La Condición Postmoderna
La Condición Postmoderna
La condición postmoderna
1-RESEÑA BIOGRÁFICA
El filósofo francés Jean-Francois Lyotard(1924-2001), conocido como el Papa de la Postmodernidad, murió a
los 73 años a causa de una larga enfermedad, en París.
El científico, nacido en Versalles, desarrolló una forma de pensamiento basado en una nueva cultura libre de
elementos marxistas, freudianos y filosóficos, habiendo pasado anteriormente por Dios y el marxismo.
Lyotard, que se desempeñaba como profesor universitario, ganó fama internacional con "La condition
postmoderne" (La condición posmoderna), un estudio sobre el postmodernismo en el que hace una crítica a
la filosofía ilustrada desde presupuestos nietzscheanos. En ese estudio, Lyotard dio un carácter filosófico
al concepto teórico, hasta entonces literario y arquitectónico, e intentó brindar elementos para la comprensión
delcambio de siglo.
Sus obras:
Discurso, figura (1971), Los dispositivos pulsionales (1974) y de las obras El diferenciado (1983) y El
entusiasmo (1986) recibió en 1996 el galardón de la sociedad francesa de escritores, la 'Societé des Gens de
Lettres'.
La ocasión para la entrega del premio fue la publicación de su ampliamente admirada biografía de André
Malraux, titulada Signe Malraux.
Antes de ejercer como profesor invitado en Dinamarca, Brasil, Canadá, Italia y Alemania, impartió clases en
destacados lugares de la vida estudiantil francesa.
Cabe destacar que Lyotard visitó nuestro país en varias ocasiones en los últimos años, invitado para dictar
conferencias acerca de sus ideas estéticas.
2-INTRODUCCIÓN
Abordamos el siguiente trabajo intentando descubrir la posibilidad que nos ha brindado la obra en cuestión,
tratando de determinar o apenas intuir espacios que antes no habíamos explorado.
Lyotard, es el filósofo contemporáneo que se ha definido por la POSTMODERNIDAD y es dentro de la
filosofía no solamente la base teórica de la postmodernidad sino uno de los representantes más serios.
La condición postmoderna expresa un análisis de la realidad de la cultura actual como expresión del análisis del
progreso. Nos dirá que el avance, el desarrollo económico de las sociedades postindustriales, hacen que en el
ámbito de la cultura se geste un nuevo paradigma cultural, donde caen desde un punto de vista relativista, todas
las grandes concepciones o cosmovisiones por las cuales el hombre occidental ha vivido.
Todas estas cosmovisiones, según Lyotard han fracasado; y una de éstas a nivel cultural es el marxismo.
Además hace alusión a la escuela de Frankfurt, que ha gestado una visión crítica de la sociedad capitalista en su
versión totalmente consumista y placentera de la vida.
Considera que los metarrelatos, son narraciones que están destinadas al fracaso, no hay verdad porque la misma
cultura ha evolucionado de tal manera que se centran con una pluralidad de verdades y esto hace pensar que no
hay una verdad fuerte sino que solamente se tienen impresiones subjetivas acerca de lo que es la verdad.
La verdad no está más en el centro de la teoría sino que la verdad aparece y se manifiesta en los márgenes.
Lyotard, ha identificado la cultura contemporánea como" chatarra Postmodernism "o" Postmodernism ecléctico
"debido a su buena voluntad de absorber una variedad de estilos sin importar su procedencia o estado. El
renombre cada vez mayor del "campo" y del "kitsch" testimonia a esta tendencia general. La explosión de
la tecnología de información, en cibercultura particular y realidad virtual, ha aumentado un sentido de la
diversificación posible de la experiencia.
El objetivo del trabajo de Lyotard en "La condición postmoderna" tiene por objeto el saber (el conocimiento) en
las sociedades más desarrolladas. Y tal condición designa las transformaciones culturales que han afectado las
reglas de juego de la ciencia, la literatura, las artes con relación a la crisis de los relatos; entendidos estos
últimos como discursos legitimadores de ciertas verdades parciales que han permitido un alto grado de
certidumbre.
Lyotard ha estructurado la obra en catorce capítulos los cuales se esbozarán a continuación.
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3- DESARROLLO
3.1. El campo : El saber en las sociedades informatizadas
Lyotard se plantea la siguiente hipótesis: el saber modifica su estatuto al mismo tiempo que cambian las
sociedades y entran en lo que se conoce como la era postindustrial y en las culturas en la edad llamada
postmoderna.
Este paso comenzó por lo menos desde fines de los años cincuenta que para Europa señala el fin de su
reconstrucción, es más o menos rápido según los países y en éstos según los sectores de actividad.
El autor considera que "El saber científico es una clase de discurso".
El saber científico en este tipo de sociedad está validado por un discurso, está legitimado por el lenguaje, por los
discursos construidos a su alrededor, por las informaciones y los medios que informan, por las teorías de
la comunicación y la informática, etc. El saber está afectado en sus dos funciones principales: la investigación y
la transmisión del conocimiento.
Es razonable pensar que la multiplicación de las máquinas de información afectó a la circulación de los
conocimientos como lo ha hecho el desarrollo de los medios de circulación del hombre primero (transporte),
de sonido e imágenes después (media)
El saber para Lyotard es producido para ser vendido y es consumido para ser valorado en una
nueva producción. Deja de ser en sí mismo su propio fin y pierde su valor de uso; además en las últimas
décadas el saber se ha convertido en la principal fuerza de producción, lo que ya modificó la composición de las
poblaciones activas de los países más desarrollados, y es lo que constituye el principal embudo para los países
en vías de desarrollo.
Así se abre un nuevo campo para las estrategias industriales y comerciales y para las estrategias militares
y políticas, además se corre el riesgo de plantear con una nueva intensidad el problema de las relaciones entre
las exigencias económicas y las exigencias estatales.
Así como las naciones han peleado por territorios, por materiales y mano de obra, así se pelearán en el porvenir
para dominar las informaciones (los saberes), el conocimiento.
El autor expresa que los flujos de conocimientos estarían unos reservados a los "decididores", mientras que los
otros servirían para pagar la deuda perpetua de cada uno con respecto al lazo social.
¿Quién decide lo que es saber, y quién sabe lo que conviene decidir? Esta cuestión del saber en la era de la
informática es asunto de gobierno.
escuela francesa; el funcionalismo; toma otra dirección cuando Parsons en los años 50 asimila la sociedad a
un sistema auto regulado.
Desde el pensamiento de Comte al de Luhman, que llegan a una misma idea de lo social (más allá de los
cambios que esta ha sufrido): la sociedad es una totalidad unida, una "unicidad".
..."Parsons, formula claramente " La condición más decisiva para que un análisis dinámico sea válido, es que
cada problema se refiera continua y sistemáticamente al estado del sistema considerado como un todo (...). Un
proceso o un conjunto de condiciones o bien "contribuye" al mantenimiento (o al desarrollo) del sistema, o bien
es "disfuncional" en lo que se refiere a la integridad y eficacia del sistema. Esta idea es también la de los
tecnócratas".
De ahí que su credibilidad, se funda en contar con los medios para hacerse realidad y de administrar
sus pruebas.
La teoría crítica se apoya en un dualismo de principio y desconfía de síntesis y reconciliaciones,
es un modelo diferente de la sociedad, nace con las luchas que acompañan al asedio de las sociedades civiles
tradicionales por el capitalismo.
El modelo crítico se ha mantenido y se ha refinado de cara al proceso, en minorías como la Escuela de Frankfurt
o como el grupo Socialisme ou Barbarie.
No se puede saber lo que es el saber, que problemas encaran su desarrollo y su difusión, si no se sabe nada de la
sociedad donde aparece.
Saber algo de la sociedad, es en principio elegir la manera de interrogar, que es también la manera de la que ella
puede proporcionar respuestas.
Esta elección o decisión parece difícil entre homogeneidad o dualidad intrínsecas de lo social, funcionalismo o
criticismo del saber.
Lyotard distingue dos tipos de saber, uno positivista que encuentra fácilmente su explicación en
las técnicas relativas a los hombres y a los materiales y que se dispone a convertirse en una fuerza productiva
indispensable al sistema, otro crítico o reflexivo o hermenéutico que al interrogarse directamente o
indirectamente sobre los valores o los objetivos, obstaculiza toda recuperación.
La alternativa parece clara homogeneidad o dualidad.
En el uso ordinario del discurso, los interlocutores recurren a lo que sea, cambian de juego de un enunciado a
otro. Este no carece de reglas, pero sus reglas autorizan y alientan una mayor flexibilidad en sus enunciados.
En las instituciones, una discusión requiere de limitaciones, las cuales operan como filtros, sobre la autoridad
del discurso y privilegian determinadas clases de enunciados: hay cosas que no se pueden decir.
De ahí que el predominio caracterice al discurso de la institución, hay cosas que se pueden decir y maneras de
decirlas. A sí, los enunciados de mando de los ejércitos, de oración de las iglesias, de denotación de las
escuelas, de narración en las familias, de interrogaciones en las filosofías, de performatividad en las empresas...
La burocratización es el límite extremo de esta tendencia.
Esta hipótesis acerca de la institución parte de una visión cosista de lo instituido. Actualmente el límite que la
institución pone al potencial del lenguaje en jugadas nunca está establecido, ella misma es el resultado
provisional y el objeto de estrategias de lenguaje que tienen que dar lugar dentro y fuera de la institución. Si ella
logra desplazar los límites de la antigua institución podrán cambiar sus enunciados.
El autor considera que es conveniente, abordar las instituciones contemporáneas del saber, de esta manera.
Los puestos narrativos (destinador, destinatario, héroe) se distribuyen de modo que el derecho a ocupar uno, el
de destinador, se funda sobre el doble hecho de haber ocupado el otro, el de destinatario, y el de haber sido,
contado por un relato.
El saber que transmite esas narraciones determina lo que hay que decir para ser escuchado y lo que hay que
escuchar para poder hablar y lo que hay que jugar para poder ser el objeto de un relato.
Los actos de habla que son pertinentes a ese saber los lleva a cabo el locutor, el interpelado y el tercero del que
se ha hablado.
El saber que se desprende deja percibir con claridad una triple competencia: saber-decir, saber-escuchar, saber-
hacer, donde se ponen en juego las relaciones de la comunidad consigo misma y con su entorno. Los relatos
transmiten las reglas pragmáticas que constituye el lazo social.
El cuarto aspecto, de ese saber narrativo es su incidencia sobre el tiempo. La forma narrativa obedece a un
ritmo, es la síntesis de un metro que hace latir el tiempo en períodos regulares y de un acento que modifica la
longitud o la amplitud de algunos de ellos.
La forma de los refranes, proverbios, máximas que son pequeños trozos de relatos posibles o las matrices de
antiguos relatos y que todavía continúan en circulación en el aspecto social contemporáneo, se reconocerá en su
discurso la marca de esta temporalización que alcanza a la regla de nuestro saber para que este no se olvide.
El pueblo es quién los actualiza, no sólo al contarlos, sino también al escucharlos y al interpretarlos en sus
instituciones.
Los relatos determinan, definen, lo que tiene derecho a decirse y a hacerse en la cultura y como son también
parte de ésta, se encuentran por eso mismo legitimados.
Si se compara esta pragmática con la del saber narrativo se aprecian las siguientes propiedades:
1. El saber científico exige el aislamiento de un juego del lenguaje, el denotativo; y la exclusión de los demás el
criterio de aceptabilidad es su valor de verdad.
Se es "savant" si se puede pronunciar un enunciado verdadero a propósito de un referente y científico si se
pueden pronunciar enunciados verificables.
2. Ese saber se encuentra así aislado de los demás juegos de lenguaje cuya combinación forma el lazo social.
No es un componente inmediato y compartido como lo es el saber narrativo. Es un componente indirecto, por lo
que se convierte en una profesión y da lugar a instituciones. En las sociedades modernas los juegos de lenguaje
se reagrupan en forma de instituciones animadas por profesionales.
La relación entre el saber y la sociedad se exterioriza. Aparece un nuevo problema, el de la relación de la
institución científica con la sociedad.
3. En la investigación, la competencia requerida se refiere sólo al puesto del enunciador. Éste no tiene
competencia particular en cuanto destinatario. Y tampoco tiene competencia como referente. Aquí no ocurre
como en la narrativa, que un saber ser, es lo que el saber dice que es.
4. Un enunciado de ciencia, nunca está a salvo de una «falsificación».siempre puede ser desechado, y si está, en
contradicción con un enunciado anteriormente admitido, no podrá ser aceptado corno válido más que si refuta el
enunciado precedente por medio de argumentos y pruebas.
5. El juego de la ciencia implica, una memoria y un proyecto. El destinador de un enunciado científico se
supone que tiene conocimiento de los enunciados precedentes a propósito de su referente (bibliografía) y sólo
propone un enunciado sobre ese mismo tema si difiere de los enunciados precedentes. Esta diacronía que
supone la memorización y la investigación del nuevo enunciado designa en principio un proceso acumulativo,
aunque la relación de tiempo, sea variable.
Estas propiedades merecen que se las recuerde por dos razones.
El paralelismo de saber científico y del saber narrativo hace que se comprenda, que la existencia del primero ya
no tiene necesidad del segundo. Uno y otro están constituidos por conjuntos de enunciados; "jugadas" realizadas
por jugadores en el marco de las reglas generales; esas reglas son específicas a cada saber, y las «jugadas»
consideradas buenas en uno y en otro no pueden ser del mismo tipo, salvo por accidente.
No se puede considerar la existencia ni el valor de lo narrativo a partir de lo científico, ni tampoco a la inversa:
los criterios no son los mismos en uno que en otro.
Según Lyotard:
"Lamentarse, de la perdida del sentido en la postmodernidad consiste en dolerse porque el saber ya no sea
principalmente narrativo. Se trata de una inconsecuencia. Hay otra que no es menor, la de querer derivar o
engendrar (por medio de operadores tales como el desarrollo, etc) el saber científico a partir del saber narrativo,
como si este contuviera a aquel en estado embrionario".
Las especies del lenguaje mantienen entre ellas relaciones, y éstas están lejos de ser armoniosas.
La otra razón que puede justificar el recuerdo sumario de las propiedades del juego de lenguaje de la ciencia
afecta precisamente a su relación con el saber narrativo.
El saber narrativo, no valora la cuestión de su propia legitimación, se acredita a si mismo por la pragmática de
su transmisión sin recurrir a la argumentación, y a la administración de pruebas.
El científico se interroga sobre la validez de los enunciados narrativos y constata que éstos nunca están
sometidos a la argumentación y a la prueba. Los clasifica en otra mentalidad: salvaje, primitiva,
subdesarrollada, atrasada, alienada, formada por opiniones, costumbres, autoridad, prejuicios, ignorancia,
ideologías. Los relatos son fábulas, mitos, leyendas, etc.
Esta relación desigual es un efecto específico de las reglas propias de cada juego. Se conocen los síntomas.
Constituyen toda la historia del imperialismo cultural desde los comienzos de Occidente. Es importante
reconocer al garante, que se distingue de todos los demás: está dominado por la exigencia de legitimación.
reciente. Es de señalar que durante largo tiempo el saber científico ha buscado otras soluciones que no han
podido evitar recurrir a procedimientos que se refieren al saber narrativo.
Hay una relación del saber científico con el saber popular, el científico necesita divulgar su descubrimiento y lo
relata en forma de epopeya en los medios de comunicación. De esta forma satisface las reglas del juego
narrativo, ejerciendo presión sobre los usuarios de los medios y sobre su fuero interno. El Estado puede gastar
mucho para que la ciencia pueda presentarse como epopeya: a través de ella, se hace creíble, crea el
asentimiento público.
No queda, excluido que el recurso a lo narrativo sea inevitable; al menos cuando el juego del lenguaje de !a
ciencia busque la verdad de sus enunciados y no pueda legitimarla por sus propios medios.
Desde sus comienzos, el nuevo juego del lenguaje plantea el problema de su propia legitimidad.
Con Platón, el juego del dialogo, incluye en sí mismo las dos funciones la de investigación y la de enseñanza.
Se retoman ciertas reglas: la argumentación con el único fin del consenso, la unicidad del referente como
garantía de ponerse de acuerdo, la paridad entre los "compañeros", e incluso el reconocimiento indirecto de que
se trata de un juego, puesto que de él se encuentran excluidos todos los que no aceptan las reglas, por debilidad
o torpeza.
En los libros VI y VII de La República, la respuesta procede, de un relato (la alegoría de la caverna) que cuenta
por qué y cómo los hombres quieren relatos .
Los Diálogos de Platón, como el esfuerzo de legitimación proporciona las armas a la narración, cada uno de
ellos adquiere siempre la forma del relato de una discusión científica. El hecho es que el discurso platónico que
inaugura la ciencia no es científico, y eso aunque intente legitimarla.
EI saber científico no puede saber y hacer saber lo que es el verdadero saber sin recurrir al relato, que para él es
el no-saber.
Aristóteles, ha sido quien ha aislado la descripción de las reglas a las que hay que someter los enunciados que se
declaran científicos (el organon), de la búsqueda de su legitimidad en un discurso sobre el Ser (la Metafísica).
sugiere que el lenguaje científico, está hecho de argumentaciones y pruebas, es decir, de dialéctica.
Con la ciencia moderna aparecen dos nuevos componentes en la problemática de la legitimación: para
responder a la pregunta: ¿cómo probar la prueba? o ¿quién decide las condiciones de lo verdadero?, se
abandona la búsqueda metafísica de una autoridad trascendente.
Las reglas de juego de la ciencia son inmanentes a ese juego y pueden ser que establecidas en el seno de
un debate científico y para que dichas reglas sean buenas es necesario el consenso de los expertos.
Esta disposición general de la modernidad a definir las condiciones de un discurso se combina con el
restablecimiento de la dignidad de las culturas narrativas (populares), en el Humanismo renacentista, la filosofía
idealista alemana, la escuela histórica francesa.
La narración, deja de ser un desliz de la legitimación. Este recurso explicito al relato en la problemática del
saber acompaña a la emancipación de las burguesías con respecto a las autoridades tradicionales.
El saber de los relatos retorna a Occidente para solucionar la legitimación de las nuevas autoridades.
Lyotard expresa:"Es natural que en una problemática narrativa, esta cuestión espere la respuesta de un héroe:
¿quién tiene derecho a decidir por la sociedad? ¿cuál es el sujeto cuyas prescripciones son normas para aquellos
a quienes obligan?
Este modo de interrogar la legitimidad socio-política se combina con la nueva actitud científica: el héroe es el
pueblo, el signo de la legitimidad su consenso, su modo de normativación la deliberación. La idea de progreso
resulta indefectiblemente de esto: no representa más que el movimiento por el cualel saber se supone que se
acumula, pero ese movimiento se extiende al nuevo sujeto socio-político. El Pueblo está, en debate consigo
mismo acerca de lo que es justo e injusto de la misma manera que la comunidad de ilustrados sobre lo que es
verdadero y falso; acumula las leyes civiles como acumula las leyes científicas; perfecciona las reglas de su
consenso por disposiciones constitucionales cuando las revisa a la luz de sus conocimientos produciendo nuevos
"paradigmas"".
El modo de legitimación, que reintroduce el relato como validez del saber, puede tomar así dos direcciones,
según represente al sujeto del relato como cognitivo o como práctico: como un héroe del conocimiento o como
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un héroe de la libertad. Y en razón de esta alternativa, no sólo la legitimación no tiene siempre el mismo
sentido, sino que el propio relato aparece como insuficiente para dar una versión completa.
3.10. La deslegitimación
En la sociedad postindustrial y en la cultura postmoderna la cuestión de la legitimación del saber se plantea en
otros términos.
"El gran relato ha perdido su credibilidad"
Se puede ver en esa decadencia de los relatos un auge de las técnicas y la tecnología a partir de la
Segunda Guerra Mundial que ha puesto el acento más en los medios que en los fines, o bien , en el redespliegue
del capitalismo liberal que ha revalorizado el disfrute individual de bienes y servicios.
Es preciso reparar en los gérmenes de la deslegitimación y del nihilismo que eran inherentes a los grandes
relatos del siglo XIX, para comprender cómo la ciencia contemporánea podía ser sensible a esos impactos antes
a que tuvieran lugar.
El dispositivo especulativo encubre una especie de equivocación con respecto al saber. Muestra que el discurso
denotativo con respecto a un referente no sabe en realidad lo que cree saber.
La ciencia positiva no es un saber y la especulación se nutre de su supresión.
Una ciencia que no ha encontrado su legitimidad no es una ciencia auténtica, desciende al rango de ideología o
al de instrumento de poder, si el discurso que debía legitimarla aparece en sí mismo como un saber pre-
científico al mismo título que un vulgar relato.
La "crisis" del saber científico, cuyos signos se multiplican desde fines del siglo XIX, no provienen de una
difusión accidental de las ciencias, sino que procede de la erosión interna del principio de legitimidad del saber.
Así desaparecen disciplinas, se producen usurpaciones en las fronteras de las ciencias, las antiguas facultades
estallan en instituciones y fundaciones de todo tipo, las universidades pierden su función de legitimación
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En lo que respecta al enriquecimiento de las argumentaciones, Aristóteles, Descartes, Stuart Mill, entre otros
han intentado fijar reglas por medio de las cuales un enunciado con valor denotativo puede conseguir la
adhesión del destinatario.
La investigación científica no tiene demasiado en cuenta esos métodos. Puede usar y usa lenguajes cuyas
propiedades demostrativas parecen desafíos a la razón de los clásicos.
El uso de esos lenguajes, está sometido a una condición pragmática, la de formular sus propias reglas y pedir al
destinatario que las acepte.
Al satisfacer esta condición, se define como un conjunto de postulados en los que se basa una teoría científica,
la que comprende la definición de los símbolos que serán empleados en el lenguaje propuesto, la forma que
deberán respetar las expresiones de ese lenguaje, para poder ser aceptadas y las operaciones que se permitirán
con esas expresiones.
Pero ¿Cómo se sabe lo que debe contener ese conjunto de postulados?
Debe existir un metalenguaje determinante si un lenguaje satisface las condiciones formales de un conjunto de
postulados, ese metalenguaje es el de la lógica.
Lyotard expresa, que se impone una precisión : Que se comience por fijar los postulados para obtener
enunciados que sean aceptables dentro de ella, o que el científico comience por establecer hechos y por
enunciarlos y que busque esos postulados del lenguaje de los que se ha servido para enunciarlos, no constituye
una alternativa Lógica sino Empírica.
Una cuestión más pertinente para la legitimación es: ¿ Por medio de qué criterios define el lógico las
propiedades requeridas por un postulado?
¿Existe un modelo de lengua científica? ¿Ese modelo es único? ¿Es verificable?
Las propiedades requeridas por la sintaxis son: La consistencia, la complectud sintáctica, la decidibilidad, y
la independencia de axiomas unos con respecto a otros.
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Para el lógico, la metalengua utilizada para describir un lenguaje artificial(axiomática) es la lengua natural, o
lengua cotidiana, esta lengua es universal; puesto que todas las demás lenguas se dejan traducir a ella, pero no
es consistente con respecto a la negación: permite la formación de paradojas.
A causa de esto la cuestión de la legitimación se plantea de otro modo cuando se declara que un enunciado
denotativo es verdadero, se presume que el sistema axiomático en el cual es decidible y demostrable ha sido
formulado, es conocido por los interlocutores y aceptado por ellos como satisfactorio.
Pero otras ciencias pueden hacer observaciones análogas:
Deben su estatuto a la existencia de un lenguaje cuyas reglas de funcionamiento no pueden ser demostradas,
sino que son objeto de un consenso de los expertos. La exigencia es una modalidad de la prescripción.
La argumentación exigible para un enunciado científico , está subordinado a una "primera" aceptación de las
reglas que fijan los medios de la argumentación.
Dos propiedades destacables de ese saber: La flexibilidad de sus medios, la mutiplicidad de sus lenguajes, su
carácter de juego pragmático; la aceptabilidad de las jugadas que se hacen, depende de un contrato establecido
entre los compañeros.
A esta nueva disposición corresponde un desplazamiento de la idea de la razón. El principio de un metalenguaje
universal es reemplazado por el de la pluralidad de sistemas formales y axiomáticos capaces de argumentar
enunciados denotativos, esos sistemas que están descritos en un metalenguaje universal pero no consistente.
El otro aspecto de la investigación, el que concierne a la administración de la prueba.
Presenta problemas en lo que se refiere a qué debe probar la prueba. Se pueden publicar los medios de la
prueba, de modo que los científicos puedan asegurarse del resultado repitiendo el proceso que ha llevado a él.
Queda que administrar una prueba es constatar un hecho.
¿Pero que es una constatación?
Como los sentidos confunden, intervienen las técnicas y estas obedecen a un principio. Son juegos en los que la
pertinencia no es la verdadera, ni la justa, ni la bella, sino la eficiente: una jugada técnica es buena cuando
funciona mejor y cuando gasta menos que otra.
Los juegos del lenguaje científico se convierten en juegos ricos, donde el más rico tiene oportunidades de tener
razón. Estableciéndose la ecuación entre riqueza, eficiencia y verdad.
Es aquí donde la ciencia se convierte en una fuerza de producción, es más el deseo de enriquecimiento que el de
saber.
El Estado y/o la empresa abandona el relato de legitimación idealista o humanista para justificar el nuevo
objetivo; en la dicusión de los socios capitalistas de hoy en día, el único objetivo creíble es el poder. No se
compran savants, técnicos y aparatos para saber la verdad, sino para incrementar el poder.
Esta forma de legitimación de la ciencia por el poder y el derecho por medio de su eficacia y su
autolegitimación, pasa por la producción, la memorización, la accesibilidad y la operacionabilidad de las
informaciones.
La performatividad se beneficia con la complejidad de los argumentos porque obliga a sofisticar los medios de
prueba. Los fondos de investigación por parte de los Estados, las empresas y las sociedades mixtas obedecen a
esta lógica del incremento del poder.
Los sectores de la investigación que no pueden defender su contribución, son destinados a la decadencia.
"El criterio de la performatividad es invocado explicitamente por los administradores para justificar la negativa
a habilitar centros de investigación".
Adquiere forma la legitimación por el poder. Este no es solamente la buena performatividad, también es la
buena verificación y el buen veredicto. Legitima la ciencia y el derecho por medio de su eficacia, y esta por
aquellos. Se autolegitima como parece hacerlo un sistema regulado sobre la optimización de sus actuaciones.
La performatividad de un enunciado, sea este denotativo o prescriptivo, se incrementa en proporción a las
informaciones de las que se dispone al respecto de su referente. Así el incremento del poder, y su
autolegitimación, pasa ahora por la producción, la memorización, la accesibilidad y la operacionabilidad de las
informaciones.
La relación de la ciencia y de la técnica se invierte. La complejidad de argumentaciones parece entonces
interesante sobre todo porque obliga a sofisticar los métodos de probar, y porque la performatividad se beneficia
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de ello. La gestación de los fondos de investigación por parte de los Estados, las empresas y las sociedades
mixtas obedece a esta lógica del incremento del poder.
Los sectores de la investigación que no puede defender su contribución aunque sea indirecta, a la optimización
de las actuaciones del sistema, son abandonados por el flujo de los créditos y destinados a la decrepitud. El
criterio de performatividad es invocado explícitamente por los administradores para justificar la negativa a
habilitar cualquier centro de investigaciones.
Lo que ya no tiene vigencia no es preguntarse lo que es verdadero y lo que es falso, es representarse la ciencia
como positivista y condenada a este conocimiento sin legitimar, a este semi-saber que le atribuían los idealistas
alemanes. La pregunta:¿De que sirve tu argumento, de que sirve tu prueba forma de tal modo parte de la
pragmática del saber científico que asegura la metamorfosis del destinatario del argumento y de la prueba en
cuestión, en destinador de un nuevo argumento y de una nueva prueba y la renovación de los discursos y de las
generaciones científicas. La ciencia se desarrolla, y nadie contesta que se desarrolla desarrollando esta pregunta.
Y la pregunta en sí misma, al desarrollarse, conduce a una metapregunta o pregunta de la legitimación: ¿De que
sirve tu " de que sirve"?
El rasgo más llamativo del saber científico postmoderno es la inmanencia en si misma, del discurso a cerca de
las reglas que le dan validez.
Lo que ha podido pasar a fines dcl siglo XIX, por pérdida de legitimidad y caída en el pragmatismo filosófico o
en el positivismo lógico, no ha sido más que un episodio del cual el saber surge por la inclusión en el discurso
científico del discurso acerca de la validez de enunciados con valor de leyes. Esta inclusión no es una operación
sencilla, ya se ha visto, da lugar a "paradojas" asumidas como eminentemente serias, y a "limitaciones" del
alcance del saber que, de hecho, son modificaciones de su naturaleza.
Se admite que la naturaleza es un adversario indiferente, pero no astuto, y se distingue a las ciencias de la
naturaleza de las ciencias del hombre basándose en esa diferencia.
Eso significa en términos pragmáticos que la naturaleza en el primer caso es el referente mudo, con respecto al
cual los científicos intercambian enunciados denotativos mientras en el segundo caso, al ser el hombre el
referente, es también un "compañero" que, al hablar, desarrolla una estrategia, frente a la del estudioso: el azar
al que este escapa es de un comportamiento o de estrategia, es decir, agonístico.
La ciencia posmoderna hace la teoría de su propia evolución como discontinua, catastrófica, no rectificable,
paradójica. Cambia el sentido de la palabra saber y sugiere un modelo de legitimación que en absoluto es el de
la mejor actuación, sino el de la diferencia comprendida como paralogía.
Así aparecen los grandes relatos o metarrelatos narrativos o científicos, para dar paso a la multiplicación de las
verdades parciales concretados en mínimos discursos validados sólo parcialmente y por un tiempo finito.
4. CONCLUSIÓN
La idea del fin de los grandes relatos sustentada por el pensamiento postmoderno, también está arraigada en el
pluralismo de las de las sociedades contemporáneas. Estas nuevas subculturas surgen por el fracaso
experimentado por las grandes palabras que movilizaron a los hombres de la modernidad occidental en aras de
la verdad, la libertad, la justicia y la racionalidad.
Estos nuevos sujetos históricos se originan, por el desencanto ante conceptos tan firmes y convincentes para la
sociedad moderna: razón, historia, progreso y emancipación. El hombre moderno y universal es sustituido por
la identidad de pequeños grupos que poseen una visión fragmentada de la realidad.
Lyotard, al hablar de la condición posmoderna, quiere hacer notar que los sucesos históricos no se desenvuelven
de la misma manera de como lo hacían en la modernidad. Es decir, que si hasta entonces las sociedades
modernas habían tenido sus relatos de legitimación y éstos habían funcionado, el agotamiento de la confianza
en dichos relatos indicaba que había que comenzar a preparar una legitimidad para la sociedad futura.
Los metarrelatos "son aquellos que han marcado en la modernidad: la emancipación progresiva de la razón y de
la libertad, la emancipación progresiva del trabajo, el enriquecimiento de toda la humanidad a través del
progreso de la tecnociencia capitalista, e incluso, al cristianismo como la posibilidad de la salvación de las
creaturas.
Actualmente los grandes relatos que legitimaban un sentido de la historia, han perdido credibilidad.