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Tenavacio Cap 6

El documento analiza la crisis política en Buenos Aires tras la Constitución de 1826, destacando la polarización entre facciones y la creciente violencia en el proceso electoral. Las elecciones de 1827 y 1828 reflejan un clima de manipulación y coacción, erosionando la legitimidad del sufragio y culminando en la revolución de 1828 liderada por el general Lavallé, que cuestionó la corrupción del gobierno de Dorrego. Este contexto marcó un cambio significativo en la relación entre guerra y política, donde la legalidad electoral se vio comprometida por prácticas pactistas y facciosas.

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Tenavacio Cap 6

El documento analiza la crisis política en Buenos Aires tras la Constitución de 1826, destacando la polarización entre facciones y la creciente violencia en el proceso electoral. Las elecciones de 1827 y 1828 reflejan un clima de manipulación y coacción, erosionando la legitimidad del sufragio y culminando en la revolución de 1828 liderada por el general Lavallé, que cuestionó la corrupción del gobierno de Dorrego. Este contexto marcó un cambio significativo en la relación entre guerra y política, donde la legalidad electoral se vio comprometida por prácticas pactistas y facciosas.

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Unid Ternavasio 6.

guerra y política: entre la legalidad electoral y la practica pactista

La Constitución de 1826, sancionada en un contexto absolutamente desfavorable —guerra civil en el interior y guerra
contra el Brasil- marcó la crisis maga Congreso y con ella la de parte de un grupa dirigente que, poda a poco, quedó
aislado de la escena política rio platense.!* La renuncia de Rivadavia a la presidencia fue seguida por la restitución de la
provincia de Buenos Aires a su antigua jurisdicción, decretándose la reinstalación de la Junta de Representantes por orden
del presidente provisorio, Vicente López y Plades. Las elecciones realizadas en julio de 1827 para formar nueva ala, dieron
el triunfo a la vieja oposición que desde 1824 le disputaba al Partido del Orden su hegemonía en la provincia, aunque es
preciso advertir que ni éste ni aquélla eran los mismos que tres años atrás. Las divisiones producidas en el interior de la
elite dirigente a raíz de las discusiones suscitadas en el Congreso que fenecía y, pecialmente, las creadas a partir de la ley
de capitalización, habían profundizado la división facciosa y re alineado a sus miembros según una lógica que combinaba,
dificultosamente, la política facciosa con la de los intereses estrictamente personales. La nueva Legislatura designó
gobernador a Dorrego y pocos días después removió a los diputados por Buenos Aires del Congreso General
Constituyente, dando así el golpe de gracia que culminó con su disolución. Buenos Aires reasumió, nuevamente, la
dirección de la Guerra y Relaciones Exteriores, quedando Dorrego al frente de la conflictiva paz con el Brasil y de la no
menos problemática situación que imperaba internamente en el recién restituido Estado provincial.

¡que había cambiado en el escenario político bonaerense luego de la experiencia vivida en el congreso]’ las elecciones
celebradas 1827 reflejan la dificultad por separa aquello que en la feliz experiencia había logrado deslindarse: el plano de
la política de la lógica de la guerra.

DE LA FELIZ EXPERIENCIA A LA REVOLUCION DECEMBRISTA

El mismo articulo adjudicaba tales circunstancias a una razón, que si bien cosntrirui UN Lugar común en el discurso de la
época, no dejaba DE TENR GUERTE anclaje en una realidad que, indudablemente, había cambiado. EL espíritu de partido o
facción al que aludía el editorial, no representaba un mero giro retórico que recogía los fundamentos de un discurso casi
universal, repetido durante toda la primera mitad del siglo XIX; remitía, además, a la presencia mucho más tangible de
facciones o partidos en el escenario político bonaerense. A diferencia del resto de los periódicos que, en aquella
coyuntura, asumieron una retórica mucho más combativa -sobre todo cuando SE ABOCARON A TRATAR EL TEMA
ELECTORAL SEGURAMENTE A LA LUZ DE LA EXPERIENCIA DEL AÑO 20-QUE LOS COMBATES EN LAS TRIVUNAS, POR
ENCANIZDOS QUE SEAN, SON MENOS TERRIBLES QUE LAS GUERRAS CIVILES”. UNA ADVERTENCIA QUE FUE ESCASAMENTE
ESCUCHADA. mismo artículo adujiste

Efectivamente, las elecciones se realizaron en un clima de creciente tensión. Una lista de tendencia federal aunque
apoyada por ex-miembros del Partido del Orden— obtuvo la mayoría de sufragios. Los partidos, según afirmaba la prensa
periódica, lucharon como nunca antes lo habían hecho en el campó electoral.

Existía un reconocimiento generalizado de que la acción de estos revestía formas muy diferentes que en el pasado.

Indudablemente, la fragmentación en dos campos identitarios-unitarios y federales- después de la reunión del congreso
representaba un clivaje nuevo en el espacio electoral, aunque esto debe ocultar la complejidad de los realineamientos
políticos. Luego del debate de la ley de capitalización se alejaron del Partido del Orden gran parte de sus miembros,
algunos de los cuáles pasaron a las filas ahora llamadas federales e identificadas gÓn la vieja oposición popular al grupo
Rivadavia. En el interior de cada facción, los conflictos y rencillas personales estaba a la orden del día. La Crónica Política y
Literaria de Buenos Aires captó muy bien esta combinación de conflictos personales y facciosos:

La cita demuestra que los miembros de la elite se enfrentaban siguiendo una lógica típica de notables -que suponía
individuos unidos por redes de relaciones sociales más que por coincidencias ideológicas— combinada con una lógica
facciosa, en la que ciertos tópicos o hechos concretos dividían circunstancialmente a aquélla. El debate por la formación
de listas constituía la “manzana de la discordia” dentro de cada partido o facción pudiendo los candidatos emigrar de una
lista a otra, e incluso estar presentes en listas de signo faccioso diferente. Esta-ductilidad atenúa, en parte, la idea de dos
facciones irreconciliables en el espacio político —especialmente en a que en el que se discutían candidaturas- reflejando
uyna realidad en la que laos personajes de cierta notoriedad podrían cambia de posición y negociar si lugar en una lista de
candidatos. Sobre esta ductilidad se expresaba otro periódico de la época:-----

además de las elecciones para restituir la sala, se convoco en sep a nuevos comicios para completar la representación
provincias y en nov del mismo año para designar DOS DISPUTADOS A LA CONVENCION NACIONA QUE DEVIA REUNIRSE EN
SANTA FE. FUE UN AÑO DE FIEBERE ELECTORAL LUEGO DEL IMPASSE SUFRIDO PCON LA SURPESIOND E LAS
INSTITUCIONES PROVINCIALES. EL NUEVO CLIMA VIVIDO EN ESTAS ELECCIONES SE DIFERENCIOP DE AQUEL
PREDOMINANTE ENE LA FELIZ EXPERIENCIA NO SOLO POR LA Exacerbación del espíritu y de facción sino además por la
creciente violencia e intolerancia que impregno los diferentes momentos del acto electoral.

El momento de la deliberación en la que ese deberían yy difundían las listas de candidatos estuvo acompañado por una
prensa facciosa de tono beligerante.

La guerra llevo a debatir, según admitía el mismo periódico, una cuestión política mas compleja: la libertad de prensa; el
corolario de ese debate fue la sanción de la ley de prensa de 1828, que si bvueb no clausuro enteramente la experiencia
liberal anterior, si represento la inauguración de un periodo de transición hacia una prensa controlada por el estado

El nuevo clima de intolerancia reflejado en la prensa periódica formaba parte del mismo proceso que la disputa electoral
se encargaba de actualizar con mucha frecuencia.

. En cada elección se reproducía el debate por las listas de candidatos, que en un clima de creciente faccionalización
agitaba los espíritus de la clase dirigente, trasladándose luego la disputa al momento de la autorización. Allí, los
mecanismos utilizados para difundir las listas y hacer propaganda lectoral, como los que se pusieron en juego en la
conformación de las mesas, la movilización de los votantes y la realización de los eserutinios, expresan elementos nuevos
respecto del primer quinquenio de la década. Por un lado, los estratos inferiores de la pirámide electoral —esto es, grupos
intermedios y su fragantes— comenzaron a expresar signos de una división que, si bien no implicaba la, emergencia de
una dimensión identitaria del voto, encontraba el acto comicial el escenario más propicio para encarnar rituales de
identificación colectiva vinculados a la esfera social y cultural. La forma de ir vestido a votar, donde el frac y la levita
presuponía gf' voto unitario mientras que la chaqueta el voto federal, o las co, signas que los sufragantes proclamaban a
viva voz identificándose, en cada caso, con alguna de las dos facciones (“Viva los federales! Mueran los del frac y la
levital”, “Viva Dorrego, muerzá1 los de casaca! Viva el bajo pueblo!”) Expresan los cambios producidos en el universo de
los votantes.

Por otro lado, una violencia inédita en el ejercicio del sufragio subraya el segundo elemento de transformación en los
comicios; la violencia fue acompañada por una catarata de denuncias respecto de los abusos -de muy diverso signo—
cometidos en el acto de votár.

Partir d e1827 , la discusión giro en torno de nuevos tópicos: la coacción física ejercida por dif tipos de líderes
intermedios. La tensión entre ley y practica electoral y los civios manifiestos en los q momentos de formar la mesa,
controlar el voto y realizar el escrutinio. Todos ellos, al tiempo que obligaban a cuestionar la legalidad del acto, conducían
a erosionar la legitimidad del sufragio.

Este clima de violencia llegó a su máxima expresión en las elecciones realizadas el 4 de mayo de 1828 para renovar los
miembros de la Sala catalogadas como las elecciones más escandalosas de las realizadas desde la revolución, sobresalía el
estado de agitación que invadía el espacio público, ya no sólo en el ámbito de la ciudad sino también en la campaña. Se
denunciaban el ejercicio de la coacción física.

La coacción física podía provenir , de grupos formados sobre la base de lazos y vínculos personales como de s las propias
autoridades dependientes del estado.

En esta discusión se ponía en juego la noción del voto por capacidad, sólo que limitado a quienes formaban parte del
ámbito mili. Se afirmaba, al respecto, que “el soldado aquí no tiene conocimientos, ni sabe lo que es patria, ni sabe lo que
es votar, ni sabe nada; es un autómata que no tiene más movimiento que el que le da la mano del que lo dirige”; y aunque
se reconocía que había “tantos otros autómatas en todas clases” que no estaban excluidos del voto, se justificaba la
distinción en que “aquellos otros autómatas son libres y éstos no lo son, porque están mandados por hombres a quienes
deben obedecer”. El debate culminó con la sanción de la ley ya citada, aunque esto no significó garantizar la eliminación
de las tropas en el acto de sufragar. Las denuncias continuaron apareciendo, junto a otras que ponían de relieve la
inevitabilidad del ejercicio creciente de la coacción en el espacio electoral.

Los vicios que en los dif momentos del proceso electoral fueron denunciados reflejan un clima dif respecto de años
anteriores

En julio de 1827, las elecciones realizadas en el partido de san Nicolás debieron anilñarse por irregularidades--“la crónica
política y literaria de buenos aires describía el conflicto: el motivo de todo esto ha sido la discusión sobre si la votación
debía ser verbal o por papeletas. El cura párroco tomo su defensa manifestando que era costumbre antigua, y que la
costumbre hace a la ley.

La Gaceta Mercantil coincidía en la descripción y apreciación del hecho: la subordinación de la ley a la costumbre no era
más que el producto deta ignorancia y el punto de partida de prácticas inevitablemente viciosas!* El debate, al oponer la
ley escrita a la más tradicional concepción que encontraba en la fuerza de la costumbre la bnica fui para proceder en estos
casos, recuperaba una discusión iniciada con la revolución y aun no saldada: la de los los silencios dejados por la ley,
cubierto; generalmente por prácticas informalmente estatuidas. Otras denuncias ponían de relieve acciones, sin duda,
“mal intencionadas” que recorrían todos los circuitos del proceso eleccionario desde la formación de las mesas, pasadno
por las formas de emisión del voto, hasta finalizar con la realización del escrutinio- esta posibilidad dejaba a todo el
régimen representativo cubierto bajo un manto de sospecha

Las-elecciones del 4 de mayo de 1828 constituyeron, en este sentido, el escenario cio en el que se concentraron todos los
rasgos ya perfilados durante las elecciones de 1827: manipulación, violencia, vicios... todo fue denunciado en ellas.

Apenas concluidas las elecciones, un grupo de 539 ciudadanos escribió una petición que presentaron ala Sala de
Representantes! En ella, luego de denunciar los escándalos producidos en las elecciones, solicitaban que éstas fueran
anuladas. La Sala discutió extensamente el pedido: los argumentos vertidos volvían (revisar las viejas antinomias
planteadas en la crisis del año *20,/Lo que básicamente estaba en debate era si el derecho de petición podía anular la
lógica representativa fundada en el sufragio:

En el debate posterior a las elecciones de 1828 se actualiza ron viejos problema: a la vez que emergieron otros, muy
débilmente planteados en los años precedentes. El nuevo estilo de participación electoral generó seria preocupación en el
interior de los grupos que conformaban la elite dirigente -en contraposición a la imagen de apaña electoral heredada de la
década revolucionaria— presentándose como una seria amenaza para la estabilidad política. Dicha amenaza era mirada, al
menos, desde dos ángulos diferentes. Por uno, desde el que afectaba directamente a los miembros de la elite, derivado de
las crecientes dificultades por acordar listas de candidatos; por el desde la violencia expresada en el momento de la
autorización electoral en el que participaban grupos de muy diversa procedencia. Este último aspecto, sumado al
descreimiento que provocó la implementación de vicios en las elecciones, fue el que condujo a la gente decente según
denunciaba El Tribuno- a retraerse de participar en el sufragio. De hecho, en las elecciones complementarias realizadas en
julio de 1828, los comentaristas coincidieron ex señalar la indiferencia del público porteño frente al evento. “Compárese
esta apatía —decía El Tiempo el 15 de julio de 1828— con el movimiento general del 4 de mayo, y con el que otras veces
se ha observado, y nadie podrá desconocer en lo que consiste la diferencia.”

un mes después, algunos grupos opositores al gobierno de Dorrego decidieron la abstención electoral, mientras otros
grupos, también pertenecientes al sector unitario, criticaron duramente la estrategia.

La pregunta que sobrevolaba el ambiente político era, ¿cómo actuar, desde la oposición, frente a un gobierno que
monopolizaba los resortes del poder político, incluso de aquellos que permitían controlar la sucesión de las autoridades
vía electoral? En este punto ho dejaba de recordarse que durante la feliz experiencia el Ministerio de Gobierno también
había monopolizado los resortes de potter y controlado, hasta donde pudo, la sucesión vía electoral; pero cuando la
oposición le arrebató el triunfo en la ciudad en 1824, aquel gobierno aceptó su derrota y permitió la entrada a la Sala de
estos grupos opositores. En 1827 esto ya no parecía ser posible. Los mecanismos puestos en juego excedían el marco de 1
manipulación denunciada en años anteriores. La violencia y la irrupción electoral se habían instalado como problemas y, al
mismo tiempo, como argumentos de la oposición para avalar la primera ruptura de la legalidad electoral producida luego
de 1891.

Revolución y pacto

El 1 de diciembre de 1828 estallo en bs as una revo militar, liderada por el general levalle y alentada por algunos dirigentes
del unitarismo. El ejército, cient retornadod e la guerra contra el Brasil y disconforme con los términos de la paz que
formo el gobernador Dorrego, se alio al descontento previo de los grupos opositores. El general levalle, en su proclama
inicial, luego de pasar revista por todos los hechos considerados más aberrantes de la administración anterior, se detuvo
especialmente en la consideración del mal funcionamiento del régimen representativo. Las elecciones, viciadas por la
corrupción y la violencia, constituyeron, el eje de su discurso, tendiente a fundamentar la ilegitimidad dé origen del
gobierno derrocado y en consecuencia, la necesidad de intervenir a través de un movimiento que se negaba a llanyarse a
sí mismo revolucionario: “La libertad en las elecciones populares, esta base del sistema representativo, fue
completamente/aniquilada por el gobierno que ha fenecido” a firmada lavallé

la prensa aliada al movimiento no dejo de repetir este argumento mientras prometía la restauración de las instituciones
representativas creada en 1821. Pero hasta que ese momento llegara, la rev decembrista apelo a los viejos mecanismos
representativos para legitimar el nuevo poder. La realización de una asamblea a popular en la iglesia de san francisco
refloto la tradicional practica de la década rev. Julián segundo de agüero presidio la asamblea que designo gobernador al
líder del movimiento

levalle. El voto-consentimiento, por aclamación de una asamblea, estaba en las antípodas del régimen representativo que
el movimiento pretendía restaurar y en cuyo nombre se había derrocado al gobierno de Dorrego..

El problema, en versas , consistiría cono en el pasado, en recestir de legitimidad un acto que nacía rompiendo con la
legalidad lectoral establecida -. Esta legitimidad, considerada provisoria, debía adoptar alguna modalidad que pusiera ne
juego el sufragio. De lo que no se podía prescindir, entonces era del voto, aunque éste asumiera la forma tradicional! del
voto consentimiento. Finalmente, pese a que la revolución se hizo en nombre del “renacimiento de la provincia”, con ella
se quebró el inestable equilibrio que aún se mantenía entre 1827 y 1828 en el Estado de Buenos Aires. La guerra, luego de
algunos años de paz, suplantaba nuevamente a la política. Una guerra que fue interpretada como un nuevo
enfrentamiento entre la ciudad y campaña, representadas respectivamente por las dos facciones en pugna.

Los hechos que siguieron a la revolución decembrista son ya demasiado conocidos para detenernos en ellos: el
fusilamiento de Dorrego, la creciente hegemonía del Comandante de Campaña Juan Manuél de Rosas— designado en la
anterior administración, el levantamiento de la campaña bonaerense liderado por sectores rurales subalternos, la derrota
del ejército en Puente de Márquez que dejo cada vez más aislados a los líderes del movimiento del 12 de diciembre y la
paz concertada en junio de 1829 por las fuerzas en pugna. La emergencia del liderazgo de Rosas dentro de la facción
federal —un liderazgo surgido “desde afuera” de dicha facción, encarnado por un personaje que se había caracterizado
por su prescindencia en la esfera política—, además de ser producto de una situación coyuntural cuyos rasgos dominantes
fueron el vacío de poder producido entre los grupos federales bonaerenses con el fusilamiento de Dorrego y la
movilización rural generada por el golpe decembrino, abrió nuevos rumbos para la política provincial.

El pacto de cañuelas, formado entre levalle y rosas, ostentaba concretarse la paz a través del restablecimiento de la
legalidad electoral. Desde febrero de 1829 se hablaba de la posibilidad de convocar a elecciones para restituir la sala, pero
estas no habían podido concretarse como el estado beligerante en toda la provincia. Con el pacto de junio se intentaba
garantizar la realización e las elecciones y con ella la restauración de las instituciones representativas. Pero a dif de los
años anteriores, en los que la legalidad lectoral había funcionado a través e la competencia de listas, con este tratado se
intentaba imponer una nueva modalidad, basada en el compromiso de una lista unificada- concentrada entre levalle y
rosas- tendiente a reemplazar o suprimir, la ya afianzada practica de las candidaturas. . el pacto establecía articulo 2 que
se procedería a la mayor brecesada lecciones de representares de las provincias con arreglo a las leyes y entre sus
clausulas secretas estipulaba una lista única.

Est primer intento por suprimir la competencia y establecer una unanimidad electoral basada en el mecanismo de la lista
única, no resultó fácil de implementar; sobre todo en el espacio urbano, donde la práctica de las candidaturas estaba muy
consolidada. Diversos grupos de la elite se negaban a aceptar la exclusión a la que habían si sometidos, producto de una
negociación concertada sólo entre dos personas. Era claro, a esa altura, que ni Rosas ni Lavalle podían represe
respectivamente, a las dos facciones en pugna, por las propias divisiones que existían en el interior de cada una de ellas.

El problema clave era, indudablemente, el momento de la deliberación del proceso electoral, practicado en el interior de
la elite al discutir las lista.

Dentro del sector unitario, algunos grupos apoyaban la estrategia de la abstención —ya definida en agosto de 1828- por
no acordar con lo pactado secretamente en Cañuelas; otros, en desacuerdo también con lo pactado, propusieron dar
batalla en las elecciones e intentar ganarlas con una Lista diferente a la propuesta por Lavalle y Rosas. El Tiempo, defensor
de esta última posición, ofreció sus columnas —como en el pasado— para discutir y publicar las listas de candidatos:

Este ofrecimiento suponía desconocer, implícitamente, lo pactado en junio, como lo suponía también el hecho reconocido
por el mismo periódico de que “se han efectuado reuniones diversas, con el solo objeto de formar listas de candidatos
para representantes por la ciudad”. La elite porteña pareció seguir, en este caso, con los mismos comportamientos que en
el pasado: discutió y cruzo nombres, con diversa frecuencia, en numerosas listas que se publicaron sucesivamente en la
prensa porteña.

El problema ,a aparentemente, estaba dado en el interior del ya muy dividido partido unitario. De hecho, el numero de
lista publicadas y las diversas combinaciones de nombres demuestran el aserto.

El problema era) en verdad, la ciudad: “el contrapeso de la elección de la campaña se ha de buscar en la capital; y éste
será el modo único de que tados los partidos sean representados en el cuerpo legislativo”. Como en el pasado, el conflicto
provenía del espacio urbano: la elite ho acordaba en listas unificadas, ni siquiera dentro de cada facción. Pero a esto se le
sumaba un desacuerdo más profundo respecto de los mecanismos que debían regir el funcionamiento del sistema
representativo.

. La división debía reflejarse en la sala y segur, en este sentido ;una fórmula que los pusiera en contacto, y al frente uno

del otro, no ya con las armas en la mano, sino en el sitio. destinado a la discusión de las opiniones y al arreglo de los
intereses”.

Esto significaba continuar con la tradición fundada en 1821 de un régimen de notables que, en esta perspectiva, podía
aceptar la nueva división facciosa producida luego de la reunión del Congreso. Pero Rosas se negaba a esto; convencido de
las bondades que podrían derivar de una práctica pacifista, se preparaba a hacer cumplir lo convenido en cañuelas.

Los resultados en la ciudad demostraron el fracaso de la lista pactada entre Lavalle y Rosas.

Los llamados unitarios triunfaron con una lista en la que los cuatro primeros candidatos obtuvieron 3.302 votos y los 20
restantes entre 3291 y 2.773 votos. La llamada lista federal obtuvo 527 votos, excepto en cuatro casos que los sufragios
descendieron a 269. Es indudable que la diferencia se había volcado ´pr ños cuatro diputados mas votados de la otra lista,
siguiendo en esto la tradición de combinatoria diferentes, junto a algunos votos divergentes que figuran poco y como
aislados en el escrutinio según reconocía E L TIEMPO:

la incertidumbre respecto de las elecciones en la campaña invadió el ambiente urbano. Los periódicos no acertaba a
saber si se estaban realizando, si se había suspendido o si, siguiendo los rumeores que llegaban ., los federales
deconocerial los resultados de la mciudad. En este clima de suma conduision, rosas suspendió las elecciones de la
campaña. Las razones no eran otras que le incumplimiento de lo acordado en cañuelas.

Esta situaciacion, que colocaba nuevamente a la provincia al borde de la guerra civil, condujo a la forma de nu nuevo
pactro el 24 de agosto en barrancas. En el se forman que el resultado incompleto, alarmante y equivoco de las ultimas
lecciones de representantes no habían permitido la reunión de la legislatura, razón por la cual no era posible
comprometer por segunda vez la “ginifaf de aquí gran acto”.. se acordaba entonces anular las elecciones realizadas en la
ciudad y designar un gobernador provisorio que preestableciera la plaz para luego convocar, inmediatamente, nuevas
elecciones. El general viamonte fue designado gobernador.

Durante su gobierno temporal, el problema clave fue la convocatoria a elecciones.

La incertidumbre frente a los posibles resultados y las diferentes estrategias delineados dentro de los grupos federales,
condujo a dividir la poinio. Mientras algunas decían el nuevo llamado a alecciones- como viamonte- los grupos dorregistas
ecovapan por la rev decembrista, cuestionando cañuelas y barracas que convocaban a nuevas elecciones.

El senado consultivo, en octubre, sugirió la convocatoria elecciones. Esto desato la polémica: la prensa debería dos
posiciones, mientras que algunos miembro de la junta anterior intentaron auto convoca r a la sala derrocada. . en
noviembre, viamonte ple pregunto a rosas si era posible las elecciones en la campaña. Rosas se nego a hacerla
convocatoria, dicneicod que la campaña en esta en posición , inclinándose por la restitución de la legislatura derrocada el
1 de diciembre de 1828. De esa manera, el comandante de campaña, negociaba el destino dela autoridades de la
provincia nuevamente: solo que est vez lo hacía con sus propios aliados federales de la ciudad. Viamonte, dinalmetn
accedió t exactamente un año después de la rev decembrista –buscando en la fecha designada la coronación simbólica de
la restauración de las legalidad- se reinstalo la sala.

A partir de ese momento, el moví liderado por levalle fue identificado desde el discurso oficial como el responsable de
haber quebrado la legalidad representativa; dicha responsabilidad era adjudicada, en bloque, a quienes comenzaron a ser
llamados salvaje unitarios. En este marco. El muevo gobernador electo por la sala del 5 de diciembre de 1829, el
comandante de la campaña rosas , recibió el título de RESTAURADOR DE LEYES.

Culminaba así un corto periodo de extrema conflictividad. La cuestión electoral se había convertido, de hecho, en el
argumento central de la disputa política y en la única prenda de negociación entre los grupos enfrentados, los pactos
concertados en Cañuelas y Barracas así lo expresaban. Asimismo, el tema del sufragio parecía invadir todos los circuitos de
la opinión pública, muy especialmente el de la prensa periódica.

Las disputas por las candidaturas era, l o que aprecia en el ojo de la tormenta: su implementación tendía a fenerar un
estado de deliberación permanente en el interior de la elite, promoviendo dicisiono, yua no solo en sui propio seno, sino
también en el interior de los estratos inferiores de la pirámide electoras la existencia de diferentes listas de candidatos
dividía las lealtades de los sectores intermedios t d e los sufrafantes, provocando un estilo de participación que recordaba
el protagonismo de la plebe urnanma enm mlos mov de la década rev. Pero, como en el pasado, la amenaza no provenía
solo de la plebe, sino de la capacidad ed los miembros de la elite por movilizarla en pos de encontrar apoyos más amplios
a sus candidatos

¿ cómo evitar este momento del proceso electoral?

Se elaboraron propuestas de reforma d a la ley de 1821, como la que publico el liberal sufrido para la ciudad un sistema
uninominal por circunscripciones que evitrab a el recuro de las listas que con tanta prodigalidad se han repartido. Pero la
solución provoco del espacio de las practicas informales. Había que intentar una modalidad que fuera capaz de domesticar
a los miembros de la elite respetando la calidad electoral preexistente,. Sobre esta última no parecía posible retroceder
luego de comprobar las reacciones negativas producida por la rev decembrista. La operación debía incluir a la prensa
periódica, principal afentrre que producía grupos y que hacina publico un debate que, a partir del 29, comenzaba a ser
visualizado como elemento disrumpor.

Pero los primeros amagor por suprimir el momento de la deliberación del proceso electoral no resultaron exitosos.
Amplios sectores de la elites se resistieron a aceptar un subordinado y poco decoroso segundo plano en el control de la
sucesión política.

Se necesitaría varios años para que rosas imponga lista única.

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