1.
A partir de la lectura de Oscar Oszlak, piensen en los “atributos de estatidad” y busquen ejemplos para cada
uno. ¿Dónde podemos ver esas cuatro capacidades hoy?
2. ¿Cuáles fueron el conjunto de “penetraciones” que, según Oszlak, permiten explicar la imposición del orden y
la institucionalización del Estado nacional en el período 1861-1880?
3. A partir de la lectura de la introducción de Beatriz Bragoni y Eduardo Míguez, identifiquen los puntos de crítica hacia
el planteo de Oszlak
OSZLAK, OSCAR
“LA FORMACIÓN DEL ESTADO ARGENTINO”
EDITORIAL PLANETA, BUENOS AIRES, 1997
CAPÍTULO 1: LINEAMIENTOS CONCEPTUALES E HISTÓRICOS
1. LINEAMIENTOS CONCEPTUALES E HISTÓRICOS
Estado, Nación, Estado nacional: Algunas apreciaciones
La formación del Estado es un aspecto constitutivo del proceso de construcción social. De un proceso en el cual se van
definiendo los diferentes planos y componentes que estructuran la vida social organizada. Elementos tan variados como
el desarrollo relativo de las fuerzas productivas, los recursos naturales disponibles, el tipo de relaciones de producción
establecidas, la estructura de clases resultante o la inserción de la sociedad en la trama de relaciones económicas
internacionales, contribuyen en diverso grado a su conformación. este orden social es el patrón resultante de los
problemas y desafíos que el propio proceso de construcción social encuentra en su desarrollo histórico, así como de las
posiciones adoptadas y recursos movilizados por los diferentes actores incluido el Estado para resolverlos.
Dentro de este proceso de construcción social, la conformación del Estado nacional supone a la vez la conformación de la
instancia política que articula la dominación en la sociedad, y la materialización de esa instancia en un conjunto
interdependiente de instituciones que permiten su ejercicio. La existencia del Estado se verificaría entonces a partir del
desarrollo de un conjunto de atributos que definen la "estatidad" -la condición de "ser Estado"-, es decir, el surgimiento
de una instancia de organización del poder y de ejercicio de la dominación política. El Estado es, de este modo, relación
social y aparato institucional.
la estatidad supone la adquisición por parte de esta entidad en formación, de una serie de propiedades: 1) capacidad de
externalizar su poder, obteniendo reconocimiento como unidad soberana dentro de un sistema de relaciones
interestatales; 2) capacidad de institucionalizar su autoridad, imponiendo una estructura de relaciones de poder que
garantice su monopolio sobre los medios organizados de coerción; 3) capacidad de diferenciar su control, a través de la
creación de un conjunto funcionalmente diferenciado de instituciones públicas con reconocida legitimidad para extraer
establemente recursos de la sociedad civil, con cierto grado de profesionalización de sus funcionarios y cierta medida de
control centralizado sobre sus variadas actividades; y 4) capacidad de internalizar una identidad colectiva, mediante la
emisión de símbolos que refuerzan sentimientos de pertenencia y solidaridad social y permiten, en consecuencia, el
control ideológico como mecanismo de dominación.
Conviene aclarar que estos atributos no definen a cualquier tipo de Estado sino a un Estado nacional. El surgimiento del
Estado nacional es el resultado de un proceso de lucha por la redefinición del marco institucional considerado apropiado
para el desenvolvimiento de la vida social organizada. El doble carácter del Estado - abstracto y material a la vez-
encuentra un cierto paralelismo en el concepto de nación, la idea de nación también se conjugan elementos materiales e
ideales. Los primeros se vinculan con el desarrollo de intereses resultantes de la diferenciación e integración de la
actividad económica dentro de un espacio territorialmente delimitado. Los segundos implican la difusión de símbolos,
valores y sentimientos de pertenencia a una comunidad diferenciada por tradiciones, etnias, lenguaje y otros factores de
integración, que configuran una identidad colectiva, una personalidad común que encuentra expresión en el desarrollo
histórico. La existencia del Estado presupone entonces la presencia de condiciones materiales que posibiliten la
expansión e integración del espacio económico (mercado) y la movilización de agentes sociales en el sentido de instituir
relaciones de producción e intercambio crecientemente complejas mediante el control y empleo de recursos de
dominación.
La formación del Estado nacional es el resultado de un proceso convergente, aunque no unívoco, de constitución de una
nación y un sistema de dominación. La constitución de la nación supone en un plano material- el surgimiento y desarrollo,
dentro de un ámbito territorialmente delimitado, de intereses diferenciados generadores de relaciones sociales
capitalistas; y en un plano ideal, la creación de símbolos y valores generadores de sentimiento de pertenencia que -para
usar la feliz imagen de O'Donnell- tienden un arco de solidaridades por encima de los variados y antagónicos intereses de
la sociedad civil enmarcada por la nación.
La ampliación del aparato estatal implica la apropiación y conversión de intereses "civiles", "comunes", en objeto de su
actividad, pero revestidos entonces de la legitimidad que le otorga su contraposición a la sociedad como interés general.
Además, este proceso conlleva –como contraparte material- la apropiación de los recursos que consolidarán las bases de
dominación del Estado y exteriorizarán, en instituciones y decisiones concretas, su presencia material. La expansión del
aparato estatal deriva entonces del creciente involucramiento de sus instituciones en áreas problemáticas (o
"cuestiones") de la sociedad, frente a las que adoptan posiciones respaldadas por recursos de dominación.
El grado de consenso o coerción implícito en estos actos de apropiación depende de la particular combinación de fuerzas
sociales que los enmarcan. Pero en todo caso, siempre se hallan respaldados por alguna forma de legitimidad, derivada
del papel que el Estado cumple como articulador de relaciones sociales, como garante de un orden social que su actividad
tiende a reproducir.
EMANCIPACIÓN, ORGANIZACIÓN Y ESTADOS NACIONALES EN AMÉRICA LATINA
El proceso de emancipación constituye un punto común de arranque en la experiencia nacional de América
Latina, pero el acto de ruptura con el poder imperial no significó la automática suplantación del Estado colonial por un
Estado nacional. Ello se debió a que en su origen, la mayoría de los movimientos emancipadores tuvieron un carácter
municipal, limitados generalmente a la localidad de residencia de las autoridades coloniales, en la medida en que
consiguieron suscitar apoyos, se fueron extendiendo hasta adquirir un carácter nacional. La efectividad del sistema de
poder estructurado -o sea, la concreta posibilidad de constitución de un Estadodependió fundamentalmente del grado de
articulación logrado entre los intereses rurales y urbanos, lo cual a su vez estuvo relacionado con las condiciones
existentes para la integración económica del espacio territorial.
En casos como los de la Argentina o Colombia, la precariedad de las economías regionales, la extensión territorial, las
dificultades de comunicación y transporte, el desmantelamiento del aparato burocrático colonial y las prolongadas luchas
civiles que reflejaban la falta de predominio de una región o de un sector de la sociedad sobre los otros, demoraron por
muchos años el momento en que tal amalgama se produciría.
CUESTIONES CENTRALES EN LA ETAPA FORMATIVA DEL ESTADO
La extraordinaria expansión del comercio mundial y la disponibilidad e internacionalización del flujo de capitales
financieros, abrieron en América Latina nuevas oportunidades de inversión y diversificación de la actividad productiva e
intermediadora. Para los sectores económicos dominantes que encontraban en la apertura hacia el exterior creciente
terreno de convergencia para la homogeneización de sus intereses, la superación de tales restricciones pasaba por la
institución de un orden estable y la promoción de un conjunto de actividades destinadas a favorecer el proceso de
acumulación. "Orden y progreso", la clásica fórmula del credo positivista, condensaba así las preocupaciones centrales de
una época: aquella en la que comenzaban a difundirse en América Latina relaciones de producción capitalista.
La cuestión del "orden", suscitada y privilegiada por sectores dominantes de la sociedad que al mismo tiempo estaban
definiendo el carácter de su inserción en la nueva estructura de relaciones sociales, acaparó la atención y recursos del
Estado nacional desde el momento de su constitución. "Resolverla" representaba para el Estado una condición básica de
su supervivencia y consolidación. la cuestión del "progreso" surgió como contracara del "orden", como su natural
corolario. La fórmula que las reunía señalaba un orden de prelación que adquiría el carácter de condición necesaria para
la plena realización de sus dos términos. Orden y progreso, pero primero orden, luego progreso.
La coexistencia de ambas cuestiones en la agenda de las sociedades latinoamericanas de la segunda mitad del siglo
pasado planteaba no pocas contradicciones desde el punto de vista de las instituciones estatales. Un Estado capaz de
imponer el orden y promover el progreso era, casi por definición, un Estado que había adquirido como atributos la
capacidad de institucionalizar su autoridad, diferenciar su control e internalizar una identidad colectiva. Ello suponía un
grado de "presencia" en estos diversos planos que la precariedad de los nuevos estados no estaba en condiciones de
institucionalizar. Asignar sus escasos recursos al "orden" restaba posibilidades de facilitar el "progreso", con lo cual su
legitimación tendía a fundarse en la coacción, resintiéndose su viabilidad institucional. Pero por otra parte, imponer
"orden", efectivizarlo, creaba condiciones materiales para impulsar el progreso, libraba recursos para su promoción,
aumentaba la capacidad extractiva y viabilidad del Estado y tendía a fundar su legitimación en su condición de agente
fundamental del desarrollo de relaciones sociales capitalistas.
Las observaciones efectuadas sugieren que los estados latinoamericanos, en su etapa formativa, fueron desarrollando
sucesivamente sus aparatos de represión, de regulación y de acumulación de capital social básico.
Sus cristalizaciones institucionales –en forma de legislación, organismos públicos, mecanismos administrativos y pautas
de asignación de recursos- reflejaron las diversas combinaciones a través de las cuales el Estado procuró resolver los
problemas del "orden" y el "progreso".
CUESTIONES DOMINANTES EN LA ETAPA DE CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO
Los sucesivos sinónimos del "orden y progreso" no serían más que eufemísticas versiones del tipo de condiciones que
aparecen como necesarias para la vigencia de un orden social que ve amenazada su continuidad por las mismas tensiones
y antagonismos que genera. Pero su utilización en el discurso político está expresando, además de su necesidad, el
carácter recurrentemente problemático que tiene el mantenimiento de estas condiciones. Por eso, no parece desatinado
erigirlas en cuestiones sociales dominantes también durante la etapa de consolidación de los estados nacionales en
América Latina.