Cuadernillo Cuarto PDL
Cuadernillo Cuarto PDL
ACTIVIDADES
NOMBRE DEL ESTUDIANTE:
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CUENTOS
MARAVILLOSOS
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TEXTOS
EXPOSITIVOS
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HISTORIETAS
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LA
COMUNICACIÓN
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REFLEXIÓN
SOBRE EL
LENGUAJE
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TÉCNICAS DE
ESTUDIO
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LITERATURA
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EL GATO
con botas
Charles Perrault | Ilustraciones de Leicia Gotlibowski
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Este material ha sido elaborado por la Dirección Provincial de Educación Primaria dependiente
de la Subsecretaría de Educación de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia
de Buenos Aires.
Autor de la obra: Charles Perrault. Ilustraciones: Leicia Gotlibowski.
Febrero 2023
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El gato con botas
Había una vez un molinero que, antes de morir, llamó a sus tres hijos y
les dejó todos sus bienes: un molino, un asno y un gato. El reparto de la
herencia se hizo enseguida, sin llamar al notario ni al procurador, pues
probablemente se hubieran llevado todo el pobre patrimonio. El hijo mayor
se quedó con el molino; el segundo, con el asno, y al más pequeño solo le
correspondió el gato.
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El gato con botas
Durante dos o tres meses, el gato continuó llevando al rey las piezas que
cazaba. Siempre le decía que lo enviaba su amo, el Marqués de Carabás.
Un día el gato se enteró que el rey iba a dar un paseo por la orilla del río con
su hija, la princesa más hermosa del mundo. Sin perder un segundo, le dijo
a su amo:
—Si sigue mi consejo podrá hacer fortuna.
No tiene más que bañarse en el río, en el
lugar que yo le indique, y luego déjeme
hacer a mí. Pero recuerde que ahora es
usted el Marqués de Carabás; ya no es más
el hijo de un pobre molinero.
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El gato con botas
Mientras el joven se bañaba, pasó por allí el rey. Apenas lo vio, el gato se
puso a gritar con todas sus fuerzas.
¡SOCORRO! ¡SOCORRO!
¡Se ahoga el Marqués de Carabás!
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El gato con botas
Mientras tanto, el gato, que seguía yendo adelante, se encontró con un grupo
de cosechadores y les dijo:
—¡Eh, oigan, buenas gentes, si no decís al rey que todo este trigo pertenece
al señor Marqués de Carabás, seréis hecho picadillo como carne de pastel!
El gato, que sabía quién era aquel ogro y qué cosas sabía hacer, llamó a la
puerta y pidió hablar con él para presentarle sus respetos. El ogro lo recibió
tan cortésmente como puede hacerlo un ogro y lo invitó a descansar un rato.
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El gato con botas
un animal pequeño, como una rata o un ratón, aunque debo confesaros que
esto sí me parece del todo imposible.
—¿Imposible? –replicó el ogro–. ¡Ya lo veréis!
Y mientras decía esto se transformó en un ratón que se puso a correr por el
suelo. El gato, en cuanto lo vio, se arrojó sobre él y se lo comió.
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DIRECCIÓN GENERAL DE
CULTURA Y EDUCACIÓN
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El traje nuevo del Emperador
Hace muchos años vivía un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos
que gastaba todo su dinero en vestir con la máxima elegancia. No se
interesaba por sus soldados, ni le atraía el teatro, ni le gustaba pasear en
coche por el bosque, a menos que fuera para lucir sus atuendos nuevos.
Tenía un traje distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se
dice que un rey se encuentra en el Consejo, de él se decía siempre:
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El traje nuevo del Emperador
“Me gustaría saber lo que han avanzado con la tela”, pensaba el Emperador,
pero se encontraba un poco confuso en su interior al pensar que el que
fuese tonto o indigno de su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo.
No es que tuviera dudas sobre sí mismo; pero, por si acaso, prefería enviar
primero a otro, para ver cómo andaban las cosas.
El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos
pícaros, que seguían trabajando en los telares vacíos.
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El traje nuevo del Emperador
Los estafadores volvieron a pedir más dinero, más seda y más oro, ya que
lo necesitaban para seguir tejiendo. Lo almacenaron todo en sus alforjas,
pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes,
trabajando en el telar vacío.
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El traje nuevo del Emperador
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El traje nuevo del Emperador
—Las prendas son ligeras como si fuesen una tela de araña –elogiaron
los bribones–. Se diría que no lleva nada en el cuerpo, pero esto es
precisamente lo bueno de la tela.
—¡En efecto! –asintieron todos los cortesanos, sin ver nada, porque nada
había.
El Emperador se despojó
de todas sus prendas, y los
pícaros simularon entregarle
las diversas piezas del vestido
nuevo, que pretendían haber
terminado poco antes. Luego
hicieron como si atasen algo a
la cintura del Emperador: era
la cola y el Monarca se movía y
contorneaba ante el espejo.
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El traje nuevo del Emperador
—¡Pero si no lleva nada puesto! ¡Es un niño el que dice que no lleva nada
puesto!
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DIRECCIÓN
GENERAL DE
CULTURA Y
ALADINO
Y LA LÁMPARA MARAVILLOSA
EDUCACIÓN
Cuento oriental
Ilustraciones de Leicia Gotlibowski
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Provincia de Buenos Aires
Gobernador
Axel Kicillof
Vicegobernadora
Verónica Magario
Jefe de Gabinete
Pablo Urquiza
Subsecretaria de Educación
Claudia Bracchi
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ALADINO Y LA LÁMPARA
MARAVILLOSA
Parte 1
Un extraño encuentro y un jardín
encantado
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Un día estaba Aladino en la plaza con otros
vagabundos, cuando pasó por allí un extranjero que se
detuvo y lo observó largo rato. El extranjero era un mago
con tanto poder de su hechicería que podía hacer chocar
unas con otras las montañas más altas. «¡He aquí
–pensaba el extranjero– al joven que busco desde hace
largo tiempo!».
El mago se aproximó al joven y le dijo:
—¿No eres Aladino, el hijo del sastre Mustafá?
Y él contestó:
—Sí, pero mi padre hace mucho que
ha muerto.
Al oír estas palabras, el extranjero
lo abrazó llorando y el muchacho le
preguntó:
—¿Por qué llora, señor?
—¡Ah, hijo mío!, —exclamó el
hombre—. Soy tu tío y acabas de
revelarme la muerte de mi pobre
hermano. En cuanto te vi descubrí el
parecido en tu rostro.
El extranjero miró al joven a los ojos
y le dijo:
—¡Es mi deber tratarte como a
un hijo! Mañana volveré a buscarte y
visitaremos a maestros de distintos
oficios para que elijas o te abriré una
tienda en el mercado para que trabajes
como un hombre honrado.
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A la mañana siguiente, Aladino y el mago a quien creía
su tío se encontraron en ese mismo lugar y echaron a andar
juntos hasta atravesar las murallas de la ciudad, de donde
nunca antes había salido Aladino. Anduvieron por el campo
y llegaron a un valle al pie de una montaña. ¡Para llegar
allí el mago había salido de su país y había viajado hasta la
China!
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Al oír la palabra tesoro, el pobre Aladino contestó: Aladino sin olvidar las recomendaciones del mago a
—¡Oh, tío mío!, ¡mándame lo que quieras! quien todavía creía su tío, cruzó el jardín sin detenerse, vio la
—¡Baja al fondo del agujero, toma con tus manos la lámpara encendida y la tomó. Vertió en el suelo el aceite y la
argolla de bronce y levanta la piedra! ¡Sólo tendrás que ocultó en su pecho. Volvió luego sobre sus pasos y llegó de
pronunciar tu nombre y el nombre de tu padre al tocar la nuevo al jardín.
argolla!
Los árboles del maravilloso jardín estaban cargados
Entonces se inclinó Aladino y tiró de la argolla de de frutas de formas, tamaños y colores extraordinarios.
bronce diciendo: Las había blancas casi transparentes como el cristal. Y
—¡Soy Aladino, hijo de Mustafá! rojas como los granos de la granada. Y verdes, azules y
amarillas. El pobre Aladino no sabía que las frutas blancas
eran diamantes, las frutas rojas eran rubíes, las verdes eran
Y levantó con gran facilidad el mármol. Debajo, vio una
esmeraldas, que las azules eran turquesas y las amarillas eran
cueva que conducía a una puerta de cobre rojo. El mago le topacios.
ordenó:
—Aladino, entra por la puerta. Encontrarás un jardín Entonces, se acercó Aladino a los magníficos árboles y
con árboles cargados de frutas. ¡No te detengas! Camina y recogió frutas de todos los colores, llenándose el cinturón,
verás sobre un pedestal de bronce, una lámpara de cobre los bolsillos y guardándolas entre sus ropas. Agobiado por el
encendida. Tomarás esa lámpara, la apagarás, verterás peso, se ciñó cuidadosamente el traje y avanzó lentamente.
en el suelo el aceite y te la esconderás en el pecho. ¡Y En la puerta vio al mago que, sin paciencia para esperar,
volverás por el mismo camino! Al regreso podrás recoger le dijo:
del jardín tantas frutas como quieras. Una vez que te —¿Aladino, dónde está la lámpara?
hayas reunido conmigo, me entregarás la lámpara.
El mago se quitó un anillo que llevaba y se lo puso a Aladino contestó:
Aladino en el pulgar, diciéndole: —¿Cómo quieres que te la dé tan pronto si está entre
—Este anillo, hijo mío, te pondrá a salvo de todos los las frutas de vidrio con que me he llenado la ropa por todas
peligros. partes? ¡Espera a que salga de esta cueva!
Pero el mago supuso que Aladino quería guardarse la
lámpara y lanzó un grito de rabia. Al momento el mármol se
cerró y Aladino quedó atrapado en la cueva.
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Parte 2
El genio del anillo y el genio
de la lámpara
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Aladino quedó aterrado pero cuando pudo hablar,
contestó:
—¡Oh genio, sácame de esta cueva!
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La madre tomó la lámpara y se puso a
limpiarla. Pero apenas había empezado a frotarla
cuando surgió otro genio, más feo que el de
la cueva, que dijo con voz ensordecedora:
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Parte 3 Ella exclamó:
La bella hija del sultán —¿Dónde están los regalos que deberé ofrecer al
sultán como homenaje?
El joven contestó:
Un día, el joven escuchó a dos pregoneros del —¡Oh madre!, las frutas de colores que traje del jardín
sultán que anunciaban a todo el pueblo: subterráneo son piedras preciosas. ¡Trae una fuente de
—¡Oh vosotros, mercaderes y habitantes! ¡Por porcelana!
orden del sultán, cerrad vuestras tiendas porque va Aladino colocó las piedras en la fuente, combinando
a pasar por aquí la perla única, la maravillosa, Badrul los colores y las formas. Su madre exclamó:
Budur, hija del sultán! —¡Qué bello es esto!
Aladino se escondió detrás de una puerta para Cuando el sultán vio a la madre de Aladino, le dijo:
mirar a la hija del sultán por las rendijas. —¡Oh mujer! ¿Qué traes en ese pañuelo que sostienes
Sus ojos descubrieron entonces a una joven de por las cuatro puntas?
quince años, con una cintura como la rama más tierna La madre de Aladino desató el pañuelo en silencio.
de los árboles. Al momento se iluminó el lugar con el resplandor de
Los ojos de Badrul Budur eran negros como la las piedras y el sultán quedó deslumbrado. La madre le
noche, sus mejillas semejantes a pétalos de rosa y una trasmitió la petición de su hijo.
boca de labios encarnados.
El rey dijo:
—¡Oh madre! —dijo al llegar a su casa—, he visto a —El joven Aladino me envía un hermoso presente,
la princesa Badrul Budur, hija del sultán y deseo pedirla merece que escuche su pedido. Dile que se hará
en matrimonio! Tú serás quien vaya a hacer el matrimonio cuando me haya enviado la dote: cuarenta
al sultán esa petición. fuentes de oro macizo llenas hasta los bordes de las
mismas piedras en forma de frutas.
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Aladino expresó su pedido y en un momento
regresó el genio seguido por esclavas que traían sobre
sus cabezas las fuentes de oro macizo.
Y contestó Aladino:
—¡Oh, sultán! Estoy ansioso por
celebrar la boda pero deseo antes hacer
¡AQUÍ TIENES A TU ESCLAVO! construir un palacio digno de Badrul
¡SOY EL SERVIDOR DE LA LÁMPARA Budur.
EN EL AIRE POR DONDE VUELO
Y EN LA TIERRA POR DONDE ME ARRASTRO!
¿QUÉ QUIERES?
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Dicho esto, Aladino se despidió del sultán y regresó
a su casa. Tomó la lámpara mágica y la frotó como de
costumbre.
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Se celebró entonces la boda. La madre de Parte 4
Aladino vestía un bello traje. Badrul Budur la recibió El regreso del mago
con ternura. La princesa caminó hacia el nuevo
palacio donde la esperaba Aladino. Salió él a su Un día, aquel hechicero que había engañado
encuentro sonriendo y ella quedó encantada de a Aladino quiso saber qué había sido del joven.
verlo tan juvenil y hermoso. Preparó su mesa de arena adivinatoria, alisó la arena
y murmuró ciertas fórmulas:
Aladino, lejos de sentirse orgulloso de su nueva —¡Oh, arena del tiempo! ¿Qué ha sido de la
vida, trató de socorrer a las gentes pobres porque lámpara mágica? ¿Cómo murió Aladino?
no olvidaba su antigua miseria.
Con inmensa sorpresa, el mago descubrió que
Aladino no estaba muerto y resolvió vengarse de él
y destruir su felicidad. Sin vacilar se puso en camino
para la China y llegó al palacio de Aladino.
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Una de las mujeres que trabajaba en el palacio le dijo a El mago le dijo:
la princesa Badrul Budur: —¡Oh genio! ¡Transporta a mi país el palacio
—¡Oh mi señora! Al limpiar el cuarto de mi amo de Aladino con los seres y las cosas que contiene y
Aladino, he visto una lámpara vieja de cobre. ¡Permíteme transpórtame a mí con el palacio!
que vea si el viejo está tan loco como para cambiarla!
—¡Desde luego! —le respondió la princesa. En un abrir y cerrar de ojos, el hechicero se
encontró en su país, en el palacio de Aladino con la
princesa Badrul Budur en sus aposentos.
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¡AQUÍ TIENES A TU ESCLAVO!
¡SOY EL SERVIDOR DEL ANILLO
EN LA TIERRA, EN EL AIRE Y EN EL AGUA!
¿QUÉ QUIERES?
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Badrul Budur se precipitó a la ventana y gritó: Parte 5
—¡Oh querido mío!, ¡te abriré la puerta secreta! El rescate de su amada
Aladino subió al aposento y ambos se besaron con
gran alegría. Badrul Budur contó a Aladino lo que había El hechicero llegó a la hora anunciada. Y la princesa,
ocurrido en el palacio en su ausencia. con una sonrisa, lo invitó a sentarse junto a ella y
le dijo:
—Después de transportarnos aquí, el maldito mago —¡Oh, señor! Me he convencido de que Aladino ha
ha venido cada atardecer y no ha cesado de afirmar que muerto y mis lágrimas no le darán vida. ¡Te ofrezco un
habías muerto para hacerme sufrir. brindis por nuestra amistad!
—Dime, Badrul Budur, ¿en qué sitio del palacio está
escondida la lámpara? Se dirigió a la mesa y echó el líquido en la copa de oro
—El mago la lleva en el pecho continuamente — que ofreció al mago. Él tomó la copa, se la llevó a los labios
respondió la princesa. y la vació de un trago. ¡Al instante cayó a los pies de Badrul
Budur!
Entonces Aladino se quedó a solas, frotó el anillo y dijo
al genio: Aladino salió de su escondite, se precipitó sobre el
—¡Te ordeno que me traigas un frasco con líquidos mago y le sacó del pecho la lámpara. Corrió hacia una
que adormezcan al mago! alcoba solitaria y frotó la lámpara.
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—¡Oh genio de la lámpara! —dijo Aladino—.
Transporta este palacio, con todo lo que contiene, al
reino de la China.
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Los jóvenes se arrojaron uno en
brazos del otro y desde entonces
vivieron una vida feliz. Tuvieron dos hijos
hermosos como lunas. De nada careció
su dicha hasta la llegada inevitable de
la separadora de amigos, la muerte.
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DIRECCIÓN
GENERAL DE
CULTURA Y
ALADINO
Y LA LÁMPARA MARAVILLOSA
EDUCACIÓN
Cuento oriental
Ilustraciones de Leicia Gotlibowski
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