas están dando a
conocer o reivindicando la labor literaria de muchas escritoras. También desde aquí
queremos contribuir a la revalorización de la escritura femenina a través de la
recomendación lectora y, como es imposible elegir todas las que nos gustarían,
vamos a ofrecer solo algunos nombres.
En aras de que no resulte muy difícil el acceso a su lectura –pues los premios
motivan las traducciones- y que no nos limitemos al hábito únicamente hispánico,
nos centraremos, en primer lugar, en las escritoras que han ganado el Premio Nobel
de Literatura en el siglo XXI. Y, en segundo lugar, aconsejaremos la lectura de una
nutrida antología –en 4 volúmenes- centrada en la literatura española e
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hispanoamericana, por resultarnos más cercanas, que abarca desde la Edad Media
hasta el siglo XX. Se trata de La vida escrita por las mujeres (2003), compilada bajo
la dirección de Anna Caballé.
Tabla 4. Premios Nobel de Literatura femenina en el siglo XXI. Fuente: basado en Wikipedia.
Es posible que no pueda identificarse una literatura específicamente femenina, sino
que la casuística para esclarecerla es compleja y variada, en el sentido de que
muchos autores varones han tratado cuestiones profundamente femeninas y lo han
hecho con gran acierto, mientras que muchas escritoras han asumido plenamente los
presupuestos prototípicos de la escritura masculina.
No parece incorrecto afirmar que concurren, en este asunto, muchas circunstancias a
la vez: la existencia de escritores con preferencias temáticas o cualidades estilísticas
consideradas femeninas –solo en ocasiones o como tendencia dominante-;
escritoras con estas mismas asunciones en sus obras y autoras y autores que no
recurren a ellas o lo hacen en escasas ocasiones. Pero lo importante no es tanto la
especificidad –aunque en ocasiones sí puede serlo-, sino que las obras alcancen
categoría universal y calidad literaria. Ejemplo de ello son las escritoras que se
comentan en el siguiente vídeo. Vivieron a la sombra de sus maridos, también
dedicados al mundo del arte o la escritura, pero ellas les igualaron –e incluso
superaron- en calidad.
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2.6. Referencias bibliográficas
Beauvoir, S. (1949-1977). El segundo sexo. La experiencia vivida. Buenos Aires:
Ediciones Siglo Veinte.
Caballé, A. (2003) (dir.). La vida escrita por las mujeres. Obras y autoras de la
literatura hispánica e hispanoamericana. 4 vols. Barcelona: Círculo de Lectores.
Ciplijauskaité, B. (1982). La novela femenina contemporánea (1970-1985). Hacia una
tipología de la narración en primera persona. Barcelona: Anthropos.
Cobos, E. (1998). Editorial y novela: un paquete chileno. Disponible en:
[Link]
Culler, J. (2000). Breve introducción a la teoría literaria. Gonzalo García (trad.).
Barcelona: Editorial Crítica.
Didier, B. (1976). Le journal intime. Paris: Presses universitaires de France.
Didier, B. (1981). L'Écriture-femme. Paris: PUF.
Ena Bordonada, Á. (1990). Novelas breves de escritoras españolas (1900-1936).
Madrid: Castalia.
Espina, G. (2013). Hecho y escrito por mujeres. Revista Venezolana de Estudios de
la Mujer, 18(41), 19-46.
Etxebarría, L. (2000). La letra futura. Barcelona: Destino.
Freixas, L. (2000). Literatura y mujeres. Barcelona: Destino.
Gambaro, G. (1985). Algunas consideraciones sobre la mujer y la literatura. Revista
Iberoamericana, 132-133, 471-474.
Smart Readings. Leer como un Escritor 29
Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
Grandes, A. (1996). Modelos de mujer. Barcelona: Tusquets Editores.
Lobo, L. (2000). A literatura de autoria feminina na América Latina. Rio de Janeiro:
UFRJ.
Magalhães, I. (1995). O sexo dos textos: traços da ficçao narrativa de autoria
feminina. Lisboa: Caminho.
Matías López, C. M. y Campillo, P. (2009). ¿Puede hablarse realmente de escritura
femenina? Espéculo. Revista de estudios literarios, (s.p.).
Montero, R. (1998). Odio las novelas feministas, ecologistas y pacifistas. (Entrevista
de Sonia Lira). Qué pasa, 1419, 22-29 de junio.
Montero, R. (2000). El cuento es como asomarse a una ventana y la novela como
caminar por el paisaje. (Entrevista de Pedro Escribano). Espéculo, 14.
Potok-Nycz, M. (2003). Escritoras españolas y el concepto de literatura femenina.
Lectora: Revista de dones i textualitat, 9, 151-160.
Quinn, C. S. (1994). Une révolte inconsciente: Colette comme précurseur de l'écriture
féminine. (Tesis doctoral). Queen’s University. Kingston (Canadá).
Schuck, N. C. (2008). Literatura de escritura femenina. Revista Borradores, 8-9, 1-10.
Telles, N. (1992). Autor+a. En José Luis Jobim (org.), Palavras da crítica: tendencias
e conceitos no estudo da literatura. Río de Janeiro: Imago.
Tusquets, E. (2000). Deberíamos volvernos un poco menos femeninas en el amor.
(Entrevista de Elena Pita). El Mundo, la Revista, 201, 31 de enero.
Xavier, E. (1991). Tudo no feminino: a mulhere a narrativa brasileira contemporânea .
Río de Janeiro: Alves.
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Tema 2. Ideas clave
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A fondo
Día de las escritoras: Lectura de textos en la
Biblioteca Nacional de España
Biblioteca Nacional de España. (2019). Mujeres, amor y libertad. [Archivo de vídeo].
[Link]
Biblioteca Nacional de España. (2018). Rebeldes y transgresoras. [Archivo de
vídeo]. [Link]
Biblioteca Nacional de España. (2017). Mujeres, saber y poder. [Archivo de
vídeo]. [Link]
En estas jornadas de lectura que organiza la Biblioteca Nacional de España puede
escucharse la voz de muchas escritoras y la percepción del mundo que plasman en
sus obras. La variedad ofrecerá al estudiante una apasionante y nutrida visión de
conjunto de la literatura escrita por mujeres.
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Tema 2. A fondo
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A fondo
Jóvenes escritoras
France24. (5 de mayo de 2019). El trabajo de escritoras jóvenes para acercar la
literatura a las nuevas generaciones. [Archivo de vídeo].
[Link]
En este breve reportaje podremos escuchar a dos escritoras latinoamericanas
reflexionar sobre los retos a los que se enfrentan como mujeres y como jóvenes
escritoras, así como los caminos que las nuevas plumas están forjados en el amplio
panorama literario y editorial actual.
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Tema 2. A fondo
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A fondo
Las Sinsombrero
RTVE. (9 de octubre de 2015). Imprescindibles. Las Sinsombrero. [Archivo de vídeo].
[Link]
sombrero/3318136/
RTVE. (10 de marzo de 2019). Imprescindibles. Las Sinsombrero. Ocultas e
i m p e c a b l e s . [Archivo de vídeo].
[Link]
ocultas-impecables/5049337/
En este documental, dividido en dos partes expandiremos nuestro conocimiento
sobre las intelectuales y artistas de la llamada Generación del 27. Veremos, así, las
conexiones que las escritoras mantuvieron con las artistas y pensadoras de otras
disciplinas, en un constante flujo de ideas y experiencias que marcaron el primer
tercio del siglo XX, pero que quedaron en el olvido hasta época reciente.
Smart Readings. Leer como un Escritor 33
Tema 2. A fondo
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Test
1. Según la escritora Griselda Gambaro, ¿cuál es la postura del lector ante la
lectura?
A. La postura del lector es completamente pasiva siempre, pues aunque se
trate de un proceso complejo, la lectura es un acto de simple decodificación
B. El lector participa de la acción de reconocimiento, que se inicia desde el
propio acto de escritura. Escribir es reconocerse a uno mismo y a los otros.
C. El lector es el único que ejerce la acción de reconocimiento. El escritor solo
recrea un universo ficcional, que debe ser interpretado por el lector
D. Ninguna de las anteriores es correcta.
2. ¿Por qué opinaba Simone de Beauvoir que, en general, la literatura de las
mujeres era peor que las de los hombres?
A. Porque no habían accedido a la misma educación que los hombres
B. Porque tienen una menor capacidad escritural
C. Porque observan el mundo desde su perspectiva individual y no desde un
punto de vista universal y, por ello, solo reproducen su pequeño universo vital.
D. Beavoir no opina esto, sino que considera más compleja la escritura
femenina que la masculina.
3. ¿Cuál de estas estudiosas cree que el reflejo de temas específicos en la escritura
femenina es paralelo a un proceso de concienciación en varias fases: la toma de
conciencia como niña, como mujer y como madre?
A. Isabel Magalhães.
B. Luiza Lobo.
C. Norma Telles.
D. Biruté Ciplijauskaité.
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Tema 2. Test
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Test
4. ¿Cuáles de estos rasgos han sido considerados como específicamente
femeninos por parte de la crítica?
A. Interés por la vida íntima y lo cotidiano
B. Predominio de la primera persona
C. Negación de la retórica y propensión a la esencialidad
D. Todas las anteriores son correctas.
5. ¿En qué tendencia literaria tuvo lugar el cambio de paradigma en la
representación de la mujer en la literatura? De entre los siguientes ejemplos,
seleccione el estudiado en la asignatura.
A. El modernismo latinoamericano
B. El Bildungsroman del siglo XIX
C. La narrativa femenina de la España del primer tercio del siglo XX.
D. La Generación Beat norteamericana.
6. ¿Por qué rechazan muchas escritoras la existencia de una literatura
específicamente femenina?
A. Porque muchas veces se asocia la literatura femenina a una menor calidad
artística
B. Porque no quieren cerrar sus opciones de público, quieren que las lean
tanto mujeres como hombres
C. Porque buscan la universalidad
D. Todas son correctas.
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Tema 2. Test
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7. ¿Cuáles son algunas de las causas del olvido de la literatura femenina?
A. Consideración de la literatura femenina como de menor calidad
B. Desinterés por las problemáticas asociadas a las mujeres
C. Ninguna de las dos es correcta
D. Las dos son correctas.
8. ¿Qué autoridad puede ser, a juicio de Almudena Grandes, la adecuada para
decidir qué es o qué no es literatura femenina?
A. Los críticos
B. Los periodistas
C. Los lectores.
D. Las mujeres.
9. ¿Cuáles de estas acciones pueden contribuir a la revalorización de la literatura
femenina?
A. Congresos científicos
B. Colecciones editoriales específicas
C. Biopics.
D. Todas son correctas.
10. Al margen de la especificidad de la literatura femenina, ¿qué es lo más
importante para su consideración?
A. Que refleje el universo femenino
B. Que alcance categoría universal y calidad literaria.
C. Que sea muy distante de la mirada masculina
D. Que guste a todo tipo de público.
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