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La Literatura Como Discurso Ficcional y Connotativo

La literatura es un discurso ficcional que crea realidades a través del lenguaje, y su definición varía según el contexto cultural y temporal. La inestabilidad de lo que se considera literatura refleja cómo las sociedades reescriben y reinterpretan los textos literarios. La función poética y el pacto ficcional entre autor y lector son fundamentales para entender la naturaleza de la literatura y su enseñanza.
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La Literatura Como Discurso Ficcional y Connotativo

La literatura es un discurso ficcional que crea realidades a través del lenguaje, y su definición varía según el contexto cultural y temporal. La inestabilidad de lo que se considera literatura refleja cómo las sociedades reescriben y reinterpretan los textos literarios. La función poética y el pacto ficcional entre autor y lector son fundamentales para entender la naturaleza de la literatura y su enseñanza.
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La literatura como discurso ficcional y connotativo.

Definir ´literatura´ no es sencillo. Diferentes épocas y pensamientos le dieron al término


significados y sentidos diversos. ¿Es el arte de embellecer con las palabras? ¿Qué lugar ocupa
en ella la invención? ¿Es la función poética su marca distintiva? ¿En la literatura, el lenguaje
se torna distinto del ordinario? Estas preguntas nos hacen pensar cómo definir la literatura,
pero también nos interrogan sobre sus particularidades: ¿qué hace que un texto sea
considerado literatura?

Según Culler (2002), preguntarse cuál/es es/son la o las cualidades distintivas de la literatura
es plantear la pregunta de la literaturidad, o sea, preguntarse cuáles son los criterios que
hacen que algo sea literatura; sin embargo, para el crítico esta pregunta difícilmente obtenga
una respuesta satisfactoria. Si se mira el asunto desde una perspectiva histórica, muchos
poemas contemporáneos, por ejemplo, no se hubiesen considerado literatura en otras épocas.
Así, Culler advierte que se podría llegar a la conclusión de que “la literatura no es ninguna
otra cosa más que aquello que una sociedad determinada trata como literatura. Es decir, un
conjunto de textos que los árbitros de la cultura -profesores, escritores, críticos, académicos-
reconocen que pertenece a la literatura” (37). Aunque esta observación no alcance para dar
una definición certera, quizás pueda afirmarse que la inestabilidad es una característica de la
literatura: “las sociedades `reescriben´, así sea inconscientemente, todas las obras literarias
que lee. Más aún, leer equivale siempre a `reescribir´. [...] Esta es una de las razones por las
cuales lo que se considera como literatura sufre una notoria inestabilidad” (Eagleton, 1998:
11 y 12).

De todos modos, a pesar de esta inestabilidad y de las modificaciones que el propio contexto
puede otorgar al concepto de literatura, podemos destacar algunas nociones importantes que
la caracterizan y nos permiten reflexionar sobre ella. Veamos algunas:
La literatura puede definirse como un discurso ficcional

La palabra ficción significa invención. Un género discursivo se considera ficcional


cuando inventa una realidad, más allá de que se acerque o se aleje de lo que percibimos
como real. Cabe aclarar que lo que se considera ficción o no, cambia de acuerdo con
los distintos grupos que forman la cultura. En un suplemento cultural de un diario
pueden aparecer cuentos, fragmentos de novelas, ensayos sobre literatura y estos textos
serán considerados ficcionales, pero también pueden colocarse críticas de libros,
artículos sobre educación cultural y estos serán no ficcionales.

La literatura no refleja la realidad, no la copia, no la imita, crea la realidad a través de las


palabras. Una realidad de lenguaje, un mundo con leyes propias, con personajes que tienen
una historia. Don Quijote existió porque Cervantes le inventó un mundo donde vivir. Fue tan
famoso este personaje que para algunos lectores existe… La ficcionalidad consiste en crear
mundos posibles con fonemas o letras. Sin esta propiedad no hay literatura. La obra literaria
permite trasmutar lo real en irreal, o desrealizar la realidad para recrearla. ¿Los lectores de
literatura “saben” que lo que leen es ficción?


A medida que nos van introduciendo en el mundo de la literatura, vamos comprendiendo esta
forma de comunicación. El concepto de verosimilitud es muy importante porque determina
el modo en que una obra es leída. Una obra no es verdadera, sino que es posible de ser
verdadera en un mundo creado en el que se mueve. Sigamos con Quijote: Alfonso Quijano un
señor mayor de uno 50 y pico de años vive sus días leyendo obras de literatura. Le gustan
tanto las historias que decide ser uno de sus personajes. Así se transforma en Don Quijote de
la Mancha y sale a buscar aventuras. La historia inventada por Cervantes imita de manera
paródica novelas de caballería. Responde a ciertas leyes (tiene que haber un caballero
andante), debe responder a una lógica (el caballero realiza aventuras). Leyes y lógica instalan
un modo de ser del mundo ficcional y le dan sustento. En nuestro ejemplo, Cervantes toma un
modelo, las novelas de caballería, lo reinventa con un señor loco, viejo y pobre que se
disfraza de caballero, le hace realizar aventuras en su mundo de locura y hace que los lectores
ven en el personaje “al caballero de la Triste figura”. ¿Es real la historia de Cervantes? No, es
verosímil porque reinventa las leyes de un género, la novela de caballería, y en esta invención
surge uno nuevo, la novela moderna.

El pacto ficcional: se establece entre autor y lector. Para que se produzca este pacto deben
cumplirse dos reglas: el autor confiesa que es un mentiroso autorizado, que su obra será
verosímil y un producto estético. La finalidad de participar en el juego literario es jugar:
alguien crea una ficción que otro “se cree”.

La ficción, entonces, ¿es una mentira? Las y los invito a mirar y escuchar este video en el que
habla la escritora Liliana Bodoc, charla que titula: “Mentir para decir la verdad”

Daniel Link (2018) nos invita a pensar la enseñanza de la literatura desde el juego. Nos
propone que enseñemos a los estudiantes a “jugar” con los textos. Cita al filósofo Nietzsche
(2003:68) quien presenta la noción de juego como “un regenerarse y un perecer, un construir
y destruir sin justificación moral alguna, sumidos en eterna e intacta inocencia, sólo caben en
este mundo en el juego del artista y en el del niño". Advierte que el juego no es tan libre
como pareciera porque siempre hay un trasfondo mimético en él: los bebés juegan con
palabras, pretenden imitar lo que hacen los adultos y, aunque los fonemas lácteos que barajan
carezcan de sentido todavía, bien pronto sus enunciados se pueden interpretar como llamadas,
negativas, quejas, reclamos, índices de placer o de disgusto. El juego del escritor, artista,
tampoco es libre, tiene reglas y lógicas.

¿Cómo son los juegos lingüísticos que nos propone el discurso literario? En la relación
lengua y juego hay que considerar dos dimensiones. Por un lado, la actuación: yo hago de
ladrón. Soy ladrón en el juego. Dejo de ser persona y me transformo en personaje. Colomer
(2010) destaca que esas actuaciones son una manera de comprender el mundo: “A través de
ambos, juego y lenguaje [léase ‘lengua’], los niños se sitúan en un espacio intermedio entre
su individualidad y el mundo creando un efecto de distancia que les permite pensar sobre la
realidad y asimilarla”. Por el otro lado, la dimensión normativa: algunos juegos tienen reglas.
En la literatura las reglas son que las palabras tienen muchos significados (connotación en
metáforas, personificaciones, por ejemplo) pueden crear (Duendes, Hadas) pueden hacer
música (arrorró, ajó, clo clo, rimas, aliteraciones), pueden cambiar el orden gramatical
(hipérbaton). Estas son formas de experimentación con la lengua, que se conocen con el
nombre de función poética.

Cuando enseñamos a leer literatura estamos invitando a los estudiantes a incorporar las reglas
de los juegos lingüísticos.

Pampillo y Alvarado (1986) presentan al discurso


literario como un discurso connotativo, ficcional,
plurívoco, autorreferencial, donde predomina la función
poética del lenguaje, el trabajo interpretativo y el recurso
a figuras y tropos verbales. (Recursos literarios o
retóricos).

Podemos preguntarnos, ¿para qué sirve la ficción? Para reflexionar sobre respuestas posibles
les comparto el texto de Andruetto, "Una literatura sin adjetivos".

También, una entrevista a Teresa Colomer para seguir reflexionando sobre "enseñar
literatura" y también respecto de los criterios para la selección de textos literarios.
¿Y si ahora leemos literatura?

Les comparto el cuento de Liliana Bodoc "Amigos por el viento".

Para realizar la Actividad que les propuse en clase, les sugiero considerar la noción de
literatura como discurso connotativo, esto es, que puede motivar sugerencias o significados
segundos. Según el “Glosario” de La teoría literaria hoy. Conceptos, enfoques, debates
(2008), la connotación podría definirse como una “cadena asociativa que produce una
palabra, frase o discurso más allá de lo que significa o denota. La connotación depende del
contexto (cambia la connotación del adjetivo en `una tibia mañana de verano´ respecto de `el
café está tibio´) y de la situación (no connota lo mismo el término `mar´, por ejemplo, para
alguien que vive en Mar del Plata que para alguien que vive en Córdoba” (299). También, la
noción de literatura como un discurso polisémico, puesto que si las lecturas que se hacen de
un mismo texto puede ser variadas esto es porque los significantes pierden su significación
corriente u ordinaria.

Asimismo, las y los invito a la lectura del texto: "La literatura en la Escuela
Primaria"La_Literatura_en_la_Escuela_Primaria._Introduccion_Capitulos_1_y_2.pdf ,
Introducción y Capítulo 1, y a visitar las siguientes Conferencias (1 y 2), “Literatura infantil y
Alfabetización inicial”colomer + literatura [Link] , de Teresa Colomer.

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