DESARROLLO DE LA ORGANIZACIÓN POLITICA DEL ESTADO ARGENTINO (1810-1862)
CAPÍTULO 1 - PROVINCIAS UNIDAS DEL RÍO DE LA PLATA (1810-1831)
- ANTECEDENTES (1810-1820): Las Provincias Unidas del Río de la Plata iniciaron su existencia como país
soberano, la sostuvieron vía una prolongada Guerra de Independencia y declararon su independencia,
pero fracasaron en darse un gobierno central y una Constitución que fueran aceptados por todas sus
provincias. Fue también durante este período que varios territorios, parte del Virreinato del Río de la
Plata, se separaron definitivamente de las Provincias Unidad del Río de la Plata: el Paraguay, en su propio
proceso independentista; el Alto Perú, por continuar bajo poder español, más tarde se independizaría
como República de Bolivia; y la Banda Oriental que se transformaría en República Oriental del Uruguay. El
inicio del período es el 25 de mayo de 1810, con la creación del primer gobierno de las Provincias Unidas,
y el final fue el 11 de febrero de 1820, luego de la batalla de Cepeda, día en que, derrotado, renunció el
último Director Supremo, José Rondeau.
Después de la Revolución de Mayo hubo al menos cuatro gobiernos colegiados en las Provincias Unidas
del Río de la Plata. La formación del Directorio había sido un intento de estabilización del gobierno pero
sus tendencias centralistas chocaron con los deseos autonomistas de las provincias no sintiéndose
representadas por los sucesivos Directorios. El núcleo más firme de oposición se formó en las provincias
del Litoral, bajo la conducción de José Artigas, formando la Liga Federal con gobiernos casi autónomos del
gobierno central. A principios de 1819 quedaron sólidamente afianzadas como provincias federales, las de
Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Misiones y la Banda Oriental.
El 10 de junio de 1819, el Congreso de Tucumán eligió, como Director Supremo, al General José Rondeau.
Este no modificó la política hostil de sus antecesores ante el federalismo, estaba dispuesto a reforzarla.
Propuso al gobernador de Montevideo, General Carlos Federico Lecor, ocupada por Portugal, atacar a los
federales hasta el río Paraná, esto, en la práctica, significaba ceder Entre Ríos y Corrientes a Portugal.
La noticia del pacto decidió a los federales a tomar la iniciativa, adhieren a sus filas al ex gobernante
chileno, General José Miguel Carrera (al mando de ex realistas chilenos e indiada) y al ex Director
Supremo Carlos María de Alvear. El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, inició las hostilidades.
Francisco Ramírez, gobernador de Entre Ríos, y Pedro Campbell, jefe del ejército correntino, se
trasladaron a Santa Fe. A principios de noviembre de 1819, Ramírez invadió y saqueó todo el norte de la
provincia de Buenos Aires y Artigas combatía a los lusitanos en la Banda Oriental. Se da inicio a lo
conocido como Anarquía del año XX.
Rondeau ordenó al General José de San Martín regresar con su Ejército de los Andes, desde Chile, para
atacar Santa Fe, pero este desobedeció. Idéntica orden recibió Manuel Belgrano, Comandante del Ejército
del Norte; este dejó el mando al General Francisco Fernández de la Cruz que marchó hacia la provincia de
Buenos Aires con intención de unirse al ejército de Rondeau y atacar, concentrados, a los federales.
El 8 de enero de 1820, al llegar Fernández de la Cruz a la posta de Arequito, el General Bustos y los
Coroneles Alejandro Heredia y José María Paz se sublevaron acompañados por la mayoría de los cuerpos
militares. Anunciaron que se negaban a continuar con la guerra civil y regresaban al frente norte, el
“Motín de Arequito”. Se declararon neutrales en el enfrentamiento entre los federales y el Directorio para
no ser acusados de haberse pasado al enemigo. Bustos obligó a Fernández de la Cruz a entregar su
ejército y armamento y lo arrestó junto a algunos oficiales. Al día siguiente, Bustos inició el regreso a
Córdoba y escribió a Estanislao López, y a Rondeau, explicando las causas de lo ocurrido y sus planes de
regresar al norte. El 19 de enero de 1820 renunció el gobernador cordobés, Manuel Castro, y un Cabildo
Abierto nombró gobernador interino a José Díaz. Bustos y el Ejército del Norte fueron recibidos en
triunfo. Poco después, Bustos era electo Gobernador.
Rondeau no había hecho nada para repeler la primera invasión de Ramírez ya que esperaba al Ejército de
Norte. Una vez que comprobó que este no llegaría decidió enfrentar al enemigo con sus 2000 hombres. El
1 de febrero de 1820 le salieron al cruce 1600 federales, todos de caballería (600 entrerrianos, 600
santafesinos y 400 correntinos). Ramírez asumió el comando federal. Un error táctico de Rondeau
permitió a los federales vencerlo con facilidad en la “batalla de Cepeda” (cerca de Pergamino). En diez
minutos, toda la caballería bonaerense fue dispersada, arrastrando en su huida a Rondeau. Ramírez
intimó rendición al Jefe de la infantería, Juan Ramón Balcarce, pero este se retiró ordenadamente hacia
San Nicolás de los Arroyos. Ramírez prohibió que los persiguieran argumentando que necesitarían de esos
infantes para luchar contra los portugueses.
Rondeau presenta su renuncia el 11 de febrero de 1820. Asume Manuel de Sarratea como Director. Junto
a López y Ramírez se anotician de la derrota de las tropas de Artigas en Tacuarembó, por parte de los
portugueses, y ya en retirada hacia Corrientes. Se firma el “Tratado de Pilar”, los caudillos atenúan la
exigencia de continuar la guerra contra los lusitanos, se proclama el federalismo, autonomías provinciales,
libre navegación de los ríos, juzgamiento de las autoridades porteñas anteriores, se invita a Artigas (como
gobernador de la provincia Oriental) a unirse al tratado y se convoca a un nuevo Congreso en San Lorenzo
para discutir la organización federal del país.
El tratado no fue bien recibido por los porteños, lo vieron como una humillación al honor de la ex capital
virreinal. La sola aceptación del principio de «organización federal» representaba una rendición
incondicional. La situación llevará a una lucha de poder entre porteños y bonaerenses de la campaña, mas
el objetivo común de ambas partes fue el trabar, por todos los medio posibles, el deseo de las provincias
de reunirse en un Congreso para establecer un régimen republicano y federal. Inglaterra y la masonería
apoyaron las tendencias divisionistas de los porteños.
Se desata entonces una nueva etapa, el período de las “autonomías provinciales” que no fue otra cosa
que una interminable serie de alianzas y traiciones, revoluciones y contra-revoluciones, sitios e invasiones
que terminaron de cerrar en 1863 cuando Buenos Aires se reintegró a la Confederación Argentina.