4.
La casa que soñaba
La familia Ortega se mudó a una casa antigua en las afueras. Era espaciosa, con paredes de
piedra y un jardín salvaje, pero desde la primera noche empezaron los sueños extraños.
Cada miembro de la familia soñaba con habitaciones que no existían: pasillos infinitos,
escaleras en espiral, ventanas que daban al mar aunque la casa estaba lejos de la costa.
Un día, el hijo menor, Andrés, descubrió una puerta oculta detrás de un armario. Daba a un
pasillo idéntico al de sus sueños. Decidió explorarlo y halló una habitación con un
escritorio lleno de cartas escritas por desconocidos… todas fechadas en el futuro.
La casa parecía crecer y cambiar según los sueños de quienes la habitaban. Los Ortega
empezaron a usar esto para buscar respuestas: encontraban cartas con advertencias, llaves
que abrían nuevos espacios, y un mapa que mostraba la casa convertida en una ciudad
entera.
Pero la casa también soñaba sola. Una noche, todas sus puertas se cerraron desde dentro, y
los Ortega no pudieron salir. Algunos dicen que la casa aún está en pie, con voces que se
escuchan tras las paredes, como si sus habitantes todavía vagaran por sus interminables
pasillos.