0% encontró este documento útil (0 votos)
46 vistas42 páginas

Primer Capítulo Orientación Profética

El capítulo aborda el fenómeno de la profecía en el Antiguo Testamento, destacando su origen divino y el papel fundamental de los profetas como mensajeros de Dios. Se enfatiza que los profetas eran guiados por el Espíritu Santo y su misión era llamar al pueblo al arrepentimiento y a una relación más cercana con Dios. Además, se categoriza a los profetas en diferentes grupos, incluyendo aquellos que escribieron y los que no, y se menciona la singularidad de la profecía hebrea en comparación con otras culturas del antiguo Oriente.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
46 vistas42 páginas

Primer Capítulo Orientación Profética

El capítulo aborda el fenómeno de la profecía en el Antiguo Testamento, destacando su origen divino y el papel fundamental de los profetas como mensajeros de Dios. Se enfatiza que los profetas eran guiados por el Espíritu Santo y su misión era llamar al pueblo al arrepentimiento y a una relación más cercana con Dios. Además, se categoriza a los profetas en diferentes grupos, incluyendo aquellos que escribieron y los que no, y se menciona la singularidad de la profecía hebrea en comparación con otras culturas del antiguo Oriente.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Capítulo I

La voz profética en el Antiguo Testamento


Jirí M oskala

El fenómeno de la profecía en el Antiguo Testamento aparece después


de la caída (Gén. 3: 1-6), cuando los seres humanos perdimos la relación
con Dios cara a cara y comenzó el pronunciamiento divino del protoevan-
gelio o “prim er evangelio” (vers. 15).1 Esta pasmosa proclamación de la
decisión divina de enviar a la Simiente y derrotar a la serpiente (Satanás)
para garantizar la redención de la humanidad es la base y la clave para el
reconocimiento de la voz profética en el Antiguo Testamento. Esta decla­
ración divina cambia las cosas para toda la historia de la humanidad — su
salvación y la derrota del mal— , y se expresa en el contexto del gran con­
flicto cuando Dios afirmó: «Pondré enemistad»2 entre las fuerzas del bien
y las del mal. Este anuncio soteriológico es una orden divina de aconteci­
mientos futuros centrados en la actividad de Dios y en el cum plim iento
de su promesa.
Dios es la única fuente del don de profecía, y no se trata de ninguna
invención de gente piadosa. Los profetas no podían iniciar este proceso,
sino que eran conducidos por el E spíritu de Dios para profetizar (1 Ped.
1: 19-21). La revelación y la inspiración llegan del Señor a los profetas a
través de la obra del Espíritu Santo, y, por esto, se consideraba que las pa­
labras de ellos eran de origen divino (Núm. 2 4 :1 ,2 ,1 3 ; 2 Sam. 23: 2; Neh.
9: 30; Eze. 11:24; M iq. 3: 8; Zac. 7:12). Dios comunica su mensaje usando
diversos medios para revelar su verdad, tales como sueños, visiones o diálo­
gos (Gén. 15: 12, 13; Dan. 2: 19; 7: 1, 2; Hab. 1 : 2 - 2 : 2; Heb. 1: 1, 2).
Dicho de forma simple, la auténtica profecía es la «transmisión humana de
[...] mensajes divinos».3
Es interesante observar que los profetas veterotestamentarios desempe­
ñan un papel dominante en la historia del Antiguo Testamento,4 y que sus

1. Véase Afolarin O. Ojewole, 7he Seed in Génesis 3:15:An ExegeticalandIntertextual


Study (Berrien Springs, Michigan: Adventist Theological Society, 2002).
2. Las citas de la Biblia están tomadas de la Nueva Versión Internacional, a no ser
que se indique otra cosa.
3 M artti Nissinen, Prophets and Prophecy in the Ancient Near East (Atlanta: Society
of Biblical Literature, 2003), 1.
4. Hay muchísima bibliografía sobre los profetas hebreos. Sigue una muestra repre­
sentativa: Walter Brueggemann, ThePracticeofPropheticImagination:Preachingan
Emancipating Word (Minneapolis: Fortress Press, 2012); Robert B. Chisholm, Jr.,
2 El don de profecía en las E scrituras y en la historia

libros «ocupan tanto espacio en la Biblia como todo el Nuevo Testamento».5


M artti Nissinen explica: «El colosal proceso de recopilar, editar e interpre­
tar la profecía que tuvo lugar como parte de la formación de la Biblia he­
brea casi no tuvo precedentes en el resto del Próximo O riente antiguo».6
Por esto concluye John Oswalt que «los libros bíblicos de profecía son sui
generis, únicos en su género».7 Su papel queda perfectamente resumido por
el historiador inspirado de la manera siguiente: «Por eso el Señor les dio
esta advertencia a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y videntes:
¡Vuélvanse de sus malos caminos! Cum plan mis mandamientos y decre-

Handbook on the Prophets (Grand Rapids: Baker, 2002); John Eaton, Mysterious
Messengers: A Course on Hebrew Prophecy From Amos Onwards (Grand Rapids:
Eerdmans, 1997); Donald E. Gowan, Theology o f the Prophetic Books: The Death and
Resurrection o f Israel (Louisville, Kentucky: Westminster John Knox Press, 1998);
Wayne Grudem, The Gift o f Prophecy in the New Testament and Today, ed. rev.
(Wheaton, Illinois: Crossway Books, 2000); J. Daniel Hays, The Message o f the
Prophets: A Survey o f the Prophetic and Apocalyptic Books o f the Oíd Testament
(Grand Rapids: Zondervan, 2010); Jack R. Lundbom, The Hebrew Prophets: An
Introduction (Minneapolis: Fortress Press, 2010); Samuel A. Meier, Themes and
Transformations in Oíd Testament Prophecy (Downers Grove, Illinois: IVP Acade-
mic, 2009); David L. Petersen, The Prophetic Literature: A n Introduction (Louisvi­
lle, Kentucky: Westminster John Knox Press, 2002); Paul L. Redditt, Introduction
to the Prophets (Grand Rapids: Eerdmans, 2008); George E. Rice, «Los dones es­
- pirituales», en Teología: Fundamentos bíblicos de nuestrafe, ed. Raoul Dederen (Do­
ral, Florida: IADPA, 2007), 6:95-174; Palmer O. Robertson, The Christ ofthe
Prophets (Filadelfia: P&R Publishing, 2004); Alexander Rofe, The Prophetical Sto-
ries: The Narratives About the Prophets in the Hebrew Biblet Their Literary Types, and
History (Jerusalén: Magnes, 1988); H. H. Rowley, «The Nature of Prophecy in the
Light of Recent Study», Harvard Theological Review 38 (1945): 1-38; D. Brent
Sandy, Plowshares andPruning Hooks: Rethinking the Language ofBiblical Prophecy
and Apocalyptic (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 2002); Christopher
R. Seitz, Prophecy and Hermeneutics: Toward a New Introduction to the Prophets
(Grand Rapids: Baker Academic, 2007); Gary V. Smith, Interpreting the Prophetic
Books: An Exegetical Handbook (Grand Rapids: Kregel Academic, 2014); Marvin
A. Sweeney, The Prophetic Literature: Interpreting BiblicalTexts (Nashvillc: Abing-
don Press, 2005); Willem A. VanGemeren, Interpreting the Prophetic Word: An
Introduction to the Prophetic Literature ofthe Oíd 'Testament ((Irand Rapids: Z on­
dervan, 1990); Michael J. Williams, ’lhe Prophet and / lis Message: Reading Oíd
Testament Prophecy Today (Phillipsburg, Nueva Jersey: P&R Publishers, 2003).
5. Hays, 22.
6. Nissinen, 5.
7. John N. Oswalt, « I n 'Hiere Anything llnujur in ihe U uelitr Propliriür'. Utblm/he
cu Sacra 172 (enero um r/ode MIS): 72.
La voz profética en el Antiguo Testamento 3

tos, y obedezcan todas las leyes que ordené a sus antepasados, y que les di
a conocer a ustedes por medio de mis siervos los profetas”» (2 Rey. 17: 13).
Kenton Sparks afirma que, «aparte de la Biblia hebrea, las profecías del
Próximo O riente antiguo son pocas».8 Los anales históricos revelan que
eran transmitidas por adivinación o consultando augures, y habitualmente
pronunciadas en estado de trance. En Egipto, los “profetas” eran empleados
como sacerdotes y usaban diferentes prácticas mágicas para proporcionar
información a los faraones. En el mundo griego las enigmáticas declaracio­
nes mánticas tenían que ser interpretadas por una tercera persona. En M e-
sopotamia los profetas eran, más bien, personajes políticos al servicio del
rey, afirmando así la regia institución.9
Por otro lado, los profetas en Israel tenían papeles diferentes. Eran sier­
vos de Dios (Amos 3: 7), basándose su ministerio en la palabra revelada de
Dios (Amos habla de sód, o sea, “secretos”, “consejo” o “cosas confidencia­
les” expuestas por Dios), y sus anuncios estaban cargados con una autori­
dad que provenía de Dios. Así, no estaban poseídos por Dios, sino inspira­
dos por él (2 Tim . 3: 16,17) y proclamaban al pueblo la palabra de Dios,
llegando en ocasiones a reprender incluso a reyes y sacerdotes (1 Sam.
3: 15-18; 13:10-14; 2 Sam. 12:1-14). Se enfrentaban con los falsos profe­
tas (ver, por ejemplo, Jer. 28:10-17; Eze. 13: 1-23), pero su papel más sin­
gular era llamar al pueblo al arrepentimiento y a renovar una relación es­
trecha con su Señor viviente (Eze. 18: 30-32; Joel 2: 12,13; Amos 5: 4, 6,
14, 15). John O sw alt subraya la excepcionalidad de los profetas de Dios
al com unicar el m ensaje que portaban: «No hay constancia de que el
m ensaje de un profeta hebreo requiriese confirm ación a través de la
adivinación».10
El fenómeno de la profecía no puede ser separado del papel y de la
función proféticos. Es indispensable ver ambos asuntos conjuntamente,
porque el don profético no se produce en un vacío y siempre se deposita en
personas (con la excepción de la burra de Balaam; ver Núm. 22:21-33). Ser
y función no pueden disecarse y separarse; van de la mano.

K, Kenton Sparks, Ancient Textsfor the Study o f the Hebrew Bible: A Guide to the Bac-
kgroumi Uterature (Peabody, Massachusetts: Hendrickson, 2005), 224.
9 . Kste arríenlo no aborda el fenómeno de la profecía fuera de Israel. Sobre profecías
en el Próximo Oriente antiguo y su evaluación, véanse Redditt, 1-4; Nissinen, con
aportaciones de C. L Seow y Robert K. Ritnes, Prophets and Prophecy in the An-
ñent Near East; O. V. Smitb, «Prophct; Prophecy», en 7be International Standard
Hible Encyelopcdia, cd. gen. ( ícoffrey W. Hromiley ((írand Rapiils: Kerdmans,

10, O s w a lt, 70.


4 El don oe profecía en las E scrituras y en la historia

Catalogación de los profetas


Abraham ¡fue la primera persona a la que explícitamente la Biblia hebrea
llama profeta (llamado nábí en hebreo), y su papel fue orar por Abimelec
(Gén. 20: 7). Sin embargo, según Judas 14,15, Enoc es el primer profeta
real (exceptuando a Dios, que hizo la primera predicción soteriológica en
Génesis 3: 15), aunque no sea llamado profeta en el Antiguo Testamento:
«También Enoc, el séptimo patriarca a partir de Adán, profetizó acerca de
ellos: “M iren, el Señor viene con millares y millares de sus ángeles para
juzgar a todos”».
Además de esta declaración, Enoc llamó M atusalén a su hijo. Se trata
de un nombre inusual y puede tener connotaciones proféticas. H ay dife­
rentes posibilidades de expresión de su significado, como “él enviará a un
hom bre”, “a su muerte él enviará”, “a su muerte [algo] será enviado” o “fle­
cha del hombre”. Alfred Jones lo traduce, sin rodeos: «Cuando muera, será
enviado».11 Resulta de interés que M atusalén vivió 969 años; partiendo de
esto, considérese lo siguiente: M atusalén tenía 187 años de edad cuando
nació Lamec; Lamec tenía 182 años cuando tuvo a Noé; y Noé tenía 600
años cuando llegó el diluvio. Cuando se suman entre sí las edades de los
padres en el mom ento del nacimiento de sus hijos, el resultado es pasmoso
(187 + 182 + 600 = 969). Así que M atusalén murió exactamente en el año
del diluvio, ¡y ello estaba predicho en su nombre!
Se puede afirmar que los primeros profetas bíblicos son catalogados de
“profetas honorarios”: Noé (Dios se comunicó con él y le dio instrucciones
concretas para preparar un pueblo para el diluvio, aunque no se lo llama
explícitamente profeta [Gén. 6-9], sino «predicador de la justicia» [2 Ped.
2:5]); Abraham, Isaac yjacob (Gén. 20: 7; Sal. 105:15); Moisés (Deut. 18:
15, 18); Samuel (1 Sam. 3: 20); y David (Hech. 2: 29, 30). Los profetas
pueden ser clasificados de otras formas: (1) profetas que no escribieron,
como Enoc, Abraham, Elias, Elíseo; y (2) profetas clásicos que escribieron:
cuatro profetas mayores y doce menores (un total de dieciséis).12 Estos
profetas que escribieron pueden ser subdivididos, además, en los siguientes
grupos an terio res a la era cristian a (a. C .): un p ro feta del siglo IX
(Joel); profetas del siglo V III (Jonás, Amos, Oseas, Isaías, Miqueas); pro-

11. Dictionary of Oíd Testament Profrr Ñama {V>xM\d Kapids: Krrgrl Pnblirations,
1990), 249. Ver también Jan Hcllcr, VykluJovy daviult bihhik^h imni (Praga: CYn
truin bibliekych stuilií, 2003), 304.
12. Profeta» mayorr»: Nula»,Jeremía», !■'.ArqulrI y Daniel; prolrla» mriinie»: (Van,
Joel, Amó», Alalia»,Jniní», Mli|tiea», Nahúm, Í labacuc, Sofonla», I lagro, /.ararla»
y MultujuíuN.
La voz profética en el Antiguo Testamento 5

fetas preexílicos, o del siglo VII (Nahúm, Habacuc, Sofonías); profetas exi­
líeos (Jeremías, Abdías, Ezequiel, Daniel); y profetas posexílicos (Hageo,
Zacarías, M alaquías).13
O tra categoría especial de profetas son aquellos que escribieron sus do­
cumentos o sus libros sin que estos se incluyeran en el canon bíblico: Jaser,
Samuel, Natán, Gad, Semaías, Oded, Ahías J e h ú e Iddo (para los detalles,
ver Jos. 10:13; 2 Sam. 1:18; 1 Crón. 29:29; 2 Crón. 9:29; 12:15; 15: 8; 20:
34). Además, también hubo profetisas en el antiguo Israel: M aría (Exo. 15:
20); Débora (Jue. 4: 4); H uida (2 Rey. 22: 14; 2 Crón . 34: 22); y la esposa
de Isaías (Isa. 8: 3).14

Aparición en crisis y momentos cruciales


de la historia de la salvación
Se puede descubrir un patrón en la manera y el momento en que Dios
enviaba profetas. Los profetas fueron llamados a su ministerio en m om en­
tos críticos de la historia de la salvación y de profunda crisis. Por lo general,
cuanto más profunda fuera la crisis, más grande era el profeta. Por ejemplo,
los profetas Elias y Eliseo ejercieron su ministerio cuando el culto de Baal
y el sincretismo religioso eran muy populares. O tros ejemplos incluyen el
comienzo de la monarquía (Natán, Gad), antes de la caída del reino del
norte (Oseas, Amos), antes de la destrucción de Jerusalén y el templo en
587/586 a.C. (Habacuc, Jeremías), durante el exilio babilónico (Ezequiel,
Daniel), y tras el regreso de los exiliados en Babilonia (Hageo, Zacarías).
1)ios siempre buscaba ayudar a su pueblo y alentarlo a seguir su instrucción
(Isa. 1 :2 ,3 ,1 8 ,1 9 ; M iq. 6: 6-8).
Se puede detectar otro patrón. Cada vez que hubo un acontecimiento
crucial en el plan de salvación o en el cumplimiento de un período profé-
t ico predicho, Dios envió profetas: Noé (antes del diluvio, con 120 años de
gracia); Abraham (punto de inicio de un nuevo ministerio a todas las na­
ciones); Moisés (el éxodo de Egipto; el fin de la estancia de 430 años en
Egipto); Josué (la entrada en la tierra prometida); Samuel (inicio de la
monarquía); Oseas y Amos (que prestaron sus servicios antes de la caída
del reino del norte y de Sainaría en 722 a. C.); Jeremías, Ezequiel y Daniel

I I. I,u ilu ta ció n precisa ili* algunos profetas rs c o n tro v e rtid a . V e r «L a cro n o lo g ía de
Ion profetas del A n tig u o T e stam en to » , en Onmentariu bibtiro adventista dei séptimo
día, ed. I'Vuih U I) . N ic lio l (M o im tu in V ie w , C 'alitó m ia : Pacific Press Puhlislun g
Assoi'latlon, PJHl 1W0), 4:19-26; I lays, IV ...................
14, También en rl Nuevo Testamento; An« fl l*x • 1....... ' ‘“ *
6 El don di propicia ln las Escrifuras y cn la uisioria

(que realizaron sus labores antes de la cautividad babilónica y durante la


misma); Juan el Bautista (que ejerció su m inisterio antes de la prim era
venida de Jesús); y Esteban (que dio testimonio en relación con el fin de la
profecía de las setenta semanas de Daniel 9: 24-27).15

¿Quién es un profeta en el Antiguo Testamento?16


El don de profecía es reconocible en sus diversas formas en el ministerio
de los profetas del Antiguo Testamento, revelando quién es profeta, detec­
tando cuál es su papel y definiendo la naturaleza del fenómeno profético.

1. Un profeta es alguien llamado por D ios


Un profeta es una persona llamada por el propio Dios al ministerio pro­
fético. El sacerdocio y la realeza eran hereditarios, pero era preciso ser lla­
mado por Dios para llegar a ser profeta. Esta es una característica específi­
ca de los profetas y es diferente de las de los reyes, los sacerdotes o los sabios.
Hay muchos relatos que describen impresionantes llamamientos de profe­
tas (ver, por ejemplo, el llam am iento divino de M oisés [Éxo. 3], Samuel
[1 Sam. 3], Isaías [Isa. 6], Jeremías [Jer. 1] y Ezequiel [Eze. 1-3]). Estos
llamamientos confieren autoridad al profeta, y constituyen una marca níti­
da para convertirse en profeta.

2. Un profeta es portavoz de D ios


Los profetas son portavoces de Dios. Su papel crucial es presentar alo­
cuciones en nombre de Dios. En Éxodo 4 y 7 se expresa con claridad que
Moisés actuaría como Dios ( ’élóhim) ante el faraón, y que Aarón sería el

15. Siguiendo este patrón relacionado con acontecimientos proféticos clave, no es de


extrañar que Elena O. de W hite fuera llamada al ministerio profético cuando se
cumplió la profecía bíblica más larga, de Daniel 8: 14, relativa al período de 2,300
tardes y mañanas en armonía con el plan de salvación y el libro de Daniel.
16. Para los detalles de cómo se aplica a la vida y al ministerio de Elena G. de White,
ver mi artículo «The Phenomenon of Prophecy and Role of Prophets in the Oíd
Testament Compared W ith the Ministry of Ellen G. White», en Ellen White
Current Issues Symposium 7 (2011): 6-38. Presenta un retrato exhaustivo de una
persona con el don profético y de sus funciones, que son comparadas brevemente
con el ministerio de Elena G. de W hite, a la cual, como adventistas del séptimo
día, consideramos profetisa. Ver también la creencia fundamental 18 de la Iglesia
Adventista del Séptimo Día en Creencia de los adventistas del séptimo día: Una ex­
posición bíblica de las doctrinasfundamentales, 2nd ed. (Boise, Idaho: Pacific Press
2006), 246-261. ’
La voz profética en el Antiguo Testamento 7

profeta de Moisés (nábi'), lo que significa que la tarea de Aarón sería co­
municar al faraón lo que Moisés le dijera. Aarón sería el intermediario y el
presentador de la palabra de Dios. Por ello, para comunicar sus palabras,
Dios llama a los profetas: «Toma en cuenta — le dijo el Señor a Moisés—
que te pongo por Dios ante el faraón. Tu herm ano Aarón será tu profeta.
Tu obligación es decir todo lo que yo te ordene que digas; tu herm ano
A arón,por su parte, le pedirá al faraón que deje salir de su país a los israe­
litas» (Exo. 7 :1 ,2 ). «Tú hablarás con él y le pondrás las palabras en la boca;
yo los ayudaré a hablar, a ti y a él, y les enseñaré lo que tienen que hacer. El
hablará por ti al pueblo, como si tú mismo le hablaras, y tú le hablarás a él
por mí, como si le hablara yo mismo» (Exo. 4: 15,16).
Así, un profeta es la «boca» de Dios (Jer. 15: 19, RV95), su delegado.
Un profeta es un portavoz autorizado y cargado de autoridad llamado por
el propio Dios. Es un nábi’ (térm ino que aparece 309 veces en la Biblia
hebrea), que significa “profeta”. Los eruditos no han alcanzado un consen­
so en cuanto al significado de este término. Hay dos posibilidades interpre­
tativas: 1. Q ue la palabra se derive del término acadio nabu (esta lengua es
anterior a la hebrea), que significa “ser llamado”, “uno que es llamado’, o de
nabitu, que significa “uno llamado (por los dioses)”; así, nábi’ significaría
«alguien llamado a cierta tarea».17 2. Q ue el sustantivo nábi’ se derive del
verbo hebreo nába\ raíz que significa “hablar”, “profetizar”. W esterm ann
afirma que la fórmula profética “Así dice el Señor” refleja el estilo de los
mensajeros de los reyes de M ari.18 Así, los profetas hablan en lugar de
Dios. Debería entenderse que estos dos significados son complementarios,
por lo que un profeta es una persona llamada por Dios y autorizada por él
para ser su portavoz que comunica el contenido de la revelación de Dios.
El resultado es que «Dios habló a Israel a través de profetas».19
Abraham Heschel corrige acertadamente un malentendido de la opi­
nión comúnmente aceptada de que el profeta es la “boca de Dios: «El profeta
no es una micrófono, sino una persona; no es un instrumento, sino un com­
pañero, un socio de Dios».20 Un profeta no es un espectador, sino un actor en
el escenario de la vida; está personalmente involucrado, inmerso, comprome­
tido en su misión, o sea, en la de Dios. Los profetas representan su mensaje
como actores, como en los casos de Oseas (Ose. 1; 2), Isaías (Isa. 20: 2-4),

17. Petersen, 6; Lundbom, 9.


18. Claus Westermann, Basic Forms ofProphetic Speech (Filadelfia: Westminster, 1967),
98-128.
19. Petersen, 2.
20. Abraham J. Heschel, The Prophets: A n Introduction, tomo 1 (Nueva York: Harper
and Row, 1962), 25.
8 E l don de profecía en las E scrituras y en la historia

M iqueas (M iq. 1: 8) o Ezequiel, que realizó doce actos simbólicos (Eze.


3: 26,27; 4: 1-3; 4: 4,5; 4: 6-8; 4: 9-17; 5:1-4; 12: 1-6; 12: 17-20; 21: 6, 7;
21: 18-23; 24: 15-26; 37: 15-23).
Números 12: 6-8 explica claramente la autoridad de un profeta contra­
poniéndolo con el ministerio de Moisés. «Cuando un profeta del Señor se
levanta entre ustedes, yo le hablo en visiones y me revelo a él en sueños.
Pero esto no ocurre así con mi siervo Moisés, porque en toda mi casa él es
mi hombre de confianza. Con él hablo cara a cara, claramente y sin enig­
mas. El contempla la imagen del Señor. ¿Cómo se atreven a murmurar
contra mi siervo Moisés?». Moisés es un profeta por excelencia y se con­
vierte en una norma para todos los profetas posteriores. «Todos los pro­
nunciamientos proféticos habían de ser puestos a prueba por la revelación
de Dios a Moisés».21 Este fue elevado a este nivel de profeta porque (1)
Dios se comunicaba con él muy estrechamente, como con un amigo (Éxo.
33:11; Deut. 34:10); (2) era su fiel servidor y era llamado siervo del Señor
(Éxo. 14: 31; Núm. 12: 7, 8; Deut. 34: 5; Jos. 1: 1, 2; cf. Heb. 3: 2, 5); (3)
realizó obras portentosas y señales milagrosas y prodigios (Deut. 34: 11,
12); (4) fue un mediador del pacto en Sinaí (Éxo. 19: 3-8; 20: 18-20; 24:
3-8); (5) desarrolló la iglesia del Antiguo Testamento más plenamente des­
pués del éxodo, llegando Israel a convertirse en una nación; y (6) Dios le
asignó varios papeles importantes: liderazgo con el don de la oratoria y de
la escritura. Por estas razones, todos los futuros profetas habían de ser com­
parados con él. Su ministerio fue normativo, y la gente había de esperar con
impaciencia al “profeta como M oisés”. Deuteronom io 18: 15 alude a esta
esperanza mesiánica: «El Señor tu Dios levantará de entre tus hermanos
un profeta como yo. A él sí lo escucharás».
También Samuel y Elias fueron considerados profetas de especial estatura
(Jer. 15:1; 2 Crón. 35:18; Mal. 4: 5) aunque no escribieron ningún libro. Fue­
ron profetas modélicos y cumplieron su papel sin ningún fallo en momentos de
crisis extraordinaria. Samuel se mantuvo firme en pro de la teocracia y alentó a
los dos primeros reyes de Israel a hacer la voluntad de Dios. La fidelidad de
Elias en el monte Carmelo, cuando se enfrentó a la falsa adoración de 850
profetas de Baal y Asera y conminó valientemente a toda la nación a servir al
Señor, fue magnífica y espectacular (ver 1 Rey. 1 8 :16-46).22

21. VanGemeren, 38.


22. W ille m V a n G e m e re n subraya el lu^ar especial tic M o isés, Sam uel y Klías en el
desarrollo del profetism o rn Israel. A firm a <jtic M o isés ocupa una posición excep­
cional como siervo del Señor y m ediador intercesor del pacto, Sam uel desempeña el
m odelo p m íétic o de xium liiln de la teocracia, y Filas es el lineal del pacto en su lucha
por el Señor en el m onte ( 'árm elo, Ver Van< ¡em eren, 27 W.
La voz profética en el Antiguo Testamento 9

U n profeta es una voz (qóí) en el desierto (Isa. 40: 3; Mar. 1: 3); es el


mensajero de Dios (m aíak) (ver M al. 3 :1 ; M at. 3: 1-4; ver también Mal.
2: 7). Gary V. Smith lo expresa bien: «Los anales escritos de los profetas los
presentan como gente normal, que predicaba a público diverso en una am­
plia gama de contextos. Cada uno cumplió el llamamiento de Dios comu­
nicando un mensaje transformador de la vida que requería una reevalua­
ción de la forma en que su auditorio concebía los fenómenos del mundo
[...]. Se veían a sí mismos como mensajeros que comunicaban la palabra
de Dios a un público que necesitaba el amor, la sabiduría, el poder y la
gracia de Dios».23 Abraham Heschel explica: «El profeta afirma ser mucho
más que un mensajero. Es una persona que está en la presencia de Dios
(Jer. 15: 19), que está «en el consejo del Señor» (Jer. 23: 18), que es parti­
cipante, por así decirlo, del consejo de Dios, no un portador de comunica­
dos cuya función esté limitada a que lo envíen de mensajero. Es consejero
tanto como mensajero».24 G rudem escribe con acierto: «La función princi­
pal de los profetas del A ntiguo Testam ento era ser mensajeros provenien­
tes de Dios, enviados para dirigir a hom bres y mujeres palabras proce­
dentes de Dios».25

3. Un profeta proclama la palabra divina


Los profetas usaban muy a menudo fórmulas determinadas: «Así dice el
Señor» (Isa. 45: 1; 49: 8; Jer. 18: 13; 29: 10); «El Señor me dijo» (Isa. 8: 1;
Ose. 3:1); «El Señor me habló» (Isa. 8:11); «Así dice el Señor om nipoten­
te» (Eze. 6:11; 7: 5; Abd. 1); «La palabra del Señor vino a mí» (Jer. 1: 4,13;
2: 1; Eze. 6: 1); «declara el Señor» (Jer. 3: 20; 4: 1; 8: 1; Hag. 1: 13); «La
palabra del Señor vino a [sigue el nombre de un profeta particular]» (1 Rey.
16:1; Ose. 1:1; Joel 1:1; Jon. 1:1; Miq. 1:1; Sof. 1:1; Zac. 1:1); «Por orden
de Yahveh, un hombre de Dios llegó» (1 Rey. 13: 1, JER); etc. Los profetas
proclaman la palabra de Dios, porque Dios se la reveló (Amos 7: 15, 16).
Este hecho de la revelación de Dios les da la más alta autoridad.26 Les
es revelado el secreto (sód) de Dios (Amos 3: 7; Gén. 18: 17); veían a Dios
y tenían un encuentro personal con él (1 Rey. 17: 2; 18: 15; Isa. 6: 1-9;

23 . ( ía r y V. S m ith , A a ¡ntroJuction to the Hebrew Prophcis: Ihc Prophcts as Preachers


(N as h ville: B ro ad m an aiul I lo lm a n Publishers, 1 9 9 4 ), 33 9.
24 . I Icsehcl, 21.
25. ( íriu lc m , 21.
2 ( \ . |.<)n profetas hebreos (irles no usan la ad ivin ai ion ni la inania, sino (|u r sr oponen
a ellas fr n n ta lm r n tr (K x o . H: 1H, 19; N iiin , 23: 23; K z r, 13: 1 2 3 ). K n m a n to a la
i o stu m hre m a n ip u lad o ra de Ion lalsos profetas, véase Van( ie m e rrn , 21 23.
10 El DON (>t I'HOIMIA IN l AS ESCMIUJHAS Y IN IA MIS I UNIA

Jcr. 1: 4 10; Iv/.c. 1: 28; l);m. 7: 9,10, 13,14; Amos 9: 1). Son sus porta­
voces; hablan en nombre de Dios a su pueblo y, a veces, incluso a otras
naciones (ver los oráculos de los profetas contra naciones extranjeras en
Isaías 13-23; Jeremías 46-51; Ezequiel 25-32; Amos 1; 2; o la misión de
Jonás a los ninivitas: Jonás 4; ver tam bién en Jeremías 51: 59-64 el viaje
de Seraías a Babilonia con el mensaje de Jeremías). Eran ministros de la
palabra de Dios.27
A través de los profetas, el Dios invisible se vuelve audible. Los profetas
hacen más real la presencia de Dios; declaran que estuvieron en presencia
de Dios. Samuel M eier afirma que «solo el profeta reivindicó alguna vez
haber estado en presencia de Dios».28 Abraham Heschel observa que la
tarea del profeta era llevar a la gente a la presencia de Dios. «No podían
usar el lenguaje de la esencia; tenían que usar el lenguaje de la presencia.
No intentaban representar [a Dios]; intentaban presentarlo, hacerlo pre­
sente. En tal empeño, solo pueden servir de algo las palabras de grandiosi­
dad y de intensidad, no las abstracciones».29
La autoridad de un profeta deriva de D ios, de su revelación y de su
palabra. El oficio profético no se compra ni se hereda, sino que viene dado
de lo alto. Si un profeta es llamado por Dios, tiene la autoridad — como
Moisés— y pronuncia la palabra misma de Dios que es preciso obedecer.
Cuando habla un profeta es como si Dios hablara, porque el profeta comu­
nica la palabra del Señor, y no la propia (ver 2 Ped. 1: 19-21). Deuterono-
mio 18:17-19 da razones por las que un profeta tiene autoridad y debe ser
sumamente respetado: «Y me dijo el Señor: “Está bien lo que ellos dicen.
Por eso levantaré entre sus hermanos un profeta como tú; pondré mis pa­
labras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande. Si alguien no pres­
ta oído a las palabras que el profeta proclame en mi nombre, yo mismo le
pediré cuentas”». Grudem afirma acertadamente que las palabras de un
profeta tienen la más alta autoridad: «Podríamos confiar plenamente en las
palabras de las Escrituras del Antiguo Testamento, y (siempre que sus m an­
datos sean hoy de aplicación para nosotros) deberíamos obedecer sus manda­
tos por completo, porque son mandatos de Dios».30
La proclamación de la palabra de Dios es crucial, porque proporciona
un control del don profético. La ortodoxia y la autenticidad del profeta

27. Las palabras de un profeta pueden ir acompañadas de una acción gráfica (2 Rey.
13:15-17; Eze. 4: 1 - 5: 4), ainujue sean suficientes (Isa. 55: 10, 11; Jer. 23: 29). A
veces también la música estaba presente ( 1 Sam. 10: 5 , 6 ,10; 2 Rey. 3: 15).
28. Meier, 19.
29. Abraham J. Heschel, Ihc l'ropbt'fs, tomo 2 (Nueva York: 1 larper and Row, 1962), 55.
30. Grudem, 26.
La voz profética en el Antiguo Testamento 11

pueden ser establecidas y confirmadas examinando su palabra (Isa. 8: 19,


20). Da equilibrio a la parte espiritual y visionaria del profeta, porque cual­
quiera puede afirmar que Dios se le reveló o que Dios le habló. La palabra
del profeta es algo tangible que puede ser evaluado y juzgado si está en armo­
nía con las indicaciones de la revelación anterior de Dios, o si está en con­
tracción con su intención y su propósito originales.
Deuteronomio 13: 1-4 describe la necesaria autenticidad del mensaje
del profeta y su credibilidad: «Cuando en medio de ti aparezca algún pro­
feta o visionario, y anuncie algún prodigio o señal milagrosa, si esa señal o
prodigio se cumple y él te dice: “Vayamos a rendir culto a otros dioses”,
dioses que no has conocido, no prestes atención a las palabras de ese pro­
feta o visionario. El Señor tu Dios te estará probando para saber si lo amas
con todo el corazón y con toda el alma. Solamente al Señor tu Dios debes
seguir y rendir culto. Cumple sus mandamientos y obedécelo; sírvele y per­
manece fiel a él».
Es im portante darse cuenta de que hasta los falsos profetas pueden
realizar milagros, y que los profetas que realizan portentos pueden engañar.
Las obras prodigiosas y los milagros no son prueba de la fiabilidad ni de la
autenticidad de la profecía o de la enseñanza del profeta. «Para un auténti­
co profeta bíblico, por lo tanto, resulta imposible proclam ar un mensaje
que promueva a otros dioses y a su culto».31 «Las señales o prodigios que el
profeta realiza son de im portancia secundaria al mensaje al que acom ­
pañan».32 «Una persona no es necesariamente profeta porque sea capaz
de anunciar una señal o prodigio que acontezca que ocurra. Si el mensaje de
esa persona llama al pueblo a una obediencia fiel al Dios de las Escrituras,
solo entonces debería reconocerse como legítima la señal o prodigio».33
Así, el principio está claro: el mensaje profético debe estar en armonía
con la revelación anterior de Dios y con su ley, y el mensaje no puede con­
tradecir principios básicos de lo que otros profetas han enseñado. La señal
genuina de la verdad no es el don del Espíritu, sino únicamente el fruto del
Espíritu: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los
cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nom­
bre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?”
Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores
de maldad!”» (Mat. 7: 21-23).

.31. W illia m s , 1 h.
32. \bitl.M .
33. ibuL IH.
12 El don de profecía en las E scrituras y en la historia

Grudem defiende que, en el Antiguo Testamento, «todo profeta es juz­


gado o evaluado, pero no las diversas partes de cada profecía».34 Ello signi­
fica que «cuando un profeta hablaba en nombre del Señor, si tan solo una
profecía no se materializaba, era un falso profeta (Deut. 18: 22)».35 Samuel
fue evaluado en conjunto como persona y como mensaje (ver 1 Sam. 3:19;
9: 6; también Jer. 28: 8,9) y prevaleció (1 Sam. 2: 30).
Los profetas bíblicos siempre están muy estrechamente asociados con
la ley de Dios. La ley (hebreo tóráhy enseñanza, instrucciones de Dios) es
inseparable de sus actividades. Todo lo que los profetas hacían estaba pro­
fundamente arraigado en la tora. Eran llamados y estaban obligados a trans­
mitir la palabra de Dios al pueblo. Apuntaban al pasado, a la ley de Dios.
Así, el Pentateuco es el fundamento en el que estaban arraigados los pro­
fetas y al que se referían.36
La trascendencia de Dios impedía que los profetas manipularan a Dios
o alteraran su mensaje. U n ejemplo de advertencia es el profeta Balaam,
que solo pudo pronunciar profecías genuinas (Núm. 22: 35,38; 23: 11,12,
25,26; 24:12,13) pese a sus intentos por hacer algo distinto (Núm. 24:1,2).
Pronunció las más bellas bendiciones sobre el pueblo de Dios (Núm. 23:
18-24; 24: 9) y proclamó profecías mesiánicas (Núm. 24: 17-19). Sin em ­
bargo, se apartó de su llamamiento, dio un consejo malvado y su vida acabó
con una muerte violenta (Núm. 25:1,2; 31: 8,16; Jos. 13:22; cf. 2 Ped. 2:15;
Apoc. 2:14).
Es interesante que Dios pudiera dar sueñas proféticos incluso a un fa­
raón (Gén. 41: 1-40) o a Nabucodonosor (ver Dan. 2 y 4), pero que la in­
terpretación correcta siempre tuviera que ser comunicada por hombres de
Dios (por ejemplo, José o Daniel), para que el mensaje divino no se mez­
clara ni se confundiera con la magia o la adivinación. La palabra y el con­
tenido del mensaje de Dios son más cruciales que la forma de comunica­
ción. Además, los símbolos inusuales de las visiones apocalípticas de los
libros proféticos de Ezequiel, Daniel y Zacarías demandan una labor cog-
nitiva cabal para la comprensión del significado del mensaje del Antiguo
Testamento.

34. Grudem, 24.


35. Ibíd.y24. Para la cuestión de la condicionalidad de la profecía, véase, más abajo, la
sección titulada «Condicionalidad de la voz profética».
36. Para un estudio de la relación entre los profetas y la tora, Seitz, 55-73; Rolf Rend-
torff, Canon and Theology (Minneapolis: Fortress Press, 1993), 55-65; Gerhard von
Rad, Oíd Testament Theology, tomo 2 (Nueva York: SCM, 1968), 2,3.
La voz profética en el Antiguo Testamento 13

4. Un profeta presenta la debida imagen de D ios


La principal tarea y el papel principal de los profetas de Dios era pre­
sentar una imagen correcta de Dios. Los profetas presentan el retrato de
Dios en el contexto del gran conflicto entre el bien y el mal. N o se trata del
retrato de un sueño sentimental sobre Dios, no es un Dios distante, ni un
Dios cruel, tiránico o caprichoso, ni un Dios de filósofos (un Dios idealista,
inmóvil, no histórico), sino un Dios vivo, relacional, emocional, sufriente,
que interviene en nuestros asuntos. Satanás intentó desde el mismo co­
mienzo en el huerto del Edén distorsionar el carácter de Dios, haciendo de
él un monstruo (Gén. 3: 1-5).37 El principal papel de los profetas era res­
taurar la verdadera forma de entender a Dios, porque el pueblo perece por
falta de conocimiento (Ose. 4: 1, 6; 5: 1). Oswalt resume acertadamente
que la «comprensión de Dios, de la humanidad y del mundo, y del signifi­
cado y el propósito de la experiencia humana» por parte de los profetas «es
sin igual».38
Los profetas eran correctores de la imagen errada que se había dado de
Dios. Presentaban al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, al Dios de los profe­
tas, el Dios del amor, la verdad, la justicia y la libertad (Gén. 3: 1-15; Exo.
34: 6, 7). Solo esta visión correcta de Dios suscita una respuesta apropiada
(Rom. 2: 4). Dios es p resen tad o ra en Génesis, como Creador, Juez, Salva­
dor, Gobernante, Auxilio, Señor de la historia, Dios del pacto y Dios per­
sonal. Los profetas hablaban de esperanza y restauración.39
Algunos profetas realizaron grandes milagros — especialmente Moisés,
Elias y Eliseo40— , pero otros no. Sin embargo, para todos los profetas, lo
más im portante era comunicar el mensaje divino con fidelidad. El mensaje

37. Véase mi artículo «The Nature and Definition of Sin: A Practical Study of Gene-
sis 3:1-6», en The Word o f Godfor the People o f God:A Tribute to the Ministry of Jack
J. Blanco, ed. Ron du Preez, Philip Samaan y Ron Clouzet (Collegedale, Tennes-
see: School of Religión, Southern Adventist University, 2004), 289-306.
38. Oswalt, 84.
39. Para un resumen del mensaje profético del Antiguo Testamento, así como de las
diez características básicas de la revelación de Dios a su pueblo, véase mi artículo
«The Message of God s People in the Oíd Testament», Journal o f the Adventist
Theological Society 19 (2008): 18-39.
40. Los ministerios de Elias y Eliseo ocupan el centro de 1-2 Reyes, desde 1 Reyes 17
hasta 2 Reyes 8. Los obras portentosas que realizaron fueron por la gracia y por la
indicación de Dios, y no fueron invenciones propias ni signo de un comporta­
miento presuntuoso o arrogante. El profeta Elias confiesa que lo que hizo en el
monte Carmelo se realizó según la voluntad y las instrucciones de Dios: ««[Y]o
soy tu siervo y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra»» (1 Rey. 18: 36).
14 El DON DI PMOrrclA IN i as E schihihas y ín i a hisio m ia

profe tico era doble: proclamar juicio o condenación, pero, por otro lado,
también esperanza, restauración y salvación.41 El mensaje profético es in­
tensamente monoteísta y es contrario a todas las formas de idolatría. Es un
mensaje ético de auténtica moralidad con respeto por Dios, por los demás
seres hum anos y por uno mismo. D em andan un com portam iento moral
responsable. La justicia es otro com ponente clave de su mensaje que se
destacaba a menudo y en el que se hacía hincapié. Sin embargo, su princi­
pal mensaje siempre era de arrepentimiento y de regreso al Señor (Eze. 14:
6; 18: 30-32; 33:11; Ose. 6:1; 14:1,2; Joel 2: 12-14; Amos 5: 4-6,14,15).
Son «guardianes de la teocracia»42 que quieren que Dios gobierne en la
vida de todos y que estos le perm itan ser su Dios y Señor.
Los profetas hablaban específicamente del día del Señor (por ejemplo,
Joel 1: 15; 2: 1,11,31; 3: 14; Amos 5:18; Sof. 1: 14 - 3: 1), que era el tipo
para la segunda venida de Cristo. Zim merli señala acertadamente el hecho
de que, en muchas ocasiones, la palabra profética relativa a «un día de
Yahveh [...] es interpretada como un fenómeno que es relevante para el
mundo entero».43
Los verdaderos profetas tenían que desenmascarar el falso sistema de
culto, como hicieron Elias y Daniel (1 Rey. 18: 18-39; Dan. 3: 1-30; 7: 8,
24-27; 8: 9-26), y denunciar a los falsos profetas con sus erradas prácticas
(Eze. 13). Resulta significativo señalar que en las Escrituras hebreas no
existe ningún término específico para los falsos profetas. La Septuaginta
usa la palabra pseudoprophétés (ver Jer. 28: 1 [= LXX 35: 1]; Jer. 29: 1, 8 =
[LXX 36: 1, 8]; Zac. 13: 2), pero en hebreo falta esta terminología; se usa
la palabra nábi’ para designar a un profeta, sea verdadero o falso. Su siste­
ma de creencias y su praxis los identifica como verdaderos o falsos. Por eso,
en Israel, resultaba muy difícil distinguir entre el profeta verdadero y el
falso. Abraham Heschel explica acertadamente: «El Dios de los filósofos es
un concepto derivado de ideas abstractas; el Dios de los profetas se deriva

41. Los profetas son poetas, dado que la mayor parte de sus escritos fueron escritos
como poesía. Comunican sus mensajes con belleza y expresan sus pensamientos
con un lenguaje colorido, que en ocasiones puede resultar difícil de entender. Este
lenguaje poético lleva al lector a usar todas sus facultades para entender los men­
sajes que están encapsulados en unas palabras y desvelar los enigmas que contie­
nen. Por otro lado, el lenguaje poético ayudaba a la gente a memorizar las ideas
con mayor facilidad, y señalaba a un Dios de belleza literaria. Dios valora el len­
guaje y, a través de los profetas, enseña a usarlo de manera precisa y bella.
42. Edward J. Young, M y Servants the Prophets (Grand Rapids: Eerdmans, 1952), 82.
43. W alther Zimmerli, The Fiery Throne: The Prophets and Oíd Testament Theology
(Minneapolis: Fortress Press, 2003), 42.
La voz profética en el Antiguo Testamento 15

de netos y de acontecimientos».44 Cuando practicaban la magia o la adivi­


nación (Isa. 9: 19; Jer. 14: 14), iban tras falsos dioses y caían en la idolatría
(Eze. 8: 6-18; 14: 3-8; 20: 30-44), su moralidad era cuestionable (Jer. 23:
14), predecían cosas que no ocurrían (Jer. 28: 2 -4 ,1 0 ,1 1 ,1 5 -1 7 ) o desca­
rriaban a la gente (Deut. 13: 2; 18: 20; Jer. 2: 8), eran identificados como
siervos infieles.

5. Un profeta es un intérprete de la historia


C uando formulo a la gente la pregunta: «¿Quién es un profeta?», la
respuesta típica es que un profeta es una persona que predice aconteci­
mientos futuros. Esta respuesta es verdad, en parte, porque los profetas
pueden predecir el futuro, pero, en contra de la opinión popular, predecir el
futuro era generalmente un papel secundario (una excepción sería el profe­
ta apocalíptico Daniel). El término español profeta se deriva del sustantivo
griego prophétés, que básicamente significa prever. Sin embargo, esta inter­
pretación es engañosa y simplifica, porque los profetas únicamente prede­
cían el futuro en contadas ocasiones. Pronunciar una predicción constituye
una parte pequeña de su papel.
Es interesante que el canon hebreo ubique entre la porción profética del
Antiguo Testamento libros que en el canon cristiano aparecen entre los libros
históricos. El canon hebreo está formado por estas tres secciones: (1) Penta­
teuco; (2) Profetas: (a) Primeros profetas: Josué, Jueces, 1-2 Samuel, 1-2 Re­
yes (en nuestro canon, son todos parte de los “libros históricos”); y (b) Últi­
mos profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los Profetas menores; y (3) Escritos,
que incluyen la literatura sapiencial y el resto de los libros históricos.
Por ello, según la división canónica hebrea, un profeta es un intérprete
de la historia. Los profetas interpretan la historia desde la perspectiva de
Dios. ¡No hay profecía — ni vida real, si a eso vamos— sin memoria! El
papel fundamental de los profetas bíblicos no es satisfacer nuestra curiosi­
dad con respecto al futuro. Petersen menciona que «los profetas son pre­
sentados como historiadores».45 Redditt afirma que los profetas, en su gran
«mayoría, abordan explicaciones de los acontecimientos pasados y presen­
tes, y exhortaciones para que la gente viva con justicia, para que los sacer­
dotes enseñen como es debido, y para que los gobernantes y los jueces ad­
ministren justicia con equidad».46 Son más predicadores que vaticinadores.

44. Abraham J. Heschel, God in Search of Man: A Philosophy o f Judaism (Nueva York:
Farrar, Staraus and Giroux, 1955), 213.
45. Petersen, 2 .
46. Redditt, xiii; Seitz, 248.
16 E l don de profecía en las E scrituras y en l a historia

Los profetas interpretaban la historia pasada para ayudar a la gente a en­


tenderla, y así hacer el bien y adoptar decisiones maduras en el presente.
Requieren acciones presentes. Así, los profetas son personas de tres tiem ­
pos: interpretan lo que pasó en la historia pasada, predicen el futuro, pero
instan a la gente a actuar éticamente en el presente.

6. Un profeta es una persona con una comprensión especial


Un profeta recibe una comprensión de situaciones complejas. Por eso se
lo denomina ró V, o vidente (usado once veces en la Biblia hebrea). La raíz
hebrea de este sustantivo particular es ra á h>que significa “ver” o “percibir”.
Los profetas perciben lo que otras personas no ven (1 Sam. 9: 19; 15: 28;
Eze. 1: 1; Amos 8: 1, 2; Jer. 1: 11-14; 24: 3-5, 8; Zac. 4: 2-6). Conocen la
voluntad de Dios en el grado en el que se la da a conocer. El profeta es un
hdzéby un clarividente (empleado dieciséis veces en el Antiguo Testamento).
La raíz hebrea házáh significa “ver”, “mirar fijamente”, “mirar atentam ente”,
“tener visión” (Núm. 24: 4; Isa. 1: 1; 13: 16; Amos 1: 1; Abd. 1; M iq. 1: 1;
Hab. 1: 1). Por esto, un profeta es una persona de visión que ve la vida
desde el ángulo, desde el punto de vista de Dios.
Ello no quiere decir que los profetas lo entiendan todo. También formulan
preguntas, precisan buscar respuestas en las Escrituras, y a veces deben apren­
der a vivir con sus interrogantes (Dan. 7: 28; 8:27; 9: 2,22,23; 12: 8,9; Hab.
1:2,12,13; 2:1-3; 3:2,3,16-19; «Ningún profeta formula más preguntas que
Zacarías»;471 Ped. 1:10-12). Los profetas pueden hablar de cosas únicamen­
te si Dios se las revela. Por ejemplo, Elíseo no conocía la causa de la pena de
la mujer (2 Rey. 4: 27). Dios revela a los profetas el futuro (2 Rey. 8: 10,13) y
las cosas secretas (2 Rey. 6: 12). Recordemos las experiencias de Balaam, que
tuvo que comunicar únicam ente la palabra de Dios al rey moabita Balac
(Núm. 22: 35-38; 23:11,12,26; 24: 12,13), y de Daniel, que no comprendía
lo que Dios le había revelado (Dan. 8:27; 12: 8).
Resulta interesante que los tres términos con los que se designa a un
profeta sean usados en 1 Crónicas 29: 29, donde a Samuel se lo llama vi­
dente, a Natán profeta y a Gad clarividente. En 2 Samuel 24: l i a G ad se
lo llama profeta y clarividente, y 1 Samuel 9: 9 explica que, en el pasado, a
un profeta se lo llamaba vidente.
Dado que los profetas reciben de Dios una comprensión especial sobre
el futuro (el gran conflicto y detalles del plan de salvación), pueden prede­
cir el futuro, habitualmcntc el futuro cercano (Jer. 28:15-17; Eze. 24:15-18;

47. Meicr, 40.


La voz profética en el Antiguo Testamento 17

I lab. 1: 6). A veces pueden predecir incluso el futuro distante (Isa. 24-27;
Eze. 38; 39; Dan. 2; 7; 8; 9: 24 27), aunque los falsos profetas carecen de la
capacidad de ver más allá de su propia época.
Lo que los profetas ven realmente es la significación de lo que Dios
presenta y el significado de ello. Son capaces de distinguir la relevancia del
asunto presentado (Amos 7: 7, 8; 8: 1, 2). Esta capacidad de percibir las
implicaciones demuestra que están llenos del Espíritu. Pueden ver el au­
téntico meollo de la visión y lo que Dios se propone hacer.48 La intención
suprema de Dios es la salvación del género humano; así, un verdadero pro­
feta apunta a Cristo. Isaías habla de Emanuel (Isa. 7: 14), el Hijo divino
que nacerá (Isa. 9: 6), el Rey davídico (Isa. 11:1-16), y el Siervo del Señor
(Isa. 42:1-9; 49:1-7; 50:4-9; 52:13 - 53:12; 61:1-3). Ezequiel proyecta cinco
predicciones mesiánicas (Eze. 17: 22; 21: 27; 29: 21; 34: 23; 37: 24,25).49
W illiam s afirma: «Todo el A ntiguo Testam ento apunta hacia el futuro,
hacia él [Jesucristo], y todo el Nuevo Testamento vuelve a reflejar la signi­
ficación del evento de Cristo».50 Además, un profeta habla del futuro reino
de Dios (Isa. 24-27; Dan. 2 y 7).
Otra parte integral de sus mensajes eran los anuncios de juicio sobre nacio­
nes como Babilonia y Egipto, y Daniel habló incluso sobre las actividades del
cuerno pequeño. También predicaron sobre el juicio de Dios sobre su pueblo
(Joel 3:14-16; Amos 5:18-24). Un profeta es una persona de tres tiempos — pa­
sado, presente y futuro— , lo que le permite contribuir a que la gente logre una
orientación, una perspectiva o un conocimiento correctos, y motivarla para que
adopte decisiones acertadas. Los profetas ejercen presión para la realización de
acciones y alientan al pueblo de Dios para que actúe ahora.51

48. Meier, 39,40; Gowan, 27.


49. Walter C. Kaiser, Jr., The Messiah in the Oíd Testament (Grand Rapids: Zondervan,
1995), defiende la existencia de 65 profecías mesiánicas directas en el Antiguo
Testamento. Véase también Michael Rydelnik, The Messianic Hope: Is the Hebrew
Bible Really Messianic? (Nashville: B&H Publishing Group, 2010).
50. Williams, 8.
51. Hay una continuidad básica entre el pacto antiguo y el nuevo. Toda la enseñanza bíbli­
ca se basa siempre en la gracia, el amor y la justicia de Dios. Por ejemplo, ¿era invento
de Pablo su enseñanza sobre la justificación por la fe? Está claro que no, porque apun­
tó a pasajes clave del Antiguo Testamento. Para demostrar su argumento, desveló lo
que estaba olvidado y oculto bajo el polvo de la tradición oral. Pablo necesitaba dos o
tres testimonios de las Escrituras hebreas y presentó su caso con pruebas bíblicas: ( 1) la
Tora (Gén. 15: 6); (2) los Profetas (Hab. 2: 4); y (3) los Escritos (Sal. 32:1,2). Existe
una unidad teológica entre las enseñanzas del Antiguo Testamento y las del Nuevo
sobre este asunto. La salvación siempre fue el don de Dios. De Adán en adelante,
las personas fueron justificadas por la gracia de Dios a través de la fe.
18 E l don de profecía en las E scrituras y f.n la hisioria

7. Un profeta es un hombre de D ios


También se denomina al profeta 'ti 'élóhim, es decir, varón de Dios. La
expresión se usa 76 veces en el Antiguo Testamento (1 Sam. 2: 27; 9: 6-10;
1 Rey. 12: 22; 17: 24; 2 Rey. 4: 7, 9; 1 Crón. 23: 14; 2 Crón. 8: 14).52 ¿Por
qué esta designación? Esta expresión describe una relación especial entre
Dios y el profeta. Pertenece a Dios, pero, a la vez, señala a la vida piadosa
del profeta. Así, este término significa que es un «hombre santo»53 y subra­
ya la comunicación de la palabra de Dios por medio del hombre de Dios.
Resulta interesante que esta expresión «no es usada para ninguno de los
profetas literarios».54

8. Un profeta es un hombre del Espíritu


Un profeta también es un ’ühárífh, es decir, un hombre del Espíritu (Ose.
9: 7). Aunque en el libro de Oseas esta designación se usa de forma peyo­
rativa, lo cierto es que un profeta es conducido, colmado y dotado por el
Espíritu Santo. Sin el Espíritu, es impotente. «El Espíritu de Dios vino
sobre» Balaam de modo que este pudiera profetizar (Núm. 24: 2, PER). El
Espíritu de Dios da a los profetas el mensaje (Eze. 2: 1; 3: 12, 24; 2 Ped.
1: 21). E n Jerem ías 5: 13 hay un juego de palabras con el térm ino rüüh>
porque rülh puede significar “Espíritu” (de Dios), pero también “viento”:
«Los [falsos] profetas son como el viento: la palabra del Señor no está en
ellos. ¡Que así les suceda!». El oficio profético es un ministerio facultado
por el Espíritu (Jue. 3:10; 6: 34; 11:29; 13: 25; 14: 6,19; 15:14,15; 2 Sam.
23: 2; Neh. 9: 20,30; Isa. 61: 1; 63: 14).55
Se cuenta la historia de un hombre que acudió a su rabí agonizante y
dijo: «Rabí, Dios me habló en un sueño y dijo que he de ser el sucesor de
usted. Es preciso que usted me designe para su puesto antes de su falleci­
miento». El rabino contestó sabiamente: «Vuelve a casa, y si tienes el mis­
mo sueño esta noche, acude a mí nuevamente». Al día siguiente el hombre
volvió y confirmó que había recibido el mismo sueño. El rabino insistió en
que era preciso estar seguros al respecto, así que pidió que el hombre se mar-

52. Se usó esta expresión para Moisés, Samuel, David, Semaías, Elias, Eliseo y profe­
tas anónimos.
53. Eaton, 2 .
54. Hays, 26. La expresión «hombre de Dios» también es usada para Moisés (1 Crón
23:14; Esd. 3: 2) y David (Neh. 12: 24, 36).
55. Para un estudio detallado sobre el Espíritu Santo y sus siete funciones en el A nti­
guo Testamento, véase mi artículo: «The Holy Spirit in the Hebrew Scriptures»,
JournalofAdventist Iheological Society 24, n° 2 (2013): 18-58.
La voz profética en el Antiguo Testamento 19

chara a su casa y que orara. Si tenía el mismo sueño por tercera vez, enton-
CCS había que hacer algo al respecto. Cuando el hombre volvió al tercer día

y confirmó que había vuelto a tener el mismo sueño, el rabí le aconsejó.


«¡Ahora es preciso que ores para que se dé el mismo sueño a cada persona
de nuestra comunidad de fe! ¡Solo entonces serás mi sucesor!».
Cualquiera puede afirmar que ha tenido un sueño o una visión en los
que habló el Espíritu de Dios. ¿Cómo juzgamos la autenticidad de tal afir­
mación? No por señales externas, por el aplomo de los sueños o las visiones
ni por la experiencia, sino en la revelación de Dios. Su Palabra es la prueba
suprema de la autenticidad del profeta (ver el punto 3 más arriba), la única
garantía de la verdad. «Los verdaderos profetas de Israel, ya fueran preca­
nónicos o canónicos, poseían tanto la palabra como el Espíritu del Señor».56
A este elemento crucial pueden añadirse algunos fenómenos físicos exter­
nos que pueden acompañar a la visión (por ejemplo, el profeta tiene los ojos
abiertos mientras está en visión [Núm. 24:4,16], no respira [Dan. 1 0 :17]5
o queda sin fuerza [Eze. 2: 1; Dan. 7: 28; 8: 27; 10: 16,17]).

9. Un profeta es el siervo del pacto


Los pactos bíblicos reflejan en su forma a los tratados hititas entre
monarca y vasallo. Basándose en estudios de esos tratados, los eruditos bí­
blicos reconocieron que los pactos bíblicos tienen varias partes: (1) Preám ­
bulo, en el que el Señor Soberano se presenta a sí mismo y dice quién es;
(2) Prólogo histórico: se define la relación pasada entre el Señor y su pue­
blo; (3) Estipulaciones: se presentan leyes que es preciso obedecer; (4)
Bendiciones y maldiciones: en esta sección se definen claramente las con­
secuencias de la obediencia y de la rebelión (por ejemplo, en Levítico 26 y
Deuteronomio 27-30); (5) Testigos; y (6) Provisiones especiales o señales
del pacto.58 Buenos ejemplos de esta disposición del material bíblico son el
Decálogo (Éxo. 20:1-17); todo el libro de Deuteronomio, que está estruc­
turado según las partes del pacto;59 y Josué 24, en el que se establece la

56. Hobert E. Freeman,An Introduction to the OldTestament Prophets (Chicago: Moo-


dy, 1968), 58.
57. Según el texto hebreo, Daniel afirma, literalmente: «Porque al instante me faltaron
las fuerzas, y no me quedó aliento» (RV95).
58. Para los detalles, D. J. McCarthy, Oíd Testament Covenant: A Survey of Current
Opinions (Atlanta: John Knox Press, 1972), 10-22; Paul Lawrence, The Book of
Moses Revisited (Eugene, Oregón: W ipf 8c Stock, 2011): 47-64.
59. Véase Edward J. Woods, Deuteronomy, Tyndale Oíd Testament Commentaries
(Downers Grove, Illinois: IVP Academics, 2011), 41-47.
20 El don de profecía en las E scrituras y en la historia

renovación del pacto bajo la dirección de Josué (dividido en seis partes


de la m anera siguiente: 24: 2a; 2b-13; 14-18; 19-21; 22-24; 25-27).
Oswalt subraya con acierto que «la tarea fundamental del profeta israe­
lita es recordar al pueblo su relación de pacto con Yahveh y la conducta
obligatoria que esto debería im poner sobre ellos».60 Es preciso que subra­
yemos las bendiciones y las maldiciones del pacto. Los profetas son llama­
dos a recordar a la gente las consecuencias de su relación de pacto con
Dios. Su desobediencia traerá maldiciones y desastre.61
«Este llamamiento a la obediencia al pacto lleva al profeta israelita a su
exclusiva visión de la naturaleza abierta de la historia: el futuro no está
determinado, sino que depende de las decisiones del pueblo con respecto al
pacto».62 Grudem explica acertadamente que un profeta es un «“mensajero
del pacto” enviado para recordar a Israel los términos de su pacto con el
Señor, llamando a los desobedientes al arrepentimiento y advirtiendo de
que los castigos de la desobediencia se aplicarán prestamente».63 ¡Los pro­
fetas usaban el severo lenguaje de las maldiciones del pacto para llevar a la
gente a la debida respuesta a Dios! Recordaban al pueblo la fidelidad de
Dios, su propia de desobediencia y el inm inente castigo del Señor: el «plei­
to del pacto» (rib).64 Llamaban al pueblo a participar del nuevo pacto con
Dios. Así, eran portavoces del pacto.

10. Un profeta es mediador e intercesor


La primera aparición explícita de la palabra nábi en la Biblia está aso­
ciada con el ministerio intercesor. Dios asegura a Abimelec que vivirá cuan­
do Abraham el profeta ore por él (Gén. 20: 7,17). Los profetas se encuen­
tran entre Dios y su pueblo estableciendo una comunicación entre ambos.
Moisés oró por el faraón (Éxo. 8: 8, 12, 28-30; 9: 28-33; 10: 16-18). Un
profeta es un hombre de oración (Isa. 37: 1-4; Jer. 10: 23-25).
También Samuel fue decisivo en la preservación del pueblo de Dios
(Jer. 15:1; Ose. 12:13). Samuel tomó para sí el gran ejemplo de intercesión

60. Oswalt, 75.


61. Dios no puede tolerar el pecado, la obstinación o la indiferencia. Como Cirujano
y Juez celestial, tiene que destruir a aquellos que siguen destruyendo los valores de
la vida y extirpar del cuerpo el cáncer del pecado y la corrupción (Gén. 6: 11-13;
Apoc. 11: 18).
62. Oswalt, 75.
63. Grudem, 22.
64. Para un estudio detallado, Geofrey W. Ramsey, «Speech Forms in Hebrew Law
and Prophetic Oracles», Journal of fíiblical Literature 96 (1977): 45-58; Smith,
Intnprcting tbc Prophetic Pooks, 31-33.
La voz profética en el Antiguo Testamento 21

ele Moisés (Éxo. 32: 30,31). Los profetas oraban por y con la gente. Daniel
oraba con sus tres amigos (Dan. 2:20-23) y por toda la nación (Dan. 9:4-19),
Abraham oró por Abimelec (Gén. 20: 17,18), y Moisés oró por los peca­
dores (Éxo. 32: 31,32). Elias invitó y apeló a toda la nación a servir al Se­
ñor y no a Baal. Luego oró a Dios, y Dios respondió de manera espectacu­
lar y tangible (1 Rey. 18). Los profetas no solo oraban por los pecadores,
sino que, simbólicamente, hasta llevaban sus pecados (Eze. 4:4-6). Este era
su papel sacerdotal. También resulta de interés observar que al menos tres
profetas pertenecían a la familia sacerdotal: Jeremías, Ezequiel y Zacarías.
Se aproximaban a Dios en nombre del pueblo.

11. Un profeta es un predicador y un reformador


Los profetas llaman a una relación verdadera y significativa con Dios sin
formalismo. Llaman al arrepentimiento (Eze. 18: 31; 33:11; tres veces Amos
5 usa la expresión «Busquen al Señor y vivirán») y denuncian todo tipo de
pecados; por ejemplo, idolatría, orgullo, egoísmo, infidelidad, homicidio, ex­
plotación, maltrato, injusticia e infidelidad (Eze. 20; 22). Los profetas exigen
una relación con Dios basada en el amor y la gratitud (Isa. 58:13,14; Eze. 36:
24-28; Miq. 7:15-20; Sof. 3:14-20). Incomodan a la gente y están en contra
del estancamiento, del letargo espiritual, de las comodidades de la vida, de la
pereza y de dejar las cosas como están. Los profetas contribuyen a que las
personas cultiven una relación genuina con Dios: «¡Ya se te ha declarado lo
que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justi­
cia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios» (Miq. 6: 8).
La labor social de los profetas es amplia.65 Llaman a todos los miem­
bros de la sociedad al arrepentim iento, a ser fieles a Dios y a su pacto: a
reyes, sacerdotes, jueces, a los falsos profetas, a los ricos, a los funcionarios,
a los jefes militares, al pueblo común, a las mujeres y a los niños (ver, por
ejemplo, Joel 2: 12-19; Eze. 14: 6; 33:11,12). Son reformadores sociales y
demandan una atención especial hacia los pobres, los huérfanos, las viudas
y los extranjeros (Deut. 14: 29; Isa. 9: 17; 10: 2). Son muy contrarios a
cualquier forma de orgullo, corrupción, injusticia, violencia, maltrato, in­
moralidad y engaño. Jesús resume para todos este hincapié en temas socia­
les simples en su parábola sobre el juicio final. Jesús, el Profeta de todos los
profetas, menciona las mismas seis acciones sociales cuatro veces y siempre
en el mismo orden:

65. Véase Víctor H. Matthews, Social World o f the Hebrew Prophets (Peabody, Mass.:
Hendrickson, 2001).
2 2 E l L)()N L)L P K O ftC lA LN l AS E S C R IIU H A S Y IN I A M ISIO HIA

Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: «Vendan ustedes,


a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino pre­
parado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve ham ­
bre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber;
fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron;
estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visita­
ron». Y le contestarán los justos: «Señor, ¿cuándo te vimos ham ­
briento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo
te vimos como forastero y te dimos alojam iento, o necesitado de
ropa y te vestimos? ¿C uándo te vimos enferm o o en la cárcel y te
visitamos?». El Rey les responderá: «Les aseguro que todo lo que
hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hi­
cieron por mí» (M at. 25: 34-40).

Reinhold Niebuhr declaró que los mensajes de un auténtico profeta en


una época malvada podrían causar inseguridad.66 Los necesarios cambios
crean una sensación de desasosiego y deberían llevar a una reforma. Dios
no destruirá a su pueblo ni aunque el mensaje de juicio y condena sea inci­
sivo. El día del Señor vendrá (Sof. 1: 14), pero Dios no se deleita en modo
alguno en la muerte de los impíos, sino que quiere su arrepentimiento
(Eze. 18: 31). Para Dios, la muerte es una contradicción, porque él es la
Fuente y el Dador de la vida, el Creador. El castigo y la destrucción no son
su naturaleza, sino una obra extraña e insólita que es preciso realizar en aras
de la eliminación del mal y de la protección de la vida (Isa. 28: 21).
Los profetas profundizaban la falsedad, el peligro y la conciencia del
pecado al revelar la santidad, la justicia y la pureza de Dios, y llamaban
sistem áticam ente a la gente al arrepentimiento.

12. Un profeta es un maestro de justicia


Los profetas enseñaban a la gente el auténtico culto (Amos 5: 21-24).
Un ejemplo modélico es el profeta Elias (1 Rey. 18), pero muchos otros
hicieron lo mismo (Jer. 1: 3; Mal. 3: 7). Isaías protestó contra el culto co­
rrupto (Isa. 1:10-20); Sofonías llamó a Israel al servicio del cántico verda­
dero (Sof. 3:1 4 ,1 5 ); y Miqueas se alzó contra un estilo de vida que estaba
centrado en los rituales en vez de en la verdadera moralidad y la ética (Miq.
6: 6-8). Enseñaban el significado del auténtico ayuno (Isa. 58: 6-14), de la

66. Véase Reinhold Niebuhr, «The Test of True Prophecy», en su Beyond Tragedy:
Essays on the Cbristian Interpretation o f History (Nueva York: Charles Scribners
Sons, 1937), 93-110.
La voz profética en el Antiguo Testamento 23

observancia del sábado (Isa. 56: 3-8; 58: 12-14; Eze. 20: 12-20), de la au
téntica ética del amor y la justicia (Zac. 7; 8), y muchos otros asuntos im ­
portantes (Mal. 2:10-16; 3: 8-12).67
Rolf R endtorff subraya que la profecía no debería desligarse de la tora,68
porque un profeta debe ser guardián de la ley de Dios (Isa. 8: 20). Los
profetas enseñan a la gente lo que es correcto y justo, presentan la verdad
de Dios y enseñan las instrucciones (tora) de Dios. Este papel de enseñan­
za resume muchos otros aspectos de su ministerio. El aspecto de enseñanza
fue formalizado bajo el profeta Samuel, que fundó las escuelas de los pro­
fetas, que prosperaron mucho en la época de Elias y Elíseo.69
Los profetas también tienen muchas otras funciones. Desempeñan un
papel de pastor/consolador, como Ezequiel en el exilio babilónico tras la
caída de Jerusalén en 587/586 a. C., cuando llevó esperanza a los exiliados
(ver Eze. 36; 37). Alentaban al pueblo de Dios, como hicieron Isaías (Isa.
40: 1, 2), Sofonías (Sof. 2: 3; 3: 11-17) o Habacuc (Hab. 3: 13-19). Un
profeta puede ser un evangelizador o un misionero, como el profeta Jonás,
que fue enviado por Dios a predicar a los ninivitas (Jon. 1-4).

Condicionalidad de la voz profética


N o todas las profecías bíblicas son condicionales. ¿Cóm o se puede
saber que la profecía habla de un posible futuro o de un futuro determ i­
nado? ¿Hay diferencia entre las profecías clásicas y las apocalípticas?
¿Cuáles son los principios que subyacen a la condicionalidad de la profe­
cía? Sugeriré cuatro principios que certifican la condicionalidad de dife­
rentes profecías.

Primer principio
U na profecía o una afirmación bíblica es condicional cuando contiene
una fórmula de ‘si'o cuando’: «Si ustedes escuchan, prosperarán, pero si no
lo hacen, les sucederá esto» (por ejemplo, Lev. 26 y Deut. 28-30).

67. El uso de la música por parte de los profetas es un tema de estudio pasado por alto.
Considérense los siguientes pasajes relevantes: Exo. 15: 1-18, 20, 21; Deut. 32:
1-43; Jue. 5: 1; 1 Sam. 10: 5, 6; 2 Sam. 23: 12; 2 Rey. 3: 15,16; 1 Crón. 25: 1-3;
2 Crón. 29: 25,30; 35:15; Isa. 5: 1; Eze. 33: 32.
68. Rendtorff, 57-65.
69. William F. Albright, Samuel and the Beginning o f the Prophetic Movement, Golden-
son Lectures (Cincinnati: Hebrew Union College Press, 1961).
24 El UON l)F PROFECIA EN i as E scriiuras y ln la MISIOMIA

Segundo principio
C ada vez que se prevé una respuesta hum ana a la profecía o al m en­
saje profético, ¡esa profecía es condicional! Dios envía un mensaje con un
propósito específico en m ente, para llam ar al pueblo para que vuelva a él
(Joel 2:12-15). Dios no quiere que la gente perezca como pecadores bien
informados.
A. Esto se demuestra con la frase incondicional” de Jonás: «Jonás se
fue internando en la ciudad, y la recorrió todo un día, mientras proclamaba:
“¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!”». Esta profecía era con­
dicional aunque no hubiera ninguna fórmula de si’ o cuando’, y la senten­
cia se entendiera con claridad m eridiana. Sin embargo, era condicional
porque se preveía una respuesta humana, y los ninivitas respondieron posi­
tivamente al llamamiento de Dios, por lo que no fueron destruidos. El
propio hecho de que Jonás les hubiera sido enviado por Dios ya era un acto
de su gracia.
Esto está en perfecta armonía con la explicación de Dios:

En un m om ento puedo hablar de arrancar, derribar y destruir a una


nación o a un reino; pero si la nación de la cual hablé se arrepiente
de su maldad, también yo me arrepentiré del castigo que había pen­
sado infligirles. E n otro mom ento puedo hablar de construir y
plantar a una nación o a un reino. Pero si esa nación hace lo malo
ante mis ojos y no me obedece, me arrepentiré del bien que había
pensado hacerles (Jer. 18: 7-10).

La palabra de Dios se envía para que logre su misión: «Así es también


la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que
yo deseo y cumplirá con mis propósitos» (Isa. 55: 11). «¿No es acaso mi
palabra como fuego, y como martillo que pulveriza la roca? — afirma el
Señor— » (Jer. 23: 29).
B. La enfermedad de Ezequías: No se especificó condición alguna, pero
era condicional, como aprendemos por el contexto. «Por aquellos días Eze­
quías se enfermó gravemente y estuvo a punto de morir. El profeta Isaías
hijo de Am oz fue a verlo y le dijo: “Así dice el Señor: T o n tu casa en orden,
porque vas a morir; no te recuperarás”’» (2 Rey. 20: 1). Era una afirmación
directa inflexible, y Ezequías oró con sinceridad: «“Recuerda, Señor, que yo
me he conducido delante de ti con lealtad y con un corazón íntegro, y que
he hecho lo que te agrada”. Y Ezequías lloró amargamente» (vers. 2, 3).
Dios reaccionó con magnanimidad:
La voz profética en el Antiguo Testamento 25

No había salido Isaías del patio central, cuando le llegó la palabra


del Señor: «Regresa y dile a Ezequías, gobernante de mi pueblo, que
así dice el Señor, Dios de su antepasado David: “H e escuchado tu
oración y he visto tus lágrimas. Voy a sanarte, y en tres días podrás
subir al templo del Señor. Voy a darte quince años más de vida. Y a
ti y a esta ciudad los libraré de caer en manos del rey de Asiria. Yo
defenderé esta ciudad por mi causa y por consideración a David mi
siervo”» (vers. 4-6).

C. El consejo de Daniel a Nabucodonosor.

La interpretación del sueño, y el decreto que el Altísimo ha emitido


contra Su Majestad, es como sigue: Usted será apartado de la gente
y habitará con los animales salvajes; comerá pasto como el ganado,
y se empapará con el rocío del cielo. Siete años pasarán hasta que Su
M ajestad reconozca que el Altísimo es el soberano de todos los
reinos del mundo, y que se los entrega a quien él quiere. La orden
de dejar el tocón y las raíces del árbol quiere decir que Su Majestad
recibirá nuevamente el reino, cuando haya reconocido que el verda­
dero reino es el del cielo. Por lo tanto, yo le ruego a Su Majestad
aceptar el consejo que le voy a dar: Renuncie usted a sus pecados y
actúe con justicia; renuncie a su maldad y sea bondadoso con los
oprimidos. Tal vez entonces su prosperidad vuelva a ser la de antes
(Dan. 4: 24-27).

Dios dio a N abucodonosor un año de gracia (ver vers. 29-33), pero,


debido a su arrogancia y su orgullo, el Señor lo hum illó para llevarlo a
acercarse a él.
Al final de los siete años, Nabucodonosor alabó al Dios Altísimo, por­
que se dio cuenta de que este Dios es el supremo rey soberano:

Al fin del tiempo, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y mi


razón me fue devuelta; bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al
que vive para siempre: Su dominio es sempiterno; su reino, por to­
das las edades. Considerados como nada son los habitantes todos
de la tierra; él hace según su voluntad en el ejército del cielo y en los
h abitantes de la tierra; no hay quien detenga su m ano y le diga:
«¿Qué haces?». E n el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, la
majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y
mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; fui restablecido en
mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. A hora yo, N abucodo­
nosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas
sus obras son verdaderas y sus caminos justos; y él puede humillar a
los que andan con soberbia (vers. 34-37).
26 El don de profecía en las E scrituras y en i a hisioria

La condicionalidad es la naturaleza de las profecías predictivas clásicas


(m ientras que las profecías apocalípticas son incondicionales).70 ¿Fue el
m om ento de la primera venida de Jesús condicional? No, porque «cuando
vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido
bajo la ley» (Gál. 4: 4, LBA; ver también Dan. 9: 24-27). ¡La primera veni­
da de Jesús no dependió de la reacción humana!
¿Es la segunda venida de Jesús condicional? La respuesta es negativa
en cuanto al propio acontecimiento, pero afirmativa en cuanto al momento en
que vendrá. Juan afirma contundentemente: «Y juró por el que vive por los
siglos de los siglos, el que creó el cielo y cuanto hay en él, la tierra y cuanto
hay en ella, el mar y cuanto hay en él: “¡Ya no habrá dilación \jronos = pe­
ríodo de tiempo]!”» (Apoc. 10: 6, JER). Préstese mucha atención a la cons­
tatación de que Apocalipsis 10: 6 no usa kairos, es decir, un punto específi­
co en el tiempo, sino jronos, que señala el período de tiempo específico.
Significa que, ¡después de 1844, ya no hay ningún lapso profético! ¡La se­
gunda venida de Jesucristo vendrá estemos listos o no! «El Señor no tarda
en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él
tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que
todos se arrepientan» (2 Ped. 3: 9).

Tercer principio
La profecía es condicional si el mismo profeta/autor bíblico o uno pos­
terior explica que la anterior profecía era condicional, porque la situación
había cam biado o por actitudes de obstinación o indiferencia por parte
del pueblo.
Por ejemplo, fijémonos en cómo habló Dios sobre el ataque de Nabu-
codonosor contra Tiro: «Así dice el S e ñ o r omnipotente: “Desde el norte
voy a traer contra Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes.
Vendrá con un gran ejército de caballos, y con carros de guerra y jinetes”»
(Eze. 26: 7; ver también los vers. 8-11). Dios predice un espléndido botín
para Nabucodonosor:

Saquearán tus riquezas y robarán tus mercancías. D erribarán tus


muros, demolerán tus suntuosos palacios, y arrojarán al m ar tus pie­
dras, vigas y escombros. Así pondré fin al ruido de tus canciones, y

70. Véase «Métodos de estudio de la Biblia», aprobado por el Comité de la Asociación


General en el Congreso Anual de Río de Janeiro del 12 de octubre de 1986, pu­
blicado en Declaraciones, orientaciones y otros documentos (Doral, Florida: IADPA,
2011), 265-276.
La voz profética en el Antiguo Testamento 27

no se volverá a escuchar la melodía de tus arpas. Te convertiré en


una roca desnuda, en un tendedero de redes, y no volverás a ser
edificada. Yo, el Señor, lo he dicho (vers. 12-14).

Nabucodonosor sitió Tiro durante trece años (de 586/585 a 573/572


a.C.).71 Sin embargo, ¡Nabucodonosor nunca conquistó T iro del todo! En
Ezequiel 29 se da una nueva interpretación, en la que Dios promete darle
Egipto como botín en vez de Tiro:

H ijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo a su ejérci­


to prestar un arduo servicio contra Tiro. Toda cabeza ha quedado
rapada y toda espalda desollada; y ni él ni su ejército recibieron paga
de T iro por el servicio que prestó contra ella. Por tanto, así ha dicho
Jehová, el Señor: «He aquí que yo doy a Nabucodonosor, rey de
Babilonia, la tierra de Egipto; él tomará sus riquezas, recogerá sus
despojos y arrebatará el botín, y así habrá paga para su ejército»
(Eze. 29: 18,19).

Cuarto principio
La profecía es condicional cuando es objeto de declaración en el contexto
de un pacto. Un pacto contiene el elemento de la condicionalidad. Ejemplos
adecuados de tales profecías condicionales contractuales son las relativas a la
restauración de Israel, como la creación de la nueva Jerusalén en el marco de
los nuevos cielos y la tierra nueva (Isa. 65:17-25); la profecía de Gog y M a-
gog (Eze. 38; 39); la reconstrucción del templo de Ezequiel (Eze. 40-48) y el
establecimiento del reino de Dios según Zacarías 14.

¿Puede errar un profeta en el Antiguo Testamento?


Responder esta pregunta no es tan fácil como podría parecer. ¿Puede un
profeta bíblico com eter errores, descarriarse, m alinterpretar algo o decir
algo que es incorrecto? Nos gustaría tener una respuesta clara, ya sea afir­
mativa o negativa. Para algunos, tan solo sugerir tal posibilidad o formular
tal pregunta raya la negación de la verdad y suena a herejía. Así que es
preciso que aclaremos y expliquemos qué queremos decir con ella, porque
es una pregunta legítima, como se demostrará a continuación. Este estudio,
que aborda este im portante asunto del error profético, está dividido en
siete categorías.

71. Josefo cita los archivos fenicios (=tirios) {Contra Apión 1.156) y también la historia
de Filóstrato {Antigüedades 10.228).
28 El DON DE PROFECIA EN CAS ESCRIIURAS Y EN IA HIMDMIA

La premisa básica es que la respuesta a nuestra pregunta, provocativa y


desafiante, debe darse con el apoyo del texto bíblico. Es preciso que deje­
mos que las Escrituras lo decidan, y tenemos que cuidarnos de imponer a
la vida de los profetas nuestra propia interpretación, nuestras ideas, nues­
tros conceptos o nuestros deseos. Por eso, los ejemplos están tomados de
los abundantes anales proféticos bíblicos. Esta investigación bíblica puede
estar apoyada por la útil opinión de eruditos o teólogos, pero los puntos de
vista de estos no son nuestro centro de atención fundamental.
Tengo gran consideración por las Sagradas Escrituras. Creo que la Bi­
blia es la Palabra de Dios, no que la Biblia solo contenga la Palabra de Dios
o que se convierta en la Palabra de Dios en ciertas condiciones específicas
(1 Cor. 2:13; 1 Tes. 2:13; 2 Tim . 3:15-17; 2 Ped. 1:19-21). M antengo que
las Sagradas Escrituras tienen la máxima autoridad en cuestiones de fe y
conducta; constituyen la norma de la verdad y de la moralidad. Estoy de
acuerdo con el principio sola Scriptura, que significa que todas las cosas
deben ser juzgadas “solo por las E scrituras”. La Biblia es fundacional y
normativa, así como el máximo juez en cuestión de creencias, com porta­
m iento y ética.
C on este marco, sigue en pie nuestra pregunta básica: ¿Puede cometer
errores un profeta? Nuestra primera respuesta a esta pregunta es afirmativa.
Naturalmente, es preciso que acote qué quiero decir con esto. ¿En qué
sentido puede hablarse de error profético? Hay errores y errores. No todos
los errores tienen el mismo valor ni las mismas consecuencias. Considere­
mos meticulosamente diferentes categorías de errores.

En su vida personal
Los profetas pueden equivocarse, pecar o errar en su conducta personal.
Desgraciadamente, la Biblia da muchos ejemplos. Consideremos a los si­
guientes profetas:
A. Abraham (Gén. 12-25), que no siempre confió en Dios, mintió sobre su
esposa y le pidió a ella (dos veces) que mintiese, y se casó con Agar. Sin
embargo, creció en el Señor y este, tras el fallecimiento de aquel, realizó
una pasm osa declaración sobre él: «Abraham me obedeció y cumplió
mis preceptos y mis m andam ientos, mis norm as y mis enseñanzas»
(Gén. 26: 5).
B. Moisés (Éxo. 2: 14; Núm. 20: 11,12; D eut. 32: 51) asesinó a un capataz
egipcio y golpeó dos veces la roca (en vez de hablarle). Sin embargo,
La voz profética en el Antiguo Testamento 29

Dios, en su imperecedero amor, proclamó sobre él: «Desde entonces no


volvió a surgir en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor
tenía trato directo» (Deut. 34: 10).
C. D a vid (2 Sam. 11; 12), por ejemplo, com etió adulterio y provocó la
muerte de un leal servidor para tapar su pecado. Sin embargo, Dios dio
de él el más increíble testimonio cuando se dirigió al rey Jeroboam: «Le
quité el reino a la familia de David para dártelo a ti. Tú, sin embargo, no
has sido como mi siervo David, que cumplió mis mandamientos y me
siguió con todo el corazón, haciendo solam ente lo que me agrada»
(1 Rey. 14: 8).
D. Balaam (Núm . 22-25) es un ejemplo muy negativo, por su am or a las
riquezas, su egoísmo y sus malvados consejos: ¡un verdadero profeta que
apostató!
Por otro lado, es preciso que nos fijemos atentamente en la vida de los
profetas Enoc, José y D aniel, porque ¡no hay constancia de sus errores
(Gén. 5: 22-24; 50: 19-21; Dan. 6: 4 ,5 , 22). De este breve resumen surge
una importante reflexión: que los auténticos profetas son humanos, en el
sentido de que pueden pecar y errar en su vida privada, ¡pero no permane­
cen en el pecado! Una de las mejores representaciones del auténtico arre­
pentim iento es David (ver Sal. 32,51 y 139; cf. Dan. 9: 40-20).

En su consejo personal
¿Puede errar un profeta dando consejos personales? Pueden producirse
errores en las afirmaciones personales de un profeta. Sin embargo, en estas
circunstancias, no han usado la fórmula «Así dice el Señor». Un ejemplo
modélico de esta categoría de error está consignado en 2 Samuel 7, cuando
David se encuentra con el profeta Natán y expresa su deseo de edificar el
templo del Señor.
Ante el profundo y sincero deseo de David, Natán respondió: «Haga Su
M ajestad lo que su corazón le dicte, pues el Señor está con usted» (2 Sam.
7: 3). Este consejo parecía razonable, pero fijémonos cuidadosamente en
que Natán no dijo a David que esta fuera la declaración de Dios. Esta re­
comendación era el consejo personal del profeta Natán al rey David; sin
embargo, como era una grave equivocación, Dios la corrigió de inmediato:
«Pero aquella misma noche la palabra del Señor vino a Natán y le dijo: “Ve
y dile a mi siervo David que así dice el Señor: ‘¿Serás tú acaso quien me
construya una casa para que yo la habite?”’» (vers. 4,5).
30 El don de profecía en las E scrituras y en i a historia

El profeta Natán tuvo que cambiar humildemente su instrucción ante­


rior, pero esta vez con una solemne fórmula introductoria que recalcaba el
origen divino de su pronunciamiento.

En gramática y ortografía
Los profetas pueden incurrir en errores gramaticales (a no ser que que­
ramos echar la culpa a los copistas de todos los errores, pero esto es suma­
mente improbable) y escribir palabras mal. Cuando nos enfrentamos a un
problema gramatical, el principio es estudiar el propósito, la intención, el
mensaje en su conjunto y la teología de tales declaraciones proféticas.
Hoy vivimos a gran distancia de los autores bíblicos, lo que dificulta
entender su lengua, su geografía, sus costumbres, sus hábitos y su cultura
plenamente. También sabemos que algunos profetas contaron con asisten­
cia literaria. El ejemplo modélico es Jeremías, que trabajó estrecham ente
con Baruc. Ver todo el relato en Jeremías 36, especialmente los versículos
4-10 y 28.

A l citar de memoria
Los autores bíblicos pueden citar de memoria otros libros del Antiguo
Testamento y pueden no mencionar a todas las fuentes. ¿Podrían habérse­
les olvidado algunos detalles? Bastan dos ejemplos para apoyar esta obser­
vación: 1) Marcos 1: 2, 3 contiene citas de Malaquías 3: 1 e Isaías 40: 3,
pero no son únicamente de Isaías, como afirma el Evangelio según Marcos.
Sin embargo, la llamada Versión M oderna de 1929 tiene la traducción al­
ternativa, basada en el Textus Receptus: «De la manera que está escrito en
los profetas: He aquí,yo envío mi mensajero [...]» (Mar. 1 :2 ).2 .M ateo 27:
9 es una cita clara de Zacarías 11: 12,13 (con algunas alusiones escurridi­
zas a Jeremías 19: 113 o 18: 2-12 o 32: 6-9), pero no de Jeremías, como
afirma Mateo.

En detalles históricos
¿Pueden los profetas o los autores bíblicos hablar de acontecimientos y
no consignar todos los detalles con precisión? ¿Puede un profeta errar al
docum entar historias y escribir relatos? P ueden encontrarse dos tipos
de errores:
A. Se pueden detectar simples errores numéricos y se puede hablar de dis­
crepancias incidentales. Son reconocibles los tres ejemplos siguientes:
La voz protética en el Antiguo Testamento 31

a. Según 2 Samuel 10: 18, David derrotó a los árameos, matando a 700
aurigas y 40.000 jinetes. En 1 Crónicas 19: 18 los números dados son
7.000 aurigas y 40.000 soldados de infantería.
b. En 1 Reyes 4: 26, LBA, se nos dice que Salomón tenía 40.000 esta­
blos para caballos, m ientras que en 2 Crónicas 9: 25, LBA, leemos
que tenía 4.000 establos.
c. Joaquín tenía 18 años de edad cuando subió al trono según 2 Reyes
24: 8, pero en 2 Crónicas 36: 9 la edad dada son 8 años.
Es muy obvio que estas discrepancias numéricas pueden ser explicadas
como errores de los escribanos.
B. Se pueden ver inexactitudes históricas específicas en detalles:
a. La inscripción puesta sobre la cruz, con la acusación presentada con­
tra Jesús.
«Este es Jesús, el Rey de los judíos» (Mat. 27: 37).
«El Rey de los judíos» (Mar. 15: 26).
«Este es el Rey de los judíos» (Luc. 23: 38).
«Jesús de Nazaret, Rey de los judíos» (Juan 19: 19).
No obstante, aunque se puedan observar discrepancias en detalles espe­
cíficos, se conserva lo esencial. Cada Evangelio menciona la inscripción
desde una perspectiva teológica. Además, estaba escrita en tres idiomas:
arameo, latín y griego.
A veces, los evangelistas no están interesados en proporcionar detalles
históricos específicos. Para ellos, la historia es importante como telón de
fondo; por lo tanto, algunas discrepancias entre los Evangelios pueden ser
explicadas desde la perspectiva teológica y el énfasis del autor.
b. ¿A cuántos endemoniados sanó Jesús? ¿Fue una persona o hubo dos?
M ateo 8: 28-34: Se mencionan dos endemoniados.
Marcos 5: 1-20: Se describe a un hombre con un espíritu maligno.
Lucas 8: 26-37: Se presenta un endemoniado.
c. ¿Una o dos personas ciegas sanadas cerca de Jericó?
Dos personas ciegas fueron sanadas cuando Jesús salía de Jericó (Mat.
20: 29-34).
Una persona ciega fue sanada cuando Jesús salía de la ciudad, y se da su
nombre: Bartimeo (Mar. 10: 46-52; ver también Luc. 18: 35-43), pero
Marcos menciona que sucedió cuando Jesús se aproximaba a Jericó.
32 El don de protecia en i .as E scrituras y ln i a historia

Es preciso enunciar con claridad una observación vital: todas estas im ­


precisiones históricas son secundarias, y no destruyen la imagen de conjun­
to ni distorsionan el mensaje o lo esencial del relato. Es necesario estudiar
y evaluar cuidadosamente cada caso de discrepancia aparente.
A muchos críticos de la Biblia les gustaría afirmar que las Escrituras no
son una fuente de verdad fidedigna. Según la erudición crítica, la Biblia con­
tiene, presuntamente, muchas imprecisiones históricas y muchos errores. En
realidad, se ha demostrado una y otra vez que la Palabra de Dios es histórica­
mente fiable y veraz. Por ejemplo, en la introducción del libro de Daniel se
afirma que «en el año tercero del reinado del reyjoacim de Judá, el rey Nabu-
codonosor de Babilonia vino a Jerusalén y la sitió. El Señor permitió que
Joacim cayera en manos de Nabucodonosor. Junto con él, cayeron en sus
manos algunos de los utensilios del templo de Dios, los cuales Nabucodono­
sor se llevó a Babilonia y puso en el tesoro del templo de sus dioses» (Dan. 1:
1,2). Las Crónicas babilónicas retratan los primeros años del reinado de Na­
bucodonosor con gran precisión. Se describe la batalla de Carquemis, que
ocurrió en mayo/junio de 605 a. C., en la cual Necao, faraón de Egipto,
chocó con Nabucodonosor, rey de Babilonia. Sorprendentemente, el faraón
egipcio Necao fue derrotado, y esta victoria abrió el territorio de Siria-Pa­
lestina a Nabucodonosor. Daniel 1: 1, 2 cuadra perfectamente con toda la
descripción con asombrosa precisión.72
La caída de Babilonia ocurrió en octubre de 539 a. C. Según Daniel 5,
Belsasar era rey de Babilonia, hecho negado por los eruditos histórico-críti-
cos.73 Sin embargo, sabemos que Nabonido confió la realeza a Belsasar cuando
partió para Taima, en donde residió durante diez años. Según Daniel 5, Belsa­
sar ofrece a Daniel la tercera posición más encumbrada en el reino babilónico,
obviamente la tercera persona en poderío tras Nabonido y Belsasar. Los anales
históricos revelan que Nabonido no se encontraba en la ciudad cuando esta
cayó. Solo un testigo presencial podría presentar con tal precisión histórica
todos los detalles consignados en Daniel 5 (para los detalles históricos extrabí­
blicos, ver las Crónicas de Nabonido y el Relato versificado de Nabonido).74

72. A. K. Gra.yson, Assyrian andBabylonian Chronicles (Locust Valley, Nueva York: J. J.


Augustin Publisher, 1975), 99,100. Véase también William H. Shea, «Nabonidus,
Belshazzar, and the Book of Daniel: An Update», Andrews University Seminary
Studies2Q (verano de 1982): 133-149.
73. Véase el debate erudito sobre esta cuestión entre William H. Shea, «Bel(te)shazzar
Meets Belshazzar», y Lester L. Grabbe, «The Belshazzar of Daniel and the Belshazzar
ofYkstory»yen Andrews University Seminary Studies 26 (primavera de 1988): 57-81.
74. James B. Pritchard, ed.,Ancient Near Eastem Texis Relating to the Oíd Testament, 3a ed.
con suplemento (Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press, 1969), 306,313.
La voz profética en el Antiguo Testamento 33

AI predecir el futuro
Una de las muchas características de los profetas de Dios es que sus
profecías han de cumplirse: «Si lo que el profeta proclame en nombre del
Señor no se cumple ni se realiza, será señal de que su mensaje no proviene
del Señor. Ese profeta habrá hablado con presunción. No le temas» (Deut.
18: 22).
El cumplimiento de la profecía es importante. Es una de las caracterís­
ticas para saber que la profecía es genuina. El profeta es reivindicado por el
acontecimiento. Sin embargo, considérese el texto siguiente:

Cuando en medio de ti aparezca algún profeta o visionario, y anun­


cie algún prodigio o señal milagrosa, si esa señal o prodigio se cum ­
ple y él te dice: «Vayamos a rendir culto a otros dioses», dioses que
no has conocido, no prestes atención a las palabras de ese profeta o
visionario. [...] Solamente al Señor tu Dios debes seguir y rendir
culto (Deut. 13: 1-4).

Las predicciones de los falsos profetas pueden cumplirse según se ha­


yan formulado, y pueden ir incluso acompañadas por milagros. Estas pre­
dicciones pueden cumplirse, pero si suponen un alejamiento del Dios vivo
y de su verdad, no se debe dar oído a estos profetas. U n ejem plo profé-
rico clásico es la gran oposición de muchos falsos profetas contra el pro­
feta Jeremías.
La historia narrada en Jeremías 27-28 ocurrió hacia 593 a. C., durante
el reinado de Sedequías (597-587/6), último rey de Judá. Fue puesto en el
trono por Nabucodonosor, rey de Babilonia, al que juró lealtad. Aunque
Babilonia eran un poder dominante en esa época, Judá se rebeló contra Babi­
lonia y se volvió a Egipto en busca de ayuda. El mensaje de Jeremías a Se­
dequías, rey de Judá, fue contundente: Sé fiel a Dios y sométete a Babilo­
nia. ¡Pero ese mensaje fue interpretado como una traición política!
Jeremías experimentó una constante lucha contra los falsos profetas.
Tuvo que desenmascararlos categóricamente: «Por tanto, no les hagan caso
a sus profetas ni a sus adivinos, intérpretes de sueños, astrólogos y hechice­
ros, que les dicen que no se sometan al rey de Babilonia. Las mentiras que
ellos les profetizan solo sirven para que ustedes se alejen de su propia tie­
rra» (Jer. 27: 9, 10). Jeremías realizó un acto simbólico: «Así me dijo el
Señor: “Hazte un yugo y unas correas, y póntelos sobre el cuello”» (vers. 2).
«A Sedequías, rey de Judá, le dije lo mismo: “Doblen el cuello bajo el yugo
del rey de Babilonia; sométanse a él y a su pueblo, y seguirán con vida”»
(vers. 12).
34 El DON IH PHOÍl-.OlA IN l AS ESCRITUMAS Y rN IA MISIOHIA

Después,Jeremías acudió al templo, y allí se encontró con Hananías, un


falso profeta. Hananías dijo a Jeremías, en presente de los sacerdotes y de
otras personas:

Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: «Voy a quebrar


el yugo del rey de Babilonia. D entro de dos años [593-591 a. C.]
devolveré a este lugar todos los utensilios que Nabucodonosor, rey
de B abilonia, se llevó de la casa del S eñor a Babilonia. Tam bién
haré que vuelvan a este lugar Jeconías hijo de Joacim, rey de Ju d á,y
todos los que fueron deportados de Judá a Babilonia. ¡Voy a quebrar
el yugo del rey de Babilonia! Yo, el Señor, lo afirmo» (Jer. 28: 2-4).

E n presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo que estaba en la


casa del Señor, el profeta Jeremías le respondió al profeta Hananías:
«jAmén! Q ue así lo haga el Señor. Q ue cumpla el Señor las palabras
que has profetizado. Q ue devuelva a este lugar los utensilios de la
casa del Señor y a todos los que fueron deportados a Babilonia. Pero
presta atención a lo que voy a decirles a ti y a todo el pueblo: Los
profetas que nos han precedido profetizaron guerra, hambre y pes­
tilencia contra numerosas naciones y grandes reinos. Pero a un pro­
feta que anuncia paz se le reconoce como profeta verdaderamente
enviado por el Señor, solo si se cumplen sus palabras» (vers. 5-9).

H ananías quitó el yugo del cuello de Jeremías, lo rompió de forma


teatral y dijo: «Así dice el Señor: “D e esta manera voy a quebrar,
dentro de dos años, el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia,
que pesa sobre el cuello de todas las naciones.” El profeta Hananías,
por su parte, optó por seguir su camino» (vers. 11). Después vino la
palabra genuina del Señor a Jeremías: «“Ve y adviértele a H ananías
que así dice el Señor: “Tú has quebrado un yugo de madera, pero yo
haré en su lugar un yugo de hierro. Porque así dice el Señor Todo­
poderoso, el Dios de Israel: ‘Voy a poner un yugo de hierro sobre el
cuello de todas estas naciones, para someterlas a Nabucodonosor,
rey de Babilonia, y ellas se sujetarán a él”’» (vers. 13,14). Tras esto,
Jeremías predijo: «Presta mucha atención. A pesar de que el Señor
no te ha enviado, tú has hecho que este pueblo confíe en una m en­
tira. Por eso, así dice el Señor: “Voy a hacer que desaparezcas de la
faz de la tierra. Puesto que has incitado a la rebelión contra el S e ­
ñ o r , este mismo año morirás”» (vers. 15,16).

Si uno hubiera vivido en aquellos tiempos, ¿cómo podía saber que Dios
hablaba a través de Jeremías y no de Hananías? Se podía aguardar y ver el
resultado: «El profeta Hananías murió en el mes séptimo de ese mismo año»
(vers. 17). ¿Cuál sería la decisión de Sedequías? Sedequías se rebeló contra
La voz profética en el Antiguo Testamento 35

Babilonia y, así, ¡contra Dios, su mensaje y su mensajero! Los trágicos re­


sultados se produjeron en 587/6 a.C.: Jerusalén fue completamente des­
truida, el templo arrasado por el fuego, el pueblo deportado a la cautividad
babilónica y la nación dejó de existir: una catástrofe nacional por excelen­
cia. Luego llegó la tragedia personal de Sedequías (2 Rey. 25: 5-7): Sede-
quías fue capturado y llevado a Ribla, donde sus dos hijos fueron asesina­
dos ante sus ojos, y él fue cegado, lo pusieron en grilletes y lo enviaron al
cautiverio babilónico. ¡Qué tragedia personal! ¡Si tan solo hubiera confiado
en el Señor; si hubiese escuchado a su profeta; si tan solo hubiese obedeci­
do la palabra de Dios!
Son inaplazables dos preguntas:
A. ¿Deben cumplirse las profecías verdaderas?
¡Sí! Las Escrituras son elocuentes sobre este punto: «No obstante,
cuando todo esto suceda —y en verdad está a punto de cumplirse— , sabrán
que hubo un profeta entre ellos» (Eze. 33: 33).
«Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa
ciudad, para term inar la prevaricación, poner fin al pecado y expiar la ini­
quidad, para traer la justicia perdurable, sellar la visión y la profecía y ungir
al Santo de los santos» (Dan. 9: 24, RV95). Sellar la visión y la profecía
significa autenticar la visión profética. Se refiere al cum plim iento de la
profecía de las setenta semanas. Si estas fechas, que se refieren a la venida,
la misión y la muerte del Mesías se cumplieron, esto daría al lector confian­
za de que también el resto de la profecía se cumpliría, concretamente la
profecía sobre las 2300 tardes y mañanas (Dan. 8:14). El cumplimiento de
la profecía de las setenta semanas es la prueba de que la profecía más larga
de las 2300 tardes y mañanas también se cumplirá.
Solo Dios puede predecir realmente el futuro: «Así dice el Señor, el Señor
Todopoderoso, rey y redentor de Israel: “Yo soy el primero y el último; fuera
de mí no hay otro dios. ¿Quién es como yo? Que lo diga. Que declare lo que
ha ocurrido desde que establecí a mi antiguo pueblo; que exponga ante mí lo
que está por venir, ¡que anuncie lo que va a suceder!”» (Isa. 44: 6,7).
B. ¿Se deben cumplir todas las profecías verdaderas?
No, porque algunas profecías son condicionales (por los detalles, ver la
segunda parte de este estudio, sobre la condicionalidad de la voz profética).

En cuestiones doctrinales
Obsérvese juiciosamente que las anteriores seis categorías de ejemplos
no tienen nada que ver con enseñanzas doctrinales ni con mandatos éticos
de los autores bíblicos. El quid del asunto es la pregunta relativa al error
36 El don de profecía en las E scrituras y en la hisioria

profético en d o ctrin a, cuestiones de fe o enseñanza ética. ¿Puede un


autor bíblico descarriar en doctrina o al presentar el plan de salvación?
M i respuesta es categóricamente no; los profetas no incurren en errores
doctrinales.
¿Por qué no? Porque (1) no hay ningún ejemplo que demuestre convin­
centemente que los profetas incurrieran en equivocaciones en doctrina o
en ética; y (2) el Espíritu Santo protegió y guardó este dominio de la fe y
el comportamiento. El Espíritu del Señor es el autor, en último término,
del mensaje bíblico y lo preservó de todos estos tipos de errores (2 Tim . 3:
15-17; 2 Ped. 1: 19-21). Se realizó por la obra sobrenatural de Dios. Este
hecho lo aceptamos por la fe, y nuestra vida espiritual depende totalmente
de ello. Por eso la Biblia tiene autoridad suprema en asuntos de fe y prác­
tica. El guio y vigiló el proceso de transmisión de su Palabra. Por eso cree­
mos que la Palabra de Dios es infalible. La razón estriba en su inspiración
divina.
El designio y el propósito de Dios están claros: La Biblia es la norma y
el juez supremo en asuntos de fe y práctica. Si no, la tradición de la iglesia,
o el estamento de enseñanza de la iglesia (el M agisterio), o nosotros perso­
nal o colectivamente como iglesia o como un grupo específico de creyentes
determinaríamos y decidiríamos qué creer y qué no creer, y cómo com por­
tarnos. Se basaría en nuestra propia interpretación subjetiva. Sin embargo,
como creyentes en Dios ¡siempre estamos sujetos al juicio supremo de la
Palabra de Dios! Creemos que la Biblia es la revelación objetiva de Dios en
asuntos de fe y de conducta. Así, puede formularse el principio vital de la
siguiente manera: ¡Los profetas no yerran en cuestiones que determinan la doc­
trina y la conducta!
No estoy al tanto de ningún ejemplo en el que los profetas cometieran
errores de precepto cuando sus palabras se aplican de forma universal. Per­
sonalmente, pueden hacer cosas con las que estemos en desacuerdo y que
no deberíamos seguir hoy, porque son únicamente descriptivas. Debería­
mos seguir lo que los autores bíblicos ordenan o aconsejan — si tiene apli­
cación universal— ¡cuando es preceptivo! Esta es una distinción crucial:
es necesario que reconozcamos qué es descriptivo y qué es preceptivo. A
veces, su método para lograr cosas podría ser inapropiado, y es preciso que
apliquemos siempre principios hermenéuticos y exegéticos sólidos para
interpretar tales casos.
El libro de Nehemías aporta un ejemplo adecuado. Nehemías quería
reformar a su pueblo, porque sus hijos no podían hablar hebreo. Leemos
qué hizo Nehemías en esta situación:
La voz profética en el Antiguo Testamento 37

En aquellos días tam bién me di cuenta de que algunos judíos se


habían casado con mujeres de A sdod, de A m ón y de M oab. La
mitad de sus hijos hablaban la lengua de A sdod o de otros pueblos,
y no sabían hablar la lengua de los judíos. Entonces los reprendí y
los maldije; a algunos de ellos los golpeé, y hasta les arranqué los
pelos, y los obligué a jurar por Dios. Les dije: «No perm itan que sus
hijas se casen con los hijos de ellos, ni se casen ustedes ni sus hijos
con las hijas de ellos» (Neh. 13: 23-25).

«A uno de los hijos de Joyadá, hijo del sumo sacerdote Eliasib, lo eché
de mi lado porque era yerno de Sambalat el horonita» (vers. 28). Esto no es
lo que los maestros de hebreo o los pastores deberían hacer. Tiene un valor
descriptivo, no preceptivo. O tro ejemplo podría ser el profeta Elias en el
m onte Carmelo. Tras la espectacular intervención y demostración de Dios
en el sentido de que él es el verdadero Señor viviente, el tisbita arremetió
contra todos los falsos profetas y los mató (1 Rey. 18: 16-40). Tam bién
leemos que pidió que descendiera fuego del cielo para destruir a un grupo
de soldados (2 Rey. 1; compárese con Luc. 9: 51-56).
¿Puede un profeta crecer en su comprensión? ¡Desde luego! Moisés
(Éxo. 19-34); Daniel (Dan. 7: 28; 8: 27; 9: 2); Pedro (Hech. 10; 11; Gál.
2: 11-16; 2 Ped. 3: 15); Pablo (la revelación de Dios; tres años en Arabia;
ver Gál. 1: 11-24) y los discípulos de Jesús (Hech. 1: 6-8) tuvieron todos
una curva de aprendizaje. Sin embargo, crecer en comprensión no significa
que los profetas dijeran anteriorm ente cosas erróneas relativas a la creación,
el pecado y la salvación, sino únicamente que podrían explicar las cosas
más plenamente. Pedro explica:

Los profetas, que anunciaron la gracia reservada para ustedes, estu­


diaron y observaron esta salvación. Q uerían descubrir a qué tiempo
y a cuáles circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba
en ellos, cuando testificó de antemano acerca de los sufrimientos de
Cristo y de la gloria que vendría después de éstos. A ellos se les re­
veló que no se estaban sirviendo a sí mismos, sino que les servían a
ustedes. H ablaban de las cosas que ahora les han anunciado los que
les predicaron el evangelio por medio del Espíritu Santo enviado
del cielo. A un los mismos ángeles anhelan contem plar esas cosas
(1 Ped. 1:10-12).

Son pertinentes dos preguntas: ¿Puede un autor inspirado usar fuentes


literarias cuando habla en nombre de Dios, o recibe ese autor todo directa­
mente de Dios? ¿Puede emplearse material extrabíblico cuando se pronuncian
38 E l don de profecía en i as E scrituras y en i a h isto ria

las palabras de Dios? Tras estas preguntas subyace una cuestión concreta:
¿el uso de escritos no inspirados por el autor bíblico niega la inspiración?
El modelo bíblico de inspiración es un modelo de ideas (también deno­
minado teoría de encarnación de la inspiración), en el que lo divino es ex­
presado en forma humana; la verdad divina es expresada en nuestro len­
guaje hum ano bajo la dirección del E spíritu Santo. Así, lo divino y lo
hum ano se unen, pero de tal modo que el resultado es la firme Palabra de
Dios. Esta es una postura de fe que dem anda una explicación adicional.75
Los profetas fueron hijos de su tiempo, de su lugar y de su cultura.76 El
mensaje de Dios fue dado en diferentes géneros literarios (incluyendo la no
verbal, por medio de actos simbólicos), como la narrativa, prosa, poesía,
historias, cánticos, genealogías, oraciones, parábolas, profecías, diálogos,
leyes y alabanzas, y todo fue formulado en lenguaje humano. E n otras pa­
labras, lo que tenemos en la Biblia no cayó directamente del cielo, y ¡no está
expresado en un lenguaje divino ni angélico! Atravesó un proceso.
No hay ninguna dificultad en aceptar que los profetas usaran ideas de
otros profetas inspirados. H ay muchos ejemplos de cómo autores posterio­
res citan, parafrasean, conceptualizan o aluden a la obra de los autores an­
teriores (compárense, por ejemplo, Miqueas 4: 1-3 con Isaías 2: 1-4; Sal­
mos 96, 105 y 106 con 1 C rónicas 16; Oseas 11: 1 con Éxodo 4: 22;
Ezequiel 38: 2 con Apocalipsis 20: 8). El autor de Crónicas usó varias
fuentes, y menciona varias de ellas en el texto. Se hace referencia, por ejem­
plo, a «las crónicas del rey David» (1 Crón. 27: 24) y al «libro de los reyes
de Judá y de Israel» (2 Crón. 25: 26). Lo más probable es que se tratara de

75. Para los detalles, Elena G. de W hite, Mensajes selectos (Mountain View, Califor­
nia: Pacific Press Publishing Association, 1966), 1:21-24; Peter M. van Bemme-
len, Issues in BiblicalInspiration: Sanday and Warfield (tesis doctoral, Andrews Uni-
versity, 1987); ídem, «Revelación e inspiración», en Teología: Fundamentos bíblicos
de nuestra f e , ed. Raoul Dederen (Doral, Florida: IADPA, 2005), 1:95-152;
Fernando Canale, «Revelación e inspiración», en Entender las Sagradas Escrituras:
E l enfoque adventista, ed. George W. Reid (Doral, Florida: IADPA, 2009), 59-94;
ídem, Understanding Revelation-Inspiration in a Postmodern World (Berrien Springs,
Michigan: por el autor). Véase también la creencia fundamental 1 en Creencias de
los adventistas, 11-23; Alberto R.Tim m , «Understanding Inspiration: The Sym-
phonic and Wholistic Nature of Scripture», Ministry, agosto de 1999, 12-15; Jo
Ann Davidson, «The Word Made Flesh: The Inspiration of Scripture», Journal o f
the Adventist Theological Society 15 (primavera de 2004): 21-33; Ekkehardt Mue-
11er, «The Revelation, Inspiration, and Authority of the Scripture», Ministry, abril
de 2000,21-25.
76. Para detalles adicionales, véase el capítulo 3 de este volumen: Ángel M. Rodrí­
guez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras».
La voz profética en el Antiguo Testamento 39

crónicas de palacio a las que tuvo acceso el autor bíblico y de las que obtu­
vo información para la composición del libro bíblico. El autor habla de
otros libros: «Todos los hechos del rey David, desde el primero hasta el
último, y lo que tiene que ver con su reinado y su poder, y lo que les sucedió
a él, a Israel y a los pueblos vecinos, están escritos en las crónicas del viden­
te [ró’eh] Samuel, del profeta \náb%\ N atán y del vidente [hóz¿b] Gad»
(1 C rón. 29: 29).
El meollo del asunto está en si un profeta puede tom ar prestadas algu­
nas ideas de fuentes no inspiradas. ¿Puede el autor bíblico citar o usar
material escrito no bíblico?77 No debería suponer ningún sobresalto para el
estudioso de la Biblia constatar que los autores bíblicos usaron fuentes
extrabíblicas en sus libros.78 Tom aron prestado vocabulario clave, usaron
conceptos literarios similares y estructuras como quiasmos o pactos bíbli­
cos, im plementaron algunas características provenientes de leyes comunes
o de literatura conocida, y realizaron ceremonias similares, tales como el
diezmo, la oración y la circuncisión (ver Luc. 1: 1-3; Hech. 17: 28; Jud. 14,
15; Apoc. 1: 1 7 ,18).79
¿Son humanos los profetas? Claro que sí. Nunca he oído hablar de un
profeta divino (salvo el Profeta Jesucristo). ¿Niega la fragilidad humana del
profeta su mensaje, que va más allá de sus circunstancias y su cultura? Los
principios que presentan son relevantes para todos los tiempos. M uchos de
los que hacen hincapié en la humanidad de los profetas suelen tener sus
propias prioridades. A menudo, tras tal razonamiento, se encuentra la su­
posición de que no hay ningún absoluto. Suelen afirmar que la verdad re­
velada es relativa y que es preciso interpretar el mensaje de la Biblia según
la comprensión cultural contemporánea.
¿Está culturalmente condicionado el mensaje bíblico? ¡Sí y no! Los au­
tores bíblicos son hijos de su tiempo y de su cultura; y aunque expresan su
mensaje a través de m edios culturales como el lenguaje, la gram ática, la
sintaxis, formas de pensar, metáforas, símbolos e imágenes, su mensaje es
transcultural, porque proviene de lo alto, y no del contexto o la perspectiva

77. Las muestras de estudios anteriores sobre el asunto: Tim Crosby, «Does Inspi­
raron Mean Original?» Ministry, febrero de 1986,4-7; George E. Rice, Luke, a
Plagiarist? (Mountain View, California: Pacific Press, 1983); Juan Carlos Viera,
La voz del Espíritu (Nampa, Idaho: Pacific Press, 1998).
78. Para un estudio detallado, véase el capítulo 5 de esta publicación: Elias Brasil de
Souza, «Los profetas hebreos y la literatura del Próximo Oriente antiguo».
79. Para un estudio en profundidad de estos diferentes asuntos, véase mi artículo
«Can a Biblical Inspired Writer Use Literary Sources?», en Ellen Whitelssues Sym-
posium 8 (2012): 70-102.
40 E l don de profecía fn i as E scriiuras y i n i a hisioria

del Sitz im Leben. El mensaje de Dios se da con nuestras expresiones hu­


manas para que podamos entenderlo, para comunicarse con nosotros de
forma efectiva. Fijémonos, por ejemplo, en el Decálogo, que está expresado
en términos culturales específicos (por ejemplo, «de Egipto»; «dentro de
tus puertas» (RV95); no se menciona a la esposa en el cuarto m andam ien­
to), pero los principios son eternos. O la estructura de los pactos bíblicos es
similar a la de los tratados hititas entre monarca y vasallo, pero el conteni­
do es nuevo y de origen divino.
Asimismo, los relatos bíblicos de la creación tienen elementos antim i­
tológicos. La orden de Dios a Moisés articula el elemento cultural de cómo
mostrar respeto: «Quítate las sandalias». En esa época, esta expresión cate­
górica enseñaba la reverencia a Dios (Éxo. 3: 5; ver tam bién Jos. 5: 15).
Aunque la revelación de Dios está expresada en una cultura particular, su
mensaje trasciende a nuestra experiencia hum ana, porque ¡la verdad de
Dios está por encim a de la cultura! E n nuestra cultura, y a través de la
misma, Dios expresa su verdad universal, sus propósitos y principios eter­
nos bajo la dirección del Espíritu Santo.
Existe un peligro al interpretar el mensaje de Dios: podemos poner a
nuestra razón por encima de la revelación de Dios. Podemos diseccionar,
reconstruir, dividir y aceptar solo las cosas que pensemos que pueden apli­
carse o encajar en nuestro mundo de comprensión, y volvernos así selecti­
vos. Es preciso que interpretemos las Escrituras, pero, al hacerlo, necesita­
mos recordar que nuestro razonamiento y nuestra mejor interpretación del
mensaje profético son solo preliminares y nunca finales. Siempre estamos
bajo el juicio de la Palabra de Dios, ¡y él tiene la última palabra! ¡Es preci­
s o que aceptemos humildemente el mensaje de Dios y que nos inclinemos
ante el gran Yo Soy! «Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los
que tiemblan ante mi palabra» (Isa. 66: 2).

Conclusión
El oficio profético es polifacético. D escubrim os que los profetas son
personas llamadas por Dios al ministerio profético; son sus mensajeros y
portavoces suyos, guardianes de la teocracia de Dios y de la moralidad de
los fieles, siervos de su pacto e intérpretes genuinos del pasado, el presente
y el futuro. Son vigilantes de la verdad de Dios y no sus inventores. Son los
proclamadores de la palabra divina, y representan a Dios, porque la palabra
del Señor vino a ellos. Las profecías nunca fueron comunicadas mediante
magia ni por un proceso de adivinación (Núm. 24: 1). El contenido de su
mensaje siempre fue lo más importante, y el hincapié se ponía en la palabra
La voz profética en el Antiguo Testamento 41

del Señor. Los profetas son un símbolo de la presencia de Dios, la voz de


Dios entre la gente. C onducen al pueblo a una genuina relación de pacto
con el Señor.
Es preciso que las enseñanzas de un nuevo profeta estén en armonía y
en unidad internas con las enseñanzas de los profetas anteriores. Un profe­
ta es algo más que un presentador de la debida imagen de Dios cuando
corrige percepciones equivocadas. El papel profético abarca mucho: exé-
geta del pasado y predictor del futuro, portavoz de Dios, persona perspicaz
(vidente), persona de visión (clarividente), hombre de Dios, hombre del
Espíritu, persona de la Palabra, siervo del pacto, mediador, predicador, re­
formador, pastor, evangelizador/misionero, reformador social y educador,
maestro de justicia y guardián de la ley de Dios. Los profetas difieren de los
sacerdotes o los reyes, y sus funciones son insustituibles. Sin embargo, no
es preciso que estén presentes todas las funciones en un profeta para que
ejerza de profeta o sea reconocido como tal. En una palabra: un profeta es
un representante de Dios ante su pueblo. Los profetas contribuyen a que
las personas adopten decisiones acertadas en su situación vital presente.
El uso de fuentes — canónicas o extracanónicas, inspiradas o no inspi­
radas— por parte de los autores bíblicos fue una decisión deliberada para
comunicar la Palabra de Dios a la humanidad de manera eficiente. Eran
gente de su cultura, y empleaban los mejores recursos literarios para trans­
m itir con fidelidad el eterno mensaje de Dios. Los profetas usaban estilos,
conceptos, lenguaje y fuentes de su época para comunicarse de forma com­
petente con su audiencia contemporánea. El propósito era fundamental­
mente misiológico. Los autores bíblicos no vivían en aislamiento, y estaban
familiarizados con la literatura conocida en su tiempo. Usaban material
extrabíblico como medio para demostrar su propio punto de vista, y tam ­
bién eran polemistas o apologetas. Usaban la literatura, las estructuras y las
ideas contemporáneas porque ello los ayudaba a articular el mensaje de
Dios de manera efectiva y precisa.
La inspiración de Dios obraba en la elección de las palabras, los con­
ceptos y el m aterial adecuados para expresar la verdad bíblica de manera
sum am ente eficiente y hermosa. La sabiduría divina y los pensamientos
humanos están unidos de tal modo, bajo la influencia del Espíritu Santo,
que el resultado final es la segura Palabra profética de Dios. El Espíritu
Santo guio la mente de estos autores cuando la persona en su conjunto fue
inspirada a transmitir mensajes inspirados fidedignos. Así, era una ventaja
para los autores bíblicos usar diferente material extrabíblico, ya que les per­
mitía comunicarse bien con su audiencia o sus lectores.
42 E l don de profecía en las E scrituras y en la historia

H ay im plicaciones de mi estudio para el m inisterio de Elena G . de


W hite. Puede observarse que su ministerio encaja bien en la visión vetero-
testam entaria de las diferentes funciones del profeta. O tro resultado signi­
ficativo y nada sorprendente de nuestro estudio es que el uso confirmado
de material extrabíblico por parte de Elena G. de W hite no debería ser
considerado problemático, porque los profetas del Antiguo Testamento, así
como los autores del Nuevo Testam ento, hicieron lo mismo. Ella pudo
cometer errores en algunas esferas de su vida, pero m antenem os que no
erró en materia de doctrina ni al dar instrucciones para la vida práctica de
fe (ética), igual que los profetas del A ntiguo Testam ento no cometieron
errores en asuntos que determ inan la doctrina y la conducta. No yerran al
producir el futuro (aunque las profecías clásicas sean condicionales) cuan­
do interpretan el plan de salvación. Lo que afirman sobre el anteproyecto
de la redención es sólido. La pureza de la revelación de Dios fue guardada
por la obra especial del Espíritu Santo, que es el autor supremo de la reve­
lación de Dios, que nos fue transm itida por inspiración por medio de los
profetas y de los autores bíblicos. Por eso la Biblia es normativa, fundacio­
nal y la máxima autoridad en materia de doctrina (fe) y de práctica (com­
portamiento, ética).80 Es la infalible Palabra de Dios. «La hierba se seca y
la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siem­
pre» (Isa. 40: 8). La Palabra de Dios permanece para siempre porque Dios
permanece para siempre. Significa que todos los que están con el Señor y
su Palabra permanecerán para siempre con él.
Los profetas verdaderos son embajadores de Dios. Por eso prosperan
los que escuchan su voz. Podemos confiar plenam ente en Dios y en sus
profetas. Nuestro futuro depende de esta confianza. Estoy agradecido por
él don de profecía, ¡por la firme palabra de los profetas! Pero solo puede
hacernos bien si prestamos mucha atención al consejo del rey Josafat: «Es­
cúchenme: ¡Confíen en el Señor, y serán librados! ¡Confíen en sus profetas,
y tendrán éxito!» (2 Crón. 20: 20).

80. Aunque la Biblia no es un libro de texto de ciencia, historia ni astronomía, la ver­


dad que presenta es históricamente fiable, científicamente precisa y en armonía
con la realidad de la vida.

También podría gustarte