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Modulo 1 Notarial

El documento describe el contrato de compraventa según el Código Civil guatemalteco, definiendo el contrato traslativo de dominio y sus características, así como las obligaciones de las partes involucradas. Se detallan los requisitos previos y posteriores para la formalización del contrato, así como un modelo de contrato y testimonio especial. Además, se mencionan otros contratos traslativos de dominio como la permuta, donación y mutuo.

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Modulo 1 Notarial

El documento describe el contrato de compraventa según el Código Civil guatemalteco, definiendo el contrato traslativo de dominio y sus características, así como las obligaciones de las partes involucradas. Se detallan los requisitos previos y posteriores para la formalización del contrato, así como un modelo de contrato y testimonio especial. Además, se mencionan otros contratos traslativos de dominio como la permuta, donación y mutuo.

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1.

COMPRAVENTA

CONTRATO TRASLATIVO DE DOMINIO: La definición del término dominio que proporciona el diccionario
de la Real Academia de la Lengua, es la siguiente: "Poder que alguien tiene de usar y disponer de lo suyo".
En cuanto al dominio pleno, plantea que es: "el que reúne la totalidad de facultades que las leyes
reconocen al propietario de algo."

De esta manera, cuando nos referimos al tema de los contratos traslativos de dominio, nos estamos
refiriendo a aquellos que trasladan, en forma plena, el dominio, es decir, la propiedad, con todo lo que le
es inherente al poder que el dueño tiene respecto a la cosa (mejor bien) que le pertenece. Conforme lo
establecido en el Código Civil "los bienes son del dominio del poder público o de propiedad de los
particulares" (Art. 456)."

El Código Civil guatemalteco regula cuatro contratos traslativos de dominio, éstos son:

a) Contrato de compraventa, Art. 1790 y subsiguientes;

b) Contrato de permuta, Art. 1852 y subsiguientes;

c) Contrato de donación, 1855 y subsiguientes; y

d) Contrato de mutuo, Art. 1942 y subsiguientes.

CONCEPTO DE CONTRATO TRASLATIVO DE DOMINIO: Es aquel por cuya una o más personas
transfieren el dominio de un bien a otra u otras.

CONTRATOS TRASLATIVOS DE DOMINIO EN EL CÓDIGO CIVIL

a) COMPRAVENTA: "Por el contrato de compraventa el vendedor trasfiere la propiedad de una cosa y se


compromete a entregarla, y el comprador se obliga a pagar el precio en dinero". (Artículo 1790 del Código
Civil).

b) PERMUTA: "La permuta es un contrato por el cual cada uno de los contratantes transmite la propiedad
de una cosa a cambio de la propiedad de otra. Cada permutante es vendedor de la cosa que da y
comprador de la que recibe en cambió; y cada una de las cosas es precio de la otra. Este contrato se rige
por los mismos principios del contrato de compraventa, en lo que fueren aplicables" (Artículo 1852 del
Código Civil).

c) DONACIÓN: "La donación entre vivos es un contrato por el cual una persona transfiere a otra la
propiedad de una cosa a título gratuito" (Artículo 1855 del Código Civil).

d) MUTUO: "Por el contrato de mutuo una persona entrega a otra, dinero u otras cosas fungibles, con el
cargo de que se le devuelva igual cantidad de la misma especie y calidad". (Artículo 1942 del Código Civil).

1.1 Consideraciones preliminares

CARACTERÍSTICAS DEL CONTRATO DE COMPRAVENTA:

• Principal: Ya que tienes fines y vidas propios, existe y tiene validez independientemente de
cualquier otro contrato.

• Consensual: Los contratantes determinan y acuerdan las condiciones bajo las cuales se realizará.

• Bilateral: Existen obligaciones para ambas partes.

• Oneroso: Debido a que existen cargas y gravámenes para los contratantes.

• Conmutativo: Una vez se celebra los contratantes saben si les implica pérdida o ganancia a cada
uno.

• Aleatorio: Como en el caso de ventas futuras.

• Traslativo de dominio: Sirve para adquirir la propiedad.

ELEMENTOS PERSONALES:

a) Vendedor,
b) Comprador,

Debe poseer ambos capacidad general para contratar y el vendedor la capacidad especial para disponer.
Esa capacidad se tiene cuando se es propietario.

ELEMENTOS REALES:

a) La cosa y

b) El precio.

La cosa es el objeto del contrato, y pueden ser aquellas susceptibles de apropiación y dentro del comercio
de los hombres. Puede ser corporal o incorporal (derecho).

El precio es la suma de dinero que paga el comprador. Es la contraprestación de la cosa que recibe.

ELEMENTOS FORMALES:

Cierto tipo de compraventas debe constar en escritura pública, y se califica como contrato solemne sin
cuyo requisito esencial nо tendrán validez los negocios jurídicos que lo omitan. Los contratos que tengan
que inscribirse o anotarse en los registros, cualquiera que sea su valor, deberán constar en escritura
pública (Art. 1576 del Código Civil).

OBLIGACIONES DEL VENDEDOR:

1. Conservar la cosa hasta su entrega (Art. 1809 del Código Civil).

2. Entregar la cosa vendida en el tiempo, lugar y modo convenidos (Art. 1809 del Código Civil).

3. Está obligado al saneamiento de la cosa vendida (Art. 1543 del Código Civil).

4. Debe garantizar al comprador la pacífica y útil posesión de la cosa vendida al comprador (Art. 1809
del Código Civil).

5. Debe pagar los gastos de la entrega de la cosa (Art. 1824 del Código Civil).

OBLIGACIONES DEL COMPRADOR:

1. Pagar el precio, en el día, lugar y forma estipulados en el contrato (Art. 1825 del Código Civil).

2. Si la compra es a plazos, deberá satisfacer los intereses pactados durante el tiempo que medie
entre la entrega y la amortización del precio pactado (Art. 1826 del Código Civil).

3. Recibir la cosa (Art. 1830 del Código Civil).

4. Pagar los gastos que se refieren a la escrituración (Art 1824 del Código Civil).

1.2 Concepto

CONCEPTO DE CONTRATO DE COMPRAVENTA: Contrato por cuya virtud una persona se obliga a
entregar a otra una cosa, con la finalidad de transmitir su dominio, a cambio de que ésta entregue un precio
cierto en dinero o signo que lo presente. (Federico Puig Peña).

La compraventa es un contrato por virtud del cual uno de los contratantes llamando vendedor, se obliga a
transferir la propiedad de una cosa o la titularidad de un derecho a otro llamado comprador, quien está
obligado a pagar un precio cierto y en dinero. (Bernardo Pérez Fernández del Castillo).

Ossorio afirma que es un contrato que con toda claridad define el código civil argentino al expresar "que
habrá compraventa cuando una de las partes se obliga a transferir a la otra la propiedad de una cosa, y
ésta se obliga a recibirla y a pagar por ella un precio cierto en dinero.

1.3 Obligaciones previas

Las obligaciones previas para el otorgamiento del contrato de compraventa son las siguientes:

1. Identificación de los comparecientes, mediante cédulas de vecindad, pasaporte o testigos de


conocimiento, según corresponda (Art. 29, numeral 4, del Código de Notariado);
2. Acreditación del derecho de propiedad del vendedor, mediante testimonio o certificación registral
(Art. 460 y 1794 del Código Civil) si se trata de un inmueble, si es de un bien mueble debe
acreditarse la propiedad conforme la naturaleza del mismo (por ejemplo, si es un vehículo
automotor mediante el título de propiedad del mismo; si es un electrodoméstico, se requerirá la
factura, etc.). El negocio ha de ser licito y posible (Art. 1251 del Código Civil), debe definirse la
cosa a vender y el precio (Art. 1791 del Código Civil). (Artículo 20 de la Ley del Organismo Judicial).

3. Tener a la vista la autorización municipal para la desmembración de la finca original y formar la


nueva con la fracción (ver Ley de Parcelamientos Urbanos, Decreto 1427 del Congreso de la
República)

4. Tener a la vista el plano de registro de la desmembración, el cual debe estar autorizado, de


preferencia, por un Ingeniero Civil, colegiado activo El plano debe tener adherido el timbre del
Colegio de Ingenieros del valor respectivo."

5. El último recibo del pago del Impuesto Único sobre Inmuebles IUSI, y la autorización municipal
para desmembrar si fuera el caso.

Obligaciones posteriores:

1. Razonar el título justificativo de la propiedad del bien inmueble objeto del contrato (Art. 36 del Código
de Notariado);

2. Remisión de testimonio especial al Director del Archivo General de Protocolos, dentro del plazo de los
25 días hábiles siguientes a su otorgamiento, satisfaciendo el valor de timbres fiscales de Q.0.50 por boja
y lo correspondiente al timbre notarial, que es el 2 por millar, es decir, Q30.00 (0.002 x Q15,000.00).

3. Extender testimonio a la parte interesada, con su duplicado, satisfaciendo previamente el Impuesto al


Valor Agregado, conforme lo establecido en el Art. 57, del Dto. 27-92 del Congreso de la República, Ley
del Impuesto al Valor Agregado.

4. Presentar el testimonio con su duplicado al Registro General de la Propiedad, para efectos de su


respectiva inscripción, Art. 69 del Código de Notariado y 1125 del Código Civil.

5. Remitir avisos de traspaso a la Dirección de Catastro y Avalúo de Bienes Inmuebles (DICABI), en el


Ministerio de Finanzas Públicas y al Catastro Municipal correspondiente, dentro del plazo de 15 días
hábiles posteriores al otorgamiento de la escritura (Art. 38 del Código de Notariado, modificado no
expresamente por la Ley del Impuesto Único Sobre Inmuebles, Decreto 15-98 del Congreso de la
República): En el caso específico de compraventa de fracción de bien inmueble, se debe remitir el aviso
hasta el momento en que cuente con el número de finca, folio y libro de la nueva finca que se ha registrado.

6. Extender copia simple legalizada al vendedor, para su archivo y control.

7. Cobro de honorarios, conforme arancel (Art. 109, literal c) del Código de Notariado. En el presente caso,
el cobro sería de Q.400.00 de base, más el 8% sobre el valor del contrato (Q.15,000.00 x 0.08 Q.1,200.00),
decir, Q.400.00+ Q1,200.00 Q.1,600.00.

1.4 Modelo de contrato de compraventa

DOS (2). En la ciudad de Guatemala, el diecisiete de junio del año dos mil cinco, ANTE MÍ, RICARDO
ALVARADO SANDOVAL, Notario, comparecen: MIGUEL ÁNGEL CHUY GARCÍA, de treinta años de edad,
casado, guatemalteco, agricultor, de este domicilio, se identifica con la cédula de vecindad número de
orden A guión uno (A-1) y de registro quinientos setenta mil setecientos veinte (560,720), extendida por el
Alcalde municipal de esta ciudad, a quien podrá denominársele "EL VENDEDOR", y ANDREA BEATRIZ
AGUILAR SANTOS, de treinta y cinco años de edad, soltera guatemalteca, Secretaria Comercial, de este
domicilio, se identifica con la cédula de vecindad número de orden A guión uno (A-1) y de registro
setecientos ochenta mil ochocientos veinticinco (780,825), extendida por el Alcalde Municipal de esta
ciudad, a quien podrá denominársele "LA COMPRADORA". Me aseguran los comparecientes hallarse en
el libre ejercicio de sus derechos civiles, y que por el presente instrumento otorgan CONTRATO DE
COMPRAVENTA DE FRACCIÓN DE BIEN INMUEBLE URBANO AL CONTADO, de conformidad con las
siguientes cláusulas escriturarias: PRIMERA: Manifiesta EL VENDEDOR, que es propietario de la finca
urbana Inscrita en el Registro General de la Propiedad de la Zona Central al número un mil noventa y ocho,
folio ochenta y siete, del libro seis E, del departamento de El Progreso, cuya área consta en su respectiva
inscripción registral, y se encuentra ubicado en el Barrio El Porvenir, municipio de Guastatoya,
departamento de El Progreso. SEGUNDA: EL VENDEDOR hace constar, de manera expresa, que sobre
el inmueble urbano de su propiedad, y por consiguiente de la fracción que por este instrumento vende, no
existen gravámenes, limitaciones, ni anotaciones que puedan afectar los derechos de LA COMPRADORA,
y se obliga al saneamiento legal en caso de ser necesario; el Notario le advierte las responsabilidades en
que incurre si así no lo hiciere. TERCERA: EL VENDEDOR manifiesta que por el precio de QUINCE MIL
QUETZALES (Q.15,000.00), que tiene por recibidos en este momento a su entera satisfacción y en
efectivo, por este acto VENDE a LA COMPRADORA, una fracción de terreno identificado como lote
número seis, con un área de ciento ochenta punto noventa metros cuadrados (180.90 mt2) que se
desmembrará de la finca matriz relacionada, para formar una finca urbana nueva en el Registro General
de la Propiedad de la Zona Central y que tendrá las siguientes medidas y colindancias, de conformidad
con el plano elaborado por el Arquitecto CARLOS MANUEL FUENTES VIDES, colegiado activo un mil
ocho (1,008), que se adjunta al testimonio de la presente escritura: AL NORTE: diecinueve punto cincuenta
y nueve (19.59) metros con el lote número tres. AL SUR: dieciséis punto cincuenta y nueve (16.59) metros
con lote número siete de la finca matriz. AL ESTE: diez (10.00) metros con lote número seis de la finca
matriz. AL OESTE: diez punto cuarenta y dos metros (10.42) con avenida. CUARTA: LA COMPRADORA,
en los términos relacionados, ACEPTA la venta de la fracción del bien inmueble urbano identificado que
por este instrumento se le hace. DOY FE: a) Que lo escrito me fue expuesto y de su contenido; b) Que
tuve a la vista las cédulas de vecindad relacionadas, certificación extendida por el Registro General de la
Propiedad de la Zona Central en la que consta que EL VENDEDOR es propietario del bien inmueble, así
como la certificación extendida por el Secretario Municipal de Guastatoya, del departamento de El
Progreso, en donde consta la autorización municipal para la desmembración del bien inmueble urbano
objeto del presente contrato, la cual se adjunta al testimonio de ésta escritura y el plano de registro
relacionado; c) Advertí a los otorgantes los efectos legales del presente contrato, el deber de pago del
Impuesto al Valor Agregado, así como lo referente a la obligación registral y avisos de traspaso. Leo lo
escrito a los interesados, quienes enterados de su contenido, objeto, validez y demás efectos legales, lo
aceptan, ratifican y firma únicamente EL COMPRADOR, no así EL VENDEDOR, quien por ignorar hacerlo
deja la impresión dactilar de su pulgar derecho, y firma a su ruego el testigo rogado, civilmente capaz,
idóneo y de mi conocimiento, señor DAVID AYALA GEREDA, así como el Notario que autoriza.

f)

f)

ANTE MÍ:

1.5 Modelo de testimonio especial

Es testimonio especial de la escritura número dos, de fecha diecisiete de junio del año en curso, autorizada
por mí en esta ciudad. Que para remitir al Director del Archivo General de Protocolos, extiendo, numero,
sello y firmo en TRES HOJAS: Las dos anteriores fotocopias, reproducidas de ambos lados de su original,
y la presente. Ciudad de Guatemala, dieciocho de junio dos mil cinco.

1.6 Modelo de primer testimonio

Es testimonio de la escritura número dos, de fecha diecisiete de junio del año en curso, autorizada por mí
en esta ciudad. Que para entregar a la señora ANDREA BEATRIZ AGUILAR SANTOS, extiendo, numero,
sello y firmo en TRES HOJAS: Las dos anteriores fotocopias, reproducidas de ambos lados de su original,
y la presente, a la cual adhiero dieciocho timbres fiscales de cien quetzales cada uno, del año fiscal en
curso, con números de serie un mil veinte a un mil treinta y siete, en cumplimiento con lo establecido en la
Ley del Impuesto al Valor Agregado, Decreto veintisiete guion noventa y dos del Congreso de la República,
y un timbre fiscal de cincuenta centavos por razón del registro. Ciudad de Guatemala, veinte de junio de
dos mil cinco.

Es testimonio de la escritura número dos, de fecha diecisiete de junio del año en curso, autorizada por mí
en esta ciudad. Que para entregar a la señora ANDREA BEATRIZ AGUILAR SANTOS, extiendo, numero,
sello y firmo en tres hojas: las dos anteriores fotocopias, reproducidas de ambos lados de su original, y la
presente, a la cual adjunto el formulario SAT 2083, sin serie, número un mil, en el cual se satisfizo el
impuesto al valor agregado equivalente a un mil ochocientos quetzales, en cumplimiento con lo establecido
en la Ley del Impuesto al Valor Agregado, Decreto treinta y siete guion noventa y dos del Congreso de la
República, y un timbre fiscal de cincuenta centavos por razón del registro. Ciudad de Guatemala, veinte
de junio de dos mil cinco.

1.7 Pago del impuesto (IVA)

Conforme lo establecido en el Art. 57, del Dto. 27-92 del Congreso de la República, Ley del Impuesto al
Valor Agregado. El impuesto se puede pagar de tres maneras:

a) Mediante la adhesión de timbres fiscales equivalentes al valor del impuesto a pagar;

b) Mediante el pago realizado a través del formulario SAT 2083, en el que conste el registro del pago en
efectivo realizado en algún banco del sistema; y

c) Mediante el uso de máquina estampadora, la cual imprime una constancia de pago parecido a una
estampilla, si bien esto último ya no se usa.

1.8 Copia legalizada

Es copia simple legalizada de la escritura número dos, de fecha diecisiete de junio del año en curso,
autorizada por mí en esta ciudad, que para entregar al señor MIGUEL ANGEL CHUY GARCÍA, vendedor,
extiendo, numero, sello y firmo en tres hojas: las dos anteriores fotocopias, reproducidas de ambos lados
de su original, y la presente. Guatemala, dieciocho de junio de dos mil cinco.

1.9 Razón del documento que sirvió para demostrar la propiedad

Razón: Conforme escritura número dos, de esta fecha, autorizada por mi, en esta ciudad, el señor MIGUEL
ANGEL CHUY GARCÍA vendió a la señorita ANDREA BEATRIZ AGUILAR SANTOS una fracción de ciento
ochenta punto noventa metros cuadrados, para formar finca nueva del inmueble relacionado. Ciudad de
Guatemala, diecisiete de junio de dos mil cinco. CONSTE.

2. ESCRITURA PÚBLICA

Fernández Casado plantea que escritura es "el instrumento público por el cual una o varias personas
jurídicamente capaces establecen, modifican o extinguen relaciones de derecho."

Novoa Senoane expresa que escritura es "el documento autorizado por Notario con las solemnidades
del derecho a requerimiento de una o más personas o partes otorgantes... con capacidad legal para
el acto o contrato a que se refieran y por virtud de la cual se hacen constar la creación, modificación
o extinción de relaciones jurídicas particulares, con sujeción a las leyes y a la moral."

Con base en estas dos definiciones, podemos concluir sobre algunos aspectos importantes acerca de las
escrituras matrices, a manera de caracterización:

1) Las escrituras matrices son instrumentos públicos,

2) Los otorgantes deben ser personas civilmente capaces,

3) Sirven para la constitución, modificación o extinción de relaciones jurídicas

4) El funcionario que las autoriza es el Notario,

5) Se faccionan a solicitud de parte,

6) En su otorgamiento debe cumplirse con los requisitos legales establecidos (articulos 13, 29, 30 y 31 del
Código de Notariado, especialmente),

7) Deben respetar el orden público y la moral.

Estos caracteres generales de las escrituras, nos parecen suficientes para formamos una idea clara acerca
de su contenido y naturaleza. Antes que pretender memorizar una definición, debemos intentar más bien
comprender qué es una escritura, para qué nos sirve y su finalidad social.

El fin de la escritura es, por sobre todo, proveer de certeza a los negocios jurídicos que, de manera regular,
ocurren dentro del ámbito social y económico. Como ha dicho Pérez Fernández del Castillo, seguridad (o
certeza jurídica es saber a qué atenerse." Es el principal motivo por el cual los particulares buscan y se
toman la molestia de requerir sus servicios al Notario. De lo contrario, si no existiera esa certeza, que se
obtiene a través del instrumento público representado por la escritura legalmente autorizada por Notario,
los particulares desistirían de incurrir en costos monetarios y de tiempo para el faccionamiento de un
documento.

La escritura es el instrumento público que, de manera exclusiva, autoriza el Notario en el protocolo a su


cargo, a requerimiento de parte, con el propósito de dar certeza jurídica especialmente a los negocios
jurídicos entre los particulares, para lo cual debe satisfacer los requisitos legales de forma y de fondo.

El Código de Notariado, Decreto 314 del Congreso de la República, no proporciona, de manera explícita,
una definición o concepto legal de escritura. Sin embargo, con base en los diferentes enunciados de los
artículos de este cuerpo legal, podemos, de manera indirecta, inferir algunos rasgos característicos sobre
las escrituras en el Art. 8.

Acerca de cuál es el nombre correcto de las escrituras, ¿cómo debemos llamarlas: escrituras públicas o
escrituras matrices? El Código de Notariado utiliza, preferentemente, la denominación de escrituras
matrices, en tanto que son pocas las veces que les llama escrituras públicas. Sin embargo, en el Código
Civil, Decreto Ley 106, el nombre predominante es el de escrituras públicas.

Se cree que el nombre correcto es el de escritura matriz, debido a que da la idea clara y precisa de que
es la original, la que permanece en el protocolo, y a partir de la cual podrán reproducirse otras más, cuantas
sean necesarias. En tanto que el nombre de escrituras públicas pareciera redundante, ya que, como se
dijo, el instrumento público por excelencia en Guatemala se entiende que es la escritura, de acuerdo con
lo establecido en el referido Título III del Código de Notariado. Sin embargo, debido a que en diferentes
cuerpos legales se utilizan ambos nombres, es aceptable llamarles escrituras públicas o escrituras
matrices.

2.1 Antecedentes, concepto y definición

El instrumento público después de un largo proceso de evolución histórica, ha sido reconocido que
corresponde su faccionamiento al notario. Se trata de la escritura pública, o escritura matriz. Este es el
instrumento público quizá más conocido dentro del conjunto de documentos que facciona el notario, pero
también es el más solemne, el más formal y el más seguro, desde el punto de vista jurídico, de todos
cuanto redacta. Es también el principal documento protocolar.

Inclusive para las personas que han tenido poca o ninguna relación con el Derecho Notarial, la sola
mención de que un negocio jurídico se hará constar en escritura pública supone darle una connotación,
formalidad y validez legal indiscutibles. De cierta forma, es posible afirmar que la escritura pública o matriz
es el instrumento público más prestigioso de los que autoriza el notario.

También es de tomar en cuenta que, en el concepto popular, tiende a asimilarse, en forma ligera, como
sinónimos, escritura y contrato, lo cual no es exacto. Efectivamente un contrato, a efecto de darle mayor
certeza jurídica, puede constar en escritura pública, pero no todos los contratos deben adoptar esta forma
y, es más, gran número de contratos ni siquiera llegan a tener manifestación escrita, sino que se establecen
oralmente.

Así, es importante que tomemos en cuenta qué tipo de declaraciones son las que pueden consignarse en
una escritura. Quiénes pueden realizarlas y cuál es la función que debe desempeñar, dentro de ese
proceso de elaboración del instrumento, el notario.

Todo esto interesa de manera fundamental, pues esos aspectos nos permitirán comprender mejor cuál es
el campo propio que corresponde a la escritura dentro del ámbito de la función notarial.

Para Bernardo Pérez Fernández del Castillo es posible definir la escritura pública en los siguientes
términos: Es el documento original asentado en el protocolo por medio del cual se hace constar un acto
jurídico, que lleva la firma y sello del notario. De esta definición sobresale de inmediato la calificación de
que se trata de un documento original, el cual es asentado en el protocolo. Es oportuno tener presente que
el notario, siempre, conserva los originales de las escrituras, los cuales pasan a formar parte del protocolo
a su cargo. Así, el notario no puede ni debe entregar estos originales a las personas que otorgan una
escritura pública. Esto, a primera vista, para el profano, puede parecer una situación irregular. ¿Cómo es
posible que el notario conserve los originales y el cliente no los reciba? Entonces, ¿cómo probarán los
interesados la existencia del negocio jurídico? ¿De qué medio dispondrán ellos para lograr el cumplimiento
forzoso, en caso de ser necesario ese documento original?

A continuación, dentro del concepto vertido por Pérez Fernández del Castillo, des- taca que en la escritura
se hacen constar actos jurídicos. Por lo cual, haciendo acopio de nuestros conocimientos de Derecho Civil,
debemos recordar que el acto jurídico es aquel en el cual se manifiesta la voluntad de las personas, y
sobre cuya base establecen relaciones, las que generan incidencias en el mundo de lo jurídico, las
cuales pueden consistir en formación, modificación o extinción de relaciones jurídicas.

La definición de Pérez Fernández del Castillo concluye puntualizando que la escritura lleva la firma y sello
del notario. Con este aspecto se resalta la materialización del ejercicio de la fe pública que se le reconoce
legalmente al notario, quien al firmar y sellar cumple con la función de autorizar la escritura, lo cual realiza
después de que han firmado los otorgantes. El notario no puede ni debe firmar antes de que lo hagan los
otorgantes, pues de lo contrario estaría haciendo un mal uso de la fe pública y podría incurrir así en
responsabilidades de diferente índole (civil y penal, entre otras).

Otra definición de escritura, la cual es clásica, es la de Miguel Fernández Casado, para quien escritura es
el instrumento público por el cual una o varias personas jurídicamente capaces establecen, modifican o
extinguen relaciones de derecho. En esta definición se destaca, en primer lugar, el aspecto de la capacidad
jurídica que deben poseer las personas que fungen como otorgantes, lo cual es obligación del notario
corroborar. Asimismo, una vez más, se evidencia en este concepto que, en las escrituras, o mejor dicho,
por su medio, se establecen, modifican o extinguen relaciones de derecho entre los otorgantes.

La definición de escritura que proporciona Novoa Seoane es digna de tomarse en cuenta, quien establece
que escritura es el documento autorizado por notario con las solemnidades del derecho a requerimiento
de una o más personas o partes otorgantes... con capacidad legal para el acto o contrato a que se refieran
y por virtud de la cual se hacen constar la creación, modificación o extinción de relaciones jurídicas
particulares, con sujeción a las leyes y a la moral. En esta definición se incorporan tres elementos
importantes relacionados con la escritura:

1. a) Que la escritura es autorizada con las solemnidades del derecho, es decir, cumpliendo las
prescripciones legales establecidas;

2. b) Que debe existir requerimiento o solicitud de la persona o de las partes, pues el notario no
puede actuar sin que se le pida hacerlo por los interesados; y

3. c) Que, en cuanto al objeto de las relaciones jurídicas que se vean afectadas entre los particulares,
existe el límite de las consideraciones, es decir la sujeción a las leyes y a la moral.

Respecto a esto último, por ejemplo, no podría utilizarse una escritura pública para consignar obligaciones
en las que se vulneren derechos inherentes a las personas, con los cuales se pudiera afectar su dignidad
o libertad.

Por nuestra parte podemos definir la escritura de la manera siguiente: Es el instrumento público
protocolar que, en forma exclusiva, autoriza el notario, con base en la solicitud realizada por los
particulares, quienes tienen capacidad de ejercicio de sus derechos y manifiestan su voluntad a
efecto de consignar la creación, modificación o extinción de una determinada relación jurídica, con
apego a la ley y a la moral.

2.2 Clasificación doctrinaria y legal

Enrique Giménez Arnau ha dicho con buen criterio que, si lo característico de la escritura es crear o recoger
formalmente un negocio jurídico o expresar una declaración de voluntad, habrá tantas clases de escrituras,
cuantas sean las del negocio jurídico. Esta es, pues, como se ve, una clasificación de las escrituras que
se basa y atiende al tipo de negocio jurídico que se consigne en ella.

Oscar Salas, siguiendo en parte lo propuesto por Argentino Neri, clasifica a las escrituras en dos grandes
grupos:

a) principales, y

b) complementarias.

Dentro de la clase de las complementarias están comprendidas las siguientes: De ampliación, de prórroga,
de confirmación, de ratificación, de aceptación, aclaratorias y de adhesión.

Para efectos de nuestro curso creemos que debe consignarse la clasificación que, en forma tradicional, ha
sido utilizada en el medio guatemalteco, la cual es sumamente sencilla. Conforme esta, existen tres clases
de escrituras, a saber:

1. ESCRITURAS PRINCIPALES:
Son las que persiguen una finalidad propia y exclusiva, siendo independientes de toda otra escritura." En
otras palabras, podemos definir las escrituras principales como aquellas en las que se consigna una
declaración de voluntad de la persona o de los otorgantes, en donde se encuentra contenido un acto o
negocio jurídico independiente, que no se encuentra condicionado por ningún otro instrumento público, el
cual subsiste por sí mismo.

Como ejemplo de esta clase de escrituras se puede mencionar la que contiene el contrato de
arrendamiento de un bien inmueble; o bien, una escritura en donde se consigna un contrato de mutuo
(préstamo) con garantía hipotecaria. En cada uno de estos casos la escritura tiene total independencia
respecto de cualquier otro negocio jurídico, subsiste por sí misma, pues no se encuentra condicionada por
ninguna otra.

2. ESCRITURAS COMPLEMENTARIAS;

A estas Oscar Salas también las denomina acceorias, y las define como las encaminadas a completar,
adicionar, modificar o corregir otra anterior. Así, una escritura complementaria o accesoria es aquella que
se elabora como un complemento, adición, modificación o corrección, a una escritura que se ha otorgado
previamente, con lo cual se favorece o aclara cuáles son los verdaderos alcances de la primera.

Por lo tanto, la escritura complementaria no goza de independencia, sino que se encuentra en


subordinación a la primera, ya que su verdadero sentido y alcances solo se logran si son entendidos de
manera integral con la primera escritura autorizada, no subsiste por sí misma.

En otras palabras, la escritura complementaria tiene sentido y significación únicamente en relación con la
principal, es decir, la primera. Dentro de la legislación notarial guatemalteca se menciona lo que son las
escrituras complementarias siguientes:

• Escrituras de adición, aclaración: De acuerdo con Oscar Salas, esta variante de escrituras se
utiliza para suplir omisiones, o bien, para dejar sin efecto cláusulas que son nudes ilícitas, con el
propósito de posibilitar la inscripción del instrumento en los correspondientes registros, y también
sirven para despejar dudas acerca de otra escritura que se ha autorizado previamente.

En cuanto a los otorgantes, tanto de uno como de otro instrumento, es decir, del principal y del
complementario, suelen ser los mismos," nosotros diremos, más bien, que siempre deben ser los mismos.

Un ejemplo de cómo puede ocurrir la adición en una escritura lo encontramos en una disposición
administrativa y tributaria, según la cual, para efectos de inscripción de escrituras en las que se afecten
derechos reales, debería consignarse en el instrumento, como requisito para su inscripción, el número de
identificación tributaria (Nit) de los otorgantes.

Es indudable que en el principio de la implementación de esta disposición se presentaron muchos casos


en los cuales no se consignó el Nit de los contratantes, debido a que no contaban con uno, por lo que la
alternativa de solución para esta dificultad se encontró en el otorgamiento de una escritura de adición, en
donde se consignó el número, una vez ya contaba con uno cada otorgante, para así proceder a la
inscripción del instrumento público en el Registro de la Propiedad.

• Escrituras de modificación: En las escrituras de modificación se consigna un cambio en


aspectos de fondo, con respecto a la escritura originalmente autorizada. Así, por ejemplo, se
podría establecer que el plazo para el cumplimiento de una condición establecida se reduce o se
amplía; o bien, que en defecto de la entrega de dinero se podrán aceptar otros bienes, etc.

Todo depende de cuál sea la voluntad de los otorgantes, o bien, de la persona que ha realizado el acto.
Así, en el caso de un acto, un ejemplo está dado en el testamento, que conforme la ley la escritura que lo
contiene puede cambiar en cualquier momento, de acuerdo con la voluntad del testador.

Este caso podría darse en la siguiente situación: el señor Juan José Rodríguez Fernández otorgó
testamento el uno de marzo del presente año, por medio del cual nombró heredero universal a su hijo
menor de edad, Juan José Rodríguez Juárez. En mayo, el testador decide modificar el testamento en el
sentido de establecer una cláusula limitativa, así: que en caso de que el testador fallezca antes de que su
hijo alcance la mayoría de edad, los bienes inmuebles heredados no podrán enajenarse o gravarse sino
hasta que cumpla los 18 años, con base en lo establecido en el art. 994 del Código Civil, Decreto Ley 106.

De esta manera, el testamento subsiste en todos sus aspectos, y únicamente ha sido modificado, ha
cambiado, mediante la inclusión de una condición, en cuanto a que limita la disposición de la masa
hereditaria durante cierto tiempo.
• Escrituras de rescisión: Rescindir es dejar sin efecto un contrato u obligación, lo cual puede
darse con base en lo establecido en la ley, o bien, por una cláusula convencional. Conforme el
Código Civil guatemalteco rescisión puede darse en el contrato de sociedad (por ejemplo Art.
1744). La compraventa (Arts 1822 y 1827, entre otros), y también posibilita establecimiento de
pactos de rescisión (arts. 1844 al 1861, inclusive)

De igual manera, la rescisión puede darse en la donación onerosa, cuando el donatario no cumpliere con
la prestación (Art. 1875), en materia de arrendamiento se prevé a causa de diversos motivos, como sucede
s mudar la forma de la cosa arrendada sin consentimiento de la otra par (Arts 1893 y 1930, entre otros);
de igual manera, es posible la rescisión en el contrato de obra o de empresa (Art 2008), en el contrato de
ser vicios profesionales (Art. 2035), y en lo que se refiere a la renta vitalicia (Art. 2129)

En ciertos casos, especialmente conforme lo previsto en la ley, la rescisión deberá pedirse que la declare
un órgano jurisdiccional con lo cual nos encontramos frente a la acción rescisoria. Sin embargo, en lo que
a nosotros interesa, es decir, desde el punto de vista notarial la rescisión puede darse extrajudicialmente
cuando existe acuerdo entre las partes.

Así, por ejemplo, en un contrato de obra otorgado por dos sociedades, frente a un imprevisto que
imposibilite continuar con la misma, es muy probable que la mejor manera de rescindir el contrato, para
evitar litis, y siempre que exista acuerdo, pueda darse a través de una escritura posterior en donde conste
que el contrato original (principal) es rescindido por acuerdo entre las partes. Desde este punto de vista,
es decir, del instrumento público, la rescisión solo puede darse con base en la existencia de uno anterior,
el principal, que es el que justifica el segundo, mediante el cual deja de cumplir sus efectos el primero, sin
que ninguna de las partes incurra en responsabilidades que sean sancionables.

• Escrituras de ampliación o aclaración. Para Oscar Salas, las escrituras de ampliación son las
que extienden o aumentan el objeto del negocio contenido en la escritura principal sin modificar
las cláusulas primitivas. En nuestro medio, existen dos tipos de escrituras de ampliación:

1. ESCRITURAS DE AMPLIACIÓN POR MOTIVO DE FORMA: Ejemplo de una ampliación por


motivo de forma es el siguiente: El notario se percata que ha habido errores en la consignación
del código único de identificación (CUI) del documento personal de identificación (DPI) de uno de
los otorgantes. Así, con respecto al DPI de uno de ellos se consignó que el número de terminación
era "cero ciento un", por lo que, ante la imposibilidad de testar o entrelinear, autoriza otro
instrumento, por sí y ante sí, conforme lo establecido en el art. 76, en donde consigna que debe
leerse "cero ciento uno". En este caso, no es necesario que comparezcan los otorgantes
nuevamente a firmar el instrumento, basta con que el profesional lo autorice.

Otro caso es el que se refiere a errores de forma que, conforme lo previsto en el art. 96 del Código de
Notariado, ocurren en alguna de las situaciones siguientes:

• Alteración en la numeración cardinal de los instrumentos;

• Alteración en la numeración que se refiere a la foliación;

• Alteración en el orden de la serie del papel de protocolo;

• Haber dejado una página (folio) en blanco;

• La inutilización de una hoja o de varias hojas del protocolo.

En todos estos casos el notario deberá acudir ante el Juez de Primera Instancia del Orden Civil, quien, tras
constatar el error y oídas las razones del profesional, podrá acordar la enmienda, procediéndose a levantar
el acta respectiva, y la certificación de la misma se agregará a los atestados del protocolo.

2. ESCRITURAS DE AMPLIACIÓN POR MOTIVO DE FONDO: En cuanto a las escrituras de ampliación


por motivo de fondo, el notario deberá convocar nuevamente a los otorgantes, así como a los testigos e
intérpretes, en su caso, a efecto de proceder a corregir el error en que pudiera haberse incurrido, ya que,
conforme lo establecido en el art. 1578 del Código Civil, la ampliación, ratificación o modificación de un
contrato debe hacerse constar en la misma forma que la ley señala para el otorgamiento del propio
instrumento.
Así, por ejemplo, si en un contrato de promesa, involuntariamente se omitió -por equivocación, error o
descuido- hacer constar en una cláusula, llamada cláusula penal, que la no adquisición del bien, en el
plazo y forma establecidos en el contrato, faculta al vendedor a quedarse con el depósito recibido,
entonces, para subsanar el error de la omisión deberá convocarse a los otorgantes a efecto de que firmen
la escritura de ampliación correspondiente.

El notario, en este sentido, debe ser muy cuidadoso, pues en determinado momento alguno de los
otorgantes podría retractarse o negarse a comparecer nuevamente, por lo que si el error es imputable al
profesional podría incurrir en responsabilidades.

Otro ejemplo es el de modificación del contrato de una sociedad mercantil, el cual también debe constar
en escritura, conforme lo establecido en el Código de Comercio.

3) ESCRITURAS CANCELADAS.

Dentro de las diferentes posibilidades y contingencias que se presentan en el ejercicio profesional, puede
suceder que, no obstan haberse cumplido, desde el punto de vista formal, con todos los requisitos previos
necesarios para el otorgamiento de una escritura y su correspondiente autorización por parte del notario,
el instrumento no nazca a la vida.

¿Cómo puede suceder esto? Lo más común es que alguno de los otorgantes se retracte de firmar, o bien,
que no se presente a hacerlo. Con este aspecto, la falta de intención de materializar y hacer realidad el
otorgamiento mediante la firma, se evidencia la fundamental importancia que tiene la manifestación de la
voluntad y el consentimiento hasta el momento último de la escritura, de manera que si alguna de las
partes se retracta, el instrumento no nace a la vida jurídica.

Otra posibilidad para que no lleguen a cumplir con sus efecto estas escrituras, es que en el documento
existan errores no corregibles. Esto errores pueden consistir en defectos de escritura, tal el caso de los
cometidos al imprimir el documento, o bien, posteriores (como manchas por derrame de líquidos), o
inclusive a cambios o modificaciones sustanciales en las cláusulas que, de última hora, realizan los
otorgantes. De cualquier manera, algo debe poderse hacer en tales casos. Así, lo que procede es la
cancelación de ese instrumento, de acuerdo con lo previsto en la literal b) del art. 37, del Código de
Notariado.

De estos instrumentos que no han nacido a la vida, como resulta obvio, no podrán extenderse testimonios
ni copias, pues el negocio jurídico como tal que debiera haber constado en ellas, no existe. Sin embargo,
las correspondientes hojas de papel sellado especial de protocolos deberán permanece en el orden
correspondiente, dentro del protocolo a cargo del notario para ese año, ya que, de ninguna manera, las
hojas pueden ser desechadas. Siempre deberán formar parte del protocolo, en el lugar que les
corresponde, atendiendo al número de orden y de registro correlativo que debe mantenerse.

2.3 Estructura de las escrituras públicas (Introducción, cuerpo y conclusión)

Con el transcurso del tiempo se llegaron a establecer tanto desde el punto de vista doctrinario como legal,
algunos criterios para la correcta redacción de las escrituras matrices. Es indiscutible que la unidad de la
escritura, como un documento que guarda sentido respecto al todo, es u criterio que prevalece. Sin
embargo, en la actualidad se han definido cuáles son los elementos necesarios que integran la escritura y
deben ser tomados en cuenta para una adecuada redacción. Desde el punto de vista doctrinario, así como
de las legislaciones de otros países es posible analizar la estructura de la escritura matriz desde diferentes
puntos de vista.

Fernardo Pérez Fernández del Castillo, presenta la siguiente estructura de la escritura pública:

a) Proemio,

b) Antecedentes,

c) Clausulado,

d) Representación,

e) Generales,

f) Certificaciones,

g) Autorización.
Guillermo Cabanellas, en su diccionario,23 refiere que en doctrina se reconocen las siguientes partes:

a) Comparecencia,

Con el transcurso del tiempo se llegaron a establecer tanto desde el punto de vista doctrinario como legal,
algunos criterios para la correcta redacción de las escrituras matrices. Es indiscutible que la unidad de la
escritura, como un documento que guarda sentido respecto al todo, es u criterio que prevalece. Sin
embargo, en la actualidad se han definido cuáles son los elementos necesarios que integran la escritura y
deben ser tomados en cuenta para una adecuada redacción. Desde el punto de vista doctrinario, así como
de las legislaciones de otros países es posible analizar la estructura de la escritura matriz desde diferentes
puntos de vista.

Bernardo Pérez Fernández del Castillo, presenta la siguiente estructura de la escritura pública:

a) Proemio,

b) Antecedentes,

c) Clausulado,

d) Representación,

e) Generales,

f) Certificaciones,

g) Autorización.

Guillermo Cabanellas, en su diccionario,23 refiere que en doctrina se reconocen las siguientes partes:

a) Comparecencia,

b) Exposición,

c) Estipulación,

d) Otorgamiento,

e) Autorización.

El notario español García y García, citado por Enrique Giménez Arnau, ha indicado que para la adecuada
ordenación de los elementos que integran el instrumento público se han seguido cuatro sistemas en
España, a saber:

a) Sistema primitivo: En este sistema se exponía primero el tenor negotii (tenor del negocio) y luego las
publicaciones (o sea los requisitos formales circunstancias necesarias para la validez y firmeza del
instrumento).

b) Sistema cronológico: El cual se basa en lo regulado por la Pragmática de Alcalá, y se caracteriza por
tener un tono narrativo similar a los de una sentencia judicial, para terminar con la fórmula ante mí, la cual
es seguida de la firma y sello del notario.

c) Sistema lógico: Se asemeja al anterior, pero con la variante de que se estructura como un silogismo,
por lo que los antecedentes del consentimiento figuran como premisa mayor y el otorgamiento es la
conclusión.

d) Sistema científico jurídico: Este ha sido creado doctrinalmente y se caracteriza porque separa, dentro
de la redacción del instrumento, los elementos personales de los reales y los formales, y reconoce la
división en secciones o apartados.
Debido a la influencia que ha mantenido el sistema tradicional en nuestro medio, así como por la resistencia
observada en la legislación por adoptar, de manera plena, el sistema científico jurídico, básicamente la
estructura de la escritura continúa siendo la misma que existió durante la época colonial. Sin embargo, ha
sido posible también que a pesar de las reservas legislativas se introduzcan algunos elementos, conceptos
y prácticas que aconseja el sistema científico jurídico.

De tal manera que en la actualidad la estructura básica de una escritura en Guatemala, es la siguiente:

a) Introducción.

b) Cuerpo, y

c) Conclusión.

Estos tres elementos, como se dijo, continúan siendo los tradicionales que fueron recibidos como parte del
legado cultural de los escribanos españoles de la época colonial. Sin embargo, dichos elementos básicos
se subdividen en la actualidad en otras partes más, producto de la influencia del sistema científico jurídico:

1) INTRODUCCIÓN:

La introducción equivale a lo que en doctrina se denomina comparecencia en sentido amplio. Como se


indicó, la introducción se puede dividir en dos partes:

a) El encabezamiento; y

b) La comparecencia, en sentido estricto.

En otras legislaciones, y doctrinariamente, también se le denomina proemio. Sobre el proemio ha dicho lo


siguiente Bernardo Pérez Fernández del Castillo, lo cual consideramos se adecua también a lo que
nosotros llamamos introducción: El proemio, denominado por algunos autores cabeza de escritura, es
como la invitación a un espectáculo en la que se nos da una pequeña introducción, tipo de obra, actores,
director, ubicación del teatro, día y hoja de la representación. Lo mismo sucede en el proemio de la
escritura al determinar los elementos del acto jurídico o contrato.

Sobre la comparecencia, en sentido amplio, Giménez Arnau ha expuesto lo siguiente: La comparecencia


es la pare relativa a los sujetos actuantes y al notario autorizante; determina quiénes son cada uno de
aquellos y este y fija la identidad y capacidad de los primeros y la competencia del notario. Y también, en
lo que se refiere a los aspectos específicos que debe contener esta parte, indica que la comparecencia
sirve para determinar:

a) El número, lugar y fecha del instrumento, punto de partida en el tiempo, de los efectos del mismo.

b) El fedatario y su competencia jurisdiccional.

c) Los otorgantes, así en su designación individual como en las características que los hacen jurídicamente
capaces del otorgamiento, según el acto jurídico de que se trate."

Con base en todo lo anterior podemos concluir que la introducción, también llamada comparecencia, en
sentido amplio, es la primera parte de la escritura en la cual se consignan los aspectos de identificación
del instrumento, lugar y tiempo, así como la competencia del notario para la autorización del mismo, con
lo cual los otorgantes, identificados, y con la constatación de su capacidad legal para el acto o contrato,
manifiestan su voluntad ante el fedatario, la cual habrá de consignarse en el instrumento.

Debe tomarse en cuenta que en la introducción se expresan, de manera privilegiada, los aspectos
subjetivos del instrumento, es decir, en esta parte se establece cuáles son los elementos personales del
mismo, los sujetos: tanto en lo referente al notario, que se encuentra investido de fe pública para autorizar
el instrumento, como a los otorgantes, quienes habrán de dar su consentimiento para el acto o contrato
objeto del documento.
• ENCABEZAMIENTO: En esta parte de la introducción se procede a establecer algunos elementos
que son propios de la escritura que en forma especifica se redacta, los cuales sirven para
identificarla y diferenciarla de las demás que constan en el protocolo. En otras palabras, se aportan
los elementos necesarios para individualizar la escritura y que a la vez sirven para distinguirla de
las otras que obran en el protocolo.

En el encabezamiento se deben consignar los siguientes aspectos:

1. a) Número de orden de la escritura;

2. b) Lugar y fecha;

3. c) Hora, en caso de que se trate de una escritura que contiene un testamento, o bien, de una
donación por causa de muerte, así como las correspondientes revocaciones de uno o de otra;

4. d) Las palabras ante mí;

5. e) Nombre del notario que autoriza el instrumento, a cuyo cargo se encuentra la hoja, u hojas, de
papel sellado especial para protocolo en donde se redacta el instrumento;

6. f) La palabra notario, con lo cual acredita su calidad de profesional y de fedatario quien facciona
el documento;

La consignación en el instrumento del número de orden que le corresponde, así como el lugar, día, mes y
año del otorgamiento, tienen por sustento legal lo establecido en el art. 29 del Código de Notariado,
específicamente en el numeral 1, que literalmente dice: “…1. El número de orden, lugar, día, mes y año
del otorgamiento…”

En la práctica notarial se pueden observar variantes con respecto a la forma de consignar el número de
orden del instrumento. Así, algunos notarios escriben la palabra "número" (Número doce; Número trece,
etc.); en tanto que otros no, sino que únicamente el que le corresponde (doce, trece, etc.). También, en
algunos casos, los notarios, después de escribir en letras el número correspondiente, acostumbran
consignar, entre paréntesis, el guarismo: cuatro (4), cinco (5), etc. Hay quienes utilizan negrillas para todo
este texto, y otros prefieren utilizar únicamente letra inicial mayúscula y el resto del texto consta en
minúsculas, en lugar de que todas sean mayúsculas, etc.

Las variantes son muchas como para poder mencionaras todas en este lugar. Sin embargo, de la manera
que prefiera hacerlo el notario, lo importante es que debe cumplirse con los requisitos establecidos en la
ley, así como por la costumbre y usos dentro del medio nacional.

Es importante tomar en cuenta que para la designación del lugar en el instrumento se deberá hacer
constar la vecindad en donde se encuentra el notario, es decir, se debe referir al municipio en el que se
otorga y no al departamento o a la dirección de su bufete o del sitio en donde se encuentre. Lo normal es
que el lugar coincida con aquel en donde el notario tiene su sede notarial, es decir, su bufete profesional.
Así, por ejemplo: En la ciudad de Guatemala... En la ciudad de Flores... En la ciudad de Escuintla....

En cuanto a la consignación de la hora en los instrumentos públicos que contengan testamentos o


donaciones mortis causa, el sustento legal lo encontramos también en el Código de Notariado,
específicamente en el Articulo 42. “La escritura pública de testamento además de las formalidades
generales, contendrá las especiales siguientes: 1. La hora y sitio en que se otorga el testamento.”

En el caso del sitio a que se refiere este último artículo citado, debemos entender que para los
testamentos, donaciones mortis causa, y sus correspondientes revocaciones, se debe consignar la
dirección, además del municipio, en donde se encuentran reunidas las personas.

Las palabras ante mí, conforme los usos y costumbres notariales en Guatemala, se utilizan en el
encabezamiento de las escrituras, si bien no existe una base legal específica para hacerlo. En la mayoría
de escrituras se utilizan estas palabras, sin embargo, en algunas ocasiones habrá de utilizarse las
siguientes: por mí y ante mí. A manera de regla, la expresión ante mí se utiliza cuando el notario funge
como fedatario de negocios o actos jurídicos frente a uno o varios terceros, quienes posteriormente habrán
de firmar para ratificar que el contenido del instrumento es manifestación de la voluntad de
ellos. En cambio, la expresión por mí y ante mí se utiliza cuando el instrumento es autorizado
por el notario, sin el concurso de otra persona, lo cual únicamente puede hacerlo con base en los casos
establecidos específicamente en la ley, como por ejemplo en la Protocolación de un documento
proveniente del extranjero, si únicamente firma el notario.

La significación de ambas expresiones, es decir, ya sea la de ante mí o bien por mí y ante mí, tiene una
connotación notarial, es decir, es una manifestación propia y exclusiva de solemnidad notarial, que sirve
para expresar y se acostumbra específicamente cuando existe uso de la fe pública que se le reconoce al
notario respecto de los instrumentos que autoriza.

En el encabezado, el uso de la expresión ante mi evidencia que el notario da fe de que se ha cumplido con
la comparecencia de los otorgantes, quienes han realizado la rogación de sus servicios, que se ha
cumplido con las formalidades para la identificación de las personas conforme lo prescrito en la ley y que
las manifestaciones de voluntad del negocio jurídico o acto que formalizan a través del instrumento
corresponden a lo expresado por tales personas ante el notario.

El uso de la expresión ante mí, con el tiempo, ha llegado a ser exclusiva de los notarios, pues inclusive
respecto a otros documentos públicos, o sea, los que pueden autorizar funcionarios que se encuentran
facultados por la ley para hacerlo, muy difícilmente podrá encontrarse un ejemplo en donde se utilice. La
costumbre y los usos notariales, al menos en nuestro medio, han servido para perpetuar ambas
expresiones como de uso exclusivo notarial.

A continuación de las palabras ante mí, deberá consignarse el nombre completo del notario, Desde
nuestro punto de vista, es procedente esta identificación de quién es el notario que autoriza el instrumento,
debido a que, en todo caso, la función notarial solo puede desempeñarse en forma personal y únicamente
por quien se encuentra autorizado para ello.

Así, por ejemplo, para que el testimonio de una escritura traslativa de dominio sobre un bien inmueble
pueda ser inscrito en el Registro de la Propiedad no basta con que el notario posea el titulo y esté
colegiado, sino que, oportunamente, debió haberse acreditado ante tal dependencia gubernamental. Esta
identificación de quién es el notario que autoriza, mediante su correspondiente nombre, es útil así para
efectos de determinar si la persona efectivamente goza del estatus legal como profesional dentro de este
campo y si se encuentra habilitado.

A continuación del nombre, se consigna la palabra notario, para evidenciar la calidad profesional. Este
requisito, aunque de uso generalizado en nuestro medio notarial, tampoco tiene asidero legal alguno, pero
todos los notarios lo utilizan.

• COMPARECENCIA (en sentido estricto):

En esta parte de la introducción debe cumplirse con proceder a la identificación de las personas que
participan, desde sus respectivas posiciones, dentro del instrumento. Así, deberán incluirse cuáles son los
nombres y apellidos de las personas que comparecen, su edad cumplida, profesión, ocupación u oficio,
domicilio (es decir el departamento si la persona es casada o soltera) y también su nacionalidad. en donde
residen), estado civil (referido específicamente si la persona es casada o soltera y tmbién su nacionalidad.

Toda esta información de los comparecientes debe obtenerla el notario de la documentación que le
presente para identificarse cada persona, es decir, por los medios legales. Si se trata de personas
nacionales (guatemaltecas) o de extranjeros que tienen su residencia acá en el país, deberá hacerse a
través del correspondiente documento personal de identificación (DPI) Si se trata de una persona
extranjera, que no es residente, podrá identificársele con su pasaporte. En ambos casos deberá dejarse
constancia en el instrumento de cuál es el número que corresponde al documento que sirvió para la
identificación de la persona.
También existe la posibilidad de que el notario conozca a todos los comparecientes, o bien, a uno o a
varios de ellos. Esto puede deberse a que el notario ha tratado a la persona, ya sea como cliente o por
alguna otra circunstancia, con lo cual puede dar fe de que la conoce. En este caso, el notario deberá hacer
constar esa fe de conocimiento de la persona, o de las personas, que conoce y que intervienen en el
instrumento. La ley reconoce la facultad que tiene el notario para dar esa fe de conocimiento de una
persona, con lo cual no es necesario identificarla por los medios legales (presentando el documento de
identificación).

Existe, además, otro medio para identificar a los otorgantes: mediante la declaración de dos testigos
conocidos por el notario, quienes son contestes en la identificación de la persona, en todos los aspectos
que deben ser satisfechos. Estos testigos son llamados testigos de conocimiento, pues declaran que
conocen a la persona que comparece ante el profesional. Por aparte, si el notario lo estima conveniente,
puede proceder a identificar a los otorgantes valiéndose de dos medios, es decir, en forma documental
(con el DPI o pasaporte, según corresponda) y con la declaración de los testigos de conocimiento.

Base legal para los elementos de la introducción de una escritura. Algunos de los elementos que se han
señalado anteriormente de la introducción, en lo que corresponde al encabezado y a la comparecencia, se
encuentran regulado en el art. 29 del Código de Notariado, Decreto 314 del Congreso de la República,

• ELEMENTOS PERSONALES DE LA ESCRITURA PÚBLICA:

El instrumento público debe ser entendido como el documento que autoriza el notario. Dentro del Sistema
del Notariado Latino, el notario no puede actuar por iniciativa propia, sino que debe existir, a manera de
principio, el requerimiento, petición o solicitud del caso por parte del cliente o clientes al profesional, para
que actúe en su función fedataria. Además, dentro del instrumento público figuran, o se menciona, a
diferentes personas, pero la posición que cada una de ellas ocupa, desde el punto de vista legal, es
diferente, dependiendo de cuál sea su interés o la función que justifica el que se le tome en cuenta dentro
del documento.

En este apartado nos referiremos a la calidad de las personas que aparecen en una escritura pública.

A continuación, se analizarán en detalle cuáles son esos elementos personales que deben tomarse en
cuenta al momento de autorizar el notario una escritura pública. Esto resulta importante, especialmente si
se toma en consideración que tiende a existir mucha confusión al respecto y se utiliza la terminología de
manera imprecisa, incorrecta o inapropiada.

1. OTORGANTE: Es quien da su consentimiento en una escritura matriz, por medio de su firma o


impresión dactilar, quien directa y personalmente realiza el acto jurídico. Cabanellas, lo define así:
"Es quien otorga; la parte que contrata en un documento público." Desde luego el otorgante
no siempre actúa en nombre propio, sino también lo puede hacer en representación de una
sociedad u otra persona. En este caso, el apoderado o representante es el otorgante.

2. PARTE: Es la persona o personas que representan un mismo derecho. Frecuentemente utilizamos este
término para señalar a él o los sujetos del derecho, que están creando, modificando o extinguiendo una
obligación. La parte puede ser una sola persona o un grupo de personas que representan un mismo
derecho. En la compraventa, cuando son dos o más los vendedores, éstos son o representan una sola
parte. Pérez Fernández del Castillo, expresa: "Es la persona o personas que Ostentan una misma
prestación en una escritura.

1. COMPARECIENTE:

En sentido amplio, el compareciente es cualquier persona, y no sólo quien requiere al Notario, es también
quien comparece e interviene en el instrumento público, entre ellos los testigos, traductores o intérpretes.

En el Diccionario de la Lengua Española se lee sobre compareciente lo siguiente: 1. com. Der Persona
que comparece ante un juez, un tribunal, un notario o un órgano público. Atendiendo a la definición del
Diccionario, para ser compareciente es suficiente que la persona comparezca, es decir, que se presente
ante un notario a realizar determinadas manifestaciones o a cumplir con una función.

En el numeral 3 del art. 29 del Código de Notariado se establece, como uno de los requisitos de contenido
de los instrumentos públicos, la obligación de que el notario de fe de conocimiento de las personas que
intervienen en el instrumento, y de que los comparecientes aseguran hallarse en el libre ejercicio de sus
derechos civiles.

En una escritura matriz siempre se consigna que las partes (por ejemplo, el comprador y el vendedor), y
por lo tanto las partes que tienen determinado interés y posición en el acto, manifiestan o aseguran hallarse
en el libre ejercicio de sus derechos civiles. Es por eso que, con base en este primer sentido o acepción
que la ley reconoce en cuanto al término compareciente, podría afirmarse que el compareciente no solo
es quien comparece, sino también quien otorga y a la vez constituye una parte dentro del acto jurídico de
que se trate.

INTERVENIENTES O AUXILIARES DEL NOTARIO.

El notario, para autorizar una escritura, está facultado a valerse de la intervención o auxilio de otras
personas, diferentes o ajenas a los otorgantes, partes o compa- recientes. A estas personas son a las que
Bernardo Pérez Fernández del Castillo las denomina concurrentes. Ellas están presentes en el
otorgamiento, algunas pueden cumplir una función más activa que la de la simple presencia, pero en todo
caso comparten la falta de interés directo en el asunto, pues no se ven afectadas en forma alguna en sus
intereses y relaciones jurídicas. Es decir, son partes en sentido formal, no material. En el Código de
Notariado, se les denomina personas que intervienen en el instrumento (ver los siguientes numerales del
art. 29: 3 y 12; así como el numeral 6 del art. 31).

1.- Intérpretes:

De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, es la "persona que explica a otras, en lengua que
entienden, lo dicho en otra que les es desconocida. El Diccionario Larousse, manual ilustrado, por su parte,
define intérprete como la "persona que traduce de viva voz de una lengua a otra". En este último sentido,
creemos, es como se debe entender la intervención del intérprete, para efectos del otorgamiento de los
instrumentos públicos, pues el instrumento no será formalmente traducido a otro idioma, es decir, por
escrito, al menos no por el notario, pero si es necesario que el otorgante esté impuesto, es decir, conozca,
de aquello que incide en sus intereses y, posiblemente, en sus relaciones jurídicas, lo cual se consigue a
través de la traducción libre que realiza el intérprete de viva voz.

En cuanto a la calidad de traductor jurado, esto supone que la persona está legalmente acreditada,
conforme a una autorización gubernamental, para realizar traducciones, las cuales se consideran
fidedignas. Dentro del grupo de los intérpretes es posible encontrar a dos tipos de personas:

• El intérprete, persona que conoce el idioma, si bien no posee un aval legal que así lo acredite o
lo legitime para realizar traducciones, por lo que puede realizar traducciones de las denominadas
libres; y,

• El traductor jurado: persona reconocida legalmente como conocedora de un idioma y que puede
realizar traducciones fidedignas, legalmente válidas. La calidad de traductor jurado requiere del
cumplimiento de todo un procedimiento de calificación, trámites y autorización, y también implica
responsabilidades legales. (ver art. 37 de la Ley del Organismo Judicial. -

2- Testigos:

Los requisitos para ser testigo están previstos en el art. 52 del Código de Notariado. Conforme esta norma,
los testigos deberán ser: civilmente capaces, idóneos y conocidos por el notario. En caso de que no fueren
conocidos del notario, el profesional deberá cerciorarse de su identidad, procediendo a identificarlos por
los medios legales (presentación de DPI o pasaporte).

Desde el punto de vista doctrinario y legal, también es posible clasificar a los testigos en tres categorías:
2.1 TESTIGOS DE CONOCIMIENTO;

También se les denomina testigos de abono, o bien, testigos de identidad. Son las personas que colaboran
con el notario en la identificación del compareciente al que no conoce y que, por algún motivo, no dispone
en ese momento del documento de identificación personal o pasaporte, según corresponda- para
presentársela al notario. De esta manera, la declaración de este tipo de testigos, que deben de ser dos y
conocidos del notario, suple la falta del documento respectivo, a efecto de identificar al compareciente.

En el precepto legal del Código de Notariado (ver supra el numeral 4 del art. 29), se establece, como
requisito, que los testigos deben ser conocidos del notario, sin embargo, habrá de entenderse que también
conocen a la persona a la cual identifican. Guillermo Cabanellas sobre estos testigos plantea que: Cuando
el notario no conoce al testador o a otro otorgante de un acto o contrato, se denomina testigo de
conocimiento la persona conocedora de la parte, y a su vez conocida del notario, que establece enlace
preciso para la identidad de la persona: su nombre y apellido.

2.2 TESTIGOS INSTRUMENTALES;

En la legislación guatemalteca el testigo instrumental es obligatorio que forme parte de la estructura del
instrumento, o mejor dicho, que intervenga o concurra, específicamente en el caso de los testamentos y
donaciones mortis causa, así como en sus respectivas revocaciones. En los demás casos el notario podrá,
si así lo considera pertinente y oportuno, valerse de la presencia e intervención de tales testigos. El
sustento legal de los testigos instrumentales se encuentra en el Art. 51 del Código de Notariado.

De acuerdo con Oscar Salas, los testigos instrumentales tienen como misión coadyuvar a la dación de fe
que realiza el notario, acerca de un acto o negocio jurídico realizado en su presencia y el cual fue
legalmente autorizado en el ejercicio de su cargo, como depositario de la fe pública. Asimismo, Salas, en
cita de Larraud, expone que este autor define el testigo instrumental como aquel que tiene por misión tomar
conocimiento de los hechos ocurridos a su presencia. Guillermo Cabanellas refiere sobre los testigos
instrumentales lo siguiente. En los instrumentos o documentos públicos, y singularmente en los
notariales, el que asiste, da fe y firma al redactarse una escritura, para solemnidad del acto, para poder
certificar el hecho y el contenido del mismo y como complemento y refuerzo de la autoridad del notario,
escribano o secretario.

La participación de los testigos instrumentales ha sido considerada como una forma de desvirtuar los
principios doctrinales y lógicos que sirven de base a la institución de la fe pública notarial, ya que la misma
se desplaza de las manos del notario, para ser compartida con dichos testigos, quienes, conforme el mismo
ordenamiento jurídico, no tienen potestad para autorizar ningún documento notarial. Sin embargo, desde
nuestro punto de vista, creemos que el uso de este tipo de testigos no desvirtúa la fe pública, ni la confianza
depositada por el Estado en el profesional como notario. Antes bien, creemos que el propósito del
legislador al establecer la obligación de auxiliarse de esta clase de testigos consiste en reafirmar la
veracidad y realidad de lo acontecido. En otros países y legislaciones, el uso de los testigos instrumentales
es obligatorio en todo tipo de actos y contratos.

En Guatemala lo es únicamente, como se dijo, en relación a testamentos y donaciones por causa de


muerte, así como sus revocaciones. Sin embargo, el notario puede, si así lo considera necesario, en
especial por la particular delicadeza de los asuntos, negocios, que le corresponde atender, optar por
auxiliarse de tales testigos, lo cual nos parece a nosotros, especialmente en estos difíciles tiempos de
credibilidad, oportuno y hasta recomendable.

2.3 TESTIGOS ROGADOS O DE ASISTENCIA.

Esta clase de testigos tiene participación cuando uno de los otorgantes, o ambos, no puede firmar o no
sabe hacerlo, por lo que el testigo firma en nombre de aquel, a su ruego. En el art. 56 del Código de
Notariado, se hace alusión a este tipo de testigos. De acuerdo con nuestra legislación, el testigo rogado
también pue de firmar en el caso de que el intérprete no supiere o no pudiere hacerlo (ver supra numeral
6 del art. 29 del Código de Notariado).

• CUERPO:

El cuerpo de la escritura nos encontramos con la parte medular o central de instrumento público. En el
cuerpo adquiere materialidad el negocio jurídico de interés de los otorgantes. Desde una perspectiva
general, en el cuerpo del instrumento habrá de determinarse cuáles son los aspectos objetivos del acto o
contrato que contiene la escritura. O sea que deberá especificarse de qué se trata el negocio jurídico, por
qué se realiza, bajo qué condiciones, plazo, reservas y demás aspectos relacionados con la voluntad de
las partes y que son permitidas dentro del ordena miento jurídico vigente.

Asimismo, y de manera fundamental, en esta parte de la escritura se hará constar, preferentemente en


una cláusula especifica, la aceptación de los otorgantes, es decir, la manifestación libre de la voluntad en
cuanto a que se accede, de acuerdo con lo establecido en el instrumento, a lo manifestado, por lo que aquí
consta esa aceptación, la cual es conforme con todo lo expresado en las clausulas anteriores.

2.1 ANTECEDENTES:

Enrique Giménez Arnau ha definido esta parte de la escritura como aquella en la que después de haberse
fijado e identificado la personalidad de los comparecientes, se describe el objeto de la relación o del acto
de voluntad que sobre el objeto va a verificarse; se justifica su dependencia jurídica del sujeto y se
establecen los supuestos que en el orden lógico y jurídico sean antecedentes de los pactos, estipulaciones
o manifestaciones de voluntad que seguidamente hayan de hacer los comparecientes.

Así, por ejemplo, en una escritura de compraventa de un bien inmueble urbano, el antecedente lógico se
refiere a que el propietario manifiesta que el bien identificado en el Registro de la Propiedad con un
determinado número, folio y libro, ubicado en un cierto departamento de la República, y que le pertenece
a quien vende, el cual se encuentra libre de gravámenes, anotaciones o limitaciones, si corresponde, como
demuestra con la certificación que para el efecto presenta, etc. Todos estos elementos, constituyen
aspectos importantes y fundamentales para la esencia del negocio jurídico de que se trate, pues, en el
ejemplo que antecede, quien no es propie- tario no puede vender un bien.

2.2 ESTIPULACIONES:

A la parte de la escritura que contiene las estipulaciones también se le conoce con el nombre de parte
dispositiva, del clausulado o de las disposiciones. Dentro de las consideraciones formales de la
escritura, las estipulaciones representan el aspecto más importante, el medular, del instrumento. Mediante
las estipulaciones, el instrumento público define su objeto, se establece con claridad qué es lo que desean
las partes, cuál es la finalidad económica o la voluntad, según corresponda, y las necesidades jurídicas de
los otorgantes se conjugan con el ordenamiento jurídico vigente, al establecerse un vínculo entre lo que
es su voluntad y lo que se acepta como lícito.

De acuerdo con Enrique Giménez Arnau, la parte dispositiva o estipulaciones: Es aquella parte de la
escritura en la cual, después de haberse señalado los sujetos y el objeto de la relación, se establecen los
acuerdos, pactos y modalidades del negocio jurídico que la escritura se propone solemnizar cláusulas
debe cumplirse con dos condiciones fundamentales:

a) Que lo expresado en ellas sea efectivamente la voluntad del otorgante u otorgantes; b) Que esa
manifestación de voluntad esté enmarcada dentro de lo que el ordenamiento jurídico permite a las
personas disponer libremente, puesto que jamás podría autorizar el notario un instrumento que fuera
contrario a las normas legales, a la moral y al orden público.
Con base en ese elemento potestativo, lo querido y expresado en el instrumento se ha expuesto la teoría
que equipara al instrumento público, específicamente a escritura, con la sentencia judicial. Tan es así, que
a las escrituras públicas se le reconoce valor ejecutivo, es decir, gozan de una presunción legal de
veracidad autenticidad que no hace necesaria la fase de declaración del derecho, con todos los
formalismos de un proceso de conocimiento, sino que permite pasar a u fase ejecutiva.70 En todo caso,
la ejecución tomará como referencia, clara y concreta cuales fueron las estipulaciones del instrumento
público.

CLASIFICACIÓN DE LAS CLÁUSULAS:

• CLÁUSULAS ESCENCIALES: Este tipo de cláusulas se caracteriza porque son irrenunciables y


el no consignarlas hace imposible que el contrato o el acto nazca a la vida jurídica.

Como ejemplo de ellas puede mencionarse que en el contrato de donación entre vivos, conforme lo
establecido en el art. 1863 de Código Civil, Decreto Ley 106, toda donación será estimada, lo cual significa
que en alguna de las cláusulas deberá consignarse en qué valor monetario o precio, estima, considera o
aprecia el donante, según su libre albedrio, la donación de la cosa que realiza a favor del donatario.

• CLÁUSULAS NATURALES:

Las cláusulas naturales son aquellas que, dentro de ordenamiento legal, se consideran propias del acto o
contrato de que se trate. Sus alcances se encuentran determinados en las normas jurídicas constituyen
derechos u obligaciones para las partes. Sin embargo, la le permite que tales derechos u obligaciones
puedan renunciarse o cambia se, siempre y cuando la renuncia conste en la escritura y que no se aten en
contra de normas de orden público y de la moral.

Un ejemplo de este tipo de cláusula lo encontramos en los contratos de tipo oneroso en que se transmita
la propiedad, la posesión, el uso, goce o disfrute de u cosa, en donde el enajenante, conforme lo previsto
en el art. 1543 del digo Civil, Decreto Ley 106, está sujeto al saneamiento por evicción o vicios ocultos. Sin
embargo, este derecho del comprador está matizado el mismo Código Civil, en el art. 1544, en donde se
expone lo siguiente. Los contratantes pueden ampliar o restringir por pacto expreso los efectos del
saneamiento y aun convenir en que este no se preste; pero la renuncia al saneamiento no será válida si
hubiere mediado mala fe por parte enajenante.

• CLÁUSULAS ACCIDENTALES: Este tipo de cláusulas puede o no aparecer en una escritura, lo


cual depende de la voluntad de las partes. El establecimiento de una cláusula accidental en una
escritura significa la derogación de una natural que, de otra manera, sería la que regiría, por lo que
la accidental se torna la rectora en la relación jurídica que se establezca.

Un ejemplo de este tipo de estipulación lo constituye la llamada cláusula de indemnización establecida en


el art. 1436 del Código Civil, conocida también como cláusula penal, según lo cual: Las partes pueden fijar
anticipadamente una cantidad que deberá pagar el que deje de cumplir la obligación, o no la cumpla de la
manera convenida, o retarde su cumplimiento; la cual, en tales casos, compensa los daños y perjuicios.
Este tipo de cláusula se utiliza mucho en contratos de obras de construcción, conforme lo cual, de manera
anticipada, se prevé una sanción pecuniaria al constructor por cada día de atraso en la entrega de la obra.
Puede fijarse en términos absolutos, es decir, una cantidad determinada de dinero, o bien, un porcentaje
sobre el valor de la obra, así como establecer diferentes criterios de sanción en caso de que el atraso sea
de días, de semanas, de meses o inclusive de años.

• CLÁUSULAS IRRENUNCIABLES:

Dentro del conjunto de derechos potestativos, es decir, aquellos sobre los cuales pueden disponer
libremente las personas, existe la posibilidad de que alguien renuncie libre y voluntariamente a ellos. Sin
embargo, en otros casos, cuando se refiere a normas de orden público, la posibilidad de renuncia a tales
derechos no existe. Por tanto, las cláusulas irrenunciables son aquellas que, con base en el ordenamiento
jurídico, las partes no pueden omitirlas, pues son de interés público y persisten por sobre la voluntad de
los otorgantes.
Como ejemplo de ese carácter irrenunciable de derechos, que adquieren expresión en las cláusulas
escriturarias, se puede mencionar lo establecido en el Código Civil con relación a los contratos de
sociedad: Artículo 1732. Son nulas y se tienen por no puestas las cláusulas del contrato de sociedad en
que se estipule que alguno de los socios no participará en las ganancias o que la parte del capital o bienes
que aporte estarán libres de responsabilidad o riesgo.

• CLÁUSULAS DE ESTILO: Este tipo de cláusulas tiene su origen en dos fuentes: la tradición
notarial (porque así se acostumbra entre los notarios desde hace un determinado tiempo), o bien,
porque algunas cláusulas, que originalmente eran del tipo accidental, por su reiterado uso, han
llegado a considerarse propias de un determinado tipo de contrato o de acto.

Como ejemplo de las primeras, es decir, de las que tienen un origen en la tradición notarial, se pue- de
mencionar la última cláusula dentro del cuerpo de la escritura, en la cual se acostumbra consignar que las
partes, o bien el otorgante, aceptan lo establecido en las estipulaciones anteriores. Ejemplo de cómo una
cláusula accidental se vuelve, por causa de su reiterado uso, típica dentro de determinado tipo de
contratos, se puede mencionar que en los onerosos que conlleva, Sin embargo, atendiendo a la posición
e económica de ventaja del acreedor, quien normalmente es quien elige al notario que faccionará el
instrumento, se acostumbra consignar que el deudor renuncia a su derecho de ser demandado en su
domicilio y se somete voluntariamente en donde le convenga y plazca al acreedor.

2.3 ACEPTACIÓN:

En Guatemala, dentro de los usos notariales propios, se acostumbra que en el cuerpo de la escritura matriz
se haga constar, de manera expresa, la aceptación del negocio o acto jurídico de que se trate por parte de
los otorgantes. A esta cláusula se le denomina generalmente cláusula de aceptación.

Sin embargo, desde el punto de vista doctrinario, la corrección de este uso es cuestionable, y las razones
son varias. El argumento más sólido para rechazar esta aceptación preliminar en el cuerpo de la escritura
matriz, consiste en que, en una parte posterior, específicamente en la del cierre, como veremos a
continuación- existe un apartado específico en donde se procede al otorgamiento, es decir, a la aceptación
como tal, del contenido de todo el instrumento. Por este motivo resulta un tanto redundante que en el
cuerpo de la escritura se incluya una cláusula de aceptación y, posteriormente, en el cierre, una vez más,
se haga constar que se acepta el contenido del instrumento:

No obstante, como se mencionó ya, este es un uso, curioso y particular, que se observa y practica en el
medio notarial guatemalteco. Por lo que es normal que en la última cláusula de la escritura matriz se
exprese que las partes aceptan (por ejemplo una compraventa, un mutuo, un arrendamiento, etc.), si se
trata de un acto bilateral; o bien, que la persona que otorga el instrumento acepta, en los actos unilaterales
(testamento o donación simple).

• CONCLUSIÓN:

Esta última parte de la escritura está formada por dos elementos:

1) El otorgamiento y

2) La autorización.

Antes de proceder al análisis de estos elementos debe tenerse presente que la única parte de la escritura
que se redacta en forma de cláusulas es la que se refiere al cuerpo. Las otras dos partes que integran la
escritura, es decir, la introducción y la conclusión, no se redactan mediante cláusulas.

Asimismo, además del otorgamiento y autorización, en esta parte de la escritura se hace referencia a
algunos aspectos importantes de la misma, los cuales hará constar el notario, a saber:
a) Se hace mención que tuvo a la vista los documentos de identificación de las partes, si corresponde;

b) Se expresa haber tenido a la vista los títulos con los cuales se justificó la propiedad de los bienes o
derechos objeto del otorgamiento;

c) Se hace constar que se realizaron las correspondientes advertencias sobre los efectos legales del
instrumento, las obligaciones registrales y tributarias que devienen con motivo del instrumento:

d) Se consigna que se dio lectura al instrumento:

e) Se hace mención de que han estado presentes también los testigos e intérpretes, además de los
otorgantes y el notario, según corresponda.

f) Se establece que firmaron los interesados, o bien, que dejaron la impresión dactilar de su pulgar derecho
(u otro que se establece), y en el caso de que alguien no supiere o no pudiere firmar, que dejó el otorgante
su impresión dactilar y firmó a su ruego el testigo que se identificó en la introducción.

3.1 OTORGAMIENTO:

El otorgamiento lo define Eduardo Couture en dos sentidos: acción y efecto de con- descender o consentir
en un acto, formulando en forma expresa o tácita la manifestación de voluntad requerida para su validez,
y como acción y efecto de extender un documento en el que se representa y da forma escrita a un acto o
contrato y se lo autoriza con las firmas requeridas.

Históricamente, ha existido una disputa en cuanto a lo oportuno de diferenciar el otorgamiento de la


autorización. En un principio, predominó la tendencia unitaria. Sin embargo, con base en la tendencia que
podríamos llamar contemporánea, se ha aceptado que si existe una diferencia entre ambos.

De esta manera, el otorgamiento compete a los comparecientes: la autorización es función del notario.
Otorgar significa consentir, aceptar algo, lo cual, evidentemente, corresponde hacerlo a las partes, a los
sujetos cuyos intereses están en juego en el instrumento que se autoriza.

De esta manera, según la concepción de Rafael Núñez Lagos, los otorgantes, mediante el otorgamiento,
realizan una proclamación de paternidad tanto del negocio jurídico como del instrumento. Evidentemente,
todo el instrumento público se encuentra saturado de la voluntad, del consentimiento de los otorgantes,
pues la escritura matriz no nace a la realidad a partir del vacío, sino con base en las manifestaciones de
voluntad realizadas por los clientes al notario. Sin embargo, el otorgamiento exige la firma del otorgante,
con lo cual se opera una ratificación formal y es del consentimiento que en un principio se ha prestado en
las cláusulas y en demás partes de la escritura. Ese reconocimiento del contenido del instrumento que
realizan los otorgantes, es a lo que Núñez Lagos llama la paternidad de otorgantes.

Para comprender cuál es la importancia del otorgamiento, podemos preguntar qué sucedería si la escritura
matriz, una vez faccionada y lista para el otorgamiento, finalmente no es firmada por una de las partes o
por ambas. La simple: ese instrumento público no ha nacido a la vida jurídica, pues adolece la falta del
consentimiento que debe expresarse de manera formal y escrita, porque no se ha operado el otorgamiento
necesario, la aceptación de las partes, cual le hace imperfecto para ser un instrumento público eficaz y
que cumpla con los objetivos del negocio jurídico que contiene.

Elementos del otorgamiento: Desde el punto de vista doctrinario, se ha llegado a establecer que los
elementos del otorgamiento son los siguientes:

a) Lectura del instrumento,

b) Prestación del consentimiento,

c) Firma de los otorgantes y, si corresponde, de los testigos e intérpretes.

3.2 AUTORIZACIÓN:
La escritura, una vez ha sido firmada por los otorgantes, dijimos que tiene carácter de un documento. Sin
embargo, cabe preguntarse de qué tipo de documento. Evidentemente, no podría ser de otra manera, la
escritura firmada por los otorgantes tiene el carácter de un documento privado.

Sin embargo, se trata de un documento privado que está contenido en una particular clase de papel: papel
sellado especial para protocolos; pero ese solo hecho, el estar contenide en el papel que utilizan de manera
exclusiva los notarios para autorizar escrituras, no le da connotación de documento público, ni tampoco de
instrumento público.

Para que pueda operarse esa transformación, formal y jurídica, esa metamorfosis del documento privado,
suscrito por los otorgantes en papel sellado especial para protocolos, a un instrumento público pleno, con
todas sus prerrogativas y ventajas, es necesario que el notario responsable de ese papel, autorice el
instrumento.

¿De qué manera sucede esta autorización? En Guatemala basta solo con la firma del notario, la cual se
encuentra registrada para el efecto ante el Archivo General de Protocolos, misma que debe ir precedida
de las palabras: Ante mi. En otros países, como se mencionó, que pertenecen al Sistema del Derecho
Notarial Latino, la ley exige, adicionalmente, que el notario estampe su sello a la par de su firma.

En nuestro país -quizá de manera afortunada- con base en los usos y costumbres notariales, la mayoría
de profesionales también sella la escritura a la par de su firma.

La autorización de la escritura corresponde hacerla de manera exclusiva al notario responsable de ese


protocolo en particular, y no a ninguna otra persona de las que comparecen en la escritura ni tampoco a
otro notario, ya que representa el consentimiento del profesional, como depositario de la fe pública que le
ha otorgado el Estado, de la plena validez legal de ese acto o contrato, y la asunción de la autoría de la
redacción del instrumento. Mediante la autorización notarial nace a la vida jurídica el documento,
convirtiéndose de instrumento privado en un instrumento público pleno.

Sobre la autorización de la escritura pública, ha dicho Carlos Emérito González lo siguiente:

Es el ciclo final en la estructuración jurídica de la escritura pública. Cumplidas todas las condiciones que
enumera la ley... comenzando por el requerimiento o rogación de las partes, la configuración del
instrumento en sí, la actuación de los otorgantes hasta la calificación del acto y la fe de conocimiento, por
solo mencionar a los esenciales, el instrumento se perfecciona con la firma del notario o exteriorización de
su propio consentimiento al acto formalizado. Desde ese instante, el instrumento hace fe pública con todos
sus consiguientes efectos.

En palabras de Luis Carral y de Teresa, podría decirse que la autorización es el acto por el que el notario
da nacimiento al instrumento público como tal, mediante la imposición de su firma y sello. Esto es lo que
se llama sanción. Es como un alumbramiento, pues mientras no hay esa sanción, el instrumento público
no existe en la vida jurídicab) Exposición,

1. c) Estipulación,

2. d) Otorgamiento,

3. e) Autorización.

El notario español García y García, citado por Enrique Giménez Arnau, ha indicado que para la adecuada
ordenación de los elementos que integran el instrumento público se han seguido cuatro sistemas en
España, a saber:

a) Sistema primitivo: En este sistema se exponía primero el tenor negotii (tenor del negocio) y luego las
publicaciones (o sea los requisitos formales circunstancias necesarias para la validez y firmeza del
instrumento).
b) Sistema cronológico: El cual se basa en lo regulado por la Pragmática de Alcalá, y se caracteriza por
tener un tono narrativo similar a los de una sentencia judicial, para terminar con la fórmula ante mí, la cual
es seguida de la firma y sello del notario.

c) Sistema lógico: Se asemeja al anterior, pero con la variante de que se estructura como un silogismo,
por lo que los antecedentes del consentimiento figuran como premisa mayor y el otorgamiento es la
conclusión.

d) Sistema científico jurídico: Este ha sido creado doctrinalmente y se caracteriza porque separa, dentro
de la redacción del instrumento, los elementos personales de los reales y los formales, y reconoce la
división en secciones o apartados.

Debido a la influencia que ha mantenido el sistema tradicional en nuestro medio, así como por la resistencia
observada en la legislación por adoptar, de manera plena, el sistema científico jurídico, básicamente la
estructura de la escritura continúa siendo la misma que existió durante la época colonial. Sin embargo, ha
sido posible también que a pesar de las reservas legislativas se introduzcan algunos elementos, conceptos
y prácticas que aconseja el sistema científico jurídico.

De tal manera que en la actualidad la estructura básica de una escritura en Guatemala, es la siguiente:

a) Introducción.

b) Cuerpo, y

c) Conclusión.

Estos tres elementos, como se dijo, continúan siendo los tradicionales que fueron recibidos como parte del
legado cultural de los escribanos españoles de la época colonial. Sin embargo, dichos elementos básicos
se subdividen en la actualidad en otras partes más, producto de la influencia del sistema científico jurídico:

• INTRODUCCIÓN:

La introducción equivale a lo que en doctrina se denomina comparecencia en sentido amplio. Como se


indicó, la introducción se puede dividir en dos partes:

1. a) El encabezamiento; y

2. b) La comparecencia, en sentido estricto.

En otras legislaciones, y doctrinariamente, también se le denomina proemio. Sobre el proemio ha dicho lo


siguiente Bernardo Pérez Fernández del Castillo, lo cual consideramos se adecua también a lo que
nosotros llamamos introducción: El proemio, denominado por algunos autores cabeza de escritura, es
como la invitación a un espectáculo en la que se nos da una pequeña introducción, tipo de obra, actores,
director, ubicación del teatro, día y hoja de la representación. Lo mismo sucede en el proemio de la
escritura al determinar los elementos del acto jurídico o contrato.

Sobre la comparecencia, en sentido amplio, Giménez Arnau ha expuesto lo siguiente: La comparecencia


es la pare relativa a los sujetos actuantes y al notario autorizante; determina quiénes son cada uno de
aquellos y este y fija la identidad y capacidad de los primeros y la competencia del notario. Y también, en
lo que se refiere a los aspectos específicos que debe contener esta parte, indica que la comparecencia
sirve para determinar:

a) El número, lugar y fecha del instrumento, punto de partida en el tiempo, de los efectos del mismo.

b) El fedatario y su competencia jurisdiccional.

c) Los otorgantes, así en su designación individual como en las características que los hacen jurídicamente
capaces del otorgamiento, según el acto jurídico de que se trate."
Con base en todo lo anterior podemos concluir que la introducción, también llamada comparecencia, en
sentido amplio, es la primera parte de la escritura en la cual se consignan los aspectos de identificación
del instrumento, lugar y tiempo, así como la competencia del notario para la autorización del mismo, con
lo cual los otorgantes, identificados, y con la constatación de su capacidad legal para el acto o contrato,
manifiestan su voluntad ante el fedatario, la cual habrá de consignarse en el instrumento.

Debe tomarse en cuenta que en la introducción se expresan, de manera privilegiada, los aspectos
subjetivos del instrumento, es decir, en esta parte se establece cuáles son los elementos personales del
mismo, los sujetos: tanto en lo referente al notario, que se encuentra investido de fe pública para autorizar
el instrumento, como a los otorgantes, quienes habrán de dar su consentimiento para el acto o contrato
objeto del documento.

• ENCABEZAMIENTO: En esta parte de la introducción se procede a establecer algunos elementos


que son propios de la escritura que en forma especifica se redacta, los cuales sirven para
identificarla y diferenciarla de las demás que constan en el protocolo. En otras palabras, se aportan
los elementos necesarios para individualizar la escritura y que a la vez sirven para distinguirla de
las otras que obran en el protocolo.

En el encabezamiento se deben consignar los siguientes aspectos:

a) Número de orden de la escritura;

b) Lugar y fecha;

c) Hora, en caso de que se trate de una escritura que contiene un testamento, o bien, de una donación por
causa de muerte, así como las correspondientes revocaciones de uno o de otra;

d) Las palabras ante mí;

e) Nombre del notario que autoriza el instrumento, a cuyo cargo se encuentra la hoja, u hojas, de papel
sellado especial para protocolo en donde se redacta el instrumento;

f) La palabra notario, con lo cual acredita su calidad de profesional y de fedatario quien facciona el
documento;

La consignación en el instrumento del número de orden que le corresponde, así como el lugar, día, mes y
año del otorgamiento, tienen por sustento legal lo establecido en el art. 29 del Código de Notariado,
específicamente en el numeral 1, que literalmente dice: “…1. El número de orden, lugar, día, mes y año
del otorgamiento…”

En la práctica notarial se pueden observar variantes con respecto a la forma de consignar el número de
orden del instrumento. Así, algunos notarios escriben la palabra "número" (Número doce; Número trece,
etc.); en tanto que otros no, sino que únicamente el que le corresponde (doce, trece, etc.). También, en
algunos casos, los notarios, después de escribir en letras el número correspondiente, acostumbran
consignar, entre paréntesis, el guarismo: cuatro (4), cinco (5), etc. Hay quienes utilizan negrillas para todo
este texto, y otros prefieren utilizar únicamente letra inicial mayúscula y el resto del texto consta en
minúsculas, en lugar de que todas sean mayúsculas, etc.

Las variantes son muchas como para poder mencionaras todas en este lugar. Sin embargo, de la manera
que prefiera hacerlo el notario, lo importante es que debe cumplirse con los requisitos establecidos en la
ley, así como por la costumbre y usos dentro del medio nacional.

Es importante tomar en cuenta que para la designación del lugar en el instrumento se deberá hacer
constar la vecindad en donde se encuentra el notario, es decir, se debe referir al municipio en el que se
otorga y no al departamento o a la dirección de su bufete o del sitio en donde se encuentre. Lo normal es
que el lugar coincida con aquel en donde el notario tiene su sede notarial, es decir, su bufete profesional.
Así, por ejemplo: En la ciudad de Guatemala... En la ciudad de Flores... En la ciudad de Escuintla....

En cuanto a la consignación de la hora en los instrumentos públicos que contengan testamentos o


donaciones mortis causa, el sustento legal lo encontramos también en el Código de Notariado,
específicamente en el Articulo 42. “La escritura pública de testamento además de las formalidades
generales, contendrá las especiales siguientes: 1. La hora y sitio en que se otorga el testamento.”
En el caso del sitio a que se refiere este último artículo citado, debemos entender que para los
testamentos, donaciones mortis causa, y sus correspondientes revocaciones, se debe consignar la
dirección, además del municipio, en donde se encuentran reunidas las personas.

Las palabras ante mí, conforme los usos y costumbres notariales en Guatemala, se utilizan en el
encabezamiento de las escrituras, si bien no existe una base legal específica para hacerlo. En la mayoría
de escrituras se utilizan estas palabras, sin embargo, en algunas ocasiones habrá de utilizarse las
siguientes: por mí y ante mí. A manera de regla, la expresión ante mí se utiliza cuando el notario funge
como fedatario de negocios o actos jurídicos frente a uno o varios terceros, quienes posteriormente habrán
de firmar para ratificar que el contenido del instrumento es manifestación de la voluntad de
ellos. En cambio, la expresión por mí y ante mí se utiliza cuando el instrumento es autorizado
por el notario, sin el concurso de otra persona, lo cual únicamente puede hacerlo con base en los casos
establecidos específicamente en la ley, como por ejemplo en la Protocolación de un documento
proveniente del extranjero, si únicamente firma el notario.

La significación de ambas expresiones, es decir, ya sea la de ante mí o bien por mí y ante mí, tiene una
connotación notarial, es decir, es una manifestación propia y exclusiva de solemnidad notarial, que sirve
para expresar y se acostumbra específicamente cuando existe uso de la fe pública que se le reconoce al
notario respecto de los instrumentos que autoriza.

En el encabezado, el uso de la expresión ante mi evidencia que el notario da fe de que se ha cumplido con
la comparecencia de los otorgantes, quienes han realizado la rogación de sus servicios, que se ha
cumplido con las formalidades para la identificación de las personas conforme lo prescrito en la ley y que
las manifestaciones de voluntad del negocio jurídico o acto que formalizan a través del instrumento
corresponden a lo expresado por tales personas ante el notario.

El uso de la expresión ante mí, con el tiempo, ha llegado a ser exclusiva de los notarios, pues inclusive
respecto a otros documentos públicos, o sea, los que pueden autorizar funcionarios que se encuentran
facultados por la ley para hacerlo, muy difícilmente podrá encontrarse un ejemplo en donde se utilice. La
costumbre y los usos notariales, al menos en nuestro medio, han servido para perpetuar ambas
expresiones como de uso exclusivo notarial.

A continuación de las palabras ante mí, deberá consignarse el nombre completo del notario, Desde
nuestro punto de vista, es procedente esta identificación de quién es el notario que autoriza el instrumento,
debido a que, en todo caso, la función notarial solo puede desempeñarse en forma personal y únicamente
por quien se encuentra autorizado para ello.

Así, por ejemplo, para que el testimonio de una escritura traslativa de dominio sobre un bien inmueble
pueda ser inscrito en el Registro de la Propiedad no basta con que el notario posea el titulo y esté
colegiado, sino que, oportunamente, debió haberse acreditado ante tal dependencia gubernamental. Esta
identificación de quién es el notario que autoriza, mediante su correspondiente nombre, es útil así para
efectos de determinar si la persona efectivamente goza del estatus legal como profesional dentro de este
campo y si se encuentra habilitado.

A continuación del nombre, se consigna la palabra notario, para evidenciar la calidad profesional. Este
requisito, aunque de uso generalizado en nuestro medio notarial, tampoco tiene asidero legal alguno, pero
todos los notarios lo utilizan.

• COMPARECENCIA (en sentido estricto):

En esta parte de la introducción debe cumplirse con proceder a la identificación de las personas que
participan, desde sus respectivas posiciones, dentro del instrumento. Así, deberán incluirse cuáles son los
nombres y apellidos de las personas que comparecen, su edad cumplida, profesión, ocupación u oficio,
domicilio (es decir el departamento si la persona es casada o soltera) y también su nacionalidad. en donde
residen), estado civil (referido específicamente si la persona es casada o soltera y tmbién su nacionalidad.

Toda esta información de los comparecientes debe obtenerla el notario de la documentación que le
presente para identificarse cada persona, es decir, por los medios legales. Si se trata de personas
nacionales (guatemaltecas) o de extranjeros que tienen su residencia acá en el país, deberá hacerse a
través del correspondiente documento personal de identificación (DPI) Si se trata de una persona
extranjera, que no es residente, podrá identificársele con su pasaporte. En ambos casos deberá dejarse
constancia en el instrumento de cuál es el número que corresponde al documento que sirvió para la
identificación de la persona.

También existe la posibilidad de que el notario conozca a todos los comparecientes, o bien, a uno o a
varios de ellos. Esto puede deberse a que el notario ha tratado a la persona, ya sea como cliente o por
alguna otra circunstancia, con lo cual puede dar fe de que la conoce. En este caso, el notario deberá hacer
constar esa fe de conocimiento de la persona, o de las personas, que conoce y que intervienen en el
instrumento. La ley reconoce la facultad que tiene el notario para dar esa fe de conocimiento de una
persona, con lo cual no es necesario identificarla por los medios legales (presentando el documento de
identificación).

Existe, además, otro medio para identificar a los otorgantes: mediante la declaración de dos testigos
conocidos por el notario, quienes son contestes en la identificación de la persona, en todos los aspectos
que deben ser satisfechos. Estos testigos son llamados testigos de conocimiento, pues declaran que
conocen a la persona que comparece ante el profesional. Por aparte, si el notario lo estima conveniente,
puede proceder a identificar a los otorgantes valiéndose de dos medios, es decir, en forma documental
(con el DPI o pasaporte, según corresponda) y con la declaración de los testigos de conocimiento.

Base legal para los elementos de la introducción de una escritura. Algunos de los elementos que se han
señalado anteriormente de la introducción, en lo que corresponde al encabezado y a la comparecencia, se
encuentran regulado en el art. 29 del Código de Notariado, Decreto 314 del Congreso de la República.

• ELEMENTOS PERSONALES DE LA ESCRITURA PÚBLICA:

El instrumento público debe ser entendido como el documento que autoriza el notario. Dentro del Sistema
del Notariado Latino, el notario no puede actuar por iniciativa propia, sino que debe existir, a manera de
principio, el requerimiento, petición o solicitud del caso por parte del cliente o clientes al profesional, para
que actúe en su función fedataria. Además, dentro del instrumento público figuran, o se menciona, a
diferentes personas, pero la posición que cada una de ellas ocupa, desde el punto de vista legal, es
diferente, dependiendo de cuál sea su interés o la función que justifica el que se le tome en cuenta dentro
del documento.

En este apartado nos referiremos a la calidad de las personas que aparecen en una escritura pública.

A continuación, se analizarán en detalle cuáles son esos elementos personales que deben tomarse en
cuenta al momento de autorizar el notario una escritura pública. Esto resulta importante, especialmente si
se toma en consideración que tiende a existir mucha confusión al respecto y se utiliza la terminología de
manera imprecisa, incorrecta o inapropiada.

1. OTORGANTE: Es quien da su consentimiento en una escritura matriz, por medio de su firma o


impresión dactilar, quien directa y personalmente realiza el acto jurídico. Cabanellas, lo define así:
"Es quien otorga; la parte que contrata en un documento público." Desde luego el otorgante
no siempre actúa en nombre propio, sino también lo puede hacer en representación de una
sociedad u otra persona. En este caso, el apoderado o representante es el otorgante.

1. PARTE: Es la persona o personas que representan un mismo derecho. Frecuentemente utilizamos


este término para señalar a él o los sujetos del derecho, que están creando, modificando o
extinguiendo una obligación. La parte puede ser una sola persona o un grupo de personas que
representan un mismo derecho. En la compraventa, cuando son dos o más los vendedores, éstos
son o representan una sola parte. Pérez Fernández del Castillo, expresa: "Es la persona o
personas que Ostentan una misma prestación en una escritura.

1. COMPARECIENTE:

En sentido amplio, el compareciente es cualquier persona, y no sólo quien requiere al Notario, es también
quien comparece e interviene en el instrumento público, entre ellos los testigos, traductores o intérpretes.
En el Diccionario de la Lengua Española se lee sobre compareciente lo siguiente: 1. com. Der Persona
que comparece ante un juez, un tribunal, un notario o un órgano público. Atendiendo a la definición del
Diccionario, para ser compareciente es suficiente que la persona comparezca, es decir, que se presente
ante un notario a realizar determinadas manifestaciones o a cumplir con una función.

En el numeral 3 del art. 29 del Código de Notariado se establece, como uno de los requisitos de contenido
de los instrumentos públicos, la obligación de que el notario de fe de conocimiento de las personas que
intervienen en el instrumento, y de que los comparecientes aseguran hallarse en el libre ejercicio de sus
derechos civiles.

En una escritura matriz siempre se consigna que las partes (por ejemplo, el comprador y el vendedor), y
por lo tanto las partes que tienen determinado interés y posición en el acto, manifiestan o aseguran hallarse
en el libre ejercicio de sus derechos civiles. Es por eso que, con base en este primer sentido o acepción
que la ley reconoce en cuanto al término compareciente, podría afirmarse que el compareciente no solo
es quien comparece, sino también quien otorga y a la vez constituye una parte dentro del acto jurídico de
que se trate.

INTERVENIENTES O AUXILIARES DEL NOTARIO.

El notario, para autorizar una escritura, está facultado a valerse de la intervención o auxilio de otras
personas, diferentes o ajenas a los otorgantes, partes o compa- recientes. A estas personas son a las que
Bernardo Pérez Fernández del Castillo las denomina concurrentes. Ellas están presentes en el
otorgamiento, algunas pueden cumplir una función más activa que la de la simple presencia, pero en todo
caso comparten la falta de interés directo en el asunto, pues no se ven afectadas en forma alguna en sus
intereses y relaciones jurídicas. Es decir, son partes en sentido formal, no material. En el Código de
Notariado, se les denomina personas que intervienen en el instrumento (ver los siguientes numerales del
art. 29: 3 y 12; así como el numeral 6 del art. 31).

1.- Intérpretes:

De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, es la "persona que explica a otras, en lengua que
entienden, lo dicho en otra que les es desconocida. El Diccionario Larousse, manual ilustrado, por su parte,
define intérprete como la "persona que traduce de viva voz de una lengua a otra". En este último sentido,
creemos, es como se debe entender la intervención del intérprete, para efectos del otorgamiento de los
instrumentos públicos, pues el instrumento no será formalmente traducido a otro idioma, es decir, por
escrito, al menos no por el notario, pero si es necesario que el otorgante esté impuesto, es decir, conozca,
de aquello que incide en sus intereses y, posiblemente, en sus relaciones jurídicas, lo cual se consigue a
través de la traducción libre que realiza el intérprete de viva voz.

En cuanto a la calidad de traductor jurado, esto supone que la persona está legalmente acreditada,
conforme a una autorización gubernamental, para realizar traducciones, las cuales se consideran
fidedignas. Dentro del grupo de los intérpretes es posible encontrar a dos tipos de personas:

• El intérprete, persona que conoce el idioma, si bien no posee un aval legal que así lo acredite o
lo legitime para realizar traducciones, por lo que puede realizar traducciones de las denominadas
libres; y,

• El traductor jurado: persona reconocida legalmente como conocedora de un idioma y que puede
realizar traducciones fidedignas, legalmente válidas. La calidad de traductor jurado requiere del
cumplimiento de todo un procedimiento de calificación, trámites y autorización, y también implica
responsabilidades legales. (ver art. 37 de la Ley del Organismo Judicial. -

2- Testigos:

Los requisitos para ser testigo están previstos en el art. 52 del Código de Notariado. Conforme esta norma,
los testigos deberán ser: civilmente capaces, idóneos y conocidos por el notario. En caso de que no fueren
conocidos del notario, el profesional deberá cerciorarse de su identidad, procediendo a identificarlos por
los medios legales (presentación de DPI o pasaporte).

Desde el punto de vista doctrinario y legal, también es posible clasificar a los testigos en tres categorías:

2.1 TESTIGOS DE CONOCIMIENTO;

También se les denomina testigos de abono, o bien, testigos de identidad. Son las personas que colaboran
con el notario en la identificación del compareciente al que no conoce y que, por algún motivo, no dispone
en ese momento del documento de identificación personal o pasaporte, según corresponda- para
presentársela al notario. De esta manera, la declaración de este tipo de testigos, que deben de ser dos y
conocidos del notario, suple la falta del documento respectivo, a efecto de identificar al compareciente.

En el precepto legal del Código de Notariado (ver supra el numeral 4 del art. 29), se establece, como
requisito, que los testigos deben ser conocidos del notario, sin embargo, habrá de entenderse que también
conocen a la persona a la cual identifican. Guillermo Cabanellas sobre estos testigos plantea que: Cuando
el notario no conoce al testador o a otro otorgante de un acto o contrato, se denomina testigo de
conocimiento la persona conocedora de la parte, y a su vez conocida del notario, que establece enlace
preciso para la identidad de la persona: su nombre y apellido.

2.2 TESTIGOS INSTRUMENTALES;

En la legislación guatemalteca el testigo instrumental es obligatorio que forme parte de la estructura del
instrumento, o mejor dicho, que intervenga o concurra, específicamente en el caso de los testamentos y
donaciones mortis causa, así como en sus respectivas revocaciones. En los demás casos el notario podrá,
si así lo considera pertinente y oportuno, valerse de la presencia e intervención de tales testigos. El
sustento legal de los testigos instrumentales se encuentra en el Art. 51 del Código de Notariado.

De acuerdo con Oscar Salas, los testigos instrumentales tienen como misión coadyuvar a la dación de fe
que realiza el notario, acerca de un acto o negocio jurídico realizado en su presencia y el cual fue
legalmente autorizado en el ejercicio de su cargo, como depositario de la fe pública. Asimismo, Salas, en
cita de Larraud, expone que este autor define el testigo instrumental como aquel que tiene por misión tomar
conocimiento de los hechos ocurridos a su presencia. Guillermo Cabanellas refiere sobre los testigos
instrumentales lo siguiente. En los instrumentos o documentos públicos, y singularmente en los
notariales, el que asiste, da fe y firma al redactarse una escritura, para solemnidad del acto, para poder
certificar el hecho y el contenido del mismo y como complemento y refuerzo de la autoridad del notario,
escribano o secretario.

La participación de los testigos instrumentales ha sido considerada como una forma de desvirtuar los
principios doctrinales y lógicos que sirven de base a la institución de la fe pública notarial, ya que la misma
se desplaza de las manos del notario, para ser compartida con dichos testigos, quienes, conforme el mismo
ordenamiento jurídico, no tienen potestad para autorizar ningún documento notarial. Sin embargo, desde
nuestro punto de vista, creemos que el uso de este tipo de testigos no desvirtúa la fe pública, ni la confianza
depositada por el Estado en el profesional como notario. Antes bien, creemos que el propósito del
legislador al establecer la obligación de auxiliarse de esta clase de testigos consiste en reafirmar la
veracidad y realidad de lo acontecido. En otros países y legislaciones, el uso de los testigos instrumentales
es obligatorio en todo tipo de actos y contratos.

En Guatemala lo es únicamente, como se dijo, en relación a testamentos y donaciones por causa de


muerte, así como sus revocaciones. Sin embargo, el notario puede, si así lo considera necesario, en
especial por la particular delicadeza de los asuntos, negocios, que le corresponde atender, optar por
auxiliarse de tales testigos, lo cual nos parece a nosotros, especialmente en estos difíciles tiempos de
credibilidad, oportuno y hasta recomendable.
2.3 TESTIGOS ROGADOS O DE ASISTENCIA.

Esta clase de testigos tiene participación cuando uno de los otorgantes, o ambos, no puede firmar o no
sabe hacerlo, por lo que el testigo firma en nombre de aquel, a su ruego. En el art. 56 del Código de
Notariado, se hace alusión a este tipo de testigos. De acuerdo con nuestra legislación, el testigo rogado
también pue de firmar en el caso de que el intérprete no supiere o no pudiere hacerlo (ver supra numeral
6 del art. 29 del Código de Notariado).

• CUERPO:

El cuerpo de la escritura nos encontramos con la parte medular o central de instrumento público. En el
cuerpo adquiere materialidad el negocio jurídico de interés de los otorgantes. Desde una perspectiva
general, en el cuerpo del instrumento habrá de determinarse cuáles son los aspectos objetivos del acto o
contrato que contiene la escritura. O sea que deberá especificarse de qué se trata el negocio jurídico, por
qué se realiza, bajo qué condiciones, plazo, reservas y demás aspectos relacionados con la voluntad de
las partes y que son permitidas dentro del ordena miento jurídico vigente.

Asimismo, y de manera fundamental, en esta parte de la escritura se hará constar, preferentemente en


una cláusula especifica, la aceptación de los otorgantes, es decir, la manifestación libre de la voluntad en
cuanto a que se accede, de acuerdo con lo establecido en el instrumento, a lo manifestado, por lo que aquí
consta esa aceptación, la cual es conforme con todo lo expresado en las clausulas anteriores.

2.1 ANTECEDENTES:

Enrique Giménez Arnau ha definido esta parte de la escritura como aquella en la que después de haberse
fijado e identificado la personalidad de los comparecientes, se describe el objeto de la relación o del acto
de voluntad que sobre el objeto va a verificarse; se justifica su dependencia jurídica del sujeto y se
establecen los supuestos que en el orden lógico y jurídico sean antecedentes de los pactos, estipulaciones
o manifestaciones de voluntad que seguidamente hayan de hacer los comparecientes.

Así, por ejemplo, en una escritura de compraventa de un bien inmueble urbano, el antecedente lógico se
refiere a que el propietario manifiesta que el bien identificado en el Registro de la Propiedad con un
determinado número, folio y libro, ubicado en un cierto departamento de la República, y que le pertenece
a quien vende, el cual se encuentra libre de gravámenes, anotaciones o limitaciones, si corresponde, como
demuestra con la certificación que para el efecto presenta, etc. Todos estos elementos, constituyen
aspectos importantes y fundamentales para la esencia del negocio jurídico de que se trate, pues, en el
ejemplo que antecede, quien no es propie- tario no puede vender un bien.

2.2 ESTIPULACIONES:

A la parte de la escritura que contiene las estipulaciones también se le conoce con el nombre de parte
dispositiva, del clausulado o de las disposiciones. Dentro de las consideraciones formales de la
escritura, las estipulaciones representan el aspecto más importante, el medular, del instrumento. Mediante
las estipulaciones, el instrumento público define su objeto, se establece con claridad qué es lo que desean
las partes, cuál es la finalidad económica o la voluntad, según corresponda, y las necesidades jurídicas de
los otorgantes se conjugan con el ordenamiento jurídico vigente, al establecerse un vínculo entre lo que
es su voluntad y lo que se acepta como lícito.

De acuerdo con Enrique Giménez Arnau, la parte dispositiva o estipulaciones: Es aquella parte de la
escritura en la cual, después de haberse señalado los sujetos y el objeto de la relación, se establecen los
acuerdos, pactos y modalidades del negocio jurídico que la escritura se propone solemnizar cláusulas
debe cumplirse con dos condiciones fundamentales:
1. a) Que lo expresado en ellas sea efectivamente la voluntad del otorgante u otorgantes; b) Que esa
manifestación de voluntad esté enmarcada dentro de lo que el ordenamiento jurídico permite a las
personas disponer libremente, puesto que jamás podría autorizar el notario un instrumento que
fuera contrario a las normas legales, a la moral y al orden público.

Con base en ese elemento potestativo, lo querido y expresado en el instrumento se ha expuesto la teoría
que equipara al instrumento público, específicamente a escritura, con la sentencia judicial. Tan es así, que
a las escrituras públicas se le reconoce valor ejecutivo, es decir, gozan de una presunción legal de
veracidad autenticidad que no hace necesaria la fase de declaración del derecho, con todos los
formalismos de un proceso de conocimiento, sino que permite pasar a u fase ejecutiva.70 En todo caso,
la ejecución tomará como referencia, clara y concreta cuales fueron las estipulaciones del instrumento
público.

CLASIFICACIÓN DE LAS CLÁUSULAS:

• CLÁUSULAS ESCENCIALES: Este tipo de cláusulas se caracteriza porque son irrenunciables y


el no consignarlas hace imposible que el contrato o el acto nazca a la vida jurídica.

Como ejemplo de ellas puede mencionarse que en el contrato de donación entre vivos, conforme lo
establecido en el art. 1863 de Código Civil, Decreto Ley 106, toda donación será estimada, lo cual significa
que en alguna de las cláusulas deberá consignarse en qué valor monetario o precio, estima, considera o
aprecia el donante, según su libre albedrio, la donación de la cosa que realiza a favor del donatario.

• CLÁUSULAS NATURALES:

Las cláusulas naturales son aquellas que, dentro de ordenamiento legal, se consideran propias del acto o
contrato de que se trate. Sus alcances se encuentran determinados en las normas jurídicas constituyen
derechos u obligaciones para las partes. Sin embargo, la le permite que tales derechos u obligaciones
puedan renunciarse o cambia se, siempre y cuando la renuncia conste en la escritura y que no se aten en
contra de normas de orden público y de la moral.

Un ejemplo de este tipo de cláusula lo encontramos en los contratos de tipo oneroso en que se transmita
la propiedad, la posesión, el uso, goce o disfrute de u cosa, en donde el enajenante, conforme lo previsto
en el art. 1543 del digo Civil, Decreto Ley 106, está sujeto al saneamiento por evicción o vicios ocultos. Sin
embargo, este derecho del comprador está matizado el mismo Código Civil, en el art. 1544, en donde se
expone lo siguiente. Los contratantes pueden ampliar o restringir por pacto expreso los efectos del
saneamiento y aun convenir en que este no se preste; pero la renuncia al saneamiento no será válida si
hubiere mediado mala fe por parte enajenante.

• CLÁUSULAS ACCIDENTALES: Este tipo de cláusulas puede o no aparecer en una escritura, lo


cual depende de la voluntad de las partes. El establecimiento de una cláusula accidental en una
escritura significa la derogación de una natural que, de otra manera, sería la que regiría, por lo que
la accidental se torna la rectora en la relación jurídica que se establezca.

Un ejemplo de este tipo de estipulación lo constituye la llamada cláusula de indemnización establecida en


el art. 1436 del Código Civil, conocida también como cláusula penal, según lo cual: Las partes pueden fijar
anticipadamente una cantidad que deberá pagar el que deje de cumplir la obligación, o no la cumpla de la
manera convenida, o retarde su cumplimiento; la cual, en tales casos, compensa los daños y perjuicios.
Este tipo de cláusula se utiliza mucho en contratos de obras de construcción, conforme lo cual, de manera
anticipada, se prevé una sanción pecuniaria al constructor por cada día de atraso en la entrega de la obra.
Puede fijarse en términos absolutos, es decir, una cantidad determinada de dinero, o bien, un porcentaje
sobre el valor de la obra, así como establecer diferentes criterios de sanción en caso de que el atraso sea
de días, de semanas, de meses o inclusive de años.

• CLÁUSULAS IRRENUNCIABLES:
Dentro del conjunto de derechos potestativos, es decir, aquellos sobre los cuales pueden disponer
libremente las personas, existe la posibilidad de que alguien renuncie libre y voluntariamente a ellos. Sin
embargo, en otros casos, cuando se refiere a normas de orden público, la posibilidad de renuncia a tales
derechos no existe. Por tanto, las cláusulas irrenunciables son aquellas que, con base en el ordenamiento
jurídico, las partes no pueden omitirlas, pues son de interés público y persisten por sobre la voluntad de
los otorgantes.

Como ejemplo de ese carácter irrenunciable de derechos, que adquieren expresión en las cláusulas
escriturarias, se puede mencionar lo establecido en el Código Civil con relación a los contratos de
sociedad: Artículo 1732. Son nulas y se tienen por no puestas las cláusulas del contrato de sociedad en
que se estipule que alguno de los socios no participará en las ganancias o que la parte del capital o bienes
que aporte estarán libres de responsabilidad o riesgo.

• CLÁUSULAS DE ESTILO: Este tipo de cláusulas tiene su origen en dos fuentes: la tradición
notarial (porque así se acostumbra entre los notarios desde hace un determinado tiempo), o bien,
porque algunas cláusulas, que originalmente eran del tipo accidental, por su reiterado uso, han
llegado a considerarse propias de un determinado tipo de contrato o de acto.

Como ejemplo de las primeras, es decir, de las que tienen un origen en la tradición notarial, se pue- de
mencionar la última cláusula dentro del cuerpo de la escritura, en la cual se acostumbra consignar que las
partes, o bien el otorgante, aceptan lo establecido en las estipulaciones anteriores. Ejemplo de cómo una
cláusula accidental se vuelve, por causa de su reiterado uso, típica dentro de determinado tipo de
contratos, se puede mencionar que en los onerosos que conlleva, Sin embargo, atendiendo a la posición
e económica de ventaja del acreedor, quien normalmente es quien elige al notario que faccionará el
instrumento, se acostumbra consignar que el deudor renuncia a su derecho de ser demandado en su
domicilio y se somete voluntariamente en donde le convenga y plazca al acreedor.

2.3 ACEPTACIÓN:

En Guatemala, dentro de los usos notariales propios, se acostumbra que en el cuerpo de la escritura matriz
se haga constar, de manera expresa, la aceptación del negocio o acto jurídico de que se trate por parte de
los otorgantes. A esta cláusula se le denomina generalmente cláusula de aceptación.

Sin embargo, desde el punto de vista doctrinario, la corrección de este uso es cuestionable, y las razones
son varias. El argumento más sólido para rechazar esta aceptación preliminar en el cuerpo de la escritura
matriz, consiste en que, en una parte posterior, específicamente en la del cierre, como veremos a
continuación- existe un apartado específico en donde se procede al otorgamiento, es decir, a la aceptación
como tal, del contenido de todo el instrumento. Por este motivo resulta un tanto redundante que en el
cuerpo de la escritura se incluya una cláusula de aceptación y, posteriormente, en el cierre, una vez más,
se haga constar que se acepta el contenido del instrumento:

No obstante, como se mencionó ya, este es un uso, curioso y particular, que se observa y practica en el
medio notarial guatemalteco. Por lo que es normal que en la última cláusula de la escritura matriz se
exprese que las partes aceptan (por ejemplo una compraventa, un mutuo, un arrendamiento, etc.), si se
trata de un acto bilateral; o bien, que la persona que otorga el instrumento acepta, en los actos unilaterales
(testamento o donación simple).

CONCLUSIÓN:

Esta última parte de la escritura está formada por dos elementos:

1) El otorgamiento y

2) La autorización.
Antes de proceder al análisis de estos elementos debe tenerse presente que la única parte de la escritura
que se redacta en forma de cláusulas es la que se refiere al cuerpo. Las otras dos partes que integran la
escritura, es decir, la introducción y la conclusión, no se redactan mediante cláusulas.

Asimismo, además del otorgamiento y autorización, en esta parte de la escritura se hace referencia a
algunos aspectos importantes de la misma, los cuales hará constar el notario, a saber:

a) Se hace mención que tuvo a la vista los documentos de identificación de las partes, si corresponde;

b) Se expresa haber tenido a la vista los títulos con los cuales se justificó la propiedad de los bienes o
derechos objeto del otorgamiento;

c) Se hace constar que se realizaron las correspondientes advertencias sobre los efectos legales del
instrumento, las obligaciones registrales y tributarias que devienen con motivo del instrumento:

d) Se consigna que se dio lectura al instrumento:

e) Se hace mención de que han estado presentes también los testigos e intérpretes, además de los
otorgantes y el notario, según corresponda.

f) Se establece que firmaron los interesados, o bien, que dejaron la impresión dactilar de su pulgar derecho
(u otro que se establece), y en el caso de que alguien no supiere o no pudiere firmar, que dejó el otorgante
su impresión dactilar y firmó a su ruego el testigo que se identificó en la introducción.

3.1 OTORGAMIENTO:

El otorgamiento lo define Eduardo Couture en dos sentidos: acción y efecto de con- descender o consentir
en un acto, formulando en forma expresa o tácita la manifestación de voluntad requerida para su validez,
y como acción y efecto de extender un documento en el que se representa y da forma escrita a un acto o
contrato y se lo autoriza con las firmas requeridas.

Históricamente, ha existido una disputa en cuanto a lo oportuno de diferenciar el otorgamiento de la


autorización. En un principio, predominó la tendencia unitaria. Sin embargo, con base en la tendencia que
podríamos llamar contemporánea, se ha aceptado que si existe una diferencia entre ambos.

De esta manera, el otorgamiento compete a los comparecientes: la autorización es función del notario.
Otorgar significa consentir, aceptar algo, lo cual, evidentemente, corresponde hacerlo a las partes, a los
sujetos cuyos intereses están en juego en el instrumento que se autoriza.

De esta manera, según la concepción de Rafael Núñez Lagos, los otorgantes, mediante el otorgamiento,
realizan una proclamación de paternidad tanto del negocio jurídico como del instrumento. Evidentemente,
todo el instrumento público se encuentra saturado de la voluntad, del consentimiento de los otorgantes,
pues la escritura matriz no nace a la realidad a partir del vacío, sino con base en las manifestaciones de
voluntad realizadas por los clientes al notario. Sin embargo, el otorgamiento exige la firma del otorgante,
con lo cual se opera una ratificación formal y es del consentimiento que en un principio se ha prestado en
las cláusulas y en demás partes de la escritura. Ese reconocimiento del contenido del instrumento que
realizan los otorgantes, es a lo que Núñez Lagos llama la paternidad de otorgantes.

Para comprender cuál es la importancia del otorgamiento, podemos preguntar qué sucedería si la escritura
matriz, una vez faccionada y lista para el otorgamiento, finalmente no es firmada por una de las partes o
por ambas. La simple: ese instrumento público no ha nacido a la vida jurídica, pues adolece la falta del
consentimiento que debe expresarse de manera formal y escrita, porque no se ha operado el otorgamiento
necesario, la aceptación de las partes, cual le hace imperfecto para ser un instrumento público eficaz y
que cumpla con los objetivos del negocio jurídico que contiene.

Elementos del otorgamiento: Desde el punto de vista doctrinario, se ha llegado a establecer que los
elementos del otorgamiento son los siguientes:

a) Lectura del instrumento,


b) Prestación del consentimiento,

c) Firma de los otorgantes y, si corresponde, de los testigos e intérpretes.

3.2 AUTORIZACIÓN:

La escritura, una vez ha sido firmada por los otorgantes, dijimos que tiene carácter de un documento. Sin
embargo, cabe preguntarse de qué tipo de documento. Evidentemente, no podría ser de otra manera, la
escritura firmada por los otorgantes tiene el carácter de un documento privado.

Sin embargo, se trata de un documento privado que está contenido en una particular clase de papel: papel
sellado especial para protocolos; pero ese solo hecho, el estar contenide en el papel que utilizan de manera
exclusiva los notarios para autorizar escrituras, no le da connotación de documento público, ni tampoco de
instrumento público.

Para que pueda operarse esa transformación, formal y jurídica, esa metamorfosis del documento privado,
suscrito por los otorgantes en papel sellado especial para protocolos, a un instrumento público pleno, con
todas sus prerrogativas y ventajas, es necesario que el notario responsable de ese papel, autorice el
instrumento.

¿De qué manera sucede esta autorización? En Guatemala basta solo con la firma del notario, la cual se
encuentra registrada para el efecto ante el Archivo General de Protocolos, misma que debe ir precedida
de las palabras: Ante mi. En otros países, como se mencionó, que pertenecen al Sistema del Derecho
Notarial Latino, la ley exige, adicionalmente, que el notario estampe su sello a la par de su firma.

En nuestro país -quizá de manera afortunada- con base en los usos y costumbres notariales, la mayoría
de profesionales también sella la escritura a la par de su firma.

La autorización de la escritura corresponde hacerla de manera exclusiva al notario responsable de ese


protocolo en particular, y no a ninguna otra persona de las que comparecen en la escritura ni tampoco a
otro notario, ya que representa el consentimiento del profesional, como depositario de la fe pública que le
ha otorgado el Estado, de la plena validez legal de ese acto o contrato, y la asunción de la autoría de la
redacción del instrumento. Mediante la autorización notarial nace a la vida jurídica el documento,
convirtiéndose de instrumento privado en un instrumento público pleno.

Sobre la autorización de la escritura pública, ha dicho Carlos Emérito González lo siguiente:

Es el ciclo final en la estructuración jurídica de la escritura pública. Cumplidas todas las condiciones que
enumera la ley... comenzando por el requerimiento o rogación de las partes, la configuración del
instrumento en sí, la actuación de los otorgantes hasta la calificación del acto y la fe de conocimiento, por
solo mencionar a los esenciales, el instrumento se perfecciona con la firma del notario o exteriorización de
su propio consentimiento al acto formalizado. Desde ese instante, el instrumento hace fe pública con todos
sus consiguientes efectos.

En palabras de Luis Carral y de Teresa, podría decirse que la autorización es el acto por el que el notario
da nacimiento al instrumento público como tal, mediante la imposición de su firma y sello. Esto es lo que
se llama sanción. Es como un alumbramiento, pues mientras no hay esa sanción, el instrumento público
no existe en la vida jurídica

3. NEGOCIO JURÍDICO Y CONTRATO

HECHO JURIDICO: Partiendo de la definición más simple, diremos que hecho jurídico es cualquier
acontecimiento natural y humano. Los hechos jurídicos pueden ser acontecimientos naturales que solo
suceden y no interviene la voluntad de la persona, por eso es un hecho. Hechos jurídicos también lo son
el nacimiento y la muerte de una persona. can voluntad humanos.

ACTO JURIDICO: Mientras que Acto Jurídico es un hecho producido por la voluntad del hombre, el cual
produce efectos jurídicos.
3.1 Negocio jurídico

Habiendo establecido ya la diferencia ente hecho y acto jurídico, entonces qué debemos entender por
negocio jurídico. (Siempre bilateral)

Negocio jurídico en sentido amplio, es una acepción bien simple, es una declaración de voluntades que
crea efectos jurídicos entre los que intervienen.

Negocio Jurídico en sentido estricto, es el acto integrado por una o varias declaraciones de voluntad,
dirigidas a la producción de un determinado efecto jurídico y al cual el Derecho Objetivo reconoce como
base del mismo, cumplidos los requisitos y dentro de los límites que el propio ordenamiento establece.

Los requisitos legales para la validez del negocio jurídico, están previstos en el Código Civil, así:

libro V, primera parte, título I, denominado "Del negocio jurídico", regula en el artículo 1251 que el negocio
jurídico requiere para su validez, tres elementos:

1. a) capacidad legal del sujeto que declara su voluntad,

2. b) sentimiento que no adolezca de vicio y

3. c) objeto lícito.

Dentro del negocio jurídico están comprendidos tanto los actos como los contratos. Para el efecto,
debemos definir qué entendemos por uno y otro.

CONTRATO: Acuerdo de voluntades, anteriormente divergentes, por virtud del cual los otorgantes dan
vida, modifican o extinguen una relación de carácter patrimonial.

ACTO JURÍDICO: Todo fenómeno o manifestación externa que es productor de efectos para el Derecho
se denomina hecho jurídico; cuando este hecho procede de la voluntad humana, se llama acto jurídico. El
hecho jurídico comprende al acto jurídico. Ha sido definido este último como "el hecho dependiente de la
voluntad humana que ejerce algún influjo en el nacimiento, modificación o extinción de las relaciones
jurídicas" (Guillermo Cabanellas).

El Código Civil establece cuáles son los supuestos jurídicos para que se considere la existencia de un
contrato:

Artículo 1517. Hay contrato cuando dos o más personas convienen en crear, modificar o extinguir una
obligación.

[Link] contratos se perfeccionan por el simple consentimiento de las partes, excepto cuando la
ley establece determinada formalidad como requisito esencial para su validez.

La ley también establece la obligatoriedad de que el contrato conste por escrito en los siguientes casos:

Articulo 1575. El contrato cuyo valor exceda de trescientos quetzales, debe constar por escrito. Si el
contrato fuere mercantil puede hacerse verbalmente si no pasa de mil quetzales.

Articulo 1576. Los contratos que tengan que inscribirse o anotarse en los registros, cualquiera que sea su
valor, deberán constar en escritura pública.

Sin embargo, los contratos serán válidos y las partes pueden compelerse recíprocamente al otorgamiento
de escritura pública, si se establecieren sus requisitos esenciales por confesión judicial del obligado o por
otro medio de prueba escrita.

Artículo 1577. Deberán constar en escritura pública los contratos calificados expresamente como
solemnes, sin cuyo requisito esencial no tendrán validez.

Articulo 1578. La ampliación, ratificación o modificación de un contrato debe hacerse constar en la misma
forma que la ley señala para el otorgamiento del propio contrato.
El contrato es el principal productor de obligaciones y su principal fuente, ya que todo convenio que
produzca, crea, transfiera o modifique una obligación un derecho toma el nombre de contrato.

La forma que pueden adoptar los contratos, de acuerdo con lo previsto en el Código Civil, es la siguiente:

Articulo 1574. Toda persona puede contratar y obligarse:

1°. Por escritura pública;

2. Por documento privado o por acta levantada ante el alcalde del lugar;

3. Por correspondencia; y.

4. Verbalmente.

En Derecho Notarial la omisión o incumplimiento de las formalidades puede llevar a la nulidad, relativa o
absoluta, del instrumento, con lo cual el Notario puede incurrir inclusive en responsabilidad civil y penal.
Con base en todo lo anterior, el Notario debe ser sumamente escrupuloso y previsor al momento de
ejercitar su función, pues las consecuencias que podrían devenir por incumplimiento son graves.

3.2 Contrato

Es innegable que el origen del contrato lo encontramos en Roma. El mismo ha evolucionado hasta nuestra
época y hoy en día tiene una práctica constante. Aunque algunos autores afirman que la figura jurídica
actual tiene poco de común con la original.

Al contrato, Manuel Ossorio, lo define como "Pacto o convenio entre partes que se obligan sobre materia
o cosa determinada y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas"

Continúa expresando que, en una definición jurídica, se dice que hay contrato cuando dos o más personas
se ponen de acuerdo sobre una declaración de voluntad común destinada a reglar sus derechos.

Capitant lo define como acuerdo de voluntades, entre dos o más personas, con el objeto de crear entre
ellas vínculos de obligaciones; y también documento escrito destinado a probar su convención. Los
contratos han de ser celebrados entre las personas capaces y no han de referirse a cuestiones prohibidas,
contrarias a la moral o a las buenas costumbres. Los contratos lícitos obligan a las partes contratantes en
iguales términos que la ley.

Por su parte Cabanellas, se refiere a lo que Aubry y Rau, expresan sobre el mismo, como el acuerdo de
dos o más personas sobre un objeto de interés jurídico; y el contrato constituye una especie particular de
convención, cuyo carácter propio consiste en ser productor de obligaciones.

Artículo 1517. Hay contrato cuando dos o más personas convienen en crear, modificar o extinguir una
obligación.

Artículo 1518. Los contratos se perfeccionan, por el simple consentimiento de las partes, excepto cuando
la ley establece determinada formalidad como requisito esencial para su validez.

De este modo, es posible afirmar que el contrato es el principal productor de obligaciones y la principal
fuente, ya que todo convenio que produzca, crea o transfiere una obligación y un derecho recibe el nombre
de contrato.

3.3 Clasificación de los contratos.

PRIMERA CLASIFICACIÓN:

1- UNILATERALES: Cuando la obligación recae solamente sobre una de las partes contratantes.

2- BILATERALE: Sí ambas partes se obligan recíprocamente.

3- CONSENSUALES: Cuando basta el consentimiento de las partes para que sean perfectos.
4- REALES: Cuando se requiere para su perfección la entrega de la cosa.

5- PRINCIPALES: Cuando subsisten por sí solos.

6- ACCESORIOS: Cuando tienen por objeto el cumplimiento de otra obligación.

7- ONEROSOS: En los que se estipulan provechos y gravámenes recíprocos.

8- GRATUITOS: En los que el provecho es solamente de una de las partes.

9- ONEROSO CONMUTATIVO: Cuando las prestaciones que se deben las partes son ciertas desde que
se celebra el contrato, de tal suerte que ellas pueden apreciar inmediatamente el beneficio o la pérdida
que les cause éste.

10- ONEROSO ALEATORIO: Cuando la prestación debida depende de un acontecimiento incierto que
determina la ganancia o pérdida, desde el momento en que ese acontecimiento se realice.

11- CONDICIONALES: Cuando cuya realización o existencia depende de un suceso incierto o ignorado
por las partes.

12- ABSOLUTOS: Son aquellos cuya realización es independiente de toda condición.

Véanse los artículos: del. 1587 al 1592 del Código Civil.

SEGUNDA CLASIFICACIÓN: Atendiendo a su finalidad y propósito.

1- Preparatorios: La promesa y la opción.

2- Traslativos de dominio: Compraventa, permuta, donación, mutuo.

3- Traslativos uso: Arrendamiento, comodato, uso, usufructo y habitación.

4- Finalidad común: Sociedad.

5- De prestación servicios: Servicios Profesionales. De obra o empresa. Depósito. Mandato.

6- Aleatorios: Seguro. Apuesta, Lotería, Rifas y Juego.

7- De garantía: Fianza, hipoteca, prenda (con base en un contrato de mutuo).

8- Que resuelven controversias: Transacción, Compromiso.

4. APERTURA DEL PROTOCOLO

En los comienzos de la vida jurídica, los hombres estipulaban verbalmente, realizando el lenguaje como
elemento capital empleado a modo de texto, y el rito como forma de expresión litúrgica; eran las únicas
huellas que quedaban de las declaraciones de voluntad jurídica, puramente verbales, que vinieron hacer
medios de prueba poco consistentes, pues se perdían en las sombras del olvido, y para revelar su
existencia había que reproducir el acto; la supervivencia de éste no se logra así nada más, ya que muchas
veces faltaban sus propios actores, aún los testigos presenciales del acto, todo lo cual daba una prueba a
medías del mismo.

Por esta razón, la oralidad se sustituyó por la prueba escrita, más eficaz por ofrecer menos fallas. Pero
los hombres no se conformaron con traducir y presentar en un escrito la voluntad creadora de sus
derechos, ya que el título así creado no resultaba cabalmente seguro, porque el documento podía
extraviarse, la veracidad del acto ser negada; los testigos desaparecer o incapacitarse.

Hubo entonces necesidad de materializar la prueba, de recurrir a la grabación gráfica sobre un elemento
físico para que hiciera visible y perpetua su consideración. De este modo los hombres idearon que al
emitirse la voluntad se hiciera entre solemnidades y quedara grabada gráficamente sobre un objeto
material impregnado de la voluntad creadora, guardador de una primera decisión del espíritu, conservador
de una creación del hombre; a esa primera fuente de la génesis del acto jurídico; llamaron PROTOCOLO.

De manera, que el protocolo ha sido una creación derivada de la necesidad que el hombre tuvo de llevar
al papel escrito la voluntad creadora de las relaciones jurídicas, para que de él surgiera, sin riesgo de
pérdida, y en caso de duda para mejor probar, toda la intención contractual, materializada en forma gráfica,
manuscrita.

Como fenómeno derivado de la ordenación de los instrumentos públicos, el Protocolo penetró en el


derecho positivo y fue adoptado por la mayoría de las legislaciones y superado por el proceso de
transformación.

Puntualiza la Licenciada Hernández Camey, que en nuestro medio, "el protocolo es de alta conveniencia
porque mediante él, se guardan en lugar seguro los instrumentos públicos y no sufren el riesgo de
perderse, ocasionando con ello, la pérdida de sus derechos o un perjuicio talvez irreparable. Si los actos
y contratos tuviesen una vida fugaz podría excusarse el protocolo, pero cuando se contraen relaciones
jurídicas duraderas, es conveniente que los mismos permanezcan en forma íntegra.

En consecuencia; la existencia del Protocolo, es necesaria para la función notarial guatemalteca, e


importante para la conservación del instrumento público. Asegurando así los derechos de los otorgantes.

Por otra parte, tiene relevancia el protocolo en nuestro medio por el hecho que los actos y negocios
jurídicos que se consignan en el mismo, tienen, por lo general cierta durabilidad que se prolonga con el
tiempo, por lo cual, en cualquier momento constituye prueba fehaciente sobre los derechos y relaciones
jurídicas incorporadas en tales documentos.

4.1 Concepto de protocolo

Todos los aspectos que se refieren a las formalidades que deben observarse en el protocolo, se
encuentran regulados en el Código de Notariado, Decreto 314 del Congreso de la República. Por tal
motivo, la totalidad del estudio sobre el protocolo, habrá de sustentarse en las referencias legales
correspondientes.

Previo al análisis de los requisitos para la apertura, debemos recordar la definición legal de protocolo,
conforme lo establecido en el Código de Notariado, a saber:

Artículo 8. El Protocolo es la colección ordenada de las escrituras matrices, de las actas de Protocolación,
razones de legalización de firmas y documentos que el notario registra de conformidad con esta ley.'

Doctrinariamente, el protocolo puede "definirse como colección o conjunto ordenado de documentos


notariales." Una de las características del Sistema del Notariado Latino, al cual pertenecen más de sesenta
países en el mundo, y dentro de los cuales se cuenta a Guatemala, consiste, precisamente, en la utilización
obligatoria del protocolo como el registro para la conservación de los instrumentos públicos originales que
autoriza el Notario.

El protocolo, como registro, se caracteriza porque la compilación de los instrumentos autorizados por el
Notario se encuentra en un riguroso orden. Orden en cuanto a la secuencia de los instrumentos
autorizados, los cuales son numerados en forma cardinal, y también en cuanto al tiempo, o cronología, de
cuando fueron faccionados.

Por aparte, también existe la obligación de que el protocolo debe empastarse por año, de acuerdo con lo
establecido en el Art. 18 del Código de Notariado, con lo cual se proporciona realidad física a la unidad del
mismo. Esto no significa que el total de instrumentos otorgados por año constituya precisamente un tomo,
ya que -dependiendo de la cantidad de instrumentos autorizados durante un determinado periodo anual
en particular- el protocolo podría comprender varios tomos. Lo anterior se realiza con el propósito facilitar
el manejo de los ejemplares que contienen el protocolo de un determinado año (la ley no establece ningún
criterio sobre este particular, pero es factible hacerlo y, de hecho, existen múltiples casos en los que los
notarios empastan varios tomos).

Atendiendo al mandato de proceder a empastar por año los instrumentos autorizados por el Notario dentro
de ese periodo, resulta lógico también que la ley regule lo concerniente a las formalidades necesarias para
la apertura del protocolo y su consecuente cierre por año.
4.2 Requisitos legales para la apertura

El precepto legal que establece los criterios para la apertura y cierre anual del protocolo, es el Artículo 12
del Código de Notariado, Decreto 314 del Congreso de la República, así:

Artículo 12. El protocolo se abre con el primer instrumento que el notario autorice, el que principiará en la
primera línea del pliego inicial, Se cerrará cada año el 31 de diciembre, o antes si el notario dejare de
caratular. La razón de cierre contendrá la fecha; el número de documentos públicos autorizados; razones
de legalización de firmas y actas de Protocolación; número de folios de que se compone; observaciones,
si las hubiere; y la firma del notario.

Con base en este precepto, la apertura legal del protocolo, como registro notarial, ocurre con la
autorización del primer instrumento del año, en ese preciso momento.

Esto, evidentemente, puede ocurrir entre el uno de enero o el treinta y uno de diciembre de cada año, y
depende de en qué momento sea requerido el Notario para autorizar ese primer instrumento en el año
calendario de que se trate.

Si bien la apertura del registro notarial, o protocolo, desde el punto de vista legal, ocurre con la autorización
del primer instrumento que autorice el Notario, existe una obligación de tipo administrativo y pecuniario,
que debe ser satisfecha. Esta obligación está prevista en el Artículo 11 del Decreto 314, así:

Artículo 11. Los Notarios pagarán en la Tesorería del Organismo Judicial cincuenta quetzales (Q 50.00),
cada año, por derecho de apertura de protocolo. Los fondos que se recauden por este concepto, se
destinarán a la encuadernación de los testimonios especiales enviados por los Notarios al Archivo General
y a la conservación de los protocolos.

Con base en lo anterior, el Notario deberá pagar, por concepto de derecho de apertura anual del protocolo,
en total, la suma de cincuenta y cinco quetzales (Q.55.00). El pago de los Q.55.00, en rigor, puede ser
considerado como la cobertura o satisfacción de una tasa de tipo administrativo, ya que su destino es a
favor del Archivo General de Protocolos, según lo estipula el mismo artículo.

Con base en lo expuesto, se puede concluir que para la apertura anual del protocolo existen dos clases
de requisitos:

a) el legal, que considera la apertura desde el punto de vista de la autorización del primer instrumento en
el registro (protocolo); y

b) el administrativo, según el cual debe pagarse la correspondiente tasa, la cual asciende a Q.55.00.

Para ilustrar la diferencia entre ambos requisitos, el legal y el pago de los derechos de apertura
(administrativo), basta pensar en dos situaciones extremas, si bien las dos son posibles de que se
presenten en la realidad. La primera consiste en que el Notario, por ejemplo, el uno de enero de cualquier
año, puede ser requerido para que autorice un instrumento público.

Desde el punto de vista legal, el Notario no tiene ninguna limitación ni impedimento para cumplir con su
función, ya que no existe impedimento alguno para que él puede cumplir con ella en todo tiempo y lugar
del territorio nacional (y hasta en el extranjero). Por lo que lo hará en esa fecha sin ningún tipo de
inconveniente, si bien ese día no es factible que pueda pagar los derechos de apertura. El próximo día
hábil, podrá el notario, con toda comodidad, acudir a pagar los Q.55.00 en la Tesorería del Organismo
Judicial, pues se encuentra en tiempo para hacerlo.

La otra situación posible, consiste en que el Notario pague el derecho de apertura, los referidos Q.55.00,
pero que durante el año no autorice ningún instrumento público, sea porque dejó de cartular, o bien, porque
tuvo la mala suerte de que nadie requirió sus servicios. Desde el punto de vista administrativo, el Notario
cumplió con el requisito para la apertura, pero, y esto es lo más importante desde la perspectiva de la
función notarial, el protocolo para ese año en particular no nació a la vida jurídica, ya que no autorizó
ningún instrumento público.
4.3 Contenido del protocolo

La única fuente reconocida del Derecho Notarial en Guatemala es la ley; por tanto, de acuerdo con el Art.
8 del Código de Notariado, son sólo cuatro los instrumentos públicos protocolares que puede autorizar el
Notario. Ellos son:

a) Escrituras matrices,

b) Actas de Protocolación,

c) Razones de legalización de firmas,

d) Documentos que el Notario registra de conformidad con la ley.

Los primeros tres instrumentos públicos, es decir, las escrituras matrices, las actas de Protocolación y las
razones de legalización de firmas, están reguladas en el mismo Código de Notariado, Decreto 314 del
Congreso de la República, en los artículos 29, 63 y 59, respectivamente.

Para el caso de los documentos que el Notario registra de conformidad con la ley, únicamente existe el
previsto en el Artículo 962 del Código Civil, Decreto Ley 106, el cual ordena que el acta notarial en donde
consta la cubierta del testamento cerrado deberá transcribirse en el protocolo.

En opinión de algunos respetables notarios, también forman parte de los documentos que el "notario
registra de conformidad con la ley" los siguientes: el índice y los atestados.

4.4 Requisitos y formalidades

Uno de los aspectos característicos del protocolo consiste en que los instrumentos, para su validez, deben
constar en un tipo de papel especial: el papel sellado especial para protocolos. Esta obligación está
prevista en el primer párrafo del Art. 9 del Código de Notariado:

Artículo 9. Las escrituras matrices, actas de Protocolación y razones de legalización de firmas se


extenderán en papel sellado especial para protocolos.

Y, en cuanto a las formalidades, aplica la siguiente norma de dicho cuerpo legal:

Artículo 13. En el protocolo deben llenarse las formalidades siguientes:

1. Los instrumentos públicos se redactarán en español y se escribirán a máquina o a mano, de


manera legible y sin abreviaturas;

2. Los instrumentos llevarán numeración cardinal, y se escribirán uno a continuación de otro, por
riguroso orden de fechas y dejando de Instrumento a instrumento, solo el espacio necesario para
las firmas;

3. El protocolo llevará foliación cardinal, escrita en cifras;

4. En el cuerpo del instrumento, las fechas, números o cantidades, se expresarán con letras. En caso
de discrepancia entre lo escrito en letras y cifras, se estará a lo expresado en letras;

5. Los documentos que deban insertarse o las partes conducentes que se transcriban, se copiarán
textualmente;

6. La numeración fiscal del papel sellado no podrá interrumpirse más que para la intercalación de
documentos que se protocolen; o en el caso de que el notario hubiere terminado la serie; y 7. Los
espacios en blanco que permitan intercalaciones se llenarán con una línea antes de que sea
firmado el instrumento.
El papel sellado especial de protocolos se vende con exclusividad a los Notarios en ejercicio, tal como lo
prevé el párrafo segundo del Artículo 9, en lotes de veinticinco "pliegos". Actualmente ya no se venden
pliegos, sino hojas sueltas. Los pliegos de papel sellado que antiguamente se vendían, consistían en
"cuadernillos" como los que utilizan los contadores para sus prácticas contables, o bien, como en la
actualidad todavía se ve, el pliego consiste en dos hojas que están unidas, a las cuales también se les
llama cuadernillos.

El lote tampoco es ya de veinticinco pliegos, sino que es de cincuenta hojas de papel sellado especial para
protocolos que se venden al Notario. Estas hojas deben mantener el orden correlativo, lo cual significa que
los números, tanto de orden como de registro, deben mantenerse ininterrumpidos, en la secuencia que les
corresponde.

Sobre la venta de los lotes, las oficinas fiscales deberán llevar un registro en el cual anotarán los
correspondientes números que le fueron entregados, y deberá constar la firma y el sello del Notario que
recibió el papel, o la persona encargada que lo hizo en su nombre.

Por aparte, al Notario se le entregan cinco hojas adicionales, por concepto de comisión de diez por ciento
a la que tiene derecho, conforme lo establecido en el Art. 30 del Acuerdo Gubernativo No. 737-92,
Reglamento de la Ley del Impuesto de Timbres Fiscales y de Papel Sellado Especial para Protocolos.

5. CIERRE DEL PROTOCOLO

Así como es necesario abrir el protocolo cada año, la ley prevé también que el registro notarial debe
cerrarse anualmente. Esto, por lo regular, lo realiza el Notario el último día del año natural, pero también
es posible cerrar el protocolo en cualquier momento en que el Notario deje de cartular.

5.1 Razón de cierre

El cierre del protocolo se realiza a través de una razón notarial, la cual, conforme lo establecido en el Art.
12 del Código de Notariado,' debe contener los siguientes aspectos:

• La fecha,

• El número total de instrumentos autorizados, indicando cuántos de ellos son escrituras matrices,
el número de actas de protocolización, de razones de legalización, el número de instrumentos
cancelados, si los hubiere;

• El total de folios utilizados,

• Observaciones, si fueren necesarias, y

• La firma del notario.

La razón de cierre del protocolo se redacta, como resulta fácil inferir, con posterioridad al último instrumento
público que haya faccionado el Notario, por lo que, regularmente, se redacta en papel sellado especial
para protocolos.

5.2 Índice del protocolo

Un aspecto fundamental a tomar en cuenta sobre los requisitos y formalidades protocolares, es el que se
refiere al índice del protocolo. Al final de cada año, o cuando el Notario dejare de cartular por algún motivo,
deberá elaborarse este Índice, el cual, como resulta lógico suponer, constituye una referencia ordenada
de todos los instrumentos que contiene el(los) tomo(s) que comprenda el registro notarial para ese año en
particular, o el período menor a un año que hubiere cartulado el profesional. El índice aparece en el
protocolo a continuación de la razón de cierre.

La base legal para la elaboración del índice del protocolo, se encuentra en dos artículos del Código de
Notariado, Decreto 314 del Congreso de la República, éstos son los siguientes:

Artículo 15. El índice del protocolo se extenderá en papel sellado del mismo valor del empleado en él, y
contendrá en columnas separadas:

1. El número de orden del Instrumento;

2. El lugar y la fecha de su otorgamiento;


3. Los nombres, de los otorgantes;

4. El objeto del instrumento; y

5. El folio en que principia. En el índice podrán usarse cifras y abreviaturas.

Artículo 16. El índice irá fechado y firmado por el notario y antes de suscribirlo podrá hacer las
observaciones pertinentes.

En la actualidad, debido a que ya no existe papel sellado," se utilizan hojas de papel español, o bien, hojas
de papel bond, a las cuales, para efectos de ser habilitadas, se les adhiere un timbre fiscal de Q.0.50 por
hoja, de acuerdo con lo establecido en el numeral 6, del Art. 5, del Decreto 37-92 del Congreso de la
República, Ley del Impuesto de Timbres Fiscales y de Papel Sellado Especial para Protocolos, y deberá
escribirse en ambos lados de la hoja, o sea, en el anverso y en el reverso.

Tómese en cuenta que, con base en lo establecido en el referido Art. 15 del Código de Notariado y de
manera excepcional a lo que se acostumbra en la redacción notarial, en el índice si es posible utilizar cifras
y abreviaturas, lo cual es potestativo al Notario, por lo que también pueden combinarse ambas formas,
consignando las cantidades tanto en letras como en cifras.

5.3 Atestados

El verbo atestar, en su segunda acepción, significa "meter o introducir una cosa en otra. Esta significación,
ciertamente, nos proporciona una primera y útil idea para comprender qué son los atestados que deben
incluirse en el protocolo.

En realidad, los atestados son todos los documentos y constancias que sirven de respaldo y sustento a
los instrumentos públicos que ha autorizado el Notario.

Así, por ejemplo, si el Notario autoriza un matrimonio, procede dejar constancia en el protocolo de las
fotocopias de cédulas de vecindad, certificaciones de las partidas de nacimiento y, en su caso, de las
capitulaciones que hubieren otorgado los requirentes (lo cual está representado por el testimonio de la
escritura, si se otorgaron de este modo).

El tipo de atestados que corresponda agregar al final del protocolo, está condicionado por la clase de
instrumento público que se autorice.

Por aparte, como atestados obligatorios, también deben incluirse las copias debidamente selladas de los
avisos que hubiere remitido el Notario a los registros y dependencias que corresponda.

De igual manera, es fundamental incluir la constancia de pago mediante la cual cumplió el Notario con la
obligación de derecho de apertura del protocolo que estudiamos en un apartado anterior.

La base legal de los atestados, se encuentra en el Artículo 17 del Código de Notariado, en el cual se
establece:

Artículo 17. El notario agregará al final del tomo respectivo del protocolo, los atestados referentes a los
instrumentos que autorice, si no hubieren sido transcritos, y la constancia del pago a que se refiere el
artículo 11 de esta ley.

Algunos ejemplos de atestados, son los siguientes:

1. La constancia de pago de apertura del protocolo (Art. 11 del Código de Notariado).

2. Constancia de entrega de testimonios especiales (Art. 37 del Código de Notariado).

5.4 Empastado

Dentro de los treinta días posteriores al cierre del protocolo el Notario debe mandar a empastar su
protocolo. (Arto. 18).

El empastado puede hacerse en uno o más tomos, dependiendo de su volumen, usualmente es en un sólo
tomo. No es permitido empastar en un solo tomo, dos o más años.
5.5 Depósito

Principiaremos diciendo que el Notario no es propietario del o los protocolos, ya que únicamente es
depositario del mismo y responsable de su conservación. El hecho que sea él quien adquiera o compre el
papel, no lo hace propietario del mismo.

La ley guatemalteca menciona los casos de depósito del protocolo, algunos en forma temporal y otros en
forma definitiva, por lo que puede hablarse de entrega, siendo los siguientes:

1) Por ausencia del país por tiempo menor de un año.

2) Por ausencia del país por más de un año.

3) Por inhabilitación.

4) Por entrega voluntaria.

5) Por fallecimiento.

En el primer caso, el Notario debe dejar depositado su protocolo en otro Notario hábil, dando un aviso
firmado y sellado por ambos Notarios al Archivo General de Protocolos. (Arto. 27). En estos casos el
Notario al cual le queda en depósito el protocolo, puede extender las copias o testimonios que fueran
necesarias, ya que tiene facultad para ello, ningún otro Notario podría hacerlo, pero desde luego no podrá
autorizar escrituras en ese protocolo que le ha sido depositado. Mientras dure la ausencia del notario
depositante, el depositario es responsable de la guarda y custodia de ambos protocolos, ya que la ley
exige que sea también un Notario hábil.

En el segundo caso, si la ausencia es por más de un año, el protocolo debe depositarse en el Archivo
General de Protocolos, directamente si es en la capital, o por medio del Juez de Primera Instancia en los
departamentos, quien lo debe remitir al Archivo. (Arto. 27). En estos casos, es el Director del Archivo
General de Protocolos, el único facultado para extender copias y testimonios.

En los casos de que el Notario quedare inhabilitado por cualquier causa, debe entregar sus protocolos al
Archivo General de Protocolos en la capital, y al Juez de Primera Instancia en los departamentos, para
que éstos los remitan al Archivo (Arto. 26), siendo el Director del Archivo General de Protocolos, el que
tendrá las facultades de extender las copias y testimonios que le sean requeridas.

En el cuarto caso, si un Notario voluntariamente decide dejar de cartular, también puede hacer la entrega
de los protocolos al Archivo (Arto. 26), podría darse el caso que por su edad, alguna enfermedad, o porque
simplemente no desee seguir ejerciendo tome tal decisión.

Desde luego en los casos anteriores los protocolos serán devueltos por requerimiento personal del Notario
depositante al quedar sin efecto la causa que motivó el depósito. (Arto. 28).

En el último caso, del fallecimiento del Notario, los albaceas, herederos, parientes, o cualquier persona
que tuviera en su poder protocolos de un Notario fallecido, deben depositarlos dentro de los treinta días
siguientes al fallecimiento al Archivo General de Protocolos, si fuere en la capital; al Juez de Primera
Instancia, si estuviera en una cabecera departamental; o al Alcalde, si estuviese en un municipio; en esos
casos, estos funcionarios deben remitirlo dentro de los ocho días siguientes del depósito al Archivo General
de Protocolos. (Arto. 23).

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