Modulo II - Clase 3
Modulo II - Clase 3
educativa”
Profesores: Jessica Billiardi y Gutierrez Federico
Objetivos de clase
● Comprender la función social de las instituciones educativas a partir del contrato
histórico o fundacional como elemento portador de un mandato social específico.
Presentación
Empezamos a transitar la tercera clase de este módulo de Práctica Docente I. En la misma
continuaremos abordando la complejidad de la labor docente a partir de las seis
dimensiones que elabora la autora Cecilia Fierro. En esta oportunidad, nos enfocaremos en
las dimensiones institucional e interpersonal.
Dimensión Institucional
Asimismo, señala la autora, que cuando ingresamos a la escuela nos encontramos con una
cultura magisterial: saberes de oficio, tradiciones de enseñanza, costumbres y reglas
propias de cada institución. Este conjunto de determinaciones va influyendo en las
decisiones y acciones que despliegan los docentes.
La Escuela
La escuela pública tal como la conocemos nace en la modernidad. Periodo histórico, en el
cual empiezan a desaparecer las monarquías y a conformarse los Estados-Nación, es decir,
momento de grandes cambios en las formas de relacionarse y vivir en sociedad que hasta
el momento se encontraban vigentes.
La educación, previo a ello, era un capital muy limitado y quienes accedían a la misma eran
solo unos pocos pertenecientes a los sectores más privilegiados de la sociedad (y en su
mayoría hombres). Mientras que, la oferta educativa, hasta ese momento, se encontraba
monopolizada por la iglesia.
Con la conformación de los Estados Nación, era necesario poder sembrar en la totalidad de
la población los ideales de un sector, para ello, se debió construir una herramienta que
posibilitará dicho proceso. Es así como surge: La Escuela.
Una pregunta que cabe realizar aquí es ¿Cómo se construyó la Escuela? Primero, es
necesario señalar que la misma logra imponerse a otros modelos de educación vigente, por
medio de lo que Pablo Pino llama ensamble de piezas.
Esa significación y experiencia social, es la que nos hace olvidar que la escuela es producto
social. Es decir, el modelo que conocemos hoy es una construcción de las sociedades que
primo sobre otros, por lo tanto, es una posibilidad entre tantas otras que se desarrollaron a
lo largo de la historia.
La Forma de la Escuela
Les proponemos iniciar nuestro recorrido a partir de la observación de tres imágenes. A las
mismas las atraviesan y unen diferentes tiempos históricos y espacios sociales.
Estas imágenes trazan las marcas de aquello que Guy Vincent, Bernardo Lahire y Daniel
Thin (2001) denominaron como “forma escolar”, que David Tyack y Larry Cuban (1999)
llamaron “gramática escolar”. A pesar de la proximidad, las categorías suponen diferencias
que se manifiestan principalmente en los modos en que los autores comprenden la relación
entre permanencia y cambio en los haceres escolares y en cómo conciben los múltiples
intercambios establecidos entre la escuela y la sociedad.
En el caso de Vincent, Lahire y Thin, muestran como con el surgimiento de la escuela como
un lugar específico y separado de otras prácticas sociales, se constituyen saberes escritos
formalizados, y se producen efectos durables de socialización* en los estudiantes.
Southwell, en tal sentido, recuperando a los autores, define a la misma como a aquellas
maneras de hacer que se gestaron a partir de la construcción de la escuela, como aparato
social y que dieron
Terigi (2011), de igual manera, amplia esta definición al incluir en la misma a, “la importancia
de las reglas en el aprendizaje; la organización racional del tiempo; la multiplicación y la
repetición de los ejercicios, cuya única función consiste en aprender y aprender conforme a
las reglas o, dicho de otro modo, teniendo por fin su propio fin” (p. 4)
“...las reglas y las estructuras regulares que organizan el trabajo de instrucción. Pensamos,
por ejemplo, en las prácticas organizativas estandarizadas de división del tiempo y el
espacio, de clasificación de los estudiantes y localización en salas de clases, y de
separación del conocimiento en «temas»”. (Terigi, 2011, p.16).
Dominique Julia (2001) y André Chervel (1990) construyen el termino “cultura escolar”. El
mismo, combina la atención a las normas y a los intereses por las prácticas, intentando
percibir cómo profesores y alumnos traducen las reglas en haceres, expurgan directrices
que consideran inadecuadas y seleccionan unos dispositivos en detrimento de otros, en una
verdadera elección y reconversión de aquello que les es propuesto.
Por tanto, esos sujetos se valen de la experiencia (administrativa y docente) construida
social e históricamente, lo que comporta elecciones no siempre conscientes y expresa
múltiples diferencias sociales, sean de género, generación, etnia, clase o grupo social. Es
en este sentido que Julia alerta sobre la conveniencia de asociar el estudio de las culturas
escolares a la comprensión de las culturas familiares e infantiles.
Quinta Estación
Con el objeto de empezar el recorrido por esta tercera clase, les invitamos a retomar
sus bitácoras de viaje.
En esta quinta estación, les invitamos a recuperar sus recorridos formativos por
medio de los siguientes interrogantes:
Ahora bien, una vez realizado este recorrido le preguntamos a un hijx, sobrinx,
conocidx, que se encuentre transitando actualmente su escolaridad y realizarle las
mismas preguntas. ¿Surgen diferencias? ¿Cuáles? ¿Se presentan continuidades?
¿De qué manera se presentan?
Características de la Escuela
En el ejercicio de definir lo que es una escuela intervienen muchos factores –teorías,
visiones, objetivos, valores, etc.– que dan origen a un sin número de conceptualizaciones
en las que se remarcan algunos aspectos sobre otros. No obstante, persistirá en cada una
de ellas una serie de elementos comunes que se consideran fundamentales para la
identificación y conformación de la escuela como institución educativa. El más elemental es
la existencia de dos roles: el de docentes y el de alumnos pero no es lo único...
Jaume Trilla, asumiendo una cita de Alfonso X, el Sabio, nos propone considerar una serie
de aspectos a partir de los cuales podemos caracterizar la escuela tal y como formalmente
se nos presenta. En la realidad particular de cada escuela estos aspectos asumirán
variantes propias que solamente se podrán percibir estando en ella.
Veamos cada una de ellas trayendo a escena algunos fragmentos del documental visto para
mejor comprenderlas:
4°- Definición de roles docente y discente: para que exista escuela debe existir alguien
que enseñe y alguien que aprenda. Si se excluye de la escuela a los docentes (prácticas de
enseñanza) y a los discentes (prácticas de aprendizaje), aquella pierde su sentido e
identidad primordial. A pesar de que el vínculo educador y educando es preexistente a la
escuela; los roles docente y alumnos son constitutivos de la institución educativa, su
configuración se singulariza según el tipo de escuela, la época y el lugar. El vínculo entre
ambos es de reciprocidad y está atravesado por el saber.
Dimensión Interpersonal
Esta dimensión centra su atención en las relaciones que mantienen las personas que
forman parte del proceso educativo, con sus diferencias a nivel individual -diferencias
etarias, sexuales, de intereses, preferencias ideológicas y políticas, etc-, como así también,
las funciones que cumplen dentro del marco institucional de la escuela, formándose una
construcción social particular y compleja.
El modo en el que se entretejen las relaciones interpersonales se suele identificar como
“clima institucional”, un ambiente de trabajo que influye en la disposición y el desempeño de
cada docente como individuo. Es un espacio colectivo que permanentemente lleva a la
necesidad de establecer acuerdos con otrxs, tomar decisiones conjuntas, participar de
proyectos en común, o disentir en relación a lo que otrxs dicen o hacen.
Con el objeto de acercarnos a pensar dicha trama, recuperaremos las diferentes funciones
que se le asignan, dando cuenta de cómo cada una de ellas puede ir variando y
resignificando de acuerdo a los contextos sociales e históricos, como así también de los
sujetos que la conforman.
Este mandato es único pero cada institución educativa lo desarrolla de modo particular
dependiendo de sus ideales, objetivos, visiones, fundamentos y perfiles de formación. En
palabras de Gladys Schwartz, especialista en Sociedad y Educación, “cada escuela redefine
el mandato social, genera una organización y una dinámica especial, construye sus
propósitos y las formas de lograrlo, configurando un estilo que orientan las
prácticas.” (UNRC. 1996, p. 5)
Recuperando a Jaume Trilla podemos decir que si bien las escuelas poseen una serie de
características que les son comunes, y a través de las cuales se las identifica como
instituciones con fines educativos, cada una de ellas adopta particularidades que en
conjunto con esos elementos compartidos configuran prácticas, formas y estilos de hacer
las cosas exclusivas de cada escuela, que orientan el actuar de lxs sujetos pero que, al
mismo tiempo, son traducidos y resignificados por éstos
Desde esta perspectiva es importante no hacer afirmaciones aisladas sobre una institución
educativa sino que las mismas deben ser enunciadas a partir de la consideración de una
serie de aspectos que operan como fundamento y justificación de aquello que se dice. Por
ejemplo, no se debería afirmar que tal escuela es más inclusiva que otra solamente por el
hecho de que acepta recibir estudiantes que requieren una adecuación de los contenidos
para poder avanzar en sus aprendizajes. Este hecho aislado no es razón suficiente para tal
afirmación; sólo constituye un indicio pero desde el cual nada se puede concluir ya que
puede ser abierta a recibir estos estudiantes pero las prácticas institucionales reales sigan
siendo excluyentes.
Dimensión Organizacional
Como punto de partida para abordar esta dimensión de análisis podemos tomar aquella
afirmación que sostiene que toda institución social requiere de un cierto ordenamiento para
poder funcionar. Esto implica que su marcha no debe quedar librada al azar o al arbitrio de
cada una de las personas que forman parte de la organización sino que debe existir un
ordenamiento básico que regule en cada caso lo que se debe hacer y lo que se debe evitar
a fin de garantizar el orden y cumplir con los objetivos trazados. Sin ese requisito,
rápidamente las instituciones caerían en un caos que derivaría en la inoperancia de sus
miembros, el malestar y la enfermedad institucional generalizada.
Para evitar ese caos y garantizar que el ordenamiento se cumpla es necesario que todos y
cada uno de los miembros de una institución tenga claridad del lugar que ocupa dentro de la
organización a la vez que sepa indefectiblemente cuál es la tarea o función que debe
realizar según el cargo que ocupa. Esta es la razón por la que en toda institución existen los
“roles”; algunos son formales y prescritos (porque son conocidos y definidos en un
documento institucional llamado “organigrama funcional”) otros, en cambio, son informales y
tácitos (no aparecen escritos ni definidos en ningún lado pero existen, operan e influyen a
través de las prácticas).
1. Que esta dimensión de análisis está presente en cualquier institución del medio
social como pueden ser un hospital, un club, la iglesia, la policía, la escuela, el
círculo médico, el colegio de ingenieros, etc. Todas ellas poseen un ordenamiento
específico que les permite funcionar y cumplir con sus objetivos particulares.
2. Que la atención del análisis desde esta dimensión está centrada en la cuestión de
los “roles institucionales”.
Las autoras de la bibliografía propuesta como material de lectura afirman que toda
institución, incluida la educativa, prescribe roles. Cada rol va acompañado de una serie de
funciones, responsabilidades, obligaciones y deberes que le son inherentes por lo que
cuando una persona asume ese lugar, indefectiblemente acepta y se responsabiliza por
todo lo que ello conlleva.
En las instituciones educativas existen dos roles que son básicos y cimientos de su
identidad: el rol docente y estudiantes. Sin estos roles esenciales, la escuela dejaría de ser
una institución educativa. No obstante, no son los únicos roles prescritos de este tipo de
institución. Hay otros que, siendo necesarios, van a acompañar a que los procesos de
enseñanza y de aprendizaje –propios de aquellos roles- puedan desarrollarse y concretarse.
Dentro de esos roles auxiliares podemos mencionar: secretaria, bibliotecario, maestranza,
consejo escolar, coordinación de áreas, etc. Cada uno de ellos con una función específica y
diferente del resto.
Pero al ser tantos… ¿cómo se garantiza que actúen de manera coordinada entre ellos?
Para eso se necesita la presencia de una instancia jerárquica superior que pueda
ordenarlos, coordinarlos y guiarlos desde una concepción de escuela como un todo y no
como suma de partes. Esa instancia está circunscripta al Rol de Conducción que lo ocupa el
equipo directivo.
Dimensión Comunitaria
La dimensión comunitaria se orienta a dar cuenta del tipo de intercambio que se establece
entre la escuela y su entorno social. Toda institución educativa es primeramente una
institución social y que como tal posee un mandato del mismo tenor que exige un constante
intercambio entre estos dos ámbitos sociales. Se debe recordar aquí, una vez más, que el
vínculo entre instituciones educativas y sociedad está mediado y regulado por el mandato
social definido en aquel contrato fundacional definido en los orígenes de su fundación. Ese
mandato define la función pedagógica que esta institución debe cumplir en el medio social
que se encuentra inserta.
No hay que perder de vista ese aspecto puesto que la relación entre institución educativa y
medio social se va a producir en torno a esa función pedagógica. No será una relación
exclusiva desde lo afectivo, económico o político; será una relación que se establece con
finalidades pedagógicas. Por ello Frigerio, Poggi y Tiramonti afirman que:
Para las autoras citadas, hablar de comunidad es referirse a algo mucho mayor que una
sumatoria de individuos. Implica, más bien, un grupo de personas unidas por intereses
comunes que buscan solucionar problemas compartidos a partir de los recursos disponibles
con los que el grupo cuenta. En consecuencia, concebir el vínculo que establece cada
institución educativa con su entorno en claves de comunidad es esencial para poder
analizar la naturaleza y el sentido a partir del cual se trazan los lazos y vínculos. Habrá
comunidad, podríamos decir, si los vínculos establecidos entre los sujetos involucrados
consolidan proyectos pedagógicos sustentados en un real y sincero sentimiento de
pertenencia, compromiso e identificación.
Al abordar esta dimensión comunitaria, las autoras involucran dos aspectos inevitables que
posibilitarán delimitar y definir el vínculo escuela-sociedad. El primer elemento tiene que ver
con el carácter abierto o cerrado que asumen las instituciones en ese vínculo con su
contexto social; el segundo, con el concepto de participación y las normas de convivencia
institucional.
Las instituciones educativas asumen un carácter abierto o cerrado dependiendo del grado
de apertura e intercambio con su medio social. Ese intercambio no debe entenderse
solamente desde lo material sino que principalmente debe hacérselo desde la función
pedagógica que la especifica –o como lo definen las autoras: el cerco simbólico-. En ese
sentido hay que tener en cuenta lo siguiente:
Detengámonos unos minutos para explicar algunos aspectos que deben ser tenidos en
cuenta y que nos ayudarán a comprender mejor esas categorías de "escuela abierta y
escuela cerrada" planteadas por las autoras:
En esta caracterización de “escuela abierta” o “escuela cerrada” hay que evitar caer en la
formulación dicotómica y errónea que plantea “escuela de carácter
abierto=bueno” o “escuela de carácter cerrado=malo” como si fuera una correspondencia
relacional directa. Por el contrario, en medio de estas posturas existen matices que deben
ser atendidos y a partir de los cuales se nos permite visualizar los riesgos a los que se
enfrenta una institución educativa si cae en los extremos de ambas posiciones.
Una escuela extremadamente abierta corre el riesgo de desaparecer por “DILUCIÓN”; esto
quiere decir, que se ha convertido en una institución que ha perdido o abandonado su
función pedagógica para encargarse de otras cuestiones que son relevantes pero cuya
solución no son directamente de su responsabilidad. Por ejemplo: una escuela que adopte
cotidianamente prácticas de contención afectiva para con sus alumnos por sobre aquellas
que procuren brindarles una educación de calidad. En esa línea de razonamiento las
autoras abordan la cuestión del asistencialismo como una de las demandas que
mayormente predomina en las instituciones educativas desde hace unas décadas. Un tema
doloroso y delicado, afirman las autoras, pero que necesita ser analizado en un justo
equilibro de prioridades y especificidades que incumben a la función particular de las
instituciones educativas.
Dimensión Administrativa
Esta dimensión se circunscribe a la cuestión de los procedimientos, las pautas y las reglas
de comportamientos y/o conductas institucionales que regulan no solamente las prácticas
de los actores involucrados sino también el intercambio y la comunicación entre ellos.
Administrar adopta esa connotación negativa cuando, bajo la idea de lograr un control
racional de todas las acciones, se descompone el proceso total en tantas partes como sea
necesario para garantizar el control de todas sus variantes. Un ejemplo gráfico de esta
dinámica la podemos encontrar en la clásica película “Tiempos modernos” (1936) que
representa la puesta en marcha de esta idea clásica de la administración como el control
racional en los inicios del mundo industrializado. Visión apoyada en los desarrollos teóricos
hechos por autores como Max Weber (Alemania), Frederick Taylor (Estados Unidos) y
Henry Fayol (Francia) más conocidos como los maestros de la teoría clásica de la
administración.
Será esa burocracia la que también llegará al ámbito educativo incorporando a su dinámica
rutinas, conductas y ritos prefijados. Las escuelas empiezan a organizarse y funcionar a la
manera como lo hacían las industrias. En su interior aparecen protocolos de procedimientos
y formas de hacer las cosas como estructuras fijas, difíciles de franquear o cambiar sin sufrir
sanción o desplazamiento como consecuencia de su incumplimiento. Los actores que
habitan el ámbito educativo empiezan a verse regulados por esos formatos y, en la mayoría
de los casos, acompañado por un creciente sentimiento de pérdida de sentido que justifique
por qué se hace lo que se hace.
Llegados a este punto entran en juego dos conceptos clave que involucra la dimensión
administrativa: los ritos y el proceso de ritualización. Como punto de partida se debe decir
que los ‘ritos’ son necesarios en toda institución no solo por su papel organizador sino
también por el rol educativo que ellos conllevan. El problema se presenta cuando esos ritos
pierden, ante los ojos de los actores, el sentido o razón de ser. Es en estas circunstancias
cuando ‘los ritos caen bajo un proceso de ritualización’.
Los Ritos: son las formas habituales y rutinarias de proceder y/o hacer las cosas dentro de
una institución educativa acompañadas por un conocimiento consciente de parte de los
actores involucrados sobre el sentido y significados de por qué hacen lo que hacen. Existen
ritos o procedimientos que son exclusivamente administrativos (procedimientos y requisitos
para inscribir un niño en una escuela; formato de presentación de la planificación docente,
existencia de un circuito formal para presentar un reclamo o nota a las autoridades
escolares), otros que son de naturaleza institucionales y/o culturales (formación inicial e
izamiento de la bandera, fórmulas en actos escolares, efemérides, etc.).
Este mismo nivel de análisis se puede hacer con otros aspectos institucionales como
pueden ser los actos escolares o el izamiento de la bandera dentro del conjunto de otros
tantos ritos institucionales.
Dimensión Pedagógica-Didáctica
Considerar las prácticas pedagógicas como elemento clave del análisis exige recuperar y
atender a un sinnúmero de elementos que la rodean y significan. Las autoras del texto de
lectura pondrán en relación a lo largo del desarrollo de esta dimensión dichas prácticas con
otros elementos vinculantes como el currículum, la transposición didáctica y los equipos
directivos. Con el propósito de facilitar la comprensión de las relaciones ofrecidas por
Frigerio y Poggi se les ofrece aquí el siguiente esquema con su posterior explicación
esperando que sirva de guía para la posterior lectura de la bibliografía.
Empezaremos la comprensión del esquema desde el centro. Allí se ubica la práctica
pedagógica como elemento clave de esta dimensión. Sabemos que la práctica se
circunscribe en el espacio del aula y consiste en aquel vínculo que establece el docente con
sus alumnos mediando el contenido; un vínculo sobre todo de naturaleza pedagógica (sin
olvidar que naturalmente se entrelaza con otros de tipo afectivos, humanos y sociales). Los
contenidos serán entonces el punto de encuentro entre los roles docente y estudiantes.
Esos contenidos son la adaptación hecha del conocimiento que circula en el ámbito de
la sociedad y a los que ésta considera como valiosos para ser transmitidos a las futuras
generaciones de ciudadanos. Esa adaptación se realiza a través de un proceso de
selección, procesamiento y transformación que se conoce con el nombre de transposición
didáctica y que atraviesa los diferentes ámbitos que integran el campo educativo en ese
camino de sucesivas adaptaciones. El docente es el último eslabón de ese proceso; lo
preceden tanto decisiones institucionales como políticas y sociales que se materializan en el
llamado currículum prescripto (que es el diseño curricular como propuesta oficial para la
enseñanza de un país, provincia y/o jurisdicción).
En todo este esquema, nos queda por abordar la cuestión de los equipos directivos que, en
la propuesta de análisis de las autoras, ocupan un lugar central. Su lugar de actuación
concreto es el de las instituciones educativas. Son los encargados de velar para que el
mandato social dado a la escuela se cumpla en la institución a su cargo. Las cinco
funciones vistas en la dimensión anterior se orientan a concretar esta tarea. Como
responsables de una institución no solamente deben encargarse de las cuestiones
administrativas y de funcionamiento escolar sino que sobre todo deben custodiar y cuidar el
aspecto pedagógico en todas sus dimensiones. Por ello, no solamente deben actuar a nivel
de la institución sino que también tienen autoridad para interactuar en las prácticas
pedagógicas sosteniendo, acompañando y orientando a los docentes en sus tareas de
enseñanza. Este último aspecto no debería hacerse desde la improvisación y/o imposición
absolutas sino que requiere pensar, planificar y acordar actividades conjuntas con sus
docentes. Por eso las autoras del texto destinan un apartado para tratar la observación
como dispositivo de trabajo de los equipos de conducción; esto es: utilizar la observación
como técnica para evaluar y conocer lo que sucede en las aulas de su escuela y así poder
orientar a cada docente de la manera más realista y atinada posible.
Sexta Estación
Con el objeto de que continuemos el recorrido por esta clase, les invitamos a volver
sobre sus bitácoras de viaje.
En esta ocasión los invitamos a elegir una de las dimensiones institucionales
(Organizacional,comunitaria,pedagógico-didáctica y/o administrativa ) y relacionarla
con su cotidiano como docentes o estudiantes.
Algunas preguntas orientadoras
D. Administrativa:
¿ Qué tipos de ritos o procesos de ritualización logran identificar?
D. Organizacional:
¿ Cómo es la organización de la escuela? ¿Qué roles identifica?
D. Comunitaria
¿ Cuál es la relación de la escuela con la comunidad ?
D. Pedagógica-Didáctica
¿ Cuál es el vínculo del docente con el estudiante? ¿ cómo el contenido influye en el
mismo?
Cierre
En esta clase hemos ofrecido un recorrido por la dimensión Institucional, profundizando
sobre todo en la escuela, como una organización específica donde se desarrollan las
prácticas docentes. También abordamos sobre la dimensión interpersonal que centra su
atención en las relaciones que mantienen las personas que forman parte del proceso
educativo.
Nos encontraremos otra vez de manera virtual asincrónica el lunes 2 de diciembre allí
abordaremos las últimas dos dimensiones de la Práctica Docente, la social y la didáctica.
Jessica y Federico