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Resumen Obra

El documento analiza varios capítulos de la novela 'Redoble por Rancas' de Manuel Scorza, que critican el abuso del poder y la opresión en comunidades andinas. A través de simbolismos como una moneda y la huida de animales, se retrata la sumisión del pueblo ante un sistema injusto y la lucha por la dignidad. Scorza utiliza un estilo poético y un enfoque de realismo mágico para abordar temas de violencia, resistencia y la ceguera social frente a la injusticia.

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Resumen Obra

El documento analiza varios capítulos de la novela 'Redoble por Rancas' de Manuel Scorza, que critican el abuso del poder y la opresión en comunidades andinas. A través de simbolismos como una moneda y la huida de animales, se retrata la sumisión del pueblo ante un sistema injusto y la lucha por la dignidad. Scorza utiliza un estilo poético y un enfoque de realismo mágico para abordar temas de violencia, resistencia y la ceguera social frente a la injusticia.

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Donde el zahorí lector oirá hablar de cierta celebérrima moneda

El capítulo inicia con una escena aparentemente trivial, pero cargada de simbolismo: el
juez Montenegro pierde una moneda en la plaza de Yanahuanca. La moneda queda tirada
en el suelo, pero ningún poblador se atreve a recogerla. Durante un año entero permanece
allí, intacta, mientras todo el pueblo la rodea con respeto y miedo. Incluso cuando llueve
o hace viento, la moneda sigue en su sitio. Este gesto colectivo muestra el poder absoluto
que el juez Montenegro tiene sobre la población: ni siquiera necesitan estar bajo amenaza
directa para obedecerlo; el miedo y el respeto han sido interiorizados profundamente.

A lo largo del capítulo, la voz narrativa construye un ambiente entre real y mágico, casi
como si la moneda tuviera un aura divina. El narrador ironiza con frases como “la moneda
estaba custodiada por el miedo” o “nadie osaba mirarla demasiado tiempo”. Este estilo
recuerda al realismo mágico y permite que el lector entienda que no se trata solo de una
historia realista, sino de una denuncia simbólica. La moneda se convierte en una especie
de ídolo involuntario, una metáfora del poder autoritario que se impone en silencio, pero
que domina completamente a las comunidades andinas.
El año siguiente, el juez Montenegro regresa al pueblo y, sin mostrar emoción alguna,
recoge la moneda como si nada hubiera pasado. Ni siquiera recuerda haberla perdido.
Esta acción final quiebra cualquier esperanza de redención o justicia: el juez, símbolo del
poder opresor, no es consciente (o no le importa) el impacto de sus actos sobre la
población. Él actúa por costumbre, con frialdad, sin considerar las consecuencias sociales.
El pueblo, por su parte, reacciona con resignación.

Este primer capítulo marca el tono de la novela: una crítica feroz al poder político y
judicial en el Perú rural de mediados del siglo XX. Scorza expone cómo las instituciones
del Estado (aquí representadas por el juez) no protegen a los comuneros, sino que los
dominan. La pasividad del pueblo no es por ignorancia, sino por miedo y por siglos de
opresión estructural.

Además, el uso del humor ácido, los juegos de palabras y el lenguaje poético otorgan al
capítulo una dimensión literaria profunda. La moneda es un símbolo que introduce el
conflicto central de la novela: el abuso del poder frente a una comunidad que lucha por
conservar su dignidad y sus tierras.
Resumen Capítulo 2: Sobre la universal huida de los animales de la pampa de
Junín

Este capítulo presenta un episodio conmovedor, casi apocalíptico: la misteriosa huida de


todos los animales de la pampa de Junín. Aves, murciélagos, perros, caballos, ovejas,
incluso peces abandonan el lugar en un éxodo desesperado. Lo más impactante es que
huyen sin razón aparente, como si una amenaza invisible los obligara a escapar. El cielo
se llena de alas temblorosas; los animales nocturnos, que normalmente se ocultan,
aparecen a plena luz del día, desorientados, confundidos. Este suceso es interpretado por
los pobladores como una señal divina, un castigo, un presagio.

Los habitantes de Rancas, especialmente los ancianos, reaccionan con terror religioso:
rezan, se arrodillan, se abrazan a sus hijos. La escena transmite un caos colectivo, pero
también una desesperación ancestral, como si el mundo estuviera por desmoronarse. La
voz narrativa le da un tono mítico al capítulo, casi bíblico. La naturaleza huye porque
algo terrible se avecina, algo que solo los instintos animales pueden prever. El cielo es
descrito como un techo que está por derrumbarse.

En medio de esta escena cargada de simbolismo aparece Fortunato, un campesino que


corre desesperado por la pampa para alertar a su pueblo. Está agotado, pero sigue
avanzando. Sabe que los comuneros deben enterarse de lo que está ocurriendo. No es un
miedo cualquiera: es el anuncio del Cerco, esa línea de alambres que la compañía minera
viene extendiendo para apropiarse de las tierras comunales. Fortunato es el testigo lúcido
de una tragedia que muchos aún no comprenden del todo. La naturaleza ya reaccionó;
ahora les toca a los humanos despertar.

El Cerco es presentado aquí como una fuerza inhumana: no come, no duerme, no se


detiene. Se mueve silenciosamente, cercando, restringiendo, conquistando. Es una
metáfora del avance del capitalismo extractivista, de las empresas mineras que avanzan
sobre territorios sin pedir permiso, destruyendo no solo la tierra, sino también las formas
de vida de los pueblos andinos.

Este capítulo funciona como una gran advertencia. El autor nos dice que el mundo natural
está más conectado con la verdad que los hombres. Mientras los comuneros todavía
dudan, discuten, negocian, los animales ya han huido porque reconocen el peligro. Es una
crítica a la ceguera social, pero también una llamada urgente a actuar antes de que sea
tarde.
Finalmente, el lector comprende que lo que ocurre no es un simple conflicto agrario, sino
una catástrofe humana y ecológica. Manuel Scorza construye un relato en el que lo real y
lo mítico se entrelazan para denunciar el despojo, la indiferencia estatal y el sufrimiento
de los pueblos originarios frente a la violencia de los poderosos.
Resumen Capítulo 3: Sobre un conciliábulo del que a su debido tiempo hubieran
querido enterarse los señores guardias civiles

En este capítulo, Manuel Scorza introduce un elemento fundamental de la trama: la


organización secreta de los comuneros frente al abuso y la injusticia. En Rancas, un grupo
de hombres y mujeres se reúne en la clandestinidad, en una asamblea donde el dolor
acumulado se convierte en rabia, y la rabia se canaliza en acciones desesperadas. El líder
de este grupo es el Nictálope, Héctor Chacón, un personaje que representa la astucia, la
resistencia y el resentimiento del pueblo que ha sido despojado de sus tierras por los
cercos ilegales.
La escena del conciliábulo (la reunión secreta) está cargada de tensión. No se trata solo
de hablar: se trata de votar quiénes deben morir. El grupo, con solemnidad casi religiosa,
realiza una votación en voz baja para decidir si deben matar al juez Montenegro, al Niño
Remigio y a otros personajes vinculados a los abusos del poder. Es una escena que
escandaliza al lector porque muestra a personas comunes —campesinos, padres de
familia, ancianos— considerando con total seriedad la posibilidad del asesinato.

Sin embargo, Scorza no pinta a estos comuneros como criminales. Muy por el contrario,
nos obliga a ver sus motivaciones: el Estado los ha abandonado, las leyes los han
traicionado, y sus tierras están siendo invadidas. ¿Qué les queda? La justicia legal no
existe para ellos; solo les queda la justicia comunal, aunque esta cruce la delgada línea
hacia la venganza. El capítulo muestra que estos comuneros no son violentos por
naturaleza, sino empujados a la violencia por el sistema.

Una escena clave ocurre cuando se propone eliminar al Niño Remigio, que está enfermo.
Algunos se oponen con firmeza, mostrando que incluso dentro de la resistencia hay
principios. Pero la propuesta ya es impactante en sí: el conflicto ha llegado a un punto
donde hasta la inocencia es puesta en duda.

También aparece la figura del presidente de la comunidad, que no es un líder fuerte sino
más bien una figura decorativa, manipulada o ignorada por los verdaderos organizadores
del movimiento. El capítulo refleja la profunda desconfianza en las instituciones: los
comuneros no creen ni en su propio presidente.

Este capítulo también revela una estructura de poder paralela: la asamblea comunera
clandestina. Es un espacio democrático, sí, pero marcado por el dolor, el miedo y la
desesperanza. Scorza narra todo esto con un estilo poético y a veces irónico, que contrasta
con la crudeza de los hechos. Esa mezcla de belleza y brutalidad es una de las marcas más
poderosas de la novela.

En resumen, este capítulo muestra cómo una comunidad marginada y violentada puede
llegar al límite de considerar la muerte como única salida. La violencia no es glorificada,
pero sí entendida como el resultado de una historia de abusos. Es un llamado de atención
al lector: cuando se niega justicia a un pueblo, el pueblo construye su propia justicia.
Resumen Capítulo 4: Donde el desocupado lector recorrerá el insignificante
pueblo de Rancas

En este capítulo, Scorza detiene el desarrollo de la acción principal para ofrecernos una
descripción detallada, nostálgica y crítica del pueblo de Rancas, el escenario central de la
novela. El narrador nos introduce en un lugar pequeño, aislado y olvidado por el Estado,
al que incluso sus propios habitantes consideran insignificante. La vida en Rancas parece
detenida en el tiempo: apenas hay dos edificios públicos, una iglesia, una escuela fiscal y
una plaza de tierra con algo de ichu. No hay dinamismo, ni avances, ni grandes
esperanzas.
Lo interesante es que, a través de este retrato costumbrista, Scorza logra criticar el
abandono sistemático del Estado hacia las comunidades andinas. Rancas es una metáfora
de todos los pueblos que han sido olvidados por las políticas públicas y que sobreviven
con lo poco que tienen, resistiendo con dignidad a pesar de su pobreza.

Además, el capítulo ofrece una mirada histórica. Se recuerda cómo, durante las guerras
de independencia, por Rancas pasaron tropas del ejército libertador. Esta mención genera
un contraste muy fuerte: un pueblo que alguna vez fue testigo de hechos gloriosos ahora
está reducido al olvido. Esa historia gloriosa no se tradujo en progreso ni reconocimiento.

También se menciona la relación de los comuneros con la iglesia a través del padre
Chasán, un sacerdote que no siempre cumple con su rol religioso, pero que al menos es
cercano a la gente. Con esto, Scorza también pone en duda el papel de la religión: los
curas pueden acompañar, pero no salvan al pueblo del hambre, ni de la injusticia.

Este capítulo no presenta una acción central, pero es clave para entender el contexto de
los personajes. Es el retrato del escenario donde pronto estallará el conflicto. Al describir
la pasividad y el letargo del pueblo, el autor prepara al lector para entender por qué la
comunidad reacciona con tanta fuerza cuando se siente amenazada. Es como si Rancas
despertara después de años de sumisión y silencio.
En suma, este capítulo nos hace reflexionar sobre cómo los pueblos más olvidados son,
muchas veces, los más resistentes. Y también nos recuerda que el olvido es una forma de
violencia.
Resumen Capítulo 5: De las visitas que de las manos del doctor Montenegro
recibían ciertas mejillas

Este capítulo profundiza en la figura del antagonista más visible de la novela: el juez
Francisco Montenegro. Se describe su poder casi tiránico y su costumbre de abofetear
públicamente a las personas que lo desagradan o que lo “ofenden” con alguna falta, por
más insignificante que sea. Este gesto no es solo físico, sino simbólico: representa el
abuso institucional, el desprecio hacia el pueblo, y una impunidad absoluta.

Montenegro no es solo un juez, sino una figura de dominio absoluto. Nadie se le enfrenta.
Aquellos a quienes abofetea terminan pidiéndole perdón, organizando fiestas para
congraciarse con él, rogando que los vuelva a aceptar. Esto ocurre incluso con figuras
importantes, como el Subprefecto Valerio, quien tras ser abofeteado en público, inicia una
serie de intentos humillantes por recuperar el favor del juez. Lo más impactante es que lo
logra… y hasta lo nombra padrino de su matrimonio. Esta escena mezcla la tragedia con
la farsa, mostrando cómo el poder puede humillar a sus víctimas al punto de borrar su
dignidad.

Scorza utiliza esta historia para retratar la podredumbre del poder local. Las autoridades
no representan al pueblo, sino que se someten al poder del gamonal. Montenegro es el
símbolo del Estado judicial que ha dejado de ser justo: sus sentencias no se basan en la
ley, sino en su capricho. El miedo que infunde no viene de la legalidad, sino del terror.
Este capítulo también muestra cómo la población ha naturalizado esa dominación. Nadie
se sorprende por los golpes del juez; incluso los celebran o los justifican. Esto permite al
lector reflexionar sobre el daño que causa la costumbre de la opresión. Cuando la
injusticia se vuelve parte de lo cotidiano, se vuelve más difícil combatirla.

Finalmente, el tono del narrador —con ironía y un estilo casi teatral— hace que el abuso
parezca grotesco, pero también profundamente doloroso. La fiesta de matrimonio donde
Montenegro termina abofeteando a la novia y al Subprefecto, después de aceptar ser su
padrino, marca el colmo de la humillación. Lo que debería ser una celebración de amor y
respeto termina convertido en un nuevo acto de poder.

Este capítulo confirma que la violencia en Redoble por Rancas no es gratuita: es una
respuesta al abuso sistemático, a la burla, a la humillación constante. Aquí se entiende por
qué los comuneros consideran justo matar al juez: no solo por las tierras, sino por la
dignidad que él ha pisoteado durante décadas.

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