I.
DIGNIDAD DEL BAUTISMO
El Bautismo, sacramento de la fe.
El Bautismo, puerta de la vida y del reino, es el primer sacramento de la nueva ley, que
Cristo propuso a todos para que tuvieran la vida eterna y que después confió a su Iglesia
juntamente con su Evangelio, cuando mandó a los Apóstoles: «íd. y haced discípulos a
todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».
El Bautismo, incorporación a la Iglesia.
El Bautismo, es, además, el sacramento por el que los hombres son incorporados a la
Iglesia, «integrándose en su construcción para ser morada de Dios, por el Espíritu», «raza
elegida, sacerdocio real»; es también vínculo sacramental de la unidad que existe entre
todos los que son marcados con él.
El Bautismo, nacimiento a la vida de Dios.
El Bautismo, baño del agua en la palabra de vida, hace a los hombres partícipes de la
naturaleza divina e hijos de Dios16. En efecto, el Bautismo, como lo proclaman las
oraciones de bendición del agua, es un «baño de regeneración» por el que nacen hijos de
Dios de lo alto. La invocación de la Santísima Trinidad sobre los bautizandos hace que los
que son marcados con su nombre le sean consagrados y entren en la comunión con el
Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo.
El Bautismo, participación en el misterio pascual.
El Bautismo, en efecto, conmemora y actualiza el misterio pascual, haciendo pasar a los
hombres de la muerte del pecado a la vida.
II. IMPORTANCIA DEL BAUTISMO DE LOS NIÑOS
Por “párvulos” o “niños” se entiende aquellos que, por no haber llegado todavía a la edad
de la discreción, no pueden tener ni expresar una fe personal.
La Iglesia, que recibió la misión de evangelizar y de bautizar, bautizó ya desde los primeros
siglos, no solamente a los adultos, sino también a los niños. En aquellas palabras del
Señor: «El que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios»20,
siempre entendió la Iglesia que no había de privar del Bautismo a los niños, porque
consideró que son bautizados en la fe de la misma Iglesia, proclamada por los padres,
padrinos y demás presentes. Ellos representan tanto a la Iglesia local como a la comunidad
universal de los santos y de los fieles; es decir, «a la Madre Iglesia», que «toda ella, en la
totalidad de sus miembros, engendra a todos y a cada uno».
Ahora bien, para completar la verdad del sacramento conviene que los niños sean
educados después en la fe en que han sido bautizados. El mismo sacramento recibido será
el fundamento y la fuente de esta educación. Porque la educación en la fe, que en justicia
se les debe a los niños, tiende a llevarlos gradualmente a comprender y asimilar el plan de
Dios en Cristo, para que finalmente ellos mismos puedan libremente ratificar la fe en que
han sido bautizados.
III. FUNCIONES Y MINISTERIOS
Los padres.
Por el mismo orden natural, el ministerio y las funciones de los padres en el Bautismo de
los niños está muy por encima del ministerio y funciones de los padrinos.
Los padres del niño ejercen un ministerio verdaderamente propio en la celebración del
Bautismo. En efecto, además de escuchar las moniciones del celebrante y de orar
juntamente con la asamblea desempeñan un verdadero ministerio:
- Cuando piden públicamente que sea bautizado el niño;
- Cuando lo signan en la frente, después del celebrante;
- Cuando hacen la renuncia a Satanás y pronuncian la profesión de fe;
- Cuando llevan el niño a la fuente bautismal (función que corresponde
principalmente a la madre);
- Cuando encienden el cirio;
- Cuando reciben la bendición especial, destinada a las madres y a los padres.
Los padrinos.
El padrino interviene en la celebración del Bautismo para profesar, juntamente con los
padres, la fe de la Iglesia en la cual es bautizado el niño.
RITO DEL BAUTISMO.
El sacerdote saluda a los presentes, principalmente a los padres y padrinos, recordándoles el gozo
con que han recibido a este niño como un don de Dios, que es la fuente de toda vida y que quiere
ahora comunicarla. Lo puede hacer con las siguientes palabras u otras espontáneas:
Hermanos:
Con gozo habéis vivido en el seno de vuestra familia el nacimiento de un niño. Con
gozo venís ahora a la Iglesia a dar gracias a Dios y celebrar el nuevo y definitivo
nacimiento por el Bautismo.
Todos los aquí presentes nos alegramos en este momento, porque se va a
acrecentar el número de los bautizados en Cristo.
Dispongámonos a participar activamente.
El sacerdote, en primer lugar, interroga a los padres.
Sacerdote:
¿Qué nombre habéis elegido para este niño?
Padres:
Nombre de su hijo/a.
Sacerdote:
¿Qué piden a la Iglesia para N.?
Padres:
El Bautismo.
Entonces el sacerdote se dirige a los padres con estas palabras u otras semejantes:
Al pedir el Bautismo para su hijo, ¿sabéis que están obligados a educarlo en la fe,
para que este niño, guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al
prójimo, como Cristo nos enseña en el Evangelio?
Padres:
Sí, lo sabemos.
Dirigiéndose después a los padrinos, les pregunta con estas u otras palabras:
Y ustedes, padrinos, ¿estáis dispuestos a ayudar a sus padres en esa tarea?
Padrinos:
Sí, estamos dispuestos.
Prosigue el sacerdote diciendo:
N., La Iglesia te recibe con gran alegría. Yo, en su nombre, te signo con la señal de
Cristo Salvador.
Y, en silencio, signa al niño en la frente.
Después invita a los padres, y si parece oportuno a los padrinos, para que hagan lo mismo.
Y vosotros, padres (y padrinos), haced también sobre él la señal de la cruz.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Seguidamente el sacerdote hace la oración de los fieles.
Sacerdote:
Hermanos: oremos ahora por este niño que va a ser bautizado, por sus padres y
padrinos, y por todo el pueblo santo de Dios.
Después el sacerdote invita a los presentes a invocar a los santos.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.
San José, esposo de la Virgen, ruega por nosotros.
San Juan Bautista, ruega por nosotros.
Santos apóstoles Pedro y Pablo, rogad por nosotros.
Pueden añadirse los nombres de otros santos, sobre todo de los que sean patronos del niño, de la
iglesia o del lugar.
San N.
San N.
Se termina así:
Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.
ORACIÓN DE EXORCISMO Y UNCIÓN PREBAUTISMAL
Acabadas las invocaciones, el sacerdote dice:
Dios todopoderoso y eterno, que has enviado tu Hijo al mundo, para librarnos del
dominio de Satanás, espíritu del mal, y llevarnos así, arrancados de las tinieblas,
al Reino de tu luz admirable; te pedimos que este niño, lavado del pecado original,
sea templo tuyo, y que el Espíritu Santo habite en é1. Por Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Otra fórmula de exorcismo ad libitum, en el número 215.
Prosigue el sacerdote:
Para que el poder de Cristo Salvador te fortalezca, te ungimos con este óleo de
salvación en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por
los siglos de los siglos.
Todos:
Amén.
Se hace la unción con el óleo de los catecúmenos en el pecho.
LITURGIA DEL SACRAMENTO
Seguidamente se va procesionalmente al baptisterio o, según la oportunidad, al presbiterio, si allí se
celebra el Bautismo.
Bendición e invocación a Dios sobre el agua.
Cuando hubieren llegado a la fuente bautismal, el celebrante recordará brevemente a los presentes
la admirable providencia de Dios, que ha querido santificar el alma y el cuerpo del hombre por medio
del agua.
Lo puede hacer con estas o parecidas palabras:
Oremos, hermanos, al Señor Dios todopoderoso, para que conceda a este niño la
vida nueva por el agua y el Espíritu Santo.
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RENUNCIAS Y PROFESIÓN DE FE.
Seguidamente el sacerdote invita a los padres y padrinos a renunciar al pecado y profesar la fe
católica.
Después pregunta a los mismos:
Sacerdote:
¿Renunciáis a Satanás?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.
Sacerdote:
¿Y a todas sus obras?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.
Sacerdote:
¿Y a todas sus seducciones?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.
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Seguidamente el celebrante pide esta triple profesión de fe a los padres y padrinos:
Sacerdote:
¿Creéis en Dios, Padre todo poderoso, ¿Creador del cielo y de la tierra?
Padres y padrinos:
Sí, creo.
Sacerdote:
¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María Virgen,
murió, fue sepultado, ¿resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del
Padre?
Padres y padrinos:
Sí, creo.
Sacerdote:
¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los
santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida
eterna?
Padres y padrinos:
Sí, creo.
A esta profesión de fe asienten el celebrante y la comunidad, diciendo:
Ésta es nuestra fe. Ésta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Cristo
Jesús, Señor nuestro.
Todos:
Amén.
BAUTISMO
El sacerdote invita a la familia para que se acerque a la fuente, y pregunta a los padres y padrinos:
Sacerdote:
¿Queréis, por tanto, que vuestro hijo N. sea bautizado en la fe de la Iglesia, que
todos juntos acabamos de profesar?
Padres y padrinos:
Sí, queremos.
E inmediatamente el celebrante bautiza al niño diciendo:
N., yo te bautizo en el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
UNCIÓN CON EL SANTO CRISMA
Después el sacerdote dice:
Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que te ha liberado del
pecado y dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, te consagre con el Crisma
de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre
miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey.
Todos:
Amén.
Seguidamente, en silencio, el sacerdote unge en la coronilla al niño con el Santo Crisma.
IMPOSICIÓN DE LA VESTIDURA BLANCA.
El sacerdote dice:
N., eres ya nueva criatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea
signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos,
consérvala sin mancha hasta la vida eterna.
Todos:
Amén.
ENTREGA DEL CIRIO
Después el sacerdote muestra el cirio pascual y dice:
Recibid la luz de Cristo.
Uno (v. gr.: el padre o el padrino) enciende la vela del niño en el cirio pascual.
Seguidamente el sacerdote dice:
A ustedes, padres y padrinos, se les confía acrecentar esta luz.
Que su hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la luz. Y,
perseverando en la fe, pueda salir con todos los santos al encuentro del Señor.
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"EFFETÁ"
Si al sacerdote le parece oportuno, puede añadir el rito del "effetá" de la forma siguiente: tocando
con el dedo pulgar los oídos y la boca del niño, dice:
El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su
tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre.
Todos:
Amén.
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