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Un Ser Perfecto

El narrador se describe como un ser perfecto, atractivo y talentoso, que se enamora de Eliza, una chica tímida y reservada de su clase. A pesar de su confianza y habilidades, se siente inseguro sobre su relación con ella y reflexiona sobre su propia perfección y la posibilidad de ser amado por algo más que su apariencia. Tras una conversación significativa con Eliza, comienza a cuestionar su valía y su deseo de acercarse a ella, sintiendo que ella es superior a él.

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Un Ser Perfecto

El narrador se describe como un ser perfecto, atractivo y talentoso, que se enamora de Eliza, una chica tímida y reservada de su clase. A pesar de su confianza y habilidades, se siente inseguro sobre su relación con ella y reflexiona sobre su propia perfección y la posibilidad de ser amado por algo más que su apariencia. Tras una conversación significativa con Eliza, comienza a cuestionar su valía y su deseo de acercarse a ella, sintiendo que ella es superior a él.

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Un ser perfecto

Mi padre es un tímido e introvertido de no muy buena apariencia, jocoso a montones


cuando se obtiene confianza según palabras de mi madre, una rarita que, aunque muy
inteligente, su torpeza deslumbra. De esta combinación de entes blasfemos nací yo,
dios. Un ser hermoso, precioso y magnífico, irresistible para cualquiera, dotado de
múltiples cualidades. Cuentan los códices escritos por mi tío, que mis padres
realizaron un par de pruebas de paternidad para verificar si no fui cambiado por otro
neonato al nacer.

Claro está que ser atractivo no es lo único en lo que destaco. Pues además de un
atleta nato, mis habilidades sociales superan a las de cualquiera. Bueno en cualquier
materia, deporte o área de conocimiento, he sido el favorito de todos, no podría estar
más acostumbrado a está vida que merezco.

Actualmente curso mi último año de colegio, antes de una carrera profesional. A veces
me distraigo pensando cosas en mi butaca ¿Cómo pude ser tan perfecto? ¿Qué futuro
tan prometedor me depara? ¿Tendré espacio suficiente para los tantos trofeos que
ganaré? Y sin darme cuenta escribo mis notas de la clase con la mano izquierda
mientras con la derecha hago un dibujo, obvio alguien como yo puede hacer más de
dos cosas al mismo tiempo. Tampoco necesito tomar apuntes, lo aprendo todo al
instante, solo que comúnmente me los piden prestados.

He dibujado de nuevo a Eliza, la chica más callada y reservada del salón, de la cual
estoy enamorado. Me aborrezco un poco al recordar cómo sucedió. Al conocer su
afonía y actitud tan sosiega, no puede evitar Imaginar esas típicas novelas en las que
la chica, ya sea tímida, fea, nueva o insegura, logra enamorar al chico más popular y
guapo de la escuela. Es evidente que cumplo con esas características irreales de tales
personajes ficticios, por lo que no paraba de reír al discurrir escenas en las que yo
caía a los pies de Eliza, quedándonos profundamente enamorados, cumpliendo su
sueño de agarrar su torso y darle un beso francés. Raro sería que no me vieran con
extrañeza al reírme a carcajadas de repente, después de pasar algo así por mis
pensamientos. Por eso mismo considero aquel tiempo una total contumelia para Eliza,
pobre chica, un sujeto para mis burlas y blanco de mofa interna. Me avergüenza.
Entonces al dedicarle tantos pensamientos, le tenía siempre presente, y realmente
Eliza es una persona atractiva, varias personas se le han acercado a hablarle, chicas y
chicos interesados también en su actitud. A su sorpresa, fueron apartados por Eliza, es
su decisión el estar sola. Incluso yo quedé impactado ante tales escenas, maravillado
por su resplandor comencé a dibujarla día tras día. De hecho, aprendí a dibujar solo
por dibujarle a ella. Pasando de simples garabatos, a bocetos más complejos, hasta
retratos preciosos de su persona. Una prueba más de lo increíble que soy.

Es entonces que, al prestarle tanta atención a Eliza, inevitablemente, me enamoré.

Lo pienso muy seguido, “estoy enamorado de Eliza”. Qué tan estúpido y sin sentido
fue haberme enamorado de alguien con la que apenas he cruzado palabras. Recuerdo
que nuestra primera interacción fue en un trabajo en parejas, en la que el único
intercambio de información fue un asentimiento con la cabeza por su parte al
preguntar si ella quería hacer la primera mitad del trabajo.
Quizá el ser un amor irracional lo vuelve un amor sincero, uno verdadero. No me fijo
solo en la belleza que encuentro en ella, admiro muchas otras más cosas sobre ella.
Aunque claro, admirar es una palabra muy fuerte para quien es el admirado por todos,
así que mejor diré que aprecio o me gusta.

En ocasiones al rondar por el colegio, me gusta cuando la encuentro sentada en algún


rincón, leyendo un libro de filosofía o historia, me parece muy curioso como es capaz
de leer aún con ese fleco que tapa la mitad de su cara. Me encanta cuando en medio
de un examen, Eliza después de contestar tan ágil cada inciso, se topa con alguna
pregunta que no es capaz de contestar, y suelta un dulce y leve gruñido. Procuro
sentarme cerca de ella para escucharlo lo más nítidamente posible. Aprecio como
cada mes se corta el cabello, notándose como de un día para otro su cabello es
recortado un centímetro y medio. En mi memoria yace aquella preciosa semana, en la
que tal vez por error del peluquero, un día llegó con el fleco más recortado de lo
normal, donde tuve la oportunidad de ver con claridad sus tan hermosos ojos. Se
notaba algo irritada por su corte de cabello, aún así aproveché para hacer todos los
retratos que pude. Adoro su mochila y ropa que usa, su estética es muy sencilla
empero preciosa, y los diminutos peluches que cuelgan de su mochila, son alarmas
que prenden mi felicidad.

¿Un acosador? Dudo mucho sonar como uno, mucho menos parecer. Lo más cercano
a la perfección como lo soy yo no haría cosa parecida como lo es acosar. Tengo
muchas pretendientes que aguardan estar a mí lado, es decisión mía el tenerles
apartadas. Mi corazón le pertenece a Eliza, obvio no dejaré a sueltos detalles tan
importantes, detalles que cualquiera notaría. Pero si lo pienso, un poco. Pensar tanto
en ella no es acosar, tal vez le busco con la mirada, así como un fanático de las aves
busca a su pájaro favorito en su entorno natural, a sabiendas de que por ahí estará, no
está de más buscar por el alrededor aquello que tanto te gusta.

He buscado en la biblioteca libros que ella ha leído, para intentar conversar. Es decir,
no intentar, conversar simplemente. No tengo problemas para conversar con nadie,
tampoco es que me ponga nervioso cuando intento acercarme a ella, y mucho menos
es que no entienda los libros tan complejos que ella acostumbra leer. Digo yo que no
abría pareja mejor, que la de un par de intelectuales como lo somos Eliza y yo. Anhelo
tener esas conversaciones tan profundas y cultas, de esas conversaciones con las que
solo podría tener con alguien como Eliza. Efectivamente, las leyes de la naturaleza
responden a la actitud dirigida por la razón del ser humano, centrándose en su propia
supervivencia, enfrentándose a adversidades con otros seres guiados a crear un pacto
y contrato social, concluyendo con el alza de una república para la conservación de
sus bienes. No me imagino teniendo una conversación así con otra persona que no
sea Eliza. Tal vez incluso, podría ella explicarme cosas que no entienda.

Cuando llego a casa después de clases, mi padre tiene “lista” la cena. La realidad es
que lo que ha hecho es sacar todos los víveres e instrumentos necesarios para que
pueda yo preparar la cena. Mi mamá es muy torpe como para intentar cocinar, y
aunque mi padre sabe, resulta muy insípida la comida. Por eso su hijo perfecto se
tiene que encargar de tal tarea. Mientras comemos acostumbro platicar sobre mi día,
evitando decir muchas cosas como a Eliza, pero siempre menciono a mis dos mejores
amigos, tengo muchos otros, pero la verdad solo son fanáticos. “el día estuvo muy
bien, comimos en la cafetería después de natación y ganamos un partido de voleibol,
obvio gracias a mí” dije a mis padres, les encanta escucharme, no podrían estar más
orgullosos de mí. Les entiendo, su hijo soy yo. Casi al finalizar la cena mi madre suelta
una pregunta al aire ¿Cuándo nos presentarás a tu novia? Admito que me quedé un
poco paralizado, inferí que decir que no tenía los decepcionaría, por lo que solo dije:
“algún día”.

Acostado en mi cama me plantee aquella escena. No tengo novia, muchas


pretendientes sí, pero no es lo que quiero. ¿Cómo podría ser pareja de quien solo ve
en mi admiración y fanatismo? Soy más que solo perfección pura y magnífica,
seguramente quien me ame pueda ver más que solo eso… ¿Verdad? Soy perfecto
sí… ¿que otra cosa hay en mi sino? No hay defecto alguno en mi persona, sería yo un
maravilloso novio ¿Amor incondicional? Si no fuera perfecto ¿Entonces que sería yo?
¿nada? Siendo yo nada ¿Podría yo ser amado? Si tuviera un defecto ¿Podría alguien
amar ese defecto? No puedo dejar de pensarlo. En ocasiones trato el tema como si
fuera cosa baladí, si de una obviedad se tratase que todos me aman. Claro que lo es
puesto que soy… perfecto, siendo perfecto nunca he entablado una conversación con
Eliza. Definitivamente tengo que actuar y hablarle. Tal vez le diría lo que siento, algo
cómo… Me encanta este retrato que hice sobre ti Eliza, tienes todo lo que anhelo. Me
preguntó ¿Podría yo, ser suficiente para ti, Eliza?

De nuevo en el colegio, hay veces en las que me gusta separarme de mis amigos e ir
a la biblioteca. Leo esos libros tan curiosos que lee Eliza, justo este que tengo en mis
manos ya lo he leído, muy raro que no lo entendí del todo. Sus palabras tan
entreveradas y en desuso me confunden. Tal vez solo estaba distraído pensando en
Eliza, no es la gran cosa este libro. Un par de repasos y quedará plasmada la
información en mi mente como caramelo en…

—Disculpa ¿Te llevarás ese libro a casa?

—No, solo le estoy dando un repaso…

¿Qué? ¿Eliza me está hablando? ¿Tan de repente? En esta situación no puedo


mantenerme sosegado ante su presencia.

—Bien, también quiero darle un repaso, pero no hay otros disponibles. ¿Me lo puedes
dar cuando termines?

—Claro, Eliza. Se lo llevo en cuanto vea estas dos páginas.

No puedo creer que mi voz esté tan temblorosa.

—¿Sabes mi nombre? Lo siento, no sé el tuyo, pero gracias.

Antes de poder decirle algo más, se retiró a dos mesas hacia el costado con lo que
parecía un diccionario. Pocas veces he tenido la oportunidad de oír su voz de forma
tan nítida y clara. Una lágrima brotó de mis ojos, al caer en cuenta de lo que dijo “no
sé tu nombre” ¿enserio no me conoce? ¿Cómo puedo tan siquiera hablar con ella si
no me conoce? Está decidido, iré a su mesa a hablarle.

—Holi de nuevo, Eliza ¿Qué opina de la virtud de Séneca? Curiosa a mi parecer.


—El libro no es de Séneca.

—Lo sé, pero imaginé que tendrías algo bueno que aportar sobre el tema.

—Estoy de acuerdo en respecto a como manejar el ocio. Buscar la sabiduría y alejarse


de placeres inmediatos es lo mejor que podrías hacer con tu tiempo libre.

—Comprendo ¿Por eso lees tanto?

—Sí, lo disfruto bastante.

—También me gusta leer, pero no baso todo mi ocio en la lectura. El deporte también
aporta buenos beneficios.

—Hago deporte, no en la escuela, solo en casa.

—¿Enserió? ¿Qué prácticas?

—Creí que estabas preguntando por Séneca.

—Bueno, en realidad también me gustaría saber sobre ti.

No sé si lo que acabo de decir sea extraño, no quiero arruinar una de las pocas
oportunidades que he tenido para hablar con Eliza. Nunca había tenido problemas
para pensar en que decir, tengo que hablar más seguido con ella para acostumbrarme.
Un corazón inquieto, altera a una mente prodigiosa.

—Es mejor hablar de Séneca que sobre mí. Además ¿ya vas a entregarme el libro?

—Disculpa, sí. Aquí tiene un libro complejo para alguien intelectual.

—¿Intelectual? Solo podría llamarme así si fuera la mejor de la escuela, pero siempre
estás por delante de mí.

Diantres, me da la impresión de que se muestra algo enfadada.

—Pero eso no significa que usted no sea intelectual, estudias mucho, te va muy bien
en los exámenes y tu promedio roza la excelencia. Diría que tus conocimientos van
más allá de los que se necesita en la escuela.

—¿Y qué? Por más que me esfuerce estaría a la sombra de tus resultados, una simple
rarita.

—No creo que seas una rarita, llamas bastante la atención, con tus libros y reconocible
calma. Además, brillas con tu silencio.

—¡¿Verdad que sí?! ¿Verdad que parezco misteriosa y cool, y no autista y lesbiana?
Yo sabía que sí soy misteriosa.

—Síííí, no había conocido a una persona tan misteriosa antes ¿cómo alguien puede
generar tanta intriga?

Me extrañan sus tan repentinos cambios de actitud, pero estoy disfrutando la


conversación. Quiero platicar más.
—Ojalá mi hermana te escuchará, es extenuante decirle tantas veces que sí me veo
cool. Mantener este fleco no es sencillo, tengo que acomodarlo cada tanto, si se
empalman dos mechones dejo de ver.

—Vale la pena, es muy lindo.

—Sí. Creo que podemos seguir hablando de Séneca, es cómodo cuando alguien sí
aprecia y entiende la buena moda…

Me resultó muy extraña esta interacción, el primer encuentro significativo que tengo
con Eliza. Empezó muy tosca y Parsimoniosa, en un instante escaló a un punto
desconcertadamente afable y satisfactoria. Lo que eran unas pocas palabras, casi un
cuestionario, se convirtió en una conversación plena y de interés mutuo.

Hablamos unas cuantas horas, ambos nos fuimos casi al cierre del colegio, mucho
después de nuestras horas habituales de salida, al perder la noción del tiempo no nos
percatamos de cuánto tiempo platicamos.

Intercambiamos contactos, y a mi pesar no le he enviado mensaje alguno más que el


sticker de patito para confirmar los números. Por algún motivo codicio escribirle, pero
no sé qué me detiene, pienso ¿Será molestia para Eliza hablarle en este momento?
nuestra conversación fue grata, pero es la primera que tenemos ¿Sería raro escribirle
entonces? no hay conexión, razón o causa mas que el del capricho, para hablarle. Tal
vez deba resignarme a falta de una verdadera iniciativa, a solo repetir la conversación
en mi mente.

Ahora que lo razono ¿Acaso Eliza sí me conocía? dijo que mi nombre no lo sabía,
pero mostró cierta inconformidad al mencionar que está ella a mi sombra, pudo no
haber mentido, conoce mi reputación, pero no mi nombre, encuentro coherencia a
esto, pero ¿Por qué pensaría ella algo como eso? de ninguna forma creería que Eliza
se haya a mí sombra, ni siquiera a la par, es más, ella es superior a mí.

Que tenga suerte en mi trayecto académico a diferencia de Eliza, no significa que le


aventaje ¿cómo podría decírselo? Eliza, escuche, Usted se ubica en un nivel excelso
al mío, perplejo ante su presencia me arrodillo, cuan grande es su esplendor que
deslumbra en el proceso, e inquieta mi corazón con tremendo brillo.

Tal vez suena más a una declaración de amor que a otra cosa, aún así, si lo dijese
¿Qué me respondería? más allá de su respuesta ¿tan siquiera merezco pensar en un
futuro a su lado? se siente un poco como si al terminar nuestra larga plática, le
quedará yo algo a deber, como si ella entregase o aportase más que yo, más de lo que
sería capaz de dar. Ansió volver a hablarle, a encontrarnos, entregarme y conocer si
para ella valgo la pena. Si mis esfuerzos son vanos, caeré derrotado en pos de mi
mediocridad.

He llegado algo temprano a clases, a la entrada del salón me crucé con Eliza y a pesar
de la distancia, no me saludó y pasó de largo. Dichosa mi fortuna, que un ahogado
alarido fue desapercibido entre la bulla, no pude evitarlo, creí en ese instante que
había sido ignorado por Eliza. Me calmé, la razón es lo mío, no debo precipitarme
llegando a conclusiones subjetivas, quizá ella no estaba prestando atención a su
entorno, y con ese fleco es más probable pasar las cosas por alto.

Ahora, más tarde, como ya han terminado mis clases regulares, tengo la libertad de
hacer lo que yo guste, por lo que, dejando de lado a mis amigos, de nuevo, iré a la
biblioteca para ver si de casualidad me encuentro de frente a Eliza. Separarme de mis
amigos ¿Es malo? en otra situación creería que lo es, solo que ellos, son pareja. Así
que no es algo que me preocupe, apreciarán el tiempo que les dejé a solas, lo
disfrutarán, de hecho.

Ya llevo tiempo en la biblioteca y no encuentro a Eliza en ningún piso. No quiero irme


tan tarde como ayer, entonces al no toparme con ella creo que en esta ocasión sí me
animaré a enviarle algún mensaje. Me parece graciosa la salida de la biblioteca, hay
unos cuantos sensores para evitar robar libros, incluso yo suelo ponerme nervioso al
pasar por si estos se llegasen a activar, nunca robaría ni en lo más mínimo, pero
asusta. Directo a mi hogar, meditaré profundo en cuanto pueda, solucionaré mis
nervios como caramelo en…

—¡Holii!

¿Eliza? Ahora mismo no puedo evitar soltar un gritito en mi interior.

—¡Hola, Eliza!

—Hasta que te encuentro, no te vi en todo el día ¿ya te vas?

—Ah… sí, ya me estaba yendo. Me es repentino el encontrarnos.

—Me veo en la misma situación. Jocoso que estando en el mismo grupo, toparnos
conlleva cierta complejidad.

—Lo es ¿usted también ya se va?

—Sí, pero tengo pensado ir primero a comprar alimento para mi perrito.

Me da la impresión de que está más jovial de lo habitual.

—Desconocía que tienes mascota ¿Cómo se llama?

—Le he nombrado Bobibu, es un perrito pequeño.

—¿Bobibu? ¿Por qué se llama así? Suena gracioso.

—Es una nemotecnia para el tiempo de infectum del modo indicativo en futuro
imperfecto de la primera y segunda conjugación verbal del latín. Bobibu ¿Un nombre
genial verdad?

Por alguna razón me está interesando aprender latín.

—Sííí, bastante. Es muy original.

—Aunque mi madre suele llamarle Bobi, según ella el “bu” está de más. Pero dime
¿tienes algún pendiente?

—Nada de importancia relevante, solo llegar a mí hogar. Tampoco tengo nada


planeado para cuando lo consiga.
—¿Está bien si te pido que me acompañes? la lejanía del establecimiento comercial
no dista tanto de aquí.

—Realmente me sería irrelevante la lejanía del lugar, me encantaría acompañarle aún


si fuera en otra república.

La pequeña risita que exclamó Eliza me ha fascinado, intentaré decir más cosas así.

—Magnifico, entonces vayamos a un lugar más distante que conozco, para dedicar
más tiempo al asunto…
Un ser mediocre

Mi madre es una extrovertida excampeona olímpica de taekwondo, espléndida desde


cualquier ángulo a voz de mi padre, un asombroso historiador y arqueólogo de
trabajos reconocibles alrededor del mundo. De la unión de estos encomios agraciados
nací yo, la reencarnación de la mediocridad. Un ser horroroso, insignificante y
miserable, asqueroso para quien sea, negada de cualquier aptitud o atributo favorable.
Relatan las leyendas de mi abuelita, que mis padres no escucharon mi primera palabra
sino hasta que alguien dijo mediocre, a lo cual respondí “yo”.

Evidente es que mi apariencia no es lo único irrisorio de mi singular. Dado que además


de dejar todo a medias, mi destreza social flaquea ante cualquier otra. Pésima en toda
disciplina, actividad o apartado de entendimiento, siempre he sido rechazada, avezada
me hallo a la vil vida que amerito.

En este instante asisto a mi último año de preparatoria, antes de una carrera


profesional. Hay ocasiones en las que me despistó cavilando en mi asiento ¿cómo
llegué a ser tan mediocre? ¿Qué futuro tan condenado me espera? ¿Seré capaz de
sobrevivir en mi gran miseria? Y sin percatarme escribo las notas de la clase de una
forma ilegible, puesto que se encimó en un poema de amor. No puedo permitirme
perder el apunte, no sería posible para mí aprenderlo sin haberlo repasado varias
veces. Tampoco me gustaría perder el poema.

Le he dedicado de nuevo un poema a esa persona, el chico más extrovertido e


inteligente del aula, y del cual estoy enamorada. Detesto como fue que sucedió. Era
inevitable para mí encontrarme con su estrepites y personalidad tan energética,
destacando en cualquier lugar, momento o situación. Riendo sin causa alguna a
momentos, siendo el mejor en los exámenes y dejándome siempre a su sombra por
más que yo me esforzará ¿como podría yo ignorarle? pasaba horas imaginando como
un día yo le superaría en todas esas cosas en las que es bueno, un día el llegaría
pidiendo perdón y suplicando piedad, “lamento retarle querida Eliza, aprendí la lección.
Usted es la mejor, ahora seré su sirviente”. Por eso es que me molesto mucho
conmigo misma, pobre chico, no es su culpa que alguien tan mediocre como yo le
envidie. Tampoco hay justificación para discurrir cosas así, soy una mala persona por
hacerlo. Me avergüenza. A consecuencia le he tenido siempre presente, me atrevería
a decir que también es muy atractivo, además de popular y conocido, está rodeado
todo el tiempo por muchas personas. Aún así tengo entendido que no tiene pareja,
siempre las rechaza y suele ser fiel a sus dos mejores amigos, nunca les abandona.
Quedé maravillada por sus actos, una actitud que valoro en las personas, por tal cosa
empecé a escribir poemas describiendo las cosas que me gustan de él, pasando de
poemas simples sobre como deberían ser las relaciones interpersonales hasta
poemas de amor o incluso declaración. Claro que por más que estudiara todos los
tipos de verso, métrica, Figuras retóricas y demás, mis poemas han sido horribles. Una
prueba más de lo mediocre que soy.

Es entonces que, al prestarle tanta atención a él, inevitablemente, me enamoré.

Continuamente se adueña de mi mente esa tonta idea, “estoy enamorada de él”. Cuan
estulto y necio sentimiento se apoderó de mí, como para haberme enamorado de
alguien completamente fuera de mi alcance.
Me cuestiono mucho a mi misma, si es que de verdad es un amor sincero por más
irracional que sea. No me intereso solo en su atractivo y presunta perfección, aprecio
muchas otras cosas que van más allá de eso. Aunque no sé si solo sea justificación
para decir que me gusta.

Séase intencional o no, adoro la forma en cómo él trata a sus amigos, manteniéndolos
cerca aun si se encuentra ocupado o haciendo alguna otra actividad. Como en sus
partidos de vóley, le veo de lejos pero aún así noto como festeja más con sus dos
amigos que con personas del alrededor. Me maravilla la atención que suele poner a
cosas de su interés, la mayor parte del tiempo parece estar distraído entre sus
pensamientos, haciendo varias cosas a la vez hasta que llega eso que capta su
atención, enfocándose solo en aquello con una cara muy linda. Me encanta el tacto y
paciencia que tiene con otras personas, una persona muy afable cuando se trata de
hablar con infantes o dar respuesta a preguntas. Desconozco si tiene algún defecto,
de ser el caso me fascinaría conocerlo y saber más sobre él, no solo mirarle de lejos y
cuando pasa por delante de mí. Desear conocer su simpleza es lo que rige mi
corazón.

De vez en cuando, en momentos en los que me doy cuenta reprocho mis acciones,
“¡no seas una acosadora, Eliza!” ya hay demasiadas deficiencias y defectos en mi
persona como para sumar tal característica. Mirarle a lo lejos, buscarle con la mirada,
prestarle tanta atención a lo que podría ser solo un desconocido es aborrecible, tanto
como lo soy normalmente. No sé si hay alguna forma de no sentirme culpable, de
observarle tanto sin que sea acoso o similar. De la misma forma en como lo puede
hacer un aficionado al arte con su pintura favorita, asistiendo todos los días al mismo
museo para apreciar solo esa obra, aquella que tanto le gusta.

He estado practicando artes marciales con el fin de ser capaz de sorprenderle. En


realidad… no con esa intención, pero es un extra, además cuando suelo practicar
también imagino muchas de las posibles conversaciones que podría tener con él.
Dudo con creces permitirme dialogar sobre mis libros y momentos históricos favoritos,
son muy aburridos a priori, quizá cosas más emocionantes como el furor de un férreo
combate con múltiples ataques de máxima intensidad, llamen más su atención. A su
vez, cosas sencillas son las que más espero y anhelo, ese tipo de charlas arbitrarias
sin aparente fin y escasa cautela. La noche cálida mengua mi estrés, la deliciosa cena
alivia mi apetito, en nuestra plácida estancia se conforta mi ser, y a tu lado nace mi
felicidad. No me imagino teniendo una conversación tan casual y simple con otra
persona que no sea él. Tal vez incluso, pueda tener yo una linda y profunda conexión
con él.

Después de clases, en mi casa al término de mi entrenamiento a solas, me dispongo a


preparar la cena. Puesto que mis padres llegan tardíamente debido a sus ocupados
trabajos, es que su mediocre hija alista el alimento para su llegada. En la mayoría de
ocasiones solo debo calentar y hacer la mesa, mi nula destreza en el arte culinario
solo daría como resultado aberraciones que no merecen mis padres. No importa
cuánto lo intente, practique o estudie, no mejoro en la cocina, aún así es cada vez más
común que me encarguen preparar todo desde cero. Detesto como fingen el disfrute
de lo que preparé, claramente es insípido, soso y mal hecho. Al ser mis padres acepto
sus buenos comentarios, solo intentan animarme. Al comer, lo único que llego a
comentar a mis padres es lo mucho o poco que me ha gustado el nuevo libro que he
leído, en ocasiones también le pido consejos a mi madre sobre artes marciales o
recomendaciones de más libros a mi padre. En la situación actual mi padre arroja una
peculiar pregunta al aire “¿Cuándo conoceremos a tu novio, Eliza?” desconocía por
completo que aún les quedaba alguna pizca de fe en mí, me dije a mi misma que sería
cruel quitarles la esperanza que yo dejé de tener hace tiempo, por lo que solo contesté
“algún día”.

Tendida en mi cama analizo mi condición actual. No tengo pareja, la idea de un


conyugue es tan remota que supone la imposibilidad ¿Cómo podría tener pareja si
evito cualquier tipo de interacción? es cierto que practicaba oídos sordos cuando mi
hermana me lo aconsejaba, “has amigos, Eliza. No debes estar sola todo el tiempo”
quizá debí hacerle caso, pero ¿Cómo podría si incluso decía que mi increíble peinado
era ridículo? que osada. Pero sí lo esbozo, podría haber intentado hacer amigos y no
excluirme a propósito. Vivo plenamente en mis pensamientos, con una única
perspectiva, el diálogo con mis libros y familiares podría no ser el idóneo para un
óptimo criterio. Aún así, consideraría que manejo una refinada percepción de mi
entorno, pocas cosas se me escapan del entendimiento, quizá necesite repasarlas
unas cuantas veces, pero siempre las logro razonar. En definitiva, debería actuar,
tengo total virtud de entablar una relación. Mi objetivo será él, quiero conocerle,
hablarle, recitarle todos mis poemas y expresar lo que siento. Deseo ser parte de su
vida y desvelar su teórica perfección. Me pregunto ¿Podría yo, ser perfecta para ti?

Un nuevo día en la prepa, he estado planeando como acercarme a él. Llegar tan de
repente a su lado sin motivo alguno sería raro, y tampoco habría justificación para
continuar una conversación si de una pregunta trivial la plática comenzase.
Seguramente cuando lo aviste encontraré la forma de hacerlo, en un instante idearé
un plan tan favorable como caramelo en… ¿Qué? ¿Está él aquí en la biblioteca?
¿Leyendo uno de mis libros favoritos? ¡es mi oportunidad!

—Disculpa ¿Te llevarás ese libro a casa?

—No, solo le estoy dando un repaso.

¡Bien! Puedo hallar un hilo a la charla para así continuar. Debo decir algo que me
ancle a continuar hablando.

—Bien, también quiero darle un repaso, pero no hay otros disponibles. ¿Me lo puedes
dar cuando termines?

—Claro, Eliza. Se lo llevo en cuanto vea estas dos páginas.

¿Es mi alucinación o su habla tiembla?

—¿Sabes mi nombre? Lo siento, no sé el tuyo, pero gracias.

Haré una retirada estratégica, algo sucede y no me percató de lo que es. No suele
comportarse así con otras personas, le he visto. Probablemente no sea el momento
idóneo para tener un diálogo extenso. En el próximo contacto trataré de no alargar la
situación, pequeños encuentros también son muy significativos. Creo que viene.
—Holi de nuevo, Eliza ¿Qué opina de la virtud de Séneca? Curiosa a mi parecer.

—El libro no es de Séneca.

—Lo sé, pero imaginé que tendrías algo bueno que aportar sobre el tema.

—Estoy de acuerdo en respecto a como manejar el ocio. Buscar la sabiduría y alejarse


de placeres inmediatos es lo mejor que podrías hacer con tu tiempo libre.

—Comprendo ¿Por eso lees tanto?

—Sí, lo disfruto bastante.

—También me gusta leer, pero no baso todo mi ocio en la lectura. El deporte también
aporta buenos beneficios.

—Hago deporte, no en la escuela, solo en casa.

—¿Enserió? ¿Qué prácticas?

—Creí que estabas preguntando por Séneca.

—Bueno, en realidad también me gustaría saber sobre ti.

Saber sobre mí… ¿De verdad lo dijo?

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