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La Biblia

La Biblia, considerada la Palabra de Dios, fue compilada por la Iglesia a partir de 73 libros seleccionados bajo la guía del Espíritu Santo, incluyendo 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Existen diversas versiones de la Biblia, algunas fieles a la original y otras alteradas por sectas, por lo que es crucial verificar su autenticidad. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento se complementan y son esenciales para comprender el mensaje divino completo.

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La Biblia

La Biblia, considerada la Palabra de Dios, fue compilada por la Iglesia a partir de 73 libros seleccionados bajo la guía del Espíritu Santo, incluyendo 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Existen diversas versiones de la Biblia, algunas fieles a la original y otras alteradas por sectas, por lo que es crucial verificar su autenticidad. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento se complementan y son esenciales para comprender el mensaje divino completo.

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La Biblia

¿Todo lo escrito acerca de Dios, ha sido escrito por Dios?

Existen miles de libros que los hombres han escrito acerca de Dios a lo
largo de la historia. De éstos, algunos son famosos como el Popol-Vuh de
los mayas o el Ramayana y el Mahabaratha de los brahamanes. Cuando
murió Jesucristo, sus seguidores escribieron cientos de libros acerca de
su vida. Algunos eran fidedignos y otros inventaban cosas sólo para
ganar adeptos. Estos últimos le atribuían a Jesús niño actos
extraordinarios como dar vida a sus juguetes de madera, hablar con los
animales y otro hechos similares. Estos libros los conocemos como los
evangelios apócrifos.

La Iglesia, con el poder que ha recibido por la Tradición apostólica,


recopiló todos estos libros, los analizó y, con la luz del Espíritu Santo,
seleccionó y aprobó solamente 73 de ellos como la misma Palabra de
Dios. Estos 73 libros se reunieron posteriormente en uno solo, llamado
Biblia o Canon de las Escrituras.

La Biblia es la Palabra de Dios, escrita por el mismo Dios a través de la


pluma de los hagiógrafos.

Por ser el Espíritu Santo el que iluminó a la Iglesia al hacer la selección,


podemos estar seguros de que en este conjunto de libros está escrita la
Verdad de manera fiel y sin error.

1. Hay muchas Biblias distintas. ¿Cuál es la buena?

Encontramos en las librerías decenas de títulos distintos: La Biblia de los


mormones, La Biblia del pueblo, La Biblia de los gedeones, La Biblia
latinoamericana, La Biblia de los Testigos de Jehová, La Biblia de
Jerusalén y muchas más.

Esto se debe a dos motivos:

Personas de buena voluntad, que acordes con lo dictado por la Iglesia,


han hecho traducciones y adaptaciones a los diferentes lenguajes, para
hacer más accesible la Palabra de Dios a todos los hombres.

Sectas y religiones que han suprimido o retocado lo que no les gustaba,


o que han adulterado el mensaje de Dios, al modificar las palabras
originalmente escritas por los hagiógrafos.

Para sabe si una Biblia es la original

Por todo lo anterior, al comprar una Biblia, es importante revisar que sea
la original. ¿Cómo?

1. Verificando quen incluya los 73 libros que aparecen en la siguiente


tabla: 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento.

2. Verificando en la contraportada que la Biblia esté aprobada por


alguna autoridad de la Iglesia Católica. Esta aprobación aparece
con las palabras en latín ‘imprimatur” y “nihil obstat”, que
significan: “se puede imprimir” y “nada obstaculiza su impresión”.

3. Asesorándote con algún sacerdote de confianza.

2. División general
La Biblia se divide, ante todo, en dos grandes partes:

Antiguo Testamento

Nuevo Testamento, ambos relacionados entre sí.

La palabra latina testamentum -de donde viene la palabra española


testamento- fue empleada al principio de la era cristiana, para traducir
la voz griega: diatheké, que literalmente significaba disposición,
contrato.

A su vez, los traductores griegos, llamados los Setenta, la usaron para


traducir la expresión hebrea berit = pacto de soberanía, por medio de la
cual designaban los hebreos la Alianza del Sinaí. Lo importante es que el
término Testamento ha quedado para designar, hasta nuestros días, la
división de las Escrituras.

3. División numérica de la Biblia

Dos grandes religiones se rigen por las enseñanzas de la Biblia: la judía y


la cristiana, la cual está integrada por católicos, ortodoxos y diferentes
denominaciones.

Los judíos sólo aceptan, como es claro, lo que nosotros llamamos


Antiguo Testamento y lo dividen en tres grandes partes: “La Ley, los
Profetas y otros escritos sagrados”. Está compuesta por 39 libros.

Para los católicos, la Biblia –Antiguo y Nuevo Testamento– está formada


por 73 libros: 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Los
protestantes de las principales denominaciones, sólo aceptan una lista
bíblica de 66 libros: 39 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo.
Como se ve, la diferencia entre católicos y protestantes se encuentra, no
en el canon o lista de los libros del Nuevo Testamento, sino del Antiguo.

Antes se manejaba la hipótesis de que en el judaísmo había dos


cánones, el largo (o alejandrino) y el corto (o palestinense). De acuerdo
a esto, la Iglesia había seguido el canon largo o alejandrino, mientras
que los judíos a partir del siglo I ó II después de Cristo, se habrían
quedado con el canon corto o palestinense.

Hoy en día esta hipótesis es rechazada por las siguientes razones:

a) Por un lado, la traducción de la Biblia hebrea al griego no fue


una obra unitaria en su finalidad o proyecto, ni fue traducida
simultáneamente.

b) Por otro lado, conocemos la mayor parte de la Biblia de los


Setenta a través de códices cristianos del siglo IV y V
después de Cristo. Por lo tanto, ellos reflejarían, en todo
caso, el uso cristiano de este tiempo. Y aún allí mismo,
podemos comprobar la variabilidad que existía en algunos
puntos.

c)Además, entre los judíos de Palestina no había una uniformidad en lo


que respecta al canon; por esto, tampoco podremos hablar de un canon
palestinense.

Por todos estos motivos, no podemos conocer las fronteras exactas de


los libros reconocidos por los judíos de Alejandría.

Seguramente, además de los libros que habían surgido en Palestina,


tenían libros propios compuestos en Alejandría, en lengua griega, como
por ejemplo el de la Sabiduría.
La Iglesia católica, lo mismo que la ortodoxa, a partir del Concilio de
Hipona en el año 383 después de Cristo, admitió como inspirados no
sólo los protocanónicos (o aceptados primero, por eso se llaman de la
primera ley) sino los deuterocanónicos (o de la segunda ley), lista que
fue confirmada solemnemente por el Concilio de Trento, en 1546.

Hemos de mencionar, como argumento irrefutable para afirmar que la


Biblia consta de 73 libros y no de 66, lo siguiente:

La primera comunidad cristiana (Comunidad de los Apóstoles y


discípulos del Señor) usó esta traducción de la Biblia griega de los
Setenta, es decir el Antiguo Testamento con 46 libros.

Jesucristo, al señalarle a san Pedro: “Te daré las llaves del Reino de Dios;
así, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates
en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mt 16, 19), nos obliga a hacer
y a aceptar lo que los primeros cristianos creían, hacían o usaban (sea
de palabra o de viva voz).

Los argumentos que los judíos usaron para no aceptar los libros
deuterocanónicos como parte del canon del Antiguo Testamento
aceptado por ellos, no gozan de la autoridad divina, en virtud, de que en
ese momento (año 100 después de Cristo), la Comunidad cristiana ya
existía y gozaba de plena autoridad en la materia.

Como vemos, la Iglesia tiene la razón al afirmar que la Biblia consta de


73 libros y no de 66 como dicen las sectas.

No hay que olvidar que la Biblia es la Palabra de Dios puesta por escrito
en un momento privilegiado de la Tradición, por lo tanto nada puede
añadirse, ni nada puede quitarse “La economía cristiana, por ser la
alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra
revelación pública antes de la gloriosa manifestación de Jesucristo
nuestro Señor” (La Divina Revelación, # 4).

Por otro lado, siendo sinceros y honestos descubriremos que: la única


institución, la única Iglesia que transmitió por más de 1500 años la
Palabra de Dios al mundo entero, es la Iglesia Católica: en sus
monasterios, los monjes copiaban fielmente a mano el texto sagrado, la
Iglesia en su Liturgia, en sus celebraciones la veneraba de manera
especialísima, la vida de la Iglesia gira en torno a Cristo y éste contenido
en la Biblia.

¿Cómo aceptar la Biblia y no aceptar a la Iglesia que ha sido fiel custodio


y madre para que nada de lo que hay en ella se pierda?

¿Con qué autoridad puede alguien quitar o añadir algo a la Palabra de


Dios, si la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, haciendo uso de su
autoridad divina ha declarado que nada puede añadirse ni nada puede
quitarse:

“Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la Escritura está a


merced de interpretaciones personales; Porque ninguna predicción
antigua aconteció por designio humano; hombres como eran, hablaron
de parte de Dios movidos por el Espíritu Santo” (2 P 1, 20-21)?.

Los libros que no aceptan las sectas y los Nuevos Movimientos pseudo-
religiosos son los siguientes: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc
y 1 – 2 de Macabeos.

Usando una fórmula fácil de aprender, podemos citar estos libros de la


siguiente manera: “ToJuSaEBa Mabis”.

4. División temática
Teniendo en cuenta los distintos temas que nos ofrece la Biblia, podemos
dividirlos en varios grupos:

Antiguo Testamento

En tiempo de Cristo –y aún ahora-, los judíos clasificaban las Escrituras


en tres partes:

La Ley,

Los Profetas

Otros Escritos.

La Ley y los Profetas eran los más importantes. El mismo Cristo los cita,
por ejemplo, en Mt 7, 12. Los escritos se empleaban en las asambleas. El
Eclesiástico los cita en el prefacio de su libro.

Hoy dividimos las Escrituras, así:

Los libros que componen la Biblia

Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento comienza con un conjunto de cinco libros, a los


cuales los traductores griegos dieron el nombre de Pentateuco (penta =
cinco; teuco = instrumentos, de donde provino luego la expresión
“estuches” para los rollos de papiro y finalmente “libros”). Los judíos
llaman a estos cinco libros la Torah o la Ley y los cinco libros eran cada
uno un “quinto” de la Ley.
Estos cinco libros son :

Pentateuco

Éxodo

Génesis

Levítico

Números

Deuteronomio

Libros sapienciales

Salmos

Job

Proverbios

Eclesiastés

Cantar de los Cantares

Sabiduría

Sirácide (Eclesiástico)

Libros históricos

Josué

Rut

I Samuel

II Samuel

I Reyes
II Reyes

I Crónicas

II Crónicas

Esdras

Nehemías

Tobías

Judit

Ester

Jueces

I Macabeos

II Macabeos

Los judíos llaman “profetas anteriores” a Josué, Jueces, Samuel y Reyes


ya que en ellos se encuentra la historia de los grandes profetas: Elías,
Eliseo y aún Samuel.

A los que nosotros llamamos profetas, los judíos los llaman profetas
posteriores.

Digamos también que para la Biblia griega, los libros de Samuel y Reyes
formaban una sola unidad y los llamaban libros de los Reyes. Del mismo
modo, los libros I y II de Crónicas, formaban uno solo con Esdras y
Nehemías, por considerarse como obra del mismo autor.

La Biblia griega y la Vulgata de san Jerónimo llaman a Crónicas con el


nombre de Paralipómenos.

Libros proféticos
Isaías

Jeremías*

Lamentaciones

Baruc

Ezequiel

Daniel

Oseas

Joel

Amós

Abdías

Jonás

Miqueas

Nahum

Habacuc

Sofonías

Ageo

Sofonías

Zacarías

Malaquías

En algunas ediciones de la Biblia, los libros de Jeremías y Lamentaciones


vienen unidos como un solo libro.

Nuevo Testamento

Evangelios

Mateo
Marcos

Lucas

Juan

Hechos de los apóstoles

Pertenecen a este grupo 21 Epístolas o Cartas:

Cartas del Nuevo Testamento

Romanos

I Corintios

II Corintios

Gálatas

Efesios

Filipenses

Colosenses

I Tesalonicenses

II Tesalonicenses

I Timoteo

II Timoteo

Tito

Filemón

Hebreos

Cartas Católicas

Santiago
I Pedro

II Pedro

I Juan

II Juan

III Juan

Judas

Apocalipsis

5. Unidad de ambos Testamentos

El Antiguo y Nuevo Testamento se complementan mutuamente. Su


interrelación es tan completa, que el primero explica el segundo y
viceversa.

Sólo a la luz del Antiguo Testamento se alcanza a comprender el


primero; y sólo a la luz del Nuevo Testamento, nos damos cuenta de lo
que el Antiguo quiso decir.

Con razón, Cristo les decía a sus oyentes: “Investigad las Escrituras y así
comprobarán que Moisés habla de mí” (Jn 5, 39-45). Y san Lucas,
relatando el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús, dice que
Jesús “empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les
explicó todo lo que había sobre Él en las Escrituras” (Lc 24, 25-27). De
igual manera, san Mateo en sus tres primeros capítulos.

El Antiguo Testamento… ¿pasado de moda?

No necesariamente lo viejo se convierte en inservible. Hay cosas como


las monedas, los muebles finos o los sellos de correo, que aumentan de
valor conforme pasa el tiempo.
El antiguo Testamento tuvo como fin preparar la venida de Cristo, pero
no pasó de moda con su llegada. Jesús no vino a abolir lo que estaba
escrito, sino a perfeccionarlo.

Por tanto, no podemos prescindir de los libros del Antiguo Testamento.


Todos son libros revelados por Dios y en ellos, aunque contienen
elementos imperfectos y pasajeros, encontramos el testimonio de la
pedagogía divina, enseñanzas maravillosas acerca de Dios, sabiduría
acerca del hombre, tesoros de oración. En ellos está escondido el
misterio de nuestra salvación.

En el Nuevo Testamento está plasmada la verdad definitiva de la


Revelación divina. Su objeto central es Jesucristo, sus obras, sus
enseñanzas, su pasión y su resurrección.

También nos narra los comienzos de la Iglesia bajo la acción del Espíritu
Santo.

Para entender plenamente el mensaje que Dios nos da en el Nuevo


Testamento, es indispensable leerlo en relación con el Antiguo.

Toda la Sagrada Escritura es una sola Revelación, un solo mensaje divino


que Dios quiere comunicar al hombre, y no la podremos entender si la
escuchamos en forma fragmentada.

Podríamos comparar la Biblia con una cinta magnetofónica grabada en


estéreo: Para escucharla, usaremos un aparato con dos bocinas: una es
el Antiguo Testamento y la otra es el Nuevo Testamento. Puedes
escuchar la cinta con una sola bocina, pero no oirás la música completa,
sino sólo los sonidos graves o sólo los agudos; sólo los instrumentos o
sólo las voces. Para escuchar la música tal como la compuso el autor,
deberás conectar las dos bocinas y entonces disfrutarás del sonido
integral de la composición.
Para entender en toda su integridad el mensaje de Dios en las Sagradas
Escrituras, es necesario leer el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo y
leer el Nuevo Testamento a la luz del Antiguo.

La Iglesia ha descubierto una tipología que reconoce en las obras de


Dios en la Antigua Alianza, prefiguraciones de lo que haría Cristo en la
Nueva.

En el Antiguo Testamento está escondido el Nuevo Testamento y el


Antiguo Testamento se hace manifiesto en el Nuevo. Ambos se
esclarecen mutuamente y, por tanto, son inseparables.

6. Textos originales y copias

No existen los textos bíblicos autógrafos, escritos por la propia mano del
autor del libro de los Jueces, o de la Sabiduría, o de Marcos, o de
Filemón, etc. Esto no debe asustarnos, ya que tampoco se conservan los
originales de las grandes obras literarias y filosóficas de la antigüedad
(éstas últimas obras tienen pocos testimonios textuales, y a veces con
diferencias de unos diez siglos o más entre el original y las primeras
copias).

Cuando en ocasiónes se habla de “originales”, se refiere a las lenguas en


que originalmente fueron escritos. Por ejemplo, se dice: la traducción de
esta Biblia se hizo de los originales, es decir, de las lenguas originales,
hebreo, arameo y griego, según el caso.

7. Copias manuscritas

Material
En la antigüedad, para escribir algunas cosas se usaban las tablillas de
arcilla, las ostraka o pedazos de cerámica rota, las piedras, los cilindros y
las estelas.

Para copiar un libro de la Biblia o toda ella, este material no se utilizaba,


pues sólo podía aprovecharse para textos breves. El material empleado
para la copia de la Biblia fue de dos tipos: el papiro y el pergamino.

El papiro (usado en Egipto desde el año 3,000 antes de Cristo). Es una


planta acuática –caña o junco- que se da sobre todo en el Delta del Nilo.
Se abría prim”ro el tallo de la planta y luego se prensaba; las láminas así
obtenidas se entrecruzaban, se aplastaban y se secaban. Era el material
más común, pero a la vez el más frágil. Por lo regular se escribía sólo por
la parte interior. Se han conservado muchos papiros de Egipto gracias a
su clima seco.

Constituyen el testimonio más antiguo en el ámbito de manuscritos


bíblicos. El pergamino se forma con la piel de ciertos animales (ovejas,
corderos), preparada con una técnica especial perfeccionada en
Pérgamo, al norte de Éfeso, hacia el año 100 después de Cristo. Parece
que fue muy difundido por los persas.

En el Nuevo Testamento tenemos un testimonio de su uso en 2 Tim 4,


13: “Cuando vengas, tráeme el abrigo que dejé en Tróada, en casa de
Carpo, y los libros, en especial, los pergaminos”.

Del siglo IV después de Cristo en adelante fue muy común. Es un


material mucho más resistente, pero, a la vez, más caro. Por eso,
algunos manuscritos en pergamino fueron raspados por completo para
que pudieran ser utilizados de nuevo.

Formato
El rollo es una larga tira de papiro o piel, reforzada en las extremidades
con dos varas que servían para enrollarla (Cfr. Lc 4, 16-20; Jr 36). Aún en
nuestros tiempos, los judíos utilizan los rollos. El códice o libro ordinario
(más común en pergaminos) fue empleado por los cristianos desde el
siglo II; pero por los judíos, más tarde, parece que a partir del siglo VII.
Los códices griegos se distinguen en unciales o mayúsculos y
minúsculos.

Los primeros son de letras mayúsculas continuas, más difíciles de leer


por no haber separación entre las palabras; estuvieron en boga hasta el
siglo X u XI; hay un poco más de 250 de ellos. Los segundos son de
letras minúsculas, más fáciles de leer porque se da la separación entre
las palabras. Empiezan a utilizarse a partir del siglo IX después de Cristo
y se multiplican desde el siglo XI; son alrededor de 2 mil 600.

8. Lenguas en que se escribió la Biblia

Para la composición de la Biblia se emplearon tres lenguas: la hebrea, la


aramea y la griega.

En hebreo se escribió casi todo el Antiguo Testamento. Era la lengua


propia del Pueblo de Israel. Su origen es bastante oscuro. Parece que
comenzaron a hablarla los cananeos y después la adoptaron los
israelitas a partir de su estancia en Canaán.

En Arameo, lengua más antigua que el hebreo, se escribieron pocas


cosas. Se pueden citar algunos capítulos de Esdras, Jeremías, Daniel y
Mateo. El arameo comenzó a introducirse en Israel hacia los siglos IV y III
antes de Cristo y tomó tanto fuerza, que llegó a suplantar a la lengua
hebrea. Incluso Jesús hablaba con el pueblo en uno de los dialectos
arameos.
En griego fueron escritos algunos libros del Antiguo Testamento, como el
de la Sabiduría, 2 Macabeos y todos los del Nuevo Testamento menos el
Evangelio de san Mateo. Este griego no era un griego clásico, como era
por ejemplo el de Demóstenes, sino un griego popular, vulgar y
corriente, llamado Koiné = común, que usaba el hombre de la calle. Se
generalizó después de la conquista en Grecia por Alejandro Magno.

Antiguo Testamento

Daniel: hebreo, con fragmentos arameos y griegos

Esdras: hebreo, con inserción de algunos documentos en arameo

Ester: hebreo, con fragmentos griegos

1 Macabeos: hebreo. 2 Macabeos: griego

Tobías y Judit: hebreo o arameo

Sabiduría: griego

Todos los demás libros: hebreo

Nuevo Testamento

San Mateo: arameo

Todos los demás libros: griego

9.Versiones de la Biblia

Hay que decir que, con el correr de los tiempos, se han hecho
innumerables versiones de la Biblia. Entre las más antiguas –que son las
que interesan más- hay dos muy importantes: la de los “Setenta” y la
Vulgata.

La versión de los Setenta. Según una tradición, fue realizada por 70


sabios de Israel. Su elaboración, entre los siglos III y I antes de nuestra
era, estuvo destinada a los judíos de la Diáspora o de la dispersión, es
decir, para el culto de las comunidades judías que vivían en el mundo
grecorromano, especialmente de Alejandría y que ya habían olvidado la
lengua hebrea, o quizá mejor, con el fin de que pudieran propagarla en
la griega. En cualquier caso, esta traducción fue importante para los
judíos que hablaban el griego y que más tarde se extendió por los países
mediterráneos, preparando así el ambiente para el Evangelio.

La versión de la Vulgata. Esta versión fue hecha en latín por san


Jerónimo en el siglo IV en Belén. Partió de una necesidad, como la de los
Setenta. Durante los dos primeros siglos se utilizaba en la Iglesia el
griego popular, que era el que se hablaba en el imperio romano. Pero en
el siglo III, se fue imponiendo el latín en Occidente. Por esa razón la
tradujo san Jerónimo al latín. De ella se han sacado muchas ediciones
hasta nuestros días, desde que el Concilio de Trento la reconoció
solemnemente como la versión oficial latina sin negar por eso, el valor
de otras versiones.

La Sagrada Escritura es muy valiosa para la vida de la Iglesia

Como la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios viva, sabemos que su


poder y su fuerza para los cristianos es enorme. La Sagrada Escritura,
junto con la Eucaristía, es la que da sustento y vigor a la vida de la
Iglesia, asegura la firmeza de la fe, es alimento del alma y fuente de
vida espiritual

La Sagrada Escritura debe ser el alma de la teología, de la predicación


pastoral, de la catequesis, de la instrucción cristiana. Sólo así
aseguraremos en estas actividades, la presencia de Jesucristo, la
Palabra, y por tanto, los frutos de santidad de las mismas. Invitando a
Cristo a que nos acompañe en estas acciones, no nos quedaremos en lo
humano. Él mismo se encargará de santificar cada palabra que digamos
para darse a conocer a todos los hombres.

La Iglesia recomienda la lectura frecuente de la Sagrada Escritura, ya


que desconocerla es desconocer a Cristo.
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