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PRODUCTIVIDAD

El documento analiza la productividad como un factor clave para el crecimiento y sostenibilidad de organizaciones y economías, destacando su medición y relevancia en distintos contextos. Se exploran conceptos, importancia, metodologías de medición y factores que afectan la productividad, así como su relación con la producción y la calidad. Finalmente, se identifican diferentes tipos de productividad, enfatizando la necesidad de integrar calidad y eficiencia para lograr competitividad.
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PRODUCTIVIDAD

El documento analiza la productividad como un factor clave para el crecimiento y sostenibilidad de organizaciones y economías, destacando su medición y relevancia en distintos contextos. Se exploran conceptos, importancia, metodologías de medición y factores que afectan la productividad, así como su relación con la producción y la calidad. Finalmente, se identifican diferentes tipos de productividad, enfatizando la necesidad de integrar calidad y eficiencia para lograr competitividad.
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Productividad y Competitividad.

Énfasis IV.

Docente.
Soley Pombo Gallardo.

Integrantes.
Nelson Yesitz Puello Barrios
Gabriel Martinez Puerta
Jeremy Allan Julio Briceño
Daniela Gómez Casseres Arellano

Universidad de Cartagena.
Programa de Administración de Empresas.
Cartagena, Colombia.
2025.
PRODUCTIVIDAD.

En un entorno económico cada vez más competitivo y dinámico, la productividad se ha


consolidado como un factor determinante para el crecimiento y la sostenibilidad tanto de
las organizaciones como de las economías en su conjunto. Comprender qué es la
productividad, por qué resulta fundamental en distintos niveles de análisis y cómo puede
medirse adecuadamente, permite identificar oportunidades de mejora y tomar decisiones
estratégicas orientadas a la eficiencia, la calidad y la innovación. Este trabajo tiene como
propósito analizar de manera estructurada el concepto de productividad, su relevancia en
distintos contextos y las principales metodologías e indicadores empleados para evaluarla,
aportando una visión integral que combina fundamentos teóricos y aplicaciones prácticas.

A continuación, se responden los interrogantes planteados, así:

1. CONCEPTO DE PRODUCTIVIDAD.

La productividad es un concepto central en las ciencias económicas y administrativas, y su


comprensión ha evolucionado a lo largo del tiempo. En términos generales, se entiende
como la relación entre los resultados obtenidos (outputs) y los recursos utilizados (inputs)
para lograr dichos resultados. De acuerdo con Paul Krugman (1994), "la productividad no
lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo", destacando así su papel crucial en el
desarrollo económico y el bienestar social.

Desde una perspectiva técnica, la productividad puede definirse como el rendimiento con el
que se transforman los insumos —como trabajo, capital, materiales y tecnología— en
bienes y servicios. Esta definición implica no solo una medición cuantitativa, sino también
una dimensión cualitativa relacionada con la eficiencia, la innovación y la calidad del
proceso productivo.

Autores como Peter Drucker (1999) han destacado que la productividad no debe limitarse
al análisis de la producción fabril, sino que debe extenderse a todos los sectores, incluidos
los servicios y la gestión del conocimiento. En este sentido, la productividad también
implica la capacidad de una organización para alcanzar sus objetivos con el mínimo uso
posible de recursos, sin comprometer la calidad ni la sostenibilidad.

2. IMPORTANCIA DE LA PRODUCTIVIDAD.

La productividad es un indicador clave del desempeño organizacional y del desarrollo


económico. Su importancia se manifiesta en múltiples niveles:

a) A nivel macroeconómico:

La productividad es determinante para el crecimiento económico sostenido. Cuando una


economía incrementa su productividad, puede generar más bienes y servicios con la
misma cantidad de recursos, lo que se traduce en un mayor Producto Interno Bruto
(PIB) sin necesidad de aumentar los factores de producción. Según Solow (1956), la
mayor parte del crecimiento económico de largo plazo proviene de aumentos en la
productividad total de los factores, más que de la simple acumulación de capital o
trabajo.

b) A nivel organizacional:

En las empresas, una mayor productividad permite reducir costos operativos, mejorar
márgenes de ganancia y ofrecer precios más competitivos. Además, incentiva la
innovación tecnológica y organizacional, lo que mejora la posición en el mercado. La
productividad también se relaciona estrechamente con la gestión del talento humano, la
cultura organizacional y el liderazgo estratégico.

Una organización productiva no solo produce más, sino que lo hace mejor: con mayor
calidad, menor desperdicio, mayor seguridad y mayor satisfacción de sus clientes
internos y externos.
c) A nivel individual:

Desde la perspectiva del trabajador, la productividad puede estar asociada al logro de


objetivos, la eficiencia personal y el desarrollo profesional. Organizaciones que
promueven la productividad individual —mediante la capacitación, el reconocimiento y
condiciones laborales adecuadas— suelen registrar menores tasas de rotación y mayor
compromiso laboral.

Por tanto, mejorar la productividad no debe entenderse únicamente como “hacer más en
menos tiempo”, sino como generar valor con responsabilidad, equilibrio y orientación al
propósito organizacional.

3. MEDICIÓN DE LA PRODUCTIVIDAD Y EJEMPLOS DE INDICADORES.

Medir la productividad es fundamental para el control de gestión, la mejora continua y la


toma de decisiones estratégicas. Sin medición no hay diagnóstico, y sin diagnóstico no hay
posibilidad de mejora. La medición de la productividad permite identificar áreas críticas,
asignar recursos de forma eficiente y establecer objetivos realistas y medibles.

Existen diferentes enfoques de medición, dependiendo del tipo de organización, del sector
económico y del nivel de análisis (individual, grupal, departamental o general). Los
principales indicadores incluyen:

a) Productividad laboral:

Es uno de los indicadores más utilizados. Se calcula dividiendo el volumen de


producción entre el número de horas trabajadas o el número de empleados.

Fórmula básica:
Productividad laboral = Producción total / Horas trabajadas

Ejemplo:

Una planta produce 10.000 unidades en un mes con 2.000 horas hombre →
Productividad = 10.000 / 2.000 = 5 unidades por hora.

Este indicador es útil para evaluar el desempeño del recurso humano, identificar
necesidades de capacitación o analizar impactos de cambios tecnológicos o de procesos.

b) Productividad del capital:

Este indicador evalúa la eficiencia con la que se utilizan los recursos físicos o
financieros invertidos.

Fórmula básica:

Productividad del capital = Valor de la producción / Valor de los activos utilizados.

Ejemplo:

Una empresa genera $500 millones anuales con activos por $250 millones →
Productividad del capital = 500 / 250 = 2

Un valor más alto indica un mayor aprovechamiento del capital invertido.

c) Productividad total de los factores (PTF):

Este indicador mide la eficiencia global del proceso productivo, considerando


simultáneamente todos los insumos (trabajo, capital, tecnología, materiales, etc.).
Fórmula general:

PTF = Producción total / (Trabajo + Capital + Otros insumos).

Aunque es más complejo de calcular, permite tener una visión más integral del
desempeño organizacional y es utilizado frecuentemente en estudios económicos a gran
escala.

d) Indicadores sectoriales o específicos:

Cada organización puede diseñar indicadores adaptados a su realidad. Por ejemplo:

 En una empresa de servicios: número de clientes atendidos por agente.


 En educación: número de estudiantes aprobados por docente.
 En logística: número de entregas realizadas por vehículo.

Estos indicadores deben cumplir con las características SMART: ser específicos,
medibles, alcanzables, relevantes y acotados en el tiempo.

La productividad no debe verse únicamente como una herramienta de control, sino como un
proceso dinámico que integra el análisis técnico con la gestión del talento, la innovación, la
cultura organizacional y la estrategia. Una medición adecuada de la productividad debe ir
acompañada de un enfoque de mejora continua que fomente el aprendizaje, el compromiso
y la sostenibilidad.

4. FACTORES INTERNOS Y EXTERNOS QUE AFECTAN LA


PRODUCTIVIDAD.
La productividad es, sin duda, uno de los aspectos esenciales del desarrollo económico y la
sostenibilidad de las empresas. No solo sirve como un indicador de cómo se aprovechan los
recursos, sino que también se ha transformado en un signo de competitividad y adaptación
en el ámbito empresarial. Para entender los elementos que afectan la eficiencia laboral, es
vital tener en cuenta tanto los factores internos como los externos que la moldean.

Desde un enfoque externo, el contexto socioeconómico, institucional y regulador juega un


papel crucial en el ámbito productivo; ya que la productividad de las empresas no se puede
separar del ambiente en el que operan: los estímulos del mercado, las políticas
gubernamentales, el acceso a financiamiento y la estabilidad económica afectan la
capacidad de las empresas para innovar, invertir y crecer. El modelo de factores que
influyen en la productividad (2012), resalta esta relación, incorporando elementos
macroeconómicos como la política fiscal, el entorno competitivo, el acceso a tecnología y
la infraestructura.

En cuanto a los factores internos, incluyen desde el tamaño de la empresa y su inversión en


investigación y desarrollo (I+D), hasta aspectos más complejos como la cultura corporativa,
el ambiente laboral, la estructura interna y la calidad de la gestión. Se ha comprobado que
el tamaño de la empresa tiene una relación positiva con la productividad: las organizaciones
más grandes suelen beneficiarse de economías de escala, procesos más formalizados y un
mejor acceso a talento humano cualificado. Al mismo tiempo, el gasto en I+D se considera
uno de los elementos más eficaces para aumentar la productividad, ya que impulsa la
innovación y la adopción de nuevas tecnologías.

Además, la investigación realizada por Patrón Osuna y Vargas-Hernández (2019) pone de


manifiesto la importancia de los factores humanos en la productividad. Aspectos como el
estilo de liderazgo, la motivación de los empleados, las condiciones psicosociales y el clima
organizacional impactan directamente en el rendimiento del capital humano. En efecto, una
cultura organizacional negativa o una forma autoritaria de liderazgo pueden anular las
ventajas técnicas o estructurales que pueda tener una empresa.
En este contexto, el "Modelo de los factores que afectan la productividad" propone una
combinación de dimensiones internas (como procesos, tecnología, recursos humanos y
estructura organizativa) junto con variables externas (como la competencia en el mercado,
el entorno político, las regulaciones y las alianzas estratégicas), subrayando que la
productividad es un fenómeno con múltiples causas y en interdependencia. Este modelo
también reconoce que los resultados en términos de productividad son el resultado de la
interacción dinámica entre estos factores, y no de uno solo por separado.

Un aspecto fundamental en la convergencia de estos métodos es la adaptabilidad de las


organizaciones. Las compañías que, además de contar con procesos eficaces, fomentan la
implicación del personal, destinan recursos al avance tecnológico y se integran
estratégicamente con su entorno, tienden a ser más resistentes y efectivas a largo plazo.
Además, los estudios analizados coinciden en que la productividad no se debe medir
únicamente en función de insumos y resultados, sino también considerando la
sostenibilidad de las prácticas productivas, la justicia interna y la capacidad de crear valor
social y económico.

5. RELACIÓN DE PRODUCTIVIDAD Y PRODUCCIÓN.

La producción y la productividad son conceptos fundamentales en el ámbito empresarial y


económico, íntimamente relacionados, pero con implicaciones distintas que conviene
entender en profundidad. Aunque a menudo se utilizan como sinónimos en conversaciones
cotidianas, su diferencia radica en el enfoque: mientras la producción se refiere a la
cantidad total de bienes o servicios generados, la productividad alude a la eficiencia con la
que esos bienes o servicios son producidos, considerando los recursos utilizados.
Comprender esta distinción resulta crucial para establecer estrategias sostenibles de mejora
en las organizaciones.

Según el “Modelo Integral de Productividad” de Medina Fernández de Soto (2007), la


productividad puede definirse como la relación entre el resultado obtenido (salidas) y los
insumos empleados para conseguirlo. Este enfoque va más allá del simple conteo de
unidades producidas, pues evalúa cuán eficazmente se utilizan recursos como mano de
obra, capital, energía o conocimientos. Por ejemplo, una empresa puede incrementar su
producción incorporando más máquinas, pero si los costos aumentan en mayor proporción
que la producción, su productividad disminuirá.

Por su parte, el profesor Rubén Diego Carrera aporta claridad conceptual al señalar que la
productividad consiste en “el volumen de producción que puede obtenerse con una
determinada combinación de factores productivos, generalmente referida a la unidad de
tiempo”. Así, si dos fábricas producen la misma cantidad de zapatos al día, pero una
requiere menos operarios, menos horas de trabajo o menos insumos, esta última será más
productiva.
En otras palabras, producir más no siempre significa ser más productivo. La productividad
mide la eficiencia con que se logra esa producción. Esta relación ha sido ilustrada
históricamente por modelos como el de la función de producción, que, como explica
Medina, relaciona de forma matemática los insumos con la salida máxima posible que
puede obtener una empresa, considerando sus capacidades técnicas y organizacionales.
Estos modelos permiten no solo evaluar la eficiencia actual, sino también identificar
márgenes de mejora.
La producción es, en consecuencia, una dimensión cuantitativa: cuántos bienes o servicios
se generan. En cambio, la productividad es cualitativa: cuán bien se utilizan los recursos
para obtener esos resultados. En palabras simples, producción es "qué tanto" se hace;
productividad es "qué tan bien" se hace.

En términos prácticos, esta diferencia tiene profundas implicaciones para la toma de


decisiones. Una dirección centrada exclusivamente en aumentar la producción puede
terminar generando ineficiencias, sobrecostos y desgaste del personal. Por el contrario, una
orientación hacia la productividad promueve la innovación, la formación del talento
humano, la mejora continua y la sostenibilidad.

Incluso en sectores tradicionales como la confección (analizado por Medina en su modelo


aplicado a empresas de Bogotá), se demuestra que mejoras en la productividad pueden
lograrse no solo con nuevas tecnologías, sino también con reorganización de procesos,
formación del personal y diseño estratégico de operaciones. La productividad es, así, un
indicador estratégico clave que conecta directamente con la competitividad de las empresas
y el desarrollo económico de los países.

6. RELACIONES DE PRODUCTIVIDAD Y CALIDAD.

La productividad y la calidad están estrechamente relacionadas, ya que una mayor calidad


en productos o servicios reduce errores, reprocesos y desperdicios, lo que a su vez
incrementa la productividad al optimizar el uso de los recursos. La productividad se refiere
a la eficiencia con la que se convierten insumos en resultados, mientras que la calidad
implica satisfacer o superar las expectativas del cliente. Si bien algunas empresas priorizan
la cantidad sobre la calidad, esta práctica puede ser contraproducente, ya que una baja
calidad genera costos adicionales y pérdida de clientes. Por tanto, integrar calidad y
productividad de forma equilibrada es clave para lograr competitividad, rentabilidad
sostenible y satisfacción del cliente, como lo respaldan organismos como la OIT y normas
internacionales como ISO 9001.

La relación entre productividad y calidad ha sido objeto de atención tanto en el ámbito


académico como empresarial. Tradicionalmente se asumía que existía un conflicto entre
ambos: aumentar la productividad implicaba reducir la calidad, y viceversa. Sin embargo,
enfoques modernos de gestión —como el de la mejora continua, la gestión de calidad total
(TQM) y la filosofía Lean— han demostrado que ambas pueden y deben coexistir.

Deming (1986) señaló que la calidad no solo es compatible con la productividad, sino que
es su fundamento. Un proceso productivo que reduce errores, reprocesos y desperdicios,
mejora automáticamente tanto su productividad como su calidad. Asimismo, un producto o
servicio de calidad evita devoluciones, genera confianza en el cliente y optimiza los
recursos a lo largo de todo el ciclo de producción y consumo.
Desde esta perspectiva, la calidad actúa como un multiplicador de la productividad. Las
organizaciones que priorizan procesos estandarizados, formación continua y participación
del personal, logran alcanzar niveles superiores de productividad sostenible, sin sacrificar la
excelencia en los resultados.

7. TIPOS DE PRODUCTIVIDAD.

El análisis de la productividad puede realizarse desde distintos enfoques, dando lugar a


varios tipos, según el factor que se desea evaluar o el nivel de análisis, veamos:

a. Productividad del trabajo:

Es la relación entre la producción total y la cantidad de trabajo humano utilizado


(normalmente en horas-hombre). Mide cuánto produce un trabajador en promedio.

b. Productividad del capital:

Mide la eficiencia del uso del capital físico (maquinaria, herramientas, tecnología)
para generar productos o servicios. Indica cuánto se produce por cada unidad
monetaria de capital invertido.

c. Productividad total de los factores (PTF):

Evalúa la eficiencia combinada de todos los insumos (trabajo, capital, materiales,


energía, tecnología, etc.) en el proceso productivo. Se considera una medida más
global e integral.

d. Productividad de los materiales


Indica cuánta producción se obtiene por cada unidad de material utilizado. Es clave
en sectores industriales o manufactureros donde los insumos físicos son costosos.

e. Productividad energética

Mide la producción generada por cada unidad de energía consumida (electricidad,


combustibles, etc.). Es esencial para industrias con alto consumo energético.
f. Productividad comercial o de ventas

Se refiere a la eficiencia con la que se logran ventas o ingresos en relación con los
recursos utilizados, como vendedores, publicidad o tiempo.

Esta clasificación permite adoptar enfoques diferenciados para gestionar y mejorar la


productividad en función de los objetivos estratégicos de cada organización o sector.

8. PRODUCTIVIDAD Y COMPETITIVIDAD.

La productividad y la competitividad son conceptos estrechamente vinculados que


desempeñan un papel central en el desarrollo económico de los países, en la sostenibilidad
de las empresas y en el bienestar de las sociedades. Su comprensión conjunta permite
identificar las palancas necesarias para lograr un crecimiento sostenible, dinámico e
inclusivo en un entorno global altamente competitivo.

La productividad puede definirse como la relación entre la producción obtenida y los


recursos utilizados para lograrla. En términos simples, mide cuán eficientemente se
transforman los insumos —como el trabajo, el capital o los materiales— en bienes y
servicios. Existen diversas formas de analizar la productividad, entre ellas: la
productividad laboral, que mide la producción por trabajador o por hora trabajada; la
productividad del capital, que evalúa la eficiencia en el uso del capital físico o financiero;
y la productividad total de los factores (PTF), que considera la eficiencia conjunta de
todos los insumos empleados en el proceso productivo. La importancia de la productividad
radica en que es una de las principales fuentes de crecimiento económico a largo plazo, ya
que permite producir más con menos recursos, mejorar los salarios reales, reducir los costos
de producción y elevar la calidad de vida.

Por su parte, la competitividad hace referencia a la capacidad de una empresa, sector o


país para posicionarse favorablemente en los mercados, ofreciendo bienes y servicios con
valor agregado, de forma sostenible y eficiente. A nivel nacional, la competitividad depende
de múltiples factores, como la infraestructura física y tecnológica, el capital humano, la
innovación, el acceso al financiamiento, la institucionalidad, la eficiencia del mercado
laboral y la sofisticación empresarial. La competitividad no se limita a la reducción de
costos, sino que también implica capacidad de innovación, diferenciación y adaptación a
los cambios del entorno económico global.

Existe una relación directa y recíproca entre productividad y competitividad. Una mayor
productividad fortalece la competitividad al permitir reducir los costos unitarios de
producción, mejorar la calidad de los productos y servicios, ampliar los márgenes de
ganancia y aumentar la capacidad de inversión en tecnología e innovación. Asimismo, una
economía o empresa competitiva está mejor posicionada para atraer talento, capital e
inversión, lo que a su vez puede traducirse en mayores niveles de productividad. Esta
sinergia es especialmente importante en contextos como el colombiano, donde cerrar
brechas de eficiencia e innovación resulta indispensable para avanzar en la transformación
productiva, generar empleo de calidad y participar activamente en los mercados
internacionales.

9. PRODUCTIVIDAD EN COLOMBIA.

Colombia enfrenta un escenario complejo en materia de productividad. Aunque el país ha


registrado avances importantes en estabilidad macroeconómica, apertura comercial y
fortalecimiento institucional, los niveles de productividad continúan siendo bajos en
comparación con las economías más desarrolladas, e incluso frente a otros países de la
región. Esta situación limita el potencial de crecimiento económico, restringe la generación
de empleo de calidad y reduce la capacidad del país para competir en mercados
internacionales.
Entre los principales problemas estructurales que afectan la productividad en Colombia se
encuentran la baja inversión en investigación y desarrollo (I+D), la debilidad de la
infraestructura física y digital en varias regiones, las brechas significativas en la formación
y especialización del capital humano, y una alta informalidad laboral que reduce los
incentivos a la productividad. A esto se suman desafíos empresariales como la escasa
adopción tecnológica en muchos sectores, la dificultad de las pequeñas y medianas
empresas (PYMES) para acceder a financiamiento, y la baja sofisticación de los procesos
productivos.

Pese a este panorama, en los últimos años se han impulsado iniciativas orientadas a revertir
esta tendencia. Programas como Colombia Productiva y el fortalecimiento del Sistema
Nacional de Competitividad e Innovación (SNCI) han buscado acompañar técnicamente
a las empresas, mejorar procesos, e integrar el enfoque territorial y sectorial en la agenda de
productividad. Desde 2022, más de 18.600 empresas han participado en procesos de
mejoramiento productivo, lo cual indica un interés creciente del sector privado por avanzar
en este frente. Sin embargo, los resultados macroeconómicos aún muestran un crecimiento
modesto: en 2023 el PIB creció apenas un 0,7 %, mientras que en 2024 se proyectó un
crecimiento del 1,7 %.

A nivel regional y sectorial, persiste una gran heterogeneidad. Mientras ciertos sectores
como el financiero, las tecnologías de la información o la minería muestran altos niveles de
productividad, otros como la agricultura o el comercio informal enfrentan rezagos
considerables. Esta desigualdad también se refleja territorialmente: regiones con mejor
infraestructura, conectividad y capital humano (como Bogotá, Antioquia o Valle del Cauca)
exhiben mejores desempeños, en contraste con zonas más rezagadas del Caribe y el
suroccidente.

En conclusión, mejorar la productividad en Colombia requiere una combinación de


políticas públicas eficaces, inversión sostenida en capital humano e infraestructura,
promoción de la innovación y fortalecimiento institucional. Solo así será posible cerrar las
brechas existentes, lograr un crecimiento económico más inclusivo y preparar al país para
los desafíos globales del siglo XXI.

CONCLUSIONES.

La productividad y la competitividad son pilares esenciales para el desarrollo sostenible y


equitativo de cualquier nación, y en el caso de Colombia, representan desafíos y
oportunidades determinantes para su inserción efectiva en la economía global. A lo largo de
este trabajo se ha analizado cómo la productividad, entendida como la eficiencia en el uso
de los recursos, constituye la base sobre la cual se construye la competitividad, al permitir a
las empresas y al país generar valor con mayor calidad, menor costo y mejor capacidad de
adaptación.

En Colombia, los bajos niveles de productividad siguen limitando el crecimiento


económico, la generación de empleo formal y el cierre de brechas sociales y regionales. Sin
embargo, el país también cuenta con fortalezas clave, como su diversidad productiva,
ubicación geográfica estratégica y avances institucionales, que pueden convertirse en
motores de transformación si se aprovechan de forma articulada. La superación de los
obstáculos estructurales e institucionales que frenan la productividad requiere de una visión
de largo plazo, basada en el fortalecimiento del capital humano, la innovación, la
modernización empresarial y el mejoramiento del entorno económico.

En definitiva, avanzar hacia una Colombia más productiva y competitiva demanda no solo
decisiones técnicas acertadas, sino también un compromiso sostenido entre el sector
público, privado, académico y la sociedad civil. Solo mediante una acción colectiva y
estratégica será posible consolidar un modelo de desarrollo inclusivo, resiliente y con
capacidad de responder a los grandes desafíos del siglo XXI.

REFERENCIAS.

Chiavenato, I. (2009). Administración de recursos humanos. McGraw-Hill.

Deming, W. E. (1986). Out of the Crisis. MIT Press.

Drucker, P. F. (1999). Management Challenges for the 21st Century. HarperBusiness.

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1990s. MIT Press.

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Porter, M. E. (1985). Competitive Advantage: Creating and Sustaining Superior


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Solow, R. M. (1956). A Contribution to the Theory of Economic Growth. Quarterly


Journal of Economics, 70(1), 65–94.

Patrón, O. & Vargas, J. (2019). Factores internos y externos a la empresa que propician
entornos de productividad en el sector privado. Revista Libre Empresa, 16(1), 64–
78.
Velásquez de Naime, Y., Rodríguez, C., & Guaita, W. (2012). Modelo de los factores que
afectan la productividad. XVI Congreso de Ingeniería de Organización. Vigo, July
18-20 (20), págs. 847-854.

Carrera, R. (s.f.). Tema 10. Producción y productividad. En Economía y administración de


empresas para ingenieros. Departamento de Administración de Empresas, pp. 1–9.
Licencia Creative Commons BY-NC-SA 3.0.

Medina, J. (2007). Modelo integral de productividad. Universidad Sergio Arboleda.

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