Desafío 3
1. Revisión y estructura del Storyline
Storyline revisado:
Un hijo emprende el que cree que será el último viaje con su padre
enfermo, para cumplir el deseo de este, pero en ese viaje el hijo
acaba descubriendo la verdad de su pasado y sus heridas familiares.
En esta línea argumental se resume la esencia de la historia: un viaje
literal y simbólico hacia el pasado, en el que los lazos familiares, la
memoria y la verdad oculta operan como fuerzas dramáticas que
transforman al protagonista. El relato se sostiene sobre un con icto
profundo de identidad y de duelo inconcluso, que se activa cuando el
padre enfermo, a través de una confesión fragmentaria, deja entrever
que la madre del protagonista no murió como siempre le hicieron creer,
sino que podría estar viva.
2. Esquema estructural de la trama
A continuación, se desarrolla un esquema preliminar de los momentos
estructurales clave, seguidos de una breve explicación de cada uno:
Detonante:
Durante una conversación confusa en la casa familiar, el padre enfermo
de Alzheimer deja escapar una frase que contradice la versión o cial
sobre la muerte de la madre: “Margarita quería volver… pero yo no le
dejé”. Esta frase, en apariencia incoherente, despierta en el
protagonista una sospecha profunda que lo empuja a buscar respuestas.
Primer punto de giro:
Rebuscando entre viejos papeles en casa, el protagonista encuentra una
postal dirigida a su padre, con una caligrafía reconocible: es de su
madre, fechada años después de su supuesta muerte y en ella muestra
su intención de regresar para ver a su hijo. Este descubrimiento cambia
la dirección del relato: ya no se trata solo de cuidar al padre moribundo,
sino de encontrar la verdad.
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Punto medio:
Tras enfrentar al padre en un momento de lucidez, este le con esa que
su madre no murió, sino que se fue voluntariamente, y que él
contribuyó a ocultárselo por vergüenza y miedo. El protagonista sufre
una ruptura interna: todo lo que creía sobre su infancia y su familia se
resquebraja.
Segundo punto de giro:
El protagonista encuentra a su madre en un pueblo costero cerca de
Portugal. Ella vive sola, marcada por el pasado, y se muestra
inicialmente reacia a hablar. Pero el reencuentro desencadena una
cadena de confesiones y reconexiones emocionales. El hijo comprende
los motivos que la llevaron a huir y comienza a ver a sus padres como
seres humanos falibles.
Clímax:
El protagonista debe decidir si contarle al padre la verdad sobre el
reencuentro con su madre, ahora que está en sus últimos días.
Finalmente lo hace: la madre viaja a ver a su ex marido, y en un
reencuentro silencioso, ambos comparten un instante de lucidez que les
permite cerrar un ciclo.
3. Desarrollo del arco de los personajes
Simón (Hijo):
Al inicio, regresa a casa por obligación moral, emocionalmente
bloqueado, frustrado con su carrera como músico y con una relación
fría con su padre. A lo largo del relato, pasa de la negación y el rechazo,
a la apertura emocional, la empatía y la comprensión. Su motivación
inicial —cumplir con su deber de hijo— se transforma en el deseo
profundo de sanar las heridas del pasado.
Padre:
Un hombre autoritario, orgulloso y emocionalmente reprimido, ahora
vulnerable por la enfermedad. Su arco es mínimo pero signi cativo:
pasa de la negación de la verdad al reconocimiento de sus errores, y
nalmente, a un acto de redención silenciosa cuando acepta
reencontrarse con su esposa.
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Madre:
Aparece solo en la segunda mitad, pero su gura ha estado presente
como fantasma desde el inicio. Su arco va del aislamiento y el silencio,
al perdón y la reconstrucción del vínculo con su hijo y ex. Su historia
aporta complejidad y ambigüedad moral a la trama.
4. MINI TRATAMIENTO
El sol cae con lentitud sobre Viana do Castelo mientras Simón conduce
por la autopista del norte. A su lado, en el asiento del copiloto, su padre,
Arturo, observa el paisaje con la mirada vacía de quien ha olvidado casi
todo. Simón, un músico treintañero que hace años dejó su aldea natal
para buscar fortuna en Vigo ciudad, regresa a regañadientes a su
pueblo, empujado por la obligación de cuidar temporalmente de su
padre, enfermo de Alzheimer. Su carrera está estancada y vuelve como
quien regresa a un lugar que ya no le pertenece.
En la antigua casa familiar, el ambiente está cargado de silencio y de
cosas que nadie se ha atrevido a tirar. Simón encuentra fotografías,
objetos de su infancia, cartas antiguas que su madre escribía antes de
desaparecer misteriosamente veinte años atrás. Para él, esa ausencia
ha sido un agujero oscuro que nunca ha logrado cerrar. Siempre le
dijeron que su madre había muerto en un accidente. Pero Arturo, en
medio de uno de sus episodios de lucidez intermitente, deja escapar una
frase desconcertante: “Margarita quiso volver, pero yo no la dejé.” Esa
revelación tambalea todo el mundo emocional de Simón. ¿Y si su madre
no murió? ¿Y si fue abandonado?
Lo que empieza como una vuelta a casa para cuidar a su padre, casi por
obligación, se convierte ahora en una búsqueda íntima, casi
detectivesca. Simón comienza a investigar entre papeles, pregunta a
antiguos vecinos y descubre que muchas cosas fueron ocultadas: hay
una carta, mal escondida entre libros viejos, con un remitente
desconocido pero que parece ser su madre, fechada años después de la
supuesta muerte. Arturo ya no puede ofrecer respuestas claras. A veces
confunde el pasado con el presente, a Simón con otra persona. Pero en
medio de su confusión, lanza frases fragmentadas que funcionan como
pistas emocionales: “Margarita llora mucho… no quiere vivir aquí…” Las
piezas comienzan a encajar. Simón comprende que su madre no murió,
sino que se marchó. Lo abandonó, o eso siente. Y su padre, por
vergüenza o quizás por protección, decidió mentir.
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La búsqueda de Simón se convierte entonces en algo más que una
indagación externa: es una excavación emocional. A medida que
avanza, se enfrenta no solo a la ausencia de su madre, sino también a
los vacíos de su propia identidad. ¿Quién fue realmente su madre? ¿Por
qué se fue? ¿Por qué Arturo pre rió silenciar esa verdad durante tantos
años? El punto medio de la historia ocurre cuando Simón localiza a una
mujer que había sido amiga cercana de su madre. En un encuentro
tenso y cargado de silencios, ella con rma lo que Simón ya temía: su
madre no murió, simplemente se fue. Pero no fue una huida caprichosa.
La mujer le cuenta que la relación entre Arturo y su madre se había
vuelto insostenible, marcada por el control, la frustración y la
inestabilidad emocional. “Ela estaba a desaparecer por dentro…”, le
dice. “Ou fuxía, ou morría.”
La noticia es devastadora y, al mismo tiempo, abre una herida más
profunda: ¿cómo pudo su madre dejarlo atrás? Este descubrimiento
desata en él una tormenta de emociones que lo obliga a confrontar su
propia incapacidad para formar vínculos estables, su miedo al
abandono y su descon anza hacia el amor. Mientras cuida de su padre,
que va apagándose cada día un poco más, Simón empieza a entender
que la enfermedad de Arturo también es una forma simbólica de
desaparición, un espejo de la huida de su madre, pero al revés: Arturo
no se fue, está desapareciendo desde dentro.
Simón decide continuar la búsqueda. Recibe una pista de una vecina que
lo conduce a un pueblo costero, cerca de Portugal. Toma un tren hacia
allí, donde su madre podría estar viviendo según algunos registros
vagos. El viaje físico se convierte en una metáfora de su viaje interior.
Ya no está huyendo de su aldea ni de su pasado, sino yendo de frente
hacia él. Pero no lo hace como un hijo que reclama, sino como un
hombre que necesita comprender. En ese proceso, el vínculo con su
padre también cambia. Arturo, a pesar de su deterioro, empieza a
abrirse en breves momentos de lucidez, y entre ambos se va
construyendo una relación inesperada, más humana, menos idealizada.
El segundo punto de giro de la historia llega cuando Simón nalmente
encuentra a su madre, pero no de la manera en que lo había imaginado.
Ella vive en una pequeña vivienda, trabajando en un bar con vistas a la
playa, lejos de la vida que Simón había esperado. Su madre, ahora más
vieja y desgastada por los años, lo recibe con una mezcla de sorpresa y
arrepentimiento. La mujer que él recordaba como una gura de amor
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incondicional es ahora una desconocida, alguien que ha elegido vivir
una vida diferente, alejada de su familia. En este enfrentamiento, se
revela la verdad dolorosa: su madre no lo abandonó por simple egoísmo,
sino porque sentía que su vida en familia era una prisión que la destruía
lentamente. Decidió irse porque no podía soportar ser quien todos
esperaban que fuera. El sacri cio emocional que hizo fue su manera de
buscar la libertad, aunque lo más difícil fue la desconexión con su hijo.
Simón se presenta ante su madre, Margarita, sin anunciarse. Ella,
sorprendida, tarda unos segundos en reconocerlo. Vive sola, con
austeridad, alejada del mundo. La escena es tensa. No lo abraza, no
llora, solo lo observa con una mezcla de vergüenza y fortaleza. Simón le
lanza la pregunta directa: “¿Por qué?”. Margarita, al principio, no
responde. Intenta servirle un té. Él no acepta. No vino a tomar nada:
vino a saber.
En ese intercambio denso, lleno de silencios y miradas incómodas,
Margarita va revelando su verdad: su vida con Arturo fue insostenible,
marcada por un amor que se fue torciendo en enfermedad, en control,
en as xia. Cuando Arturo enfermó mentalmente, comenzó a confundir
los recuerdos, a reescribir la historia. Ella trató de huir con su hijo, pero
Arturo se lo impidió. La situación escaló. Hubo violencia. Ella, en un
último intento por protegerse, lo dejó y desapareció. Sabía que si
intentaba llevarse a Simón, se desataría un in erno. Optó por el
silencio, convencida de que, quizás, con el tiempo, su hijo entendería.
Simón no puede procesarlo todo de inmediato. La imagen del padre que
cuidó y sostuvo, aunque de forma fallida, se desmorona parcialmente.
Pero también ve a la mujer que lo trajo al mundo, que lo abandonó. Hay
una lucha feroz entre lo que siente y lo que quiere creer. No hay
respuestas absolutas. Margarita no pide perdón. Solo ofrece su versión,
la única verdad que tiene. Y en esa sinceridad, por cruda que sea, Simón
encuentra algo parecido a la paz.
El clímax llega cuando Simón, de regreso a casa, enfrenta a su padre.
Arturo, ya en una etapa avanzada del Alzheimer, no puede recordar con
claridad, pero hay destellos. Simón no busca un juicio. Busca,
simplemente, soltar. Le dice a su padre que encontró a su madre, que
ella está viva. Arturo lo mira, en silencio. Y entonces murmura algo que
no esperaba: “Sabía que ibas a encontrarla.”
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En ese instante, Simón comprende que, aunque Arturo no fue capaz de
afrontar la verdad ni en su momento ni ahora, siempre supo que su hijo
algún día llegaría a ella. Y que, de algún modo, ese viaje fue también su
despedida.
La historia concluye con Simón, ya de regreso en su hogar. Saca su
guitarra y canta. Una canción nueva. Su música ya no es huida, sino
raíz. No hay reconciliación mágica. No hay familia reunida ni heridas
totalmente cerradas. Pero hay movimiento. Hay vida. Y en ese
movimiento, Simón empieza a escribir su propio camino.
SEGUNDA PARTE: ESCENA DIALOGADA CON SUBTEXTO
a. Relee el tratamiento y localiza el primer punto de giro
El primer punto de giro en el tratamiento ocurre cuando Arturo, en un
momento de lucidez dentro de su enfermedad, le con esa a Simón
que su madre no está muerta, sino viva, y le da pistas que lo impulsan
a buscarla. Ese es el momento en que la historia cambia radicalmente
de dirección: el objetivo de Simón ya no es simplemente cuidar a su
padre, sino descubrir la verdad sobre su madre y, con ello, su propia
historia.
b. Contexto de la escena
Esta escena se sitúa justo después de que Simón descubre una carta
vieja en una caja olvidada en el desván, donde una remitente misteriosa
que parece su madre, claramente posterior a la supuesta fecha de su
muerte. Simón, confundido, se enfrenta a Arturo, que está sentado en el
salón, mirando por la ventana, aparentemente ausente. La tensión
emocional es máxima: Simón necesita saber la verdad. Arturo está en el
borde entre el recuerdo y el olvido. Ambos tienen mucho que decir, pero
casi nada se dice de forma directa.
Lo que está en juego: la verdad sobre el pasado, el lugar real de la
madre en sus vidas, la estabilidad emocional de Simón y su relación con
su padre.
Subtexto: Simón quiere una respuesta, pero también busca con rmar si
su padre es cómplice de una mentira. Arturo, aunque confundido, siente
culpa y miedo a perder de nitivamente a su hijo.
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INT. SALÓN DE LA CASA – TARDE
El salón está en penumbra. Afuera, la luz dorada del atardecer se ltra
por las persianas entreabiertas. Un viejo fado suena en la radio, apenas
audible. Arturo está en su sillón, con la manta sobre las piernas. Mira
hacia la ventana como si esperara algo, o a alguien. Simón entra en
silencio desde el pasillo. Lleva una carta en la mano.
Simón se detiene unos segundos antes de acercarse. La carta está
abierta, arrugada por haberla releído muchas veces. Él la observa.
Respira hondo. Luego, camina hacia su padre con paso contenido.
SIMÓN
Te hice una infusión.
(deja la taza)
Está como te gusta. Sin azúcar.
Arturo no reacciona al principio. Luego, sin mirar, murmura:
ARTURO
Dile que le ponga una cáscara de limón. Así sabe a hospital.
Simón se congela. Tarda un segundo en reaccionar. Se sienta frente a su
padre, pero no dice nada.
SIMÓN
¿A quién?
ARTURO
A ella.
Simón baja la mirada. No quiere romper el momento.
SIMÓN
¿Hace mucho que no viene?
Arturo frunce el ceño, confundido. Luego niega con la cabeza, casi
imperceptiblemente.
ARTURO
Viene algunas tardes. Se queda poco rato.
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(pausa)
Mira mis cosas, se sienta, y después se va. Sin hacer ruido.
Simón lo observa, con el corazón acelerado. La carta le quema en el
bolsillo. Su voz es apenas un hilo.
SIMÓN
¿Hablas con ella?
Arturo no responde. Suspira. Luego, se vuelve hacia la ventana.
ARTURO
Margarita quiere volver. Pero yo no la dejo.
El silencio se hace denso. Simón no parpadea. Arturo sigue hablando
como si comentara el tiempo.
ARTURO
Aquí ya no queda nada para ella.
Simón aprieta los puños sobre las rodillas. El fado se interrumpe por un
breve crujido en la radio.
SIMÓN
¿Y tú qué quieres?
Arturo sonríe, perdido en sus pensamientos.
ARTURO (CONT’D)
A veces llora. La oigo desde el pasillo. Pero luego se seca los ojos, como
si nadie la viera.
Simón traga saliva. No puede más.
SIMÓN
Papá… ¿cuándo fue la última vez que la viste?
Arturo lo mira con extrañeza, como si no entendiera la pregunta.
ARTURO
Está en la casa azul. La de las persianas torcidas. ¿No te acuerdas? Allí
os encontré desnudos.
Simón se inclina hacia adelante, incrédulo.
SIMÓN
¿En la casa azul?
ARTURO
Sí. Siempre está allí. Aunque diga que ya no tiene a nadie.
Simón se queda inmóvil. No sabe si está escuchando una alucinación, un
recuerdo… o la verdad.
Arturo se recuesta lentamente. Cierra los ojos. Murmura algo entre
dientes.
Silencio.