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Primer Parcial Ninez

La psicología evolutiva estudia el desarrollo humano desde la concepción hasta la adultez, enfatizando el crecimiento físico, la maduración y las experiencias del sujeto. El niño ha sido objeto de estudio desde diversas teorías, destacando las aportaciones de Freud, Piaget y Vygotsky, quienes ofrecen enfoques complementarios sobre el desarrollo infantil. La concepción de infancia ha evolucionado históricamente, influenciada por contextos culturales y expectativas familiares, lo que resalta la importancia de la crianza en la formación de la subjetividad infantil.

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Primer Parcial Ninez

La psicología evolutiva estudia el desarrollo humano desde la concepción hasta la adultez, enfatizando el crecimiento físico, la maduración y las experiencias del sujeto. El niño ha sido objeto de estudio desde diversas teorías, destacando las aportaciones de Freud, Piaget y Vygotsky, quienes ofrecen enfoques complementarios sobre el desarrollo infantil. La concepción de infancia ha evolucionado históricamente, influenciada por contextos culturales y expectativas familiares, lo que resalta la importancia de la crianza en la formación de la subjetividad infantil.

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PRIMER PARCIAL NIÑEZ

Eje intro. psicología evolutiva

Qué se entiende por desarrollo. García.

La psicología evolutiva tiene como objetivo el estudio del desarrollo humano, especialmente en la etapa
infanto- juvenil del ciclo vital.

El concepto central de la disciplina es el de desarrollo. Los psicólogos especializados en este campo


emplean el término para referirse a un patrón de cambio o movimiento progresivo que comienza en la
concepción y continúa a lo largo de la vida. Es un patrón complejo porque generalmente es el producto
de varios procesos como el crecimiento físico, la maduración y la experiencia del sujeto.

El crecimiento físico se refiere al incremento en talla y peso y a los cambios cuantitativos y graduales de
otros rasgos corporales. Además del aumento de peso y altura, son parte de este proceso el crecimiento de
la cabeza y las extremidades y los cambios de tamaño del cerebro, el corazón y los pulmones. Se pueden
aprovechar como instrumentos clínicos para determinar si un niño está sano y se está desarrollando
normalmente.

La maduración comprende los cambios cualitativos determinados por nuestro programa genético. Tanto
nuestro cerebro como el sistema nervioso central crecen y se van diferenciando; cambian las proporciones
anatómicas, a la vez que experimentamos modificaciones químicas y hormonales a medida que nos
acercamos a la madurez biológica. Antes de la adolescencia, estas funciones están coordinadas de modo
flexible dentro del cerebro.
Las experiencias constituyen el ingrediente más amplio y el más vago del desarrollo. Abarca toda la gama
que va desde las relacionadas con el ambiente biológico, que incluye cosas tales como la alimentación, los
accidentes físicos, la atención médica y los medicamentos, hasta las producidas por el ambiente social. Las
experiencias pueden ser a escala microscópicas o macroscópicas. El nivel de análisis depende en gran
medida del marco teórico del experto.

Las experiencias son cruciales para el desarrollo. Sin ellas no podrían darse el crecimiento ni la maduración.

El niño como objeto de estudio de distintos modelos teóricos. Pizzo.

Proponer al niño como objeto de estudio de distintos modelos teóricos requiere algunas consideraciones
acerca de los términos en juego en esta formulación. Se plantean en primer término dos consideraciones
de tipo histórico y una tercera, epistemológica. En segundo lugar, se presentan las denominadas teorías
evolutivas y se caracteriza el lugar que tuvo el estudio del niño en ellas. Por último, se plantea el nexo
entre teorías y estudio del desarrollo infantil.

El vocablo “niño” tal como lo usamos en el contexto de psicología evolutiva, es producto de una historia
de construcción de esta noción. Los niños existieron en todas las sociedades desde los inicios de la
humanidad, lo que se ha transformado es cómo se concibe al niño en distintos momentos de la historia y
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contextos culturales.
Philippe Aries publica su estudio “el niño y la vida familiar en el antiguo régimen” donde postula que la
noción de infancia tal como la concebimos hoy no existía en la edad media. Pensar la infancia como
categoría social diferente de los adultos es el resultado de una lenta y progresiva elaboración que se inicia
en el siglo XVII y se consolida francamente en el XIX. Distintos cambios sociales y en las mentalidades
hacen que la niñez llegue a ser considerada como una etapa diferenciada de la vida, pero se transitó un
largo camino hasta considerar y valorar al niño tal como lo hacemos hoy.

En investigaciones acerca de la representación Infancia, se sostiene que ésta vehiculiza significaciones


socialmente compartidas que atraviesan la singularidad del sujeto infantil durante el proceso de
subjetivación. El niño, en tanto sujeto singular de dicho proceso es sostén real de las representaciones
acerca de la infancia.
Es a Baldwin a quien se considera el primer teórico en el campo de la psicología evolutiva ya que su interés
excede el estudio del niño para entrarse en los procesos de desarrollo y la constitución del psiquismo
adulto; por ello es considerado uno de los precursores de la perspectiva genética en la psicología.
Formula nociones tales como “reacción circular” o “esquema” y destaca el papel de la imitación en el
desarrollo del niño, ideas retomadas por Piaget. Su idea acerca del individuo como un producto de sus
relaciones con los demás es considerada precursora de las concepciones del interaccionismo simbólico de
Mead y también se vincula con el papel que Vygotsky otorga a os procesos interpersonales en la
explicación del desarrollo del niño.

El interés por el estudio del niño inicialmente se expresó en estudios descriptivos que consolidaron a la
Psicología del niño como disciplina. Progresivamente, los intereses y planteos de distintos investigadores
llevaron a la elaboración de teorías que buscaban explicar distintas dimensiones del desarrollo infantil.
Los modelos teóricos: el término modelo remite a un “esquema teórico de un sistema o de una realidad
compleja que se elabora para facilitar su comprensión y el estudio de su comportamiento. Existen tantas
definiciones de este término como usuarios de este; también plantea que lo común en la diversidad de
definiciones es que todos aluden a la representación y a la analogía, por lo que puede decirse que “los
modelos son representaciones analógicas de la realidad”:

En psicología evolutiva se abordan conceptualizaciones de distintas teorías como herramientas para dar
cuenta del proceso de desarrollo humano y del desarrollo infantil.
La pluralidad de enfoques teóricos sobre el desarrollo muestra la riqueza de las reflexiones teóricas, pero
también puede producir perplejidad por la falta de planteos comunes a las distintas conceptualizaciones.
En la disparidad de enfoques teóricos en el campo de la Psicología Evolutiva, un criterio que ha logrado
cierto consenso es la propuesta de Reese y Overton, que consiste en la diferenciación de las teorías de
mayor importancia en Psicología Evolutiva, según el paradigma o modelo subyacente a las mismas.

Estos modelos deben entenderse como metáforas de la realidad y no como un reflejo de esta. Los modelos
de carácter teórico no son en sí mismos ni verdaderos o falsos, sino que resultan más o menos útiles
como herramientas heurísticas para generar investigaciones.
En relación con el propósito de la Psicología Evolutiva, la explicación de los cambios del comportamiento en
la dimensión temporal, Overton y Reese diferencian dos modelos o paradigmas subyacentes a cada teoría
psicológica evolutiva; estos remiten a posiciones antiéticas las que, esquemáticamente se caracterizan por:

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Modelo mecanicista Modelo organicista
Concepción reactiva del organismo El individuo se concibe como ser activo u organizador
El desarrollo es la manifestación del aumento de
La noción de desarrollo tiene carácter explicativo.
la experiencia (concepción descriptiva)
Se busca comprender o descubrir principios
Las manifestaciones complejas se explican por los
que regulan la organización entre las partes
componentes más sencillos.
y el todo (estructura y función)
El cambio se explica en base a hechos El cambio es visto como una propiedad de los
causales anteriores y separados organismos y es un proceso permanente.
de él.
Es posible predecir el cambio La predicción exacta del cambio es imposible
La metáfora es la máquina La metáfora es el organismo vivo

Los modelos son sistemas conceptuales de una extensión mayor que las teorías, por esta razón, teorías
que proponen diferentes constructos para explicar los fenómenos estudiados coexisten al interior de un
mismo paradigma o modelo. En el trabajo en Psicología Evolutiva, es pertinente considerar el planteo
acerca de la compatibilidad entre distintas propuestas teóricas. El principal interés de la oposición entre
los modelos mecanicista y organísmico reside en que muestran el carácter irreconciliable entre ambos y la
imposibilidad de combinar o integrar aspectos de teorías pertenecientes a paradigmas diferentes. Se
plantea que las teorías que remiten a un mismo modelo pueden diferir en cuanto a la dimensión del
desarrollo estudiado, pero no por ello ser incompatibles.

La denominación de teorías evolutivas es propuesta por Martí Sala para referirse a las formulaciones de
Freud, Vygotsky y Piaget, ya que las considera los proyectos más ambiciosos para el estudio del desarrollo
humano. Señala características comunes a las teorías:
- Constituyen sistemas teóricos coherentes y unificados.
- La dimensión genética es una parte necesaria de los postulados de base, sin dimensión genética
ninguna de estas tres teorías hubiera existido.
- El interés por estudiar el desarrollo es producto o consecuencia de sus proyectos, más que un
objetivo en sí mismo.

Plantea que, al focalizarse en dimensiones diferentes del desarrollo (afectiva, sociocultural y cognitiva), las
propuestas de Freud, Vygotsky y Piaget pueden considerarse, en algún sentido, complementarias.
Freud parte de la clínica con pacientes adultos; teoriza y especula, pero sin desconectarse de lo empírico. A
partir del descubrimiento del inconsciente y de la sexualidad infantil, crea un cuerpo teórico, un método de
investigación y un abordaje terapéutico. La elaboración y extensión de sus formulaciones hace que se la
considere una teoría del psiquismo humano.

Su teoría es genética, pues propone que la historia del individuo, particularmente en los primeros años, es
esencial para comprender el funcionamiento adulto. Contribuye de manera decisiva a la adopción de un
punto de vista genético en la comprensión del conocimiento. Freud es uno de los primeros teóricos en
adoptar el método genético en psicología y sostener que las experiencias anteriores juegan un papel
esencial en a conducta ulterior del sujeto.
En cuanto al estudio del niño, el estatuto científico del psicoanálisis ha originado numerosas controversias
talque, en la elaboración de la teoría, la mayoría de los datos analizados provienen de recuerdos de
pacientes adultos y en tratamiento y de las deducciones y construcciones elaboradas por el psicoanalista a
partir del material clínico. Freud mismo no propuso observaciones sistemáticas del comportamiento
infantil como fundamento de sus elaboraciones teóricas. Esta situación cambia en desarrollos post-
freudianos, que introducen la observación directa como método para validar o complementar las
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reconstrucciones de la teoría analítica.

Piaget se propone estudiar el proceso de construcción de conocimientos, se centra en el sujeto epistémico


y no en el sujeto psicológico. El estudio del psiquismo humano no puede ser más que genético: el
conocimiento es un proceso y como tal tiene que ser descrito de manera histórica.

Son conocidas sus observaciones, entrevistas y experiencias con sujetos infantiles, pero no se propuso el
estudio científico del niño. Su proyecto es indagar el desarrollo para explicar las funciones mentales por
su modo de formación. El estudio del desarrollo ontogenético es para él un camino para caracterizar las
leyes que rigen el conocimiento general y no exclusivamente el conocimiento en la niñez. Piaget se
denominaba a sí mismo “psicólogo de profesión”, como una forma de aludir a la subordinación del estudio
psicológico respecto a su interés principal, la epistemología.

Piaget llega a construir una psicología del niño con base empírica, a pesar de que no se propone
estudiar al sujeto infantil. La epistemología genética que nos lega resulta una teoría sistemática que no
ha dejado de ser una fuente heurística de nuevas hipótesis y replanteamientos.

La teoría sociocultural formulada por Vygotsky propone una síntesis novedosa en relación con el dualismo
imperante en su época. En su concepción, el mecanismo del cambio evolutivo del individuo se enraíza en
la sociedad y en la cultura.

La perspectiva evolutiva de Vygotsky no ha de confundirse con el estudio del desarrollo del niño; adopta
este enfoque para buscar la explicación en la historia y en el desarrollo. El método evolutivo es el método
principal de la ciencia psicológica, talque parte del supuesto de que un comportamiento sólo puede ser
entendido si se estudian sus cambios, su historia. Sólo de esta manera se puede pasar de la descripción
de un fenómeno a su explicación.
Vygotsky es considerado un especialista en el campo de la Psicología General y no un psicólogo infantil. La
ontogénesis es concebida como punto de encuentro de la evolución biológica y sociocultural; se trata de
un proceso complejo, único.
Su obra refleja un interés en producir una psicología que tuviera repercusiones en la educación y la
práctica médica. Sus formulaciones le permiten dar cuenta de los procesos mentales de todo individuo y
establecer programas de tratamiento y de curación.

Las teorías de Piaget, Freud y Vygotsky reconstruyen algunos de los postulados primordiales del modelo
organísmico, ya que sus formulaciones proponen un sujeto activo, interdependencia y organización en
diferentes dimensiones, al desarrollo concebido como una sucesión de cambios cualitativos y un énfasis en
los procesos más que en los resultados.

Historia de la infancia y el juguete. Moreno

Los niños son capaces de captar los hilos centrales de la trama de su familia y de responder a ella. Las
puntaladas iniciales de la subjetividad del pequeño estarán condicionadas por las expectativas familiares.
Esas expectativas estás a su vez ceñidas por los discursos que en cada sociedad y en cada época
reglamentan qué es un “niño”. El niño se conforma de acuerdo con lo que su sociedad sanciona como
infancia.

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El niño emerge del vínculo con sus padres, un vínculo reglamentado por el discurso de la época.
La subjetividad del niño surge de una compleja interacción entre su cuerpo biológico y su crianza,
reglamentada por el medio en que habita él y su familia. Se llama infancia al conjunto de intervenciones
institucionales que, actuando sobre el niño real, producen lo que cada sociedad llama “niño”. Niño es el
producto de los efectos de la infancia sobre una materialidad biológica.

Siempre han existido variaciones en el concepto de infancia y en los niños que genera; sin embargo, hasta
hace poco, tales variaciones se presentaban como relativamente lentas. Tardaban varias generaciones en
hacerse evidentes. Las creencias que una generación tenía sobre la infancia podían ser tomadas como
invariantes para esa generación. En la actualidad, una serie de evidencias indican que las prácticas
relacionadas con lo infantil están variando a una velocidad sin precedentes: la nuestra sería la primera
generación atravesada por más de un concepto de infancia. Se hace difícil diferenciar lo que es propio de
las formas sintomáticas de las variaciones sociales en los niños.
La conformación del niño es mucho más importante que la transmisión de contenidos e involucra tanto la
plasticidad de los niños como la práctica de crianza. Esa conformación se ve favorecida por el hecho de
que los seres humanos nacen sin su sistema nervioso terminado de conformar, entonces es más
vulnerable y se conforma durante la época de la crianza. Eso que pudo haber sido una enorme dificultad
para la supervivencia de nuestra especie, constituyó tal ves una de las claves de su éxito evolutivo porque
posibilitó la crianza de los niños en un determinada época y cultura conforme a “a medida” a los sujetos
que compondrán esa sociedad en la generación siguiente y produzca sujetos adecuados para su
funcionamiento en esa sociedad.

Debe existir algún tipo de adecuación entre la concepción de infancia, las prácticas de crianza y los
sujetos requeridos en el futuro. Esa ensambladura, sin duda un fenómeno muy complejo, podría ser una
clave crucial en la transmisión y transformación cultural que caracteriza al humano: lo que se transmite a
través de la cultura no son sólo contenidos, información y pautas, sino también subjetividades y modos de
producción de subjetividades. Y el medio por el cual se realizan es la práctica de crianza.

- Infancia en el medioevo: no quedaron registros escritos acerca de la vida o crianza significativos de los
niños.
Tampoco hay imágenes que los representen en pinturas o esculturas. La ausencia de su
representación es consecuencia del rechazo de los rasgos específicos de la infancia. En el medioevo
la realidad infantil no merecía atención. La infancia era un pasaje sin importancia, un tiempo un poco
avergonzante, un estado que había que soportar para llegar a la única edad valorada: la del adulto
maduro.

No había escuelas, aprendían conviviendo con los adultos, a quienes ayudaba. El niño era una
forma inmadura del adulto. Las escenas de costumbres muestran a los niños y adultos mezclados,
no había juegos ni juguetes ni vestimentas especiales para los niños.

Muchos historiadores relacionan la poca importancia atribuida a los niños en aquella época con la
elevada mortalidad infantil.

- Infancia en la modernidad: nos encontramos con una nueva concepción del niño. Es concebido
inocente, sin maldad, pecado ni sexualidad. Se lo educa e instruye para que se forme bien. Es una
promesa de futuro, no se lo considera importante en sí, eso es lo que configura la forma típica del
disciplinamiento infantil moderno: someter el niño a correcciones para formarlo bien para el
futuro. Lo que pudiera resultar en bien de su felicidad en un tiempo presente viene por
añadidura.
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Los juguetes son especialmente diseñados con la idea de que contribuyan con esta buena formación
de los niños, estimulan la creatividad propiciada por los juegos asociativos. El niño es dócil y
maleable.

La separación de niños y adultos en la modernidad es tajante. Hay colegios, sistemas de aprendizaje,


vestimenta, juguetes y literatura adaptada para cada edad.

Formar niños fue tal vez la misión más importante de la familia moderna y en base a esa función
permaneció unida. Fue controlada por organismos estatales, privados y eclesiásticos de “defensa del
niño” para que el “hombre del futuro” llegara a su meta a cualquier costo.

- Niño en la actualidad: es difícil hablar del niño en la actualidad porque falta perspectiva y porque
vivimos en una etapa de transición de velocidad sin precedentes que no parece establecer una
forma estable de infancia ni de familia. Lo más destacable de los niños en la actualidad es cómo se
van apartando de lo que de ellos se esperaría desde una concepción moderna.

Nuestra época está marcada por la revolución informática y la caída del ideal de progreso. El niño de
hoy da muestras constantes de no ser adecuadamente representado por las imágenes que alguna
vez generó el concepto de infancia de la modernidad.

La categorización de frágil e indefenso con la que fue tradicionalmente concebido está hoy siendo
objeto de revisión. La idea de proteger a los niños de la influencia de los padres parece haberse
invertido. El niño no es dócil ni maleable. Muchas veces los niños, por estar en un contacto más
directo con las novedades informáticas que sus progenitores les enseñas a los adultos. La división
de edades tampoco parece sostenerse: prevalece ahora la idea de que hay una edad, la del joven
adolescente, a la que niños y adultos buscan parecerse.

Los juegos están emparentados con los ritos. Pero existe una oposición entre el rito y el juego con
respecto a lo sagrado: en lugar de preservar la letra de lo que los originó, como hacen los ritos, los juegos
anulan su contenido y sólo preservan algo de la forma del drama sagrado.

Se ha señalado con insistencia que juguetes y juegos guardan una peculiar relación con el contexto en el
que emergieron: “hacen aparecer” algo del pasado en el presente lúdico. El juguete podría ser un aliado
importante para la realización del proyecto de infancia propio de la época. Aparecieron los juegos
didácticos para “formar bien” la mente del niño. Durante la modernidad, el jugar era visto como la
expresión natural del espíritu infantil y no vivido como acto de posesión de objetos.

Desde hace algún tiempo, los juguetes preferidos de los niños usan tecnología del futuro. La
miniaturización del pasado, si es que hoy existe, es sólo de interés de coleccionistas que poseen piezas
como objetos valiosos con los que en general no se juega. Los juguetes de hoy miniaturizan el futuro.

Psicología evolutiva: concepto, enfoques, controversia y métodos. Palacios

La psicología evolutiva se ocupa del cambio a lo largo del tiempo. Se ocupa de la conducta humana, se
interesa por la conducta humana desde el punto de vista de sus cambios y transformaciones a lo largo del
tiempo.

Dos son los rasgos que permiten diferenciar la psicología evolutiva de otras disciplinas psicológicas

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interesadas por procesos de cambio:

- Que los cambios de que se ocupa la psicología evolutiva tienen un carácter normativo o cuasi-
normativo que no poseen los cambios de que se ocupan otras disciplinas psicológicas interesadas
por el cambio. Normativo significa que los procesos son aplicables o bien a todos los seres
humanos o a grandes grupos de ellos. En oposición a los hechos normativos, los fenómenos
idiosincráticos se refieren a lo que es propio de determinados individuos, sin que pueda
considerarse que en algún modo caracterizan a todos ellos o a grupos importantes.

- Los cambios de los que se ocupa la psicología evolutiva tienen una relación con la edad que
habitualmente no existe en otras disciplinas psicológicas interesadas por el cambio. Se ocupa de
cambios que muestran vinculación con el período de la vida humana en que la persona se halle.

La psicología evolutiva es la disciplina que se ocupa de estudiar los cambios psicológicos que en una cierta
relación con la edad se dan en las personas a lo largo de su desarrollo, es decir, desde su concepción
hasta su muerte.

Dada la importancia central que la edad tiene para los hechos evolutivos, la primera matización tiene que
referirse a ella. En psicología evolutiva normalmente no nos referimos a una edad completa, sino a uno de
los períodos en que habitualmente dividimos el desarrollo humano. Hay cambios psicológicos que pueden
adscribirse a edades más concretas, pero eso suele ocurrir con más frecuencia en la primera infancia.

Podemos preguntarnos por qué hay cambios psicológicos que están vinculados a la edad. Parte de la
respuesta radica en la maduración. Cuando nacemos, nuestro cerebro, nuestro sistema nervioso, nuestros
músculos, tienen un cierto nivel de desarrollo, pero se encuentran en un estado evolutivo muy incipiente.

La maduración sigue una secuencia más fija y predecible cuanto más cerca nos encontremos del principio
de la trayectoria vital individual. Llega un momento en que lo fundamental de la maduración biológica ya ha
ocurrido, la pubertad. A partir de este momento la maduración impone muy poco al desarrollo psicológico.

Debe mencionarse la cultura a la que se pertenece. Donde la maduración no deja resquicios, las
diferencias culturales no se traducen en diferencias evolutivas. Se limita a abrir las posibilidades que el
entorno se encargará de aprovechar en mayor o menor medida, en una u otra dirección determinada en
buena parte por el “plan cultural” establecido en el contexto en que se produzca el desarrollo.

Hay que referirse al momento histórico en que se está produciendo el desarrollo humano en el interior de
una determinada cultura.

No podemos sostener que todas las personas pertenecientes a una misma cultura y que vivan en un
momento histórico determinado van a tener unos procesos de desarrollo semejantes. Cuanto más compleja
sea una sociedad, más diversidad hay en su interior y más abigarrada es su pirámide social, por lo que se
hace entonces relevante referirse a los subgrupos sociales que en ella existen.

Existe otra fuente de variación que hace que no haya dos perfiles de desarrollo psicológico idénticos
dentro de un subgrupo social determinado, en un mismo momento histórico y en el interior de una misma
cultura. Los rasgos y características individuales están presentes a lo largo de todo el proceso del
desarrollo. Los perfiles psicológicos se van haciendo más marcadamente individuales a medida que nos
alejamos del punto de partida del desarrollo.

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La psicología evolutiva se propone los tres objetivos que son típicos de todas las empresas científicas: la
descripción, la explicación y la predicción. Se propone la identificación y descripción de los procesos de
cambio de que se ocupa, proporcionando detalles de en qué consisten, cómo se manifiestan, cuál es su
curso evolutivo característico, etc.
Pero la descripción no es sino el primero de los pasos que hacen posible una explicación que no es ´nica,
sino que esta sujeta a diferentes hipótesis e interpretaciones. Cuanto mejor descrito y explicado esté un
hecho o proceso evolutivo tanto mejor será la predicción que respecto a él y su desarrollo podemos
hacer.

Hasta fecha relativamente reciente la psicología evolutiva se ocupó de forma exclusiva del desarrollo
infantil y adolescente. Hablar de orígenes y de los primeros desarrollos de esta disciplina significa analizar la
evolución del estudio de niños y adolescentes desde los antecedentes más remotos hasta finales de 1960.

Lo que caracteriza a la psicología evolutiva europea de la primera mitad del siglo XX es el gran
protagonismo de unas teorías que, pese a sus notables diferencias, pueden ser agrupadas bajo la común
denominación de modelos organísmicos, ya que se trata de teorías que comparten una serie de
postulados fundamentales. En contraposición con el niño anglosajón, que nacía como tabula rasa y se
desarrollaba a expensas de las influencias de los estímulos que le rodeaban, el niño centroeuropeo
vendrá al mundo con un plan de desarrollo innato inscrito en las profundidades de su organismo, plan
que se irá desplegando a través de diferentes estadios evolutivos a cuyas exigencias y posibilidades habrá
de plegarse la acción educativa. Un plan de desarrollo en cuyas características fundamentales y cuya
secuencia evolutiva se consideran además universales.

Los dos representantes más importantes de los planteamientos organísmicos fueron Freud y Piaget.
Cuando Freud empezó a estudiar a adultos con problemas, llegó pronto a tres conclusiones que habrían de
marcar el conjunto de su monumental obra:

1. Que esos problemas tenían raíces inconscientes que escapaban a la percepción del propio sujeto
y que requerían método de análisis especial del psiquismo que permitiera al inconsciente
manifestarse con la menor interferencia posible de la conciencia; surgen así la interpretación de
los sueños y la asociación libre de ideas.
2. Que la mayor parte de los problemas por él analizados se relacionaban con conflictos sexuales
y con las dificultades para satisfacer los deseos sexuales en las relaciones interpersonales.
3. Que muchos de los problemas adultos tenían raíces en la infancia, particularmente en los primeros
años del desarrollo. El origen y desarrollo de esa insatisfacción quedan entonces encerrados en el
inconsciente, de donde el psicoanálisis tendrá que rescatarlos para liberar a paciente de sus
tensiones y problemas.

Los tres juntos constituían una revolución cultural. En la teoría psicoanalítica, el bebé pierde su alma
inocente e inmaculada, porque Freud se la llena de instintos, algunos de los cuales, en forma de
pulsiones, están en el meollo de la génesis de la personalidad y constituyen el objeto de estudio de la
teoría psicoanalítica: las pulsiones sexuales.

- En el momento del nacimiento, el bebé posee un conjunto de pulsiones que buscan su satisfacción
inmediata, pulsiones a las que, como vemos, Freud atribuye carácter libidinal y, en consecuencia,
significado sexual. El ello constituye la sede psíquica de todas esas pulsiones y las primeras acciones
libidinosas del bebé tienden a satisfacer esas pulsiones.

- Como la realidad opone frecuentemente resistencia a la satisfacción inmediata de estas


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pulsiones, en la primera infancia aparece una nueva instancia psíquica, el yo, encargada de
canalizar esa satisfacción de manera socialmente aceptable, o de posponerla para otro
momento; es un mediador entre el ello y la realidad, decidiendo la forma y el momento en
que dará satisfacción a las pulsiones del ello.

- Frente al carácter desordenado, impetuoso y urgente de los deseos del ello, el entorno social del
niño pequeño impone toda una serie de costumbres, normas, creencias y valores que se
desdoblarán del yo dentro del aparato psíquico dando lugar al super yo que es la conciencia social y
moral interiorizada entre los 3 y 6 años. La presencia del superyó altera la función del yo que ya no
tendrá que mediar entre el ello y la realidad, sino entre el ello y la representación de la realidad
contenida en el superyó: algunos deseos podrán satisfacerse, pero los que entren en conflicto con
el superyó tendrán que enterrarse en las profundidades del inconsciente.

Freud ve el desarrollo psicológico como una sucesión de estadios que van a llevar de las manifestaciones
iniciales del ello a través de una libido no genitalizada y aún apenas sujeta a las mediaciones del yo, hasta
el logro de la sexualidad genital adulta sometida al control del superyó.
La descripción de Freud procede no del trabajo con niños, sino de su psicoanálisis de adultos (incluido
él mismo); pronto surgieron psicoanalistas que se ocuparon más directamente de niños y adolescentes
para profundizar en algunas de las ideas de Freud.

Algo muy distinto ocurre con la obra de Piaget. Piaget elabora una teoría del desarrollo psicológico como
una secuencia de estadios que llevan desde la inmadurez inicial del recién nacido al final de la
adolescencia, donde se supone que se han terminado los grandes cambios evolutivos. Piaget cree que
tanto los mecanismos subyacentes a esa secuencia de cambios tienen una naturaleza universal en la
especie humana porque se corresponden con características que forman parte del organismo con el que
la especie nace, por más que su despliegue sea lento y sujeto a un cierto orden secuencial.

La obra de Piaget se centra en el desarrollo intelectual, siento su objetivo fundamental tratar de describir y
explicar cómo se produce el tránsito del ser biológico que es el bebé humano recién nacido al conocimiento
abstracto y altamente organizado que encontramos en el adulto.

En su teoría, la meta es siempre la adaptación, conseguir dar respuesta adecuada a los problemas que en
cada momento el individuo se va encontrando.

El organismo se encuentra en un estado de desequilibrio con respecto al medio; el proceso de encontrar


respuestas nuevas trata de restaurar el equilibrio y mejorar así la adaptación a las exigencias o demandas
del entorno. La persona en desarrollo se ve obligada a ir construyendo nuevos interrogantes, consiguiendo
así niveles de adaptación cada vez más elaborados fruto de una tendencia continua y ascendente a la
equilibración:

- Esquema: es la unidad básica de la vida intelectual. Se trata al principio de acciones pautadas


biológicamente que luego se van diversificando y dando lugar a nuevas conductas que además se
integran en acciones más complejas. Los esquemas llegan luego a interiorizarse y a convertirse en
acciones simbólicas al principio referidas a acciones concretas y luego a procesos de razonamiento.
Cuando adoptan una forma organizada, coherente y lógica, se laman operaciones.

- Asimilación: una vez dominado un esquema, la conducta se repetirá con el objeto sobre el que
inicialmente se formó, pero también con todos aquellos que se dejan asimilar al esquema.

- Acomodación: hay ocasiones en que un esquema no es capaz de responder a las características de


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un objeto, a las exigencias de conocimiento que plantea (desequilibrio); se hace entonces
necesario modificar el esquema previo (acomodación) para restaurar el equilibrio, con lo que la
conducta se diversifica y la adaptación mejora.

- Estadio: en cada momento del desarrollo, los esquemas de que el niño dispone guardan una cierta
relación entre sí; todos ellos pertenecen a un mismo nivel de funcionamiento, a un mismo nivel
de complejidad, todos forman una estructura.

- Constructivismo: la actividad del sujeto sobre os objetos obliga a ir encontrando respuestas nuevas
para los nuevos problemas, a ir inventando soluciones a través del despliegue de un continuo
proceso de adaptación; conocer es entonces construir respuestas.

Controversias conceptuales:

 Herencia-medio: la polémica herencia-medio es hereditaria: no hay psicólogo evolutivo que no


tenga que hacerle frente y no hay manual de psicología evolutiva que pueda sustraerse a ella. No
se trata de hacer una elección entre la herencia o el ambiente, sino de mostrar cómo opera la
interacción entre herencia y ambiente. Durante décadas, la voz que más se oyó fue la del
ambientalismo que tomaba como inaceptable cualquier referencia a la heredabilidad de rasgos o
características psicológicas.
No obstante, en los últimos años el foco de la discusión ha iluminado sólo una parte del problema:
la que se refiere a la posible transmisión hereditaria de características psicológicas de padres a
hijos, características que tienden a hacernos diferentes a unos de otros. Pero el problema herencia-
medio tiene también que ser abordado desde otro ángulo: el de la transmisión a través de la
herencia de las características que tienden a hacernos semejantes.

La evolución ha fijado en nuestro genoma una serie de rasgos inamovibles que tienen que ver
tanto con los planos arquitectónicos de nuestro organismo como con los planes evolutivos de
ejecución de esos planos. La filogénesis tomó ciertas precauciones con los humanos: puesto que
nacemos muy inmaduros, la parte más importante de nuestro desarrollo va a ocurrir en contacto
con el ambiente; pero la parte de nuestro código genético relacionada con los rasgos de la
especie es bastante inflexible con respecto al calendario madurativo temprano.

Lo que el calendario madurativo hace respecto a los contenidos psicológicos es situarnos sobre
“plataformas de lanzamiento” típicamente humanas, sin predeterminar cuál será la trayectoria a
partir de ahí, ni cuales serán los contenidos con que esa trayectoria se llene.
El concepto de canalización es útil para referirse a la parte cerrada del código genético relacionada
con nuestra maduración: hay una canalización madurativa que determina que ciertos hechos de
naturaleza biológica van a ocurrir aproximadamente con determinada cronología, pero no se
determinan los contenidos concretos.

Tres distintas manifestaciones de la relación entre herencia y medio:

- Relaciones pasivas: los padres transmiten al bebé ciertas características en parte a través de
influencias genéticas, pero también a través de la forma en que organizan su entorno, se
relacionan con él, etc.

- Relaciones reactivas: determinadas características de un niño o niña que pueden tener un


cierto componente hereditario hacen más probable que se las estimule más en una
dirección que en otra.
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- Relaciones activas: en función de nuestras disposiciones con algún componente genético, las
personas buscamos más unos contextos que otros.

 Sincronía-heterocronía: los modelos clásicos de la psicología evolutiva europea incluían


descripciones en estadios del proceso de desarrollo. Las descripciones en términos de estadios
presuponen al menos cuatro cosas: que hay cambios cualitativos a lo largo del desarrollo; que, en
el interior de cada estadio, los contenidos son bastante homogéneos, se desarrollan de manera
sincrónica los unos respecto a los otros; que la secuencia de estadios es siempre la misma y que
tiende a ocurrir de acuerdo con una cronología aproximadamente predecible; que los estadios
superiores suponen la integración y superación de los logros del precedente. Los anteriores son los
rasgos de una versión fuerte del concepto de estadio. hay cambios cualitativos que los contenidos
en estos se desarrollan en el mismo momento y que la secuencia es siempre predecible y la
misma. Los cambios se dan en bloques o estructuras. Si cambia una estructura cambian todas las
estructuras.

Existe una hipótesis contraria: los hechos psicológicos no se caracterizan por un desarrollo
sincrónico, sino que son fundamentalmente independientes y heterócronos. Sostiene que los
hechos psicológicos son independientes al tener una dirección propia, su propia lógica y cronología.
Este planteo intenta explicar lo que en el desarrollo no funciona como se supuso en los planteos
piagetianos sino en estudios transculturales. En lugar de un tren avanzando todo él al mismo
tiempo y por la misma vía, en la misma dirección, con estancias prefijadas y horarios predecibles –
según esta otra hipótesis – como vagones independientes cada uno de los cuales tiene su propia
trayectoria y su específica cronología.

 Continuidad-discontinuidad: ¿podemos predecir el desarrollo de una persona en un momento


determinado si conocemos cómo fue su desarrollo en un momento anterior? Sin duda hay cambio,
como no podría ser menos en un ser tan evolutivo como el humano y tan abierto a la influencia de
múltiples y cambiantes circunstancias. Pero parece también fuera de duda que hay una cierta
continuidad que hace de nosotros realidades identificables en nuestra singularidad a lo largo del
desarrollo individual. Cuanto más próximas sean las edades que se consideran y cuanto más
parecidos sean los contenidos que se comparan, más probable es detectar continuidad. A medida
que distanciamos las edades, el grado de continuidad disminuirá, aunque no tiene por qué
desaparecer del todo. De esta continuidad serían responsables tanto las características internas
estables del sujeto, cuanto la estabilidad presente en el ambiente.

Con ocasión de algunos acontecimientos estresantes, la continuidad aumenta según el llamado


“principio de acentuación”. En sentido contrario, en la vida de las personas puede haber “puntos de
inflexión” que reorienten en otra dirección una determinada trayectoria evolutiva previa.

En conclusión, aunque abiertas al cambio, las personas tendemos a parecernos nosotras mismas a
lo largo del tiempo, especialmente en lapsos de unos pocos años y respecto a contenidos
relacionados. El mantenimiento de los rasgos del perfil puede verse acentuado en unas
circunstancias y modificado en otras, introduciendo en este caso una discontinuidad más o menos
marcada.

Lo que convierte a una investigación en inequívocamente evolutiva es la utilización de diseños en los que la
variable edad juegue un papel organizador importante. Básicamente existen dos tipos de diseños
evolutivos:

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1. Diseño longitudinal: se estudia a los mismos sujetos a lo largo del tiempo con objeto de analizar
cómo evolucionan las características objeto de análisis. Este tipo de diseños son los únicos que
permiten analizar el cambio intraindividual. El análisis no siempre va de atrás hacia adelante.

2. Diseño transversal: se estudia simultáneamente a sujetos de diferente edad con objeto de


analizar cuáles son las diferencias ligadas a la edad de las características investigadas. Este diseño
no permite hacer el seguimiento de los cambios intraindividuales, pero tiene la ventaja de su
rapidez y su economía comparada con el diseño longitudinal: en poco tiempo, permite hacerse
una idea de los cambios fundamentales ligados a la edad.

 Diseños secuenciales: estudian las mismas variables, de la misma manera, en grupos lo más
equivalente posibles pertenecientes a distintas generaciones. Promocionan información sobre
los cambios socioculturales y pueden utilizarse tanto en el planteamiento transversal como en
el longitudinal, presentando las ventajas y desventajas propias de cada diseño.

Reflexiones sobre lo heredado y lo adquirido. Kornblihtt


Tres aspectos biológicos para definir: lo congénito, lo genético y lo heredable. Lo congénito es aquello que
le puede ocurrir al embrión o al feto durante la vida intrauterina y no tiene por qué ser causado por
características de los genes heredados de los padres, sino, por ejemplo, por situaciones vividas por la
madre durante el embarazo.
Lo genético está condicionado por alteraciones en los genes, pero no es necesariamente heredable.

Lo heredable, que es siempre genético, es lo único que podría ser tenido en cuenta para avalar una teoría
putamente determinista. Las alteraciones genéticas se transmiten mediante ciertas leyes de padres a hijos.
En el caso de los humanos, los nueve meses de vida intrauterina están sujetos a una serie de variables
ambientales, desde la alimentación de la madre, el estrés, los traumas, todo lo que pudo haber sufrido esa
madre en su medio ambiente social y económico está influenciando sobre la vida del feto que se está
generando dentro; si hubiera diferencias no podría distinguir fácilmente si son heredables o congénitas.

La subjetividad en riesgo. Silvia


Bleichmar

Que el ser humano cambia históricamente, que la representación de si mismo y de su realidad no se


mantiene estrictamente en los términos con los que fuera pensado por el psicoanálisis de los
comienzos, no hay duda. Todos estos seres humanos, dentro de cierto margen de variación tienen las
mismas reglas de funcionamiento psíquico que los de los historiadores clásicos: están atravesados por
la represión, con una tópica que permite el funcionamiento diferenciado de sus sistemas psíquicos
tienen un superyó cuyos enunciados permiten la regulación tendiente a evitar la destrucción tanto
física como psíquica, y cuando no cumplen estas regularidades se ven expulsados de la posibilidad de
dominio sobre sí mismos y en riesgo de saltar hacia modos de fractura psíquica.

Los cambios en la subjetividad en estos años invaden nuestra práctica y acosan las teorías con las cuales nos
manejamos cómodamente durante gran parte del siglo pasado.

La subjetividad está atravesada por los modos históricos de representación con los cuales cada sociedad
determina aquello que considera necesario para la conformación de sujetos aptos para desplegarse en su
interior.
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Es por ello por lo que es el espacio en el cual los modos de clasificación, los enunciados ideológicos, las
representaciones del mundo y sus jerarquías, toma un lugar central. La subjetividad no es, ni puede ser, un
concepto nuclear del psicoanálisis, aún cuando esté en el centro mismo de nuestra práctica. Ello en función
de que es precisamente el modo con el cual el centramiento que posibilita la defensa de los aspectos
desintegrativos del inconsciente opera.

La noción de subjetividad en tanto categoría filosófica alude a aquello que remite al sujeto, siendo un
término corriente en lógica, en psicología y filosofía para designar a un individuo en tanto es a la vez un
observador de los otros, y en el caso del lenguaje, a una partícula de discurso a la cual puede remitirse un
predicado o un atributo. El sujeto, sea moral, del conocimiento, social, pero muy en particular la
subjetividad, como algo que concierne al sujeto pensante, opuesto a las cosas en sí, no puede sino ser
atravesado por las categorías que posibilitan el ordenamiento espaciotemporal del mundo y, volcado a una
intencionalidad exterior, extro-vertido.

Es debido a estos elementos que la subjetividad no podría remitir al funcionamiento psíquico en su


conjunto, no podría dar cuenta de las formas con las cuales el sujeto se constituye ni de sus constelaciones
inconscientes, en las cuales la lógica de la negación, la temporalidad, del tercero excluido, están ausentes.

Hemos puntualizado la diferencia entre psiquismo y subjetividad, restringiendo esta última a aquello que
remite al sujeto, a la posición de sujeto, por lo cual se diferencia del inconsciente. Si la subjetividad es un
producto histórico, no sólo en el sentido de que surge de un proceso, que es efecto de tiempos de
constitución, sino que es efecto de determinadas variables históricas en el sentido de la historia social,
que varía en las diferentes culturas y sufre transformaciones a partir de las mutaciones que se dan en los
sistemas histórico-políticos.

Cuando hablamos de la función de las relaciones sociales en la producción de subjetividad, nos referimos
en el espacio teórico que nos corresponde, de definir de qué modo ciertos aspectos de las relaciones
sociales mediatizan, vehiculizan, pautan, los modos primarios de constitución de los intercambios que
hacen a la producción de representaciones en el interior de la implantación y normativización de los
intercambios sexuales.

¿Qué quiere decir producción de subjetividad?, de qué manera se constituye la singularidad humana en el
entrecruzamiento de universales necesarios y relaciones particulares que no sólo la transforman y la
modifican, sino que la instauran, debemos articular una respuesta que tenga en cuenta los universales que
hacen a la constitución psíquica, así como los modos históricos que generan las condiciones del sujeto
social.

El gran descubrimiento del psicoanálisis no es solo la existencia del inconsciente, la posibilidad de que los
seres humanos tengan un espacio de su psiquismo que no está definido por la conciencia. Es haber
planteado por primera vez en la historia del pensamiento que es posible que exista un pensamiento sin
sujeto, y que ese pensamiento sin sujeto no esté en el otro trascendental, ni en ningún lugar
particularmente habitado por la conciencia o por intencionalidad. Es haber descubierto que existe un
pensamiento que antecede al sujeto y que el sujeto debe apropiarse a lo largo de toda su vida de ese
pensamiento.

Si la producción de subjetividad es un componente fuerte de la socialización, evidentemente ha sido


regulada, a lo largo de la historia de la humanidad, por los centros de poder que definen el tipo de
individuo necesario para conservar al sistema y conservarse a sí mismo. En sus contradicciones, huecos,
en sus filtraciones, anida la posibilidad de nuevas subjetividades.
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Eje de trabajos prácticos

Características del período neonatal. Biotti y Panighetti.

La historia de un ser humano comienza mucho antes de su nacimiento tanto en lo referente a lo biológico
como a lo cultural y psíquico.

Como todo aquello inherente al desarrollo humano, el nacimiento y el período neonatal comprenden una
complejidad singular dada la diversidad de aspectos que implica su abordaje.

Entendiendo el desarrollo como un patrón de cambio complejo, es necesario aclarar que el mismo no
sucede de manera arbitraria, sino que respeta las leyes que lo regulan. Estas leyes, pensadas para el
organismo en tanto biológico, muestran un cambio sistemático de pautas desde su comienzo hasta la
madurez. Luego, algunos de estos principios, son posibles de ser penados por el psicólogo para evaluar
ciertos aspectos del desarrollo.

Leyes o principios del desarrollo

1. Diferenciación: el desarrollo se va produciendo de lo simple a lo complejo, de lo homogéneo a lo


heterogéneo, de lo general a lo específico. Este principio también se aplica a nivel psicológico, si
pensamos en el recién nacido, su conducta comienza siendo de una calidad indiferenciada y
luego poco a poco comienza a diferenciarse.

2. Subordinación funcional: las estructuras y funciones diferenciadas se combinan y organizan


creando pautas nuevas con características emergentes propias.

3. Direcciones del crecimiento: las direcciones del crecimiento son cefalocaudal (cabeza cola), que
describe el hecho de que el crecimiento en estructura y función se continúa en dirección hacia
abajo del cuerpo, con la extremidad cefálica tomando prioridad sobre la extremidad caudal; y la
próximo-distal, que se refiere a que el desarrollo se continúa de lo cercano a lo lejano, por fuera
del eje central del cuerpo y hacia las extremidades.

4. Crecimiento asincrónico: las partes y sistemas del organismo no se desarrollan de manera


uniforme o en su totalidad al mismo tiempo, sino que lo hacen en tiempos diferentes, en forma
asincrónica. Este principio sigue teniendo lugar durante todo el desarrollo.

5. Discontinuidad en el ritmo del crecimiento: el ritmo del crecimiento tampoco es uniforme, sino que
se da de manera discontinua. Se acelera durante la primera infancia, luego durante la latencia o
años intermedios de la niñez se aminora. El tiempo rápido y brusco de los primeros años ha dado
lugar, temporariamente, a una pauta de cambio más gradual que volverá a acelerarse en la
pubertad.

Estas leyes no pueden ser observadas como fenómenos aislados del resto de los elementos y condiciones
que determinan el desarrollo del niño, es que sostenemos que solo en el conjunto podremos descubrir y
trabajar con las diferentes modalidades y características que hacen a la singularidad de cada ser humano.

Si bien el feto, el neonato, el niño y el ser human en su totalidad están gobernados por todas estas mismas
leyes del desarrollo, desde e punto de vista de los diversos campos de conducta, también se reconoce una
correspondencia a leyes comunes. El niño siempre reacciona como una unidad en sí mismo, por eso, no es
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posible encontrar delimitaciones claras sobre las distintas áreas de estudio.

Continuidad y discontinuidad.

En psicología del desarrollo ha habido algunas problemáticas que han despertado la polémica, como la
discusión acerca de la importancia que debía atribuirse a la naturaleza y a la crianza. Otra de las grandes
discusiones es la que se refiere a continuidad y discontinuidad del desarrollo. ¿Podríamos afirmar que el
desarrollo es continuo, o deberíamos decir que se produce de manera discontinua? Una de las
características del desarrollo es el cambio que se da de manera generalmente continua y otras veces de
manera discontinua. Por ejemplo, en el período neonatal podríamos pensar la continuidad de la vida post
natal con respecto a la vida prenatal. La posición del bebé recuerda a la posición del feto dentro del
útero, poco a poco su cuerpo irá encontrando otras maneras de acomodarse en n medio tan distinto al
que estaba.

Sin embargo, han tenido lugar cambios que marcan un momento de discontinuidad importante, un
cambio cualitativo. El bebé ha comenzado a utilizar sus pulmones para respirar, ha puesto en acción su
sistema digestivo, ha comenzado a regular la temperatura de su cuerpo.

Los organismos vivos no tolerarían una frecuencia ininterrumpida de cambios abruptos, por lo cual los
momentos de discontinuidad se generan cuando es realmente necesario para el desarrollo. Existen factores
que contribuyen a la continuidad en el desarrollo e intervienen para amortiguar el cambio repentino, y
factores que contribuyen a la discontinuidad del desarrollo, que permiten el desequilibrio y la
reorganización.

Sincronía y asincronía.

A los fines que nos interesa en relación con nuestra tarea como psicólogos es interesante poder eran las
leyes que han sido formuladas, en función del desarrollo en su totalidad. Vemos como el crecimiento
asincrónico se corresponde también con la asincronía de las áreas de la conducta descriptas por Gesell:
motriz, adaptativa, del lenguaje, persona-social.

Las categorías facilitan el análisis, pero solo se podrá tener una visión panorámica del desarrollo, en tanto
se tome al niño como un ser complejo y único. Los campos principales de la conducta se convierten en
puntos de referencia para estimar la madurez de la conducta observada en cada niño. Si el niño presenta
el desarrollo esperable para su edad cronológica en cada una de las áreas de la conducta, si presenta el
desarrollo esperable con restricciones en algunas de las áreas, o si presenta un desarrollo por debajo de lo
esperable en cada una de las áreas de la conducta para su edad cronológica, dando cuenta de la sincronía
o asincronía de su desarrollo evolutivo.

Características del período neonatal

Abordaremos este período desde diferentes puntos de vista, abarcando los aspectos fisiológicos, las
características del vínculo temprano, la dimensión familiar y, por último, el rol del psicólogo en la
neonatología.

Es pertinente realizar una distinción entre los conceptos de recién nacido y neonato:
- Recién nacido: denomina al bebé inmediatamente después del momento de haber nacido, es
decir en los primeros minutos posteriores al nacimiento hasta la primera semana.
- Neonato: se refiere al bebé desde la primera semana hasta el primer mes de vida.

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El recién nacido tiene un peso promedio de 3,400 kg. Su promedio de longitud es de unos 50 cm. La piel del
bebé puede estar arrugada, tener poca elasticidad, presentar un vello muy fino en algunas zonas de la
espalda, hombros y rostro (lanugo). La coloración de esta puede oscilar entre la palidez y el rosado, en
general los recién nacidos presentan una coloración rojiza. Los ojos y el cabello no presentan el color
definitivo.

La cabeza es más grande que el resto del cuerpo; el cráneo presenta 6 zonas blandas o fontanelas que
permiten s expansión hasta que se cierra alrededor de los 18 meses.

Una vez nacido el bebé, el médico realiza un examen físico del recién nacido donde evalúa el peso, la talla
y el perímetro cefálico. Los procesos fisiológicos son tan necesarios y fundamentales para la supervivencia
del recién nacido que se hace necesario estudiarlos, es por ello por lo que nos dedicaremos brevemente a
su descripción:

Funciones corporales:

1. Respiración: constituye una nueva actividad para el recién nacido. Al principio los pulmones
están congestionados por las mucosidades y el líquido amniótico. El conjunto de músculos que
intervienen en la respiración estácoordinado de manera diferente durante las primeras semanas
de vida. Son típicas las variaciones en la frecuencia y el ritmo en función de la actividad física, el
estado de vigilia o el llanto.

2. Digestión: a diferencia del período prenatal, durante el cual el feto se alimenta a través del cordón
umbilical, ahora debe incorporar los alimentos por la boca. Éste cuenta con enzimas necesarias
para la digestión, es capaz de asimilar los alimentos casi inmediatamente.
El pecho materno segrega los primeros días, una sustancia lechosa denominada calostro, que posee
un alto valor nutritivo.

Las primeras heces suelen evacuarse durante el transcurso de las 24hs. Siguientes al nacimiento, y
consisten en meconio. Las heces características del lactante aparecen tras un intervalo de 3 o 4
días.

3. Circulación: el pasaje de la circulación de la etapa prenatal a la postnatal comienza al mismo


tiempo que la respiración. La circulación a través del cordón umbilical cesa después de unos
momentos de nacido el bebé. Permitiendo el corte del cordón.

4. Regulación de la temperatura: al nacer, el bebé entra en un medio nuevo con una temperatura
sustancialmente más baja que el medio uterino. El sistema que regula la temperatura no funciona
con mucha efectividad en las primeras semanas, por ello, la temperatura corporal es relativamente
inestable. Los mecanismos se desarrollan lentamente, por ello el neonato es muy permeable a las
modificaciones y variaciones de temperatura externa, tiene menos tejido graso y pierde calor
mucho más rápido.

5. Sueño: el neonato pasa la mayor parte del tiempo durmiendo, apaciblemente, casi sin moverse.
Durante las primeras semanas hay diferencias de grado entre el sueño y la vigilia.

Funciones sensoriales:

1. Audición: cuando se encuentra en calma, despierto y no llora, el neonato oye perfectamente.

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Un ruido demasiado intenso o de elevada frecuencia puede provocar un entrecerrar de los
párpados, llanto, reacciones de sobresalto, etc. A partir de los 3 o 4 meses es capaz de girar la
cabeza para orientarla en dirección al ruido.

En el curso de los 3 últimos meses de gestación se familiariza cada vez más con las características
particulares de la voz de su madre y de las otras personas en su entorno próximo. Todos los niños
nacen con la aptitud de reconocer y preferir la lengua que han oído durante su vida fetal. La
capacidad de percibir sonidos extraños a su lengua desaparece alrededor de los 10 meses, período
en el cual el niño manifiesta una neta preferencia por su lengua materna y comienza
verdaderamente su aprendizaje.

2. Visión: la visión, que no puede ejercerse verdaderamente en las condiciones de la vida


intrauterina, será ampliamente estimulada al nacimiento. El lactante es capaz de establecer la
diferencia entre la noche y el día desde su nacimiento, una luz demasiado intensa le hará
entornar sus ojos. Su visión es menos precisa que la del adulto, sin embargo, presenta una
actividad visual exploratoria espontánea: puede fijar la mirada y seguir con los ojos una fuente
luminosa.

Entre los 4 y 5 meses el desarrollo de la visión alcanza el nivel adulto.

3. Gusto: se encuentra presente y ya desarrollado al momento del nacimiento. De manera general,


un recién nacido de pocos minutos de vida responde con una mueca de rechazo si se deposita
dentro de su boca un gusto amargo o ácido. Este reflejo es utilizado por los investigadores para
estudiar los umbrales de percepción de los diferentes gustos según su deglución.
4. Olfato: se encuentra presente y ya desarrollado al momento del nacimiento. La percepción de los
olores juega un papel más importante en los bebés que en los adultos. Si aún el olfato no ha sido
verdaderamente ejercitado durante el período intrauterino se desarrollará rápidamente en el
medio aéreo como consecuencia de las numerosas estimulaciones ofrecidas. A los pocos días de
vida el recién nacido reconoce el olor de la madre.

5. Tacto: la sensibilidad táctil ha sido yo largamente ejercitada durante todo el período de vida
intrauterina. Al momento del nacimiento los contactos corporales, particularmente con la madre.

Todo lo desarrollado da cuenta que los sistemas sensoriales funcionan ya en el feto en la vida
intrauterina. Este funcionamiento se acerca mucho al de la vida neonatal, momento en el cual se logra la
puesta en funcionamiento y el ajusto de estos sistemas sensoriales en un ambiente diferente.

Funciones motrices:

Las funciones motrices, tal como las observamos en el adulto son producto de un largo proceso que
comienza en el período prenatal. Debemos hablar del desarrollo de la psicomotricidad, término que
define mejor la realidad madurativa del niño. El desarrollo psicomotor, proceso indiferenciadodel
desarrollo global del sistema nervioso, comporta la adquisición de un conjunto de funciones motrices más
diferenciadas que permite en el adulto denominar con más propiedad funciones motrices.

Los primeros movimientos tienen lugar dentro del útero materno, el feto comienza a ejercer presión
contra las paredes uterinas al movilizar sus extremidades.

Las funciones motrices comprenden tanto la motilidad pasiva como la motilidad activa. Se habla de tono

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activo, pasivo y postural para entender el estado de tensión muscular de base durante una acción
muscular (activo), en reposo (pasivo) o en mantenimiento de una postura (postural). La motilidad pasiva se
refiere al tono muscular. La motilidad activa se refiere a la actividad espontánea, a la actividad refleja y a
la actividad automática.
Durante el período prenatal aparecen los primeros movimientos espontáneos (no desencadenados por un
estímulo), luego aparecerán los movimientos de tipo reflejo y durante los tres últimos meses de gestación
el tono muscular.

Motilidad pasiva: tono muscular

El tono muscular es el estado de tensión permanente de los músculos que es de origen esencialmente
reflejo, cuya misión fundamental tiende al ajuste de las posturas locales y de la actividad general. En el
recién nacido es de flexión.

Presenta tres propiedades:

a) Extensibilidad o máxima elongación pasiva que se puede obtener de un músculo o grupo muscular.
b) Pasividad o grado de resistencia que se obtiene al movilizar pasivamente una articulación.
c) Consistencia o resistencia a la palpación del músculo. Se aprecia en el abultamiento de los músculos
(su
“relieve”), su resistencia o bien el bamboleo que se obtiene cuando son palpados.

Hipotonía: es el aumento de la pasividad


Hipertonía: es el aumento de la rigidez, que en caso de patología es producida por lesiones de los sistemas
piramidales y extrapiramidales.

La musculatura del cuello y los músculos extensores que permitirán más adelante estirar las
extremidades, todavía no se han fortalecido.

Motilidad activa: actividad espontánea y actividad refleja

- Actividad espontánea: aquellos movimientos que no parecen responder a determinados estímulos,


sino que producen la impresión de espontaneidad.
- Actividad refleja: los reflejos son reacciones automáticas, heredadas, desencadenadas por
estímulos específicos, y tendientes a favorecerla adecuación del sujeto al medio ambiente.

Hay distintas maneras de agrupar los reflejos: reflejos permanentes y reflejos arcaicos.

Reflejos permanentes: permanecen durante toda la vida y dependen del sistema nervioso autónomo. Entre
ellos encontramos: estornudo, bostezo, reflejo rotuliano, hipo.

Reflejos arcaicos: es decir, primitivos. Acompañan al ser humano durante la primera edad, desapareciendo
entre los 2 y 6 meses. Son examinados por un neurólogo para verificar la normalidad del sistema nervioso
del recién nacido. Dan cuenta del buen funcionamiento neurológico al nacer, constituyen respuestas
motrices destinadas a desaparecer por su maduración de la corteza cerebral. Ellos son:

 Reflejo de los brazos en cruz (del abrazo)


Es la reacción corporal masiva, estereotipada e inadaptada, subsiguiente al sobresalto determinado por
varios estímulos que inducen a una brusca extensión de la cabeza que altera su relación con el tronco.
Cualquier ruido fuerte o la pérdida brusca de la base de sustentación pueden desencadenar este reflejo, en

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el cual el bebé extenderá sus piernas y brazos en forma de cruz y comenzará a llorar.
Este reflejo tiende a desaparecer después del segundo o tercer mes. Se manifiesta de igual manera a
ambos lados del cuerpo y cualquier asimetría reiterada debe ser considerada anormal y su presencia
más allá del sexto mes es indicio de lesión cerebral.

 Reflejo de presión palmar


Al estimular con un dedo la palma de su mano, el bebé cerrará el puño fuertemente, agarrando el dedo. El
estímulo de la palma de la mano acarrea el cierre de la mano. Es necesario que haya desaparecido para
que sea posible la presión voluntaria. Desaparece en su forma original alrededor de los tres o cuatro meses
para transformarse en una conducta más compleja de apertura/cierre de la mano para tomar los objetos.
Es efecto este reflejo puede descomponerse en dos partes:

a) Un reflejo exteroceptivo provocado por la estimulación de la cara interna de la mano que provoca la
flexión de los dedos.
b) Un reflejo tónico de os flexores que conduce a una prensión muy fuerte y persiste hasta los 9/10 meses.

Su ausencia total es signo patológico.

 Reflejo tónico cervical (o del esgrimista)


Es un reflejo postural, desencadenado por cambios de posición de la cabeza en relación con el tronco.
Resulta de la tendencia a mantener la cabeza rotada hacia uno u otro lado. La asimetría postural cefálica
provoca cambios tónicos asimétricos en los músculos del cuello y la respuesta motriz que cierra el arco
reflejo determina la extensión de los miembros.

Gracias a este reflejo, la mano como objeto móvil, cruza su campo perceptual. Luego que se vaya
atenuando el predominio del tono flexor, la mano comenzará a abrirse y así las sensaciones visuales se unen
a las propioceptivas. Este reflejo desaparece en el curso del primer semestre de vida.

 Reflejo del enderezamiento progresivo de los miembros inferiores y de marcha automática:


Corresponde a una reacción de evitamiento provocada ante una excitación de la piel del bebé que se
difunde hacia la columna vertebral. Al estimular uno de los lados de su columna, el bebé moverá su
cadera hacia el lado estimulado. Desaparece entre los 2 y 6 meses de vida.

 Reflejo de Babinski
Corresponde a un estiramiento de los dedos del pie en abanico seguido de una retracción de estos cuando
la planta es estimulada. Desaparece hacia los 2 o 3 meses de vida.

 Reflejo de natación
Aparece ante la inmersión en el agua. El bebé bloquea automáticamente la respiración y efectúa algunos
movimientos de brazos y piernas para mantenerse en la superficie. Desaparece entre los 4 o 6 meses de
vida.

Reflejos de supervivencia: pueden ser arcaicos o permanentes. Estos reflejos están en el origen de la
supervivencia y de la autonomíadel recién nacido, imprescindibles para la vida, y pueden evolucionar y
modificarse para dar lugar a conductas más complejas. Dentro de este grupo encontramos:

Reflejos orales:

Es un encadenamiento de reflejos que persiguen el acto alimenticio

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 Reflejo de búsqueda
Es la orientación selectiva de los labios y la cabeza hacia el sitio donde se realiza la estimulación. La cabeza
gira hacia el lado de donde proviene el estímulo. Este reflejo le permite al bebé orientar su boca hacia el
pezón o la tetina del biberón. Desaparece alrededor de los seis meses en función de nuevas fuentes
nutricionales (dado que desaparece, es un reflejo arcaico)

 Reflejo de succión
Se estimula fácilmente con la introducción de cualquier objeto en la boca. Se produce una sinergia funcional
entre os movimientos de los labios y de la lengua. Los movimientos de succión tienen una actividad
compleja, en la que intervienen las mejillas, la lengua y la mandíbula.
El patrón motriz de la succión sigue siendo útil y puede reproducirse voluntariamente. En un primer
momento tiene una función nutritiva antes de ser modificado y de permitir el descubrimiento de los
objetos.

 Reflejo de deglución
Permite al niño deglutir impidiendo completamente el pasaje de alimentos a la tráquea. Este reflejo
evoluciona igualmente hacia un comportamiento más complejo que participa en el bloqueo de la respiración
para modificar posturas (reflejo permanente)

El conjunto de los reflejos arcaicos está destinado a desaparecer naturalmente o a transformarse, o aún a
reaparecer bajo otra forma, sin que sea posible saber verdaderamente si existe una continuidad entre
reflejo y conducta voluntaria. Se trataría entonces de una verdadera reorganización cortical que posibilita la
integración de elementos nuevos. La no desaparición de uno de estos reflejos conduce al pediatra a
proponer un examen neurológico, pues su persistencia puede traducirse como lesión cerebral.

La prehistoria del vínculo. Brazelton y Cramer

EL embarazo de cada mujer refleja toda su vida previa a la concepción. Las experiencias con su propia
madre y padre, sus posteriores experiencias con el triángulo edípico y las fuerzas que la llevaron a
adaptarse a éste con mayor o menor éxito y por último a separarse de sus progenitores, todo esto influye
en su adaptación a este nuevo rol. Tras examinar cómo se reflejan estas experiencias y necesidades
tempranas en e deseo de tener un hijo, consideraremos las transformaciones causadas por el embarazo
mismo y la reacomodación de emociones y fantasías que tiene lugar a medida que la mujer desarrolla su
nueva identidad como madre.

Identidad de género

Son muchas las fuerzas que actúan conjuntamente para producir un sentido de identidad para cada género.
La mayoría de las personas tiene una mezcla de estos sentimientos, pero predomina una identidad central.
Esta, parece desarrollarse desde el comienzo de la vida, bajo la influencia de fuerzas tanto biológicas como
ambientales.

1. Influencias hormonales: los cromosomas sexuales determinan la diferenciación del ovario y del
testículo en el feto desarrollado. En ciertos momentos “críticos” del desarrollo fetal, altos niveles
de andrógenos en circulación determinan la formación de genitales.

Las hormonas sexuales tienen una influencia directa sobre el cerebro, afectando la formación de

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importantes neurotransmisores y fomentando el crecimiento de células nerviosas. Las hormonas
sexuales afectan el hipotálamo, una zona del cerebro estrechamente relacionada con la
regulación de la conducta. Si bien las hormonas intervienen en el desarrollo de los genitales
externos y en el desarrollo del cerebro, lo que determina la conducta es la interacción de esas
fuerzas biológicas con los factores ambientales.

2. Género asignado: al nacer, al bebé se le asigna un género sobre la base de la apariencia de los
genitales externos. Esta asignación cumple un rol determinante en el desarrollo de la
identidad de género.
Las expectativas paternas, maternas y sociales pueden reforzar las influencias hormonales
intrauterinas basadas en el género asignado. Las presiones sociales, la asignación de roles, la
expectativa paterna y materna determinan el sentido subjetivo de identidad de género y la
consiguiente conducta de estos niños.

3. Diferencias conductuales innatas: aunque muchos investigadores han tratado de distinguir


diferencias conductuales congénitas entre varones y niñas recién nacidos, son pocas las
diferencias comprobadas de forma concluyente. Aunque estas diferencias sexuales innatas son
menos pronunciadas que las diferencias individuales no relacionadas con el sexo pueden influir
en la interacción temprana.

4. Actitudes de los padres: desde el primer reconocimiento o asignación de la identidad sexual del
bebé, los progenitores experimentan sentimientos diferentes hacia un bebé varón y hacia una
niña. El modo de sentir los progenitores la masculinidad y la feminidad tendrá una poderosa
influencia en la identidad de género y se transmitirá al bebé de maneras sutiles a través de cada
interacción.

5. Sensaciones corporales e imágenes mentales: las sensaciones del bebé en desarrollo pueden
influir el concepto psíquico de pertenecer a un sexo o a otro. Dado que los genitales del varón
están más expuestos y accesibles al tacto del niño mismo y de quien lo cuida, las experiencias más
tempranas con la exploración pueden determinar una mayor propensión al exhibicionismo y a la
exteriorización de la sexualidad en el varón. La niña tiene más tendencia a la intimidad.

El deseo de tener un hijo

El deseo de una mujer de tener un hijo es producto de muchos motivos e impulsos diferentes. En cualquier
mujer en particular sería imposible discernir todos y cada uno de los factores que intervienen. Entre ellos se
cuentan:

1. Identificación: todas las mujeres han experimentado alguna forma de cuidado materno. Cuando
una niña recibe cuidados, es probable que conciba la fantasía de convertirse en la persona que
cuida, en lugar de la que es cuidada. A medida que desarrolle su propia autonomía, comenzará a
asumir las posturas de las mujeres cercanas a ella. Aprenderá por imitación como se comportan
las figuras maternas. Sus gestos, ritmos, su conducta facial y vocal al abrazar con ternura un
juguete o mecerlo, no pueden haber sido enseñadas, se aprenden por imitación.
A medida que su necesidad de independencia se alterna con su deseo de ser tratada con un bebé, la
niña representa cada uno de estos roles: el de la mamá independiente y el del bebé desvalido.

2. El deseo de ser completa y omnipotente: entre los motivos narcisista que fomentan el deseo de
tener un hijo se cuentan el deseo de conservar una imagen idealizada de una misma como persona
completa y omnipotente, el deseo de duplicarse o reflejarse y el deseo de cumplir los propios
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ideales. La actividad narcisista se expresa en la vida psíquica a través de fantasías. La necesidad de
ser omnipotente también está en conflicto con los impulsos sexuales, con la necesidad de recibir
estímulos de otros y con el reconocimiento de la realidad, dado que necesitamos a otros para
satisfacer nuestras necesidades y que constantemente nos vemos obligados a afrontar nuestras
insuficiencias y el hecho de ser incompletos. El deseo de ser completa es satisfecho tanto por
medio del embarazo como de un hijo. El embarazo contrarresta la sensación de vacío y la
preocupación de que el cuerpo esté incompleto.

A través de un hijo es más diferenciado: la madre contemplará al hijo deseado ante todo como una
extensión de su propio sí-mismo, como un apéndice de su cuerpo.

3. El deseo de fusión y unidad con otro: junto con el deseo de ser completa, está la fantasía de la
simbiosis, de la fusión de una misma y el hijo. Y junto con este deseo de unidad con el hijo está el
deseo de volver a la unidad con la propia madre de una. La oportunidad de gratificar esas
fantasías de simbiosis durante el embarazo lo convierte en un período propicio para soñar y para
solazarse con fantasías de unión. El futuro hijo encierra la promesa del cumplimiento de las
fantasías infantiles.

4. El deseo de reflejarse en el hijo: reflejarse es una dimensión fundamental del narcisismo, del
desarrollo y del mantenimiento de una autoimagen sana. Uno tiende a amar su propia imagen
reproducida. El deseo de una mujer de tener un hijo seguramente incluirá la esperanza de que ella
habrá de duplicarse. Tiene viva una sensación de inmortalidad: el hijo representa una promesa de
continuación, una encarnación de estos valores.

Nos referimos con reflejar, al sueño de la mujer de tener un bebé que corresponda a su ideal a la
perfección, que duplique el sí-misma ideal de ella y que le haga saber lo satisfactoria que es como
madre.

5. Cumplimiento de ideales y oportunidades perdidas: los progenitores imaginan que su futuro hijo
tendrá éxito en todo aquello en lo que ellos fracasaron. Por más jóvenes que sean, en el momento
en que conciben un hijo, los progenitores afrontan limitaciones y la necesidad de transigir.

El futuro hijo representa una oportunidad de superar esta serie de transigencias y limitaciones. El
hijo imaginario entraña el ideal del yo del progenitor. El futuro hijo no es sólo una extensión del
cuerpo de la madre, sino una extensión del cuerpo de la autoimagen grandiosa de ella.

6. El deseo de renovar viejas relaciones: el deseo de tener un hijo también incluye el deseo de un
nuevo compañero con el cual revivir viejas relaciones. Un hijo encierra la promesa de renovar
viejos lazos, los amores de la niñez, por lo que se le adjudicarán atributos de ciertas personas
importantes en el pasado del progenitor. Los hijos siempre llevan en sí el potencial de renovar
viejas relaciones.

Un hijo nuevo nunca es un total desconocido. Ven en él bebé una posibilidad de revivir vínculos que
pueden haber estado inactivos durante años, una nueva oportunidad de concretarlos.
El futuro hijo es un objeto de transferencia.

7. La oportunidad tanto de reemplazar como de separarse de la propia madre: en su deseo de tener


un hijo, la mujer experimenta una singular forma de doble identificación. Se identificará
simultáneamente con su propia madre y con su feto, y así representará y elaborará los roles y
atributos tanto de la madre como del bebé, sobre la base de experiencias pasadas con su madre y
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ella misma como bebé.

El deseo de tener un hijo también puede incluir un deseo de restaurar imágenes de la madre, a la
que la mujer siente haber dañado debido a su envidia.

Los albores del vínculo. Brazelton y Cramer

Los nueve meses de embarazo brindan a los futuros padres la oportunidad de prepararse tanto psicológica
como físicamente. Después de los nueve meses, casi todos los progenitores tienen la sensación de estar
completos y listos. En el proceso psicológico del embarazo pueden manifestarse confusión o ansiedad. La
perspectiva de asumir la responsabilidad de un nuevo bebé crea una sensación de urgencia. Esta
movilización de sentimientos viejos y nuevos suministra la energía necesaria para la tarea de adaptarse a
un hijo.

El proceso del embarazo puede contemplarse como tres tareas separadas, cada una de ellas asociada con
una etapa del desarrollo físico del feto:

- Primera etapa: aceptación de la noticia. Como quiera y cuando quiera que reciban la noticia, los
padres sabrán que habrán entrado a una nueva etapa de sus vidas. Sus sentimientos de
dependencia respecto de sus padres deben ceder el puesto a la responsabilidad. La relación
“uno con uno” que tienen entre ellos deberá evolucionar para convertirse en un triángulo.

En un primer momento, ambos suelen sentirse eufóricos, pero casi de inmediato la euforia es
reemplazada a por la toma de conciencia de la futura responsabilidad. Ahora comienza “el proceso”
del embarazo. La perspectiva de convertirse en padres retrotrae a los adultos a su propia infancia. La
primera fantasía de la mayor parte de los futuros padres es la de evitar los conflictos de su propia
infancia y convertirse en progenitores perfectos.

Los padres se consideran completamente propicios y positivos, listos para crear al hijo perfecto.
Detrás de esta fantasía también hay ambivalencia. Todas las mujeres embarazadas temen la
posibilidad de tener un hijo defectuoso. No sólo imaginan todas las aberraciones posibles, sino
que al despertar ensayan lo que harían si un hijo naciera con algún [Link] sobreponerse a
estos temores y a su ambivalencia subyacente, la futura madre tiene que movilizar más y más
defensas. Debe comenzar a idealizar a su hijo, a representárselo como un bebé perfecto y
plenamente deseado.

La mujer embarazada estará particularmente dispuesta a recibir el apoyo de otras personas y suele
desarrollar una fuerte transferencia hacia cualquier profesional que la respalde en este período.
Muchas mujeres tienden también a replegarse en sí mismas. El reequilibrio de hormonas y otros
procesos físicos va acompañado de ajustes emocionales, y se requiere mucho tiempo y energía
para alcanzar una nueva estabilidad.

La tarea más inmediata de la mujer es aceptar el “cuerpo extraño” ahora implantado dentro de
ella. Es posible que perciba al embrión como una intrusión por parte de su compañero, y que
quiera, temporalmente, apartarse del hombre que la ha dejado embarazada. Muchas veces, en un
esfuerzo para aceptar su nueva condición, la mujer se vuelca hacia su propia madre o su suegra.
También es posible que se sienta ambivalente. Todas las mujeres enfrentan esta ambivalencia. Sus
sentimientos de desvalimiento o inadecuación pueden manifestarse en deseo de tener un aborto
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espontáneo.

- Segunda parte: los primeros indicios de un ser separado. En algún momento durante el quinto
mes de embarazo, la madre siente los primeros movimientos leves de su futuro hijo. El momento
de la percepción de los primeros movimientos fetales es el siguiente acontecimiento decisivo
para los futuros padres.
Hasta el momento, la madre y el futuro hijo son una sola persona. Hasta el primer asomo de vida,
la madre puede acariciar la imagen narcisista de una total fusión con su hijo. El bebé ha empezado
a adquirir autonomía. Se puede decir que aquí es donde empieza el vínculo más temprano, puesto
que hay un ser separado, y por lo tanto la posibilidad de una relación. La percepción de los
primeros movimientos fetales es la primera aportación del futuro hijo a la relación.

Cuando la madre comienza a reconocer la vida de su feto se identificará con él. Puede identificarse
con el feto, ahora perceptible, y también revivir sus propios deseos de fusión y simbiosis con su
madre.
Esta tendencia regresiva puede activar conflictos y relaciones patológicas. Se lo puede
experimentar como una amenaza de identidad, dado que vuelve a despertar fuertes sentimientos
de fusión entre la futura madre y su propia madre. Cuando las cosas marchan bien, esta regresión
a una identificación simbiótica con el bebé dará lugar a una renovada energía psíquica y constituirá
una fuente de conocimiento empático de lo que es un bebé.

El reconocimiento del rol del padre ayuda a la madre a ver al bebé como un ser separado de ella
misma. Cuando una mujer decide convertirse en progenitor único, estas cuestiones pueden
quedar oscurecidas. Reconocer el rol del padre no sólo ayuda a la futura madre en la tarea de
separarse del feto y de diferenciarlo de sus fantasías, sino que también le da la tranquilidad de que
no será la única responsable de cualquier fracaso o éxito.

El comienzo de los movimientos fetales y el reconocimiento de que el bebé es una realidad,


intensifican la auto cuestionamiento de la madre. Sus fantasías en torno al bebé se vuelven más
específicas.

Hasta que la madre siente el movimiento del feto, es probable que esta criatura vaga y
escasamente visualizada les parezca irreal, vulnerable y temible. Estos sentimientos son un reflejo
del conflicto con la madre con su propia ambivalencia para preparase para el bebé.

- Tercera etapa: el aprendizaje sobre el futuro bebé. Durante los últimos meses del embarazo, los
padres ven al feto como crecientemente separado y real. Los padres comienzan a personificar al
feto. Durante este mismo período, el feto también está cumpliendo su rol. A medida que el
movimiento y los niveles de actividad fetales empiezan a adoptar ciclos y patrones, la madre
puede reconocerlos y preverlos. La madre comenzará a interpretar estos patrones, adjudicándole
al futuro hijo un temperamento, una personalidad y a veces hasta un sexo. Una madre con hijos
mayores comparará la conducta de este feto con la de los anteriores.

Para comprender la variedad de actividad fetal a la que están respondiendo los progenitores
cuando le adjudican una personalidad individual a su hijo aún no nacido, examinaremos lo que se
sabe del desarrollo fetal:

1. Movimientos fetales: todo el repertorio de movimientos del bebé recién nacido se puede ver
antes del nacimiento, en el feto. Una gran parte del desarrollo motor tiene lugar durante el
embarazo.
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Los movimientos fetales evolucionan en intensidad y forma durante el embarazo. Puede haber
grandes variaciones de un feto a otro. Los movimientos fetales son afectados por diversos
estímulos, aumentando como consecuencia de la exposición a un sonido y también de una
estimulación lumínica.

2. Ciclos de actividad: los estados de conciencia observables del recién nacido también pueden
ocurrir en ciclos. En los últimos meses del embarazo, toda mujer puede decir a qué horas del
día su feto está activo. La mayoría de las mujeres predice que los picos de movimiento fetal
ocurrirán en momentos de inactividad para ellas. Esta asociación ha sido atribuida al hecho
de que las madres están más atentas durante períodos de descanso, hay razones para creer
que la observación es correcta. El feto puede comenzar a adaptarse al descanso-actividad de
la madre por una vía de una recíproca actividad- inactividad.

El hecho de que pueda predecir los movimientos del feto y su adaptación a los ritmos de la
madre son una nueva prueba para ella de la existencia de su hijo como persona: como una
persona que puede “adaptarse a ella”, así como a las presiones de su vida.

Las diferencias entre los estados de actividad en el feto se van volviendo cada vez más evidentes
para la madre. En el último trimestre, las mujeres pueden determinar cuándo su bebé está
dormido profundamente, ligeramente dormido, activamente despierto o alerta pero quieto.

3. Respuestas a estímulos: de las especies cuyos miembros no pueden valerse por sí mismos en el
momento de nacer, la humana es la única en la que todos los sistemas sensoriales están en
condiciones de funcionar antes del nacimiento. La estimulación al parecer influye en la
maduración de los órganos sensoriales. Esta maduración parece acelerarse o retardarse por una
mayor estimulación o por la falta de estimulación, respectivamente.

Mientras está en el útero, el feto está siendo precondicionado a los ritmos maternos de sueño-
vigilia y al estilo de reacción de la madre. Los recién nacidos no sólo han experimentado los
ritmos de su madre en el útero, sino que los indicios auditivos y cinestésico que reciben de ella
ahora le son “familiares”.
El temor de haber perjudicado a su bebé vuelve a cobrar más peso. Este temor es tan agudo que
pocas mujeres pueden siquiera mencionarlo en el último mes del embarazo.

4. Las misiones de la madre ante el nacimiento de su hijo: durante las cuarenta semanas de
embarazo, el crecimiento del feto va acompañado de un progresivo desarrollo de la imagen
que tiene la madre de su bebé. Esta imagen está basada tanto en necesidades y anhelos
narcisista como en percepciones del desarrollo del feto. Cuando se produce el parto, la madre
ya está preparada desde hace tiempo para afrontar la conmoción de la separación anatómica,
la adaptación al bebé particular y una nueva relación que combinará sus propias necesidades y
fantasías con las de un ser separado. El embarazo es no sólo un período de ensayo y
anticipación sino también una fase durante la cual se pueden renovar viejas relaciones.

Cuando llega el momento del parto, la madre debe estar lista para crear un nuevo vínculo, y
también extraordinariamente dispuesta a ingresar en esa condición de “enfermedad normal”,
como un estado de entusiasmo en el que las madres se vuelven capaces de “calzarse los zapatos
del bebé”.
Todo esto representa un importante trastorno psicológico. Es como si la madre debiera sufrir
una total “conmoción”; sus posturas anteriores, sus vínculos, la imagen de si misma, están
todas sujetas a cambio. El resultado es una nueva identificación maternal, una focalización de
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los afectos de la mujer y la capacidad de reconocer y adaptarse a una nueva realidad
ineludible.

El repertorio materno.
Stern

La primera exposición del lactante al mundo humano consiste simplemente en aquello que la madre hace
con su cara, su voz, su cuerpo y sus manos. Esta coreografía correspondiente al comportamiento materno
constituye el material en bruto procedente del mundo exterior, y con el cual el niño comienza a construir
su conocimiento y experiencia acerca de todas las cosas humanas: la presencia, el rostro y la voz
humanos, sus formas y cambios que constituyen expresiones, las unidades y el significado de los
comportamientos, la relación existente entre su propia conducta y la de otra persona.

Las madres actúan de modo muy distinto con los lactantes, que con los adultos o bien niños mayorcitos.
No sólo hacen cosas diferentes en presencia de lactantes, sino que las realizan de un modo distinto. La
forma de hablar a un bebé es el ejemplo más corriente. Casi todas las formas de comportamientos sociales
de una madre, dirigidos hacia el bebé, son relativamente específicos para el lactante.

El repertorio de actos de una madre con su hijo lactante comprende una subclase normal de formas de
actuar, correspondiente a la categoría, más amplia, de comportamientos parentales. Designa a esta
constelación comportamental “conducta social provocada por el lactante”.

Existen dos razones que obligan a describir estos comportamientos: señalar que la mayoría de las cosas
“insólitas”que una madre hace constituyen un aspecto normal y necesario de aquella parte de la biología
humana que designamos como actos parentales placenteros y, en segundo lugar, describirlos tal como
podemos imaginar que son vistos, oídos y sentidos desde el punto de vista del lactante.

Las expresiones faciales que las madres adoptan ante los lactantes son exageradas en cuanto a tiempo y
espacio. Dos ejemplos: la sorpresa burlona y la de enfado. Cuando una madre intenta llamar la atención
del bebé y este la mira, en el instante en que lo hace, ella hará una expresión de sorpresa burlona.

Esto considera sólo la exageración en cuanto al espacio, en cuanto a grado y plenitud del despliegue
expresivo. Existe asimismo una exageración en cuando a tiempo, que se refiere a la duración de la
realización expresiva. Estas mutaciones se formal lentamente y luego se mantienen durante un período
prolongado.

Existen otras tres manifestaciones faciales de particular importancia en el repertorio de los gestos
provocados por el lactante: la sonrisa; la expresión de preocupación “¡ay, pobrecito!” y simpatía en la que
se combinan elementos de la sorpresa burlona y del enfado y en la que las cejas están levemente
fruncidas, pero hallándose los ojos bien abiertos, la boca permanece habitualmente entreabierta y la
cabeza inclinada en el mismo plano que el niño.

Durante las interacciones con su hijo lactante, una madre raramente necesita o utiliza toda la gama de
expresiones humanas que dispone. A serie más esquemática de señales en este sentido consistirán en
expresiones para iniciar, mantener y modular, para terminar y evitar una interacción social.

1. Para iniciar o señalar una disposición o inventar una integración: sirve la expresión de sorpresa
burlona.
2. El mantenimiento y la modulación de una interacción en marcha – la sonrisa y la expresión de
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interés-, sirven para estas funciones. La sonrisa es una potente señal afirmativa de que la
interacción no solamente está en marcha, sino de que va bien. La expresión de interés se observa
también cuando la interacción está iniciada, pero alterada.
3. El final de la interacción: el fruncimiento del ceño con separación de la cara y desvío de la
mirada es una señal de detener una interacción que ya no resulta efectiva para el niño, para la
madre o para ambos.
4. El rechazo de una interacción social: un rostro neutro o inexpresivo, sobre todo con desviación de
la mirada, constituye una clara señal de falta de disposición o ausencia de intención para
interactuar.

Las expresiones faciales de la madre, provocadas por el niño, proporcionan señales que indican un
estado de disposición general con respecto a que se establezca una interrelación, así como nos
proporcionan experiencia acerca de algunos de los rasgos básicos corrientes de aquellas que pueden
constituir también expresiones emocionales específicas del lactante.

La madre exagera sobre todo aquellos elementos que sirven como señales intensas relacionadas con la
intención de comenzar, mantener, terminar o evitar una interacción enfocada.

Los comportamientos sociales por el lactante ofrecen tres características destacadas. Son exageradas en el
espacio y la plenitud de la expresión puede ser máxima. Su realización es desmesurada en cuanto a
tiempo, caracterizada habitualmente por una formación lenta y una duración prolongada. Y el repertorio
está por lo general limitado a diversas expresiones seleccionadas que se efectúan con mucha frecuencia y
gran estereotipia. Estas tres características de los comportamientos sociales provocados por el lactante
pueden servir a la misma función de presentar comportamientos humanos destacados de tal modo que su
reconocimiento y discriminación resulten más fáciles.

Vocalización.
El lenguaje se divide entre aquello que se dice y en el modo en que se dice. Resulta notable como se le
habla a un bebé, el tono de voz es casi siempre invariablemente alto. Es corriente escuchar largas
parrafadas en tono de falsete. Otras veces cambiarán la voz súbitamente a un tono gutural de falso bajo.

Es de mayor importancia lo que anteriormente decíamos acerca de las expresiones faciales. La madre
exagera su comportamiento: en este caso, su tono de voz.

La otra característica general del lenguaje provocado por el lactante es la interacción en cuanto a la
velocidad del modo de hablar. El tiempo del acontecer está a veces exageradamente acelerado, pero por
lo general es más lento. La duración de las voces es más prolongada. La rapidez de los cambios en cuanto
a tono e intensidad son por lo general más lentos. Las pausas están prolongadas, permitiendo más tiempo
para asimilar lo que se acaba de decir antes de que legue la comunicación siguiente. El diálogo vocal entre
madre e hijo lactante no es diálogo corriente. Se trata más bien de un monólogo de la madre, en forma de
diálogo imaginario, ya que aun cuando el niño rara vez responde, vocalizando, la madre se comporta
generalmente como si lo hubiese hecho.
El lactante está expuesto a una pauta temporal de vocalización-pausa por parte de la madre, la cual
proporciona “paquetes” vocales más breves a elaboras; establece un período más largo durante el cual se
realiza el conjunto y lo somete a la trama temporal adulta a la cual se han de adaptar sus ulteriores
capacidades de diálogo. La madre parece configurar las respuestas del niño en el sentido que éste
precisará más adelante, cuando adquiera plenamente el lenguaje hablado.

La madre y su hijo lactante utilizan diferentes pautas de interacción de las que se usan en el curso ulterior
del desarrollo. Por parte de la madre gallamos alteraciones y exageraciones similares en cuanto a tiempo y
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grado de los estímulos proporcionados al niño.

Mirada
Las reglas culturales que regulan como las personas se miran unas a otras en una interacción social, no son
válidas cuando consideramos cómo la madre mira a su hijo lactante. Dos personas no permanecen mucho
tiempo mirándose mutuamente a los ojos. No sucede así entre madre e hijo, los cuales pueden
permanecer mirándose mutuamente a los ojos más tiempo.

La segunda regla que no se cumple es la relativa a como los adultos coordinan su modo de mirarse y hablar.
Por lo general, durante una conversación, el que escucha mira casi todo el tiempo al que habla, y éste,
mientras tanto, mira por lo general una o dos veces, durante unos instantes al que escucha, cuando
comienza a hablar. Durante las interacciones lúdicas, las madres miran y hablan simultáneamente al
lactante.

Presentaciones de la cara
No hay nada que capte más fácilmente la atención o que la fije, que la súbita aparición de una cara. El
rasgo más importante de estas formas de comportamiento materno destinado a llamar la atención del
niño es que cada serie de presentaciones de la cara va acompañada por una determinada expresión de
ésta. La serie casi continua de diferentes y acentuadas apariciones faciales se convierte en vehículo de la
secuencia de presentaciones de una variedad de expresiones faciales.

Por lo que se refiere a otros movimientos de la cabeza, el rasgo común de todos los otros comportamientos
sociales provocados por el lactante es también aplicable a los mismos: la exageración expresiva. Se produce
en una serie variada de movimientos de la cabeza que en el último término asumen importancia de señales.

Aproximación
Tanto en los adultos, como en los niños, existe una entidad que se denomina espacio interpersonal. La
correspondiente distancia es, en nuestra cultura, aproximadamente de dos terceras partes de un metro,
cara a cara. La mayoría de los adultos actúan como si no existiese una barrera que marca la distancia
íntima para el niño, o para ellos mismos con respecto a éste. No les preocupa aproximarse demasiado a él
y establecer un contacto cara a cara. A los lactantes no les gusta ser abordados de esta manera.

Los comportamientos separados que hemos descrito anteriormente son, por lo general, manifestados
formando un conjunto coordinado. Para un observador y para el lactante, este multifacético
acontecimiento es experimentado como una unidad única comunicativa o expresiva.

Durante los seis primeros meses de vida, el niño comienza a sentar los fundamentos de una de sus más
altamente desarrolladas áreas de capacidad: la de “leer” las señales y expresiones correspondientes al
comportamiento de otras personas. Hacia el final de este breve período de vida será capaz de distinguir la
mayoría de las expresiones humanas básicas.

La vista de un bebé no es un desencadenante innato de una pauta fija de comportamiento. Algunos padres lo
hacen mucho menos que otros. Unos padres tienen el repertorio más amplio de estos comportamientos y
otros menos, algunos son más expresivos y otros lo son en menor grado. A pesar de esta variabilidad alguna
forma de estos comportamientos se halla presente en casi todas las madres.

Los comportamientos no son específicos de un sexo. ¿A qué edad comienza la gente mayor a preferir
mirar la cara de un niño en comparación a la de un adulto? La edad de doce a catorce años corresponde
aproximadamente al establecimiento de la pubertad en las niñas, madurando los niños aproximadamente

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un año más tarde. Los estudios sugieren que la presencia de un factor biológico u hormonal es responsable
del cambio en cuanto a prioridad ocurre a esta edad.

Una base segura. Bowlby

El vínculo del niño con su madre es el resultado de un conjunto de características pautas de conducta, en
parte programadas, que se desarrollan en el entorno corriente durante los primeros meses de vida y que
tienen el efecto de mantener al niño en una proximidad más o menos estrecha a su figura materna. Hacia
el final del primer año, la conducta se vuelve activa cada vez que se dan condiciones determinadas y cesa
cuando se dan otras condiciones determinadas. Se considera que la función biológica de esta conducta es
la protección, especialmente la protección ante los depredadores.

Un rasgo de la conducta de apego de enorme importancia clínica es la intensidad de la emoción que la


acompaña entre el individuo apegado y la figura del apego. Si la relación funciona bien, produce alegría y
una sensación de seguridad. Si resulta amenazada, surgen celos, ansiedad e ira. Si se rompe, habrá dolor
y depresión.

Hay una suposición de que la conducta de crianza, como la conducta de apego, está en cierto grado
preprogramada y por lo tanto preparada para desarrollarse en cierto sentido cuando las condiciones lo
hagan posible. En el curso normal de los acontecimientos, el progenitor experimenta el poderoso impulso
de comportarse de manera típica. La conducta de la crianza en los seres humanos no es el producto de un
instinto de crianza invariable, pero tampoco resulta razonable considerarla un simple producto del
aprendizaje. Tiene poderosas raíces biológicas, pero la forma detallada que la conducta adopta en cada
uno de nosotros depende de nuestras experiencias.

Cada fase de la interacción comienza con la iniciación y el saludo mutuo, llega a ser un animado
intercambio que incluye expresiones faciales y vocalizaciones durante las cuales el niño se orienta hacia su
madre con movimientos excitados de los brazos y las piernas; luego sus actividades se apaciguan
gradualmente y acaban cuando el bebé descansa, antes de que comience la siguiente fase de la
interacción. A lo largo de estos ciclos puede ocurrir que el bebé sea tan espontáneamente activo como su
madre. Donde los roles difieren es en la coordinación de sus respuestas. En tanto que la iniciación y el
abandono de la interacción por parte del niño tienden a seguir su propio ritmo autónomo, una madre
sensible regula su conducta de modo tal que se ajuste a la de él.

Existe la disposición intuitiva de la madre a permitir que sus intervenciones sean guiadas por su bebé.
Está la facilidad con que los ritmos del niño cambian gradualmente de modo de tomar en cuenta los
momentos en que se producen las intervenciones de su madre. Cada uno se adapta al otro.

La madre se adapta rápidamente a os ritmos naturales de su hijo y, al prestar atención a los detalles de la
conducta de éste, descubre lo que lo satisface y actúa en consecuencia. No sólo lo contenta, sino que
también obtiene su cooperación.

Al proporcionar una figura de apego para su hijo, un padre puede estar desempeñando un rol muy
parecido al desempeñado por la madre; sin embargo, en la mayoría de las culturas, los padres
cumplen ese rol con mucha menor frecuencia que las madres.

Característica central del concepto de la crianza de los niños: la provisión por parte de ambos progenitores
de una base segura a partir del niño o un adolescente puede hacer salidas al mundo exterior y a la cual
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puede regresar sabiendo con certeza que será bien recibido. Este rol consiste en ser accesible, estar
preparado para responder cuando se le pide aliento, y tal vez para ayudar, pero intervenir activamente
sólo cuando es necesario.

El sentimiento de una madre por su bebé y la conducta mostrada hacia él también están profundamente
influidos por sus anteriores experiencias personales.

Los niños cuyas madres responden sensiblemente a sus señales y proporcionan un contacto físico
reconfortante, son lo que responden más fácil y adecuadamente a la aflicción de los otros.

Las pruebas sugieren que los individuos que gracias a sus primeras experiencias son notoriamente
propensos a desarrollar actitudes paternales desfavorables, son más sensibles de lo normal a lo que les
ocurre durante y después del nacimiento de sus bebés.

La teoría del apego fue formulada para explicar ciertas pautas de conducta características no sólo de los
bebés y niños sino también de adolescentes y de los adultos.

La teoría del apego subraya:

1. El estatus primario y la función biológica de los lazos emocionales íntimos entre los
individuos, cuya formación y conservación se supone que están dentro del sistema
nervioso central.
2. La influencia que ejerce en el desarrollo de un niño el modo en que es tratado por sus padres,
especialmente por la figura materna.
3. Los actuales conocimientos sobre el desarrollo del niño y del bebé exigen que una teoría de los
caminos del desarrollo reemplace a las teorías que recurren a las bases específicas del desarrollo,
en las que se afirma que una persona puede quedar fijada y/o las que puede regresar.

La teoría del apego considera la tendencia a establecer lazos emocionales íntimos con individuos
determinados como un componente básico de la naturaleza humana. Durante la infancia, los lazos se
establecen con los padres, a los que se recurre en busca de protección, consuelo y apoyo.

Dentro del marco del apego, la capacidad de establecer lazos emocionales íntimos con otros individuos es
considerada como un rasgo importante de la personalidad y de la salud mental.

El acto de proporcionar cuidados es considerado de igual manera que la búsqueda de cuidados, es decir
como un componente básico de la naturaleza humana.

La exploración del entorno es considerada comoel tercer componente básico, antíteco de la conducta de
apego. Consideramos la pauta típica de interacción entre el hijo y los padres, conocida como exploración
a partir de una base segura. Siempre que sepa que el padre es accesible y responderá cuando recurra a él,
el niño se sentirá seguro para explorar.

Durante los primeros meses de vida, el niño muestra muchas de las respuestas que constituyen lo que
más tarde será la conducta de apego, pero la pauta organizada no se desarrolla hasta la segunda mitad
del primer año. Desde el momento del nacimiento muestra una capacidad embrionaria para establecer
una interacción social y siente placer.

El desarrollo de la conducta de apego como un sistema organizado, teniendo como objetivo la


conservación de la proximidad o de la accesibilidad a una figura materna discriminada, exige que el niño
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haya desarrollado la capacidad cognitiva de conservar a su madre en la mente cuando ella no esté
presente: esta capacidad se desarrolla durante los segundos seis meses de vida.

Una característica importante de la teoría del apego es la hipótesis de que la conducta de apego se
organiza mediante un sistema de control dentro del sistema nervioso central. El sistema de control del
apego mantiene la conexión de una persona con su figura de apego entre ciertos límites de distancia y
accesibilidad, usando para ello métodos de comunicación cada vez más sofisticados.

La presencia de un sistema de control del apego y su conexión con los modos operantes del sí-mismo y de la
figura o figuras de apego que elabora la mente durante la infancia, son características centrales del
funcionamiento de la personalidad a lo largo de la vida.

El segundo aspecto al que la teoría del apego presta especial atención es el papel que tienen los padres de
un niño en el modo en que éste se desarrolla. La pauta de apego que un individuo desarrolla durante los
años de inmadurez está profundamente influida por el modo en que sus padres lo tratan.

Tres pautas principales de apego están actualmente identificadas junto con las circunstancias familiares
que las favorecen. Son:

- La pauta de apego seguro, en la que el individuo confía en que sus padres serán accesibles,
sensibles y colaboradores si él se encuentra en una situación adversa o atemorizante. Con esta
seguridad se atreve a hacer sus exploraciones en el mundo. Esta pauta es favorecida por el
progenitor cuando se muestra fácilmente accesible y sensible a las señales de su hijo, y
amorosamente sensible cuando éste busca protección y consuelo.

- La pauta del apego ansioso resistente es la que el individuo está inseguro de si su progenitor será
accesible o sensible o si lo ayudará cuando lo necesite. Siempre tiene tendencia a la separación
ansiosa, es propenso al aferramiento y se muestra ansioso ante la exploración del mundo. Esta
pauta se ve favorecida por el progenitor que se muestra accesible y colaborador en algunas
ocasiones, pero no en otras, y por las separaciones y amenazas de abandono como medio de
control.

- La tercera pauta es la del apego ansioso elusivo, en la que el individuo no confía en que
cuando busque cuidados recibirá una respuesta servicial, sino que, por el contrario, espera
ser desairado.

La teoría del apego recurre al concepto de los modelos operantes del sí-mismo y de los padres. Los
modelos operantes que un niño construye de su madre y de los modos en que ella se comunica y se
comporta con él, y un modelo comparable de su padre, junto con los modelos complementarios de sí
mismo en interacción con cada uno, son construidos por el niño durante los primeros años de su vida y
pronto se establecen como estructuras cognitivas influyentes.

Cada pauta de apego, una vez desarrollada, tiende a persistir. Uno de los motivos es que el modo en que
un progenitor trata a un niño tiende a permanecer invariable. A medida que el niño crece, la pauta se
convierte cada vez más en una característica del niño mismo, lo que significa que tiende a imponerla en
las nuevas relaciones.
Las pautas de interacción a las que conducen los modelos, una vez que se han vuelto habituales,
generalizadas y en gran medida inconscientes; persisten en un estado más o menos no corregido e
invariable incluso cuando el individuo, en años posteriores, se relaciona con personas que lo tratan de
maneras totalmente diferentes a las adoptadas por sus padres cuando él era niño.
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Eje teórico freudiano

La familia y la madurez emocional. Winnicott

¿Puede el individuo alcanzar madurez emocional fuera del marco de la familia?

Hay dos maneras de enfocar el tema del desarrollo individual si dividimos la psicología dinámica en dos
partes. Primero, el desarrollo de la vida instintiva, las funciones y fantasías instintivas pregenitales que
gradualmente van construyendo y formando la sexualidad plena, la cual se alcanza antes de entrar al
período de latencia. Llegamos a la idea de la adolescencia como un período en que los cambios de la
pubertad dominan la escena, y las defensas contra la ansiedad que se organizaron en los primeros años
reaparecen o tienden a hacerlo en el individuo en crecimiento.
El individuo comienza con una dependencia casi absoluta, alcanza grados menores de dependencia y
comienza así a tener autonomía.
Lo que nos interesa es la actitud ambiental que responde y se adapta a las necesidades del individuo en
cualquier momento dado. Esta manera de considerar la vida puede resultar particularmente adecuada para
el estudio del desarrollo sano y en este momento nos proponemos estudiar la salud.

El cuidado de los progenitores, en el que asumen la responsabilidad con respecto al niño y a la relación
entre este y sus hermanos mayores. Los padres están allí para recibir la contribución que los niños sanos
hacen a la familia. El cuidado de los padres evoluciona dentro del marco familiar, y la palabra familia
comienza a ampliarse.

Cuando examinamos este fenómeno en desarrollo, que comienza con el cuidado materno y llega hasta el
interés persistente que la familia experimenta por el adolescente, nos sentimos impresionados por la
necesidad humana de un círculo cada vez más amplio para el cuidado del individuo, y también por la
necesidad que el individuo tiene de encontrar un lugar en el que pueda aportar algo cada tanto.

Es de gran importancia la delicadeza extrema con la cual las madres se adaptan a las necesidades de sus
hijos, necesidades que varían de un instante a otro. Sólo la familia del niño puede continuar la tarea
iniciada por la madre y desarrollada luego por a madre y el padre, la tarea de satisfacer las necesidades
del individuo. Dichas necesidades incluyen la dependencia y los esfuerzos por alcanzar la independencia.
La tarea incluye satisfacer las necesidades cambiantes del individuo en crecimiento, no solo en el sentido
de satisfacer los instintos, sino también de estar presente para recibir esa contribución que constituye un
rasgo vital de la vida humana. Y, además, significa aceptar el estallido de desafío que implica el desligarse
y el regreso a la dependencia que alterna con la actitud desafiante. Al referirnos al desafío y la
dependencia señala algo que aparece típicamente en la adolescencia y que puede observarse muy bien
en ese período de la vida. La familia del individuo es la que está en mejores condiciones y más dispuesta
para enfrentar ese reclamo, el reclamo simultáneo de tolerancia por parte de los padres frente al desafío.
En el curso del desarrollo emocional, el individuo pasa de la dependencia a la independencia y, en los casos
de salud, conserva la capacidad para pasar de una a otra. No se trata de un proceso que se logre en forma
tranquila y fácil, pues está complicado por las alternativas de desafío y regreso a la dependencia. En la
actitud desafiante, el individuo se abre paso violentamente a través de todo lo que lo rodea y le da
seguridad. Para que esta irrupción le sea provechosa, deben cumplirse dos condiciones:

1. El individuo necesita encontrar un círculo más amplio dispuesto a ocupar el lugar del que
abandona, y equivale a decir que lo que se necesita es la capacidad para regresar a la situación
que se ha abandonado. El niño necesita desprenderse de os brazos de la madre, pero no para
lanzarse al espacio; esa ruptura debe llevarlo a un área más amplia de control, algo que
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simbolice el regazo que acaba de abandonar.

Cuando la familia está intacta y los hermanos lo son de verdad, el individuo cuenta con la mejor
oportunidad para iniciarse en la vida social. Ello se debe sobre todo a que en el centro de esa situación
encontramos la relación con el padre y la madre reales, y aunque ello separe a los niños porque los hace
odiarse unos a otros, el principal efecto es el de ligarlos, y el de crear una situación en la que odiar no
entraña peligro.
La familia existe como algo consolidado por el hecho de que para cada miembro individual el padre y la
madre reales están vivos en la realidad psíquica interna.

Observamos dos tendencias: una, es la tendencia del individuo a alejarse de la madre, y luego del padre y
de la madre, y más tarde de la familia, pasos que le van dando cada vez más libertad de ideas y de acción;
la otra tendencia obra en sentido contrario y es la necesidad de conservar o de ser capaz de recuperar la
relación con los padres. Esta segunda tendencia convierte a la primera en una parte de crecimiento en
lugar de un factor de desorganización de la personalidad.

A los individuos les resulta muy cómodo suprimir de un salto una o dos etapas, madurar antes de contar
con la edad necesaria para ello, establecerse como individuos cuando en realidad deberían seguir siendo
algo más dependientes. Es necesario que no maduren precozmente, no se establezcan como individuos
cuando tendrían que ser relativamente dependientes.

Si se acepta la idea de que la salud significa madurez de acuerdo con la edad, es imposible alcanzar la
madurez emocional si no es dentro de un marco en el que la familia se ha convertido en el puente que
permite dejar atrás el cuidado de los padres y pasar a la esfera de la provisión social. El hogar y la familia
siguen siendo los modelos en que se basa cualquier tipo de provisión social que promete ser eficaz.

Existen dos rasgos principales que constituyen la contribución de la familia a la madurez emocional del
individuo:

1. La existencia sostenida de oportunidad para un alto grado de dependencia

2. Ofrecer la oportunidad para que el individuo se separe violentamente de los padres e ingrese a la
familia, que pase de ésta a la unidad social que está inmediatamente fuera de ella, y de esa unidad
social pase a otra, y luego a otra y a otra. Estos círculos cada vez más amplios constituyen el
producto final de algo que se inicia con el cuidado materno o el de ambos progenitores, y es
contenido luego por la familia. La familia parece haber sido especialmente creada para hacerse
cargo de la dependencia inconsciente con respecto a los padres, y esta dependencia incluye la
necesidad del niño en crecimiento de desafiarlos y rebelarse contra ellos.

Familia y desarrollo infantil. Aranda

La familia es sede de transmisión de ideales e identificaciones, pero también la encargada de la


transmisión de algo del orden de una satisfacción y una prohibición. Una satisfacción prohibida de la cual
surge la posibilidad de una satisfacción sustitutiva.

Las transformaciones sociohistóricas, han producido cambios en los roles esperables. Estos cambios se
reflejan también en las nuevas configuraciones familiares. Cambian las pautas de crianza y las modalidades
vinculares, pero permanece la necesidad de que alguien se ubique como garante y soporte del vínculo con

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el niño.

La familia y la construcción de la subjetividad:


La familia humana es una estructura compleja que no puede ser reducida al hecho biológico. Las
funciones materna y paterna exceden el parentesco sanguíneo. La cultura induce una nueva dimensión
en la realidad social y la vida psíquica, se trata de una dimensión cultural que es específica de la familia
humana.

Las nuevas configuraciones familiares confirman que el parentesco biológico no es el único tipo de ligazón
familiar y no asegura por sí mismo la existencia de un vínculo afectivo.
Los lazos afectivos que unen a los miembros de una familia, nada tienen de naturales. El vínculo no
pertenece a la dotación hereditaria, al campo de lo naturalmente dado, sino que siempre es algo a
construir.
La pareja parental es sede de las identificaciones fundantes del sujeto. Ellos representan para el niño a la
familia como el lugar donde transmite la palabra y se ingresa a la cultura.

La familia en psicoanálisis: entre la satisfacción y la prohibición.


Lo que hace un ser humano es solamente aquello que apoyado en lo biológico (el desamparo del recién
nacido), se diferencia constituyéndose como campo de significación.
Desde el proyecto de psicología para neurólogos, Freud marca la fuerte relación entre el desamparo del
recién nacido y la necesaria presencia del otro auxiliar. La cría de hombre requiere de una ayuda externa
para que produzca a acción específica necesaria para lograr satisfacción. Para ello el bebé debe emitir
alguna señal que convoque al auxiliar. La intervención del otro frente al desamparo se convierte entonces
en fuente de la comunicación y de “todos los motivos morales”.

Los cuidados maternos inauguran el polo del placer, se conforma un mapa erógeno de lo que en principio
había sido
un cuerpo “casi pura biología”.

En tres ensayos de teoría sexual Freud define por primera vez las pulsiones como parciales, queda allí
planteada la perversión polimorfa y originaria juntamente con una madre seductora que erotiza con sus
cuidados.

Pasamos del niño inocente y asexuado de la modernidad a un niño sede de una diversidad de pulsiones
sexuales y zonas erógenas. Se produce un cambio en la representación madre, de ser considerada sede de la
ternura y el amor romántico, una madre sexual, erótica y que erotiza.

El psiquismo humano se conforma a partir de las relaciones erotizantes con el otro auxiliar, donde la
satisfacción de la necesidad produce un excedente de la actividad autoconsevativa.

La madre que introduce la sexualidad en el niño, por la vía doble de construir un cuerpo erótico en el niño
y de
ofrecerse como objeto erótico al niño, es también quien debe ser interdicta para incluirlo como
integrante de la cultura. El horror al incesto se basa en el hecho de que, a consecuencia de la vida sexual
en común, los miembros de la familia se mantienen permanentemente unidos y pierden su capacidad de
entablar contacto con extraños. El incesto es antisocial, y la cultura consiste en la progresiva renuncia al
mismo.

Freud plantea la noción de que los lazos familiares se sostienen en la inhibición de su fin sexual lo cual se
convierte en condición para el ingreso del ser humano en un funcionamiento cultural. Es uno de los
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planteos centrales de Tótem y Tabú.

El niño tomado como objeto de deseo de la madre, promueve el deseo del niño hacia ella. En ese punto
opera el padre introduciendo la prohibición que lo separa y lo ubica dentro de un sistema ordenado por
reglas. El tabú del incesto opera en el sujeto a través del grupo familiar, constituyéndose a su vez en
intermediario entre sujeto y cultura.

Las prohibiciones estructurales del andamiaje psíquico son incorporadas por el niño a través de su familia.
Allí se juegan los primeros renunciamientos pulsionales que abren paso al encuentro con otras satisfacciones
sustitutas y relanzan a la búsqueda de nuevas realizaciones de deseo.

La pulsión sexual alcanza su meta inicialmente en un objeto autoerótico, sin necesidad de los genitales ni
un partenaire determinado. La elección de objeto cuando el impulso reproductor emerge es atribuida por
Freud al efecto de “la sociedad encargada de domeñar la pulsión y de someterla a una voluntad individual
que sea idéntica al mandato social. Es la etapa en que se deja de ser niño para convertirse en un miembro
de la sociedad.

El desarrollo infantil y la función de la familia.


Lacan sostiene que la familia tiene un papel esencial en la transmisión de la cultura. Tiene un peso
privilegiado en la educación inicial, la represión de las pulsiones y la adquisición de la lengua materna,
aspectos fundamentales del desarrollo psíquico durante la infancia.

Para Winnicott, la familia contribuye decididamente a la madurez emocional del niño en tanto permite el
despliegue de un alto grado de dependencia en los comienzos de la vida, y paulatinamente da la
oportunidad de ingresar a otras unidades sociales cada vez más alejadas del núcleo familiar. La familia
funcionaría a la manera de un puente que permite sobrepasar la dependencia inicial del cuidado de los
padres hacia la esfera de lo social extrafamiliar.
La familia es el ámbito privilegiado de construcción de subjetividad. Las transformaciones sociohistóricas
producen modificaciones en la representación social acerca de los niños y las familias. Es producto de lo
que cada sociedad determina como lo esperable para cada uno de estos sujetos o estos roles de acuerdo
con variables históricas y culturales.

A la hora de pensar en las nuevas configuraciones familiares, Bleichmar sostiene que es necesario
redefinir el concepto de familia, entendiéndola en términos de una “asimetría” que determina la
responsabilidad del adulto con respecto al niño. El acento debe estar en la transmisión de la ley y la
responsabilidad del adulto con respecto al niño. El acento debe estar en la transmisión de la ley y la
asunción de los roles esperados de protección y asimetría. La función de la familia sería entonces “la
protección y cuidado de los más débiles para garantizarles un lugar en el mundo y un desarrollo que nos
los deje liberados a la muerte física o simbólica.

Esquema del psicoanálisis. Freud

Según la concepción corriente, la vida sexual humana consistiría en el afán de poner en contacto los
genitales propios con los de una persona del otro sexo. El afán emergería con la pubertad y estaría al
servicio de la reproducción.

Es llamativo que muchos niños, considerados por esta razón degenerados, muestren muy tempranamente
un interés por sus genitales y por los signos de excitación de estos.
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El psicoanálisis provoca escándalo y contradicción cuando contradice todas las opiniones populares sobre
la sexualidad. Sus principales resultados son los siguientes:

a. La vida sexual no comienza sólo con la pubertad, sino que se inicia enseguida después del
nacimiento con nítidas exteriorizaciones.
b. Es necesario distinguir de manera tajante entre los conceptos de “sexual” y “genital”. El primero es el
más
extenso e incluye muchas actividades que nada tienen que ver con los genitales.
c. La vida sexual incluye la función de la ganancia de placer a partir de zonas del cuerpo, función que
es puesta con posterioridad al servicio de la reproducción.

A temprana edad, el niño da señales de una actividad corporal a la que sólo un antiguo prejuicio pudo
rehusar el nombre de sexual, y a la que se conectan fenómenos psíquicos que hallamos más tarde en la
vida sexual adulta. Estos fenómenos que emergen en la primera infancia responden a un desarrollo
acorde a la ley, tienen un acrecentamiento regular, alcanzando un punto culminante hacia el final del
quinto año de vida, a lo que sigue un período de reposo. Transcurrido este período llamado <de
latencia>, la vida sexual prosigue con la pubertad; podríamos decir: vuelve a aflorar. Tropezamos con el
hecho de una acometida en dos tiempos de la vida sexual. No es indiferente que los eventos de esta
época temprana de la sexualidad sean víctima, salvo unos restos de la amnesia infantil.

Fases del desarrollo libidinal:


1. Fase oral: el primer órgano que aparece como zona erógena y propone al alma una exigencia
libidinosa es la boca. Toda actividad anímica se acomoda de manera de procurar satisfacción a la
necesidad de esta zona. Ella sirve en primer tiempo a la autoconservación por vía del alimento. En
el chupeteo se evidencia una necesidad de satisfacción que aspira a una ganancia de placer
independiente de la nutrición, y que por eso puede y debe ser llamada sexual.

Durante la fase oral entran en escena, con la aparición de los dientes, unos impulsos sádicos aislados.
2. Fase sádico-anal: la satisfacción es buscada en la agresión y en la función excretoria. El sadismo
es una mezcla pulsional de aspiraciones puramente libidinosas con otras destructivas puras, una
mezcla que desde entonces no se cancela más.

3. Fase fálica: se asemeja ya en un todo a la plasmación última de la vida sexual. No desempeñan un


papel aquí los genitales de ambos sexos, sino el falo. Los genitales femeninos permanecen por
largo tiempo ignorados. Con esta fase, la sexualidad de la primera infancia alcanza su apogeo y se
aproxima al sepultamiento. El varón y la niña tendrán destinos separados.

Estas tres fases se superponen entre sí, coexisten juntas. En las fases tempranas, las diversas pulsiones
parciales parten con recíproca independencia a la consecución de placer; en la fase fálica se tienen los
comienzos de una organización que subordina las otras aspiraciones al primado de los genitales y significa
el principio de ordenamiento de la aspiración general de placer dentro de la función secua. La organización
plena sólo se alcanza en la pubertad.
Las inhibiciones en su desarrollo se presentan como las múltiples perturbaciones de la vida sexual. En tales
casos han preexistido fijaciones de la libido a estados de fases más tempranas, cuya aspiración,
independiente de la meta sexual normal, es designada perversión.

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Interpretación de los sueños. Freud

Génesis del aparato psíquico: El aparato obedeció primero al afán de mantenerse en lo posible exento de
estímulos y por eso en los momentos iniciales se apoya en el modelo del aparato reflejo, que le permitiría
descargar enseguida, por vías motrices, una excitación sensible que le llegaba desde fuera. El niño nace
con reflejos innatos para luego insertarse en el medio. Ante un estímulo determinado, se dispara una
respuesta automática. Cuando aparece una necesidad endógena, es cubierta en un primer momento y se
instala la primera vivencia de satisfacción (mítica). Esta percepción de satisfacción deja una huella
mnémica.

La siguiente vez que se produzca una tensión, no esperará el niño al objeto que lo satisfizo aquella primera
vez, sino que esperará a aquella vivencia de satisfacción, buscará investir la imagen mnémica de esa
percepción y establecer la satisfacción primaria. Esta primera actividad psíquica apuntaba entonces a una
identidad perceptiva, a repetir aquella percepción que está enlazada con la vivencia de satisfacción. Las
huellas mnémicas comienzan a darle al funcionamiento psíquico una identidad perceptiva.

Toda la compleja actividad de pensamiento que se urde desde la imagen mnémica hasta el
establecimiento de la identidad perceptiva por obra del mundo exterior no es otra cosa que un rodeo para
el cumplimiento del deseo. El sueño, que cumple sus deseos por el corto camino regrediente, no ha hecho
sino conservarnos un testimonio del modo de trabajo primario de nuestro aparato psíquico. El soñar es
un rebrote de la vida infantil del alma, ya superada. Es un cumplimiento de deseo porque es una
operación del sistema inconsciente, que no conoce en su trabajo ninguna otra meta que el cumplimiento
de deseo, ni dispone de otras fuerzas que no sean las mociones de deseo.

El sueño es un cumplimiento de [Link] sueños infantiles, no nos dejan duda alguna de que un deseo
no tramitado durante el día puede ser el excitador del sueño. Se trata del deseo de un niño, de una
moción de deseo con la fuerza propia de lo infantil. Resulta dudoso que un sueño no cumplido durante el
día baste para producir un sueño en un adulto. En el adulto, el deseo que quedó pendiente de
cumplimiento durante el día no basta para crear un sueño. La moción de deseo que proviene de lo
consciente habrá de contribuir a incitar el sueño, pero probablemente nada más. El sueño no se
engendraría si el deseo preconsciente no supiese ganarse un refuerzo del inconsciente. El deseo
consciente sólo deviene excitador de un sueño si logra despertar otro deseo paralelo, inconsciente,
mediante el cual se refuerza.

El deseo que se figura en el sueño tiene que ser un deseo infantil. En el adulto proviene del inconsciente;
en el niño, en quién la separación y la censura entre preconsciente e inconsciente todavía no existen o
sólo están constituyéndose poco a poco, es un deseo incumplido, no reprimido, de la vida de vigilia.
El resto diurno, que en sí no era un deseo, sino al contrario una preocupación, tuvo que procurarse por
algún camino al anudamiento con un deseo infantil sofocado y ahora inconsciente, que le permitió nacer
para la conciencia.
El trabajo del sueño consigue sustituir todas las representaciones penosas por contrarias y sofocar los afectos
displacenteros correspondientes. Esto da por resultado un sueño de satisfacción puro, un “cumplimiento de
deseo”.

La sexualidad infantil. Freud

El neonato trae consigo gérmenes de mociones sexuales que siguen desarrollándose durante cierto lapso,
pero después sufren una progresiva sofocación; esta, a su vez, puede ser quebrada por oleadas regulares de
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avance del desarrollo sexual o suspendida por peculiaridades individuales. Hacia el tercero o cuarto año de
vida del niño su sexualidad se expresa en una forma asequible a la observación.

Las mociones sexuales de la infancia serían inaplicables, porque las funciones de la reproducción están
diferidas (carácter principal del periodo de latencia); y, por otra parte, serían en sí perversas, partirían de
zonas erógenas y se sustentarían en pulsiones que dada la dirección del desarrollo del individuo sólo
provocarían sensaciones de displacer. Por eso suscitan fuerzas anímicas contrarias (mociones reactivas)
que construyen, para la eficaz sofocación de ese displacer, los diques psíquicos: asco, vergüenza y moral.
Las exteriorizaciones de la sexualidad infantil.
El chupeteo: Freud toma como modelo de las exteriorizaciones sexuales infantiles el chupeteo (el mamar
con fruición). El chupeteo, que aparece ya en el lactante y puede conservarse hasta la madurez o persistir
toda la vida, consiste en un contacto de succión con la boca, repetido rítmicamente, que no tiene por fin
la nutrición. Es la primera exteriorización sexual infantil.

Autoerotismo: La pulsión no está dirigida a otra persona; se satisface en el cuerpo propio, es autoerótica.
La acción del niño chupeteador se rige por la búsqueda de un placer, ya vivenciado y ahora recordado. Su
primera actividad, la más importante para su vida, el mamar del pecho materno, no pudo menos que
familiarizarlo con ese placer. Los labios del niño se comportaron como una zona erógena, y la estimulación
por el cálido aflujo de leche fue la causa de la sensación placentera. Al comienzo, claro está, la satisfacción
de la zona erógena se asoció con la satisfacción de la necesidad de alimentarse. El quehacer sexual se
apuntala primero en una de las funciones que sirven a la conservación de la vida, y sólo más tarde se
independiza de ella. La necesidad de repetir la satisfacción sexual se divorcia entonces de la necesidad de
buscar alimento. El niño no se sirve de un objeto ajeno para mamar; prefiere una parte de su propia piel
porque le resulta más cómodo, porque así se independiza del mundo exterior al q aun no puede dominar, y
porque de esa manera se procura, por así decir, una segunda zona erógena, si bien de menor valor. El
menor valor de este segundo lugar lo llevará más tarde a buscar en otra persona la parte correspondiente,
los labios.

En el chupeteo hemos observado ya los tres caracteres esenciales de una exteriorización sexual infantil:

1) Esta nace apuntalándose en una de las funciones corporales importantes para la conservación de la vida.
2) Todavía no conoce un objeto sexual, pues es autoerótica (se satisface en el propio cuerpo).
3) Su meta sexual se encuentra bajo el imperio de una zona erógena. Una zona erógena es un sector de
piel o de mucosa en el que estimulaciones de cierta clase provocan una sensación placentera de
determinada cualidad.

El punto de llegada del desarrollo lo constituye la vida sexual del adulto llamada normal. En la consecución
del placer se ha puesto al servicio de la función de reproducción y las pulsiones parciales, bajo el primado
de una única zona erógena, han formado una organización sólida para el logro de la meta sexual en un
objeto ajeno.

Organizaciones pregenitales: la vida sexual infantil es esencialmente autoeróticos y sus pulsiones parciales
singulares aspiran a conseguir placer cada una por su cuenta, enteramente desconectadas entre sí. El punto
de llegada del desarrollo lo constituye la vida sexual del adulto llamada normal; en ella, la consecución de
placer se ha puesto al servicio de la función de reproducción, y las pulsiones parciales, bajo el primado de
una única zona erógena, han formado una organización sólida para el logro de la meta sexual en un objeto
ajeno.

Las organizaciones de la vida sexual en que las zonas genitales todavía no han alcanzado su papel

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hegemónico son denominadas pregenitales.

La primera es la oral, en la que la actividad sexual no se ha separado todavía de la nutrición, ni se han


diferenciado opuestos dentro de ella. El objeto de una actividad es también el de la otra; la meta sexual
consiste en la incorporación del objeto, el paradigma de lo q más tarde, en calidad de identificación,
desempeñara un papel psíquico tan importante. El chupeteo puede verse como un resto de esta fase
hipotética, en el q la actividad sexual, desasida de la actividad de la alimentación, ha resignado el objeto
ajeno a cambio de uno situado en el cuerpo propio.

Eje teórico Piagetiano

El problema biológico de la inteligencia.

En el desarrollo mental existen elementos variables y otros invariantes Los funcionamientos invariantes
entran en el marco de las dos funciones biológicas mas generales: la organización y la adaptación.

Existe adaptación cuando el organismo se transforma en función del medio, y cuando esta variación tiene
por efecto un crecimiento de los intercambios entre el medio y él mismo favorables a su conservación. La
adaptación es un equilibrio entre la asimilación y la acomodación. La inteligencia es asimilación en la
medida en que incorpora a sus
marcos teóricos todo lo proporcionado por la experiencia, es una estructuración mediante la
incorporación de la realidad a unas formas debidas a la actividad del sujeto.

La asimilación jamás puede ser pura, porque al incorporar los elementos nuevos a esquemas anteriores,
la inteligencia modifica sin cesar estos últimos para ajustarlos a los datos nuevos. Pero, a la inversa, las
cosas jamás son conocidas en sí mismas, puesto que el trabajo de la acomodación no es nunca posible
más que en función del proceso inverso de asimilación.

Adaptación intelectual: es una puesta en equilibrio progresivo entre un mecanismo asimilador y una
acomodación complementaria. La adaptación termina cuando hay equilibrio entre acomodación y
asimilación.
Organización: la organización y la adaptación son dos procesos complementarios de un mecanismo único,
siendo el primero el aspecto interno del ciclo, cuyo aspecto externo lo constituye la adaptación. La
adaptación y la organización son indisociables: el pensamiento se organiza a sí mismo adaptándose a las
cosas y es al organizarse a sí mismo como estructura las cosas.

Cada esquema se encuentra coordinado con todo los demás, y él mismo constituye una totalidad de partes
diferenciadas.

Existen dos tipos de realidades hereditarias que interesan en el desarrollo de la razón humana: los
invariantes funcionales (asimilación y acomodación) y caracteres estructurales, relacionados con la herencia
del hombre.
Los reflejos constituyen un conocimiento anticipado del exterior, conocimiento inconsciente y totalmente
material, indispensable para el ulterior del conocimiento efectivo.

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Primer estadio: el ejercicio de los reflejos.

El problema psicológico comienza a plantearse desde el momento en que enfocamos los reflejos en sus
relaciones con el medio exterior. Las reacciones fundamentales de las primeras semanas son los reflejos de
succión y prensión, los gritos y fonaciones, los gestos y actitudes.

Tales actividades originan una sistematización que rebasa su automatismo. Casi desde el nacimiento hay
conducta, en el sentido de la reacción total del individuo.

En lo que refiere a su adaptación, el reflejo no deja de necesitar un cierto ejercicio para adaptarse.

Primer aspecto de la acomodación: el contacto con el objeto modifica en un sentido la actividad del
reflejo. El contacto con el medio no solamente produce el resultado de desarrollar el reflejo: de alguna
manera también lo coordina. Por ejemplo: el reflejo de succión es un montaje hereditario que funciona
desde el nacimiento. Para que este mecanismo origine un funcionamiento útil, es decir, conduzca a la
deglución, basta en la mayoría de los casos con colocar el pezón en la boca del recién nacido, pero
también hay casos en que el niño no se adapta de buenas a primeras: solamente el ejercicio producirá
entonces el funcionamiento normal.

La acomodación consiste en un progreso en la continuidad de la búsqueda. La adaptación refleja se ha de


atribuir una parte de acomodación, esta acomodación es indisociable de la asimilación progresiva,
inherente al ejercicio mismo del reflejo. El reflejo se consolida y se afirma en virtud de su propio
funcionamiento. Esta asimilación se manifiesta mediante una necesidad creciente de repetición que
caracteriza al ejercicio del reflejo (asimilación funcional), y, en segundo lugar, a través de esta especie de
reconocimiento sensoriomotor que permite al niño adaptarse a los diferentes objetos con los que sus
labios entran en contacto (asimilaciones recognoscitiva y generalizadora).

a) asimilación funcional: revelada por una tendencia forzosa a la repetición del esquema recién
constituido. La necesidad de repetición se trata de un comportamiento que presenta una historia y que
viene a complicar los simples estímulos relacionados con el estado del organismo en un momento dado
del tiempo. Un primer estímulo susceptible de poner en juego el reflejo es el contacto con un objeto
externo.

A partir de un mecanismo primitivo, una especie de proceso circular acompaña el funcionamiento, siendo
acrecentada la actividad del reflejo por su propio ejercicio. No puede todavía tratarse de reacción circular,
de la repetición de una conducta adquirida o a punto de adquirirse, ni de una conducta dirigida por el
objeto hacia el que se orienta: se trata de movimientos reflejo y no adquiridos, y de una sensibilidad
relacionada con el reflejo mismo y no ya con el objeto externo.

b) asimilación generalizadora: comprobable por la aplicación a objetos novedosos de un esquema ya


adquirido. Es la incorporación de objetos cada vez más variados al esquema del [Link] el niño
tiene hambre, el niño chupa sus dedos, los dedos que se le ofrecen, su almohada, su cojín, sus sábanas.
Asimila estos objetos a la actividad del reflejo.

c) asimilación recognoscitiva, se trata de una búsqueda y discriminación que implican un inicio de


diferenciación, en el esquema global y, por consiguiente, un inicio de reconocimiento práctico y motor.
Por muy práctica que sea, constituye el comienzo del conocimiento. La repetición del reflejo conduce a
una asimilación general, pero dadas las variedades que se introducen poco a poco en esta actividad, el
esquema de asimilación se diferencia y la asimilación se vuelve [Link] manifiesta cuando el
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niño tiene mucha hambre y comienza a discriminar el pezón en relación con todo lo demás.

Estas tres formas no constituyen más que una sola: el reflejo se concibe como una totalidad organizada
cuyo rasgo genuino consiste en conservarse funcionando para sí misma (repetición), incorporándose a los
objetos favorables a este funcionamiento (asimilación generalizadora) y discriminando las situaciones
necesarias para determinar modos especiales de su actividad (reconocimiento motor).

El reflejo de succión es un esquema global de movimientos coordinados. No se limita a funcionar bajo la


presión de un excitante determinado, externo o interno, sino que funciona para sí mismo. El niño succiona
no sólo para comer, sino que también la hace para engañar el hambre, por el placer de chupar. Es en este
sentido en el que el objeto incorporado al esquema de la succión se encuentra asimilado a la actividad del
esquema.

La adaptación progresiva de los esquemas reflejos supone su organización. Desde psicología estamos
inclinados a representar un reflejo como una suma de movimientos dotados de una sucesión de estados de
conciencia yuxtapuestos, y no como una totalidad verdadera. Dos circunstancias nos inclinan a considerar el
acto de la succión como algo que constituye ya una organización psíquica: el hecho de que este acto
presente antes o después una significación y el hecho de que esté acompañado de una búsqueda dirigida.

Lo que se refiere a las significaciones, los actos de succión se diferencian según que el recién nacido tenga
hambre, e intente mamar, que chupe para calmarse o incluso juegue a chupar. Presentan una significación
para el mismo lactante. En cuanto el niño se encuentra en posición de comer y busca el pezón, muestra
suficientemente que, si hay conciencia, esta conciencia es de significación.

La existencia de una organización está atestiguada por el hecho de las búsquedas orientadas. La búsqueda
precoz de que es capaz el lactante cuando se le pone en contacto con el seno. Esta búsqueda es el
principio de la acomodación y de la asimilación, se ha de concebir, desde el punto de vista de la
organización, como la primera manifestación de un dualismo entre el deseo y la satisfacción.

En cuanto al mecanismo que origina un ejercicio y, por consiguiente, una especie de aprendizaje, el
reflejo de succión supone, además de la herencia, una utilización individual de la experiencia. Esto
representa que permite incorporar una conducta al dominio psicológico, mientras que un reflejo simple,
no sometido a la necesidad de ejercicio o aprendizaje en función del medio no presenta ningún interés
para nosotros.

El aprendizaje de un mecanismo reflejo implica acomodaciones, asimilaciones y organizaciones


individuales. Hay acomodación porque, incluso sin retener nada del medio en cuanto tal, el mecanismo
reflejo necesita este medio. Hay asimilación porque, a través de su mismo ejercicio, se incorpora todo
objeto susceptible de alimentarlo, y discrimina esos objetos. Por último, hay organización en cuanto a que
la organización es el aspecto interno de esta adaptación progresiva: los ejercicios sucesivos del mecanismo
reflejo constituyen unas totalidades organizadas y los tanteos y búsquedas visibles desde los comienzos de
este aprendizaje están orientados por la estructura misma de estas totalidades.

Las necesidades marcan la transición entre la vida orgánica, de la que son emanación, y la vida psíquica, cuyo
motor constituyen. La necesidad es la expresión tangible del proceso que denominamos asimilador.
Las primeras necesidades no existen con anterioridad a los ciclos motores que permiten satisfacerlas.
Aparecen durante el funcionamiento mismo.

Consideramos a la necesidad como el hecho primero de la vida psíquica.

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Segundo estadio: las primeras adaptaciones adquiridas y la reacción circular primaria.

En un momento, las adaptaciones hereditarias aparecen asociadas a adaptaciones no innatas a las que
poco a poco se subordinan. Los procesos reflejos se integran progresivamente en las actividades
corticales. Estas constituyen adaptaciones adquiridas, de hábitos o incluso de reflejos condicionados.

La intencionalidad no podría tomar la conciencia de sí misma. Podemos asignar al presente estadio los
movimientos intencionales como límite superior y las primeras adaptaciones no hereditarias como límite
inferior.
Es difícil precisar cuándo comienza efectivamente la adaptación adquirida, por oposición a la hereditaria. En
toda conducta cuya adaptación esté determinada hereditariamente, la asimilación y acomodación forman
un todo y permanecen indisociables, mientras que la adaptación adquirida comienza a disociarse. La
adaptación hereditaria no implica ningún aprendizaje fuera de su propio ejercicio, mientras que la
adaptación adquirida implica un aprendizaje relativo a los datos nuevos del medio exterior al mismo tiempo
que una incorporación de los objetos a los esquemas diferenciados de este modo.

En el ejercicio del reflejo no hay fijación más que del mecanismo en cuanto tal, y en ello reside el que la
acomodación del esquema hereditario, al tiempo que supone la experiencia y el contacto con el medio,
forma un todo único con la asimilación, es decir, con el ejercicio funcional de este esquema. En
determinado momento, la actividad del niño retiene algo externo a ella, se transforma en función de la
experiencia: entonces hay acomodación adquirida. Ejemplo: cuando el niño succiona sistemáticamente su
pulgar, ya no a causa del azar de los encuentros, sino mediante la coordinación entre la mano y la boca,
puede hablarse de acomodación adquirida: ni los reflejos de la boca ni los de la mano prevén
hereditariamente una coordinación y solamente la experiencia explica su formación.
En el dominio de la adaptación adquirida, la repetición se orienta hacia un resultado nuevo. Mientras
que en el reflejo la asimilación constituía un todo con la acomodación, en adelante la reproducción
del acto nuevo, o la asimilación de los objetos al esquema de este acto, constituyen un proceso
distinto de su misma acomodación. La repetición del ciclo realmente adquirido o a punto de adquirirse
se denomina reacción circular. Esta conducta constituye el principio de la asimilación característica de
este segundo estadio.

Reacciones circulares: Son ejercicios funcionales que conducen al mantenimiento o al redescubrimiento


de un resultado nuevo e interesante. Es la capacidad de detectar por acomodación algo nuevo e
interesante y direccionarse para volver a detectarlo. Se dispara la tendencia a la repetición. Lleva al
armado de esquemas de acción y hábitos. Ejemplo: la protrusión sistemática de la lengua (acompañada,
más tarde, de los juegos de salida, de los labios, etc.) y la succión del pulgar. Estas dos actividades nos
proporcionarán el tipo de lo que es el hábito adquirido espontáneo, con asimilación y acomodación
activas. Estos ejemplos son los primeros de una conducta que prolonga el ejercicio funcional característico
del reflejo. Pero con adquisición de algún elemento exterior a los mecanismos hereditarios.

Esquema de acción: es un constructo teórico que pretende dar cuenta de las organizaciones internas de
las acciones que se conservan. La estructura o la organización de las acciones tales como se transfieren o
generalizan con motivo de la repetición de una acción determinada en circunstancias iguales o análogas.
La asociación entre la succión y la visión. A partir del tercero y cuarto mes se observa que el niño se
dispone a comer en cuanto percibe el biberón o cualquier otro objeto asociado con el alimento. No se trata
ya de una mera asociación más o menos pasiva entre un signo y el acto, sino que podemos hablar de
reconocimiento de un cuadro externo y de significaciones atribuidas a este cuadro.

Tales conductas son superiores a las que están reguladas por la sola coordinación entre la posición y la
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succión. Implican el reconocimiento propiamente dicho de los cuadros visuales y la atribución de una
significación a estos cuadros a través de una referencia al esquema de succión.
Las adquisiciones que caracterizan el mecanismo de la succión, una vez pasado el estadio de las adaptaciones
puramente hereditarias, son tres:

1. La reacción circular: jugar con la lengua, chuparse sistemáticamente el pulgar, etc. Esta reacción
constituye un comportamiento esencialmente activo, que prolonga el ejercicio reflejo, con el
añadido de un elemento adquirido de acomodación a los datos de la experiencia.
2. La pasividad aumenta en las acomodaciones que se constituyen automáticamente en función
del medio exterior.
3. El comportamiento se complica mediante la coordinación de esquemas heterogéneos, con
ocasión del reconocimiento de las señales visuales de la succión.

La reacción circular de ha de concebir con una síntesis activa de la asimilación y la acomodación. Es


asimilación en la medida en que constituye un ejercicio que prolonga la asimilación refleja: succionarse el
pulgar o la lengua equivale a asimilar esos objetos a la actividad misma de la succión. Es acomodación en
la medida en que realiza una coordinación nueva, que no viene dada en el mecanismo reflejo hereditario.
La transferencia asociativa se trata de una acomodación, en cuanto que supone unas asociaciones
sugeridas por el medio exterior. Sin embargo, implica un elemento de asimilación, en la medida en que
procede por diferenciación, de reacciones circulares anteriores.
La coordinación de los esquemas es una complicación de estos mecanismos: es asimilación en segundo
grado en tanto en cuanto coordinación de dos esquemas de asimilación y es acomodación en segundo
grado en tanto en cuanto prolonga la cadena de las asociaciones adquiridas.

Las adaptaciones adquiridas establecen la transición entre lo orgánico y lo intelectual. No podemos


todavía clasificarlas de conductas inteligentes, ya que para ello faltan la intencionalidad (la diferenciación
entre los medios y los fines) y la movilidad, que permiten la adaptación continua a las circunstancias
nuevas. Algunas sensaciones intersensoriales, como las de la prensión y la visión, no están alejadas de la
conexión inteligente y anuncian ya de cerca la intencionalidad. Tampoco podemos calificar estas
adaptaciones de puramente orgánicas, puesto que añaden al simple reflejo un elemento de acomodación
y de asimilación relativo a la experiencia del sujeto.
Se considera la formación del hábito como debida a una actividad, cuyas analogías con la inteligencia son
puramente funcionales, pero que reaparecerá en el punto de partida de las operaciones intelectuales
cuando unas estructuras convenientes la permitirán supera su estructura inicial.

Nos parece que la noción de reacción circular está destinada a expresar la existencia de este factor activo,
principio del hábito y al mismo tiempo fuente de una actividad adaptadora que la inteligencia prolongará
por medio de técnicas nuevas. Hemos interpretado la génesis de los primeros hábitos del lactante en
términos de asimilación y acomodación activas. Esto no equivale a decir que esta actividad adaptadora,
de la que el hábito es una automatización, sea ya la inteligencia: le faltan caracteres estructurales. Pero
presenta todos los caracteres funcionales de la inteligencia, y ésta nacerá de ella mediante un progreso
reflexivo y una diferenciación de las relaciones entre el sujeto y el objeto.

Para que un reflejo condicionado se estabilice, es preciso o bien que deje de sr condicionado y se fije
hereditariamente, o bien que sea confirmado por la herencia misma. Puede ser estabilizado por la
experiencia cuando la señal que desencadena el reflejo es seguida de una confirmación, es decir, de una
situación en la que el reflejo tiene la ocasión de funcionar efectivamente.

Los reflejos de succión, acomodación visual y auditiva y prensión han sido condicionados por unas señales de

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orden postural, visual, etc., y que estos reflejos condicionados se han estabilizado porque han sido
confirmados repetidamente gracias a la misma experiencia.

Cuando un reflejo condicionado es confirmado por la experiencia entra por ello mismo en un esquema
conjunto, cesa de encontrarse aislado para convertirse en parte integrante de una totalidad real.
Allí donde podemos hablar de reflejos condicionados que se estabilizan bajo el efecto de la experiencia,
advertimos siempre que un esquema de conjunto organiza el detalle de las asociaciones.

Cuando unos movimientos y unos elementos sensoriales están asociados, a la vez que no se presentan
todavía en estado aislado, diremos que hay esquema único. Diremos que existe coordinación entre
esquemas cuando éstos puedan funcionar aisladamente en otras situaciones. Por ejemplo, colocar el
pulgar en la boca constituye un esquema único y no una coordinación entre el esquema de la succión y los
esquemas manuales, porque, a la edad en que el niño aprende a chupar su pulgar, sabe chupar algo
distinto a su pulgar, pero no sabe realizar en circunstancias distintas, por medio de su mano, la acción que
ejecuta poniéndola en la boca.

La gran novedad de la reacción circular y del hábito, comparados con el reflejo, reside en que la
acomodación comienza a disociarse de la asimilación. En el seno del reflejo la acomodación se confunde
con la asimilación: el ejercicio del reflejo es pura repetición (asimilación del objeto a un esquema
completamente montado). A partir del momento en que el esquema sensoriomotor se aplica a unas
situaciones nuevas t se dilata de este modo para abarcar un dominio más amplio, la acomodación y la
asimilación tienden a diferenciarse.

Durante el estadio del reflejo, el objeto nuevo era asimilado al esquema antiguo y esta asimilación
generalizadora o tenía otro efecto que el de ejercer el reflejo en general. Durante el presente estadio, la
aplicación del esquema de la succión a un objeto nuevo como el pulgar o la lengua transforma al mismo
esquema. Esta transformación constituye una acomodación y esta acomodación es distinta de la pura
asimilación.

En el reflejo lo nuevo es enteramente asimilado a lo antiguo y la acomodación se confunde así con la


asimilación; en la inteligencia hay un interés por lo nuevo en cuanto tal y la acomodación queda
claramente diferenciada de la asimilación.

La unión de la acomodación y la asimilación supone por sí misma una organización. Hay organización en el
interior de cada esquema de asimilación, tal que cada uno constituye un todo real, que confiere a cada
elemento una significación total, es decir, coordinación entre los esquemas diversos de asimilación.

Tercer estadio: la reacción circular secundaria

Estadio bisagra: Piaget comienza a ver un cambio en la conciencia y en la intencionalidad. Se insinúa la


intencionalidad, pero todavía no se logra consolidar.

El criterio de aparición del tercer estadio es la coordinación de esquemas, principalmente el esquema


visomotor. Hacia la intención: conciencia de deseo.

Reacción circular secundaria: tiende a reproducir todo resultado interesante obtenido en relación con el
exterior, sin que el niño disocie todavía ni reagrupe entre sí los esquemas obtenidos. El objetivo no está
fijado de antemano, sino solamente en el momento de la repetición en el acto. Se busca prolongar
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espectáculos interesantes. El fenómeno interesante ahora le pertenece al medio y no a uno mismo. Se
producen esquemas de acción en el medio. Repito la última acción para volver a tener la respuesta
innovadora. Se busca reencontrarse con la respuesta. Se arma un nuevo esquema, esta vez secundario. El
sujeto tiene una posición egocéntrica, cree que las cosas ocurren por su accionar. En la reacción circular
secundaria hay una pseudointencionalidad, no hay conciencia de deseo, pero si tendencia a la repetición.
El esfuerzo para reencontrar un gesto favorable llevará al sujeto, una vez realizado, a distinguir en su
acción unos medios y un objetivo.

Las reacciones circulares secundarias surgen por diferenciación de una reacción circular primaria o de una
reacción circular secundaria injertada a su vez en una reacción circular primaria. Son esencialmente
conservadoras y asimiladoras, porque prolongan sin más las reacciones primarias y, si se exterioriza sobre el
resultado material de los actos, obedece a que este resultado es función de una actividad asimiladora cada
vez más rica.

Lucienne se encuentra en su cuna. Piaget sacude el techo de la cuna una o dos veces sin que ella lo vea.
Mira con gran interés y muy seria, procede a sacudir el techo durante largo tiempo seguido, mediante
sacudidas bruscas y claramente intencionales. Más tarde Piaget encuentra a Lucienne dedicada a mover la
cubierta espontáneamente. Sonríe sola, ante este espectáculo.

La acomodación específica de la reacción circular secundaria: el niño intenta encontrar de nuevo los
movimientos que conducen al resultado observado. El niño comienza por intentar asimilar este nuevo
resultado limitándose a mirarlo, etc. (esquemas primarios) Luego, tan pronto cono ha descubierto,
mediante asimilación recíproca de los esquemas, que este resultado depende de su actividad manual,
intenta reproducirlo por asimilación a esta actividad. Esta acomodación, sin preceder a la asimilación ni
calcarla simplemente, consiste en completarla en el momento en que se constituye un nuevo esquema: la
acomodación es la fijación querida y sistemática de las diferenciaciones impuestas por las nuevas
realidades que surgen al azar.

Anuncian la adaptación inteligente. No constituyen actos completos de inteligencia porque las reacciones
utilizadas por el niño fueron descubiertas fortuitamente y o con el objetivo de resolver un problema y
porque la única necesidad en cuestión es la necesidad de repetición.

Estos procesos explican que toda asimilación reproductora de un espectáculo alejado produce una
elaboración activa de relaciones: la acción deja de ser simple para introducir un inicio de diferenciación
entre medios y fines, y la asimilación de las cosas al to se convierte en construcción de relaciones entre las
cosas.
La asimilación característica de la reacción circular secundaria es el desarrollo de la asimilación actuando
en las reacciones primarias: del mismo modo que, en el universo primitivo del niño, todo es algo
dispuesto para ser chupado, mirado, escuchado o tocado, igualmente todo se convierte paulatinamente
en algo para ser sacudido, balanceado, frotado, etc.

Durante el estadio de las puras reacciones primarias, la acomodación permanecía relativamente subordinada
a la asimilación: chupar, mirar asir, consistía sin más en incorporar los objetos percibidos en los esquemas
correspondientes de asimilación, sin perjuicio de acomodar estos esquemas a la diversidad de las cosas.
Los esquemas característicos de los reflejos ya han sido elaborados hereditariamente, la conducta refleja
consiste en asimilar el dato dado a estos esquemas y acomodarlos a lo real mediante un simple ejercicio,
sin transformarlos.

Noción de objeto: el niño sabe en lo sucesivo asir os objetos que ve, colocar ante su vista los que toca,

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etc. Y esta coordinación entre la visión y la prensión denota un progreso notable en la solidificación del
mundo exterior: al actuar sobre las cosas, las considera resistentes y permanentes en la medida que
prolongan su acción. Pero en la medida en que los objetos salen del campo de la percepción y de la acción
directa del niño, éste no reacciona y no se dedica a buscarlo.

Noción de espacio: las acciones ejercidas sobre las cosas por el niño producen el efecto de constituir una
percepción de sistemas de desplazamiento susceptibles de regresar a su punto de partida. Hay
coordinación entre diversos espacios prácticos entre sí. Pero los grupos siguen siendo subjetivos, tal que el
niño no tiene en cuenta las relaciones espaciales de los objetos entre sí.

Causalidad mágica-fenomenista: egocentrismo.

Organización: es el aspecto interior del funcionamiento de los esquemas al que la asimilación tiende a
reducir al medio exterior. Cada esquema o conjunto de esquemas consisten en una totalidad. En la medida
en que estas totalidades no están enteramente realizadas, pero se encuentran en vías de elaboración,
implican una diferenciación entre medios y fines. La organización de estas totalidades representa un
progreso respecto de la de los esquemas primarios, en el sentido en que los medios comienzan a
diferenciarse de los fines.

La existencia de la asimilación reconocedora está preparada por la asimilación reproductora característica


de la reacción circular secundaria. La asimilación reproductora produce de golpe la formación de un
reconocimiento sensoriomotor, primero porque el hecho de encontrar un resultado interesante acarrea un
reconocimiento cada vez más preciso, y segundo porque una vez constituido el esquema es reactivado
por cada nuevo contacto con los objetos en relación con los cuales nació.

Asimilar un cuadro sensorial o un objeto, bien sea mediante asimilación simple, reconocedora o
generalizadora, equivale a insertarlo en un sistema de esquemas, atribuirle una significación.
El niño del presente estadio trata la cosa desconocida de entrada como un objeto familiar y la utiliza sin
más con vistas a ejercitar con ella sus esquemas habituales. Se tiene la impresión de que el niño busca
ejercitar sus esquemas secundarios por pura asimilación funcional. Hay una mera generalización de los
esquemas secundarios.

Se trate de reacciones circulares secundarias, o de gestos de asimilación reconocedora, o de


generalización de los esquemas en presencia de objetos nuevos o de espectáculos a prolongar, en todos
estos casos el comportamiento del niño consiste en repetir lo que acaba de hacer o lo que está
acostumbrado a hacer. La acción ejecutada por el niño consiste siempre en una acción global y única, de
una sola dirección y caracterizada por un único esquema.
Podemos distinguir ya en una acción unos medios y fines, pero son inseparables unos de los otros, y, por
consiguiente, están dados en un mismo todo.

Cuarto estadio: la coordinación de los esquemas secundarios y su aplicación en nuevas situaciones

Su criterio de aparición reside en la coordinación de esquemas secundarios entre sí. Soltar para agarrar,
utilización de intermediarios y apartar obstáculos. Para que dos esquemas se encuentren coordinados en
un acto único, es necesario que el sujeto se proponga alcanzar un objetivo no directamente accesible y
ponga en la tarea, con esta intención, unos esquemas hasta ese momento relativos a otras situaciones.
Al coordinar los esquemas se constituyen los instrumentos de su inteligencia.

Las conductas características de este estadio presentan una unidad real. Coordinación de los esquemas
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entre sí y adaptación al objeto: tales son sus características constantes, y estos dos caracteres resultan
complementarios. La aplicación de los medios conocidos las nuevas situaciones se definenpor la
coordinación de dos grupos de esquemas, de los cuales unos sirven de fines y los otros de medios. Los
indicios característicos de este estadio permiten una previsión que comienza a desprenderse de la propia
acción.

El niño ya no busca solamente repetir o prolongar un efecto que ha descubierto por azar, sino que
prosigue un objetivo no inmediatamente accesible e intenta alcanzarlo gracias a diferentes medios
intermediarios. Estos medios son siempre esquemas ya conocidos. El sujeto persigue un fin distante,
adapta el esquema conocido al detalle de esta situación y lo eleva al rango de medio auténtico. Actúa
siempre bajo la presión de los hechos percibidos, o como prolongación de una reacción anterior reciente.

La reacción circular no tiene otro objetivo que el de reproducir un resultado obtenido anteriormente, o que
acaba de ser descubierto por azar. En este estadio hay intención, conciencia de un deseo. El objetivo se
establece sin haber sido alcanzado previamente. Los comportamientos de este estadio tienen dos
características nuevas: el primero reside en la situación en la que se persigue al objetivo, la manera en que
el sujeto se lo asigna a sí mismo y el segundo, en la naturaleza de los medios empleados: se diferencian en
adelante enteramente del objetivo mismo, consistiendo el comportamiento del niño en una coordinación
de dos esquemas independientes.
La adaptación es siempre doble, ya que implica una relación entre dos actos de asimilación, al menos.
La coordinación de los medios a los fines implica siempre una asimilación recíproca de los esquemas en
presencia. La coordinación de los esquemas secundarios, sus disociaciones y sus reagrupamientos,
originan un sistema de esquemas móviles.

La acomodación característica del cuarto estadio simplemente prolonga la de los precedentes. La


acomodación no progresa más que en función de la coordinación de los esquemas. El niño no pretende
alcanzar un objetivo nuevo relativo al objeto ni descubrir un nuevo procedimiento: se limita a coordinar
dos esquemas entre sí.
La acomodación de este estadio es más refinada que la de los esquemas estudiados hasta aquí, puesto
que el esquema móvil se aplica a las relaciones entre las cosas exteriores y ya no solamente a las cosas en
su único vínculo con la actividad.

La gran enseñanza de las conductas de este estadio reside en que la coordinación de los esquemas es
correlativa a su diferenciación, la organización se opera mediante reagrupamientos y disociaciones
complementarias. Rechazar el obstáculo para alcanza el objetivo supone una coordinación entre el
esquema de golpear y coger.

Una operación tan compleja como la de coordinación de los esquemas móviles implica un ejercicio de
asimilación reconocedora tanto como el de la asimilación reproductora o generalizadora.

El hecho de que la previsión llegue a ser independiente de la acción es completamente natural, ya que la
constitución de los esquemas móviles y su coordinación atestiguan el poder que adquiere el niño para
disociar los conjuntos hasta ese momento globales y para combinar de nuevo sus elementos.

Las conductas del cuarto tipo testimonian una diferenciación más profunda entre la previsión y la acción.
La aplicación de los esquemas conocidos supone la previsión, la utilización de los indicios. No hay todavía
deducción, porque no hay representación.

Piaget presenta un cascabel a Laurent detrás de un cojín. Laurent golpea el cojín y seguidamente lo

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mantiene bajado con una mano, mientras coge el objetivo con la otra. Piaget coloca su mano, tapando el
cascabel, y Laurent repite la acción de correr su mano y con la otra tomar el cascabel.

Laurent sostiene un sonajero con el que jugaba hace unos segundos. Piaget le ofrece una muñeca que
intenta coger inmediatamente con las dos manos. La sujeta con la mano izquierda al tiempo que conserva
el sonajero en la derecha, luego aproxima sus manos con el deseo manifiesto de tener únicamente la
muñeca: permanece indeciso, mirando alternativamente los dos objetos, y no llega a soltar el sonajero.
Unos días después, Laurent tiene en su mano una caja y Piaget le ofrece su cadena de reloj. Deposita
entonces la caja sobre sus mantas para apoderarse de la cadena. Este gesto es nuevo.

Jaqueline coge la mano de Piaget, la aplica junto a una muñeca que canta y que no conseguía accionar por
sí misma, y ejerce una presión sobre su dedo índice para que haga lo necesario (la misma reacción tres
veces seguidas).

Noción de objeto: llega a ser capaz de buscar los objetos desaparecidos y de otorgarles un comienzo de
consistencia independiente del yo. Significa pensar al objeto en sus relaciones con las cosas en la actualidad
percibidas y no solamente en sus relaciones con la propia acción.
Hay una búsqueda activa del objeto desaparecido, pero sin tener en cuenta los desplazamientos sucesivos.
El objeto es una cosa “a disposición” allí donde se consumó la acción de encontrarlo (reacción típica de
esta fase). Hay un fuerte egocentrismo porque todavía no se logra independizar el objeto de mi propia
acción, el objeto es lo que yo hago con él.

Noción del campo espacial: con la coordinación de esquemas se inicia la puesta en relaciones espaciales
con los mismos cuerpos entre sí, es decir, la constitución de un espacio objetivo. El sujeto comienza a
descubrir que existe un contacto espacial entre la causa y el efecto y que de ese modo cualquier objeto
puede ser fuente de actividad. Las series temporales comienzan a ordenarse en función de la sucesión de
los acontecimientos y ya no solamente de las acciones.

La acción ya no funciona por repetición, coordinación de esquemas secundarios.


Intencionalidad en las acciones según los deseos.

Doble progreso: en la movilidad y en la aplicación de los esquemas.


Limitación del estadio: ni invención, ni descubrimiento de medios.

Quinto estadio: reacción circular terciaria y el descubrimiento de los nuevos medios mediante
experimentación activa.

Se caracteriza por la elaboración de nuevos esquemas debidos a una serie de experimentación o de


búsqueda de la novedad en cuanto tal. Se reconoce en la aparición de un tipo superior de coordinación de
los esquemas: la coordinación dirigida a través de la búsqueda de medios nuevos.

Reacción circular terciaria: Deriva de las reacciones secundarias y de las exploraciones que estas últimas
originan. La diferencia reside en que, en las reacciones terciarias, el nuevo efecto obtenido fortuitamente
no solo es repetido, sino modificado con la finalidad de estudiar su naturaleza. En las reacciones circulares
anteriores, la acomodación hacía al sujeto reencontrarse con la novedad. En la reacción circular terciaria no
hay causalidad mágico-fenomenista. Hay un intento de reencontrarse con la novedad y también de
comprenderla. La diferenciación de la que nace ya no es impuesta por el medio, sino, aceptada y deseada
por sí misma.
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En el desarrollo de las reacciones circulares secundarias, el niño gradúa continuamente sus efectos: sacude
más o menos su cuna, tira con mayor o menor fuerza de los cordones suspendidos, etc. Por el contrario, en
las reacciones circulares terciarias, el niño no sabe lo que ocurrirá e intenta rastrear fenómenos nuevos,
desconocidos.

Es un esfuerzo por conservar las novedades y fijarlas mediante asimilación reproductora. La novedad nace de
la asimilación misma.

Esta reacción conduce a actos completos de inteligencia. El niño se adapta por primera vez a situaciones
desconocidas. El fenómeno nuevo no sólo es producido, sino también modificado para poder
comprenderse mejor.
La coordinación de los esquemas viene acompañada de acomodación intencional y diferenciada en las
nuevas circunstancias, podemos decir que el mecanismo de la inteligencia empírica está constituido
definitivamente: a partir de ahora el niño es capaz de resolver los nuevos problemas, y si la solución de
estos problemas no se encuentra todavía mediante representación, queda asegurada en todos los casos
gracias al juego combinado de la búsqueda experimental y de la coordinación de los esquemas.

Estas reacciones circulares terciarias son las que llevarán al niño a unos actos completos de inteligencia, a
los que llamaremos <descubrimiento de nuevos medios mediante experimentación activa>. Los actos de
inteligencia hasta aquí no han consistido más que en una aplicación de los medios conocidos a las nuevas
situaciones.

- Búsqueda activa de la novedad.


- Experiencia para ver qué pasa
- Tanteos por acumulación (ensayo y error)
- Proceso de acomodación progresiva.

Una vez organizada la asimilación mediante esquemas móviles, el niño presenta dos tendencias
importantes. Por una parte, se interesa cada vez más en el resultado exterior de los actos, porque este
resultado, impuesto al principio por el medio exterior, diferencia progresivamente los esquemas
secundarios. Y, por otra parte, el niño se esfuerza por hacer entrar todos los objetos nuevos en los
esquemas ya adquiridos, y este esfuerzo constante de asimilación le conduce a descubrir la resistencia de
ciertos objetos. Es entonces cuando la acomodación reviste un interés por sí misma y se diferencia de la
asimilación para convertirse en su complementaria.

El procedimiento de acomodación consiste en el tanteo, un tanteo acumulativo, en el transcurso del cual


cada nuevo intento es dirigido por los precedentes. Los intentos sucesivos son asimilados unos a otros en
su desarrollo ulterior. La reacción terciaria es indudablemente una reacción circular. El tanteo, en el que
consiste la acomodación de los esquemas anteriores, es acumulativo, cada intento sucesivo constituye un
esquema de asimilación respecto de los siguientes.

Al tiempo que es dirigida u orientada por los esquemas anteriores de asimilación, la acomodación los
modera, los diferencia y precede así a un nuevo esfuerzo de asimilación.

La acomodación es necesariamente el reajuste a las circunstancias nuevas de los esquemas anteriores ya


constituidos. En este sentido es en el que está dirigida por la asimilación: está dirigida por el esquema que
asigna un objetivo a la acción actual, así como ciertos esquemas que sirven de medios, y que la
acomodación diferenciará. La acomodación opera mediante la reacción circular terciaria.
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La acomodación se diferencia de la asimilación dirigiéndola en cada instante, mientras que, en las
reacciones circulares secundarias, es el esfuerzo de asimilación el que rige y precede a la acomodación.

Conclusión: las conductas características de la inteligencia sensoriomotriz pueden repartirse en dos


grandes grupos. Están, en primer lugar, aquellas cuyo objetivo es impuesto en cierto modo por el medio
exterior. Tales son las reacciones circulares, secundarias o terciarias, que consisten en repetir sin más o
en hacer variar un resultado interesante obtenido por azar. Un dato exterior se impone sin haber sido
elegido y exige ser asimilado por el sujeto. Estas conductas constituyen unos comportamientos
inteligentes, ya que se trata en todo momento de ajustar medios a fines. Pero son inteligentes en grados
diversos. Podemos decir que un acto es tanto más inteligente cuanto mayor sea el número de esquemas
que subsume y cuantas más dificultades tengan éstos para coordinarse unos con otros. La operación que
exige menos inteligencia es la de la reacción circular secundaria: volver a encontrar sin más los medios
que permitieron obtener un resultado importante. La búsqueda inteligente consiste no en coordinar estos
esquemas, sino en elegir convenientemente entre ellos.

Un segundo grupo de comportamientos inteligentes está constituido por las conductas cuya meta ha
surgido por el contrario de una intención espontánea del mismo sujeto. El acto de inteligencia lo
constituye la subordinación de los medios a la finalidad. Es preciso distinguir el esquema principal que, al
asimilar los datos, fija un objetivo a la acción, y los esquemas secundarios que constituyen los medios y se
coordinan con el primero.

Este segundo grupo de conductas inteligentes incluye tres tipos muy distintos: la aplicación de los medios
conocidos a las nuevas situaciones, el descubrimiento de los nuevos medios mediante experimentación
activa y la invención de nuevos medios mediante combinación mental.

La asimilación y la acomodación comienzan a diferenciarse verdaderamente sólo en el nivel de las


reacciones circulares terciarias. En los primeros hábitos, los dos términos permanecen relativamente
indiferenciados: todo esfuerzo de asimilación es al mismo tiempo esfuerzo de acomodación. Con la
reacción circular secundaria aparece un nuevo hecho: el interés por el resultado exterior de los actos.
Este interés señala un proceso en la vía de la diferenciación, ya que el resultado exterior de los actos, al
acudir a diferenciar los esquemas primitivos, los constriñe así a una acomodación incesante. Pero esta
acomodación es todavía impuesta y no buscada por sí misma. En cambio, con la reacción circular
terciaria, la acomodación se convierte en un fin en sí, que prolonga las asimilaciones anteriores (el
sujeto jamás acomoda sino los esquemas ya constituidos), pero que precede a nuevas asimilaciones y
diferencia así intencionalmente los esquemas de los que ha surgido: es entonces cuando la experiencia
comienza a constituirse, y se distingue de la mera utilización de lo real con vistas a alimentar el
funcionamiento interno. La acomodación de tanteo se pone en busca de nuevos medios y desemboca
en la constitución de nuevos esquemas susceptibles de coordinarse con los antiguos.

En el quinto estadio la representación no se libera todavía de la percepción.

Noción de objeto permanente


Se alcanza la permanencia ante desplazamientos sucesivos y visibles. La limitación se presenta ante
desplazamientos no visibles. Una acomodación a las cosas, unida a la coordinación de los esquemas ya
adquirida durante el estadio anterior, produce el efecto de separar definitivamente el objeto de la
actividad propia al tiempo que le inserta en unos grupos espaciales coherentes, así como en unas series
causales y temporales independientes del yo.

Noción del campo espacial.


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El espacio como campo en el que se desplazan los objetos en relación con los otros. Se organiza y
experimenta el equilibrio El contenido-continente, la causalidad externa. Las limitaciones son representar
las relaciones entre objetos y asumirse a sí mismo como un objeto.

Sexto estadio: la invención de nuevos medios por combinación mental

Con la reacción circular secundaria, nos situamos en plena adquisición: unos esquemas nuevos se
construyen mediante asimilación reproductora y acomodación combinadas. Con la reacción circular
terciaria y el descubrimiento de los nuevos medios mediante aprendizaje, nos encontramos nuevamente
en el período de adquisición, pero, la misma complejidad de la adquisición implica una intervención
constante de todo lo adquirido anteriormente. Con la invención mediante combinación mental, podemos
hablar de un nuevo proceso de aplicación, ya que toda invención supone una combinación mental de
esquemas ya elaborados.

Piaget pone una cadena dentro de una caja de fósforos, dejando una ranura de 3mm abierta. Lucienne
ignora el funcionamiento de cerrar y abrir la caja y no lo ha visto preparar la experiencia. Ella se encuentra
en posesión de dos esquemas precedentes: volcar la caja para vaciarla de su contenido y deslizar su dedo
por la ranura para alcanzar la cadena. Intenta alcanzar la cadena mediante estos procedimientos, pero
falla completamente. Sigue una interrupción, durante la cual Lucienne testimonia no sólo el hecho de que
intenta pensar la situación y representarse mediante combinación mental las operaciones que ha de
ejecutar, sino también el papel que desempeña la imitación en la génesis de las representaciones.

Lucienne mira la ranura con gran atención, luego, varias veces seguidas, abre y cierra su boca. Lucienne
comprende la existencia de una cavidad subyacente a la ranura, y desea agrandarla. Inmediatamente
después de esta fase de reflexión plástica, Lucienne introduce sin vacilar su dedo en la ranura y en lugar de
pretender alcanzar la cadena, tira hacia sí de manera que consigue ampliar la abertura: lo consigue y se
apodera de la cadena.

El niño se encuentra en una situación nueva, que los objetos que surgen entre sus intenciones y la
consecución de la finalidad exigen una adaptación imprevista y particular: es preciso encontrar medios
adecuados. Estos medios no pueden reducirse sin más a los procedimientos anteriormente adquiridos en
otras circunstancias. Es necesario innovar. Las presentes conductas no parecen ya operar mediante tanteo
ni aprendizaje, sino más bien mediante una repentina invención que el niño prevé, antes de ensayarlas, qué
maniobras fallarán y cuáles tendrán éxito.
El procedimiento resulta de una combinación mental original y no de una combinación de movimientos
efectivamente ejecutados en cada etapa de la operación.

En adelante habrá invención y no solamente descubrimiento; habrá, por otra parte, representación y no
solamente tanteo sensoriomotor. Estos dos aspectos de la inteligencia sistemática son interdependientes:
inventar significa combinar unos esquemas mentales, es decir, representativos, y, para convertirse en
mentales, los esquemas sensoriomotores deben ser susceptibles de combinarse entre sí de todas las
maneras, es decir, poder originar unas auténticas invenciones.

La acomodación opera diferenciando los esquemas precedentes en función de la situación actual, pero
esta diferenciación, en lugar de operar mediante tanteo efectivo y asimilación acumulativa, resulta de una
asimilación espontánea, por consiguiente, más rápida y que actúa mediante intentos meramente
representativos. En lugar de explorar la ranura con el dedo, y de tantear hasta descubrir el procedimiento
consistente en tirar hacia sí la para para ensanchar la abertura, el niño se contenta con mirarla.

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Esta experiencia mental es un proceso esencialmente constructivo, cuya representación no es más que un
subalterno simbólico, puesto que hay auténtica invención y jamás ha percibido una realidad idéntica a la
que está elaborando.

La novedad del caso de la invención consiste en que los esquemas que entran en acción permanecen en el
estado de actividad latente y se combinan unos con otros antes de su aplicación exterior y material. A ello
se debe el que la invención parezca salir de la nada; el acto que surge de pronto resulta de una asimilación
recíproca previa.

La invención mediante deducción sensoriomotriz no es más qua una reorganización espontánea de los
esquemas anteriores, que se acomodan a su vez a la nueva situación, mediante asimilación recíproca. El
tanteo empírico incluido, los esquemas anteriores no han funcionado jamás más que a un ejercicio real,
aplicándose efectivamente a un dato concretamente percibido. Los esquemas anteriores intervienen para
prestar una significación a estos acontecimientos, pero no intervienen más que cuando un dato
concretamente percibido les excita y les hace funcionar. En cambio, en la deducción preventiva, los
esquemas funcionan por sí mismos interiormente, sin que haya necesidad de una serie de actos externos
para alimentarlos sin cesar desde fuera. Se requiere que un problema sea planteado por los mismos
hechos, y que este problema suscite el empleo de un esquema sensoriomotor que sirva de medio inicial.

Gracias a la representación, la asimilación recíproca puede permanecer interna en lugar de originar de


entrada unos tanteos empíricos. La representación es una novedad esencial en la constitución de las
conductas del presente estadio: diferencia estas conductas de los estadios anteriores.

La imagen no acompaña de entrada al movimiento, un término intermediario debe poder explicar el


tránsito de lo motor a lo representativo y la imagen debe en cierto modo representarse antes de ser
pensada. Este intermediario es la imitación.

Noción de objeto
Se libera definitivamente tanto de la percepción como de la propia acción para obedecer a leyes de
desplazamiento autónomas.

Noción de espacio
Estable, homogéneo e independiente de la propia acción. Se evidencia en los rodeos y en la orientación del
sujeto en el espacio.

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