Colegio Ntra. Sra. Madre del Carmen.
Departamento de Lengua y Literatura
Docentes: Ana Fariña - María Teresa Meza – Paula Maulen
Control de lectura: El almohadón de plumas
Plan lector
Nombre:
Curso: 8°___
Fecha: Pts: ___/18 Nota:
Objetivos de Objetivo de Aprendizaje (OA): Comprender y analizar un cuento fantástico
Aprendizaje considerando sus elementos estructurales y su efecto en el lector.
Instrucciones Lee atentamente el texto y responde las preguntas.
Recuerda que subrayar el texto facilita la localización de información.
Para los ítems de desarrollo emplea una letra clara y legible.
Utiliza lápiz pasta.
Cuenta con toda la clase para desarrollar la evaluación.
¡Suerte en tu trabajo!
El almohadón de plumas
Horacio Quiroga
Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro
de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Lo quería mucho, sin embargo, a
veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la
calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía
una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer. Durante
tres meses —se habían casado en abril— vivieron una dicha especial. Sin duda
hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva
e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del
patio silencioso —frisos, columnas y estatuas de mármol— producía una otoñal
impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve
rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al
cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un
largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia. En ese extraño nido de amor,
Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus
antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada
hasta que llegaba su marido. No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de
influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al
fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a
uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la
cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró
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largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de
caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida
en su cuello, sin moverse ni decir una palabra. Fue ese el último día que Alicia
estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la
examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos. —No sé —
le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja—. Tiene una gran
debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada.. . Si mañana se despierta como
hoy, llámeme enseguida. Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse
una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más
desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba
con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido.
Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida.
Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra
ahogaba sus pesos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a
lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y
que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente
abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama.
Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para
gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor. —¡Jordán! ¡Jordán! —clamó,
rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra. Jordán corrió al dormitorio, y al
verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror. —¡Soy yo, Alicia, soy yo! Alicia lo
miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de
estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su
marido, acariciándola temblando. Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un
antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se
acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En
la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de
uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al
comedor. —Pst... —se encogió de hombros desalentado su médico—. Es un caso
serio... poco hay que hacer... —¡Sólo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó
bruscamente sobre la mesa. Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia,
agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día
no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi.
Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre.
Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un
millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más.
Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le
arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de
monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la
colcha. Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media
voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En
el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de
la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán. Murió, por fin. La
sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada
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el almohadón. —¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay
manchas que parecen de sangre. Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su
vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la
cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras. —Parecen picaduras —murmuró la
sirvienta después de un rato de inmóvil observación. —Levántelo a la luz —le dijo
Jordán. La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a
aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le
erizaban. —¿Qué hay?—murmuró con la voz ronca. —Pesa mucho —articuló la
sirvienta, sin dejar de temblar. Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente.
Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un
tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la
boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós: —sobre el fondo, entre
las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso,
una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la
boca. Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado
sigilosamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquélla,
chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del
almohadón había impedido sin dada su desarrollo, pero desde que la joven no
pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había
vaciado a Alicia. Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan
a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece
serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de
pluma.
I. Selección múltiple (2 punto c/u = 14 puntos)
Marca la alternativa correcta.
1. ¿Qué le ocurre a Alicia durante el cuento?
A) Se pelea con su esposo y huye.
B) Es víctima de un animal que se esconde en su almohada.
C) Se suicida por estar sola.
D) Muere por una enfermedad contagiosa.
2. ¿Cómo era la relación entre Alicia y Jordán?
A) Llena de pasión y alegría.
B) Muy cariñosa y expresiva.
C) Distante y silenciosa.
D) Violenta y conflictiva.
3. ¿Cuál es el género literario del cuento?
A) Realismo mágico.
B) Ciencia ficción.
C) Fantástico.
D) Policial.
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4. ¿Qué actitud tenía Jordán mientras Alicia enfermaba?
A) Apática y fría.
B) Tierna y preocupada.
C) Irónica y burlona.
D) Violenta y desesperada.
5. ¿Cuál era la causa de la muerte de Alicia?
A) Una bacteria.
B) Un virus desconocido.
C) Un parásito dentro de su almohada.
D) Su débil corazón.
6. ¿Qué tipo de narrador tiene el cuento?
A) Protagonista.
B) Omnisciente.
C) Testigo.
D) Segunda persona.
7. ¿Qué efecto produce el final del cuento en el lector?
A) Risa por el absurdo.
B) Tranquilidad por la solución.
C) Sorpresa e inquietud.
D) Indiferencia por los personajes.
II. Preguntas de desarrollo (2 puntos c/u = 4 puntos)
8. Explica por qué El almohadón de plumas se considera un cuento fantástico. Menciona un elemento
real y uno fantástico.
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9. Describe cómo se construye el ambiente del cuento y qué sensaciones provoca en ti como lector/a.
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