0% encontró este documento útil (0 votos)
11 vistas24 páginas

Copia de Citoplasma

El citoplasma es la sustancia viva de la célula, compuesto principalmente por agua y diversas sustancias químicas, y se divide en citosol y carioplasma. Los orgánulos dentro del citoplasma realizan funciones específicas y están rodeados por membranas que facilitan reacciones bioquímicas. La membrana plasmática actúa como una barrera selectiva, regulando el transporte de sustancias y la comunicación celular.

Cargado por

Brianna Valeria
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
11 vistas24 páginas

Copia de Citoplasma

El citoplasma es la sustancia viva de la célula, compuesto principalmente por agua y diversas sustancias químicas, y se divide en citosol y carioplasma. Los orgánulos dentro del citoplasma realizan funciones específicas y están rodeados por membranas que facilitan reacciones bioquímicas. La membrana plasmática actúa como una barrera selectiva, regulando el transporte de sustancias y la comunicación celular.

Cargado por

Brianna Valeria
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Citoplasma

Las células son las unidades funcionales básicas de los organismos complejos. Las células que tienen o
sirven a un objetivo común se agrupan para formar tejidos, los cuales en los animales, y más
especificamente en los mamíferos, se distribuyen en cuatro categorías (epitelio, tejido conjuntivo, tejido
muscular y tejido nervioso). Estos tejidos se unen para formar órganos, que, a su vez, se agrupan en los
diversos sistemas del organismo. La tarea de cada uno de estos sistemas es encargarse de un conjunto
de funciones asociadas como la digestión, la reproducción o la respiración.
Aunque el cuerpo humano está compuesto por más de 200 tipos distintos de células, cada una se
encarga de una función diferenciada, todas ellas tienen algunas características en común y, por tanto,
pueden describirse en términos generales (figs. 2.1 a 2.4). Cada célula está rodeada por una membrana
plasmática, posee orgánulos que le permiten realizar sus funciones, sintetiza macromoléculas para su
propio uso o para su exportación, produce energia y es capaz de comunicarse con otras células. El
número y la disposición de los orgánulos varian no solo con cada célula en cuestión, sino también con la
fase concreta de su ciclo vital.
El protoplasma, la sustancia viva de la célula, está subdividido en dos compartimentos: citoplasma, que se
extiende desde la membrana plasmática a la envoltura nuclear, y carioplasma, material que forma el
contenido del núcleo. En el presente capítulo se detallan las características del citoplasma; en el capítulo
3 se abordará el núcleo.
El citoplasma está compuesto mayoritariamente por agua, en la cual están disueltas y/o en suspensión
diversas sustancias químicas orgánicas e inorgánicas. Esta suspensión líquida recibe el nombre de citosol
(líquido intracelular), la parte del citoplasma que queda una vez que se han extraído de él todos los
orgánulos, el citoesqueleto y las inclusiones. Los orgánulos son estructuras metabólicamente activas que
realizan funciones distintivas (figs. 2.5 y 2.6). El cito-esqueleto, un sistema de túbulos y filamentos,
mantiene la configuración de las células y les permite desplazarse y formar las vías intracelulares en el
interior de las células. Las inclusiones consisten en bioproductos metabólicos, formas de almacenamiento
de diversos nutrientes o cristales inertes y pigmentos.
Orgánulos
Los orgánulos son estructuras metabólicamente activas que realizan funciones especificas.
Aunque algunos orgánulos fueron descubiertos gracias a la micros-copia óptica, su estructura y su función
no pudieron elucidarse hasta la llegada de la microscopia electrónica, las técnicas de separación y los
procesos bioquímicos e histoquímicos de alta sensibilidad. Como consecuencia de la aplicación de estos
méto-dos, hoy en día se sabe que las membranas de los orgánulos están compuestas por una bicapa de
fosfolípidos, que no solo divide la célula en compartimentos, sino que además proporciona grandes áreas
superficiales para las reacciones bioquímicas esenciales para el mantenimiento de la vida.
© 2021. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos
MEMBRANA PLASMÁTICA
La membrana plasmática conforma una barrera permeable y selectiva entre el citoplasma y el medio
externo.
Cada célula está delimitada por una membrana celular (mem-brana plasmática; plasmalema) que:
Mantiene la integridad estructural de la célula.
o Controla los movimientos de las sustancias hacia y desde la célula
o (permeabilidad selectiva).
o Regula las interacciones entre distintas células
o Reconoce mediante receptores los antígenos y las células extrañas así como las células
alteradas.
o Actúa como una interfase entre el citoplasma y el medio externo.
o Establece sistemas de transporte para determinadas moléculas.
o Mantiene una diferencia de potencial entre las caras intra y extra-celular de la membrana.
o Transduce las señales físicas y químicas extracelulares en sucesos intracelulares.
Las membranas celulares no son visibles con el microscopio óptico. En las micrografías electrónicas, la
membrana plasmática o plasmalema tiene un grosor aproximado de 7,5 nm y aparece como una
estructura trilaminar de dos líneas finas y densas y un área brillante intermedia. Cada capa tiene una
anchura de unos 2,5 nm y la estructura en su conjunto se conoce como unidad de membrana (fig. 2.7). La
línea densa (citoplásmica) interior es su hemimembrana o lámina interna; la línea densa exterior se
conoce como hemimem-brana o lámina externa.
COMPOSICIÓN MOLECULAR
El plasmalema está compuesto por una bicapa de fosfolípidos y por las proteínas integrales y periféricas
asociadas.
Cada lámina está integrada por una única capa de fosfolípidos y proteínas, normalmente en una
proporción en peso de 1:1. Sin embargo, en algunos casos, como por ejemplo las vainas de mielina, el
componente lipídico supera al proteínico en una relación de 4:1.
Las dos láminas que componen una bicapa fosfolipídica con proteí-
nas asociadas forman la estructura básica de todas las membranas de la célula (fig. 2.8). Aunque vistas al
microscopio electrónico parecen indistinguibles entre sí, se sabe que su composición de fosfolípidos es
diferente, lo que determina que ambas hemimembranas sean asimétricas.
Cada molécula de fosfolípido de la bicapa lipídica es anfipática porque está formada por una cabeza
polar, situada en la superficie de la membrana, y dos largas colas de ácidos grasos no polares, formadas
en general por cadenas de 16 a 18 átomos de carbono, que se proyectan desde el centro del plasmalema
(v. fig. 2.8). Las colas de ácidos grasos no polares de las dos capas están una frente a otra dentro de la
membrana y forman entre sí enlaces no covalentes débiles, lo que mantiene unida la bicapa.
Las cabezas polares están formadas por glicerol, al que se une un grupo nitrogenado de carga positiva
mediante un grupo fosfato de carga eléctrica negativa. Las dos colas de ácidos grasos, de las cuales solo
una suele estar saturada, se unen al glicerol mediante enlaces covalentes.
En la membrana plasmática están presentes también otras moléculas anfipáticas, como los glicolípidos,
los glicoesfingolípidos y el colesterol.
Las moléculas de ácidos grasos insaturados incrementan la fluidez de la membrana, mientras que el
colesterol la reduce (aunque concentraciones de colesterol muy inferiores a las normales aumentan dicha
fluidez).
De hecho, algunas regiones del plasmalema están tan bien provistas de glicoesfingolípidos y colesterol
que crean una protuberancia en la membrana plasmática. Estos microdominios engrosados se conocen
como balsas lipídicas, las cuales forman un ligero abultamiento hacia el espacio extracelular: Con
frecuencia, las balsas lipídicas cuentan con componentes proteínicos que participan en diversos procesos
de señalización. Por tanto, dichas balsas parecen facilitar y mejorar la comunicación celular.
Los componentes proteínicos del plasmalema se extienden sobre toda la bicapa lipídica como proteínas
integrales o bien se anclan a la cara citoplásmica (y, a veces, a la extracelular) de dicha bicapa como
proteínas periféricas. Dado que la mayoría de las proteínas integrales atraviesan el grosor de la
membrana, también se denomi-nan proteínas transmembrana. Las regiones de las proteínas trans-
membrana que se proyectan en el citoplasma o en el espacio extracelular están compuestas por
aminoácidos hidrófilos, mientras que la región intramembrana o transmembrana contiene aminoácidos
hidrófobos. Las proteínas transmembrana forman frecuentemente canales iónicos y proteínas
transportadoras que facilitan el paso de determinados iones y moléculas a través de la membrana
plasmática.
Muchas de estas proteínas transmembrana son bastante largas y están plegadas de manera que forman
varios pasos a través de la membrana. Por este motivo se conocen como proteínas multipaso que
habitualmente se fijan a la lámina interna (aunque tambiénpero con menor frecuencia a la externa)
mediante grupos prenilo o grupos de ácidos grasos. Los dominios citoplásmico y extracelular de estas
proteínas corresponden habitualmente a receptores específicos de moléculas de señalización. Una vez
que estas moléculas se unen a estos dominios, las proteínas integrales pueden modificar su conformación
y realizar una función específica.
Dado que las mismas proteínas integrales de membrana tienen la capacidad de flotar como icebergs en el
mar de fosfolípidos, a esta organización de la membrana plasmática se conoce como modelo de mosaico
fluido. No obstante, las proteínas integrales poseen con frecuencia una movilidad limitada, sobre todo en
células polarizadas, en las que regiones concretas de la célula cumplen funciones especializadas.
Las proteínas periféricas no suelen formar enlaces covalentes con las proteínas integrales ni con los
componentes de fosfolípidos de la membrana plasmática. Aunque en general están situadas en la parte
citoplásmica de dicha membrana, también pueden situarse en la superficie extracelular. Estas proteínas
forman en ocasiones enlaces con las moléculas de fosfolípidos o con las proteínas transmembrana.
A menudo se asocian con el sistema celular de segundos mensajeros
(v. más adelante) o con el citoesqueleto.
Mediante la técnica de criofractura se puede escindir la membrana plasmática en sus dos láminas con el
objetivo de visualizar las superficies hidrófobas (figs. 2.9 y 2.10). La superficie exterior de la lámina interna
recibe el nombre de cara P (la más cercana al protoplasma), mientras que la interior de la lámina externa
se conoce como cara E (la más próxima al espacio extracelular). Las micrografías electrónicas de
membranas plasmáticas sometidas a criofractura revelan que las proteínas integrales, visualizadas por
réplicas sombreadas, son más numerosas en la cara P que en la E (v. fig. 2.10).
Glicocálix
En las micrografías electrónicas de la membrana plasmática a menudo puede verse un recubrimiento
difuso, referido como cubierta celular o glicocálix. Esta cubierta está compuesta normalmente por cadenas
de hidratos de carbono que se fijan mediante enlaces covalentes a las proteínas transmembrana y/o a las
moléculas de fosfolípidos de la hemi-membrana externa (v. fig. 2.8). La intensidad y el grosor de la
cubierta varían, aunque dicho grosor puede ser de hasta 50 nm en algunas vainas epiteliales, como las
que revisten las regiones del aparato digestivo.
La función más importante del glicocálix es proteger la célula de proteínas nocivas y de lesiones químicas
y físicas. Otras funciones de la cubierta celular son el reconocimiento y la adhesión intercelulares, como
sucede entre células endoteliales y neutrófilos, así como con los linfocitos T y las células presentadoras
de antígeno; facilitar la coagulación sanguínea y las respuestas inflamatorias, y servir de ayuda para
reducir el rozamiento entre la sangre y las células endoteliales que revisten los vasos sanguíneos.
Proteínas de transporte de membrana
Las proteínas de transporte de membrana son de dos tipos, canales proteínicos y proteínas
transportadoras, y facilitan el movimiento de moléculas e iones a través de la membrana plasmática.
Aunque los componentes hidrófobos de la membrana plasmática limitan el movimiento de las moléculas
polares a su través, la presencia y las actividades de proteínas transmembrana especializadas facilitan la
transferencia de estas moléculas hidrófilas para cruzar esta barrera. Estas proteínas transmembrana y los
complejos proteínicos forman canales proteínicos y proteínas transportadoras, que tienen que ver
especificamente con la transferencia de iones y pequeñas moléculas a través de la membrana plasmática.
Una serie de moléculas no polares de pequeño tamaño (p. ej., ben-ceno, oxígeno, nitrógeno) y moléculas
polares no cargadas (p. e)., agua, glicerol) pueden atravesar la membrana plasmática por difusión simple
siguiendo sus gradientes de concentración. El aumento del movimiento de la mayoría de los iones y las
moléculas pequeñas a través de una membrana precisa la ayuda de los canales proteínicos o de las
proteínas transportadoras. Este proceso recibe el nombre de difusión facilitada. Dado que los dos tipos de
difusión tienen lugar sin ninguna aportación de energía, aparte de la inherente al gradiente de
concentración, son representativos de un transporte pasivo (fig. 2.11). Al consumir energía, las células
pueden transportar iones y moléculas pequeñas en contra de sus gradientes de concentración.
Solo las proteínas transportadoras tienen capacidad para mediar en el transporte activo que necesita
energía. A continuación se expondrán en primer lugar los diferentes canales proteínicos que intervienen
en la difusión facilitada y posteriormente se considerarán las proteínas transportadoras, que son más
versátiles.
Canales proteicos
Los canales proteicos pueden ser de tipo dependiente o independiente; son incapaces de transportar
sustancias en contra de un gradiente de concentración.
Los canales proteicos intervienen en la formación de poros hidró-filos, denominados canales iónicos, a
través del plasmalema. Se conocen más de 100 tipos diferentes de canales iónicos. Algunos de ellos son
específicos de un ion en particular; otros permiten el paso de varios iones diferentes y pequeñas
moléculas hidrosolubles.
Aunque estos iones y moléculas pequeñas se rigen por gradientes de concentración químicos y
electroquímicos para dirigir su trayectoria, las células tienen la capacidad de impedir que estas sustancias
entren en dichos túneles hidrófilos por medio de puertas que bloquean su apertura. La mayoría de los
canales son de tipo dependiente; solo algunos son de tipo independiente. Los canales dependientes se
clasifican según el mecanismo de control para abrir la puerta.
Canales dependientes de voltaje. Los canales dependientes de voltaje cambian desde la posición cerrada
a la abierta, con lo que permiten el paso de iones desde un lado de la membrana hasta el otro.
El ejemplo más común es el que ofrece la despolarización en la transmisión de los impulsos nerviosos. En
algunos canales, como los de Na*, la posición abierta es inestable, y el canal cambia del estado abierto a
una posición inactiva, en la cual se bloquea el paso del ion y durante un tiempo breve (unos milisegundos)
la puerta no puede volverse a abrir.
Es el llamado período refractario (v. cap. 9 sobre el sistema nervioso).
La velocidad de respuesta a la despolarización también puede variar; algunos de estos canales se dice
que son dependientes de la velocidad.
Canales dependientes de ligandos. Los canales que necesitan la unión de un ligando (molécula de
señalización) al canal proteico para abrir la puerta reciben el nombre de canales dependientes de
ligandos. A diferencia de los dependientes de voltaje, estos canales permanecen abiertos hasta que el
ligando se disocia del canal; se conocen como receptores ligados a canales iónicos. Algunos de los
ligandos que controlan estas puertas son neurotransmisores, mientras que otros son nucleótidos. Estos
ligandos pueden ser neu-rotransmisores (canales dependientes de neurotransmisores), como la
acetilcolina, y nucleótidos (canales dependientes de nucleótidos), como el AMP y el GMP cíclicos.
Canales dependientes mecánicamente. En los canales dependientes mecánicamente se necesita una
acción física real para abrir la compuerta. Un ejemplo de este mecanismo lo encontramos en las células
ciliadas del oído interno. Estas células, situadas en la membrana basilar, poseen estereocilios integrados
en una matriz conocida como membrana tectorial. El movimiento de la membrana basilar provoca un
desplazamiento en las posiciones de las células ciliadas, que deriva en la flexión de los estereocilios. Esta
distorsión física abre los canales dependientes mecánicamente de los estereocilios.
Canales iónicos dependientes de proteína G. Algunos canales iónicos dependientes (p. ej., receptores
muscarínicos de acetilcolina en las células del músculo cardíaco) necesitan la interacción entre una
molécula receptora y un complejo de proteínas G (v. más tarde en este capítulo) con la activación
resultante de la proteína G. La proteína G activada interacciona entonces con el canal proteico y modula
su capacidad para abrir o cerrarse.
Canales no dependientes. Una de las formas más comunes de un canal no dependiente es el canal de
filtración de potasio (K*), que permite el movimiento de iones K* y es fundamental para generar una
diferencia de potencial eléctrico (voltaje) entre los dos lados de la membrana plasmática. Dado que este
canal es no dependiente, el tránsito de iones K* no es controlable por la célula; al contrario, la dirección
del movimiento de los iones refleja su concentración en los dos lados de la membrana.
Acuaporinas. En la actualidad se conocen 13 tipos diferentes de acuaporinas, una familia de proteínas
multipaso que constituyen canales diseñados para el paso de agua desde un lado de la membrana
plasmática al otro. Algunos de estos canales son transportadores de agua solamente (p. ej., AqpZ),
mientras que otros transportan glicerol (GlpF). Estas acuaporinas establecen diferencias en el transporte
de las dos moléculas al limitar los tamaños de poro de tal forma que el glicerol resulta demasiado grande
para atravesar a través del poro del canal AqpZ. Una propiedad interesante que distingue a las
acuaporinas es su completa impermeabilidad a los protones, de manera que los flujos de estos iones no
pueden atravesar el canal aun cuando pasen fácilmente a través de las moléculas de agua por medio del
proceso de configuraciones donador-aceptor. Las acuaporinas interfieren en este modelo de donador-
aceptor y fuerzan a las moléculas de agua a corregir su trayectoria a mitad del canal, de manera que
entran en él en una determinada orientación (con el hidrógeno hacia arriba y el oxígeno hacia abajo, es
decir, primero entra el oxígeno y después los dos hidrógenos), se invierten y salen del canal en la
orientación contraria (primero salen las dos moléculas de hidrógeno seguido del oxígeno). El correcto
funcionamiento de las acuaporinas en los riñones hace posible transportar hasta 20 1 de agua por hora,
mientras que su mal funcionamiento puede provocar enfermedades como la diabetes insípida y las
cataratas oculares congénitas.
Proteínas transportadoras
Las proteínas transportadoras pueden utilizar mecanismos de transporte dependientes de ATP para
transportar determinadas sustancias a través del plasmalema en contra de un gradiente de concentración.
Las proteínas transportadoras son proteínas de membrana de tipo multipaso con capacidad de unir
determinados iones o moléculas a los dos lados de la bicapa fosfolipídica. Si se une un ion o molécula
específico de una determinada proteína transportadora, esta experimenta cambios reversibles en su
conformación; cuando el ion o molécula es liberado al otro lado de la membrana, la proteína
transportadora recupera su conformación previa.
Como se ha indicado anteriormente, el transporte mediante proteínas transportadoras puede ser pasivo, a
favor de un gradiente de concentración electroquímico, o activo, en contra de gradiente, lo que exige un
gasto de energía por parte de la célula. Por otra parte, puede tratarse de un transporte simple, en el que
una única molécula se desplaza en una dirección, o acoplado, cuando dos moléculas diferentes se
mueven en el mismo sentido (cotransporte unidireccional) o en sentido opuesto (cotransporte
bidireccional)
(v. fig. 2.11). Los transportadores acoplados transportan los solutos de forma simultánea o en secuencia.
Transporte activo primario mediante la bomba de Na*-K*. Nor-malmente, la concentración de Na* es muy
superior fuera de la célula que en su interior, y la de K* es mucho mayor dentro de la célula que fuera. La
célula mantiene este diferencial de concentración con un gasto de trifosfato de adenosina (ATP) para
impulsar la acción de una proteína de cotransporte bidireccional acoplado conocida como bomba de Na'-
K*. Esta bomba transporta iones K* hacia el interior e iones
Na* hacia el exterior de la célula, cada uno en contra de un importante
gradiente de concentracion, se na descubierto ambien que la A iras.
Na*-K* está asociada con la bomba de Na*-K*. Cuando tres iones Na' se unen a la parte citosólica de la
bomba, el ATP se hidroliza a difosfato de adenosina (ADP), y el ion fosfato liberado se utiliza para
fosforilar la ATPasa y originar una alteración en la conformación de la bomba, con la consiguiente
transferencia de iones Na* al exterior de la célula.
La unión de dos iones K* en la parte externa de la bomba provoca la desfosforilación de la ATPasa, con el
consiguiente retorno de la proteína transportadora a su conformación anterior, y la transferencia derivada
de los iones K* al interior de la célula. De este modo, el consumo de una única molécula de ATP aporta la
energía necesaria para transferir tres iones Na* y dos K* a través de la membrana plasmática.
El funcionamiento constante de esta bomba reduce la concentración de iones intracelulares, con el
consiguiente descenso en la presión osmótica intracelular. Dado que los puntos de unión en la parte
externa de la bomba se unen no solo al K*, sino también al glicósido ouabaína, este glicósido inhibe la
bomba de Na'-K*.
Transporte activo secundario por proteínas transportadoras acopladas. El transporte activo de Na* al
exterior de la célula mediante ATP establece una baja concentración intracelular de este ion. El reservorio
de energia inherente al gradiente de iones sodio puede ser utilizado por las proteínas transportadoras
para transportar iones u otras moléculas en contra de un gradiente de concen-tración. Con frecuencia,
este modo recibe el nombre de transporte activo secundario, diferente al transporte activo primario, que
hace uso de la energía liberada de la hidrólisis de ATP. Las proteínas transportadoras que participan en el
transporte activo secundario son de tipo unidireccional o bidireccional.
Transportadores casete de unión a ATP (transportadores
ABC). Estos transportadores están muy conservados y aparecen en
gran número en todas las proteínas transportadoras. Están presentes en los organismos procariotas
(como las bacterias) y en todos los eucario-tas. La principal diferencia es que, en los primeros, los
transportadores
ABC transportan sustancias en las dos direcciones (al interior y al exterior de la célula), mientras que en
los eucariotas el transporte tiene lugar en un único sentido, al exterior de la célula. A continuación se
abordarán únicamente los transportadores en eucariotas.
Los transportadores ABC son proteínas transmembrana, con lo cual sobresalen a través de ambos lados
de la membrana celular. Su parte intracelular posee sitios de unión (denominados casetes de unión a
ATP) para dos moléculas de ATP. Cuando no hay ATP pre-sente, los sitios de unión intracelulares para
moléculas determinadas quedan expuestos y el ion o molécula en particular se adhiere a dicho sitio. Al
unirse las moléculas de ATP a las casetes de unión a ATP, se modifica la conformación del transportador
y se permite que el ion o molécula salga en la superficie extracelular del transportador.
Debe afirmarse que no todos los transportadores ABC se encuentran en el plasmalema; muchos están
presentes en las membranas de los orgánulos intracelulares, como en la red trans del Golgi, el retículo
endoplasmático rugoso y las mitocondrias.
Correlaciones clínicas
Un miembro de los transportadores ABC, la proteína reguladora de la conductancia transmembrana de la
fibrosis quística (proteína CFTR, cystic fibrosis transmembrane conductance regulator, que codifica una
forma mutada del gen CFTR), es responsable de la formación de proteínas anómalas de canales de
cloruro, especialmente en el aparato respiratorio. Los canales formados por tales proteínas no permiten
que los iones Ct que los atraviesen abandonen la célula, con lo cual las cargas negativas incrementadas
debido
al aumento de la concentración de iones cloruro en el citoplasma atraen a los iones Na* al interior celular.
El alto contenido de NaCi de la célula capta agua del medio extracelular hasta la célula, con lo que
aumenta la viscosidad del moco que reviste el aparato respiratorio. Este engrosamiento de la mucosidad
bloquea los bronquiolos menores y produce infección, debilitamiento de la función pulmonar y, finalmente,
la muerte.
Muchos transportadores ABC transportan diversos fármacos y sustancias tóxicas hidrófobas fuera de la
célula.
Numerosas células cancerosas poseen transportadores
ABC específicos denominados proteínas resistentes a multifármacos (proteínas MDR, multidrug resistant
proteins), que conducen a los fármacos anticancerosos fuera de la célula, con lo cual proporcionan a las
células malignas mayor resistencia a los agentes quimioterapéuticos.
Señalización celular
La señalización celular es la comunicación que se establece cuando las células liberan moléculas de
señalización que se unen a los receptores de la superficie de las células diana.
Cuando las células se comunican entre sí, la que envía la señal se denomina célula de señalización y la
que la recibe es la célula diana. La transmisión de la información puede producirse mediante la secreción
o presentación de moléculas de señalización, que entran en contacto con los receptores en la membrana
plasmática diana (o en el nivel intracelular, ya sea en el citosol o en el núcleo), o mediante la formación de
poros intercelulares conocidos como
conexiones comunicantes (gap junctions), que rachltan e
TABLA
2.1
Tipos de señalización
1ivo ce senalizacion
Señalización sináptica
Descripción
La molécula de señalización, in neurotransmisor, se libera tan cerca
de ld celuld Cland Que soldmente und celula se ve afectada por el ligando
Señalización paracrina
La molécula de señalización se libera en el espacio intercelular y afecta a las células más próximas
Señalización autocrina
La célula de señalización también
es la célula diana
Señalización endocrina La molécula de señalización entra en el
orrente sanguíneo para ser transportada
hasta las células diana situadas a distancia de la célula de señalización
movimiento de iones y moléculas pequeñas (p. ej., monofosfato de adenosina cíclico, AMPc) entre las dos
células. Estas conexiones comunicantes se estudian en el capítulo 5.
La molécula de señalización, o ligando, puede ser secretada o liberada por la célula o bien permanecer
unida a su superficie y ser presentada directamente a la célula diana. Un receptor de la superficie celular
suele ser una proteína transmembrana; un receptor intracelular es una proteína que reside en el citosol o
en el núcleo de la célula diana. Los ligandos que se unen a receptores de la superficie celular son, por lo
general, moléculas polares; los que se fijan a receptores intracelulares son hidrófobos y, por tanto,
pueden difundirse a través de la membrana celular (tabla 2.1).
Moléculas de señalización
Las moléculas de señalización se unen a receptores extracelulares e intracelulares para generar una
respuesta celular específica.
La mayoría de las moléculas de señalización son hidrófilas (p. ej., la acetilcolina) y no pueden penetrar en
la membrana plasmática. Por ello, necesitan receptores en la superficie celular. Otras moléculas de
señalización son hidrófobas, como las hormonas esteroideas, o son pequeñas moléculas no polares,
como el óxido nitrico (NO), y las dos tienen capacidad para difundirse a través de la bicapa fosfolipídica.
Estos ligandos necesitan la presencia de un receptor intracelular. Los ligandos hidrófilos poseen un
tiempo de vida muy breve (de unos milisegundos a varios minutos, como máximo), mientras que las
hormonas esteroideas perviven durante períodos de tiempo amplios (varias horas o días).
La unión de las moléculas de señalización a sus receptores activa un sistema de segundos mensajeros
intracelular, que inicia una cascada de reacciones causantes de la respuesta requerida. Por ejemplo, una
hormona se une a sus receptores en la membrana plasmática de su célula diana. El receptor modifica su
conformación, con la activación resultante de adenilato ciclasa, una proteína transmembrana cuya región
citoplásmica cataliza la transformación de ATP en AMP cíclico (AMPc), uno de los segundos mensajeros
más comunes.
El segundo mensajero, AMPc, activa una cascada de enzimas dentro de la célula, con lo que multiplica
los efectos de muy pocas moléculas de hormonas en la superficie celular. El suceso intracelular que
acontece depende de las enzimas situadas en la célula; por ejem-plo, el AMPc activa un conjunto de
enzimas en una célula endotelial y otro distinto en una célula folicular de la glándula tiroidea. Por tanto, la
misma molécula puede tener efectos diferentes en distintas células. El sistema se denomina sistema de
segundos mensajeros
2 Citoplasma
19
porque la hormona es el primer mensajero que activa la formación de AMPc, el segundo mensajero. Otros
segundos mensajeros son el calcio (Ca'*), el GMPc, el inositol trifosfato (IP,) y el diacilglicerol.
Las hormonas esteroideas (p. ej., el cortisol) pueden difundirse a través de la membrana plasmática. Una
vez en el citosol, se unen a receptores de hormonas esteroideas (miembros de la familia de receptores
intracelulares) y el complejo ligando-receptor activa la expresión génica o transcripción (la formación de
ácido ribonucleico mensajero [ARNm]). La transcripción puede inducirse directamente, lo que produce una
respuesta primaria rápida o, de forma indirecta, para conducir a una respuesta secundaria más lenta.
En la respuesta secundaria, el ARNm codifica la proteína que es necesaria para activar la expresión de
genes adicionales.
Receptores de superficie celular
Los receptores de superficie celular son de tres tipos, según estén ligados a canales iónicos, a enzimas o
a la proteína G.
La mayoría de los receptores de superficie celular son glicoproteínas integrales que actúan en el
reconocimiento de las moléculas de señalización y en la transducción de la señal en una acción
intracelular.
Las tres clases principales de moléculas receptoras son los receptores ligados a canales iónicos, a
enzimas y a la proteína G.
Receptores ligados a enzimas. Los receptores ligados a enzimas son proteínas transmembrana cuyas
regiones extracelulares actúan a modo de receptores para ligandos específicos. Cuando una molécula de
señalización se une al sitio receptor, el dominio intracelular del receptor se activa, de manera que pasa a
poseer capacidades enzimá-ticas. Estas enzimas inducen la formación de segundos mensajeros, como
GMPc, o bien permiten la unión de moléculas de señalización intracelulares que retransmiten la señal a
escala intracelular. Esta señal provoca entonces la respuesta requerida al activar sistemas enzimáticos
adicionales o estimular las proteínas reguladoras de los genes para iniciar la transcripción de genes
específicos.
Receptores ligados a proteína G. Los receptores ligados a proteína G son proteínas multipaso cuyos
dominios extracelulares actúan como sitios receptores para ligandos. Poseen dos sitios separados en sus
regiones intracelulares: uno que se une a las proteínas G y otro que experimenta una fosforilación durante
el proceso de desensibilización de los receptores.
La mayoría de las células poseen dos tipos de GTPasas (mono-méricas y triméricas), cada de las cuales
cuenta con la capacidad de unirse al trifosfato de guanosina (GTP) y al difosfato de guanosi-na (GDP).
Las GTPasas triméricas, proteínas G, están compuestas por una subunidad a grande y dos subunidades
pequeñas, B y Y, y pueden asociarse a receptores ligados a proteína G. Cabe distinguir varios tipos de
proteínas G, entre ellos los siguientes:
o Estimuladores (G,).
o Inhibidores (G,).
o Sensibles a la toxina de la tos ferina (G.).
Golt-
Insensibles a la toxina de la tosferina (GBa).
Transducina (G,).
G12/13-
Las proteínas G actúan mediante la unión de receptores a enzimas que modulan los niveles de las
moléculas de señalización intracelulares (segundos mensajeros) AMPc o Ca'*.
Señalización mediante proteínas G, y G,. Las proteínas G (fig. 2.12) están presentes por lo general en un
estado inactivo, en el que una molécula GDP se une a la subunidad a. Cuando un ligando se une al
receptor ligado a la proteína G, modifica la conformación del receptor, con lo cual facilita su unión a la
subunidad a de la
G,; esto, a su vez, lleva al intercambio de GDP por GTP.
La unión de GTP conduce a que la subunidad a se disocie tanto del receptor como de las otras dos
subunidades y se una a la adenilato ciclasa, una proteína transmembrana. Esta unión activa la adenila-to
ciclasa para que forme numerosas moléculas de AMPc a partir de moléculas de ATP. A medida que tiene
lugar la activación de la adeni-lato ciclasa, el ligando se desacopla del receptor ligado a proteína G, con lo
que devuelve el receptor a su conformación original sin influir en la actividad de la subunidad a. En unos
segundos, la subunidad a hidroliza su GTP a GDP, se separa de la adenilato ciclasa (con lo cual la
desactiva) y vuelve a asociarse con las unidades ß y y.
La proteína G; se comporta de manera similar a la G,, aunque, en lugar de activar la adenilato ciclasa, la
inhibe, de manera que no se produce AMPc. La carencia de AMPc impide la fosforilación (y, así, la
activación) de enzimas que desencadenarían una respuesta en particular. Por ello, un determinado
ligando que se une a un receptor concreto puede activar o inactivar la célula según cuál sea el tipo de
proteína G que se acople con la adenilato ciclasa.
El AMP cíclico y su función como segundo mensajero. El AMPc es una molécula de señalización
intracelular que activa la proteína cinasa dependiente de AMPc (PKAsa o cinasa A) cuando se une a ella.
La cinasa A activada se disocia en su componente regulador y en dos subunidades catalíticas activas.
Las subunidades catalíticas activas fosforilan otras enzimas en el citosol, con lo cual se inicia una
cascada de fosforilaciones y se produce una respuesta determinada.
Los valores elevados de AMPc en algunas células producen la transcripción de los genes cuyas regiones
reguladoras poseen elementos de respuesta al AMPc (CRE, cAMP response elements). Una cina-sa A
fosforila, y con ello activa, una proteína reguladora de genes conocida como proteína de unión a CRE,
cuya unión a los CRE estimula la transcripción de esos genes.
Siempre que el AMPc esté presente en una concentración suficientemente elevada, se produce una
respuesta a partir de la célula diana. Para evitar respuestas de una duración indebidamente larga, el
AMPc se degrada con rapidez por la acción de las AMPc fosfodies-terasas a 5'-AMP, que es incapaz de
activar la cinasa A. Por otra parte, las enzimas fosforiladas durante la cascada de fosforilaciones se
desactivan y se desfosforilan por la acción de otra serie de enzimas (serina/treonina fosfoproteína
fosfatasas).
Señalización por la proteína G. Cuando un ligando se une a un receptor ligado a proteína G,, el receptor
modifica su conformación y se une con Go. Esta proteína trimérica se disocia y su subunidad activa la
fosfolipasa C, la enzima responsable de la escisión del fosfolípido de membrana fosfatidilinositol bifosfato
(PIP,) en IP, y diacilglicerol. El IP, sale de la membrana y difunde en el retículo endoplasmático, donde
induce la liberación de Ca'*, otro segundo mensajero, en el citosol. El diacilglicerol permanece unido a la
lámina interna de la membrana plasmática y, con la ayuda del Ca"*, activa la enzima proteína cinasa C
(cinasa C). A su vez, la cinasa C inicia una cascada de fosforilación, cuyo resultado final es la activación
de proteínas de regulación génica que inician la transcripción de genes específicos.
El IP, se inactiva rápidamente al ser desfosforilado, y el diacil-glicerol es catabolizado en unos segundos
después de su formación.
Estas acciones aseguran que las respuestas a un ligando tengan una duración limitada.
Ca'* y calmodulina. Dado que el Ca'* citosólico actúa como un importante segundo mensajero, su
concentración citosólica debe ser minuciosamente controlada por la célula. Estos mecanismos de control
incluyen el secuestro de Ca'* por parte del retículo endoplasmático mediante moléculas específicas de
unión a Ca** en el citosol y por las mitocondrias, y por el transporte activo de este ion fuera de la célula.
Cuando el IP, origina concentraciones citosólicas elevadas de Ca**, los iones sobrantes se unen a la
calmodulina, una proteína presente en alta concentración en la mayoría de las células animales.
El complejo Ca'*-calmodulina activa un grupo de enzimas conocidas como cinasas dependientes de Ca'*-
calmodulina (cinasas CaM).
Las cinasas CaM presentan numerosas funciones reguladoras en la célula, como un inicio de la
glicogenólisis, la síntesis de catecolami-nas y la contracción del músculo liso.
Señalización mediante otras proteínas G. Gores una proteína específica olfativa que reacciona para
reconocer determinados olores; G1213 activa la formación de actina en el citosol, con lo cual remodela el
citoesqueleto y, de este modo, facilita la motilidad celular. La proteína G insensible a la toxina de la tos
ferina (Ge,) activa la sustancia P, que, en el encéfalo, se encarga de regular la apertura de los canales de
potasio.
MAQUINARIA DE SÍNTESIS Y EMPAQUETAMIENTO DE PROTEÍNAS DE LA CÉLULA
Los componentes principales de la maquinaria de síntesis de proteínas de la célula son los ribosomas (y
polirribosomas), el retículo endoplasmático rugoso y el aparato de Golgi.
Ribosomas
Los ribosomas son pequeñas partículas de unos 12 nm de anchura y 25 nm de longitud, compuestas por
proteínas y ARN ribosómico
(ARNr). Actúan de plataforma para la síntesis de proteínas. Cada ribosoma está constituido por una
subunidad grande y una sub-unidad pequeña, ambas fabricadas o ensambladas en el nucléolo y liberadas
como entidades separadas en el citosol. La subunidad pequeña tiene un valor de sedimentación de 40S y
está formada por 33 proteínas y un ARNr 18S. El valor de sedimentación de la subunidad grande es 60S,
y consiste en 49 proteínas y 3 ARNr. Los valores de sedimentación de los ARN son 5S, 5.8S y 28S.
La subunidad pequeña tiene un sitio para la unión de ARNm, un sitio P para la unión al ácido ribonucleico
de transferencia (ARNt)
peptidilo, un sitio A para la unión a ARNt aminoacilo y un sitio E en el que el ARNt que produjo su
aminoácido sale del ribosoma. A algunos de los ARNr de la subunidad grande se denominan ribozi-mas,
dado que poseen actividad enzimática y catalizan la formación de uniones peptídicas. Las subunidades
pequeñas y grandes están presentes en el citosol individualmente y no forman un ribosoma hasta que
comienza la síntesis de proteínas
Estudios recientes sugieren que no todos los ribosomas son com-parables; ciertas proteínas tienen que
sintetizarse sobre ribosomas específicos. De hecho, un análisis de las diferentes proteínas ribo-sómicas
indicaba que ciertas proteínas ribosómicas son necesarias para que el ribosoma sea capaz de traducir los
ARNm que codifican para proteínas concretas, pero estos mismos ribosomas no pueden traducir otros
ARNm que codifican para otras proteínas.
Correlaciones clínicas
Las mutaciones en proteínas ribosómicas son responsables de una creciente constelación de trastornos
genéticos conocidos como ribosomopatías. Una de las primeras ribosomopatías en reconocerse ha sido
la anemia de Diamond-Blackfan (ADB), que se caracteriza por la incapacidad de la médula ósea para
producir una cantidad normal de eritrocitos. La médula ósea de los individuos afectados muestra una
producción normal de leucocitos y de plaquetas, pero las cifras de eritroblastos están notablemente
deprimidas o incluso completamente ausentes. Hay proeritroblastos, aunque en cifras notablemente
bajas. Un gran porcentaje de los eritrocitos poseen hemoglobina fetal en lugar de la forma adulta.
Los individuos que padecen ADB también muestran ciertas anomalías esqueléticas y talla más baja.
Retículo endoplasmático
El retículo endoplasmático (RE) es el mayor sistema membranoso de la célula y comprende
aproximadamente la mitad del volumen total de la membrana. Es un sistema de túbulos y vesículas
interconectados cuya luz recibe el nombre de cisterna. El RE presenta dos componentes: retículo
endoplasmático liso (REL) y retículo endoplasmático rugoso (RER).
Retículo endoplasmático liso
El REL está constituido por un sistema de túbulos anastomosados y vesículas planas ocasionales de
unión a membrana (fig. 2.13).
Se supone que la luz del REL forma una entidad continua con la del RER. Salvo en lo referente a las
células activas en la síntesis de esteroides, colesterol y triglicéridos, y las células que actúan en la
desintoxicación de materiales tóxicos (p. ej., alcohol y barbitúri-
¿cos), la mayoría de las células no poseen abundancia de REL. EL REL se ha especializado en algunas
células (p. ej., las del músculo esquelético) en las cuales se denomina retículo sarcoplasmático (v. cap. 8),
donde actúa en los iones calcio de secuestro del citosol como
2 Citoplasma
21
ayuda para el control de la contracción muscular. El REL carece de ribosomas asociados.
Retículo endoplasmático rugoso
Las células que actúan en la síntesis de proteínas destinadas a exportación tienen un alto contenido de
RER (v. fig. 2.6). Las membranas de este orgánulo son algo diferentes de las de su equivalente liso: sus
superficies citoplásmicas están recubiertas de ribosomas; las membranas poseen proteínas integrales
que actúan en el reconocimiento y unión de estos ribosomas a su superficie citosólica y mantienen, en el
interior de la célula, la morfología aplanada del RER. Las proteínas integrales de interés son: 1) el
receptor de partículas de reconocimiento de señales (proteína de acoplamiento); 2) la proteína receptora
de ribosomas (riboforinas I y II), y 3) proteína de poro.
Sus funciones se exponen más adelante.
El aspecto aplanado en forma laminar del RER en la periferia de la célula en realidad está compuesto de
estructuras membranosas tubulares recubiertas de ribosomas que están en constante movi-miento. Al
solaparse unas con otras adquieren el aspecto de láminas aplanadas. Para intentar preservar sus
características morfológicas, tienen proteínas que modelan el RE. Hay al menos tres familias de estas
proteínas: 1) los reticulones, que determinan las curvaturas del RER; 2) las cinectinas, que configuran la
forma aplanada laminar del RER y mantienen el tamaño de la cisterna, y 3) las atlastinas, que estabilizan
las uniones entre las propias cisternas de los RER.
Correlaciones clínicas
Las mutaciones en los genes que codifican las proteínas que dan forma al RE pertenecientes a las
familias de los reticulones y atlastinas son responsables de la paraplejía espástica hereditaria (PEH), un
cuadro neurodegenerativo genético. La PEH se diferencia del trastorno de la marcha por la debilidad y la
espasticidad de las extremidades inferiores. Las proteínas anormales interfieren en la formación de las
uniones en el RER, impidiendo la formación de mielina normal, afectando especialmente a los axones en
los tractos piramidal y dorsal.
El RER participa en la síntesis de todas las proteínas que se empaquetarán o enviarán a la membrana
plasmática, así como las proteínas que están destinadas a permanecer en el RER. Asimismo, realiza
modificaciones postraduccionales de estas proteínas en el interior de las cisternas del RER (la luz o
lumen de la cisterna), entre ellas la sulfatación, el adecuado plegamiento, la glicosilación y, cuando sea
necesario, su degradación. Por otra parte, los lípidos y las proteínas integrales de todas las membranas
de la célula se fabrican en el RER. La cisterna del RER está en continuidad con la envoltura perinuclear,
el espacio comprendido entre las membranas nucleares interna y externa.
Polirribosomas
Las proteínas que se empaquetarán son sintetizadas en la superficie del
RER, mientras que las destinadas al citosol se fabrican en el interior del citosol. La información para la
codificación de la secuencia de aminoácidos que constituye la estructura primaria de una proteína está
incluida en el ácido desoxirribonucleico (ADN) del núcleo.
Esta información es transcrita en una cadena de ARNm, que sale del núcleo y entra en el citoplasma. La
secuencia de codones del ARNm representa así la cadena de aminoácidos, en la que cada codón está
formado por tres nucleótidos consecutivos. Dado que cualquiera de los tres nucleótidos consecutivos
constituye un codón, resulta esencial que
la maquinaria de síntesis de proteínas reconozca el comienzo y el final del mensaje; en caso contrario se
fabricará una proteína incorrecta.
Los tres tipos de ARN desempeñan funciones diferenciadas en
la síntesis de proteínas:
o El ARNm lleva las instrucciones codificadas que especifican la secuencia de aminoácidos.
o Los ARNt forman enlaces covalentes con los aminoácidos, para constituir ARNt de aminoacilo.
Cada ARNt contiene además el anticodón, que reconoce el codón en el ARNm correspondiente
al aminoácido que transporta.
o Varios ARNr se asocian con un gran número de proteínas para formar las subunidades
ribosómicas grande y pequeña.
Síntesis de proteínas (traducción)
La síntesis de proteínas (traducción) tiene lugar en los ribosomas del citosol y en los de la superficie del
retículo endoplasmático rugoso.
Los requisitos para la síntesis de proteínas son:
Una cadena de ARNm.
o Los ARNt, cada uno de los cuales lleva un aminoácido y posee el anticodón que reconoce el
codón del ARNm que codifica ese aminoácido en particular.
o Subunidades ribosómicas pequeñas y grandes.
Es interesante saber que el tiempo aproximado de síntesis de una proteína compuesta por 400
aminoácidos es de unos 20 s. Dado que una cadena de ARNm puede tener hasta 15 ribosomas en
traducción de forma simultánea, es posible sintetizar un gran número de moléculas de proteínas en un
corto período de tiempo. Este conglomerado de complejo ARNm-ribosoma, que por lo común tiene forma
espiral o longitudinal filamentosa, se denomina poli-rribosoma o polisoma (fig. 2.14).
Síntesis de proteínas citosólicas
En la figura 2.15 se ilustra el proceso general de síntesis de proteínas en el citosol.
El proceso comienza cuando el sitio P de la subunidad ribosómica pequeña es ocupado por un ARNt
iniciador, cuyo anticodón reconoce el triplete de codón AUG, que codifica el aminoácido
merionina.
Un ARNm se une a la subunidad pequeña.
La subunidad pequeña ayuda al anticodón de la molécula de ARNt a reconocer el codón de inicio AUG en
la molécula de ARNm. Esta etapa actúa como una fase de registro tal que los tres nucleótidos siguientes
de la molécula de ARNm pueden reconocerse como el siguiente codón.
Paso 2
• La subunidad ribosómica grande se une a la subunidad pequeña, y el ribosoma se desplaza a lo largo
de la cadena de ARNm, en direc-ción 5' a 3', hasta que el codón siguiente se reviste con el sitio A de la
subunidad pequeña.
Paso 3
• Un ARNt acilado (que lleva un aminoácido) compara su anticodón con el codón del ARNm; si coinciden,
el ARNt se une al sitio A.
Paso 4
o Los aminoácidos en los sitios A y P forman un enlace peptídico.
o El ARNt del sitio P produce su aminoácido en el ARNt en el sitio A, que tiene entonces dos
aminoácidos adjuntos. Estas reacciones son catalizadas por la peptidiltransferasa, la enzima
basada en ARNr de la subunidad ribosómica grande.
Paso 5
El ARNt desaminado sale del sitio P y se une al E; el ARNt con sus dos aminoácidos fijos se mueve del
sitio A al P. Al mismo tiempo, el ribosoma se desplaza a lo largo de la cadena de ARNm hasta que el
siguiente codón se recubre con el sitio A de la subunidad ribosómica pequeña y el ARNt del sitio E es
expulsado. La energía que necesita esta etapa procede de la hidrólisis de GTP.
Paso 6
• Se repiten las etapas 3 a 5, con alargamiento de la cadena de polipéptido hasta que se llega al codón de
parada.
• Existen tres codones de parada (UAG, UAA y UGA), cada uno de los cuales puede poner término a la
traducción.
Paso 7
• Cuando el sitio A de la subunidad ribosómica pequeña llega a un codón de parada, los factores de
liberación eRF1 y eRF3 se unen al sitio A. El eRF1 se une a cada uno de los tres codones de parada
UAG, UAA y UGA.
Paso 8
• EL ARNt se mueve desde el sitio P al E, y eRF3, una GTPasa, ayuda al eRF1 a liberar el polipéptido
desde el ribosoma, y el ribosoma sale del ARNm y se disocia en una subunidad pequeña y una grande.
Síntesis de proteínas en el retículo endoplasmático rugoso
Las proteínas que deben empaquetarse para exportarse fuera de la célula, insertarse en la membrana
plasmática, enviarse a un orgá-nulo citoplásmico, mantenerse en el RER o simplemente aislarse del
citosol deben identificarse y procesarse de forma cotraduccio-nal (acontece al mismo tiempo que su
síntesis) en la cisterna del RER. Tal identificación reside en un pequeño reactivo del ARNm, situado
inmediatamente después del codón de inicio, que codifica una secuencia de aminoácidos conocida como
el péptido de señal.
Utilizando dicha secuencia, el ARNm empieza a traducirse para formar el péptido de señal (fig. 2.16). Este
péptido es reconocido porla partícula de reconocimiento de señal (SRP, signal-recognition particle), una
proteína ribonucleada (complejo proteína-ARN) situa-da en el citosol. La SRP se une al péptido de señal
y, al ocupar el sitio P en la subunidad pequeña del ribosoma, pone fin a la traducción.
Después dirige el polisoma en su migración al RER.
La proteina receptora de SRP (proteína de acoplamiento (doc-king protein/) en la membrana del RER se
pone en contacto con la
SRP y la proteína receptora de ribosomas entra en relación con la subunidad grande del ribosoma, con lo
que fija el polisoma a la superficie citosólica del RER. Entonces se suceden de forma casi
6. Como se detalla antes en los pasos 6 a 8 bajo la síntesis de pro-
teínas citosólicas, cuando se llega al codón de parada se ha com-
pletado la síntesis de proteínas; las subunidades ribosómicas pequeña y grande se disocian entonces y
vuelven a entrar en el
citosol para unirse al grupo de subunidades ribosómicas.
1. Las proteínas recién formadas se sulfatan, se pliegan de manera que las proteínas dejan de
tener una forma lineal, se glicosilan y experimentan modificaciones postraduccionales
adicionales en las cisternas del RER.
2. Las proteínas modificadas salen de la cisterna a través de peque-ñas vesículas de transporte
revestidas con COP II (complejo
1. Un grupo de proteínas, los translocadores proteínicos, se ensam-proteínico II, coatómero II) en
regiones del RER conocidas como
blan y forman un poro a través de la bicapa lipídica del RER.
retículo endoplasmático de transición (RET o TER, transitional
2. El péptido de señal se pone en contacto con la proteína de poro e inicia
endoplasmic reticulum). Son elementos del RER desprovistos de
su translocación (primero el extremo amino) en la cisterna del RER.
ribosomas (v. la descripción más adelante).
1. La SRP es desalojada, vuelve a entrar en el citosol y libera el sitio P en la subunidad ribosómica
pequeña. El ribosoma permane-
2. Aparato de Golgi
ce en la superficie del RER.
3. Al reanudarse la traducción, la nueva proteína sigue canalizada en la cisterna del RER.
4. Una enzima unida a la cara luminal de la cisterna del RER, cono-
El aparato de Golgi actúa en la sintesis de hidratos de carbono y en la modificación y ordenación de las
proteínas fabricadas en el RER.
cida como peptidasa de señal, escinde el péptido de señal de la proteína de formación. El péptido de
señal se degrada en sus componentes de aminoácido.
Las proteínas fabricadas, modificadas y empaquetadas en el RER se transportan siguiendo la vía por
defecto u omisión hasta el aparatode Golgi para su modificación y empaquetamiento postraducciona-les.
Las proteínas destinadas a permanecer en el RER o dirigirse a un compartimento diferente del aparato de
Golgi poseen una señal que las desviará de la vía por defecto u omisión.
El aparato de Golgi está compuesto por una o más series de cisternas planas y ligeramente curvas
(conocidas como caras) unidas a una membrana, el apilamiento de Golgi, que se asemeja a una pila de
panes pita que no contactan completamente entre sí (figs. 2.17 a 2.19).
La periferia de cada cisterna está dilatada y la bordean vesículas en proceso de fusionarse con o
fisionarse de esa cisterna en particular.
Cada apilamiento de Golgi tiene tres niveles o agrupamientos
de cisternas:
La cara cis (y la red cis del Golgi).
La cara medial (intermedia).
• La cara trans (y la red trans del Golgi).
La cara cis es la más cercana al RER. Tiene forma convexa y se considera que es la cara de entrada,
dado que las proteínas de nueva formación
procedentes del RER penetran en la cara cis antes de que puedan acceder a las otras cisternas del
aparato de Golgi. La cara trans es de forma cóncava y se considera de salida, ya que la proteína
modificada está lista para su empaquetamiento y será enviada desde aquí a su destino.
Existen dos compartimentos de interés adicionales, uno asociado con la cara cis y el otro con la trans.
Entre el RER y la cara cis del aparato de Golgi se encuentra un compartimento intermedio de vesí-culas,
denominado estructuras tubulovesiculares (VTC, vesicular-tubular clusters). El segundo compartimento,
denominado red trans del Golgi (TGN, trans Golgi network), está situado en el lado más distal del aparato
de Golgi. Las VTC constituyen una colección de vesículas y túbulos formados a partir de la fusión de
vesículas de transporte procedentes del RET. Estas vesículas de transferencia se originan en el RET y
contienen proteínas recién sintetizadas en la superficie y modificadas en el interior de las cisternas del
RER.
Las vesículas generadas a partir de las VTC inician su camino y se fusionan con la periferia de la cara cis
del aparato de Golgi para suministrar así la proteína a este compartimento con vistas a su ulterior
modificación. Las proteínas modificadas se transfieren desde la cisterna cis a la medial y finalmente a las
cisternas trans
(v. más adelante) por medio de vesículas que germinan y se fusio-nan con los bordes de ese
compartimento en particular (fig. 2.20).
A medida que las proteínas pasan a través del aparato de Golgi, se modifican dentro de los apilamientos
de Golgi. Las proteínas que forman los núcleos de las moléculas de glicoproteinas se vuelven
densamente glicosiladas, mientras que otras proteínas adquieren o pierden fracciones de azúcares.
La fosforilación de manosa se produce en la cisterna de cara cis, mientras que la eliminación de manosa
de determinadas proteinas tiene lugar en los compartimentos cis y medial del apilamiento de Golgi. Se
añade N-acetilglucosamina a la proteína en las cisternas mediales. La adición de ácido siálico (ácido N-
acetilneuramínico) y
galactosa, así como la fosforilación y la sulfatación de aminoácidos,
se produce en la cara trans.
Vesículas revestidas
La mayoría de las vesículas poseen un recubrimiento de proteinas que las ayuda a llegar a su destino; se
utilizan distintos recubrimientos para los diferentes destinos de las proteinas en la célula.
Las vesículas que transportan proteínas (cargo) entre los orgá-nulos y las regiones de orgánulos
adquieren una forma de gemación desde el orgánulo y han de marcarse como tales para su destino. El
proceso de gemación se ve facilitado por el ensamblaje del recu-brimiento proteínico en el lado citosólico
del orgánulo. Se conocen cinco tipos de proteínas que desencadenan la formación de vesículas
portadoras de cargo: coatómero I (COP I), coatómero II (COP II), clatrina, retrómero y caveolina. De este
modo, existen vesículas recubiertas de COP I, COP II, clatrina, retrómero o caveolina. En el lugar de la
futura formación de cada uno de los tipos de vesículas anteriores, los complejos proteicos que forman
estas cubiertas se unen a la membrana, se fusionan o extraen la vesícula y recubren su superficie
citosólica.
Las vesículas que proceden de los endosomas y que regresan a la red trans del Golgi están recubiertas
por el complejo retrómero. Las recubiertas con caveolina se encuentran en las células del músculo liso y
en las células endoteliales. En las primeras se asocian con la transferencia de calcio (v. cap. 8,
«Músculo»); en las segundas, sus funciones se asemejan a las de endocitosis, la transcitosis (v. cap. 11,
«Sistema circulatorio») y la señalización celular.
Reconocimiento de la vesícula y de la diana
El movimiento de las vesículas desde la zona de formación hasta su destino final requiere la presencia de
moléculas proteicas situadas en la membrana de la vesícula, así como en la membrana diana. Para que
las vesículas sean capaces de anclarse a la diana, estas moléculas tienen que reconocerse entre sí.
Estas proteínas se conocen como receptores (v-SNARE) de proteínas de unión a la NSF soluble de la
vesícula (SNAP). Los situados sobre las membranas de la diana se conocen como t-SNARE. Dado que
hay varios v-SNARES y t-SNARES, solamente se reconocen entre sí si son complementarios. Cuando se
reconocen entre sí, la vesícula se ancla a la membrana diana. Para suministrar la carga transportada
en la vesícula, es decir, la necesaria fusión de las membranas de la vesícula y de la membrana diana, se
necesitan dos moléculas adicionales que son reclutadas del citosol. Estas moléculas son la proteína de
fusión sensible a la N-etilmaleimida y la SNAP.
Sin embargo, antes de que los v-SNARE y t-SNARE puedan reconocerse entre sí, deben aproximarse al
máximo. Este proceso lo lleva a cabo un grupo grande de GTPasas conocidas como proteínas Rab (Rab-
GTP). Las proteínas Rab de la vesícula, o proteínas de atraque (proteínas efectoras Rab) localizadas en
la membrana diana, ayudan a llevar la vesícula a la membrana diana de manera que los v-SNARE y t-
SNARE puedan reconocerse entre sí. El atraque no estará permitido si la proteína de amarre no reconoce
a la proteína Rab de la vesícula.
Un caso especial del reconocimiento de la vesícula y la diana solamente ocurre si la carga que se
suministra al endosoma tiene que volver a la red trans del Golgi. Dichas vesículas, como ya se ha
mencionado, están revestidas del retrómero y se denominan vesículas recubiertas de retrómero. Para que
el retrómero pueda acoplarse a la membrana de la vesícula debe haber dos componentes: un receptor de
cargo de la proteína que puede unirse al retrómero y el fosfolípido fosfoinosítido, que también puede
unirse al retrómero.
Cuando se satisfacen estas dos condiciones, el retrómero recubre la vesícula y puede regresar a la red
trans del Golgi
asociadas al aparato de Golgi
Las vesículas transportadoras de proteínas recién sintetizadas llegan al aparato de Golgi desde el RET y
las depositan en las cisternas del Golgi para su modificación, empaquetamiento y distribución en toda la
célula.
Las vesículas de transporte que salen del RET están siempre recubiertas con COP II hasta que llegan a
las VTC, donde se desprenden de su recubrimiento COP II, el cual se recicla. Según la mayoría de los
investigadores, las vesículas que surgen de las VTC para transportar el cargo a la red cis del Golgi están
recubiertas por COP I, como todas las demás vesículas provenientes de la cara media y dirigidas a la
cara trans y a la red trans del Golgi. Sin embargo, la mayoría de las vesículas que surgen de la red trans
del Golgi están recubiertas por clatrina. El mecanismo de transporte se asemeja a un sistema de control
de calidad, en el que, si las proteínas residentes en el RER (o el RET) se empaquetan en las vesículas y,
a modo de «polizones», llegan a las VTC, son devueltas al RER mediante vesículas recubiertas por COP
I. Este fenómeno se denomina transporte retrógrado, para diferenciarlo del transporte anterógrado que
acabamos de describir.
Ordenación en la red trans del Golgi
La 'TGN es responsable de la ordenación de las proteínas hacia sus respectivos destinos por las que
llegan a la membrana plasmática, los gránulos de secreción o los lisosomas.
El cargo que sale de la TGN se confina en vesículas que pueden encargarse de alguna de las siguientes
tareas (v. fig. 2.20):
Insertarse en la membrana plasmática como proteínas y lípidos de membrana.
o Fusionarse con la membrana plasmática de tal manera que la proteína que transportan sea
liberada inmediatamente en el espacio extracelular.
o Congregarse en el citoplasma cerca de la membrana plasmática apical en forma de gránulos o
vesículas de secreción y, después de una señal determinada, fusionarse con la membrana
plasmática para la posible liberación de la proteína fuera de la célula.
o Fusionarse con los endosomas tardíos (v. más adelante) para liberar su contenido en dicho
orgánulo, que a continuación se convierte en un lisosoma.
Los tres primeros procesos se conocen como exocitosis, dado que el material sale del citoplasma. Ni la
liberación inmediata en el espacio extracelular ni la inserción en la membrana plasmática necesitan un
proceso regulador; así pues, se dice que los dos procesos siguen la vía secretora constitutiva (por
defecto). En cambio, las rutas hacia los lisosomas y a las vesículas secretoras reciben el nombre de vía
secretora regulada.
Transporte de proteínas lisosomales. El proceso de ordenación comienza con la fosforilación de residuos
de manosa de las proteínas lisosomales (hidrolasas lisosomales) en la cisterna cis del apilamiento de
Golgi. Cuando estas proteínas llegan a la red trans del Golgi, su manosa-6-fosfato (M6P) se reconoce
como una señal, y se unen con los receptores de manosa-6-fosfato, proteínas transmembrana de la
membrana de la TGN.
Se forma una pequeña cavidad con la ayuda de trisqueliones de clatrina, unos complejos proteínicos
compuestos por tres cadenas pesadas y tres ligeras integrantes de una estructura de tres brazos que
irradian desde un punto central (fig. 2.21; v. fig. 2.20). Los tris-queliones se autoensamblan y recubren la
cara citoplásmica de la TGN rica en receptores de M6P a los que se une el M6P. Al hacerse más
profunda, la cavidad perfora la TGN y forma una vesícula recubierta de clatrina. El recubrimiento, también
referido como
cesta de clatrina, está integrado por 36 moléculas de trisqueliones que revisten la vesícula por completo.
La vesícula recubierta de clatrina pierde rápidamente su recu-brimiento, que, a diferencia de la formación
de la cesta de clatrina, es un proceso que necesita energía. La vesícula no recubierta llega al endosoma
tardío, se fusiona con él y libera su contenido (los endosomas se describen más adelante).
Dado que los recubrimientos de clatrina se utilizan para otros muchos tipos de vesículas, un complejo
proteínico intermedio, conocido como adaptador (complejo de adaptina) e integrado por cuatro de los seis
tipos de la adaptina de proteínas, se interpone entre la cara cito-plásmica de la molécula receptora y la
clatrina. Existen muchos tipos diferentes de adaptadores, cada uno de ellos con un sitio de unión para un
receptor en particular, además de un punto de unión para la clatrina.
Transporte regulado de proteínas secretoras. Las proteínas que se liberarán en el espacio extracelular de
una manera discontinua requieren también la formación de vesículas recubiertas con clatrina.
Aunque no se conoce la señal para dicha formación, se cree que el mecanismo es similar al de las
proteínas lisosomales.
A diferencia de las vesículas que transportan enzimas lisosomales, los gránulos secretores son bastante
grandes y llevan muchas más proteínas que los receptores presentes en la superficie vesicular. Por otra
parte, el contenido de estos gránulos secretores se condensa con el tiempo a consecuencia de la pérdida
de líquido (v. figs . 2.6 y 2.20).
Durante este proceso de concentración creciente, las vesículas se refieren frecuentemente como
vesículas de condensación. Por otra parte, los gránulos secretores de células polarizadas permanecen
localizados en una región determinada de la célula. Se mantienen como estructuras de gránulos que,
como reacción a una señal en particular (p. ej. neurotransmisor u hormona), se fusionan con la membrana
plasmática para liberar su contenido en el espacio extracelular (fig. 2.22).
Transporte a lo largo de la vía constitutiva. Todas las vesículas que intervienen en el transporte no
selectivo, como las que transitan entre el RER y la red cis del Golgi o entre las cisternas del apilamiento
de Golgi o las que utilizan la vía constitutiva entre la D, conducto intercalado (x540).
TGN y la membrana plasmática, necesitan también una vesícula recubierta (v. fig. 2.20). No obstante,
como se indica anteriormente, el recubrimiento está compuesto por coatómero en lugar de clatrina.
Las vesículas derivadas de la TGN son transportadas a lo largo de los microtúbulos mediante el empleo
de la proteína motora cinesina y su complejo proteínico. De todos modos, estas vesículas usan también
una vía alternativa sobre filamentos de actina, la cual es tal vez su ruta primaria de transporte. El motor
que impulsa estas vesículas es la miosina II. Se cree que la miosina Il es reclutada hasta el lugar de la
formación de vesículas en la 'TGN conjuntamente o justo después del reclutamiento de los trisqueliones
de clatrina.
Concepto alternativo del aparato de Golgi
Un concepto alternativo del aparato de Golgi propone la maduración de las cisternas en lugar del
transporte vesicular anterógrado.
Las dos teorías predominantes del transporte vesicular anterógra-do (ya descrito) y la maduración de las
cisternas son mutuamente incompatibles; aún así, existen amplias evidencias en favor de cada una de
ellas. La hipótesis de maduración de las cisternas apunta a que, en vez de que el cargo sea transportado
mediante vesículas a través de las diversas regiones del aparato de Golgi, permanece estático, y los
distintos sistemas enzimáticos del aparato de Golgi son transportados de una forma retrógrada y
secuencialmente correcta, de manera que la cisterna sedentaria madura anterógradamente en cisternas
posteriores.
A primera vista, la teoría de maduración de las cisternas puede parecer incierta; no obstante, puede
ilustrarse con un fenómeno observado comúnmente. Si uno se sienta en un tren detenido y mira a otro
tren parado en la vía contigua, cuando uno de los trenes empieza a moverse al principio es difícil
determinar qué locomotora ha arrancado: sin una ayuda visual externa no es posible llegar a una
conclusión razonable.
Aunque el estado actual de la investigación no permite determinar cuál de las dos teorías es la correcta, la
mayoría de los textos de histología y biología celular se inclinan por la del transporte vesicular
anterógrado.
2 Citoplasma
29
ENDOCITOSIS, ENDOSOMAS Y LISOSOMAS
La endocitosis, los endosomas y los lisosomas participan en la ingestión, secuestro y degradación de
sustancias internalizadas desde el espacio extracelular.
El proceso por el cual una célula incorpora macromoléculas, material en forma de partículas y otras
sustancias del espacio extracelular se conoce como endocitosis. El material endocitado es engullido por
una vesícula adaptada a su volumen. Si la vesícula es grande (>250 nm de diámetro), el proceso se
denomina fagocitosis (inges-tión de células) y la vesícula es un fagosoma. Cuando la vesícula es pequeña
(<150 mm de diámetro), el tipo de endocitosis recibe el nombre de pinocitosis (ingestión líquida celular) y
la vesícula se llama pinocítica.
Mecanismos de endocitosis
La endocitosis se divide en dos categorías: fagocitosis
y pinochosis.
Fagocitosis
El proceso de absorción de partículas grandes, como microorganis-mos, fragmentos celulares y células
(p. ej., eritrocitos muertos), suele ser realizado por células especializadas denominadas fagocitos. Las
más comunes de entre ellas son los leucocitos, los neutrófilos y los
monocitos. Cuando los monocitos abandonan el torrente sanguined y entran en el dominio del tejido
conjuntivo para llevar a cabo su tarea de fagocitosis, pasan a ser conocidos como macrófagos.
Los fagocitos pueden internalizar partículas, dado que poseen receptores capaces de reconocer
determinados rasgos superficiales del material que absorben. Dos de las mejor conocidas de estas
características superficiales proceden del estudio de la inmunología y son las regiones constantes (Fc) de
anticuerpos y una serie de proteínas que transportan sangre denominadas complemento.
Dado que la región variable del anticuerpo se une a la superficie de un microorganismo, la región Fc se
proyecta hacia el exterior desde su superficie.
Macrófagos y neutrófilos poseen receptores Fc que se unen a las regiones Fc del anticuerpo por contacto.
Esta relación actúa como una señal para que la célula extienda sus pseudópodos, rodee al
microorganismo y lo absorba para formar un fagosoma. El complemento en la superficie del
microorganismo ayuda probablemente a la fagocitosis de un modo semejante, ya que los macrófagos
también poseen receptores de complemento en la superficie. La interacción entre el complemento y su
receptor activa supuestamente la célula para que forme pseudópodos y absorba al microorganismo
invasor.
Correlaciones clínicas
Se sabe que los macrófagos, miembros del sistema inmunitario del organismo, tienen la capacidad de
inducir inflamación, un proceso por el que el cuerpo combate las infecciones bacterianas y/o víricas. Sin
embargo, hay ocasiones en las que el cuerpo inicia una reacción inflamatoria en ausencia de agentes
infecciosos. Esto sucede en las enfermedades autoinmunitarias, como el síndrome intestinal inflamatorio y
la artritis. Recientemente se ha descubierto que los macrófagos no solo pueden iniciar el proceso
inflamatorio, sino también retrasarlo, convirtiendo la glucosa en ácido itacónico, el cual bloquea factores
que desencadenan el proceso inflamatorio.
Esta faceta investigadora puede conducir al descubrimiento de nuevos antiinflamatorios no esteroideos.
Pinocitosis
Dado que la mayoría de las células exportan sustancias al espacio
extracelular, se añaden continuamente a las membranas de vesiculas que transportan dichas sustancias
desde de la TGN a la membrana plasmática. Para mantener su forma y su tamaño, estas células deben
eliminar ininterrumpidamente la membrana sobrante y devolverla para su reciclaje. El ciclo de
reorganización de las membranas durante la exocitosis y la endocitosis recibe el nombre de tráfico de
membrana, para denotar el movimiento de membranas hacia y desde los diversos compartimentos de la
célula. En la mayoría de las células, la pinocitosis es el proceso de transporte más activo y contribuye en
gran medida a la recaptura de las membranas (fig. 2.23).
Endocitosis mediada por receptores
Numerosas células se especializan en la pinocitosis de varios tipos de macromoléculas. La forma más
eficiente de capturar estas sustancias depende de la presencia de proteínas receptoras (receptores de
cargo) en la membrana plasmática. Los receptores de cargo son proteínas transmembrana que se
asocian con la macromolécula (ligando) de forma extracelular y con un recubrimiento de clatrina a escala
intracelular (v. fig. 2.20).
La conjunción de trisqueliones de clatrina por debajo de los receptores de cargo impulsa la membrana
plasmática para formar un recubrimiento de la cavidad recubierta con clatrina (figs. 2.24 y 2.25); esta
termina por convertirse en una vesícula pinocítica, la
cual contiene el ligando como una gotita de líquido que gotea desde una superficie. Con el fin de liberar
esta vesícula pinocítica, varias moléculas de dinamina, una GTPasa, rodean el cuello constreñido de la
vesícula, perforan su cuello cerrado y la liberan en el citoplas-ma. Esta vía, que recibe el nombre de
endocitosis mediada por receptores, hace posible que la célula incremente la concentración del ligando
(p. ej., lipoproteína de baja densidad) en la vesícula pinocítica.
Una vesícula pinocítica típica puede tener hasta 1.000 receptores de cargo de varios tipos, susceptibles
de unirse a diferentes macromoléculas. Cada receptor de cargo está ligado a su propia adaptina, la
proteína con un sitio de unión para el lado citoplásmico del receptor y otro para el trisquelión de clatrina.
Endosomas
Los endosomas se dividen en dos compartimentos: endosomas tempranos, cerca de la periferia de la
célula, y endosomas tardíos, en posición más profunda dentro del citoplasma.
Poco después de su formación, las vesículas pinocíticas pierden su recubrimiento de clatrina y se
fusionan con los endosomas tempranos (figs. 2.23 y 2.26), un sistema de vesículas y túbulos situado
cerca de la membrana plasmática. Si se necesita degradación de todo el contenido de la vesícula
pinocítica, el material del endosoma temprano es transferido a un endosoma tardío. Este conjunto similar
de túbulos y vesículas, situado más en profundidad en el citoplasma cerca del aparato de Golgi, ayuda a
preparar su contenido para una posible destrucción por lisosomas.
Los endosomas tempranos y tardíos constituyen colectivamente el compartimento endosomal. Las
membranas de todos los endo-somas continen bombas de H* ligadas a ATP que acidifican el interior de
los endosomas mediante el bombeo activo de iones H* en el interior del endosoma, de manera que el
endosoma temprano tiene un pH de 6 y el tardío de 5,5.
El material que entra en el endosoma temprano puede recupe-rarse de este compartimento y devolverse
a su localización anterior, como sucede con los receptores de cargo que es preciso reciclar.
Cuando una vesícula pinocítica se fusiona con el endosoma tem-prano, el entorno ácido provoca un
desacoplamiento del ligando con respecto a su molécula receptora. El ligando permanece den-tro de la
luz del endosoma temprano, mientras que las moléculas receptoras (p. ej., receptores de lipoproteínas de
baja densidad) son devueltas a la membrana plasmática en la que se originaron, o bien a la membrana
plasmática de otra región de la célula, en un proceso conocido como transcitosis. Algunos autores se
refieren a este tipo de endosoma temprano como CDRL (compartimento para desacoplar el receptor y el
ligando; CURL, compartment uncoupling of receptor and ligand) o, más recientemente, como un
endosoma de reciclaje (v. figs. 2.23 y 2.26).
Tras unos 10 a 15 min después de entrar en el endosoma tem-prano, el ligando es transferido a un
endosoma tardío (como en el caso de una lipoproteina de baja densidad) o bien es empaquetado para su
devolución a la membrana plasmática, donde se libera (p. ej., transferrina) en el espacio extracelular. En
ocasiones, el receptor y el ligando (p. ej., factor de crecimiento epidérmico y su receptor) son transferidos
al endosoma tardío, y después a un lisosoma, para su posterior degradación.
El transporte entre endosomas tempranos y tardíos no está bien establecido. Algunos autores señalan
que los endosomas tempranos migran a lo largo de las vías de microtúbulos a una localización más
profunda dentro de la célula y se convierten en endosomas tardíos. Otros postulan que los endosomas
tempranos y tardíos son dos compartimentos separados y que unas vesículas portadoras de endosomas
específicas llevan el material de los primeros a los segundos. Según se cree, se trata de grandes
vesículas que contienen numerosas vesículas pequeñas que se han registrado como cuerpos
multivesiculares en micrografías electrónicas. Ambas teorías reco-nocen la presencia de un sistema de
microtúbulos a lo largo de los cuales el endosoma temprano o la vesícula portadora de endosomas
marcan su camino hacia el endosoma tardío.
Lisosomas
Los lisosomas tienen un pH ácido de aproximadamente 5,0 y contienen enzimas hidrolíticas.
El contenido de los endosomas tardíos es suministrado para su diges-tión enzimática en las luces de
orgánulos especializados conocidos como lisosomas (figs. 2.26 y 2.27). Cada lisosoma tiene una forma
redonda o polimorfa. Con un diámetro medio de 0,3 a 0,8 um, contiene al menos 40 tipos de hidrolasas
ácidas diferentes, como las sulfatasas, las proteasas, las nucleasas, las lipasas y las glicosidasas, entre
otras. Como todas estas enzimas necesitan un entorno ácido para un funcionamiento óptimo, las
membranas lisosomales poseen bombas de protones que transportan activamente iones H' en el
lisosoma; así mantienen un pH en la luz de 5, aproximadamente.
Los lisosomas ayudan a digerir no solo macromoléculas, microor-ganismos fagocitados, desechos
celulares y células, sino también los orgánulos sobrantes o senescentes, como las mitocondrias y el RER.
Las diversas enzimas digieren el material absorbido en productos finales solubles y pequeños que son
llevados por proteínas transportadoras a la membrana lisosomal desde los lisosomas al citosol y pueden
ser reutili-zados por la célula o exportados desde esta hasta el espacio extracelular.
Formación de lisosomas
Los lisosomas reciben de la TGN sus enzimas hidrolíticas y sus membranas, que, no obstante, llegan en
vesículas diferentes. Aunque estos dos tipos de vesículas poseen un recubrimiento de clatrina, ya que
perforan la TGN, este recubrimiento se pierde poco después de su formación. Entonces, las vesículas no
recubiertas se fusionan con endosomas tardíos.
Las vesículas que transportan enzimas lisosomales cuentan con receptores de manosa-6-fosfato, a los
que se unen. En el entorno ácido del endosoma tardío, las enzimas lisosomales se disocian de sus
receptores, su residuo de manosa se desfosforila y los receptores son reciclados y devueltos a la TGN.
Debe comprenderse que las hidrolasas lisosomales desfosforiladas pueden no unirse ya a los receptores
de manosa-6-fosfato y permanecer, por tanto, en el endosoma tardío
(v. figs. 2.20 y 2.23). Así pues, tanto las proenzimas como las proteínas de membranas lisosomales están
presentes en los endosomas tardíos.
Cuando el endosoma tardío contiene componentes enzimáticos y de membrana, algunos autores
sostienen que se fusiona con un lisosoma. Sin embargo, otros indican que madura para convertirse en un
lisosoma.
Transporte de sustancias a los lisosomas
Las sustancias que se degradarán en los lisosomas llegan a estos orgánulos en tres formas posibles, a
través de fagosomas, vesículas pinocíticas o autofagosomas (v. fig. 2.23).
El material fagocitado (o pinocitado), contenido en los fago-somas (o vesículas pinocíticas), se desplaza
hacia el interior de la célula y puede unirse a un lisosoma o a un endosoma tardío.
Las enzimas hidrolíticas digieren la mayor parte del contenido del fagosoma (o la vesícula pinocítica),
especialmente los componentes de proteínas e hidratos de carbono. Sin embargo, los lípidos son más
resistentes a la digestión completa y permanecen confinados en el lisosoma consumido, que ahora se
refiere como cuerpo residual.
Los orgánulos senescentes, como las mitocondrias y los orgánulos que la célula ya no necesita, deben
degradarse. Los orgánulos en cuestión son rodeados por elementos del retículo endoplasmático y
confinados en vesículas que se conocen por autofagosomas. Estas estructuras se fusionan con
endosomas tardíos o con lisosomas y comparten el mismo destino que el fagosoma.
Correlaciones clínicas
Trastornos de almacenamiento lisosomal
Algunas personas con carencias enzimáticas hereditarias no pueden degradar completamente diversas
macromoléculas en subproductos solubles. Al acumularse los productos intermedios insolubles de estas
sustancias en el interior de los lisosomas, el tamaño de estos lisosomas aumenta de tal manera que
interfiere en la funcionalidad de las células (tabla 2.2).
Probablemente la más conocida de estas afecciones es la enfermedad de Tay-Sachs, que aparece sobre
todo en niños de ascendencia judía del nordeste de Europa y en algunas personas en Luisiana de origen
cajún. Estos niños carecen de la enzima hexosaminidasa y no pueden catabolizar los gangliósidos GMz.
Aunque la mayoría de sus células acumulan el gangliósido GM, en los lisosomas, los problemas se
producen principalmente en las neuronas del sistema nervioso central y periférico. Los lisosomas de estas
células crecen hasta tal punto que interfieren en el funcionamiento neuronal y terminan por provocar en
los niños afectados un estado vegetativo en el primero o los primeros 2 años de vida; normalmente los
afectados mueren en el tercer año.
PEROXISOMAS
Los peroxisomas son orgánulos autorreplicantes que contienen enzimas oxidativas.
Los peroxisomas (microcuerpos) son orgánulos de forma esférica u oval y tamaño pequeño (0,2 a 1 jum
de diámetro) que contienen más de 40 enzimas oxidativas, especialmente urato oxidasa, catalasa y D-
aminoácido oxidasa (fig. 2.28). Están presentes en casi todas las células animales e intervienen en el
catabolismo de ácidos grasos de cadena larga (oxidación B) para formar acetil-coenzima A (CoA)
dando lugar a plasmalógeno (el fosfolípido principal de la mielina) y peróxido de hidrógeno (H,02)
mediante la combinación del hidrógeno procedente del ácido graso con el oxígeno molecular. La acetil-
CoA es utilizada por la célula para sus propias necesidades
2 Citoplasma
33
metabólicas o bien se exporta al espacio extracelular para su uso por las células vecinas. El peróxido de
hidrógeno desintoxica varios agentes perjudiciales (p. ej., etanol) y destruye microorganismos. El exceso
de esta sustancia se degrada en el agua y en oxígeno molecular por acción de la enzima catalasa.
Las proteínas destinadas a peroxisomas no se fabrican en el RER, sino en el citosol, y son transportadas
a los peroxisomas por dos señales específicas de direccionamiento que encaminan la proteína desde el
citosol al peroxisoma, donde reconocen los receptores de importación ligados a membranas específicos
de esa señal de direc-cionamiento. Sin embargo, algunas proteínas de membranas pero-xisomales
pueden fabricarse y dirigirse a los peroxisomas por medio del RER. Los peroxisomas tienen una vida
media de 1 semana y, al igual que las mitocondrias, aumentan de tamaño y experimentan una fisión para
formar nuevos peroxisomas. A diferencia de las mitocon-drias, los peroxisomas no poseen su propio
material genético.
PROTEASOMAS
Los proteasomas son pequeños orgánulos formados por complejos proteínicos que se encargan de la
proteólisis de proteínas malformadas y marcadas con ubicuitina.
La población proteínica de una célula se encuentra en flujo constante como consecuencia de las acciones
permanentes de síntesis, exportación y degradación de estas macromoléculas. Con frecuencia las
proteínas, como las que actúan en la regulación metabólica, deben degradarse para asegurar que la
respuesta metabólica a un estímulo individual no se prolonga. Por otra parte, las proteínas que se han
desnaturalizado o han sufrido daños o malformaciones deben ser eliminadas. Además, es preciso romper
las proteínas antigénicas que se han endocitado por las células presentadoras de antígenos en pequeños
fragmentos polipeptídicos (epítopos), de manera que puedan presentarse a los linfocitos T para su
reconocimiento y para desencadenar una respuesta inmunitaria.
El proceso de proteólisis citosólica está controlado minuciosamente por la célula y necesita que se
identifique la proteína como un posible candidato para su degradación. Este reconocimiento lo aporta la
ubicuitinación, proceso en virtud del cual varias moléculas de ubicuitina (cadenas largas de polipéptidos
de 76 aminoácidos)
se unen a un residuo de lisina de la proteína candidata para formar una proteína poliubicuitinada. Una vez
que se identifica de esta manera la proteína diana, esta es degradada por los proteasomas, complejos
proteínicos de múltiples subunidades que tienen una masa molecular superior a 2 millones de Da. Para
que sea posible la entrada de la proteína en el proteasoma (translocación en el proteasoma), es preciso
que las moléculas de ubicuitina se liberen de la proteína, y que esta se despliegue. Las moléculas de
ubicuitina liberadas vuelven a entrar en la reserva citosólica. Este mecanismo de ubicuitinación necesita lo
siguiente:
o La cooperación de una serie de enzimas, entre ellas la enzima de activación de ubicuitina (E1),
que activa a la ubicuitina.
o Una familia de enzimas de conjugación de ubicuitina (E2) que se unen a la proteína candidata.
o Una serie de ubicuitina ligasas (E3), cada una de las cuales reconoce una o varias proteínas
candidatas y unen la molécula de ubicuitina a la proteína.
La ubicuitinación, o liberación de ubicuitina desde la proteína candidata, y el mecanismo de degradación
de proteínas por el pro-teasoma son procesos que necesitan energía. Por término medio, una célula
puede tener hasta 30.000 proteasomas y cada proteasoma se asemeja a un barril de 15 m de altura por
12 nm de anchura con TABLA
2.2
Principales enfermedades de almacenamiento lisosomal
Tipo de enfermedad
Nombre de la enfermedad
Carencia de enzimas
Glucogenosis
Enfermedad de Pompe (tipo II)
Glucosidasa lisosomal
Esfingolipidosis
Gangliosidosis GM,
Gangliósido GM,, B-galactosidasa
Esfingolipidosis
Acumulación de metabolitos
Glucógeno
Gangliósido GM,; oligosacáridos que contienen galactosa
Gangliósido GM2
Esfingolipidosis
Esfingolipidosis
Gangliosidosis GM2
(enfermedad de Tay-Sachs)
Gangliosidosis GM2
(enfermedad de Gaucher)
sangliosidosis GN
(enfermedad de Neimann-Pick
MPS I H (Hurler)
MPS II (Hunter)
Hexosaminidasa A
Glicocerebrosidasa
Glicocerebrósido
Esfingomielinasa
Esfingomielina
Mucopolisacaridosis
Mucopolisacaridosis
Glicoproteinosis
a-L-iduronidasa
Heparán-sulfato y dermatán-sulfato
L-iduronosulfato sulfatasa
Heparán-sulfato y dermatán-sulfato
Enzimas que degradan las cadenas laterales Varios, según la enzima de polisacáridos de glicoproteínas
Modificada de Kumar V, Cotran RS, Robbins SL. Basic Pathology. 5th ed. Philadelphia: WB Saunders;
1992.
una luz central de diámetro comprendido entre 1,3 y 5,3 nm. Las partes superior e inferior del barril
poseen una partícula reguladora que limita la entrada y la salida del proteasoma, mientras que el grueso
de este recibe el nombre de partícula central. Dos pares de subunidades constituyen la partícula central,
las unidades a que forman las partes superior e inferior de dicha partícula, cada una de las cuales se une
a las partículas reguladoras, y las unidades ฿ que conforman la mayor parte de la partícula central. En las
regiones internas de las unidades ß se digieren las proteínas suministradas al proteasoma, en pequeños
polipéptidos de longitud comprendida
entre /y o aminoacidos
Debe observarse que la ubicuitinación puede omitirse en circunstancias excepcionales cuando la célula
experimenta condiciones de estrés intenso; con altos grados de estrés, los proteasomas degradarán
ciertas proteínas en ausencia de ubicuitinación.
Membrana mitocondrial externa y espacio
intermembrana
La membrana mitocondrial externa posee un gran número de porinas, unas proteínas transmembrana
multipaso. Cada porina forma un gran conducto acuoso a través del cual pueden pasar moléculas
hidrosolubles de un tamaño de hasta 10 kDa. Dado que esta membrana es relativamente permeable a las
moléculas pequeñas, entre ellas las proteínas, el contenido del espacio intermembrana se asemeja a los
del citosol. Las proteínas adicionales situadas en la membrana externa son responsables de la formación
de lípidos mitocondriales.
Membrana mitocondrial interna
MITOCONDRIAS
La membrana mitocondrial interna está plegada en crestas para proporcionar un área superficial mayor
para la ATP sintasa y la cadena respiratoria.
Las mitocondrias poseen su propio ADN y realizan fosforilación oxidativa y síntesis de lípidos.
Las mitocondrias son orgánulos flexibles en forma de bastón, con un diámetro aproximado de 0,5 a 1 um
y una longitud a veces de hasta 7 um. La mayoría de las células animales poseen un gran número de
mitocondrias (hasta 2.000 en cada hepatocito), dado que, mediante la fosforilación oxidativa, producen
ATP, una forma estable de almacenamiento de energía que puede ser utilizada por la célula para sus
diversas actividades con requisitos energéticos.
Cada mitocondria cuenta con una membrana externa lisa y una membrana interna plegada (fig. 2.29; v.
fig. 2.6). Los pliegues de la membrana interna, denominados crestas, incrementan enormemente el área
superficial de esa membrana. El número de crestas presentes en una mitocondria está relacionado
directamente con las necesidades de energía de la célula; así pues, la mitocondria de una célula del
músculo cardíaco tiene más crestas que la de un osteocito.
El estrecho espacio (10-20 nm de anchura) entre las membranas interna y externa recibe el nombre de
espacio intermembra-na, mientras que la región más grande delimitada por la membrana interna se
denomina espacio de matriz (espacio intercrestal). El contenido de estos dos espacios muestra algunas
diferencias que se analizan más adelante.
La membrana mitocondrial interna, que delimita el espacio de matriz, está plegada para formar crestas.
Se encuentra provista profusamente de cardiolipina, un fosfolípido que posee cuatro cadenas de ácidos
grasos, y no las dos habituales. La presencia de este fosfolípido en alta concentración hace la membrana
interna casi impermeable a iones, electrones y protones.
En algunas zonas, las membranas mitocondriales externa e interna están en contacto; estos puntos de
contacto actúan a modo de vías para la entrada y la salida de proteínas y moléculas pequeñas en el
espacio de matriz.
Existen puntos de transferencia adicionales en los que las dos membranas no se ponen en contacto entre
sí, sino que las membranas interna y externa poseen moléculas receptoras capaces de reconocer tanto la
macromolécula transportada como las moléculas portadoras citosólicas (y chaperonas) responsables del
suministro de esta macromolécula en particular. Para que la mayoría de las proteínas destinadas a la
mitocondria entren en este orgánulo, deben tener dos señales: una secuencia de aminoácidos de carga
positiva (presecuencia de aminoácidos) en su extremo inicial, y una proteína asociada conocida como
proteína de choque térmico 70. Una proteína portadora, la translocasa de la membrana mitocondrial
externa, reconoce estas dos señales y transporta la proteína al compartimento intermembrana. Otra
proteína transportadora, situada en la membrana interna y conocida como translocasa del complejo de la
membrana mitocondrial interna, transloca la proteína desde el compartimento intermembrana a la matriz
donde la proteína de choque térmico 70 se disocia de la proteína translocada y elimina la presecuencia de
aminoácidos de su extremo inicial.
Vista en preparaciones teñidas negativamente, la membrana interna muestra la presencia de un gran
número de subunidades de membrana interna semejantes a una piruleta, unos complejos proteínicos
conocidos como ATP sintasa, que son responsables de la generación de ATP a partir de ADP y fosfato
inorgánico. La cabeza globular de la subunidad, de unos 10 mm de diámetro, está unida al estrecho tallo
con forma de cilindro aplastado, de 4 nm de anchura y 5 nm de longitud, que sobresale de la membrana
interna en el espacio de matriz (v. fig. 2.28).
Además, existe un gran número de complejos proteínicos, las cadenas respiratorias, presentes en la
membrana interna. Cada cadena respiratoria está compuesta por tres complejos de enzimas respiratorias:
1) complejo de NADH-deshidrogenasa; 2) complejo
de citocromo b-c,, y 3) complejo de citocromo-oxidasa. Estos complejos forman la cadena de transporte
de electrones que es responsable del paso de electrones a lo largo de esta cadena y, lo que es más
importante, que actúa como bomba de protones para el transporte de H* rico en energía desde la matriz
al espacio intermembrana; se establece así un gradiente electroquímico que aporta energía para la acción
de generación de ATP de la ATP sintasa. Dado que se necesita ADP para la síntesis de ATP, y la ATP
recién formada debe dejar que el espacio de matriz de la mitocondria entre en el citosol, las membranas
mitocondrial interna y externa alojan las proteínas transportadoras de cotransporte bidireccional, proteínas
de intercambio ADP/ATP, para importar ADP a la mitocondria y exportar ATP al exterior de la mitocondria.
Matriz
El espacio de matriz está ocupado por un líquido denso formado por al menos el 50% de proteínas, lo que
explica su viscosidad.
Buena parte del componente proteínico de la matriz está formado
por enzimas responsables para la degradación escalonada de los ácidos grasos y el piruvato en la acetil-
CoA intermedia metabólica y la ulterior oxidación de este producto intermedio en el ciclo del ácido
tricarboxílico (Krebs). En la matriz están presentes también ribosomas mitocondriales, ARNt, ARNm y
gránulos de matriz esféricos densos (con diámetro de 30-50 nm) compuestos de fosfoli-poproteína. La
función de los gránulos de matriz no se conoce bien.
La matriz contiene también el ácido desoxirribonucleico circular (ADNc) mitocondrial bicatenario y las
enzimas necesarias para la expresión del genoma mitocondrial. El ADNc contiene información para la
constitución solamente de 13 proteínas mitocondriales, ARNr 16S y 12S, y genes para 22 ARNt. Por
tanto, la mayoría de los códigos necesarios para la formación y el funcionamiento de las mitocon-drias se
encuentran en el genoma del núcleo.
Fosforilación oxidativa
La fosforilación oxidativa es el proceso responsable de la formación de ATP.
La acetil-CoA, formada a través de la oxidación B de los ácidos grasos y de la degradación de la glucosa,
se oxida en el ciclo del ácido cítrico para producir, además de dióxido de carbono (CO2), grandes
cantidades de los cofactores reducidos dinucleótido de nicotinamida y adenina (NADH) y dinucleótido de
flavina y adenina (FADH,).
Cada uno de estos cofactores libera un ion hidruro (H*), que está despojado de sus dos electrones de alta
energía y se convierte en un protón (H*). Los electrones son transferidos a la cadena de transporte de
electrones y durante la respiración mitocondrial reducen el oxígeno (O2) para formar agua (H,0).
De acuerdo con la teoría quimiosmótica, la energía liberada por la transferencia en secuencia de los
electrones se utiliza para transportar H' desde la matriz al espacio intermembrana, con lo que se
establece una alta concentración de protones en ese espacio y ejercen una fuerza motriz de protones (v.
fig. 2.29). Solo a través de la ATP sintasa estos protones pueden salir del espacio intermem-brana y
volver a entrar en la matriz. A medida que los protones recorren este gradiente electroquímico, el
diferencial de energía en la fuerza motriz de protones se transforma en el enlace estable de alta energía
de ATP por la cabeza globular de la subunidad de la membrana interna, que cataliza la formación de ATP
a partir de ADP + Pi, donde P; es fosfato inorgánico. El ATP recién formado es utilizado por la mitocondria
o es transportado al citosol a través del sistema de cotransporte bidireccional ADP/ATP. Durante todo el
proceso de glicólisis, ciclo del ácido tricarboxílico y transporte de electrones, cada molécula de glucosa
produce 36 de ATP.
En algunas células, como en las de la grasa parda de los animales en hibernación, la oxidación se
desacopla de la fosforilación, para dar lugar a la formación de calor y no ATP. Este desacoplamiento
depende de la presencia de proteínas desviadoras de protones cono-
cidas como termogeninas, que se asemejan a la ATP sintasa, pero no pueden generar ATP. A medida
que los protones atraviesan las termogeninas para volver a entrar en la matriz, la energía de la fuerza
motriz de protones se transforma en calor. Este calor es el que despierta al animal de su estado de
hibernación. Las mitocondrias que desacoplan la oxidación de la fosforilación poseen una morfología un
tanto diferente y se conocen como mitocondrias condensadas, que se diferencian de las clásicas
(mitocondrias ortodoxas) en que aparecen hinchadas, tienen una matriz más densa y se presentan con
un mayor compartimento intermembrana
Origen y replicación de las mitocondrias
Debido a la presencia del aparato genético mitocondrial, se cree que las mitocondrias eran organismos
libres que invadieron las células eucariotas anaerobias o, tal vez, fueron fagocitadas por estas para
desarrollar una relación simbiótica. El organismo de tipo mitocon-drial recibió protección y nutrientes de su
hospedadora y concedió a esta la capacidad de reducir su contenido de O, y de suministrarle
simultáneamente una forma estable de energía química.
Las mitocondrias son autorreplicantes, en el sentido de que se generan a partir de mitocondrias
preexistentes. Estos orgánulos aumentan de tamaño, replican su ADN y experimentan una fisión. La
división suele producirse a través del espacio intracrestal de una de las crestas en posición central. La
membrana mitocondrial externa de las mitades opuestas se extiende a través de ese espacio intracrestal;
las
mitades se reúnen v se fusionan entre si, con lo cual la mitocondria se divide en dos mitades casi iguales.
El proceso de fisión suele tener lugar cuando las mitocondrias son rodeadas por el retículo endoplas-
mático. La vida media de una mitocondria es de unos 10 días.
Correlaciones clínicas
El síndrome de Pearson es un trastorno mitocondrial raro de lactantes debido a una deleción de menos de
10 kilobases en el ADN mitocondrial. El desarrollo del lactante afectado es deficiente, manifiesta una
disfunción pancreática exocrina como consecuencia de la fibrosis de la glándula, una anemia
sideroblástica como resultado de la incapacidad para incorporar hierro a la hemoglobina, diabetes de tipo
l, así como debilidad muscular y problemas neurológicos. Lamentablemente, estos lactantes rara vez
sobreviven a la infancia.
LÁMINA ANILLADA
Las láminas anilladas son agregados paralelos de membranas que contienen espacios de tipo cisterna,
con lo cual parecen copias múl-tiples, en general de seis a diez, de las envolturas nucleares. Poseen
2 Citoplasma
37
regiones semejantes a un complejo de poros nucleares (anillos) que están vinculadas con las membranas
próximas. Las cisternas de estos orgánulos guardan entre sí una separación relativamente uniforme, de
unos 80 a 100 nm, y forman un conjunto continuo con las cisternas del RER. Están presentes en los
ovocitos, los espermatocitos y en células de rápida división mitótica, como las células tumorales. Sin
embargo, la función o el significado de las láminas anilladas no se conocen del todo.
Inclusiones
Las inclusiones se consideran componentes no vitales de la célula que carecen de actividad metabólica y
no están delimitados por
membranas. Las mas comunes de estas estructuras son el glucogene las gotas lipídicas, los pigmentos y
los cristales.
GLUCOGENO
El glucógeno es la forma de almacenamiento de la glucosa.
El glucógeno es el medio de almacenamiento más habitual de la glucosa en los animales y abunda
especialmente en las células musculares y del hígado. En las micrografías electrónicas aparece en forma
de agrupaciones, o rosetas, de partículas B (y partículas a de mayor tamaño en el hígado) que se
asemejan a los ribosomas, situados cerca del REL. Al ser requeridas para ello, las enzimas responsables
de la glicogenólisis degradan el glucógeno en moléculas de glucosa individuales.
Correlaciones clínicas
Trastornos de almacenamiento del glucógeno
Algunas personas sufren trastornos de almacenamiento del glucógeno a consecuencia de su incapacidad
para degradar esta sustancia, con lo que se produce una acumulación excesiva en las células. Existen
tres clasificaciones de esta enfermedad: 1) hepática,
2) miopática y 3) miscelánea. La causa de estos trastornos es la carencia o el mal funcionamiento de una
de las enzimas responsables de la degradación (tabla 2.3).
LÍPIDOS
Los lípidos son formas de almacenamiento de los triglicéridos.
Los lípidos, triglicéridos en forma de almacenamiento, no solo están contenidos en células especializadas
(adipocitos), sino que también se encuentran en forma de pequeñas gotas individuales
TARLA
2.3
Tipo
Hepático
Hepatorrenal (enfermedad
de von vierke)
Síndrome de McArdle
miopático
Otros
Enfermedad de Pompe
Principales subgrupos de enfermedades de almacenamiento de glucógeno
Enzima deficiente
Cambios en los tejidos
Glucosa-6-fosfatasa
Acumulación intracelular de glucógeno en los hepatocitos y los tubulos corticales de los ninones
Fosforilasa muscular
Acumulación de glucógeno en las celulas del musculo esqueletico
Maltasa acida lisosomali
Acumulación de glucógeno
numento ce tamano de los
lisosomas en los hepatocitos
Signos clínicos
Hepatomegalia y nefromegalia; hipoglucemia con convulsiones; gota; hemorragias;
mortalidad del 50%
Calambres después de ejercicio intenso;
aparición en la edad adulta
Cardiomegalia masiva; insuficiencia cardíaca y respiratoria en < anos desde la instauracion)
los adultos presentan una forma leve que afecta solo al músculo esquelético
en los diversos tipos de células, en particular los hepatocitos. La mayoría de los disolventes utilizados en
los preparados histológicos extraen triglicéridos de las células y dejan espacios vacíos indicativos de las
localizaciones de los lípidos. Sin embargo, con el uso de osmio y glutaraldehído, los lípidos (y el
colesterol) pueden fijarse en su posición en forma de gotas intracelulares grises o negras. Los lípidos
constituyen una forma muy eficaz de reservas de energía; de 1 g de grasa se extrae hasta el doble de
ATP que a partir de 1 g de glucógeno.
PIGMENTOS
El pigmento más común en el organismo, aparte de la hemoglobina de los eritrocitos, es la melanina,
fabricada por los melanocitos de la piel y el cabello, las células pigmentadas de la retina y las células
nerviosas especializadas en la sustancia negra del encéfalo. Estos pigmentos poseen funciones
protectoras en la piel y ayudan al sentido de la vista en la retina, pero su función en el cabello y las
neuronas no se conoce bien.
Por otra parte, en células de larga vida, como las neuronas del sistema nervioso central y las células del
músculo cardíaco, se ha encontrado un pigmento de color amarillo o pardo, la lipofuscina. A diferencia de
otras inclusiones, los pigmentos de lipofuscina están unidos a la membrana y, según se cree, representan
los restos indigeribles de la actividad lisosomal. Se forman a partir de la fusión de varios cuerpos
residuales.
CRISTALES
Los cristales no suelen estar presentes en las células, con la excepción de las de Sertoli (cristales de
Charcot-Böttcher), las células intersticiales (cristales de Reinke) de los testículos y, en ocasiones, los
macrófagos (fig. 2.30). Se piensa que estas estructuras son formas cristalinas de determinadas proteínas.
Citoesqueleto
El citoesqueleto tiene tres componentes principales: filamentos delgados, filamentos intermedios y
microtúbulos.
El citoplasma de las células animales contiene un citoesqueleto, una compleja malla tridimensional de
filamentos proteínicos responsable del mantenimiento de la morfología de las células. Por otra parte, el
citoesqueleto es un participante activo en el movimiento celular, ya sea en los orgánulos o en las
vesículas del citoplasma, algunas regiones celulares o en toda la célula. Contiene tres componentes:
filamentos delgados (microfilamentos), filamentos intermedios y
microtúbulos.
FILAMENTOS DELGADOS
Los filamentos delgados están formados por actina e interaccionan con la miosina para inducir el
movimiento intracelular o celular.
Los filamentos delgados (microfilamentos) están compuestos por dos cadenas de subunidades
globulares, actina G, enrolladas una alrededor de la otra para formar una proteína filamentosa, la actina E,
«denominada actina» (figs. 2.31 y 2.32). La actina constituye aproximadamente el 15% del contenido total
de proteínas de las células no musculares. Solo en torno a la mitad de su actina total se encuentra en
forma filamentosa debido a que la modalidad monomérica de la actina G está unida por pequeñas
proteínas, como la profilina y la timosina, que evitan su polimerización. Las moléculas de actina,
presentes en las células de muchas especies de vertebrados e invertebrados, son muy similares entre sí
en su secuencia de aminoácidos, lo que da fe de su naturaleza altamente conservada.
Los filamentos delgados tienen un grosor de 7 nm y poseen un extremo positivo (terminal plumas) en
rápido crecimiento y un extremo negativo (terminal punta) de crecimiento lento. Cuando el filamento de
actina alcanza la longitud deseada, los miembros de una familia de pequeñas proteínas fijadoras se unen
al extremo positivo para finalizar la prolongación del filamento. El proceso de acortamiento de los
filamentos de actina está regulado en presencia de ATP, ADP y Ca'* por proteínas fijadoras, como la
gelsolina, que evitan la polimerización del filamento. El fosfolípido de membrana plasmática
polifosfoinositol tiene el efecto contrario: elimina la fijación de gelsolina, con lo que permite la elongación
del filamento
de actina.
Según su punto isoeléctrico, se distinguen tres clases de acti-na: actina a del músculo, y actina p y actina
y de las células no musculares. Aunque la actina interviene en la formacion de varias extensiones
celulares y en el ensamblaje de estructuras responsables de la motilidad, su composición básica no se
modifica. Es capaz de cubrir varias funciones por medio de su asociación con diferentes proteínas de
unión a actina. La más conocida de estas proteínas es la miosina, aunque otras muchas, como la actinina
o, la espectrina, la fimbrina, la filamina, la gelsolina y la talina, también se unen a actinas para asumir
funciones celulares esenciales (tabla 2.4). Los filamentos de actina forman haces de diversas longitudes,
según cuál sea la función que llevan a cabo en células no musculares. Estos haces
2 Citoplasma
39
constituyen tres tipos de asociaciones: haces contráctiles, redes de tipo gel y haces paralelos.
Los haces contráctiles son los responsables de la formación de surcos de escisión (anillos contráctiles)
durante la división mitótica, y suelen asociarse con la miosina. Sus filamentos de actina se disponen de
forma holgada, en disposición paralela entre sí, con los extremos positivo y negativo en direcciones
alternas. Estas estructuras son responsables del movimiento no solo de los orgánulos y las vesículas en
la célula, sino también de las actividades celulares, como la exocitosis y la endocitosis, así como de la
extensión de filopodios y de la migración celular.
Las redes de tipo gel proporcionan la base estructural de buena parte de la corteza celular. Deben su
rigidez a la proteína filamina, que ayuda al establecimiento de una red de filamentos de actina organizada
que aporta una alta viscosidad local. Durante la formación de filopodios, el gel se diluye por proteínas
como la gelsolina, que, en presencia de ATP y en una alta concentración de Ca'*, rompe los filamentos de
actina y, mediante la formación de una cubierta sobre su extremo positivo, impide que se alarguen.
Las proteínas fimbrina y villina se encargan de la formación de filamentos de actina en haces paralelos
densamente empaquetados que conforman el núcleo de los microagregados y las microvellosi-dades,
respectivamente. Estos haces de filamentos de actina se fijan en la red terminal, una región de la corteza
celular compuesta por una malla de filamentos intermedios y la proteína espectrina. Las moléculas de
espectrina son tetrámeros flexibles de tipo bastón que ayudan a la célula a mantener la integridad
estructural de su corteza.
La actina es importante también en la formación y el mantenimiento de contactos focales de la célula con
la matriz extracelular (fig. 2.33). En los contactos focales, la integrina (una proteína trans-membrana) de la
membrana plasmática se une a las glicoproteínas estructurales, como la fibronectina, de la matriz
extracelular, lo que permite que la célula mantenga su fijación. Simultáneamente, la región intracelular de
la integrina entra en contacto con el citoes-queleto por medio de proteínas intermedias que la fijan a los
filamentos de actina. El modo de fijación implica la unión de la integrina a la talina, que se une a la
vinculina y al filamento de actina. La vinculina se acopla con la actinina o, la proteína de unión a actina
que ensambla la actina en los haces contráctiles.
FILAMENTOS INTERMEDIOS
Los filamentos intermedios y sus proteínas asociadas ayudan a la formación y al mantenimiento de la
estructura tridimensional de la célula.
Las micrografías electrónicas muestran una categoría de filamentos en el citoesqueleto cuyo diámetro de
8-10 nm los sitúa entre los filamentos gruesos y los delgados; por ello reciben el nombre de filamentos
intermedios (v. fig. 2.31). Estos filamentos y sus proteínas asociadas cumplen las siguientes funciones:
o Proporcionar un soporte estructural para la célula.
o Formar un marco estructural tridimensional deformable para la célula.
o Anclar el núcleo.
Aportar una conexión flexible entre la membrana plasmática y el citoesqueleto.
o Suministrar un marco estructural para el mantenimiento de la envoltura nuclear, así como su
reorganización posterior a la
Cuando se unen partículas artificiales (microbeads) a las moléculas de integrina de la membrana
plasmática y son micromanipuladas, 2.4
Proteínas de unión a la actina
Proteína Masa molecular
de cada subunidad
(Da) Función
Actinina a 100.000 Agrupamiento de filamentos de actina para haces contráctiles
Proteína de 74.000 Se fija al extremo en crecimiento (extremo positivo) del filamento de
cubierta actina estabilizando
su longitud
Cofilina 19.000 Es activa en la despolimerización del filamento de actina,
especialmente durante la formación de filopodios
Fimbrina 68.000 Agrupamiento de filamentos de actina para formar haces paralelos
Filamina 270.000 Entrecruza filamentos de actina generando una red de tipo gel
Formina 22.000 Se fija al extremo en crecimiento (extremo positivo) y promueve la
polimerización de filamentos
Miosina II 260.000 Contracción por deslizamiento de filamentos de actina
Miosina V 150.000 Movimiento de vesículas y orgánulos a lo largo de los filamentos de
actina
Profilina Reestructuración del citoesqueleto mediante aumento de la
polimerización de actina
ESPECTRINA
8 [Link] Forma una red de sostén de la membrana plasmática de los
eritrocitos
Gelsolina 90.000 Escinde y recubre los filamentos de actina
Timosina 5.000 Se une a subunidades de actina G, manteniéndolas en su estado
monomérico
las fuerzas de tracción producen una distorsión del citoesqueleto, con la deformación resultante del
núcleo y la reordenación de los nucléolos. Así pues, parece que el citoesqueleto, y en concreto los
filamentos intermedios, reacciona a las fuerzas generadas sobre la matriz extracelular. Al forzar cambios
en la forma y la localización de ciertos constituyentes celulares, protege la integridad estructural y
funcional de la célula de las tensiones y las fuerzas externas.
Investigaciones de índole bioquímica han determinado la existencia de varias categorías de filamentos
intermedios que comparten las mismas características morfológicas y estructurales. Estos filamentos
intermedios de tipo cordón están formados por ocho tetrámeros de proteínas de tipo bastón densamente
congregados en largas configuraciones espirales. La subunidad individual (monó-mero) de cada tetrámero
difiere considerablemente para cada tipo de filamento intermedio, pero su morfología es similar en el
sentido de que un monómero tiene un extremo N (cabeza) y un extremo C (cola) que están plegados en
dominios globulares, mientras que su región media, el dominio central, está compuesta por una hélice o
alargada. Las categorías de filamentos intermedios incluyen queratinas, desmina, vimentina, proteínas
ácidas fibrilares gliales, neurofilamentos y láminas nucleares (tabla 2.5). Se han descubierto
varias proteínas intermedias de unión a filamentos. Cuando se unen a los hlamentos intermedios, los
integran en una red tridimensiona. que facilita la formación del citoesqueleto. Las más conocidas de estas
proteínas son:
La filagrina, que se une a los filamentos de queratina en haces.
o La sinemina y la plectina, que, con la desmina y la vimentina, respectivamente, forman mallas
intracelulares tridimensionales.
o Las plaquinas, que ayudan al mantenimiento del contacto entre los filamentos intermedios de
queratina y los hemidesmosomas de las células epiteliales, así como los filamentos de actina con
los neurofilamentos de las neuronas sensitivas.
Correlaciones clínicas
Los métodos inmunocitoquímicos que utilizan anticuerpos específicos inmunofluorescentes se usan para
diferenciar los tipos de filamentos intermedios en los tumores de origen desconocido. El conocimiento de
la fuente de estos tumores no solo ayuda a su diagnóstico, sino también a diseñar planes terapéuticos
eficaces.
MICROTÚBULOS
Los microtúbulos son estructuras rígidas, largas y rectas de aspecto tubular que actúan como vías
intracelulares.
El centrosoma es la región de la célula cercana al núcleo que aloja los centríolos, así como varios cientos
de moléculas de complejos anulares de tubulina y. Estas moléculas de tubulina y actúan como puntos de
nucleación para los microtúbulos, unas estructuras cilín-dricas, rígidas y rectas de aspecto hueco con 25
nm de diámetro exterior y un diámetro luminal de 15 nm (fig. 2.34; v. fig. 2.31).
Por tanto, el centrosoma se considera el centro organizador de microtúbulos (MTOC, microtubule-
organizating center) de la célula.
Un microtúbulo está polarizado. Tiene un extremo positivo (tubuli-na B) y un extremo negativo (tubulina
(‹), que deben estabilizarse o se despolimerizarán, con lo cual el microtúbulo se acortaría. El extremo
negativo se estabiliza mediante su integración en un complejo anular de tubulina y. Un microtúbulo es una
estructura dinámica que modifica frecuentemente su longitud al someterse a fases de crecimiento para
después acortarse; estos dos procesos tienen lugar en el extremo positivo, de manera que la vida media
de un microtúbulo es de apenas unos 10 min. Las funciones principales de los microtúbulos son:
o Aportar rigidez y mantener la forma de la célula.
o Regular el movimiento intracelular de los orgánulos y las vesículas.
Establecer compartimentos intracelulares.
o Facilitar la capacidad de movimiento ciliar (y flagelar).
o TABLA
o 2.5
o Tipos predominantes de filamentos intermedios
o O Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito
TipoFilamento Tamaño de los Tipo de célula Función
componentes de
polipéptidos (Da)
Queratinas ácidas 40.000-70.000 Células epiteliales Dan sostén a los conjuntos de
Queratinas básicas 40.000-70.000 Células del cabello y células y proporcionan
de las uñas resistencia a la traccion al
citoesqueleto
Desmina 53.000 Todos los tipos de Une las miofibrillas al músculo
células musculares estriado (en torno a discos Z); se fija
a densidades citoplásmicas
en el musculo liso
Vimentina 54.000 Células de embriones y Rodea la envoltura nuclear; se
de asocia con el lado ciloolasmico del
oricen complejo de poros nucleares
mesenculmatosol
fibroblastos, leucocitos,
células endoteliales
Proteína ácida 50.000 Astrocitos, células de Da sostén a la estructura de las
fibrilar glial Schwann, células gliales
(GFAP) oligodendroglia
Neurofilamentos 68.000 Neuronas Forman el citoesqueleto de los
NF-L: masa [Link] axones y las dendritas; ayudan
molecular baja a la tormacion del estado de cel del
NF-M: masa citoplasma; entrecruzador
molecular media responsable de la alta resistencia a
NF-H: masa la tracción
molecular alta
sincollinal 64.000 Células del músculo Forma enlaces con la distrobrevina
esquelético en el músculo esquelético
Laminas nuclearesi65.000-75.000 Recubrimiento de la Control y estructura de la envoltura
envoltura nuclear, orcanizacion de cromatina
nuclear de todas las perinuclear
celulas
Faquinina 49.000 Células de fibras del Mantienen la transparencia del
Filensina 94.000 cristalino cristalino
o Material protegido

Cada microtúbulo está formado por 13 protofilamentos paralelos compuestos por heterodímeros de las
subunidades de tubulina a y B del polipéptido globular, cada una de ellas constituida por unos 450
aminoácidos de masa molecular aproximada de 50.000 Daltons (v. fig. 2.31). La polimerización de los
hetero-dimeros exige la presencia de magnesio (Mg**) y GTP. Durante la división celular, una rápida
polimerización de los microtúbulos existentes y los nuevos es responsable de la formación del aparato del
huso.
Correlaciones clínicas
La venuroacion del oroceso de colimerizacion de los microtúbulos por fármacos antimitóticos, como la
colchicina, bloquea la mitosis al unirse a las moléculas de tubulina, lo que evita su ensamblaje con el
protofilamento.
Proteínas asociadas a microtúbulos
Las proteínas asociadas a microtúbulos son proteínas motoras que ayudan a la translocación de los
orgánulos y las vesículas
en el interior de la celula.
Además de los heterodímeros de tubulina, los microtúbulos poseen proteínas asociadas a microtúbulos
(MAP, microtubule-associated proteins) ligadas a su periferia en intervalos de 32 nm.
Existen varios tipos de MAP (MAP1, MAP2, MAP3, MАР4, MAP tau y Lis 1), cuya masa molecular está
comprendida entre 50.000 y más de 300.000 Da. Sus funciones principales consisten en prevenir la
despolimerización de microtúbulos y ayudar en el movimiento intracelular de los orgánulos y las vesículas.
Lis 1 actúa durante el desarrollo del encéfalo y es responsable de la formación de los surcos y las
circunvoluciones de los hemisferios cerebrales.
El movimiento a lo largo de un microtúbulo tiene lugar en las dos direcciones, es decir, tanto hacia el
extremo positivo como hacia el negativo. Las dos familias principales de proteínas motoras de
microtúbulos, las MAP dineína y cinesina, se unen al microtúbulo y a las vesículas (y orgánulos). Se cree
que los diferentes miembros de cada familia de proteínas motoras transportan su cargo a velocidades
diferentes, minuciosamente controladas, y los distintos orgánulos poseen su propia proteína motora. En
presencia de ATP, la dineína desplaza la vesícula hacia el extremo negativo del microtúbulo (en dirección
al MTOC). La cinesina se encarga del transporte de vesículas (y orgánulos) en dirección contraria, hacia
el extremo positivo.
El mecanismo molecular por el que estas proteínas MAP utilizan
ATP no está bien establecido.
Centriolos y centrosoma
Los centríolos son pequeñas estructuras cilindricas compuestas por nueve tripletes de microtúbulos; dos
centríolos, integrados en una matriz de material pericentriolar, conforman el núcleo del MTOC, o
centrosoma.
Los centríolos son pequeñas estructuras cilíndricas, de 0,2 um de diámetro y 0,5 um de longitud (v. fig.
2.31). En general, son estructuras pares, dispuestas en perpendicular entre sí e integra-das en una matriz
de material pericentriolar. El complejo en su conjunto se conoce como centrosoma o centro organizador
del microtúbulos (MTOC), y está situado cerca del aparato de Golgi. El material pericentriolar está
compuesto por las proteínas tubulina y y pericentrina, que interaccionan con los extremos negativos de
los microtúbulos y los fijan en el centrosoma. El centrosoma ayuda a la formación y a la organización de
microtúbulos, así como a su autoduplicación antes de la división celular.
Los centríolos están compuestos por una configuración específica de nueve tripletes de microtúbulos
dispuestos en torno a un eje central (patrón 9 + 0). Cada triplete de microtúbulos consiste en un microtú-
bulo completo y dos incompletos fusionados entre si, de manera que los incompletos comparten
protofilamentos. El microtúbulo completo
«A» está situado en la posición más cercana al centro del cilindro; el
«C» se encuentra en el lugar más alejado. Los tripletes adyacentes están
2 Citoplasma
43
conectados entre sí por una sustancia fibrosa de composición descono-
cida, que se extiende desde el microtúbulo A hasta el C. Cada triplete se dispone de manera que forma
un ángulo oblicuo con el adyacente y un ángulo recto con el quinto triplete. Los centríolos están asociados
también con las proteínas de unión al calcio llamadas centrinas (cal-trectinas), las cuales intervienen en la
duplicación de los centríolos.
Durante la fase S del ciclo celular, cada centríolo del par se replica para formar un procentríolo a 90° con
respecto a sí mismo.
En un principio, este procentríolo no posee microtúbulos, pero las moléculas de tubulina empiezan a
polimerizarse cerca del cen-tríolo primigenio, con el extremo en crecimiento alejado de este.
La replicación real del centriolo exige la presencia de anillos de tubulina y, unas estructuras que no
forman parte de él, pero que actúan para dirigir la elongación de los microtúbulos en forma-ción al ocupar
los incipientes extremos positivo y negativo. Según se cree, los anillos de tubulina Y y la pericentrina
sirven como pilares que sustentan el centríolo en desarrollo. Cada tubulina y inicia la formación de un
único microtúbulo. Además, también se necesitan tubulinas o, relacionadas con la superfamilia de tubuli-
nas o y B, para formar la estructura de triplete en la disposición
ce mi crol bulos.
Los centríolos intervienen en la formación del centrosoma y, durante la actividad de la mitosis, se
encargan de la formación del aparato del huso. Por otra parte, son los cuerpos basales que guian
la formación de los cilios y los flagelos.
Consideraciones anatomopatológicas
Véanse las figuras 2.35 y 2.36.

También podría gustarte