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FROM THE GIFT OF THE
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CAMBRIDGE , MASS .
DANTE
LA DIVINA COMEDIA
TRADUCCIÓN LIBRE
POR
J. SÁNCHEZ MORALES
VALENCIA
LIBRERÍA DE PASCUAL AGUILAR. CABALLEROS, 1
1885
LA DIVINA COMEDIA
SERVARE
URIVERSI
LIBRARY
EL INFIERNO
CANTO PRIMERO
SUMARIO
Al centro de la carrera de la vida se aparta Dante del
recto camino, conducido por tres poderosas pasiones:
la Lujuria, el Orgullo y la Avaricia.-Beatriz (ó sea la
Teologia), su querida, en su juventud, le remite en su
auxilio el gran Genio de la poesia (Virgilio) , que por
medio del estudio de lo bello y grande, le llevara poco
á poco á contemplar las cosas celestiales.-Método
platónico. Este poema de detalles oscuros, es harto
claro en su primordial idea ó en el orden de sus par-
tes. Virgilio, ó sea la Poesía, irá guiando á Dante al
Infierno y al Purgatorio; Beatriz, ó sea la Teología, lo
guiará en el Paraíso .
Al promediar la carrera de nuestra vida (1), nos
hallamos en un lobrego bosque (2), por habernos
apartado del recto camino. ¡Qué cruel me sería pin-
tar la aspereza de aquel sitio, cuya sola idea refres-
(1) Dante bajó al Infierno á los 33 años de su edad, el
dia de Viernes Santo de 1300, y lo recorrió todo en vein-
ticuatro horas .
(2) Emblema de las pasiones .
6 -
ca mis temores! Era más triste que la muerte. Sin
embargo, debemos decir cuanto allí vimos, para ma-
nifestar el bien que hallamos en él .
Casi imposíble será decir de qué modo penetra-
mos en el terrible bosque; tal era el sueño que nos
embargaba al dejar la buena senda; al llegar al pié
de la colina, término del valle que tanto nos horrori-
zó, miramos su cumbre, dorada por los rayos del pla-
neta (1) que sin duda nos guía por todos los cami-
nos; solo á su vista cesó algún tanto la angustia de
nuestro corazón en aquella noche, triste é intermina-
ble: y á semejanza del náufrago que moribundo sale
del mar, y desde la orilla gira su vista hacia el pe-
ligroso elemento , aún se volvía nuestro espíritu
á considerar el punto del que nunca salió hombre
vivo (2) .
Luego de haber tomado algún descanso, segui-
mos por la playa desierta (3), procurando siempre
sentar el pié más firme. Mas al empezar á subir la
cuesta, súbito se nos presentó una diestra pante-
ra (4), cubierta con una bonita piel á manchas, que
no apartaba su vista de nosotros, cerrándonos el
paso de tal suerte, que en vano intentamos retro-
ceder.
Ya era de día; el sol emprendía su marcha por
medio de las estrellas de que estaba rodeado , y en-
tonces el divino amor dió el primer impulso á las
maravillas de lo creado. La hora de la madrugada y
lo magnífico de la estación, hicieron nacer en nos-
otros el deseo de lograr la linda piel de aquella fiera;
pronto sucedió el temor á la esperanza, al presentár-
senos un león (5) á pocos pasos. Al parecer venía
(1) Sol.
(2) Aquel sitio es el pecado mortal.
(3) Camino de la Virtud.
(4) Emblema de Lujuria.
(5) Emblema de Ambición y Orgullo.
7 -
contra nosotros, con la cabeza ergida, á impulsos de
hambre; su aspecto era tan siniestro, que creimos que
temblaba todo en torno suyo .
Al propio tiempo apareció una loba (1) , que en su
extenuación manifestaba tener muchos deseos, y que
había sumido muchos hombres en la miseria . El fue-
go de sus ojos nos embargó en términos que no nos
quedó esperanza de pasar la colina. Como el que
solo siente placer en atesorar, y llora cuando pierde,
del mismo modo nos dejó la aparición de aquellafie-
ra, remitiéndonos pausadamente hacia donde se ocul-
ta el sol. Según regresábamos al valle, un ser se pre-
sentó ante nosotros que aparecía mudo: al punto le
voceamos:-« Quien quiera que seas , compadéce-
nos. >> Y respondió:-Fuí hombre, y dejé de serlo; los
autores de mis dias eran mantuanos. Nací álo último
del reinado de Julio, y luego habité en Roma, mien-
tras el de Augusto, en tiempos de los falsos dioses.>>>
Después dijo:
«He sido poeta, y he cantado al bondadoso hijo
de Arquises , venido de Troya, luego de ser entrega-
da á las llamas la orgullosa Ilión; mas tú, ¿por qué no
mitigas tu pena? ¿cómo no vas al magnífico monte,
principio de todas las dichas?-¡Oh! le respondí aver-
gonzado; ¿eres tú, Virgilio, inagotable manantial de
poesía?»
«¡Ah , honra y luz de los poetas; que el amor yel
estudio que me han movido abuscar tu obra, sean mi
recomendación ante tí! Tú eres mi amado maestro,
tuyo es el divino estilo que tanto lauro me ha dado .
Ayúdame contra esa fiera, que tanto me espanta;
gran sabio. >>
-<<<Has de seguir diferente senda, me dijo, viendo
<
que lloraba; si deseas salir de este temido laberinto,
debes saber que esa fiera que te espanta, no consien-
(1) Emblema de Avaricia.
8 -
te que ningún mortal cruce su camino; es de condi-
ción tan dañina, que jamás consideró satisfechos sus
anhelos, y después de comer queda con más necesidad
que antes . Infinitos animales le sirven de alimento ,
y aun reunirá muchos más, hasta la venida de Le-
brel (1), que la matará de dolor. No se mantendrá
éste de tierra ni estaño fino ; su alimentación será la
sabiduría, el amor y la fuerza; será su patria entre
Feltro y Feltre, siendo la salvación de la humilde Ita-
lia, por la que perecieron llenos de heridas Camilo,
Turno, Eurialo y Niso .
Cazará á la loba de población en población hasta
restituirla al Infierno, del que la Envidia la sacó en
otro tiempo. Por tu bien, te digo que acertarás en se-
guirme; seré tu egida, y te llevaré fuera de aquí á
través del eterno reino; allí apercibirás los rugidos de
desesperación y notarás las almas de los condenados !
que á voces piden segunda muerte.
También podrás ver los que están satisfechos, en
las llamas, aguardando (á su tiempo) tener un sitio
en las bienaventuradas sombras; si quieres llegar
hasta ellas , te guiará otra más digna alma que la mía,
y al apartarme de tí, te quedarás con ella, porque
el emperador que allí domina no quiere que me lle-
ven á su ciudad, por haber yo faltado á su ley. En
todas partes impera; más allá en lo alto es do reina;
aquello es su gran ciudad y elevadísimo trono. ¡Ven-
turoso el elegido para su reino! »
«Poeta, te ruego por ese Dios que no has podido
conocer, me libres de este mal, como de otro peor
que me pueda ocurrir, y que me lleves donde dices ,
para que vea la puerta de San Pedro y á los que ya-
cen en desconsuelo.>>>
Comenzó á andar, y yo le seguí .
(1) Can grande della Scala, señor de Verona, protec-
tor de Dante. Según comentadores, Uguccione della
Faggiola .
-
9 -
CANTO II
SUMARIO
Después de lo dicho, cualquiera adivinará al católico
poeta y podrá acompañarle en su gran viaje. Sigue
Dante á Virgilio, y ambos, entrada la noche, parten.
-Invocación á las musas.-Dante se sobrecoge de es-
panto á la idea del inferral viaje.-Sosegado al decirle
Virgilio que le envía Beatriz, se persuade a seguir
á su guía y maestro .
El día tocaba á su fin, y lo pesado del aire mani-
festaba á todos los mortales que debían ya entregarse
al descanso; únicamente yo me disponía á los comba-
tes del camino, imaginando los asuntos de piedad
que iban á ofrecerse á mi vista, y que relatará mi me-
moria fielmente .
¡Musas, genio poderoso, llegad en mi favor! ¡Oh
memoria que
«Poeta, retratasmide
maestro, lo quemis
ví, fuerzas
sé nobleantes
y leal!
de pre-
cipitarme; tú dices que el padre de Silvio (1) bajó
con cuerpo sensible y pútrido al reino inmortal ; aca-
so el enemigo del mal le sería propicio, calculando
los hermosos efectos que debiera traer su viaje .
¡Qué hombres y qué calidades de seres!>>>
Desde luego no parece indigno a ningún mortal
inteligente, ya que había sido escogido en el empíreo
por padre de Roma é imperio. Ambos, en verdad,
fueron creados á favor del sacro lugar do mora el su-
cesor de Pedro .
En aquel viaje, por el que le ensalza , vió cosas
que fueron presagios de su gloria y del manto papal;
(1) Eneas .
10 -
el vaso de predilección (1) se elevó hasta el cielo
para cimentar la fé, principio de salvación. Mas yo,
¿á qué he venido aquí? ¿quién me lo permite? Ni soy
Eneas ni Pablo, por lo que ante nadie soy merecedor
de tal honra .
De suerte, que al empezar esta empresa temo
desvariar; mas tú, que eres tan sabio, comprenderás
que no aclaro el sentido de mis ideas. Y a imitación
delque nodesealo queanhelaba, yquepor influen
cia de una nueva concepción, cambia de parecer, ol-
vidando lo acometido, he empequeñecido la empresa
con tal denuedo comenzada, al llegar á la aspéreza
de la subida .>>>
Si he entendido tus palabras, repuso la grandiosa
sombra, tu alma es presa del espanto; icon cuánta
frecuencia se apodera del hombre y le hace cejar en
una magnánima idea, precisándole en ocasiones co-
mo al bruto, á volver atrás ante una quimera .
<<Para darte aliento, te diré el motivo de mi pre-
sencia, y lo que he sabido en el instante de condoler-
me de tí. Moraba entre los que ni se han salvado ni
se han perdido (2) y fui llamado por una tan hermosa
ypura dama, que no titubeé en ponerme á su dispo-
sición (3). Sus ojos eran más brillantes que los luce-
ros, y con armoniosa voz, me dijo :
«Alma magnánima de Mantua, cuya gloria vive
aún en el mundo, y durará tanto como él, mi amigo,
y no de la fortuna, está tan perdido en la playa de-
sierta, que á la mitad de su viaje el terror le ha he-
cho volver atrás. Temo (por lo que he sabido de él
en el cielo), llegar tarde en su socorro.
«Anda, y con tu elocuencia ayúdale hasta lograr
que yo consiga algún consuelo. Soy Beatriz, y te
digo que vayas. Llego de un paraje al que deseo re-
(1) San Pablo en el Paraiso extasiado santamente
(2) Che son sospesi: Están en suspenso ó en el Limbo.
(3) Beatriz, emblema de la Teología.
11 -
gresar: Amor es quien me inspira. Al estar al lado
de mi dueño, celebraré haberte encontrado á mí pa-
so.» Calló , y yo contesté:
«Gran señora, solo la virtud que atesoras sobre-
puja á la de todos los seres de la humana especie
que cubre la bóveda celeste. Tan grato me es tu man-
dato, que aun habiéndolo ya cumplimentado, cree-
ría tardar: no me vuelvas á indicar tu deseo . Mas
dime: ¿es posible que no temas venir á estos sitios,
desde lo alto de los inmensos lugares donde deseas
volver?»
<<Voy á calmar tu curiosidad, me dijo; y á mani-
festarte por qué no temo venir á estos abismos . Uni-
camente debe temerse por las cosas que puedan per-
judicar á otro, pero no por las que no ocasionen
ese perjuício. Por voluntad de Dios, soy de tal espe-
cie, que no pueden contaminarse vuestras miserias ni
cercarme el fuego de ese incendio .
«En el cielo existe una dama (1) que se apena
tanto por los peligros de los que te envío, que á su
caridad se debe la revocación del fallo de la Justicia
divina. Se ha dirigido en sus plegarias á Lucía (2),
diciéndole: Tu fiel necesita de tí, y yo te le reco-
miendo. » Lucía, enemiga de los corazones crueles,
enternecida, viniendo al sitio en que yo estaba, al
lado de la antigua Raquel (3), me ha dicho así:
<<Beatriz , verídica alabanza de Dios, ¿por qué no
corres en auxilio del que tanto te adoró y que solo
por ti salió del rebaño vulgar?» ¿No escuchas sus
quejas? ¿No ves su combate contra las furibundas
tempestades más temibles que las del mar?
<<
Nadie fué tan veloz corriendo tras un galardón
ni apartándose de un riesgo, como yo al escuchar
(1) La divina clemencia.
(2) La gracia divina ó que ilumina. Lucía, lux, luz.
(3) Hija de Labán,esposa de Jacob, emblema de la
vidadecontemplación.
12 -
aquellas palabras. Súbito bajé de mi trono de ventu-
ra, y vine volando, esperanzada en la sabiduría de
tu palabra, que tanto te honra ante los que la han
oído. »
Cuando hubo hablado así, volvió á mí sus llorosos
ojos, lo que me hizo partir con más ligereza .
Según su voluntad, me he llegado á tí, salvándote
de la fiera que te cerraba el paso más cercano que
conduce al hermoso monte. ¿Por qué, pues, te paras?
¿A qué tanta cobardía en tu corazón, cuando tres
benditas personas velan por tí en la corte celestial, y
mis palabras te ofrecen tanta ventura?
Como se animan y entreabren las flores después
de la noche fría, á la salida del sol, así se reanimó
mi abatido espíritu, haciendo penetrar en mi corazón
benéfico calor que me hizo prorumpir en estas pala-
bras: «Tan caritativa es la persona que te manda,
como tú, que tan pronto has cumplimentado las pa-
labras verdaderas que te ha dirigido. De tal manera
tu voz ha penetrado en mi corazón, que vuelvo á de-
cidirme á emprender el viaje. Anda, pues, y en lo
futuro será solo uno nuestro deseo; tú eres mi guía,
señor y dueño . » Cuando acabé, emprendimos la mar-
cha y entramos en el profundo y solitario camino .
-
21 -
los seis pronto se redujo á cuatro: mi sabio guía me
llevó por otro camino, en el que el aire, en lugar de
estar inmóvil, retiembla, y luego llegamos á otros
parajes, en los que no irradia resplandor alguno.
CANTO V
SUMARIO
Círculo segundo, do están los lujuriosos .-Agitados
por los vientos, vagan errantes sin cesar. Minos es
juez de las almas .-Halla Dante á Francisca de Ri-
mini y á su amante Pablo .-Al conmovedor relato de
su desdicha, se desmaya el poeta.
De este modo bajé del primero al segundo círcu-
lo, menos grande, pero más doloroso; tanto, que
arranca ayes desesperados . El horroroso Minos rei-
na en él, rechinando los dientes; él juzga las faltas
de los que allí acuden, y decreta su condenación con
un movimiento de su cola. Cuando se le presenta
una alma pecadora y le hace confesión de sus crí-
menes, aquel implacable inquisidor le señala el
puesto que en el Infierno le corresponde, ciñéndose
con su cola tantas veces cuantos sean los artículos
inferiores á que debe enviarse .
Infinitas son las almas que constantemente acu-
den á su juício, una de otra en pos; hablan, oyen y
por último las arrojan al abismo . «¡Oh , tú , que lle-
gas á la mansión desesperada, me objetó Minos al
contemplarme, suspendiendo sus graves juícios, cal-
cula como penetraste aquí, ve en quién fías y no te
equivoque la latitud del sitio »
Mi guía le respondió: «¿A qué alborotas de esta
suerte? No hagas oposición á su viaje, dispuesto por
22 -
el destino, pues así lo quieren en lo alto, donde es el
poder más fuerte; no indagues más . »
Pronto oímos las quejas de varias voces; ya está-
bamos en el sitio en que los lamentos horrorizan al
alma, y penetramos en un lugar exhausto de toda
luz, que brama cual el mar al hallarse combatido por
contrarios vientos. La infernal borrasca, en su pe-
renne curso , arrastra los espíritus, los atormenta y
hiere; al hallarse cerca de su soplo, que es el marti-
rio más cruel, rechinan los dientes, selamentan, que-
jan y maldicen de la divina virtud .
En aquel sitio supe que aquel tormento era para
los pecados carnales que postergan la razón al voraz
apetito de los sentidos. A imitación de los estorninos
que rápidos aparecen en el tiempo frío en grandes y
apiñados enjambres, así se notan los malignos espiri-
tus , empujados por la borrasca que los lleva y trae de
uno a otro punto, sin et consuelo de la más ténue es-
peranza de un mezquino descanso, ni aun la de ver
disminuído en un tanto su castigo. Así como las gru-
llas, que cruzan refiriendo su endecha, y trazando
por los aires una línea extensa, ví llegar, relatando
sus cuitas á las sombras arrastradas por el huracán;
ante su presencia me ví precisado á exclamar: «¡Oh
Maestro! ¿qué almas son esas tan castigadas por el
fiero viento?» Entonces me dijo: «La primera que
ves, reinó en una infinidad de pueblos en los que se
hablaban diferentes idiomas; de tal manera se dió al
nefando vicio de la Lujuria, que admitió en sus leyes
cuanto conducía ó excitaba al placer, para ocultar
así el lodo en que yacía. Es la reina Semirámide, que
según las crónicas, sucedió á Nino y fué esposa suya :
reinó en los países donde impera el soldán.
>>>La segunda es la que se suicidó por amor, rom-
piendo la fé jurada á los restos inanimados de Siqueo .
La tercera es la lasciva Cleópatra . »
Luego ví á Helena, á la que se debieron tan fu-
-
23
nestos tiempos; también vi al grande Aquiles, que
por fin se vió obligado á luchar contra el amor. Del
mismo modo ví á Paris , á Tristán, y millares de
sombras , á las que Amor arrojó del mundo . Así que
mi guía me nombró á las antiguas damas y caballe-
ros , dominado por la piedad, tuve que decir: «Maes-
tro, desearía hablar á esas dos que vuelan unidas con
tal rapidez, en alas del viento.>>>Contestóme: «Espera
que las tengamos más cerca, y rogándoselo por el
amor que las va guiando, se dirigirán á tí.>>>
Cuando el aire las impulsó hacia nuestro lado, al-
cé la voz: «Almas apenadas, las dije, venid á nos-
otros, si no hay quien se oponga.>>>
Cual dos palomas atraídas por su anhelo vuelan
á su dulce nido con el ala firme y tendida, llevadas
por los aires por una misma voluntad, así subieron
las dos almas de entre la infinidad en la que estaba
Dido, viniéndose a nosotros, sin amedrentarles el fé-
tido aire que debían atravesar; tal fué la fuerza de mi
afectuosa llamada .
<<Ser bello y compasivo, que llegas á vigilarnos en
esta lóbrega mansión, á nosotros , que llenamos el
mundo de luto y sangre: si el rey de los reyes nos
amara, le suplicaríamos tu reposo, puesto que te
apiadas de nuestra profunda pena. Cuanto te plazca
decir y oir, lo oiremos y diremos gustosas, si cesa el
huracán que ruje. La tierra de mi nacimiento ( 1) se
halla situada en el golfo donde el Pó baja con los ríos
que le siguen, buscando su asiento en el mar. Amor,
que súbito enardece al corazón noble, juntó este á
(1) Ciudad de Rávena, á tres millas del mar. Francis-
ca era hija de Guido da Podente, Señor de Rávena .
Amando a Pablo de Rimini, casó con su hermano ma-
yor, Lancioto, cojo y deforme. Los dos amantes no per-
dieron su primera inclinación . Un día que leían los dos
las aventuras de Lancelote del Lago, el marido, que los
observaba, los pasó de una estocada.
-
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aquel divino cuerpo, que se me robó (aún siento el
dardo que me dirigió aquel inexperado golpe) .
Amor, que no dispensa de amar á ningún ser, me
sujetó con tan fuerte lazo al goce con que se em-
briagaba éste, que, cual ves, jamás me abandona.
Amor nos destinó á la misma muerte; allí aguardaba
Caín (1 ) , al que nos arrebató la vida. » Estas fueron
las palabras de aquellas dos almas .
Desde que las ví heridas, incliné la cabeza, у со-
mo permaneciera así mucho tiempo, me dijo el poeta:
¿Por qué tan abstraído?» «¡Ah! exclamé ¿Qué ideas
<<<
tan dulces, qué ardientes deseos les han traído á este
triste lugar?» Me volvi en seguida á ellas , y les dije :
<<<Francisca, tus desventuras me llenan de pesar y
compasión, y me hacen derramar copiosas lágrimas .
Mas dime: ¿de qué manera os concedió Amor, en
la época de la dulzura, conocer vuestros variables
deseos ?»
Ella me contestó: «No hay mayor tormento que
recordar la miseria en los felices tiempos; tu guía
harto lo sabe. Pero puesto que deseas conocer la pri-
mera raíz de nuestro mutuo amor, hablaré y lloraré
á la vez . Un día, por pasatiempo , leíamos las aventu-
ras de Lancelote, y la manera como cayó en las in-
trincadas redes del Amor; nos hallábamos solos y con
descuido; varias veces hizo aquella lectura que nues-
tros ojos se buscasen y que cambiase el color de nues-
tras mejillas, y un solo pasaje decidió de nuestra
suerte. Al ver la dulce sonrisa de la interrumpida
amada, por el beso del amante, éste, que jamás se
apartará de mí , me besó en la boca, trémulo por la
emoción; desde aquel punto el libro y su autor se tor-
naron para nosotros en nuevo Galeoto (2) sin que se
nos ocurriera leer más en aquel día .
(1) Círculo de Cain .
(2) Que secundó los amores de Lancelote y la reina de
Ginebra .
25 -
En tanto hablaba un espíritu, el otro lloraba tan
angustiosamente, que, sintiéndome desfallecer, caí
exánime, cual un cuerpo que pierde el último átomo
devida.
CANTO VI
SUMARIO
Luego de haber recobrado el sentido el poeta, se halla
enel cículo tercero, donde son castigados los golo-
sos. Bajo una perpétua lluvia y casi enterrados en el
fango, se ven mordidos y zaleados por el can Cerbero
(perro de tres cabezas), que tiene en vez de pelo ser-
pientes en la garganta .-Halla Dante a Ciacco, quien
le habla sobre las discordias de Florencia; des-
pués baja al círculo cuarto, destinado á los pródigos
y avaros .
Al volver del accidente que me causara la pena y
piedad que excitó en mí la desventura de mis dos
parientes, nuevos torcedores y tormentos tuve que
contemplar; á donde se dirigía mi mirada ó mi plan-
ta: allí estaba el extremo del dolor. Me encuentro en
el tercer círculo de la sempiterna , fría y maldita llu-
via, que siempre se desploma con la misma violencia.
Torrencialmente caen confundidos de un negro cielo,
granizo, agua y nieve; infecta es la tierra que en su
seno les recibe.
Cerbero, cuadrupedo horrible y cruel, lanza la-
dridos con sus tres bocas, contra los alli condenados;
sus ojos son rojos, su pelo negro y grueso, su vientre
es inmenso y sus patas estan armadas de afiladas
garras; coge y desuella á los espíritus, los desgarra
y descuartiza. Aquella lluvia les hace aullar como
perros, y todos los condenados reunidos forman una
26
muralla con sus costados , revolviéndose incesante-
mente .
Apenas nos divisó Cerbero, abrió sus descomuna-
les bocas, mostrándonos sus dientes, con todos sus
miembros en agitación. Entonces mi guía abrió las
manos , cogió varios puñados de tierra, arrojándolos
á las ávidas gargantas de aquella fiera, que como pe-
rro que se calma al morder su presa, para entretener-
se, devorándola en secreto, cerró sus bocas inmundas
que aterran á las almas, en términos que preferirían
ensordecer. Crazábamos á través de las almas , aba-
tida por la lluvia pesada, posando nuestra planta so-
bre sus fantásticos cuerpos. Todos yacían en el suelo ,
excepto una sola que hizo supremo esfuerzo por sen -
tarse, al vernos pasar.
«¡Oh, tú, me dijo, que atraviesas los infiernos , re-
conóceme, ya que sabes que antes de ser yo destruí-
do, fuiste creado tú. » A lo que respondi: «Tu torce-
dor tal vez te aleja de mi memoria, creo no haberte
visto jamás; pero dí quién eres, que á tal tormento
fuiste condenado, que si lo hay mayor, no lo hay
más repugnante .
Me repuso á su vez: «Tu envidiosa ciudad (1) ,
que cual un vaso se desborda, me contempló dentro
de sus muros , donde hacía la vida más agradable :
vosotros, los hijos de aquella ciudad. me apellidas-
teis Ciacco (2) . Solo por el grande pecado de la Gula,
me encuentro aquí rendido y expuesto á la lluvia;
otras almas tristes me acompañan, condenados á la
misma pena por idéntica falta.» Mas como permane-
ciese en silencio, después de proferir estas palabras ,
díjele:
«Ciacco, tu martirio me hace llorar; pero, dime,
(1) Florencia.
(2) Ciacco, ó puerco.-Este florentino fué un bufón
muy chistoso, pero completamente entregado al vicio ó
pasión de la Gula.
27 -
si no lo ignoras, ¿cuál será el paradero de los morado-
res de esta ciudad tan fraccionada? ¿Hay en ella un
solo justo ? ¿Por qué motivo ha penetrado en sus mu-
ros la discordia?>>>
Y me contestó: «Tras largos debates, verterán la
sangre á torrentes, y la fracción del monte (1 ) arro-
jará á la otra fracción (2), causándole numerosas pér-
didas. Después será necesario que el vencedor parti-
do, á su vez, sucumba luego de tres solares revolu-
ciones , y el partido vencido antes se levantará con
el apoyo del príncipe que hoy se halla en completa
tranquilidad (3) .
Largo tiempo irá este partido con la cabeza ergui-
da, poniendo á la fracción rival en ominoso yugo , lo
que deploro y me ruboriza. Aún quedan dos justos
en la ciudad (4), mas no se les oye, porque el Orgu-
llo, la Envidia y la Avaricia son los tres únicos mó-
viles que enardecen todos los corazones » Ciacco
finalizó así sus melancólicas palabras, y le dije :
«Deseo que me hagas el obsequio de contestarme
á algunas preguntas más. Dí, dónde se halla Farina-
ta (5) y Tegghiajo, que tan honrados fueron, así como
Jacobo Rusticcucci, Arigo y Mosca, y los otros que
constantemente invirtieron su ingenio en pró del
bien, y haz que pueda reconocerlos . Tengo grande
afán por saber si disfrutan de los goces celestiales ó
padecen las torturas del averno .
(1) El partido de los Cherts, vástagos de la moderna
nobleza, acabado de salir de los bosques de Valdi Nie-
voli. Partido de los Blancos, al que Dante estaba afi-
liado .
(2) Partido de los Negros, cuyo jefe era Corso Do-
nati.
(3) Carlos de Valois, hermano de Felipe el Hermoso ,
que vino en auxilio de los Negros, restableciéndolos en
Florencia, en el año 1301 .
(4) Se refiere a Dante y Guido Cavalcanti , amigo
suyo.
(5) Farinata Deg iuberti ,jefe ilustre de los gibelinos .
-
28
En seguida me respondió: «Moran entre las ne-
gras almas , por haberles empujado otros pecados en
círculo más estrecho: si tienes valor para bajar hasta
él, los podrás contemplar. Pero si te hallas en el
agradable mundo, te suplico me presentes á la me-
moria de mis conciudadanos; no digo más, ni podré
volverte á responder. Aquí se oblicuó su vista, súbi-
tamente, me miró y bajó la cabeza, volviendo á caer
mezclado con los demás ciegos. Mi Maestro me dijo:
<<<Ya no volverá á levantarse hasta el sonido de la
trompeta del ángel, al venir el poder contrario del
pecado. Entonces cada uno volverá á su triste tumba,
tomará otra vez su forma y carne, y oirá el recto fa-
ilo que ha de decretarse en la eternidad.
De esta manera atravesamos poco a poco la re-
pugnante amalgama de sombras y lluvia, reflexionan-
do sobre la futura vida, y exclamé: « Maestro, ¿cre-
cerán aun estos martirios luego de la gran sentencia?
¿Tal vez serán más pequeños, ó continuarán del
mismo modo? «Recuerda tu ciencia, me objetó, pues-
to que te demuestra que cuanto más perfección hay
en una cosa, más se querella del bien y del mal. A
pesar de que esa maldita raza jamás debe llegar á la
perfección, tiene esperanza de aproximarse más á
ella después del gran juício. »
Pasamos aquel círculo hablando varias cosas que
no refiero ahora, y arribamos á un sitio do el cami-
no señala un punto de descenso: alli hablamos con el
capital enemigo Plutón .
1
29
CANTO VII
SUMARIO
Ya en el círculo cuarto, encuentra en su entrada a
Plutón, señor de dicho círculo.-Obtenido permiso
para pasar adelante, por la intervención de Virgilio,
ve á los tristes condenados á empujar constante-
mente y entre sí moles inmensas.-Bosquejo de la
fortuna.
«Pape Satan , Papen Satan, aleppe, » gritó Plutón
con voz cavernosa; y el gentil sabio, que to alcan-
zaba todo, dijo para alentarme : «No te dañe el páni-
co de que estás poseído, pues por mucho que sea su
poder, no podrá evitar el que desciendas á este cír-
culo.» Después , dirigiéndose al monstruo de hincha-
dos labios, le dijo: «Calla, lobo (1) maldito, y consú-
mete en tu propia rabia. Este viaje á los abismos , no
se hace sin motivo, dispuesto está de lo alto, donde
Miguel vengó la violación que produjo el Orgullo .
Como al romperse el mástil caen desplomadas las
henchidas velas, así se desplomó la horrible fiera;
entonces descendimos al cuarto espacio, acercándo-
nos á aquella mansión del dolor, do reside todo el
mal del universo entero. ¡Oh divina justicia! ¿quién
dispone y junta todas las penas y castigos que he
contemplado ?¿Por qué nuestros pecados ó faltas de
tal modo nos roen? Como una ola se estrella contra
otra ola en el escollo de Carybdis , así chocan unos
contra otros los condenados. Era el primer círculo en
(1) Enel canto primero, la loba es emblema de la
Avarıcia , y Plutón, dios de los avaros .
30 -
que veia tan enorme cantidad: estaban separados en
dos secciones, y hacían rodar pesos enormes, con
toda la fuerza de que disponían; al chocarse, se he-
rían , retrocediendo súbita y bruscamente gritando :
«¿Por qué detienes, por qué arrojas?»
De esta manera iban incesantemente al punto
opuesto, en aquel lóbrego círculo, repitiendo sin
cesar las mismas frases. Cuando cada uno llegaba á
la mitad de su camino, volvían todos compactos á
reñir nuevo choque; no pudiendo ya resistir más mi
corazón , exclamé: «Maestro, ¿á qué clase pertene-
cieron estos infelices? ¿Fueron sacerdotes todos esos
tonsurados que se ven á la izquierda? A lo que me
respondió: « Tan ciegos fueron todos en su primitiva
vida, que no hicieron un sólo gasto moderado; de-
masiado lo declaran en sus aullidos cuando llegan á
los dos puntos del círculo en que los divide su opues-
ta vida. Los que carecen de pelo para tapar su cabeza,
fueron clérigos, papas y cardenales, á quienes la ava-
ricia condenó á terrible yugo. » Y le observé: «Creo
que yo debería conocer algunos de estos , que tan
inmundos son por sus vicios.»
Mi Maestro me contestó: «Vana es tu idea, por-
que la sórdıda vida, causa de su deformidad, los
pone completamente desfigurados . Eternamente se-
guirán chocándose entre sí, y estos saldrán de la
tumba con el puño cerrado, y aquellos con las cabe-
zas rapadas . Por dar mal y guardar peor, han perdi-
do el mundo celeste, y fueron condenados á ese te-
rrible choque, cuyo suplicio bien comprenderás .
Repara, hijo mío, que veloces discurren esos efi-
meros bienes de la fortuna, tanto que por ellos se
enorgullece la humana raza. Todo el oro que se ha-
Ila debajo del sol, sería impotente para comprar un
poco de descanso á una sóla de esas abrumadas al-
mas . «Maestro, le dije: ¿de qué fortuna me hablas?
¿Cómo puede disponer á su capricho de cuanto
31
agrada al mundo?» Aquí me respondió: «¡Oh, ne-
cias criaturas: ¡Qué crasa es la ignorancia, que logra
extraviaros! Por eso quiero que te alimentes de mi
doctrina . Aquel cuyo saber excede á todos , formó los
cielos y les nombró un conductor, de suerte que
cada parte luce para cada parte, porun reparto idén-
tico de luz: del propio modo para las humanas gran-
dezas, dió una regularizadora, que administrándolo
todo , hiciera pasar de época en época las riquezas
vanas de una a otra familia, y de una á otra nación,
sin embargo de los inconvenientes de la humana
prudencia. Esta es la razón por qué mientras una
nación sube, se debilita la otra, por criterio de la
que está oculta, como la serpiente en la yerba .
Vuestro saber es impotente con ella (1), porque ob-
serva, juzga y prosigue reinando, cual las demás dei-
dades. No tienen tregua sus cambios, porque la ne-
cesidad la obliga a ser rápida; de aquí que se la ve
mudar de aspecto con frecuencia. Así es la que en
tantas ocasiones se ve puesta en cruz por los que
sólo le deben alabanzas, y que sin causa la hacen el
blanco de sus querellas y maldiciones. Más ella es
virtuosa, y desoye tanta injuria, porque sosegada
entre las primitivas criaturas sigue girando en su
esfera , gozando en su beatitud. Ahora descendamos
hasta los más graves y trascendentales males; ya baja
cada estrella (2) que cuando emprendí mi curso su
bía, y nos está vedado retardarnos .
Cruzamos el círculo por otro lado, cerca de un
manantial en ebullición, que aumenta el caudal del
riachuelo, cuyas aguas son oscuras; después toma-
mos un camino menos elevado que el anterior, siem-
pre acompañados de la tenebrosa onda. Hay una
laguna nominada Estigia, formada por aquel desven -
turado riachuelo al descender á sus rojizas é inmun-
(1) La Fortuna .
(2) Era media noche .
-
32 -
das playas . Yo lo observaba todo con mirada atenta,
ví almas cenagosas en aquel pantano, desnudas y
de aspecto feroz, que no satisfechas con herirse con
las manos, la cabeza, el pecho y los piés, se desga-
rraban con los dientes . Mi sabio Maestro, me dijo:
«Hijo mío , estas son las almas de los que se entregan
á la cólera, quiero también que sepas que debajo de
esta agua se halla una condenada raza suspirando;
la que hace borbotar el agua en toda la superficie ,
según podrás observar por todas partes que fijes tu
vista.»
Efectivamente, desde el limo, donde estaban su-
jetas aquellas almas , exclamaban: « Siempre reinó en
nosotros la tristeza, aun al dulce ambiente que enga-
lana el sol , sustentando en nuestro interior un denso
y pesado humo; pero ahora también nos hallamos
tristes en este oscuro pantano (1). Este himno medio
to balbuceaban en el fondo de sus gargantas, sin que
pudieran pronunciar una frase completa. De esta
suerte trazamos un gran cerco en torno de la inmun-
da laguna, entre la ribera enjuta y el estanque , fija
nuestra vista en los que se tragaban el fango. Por
fin, llegamos al pié de una torre.
(1) Se refiere a los perezosos .
33
CANTO VIII
SUMARIO
Ambos poetas bajan al quinto círculo.-En el se ha-
llan los odios y la cólera.-Atraviesan los dos poetas
la Estigia en el barco de Flegyas.-Encuentran á
Felipe Argenti. Ciudad de Dite.-Los demonios, con
gran sorpresa de Virgilio, ciérranles las puertas de
la ciudad.
Digo, continuando (1), que bastante antes de que
arribásemos al pié de la torre, se fijó nuestra vista
en la parte superior de aquella, donde se veían dos
llamas pequeñas; la misma señal se notaba en otra
torre, pero que esta se hallaba á tan larga distancia,
que apenas se la podía distinguir. Dirigiéndome en-
tonces hacia el océano de la sabiduría (2) exclamé:
«Qué significado tiene ese fuego al que corresponde
el otro? ¿Quién dá esas señales?>>>
Y me respondió: «Bien puedes contemplar lo
que se guarda en estas revueltas aguas, si no te lo
impiden las emanaciones de la laguna. » Nunca ví
exhalación tan veloz como et barquichuelo que ví en
aquel momento dirigir su rumbo hacia nosotros; era
conducido por un sólo remero, que gritaba : «¡Al
fin has llegado, alma traidora!- Flegyas, Fle-
gyas (3) . «Vanas son por ahora tus voces, le con-
(1) Su camino ó su narración .
(2) Virgilio.
(3) Flegyas, emblema de cólera y orgullo, hijo de
Marte y rey de los Lapitas; sus hijos fueron Ixión y
Coronis. Indignado de la afrenta inferida por Apolo á
su hija, incendió el templo de aquel dios, que en cas-
tigo de su osadía lo mató á flechazos.
DANTE 3
-
31 -
testó mi guía; sólo estaremos á tu lado mientras pa-
samos la laguna. «Flegyas, en su reconcentrada có-
lera, se parecía al mortal que acaba de reconocer el
engaño de que fué víctima. Puso mi guia el pié en el
barquichuelo, en el que me hizo entrar, sin que pa-
reciese sustentar carga alguna hasta que yo estuve
dentro. Cuando estuvimos colocados, se deslizó el
esquife, marcando en las aguas un surco bastante
más profundo que el que acostumbraba á marcar
cuando llevaba á los demás viajeros. Mientras cru-
zábamos aquel canal de aguas muertas, se me pre-
sentó una sombra enlodada completamente, diciéndo-
me: « ¿Quién puedes ser tú, que acudes á este sitio
prematuramente?>>>
Y le contesté á mi vez : «No vengo á quedarme;
más dime quién eres tú, convertido en tan asque-
roso ser? La sombra me respondió: «Puedes ver que
soy uno de los que gimen: «Quédate, pues, entre
los gemidos y el llanto, alma maldita; a través del
fango que te cubre, te reconozco. » Entonces dirigió
sus brazos hacia el barquichuelo, y mi Maestro lo
detuvo, diciéndole: «¡Déjanos, y marcha con los
otros perros! >> Después me abrazó, besó y me dijo:
<<
Alma santa y desdeñosa, alabada sea la mujer que
te alimentó en su noble seno! Ese ha sido en el mun-
do un ser ciego de orgullo, sin que virtud alguna
honrara su memoria, por lo cual está aquí su sombra
eternamente furiosa. Infinitos son los que allá arriba
gozan de la consideración de reyes, que lo mismo
que los puercos serán arrojados á este pantano, sin
legar á los hombres mas que desprecio profundo.>>>
«Maestro, le respondí; desearía antes de dejar este
pantano, ver al pecador que nos habló cubierto de
lodo. » «Satisfecho serás , me dijo, antes de abandonar
el lago.»
Efectivamente, tan estrechado le ví al poco rato
por las demás sombras, que aun doy gracias a Dios
-
35
que me permitió ver aquel espectáculo. Las sombras
voceaban: «¡Ah, Felipe Argenti!>>>
Y este florentino, alma orgullosa, tornándose con-
tra símismo, se arrancaba sus propios dientes . En ese
estado le dejamos , sin que pueda decir más de él.
De pronto percibió mi oido un acento triste que
me obligó á girar la vista en torno mío; el buen guia
me dijo: «Hijo mío, nos aproximamos á la ciudad de
Dite (1); sus moradores son desventurados y muy
numerosos. >> Alo que respondi: «Maestro, verdade-
ramente distingo sus mezquitas en lo hondo del valle;
mas están tan enrojecidas , que no parece sino que
acaban de salir de entre las llamas. » El fuego eternal
que en su interior las consume, repuso, las dá ese ro-
jizo color que se vé en el bajo Infierno.
Al fin penetramos en los profundos fosos abiertos
alrededor de aquella desolada tierra; sus murallas me
parecían de bronce. No sin hacer antes un gran rodeo
mos á dar en un sitio, en que el barquero nos gri-
tó (2) en voz muy pronunciada: «Salid, hé ahí la en-
trada. » Al mismo tiempo ví en las puertas más de
mil sombras arrojadas del Cielo cual la lluvia, que
con entrecortada voz por la cólera, decian; «¿Quién
es el vivo que viene al reino de los muertos?» Mi guía
les indicó que deseaba hablarles en secreto; así es,
que procurando disimular su cólera, dijeron: «Ven
solo tú, y que se aleje el audaz que osó penetrar en
este reino. Que regrese solo por su loco camino, si
puede, puesto que tú te vas a quedar en este sitio,
después de haberle servido de guía hasta nuestra re-
gión oscura>>>
Juzgad de mi intranquilidad al oir tales palabras;
ya me figuraba no ver más la tierra. «Oh, Maestro
amado, que tantas veces me has devuelto la calma,
(1) Dite se deriva de Dis, nombre de Plutón.
(2) El barquero era Flegyas.
-
36 -
libertándome de cuantos riesgos me han rodeado, no
me abandones en el triste estado en que me hallo, le
dije; sino seme permite pasar adelante, volvámonos.>>>
Mi guía querido me respondió: «No temas; aquí na-
die nos puede disputar el paso, por traer permiso del
que puede más que todos juntos. Pero aguarda aquí
y reanima tu abatido espíritu , ya que no he de aban-
donarte en el infernal mundo . »
Y dicho esto se fué mi buen protector solo, que-
dándome incierto, combatiendo entre el sí y el no.
No me fué posible oir lo que les proponía, mas no
estuvo mucho rato con ellos, porque todos se lanza-
ron á correr hacia la ciudad. Habiendo cerrado las
puertas nuestros enemigos , al llegar á ella mi Maes-
iro, tornó hacia mí con paso lento. Traía su vista
baja, y decía abatido y suspirando: «¿Quién podrá
haberme negado la entrada en la mansión del do-
lor?» Entonces, me dijo: «No te altere mi indigna-
ción : venceré esa prueba, cualesquiera que sean los
que sejunten en su interior para defenderse. Su osa-
día no es nueva, pues ya la demostraron ante una
puerta no tan secreta, que aun permanece sin cerro-
jo (1) . Habrás notado sobre ella la inscripción de
muerte, pero más acá de aquella puerta, desciende
por el monte, atravesando los círculos, el que nos
abrirá la ciudad (2) .
(1) Porque a pesar de la resistencia de los demonios,
la puerta fue hecha pedazos por el Cristo cuando des-
cendió al Limbo. (Sábado Santo, oficio.)
(2) El ángel por Dios enviado.
}
37 -
CANTO IX
SUMARIO
Tres furias y varios monstruos se presentan y amena-
zan a los poetas. Un angel los socorre y abre las
puertas de la ciudad de Dite. Círculo sexto; de los
herejes é incrédulos corrados en ardientes sepul-
turas .
El pánico, que me hizo variar el semblante al ver
que mi guía volvía atrás, causó en él también súbita
palidez .- Paró su atención, como hombre que escu-
cha, por no poder penetrar su mirada á través de
aquel negro cielo y densa nube; «y á pesar de todo,
hemos de salir vencedores en esta lucha, comenzó á
decir, cuando tal aliado se nos ofrece (1) ..... ¡Ah,
cuánto tarda la llegada de otro! ..... » No se me ocultó
que dejaba á un lado la primitiva idea por otra que
le sugirió luego, y que sus postreras frases fueron
distintas á las anteriores; sus palabras, sin embargo,
me aterrorizaron, por tomarlas en distinto sentido
del que fueron prenunciadas.
Entonces le pregunté: «¿Ha bajado algún espíritu
del primer círculo à la triste concha donde se impo-
ne la pena de perder la esperanza?» Y me respondió:
<<Si es verdad que en cierta ocasión me ví precisado
á descender aquí abajo por conjuraciones del cruel
Ericto (2) , que llamaba las sombras á sus cuerpos,
por rareza sucede que haga este viaje ninguno de
nosotros. Poco tiempo hacía que mi alma estaba ale-
(1) En este monólogo oscuro se refiere Virgilio al
angel .
(2) Ericto, mago de Tesalia.
38 -
jada del cuerpo, cuando me hizo introducir dentro de
estas murallas para extraer un espíritu del círculo de
Judas; este círculo es el más profundo, oscuro y re-
moto del Cielo , que lo rodea todo. Está tranquilo; sé
perfectamente el camino que conduce á él. Esa fétida
laguna es la que rodea la ciudad del dolor, en la que
en lo sucesivo penetraremos. »
ya no recuerdo, porque
Otras cosas me dijo, que ya
mis ojos me arrastraban hacia la gigantesca torre
coronada por las llamas. Allí ví de pronto aparecerse
tres infernales furias tintas en sangre, cuyos miem-
bros eran de mujer; estaban ceñidas por verdosas
hidras, y sus cabellos eran pequeñas serpientes que
se enroscaban en derredor de sus sienes horribles .
El, que desde luego conoció la servidumbre de la
reina del dolor sempiterno, «observa, me dijo, las
terribles Erinzas; la de la izquierda es Mejera; la
que está llorando á la derecha es Alecto, Tisifona es
la de en medio . » Luego que dijo esto, guardó si-
lencio .
Con sus uñas se destrozaban el pecho, se azotaban
y gritaban en alta voz, y temeroso de su rabia, me
aproximé más al poeta.
<<Venga Medusa, y la trasformaremos en piedra,
gritaban dirigiendo sus miradas hacia abajo: mał
hemos vengado la entrada del audaz Teseo .- Cierra
los ojos y vuélvete, porque si aparece Gorgona y la
llegas á ver, no podrías regresar allá arriba. >>
Luego de hablar mi guía de este modo, me hizo
retroceder, y no confiando bastante en mis manos,
me cerró los ojos con las suyas. Los que tenéis recto
juício, revelad la doctrina oculta en el velo de estos
versos extraños . A través de las oscuras ondas se oía
un ruído espantoso, que hacia conmover las dos
orillas, á imitación del impetuoso huracán que arran-
ca de raíz el arbolado del bosque, que mata las flores
y los frutos, y que alzándose en nubes de polvo,
39 -
ahuyenta á los pastores y ganados. Al despertar, me
dijo: «Dirige tu vista ahora hacia la antigua es-
puma, que es de donde parte el vapor de mayor
maldad.>>>
Como las ranas que escapan ante la enemiga ser-
piente, y se esconden entre las aguas para reunirse
en el cieno, huían más de mil almas condenadas , al
ver que alguno atravesaba á pié enjuto la laguna
Estigia. Apartaba mi guía con su rostro el aire pe-
sado, llevando alguna vez que otra su mano hacia
adelante, de cuyo único ejercicio parecía ya estar
cansado. Como conociera desde el primer momento
que era un mensajero del Cielo, me volví á él, que
conuna seña me indicó que me parara y que me in-
clinase. ¡Ay! ¡Qué desdeñoso me pareció aquel en-
viado! Se aproximó á la puerta y la abrió con una
varita sin ninguna resistencia. «Demonios arrojados
del cielo, raza espúrea y condenada, exclamó desde
lahorrible entrada: ¿cómo conserváis vuestra arro-
gancia? ¿A qué cocear de esta manera contra la vo-
luntad que ha de lograr siempre su deseo, y que en
tantas ocasiones ha aumentado vuestros martirios?
¿A qué luchar contra vuestro destino? Recordad que
vuestro Cerbero tiene pelados aun cuello y ho-
cico .>>
Después se volvió hacia el camino lleno de lodo,
sin decirnos una palabra, como hombre que tiene
otros cuidados, que no se rozan con los presentes .
Nosotros, fiando en las santas palabras , dirigimos
nuestra marcha á la ciudad de Dite, en la que entra-
mos sin el menor obstáculo. Mas deseando yo saber
la suerte de los habitantes de aquella fortaleza , dirigí
mi curiosa vista cuando hube penetrado en ella, y
noté en cada lado un dilatado campo poblado en el
que se oían agudos dolores y se veían crueles tor-
mentos. Como en los alrededores de Arles, do está
estancado el Ródano, y en Pola, cerca de Quarnaro,
-
40
que cierra la Italia y lame sus fronteras (1), hay
tumbas formando promontorios numerosísimas, tam-
bién aquí se alzan sepulcros por todas partes, con la
sola distinción de que aquí son de más terrible as-
pecto, por estar separados por un mar de llamas ,
convirtiéndolos en lechos de fuego; jamás se vió
hierro más candente. Todas sus cubiertas estaban
alzadas , llegando tristísimos gemidos al exterior, pare-
cidos á los de los infelices que van á ajusticiar. En-
tonces dije á mi querido Maestro :
«¿Qué almas son esas, que se anuncian con suspi-
ros tan amargos, sepultas en semejantes cajones?>>>
A su vez me respondió: «Son los heresiarcas y par-
tidarios de todas sectas: esas tumbas están más lle-
nas de lo que puedes imaginar. Cada uno está sepul-
tado con su semejante, y todos los sepulcros arden
más ó menos. » Volvióse entonces à la derecha,
y pasamos por entre los mártires y las corpulentas
murallas .
CANTO X
SUMARIO
Anhelando Dante hablar á alguno de aquellos conde-
nados, Virgilio lo lleva ante Fa rinata y Cavalcante
congran sorpresa observa que los condenados cono-
cen lo futuro y no lo presente .
Mi protector siguió un sendero estrecho, que se
hallaba entre los muros de la ciudad y los sepulcros
de los mártires, y yo seguí sus pasos. «¡Oh, soberana
(1) Ciudad de Istria, en el Adriático (Pola) .
41 -
virtud! exclamé, que á tu voluntad me llevas por los
impíos círculos, dignate satisfacer mis deseos. ¿Me
sería posible ver á los que yacen en las tumbas?
Las piedras están levantadas , y no se ve guardia que
lo pueda impedir.>> Y me contestó: «Todos los se-
pulcros estarán cerrados al volver las almas de Jo-
safat con los cuerpos que dejaron allá arriba . Epicu-
ro y los sectarios que pretenden que el alma muera
al par que el cuerpo, tienen sus tumbas á este lado.
De suerte, que pronto responderán á tu pregunta y
hasta al deseo quetodavia me ocultas . >> A lo que le
dije: «Querido Maestro, únicamente oculto mi senti-
miento por no pecar de hablador; dispuesto me en-
cuentro siempre á guardar la reserva que antes y
ahora supiste imponerme.»
«¡Oh , toscano, tú que atraviesas en vida la ciudad
de las llamas , hablando modestamente, dígnate de-
tenerte aquí. Tus frases me demuestran con claridad
el pais noble al que acaso yo fuí harto funesto. » Estas
palabras salieron súbitamente de una tumba, y me
obligaron á acercarme azorado á mi guía, que me
dijo: «¿Qué haces? Repara que Farinata se ha incor-
porado en su sepulcro, y podrás contemplarle desde
medio cuerpo á la cabeza (1). » Yo tenía puesta mi
mirada en la suya, en tanto que él, con el pecho y la
frente erguida, parecía hacer menosprecio del In-
fierno. Entonces mi protector con energía me impe-
lió hacia él, diciéndome: «Que tus palabras sean in-
teligibles>>>
.
Al llegar al borde de su sepulcro me observó
breve rato , y desdeñosamente me preguntó: «¿Quié-
nes han sido tus abuelos?» Yo, que solo deseaba com-
placerle, nada le oculté. Entonces , levantando un
(1) Farinata, de la familia de Uberti en Florencia,
fuè el jefe de los gibelinos, amigos de los emperadores ;
triunfo en la batalla de Monte Aperto. Se halla en las
tumbas de fuego, como partidario de Epicuro .
-
42 -
poco los párpados, me dijo: «Han sido mis enemigos
capitales, de mi familia y de mi partido, por lo que
dos veces los desterré. Si bien fueron expulsados,
volvieron las dos veces, le respondí, no pudiendo
hacer otro tanto los vuestros.>> En aquel instante apa-
reció una sombra de la parte en que estaba abierto
el sepulcro, que en mi concepto se alzó sobre sus
rodillas (1), y observó en torno mío, como deseando
saber si me acompañaba alguien; cuando estuvo con-
vencido, me dijo sollozando: «Sí, hijo, ¿por qué no
se halla á tu lado?» Y le contesté: «No he venido por
mi vo'untad propia; aquel que está allí me guía en
este viaje; tal vez vuestro Guido le miró con dema-
siado desden . >>>
Por las frases y tormentos de aquella sombra
había comprendido su nombre, de suerte que mi res-
puesta fué cuerda y repentina. Oído que hubo esto,
se alzó presuroso y gritó: «¿Qué has dicho? le miró;
¿no vive ya tal vez? ¿En sus ojos no brilla ya la re-
fulgente luz del día?»
Alob
Al observar mi tardanza en contestarle, cayó de
espaldas sobre la tumba y no apareció más. Pero
aquel magnánimo (2) por quien me había acercado,
no se demudó, ni volvió la cabeza, ni inclinó el pe-
cho. «El que no pudieran hacer otro tanto, me dijo,
prosiguiendo su interrumpida conversación, me las-
tima más aun que este lecho. La deidad que aquí
impera (3), no iluminará su rostro cincuenta veces,
sin que tú te persuadas de cuán difícil es hacer lo
que ha dicho. Y para que tornes al mundo, dime,
¿por qué es ese pueblo tan implacable con los míos
(1) Cavalcante de Cavalcanti, padre de Guido, amigo
de Dante, que sacrificó la poesía al estudio de los
filósofos .
(2) Farinata.
(3) La luna, llamada Proserpina en aquel lugar.
-
43 -
en todas sus leyes? A lo que le contesté: «La inmen-
sa matanza que enrojeció la Arabia, dió por resultado
aquellas discusiones en nuestro templo.
Luego que suspirando hizo un movimiento de
cabeza: «No me encontraba yo solo en Arabia, dijo ,
y verdaderamente no obré con falta de razón res-
pecto á los demás (1). Pero me hallaba solo allí donde
se propuso por cada uno la destrucción de Florencia
y fuí quien la defendió cara á cara (2).-¡Ah! le
respondí: jojalá que vuestra raza sea repuesta! Pero
os ruego deshagáis el nudo que sujeta mi imagina-
ción. Creo, si mal no he comprendido, que premedi-
táis lo que el tiempo debe traer en pos de sí,por más
que os suceda lo contrario con respecto al presente.
-Nosotros, contestó, a imitación de los míopes,
vemos lo lejano, á favor de una luz que nos concede
el soberano guía. Al acercarse ó existir las cosas ,
es inútil nuestra inteligencia, y si otro no nos infor-
ma de ellas, nada podemos saber de vuestros hu-
manos acontecimientos. Por lo que comprenderás que
nuestra limitada inteligencia será nula el día que se
cierre la puerta del porvenir.>>
Pesaroso de mi falta, le dije: «Participad a aquel
que tan pronto desapareció, que su hijo aun está
con los vivos. Si he callado cuando debía respon-
der, decidle que ha sido por preocuparme la idea que
habéis sabido desvanecer. >> Dábame el título de
Maestro, por lo que le rogué más pronto al espíritu
me dijera cerca de quién se hallaba. «Aqui, me con-
testó la sombra, estoy echado entre más de mil;
allí dentro está el segundo Federico, y también el
(1) El Arabia, río pequeño cerca del Monte Aperto,
do lograronuna victoria los gibelinos.
(2) Hace algunos años que Florencia levantó una
estatua á su salvador, bajo la galería de los oficios. La
deDante está enfrente de ella.
44 -
cardenal (1 ) . Respecto á los demás, guardo si-
lencio.
Dicho esto, se ocultó , y dirigí mis pasos hacia mi
protector, pensando en sus frases, creyéndolas terri-
bles y amenazadoras. Cuando ya estábamos andan-
do, me dijo: «¿Por qué estás turbado?» Y luego que
le hube contestado añadió: «Haz por estar atento.>>>
Y después, alzando el dedo, dijo: «Cuando estés ante
lamirada dulce de los que todo lo ven, sabrás por
ella el viaje de tu vida (2) .
En seguida tomó hacia la derecha, dejando los
muros y dirigiéndonos hacia el centro por una senda
que conduce á un valle, que despedía una insufrible
fetidez .
CANTO XI
SUMARIO
Prosigue el circulo sexto, de los Herejes .-Horrible he-
diondez.-Sepulcro del Papa Anastasio .-Se paran los
poetas , y Virgilio enseña á Dante la manera cómo se
castigan las violencias, el fraude y la usura en los
círculos siguientes.
Al arribar á lo último de una escarpada orilla
formada por grandes piedras, rotas y hacinadas en
círculo, noshallamos sobre un abismo más grande.
Para libertarnos de las horrendas exhalaciones y
(1) Federico II, que solía estar en guerra con los pa-
pas, contra los cuales escribió versos , fué excomulgado
por Gregorio IX é Inocencio IV; murió en 1250.-Octa-
viano Degli Ubaldini, cardenal ygibelino, dijo que, caso
de tener alma, la perdería por la causa de los gibe-
linos.
(2) Beatriz .
45 -
de la fetidez que emanaba de su fondo, nos pusimos
tras de la losa de un enorme sepulcro, en la que leí
una inscripión que decía:
<<Contengo al Papa Anastasio, arrastrado por Fo-
tin fuera del camino recto (1) .
Es necesario descender lentamente para habituar
nuestros sentidos á este insoportable hedor; luego ya
no haremos caso .>>>
De este modo me habló el gran poeta, y yo á mi
vez le contesté: «Busca un medio para que no pase-
mos el tiempo sin provecho;» á lo que me objetó:
<<Ya ves que medito en ello .
«Hijo mío, prosiguió; hay tres círculos en medio
de estas peñas, que se van estrechando, según los que
acabas de dejar.
Llenos están todos ellos de malignos espíritus ;
pero para que tengas idea de ellos, te diré cómo y
por qué permanecen encerrados .>>>
La justicia es el final de todo lo que se atrae el
odio del Cielo; y siempre se llega á aquel fin que
lastima á otro, por los agentes de la violencia y el
engaño.
Mas como el fraude es un vicio inherente en el
hombre, ofende mucho más á Dios; por eso los tram-
posos están debajo , aguijoneados de dolores más pe-
netrantes .
El círculo primero es el de los violentos, pero tie-
ne tres girones ó departamentos (2), por ser tres las
personas á quienes se pueda hacer violencia.
A Dios, á sí mismo y al prójimo. Digo que se les
puede hacer violencia, en sus bienes ó personas,
como te lo haré conocer .
(1) La crónica del hermano Martín de Polonia, en-
gañó al poeta. Fué Anastasio el emperador, no el
Papa del mismo nombre, el que aceptó la herejía del
diácono Fotin .
(2) Giron ó círculo.
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46 -
Se hace violencia al prógimo, causándole la muer-
te ó infiriéndole dolorosas heridas; se le violenta ar-
ruinando sus bienes, por medio del robo ó el incendio.
Por lo que los homicidas, los que hieren, los in-
cendiarios y los salteadores, sufren los tormentos en
el primer girón.
El hombre puede haber hecho uso de una mano
violenta contra sí ó contra sus bienes; es muy justo
que pague su falta en el segundo girón, sin que
abrigue esperanza de mejorar de destino.
Aquel que por su voluntad se destierra del mundo
en que vive, que juega y derrocha sus bienes, llora,
donde no debería haber sino alegría para él.
Puédese hacer violencia á la Divinidad, no cre-
yéndola en su corazón, blasfemando de ella, menos-
preciando á la naturaleza y sus bondades.
Esta es la causa por que el más pequeño girón ha
señalado con su sello á Sodoma y Cohors (1) y á todo
el que despreciando a Dios, le injurie con sus pala-
bras ú obras .
Todo fraude deja remordimiento en todas las con-
ciencias; el hombre puede practicarlo en el que tiene
confianza y hasta en el que desconfía .
Este fraude parece que rompe los lazos del amor,
creados por la naturaleza; por lo que están carga-
dos de cadenas en el círculo segundo .
Los hipócritas, aduladores , augures falsos, esta-
fadores, ladrones , simoniacos, rufianes, tramposos y
todos los que asimismo están manchados.
El fraude primero destroza el amor establecido
por la naturaleza, y el sentimiento que le sigue, del
que emana la confianza .
Cuya causa es el móvil de que el traidor se vea
atormentado en el más pequeño círculo, centro del
universo y principio de Dite.>>>
(1) Ciudad en la que abundan mucho los usureros.
47
A mi turno le dije: «Querido Maestro, tu preclaro
razonamiento me enseñó con exactitud ese abismo
con todas sus clasificaciones y pueblo que le habita.
Mas dime, los que se hallan metidos en esa laguna,
los que el viento se llevó, los que castigó la lluvia y
los que contínuamente chocan entre sí, ¿por qué, si
se hanhecho acreedores á la cólera de Dios, no son
castigados en la ciudad de las llamas y lo son de esa
manera?» A lo que me respondió: «¿Y por qué deliras
contra la costumbre? ¿En qué piensas? ¿No recuerdas
las frases de la Etica (1) que estudiaste, en la que se
habla de las tres disposiciones reprobadas por Dios:
la incontinencia, la malicia y la loca bestialidad ,
yque la incontinencia es la menos ofensiva a Dios,
por ser lamenos grave?
Si analizas esta sentencia, al ver quienes son los
penitentes que se hallan fuera de este recinto, obser-
varás por qué están apartados de estos traidores, y
por qué, aunque menos enojada la divina justicia,
todavía los castiga.
¡Oh aureola luminosa! exclamé, que acudes á toda
duda, tanto me complaces al explicarme una idea,
que casi me es tan grato permanecer en la duda como
saber.
Otra vez mas retrocede un poco, y dime, cómo la
usura ofende á la divina bondad; corta este nudo.>>
<<<
La filosofía, me respondió, demuestra en mas de
un punto alque estudia, que la naturaleza emana del
intelecto divino y su arte; y si te fijas bien en la fisi-
ca, hallarás, sin que tengas que revolver muchas ho-
jas, que el humano arte remeda en lo posible á la
naturaleza, como el discípulo al maestro; de suerte,
que el humano arte es como el nieto de Dios.
Ya partir de estos dos principios, la naturaleza y
el arte, si tienes presente el Génesis, no ignorarás
(1) Etica de Aristóteles.
-
48 -
que la naturaleza nos dá vida, y que después viene
en su apoyo el arte.
El usurero sigue diferente sendero, y desprecian-
do naturaleza y arte, pone en otra parte su esperanza .
Sin embargo, sígueme ahora, pues me complazco
en avanzar . La señal de los Peces asciende en el
horizonte, el Carro se ha derrumbado en el Coro (1 ) .
Mas á lo lejos el peñasco se inclina>>
CANTO XII .
SUMARIO .
Recinto primero del circulo séptimo, ó el de los violen-
tos. Los poetas hallan á Minotauro, encargado de su
vigilancia.- Los violentos contra la vida y bienes del
prójimo se ven sumergidos en un río de sangre.-
Mas abajo hallan una manada de centauros. El cen-
tauro Neso lleva á Dante en su grupa más allá del
Flegetón .
El sitio do debíamos descender por el precipicio,
estaba de tal modo obstruído y era tan impracticable,
que la vista se apartaba de él .
La ruina que lastimó al Adige en la ladera más
acá de Trento, resultado de un terremoto ó falta de
apoyo (2) .
Desde la cima de la montaña, en que se desmoro-
nó hasta el llano, es tan boquiancha la roca, que de
ninguna manera puede servir de paso para el que se
halla arriba .
Tal era el descenso del precipicio; y en la parte
(1) Significa, hé aquila Aurora.
(2) Desplomés del monte Borco, entre Trento y Ve-
rona .
-
49
altade la peña estaba echado el monstruo, baldón
de Creta . que fué engendrado por una becerra su-
puesta (1 )
Al vernos, se mordió los labios, como el que se
vé devorado por la cólera interiormente .
Mi protector le gritó: «¿Crees que se halla aquí
por ventura al jefe de Atenas que té dió la muerte
allá en el mundo? (2)
Aparta, monstruo; no viene este mandado por tu
hermano, y sí sólo para presenciar tu castigo . »
Según el toro que se dobla del lado que recibe
laherida, y que sin poderse volver brinca á un lado
y otro .
Yo observé lo que hacía Minotauro; mi sabio
Maestro me dijo entonces: «Vé hacia la abertura ,
será conveniente que bajes mientras está exaspe-
rado.>>
Avanzamos hacia la multitud de piedras desga-
jadas que á cada momento hacían rodar nuestras pi-
sadas.
Marchaba yo muy preocupado, por lo que él me
dijo :
«¿Vas pensando acaso en la ruína custodiada por
aquella furia bestial á quien he extinguido?
Quiero advertirte que la ultima vez que bajé al
Infierno, todavía no estaba desmoronado. >>>
Lo fué poco antes (si no me equivoco) que viniese
del círculo divino, el que arrebató á Dite su gran
presa (3)
Por todas partes se conmovió tan profundamente
el impuro valle, que el orbe entero creí sentía aquel
rumor; por el que se puede creer haya caído varias
(1) Minotauro.
(2) Theseo .
(3) Jesucristo cuando descendió al Limbo luego de
su pasión .
DANTE 4
-
50-
veces el mundo en el caos, entonces se desprendió de
todas partes la antigua roca.
Pon tu mirada en el valle; más aquí está el río de
sangre en el que se ha de zambullir todo el que use
de la violencia con el prójimo .
¡Oh funesta pasión! ¡oh ciega cólera, que así nos
acosas en nuestro corto tránsito, y luego por toda
una eternidad nos sepultas en tan nefandas aguas!
Noté una enorme fosa en figura de arco, según la
que comprende todo el llano, como había dicho mi
Maestro.
Entre la base de aquella roca y la fosa, corrían
en hilera los centauros armados con flechas, como
acostumbraban á marchar en el mundo cuando aban
de caza.
Todos se pararon al vernos bajar, y se apartaron
tres de la manada, teniendo dispuestos sus arcos y
sus flechas .
Desde lejos voccó uno de ellos : «¿Qué martirio
os está deparado á vosotros que bajáis por la cuesta?
decid de dónde sois ó disparo el arco. »
Mi guía dijo : «Se lo diremos á Chirón aquí pre-
sente; para tu infortunio siempre han sido tus deseos
harto vivos . »
Después tocándome: «Ese es Nesso, me dijo, que
murió por la bella Dejanire y él mismo vengo su
propia muerte.
El de en medio, que está mirándose el pecho, es
el gran Chirón, maestro de Aquiles; el otro es Folo,
que contínuamente estuvo poseído de ciega cólera. »
En torno de la fosa había millares de ellos pasan-
do con sus flechas á toda alma que saliera más de lo
que su pecado le consentia.
Como íbamos aproximándonos á aquellos ágiles
monstruos, Chirón cogió una flecha, retorciéndose la
barba detrás de las quijadas .
Así que descubrió su horrible boca, dijo á sus
-
51
compañeros: «¿No habéis visto que el de detrás mue-
ve cuanto toca?
Esto no lo suelen hacer las plantas de los muertos . »
Ymi Maestro, que se hallaba ya tocándole el pe-
cho, respondió:
«Es un ser viviente, y debo yo sólo mostrarle el
sombrío valle. Es la precisión y no su capricho lo que
aquí le trae. »
«La que me confió este nuevo servicio, cesó por
un instante de entonar aleluya. Ni es él un salteador
ni yo un criminal .
Más en nombre de aquella sublime virtud que
guia mis pasos en tan ruda senda, déjame uno de
los tuyos para que, acompañándonos, pueda decirnos
un sitio vadeable y lleve en su grupa á este que no
es espíritu que pueda elevarse por el aire.>>>
Chiron, volviéndose, dijo á Nesso: «Ve guiándo-
les, y si hallan alguna manada, apártala .>>>
Escoltados con toda fidelidad, dirigimos nuestra
marcha á lo largo de la ribera de aquella enrojecida
espuma, y los en ella anegados, lanzaban gritos ho-
rrendos .
Habiéndolos sumergidos hasta los párpados, el
gran centauro exclamó: «Estos son los bárbaros tira-
nos que se sustentaron de la rapiña y de la sangre.
Aquí se lamentan las impías faltas; también están
aquí los crueles Alejandro (1) y Dionisio, que tanto
luto sembraron en Sicilia .
Ese semblante de pelo negro, es Ezzelino (2), у
aquel rubio, Obezzo de Este (3), que fué muerto por
su yerno allá arriba, en el mundo.»
(1) Marqués de Ferrara y de la Marca de Ancona.
(2) Por opinión de varios comentadores, Alejandro de
Feres, tirano de Tesalia.
(3) Tirano de Pádua . Fué aprisionado por los prin-
cipesde Lombardía, y herido lo llevaron a Soncino,don-
de rehusó que le curasen las heridas y tomar alimento.
Falleció de hambre y desesperación en 1260.
52 -
En aquel punto me volví hacia mi guia, y me di-
jo: Que sea Nesso tu intérprete en este sitio, yo
seré el segundo .>>>
Algo más lejos se paró el centauro, cerca de unos
condenados que notamos sacaban la cabeza fuera del
río, diciéndonos una sombra, que estaba un poco
apartada de las demás:
«Este hirió en el círcu'o de Dios á un corazón
que todavía está honrado en las riberas del Táme-
sis (1).
Después ví á otros que tenían casi todo el cuerpo
fuera del lago, de los que reconocí un buen número.
Como la sangre cada vez iba en disminución y sólo
cubría ya los piés, pasamos de la fosa .
Ya que en este lado ves aminorar la sangre, ob-
servó el centauro, quiero que te convenzas que en el
otro aumenta á cada paso hasta juntarse con la en
que se halla la tiranía condenada al llanto .
Allí la divina justicia sumió á Atila, azote del
orbe, á Pirro y á Sexto (2) , y eternamente arranca
las lágrimas que surgen al más pequeño borbotón á
Renato de Corneto y á Renato de Pazzi (3) , que tan
cruel guerra hicieron en las grandes vías. >>>
Después retrocedió, repasando el vado .
(1) Guido de Monforte, quien en venganza de la
muerte de Simón, su padre, asesinado en Inglaterra
por Eduardo, el año 1271 , mató a Enrique. hermano del
mismo Eduardo, en una iglesia, en tanto que estaba
celebrando un sacerdote .
(2) Pirro, rey de Egipto ó hijo de Aquiles, que mató
á Priamo e inmoló a Poligeno sobre el sepulcro de
Aquiles . Sexto descendiente de Tarquino el Soberbio,
ó hijo de Pompeyo .
(3) Renato Corneto, famoso noble, por sus asesina-
tos y robos .-Renato de Pazzi , noble, descendiente de la
renombrada familia de los Pazzi de Florencia. También
fué bandido en despoblado, llegó a hacerse tan temi-
ble, que no podían transitarse por las comarcas que él
invadía.
53 -
CANTO XIII
SUMARIO
Recinto segundo del circulo séptimo , ó de los violentos
contra sí mismos. Los suicidas permanecen meti-
dos entre árboles ó zarzas. Los disipadores se ven
continuamente perseguidos por perros .-Pedro des-
vignes. Lano de Siennes , Jacobo de Pádua.
Aun Nesso no había llegado á la otra parte, cuan-
do entramos nosotros en un bosque sin sendero . El
follaje, en vez de verde, era negruzco, las ramas eran
nudosas y enmarañadas; se echaban de menos los
frutos, pero no el veneno y los espinos .
Las selvas agrestes de las fieras que talan los
cultivados campos entre la Cecina y Corneto (1) eran
menos ásperas .
Allí se anidan las arpías bestiales que echaron á
los Troyanos de la Strofades con el presagio descon-
solador del mal futuro .
Ostentan anchas alas, los cuellos y los rostros hu-
manos , las patas con grandes garras, y un enorme
vientre, cubierto de pluma. Constantes son sus la-
mentos en aquellos extraños árboles .
Mi querido Maestro: «Antes de pasar adelante
has de saber que te hallas en el recinto segundo, me
dijo, y que continuarás en él hasta que penetres en
los horrendo arsenales . Está atento, pues notarás co-
sas que tal vez no creerías si yo te las contase.>>>
De todos lados percibía lastimeros gemidos, sin
(1) Cecino, río de la Toscana, que se pierde en el mar
entre Liorna yel Piombino.-Corneto, población en los
Estados Pontificios .
54
que pudiese ver á las personas que los exhalaban,
porlo que admirado me paré.
Creyó que yo pensaba que aquellas voces eran
salidas del pecho de las personas ocultas á nuestra
vista; por lo que me dijo mi guía: «Si rompes alguna
rama de esos árboles, verás cuán vana es tu idea.>>>
En aquel instante tendí la mano, cogí una rama
de un corpulento árbol, y su tronco exclamó: «¿Por
qué me tronchas?»
Ydespués , negro por la sangre, comenzó á vocear
de nuevo: «¿Por qué de esta suerte me arrancas? ¿No
tienes ningún resto de piedad?
Hombres fuímos, y somos árboles; tu mano debió
ser más piadosa, aunque hubiésemos sido almas de
los reptiles .>>
Como rama verde, que mientras arde por una
parte chisporrotea y gime por la otra, por motivo del
aire que sale, así aquel tronco á la vez arrojaba san-
gre y palabras; por lo que solté la rama como teme-
roso .
<<Alma herida, contestó el sabio, si él hubiera
creído lo que sin embargo vió en mi poema, no hu-
biese alzado la mano hasta tí; mas lo inverosímil del
asunto me hizo aconsejarle de lo que me arrepiento:
pero manifiéstale quién fuiste, para que en cambio
haga renacer tu memoria en el mundo, al que tiene
que volver>>>
El árbol: «Tal imán tienen para mí tus dulcisi-
mas frases, que no puedo callar; que no os parezca
pesado si recuerdo mucho al hablar con vosotros.
Yo soy quien tenía las dos llaves del corazón de
Federico ( 1) , y quien las manejó con tal destreza para
(1) Pedro Desvignes,jurisconsulto de Capua, por lar-
go tiempo fué favorito del emperador Federico . Acu-
sado de traición, le fueron sacados los ojos. En su de-
sesperación se estrelló la cabeza contra las paredes de
su calabozo en 1249.
55 -
abrir y cerrar, que casi negó á todos su confianza, tal
fuémi entusiasmo por aquel cargo glorioso, que per-
dí por él el sueño y la vida. La cortesana (1) que ja-
más desvió del palacio de César (2) su atrevida mi-
rada, epidemia y vicio en todas las cortes, enardeció
en contra mía todos los ánimos, y éstos el de Augus-
to (3), de tal manera, que mis preclaros honores se
cambiaron en luto y tristeza.
Mi alma en su trasporte de desdén, creyendo evi-
tarlo con la muerte, me convirtió en injusto contra
mi que tan justo era .
Os juro por las tiernas raíces de estos bosques ,
que jamás dejé de ser leal con mi amo, que tan me-
recedor fué de toda gloria.
Si alguno de vosotros torna al mundo, que realce
mi memoria, ya que aún se halla bajo la presión del
golpe que la Envidia le asestara. >>>
El poeta me dijo, después de corto silencio: «Ya
que se calla, pregúntale si algo deseas saber más. »
A lo que respondi: «Tú mismo puedes preguntarle
lo que me pueda interesar; yo no podría, me dá com-
pasión.>>>
Por lo que volvió a comenzar de esta manera: «Si
este ser hace lo que tu ruego le suplica , aprisionado
espíritu , dignate decirnos aún, cómo el alma se en-
cierra en esos nudos, y si hay alguno que pueda des-
prenderse de tal cuerpo.>>>
Entonces resopló con violencia el tronco, y el aire
exhalado se convirtió en esta voz: «Responderé con
brevedad .
Así que la feroz alma sale del cuerpo del que ella
misma se desprendió, Minos lo manda al círculo sép-
timo. Cae en el bosque sin escoger lugar, pero donde
(1) La Envidia .
(2) Emperador .
(3) Federico 11 .
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56 -
quiera que la suerte le arroje, brota cual grano de
espelta.
Germina en retoño y árbol; las arpías, al alimen-
tarse en sus hojas, le causan gran dolor, predispo-
niéndole á él .
Como todas las almas desea recoger sus despojos ,
sin embargo de que ninguno pueda revestir con ellos ,
pues no es justo poseer aquello de que uno por acción
propia se privó .
Los arrastramos hasta aquí, y en este triste bos-
que, cada uno de nuestros cuerpos es colgado del
árbol do se vé su sombra castigada. >>
Muy atentos estábamos, figurándonos que iba á
proseguir el árbol, cuando nos sorprendió un ruído
semejante al que percibe el cazador al dirigirse el
jabalí al sitio que ocupa, acompañado del mugido de
los perros y del ramaje .
Hé aquí que asoman por nuestra izquierda dos
desventurados desnudos y rotos , huyendo con tal ve-
locidad, que tronchan todas las pequeñas ramas del
bosque.
Gritaba el que venía delante: «¡Llega, muerte,
Ilega! » Y el otro, que tenía complacencia en caminar
á paso sosegado: «Lano, no tenías tan veloces pier-
nas en la batalla de la Pieve del Toppo; » luego debió
faltarle aliento, pues que de él y un arbusto se hizo
uno sólo (1) .
El bosque estaba cuajado de perras negras detrás
de ellos, que cual los lebreles, al quitarles sus cade-
nas, corrían ávidas. Dentellando, se lanzaron sobre el
condenado que se hallaba oculto, y luego de despeda-
zarle se llevaron sus aun palpitantes miembros .
Mi protector me cogió de la mano, conduciéndome
(1) Lano de Siennes, habiéndose visto acosado por
las tropas de Arezzo, predrió la muerte a la fuga, y mu-
rió combatiendo como un héroe.
-
57 -
hasta el arbusto, que inútilmente se quejaba de sus
sangrientas heridas.
«¡Oh Jacobo de San Andres! (1), decía: ¿por qué
te has refugiado en mí? ¿Es culpa mia tu vida disi-
pada?»
Después de haberse parado mi guía cerca de aquel
arbusto, dijo: ¿Quién puedes ser tú, que tan lleno de
heridas exhalas con tu sangre tan dolorosos quejidos?
Ynos respondió (2) : «Oh almas que habéis llega-
do para ser testigos del estrago que ine acaba de se-
parar de mis hojas, juntadlas en derredor de su
contristado arbusto; fuí de la ciudad que abandonó
su primitivo patrono por San Juan Bautista (3), así
que resentido aquel patrono, le dará tristeza siempre
con su terrible arte, y aunque no estaba más que en
el puente del Arno, todavía queda de él algún ves-
tigio.
Los patricios que reconstruyeron aquel pueblo ,
sobre las cenizas que Atila dejara á su paso, tra-
bajaron inútilmente. Yo he convertido en horca mi
casa.
(1) Joven noble de Pádua, que malversó su fortuna
en poco tiempo. Se dice de él, que yendo á Venecia con
variosjóvenes, también nobles, al ver que todos poseían
la habilidad de tocar algún instrumento ó cantar, Ja-
cobo se entretenía, por matar el tiempo, en arrojar sus
escudos al río. Habiendo ido á visitarle á su quinta en
otra ocasión varios amigos, al verlos de lejos incendiò
todas las cabañas y alquerías de sus colonos para feste-
jar á sus compañeros con más fausto.
(2) Se cree que fuera la sombra de Bocio de Mozzi ,
que se suicidó luego que hubo derrochado sus bienes.
(3) Florencia.
58 -
CANTO XIV
SUMARIO
Recinto tercero del séptimo círculo, ó el de los violen-
tos para con Dios, contra la naturaleza y la so-
ciedad.
Enternecido al acento del patrio amor, junté las
hojas esparcidas, y las devolví al que se hallaba ya
enronquecido.
De aquel lugar marchamos hacia el sitio en que
el círculo segundo se aparta del tercero, donde se ve
el poder de la justicia divina .
Para más claridad en la explicación de las nuevas
cosas, digo que arribamos á una planicie que recha-
za de su superficie toda planta. El bosque del dolor
le sirve de guirnalda, así como lo es del bosque el
gran foso de la sangre; allí nuestros pies quedaron
como enclavados . El suelo estaba cubierto de es-
pesa y árida arena, como la que en otros tiempos fué
pisada por Catón (1).
¡Oh venganza de Dios! ¡qué terrible será para el
que lea cuanto se presenta á mi vista! Observé más
de una numerosa grey de desnudas almas que llora-
ban inconsolables, siendo su sentencia diferente .
Unas se hallaban echadas boca arriba, otras sentadas
en angosto círculo, y otras caminaban continua-
mente .
Las que daban vuelta al círculo eran más nume-
(1) La arena de Sibia que traspasó Caton de Utina ,
luego de la muerte de Pompeyo, para unirse al ejército
de Juba .
59-
rosas; y la minoría estaba echada para su tor-
mento; en cambio tenían más suelta la lengua para
lamentarse .
Lentamente llovía el fuego sobre la arena en gran-
des copos , semejantes á los de la nieve que se des-
ploma de los Alpes, cnando no azotael viento . Como
Alejandro, en las zonas abrasadoras de la India, vió
caer llamas sobre su ejército , que ni siquiera se ex-
tinguían en el suelo, mandando á sus soldados que
las mataran con sus pies , para apagarlas más pronto;
así descendía el eterno fuego, devorando la arena
como devora el pedernal á la yesca, para acrecentar
el dolor de las almas .
Sus infortunadas manos no tenían descanso, por
tener que apartar continuamente las brasas ya de un
lado, ya de otro
Aquí no pude contenerme: «Maestro, le dije, tú
que has podido vencer todos los obstáculos, menos
los que nos opusieron los dominios inflexibles en aque-
lla puerta (1) :
¿Qué gran sombra es aquella que parece no so-
brecogerse del incendio, permaneciendo tan feroz y
desdeñosa cual si fuese insensible á esa lava abrasa-
dora?»
Observando la sombra que mi guía hablaba de
ella, exclamó : «Tal vivo fuí, tal muerto soy. Aun-
que Jupiter empleara á su forjador, del que cogió en
su cólera el agudo rayo con el que fui herido en mi
hora postrera; y aun cuando empleara á todos los ne-
gros forjadores
ayudadme, del Etna,
oh Vulcano! gritándoles:
según lo ejecutó ¡Ayudadme,
en labata-
lla de Flegia (2), y me atravesara con todas sus
flechas, no consiguiria vengarse de mí debida-
mente .>>
(1 ) Se refiere a la de la ciudadde Dite .
(2) Flegiaen Thesalia, donde se libró el combate de
gantes.
los dioses y gigantes.
-
Co -
Con tal fuerza se expresó entonces mi guía, que
jamás le había oido hablar en tan alta voz. «¡Oh
Capaneo, tu orgullo es el móvil de tu más grande
castigo. No hay martirio comparable con el dolor de
tu rabia . »
Después, volviéndose a mí, me dijo con tono ar-
monioso: «Ha sido uno de los siete reyes que cerca-
ron á Thebas (1) Desdeñaba y aun parece desdeñar
á Dios, sin que al perecer le dirija preces, pues como
he dicho, sus desdenes son su digno premio.
Mas colócate detrás de mí , y no asientes aun el
pié en la candente arena; permanece cerca del bos-
que . »
Llegamos silenciosos al sitio donde sale del bos-
que un riachuelo cuyo fulgor siniestro asusta. Como
el torrente que sale del Bulicano (2) y que se repar-
ten entre sí las mujeres de mala vida, corría aquel
riachuelo por la tostada arena.
El fondo y las riberas eran de piedra, por lo que
calculé que debía andar por ellas.
«Entre todo lo que te he enseñado, desde que pe-
netramos por la puerta, cuyo umbral puede pisar
cualquiera, nada observó tu vista más digno de
atención que esta corriente, en la que mueren todas
las llamas.»
Estas fueron las palabras que me dijo mi Maes-
tro.
<<En el centro del mar hay un pais convertido en
ruinas , añadió él entonces, llamado Creta, en el que
hubo un rey (3), bajo cuyo mando fué casto el mun-
do; también allí hay un monte, titulado Ida, en el
(1) Los siete reyes eran: Adrasio, Polínice, Tydeo ,
Hippomedon, Amfiaraus, Parthenopes y Capanes.
(2) Nacimiento de aguas manantiales, dos millas de
Viterbo, donde iban a bañarse las mujeres prosti-
tuidas .
(3) Saturno .
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61 -
que no escaseaban antes las aguas y el follaje, y
como todo lo antiguo, se halla hoy desierto.
Rhea lo escogitó en aquellos tiempos para cuna fiel
de su hijo; y para ocultario más fácilmente cuando
lloraba, dispuso que hubiese gran clamoreo continua-
mente .
En lo interior del monte se sostiene de pie ungran
anciano (1) , vuelto de espaldas hacia Damieta (2) y
fija la mirada en Roma (3) cual si se mirase en un
espejo.
Es su cabeza de puro oro, y de fina plata sus bra-
zos y pecho; la korcajadura es de cobre. y todo lo
demás del cuerpo de hierro escogido, á excepción del
pié derecho, que es de barro, sobre el que descansa
mejor que sobre el trono.
Cada parte, menos la de oro, tiene una hendidu-
ra, de la que destilan lágrimas , que al juntarse ta-
ladran la montaña, formando el Aqueronte, la Esti-
gia y el Flegetón; después descienden por su cauce
angosto hasta los sitios de los que ya no se puede
descender más, donde toma forma el Cocyto; ya
examinarás aquel lago , del que no te hablaré aquí.>>>
Entonces le pregunté: «Si el pequeño río que te-
nemos á la vista tiene su nacimiento en nuestro mun-
do, ¿por qué no es notable hasta que se llega al ex-
tremo de este bosque?>>>
Yme respondió: «No ignoras que este sitio es re-
dondo; así es que, aunque se haya caminado mucho
y bajado siempre hacia el fondo por la izquierda, no
se ha recorrido aun el círculo completo; por más
que parezca novedad, no debe retratarse en tu rostro
la sorpresa ▸
(1) La descripción de esta estatua se parece a la
que hace Daniel en su profecia. Dante quiere aquí figu-
rar el tiempo .
(2) Damieta ó idolatria .
(3) Roma ó la verdadera religión.
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62 -
Entonces objeté: «¿Do están el Flegetón y el
Letheo? Te callas sobre uno de los dos , diciéndome
tan solo que se forma el otro de este torrente de
lágrimas .
Me placen mucho todas esas preguntas, repuso,
más el mugido de esa roja agua debía haberte evita-
do una de las que me haces .
Ya verás el Letheo fuera de este recinto, allá do
las almas van á lavarse cuando se les ha perdonado
la espiada falta ( 1 ). »
Después dije : «Tiempo es ya de dejar el bosque;
haz por seguirme; las márgenes no arden, y nos
brindan paso; en ellas se extingue todo ardiente
vapor.
CANTO XV
SUMARIO
Continuación .-Habla Dante á su Maestro Bruno Lali-
ni, que le augura su destierro á Florencia.-Le enco-
mienda su Tesoro .
Tomamos entonces uno de los caminos de piedra,
mientras formaba el humo del riachuelo sobré él una
niebla que preservaba del fuego á la onda y sus
márgenes. A imitación de los flamencos, que temien-
do la corriente que se dirige avanzando hacia ellos,
entre Cadsandt y Bruges, alzan un dique para recha-
zar el mar, y lo mismo que lo verifican los paduanos
á lo extenso del Brenta, para amparar sus castillos y
ciudades antes que el Chiarentana (2) aperciba el
(1) El Purgatorio.
(2) Chiarentana, monte en los Alpes; en él nace el
Brenta.
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63
calor; edificó allí el ingeniero, cualesquiera que fue-
se, diques en la misma forma, aunque no tan anchos
ni elevados .
Nos hallábamos ya tan lejos del bosque, que no
me hubiera sido dado descubrirlo, aun cuando hu-
biese vuelto la mirada hacia atrás, cuando dimos con
una bandada de almas que se encaminaba hacia nos-
otros á lo largo de la ribera, observándonos todas
ellas cual se acostumbraba á mirar á través de los
rayos de la luna nueva, y fijando tanto su vista, cual
un sastre anciano la fija en el ojo de la aguja .
Luego de este minucioso examen, fuí reconocido
por una de ellas que, cogiéndome del vestido, excla-
mó : «¡Oh maravilla! »
Mientras ella me dirigía los brazos, miré tan
atentamente su tostado rostro, que a pesar de lo muy
desfigurada que estaba, pude conocerla á mi vez; por
lo que llevando mi mano hasta su rostro, le dije:
«¿Vos por aquí, Sr. Brunetto (1 )?»
A lo que me respondió: «¡ Hijo mío! no te enfade
qué Brunetto Latini se quede un poco atrás contigo y
deje que pase la bandada. >>
Y le contesté: «Os lo suplico de corazón; si que-
réis que me siente con vos, lo haré si este lo permite,
pues voy con él. »
«Hijo mío, me dijo: el que de nosotros se separe
un momento, queda sufriendo esta lluvia por espa-
cio de un siglo, sin poder sacudir el fuego que le
abrasa .
(1) Brunetto Latini , famoso poeta, orador, historia-
dor, filósofo y teólogo; Florencia fué su cuna, y estuvo
dirigiendo una escuela, de la que salió Guido Caval-
cante y Dante Alighieri. Fué secretario de la república
y embajador. Escribió una obra llamada Tesoretto, so-
bre matemáticas y física, dedicada a San Luis . Teniendo
que desterrarse como güelfo, se fué á París, do escribió
el Tesoro .
64
Continúa, pues, adelante, y yo marcharé á tu lado,
volviendo luego á incorporarme á la bandada que va
llorando sus tormentos eternos.>>>
No tuve valor de bajar á nivelarme con él , mas
seguí el camino con la frente inclinada en ademán
respetuoso .
Comenzó de este modo: «¿Qué suerte ó destino es
el tuyo que te trae aquí antes de tu hora postrera? y
¿quién te indica el camino?»
<<Allá en las alturas, en la serena vida, le respon-
dí , me perdí en un valle antes de llegar á la compe-
tente edad .
En la mañana de ayer, y cuando ya retrocedía,
se me presentó éste, y por esta vía me puso en ca-
mino .>>
El me dijo á su vez: «Si sigues tu estrella, no
podrás menos de llegar á un glorioso puerto, por que
he consultado tu magnífico destino.
Y si yo hubiese vivido más , al ver cuán favorable
te era el Cielo, te hubiera alentado para la prosecu-
ción de tu obra.
Mas aquel ingrato pueblo que descendió en otros
tiempos de Fiesole (1), que todavía conservaba la
aspereza de sus montañas, se declaró enemigo tuyo ,
por la sola causa del mucho bien que estás dispuesto
á hacer, como acontece generalmente; no entre áspe-
ros servales debe madurar el sabroso higo .
La fama antigua los llama ciegos; avara raza so-
berbia y envidiosa. ¡No te manches jamás con sus
costumbres !
Tanta es la gloria que la fortuna te depara, que
los dos bandos desearán tu regreso; que la yerba no
esté nunca al alcance de sus picos .
Que aprovechen sus cuerpos para lecho á las bes-
(1) Villa situada allende de Florencia, tenida por
cuna de los florentinos.
-
65 -
tias de Fiesole; y que no puedan coger las plantas ,
si es que crece todavía alguna en su estiércol, en la
que pueda brotar la semilla santa de aquellos roma-
nos que aun existían al edificarse aquel nido de per-
versión .>>>
«Si mis ardientes votos se vieran cumplidos, le
respondí, aun estaríais vos en la naturaleza humana,
porque contínuamente conservo en mi mente, y me
apesadumbra en este momento vuestra amada y pa-
ternal imagen, cuando me enseñaba en el mundo de
qué manera debía eternizarse el hombre; tan reco-
nocido os estoy, que no cesaré de publicarlo mien -
tras tenga vida.
Lo que decís respecto de mi destino, lo escribo y
guardo para que me lo explique con otro texto (1)
una dama, muy á propósito, con tal que no tenga
que resentirse por ello mi conciencia; dispuesto es-
toy á practicar cuanto de mí exija la fortuna.
Tales arras no son para mí una novedad, gire
como quiera sus ruedas la fortuna
fo y su azada el la-
brador >. >
Entonces mi Maestro se volvió á la derecha, y mi-
rándome dijo : « Está bien, oye á quien lo nota (2). »
No por eso dejaba de hablar con Brunetto, al que
pregunté cuales eran sus compañeros más notables .
Yme contestó: «Estará bien que sepas los nom-
bres de algunos; mas no podré hablarte de todos por
falta de tiempo.
Te diré, en una palabra, que fueron todos clérigos
ó letrados de mucha nota, manchados en el mundo
por el mismo pecado.
Va Prisciano (3) con aquella desolada multitud, y
(1) El vaticinio de Farinata (Canto X), que lo expli-
cará Beatriz .
(2) Virgilio quiso decir: Ya recordarás mi verso:
«Superanda omnis fortuna ferendo est.»
(3) Gramático de Cesárea.
5
DANTE
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66 -
también Francisco de Accorse (1); si tan triste es-
pectáculo te hubiera halagado, podrías haber visto al
que fué trasferido por el siervo de los siervos de
Dios del Arno al Bachiglione, donde dejó todos sus
miembros crispados (2) .
Muchas otras cosas te diría, pero ni puedo ade-
lantar ni hablar mas, porque veo salir de la arena
nuevo humo; llega otra gente con la cual no puedo
estar yo; te encomiendo mi Tesoro, en el que aun
vivo, y no te pido más .>>>
En seguida echó á correr, á semejanza de los que
en Verona se disputan el palio (3) en una carrera;
parecía que iba á ganar el premio.
CANTO XVI
SUMARIO
Habiendo llegado Dante y Virgilio, casi al fin del úl-
timo círculo, hablan aGuidoguerra,Tegghiajo y Rus-
ticucci, guerreros insignes de Florencia. Ya en el
borde del abismo, en el qu
que está el círculo octavo, ven
à Gerión, ó sea el Fraude. Bosquejo de Gerión.-
Después habla Dante de los usureros encerrados en el
recinto tercero de los iracundos .
Me hallaba ya en el sitio donde se oia el susurro
del agua al caer en el otro círculo, semejante al zum-
bido de las colmenas, cuando á un tiempo se aparta-
ron tres sombras de un grupo que cruzaba bajo el
torrente del áspero suplicio.
(1) Jurisconsulto de Florencia .
(2) Andrés de Mozzi , destituído de la diócesis de Flo-
rencia por sus vicios, y luego trasladado á la de Vizan-
cio, donde pasa al Bachiglione.
(3) Palio, es á la manera de paño verde, premio para
el que se distingue en la velocidad de la carrera.
67 -
Las tres se encaminaron hacia nosotros gritando:
«Detente, tù que pareces por tus vestiduras hijo de
nuestra pecadora patria.>>>
¡Cuántas llagas antiguas y frescas advertí en sus
quemados miembros! Su recuerdo me conmueve aun.
A sus voces se quedó parado mi guía, y fijó su vista
en mí, diciéndome: «Espera aquí, si quieres apare-
cer cortés con ellos . Si no viese la llama que consu-
me este sitio, te diría que es á tí mas que á ellos á
quien conviene esta entrevista. »
A qué nos paramos , exclamaron las sombras, y al
llegar á nosotros, formaron las tres en círculo, según
lo hacen los gladiadores desnudos y yuntados, mi-
rando su presa y la ventaja antes de luchar y herirse.
En tanto daban vueltas, cada una me dirigía mi-
radas , de suerte que sus cabezas hacían el movi-
miento contrario á sus piés .
«Por más que lo mísero, triste y nefando de este
movedizo suelo nos legue al desprecio y haga que
se desoigan nuestras preces , observó una de ellas,
podamos mover tu corazón para que nos digas quién
eres tú, que sin terror asientas tu planta en el In-
fierno .
Ese, cuyas huellas me ves borrar, sin embargo de
su asquerosa desnudez, ocupó un lugar más alto de
lo que puedes imaginarte. Nieto fué de la púdica
Gualdrada, se llamó Guidoguerra, é hizo maravillas
en vida con su espada y con su ciencia (1 ) .
El que aplasta la arena detrás de mí, es Teg-
ghiajo Aldobrandi (2), cuyo consejo debió seguirse
allá en el mundo .
(1) Fué Guidoguerra caballero valiente y hombre de
gran tacto y prudencia; en la batalla de Benevento en-
tre Carlos I y Manfredo, se le atribuyó la victoria en su
mayor parte.
(2) Perteneció á la familia Adimari ; no opinó que los
florentinos marchasen contra los sieneses, donde fue-
ron derrotados aquellos en el valle de Arbia .
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68 -
Y yo, que estoy cruzado con ellos, soy Jacobo
Rusticucci , y verdaderamente mi esposa fué la que
más daño me causó (1) .
A poder libertarme de la lluvia de fuego, me hu-
biera arrojado entre los de abajo, pues creo que lo
hubiera consentido mi Maestro; mas como me había
quemado y cocido, el miedo mas que buena inten-
ción que me inspiraba el deseo de abrazarles .
Después empecé de este modo: «No desprecio,
sino permanente dolor, vuestra condición ha excita-
do en mí, así que mi Maestro me ha dicho las frases
que debían indicar la llegada de una gente tan dis-
tinguida como vosotros .
Soy de vuestro pais, y siempre he oido y citado
vuestros preclaros nombres; me aparto de la hiel
para buscar los frutos sabrosos que me han sido ofre-
cidos por mi sincero guia; pero me es necesario des-
cender antes hasta el centro .
<<¡Por largos tiempos guíe todavía el alma tus
miembros, respondió la sombra entonces, y que lue-
go de tí iluminé tu fama! Dinos si el valor y la cor-
tesía tienen su residencia como antes en nuestra
ciudad, ó si los han proscrito de ella; porque Gui-
llermo Borsiére, que hace poco que llora con nos-
otros y va allí con nuestros compañeros; nos extre-
mece con sus palabras (2):
«La gente nueva y las ganancias súbitas han sem-
(1) Jacobo atribuye á su esposa la causa de su des-
gracia, que por ser tan mala,se vió precisado á sepa-
rarse de ella.
(2) Borsiére fué un caballero de Florencia, de fami-
lia noble, que solía ir á las cortes de los principes . Se
dice de él, que encontrándose en Gerona, se le presentó
Herminio Crimaldi, hombre rico y avaro, preguntando-
le qué pintura se podría poner a una sala, que no se
hubiese visto hasta entonces, y Borsiére le respondió :
Os enseñaré una cosa que desconoceis; pintad la libe-
ralidad.
-
69 -
brado en tí, Florencia, tal orgullo é inmoderación,
que tú misma principias ya á dolerte de ellos >>>
Les respondi erguida la frente; y al escuchar mi
contestación , las tres sombras se miraron una á
otra, como se suele hacer al oir una verdad sin ré-
plica.
Si á tan poca costa sabes complacer á los demás ,
me dijeron las tres sombras, afortunado tú que así
te es dado hablar cuando te viene bien . Por eso si
sales de estos tristes lugares, y vuelves á admirar
las divinas estrellas, cuando digas: «yo estuve en estos
lugares, haz que entre los hombres se hable de nos-
otros. » Después rompieron el círculo, y fué tan veloz
su evasión , que sus ágiles piernas parecían haberse
trocado en alas .
En menos tiempo que se gasta para decir amén ,
desaparecieron, por lo que resolvió mi guía que
partiéramos. Yo le seguía, y no bien dimos algu-
nos pasos, cuando percibimos tan cerca el ruido
del agua, que apenas nos podíamos entender al
hablar.
Como el río, que prosigue su curso al salir de
Montuiso hacia Levante, à la izquierda de los Ape-
ninos, llamado Acquacheta, antes de precipitarse
en un cauce de más profundidad, donde se pierde su
nombre en Forli, y dibujando luego una cascada, ruje
sobre el San Benedetto, donde pudiera ser retiro para
mil hombres. (1).
Así nosotros , desde la parte baja de la escarpada
roca, oimos retumbar con tal estrépito el agua te-
ñida de sangre, que en breve quedó atronado mi
oido. Llevaba ceñida una cuerda, con la que antes
pensaba apoderarme de la pantera de atigrada piel;
luego de habérmela quitado, según me ordenó mi
(1) La Abadia de San Benedetto, por su capacidad,
podría contener hasta el número de mil religiosos.
70 -
guía, se la presenté enroscada . Entonces, él, vol-
viéndose á la derecha y á bastante trecho del borde,
la arrojó al abismo profundo.
Es preciso, dije en mi interior; que corresponda
alguna cosa á la señal nueva que dá mi Maestro .
«¡Ah ! ¡ Qué circunspectos debían ser los hombres res-
pecto de aquellos que no solo ven los actos, sino que
leen con claridad en el interior del entendimiento !>>>
Y él me dijo: « En breve llegará lo que espero, y
entonces será necesario que sepas y veas claro lo que
tanto te preocupa ahora.>>
Siempre debe sellar sus labios el hombre, mien-
tras pueda, ante la verdad que se asemeja á la men-
tira, si no quiere caer en falta, sin exponerse á la
vergüenza. Pero aquí no puedo callar, y por los ver-
sos de esta comedia ( 1), para la que anhelo eterno
aplauso , te juro, lector, que ví venir nadando por un
oscuro cielo una figura sorprendente hasta para el más
esforzado ánimo, parecida al marino que desciende
á veces para soltar el áncora, presa en el escollo, ó
á buscar cualquier diferente objeto escondido en las
entrañas del mar, yque tendiendo los brazos se pliega
sobre los pies .
CANTO XVII
SUMARIOΟ
Los poetas salen del círculo séptimo, acompañados por
Gerión .- Circulo octavo; el de los Fraudulentos .
Aquí está la fiera de cola acerada, que taladra las
montañas y rompe muros y armas; hé aquí la peste
del mundo entero .
(1) Nombre que Dante dió á su poema.
71
De esta manera comenzó á hablarme mi Maes-
tro, haciendo una seña al monstruo para que se
aproximase á la orilla de nuestro marmóreo sen-
dero .
Y aquel horrible trasunto del Fraude se fué acer-
cando, con la cabeza y el cuerpo, sin fijar, sin em-
bargo, su cola en el borde. Su cara era la de un
hombre justo; su piel era muy fina, más el resto del
cuerpo era de serpiente. Tenía dos franjas velludas
que le llegaban al sobaco, y su pecho, costados y
espalda estaban llenos de nudos y manchas redon-
das . Jamás se vió entre los tártaros y turcos tela
alguna cuyo derecho y revés fuesen de más variados
y ricos colores, ni los lienzos de Aragné fueron nunca
más pintados.
A imitación de las barquillas que con frecuencia
se ven en la orilla, mitad en el agua y la otra mitad
en tierra, ó como el castor se recoge para hacer la
guerra á sus glotones germanos, así se hallaba la
fiera horripilante en el borde de piedra que con-
tiene la arena. Agitaba la cola en el vacío, levan-
tando su encorvada punta llena de veneno como la
del escorpión.
Mi Maestro me observó: «Es necesario dirigirnos
ahora hacia aquella bestia feroz, que allí yace re-
costada.»
Por lo que bajando á la derecha, dimos dos pasos
hacia atrás, teniendo cuidado de evitar la arena y
la llama. Una vez cerca de ella, ví algo más allá al-
guna gente sentada junto al abismo (1). Mi guía me
dijo entonces:
«Para que conozcas perfectamente este círculo ,
entérate de su condición, más que sea rápida tu di-
ligencia. Mientras, hablaré yo con éste para que nos
proporcione sus hombros robustos.>>>
(1) Los usureros .
72 -
Avancé solo hacia el final del círculo séptimo, en
el que yacían aquellos desventurados . De sus ojos
brotaba el dolor, con sus dos manos iban apartando
ya los vapores, ya la arena abrasadora, asemejándose
á los perros que con el hocico y las patas rechazan
las pulgas, moscas y tábanos que los devoran en la
estación del verano .
Luego de haber mirado el rostro á varios de aque-
Ilos sobre quienes llueve la abrasadora llama, sin
haber conocido ninguno, observé que pendía del cue-
1lo de cada uno una bolsa de determinado color con
cierta marca, y en la que fijaba cada uno de por sí
su ansiosa mirada (1) .
Al aproximarme á ellos para examinarlos , ví en
una bolsa cierto matiz azul, que dibujaba la forma de
un león (2) .
Después, continuando el curso de mis investiga-
ciones, ví otra bolsa roja, que ostentaba una oca más
blanca que la nieve (3) .
Uno de tantos, en cuya bolsa blanca se observaba
una gran mancha azul (4), me dijo : «¿Qué buscas en
este círculo? Vete; ya que aun vives, has de saber
que mi vecino Vitaliano (5) acudirá á sentarse aquí
á mi izquierda. Entre todos estos florentinos, yo
soy paduano; por lo que me ensordecen voceando:
<<Que venga el soberano caballero que traerá la bolsa
con tres picos (6). Después, torciendo la boca, sacó
la lengua, como un buey al lamerse las ventanas de
las narices .
(1) El poeta no los nombra, pero empaña sus es-
cudos .
( 2) Los Gianfigliazzi florentinos , cuyos blasones ó
armas eran un león azul en campo de oro.
(3) Los Umbriachi, que ostentan gules y una blanca
оса .
(4) Armas de Seravigni de Padua.
(5) Vitaliano del Dante, gran usurero de Pádua .
(6) Buiamonte, usureró florentino.
73
Pero temiendo que mi tardanza incomodara á mi
guía, que me había encargado la presteza, volví la
espalda á aquellas miserables almas. Ya hallé á mi
Maestro, que había saltado á la grupa de la fiera
horrible (1), el cual me dijo: «Ahora, sé valiente y
fuerte .
Unicamente en escalas cual esta se puede descen-
der por aquí. Sube á la delantera, pues quiero estar
entre la cola y tú , para que no recibas daño al-
guno .»
Como el calenturiento,que tiene las uñas pálidas
y tiemblan sus miembros todos, con solo mirar la
sombra, me puse yo al oir aquellas palabras; más
sus amenazas me inspiraron el rubor que alienta á
un criado á presencia de un amo benigno.
Coloquéme sobre sus grandes hombros, con la idea
de decir: «Haz por sostenerme, » pero se ahogó mi
VOZ .
El, sin embargo, que ya me había favorecido dis-
tintas veces ante el riesgo, apenas hube subido, me
asió con sus brazos, y sosteniéndome dijo :
«Gerión, comienza á marchar, no evites los gran-
des rodeos, y haz que sea rápido el descenso: calcula
la nueva carga que llevas.>>>
Como la barca que se aparta de la orilla, em-
pezó á retroceder, y cuando advirtió lo libre de sus
movimientos , giró la cola hacia el pecho, y estirán-
dola, la agitó cual una anguila, atrayendo hacia sí el
aire con sus garras agudas .
No creo más apurado á Faetonte, al abandonar
las riendas y abrasarse el Cielo, ni al pobre Icaro,
cuando al reblandecerse la cera sintió que iba á per-
der sus alas, y su padre le gritaba: «¡Mal camino
llevas!» que lo estaba yo, cuando me hallé en los
(1) Gerion, rey de Erytia, trasunto del Fraude. Fué
vencido por Hércules .
-
74-
aires, sin ver por todas partes más que la horripilante
figura de la fiera .
Empezó á nadar lenta y pausadamente, después
dió vueltas, siempre descendiendo, sin que yo lo pu-
diera notar mas que por el aire que azotaba mis me-
gillas, y que debajo de nosotros gemía.
Al mismo tiempo oí que el abismo hacía un es-
truendo espantoso á mi derecha, tanto, que tuve que
inclinar la cabeza y los ojos; en aquel instante fué
cuando subió de punto mi pánico, pues ví fuegos,
oí gemidos, y todo convulso me reconcentré en mí
mismo .
Del propio modo que antes no veía, noté entonces
que descendíamos, volteando en torno de agudos do-
lores, que cada vez se nos aproximaban más por to-
dos lados .
Como al halcón, que ha elevado sus alas por mu-
cho tiempo sin descubrir rastro de ave, á quien por
fin dice el halconero: «¡Desciende pues! » Rendido
desciende á su voz de las alturas do trazara rápidos
círculos, y despechado vá á posarse lejos de su due-
ño; así nos depositó Gerión en el abismo en el fondo,
junto á un ruinoso peñasco, y al verse desembara-
zado de nuestros cuerpos, como flecha disparada, se
alejó .
75 -
CANTO XVIII
SUMARIO
El poeta relata la forma y paraje del círculo octavo, cu-
yo fondo se divide en diez departamentos; en este
canto trata sólo de dos .
-Se clasifica en diez calabo-
zos. En el primero están los rufianes y seductores ,
apaleados por los demonios .- Halla Dante en él á
Caccianimico y a Jasón. En el segundo están los
aduladores y cortesanos, sumidos en un occéano de
inmundicia .
En el Infierno hay un sitio nominado Malebolge,
que es de piedra cobriza, como el del circuito que lo
encierra (1) . En el mismo medio de aquella fúnebre
llanura, se abre un pozo aucho y hondo, del que
oportunamente detallaré la estructura .
El espacio intermedio entre el pozo y el extremo
de aquella triste ribera, es circular, y dividido su
fondo en diez valles . Para la custodia de sus mura-
llas , hay infinitos fosos que circunvalan los castillos ,
que por este medio son más seguros; de la base del
monte se arrancan grandes peñas que cortan los fo-
sos y los abismos hasta el foso en que se unen y se
pierden.
Al apearnos de la grupa de Gerión nos hallamos
en aquel tétrico lugar. Mi guía tomó por la izquierda
y yo le seguí; á mano derecha contemplé nuevos ob-
jetos de piedad, nuevos castigos y también nuevos
verdugos que invadían el primer valle.
Las víctimas se hallaban desnudas en el fondo;
la mitad de ellas se dirigían á nosotros, en tanto que
(1) Malebolge. Fosos maldecidos.
76 --
la otra mitad seguían nuestra misma dirección, pero
acelerando el paso .
Como los romanos, que á causa de la multitud que
atraviesa el puente San Angelo en año de Jubileo,
adoptaron la medida de que los que se dirigieran al
castillo, yendo á San Pedro, siguiesen por un lado, y
por otro los que se encaminasen al Monte Giordano;
así ví á uno y otro lado en el negro peñón varios de-
monios con cuernos y armados de grandes trallas ,
con las que azotaban inhumanamente por la espalda
á los infelices condenados .
De tal suerte levantaban los piés al primer latiga-
zo, que ninguno esperaba el segundo ni el tercero.
Siguiendo mi camino, se fijaron mis ojos en un con-
denado, y desde luego me dije: «Esta no es la prime-
ra vez que le he visto » Y me paré para verlo mejor;
mi amado Maestro también se detuvo conmigo, y
hasta permitió que retrocediera un poco .
El azotado se figuró sustraerse bajando la cabe-
za, más no fué así, y le dije: «Por mucho que incli-
nes la vista, si no mienten tus facciones, debes ser
Venedico Caccianimico. ¿Qué delito purgas con pena
tan cruel ? »
Y á su vez respondió: «Con empacho lo digo, ce-
diendo á tu sonora voz, que me recuerda el mundo
de otros tiempos. Fuí yo quien indujo á la preciosa
Ghisiola á complacer la voluntad del marqués, á pe-
sar de lo que dicho se haya respecto á esta histo-
ria (1) . Yo no soy el sólo bolonés que llora aquí; an-
tes los hay en este lugar, en tan gran número, como
entre el Savana y el Reno (2). No hay tantas lenguas
en este momento que acostumbren á decir sipa (3 ) , y
si de ello te quieres convencer, acuérdate de nuestra
sabida avaricia . »
(1) Hay quien disculpa á Venedico .
(2) Ríos de Bolonia .
(3) En vez de sia, sí ; los boloneses dicen sipa.
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77 -
Y como continuara hablando, un demonio, sacu-
diéndole un latigazo, le dijo : «Adelante, rufián, que
aquí no hallarás mujeres que vender.>>>
Reunime entonces á mi guía, y luego de andar al-
gunos pasos , llegamos al sitio donde arrancaba un
peñasco del monte; le cruzamos con brevedad, y gi-
rando á mano derecha por la peña, nos hallamos fue-
ra de aquel sempiterno recinto .
Al llegar al paraje en que se abre por debajo para
dejar paso á los condenados, me observó mi Maestro:
<<Detente y haz por ver á estos otros condenados, cu-
yos semblantes no has podido examinar porque lleva-
ban nuestra misma dirección.>>>
Desde el antiguo puente vimos la hilera que se di-
rigía hacia nosotros de la otra parte, la cual era igual-
mente azotada. Mi Maestro, me dijo: «Repara esa
gran sombra que se acerca , y que sin embargo de su
dolor, parece no exhalar un ay. ¡Qué continente tan
nobie conserva aun! Es Jason, que por prudencia y
valor arrancó el toisón á la Coloquida: pasó por la
isla de Lemmos , luego que sus bárbaras mujeres co-
metieron la villanía de dar muerte á todos los varo-
nes que en ella se encontraban. Allí, con su habili-
dad y dulces palabras , engañó á la bella Hipsipyle,
que antes engañó á sus compañeras. La dejó en
cinta, sóla y abandonada, condenándola aquel crimen
al torcedor, que á un tiempo fué la venganza de
Medea (1) .
Le acompañaron todos los que engañan del pro-
pio modo; esto te basta saber respecto á los que son
torturados en este primer valle>>>
Ya nos ballábamos en el sitio en que un angosto
sendero penetra en el foso segundo, y que un puente
se cruza con otro Vimos en el otro ámbito á los que,
coléricos é hiriéndose á sí mismos, se lamentan .
(1) Medea , a quien Jason abandonó también .
78 -
Están las riberas llenas de un moho, producto
del vapor de abajo, que sin cesar fatiga la nariz y los
ojos . El fondo es tan hueco, que fué necesario subir
á la cumbre del arco, de cuyo punto domina más el
peñasco . Allí, en el fondo del foso, vimos mucha
gente metida en un estiércol, parecido al de las le-
trinas humanas .
Mientras hacía por penetrar mi vista en el inte-
rior, ví una cabeza tan llena de excremento, que im-
posible era distinguir si pertenecía á clérigo óá se-
glar. Dicha cabeza me gritó: «¿Por qué te fijas más
en mí que en los otros desfigurados?»
Yo le contesté: «Porque si mi memoria es fiel, te
he mirado otras veces con la cabeza limpia; tú eres
Alejo Interminelli, de Luca; esta es la razón por qué
me fijo en tí más que en los otros ( 1) . »
Entonces, golpeándose la cabeza, dijo: «Si de
este modo estoy sepultado, es por la adulación per-
pétua que prodigó mi labio . »
Luego de esto, mi guía me dijo: «Haz de suerte,
que adelantando la cabeza, veas la faz de aquella
sucia esclava desgreñada, que se destroza con sus
uñas repugnantes, y que ya se encoje, ya se ende-
reza .
Es la cortesana Thais, que cuando su amante le
dijo: «¿Tengo muchos méritos á tu vista?» le respon-
dió : « Maravillosos . >>>
« Que queden saciadas aquí nuestras miradas. »
(1) Espléndido y liberal caballero; pero según Dante
un gran adulador.
79 -
CANTO XIX
SUMARIO
Calabozo tercero del círculo octavo, do están los simo-
niacos . Sus cuerpos se hallan hundidos en el cala-
bozo, y sus piernas son presas de las llamas .-En este
circulo encuentra el Dante al Papa Nicolás III , y re-
crimina sus obras como las de los otros prelados ,
aunque otros cronistas pretenden que aquel pontifi-
ce, oriundo de la casa de Orsini , fue un varon digní-
simo.
¡Oh mago Simón, oh míseros sectarios , almas vi-
les que prostituís con el oro las cosas de Dios, que
debian ser compañeras de la virtud (1).
En la orilla y en el fondo ví la piedra lívida, pla-
gada de agujeros de la misma anchura, y todos igual-
mente redondos. Ni me parecían más grandes ni me-
nos anchos que los que se hallan en mi hermoso San
Juan, sirviendo de bautisterio ( 2) .
Hace años que rompi uno porque un niño estaba
ahogándose en él, y que esto sirva para desengaño de
todos(3) .
Por la boca de cada uno de aquellos agujeros aso-
maban los piés y piernas de un pecador, y el resto
del cuerpo permanecía dentro . Como los piés arroja-
(1) En las Actas hay escrito, que el mago Simón de
Samaria ofreció dinero á San Pedro para que le vendie-
ra el dón de hablar todos los idiomas y hacer milagros,
y que fué maldecido por los apóstoles; los simoniacos
son aquellos que negocian con las cosas espirituales.
(2) San Giovani, bautisterio en Florencia.
(3) Cuando Dante rompió el cobertor del bautisterio,
fué acusado de sacrilegio.
80
ban llamas, se sacudían con tal violencia las juntu-
ras, que eran capaces de romper cuerdas y lazos.
Como la llama de los objetos que encierran grasa sube
á la superficie, así aquella llama permanecía fija en
las plantas de los piés.
<<Querido Maestro, le dije: ¿quién es aquel que
furioso se agita más que los otros, y en el que la lla -
ma se ceba con más fuerza? »
« Si desciendes á la parte inferior de la ribera, me
contestó, sabrás sus delitos por él y los de los de-
más.»
A lo que observé: «Con gusto haré cuanto me di-
gas; eres mi guía y Maestro, y no me aparto de tu
voluntad; tú sabes hasta lo más oculto. »
Ascendimos entonces á lo más elevado de la cuar-
ta calzada , y dando la vuelta, declinamos por la iz-
quierda al fondo del foso angosto, en que estaban los
agujeros . Mi buen Maestro no se apartó de mi lado
hasta conducirme al agujero de aquel que parecía más
torturado .
«¡Ay! cualquiera que seas, tú que tienes la cabe-
za hacia el suelo y los piés en el aire, alma desgra-
ciada, tranquilízate si te es dado (1) .
Mi posición era la de un religioso que confiesa al
inícuo asesino que, estando perdido, le llama á sí
para evadir la muerte.
A su vez, exclamó: «Bonifacio, ¿estás aquí ya? (2)
Hace muchos años que ha dejado de cumplirse la
profecía. ¿Tan pronto te han cansado aquellos bienes
por los que te atreviste casarte por el fraude con la
ilustre dama y ultrajarla? (3)»
Me quedé como los que se ruborizan de ignorar
lo que se les pregunta y no pueden responder.
(1) La sombra del Papa Nicolás III , de la casa de Or-
sini, electo en 1277.
(2) Bonifacio VIII, que falleció en 1303.
(3) La Iglesia.
81
Virgilio me indicó: «Dile pronto, «no soy aquel,
ni soy el que tú eres;» yo obedeci. Por lo que el es-
piritu, crispando sus dos piés y dando un lánguido
suspiro, me dijo con acento quejumbroso: ¿Qué pi-
des, pues?
Si quieres saber quién soy, hasta el punto de ha-
ber venido por ello salvando estas breñas, sabe que
fuí revestido con el gran manto , que verdaderamente
fuí hijo de la Osa (1), y tan concupiscente, que con
objeto de criar los oseznos, guardé todo el oro de la
tierra en mis arcas, y yo mismo me metí en la de
aquí abajo (2).
Debajo de mi cabeza están los demás simoniacos
que me precedieron, enterrados en esta grieta de pie-
dra. Yo caeré en ella cuando llegue aquel por quien
te tomé, al dirigirte mi súbita pregunta. Más desde
que mis piés arden y me veo en esta triste postura,
ha pasado más tiempo del que tendrá que soportar él
este acerbo dolor, porque llegará luego de él, y de la
parte de Occidente, encorvado por sus crímenes, un
pastor sin ley (3), á quien corresponderá cubrirme .
Será otro Jason, semejante al del libro de los Maca-
beos, y como su rey fué débil para este, también lo
será el de Francia para con el otro. >>>
No sé si estuve algo duro, pero le respondí de
este modo: « Dime, sin embargo, ¿qué tesoro exigió
Dios á San Pedro para poner en su poder las llaves?>>>
No le pidió nada, y sólo le dijo; « Sígueme. »
Ni Pedro ni los otros quitaron su oro á Matías al
elevarlo al puesto vacante por la traidora alma (4) .
«Quédate aquí, pues, ya que tan justo ha sido tu
(1) Se refiere a Orsini , nombre de su familia.
(2) En los fosos titulados de Malebolge.
(3) Clemente V, Arzobispo de Burdeos, que por favor
de Felipe el Hermoso, fué Papa en 1303, luego de muer-
to Bonifacio VIII .
(4) Judas , reemplazado por Matías .
DANTE 6
82
castigo , y conserva tu mal adquirido dinero, que tan
atrevido te hizo contra Carlos (1). Y si no fuera por
el respeto a las soberanas llaves que guardaste du-
rante tu vida, usaría contigo de términos más duros,
porque el mundo se horroriza al contemplar vues-
tra avaricia, que hunde á los buenos y ensalza á los
malos.
Pastores , el Evangelista os vió al considerar á la
que se sienta sobre las aguas, prostituída ante los re-
yes , á la que vino al mundo con siete cabezas, y es-
trajo su fuerza de sus diez cuernos, en tanto que su
virtud plugo á su esposo. Os convertisteis en dioses
del oro; sólo existe entre el idólatra y vosotros la di-
ferencia de que él adora á uno y vosotros adoráis á
millares .
¡Oh Constantino! ¡Cuántos males trajo, no tu con-
versión, sino la renta que de tí recibió el primer
opulento Papa!
Y en tanto le cantaba yo estas notas, no sé si por
la rabia ó por el remordimiento súbito, sacudió con-
vulsamente sus piés . Creo que mi guía me oyó com-
placido, pues escuchaba con satisfacción mis sinceras
frases . Así , pues, me abrazó , y al apretarme, tornó á
subir por el camino que antes descendiéramos, y no
dejó de estrecharme contra su pecho hasta que llega-
mos á lo encumbrado del puente, que marcha de la
cuarta á la quinta calzada
Allí posó su dulce peso sobre el duro y escabroso
peñasco, que aun para cabras habría sido un ruín
sendero.
Desde aquel punto se veía un nuevo valle.
(1) Carlos I, rey de Pulla, procedente de la casa de
Francia.
-
83 -
203 万 2000 000 OTO HD) PORT TO
9951 11 CANTO XX 21
PRIORAREG 78 0 202 00108, PRE
BRINE AMIZAB & SUMARIO
濃 11000220 600 1000
Calabozo tercero del círculo octavo, donde están los 4
adivinos. Van hacia atrás con la cara vuelta á la es-
palda. Teresias, Arona y Manto Tebana, que cuenta
Virgilio el origen vnombrede Mantua. Eurypiles ,
Miguel Scott, Guido Bonnatti. Ambos poetas conti-
nuan su viajeros om
Mis versos deben cantar aqui un nuevo suplicio.
El vigésimo canto será objeto del primer cantico, que
se refiere a los condenados .
Ya me preparaba á contemplar la llanura extensa
que tenía a la vista, rociada de angustiosas lágrimas,
cuando vi venir gente por el valle, llorando en silen-
cio; iban con paso mesurado, cual las procesiones en
el mundo, Al mirarlos más cerca , me pareció que to-
dos aquellos condenados estaban torcidos de una ma-
nera particular, desde la barba al tórax. El rostro lo
tenian inclinado hacia los lomos, y no podían andar
hacia atrás, pues habían perdido la facultad de mirar
porTal
delante
vez un hombre pueda quedar así por efecto de
parálisis, pero jamás lo he visto ni puedo llegarlo á
creer. ¡Oh lector! si Dios permite que saques algún
fruto de esta lectura, calcula por tí si mis ojos podían
estarse enjutos, cuando vi de tan cerca nuestra cara
torcida, hasta el caso de correr las lágrimas por la
canal de la espalda.
* Entonces , digo ciertamente que lloré, apoyado en
una peña de la áspera montaña, y mi Maestro me
dijo : «¿Eres también tú de los insensatos? No existe
la piedad cuando se ha muerto enteramente. Hay ma
-
84 -
yor crimen que enternecerse por los actos de la jus-
ticia divina?
Alza la cabeza y observa á aquel, por el que se
abrió la tierra á vista de los tebanos, cuando grita-
ban: «Anfiarao (1) , ¿dónde caes? ¿por qué abandonas
la guerra?» Y él no paró de caer en el abismo, hasta
que hubo llegado á Minos, que asió á todos los cul-
pables.
Vé sus hombros convertidos en pecho; por haber
mirado harto pronto hacia adelante, ahora mira hacia
atrás y sigue una marcha retrógrada.
Mira á Tiresías, que cambió de aspecto, al trocar-
se de varon en hembra, trasformado de los piés á la
cabeza; teniendo que vencer con su vara á la dos ser-
pientes unidas, antes de recuperar el pelo viril (2) .
El que anda tras su vientre es Arón (3); en los
montes de Luni, cuidados por el carrarés que mora
en su pié, tuvo de los mármoles blancos la cantera
por vivienda, sin que desde aquel punto limitase nada
su vista al contemplar el Océano y las estrellas .
Y la que con sus trenzas sueltas se cubre el seno
que ver no puedes, y tiene en el otro lado la piel ve-
lluda, fué Manto (4), que recorrió varios paises, hasta
fijarse en el que yo nací; por lo que me complacerás
en escucharme ,
Luego que su padre dejó la vida, la ciudad de
(1) Anfiarao, uno de los reyes que sitiaron á Tebas.
Predijo que moriría en aquel sitio, y efectivamente , se
abrió la tierra en lo más fuerte del combate, y lo trágó
con su carro .
(2) Tiresias, se volvió Tebano. Vid. Ovid. Metam,
Lib. III .
(3) Arón se volvió Toscano. Vid. Lucano. Farsa-
lia, P. I.
(4) Manto, maga , hija de Tiresias. Muerto su padre,
abandonó su país por libertarse de la tiranía de Greon;
luego de haber ido errante mucho espacio,llegó á Italia.
Tuvo de Tiberino á Ocno ó Bianor, que fundó á Mantua.
-
85
Baco (1), fué sumida en la esclavitud , y recorrió ella
el mundo por largo tiempo .
Allá arriba en la preciosa Italia existe un lago
cerca de los Alpes que ciñe la Alemania hacia la parte
del Tirol, llamado Benaco. Tengo entendido que mil
corrientes, y aún más, aumentan entre Garda, Val-
Camonica y el Apenino, el agua que reposa en aquel
magnífico lago .
Enel centro se vé un punto desde el que el pas-
tor de Trento y los de Brescia y Verona podrían dar
las bendiciones y seguir aquel camino. En la parte
más baja tiene su asiento Peschiera, gran fortaleza,
suficiente á cobijar á los habitantes de Brescia y Bér-
gamo. Allí precisamente cae todo lo que no cabe en
el seno de Benaco, formándose un río que baja por
medio de verdes pastos. Cuando emprende su curso
la onda, ya no se llama Benaco, y sí Mincio, hasta Go-
verno, de donde baja al Pó.
Poco viaja sin encontrar una llanura en la que se
esparce y estanca, haciendo que en el verano sea no-
civo á la salud. Al cruzar por allí la esquiva virgen
vió sin cultivo la pantanosa tierra y sin moradores , y
se detuvo con sus esclavos para precaver todo huma-
no consorcio y practicar todo su arte de maga, do vi-
vió y dejó sus restos mortales .
Entonces todos los hombres que dispersados va-
gaban por su contorno, se reunieron en aquel paraje,
defendido por todos lados por la laguna; alzaron una
ciudad cimentada sobre los huesos de la difunta y le
pusieron el nombre de la primera moradora, ó sea
Mántua , sin otro motivo. Sus habitantes fueron mu-
cho más numerosos antes que Casadoli fuese víctima
de la falacia de Pinamonte (2) .
(1) Tebas.
(2) Pinamonte de Bonacorsi rogó á Casadoli que des-
terrase á muchos nobles que temía, y con facilidadde-
Tribó luego al crédulo conde de Mantua .
86
9.31 10 0
Te hago estas declaraciones para que no ignores
el origen de mi patria.>> 119 is al 2
Ami vez le dije: «Maestro, tan luminosas son. tus
palabras, y de tal manera absorben mi alma, que to
das las demás serían pavesas de carbón. Mas dime
si entre las sombras que avanzan hay alguna digna
de atención, porque esta idea es la que ahora me do-
minam
Yme contesto: «Aquel cuyas barbas van áa posar-
se sobre sus atezados hombros, cuando la Grecia ca-
recía de varones , pues apenas silos había en las cunas,
fué augur, y dió con Calcas en Anlide la seña para
cortar el primer cable. Se llamó Euripiles, y asi lo
canta mi tragedia en algún sitio; no lo ignoras, tu
que la sabes de memoria ,
El otro, que tiene tan huecos sus costados, fué
Miguel Scott, que supo con certeza la combinación
de los mágicos fraudes (1) .
Mira à Guido Bonalti (2) , á Asdente (3) , que de-
searía ahora no haber abandonado sus cabos y cue-
ros ; pero es tardío su arrepentimiento.
Observa las desgracias que echaron á un lado la
aguja, la lanzadera y el huso, para hacerse adivinas,
y que efectuaron maleficios, ya con yerbas, ya con
imágenes.
Mas ven, porque ya el astro en que se descubre
á Caín y los zarzales , invade el límite de ambos he-
misferios , y toca el mar á la parte baja de Sevilla,
En la postrera noche era redonda la luna; ya te
acordarás que no te dañó siempre en la umbria
selva om
Así me hablaba y en tanto seguíamos, nuestra
marcha .
41
(1), Scot, astrónomo de Federico Il , emperador.
(2) No hacía nada el conde Guido Montefeltro, sin
consultarlo con el 109 108 eger etir
(3) Zapatero y astrólogo de Parma.
87 -
CANTO XXI
SUMARIO
Foso quinto del circulo octavo, en el que moran los que
hicieron comercio de la justícia. Están sumidos en
un lago de pez hirviendo. Los demonios, armados
con arpones, se arrojan con furia contra los poetas;
pero á una orden del que los manda, les dejan franco
el paso. Infierno bufo.
-Depuente en puente, y tratando de varias cosas
que mi lira no piensa cantar, íbamos avanzando; ya
estábamos en el foso quinto, cuando paramos para
contemplar la otra grieta de Malebolge y demás in-
útiles lágrimas; estaba muy oscura.
Según cuece la pez en el invierno en el arsenal
de Venecia, para reparar los averiados buques en
los que no puede navegarse, y en el que tan veloz-
mente se construye un nuevo buque, como se cala-
fatean los lados de otro que ha viajado mucho, y
donde unos golpean la popa, otros la proa, en tanto
que otros hacen los remos, tuercen los obenques y
preparan la mesana.
Así, no por la influencia del fuego, sino por la de
la divina voluntad, hervía en el fondo del hoyo una
espesa materia, que embadurnaba el borde por una
y otra parte .
Yo la contemplaba, más solo veía en ella el bor-
botón que levantaba el hervor; dicha materia iba
creciendo en volumen, para caer otra vez aplas- )
+
tada 28
*En tanto me estaba fijando en el fondo, me dijo
mi Maestro : «Ten precaución, » y me llevó hacia su
lado, arrancándome del sitio en que estaba.
88 -
En aquel punto me volví, cual hombre que anhela
ver aquello de lo que debe alejarse, y que se halla
sobrecogido de un súbito miedo; y que por ver no
retarda su partida, y tras de nosotros pude ver un
diablo negro que venía á galope por el puente.
¡Qué horrendo y feroz era su aspecto , y qué ame-
nazadores me parecían sus gestos, cuando venía hacia
mí con las alas abiertas y con piés veloces .
En su saliente espalda llevaba un pecador, y lo
tenía asido por el nervio del pié.
Al llegar á nuestro puente, dijo: «¡Oh Malebran-
che! (1) Aquí está uno de los antiguos de Santa Ci-
la (2); colocadle debajo, que yo me vuelvo aun á la
tierra en que tantos hay. No se halla hombre allí
que sea bueno, á excepción de Bonturo (3); por di-
nero alli, de lo blanco os hacen negro . »
Lo arrojó al fondo, y retrocedió por el duro peñas-
co, sin que haya corrido ningún mastín suelto , per-
siguiendo á un mathechor con tanto ardor.
Se hundió el pecador, y no tardó ensubir comple-
tamente manchado, per o los demonios que se refu-
giaban en el puente, gritaron: «Aquí no se trata de
Ja Santa Faz (4).
El nadar de aquí es muy diferente al del Ser-
chio (5).
no rice
Si quieres precaverte de nuestros rasguños,
s la flor de la
pez .»
(1) Malebranche
malditas garras.-Nombre usual
de los demonios del, foso quinto, do están los que han
traficado
nengar dela
con
ras justic
le ón . ia,
los que dice Grangier que tie-
(2) a Sant
dich aCils
santa. só la ciudadde Luca, donde se venera
Daitiironí
(3) Cruel
familia , a contra aquel Benito Bonturo, de la
Ciudad de Lu ca.tenido por el hombre más venal de la
(4) La Sarita Faz, imagen de Jesucristo, pertene-
cien nosáNic
lucate en ode de discí
musiasu
la igles pulo,ín.y que muestran los
San Mart
(5) Sere hio, rio que baña las cercanías de Luca.
-
89 -
Después lo cogieron con más de cien arpones, di-
ciendo: «Es necesario que bailes aquí á cubierto, y
si prevaricas será oculto siquiera . »
De igual suerte lo ejecutan los cocineros para hun-
dir con los tenedores los pollos que no quieren que
sobrenaden en el caldo .
Mi guía me dijo: «Para evitar tu presencia, ampá-
rate de una roca que te oculte .
No temás nada, cualquiera que sea la ofensa que
me puedan inferir, pues ya es la segunda vez que me
hallo en esta contienda. »
Acabó luego de pasar el puente, necesitando de
toda la serenidad que en su aspecto revelaba, al llegar
á la ribera sexta .
Con el ímpetu que se arrojan los perros sobre el
infeliz que pide un socorro á la casa en que se para,
treparon los que estaban debajo del puente, y volvie-
ron sus aguzados garfios contra mi Maestro, que gri-
tó: «¡Que nadie me toque!
Primero que me alcancen vuestras horcas, que se
adelante uno, que me oiga, y que luego pregunte si
debe ser perdonado. >>>
A lo que todos dijeron: «Anda, Malacoda (1) . Uno
de ellos se aproximo, en tanto los demás permane-
cieron inmóviles, y al llegar, exclamó: «¿En qué te
puedo servir?»
¿Te figuras , Malacoda, que me contemplarías sa-
no y salvo aquí, sin embargo de vuestras armas, di-
jo mi guía, si no fuera por la divina voluntad y el
próspero destino? Consiénteme el paso, porque en el
cielo se ordena que muestre á otro ese salvaje camino.
De tal manera quedó vencido entonces el or-
gullo del demonio, que la horca cayó á sus piés, y
dijo á sus compañeros : «Marchemos, que no se le
toque.>>
(1) Objeto maldito.
90
Y mi Maestro se dirigió á mí : «Tú, que tan ocul-
to estás entre las rocas, ven ahora á mí sin cui-
dado »
Por lo que en el momento fuí á reunirme con él ;
los demonios avanzaron también, tanto, que llegué á
temer faltasen á lo tratado .
Temblé como en cierta ocación ví temblar á los..
quepor virtud de un tratado salían de Caprona (1), al
verse rodeados de multitud enemiga .
Me aproximé cuanto pude á mi Maestro, sin des-
viar la vista del rostro de aquellos que nada bueno
presagiaban , puesto que disponían sus garfios:
«¿Quiéres que le toque con el arpón?» dijo uno de
ellos á otro; y contestaron todos: " Sí, plántaselo .>>>
Mas el demonio que había hablado con mi guía,
súbito se volvió diciendo : « Poquito á poco, Scarmi-
glione (2). »
Después se dirigió á nosotros diciendo: «Dad más
rodeo, no podéis seguir por esa peña, porque el arco
sexto yace hecho trizas en el fondo.
Sin embargo, si queréis pasar más adelante, diri-
gios por esa roca escarpada, cerca de ella hay otro
puente por el que podéis atravesar.
Mil doscientos setentay seis años hizo ayer, cinco
horas después de la presente, que quedó interceptado
este camino (3) . i
Envio allí á varios de los míos para que observen
si alguno saca la cabeza al aire; marchad con ellos,
pues no os causarán el menor daño .
Adelante, Alichino (4) y Calcabrina, comenzó á
(1) Caprona, fortaleza de los Pisanos en la ribera del
Arno, de la que se hicieron dueños los lucanos, y que
por capitulacióndevolvieron a los Pisanos.
(2) Que arranca los cabellos.
(3) Por terremoto acaecido cuando la muerte de
nuestro S. J.
(4) Alichino, que obliga a inclinar á los demás.-
Cagnazzo, perro malvado.-Barbariccia, barba erizada.
91
decir, y tú también, Cognazzo; Barbariccia dirigirá
la decena .
Vengan además Libicocco y Draghinazzo, Ci-
riatto, de grandes colmillos; Graffiacane, Farfarello y
el loco Rubicante .
Buscad alrededor de la hirviente liga; que lle-
guen salvos esos dos hasta el puente entero que lleva
al foso . F
?
Oh Maestro! dije yo entonces, ¿qué es lo que es-
toy viendo? si es que tú conoces el camino, marche-
mos solos, sin esa escolta; yo no la pido.
¿Si eres prudente como acostumbras, no ves
cómo rechinan los dientes y nos amenazan con su
ademán?»
Y me respondió: «No quiero que te amedrentes;
déjalos que castañeteen con sus dientes. Solo lo ha-
cen por los infelices que hierven aquí. >>
Se lanzaron por el camino de la izquierda, no sin
haber apretado antes sus lenguas entre sus dientes,
como muestra de inteligencia con su jefe. 20 100
Y este hizo una trompeta de su cola.
CANTO XXII
SUMARIO
Prosecución del foso quinto.-Hallan los poetas á Giam-
polo, ministro del rey Teobaldo, que comerció con el
favor de su dueño .-Inventiva de Giampolo para pre-
caverse de los garfios de los demonios.-Caen riñendo
dos demonios en la pez hirviendo.
Yo había visto marchar varios ginetes; trabar
combate , batirse, yá veces emprender la retirada .
-Libicocco, deseo voraz.-Calcabrina, que pisotea el
rocio, sea ladivina gracia. Grafficanne, perro que
araña. Farfarello, charlatan. Rubicante, inflamado.
Estos eran los nombres que les da Landino .
-
92 -
Había presenciado el hacer escursiones á vuestra
patria, moradores de Arezzo, y devastarla casi por
completo; había visto luchar en justas y torneos, ya
al eco de las trompetas, ya al tañido de las campa-
nas, como al son de los tambores y otros bélicos ins-
trumentos, con todo el aparato consiguiente .
Pero jamás ningún instrumento de aire tan raro
había visto indicar marcha á infantes ni á ginetes ;
nunca en los mares sirvió de guía á ningún buque
faro parecido .
Nosotros íbamos detras de los diez demonios (¡qué
terrible compañía) más con los santos, en la iglesia,
y en la hostería, con los glotones .
A pesar de todo, mi imaginación se preocupaba
en la pez, para investigar todos los rincones del foso,
y á los que ardían en él .
Como los delfines, que formando arco saltan del
agua y que sirven de señal á los marineros para que
salven su embarcación;
Asi varios condenados, para dar alivio á su pade-
cer, asomaban la espalda, y súbito la volvían á
ocultar.
Y como en la laguna tienen la cabeza á la flor
del agua, escondiendo el resto del cuerpo, permane-
cían allí los pecadores asomando también su cabeza,
más tan pronto como se aproximaba Barbariccia, se
sumergían veloces en la ardiente pez .
Mi corazón aun está transido de horror, al re-
cordar que ví á uno que tardó en ocultarse, como
acontece á las ranas más perezosas, cuando Graffia-
cane, que era el que tenía más próximo , lo enganchó
por los cabellos, y lo sacó fuera como si se tratara
de una nutria .
Yo sabía los nombres de aquellos demonios por
haberlos oido nombrar al ser escogidos .
<<Rubicante, plántale tu horca por la espalda; de-
suéllalo, voceaban aquellos maldecidos .>>>
-
93 -
Entonces dije á mi guía: «Procura indagar si
puedes , quién es el infeliz caído en las garras de sus
enemigos.>>>
Mi Maestro le interrogó de dónde era, y le con-
testó: «En el reino de Navarra tuve mi cuna (1) .
Mi madre me acomodó en casa de un noble ; me
tuvo por un disipador que había consumido su salud
y fcrtuna; más tarde tuve el favor del rey Teobaldo,
é hice comercio con los empleos y honores, cuyo cri-
men espio en este caldo volcánico.>>>
Ciriato, al que le asomaba un colmillo por cada
lado de la boca, como á los jabalíes, le hizo conocer
cuan terribles eran aquellos colmillos .
También acudió el ratón entre aquellos malos
gatos, más Barbariccia lo cogió y dijo: «Estate aquí
mientras le planto los garfios . »
Y dirigiéndose á mi guía, le dijo: «Pregúntale
si alguna cosa más deseas saber
aber antes de descuarti-
zarlo . »
Mi Maestro : « ¿Conoces entre los condenados su-
midos en la pez algún latino?» A lo que respondió:
<<Acabo de separarme de uno que fué vecino de Ita-
lia. ¡Ah, si estuviese oculto como él, no temería las
garras y los garfios !
Libicocco exclamó entonces : « Harta es nuestra
paciencia, » y con su arpón le agarró los brazos, arran-
cándole el antebrazo del primer golpe.
Draghignazzo pretendió cogerle por las piernas,
más su decurión se volvió hacia ellos con indigna-
dos ojos.
Al ver mi guía que se habían calmado los áni-
mos , preguntó presuroso al infeliz herido :
«¿Quién es aquel de quien en hora menguada te
separaste para venir a la orilla?» Y contesto: «Es el
(1) Era Giampolo ó Ciampolo .
94
hermano Gomite (1 ), gobernador de Gallura , fiera de
indignidad, que se apoderó de los adversarios de su
maestro, y se compuso de suerte que todos le rin-
diera alabanza .
M
Cogió el oro y les dió libertad; según él 10 con-
fiesa, y en los demás cargos que ejerció no fué un
mediocre , sino un completo prevaricador.
Está muy unido á él D. Miguel Sancho de Logo-
doro, sin que vean hartas sus lenguas de hablar de
Cerdeña (2) .
¡Oh! ved cómo rechina los dientes aquel; temo
que se prepare å herirme . »
Pero el capataz de los demonios miró á Farfare-
llo, que giraba su vista de una a otra parte, querien-
do darle martirio, y le dijo : « ¡Quitate de ahi!>>>
Si deseáis ver á algunos lombardos ó toscanos, ob-
servó después la aterrada sombra , los haré llegar.
Pero que desvien un tanto las crueles garras, para
que no teman el castigo; yo mismo, sentado en este
lugar, sin embargo de estar sólo, haré que vengan
siete de ellos, sólo con silbar, como acostumbramos
cuando algún condenado asoma la cabeza. » 20 : 1
A'estas frases levantó el hocico Cagnazzo, y mo-
viendo la cabeza, dijo: «¡Veis la nueva traza que
ha inventado para penetrar nuevamente en el es-
tanque? 2561
LEEntonces, la sombra, que tenía muchos lazos ten-
didos, respondió: «Efectivamente, me doy trazas
para exponer así á mis compañeros á tormentos ma-
yores »
. fum audu s 100 da
No le hizo ninguna resistencia Alichino; yen
oposición notoria contra los demás, le dijo: «Si te
400
(1) Religioso sardo, que abusó de la confianza de
Nilo Visconti, nombrado gobernador de Gallura por los
Pisanos ; fué ajusticiado.
(2) Miguel Sancho, Senescal de Logodoro, do fué se-
ñor, sedujo à Adelasia, viuda de su antiguo amo.
+
95
echas á la pez, no te seguiré yo de ningún modo,
péro batiré las alas por la superficie. Vé, déjanos la
altura y el borde por custodia, para poder contem-
plar si tú sólo vales más que todos nosotros.>>>
El navarro estuvo acertado en sus operaciones;
fijó los piés en tierra, y arrojándose súbitamente, de
un salto se puso á cubiertode sus nefandos designios .
Los demonios se quedaron cariacontecidos al ver
su torpeza, especialmente el que fué causa de la des-
gracia, por lo que diciendo «te tengo, » se lanzó al
destaque.
Mas en vano, sus alas no pudieron aventajar en
destreza á las del miedo; el uno penetró en la pez,
mientras el otro se detuvo en la superficie, remontán -
dose por el aire.
Cual se zambulle el pato al acercarse el halcón,
sin que le quede á este otro medio que retroceder fa-
tigado y mohino.
En su ciega cólera al verse burlado Calcabrina,
voló tras el demonio, anhelando vivamente que la
sombra escapase, para contar con causa de que-
rella.
Así que desapareció el prevaricador, giró sus ga-
rras contra su compañero, y se las hundió en el cuer-
po sobre la misma superficie del estanque.
Mas este gavilán valiente, hizo uso de las suyas ,
y los dos cayeron en la abrasadora pez .
Poco tardó en separarlosel calor, pero no pudie-
ron levantarse por hallarse sus alas completamente
embadurnadas .
Irritado Barbariccia como todos los suyos, hizo
que volasen hasta cuatro á la otra parte con sus hor-
cas, sin perder un instante.
Cuando llegaron al sitio indicado, alargaron los
garfios á los dos diablos caídos en la pez, que ya se
hallaban casi abrasados .
Nosotros los dejamos en su reyerta .
96
CANTO XXIII
SUMARIO
Foso sexto del círculo octavo; el de los hipócritas .--Va-
gan inclinados, bajo la presión de una plancha de
plomo.-Hallan en él los poetas a Catalaño y Lode-
ringo, de Boloña .
Silenciosos , sólos y sin escolta, marchábamos el
uno tras el otro, según uso de los frailes menores .
El altercado que habíamos visto me recordaba la
fábula deEsopo,la rana y el ratón.
Las frases mo é isa me parecían no estar más re-
lacionadas entre sí, que la fábula, el móvil y fin de
aquella camorra (1) .
Y como de una idea brota otra idea, nació de
aquel pensamiento otro, que dió más cuerpo á mi pri-
mer pánico.
Hé aquí la idea: «Nosotros hemos sido origen del
chasco de aquellos demonios, y tantas ofensas y gol-
pes que han recibido, que me figuro que deberán
causarles mucho dolor.
Si la rabia va unida á su mala voluntad, nos per-
seguirán cruelmente, tanto como el perro á la inde-
fensa liebre. >>>
Ya se me erizaban de miedo los cabellos; en esta
situación , miré hacia atrás y dije á mi guía: «Si no
puedes ocultarnos á los dos en el instante, temeré á
los diablos y sus garras maldecidas; ya nos siguen la
pista, y estoy tan cierto, como que los percibo detrás.»
Y él me respondió: «Si fuera yo una vasija de
(1) Mo é isa, palabras lombardas, sinónimas.
97
estaño doble, no conseguiría atraer tu imagen con
más velocidad que con la que penetro en el fondo de
tu alma.
En este momento, estaban tan afines tus pensa-
mientos con los míos, que de los dos he tomado un
mismo consejo.
Si la costa que está á nuestra derecha se inclina
suficientemente para que descendamos al otro foso,
podremos esquivar la caza que te figuras tan inmi-
nente>>>
.
Acabada de emitir esta idea , ví á los demonios
con desplegadas alas avanzar hacia nosotros, y alar-
gar sus garras para cogernos; tan pequeña era la dis-
tancia que nos separaba.
Instantáneamente mi guía me tomó , como madre
que, despierta por el fulgor, ve brillar las llamas
cerca de ella, abraza á su hijo con ambos brazos y
huye presurosa, pensando más en él que en su pro-
pio peligro, sin embargo de estar casi desnuda.
Dejóse resbalar de lo alto de la calzada, volvien-
do la espalda á la roca escarpada que cierra un lado
del otro círculo .
El agua que hace dar vueltas á la rueda de un
molino, es menos veloz que lo fué en su evasión mi
querido Maestro, ciñéndome contra su pecho, mas
que como á un amigo, como á un hijo .
No bien tocaron nuestras plantas el suelo del
abismo profundo, se vieron los demonios en la cúspi-
de de la peña sobre nuestras cabezas; más yo no te-
nía ningún cuidado, porque la Divina Providencia,
que les había conducido allí para ser ministros del
quinto foso, les ordenaba permanecer perpetuamente
en él .
Notamos allí abajo una porción de almas brillan-
tes que andaban con lento paso, dando vueltas contí-
nuas y llorando, que parecían rendidas al dolor y at
cansancio.
DANTE 7
-
98 -
Todas ellas ostentaban capas de coro, provistas de
cogullas que les llegaban hasta la cara, de la misma
forma que las que usan los monjes de Colonia (1) .
Siendo doradas por el exterior aquellas capas,
deslumbraban, pero en su interior eran de plomo y
tan pesadas, que á su lado parecían de corcho las de
Federico (2) .
¡Oh manto eterno y aterrador! Volvimos hacia la
izquierda y proseguimos nuestra marcha, al lado de
aquellas almas, oyendo sus tristes lamentos .
Agobiadas por su enorme peso, andaban tan des-
pacio aquellas infelices, que á cada paso cambiába-
mos de pareja.
Y dije á mi Maestro : «Vé si hallas alguno cuyo
nombre y alguna circunstancia sepas; al efecto, gira
tu vista en derredor . >>>
Una de ellas, que oyó el idioma toscano, exclamó :
<<Detened vuestros pasos, los que corréis tanto á tra-
vés del viento sombrío .
Tal vez podrás lograr de mí lo que pides. » Lue-
go, volvióse á mi guía, diciéndole: «Modera tu paso
hasta que iguales el suyo .>>>
Me paré y ví á dos que en sus ojos demostraban
mucho afán por hablar conmigo; mas el peso enorme
y lo estrecho del camino hacían que se retardasen .
Luego de alcanzarme, se fijaron en mi vista, tor-
vos y sin proferir ni una palabra; después se volvie-
ron el uno al otro, diciéndose:
«Parece vivo por el movimiento de su garganta;
(1) Se dice que en Colonia hubo un insolente abad,
que pidió permiso al Papa para que sus monjes llevasen
capasde escarlata, cinto, espuelas y estribos de plata
dorada cuando cabalgasen . El Papa, en vez de acceder,
ordenó que en adelante sus monjes y él usasen capas
mal hechas negras y estribos de madera .
(2) Federico II encerraba á los reos de lesa majes-
tad, entre planchas de plomo para de aquel modo en-
tregarles á las llamas.
-
99 -
y caso de que sean muertos, ¿qué privilegio tienen
para librarse del pesado manto?»
En seguida me dijeron: «¡Oh, toscano, que conse-
guiste penetrar hasta la morada de los infelices hipó-
critas , dígnate indicarnos quién eres! »
A mi vez le contesté: «Hé nacido y crecí en las
hermosas riberas del rio Arno, en la magnífica ciu-
dad (1), y conservo aquí mi cuerpo de siempre .
Mas vosotros, en cuyos semblantes se retrata el
dolor, ¿quiénes sois, y qué castigo pesa con tal bri-
llantez sobre vosotros?»
Estas capas, repuso uno de ellos, son de plomo
tan pesado, que nos hacen inclinar, cual el peso á la
balanza .
Ambos fuimos alegres frailes boloneses. Yo me
llamo Catalano y este Loderingo. Tu pueblo nos hizo
magistrados , siguiendo el hábito de escogitar á un
hombre neutral para conservar la paz, lo que ejecu-
tamos nosotros muy bien, según se puede ver aun en
las cercanías deGardingo (2).
Yo repuse: «Hermanos, vuestros malos... » No pu-
de proseguir, por haber visto un hombre en el suelo
crucificado entre dos palos (3) .
Así que él se fijó en mí, hizo una contorsión de
dolor, y comenzó á agitar su barba con la fuerza de
sus suspiros; fray Catalano me objetó:
(1) Florencia .
(2) Pueblo que refiriéndose a la alegre vida de los
frailes de Santa Maria,orden caballeresca fundada por
Urbano IV, les valió después el dictado de frailes ale-
gres.-Napoleón Catalano y Lorendigo Andérolo, nom.
brados magistrados de Florencia en 1226, después de
ejercer una sabia administración, vendiéronse á los
gibelinos, y quemaron los palacios de los Uberti, sitos
en un barrio de la ciudad llamado Gardingo.
(3) Según el poeta, Caifas, su suegro Ananías y les
que asistieron al consejo en que se decretó la muerte
de Jesucristo, están crucificados en el Infierno.
-
100-
«Ese crucificado que ves, convenció á los fari-
seos de que un hombre debía sufrir martirio por el
pueblo .
Está desnudo y tendido á través del camino, se-
gún ves, para que sufra el peso de cada uno de los
que_transitan por este sitio.
Su suegro padece idéntico castigo en aquel foso,
lo mismo que los del consejo, que fueron una semen-
tera de desgracias para los judíos. >>>
Entonces ví á Virgilio, que miró asombrado al
que tan vergonzosamente estaba tendido en la cruz
en eternal destierro .
Después se dirigió de esta manera al religioso :
<<¿Nos diríais si á mano derecha hay alguna abertura
por la que podamos salir sin obligar que nos saquen
del abismo los ángeles negros?
Y contestó: «Mas cerca de lo que te puedes figu-
rar se alza una gran peña, que nace del gran círculo
y atraviesa todos los sombríos valles; mas está corta-
da en esta parte y no prosigue sobre él. Podéis ir por
las ruínas que yacen en la pendiente y obstruyen el
fondo .
Mi Maestro permaneció un rato con la cabeza ba-
ja, y dijo : «¡Ahora como siempre nos engaña el que
atormenta á los pecadores !>>>
Entonces dijo el fraile: «Oi contar en Bolonia los
infinitos vicios del demonio, y entre ellos era el
mayor la falacia y la mentira.
Mi Maestro se alejó entonces precipitadamente,
con el rostro descompuesto por la cólera. Yo también
me aparté de aquellos culpables que llevaban tan
enorme peso, para seguir las huellas de mi buen pro-
tector .
101
CANTO XXIV.
SUMARIO
Foso séptimo del círculo octavo, ó el de los ladrones.-
Se les ve aguijoneados por horrendas serpientes.-
Vanni Fucci de Pisidia.-Sus profecías contra su pa-
tria y contra Florencia.
En la parte del año nuevo que el sol baña su ca-
bellera en el acuario y las noches comienzan á no
usurpar nada á los días; cuando asemeja la helada
en la tierra la color de su blanca hermana, en durar
poco y mitigar su aspereza; se levanta el labrador
que carece de forraje, observa, y viendo la campiña
blanca se golpea, y tornando á su casa la recorre por
todos sus ámbitos, lamentándose como el que no sabe
cómo conjurar sus apuros. Luego sale nuevamente, y
brota en él la esperanza al ver mudada la faz de la
tierra en pocos momentos; coge entonces su cayado,
hace que salgan sus ovejas y se encamina al monte
precedido de ellas .
Del mismo modo mi guía me aterrorizó cuando vi
el nublado en su frente, si bien tardó poco en tran-
quilizarme; pues cuando llegamos al puente roto , mi
maestro se volvió á mí y me miró con semblante pla-
centero, como ya lo había verificado antes en la falda
de la montaña.
Paróse reflexivo, y luego de tomar determinación ,
y notar bien las ruínas, abrió sus brazos, me rodeó
con ellos, y como el trabajador que calcula siempre
lo que hará una vez terminada su labor, así al levan-
tarme mi guía sobre la cúspide de una roca, distin
-
102 --
guía otra diciéndome: «Cógete á este primero, pero
mira antes si como está podrá sostenerte . »
En verdad que aquel camino no era el más á pro-
pósito para los que se volvían en capas de plomo,
pues que el ágil Virgilio y yo, apenas podíamos tre-
par de cresta en cresta.
Y si no hubiera acortado el camino por aquella
parte más que por la otra, no sé qué hubiera sido de
mi maestro; de mí puedo decir que me hubiese ren-
dido la fatiga.
Mas como Malebolge declina siempre hacia la boca
del profundo pozo, cada valle que se visita, presenta
una parte elevada y otra en descenso. Por fin, llega-
mos al pico en que rompe la última piedra.
Tan poca fuerza me quedaba cuando estuve en lo
más elevado, que no me era dado pasar adelante, de
suerte que me vi precisadoá sentarme .
<<Es necesario ahora sacudir toda pereza, dijo mi
guía; no adormeciéndose en blandos cojines, es como
se arriba al templo de la Fama .
El que pasa el tránsito de la vida sin gloria, deja
en la tierra una huella parecida á la del humo en el
aire ó la de la espuma en el agua .
Levanta , vence el cansancio con ánimo triunfante,
sin dejarte rendir por el peso del cuerpo .
Aún hemos de subir más larga escala; no basta
haber dejado detrás esas breñas. Mi voz, si la oyes,
que te preste aliento.>>>
Entonces me levanté, mostrando más animo del
que en efecto tenía, diciendo: «Marcha adelante, fuer-
te y osado soy. »
Proseguímos nuestro camino por otra peña más
áspera, angosta y difícil que la otra.
Yo andaba y hablaba por no aparecer débil, cuan-
do una voz nacida del otro foso pronunció una frase
poco inteligible; no pude saber lo que articuló, sin
embargo de encontrarme en la cumbre de la bóveda
-
103 -
que daba encima de él ; sólo pude notar que el que ha-
blaba era presa de concentrada cólera .
Me incliné, mas como la vista deun vivo no podía
penetrar en el fondo, en medio de la oscuridad, dije :
«Maestro, haz por arribar al otro círculo, y procura
que descendamos por la pared; desde aquí oigo y no
entiendo , veo y no distingo . »
«Yo te contestaré, me dijo, cediendo á tu antojo,
cuando sea justo; debe atenderse á él, pero en silen-
cio . »
Descendimos al puente por la parte en que se junta
á la ribera octava, y entonces ví todo el foso.
Noté allí una horrible infinidad de serpientes, de
tan diversas especies, que aún me espanta su re-
cuerdo .
Que Libia y sus arenales no se vanaglorien ya de
poseer hiedras y amfísbenas (1) .
Que la Etiopia y el país á esta parte del mar Rojo,
no ostenten ya más los monstruos yplagas que nacen
en su seno .
En medio de aquella muchedumbre cruel y terri-
ble de reptiles , corrían gentes desnudas y aterradas
sin lamenor esperanza de hallar asilo ó piedra he-
liotropo .
Atadas á la espalda tenían sus manos, por ligadu-
ras de serpientes, que enroscadas formaban muchos
nudos, y les apretaban los riñones con sus cabezas y
colas enlazadas .
En aquel momento, uno de aquellos desventura-
dos, que se hallaba en el mismo lado que nosotros ,
fuémordido por una serpiente en el punto en que el
cuello se une a los hombros .
Y en el pequeño intervalo que se necesita para
trazar dos letras, se inflamó aquel pecador, y cayó
hecho cenizas .
(1) Preciosa piedra,que según creencia, deslumbra-
ba hasta el caso de hacerlo todo invisible .
104
Mas apenas quedó consumido, se unió por sí sóla
la ceniza yse volvió á formar el cuerpo lo mismo que
antes .
De este modo pretenden los sabios que muere el
fénix para volver á nacer al quinto siglo .
Ni se alimenta de trigo ni de yerbas durante la
vida y sí de amomo y lágrimas de incienso, forman-
do el nardo y la mirra, su lecho último (1) .
Como el hombre que cae sin darse cuenta del
motivo, bien por la fuerza del demonio ó hien por la
de un accidente, y se alza aterrado por la angustia
que ha sufrido, mirando en torno suyo y suspirando .
Se alzó ante nosotros el pecador. ¡Oh! ¡cuán seve-
ra es la justicia de Dios, al revelar de este modo la
venganza por medio de tales castigos !
Mi guía le preguntó quién era, y respondió :
«Poco hace que fuí lanzado de Toscana á este ho-
rrible foso .
Fuí seducido por la vida bestial, no por la humana;
fuí un verdadero mulo. Soy Vanni Fucci el bruto , y
Pistoia fué mi digno cubil. >>
Yo dije á mi maestro: «Pregúntale por qué causa
fué lanzado aquí abajo. Yo le conocí sanguinario y
colérico . »
Sin embargo de oirme, no se ocultó el condena-
do, sino que atento volvió hacia mí su avergonzado
rostro .
Y me dijo: «Deploro que me veas sumido en seme-
jante miseria, más que sentí verme privado de la vida.
No puedo rehusar loque pides. Me encuentro aquí
por haber robado en la sacristía los preciosos orna-
mentos, y por acusar falsamente á otro (2) . Mas para
(1) El poetacopiaá Ovidio. Met. Lib . XV .
(2) Vanni Fucci , al verse preso por robo de los sa-
grados vasos, acusó al notario Vanini della Nona, en
cuya casa los tenía, y fue ahorcado este siendo ino-
cente.
105 -
que te regocije mi miseria, si sales alguna vez de es-
tos sitios inmundos, oye lo que voy á decir:
En un principio se liberta Pistoia de los negros , y
después Florencia renueva costumbres y patricios .
Marte alza del valle de Magra un vapor que, forman-
do negras nubes, amenaza descargar una tempestad
furiosa y horrible sobre los campos de Piceno; allí se
desgaja súbitamente la nube que ha de confundir á
todos los Blancos (1) .
Te lo comunico para contristarte (2). »
CANTO XXV.
SUMARIO .
Continuación del foso séptimo del circulo octavo; el de
los ladrones y cohechadores .-Halla el poeta á Caco
en forma de Centauro; ostenta un dragón en sus hom-
bros.-Hallazgo de cuatro florentinos.-Transforma-
ción particular de dos sombras .
Acabadas aquellas frases, el ladrón levantó sus
manos é hizo con ellas una indigna acción gritando :
«Toma, eso parati, Dios de los cielos>>>
En el mismo momento, una serpiente, y desde en-
tonces me agrada su casta, se le enroscó en el cue-
llo, como diciéndole: «No consiento que blasfemes
más.»
Otra se le agarró á los brazos, y atándoselos por
(1) Piceno, do fueron derrotados los Blancos en 1301
por el marqués Marcelo Malaspina, que mandaba los
Negros .
(2
) Dante, que estaba afiliado á los Blancos, fué des-
terrado .
-
106-
delante con varios nudos, lo sujetó de suerte que no
le fué ya posible morverse al condenado.
<<¡ Oh, Pistoia! ¿Por qué no te consumes tú misma
para dejar de existir completamente, ya que cada vez
avanzan más tus hijos en el camino del mal?
En todos los abismos no he visto un espíritu más
rebelde á Dios , ni siquiera el que cayó de los muros
de Tebas (1) .
El ladrón se dió á correr sin pronunciar una pa-
labra, y en el propio momento víun centauro furioso
que venía bramando: «¿Do está el vano, do está el
réprobo?»
Las Marismas no es posible que contengan tantas
culebras como llevaba en su grupa el centauro, hasta
el sitio que principia la humana forma.
Sobre sus hombros , y tras la nuca, llevaba un dra-
gón con alas tendidas, que arrojaba llamas á todo el
quese le aproximaba .
Mi guía dijo : «Más de una vez ese monstruo , de-
bajo de las peñas del monte Aventino, formó un mar
de sangre .
No permanece con sus hermanos, por haber toma-
do fraudulentamente el inmenso rebaño que pacía en
sus cercanías .
Mas tuvieron fin sus crímenes bajo el peso de la
maza de Hércules, de cuyos cien porrazos no advirtió
ni la parte décima. »
En tanto que mi guía hablaba, el centauro des-
apareció; después fueron avanzando tres espíritus
por debajo de nosotros, sin verlos, hasta que nos vo-
cearon :
<<¿Quiénes sois? Desde luego suspendimos nues-
tra conversación para contemplarlos. Yo no los cono-
cía, mas coincidió que uno de ellos llamó al otro, di-
ciendo:
(1) Capaneo.
107
<<
¿Cianfa (1), dónde se quedó? Yo para que mi
Maestro mirara con atención, puse el dedo entre la
nariz y la barba .
No extrañaré ahora, lector, que descreas lo que
voy á decirte, puesto que habiéndolo visto, apenas lo
creo yo .
Estando contemplando aquellos espíritus, una ser-
piente de seis piés de larga se lanzó sobre uno de ellos,
agarrándolo completamente.
Con los eslabones del centro le apretó el vientre,
con los delanteros los brazos, y luego le mordió las
dos mejillas .
Alargando los eslabones traseros sobre sus muslos,
le pasó
has
la cola entre sus piernas, y la estiró por de-
sus riñones .
trás hasta
Jamás la yedra se agarró al muro con más fuerza
que aquel horrible animal alrededor de los miembros
del pecador.
De tal modo se confundieron y entremezclaron
aquellos dos seres, que ninguno de ellos parecía lo
que era .
Así la fuerza del fuego produce en un papel que
se quema un color cobrizo que todavía no es negro ,
si bien dejó de ser blanco.
Los otros dos espíritus miraban á su compañero,
diciéndole: <<¡Oh Aguel (2), qué trasformado estás! Ni
eres uno ni dos . >>>
Las dos cabezas ya no formaban más que un sóla ,
y se asemejaban á dos figuras confundidas en la úni-
ca parte en que se habían extraviado .
De cuatro brazos sólo dos quedaron, las piernas y
los muslos, el vientre y el cuerpo se trasformaron en
miembros que nadie había visto .
Toda anterior forma quedó borrada, la imagen de
(1) Cianfa, de la familia Donattien Florencia .
(
2) AguelBrunelleschi, fiorentino .
-
108 -
perversión parecía aumentada, y no siendo un solo
ser, y cual era, comenzó á caminar con lento paso.
Como el largato que por la influencia del ardor
canicular cambia de espino, asemejándose á una ex-
halación al cruzar el camino, venía arrastrándose
hacia los otros dos espíritus una pequeñuela serpiente
inflamada , livida y negra, cual los granos de pi-
mienta .
Mordió á uno de aquellos en la parte donde el
hombre recibe el alimento antes de nacer, y después
cayó tendida á su presencia.
El herido la miró sin decir palabra, inmóvil, de
pié y bostezando como el soñolento ó el que tiene ca-
lentura .
La serpiente y él se miraban; el uno porla herida
y la otra por la boca arrojaban bocanadas de humo
que se mezclaba .
Calie ya Lucano, donde refiere las miseriasde Sa-
bello y Nasidio (1) , y que oiga con atención lo que
yo describo.
Que también Ovidio se calle respecto de Cadeno y
Aretusa; no le envidio ciertamente el que en su poe-
ma trasformara al uno en serpiente y á la otra en
fuente.
Nunca trasformó una en frente de otra, dos natu-
ralezas, hasta el punto de que sus formas, en un ins-
tante, pudiesen trocar su materia .
El mortal y la serpiente, de tal manera se corres-
pondieron, que el reptil abrió su cola en figura de
horca, y el herido juntó sus dos piés .
Sus muslos y piernas se unieron entre sí y de tal
modo, que brevemente la juntura no dejó señal al-
guna ,
(1) Véase Farsalía, lib . IX, muerte de los soldados
Sabello y Nasidio, mordidos por dos serpientes . En
Ovidio lib . III, mét. de Cadmo. Virgilio, lib. II de la
Eneida, episodio de Laocoon.
109
La hendida cola iba tomando la forma que se per-
día en el hombre, en tanto que en una parte se aflo-
jaba la piel en la otra endurecía .
Ví que los dos brazos del hombre entraban en los
sobacos;
se y los piés
prolongaban delcomo
tanto animal, que eran
disminuían losmuy cortos,
brazos del
pecador.
Los traseros piés de la serpiente, enroscándose,
tomaron la forma del miembro que oculta el hombre
y el del condenado se convirtió en dos piés.
En tanto el humo iba variando el color de los dos ,
y hacía brotar en la serpiente el pelo que quitaba al
hombre.
El uno se levantó, cayendo el otro, mas sin apar-
tar sus furiosas miradas, en las que cada uno variaba
de rostro .
Al que se hallaba de pié se le agrupó el rostro
hasta las sienes, y del resto de la carne le salieron
las orejas, en la parte superior de sus mejillas planas.
Lo supérfluo de la carne que dejó de inclinarse
hacia atrás, aprovechó para formar la nariz y mar-
car debidamente los labios .
El que se arrastraba llevó su hocico hacia ade-
lante y retiró las orejas al fondo de su cabeza, según
lo verifica el caracol con sus cuernos .
La lengua del hombre, que se componía antes de
un pedazo solo, se partió, y la partida lengua de la
serpiente se unió, parando el humo.
El alma transformada en bestia huyó silbando ha-
cia el valle, y la otra la escupió, diciendo algunas
palabras .
Después, volviéndola su flamante espalda, dijo :
«Quiero que Buoso (1) se arrastre por tierra como
yo lo he hecho .>>>
De esta suerte ví yo cambiar las naturalezas en
(1) Buoso, florentino, de la casa de los Abatti .
- -
110 -
el foso séptimo; que lo nuevo de lo relatado, dispen-
se el poco brillo de mi pluma.
Por muy confusos que estuviesen mis ojos y tur-
bados mis sentidos, no pudieron escapar tan ocultas
aquellas sombras que no reconociese á Puccio Scian-
cato (1) solo entre los tres espíritus que no sufrió
transformación .
El otro joh Gaville! (2) era el que todavía lloras.
CANTO XXVI
SUMARIO
Arriban los poetas al valle octavo del octavo circulo, el
de los malos consejeros .-Están en medio de las lla-
mas .-Ulises relata al poeta su errante vida y su
muerte .
Alégrate, Florencia; tan inmensa eres, que bates
tus alas por la tierra y por el mar; tu nombre tiene
eco hasta en el Infierno mismo .
Entre los ladrones , encontré en él cinco de tus hi-
jos, lo que me abochorna y no es gran lauro para
tí (3) . Si los ensueños de la aurora son los mas ve-
rídicos, sabrás en breve lo que te desean Prato y los
otros .
Si estuvieras herida ya por la desgracia, no hu-
(1) Puccio Sciancato, florentino también.
(2) Guercio Calvacanti , á quien mataron los habitan-
tes de Gaville en el valle de Arno. Irritados sus parien.
tes y amigos , ejercieron una horrible venganza contra
los moradores de Gaville .
(3) Son los cinco hijos de Florencia: Cianfa Donatti ,
Aguello Brunelleschi , Buosodegli Abatti , Puccio Scian-
cafo y Francisco Guercio Cavalcante.
-
111 -
biera sido prematuramente; venga pues, ya que ve-
nir debe; cuanto mas años tenga yo, más pesada me
será .
Nos fuimos, y mi Maestro trepó nuevamente la
escalera que nos prestaran las rocas para bajar, lle-
vándome consigo .
Y siguiendo la solitaria vía por entre las afiladas
puntas de las breñas, únicamente con la ayuda de la
mano se levantaba el pié. Entonces me contristé como
ahora al recordar lo que he visto, mas es preciso
que refrene mi espíritu para que la virtud no pierda
su noble guía, si á buena suerte, ó gran influjo debo
algún bien, no quiero envidiármele yo mismo .
Como en la época que el que ilumina el orbe nos
muestra por más tiempo su faz, ve el labrador que
reposa en la colina á la hora en que reemplaza el
zancudo á la mosca cruzar bajo sus plantas infinidad
de luciérnagas alrededor de sus viñas y sus trigos ,
ví yo iluminarse por las llamas todo el foso séptimo,
desde que divisé su fondo.
Y como aquel, a quien los osos siguieron en su
venganza (1) , vió marchar el carro de Elías, al ascen-
der los caballos al Cielo, mientras pudo seguirles su
vista, terminando por no vislumbrar mas que una
llama tenue que se elevaba cual roja nube; así se
agitaba cada llama, llevando un condenado en el
fondo de aquel nuevo abismo .
Me paré en el puente para ver aquella escena, у
á no asirme de una roca, hubiera rodado al abismo,
sin ser impelido por nadie.
Mi Maestro, al observar mi fijeza, dijo: «En el
centro de ese fuego están los espíritus, cada uno re-
vestido de una llama que le consume . >>-<«<Maestro, le
respondí: tus palabras me afirman mas en lo que veo,
pero ya lo había observado é iba á decírtelo .
(1) Eliseo, profeta.
112 -
¿Qué llama es aquella que se nota sobre el abis-
mo, semejante á la de la hoguera donde arrojaran á
Eteocles y a su hermano?»
Y me respondió: «Allí sufren Ulises y Diomedes ,
sometidos á la propia venganza por haberse abando-
nado los dos á la misma cólera. En aquella llama se
llora la celada del caballo de madera que abrió las
puertas de la magnífica raza romana .
También se lamenta el arte con que Deidamia,
después de muerta, se querella todavía de Aquiles, y
se sufre la pena por el rapto de Palladium . »
«Si le es posible hablar desde el fondo de la lla-
ma, observé entonces á mi guía, te ruego y pido, para
que valga por mil mi demanda, que consientas que
me espere hasta llegar aquí la doble Hama; ya ves
que mi anhelo me hace avanzar hacia ella. »
Él repuso: «Digna de encomio es tu petición, y
por ello la acojo; mas harás de manera que tu lengua
se esté quieta; me dejarás hablar; entiendo lo que
deseas, pero tal vez estos condenados, griegos de
origen, menospreciarán tu lengua. »
Así que la llama se aproximó á nosotros, y mi
guía juzgó ser llegado el instante, le oí expresar de
este modo:
«Vosotros, que en el mismo fuego sois dos, si os
merecí bien en el transcurso de mi vida, al trazar mi
gran poema en el mundo, no os alejéis; manifestadme
uno de los dos donde fué á morir, arrastrado por su
funesto valor.>>>
La punta más crecida de la antigua llama comen-
zó á moverse, murmurando, cual agitada por el aire;
después, moviendo de un lado á otro su cima, como
lo hubiese ejecutado la lengua al querer
qu romper á
hablar, lanzó algunos ecos hacia el exterior, y se ex-
presó de este modo:
<<Al lograr sustraerme á Circeo, luego de haberme
tenido encerrado mas de un año en las cercanías de
113
Gaeta, antes que Eneas hubiera nombrado aquel
punto (1); ni la dulzura de los ósculos de un hijo, ni
la piedad debida á un padre anciano, ni el mútuo ca-
riño que había de labrar la felicidad de Penélope, fue-
ron capaces de vencer mi deseo de recorrer el mun-
do y conocer los vicios y las virtudes de los hombres .
Decidido me lancé al mar, desafiando su cólera ,
solo con mi nave y un puñado de hombres que no
debía abandonarme
Ví de una á otra orilla hasta España y Marrue-
cos, la Cerdeña y las otras islas que envuelve y baña
el mar con sus olas. Mis acompañantes y yo éramos
viejos ya, é incapaces por la fatiga, cuando arribamos
á la angosta garganta en que Hércules puso las dos
señales, para mostrar al hombre que no debía pasar
adelante. A mi derecha dejaba á Sevilla, como se
había quedado Ceuta á mi izquierda .
Entonces dije: «Hermanos míos, vosotros que ha-
béis corrido mil riesgos para llegar á Occidente, no
debéis privaros en la poca vida que os resta de girar
una visita al otro lado del sol, á aquel mundo des-
poblado.
Recordad vuestro origen, pensad que no vinisteis
al mundo para hacer vida de brutos, sino para llegar
á la ciencia y á la virtud. »
De tal manera decidí á mi gente con aquellas
breves palabras á continuar el viaje, que apenas pu-
de refrenarlos después .
Y girando hacia Levante nuestra popa, por in-
flujo de los remos , dimos alas á nuestro vuelo insen-
sato, y fuimos avanzando más y más hacia la iz-
quierda.
La noche hacía brillar ya las estrellas de distinto
polo, y el nuestro estaba tan bajo, que apenas parecía
alzarse sobre la superficie del mar.
(1) Nombre de su nodriza.
DANTE 8
114
Cinco veces se había encendido y apagado la luz
de la luna, desde nuestra entrada en aquel ancho
océano, cuando apareció una montaña, que la dis-
tancia oscurecía, y que creí la más gigantesca que
había contemplado en mi vida (1). »
Nos regocijamos en gran manera, mas pronto
nuestro gozo se trocó en lágrimas; levantóse de aque-
lla nueva tierra un torbellino que llegó á la proa de
nuestro buque, al que obligó á dartres vueltas, levan-
tando la popa á la cuarta, tanto como hacía bajar la
proa, mientras fué voluntad del otro (2), hasta que se
volvió á juntar el mar sobre nosotros .
CANTO XXVII
SUMARIO
Continuación . Relato del conde Guido Montefeltro .
Ya tornaba la llama (3) á seguir su ascendente
curso, y permanecia inmóvil sin pronunciar palabra,
é iba dejándonos con licencia del sabio poeta, cuando
otra que venía detrás me hizo volver la vista, por el
sordo rumor que producía.
A semejanza del toro Siciliano que, arrojando
por primer mugido (como era justo) el grito del ope-
rario que le trabajó con la lima (4), mugía por boca
(1) Con arreglo á la opinión de los antiguos autores,
Dante indica el Purgatorio con aquella montaña, sobre
la que está el Paraiso terrestre. Según los modernos,
la Atlantida de Platón ó la América.
(2) Al otro , quiere decir á Dios .
(3) La llama que envolvía de nuevo á Ulises y á Dio-
medes .
(4) El ateniense Perillas fué el primero a quienme-
tieron en aquel toro de alambre, que él inventó para
Falarés, tiraño de Sicilia.
115 -
de los desventurados que guardaba, como si en efecto
el dolor hubiera atravesado su cuerpo de alambre; del
mismo modo la frase del espíritu envuelto en aquella
llama, sofocada desde el principio, no hallando salida,
se transformaba en un rumor semejante al que pro-
duce el fuego .
Mas al conseguir abrirse paso por la punta é im-
primirle el movimiento que al pasar le dió la lengua,
percibimos estas palabras: «¡Oh, tú , á quien me en-
camino, y que hablabas ahora mismo el idioma lom-
bardo, diciendo: «Vete, pues nada mas me ocurre
preguntarte:
<<Aunque haya venido algo tarde, no te excuses de
hablarme; ya ves que estoy ardiendo (1), y sin em-
bargo, me avengo à ello . Si acabas de caer en este
oscuro mundo, desde la dulce tierra latina donde yo
cometí todos mis pecados, díme: permanecen los
romañoles en paz ó en guerra? Sabe que ví la luz
entre los monies de Urbino y los en que nace el
Tiber .
Aun estaba escuchando sus ecos absorbido, cuan-
do me tocó mi guía diciendo: «Hablale, es latino .>>>
Yo, que ya tenía pensada mi contestación, empe-
cé al punto de este modo : «Oh alma aquí abajo oculta ,
tu Romaña ni está ni jamás estuvo en paz en el alma
de los tiranos, sin embargo, no la dejé en abierta
guerra.
Rávena sigue siendo lo que fué hace mucho tiem-
po; el águila de Polenta hizo de ella su guarida, y aun
cubre á Cervia con sus alas (2) . La tierra que tan pe-
sada prueba viene sosteniendo y que guarda tantos
(1) El espíritu que habla en las llamas, es el conde
Guido Montefeltro.
(2) El águila de Polenta es Guido Novello, que os-
tentaba en sus armas una águila de plata y degules en
campo de oro y azul.
- 116 -
ensangrentados miembros de franceses, se halla en
poder de las verdes garras (1 ) .
El antiguo dogo y el moderno mastín de Verra-
chio, que tan mal quisto dejaron á Montaña, impe-
ran allí do tienen costumbre de ensangrentar sus
dientes (2) .
Los pueblos de Lamona y Santerno son goberna-
dos por el leoncillo de madriguera blanca, que del
verano al invierno (3) cambia de partido.
Ia ciudad cuyas murallas (4) lame el Savio, como
situada entre el llano y el monte, vive entre liber-
tad y tiranía.
Ahora te ruego me indiques quién eres . No seas
mas duro que lo fueron contigo, y que ocupe tu nom-
bre un lugar en el mundo. >>>
Después que el fuego rugió á su manera , agitó de
uno á otro lado su afilada punta y resopló así:
«Si creyera hablar á un sér que tuviese que re-
gresar a la tierra, ahora mismo esta llama quedaría
reposando .
Mas ya que jamás, á ser positivo lo que dicen ,
ningún mortal sale de este abismo sin temor á la ín-
famia, te voy á contestar:
Primero fuí guerrero y después franciscano: me
figuré que me enmendaría tomando el cordón ( 5), y
(1) Del verde león que Sinibaldo Ordelaffi llevaba en
sus armas en la ciudad de Forli ; había rechazado con
pérdidas á los franceses, que la cercaban por orden de
Martín IV .
(2) El antiguo dogo fué Malatesta, padre, señor de
Rimini; el moderno mastin de Verrachio, era Malatesta ,
hijo, posesor del castillo del mismo nombre. Montaña,
jefe del bando de los gibelinos en Rimini, sentenciado
ámuerte por Malatesta, hijo .
(3) La ciudad de Faenza. próxima al Lamomo,y la
ciudadde Inmola, cerca de Santerno, eran mandadas
por Mainardo Pagani, que ostenta de plata el león azul.
(4) Cesena .
(5) Al final de su vida, Guido Monteferro tomó el ha-
- 117 -
pudiera haberlo creído con seguridad, si el gran sa-
cerdote (1), á quien deseo desgracia sempiterna, no
me hubiese vuelto á levar a mis primeras faltas .
Deseo que sepas el modo y causa .
Mientras conservé la forma de carne y hueso que
me diera mi madre, mis actos no se parecieron á los
del león, sino á los de la zorra. Comprendí todas las
astucias, todos los caminos embozados, y usé con tal
tacto del fraude, que mi nombre tuvo fama en todos
los ámbitos de la tierra .
Pero cuando me hallé en la edad en que cada uno
debiera plegar velas y enrollar el cordaje, me dis-
gustó lo que me agradaba antes , y me entregué al
arrepentimiento. ¡Pobre de mi! al hacer entonces
confesión de mis culpas, hubiera podido conseguir el
perdón .
El príncipe de los flamantes fariseos (2), se halla-
ba á la sazón en guerra cerca de Latran (3) y no
contra sarracenos ni judíos .
(Pues todos sus enemigos eran cristianos, y nin
guno de ellos fué á conquistar la ciudad de Acre,
á hacer su agosto en las tierras del soldán)
Aquel pontifice se olvidó de su sublime ministe-
rio y de las sagradas ordenes; tampoco observó en
mí el cordón que tanto enflaquecía á la sazón á los
quelo llevaban .
Como Constantino en las montañas de Soracte su-
plicó á Silvestre para que le sanase la lepra, él me
suplicó que le sanase de su fiebre orgullosa; más yo
me callé por parecerme sus frases hijas de la embria-
guez.
Después añadió: «Que no sustente sospecha algu-
bito de la orden de Menores, en el monasterio de Asís ,
do murió .
(1) Bonifacio VIII .
(2) El mismo Bonifacio .
(3) Con los Colonna .
-
118 -
na tu corazón , porque yo te absuelvo; enséñame á
derrocar los muros de Palestina (1) .
Bien sabes que puedo abrir y cerrar el Cielo, pues
tengo las dos llaves, cuyo uso ignoró mi antecesor.>>>
Tan graves razones me impresionaron vivamente,
y discurriendo que era mejor hablar que callar,
dije: « ¡Oh padre mío! ya que absuelves el pecado
que voy á cometer, oye: mucho prometer y poco
cumplir, te dará la victoria en tu magnífica sede .>>>
Al acaecer mi muerte, Francisco (2) me fué á re-
clamar; más uno de los negros querubines le dijo:
<<No te lo puedes llevar; no me prives delo que es
mío. Ha de venir allá abajo entre mis condenados ,
por consejero del fraude, y desde aquel punto, le
tengo asido por los cabellos .
Es imposible absolver a quien no se arrepiente;
nadie puede á un tiempo desear y arrepentirse del
pecado; no lo consiente la contradicción . >>>
¡Qué inmensa fué mi desgracia al agarrarme el
negro querube diciendo: ¿No creerías tal vez que
fuera tan lógico? Me presentó ante Minos , cuyo juez
dió ocho vueltas á su cuerpo con su cola, y mordien-
dosela con furia, exclamó:
«Este es uno de los pecadores que debe ser ju-
guete de las llamas .
Por la misma causa estoy yo sepultado en el abis-
mo en que me contemplas, y gimo al llevar seme-
jante librea>>>
Al terminar, se alejó la quejumbrosa llama más
encrespada aun, y agitando su punta.
Mi Maestro y yo continuamos hacia adelante, lle-
gando á la cumbre del peñasco, en el cual hay otro
arco que cae sobre el calabozo do floran los que en-
suciaron su conciencia atizando á la discordia.
(1) Palestina pertenecía á los Colonna .
(2) San Francisco fué á reclamar á Guido porque era
ranciscano .
119 -
CANTO XXVIII
SUMARIO
Valle noveno del círculo octavo, donde se castiga á los
autores de escándalo, cismas y herejías . Continua-
mente se ven acuchillados en la espalda por un de-
monio.- Dante ve allí el suplicio que sufre Maho-
ma, Aly, Pedro de Medicina, Mosca y Bertran de
Bornio .
Ni en infinitas palabras y sin metro, aunque le
intentara muchas veces, nadie podría decir toda la
sangre y llagas que entonces ví. Verdaderamente, no
hay idioma entre nosotros que se atreva sin debili-
tarlo, á bosquejar lo que a duras penas entiende el
espíritu .
Que se reunan todos cuantos vertieron su sangre
en los llanos de la Pulla, tan disputados á la Fortu-
na, durante el combate de los romanos en aquella
prolongada guerra, en la que se hizo, según Tito
Livio dice con todo acierto, tan horrible siega; los que
por haberse armado contra Roberto Guiscardo sin-
tieron las consecuencias de los golpes recios (1 ); y
por último, todos aquellos cuyos huesos se recogen
aun en Cepperano, donde cada apulio fué un traidor
(2), como en el valle de Tagliacozzo, donde el viejo
Allard venció á sus armas (3) .
(1) Roberto Guiscardo, hermano de Ricardo, duque
de Normandía, que se apoderó de Pulla y la Calabria;
murió en 1011 .
(2) Los moradores dejaron á Manfredo , su soberano ,
que combatía contra Carlos de Anjou .
(3) El viejo Allard era un caballero francés , de Tierra
Santa, al que debió su victoria el de Anjou , alcanzada
sobre Cor..dino .
-
120 -
Y ni todos juntos aquellos mutilados miembros
podrán igualar la horrible perspectiva del calabozo
noveno. Nadie habrá visto una cuba agujereada
como ví yo un espíritu hendido desde las quijadas
hasta el bajo vientre, los intestinos le colgaban has-
ta las piernas; veíasele palpitar el corazón y el arca
triste, do del alimento se forma el humano excre-
mento .
En tanto que yo le observaba con atención, él me
miró , y entreabriendo su pecho con las manos, me
dijo: «¡Vé como me destrozo! Observa el mísero es-
tado de Mahoma; Aly marcha delante de mí hecho
un raudal de lágrimas y con las mejillas hendidas
desde las quijadas al cráneo (1) .
Los otros que aquí ves han sido vivientes, y por
haber extendido el escándalo y cisma en la tierra,
yacen de este modo .
Allí detrás hay un demonio que nos lastima inhu-
manamente, tantas veces como alcanza con su cor-
tante espada á cualquiera de esta banda, luego de
haber dado una vuelta por esta senda de las lágrimas ,
que cierra nuestras heridas, para que nos vuelva á
abrir él otras más hondas .
¿Y quién puedes ser tú, que permaneces en lo
alto del peñasco, para acudir más tarde quizá al su-
plicio que tus mismas culpas te han merecido?»
«Este no ha muerto aun, ni lo traen sus faltas á
estos lugares, y sí solo para que vea todos los supli-
cios, repuso mi guía .
Yo, que ya he muerto; tengo el encargo de guiarle
por todos los círculos del Infierno; y es tan verdad,
como el que te hablo en este instante.>>>
Al oir estas frases, más de cien condenados se pa-
raron para mirarme, olvidando sus torcedores con la
sorpresa .
(1) Aly, primo de Mahoma .
-
121 -
«Tú que acaso volverás en breve á ver el sol, dile
á fray Dolcino, que, si no quiere venir á unirse con-
migo aquí , y pronto, haga acopio de víveres y no se
deje rodear por la nieve, pues sin hambre y nieve,
dificultosamente podría vencerle el novares (1).
Luego de haber alzado ya el pié para marchar ,
fué cuando Mahoma dijo aquellas frases; después
sentó las plantas y desapareció .
Otro, que tenía abierta la garganta, cortada la
nariz hasta las cejas y carecía de una oreja, quedóse
á contemplarme asombrado cual los demás, y ha-
briendo la herida de su boca ensangrentada, exclamó :
«Oh tú, á quien no trae aquí ninguna falta; tú, á
quien he visto allá arriba en la patria latina, á no
ser que me engañe un gran parecido; recuerda á Pe-
dro de Medicina (2), si alguna vez vuelves á laamag-
nífica llanura que desciende de Vercellí á Marcabo;
dí á los dos mejores de Fano, ó sean Guido y Angio-
lello, que si no es inútil en estos lugares la previ-
sión, ambos serán arrojados de un barquichuelo, y
ahogados cerca de Cattolica, por traición de un des-
lealtirano(3)
Desde la isla de Chipre á la de Mallorca jamás
Neptuno habrá visto cometer tan nefando crimen por
los forbantes á la griega raza .
El traidor, que solo vé con un ojo y gobierna la
tierra, y que según se halla aquí á mi lado quisiera
(1) Fray Dolcino predícaba en 1305 la comunidad de
bienes y mujeres. Consiguió reunir más de tres mil
sectarios . Asediado por las tropas del obispo de Bene-
vento, fué preso con su esposa Margarita, y quemados
ambos en la ciudad de Novora. En el suplicio manifes-
taron los dos un heróico valor .
(2) Medicina llevaba el nombre de Medicina, pais del
Bolonesado. Era un farsante que encendió la tea de la
discordia entre el pueblo y los noblesboloneses, señores
de Ravena y de Rimini .
(3) Malatesta, tirano de Rimini .
-
122 -
no haber existido jamás, los citará á una conferen-
cia , y hará de tal suerte, que ni súplicas ni votos
necesitarán ya obrar contra el viento de Focara (1) . »
Y repuse: «Si deseas que hable de tí allá arriba,
dime quién pueda ser aquel á quien el aspecto de
aquel pais fué tan amargo.>>>
Entonces llevó su mano á la quijada de uno_de
sus compañeros, y abriéndole la boca, gritó: «Este
es; más no habla.>>>
Era el que, echado de Roma , ahogó la duda en el
corazón de César, asegurando que, para el hombre
decidido, es peligrosa siempre la espera ó el retar-
do (2).
¡Oh! ¡qué horrorizado me parecía con su lengua
tronchada en el gaznate, aquel Curión que tan teme-
rario fué en el hablar .
Otro condenado, que tenía mutiladas las manos,
alzó sus muñones al aire, tan sombrío, que la sangre
que vertía le ennegrecía el rostro, y exclamó: «No te
olvides de Mosca (3) joh! yo he sido quien dijo: «La
cosa comenzada, debe terminarse. » Estas palabras
fueron origen de la perdición de Toscana .
<<Y la muerte de tu raza entera, » dije á mi vez .
El, entonces, aglomerando pena sobre pena, se alejó
cual un hombre que tiene perdida la razón .
(1) Quiere decir, no podrán temer el viento de la
montaña de Focara .
(2) Arrojado Curión del Senado, como amigo de Cé-
sar, fué á reunirse con él y le decidió á pasar el Ru--
bicón.
(3) Buondelmonte ofreció casarse con una hija de la
casa de Amidel, y los Uberti y Lamberti se les reunie-
ron para dar castigo á Buondelmonte, por haberse ca-
sado de improviso con una Donati. Los ms ancianos
querían que se obrase con prudencia, pero Mosca, ciego
de furor, aconsejó que se diera muerte inmediata á
Buondelmonte, al que asestó varias puñaladas. Esta
tragedia fué origen de todas las discusiones, que tam
funestas fueron para la república de Florencia.
123
Seguía yo observando la banda infernal , cuando
vilo que á contar no me atrevería sin más testimonio,
á no prestarme aliento la conciencia, esa bondadosa
amiga que, con el baluarte de su pureza, fortifica de
tal modo el corazón del hombre; ví en aquel momento ,
y aun mefiguro verlo, un cuerpo sin cabeza, que
andaba lo mismo que sus compañeros; en su mano
sustentaba la cabeza cortada, asida por los cabellos,
á modo de linterna, á la cual, mirándonos , exclama-
ba: «¡Ah!>>
El cuerpo formó por sí propio una lámpara, eran
dos en uno, y uno en dos: cómo puede suceder esto,
solo lo sabe el que á la vez es vengador y juez.
Cuando llegué al pié del puente, alzó sus brazos
y con ellos la cabeza, para aproximarnos más su pa-
labra, y se expresó así: «Mira mi cruel tormento , tú
que aun respiras al visitar los muertos; contempla si
habrá suplicio que iguale al mío .
Y con objeto de que puedas hablar de mí, sabe
que fuí Bertran de Born, el pérfido consejero del rey
D. Juan (1) .
Yo armé al padre y al hijo, el uno contra el otro;
ni Aquistofel excitó con mas saña á Absalón contra
David .
Por dividir á los que unió naturaleza, llevo joh
dolor! mi cabeza separada, sin que por ello deje des-
de que lo fué de estar unida á su tronco de un modo
tan extraño .
De este modo se opera en mí la pena del Ta-
lión. »
(1) Bertran de Born , vizconde de Autefort, fué el que
áfines del siglo XII hizo sublevar á Juan IV, hijo de
Enrique II, rey de Inglaterra, contra su padre.
124 -
CANTO XXIX
SUMARIO
Décimo y postrer calabozo del círculo octavo, donde
están los Charlatanes y los Falsarios.-Permanecen
cubiertos de lepra.-Graffolino de Arezzo y Capochio
de Siena.
La infinidad aquella de diversos tormentos, tenían
tan turbados mis ojos, que hubiera deseado pararme
para llorar; mas mi Maestro me dijo: «¿Qué es lo
que miras? ¿Por qué se empeñan tus ojos en ver
aquellas mutiladas sombras?
No lo practicaste asi en los otros antros; si te pro-
pones contar, calcula que el valle mide dos millas de
circunferencia. La luna se halla ya debajo de nues-
tra planta, y el tiempo prefijado es muy corto, faltán-
dote ver otras cosas que no te puedes imaginar,>>>
«Si te hubieras parado en el motivo que me pre-
cisa á mirar, puede que me dispensaras que conti -
nuase mi observación . »
Partía ya mi protector, en tanto yo le seguía di-
ciendo: «En el abismo que tanto atrajo mi atención ,
creí ver gimiendo á uno de mi raza por el delito que
tan caro está purgando aquí abajo. »
Y él me dijo: «Que no te preocupe por más tiempo
la suerte de ese espíritu; pon tu idea en otra cosa y
que se quede él según está.
Lo vi junto al puente señalarte con el dedo y has-
ta amenazarte; llamó á Geri del Bello (1); mas tú te
(1) Geri de Bello, pariente por parte de madre, de
Dante, fué muerto por un Saccheti. Su muerte fuè
vengada treinta años después por Clone de Bello su
sobrino.
- 125 -
hallabas tan abstraído con el que gobernó á Haute-
fort, que no reparaste hacia aquel sitio hasta que hubo
partido(1).»
<<Maestro , su violenta muerte, que todavía no fué
vengada, le respondí, por ninguno de nosotros, debe
ser el motivo de su desdén; por eso se marchó sin ha-
blarme, según mi juício; pero su proceder hace que
le estime más .
De este modo seguimos conversando hasta que
llegamos al primer punto en el que se descubría el
fondo del otro valle si hubiera más luz en él .
Cuando arribamos á aquel último claustro de Ma-
lebolge, desde el que se podían ver sus moradores ,
cual dardos afilados me taladraron el corazón miles
de lamentos, precisándome á taparme los oidos con
las manos .
Si en el mes que está en el centro de Julio y Se-
tiembre estuvieran reunidos los hospitales de Valdi-
chiano (2) y los enfermos de los Marismas (3) y Cer-
deña en un mismo sitio, no presentarían un enjam-
bre de dolores como los que contemplé entonces.
Emanaba de aquel abismo un hedor tan asqueroso
como el que exhalan los miembros gangrenosos. Ba-
jamos por la izquierda, hasta el postrer borde de
aquella peña gigantesca, de donde mi vista pudo
penetrar con más viveza hasta el fondo del abismo,
en el que la inapelable justicia, ministro del Altisi-
mo, castiga á los farsantes que tiene en sus listas .
No comprendo que la población de Egina, apes-
tada por completo cuando se envenenó su atmósfera
de vapores malignos, hasta el caso de ocasionar la
muerte á todos los animales, inclusos los más peque-
(1) Bertrán de Born , gobernador en Hautefort.
(2) Este valle, cuyo nombre toma origen de la lagu-
na Chiana, se halla entre Arezzo, Cortona, Chiuse y
Montepulciano.
(3) Los Marismas están situados desde Pisa a Siena.
-
126 -
ños gusanos; ni que los pueblos antiguos , cuando se-
gún opinión de los poetas, hubieron de ser renova-
dos por medio de hormigas; presentaran tan desga-
rrador espectáculo, como el que ofrecían en el lobre-
go valle aquellos decaídos espíritus, hacinados en di-
versos montones (1 ).
Unos yacían sobre el vientre, otros sobre los
hombros del que tenía más próximo, en tanto que
otros iban arrastrándose por aquel camino triste;
mientras nosotros caminábamos á paso mesurado,
mirando y oyendo aquellos epidémicos que ni siquie-
ra podían alzar sus cuerpos .
Observé á dos de ellos que sentados, se apoyaban
el uno con el otro, asemejándose à dos tortolas, ca-
Jentándose mútuamente, yde los piés á la cabeza es-
taban cubiertos de costras. Jamás vi ningún criado,
esperado por su amo ó velando á pesar suyo, tan li-
jero en remover la almohaza, como todas aquellas
sombras lo eran en rascarse su picazón, no hallando
alivio alguno .
Con las uñas se arrancaban las costras de su le-
pra, como el cuchillo arranca las escamas del pes-
cado.
«¡Oh, tú, que desgarras la corteza de tu cuero
con tus manos, dijo á uno de ellos mi guía, las que
parece que conviertes en tenazas, dime si se halla
algún latino entre vosotros, y ojalá que tus uñas te
basten durante la eternidad para esa faena!>>>
<<Nosotros , á pesar de nuestra deformidad, dijo
uno de ellos llorando, ambos somos latinos; más tú
que nos preguntas, ¿quién eres? »
Mi Maestro repuso: «Soy un espíritu que de cír-
culo en círculo desciendo con este viviente para mos-
trarle el Infierno . >>>
(1) En el reinado de Eaco, hijo de Júpiter, quien po-
bló la isla de nuevo, convirtiendo las hormigasen hom-
bres . De aqui se origina el nombre de Mirmidones .
-
127 -
Entonces lasdos sombras se desasieron, y ambas
se volvieron hacia mi temblorosas, con otras varias
que por repercusión lo oyeron también.
Mi querido Maestro, me dijo: «Dile lo que de-
sees; » y puesto que me lo permitía él, empecé así:
<<
Que vuestra memoria no seborre del mundo en que
reside el alma humana; mas bien que viva bajo soles
varios.
Decidme vuestro nombre y patria, sin que vues-
tro vergonzoso y nauseabundo torcedor os prive de
abrirme francamente vuestro corazón .-Yo nací en
Arezzo; repuso una sombra, y fuí condenado á la ho-
guera por Alberto de Siena; mas el motivo de mi
muerte no es el que aqui me condujo .
Verdad es que, hablándole, le dije de chanza: «Yo
sabría alzarme por los aires y volar. El , que era per-
sona de cortos alcances, y curioso, quiso que le ense-
ñara aquella ciencia, y apenas empecé á enseñár-
sela me mandó quemar por aquel á quien tenía por
hijo (1).
Por sólo haber practicado la alquimia en el mun-
do, fuí condenado por Minos, al que no es posible
engañar, á penar en el postrero de los diez cír-
culos .>>
Yo dije al poeta: «¿Habrá habido algún pueblo
tan vano como el sienés? No, ni aun la nación fran-
cesa >>
El otro leproso, que me estaba oyendo, respondió
ámis palabras de este modo: No lo hay; exceptuando
á Stricca, que supo gastar tan moderadamente (2), y
á Nicolo, que fué el primero que descubrió el costoso
uso del clavo de especia, en el huerto do se cría este
grano.
(1) Griffolino de Arezzo fuè castigado en la hoguer
por hechicero, por el obispo de Siena.
(2) Ironía triste contra Stricca, que se arruinó por
su lujo, y contra otros derrochadores de Siena.
-
128 -
Hay que exceptuar igualmente la sociedad en que
Caccia de Asciano disipó sus viñedos y bosques, y á
la en que Abbagliato hizo ver su buen sentido. Más
para que no ignores quién es el que de esta manera
te sigue en contra de los sieneses, fija en mí tu vista
demodo que mi faz te corresponda .
Observarás que soy la sombra de Capocchio, que
falsificó los metales por virtud de la alquimia, y de-
bes recordar que te he mirado bien (1) y que fuí un
excelente mono de mi naturaleza .
CANTO XXX
SUMARIO
Continuación .--Existen falsarios divididos en tres cla-
ses: 1.ª Los que tomaron el carácter de otras perso-
nas, se persiguen sin cesar á mordiscos.-2. Monede-
ros falsos, atacados de hidropesía y sed inextingui-
bles.-3. Calumnis dores arrojados unos sobre otros,
devorados por la fiebre.-Maese Adam y Simón de
Troya .
Por la época que Juno, celosa de Semelé, estaba
rabiosa contra la Sangre Tebana, como lo probó dife-
rentes veces, Athenas se tornó tan insensato, que al
notar que se le dirigían su esposa y sus dos hijos, ex-
clamó:
Preparemos las redes y que cace yo á un tiempo
la leona y sus cachorros; » y tendiendo sus malhada-
das garras , cogió á uno de sus hijos , llamado Learco,
lo volteó por el aire, estrellándolo contra una peña ,
(1) El sienés Capoccio había estudiado física é histo-
ria natural con el Dante .
-
129-
en tanto que ahogaba á la madre con el otro pedazo
de su alma .
Cuando la desgracia abatió el poderío de los tro-
yanos , decididos á todas las empresas, hasta que el
pueblo y su soberano cayeron á una vez, Flecuba,
desconsolada, mísera y encadenada, luego de ver
muerta á Polixena y su Polidoro, quedó tan destroza-
do su corazón, que en su vehemente furia ladró
como una perra, de tal suerte, que su razón llegó á
extraviarse .
Mas ni los tebanos ni los troyanos demostraron
tanta crueldad en atormentar animales ó cuerpos hu-
manos, como la que observé en dos sombras pálidas
y desnudas, que mordian corriendo cual un cerdo al
huir de la pocilga.
Una de ellas se lanzó sobre Capocchio, le asestó
un golpe en la nuca, y arrastrándole hizo que el vien-
tre barriese el duro suelo: el aretino (1) dijome tem-
blando: «Esa furia no es otro que Gianni Schicci (2),
cuya rabia así dá suplicio á los demás. »
«¡Oh! le dije, si esa otra furia no llega a clavar
sus dientes en tu cuerpo, dime sin cuidado quién es
antes que se oculte .>>>
Yé contestó: «Es la antigua alma de aquella cri-
minal Mirra, que abusando de las leyes de la hones-
tidad, fué amante de su padre; para cometer esta 1
horrible falta tomó nueva forma, igual que aquella
otra que está más allá, que consintió para ganar la
reina de la yaguacería en pasar por Buoso Donati , y
(1) Gripolin, natural de la ciudad de Arezzo.
(2) Juan Schicci , de la familia Cavalcanti en Floren-
cia, había remedado á todo el mundo con tal propie-
dad, que muriendo Buoso Donati sin testar, pariente
cercaño de su amigo Simón Donati, resolvió este, para
heredarle, ocultar su muerte; propuso á Schicci que se
metiera en la cama, é imitando a Buoso, testara á su
favor; así se verificó , en efecto, mediante el regalo de
una yegua de gran precio, llamada Donna della Tonna.
DANTE 9
130 -
hacer testamento en su nombre, dando forma legal á
dicho documento .
Luego que aquellas dos furias que llamaron mi
atención hubieron pasado, volvíme para contemplar
las otras sombras que nacieron malas.
Una de ellas tenía la forma de laúd, en caso de
que su alma estuviera en el sitio donde el cuerpo se
divide á semejanza de horca; la pesada hidropesia
que tanto desfigura los miembros á causa del humor,
diferenciándolos de suerte que el rostro no corres-
ponde al vientre, le precisaba á tener abiertos los la-
bios, asimilándose al tísico, que cuando la sed le aco-
sa, lleva sus labios, uno á la nariz y el otro á la
barba.
«Los que no sufrís castigo alguno en este misera-
ble mundo (no sé por qué), dijo, contempladme y
fijaos en el torcedor de Maese Adam (1). Viví sacian-
do todos mis deseos , y en este momento ¡ay! anhelo
una gota de agua.
Los arroyos que de las frondosas colinas de Ca-
sentino bajan al Arno abriendo cauces de voluptuosa
frescura, permanecen continuamente á mi vista, y no
en vano, para que me extenúe su memoria mas aun
que la dolencia que descarna mi cuerpo .
La severa justicia que me asedia, se sirve del
sitio de mis pecados para más alimentar mi angus-
tia.
Romena, donde falsifiqué las monedas con el cuño
del Bautista, está allí, por lo que dejo en la tierra un
cuerpo abrasado . Mas si viera aquí la criminal alma
de Guido (2), la de Alejandro y la de su hermano,
(1) Hábil monedero de Brescia, que en connivencia
con los condes de Romena falsificó los florines que te-
nían la imagen de San Juan Bautista, patrón de Flo-
rencia.
(2) Guido yAlejandro, condes de Romena y Casentin
antes citados .
-
131 -
no comparecería á su vista ni siquiera por la fuente
de Branda .
Aquí dentro se encuentra una de ellas ya, si no
mienten las furiosas sombras que vagan por estos lu-
gares dando vueltas; mas ¡qué me importa á mí, si
tengo encadenados los miembros!
Si yo tuviera agilidad para adelantar una línea
en un siglo, ya hubiera emprendido el camino, per-
siguiéndole á través de esa infame raza en este abis-
mo, que mide once millas de circunferencia y media
de ancho .
Ellos no son culpables de que yo pertenezca á
esta raza, pero me indujeron á acuñar florines con
tres quilates de liga.>>>
Yo le respondi: «¿Quiénes son esos dos míseros
que humean cual una mano mojada en el invierno,
y que tanto se aprietan entre sí ahí á tu derecha?»
<<Los encontré ya en este sitio, sin que desde en-
tonces se hayan movido, me dijo; de suerte, que no
creo vuelvan á moverse .
Uno de ellos es el tramposo acusador de José, y
el otro, Simón el falso, el griego de Troya; en su ra-
biosa calentura arrojan ese denso y fétido vapor .>>>
Indignado uno de ellos, tal vez porque se le nom-
braba con aquel nombre infamante, dió un puñetazo
en el duro vientre del hidrópico, que resonó igual
que un tambor. Maese Adam, á su vez, le pegó en el
rostro, con un brazo que no parecía más blando, di-
ciendo:
«Sin embargo de no poder moverme á causa de la
pesadez de mis miembros, tengo todavía agilidad en
el brazo para ejercer este oficio. El otro le contestó:
-<<No te movías tanto cuando marchabas á la ho-
<
guera, pero sí mucho más cuando acuñabas monedas
falsas.>>.
El hidrópico añadió: «Dices verdad en esto; pero
no la dijiste en Troya cuando te se reclamaba. »
-
132 -
«Si yo afirmé una falsedad, tú falsificaste los cu-
ños, repuso Simón; yo sólo una vez falté, mientras
tú faltaste más veces que todos los condenados.>>>
«Perjuro, recuerda el caballo de madera, repuso
el del gran abdomen, y que tu delito sea castigado,
ya que lo conoce el orbe entero. »
«Y tú, le increpó el griego, que seas castigado por
la sed que agrietea tu lengua, y por ese corrompido
líquido que alza tu vientre cual una barrera ante tu
vista .»
El monedero : «No abres tu boca, según costum-
bre, sino para blasfemar; si tengo sed y el humor
abulta mi cuerpo, tú llevas interiormente el fuego
y te lastima la cabeza; poco había que rogarte para
que te decidieras á lamer el espejo de Narciso .»
No pensaba mas que en oirles, cuando mi guía
me dijo: «Prosigue mirando, que estoy tentado por
reñirte. >>
Al oir suvoz amenazante, me volví ruboroso á
él y aun lo conservo vivo con su recuerdo en la me-
moria. Y cual el que sueña en su desgracia y anhela
soñar para seguir soñando, porque quiere que sea
aquello que ya fué, así hacía yo: no podía hablar ni
excusarme , y á pesar de todo me excusaba sin darme
cuenta de ello .
<<Con mucha menos confusión, me dijo, podía ex-
cusarse una falta mas grande que la tuya; así , sa-
cude toda tristeza , y recuerda que me hallo siempre
á tu lado, si sucede que el acaso vuelve á reunirte
con seres entregados à tales disensiones. Porque el
pretender oir tales cosas, es desear una bajeza. »
-
133 -
CANTO XXXI
SUMARIO .
Noveno y postrer circulo, ó el de los Traidores.-Está
dividido en cuatro recintos, en los que se castigan
otras tantas clases de traidores . Los poetas hallaron
en ellos á Nembrod, Efialto, Anteo y otros gigantes
que daban vueltas al circulo infernal. Anteo coge en
sus brazos á ambos poetas y los conduce al fondo del
circulo noveno .
La propia lengua que había hecho cambiar el co-
'lor de mis mejillas antes, me presentó luego el re-
medio, imitando á la lanza de Aquiles y su padre
que, según dicen, al principio causaba daño y des-
pués encanto inexplicable .
Dejamos atrás aquel valle desventurado, mar-
chando sin hablar á lo largo de la orilla que le circu-
ye. En ella no reinaba la luz ni la sombra, por lo
que no podía extenderse mi vista muy lejos.
Pero percibí el hórrido tañido de una trompa que
hubiera apagado el estampido del trueno, y guiado
por su eco, fijé la vista en el punto de donde partia .
Ni luego de la derrota en que Carlo Magno per-
dió todo el fruto de su empresa santa, tronó con más
ímpetu la trompa de Rolando.
Alcé los ojos, y me pareció que veía gran por-
ción de altas torres, y pregunte: «Maestro, ¿qué
pueblo es ese?»
Contestándome: «Cómo quieres ver desde muy
lejos y entre tinieblas, te has engañado; ya verás en
llegando cuánto ofusca la distancia el órgano de la
visión; adelanta el paso.>>>
134-
Entonces, cogiéndome la mano con ternura, me
0:
<<Antes de que pasemos más adelante, sabe, para
que te parezcan menos extraños aquellos bultos, que
no son torres, y sí gigantes sumidos en el pozo del
borde, desde el vientre á los piés.
Como la mirada al desvanecerse la niebla va des-
cubriendo los objetos escondidos por el vapor que
envolvía el aire, iba descubriendo yo, á medida que
iba cruzando aquel vapor denso y oscuro, y me apro-
ximaba más y más al borde del pozo, que por inmen-
so que mi error hubiera sido, no lo era tanto como el
pánico que le iba sucediendo.
Porque como Montereygione corona de torres todo
su recinto, lo mismo se alzaban sobre el brocal del
pozo la mitad de los cuerpos de aquellos gigantes ho-
rrendos, á quienes Júpiter amenaza aún desde lo alto
del cielo siempre que truena.
Ya principié á descubrir los rostros, los hombros,
el pecho, parte del vientre y los brazos, que tenía
tendidos uno de ellos. Verdaderamente que naturale-
za se manejó con gran sabiduría al olvidar la mane-
ra de crear monstruos tales, puesto que privó á Mar-
te de tan tremendos ejecutores .
Si bien ahora cría, sin motivo de arrepentimien-
to, elefantes y ballenas, el que calcule bien, sólo verá
en esto una señal de su discreción y justicia; pues
cuando la razón del humano espíritu vá junta al po-
der y á la malevolencia, no hay en la tierra resisten-
ciaposible.
Su cabeza parecióme tan grande y prolongada,
cual la cima de San Pedro en Roma, siendo arregla-
dos á ella los demás miembros; de suerte, que vistos
desde la orilla, asimilaban treinta robustas palmeras,
desde el brocal del pozo hasta donde el hombre acos-
tumbra á abrochar su capa.
<<Raphel mai amechza bialmi, » comenzó á profe-
- 135 -
rir la orgullosa boca, que no puede pronunciar más
dulces salmos .
Mi Maestro le dijo: «Alma insensata, haz resonar
esa trompa, para proporcionarte alivio cuando la có-
lera ú otra pasión te agite. Busca en tu garganta ,
imbécil alma, y hallarás la correa que sustenta tu
trompa y que amarra tu descomunal cintura. ».
Después, dírigiéndose á mí, me dijo: «Ese se acu-
sa á sí propio; es Nembrod, cuya temeraria empresa
dió margen á que el mundo emplee más de unalen-
gua(1) .
Más dejémoslo; no le hablemos inútilmente, pues
tan desconocida le es nuestra lengua, como á nos-
otros la suya .
Continuamos nuestro camino con dirección á la
izquierda , y como á un tiro de ballesta encontramos
otro gigante, más feroz y formidable .
No puedo decir quién dispuso su atadura de aquel
modo; el brazo izquierdo lo llevaba atado delante y el
derecho atrás; una cadena le sujetaba desde el pes-
cuezo hasta el sitio que tenía en descubierto, dando
cinco vueltas á su cuerpo.
«Ese fátuo quiso medir su poder con el del sobe-
rano Júpiter, me dijo mi Maestro, y esta es la gloria
que alcanzó su loca empresa. Se llama Efialte, y ma-
nifestó su audacia al imponerse los gigantes á los
mismos dioses; no volverá á mover el brazo que al-
zara entonces >>>
Yo le contesté: «Si no fuera imposible, desearía
ver por mí mismo á ese inmenso Briareo .
A lo que me observó: « Cerca de este sitio verás
á Anteo, el cual habla, no está sujeto con cadenas y
nos acompañará hasta el interior de esta mansión
del mal .
(1) Nembrod, hijo de Chus, uno de los operarios de
la torre de Babel.
-
136 -
El que deseas ver tú está mucho más lejano, en-
cadenado lo mismo que ese, con la diferencia de que
su faz es mil veces más feroz y asquerosa . »
Jamás un terremoto produjo más grande sacudida
ni causó tal estruendo, como el ocasionado por Efialte
al agitarse súbitamente.
Entonces temi de tal modo la muerte, que acaso
hubiera sucumbido al pánico, á no ver que el gigante
yacía atado fuertemente. Seguimos nuestro camino
y poco tardamos en llegar cerca de Anteo, que, sin
contar la cabeza, sobresalía cinco palmos á lo menos
del abismo .
«Oh, tú que en el venturoso valle do Escipión
consiguió gloria tanta cuando Aníbal y sus parciales
volvieron la espalda (1), tu presa fué la de mil leones,
y á tomar parte en aquella gran batalla tus herma-
nos , hubieras asegurado la victoria de los hijos de la
tierra; haz favor de decirnos en qué sitio pasó el frío
al Cocyto .
No me dirijas á Ticio ni á Vifeo; mi amigo puede
procurar lo que se desea aquí; así; pues, humillate y
no contraigas el rostro de esa suerte.
Este aun puede pregonar tu fama por el mundo;
el gigante, tendiendo lamano, tomó á mi Maestro en
los brazos, que de tal modo habían estrechado á Hér-
cules. Cuando se notó cogido Virgilio, me dijo: «Haz
de manera que pueda asirte yo; » lo que ejecutó de
suerte que los dos parecíamos un sólo bulto. Como la
Garisenda (2), que parece caerse del lado que se in-
clina al pasar una nube sobre ella, así me pareció An-
teo al verle inclinarse, estando yo en aquel momento
de tal modo, que hubiera preferido ir por otro cual-
quier camino .
(1.) Se refiere á la batalla de Zama .
(2) Garisenda, torre inclinada de Bolonia, llamada
Torre Mozza, tiene 130 piès de elevación . También á cor-
ta distancia está la de Asinelli .
- 137 --
Mas nos dejó con suavidad en el fondo del abis-
mo que devora á Lucifer y á Judas; por un intervalo
quedóse inclinado, pero después se enderezó como el
mástil de un navío .
CANTO XXXII
SUMARIO
Recinto primero del círculo nueve, ó sea el de Cain el
fratricida. En él están los traidores que lo fueron con
sus parientes, metidos en un helado lago.-El Maese
Alberto Camicción de Pazz.-Recinto segundo, ó el de
Antenor y los traidores á su patria.
Si mi voz fuese cavernosa, según debiera serlo
para cantar el tenebroso antro descanso de los demás
circulos, tal vez expresaría mejor mi idea; más no
siendo así emplearé balbuciente voz.
No se trata de una cuestión pueril, y sí de dibu-
jar el fondo del universo entero. Que acudan en so-
corro de mis versos aquellas mujeres (1) que auxilia-
ron á Amfión en la construcción de Tebas, para que
mi canto no desmerezca del asunto de que trata.
Raza maldita sobre las demás razas, que moras en
este lugar, del que no se puede hablar sin dolor,
¿por qué no te condujiste en el mundo como la sim-
ple oveja ó la humilde cebra?
Al llegar al fondo del oscuro pozo, todavía debajo
de la planta del gigante, mirando yo las altas mura-
llas, percibí una voz que decía: «Repara do posas el
pié, para no pisar las cabezas de desdichados herma-
nos que aquí han sufrido las torturas .>>>
(1) Por las Musas.
-
138 -
Giré la vista, y al frente de mí observé un lago
que parecía cristalizado por el hielo .
Ni en Austria ni el Danubio, ni el Támesis bajo
un frío cielo, tuvieron jamás una tan espesa cubierta
de hielo, la que no romperian aunque cayesen sobre
él el Tabernikc ó Pietra-Piana (1 ) .
Como tienen las ranas sus cabezas fuera del agua
al emitir sus cantos, cuando el labrador principia á
espigar, así se ballaban las lívidas sombras enterra-
das en el hielo, hasta la parte del rostro donde se di-
buja el rubor, castañeteando sus dientes, cual los pi-
cos de las cigüeñas .
Todas tenían el rostro mirando bacia abajo, dicien-
do sus bocas el frío que atería sus miembros, y sus
ojos la pena de su corazón. Luego de fijar mi vista re-
paré en el fondo y ví dos sombras, de tal suerte uni-
das , que se confundía el cabello de ambas cabezas.
«¿Quiénes sois, exclamé, vosotros, que tan enla-
zados estáis?» Alzaron sus rostros, y después de mi-
rarme, las lágrimas que antes inundaban sus ojos,
fueron cuajadas por el frío en sus pestañas .
Nunca ningún clavo estrechó de tal manera dos
maderas, como se apretaron los dos condenados, to-
pándose á semejanza de carneros; tal era el furor de
que estaban poseídos .
En aquel punto, una sombra que había perdido
sus orejas á causa del frío, me dijo humillando la
cabeza: «¿Por qué con tal atenciónnos miras?
Si deseas saber quiénes son esos dos, te diré, que
la patria de su padre Alberto y la de ellos, fué el va-
lle que atraviesa el Bicencio (2). Los dos tomaron
forma en las mismas entrañas; y si recorres el círculo
(1) Tabernick, montaña de Eslavonia; Pietra-Piana ,
monte de la Toscana cerca de Luca.
(2) El-Bicencio corre por el valle de Falterona. Ale-
jandro y Napoleón se dieron muerte en él, luego de fa-
llecer su padre Alberto de Alberti .
139 -
de Caín, no verás otra sombra más merecedora de es-
tar enterrada en el hielo (1).
Ni aquel á quien Arturo abrió el pecho de un
golpe (2), ni Toccacio (3), ni el que con su cabeza me
veda el ver más lejos, que se llamó Sassolo Masche-
roni (4) . Si procedes de Toscana, ya puedes conocer-
le, y para que ceses en tus interrogaciones, sabe que
soy Camiccione de Pazzi, y que espero á Carlino,
que ha de excusarme (5).
Después ví millares de rostros ennegrecidos por
el frío, los que, de tal suerte me aterraron, que nun-
ca se borrarán de mi mente aquellos helados char-
cos . Yendo avanzando hacia el centro, no sé si el
destino ó la casualidad hizo que pisara el rostro de
una de aquella multitud de cabezas.
Súbitamente me gritó llorando el alma: «¿Por
qué pisarme? Si es que no eres un aumento de la
venganza de Monto perto, já qué atormentarme así?>>>
El guía se paró, y yo dije al que aun proseguía
en sus blasfemias: »¿Y quién eres tú que de tal modo
maltratas á los demás?»
-Dime antes quién eres tú que vagas por el círcu-
lo de Antenor (6), hiriendo los rostros con más dolor
que si estuviesen vivos?
(1) Círculo de Cain, morada de los traidores á sus pa-
rientes .
(2) Oculto Mordrec para matar á su padre Arturo,
recibió de este una lanzada que lo atravesó.
(3) Toccacio Cancellieri de Pistoia cortó la mano á su
primo, y después mató á su tío
(4) Sassolo Mascheroni también mató á su tío; según
otros á su sobrino .
(5) Camiccione Pazzi mató á su pariente Ubertino-
Carlino, partidario de los gibelinos, y entregó por una
cantidad a los güelfos el castillo de Piano di Trevigne,
sito en el valle de Arno.
(6) El círculo de Antenor, donde están los traidores
á la patria. Antenor vendió á Troya , escondiendo en su
palacio á Ulises .
-
140 -
-Soy viviente, repuse, y puede que sea de tu
agrado que ponga tu nombre junto con los que he
podido reunir.>>
Y me contestó: «No es tal mi deseo, huye de aquí
y no me incomodes más; nada puede halagarnos en
estas heladas aguas. »
Cogiéndole entonces por la nuca, le dije: «Dime
tu nombre ó te quedarás sin uno sólo de tus cabellos. »
<<Así me arranques los cabellos, ni aun te indicaré
quién soy, ya puedes arrojarte mil veces sobre mi
cabeza.>>>
Ya tenía enroscados y aun arrancados una parte
de sus cabellos, mientras que aullaba con desencaja-
dos ojos, cuando otra sombra gritó: « Bocca, ¿qué
tienes? ¿No te bastan los chasquidos de los dientes,
que todavía has de aullar así? ¿Qué demonio te ator-
menta?
-Ya no quiero que hables, le dije, aleve traidor,
para baldón eterno daré de tí noticias verdaderas (1) .
-Vé, me respondió, y dí lo que gustes; mas si sa-
les de aquí, acuérdate también del que tuvo la lengua
tan dispuesta .
Llorando se halla aquí el soborno que recibió de
los franceses . He visto, dirás , á Buoso Duera , donde
los pecadores están helados .
Por si te preguntan el nombre de los demás, dí
que á tu lado está Bechería, decapitado en Floren-
cia. Algo más lejos creo que también están Gianni
del Soldaniero, Ganellone y Tabadellot que abrió las
puertas de Faenza aprovechando el sueño de sus de-
fensores (2) . »
(1) En Monte-Aperto, el güelfo Bocca, seducido por
los gibelinos, corto la mano á Jacobo Pazzi , que osten-
taba el estandarte de su partido. Asustados los güelfos
al caer su bandera, se dispersaron desordenados, per-
diendo la batalla .
(2) Traidores á la patria.
-
141 -
Algo retirados de esta, vimos otras dos sombras
heladas igualmente, que la cabeza de la una servía de
capirote à la otra.
Y á imitación del hambriento, en el pan, clavó el
de debajo sus dientes en el otro , en el sitio donde el
cerebro se junta á la nuca. Tideo no machacó con
más saña las sienes de Menelippo, que lo verificó
aquel con el cráneo de su compañero .
«¡Ah! tú que manifiestas tan claramente el odio
contra la víctima que devoras, dime qué motivo te lo
dicta; pues conviene, si de tu parte está la razón,
que yo sepa el crimen y quiénes sois, para poder
ejercitar tu venganza allá en el mundo, á no ser que
se seque la lengua que ahora te habla. »
CANTO XXXIII
SUMARIO
Ugolin y el Arzobispo Rogerio. -Historia del conde
Ugolin. Recinto tercero, el de Ptolomeo y los traido-
res de sus
us huéspedes.-
es.-El
El hermanoAlberico.
El pecador apartó su boca del horrible alimento,
y secándola en los propios cabellos de la cabeza que
le había servido de comida, me dijo así: «Quieres
que acibare mi pena con el nuevo recuerdo que
me llena de angustia sólo al pensar que he de hablar
de él .
Mas si mis palabras pueden ser el germen del
baldón é infamia para el traidor que devoro, á un
tiempo hablaré y sollozaré .
Ni sé quién eres, ni cómo has podido llegar aquí;
pero en tu acento entreveo que eres florentino. Ante
-
142 -
todo, sabe que soy el conde Ugolin, y este el arzobis-
po Ruggieri (1). Ya te diré por qué soy tan terrible
con mi vecino .
Creo excusado decirte que por su perfidia me vi
preso y condenado; lo que ignorarás será la crueldad
de mi muerte; más te la referiré, y verás si debo
odiarle. Una muy pequeña abertura practicada en la
torre, que á consecuencia de mi suplicio tomó el
nombre de Torre del Hambre, en la que todavía es-
tarán sufriendo otros muchos, me había indicado ya
por su hendidura la venida de varios días, cuando
tuve el sueño que rasgó el velo de mi porvenir .
En él se destacaba Ruggieri como amo y señor,
arrojando un lobo y sus hijos hacia el monte para que
los paisanos no pudieran ver la ciudad de Luca (2) .
El conde de Gualdani, seguido de los Sismondi y
Lanfranchi, llevaba á su lado algunas perras flacas,
pero ágiles y diestras. Al principio de la carrera creí
que el lobo y sus cachorros estaban rendidos, y que
se devoraban sus costados con sus afilados dientes.
Al despertarme antes de la aurora, ví que mis hijos
estaban conmigo, pero que llorando y soñando me
pedían pan .
Mal corazón tendrás si no te apena ya la idea de lo
que desde entonces presagió mi alma; y si esto no te
conmueve, ¿qué te podrá conmover?
Despiertos ya , y cercana la hora del alimento,
cada uno dudaba por influencia de su sueño. Yo per-
(1) Ugolin, descendiente de los condes de la Gherar-
desca, en 1288 gobernador de Pisa. El Arzobispo Rug-
gieri, celoso de su mando, divulgó la especie de que era
traidor, y ayudado por los Sismondi y Gualandi, fué
haciael palacio de Ugolin, reduciéndolo á prisión con
sus dos hijos y dos nietos, en la torre Degli Anciani .
Lasllaves de la prisión, que á consecuencia del suplicio
de Ugolin tomó el nombre de Torre del Hambre, fue-
ronsepultadasenelArno.
(2) Monte San Julián .
143
cibí el ruído, al cerrarse las puertas de la horrible
torre, y me limité á contemplar á mis hijos sin arti-
cularpalabra.
Mis lágrimas iban secándose, según la indiferen-
cia helaba mi corazón, más ellos seguían gimiendo;
al observar mi pequeño Anselmo el estado de mi ser,
me dijo: «¿Padre mío, qué te pasa para mirarnos así?»
Empero, ni lloré, ni respondí en aquel día, y la
otra noche, hasta que se alzó otro sol en Oriente. Al
penetrar uno de sus más ténues rayos en la cárcel del
dolor, ví en cuatro fisonomías el retrato de lo que
debía ser la mía; entonces, en mi desesperación, em-
pecé á morderme las manos, y mis hijos, creyendo
que lo hacía impulsado por el hambre, súbitamente
se incorporaron, diciéndome: «Padre, si quieres
amenguar nuestro horrendo dolor, cómenos; tú que
nos cubriste de esta misera carne, despójanos de ella. >>>
Aquí hice por calmarme para no acibarar más su
pena, permaneciendo mudos aquel día y los que si-
guieron. ¡Oh cruel tierra! ¿Por qué no nos tragaste?
El día cuarto, Gaddo se arrojó á mis plantas di-
ciéndome: « Padre mío, ¿por qué no vienes en mi so-
corro?» Y en aquella postura, y sin poder moverse
más, falleció; los otros tres murieron entre el quinto
y sexto día. Ciego ya, á tientas fuí á abrazarlos dos
días después; luego el hambre tuvo más fuerza aún
que el dolor.>>
Cuando acabó de hablarme de esta suerte, con
ceño torvo se volvió á agarrar al cráneo miserable,
en el que sus dientes, imitando los de un lobo furio-
so, penetraban hasta los tuétanos .
¡Oh Pisa! baldón de las naciones del precioso pais
en que el sí resuena, puesto que tanta calma invier-
ten tus vecinos en tu castigo, que se derrumben Ca-
praja y Gorgona, (1) formando un dique en la boca
(1) Dos islas en la embocadura del Arno .
144 -
del Arno, para sepultura de tus moradores! Si al con-
de Ugolin se le acusó de haber querido entregar tus
castillos, sus hijos no debían tener tan desastroso
fin; nueva Tebas por probar su edad tierna la ino-
cencia de Uguccione, Brigata y de los demás enun-
ciados en mi canto.
Después fuimos hacia el sitio en que el hielo cie-
rra cruelmente varias sombras con la cabeza para
abajo . Las lágrimas derramadas allí impiden el curso
de otras nuevas, y la pena que no puede salir por
los ojos , se reprime interiormente y aumenta la an-
gustia.
Las primeras lágrimas se congelan y se quedan
agrupadas como un cristal debajo de la cavidad de
los ojos; y si bien mi rostro, endurecido por el frío,
era casi insensible, me pareció percibir algún vien-
to. «Querido guía, dije, ¿qué es lo que aquí se mue-
ve? ¿Hay aquí , por suerte, algún soplo sin extin-
guir?»
Yme contestó: «Luego lo sabrás; en breve verás
lo que produce ese viento. >> En aquel punto nos gritó
uno de los condenados en aquel témpano de hielo:
<<Almas pecadoras que os han arrojado al último cír-
culo, quitadme del rostro estos duros velos para ate-
nuar un tanto el dolor que inflama mi corazón antes
que vuelvan á helarse mis lágrimas.»
Yo le repuse á mi vez: «Si deseas alivio, dime
quién eres , y luego, si no te complazco, que caiga
para una eternidad en el fondo de ese páramo. >>>
Entonces dijo: «Yo soy frayAlberico, el ser cuyo
jardín produjo tan malos frutos, y aquí estoy reci-
biendo un datil por un higo (1). »
(1) Fray Alberico, reñido con todos sus parientes,
fingió un día querer la reconciliación con cuyo objeto
les invitó a una gran comida; pero a los postres los
mandó asesinar. De aquí vino un proverbio que dicé:
<<Probó las frutas de Fray Alberico.>>
145
<<¡Oh! le repuse, ¿con que has muerto ya?» Yél
en seguida:
<<Ignoro cómo se hallará mi cuerpo allá en el
mundo. Ptolomeo tiene el don de coger las almas
alguna vez antes de que las arroje Atropos (1).
Para que me quites las lágrimas con más gana, te
diré que en cuanto hace el alma una traición así
comola mía, le es quitado el cuerpo por un demo-
nio, que dispone de él hasta el término de su vida,
cayendo desde luego el alma en este frío pozo. Tal
vez permanece aún en lo alto el cuerpo de la sombra
que está tras de mí en este hielo.
La debes conocer, si hace poco que llegaste: es
Branco de Uria, aunque ya está muchos años ence-
rrada en este lugar (2) .
-Me figuro, le dije, que no dices verdad, pues
Branco de Uria aún no murió , puesto que come, bebe
y viste allí arriba.
-En el foso Malebranche, repuso, donde hierve
obstinadamente la pez, aún no había caído Miguel
Sancho , y ya Branco había puesto un demonio en su
cuerpo y en uno de sus cómplices en la traición .
Ahora alarga la mano y abre mis ojos.>>>
Mas yo no se los abrí , pues fué lealtad el ser des-
leal con él.
¡Oh genoveses ! enemigos de la virtud y amigos
del vicio, ¿por qué todavía no habéis sido expulsados
del mundo?
Al lado del genio del mal de la Romaña, he halla-
do á uno de vosotros, el que por sus acciones tiene
su alma sumergida en el Cocito, mientras que su cuer-
po parece vivir en lo alto.
(1) Circulo de Ptolomeo, do están los traidores á la
amistad.
(2) Branco de Uria,genovés, matador de su padre
político.
DANTB 10
146
CANTO XXXIV
SUMARIO
Recinto cuarto, ó el de Judas y los traidores con sus
protectores . Lucifer se halla encadenado en él.-
Virgilio explica la creación del Infierno . Los poetas
abandonan la ciudad de las lágrimas y vuelven á ver
lucir las estrellas .
Fija tu vista hacia adelante, me dijo mi guía, por
si puedes distinguir las banderas (1 ) .>>>
Como cuando domina la niebla espesa, ó tiende la
noche su negro crespón sobre el hemisferio, nos figu-
ramos ver á lo lejos una especie de molino que hace
mover el viento, así me pareció entrever un lejano
edificio . Y para resguardarme del viento, me encogí
detrás de mi Maestro , por no encontrar otro abrigo .
Amedrentado , y lo demuestro en mis versos, es-
taba yo en el lugar en que las sombras, completa-
mente tapadas por el hielo, asemejan por su transpa-
rencia á simples pajas entre cristal.
Unas se hallan echadas, otras de pié, y hay algu-
nas que ostentan la forma de un arco, con la cabeza
tocando á los piés. Así que mi Maestro juzgó que ha-
híamos avanzado suficiente para mostrarme la cria-
tura que antes tuvo tan hermoso aspecto, paróse ante
mí, y me precisó á detenerme: « He aquí á Dite (2),
me dijo; este es el sitio en que debes usar de todo tu
valor.>>
Lector, no quieras preguntarme cómo me quedé
sobrecogido y frío entonces, pues no lo podría descri-
(1) Las banderas del rey de los Infiernos.
(2) Dite, Lucifer.
-
147 -
bir. No morí , y á pesar de ello, no vivía; juzga por
ti mismo, por poca imaginación que te ayude, lo que
sería de mí viéndome privado de la vida y de la
muerte .
El emperador de aquel triste imperio asomó el pe-
cho por entre aquel helado mar, siendo mas propor-
cionada mi estatura á lade un gigante, que no lo era
la de este respecto á la magnitud de sus brazos; com-
para cómo sería el todo de su cuerpo.
Si fué tan hermoso como deforme es hoy, y si
se atrevió á alzar su vista contra su Creador, él debe
ser el causante de su mancha ó fealdad .
Para mí fué gran asombro observar tres rostros
en su cabeza (1), encarnado uno á la parte de delan-
te, y los dos restantes unidos á este, en medio de
cada hombro, reuniéndose los tres en la parte supe-
rior de la cabeza .
El rostro de la derecha aparecía blanco y amari-
llo, y el de la izquierda era color de los que pueblan
el pais en que se engolfa el Nilo. Debajo de sus dos
cabezas salían dos inmensas alas, con arreglo al vo-
lumen de tan prodigiosa ave, sin que yo haya podido
ver vela de buque que les pueda ser compa-
rada .
Aquellas alas no estaban revestidas de pluma
alguna, asimilando á las del murciélago; al agitarlas
era tal su aleteo, que producía tres diferentes aires.
El Cocito estaba helado en torno suyo; sus seis
ojos lloraban á la par, inundando sus tres barbas, lá-
grimas y sanguinolenta baba. Con los dientes de cada
boca despedazaba un pecador, asemejándose á las
máquinas que trituran el lino, de suerte que á un
tiempo hacía tres víctimas.
Los mordiscos que sufría el de la parte de delante
(1) Representación de los europeos, los asiáticos y
los africanos .
148
eran nada, en comparación de las heridas causadas
por las garras; ni aun piel tenía ya en los riñones .
«El alma que más sufre allá arriba, dijo mi guía,
es la de Judas Iscariote, que mueve su cabeza en el
fondo de la boca y sus piernas á la parte de afuera.
De los que tienen la cabeza hacia abajo, el que
cuelga de la boca negra es bruto; repara cómo crispa
sus miembros sin decir palabra; el que parece tan
fornido es Casio; pero la noche está encima, y debe-
mos partir, puesto que nada nos queda por ver (1) . »
Con arreglo á su voluntad, me así á su cuello; él
aprovechó la circunstancia y el punto favorable;
cuando tendió bastante las alas, se agarró á las ve-
lludas costillas de Lucifer, y fué descendiendo de
pelo en pelo hasta el espeso tusón y los carambanos.
Una vez llegamos á la parte superior del muslo,
mi Maestro, con mucha pena, volvió la cabeza hacia
donde tenía los piés, y se asió del pelo como hombre
que sube, de modo que me figuré volvíamos al In-
fierno .
<<Afiánzate bien, pues sólo por esta escala, dijo
mi guía fatigado por el cansancio, puede salirse de
la mansión del mal. >>>
Luego pasó por la hendidura de un peñasco, de-
jándome en el borde, para que me sentara, después
de colocar por precaución su pié cerca de mi.
Alcé la vista y me figuré ver á Lucifer cómo le
había dejado, y le observé con las piernas levanta-
das. Si hube ó no de aterrarme, quelo digan los
humanos turcos, que no han visto el sitio por do
pasé.
«Alza , me observó el Maestro, pues el camino es
(1) Bruto y Casio se hallan en el círculo de Judas el
deicida, esto es, en el centro del Infierno, como regi-
cidas y traidores. Hay que recordar que Dante era par-
tidario de los emperadores.
-
149 -
largo y penoso, y el sol está en la octava hora del
día.»
El camino que andábamos no iba a ningún pala-
cio, y sí sólo á una caverna; el piso era muy espeso
y la luz dudosa .
<<Maestro, dije ya de pié; antes de apartarme de
este abismo, habla un poco para disipar mis dudas .
¿Dónde está la nevera, y por qué Lucifer se halla en
ella hundido boca arriba, y cómo en tan corto tiempo
ha hecho su carrera el sol?>>>
Alo que repuso: «Tú te figuras hallarte todavía
en el confín del círculo en que me así del pelo del
miserable gusano que cruza el mundo, y no has es-
tado en él mientras yo descendía; mas al volverme
pasaste ya al sitio en el cual de todas partes tiende
todo peso (1) .
Te hallas en el hemisferio cercano y opuesto al
que cubre el gran desierto, bajo cuya bóveda apare-
ció el hombre que nació y vivió sin pecado (2) . Pi-
sas la pequeña esfera, antipoda de la Judea.
Luce aquí el día cuando alla es de noche, y el que
con su pelo nos sirvió de escalera, sigue clavado
como lo estaba antes . Fué arrojado del Cielo por esta
parte, y la tierra, que antes se hallaba aquí, asusta-
da, se hizo un velo del mar, dirigiéndose á nuestro
hemisferio, tal vez huyendo de Lucifer; la parte que
ves allí abajo amontonada, dejó el vacío este (3).
Allí hay un sitio, lejano de Belcebú por todo lo
extenso de su tumba, que no vé, pero oye el mur-
mullo de un arrollo que viene á él por un hueco que
se abrió en la peña, en su sinuoso y suavemente in-
clinado curso . >>>
Mi maestro y yo penetramos en aquel camino cu-
(1) Dante adivinó la ley de la gravitación.
(2) Jesucristo .
(3) Quiere indicar la montaña del Purgatorio .
-
-
150
bierto para tornar al mundo de luz; y sin parar, as-
cendimos mi guía delante y yo en pos, hasta que ví
por una circular abertura las preciosidades que con-
tiene el Cielo, y últimamente salimos para volver á
contemplar las estrellas (1 ) .
FIN DEL INFIERNO
(1) Dante quiso que terminase cada uno de los tres
cantos con la palabra estrella (stelle).
EL PURGATORIO
CANTO PRIMERO
SUMARIO
El poeta divino, luego de invocar á las Musas, refiere
que hallándose a la venida de la aurora en una isla
con su Maestro, encontró á Catón de Utica. Tenien-
do licencia para subir al Purgatorio , dirigióse con
Virgilio al mar.-Por consejo de Catón lavó aquel el
rostro de Dante, poniéndole un cinto de junco .
Necesario será que el esquife de mi genio dispon-
ga su velamen para atravesar mejores aguas y aban-
donar un mar tan nefando. Así podré cantar el se-
gundo reino, do se purifica el espíritu, y se hace
acreedor llegar al Cielo .
¡Oh Musas! Puesto que os pertenezco y que aquí
se alza Calliope, haced que se eleve la muerta poe-
sía, y que mi canto sea acompañado por la voz que
inmutó á las míseras Urracas, hasta el caso de haber
desesperado del perdón (1).
(1) Hijas de Piero, rey de Pella, Macedonia, que
desafiaron a las Musas, y vencidas aquellas, fueron
transformadas en Urracas.
152
El hermoso color del zafir oriental, unido á la se-
renidad del aire en aquel círculo primero (1) , me
hizo recobrar la alegría y animar mi vista, tan luego
como salí de la fatal atmósfera que entristeció mis
ojos y amargó mi corazón .
El bello planeta que dicta el amor (2) sonreía en
todo el Oriente, haciendo desaparecer el signo Piscis ,
que venía en pos de él. Me volví á la derecha, enca-
miné mi espíritu hacia el otro Polo, y observé cua-
tro estrellas , notadas solamente por los primeros
hombres (3) .
Parecía que el Cielo se deleitaba en su resplan-
dor. ¡Ah, septentrión; que en tu aislamiento estás
privado de admirar las estrellas! Disipada en mí
aquella contemplación, me dirigí un poco hacia el si-
tio del otro Polo, en que había desaparecido el ca-
rro (4), y pude ver cerca de mi un anciano sólo y
digno de filial respeto ( 5) .
Ostentaba una larga barba gris, como su cabello,
de la que un mechón le tocaba en el pecho. Daban
tal resplandor á su rostro los destellos de las cuatro
santas luces, cual si estuviera inundado de sol .
<<¿Quiénes podéis ser vosotros que marchando
contra la ciega pendiente habéis escapado de la eterna
cárcel? Dijo el viejo, agitando su venerable barba.
¿Qué guía ó antorcha ha sido la vuestra para
huir de la perpetua noche que ennegrece el infernal
vallle?
¿Así se falta á las leyes del abismo? ¿Habrá venido
de Cielo nuevo decreto, por el que vosotros los con-
denados podáis acudir á mis grutas?>>>
(1) El Cielo de la Luna; (sistema de Ptolomeo).
(2) Venus .
(3) Las cuatro virtudes cardinales: la Prudencia,
Justicia , Fortaleza y Templanza.
(4) El carro de la Osa grande .
ón de Utica .
153
Mi guía me mostró entonces por señas que debía
producirme con respecto, prosternarme y bajar la
vista .
Después respondió él: «No vengo por mi volun-
tad, sino porque una mujer del Cielo (1) me ha ro-
gado acompañara y guiara á este. Mas ya que deseas
saber nuestra misión, te diré que la mía se reduce á
no negar nada .
Este todavía no ha alcanzado su última hora ;
mas la tuvo tan próxima, por su locura, que le que-
daban pocos momentos. Entonces, como he dicho,
fuí mandado en su socorro para salvarle, y el que
hemos seguido era el único camino .
Le he mostrado toda la raza condenada, y ahora
deseo que vea los espíritus purificados bajo tu man-
do. Muy enojoso sería el decirte cómo lo he traído
hasta aquí; de allá arriba emana la luz que me guía
á traerle para verte y oirte .
Ten la dignidad de acogerle bien; ya que busca
la libertad que le es tan amada, como le consta al
que desprecia la vida por ella. Bien lo sabes tú , que
por la misma no encontraste la muerte dura y cruel,
ydejaste tú despojo en Utica, que tan resplandecien-
te se verá el gran día.
Los mandatos eternales no los podemos revocar .
Este es ser viviente , y Minos no me retiene; yo per-
tenezco al círculo en que están los castos ojos de tu
Marcia, que todavía parece que te suplica, corazón
santo, que le acojas por compañera y por tuya. Cede
á nuestro ruego, deja que recorramos tus siete rei-
nos; yo le daré las gracias, si permites que tu nom-
bre se mencione allí abajo .>>
«Tanto gustó Marcia á mis ojos mientras estuve
en la tierra, repuso él, que consiguió de mí cuanto
quiso; hoy que mora allende del culpable río, no me
(1) Beatriz.
154
puede conmover, por virtud de la ley creada cuando
sali del Limbo (1).
Más, si según dices, te anima una mujer celestial,
no apeles á dulces halagos; sobra con que la implo-
res ante mí.
Anda, pues, le ceñirás un flexible junco (2), y le
lavarás el rostro para limpiarle de toda mancha, pues
no debe presentarse con la vista empañada delante
del ministro que verás y que pertenece al Paraíso.
Esta isleta, allí abajo en su fondo, produce jun-
cos en su tierra suave. Ninguna planta con hojas ó
que endurezca tiene vida aquí , porque le sería impo-
sible doblarse á los embates de las aguas .
Después , no tornéis por este lado. El sol que vá
alzándose os enseñará á trepar la montaña por más
ncilla pendiente>>>
Aquí desapareció, y yo me incorporé sin articu-
lar palabra, colocándome junto á mi guía, á quien
miré y me dijo:
«Hijo mío, sigue en pos de mí y retrocedamos,
puesto que esta planicie baja por allí hasta el último
límite . »
Ya el alba iba empujando á la hora matutina que
huía ante ella, y desde lejos percibí las ondulaciones
del mar. Vagábamos por la llanura solitaria, según
el hombre que busca la senda que perdió, figurándo-
se andar en vano hasta hallarla.
Al llegar á un sitio en que el rocío templa el ar-
dor del sol, y ayudado por la sombra, no se puede
evaporar mucho , mi guía puso sus dos manos en la
fresca yerba, y yo, viendo su idea, le acerqué mis
megillas humedecidas por las lágrimas, en las que
por su mediación volvió á aparecer el color del que
el Infierno las privara .
(1) Venida de Jesucristo .
(2) Simbolo de paciencia , sencillez y humildad.
155
Después arribamos á la desierta p'aya, que jamás
notó viajero que hubiese de volver á la tierra. Alli
me formó un cinto, según nos había sido mandado,
y joh singularidad! no bien arrancaba una de aque-
Ilas humildes plantas, otra brotaba súbitamente en el
mismo sitio !
CANTO II
SUMARIO
Ala salida del sol, los dos poetas aun se hallaban en
la orilla, desde la que notaron deslizarse por el mar
una barquichuela llena de almas, que un ángel lleva-
ba al Purgatorio.-Entre ellas, Dante reconoció á su
amigo Casella, músico insigne. Casella canta dis-
traído, yá su vez Dante distraído oye su canto.-Có-
lera de Catón, quien les riñe por la lentitud con que
caminan al sitio de la purificación .
El sol había llegado ya al horizonte, cuyo meri-
diano impone á Jerusalén su punto más alto, y la
noche, que traza su círculo en el lado opuesto, ema-
naba del Ganges sosteniendo la balanza, que arroja
de sus manos al triunfar del día .
De suerte, que donde aparecía el sol se tornaban
las blancas megillas de la preciosa aurora en color
anaranjado. Todavía nos hallábamos nosotros á la
orilla del mar, según el viajero que piensa en su ca-
mino, cuyo espíritu se mueve en tanto que su cuerpo
está parado .
Pero como Marte, antes de amanecer, cruza los
densos vapores y enrojece el Poniente sobre el mar,
así se apareció un resplandor (¡quisiera volverle á
ver!) que con tal velocidad se aproximaba por la par-
te del mar, que no había ave que le pudiera imitar
en su vuelo .
Y como apartase yo los ojos para hacer una ob
-
156 -
servación á mi Maestro, al volverme lo noté más in-
menso y luminoso. Después me pareció descubrir
algo blanco en los lados, de do salía pausadamente
otro objeto más blanco aún.
Nada dijo mi guía, hasta que las primeras formas
blancas tendieron sus alas . Entonces, reconociendo el
barquero , dijo : «¡Hinca tus rodillas ! ¡ Hé aquí el ángel
deDios, une tus manos! En adelante verás idénticos
ministros .
Vé como no se sirve de los humanos medios, pues
no necesita remos ni otras velas que sus alas para
cruzar estas tan remotas orillas de los vivientes . Re-
para cómo las levanta al Cielo, y cómo azota al vien-
to con sus eternales plumas, que no mudan como los
cabellos de los mortales .>>>
Cuando más se aproximaba la divina ave, más
brillaba; de suerte que la vista no podía sufrir su
resplandor, viéndome precisado á bajarla en tanto
que venía á la orilla con su barquichuela, tan frágil
y ligera, que casi no surcaba las aguas .
En la popa estaba el celestial nanclero, cuya bea-
titud se retrataba en sus facciones, y más de cien es-
píritus, en la barquilla sentados, que á coro ento-
naban in éxito Israel de Egypto, con un arrobamiento
digno de tan célebre salmo .
Haciendo el ángel la señal de la cruz santa, todos
saltaron a la playa, y él regresó con la misma velo-
cidad quehabía venido.
Los viajeros del ángel parecían extranjeros en
aquel paraje; así que miraban en torno suyo como el
que se vé sorprendido por cosas desconocidas .
El sol tendía su manto por todas partes arrojan-
do con sus inevitables dardos al Capricornio del cie-
lo, cuando la cohorte recién llegada alzó hacia nos-
otros la vista diciendo :
<<Mostradnos el camino que conduce al monte, si
lo sabéis .»
-
-
157
Y mi guía respondió: «Tal vez pensáis que cono-
cemos este lugar, pero cual vosotros somos extranje-
ros; poco antes que vosotros llegamos aquí, más por
un camino tan sinuoso y fatal, que para nosotros
será un pasatiempo al trepar por la montaña. »
En mi respiración comprendieron las almas que
yo era viviente, y palidecieron de asombro, y como
alrededor del mensajero que lleva la rama de olivo
se agrupan las masas para adquirir noticias, sin te-
mor de empujarse así me rodearon aquellas venturo-
sas almas , olvidando el ir á embellecerse .
Una de ellas se adelantó tan solícita para abra-
zarme, que tuve que imitarla ; más joh sombras va-
nas! excepto para los ojos. Tres veces intenté echarle
los brazos, y otras tantas me hallé con el vacío .
Seguramente debió describirse la admiración en
mi semblante, puesto que la sombra, sonriendo, se
retiró, en tanto que yo avanzaba hacia ella.
Sosiégate, me dijo al fin con dulzura, y cono-
ciéndola entonces, le rogué que se detuviera para
hablarme, respondiéndome: «Según te quise con mi
mortal cuerpo, te quiero hoy, libre de él; me quedo
aquí. Mas tú ¿á qué vienes aquí?
Amado Casella (1), viajo para volver al mundo de
los vivos, al que pertenezco aún. Pero ¿cómo te se
ha negado por tanto tiempo este dulce y terrible
sitio?>>>
Y me contestó: «No es por culpa del que nos
pasa cuando le place, por más que muchas veces
haya negado el hacerlo; pues hay una voluntad justa,
á la que debe ajustar la suya. Verdaderamente ha
recogido en estos últimos tres meses á todo el que ha
querido entrar con la divina paz (2) .
(1) Acreditado músico fiorentino, muy amigo de
Dante, con el que se distraía en sus horas de descanso.
(Grangier).
(2) Todos los que aprovecharon las indulgencias del
- 158 -
Encontrándome yo á la orilla del mar, en que
se vuelve salada el agua del Tíber, me recibió bené-
volo cerca de la embocadura en la que él alza sus
olas, por reunirse allí los que no bajan hacia el Aque-
ronte (1). »
Yo le dije : «Si nueva ley no te priva de la me-
moria ó del uso de los cantos amorosos, que tanto
dulcificaban mis penas, consuela mi alma, que al ve-
nir á estos sitios con su cuerpo, se ha llenado de pá-
nico y terror »
Con tal dulzura cantó entonces Amor que habla á
mi mente (2) , que su voz aun vibra en- el interior de
mi alma .
Mi guía, las sombras y yo, que rodeábamos al
cantor, parecíamos tan satisfechos, cual si no nos
debiera ocupar ninguna otra idea , tanto, que excla-
mó el noble anciano: «¿Qué es esto, perezosas som-
bras? ¿A qué este descuido? ¿Por qué tal retardo?
¡Volad al monte para despojaros de la corteza que
impide a Dios llegar hasta vosotros .
Como palomas juntas que pican el trigo ó zizaña
sin usar su acostumbrado arrullo, y que súbitamen-
te alzan el vuelo por estar dominadas de algún te-
mor, así desaparecieron las almas recién llegadas
para dirigirse á la costa, como el que sigue un ca-
mino que no sabe dónde le lleva .
Nuestra fuga no fué menos veloz .
Jubileo del mes de Diciembre de 1360, por Bonifa-
cio VIII .
(1) Puerto de Ostia, próximo a Roma .
(2) Canción de Dante.
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CANTO III
SUMARIO
Los dos poetas se disponen a subir el monte del Pur-
gatorio . Se convencen de lo áspero y penoso del
sendero .-Almas de excomulgados que aguardan
cierto tiempo antes de ir al paraje de la espiación.-
Entre ellas está la de Manfredo, rey de Pulla y Si-
cilia.
En tanto que aquella fuga veloz dispersaba por
la campiña las almas que volvían hacia el monte á
que nos conduce la razón (1), yo me aproximé á mi
querido protector; ¿cómo, sin él, pudiera hacer mi
viaje? ¿Quién me hubiera sostenido del monte en la
cumbre?
Creía sentir por él grandes remordimientos. ¡Ah,
conciencia limpia y pura! ¡Cómo es para tí horrible
veneno la falta mas leve!
Al dejar, por fin, los piés la veloz carrera que
quita su nobleza á toda acción, mi hasta entonces
preocupada mente se fijó en el sitio de su aspira-
ción, dirigiendo la vista hacia el monte que se eleva
al más alto Cielo.
El sol resplandecía rojo detrás de mí, por ser
obstáculo á sus rayos mi cuerpo. Volví la cabeza por
temor de verme abandonado, y noté que sólo estaba
ante mí la tierra oscura .
Mi égida me dijo: «¿A qué la desconfianza, y
por qué to vuelves así? ¿Crees que ya no soy tu
guía?
(1) Montaña del Purgatorio.
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160 -
Ya Vesper se halla allí donde está sepultado el
cuerpo en que formé una sombra. Nápoles lo tiene
por habérselo quitado á Brindis (1) . Si no se describe
ahora ninguna sombra delante de mí, no te admire
otra cosa que el espectáculo de los Cielos, pues no
hay rayo que proyecte sombra sobre otro rayo .
La divina virtud dispone que á nuestros cuerpos,
imitando á los vuestros, les aquejen también tor-
mentos , y el calor y frio; más no nos ha revelado el
cómo y por qué lo hizo .
Muy insensato es el que cree que nuestra razón
podrá registrar el misterio infinito que sólo tiene una
sustancia en tres personas Humana raza, confórmate
con el guía. Si lo hubieses podido ver todo, no hu-
biera sido preciso el parto de María.
Son muchos los que han querido ver satisfecho
el anhelo que se les impuso como eterno suplicio,
aunque inútilmente; me refiero á Aristóteles, Platón
y otros varios.>>>
Por fin nos hallamos al pié de la montaña, donde
vimos rocas tan escarpadas, que los piés más ágiles
hubieran sido vanos. La más áspera y solitaria senda
entre Lerici y Turbia (1) es hermosa y fácil respecto
á aquella.
<<Ahora, dijo deteniéndose mi guía, ¿por dónde
descenderá el camino para que pueda subir el que
no tiene alas? »
Yen tanto él permanecía absorbido en estas ideas,
me fijé yo enlo más elevado de las rocas , y noté
infinidad de almas que venían hacia nosotros, al pa-
recer sin movimiento; tan pausada era su marcha.
«Levanta la vista, dije á mi Maestro, y podrás ver
á quién nos dirigirá, si no puedes dirigirte por ti.>>
Me miró entonces, y en ademán más satisfecho
(1) Brindis, donde murió Virgilio.
(1) Dos lugares sitos en el Estado de Génova.
161 -
me contestó: «Vamos hacia ellas, ya que con tal
pausa vienen, y anímate, hijo amado, con esperanza
mejor. »
Luego de andar algunos centenares de pasos , me-
diaba aún entre nosotros la distancia que alcanza un
buen hondero con su piedra, cuando todas las almas
se agruparon contra las rocas duras de la escarpada
orilla, siguiendo inmóviles y apretadas entre sí, como
el que incierto del camino que debe seguir, mira y
separa.
<<Vosotros, que alcanzasteis un buen fin, espíritus
elegidos, dijo Virgilio, indicadnos, por la dulce paz
que tanto anheláis, qué camino debe llevarnos á la
cima del monte, pues el intervalo es tanto más bello,
cuanto es más grande el galardón que en él se es-
pera >>
Como las abejas al salir de su celdilla deponen su
vista y su pico, imitando todas á la primera, sin
darse cuenta en su sencillez de por qué obran de
aquél modo , observé moverse á la primera alma de
aquella hermosa legión, y dirigirse á nosotros con el
pudor en su frente y la modestia en sus acciones
Al observar que a la derecha proyecta la luz mi
sombra en aquella gruta, se hicieron atrás algunes
pasos , practicando el mismo movimiento las que ve-
nían detrás, sin saber el motivo .
«Antes de que preguntéis, me anticipo á declara-
ros que es un cuerpo humano el que está a vuestra
vista; y esta es la causa de la sombra proyectada por
el sol. No os asombre, y creed que un celestial poder
le induce á salvar esta barrera,>>>
Luego que mi guía hubo así hablado, dijo aque-
lla noble legión: «Bien, retroceded y marchad de-
lante de nosotras,>> y todas nos saludaron con las
manos .
Una de las sombras aquellas me habló así: «Quien
quiera que seas tú, que de esta suerte vas , fíjate
DANTE 11
-
102 -
en mí y evoca tus recuerdos, á ver si me viste allá
abajo.>>>
Me fijé en ella con atención; era rubia y de bello
aspecto, á pesar de dividir en dos una herida una de
sus cejas .
Al responderle con humildad que no lo había
visto jamás: «Mira, me dijo, mostrándome una he-
rida en la parte superior del pecho, y luego sonrien-
do: Soy Manfredo (1), nieto de Constancia, empera-
triz; te ruego que cuando regreses á la tierra visites
a mi graciosa hija, aquella madre de la honra de
Sicilia y Aragón, y le manifiestes la verdad, en el
caso de que se suponga otra cosa.
Luego que mi cuerpo sufrió dos mortales gol-
pes (2) , me entregué sollozando al que perdona por
su voluntad. Mis pecados fueron terribles; mas la
bondad Divina tiene tan dilatados brazos, que al-
canzan siempre á todos los que de veras imploran su
clemencia .
¡Oh! si el pastor de Cosenza, mandado por Cle-
mente á buscar mis despojos (3), hubiera sabido ver
en Dios la faz de la bondad, mis huesos estarían
todavía en el puente cerca de Benevento, custodia-
dos por las abrumadoras losas .
Hoy está á la inclemencia de la lluvia y agita-
dos por el viento fuera del reino, casi al lado del
Verde en que se les arrojó bajo la influencia de la
maldición de las apagadas antorchas . Mas esta no
destierra el divino amor, hasta el caso de que no
pueda volver, en tanto la esperanza es verde y puede
dar flor.
Verdad es que el que deja de existir contumaz
(1) Rey de la Pulla y Sicilia.
(2) En el combate de Cepperano contra C. de Anjou.
(3) Se refiere al obispo deCosenza, mandado por el
Papa Clemente IV, para desenterrar el cuerpo de Man-
fredo, escomulgado por sus crímenes y heregias.
-
163 -
con la santa Iglesia, debe, aunque por fin se arre-
pienta, hallarse fuera de aquella orilla treinta veces
más tiempo del en que se conservó obstinado, á no
ser que acorten este tiempo sinceros sufragios .
Si quieres servirme, dígnate decir á mi buena
Constancia (1) de la manera que me viste, y qué en-
tredicho me sujeta; pues aquí se avanza mucho con
las preces de la tierra.
CANTO IV
SUMARIO
Apoyándose en Virgilio, Dante recorre una estrecha y
escarpada senda, por la que llega á una plataforma,
rendido de cansancio. En esta se hallan detenidos
los negligentes, ó los que esperaron para arrepen-
tirse la hora de la muerte.-Reconoce Dante à Be-
lacqua.
Cuando efecto de placer ó dolor que tiene al-
guno de los sentidos del alma, se recoge en este,
sin que al parecer atienda á otro alguno, es para de-
mostrarnos el error de los que se figuran que en nos-
otros nace y crece una alma debajo de otra (2) .
Así cuando se recibe una cosa que absorbe toda
el alma dirigida á ella, trascurre el tiempo sin no-
tarlo el hombre, porque hay una facultad que oye y
otra que arrebata el alma; la una está como z narra-
da, la otra está libre. Allí lo puede probar, yendo al
espíritu y admirándole según hablaba, pues había
(1) Hija suya que se llamaba Constancia como su
abuela la emperatriz.
(2 ) Canon XI del Concilio octavo.
-
164 -
llegado el sol á cincuenta grados sin notarlo yo,
cuando arribamos á un sitio en que nos vocearon
todas las almas: «Hé aquí el objeto de vuestra pe-
tición . >>
La abertura que cierra el labrador con la horca
de zarzales al estar sazonada la uva, es menos an-
gosta que el camino por do mi guía y yo subimos so-
los cuando las almas se nos apartaron .
Llégase á San Leo (1), se desciende á Noli, se subo
con la ayuda de los piés á la cima de Bismántua; mas
en aquel punto ya es necesario volar en alas de un
gran deseo, como lo practiqué yo detrás del que era
mi esperanza y que alumbraba á mi camino.
A duras penas y auxiliados de piés y manos úni-
camente, conseguimos trepar por las quebradas bre-
ñas (2) y llegar al borde superior de la alta orilla
la que domina mucho: «Maestro, observé en aquel
punto, ¿qué sendero emprendemos?»
«No retrocedas un paso, me dijo; antes bien, si-
gue á la cima del monte hasta que veamos una pru-
dente escolta . »
La cumbre era tan gigantesta, que no había vista
que la pudiera alcanzar, y la costa era más recta
que la línea que parte del medio al centro del cua-
drante.
Rendido de ascender, por fin exclamé: «¡Ah queri-
do padre mío! Vuelve y notarás que me voy á quedar
solo si no te paras. » «Hijo amado arrástate un poco,>>>
repuse mostrándome una peña que por aquel sitio do-
minaba el monte .
(1) San Leo, ciudad en el ducado de Urbino; Noli ,
puerto entre Final y Sabona; Bismantua, montaña de
Lombardía .
(2) Esto denota la dificultad de subir al Purgatorio,
pues hay que apelar al ausilio de los piés, que demuestra
aquí el buen deseo, y á las manos, que significan las
santas y buenas obras. (Grangier.)
-
165 -
Sus palabras me estimularon de tal manera, que
no dejé de saltar detrás de él, hasta que se halló de-
bajo de mis piés aquella roca circular. Nos sentamos
ambos en ella, vueltos hácia Levante por el que ha-
bíamos subido, por ser del agrado de uno ver el ca-
mino que ha vencido.
Primero dirigí la vista al fondo y luego la alcé
hacia el sol, admirándome el verlo á la izquierda,
sin dejar de notar mi extrañeza el poeta, al ver que
se hallaba el carro de la luz entre nosotros y el aqui-
lón. En aquel momento me dijo :
Si siguiesen Castor y Pólux ese espejo que dá su
luz á los puntos superior é inferior, podrías ver enro-
jecido al Zodíaco, rodar más próximo aún de las
Osas, á no seguir su curso de costumbre, y si deseas
saber cómo es esto, recógete y vé que el monte Sión
y éste están situados en la tierra, de suerte que tie-
nen ambos el mismo horizonte y distintos hemisfe-
rios. Por lo que verías precisamente el camino que
no pudo recorrer el carro de Faetonte en un lado de
esta montaña (1), al paso que lo notarías en el lado
opuesto del otro monte (2), á no ser que tu imagina-
ción estuviera distraída. »
<<Verdaderamente, querido protector, no había
visto tan claro como ahora, le respondí; hasta en
aquello que no alcanza mi razón. De suerte, que el
semicírculo del movimiento superior, al que cierto
arte llama Ecuador, y que está siempre entre el sol
é invierno, por las nociones que me acabas de dar,
se separa de este monte hacia el septentrión, mien-
tras que los hebreos veían este propio círculo en las
abrasadoras regiones del Mediodía; pero desearía
saber si nos resta mucho que andar, pues aún se alza
(1) Montaña del Purgatorio .
(2) Monte Sion .
-
166 -
mucho esta montaña, tanto, que no puede alcanzarlo
mi vista . »
Y me dijo: «Esta montaña cansa mucho en su
base; pero según se va subiendo aminora el cansan-
cio; de modo, que cuando te parecerá asequible y
en las alturas será tu paso veloz, como el del esquife
que apenas dibuja los rizos en la superficie de las
aguas, llegarás al fin de esta senda. Espera descan-
sar cuando llegues allí.
No bien había pronunciado estas palabras , se oyó
próxima á nosotros una voz que dijo: «Tal vez te
veas en la necesidad de sentarte antes >>>
Al timbre de aquella voz nos volvimos, notando á
la izquierda una gruesa piedra, en la que ninguno de
los dos habíamos reparado; nos aproximamos á ella,
y estaban algunas almas tendidas á su sombra como
gente echada indolentemente.
Una de ellas, que me pareció rendida y que se
hallaba sentada entre las otras, abrazaba sus rodillas,
en las que escondía el rostro .
«¡Oh querido señor mío! dije entonces, vé al que
está tan indolente cual si fuera hermano de la pe-
reza.>>
Aquella sombra se volvió hacia nosotros, y exami-
nándonos por debajo de su muslo, nos dijo: ¡Vé á lo
alto tú , que pareces tan valiente!>>>
En aquel instante reconocí aquel epíritu , y sin
embargo de mi cansancio, dirigime á él; al verme
cerca, alzó un poco la cabeza y me dijo: «¿Compren-
des por qué guía el sol su carro por la parte de tu
hombro izquierdo ? »
Su indolente postura y breves frases dibujaron en
mis labios una pequeña sonrisa, y le hablé así: «Be-
laqua, ya no te compadezco (1); mas dí ¿por qué
te sientas de ese modo hecho un ovillo? ¿Esperas
(1) Era un célebre tocador de la citara .
167
una escolta ó eres aún víctima de tus añejas cos-
tumbres?>>
El me contestó: «Hermano, á qué encaminarme
á lo alto; el ángel de Dios que vela junto a la entra-
da, ¿no me consentiría, llegar al punto de las es-
piaciones?
Es necesario que el Cielo me deje afuera por un
tiempo idéntico al que pasé en vida, aplazando hasta
el fin los sanos suspiros de la penitencia, á no ser que
se eleve por mí la plegaria de una alma en gracia .
Otra prez tampoco me serviría, pues no la atendería
el cielo .>>>
El poeta subía delante de mí diciendo: «Ven , el
sol ya toca al meridiano, y la noche va á sentar su
planta en las playas de Marruecos .>>>
CANTO V
SUMARIO
Llegando á la cima más alta, halla al poeta á los que ,
sin embargo de haber tenido violenta muerte, les so-
bró tiempo para el arrepentimiento.-Dante cuenta el
aciago fin de algunos de ellos.
- La Pía .
Ya me había apartado de aquellas almas y pisaba
las huellas de mi maestros, cuando señalando con
el dedo detrás de mí una de tantas, dijo: «Ve como
el rayo de luz no resplandece á la izquierda del
que vá detrás, y que parece en sus movimientos un
viviente sér. »
A estas palabras volví la cabeza, y noté aquellas
admiradas almas, mirándome solo á mí yá la luz
que interceptaba mi cuerpo.
«¿Qué es lo que turba tu razón, me dijo mi guía,
168
que de tal suerte retiene tu marcha, y qué te impor-
ta cuanto aquí se murmura?
Sígueme, y deja que hablen á su sabor. Sé como
la sólida almena que jamás se derrumba al influjo
del vendabal, pues siempre la acumulación de ideas
aparta de su objeto al hombre , por debilitarse entre
sí por motivo de su propia fuerza.>>>
¿Qué había yo de responder sino «Ya voy?» Esto
contesté con el rubor que algunas veces consigue el
perdón del hombre.
En el ínterin venían hacia nosotros á través de la
costa algunas sombras que entonaban versículos del
Miserere. Al ver que por causa de mi cuerpo no
daba curso á la luz, se trocó su canto por un oh!
largo y ronco .
Dos de ellas , á manera de emisarias , se destacaron
diciéndonos: «¿Qué condición es la vuestra?»
Mi guía repuso: «Regresad y decid á los que os
envían, que el cuerpo de este es de sangre verda-
dera. Si, como pienso, se han parado para con-
templar su sombra, ya se les contesta suficiente;
que le honren, puesto que puede serles muy esti-
mado . »
Jamás había notado cubrirse más rápidamente el
cielo de rojizos vapores, ni desaparecer el sol con
más velocidad por las nubes de Agosto, de la con
que tornaron aquellas sombras al punto de partida y
juntándose á las demás , dirigírse todas hacia nosotros,
cual escuadrón que parte á galope .
Grande es la cohorte que nos circuye, observó
el poeta, y llega para hacerte alguna súplica; tú anda ,
y caminando oye. »
¡Oh alma que para ser venturosa te vas con los
propios miembros que naciste, gritaban; acorta un
poco tu paso. Repara si conociste alguno de nosotros
para que puedas hablar abajo de el! ¡Oh! ¿Por qué
de marchas? ¿Por qué no te esperas ?
169
Todos hemos muerto de violenta muerte y pеса-
mos hasta nuestra hora postrera, en la que nos tras-
formó la luz celestial, en términos que, arrepentidos
y perdonados, saliéramos de la pacífica vida con
Dios que castiga nuestro corazón con la vehemencia
de verlo . »
Yo les dije á mi vez: «¿Por qué en lo transfor-
mado de vuestros caracteres no puedo reconocer á
ninguno? Mas si puedo hacer algo de vuestro gusto ,
felices espíritus, decido y lo haré por la paz que me
lleva en pos de mi guía, y así me lahace buscar de
uno en otro mundo.>>>
Uno de ellos : «Confiamos en tu benevolencia , sin
pedirte juramento; no falta más sino que tu buena
voluntad no se estrelle en la impotencia.
Así , yo que te dirijo la palabra antes que los de-
más, te ruego que si algún día visitas el pais si-
tuado entre la Romanía y reino de Carlos (1), me
otorgues en Fano el don de tus preces, para que con
ellas pueda purificar mis gravísimas faltas .
En aquella ciudad ví la luz, y en ella, antiguo
seno de los Antenoridos (2), recibí también las heri-
das de las que brotó la sangre que me estimulaba al
considerarme allí del todo seguro. Este dispuso aque-
llo, por aborrecerme más de lo que ordenaba lajus-
ticia (3) .
Si me hubiera evadido hacia la Mira, al ser al-
canzado en Oríaco, aun permanecería allí donde se
alienta: más corrí hacia las lagunas, do las cañas y el
fango hicieron que midiera el suelo con mi cuerpo , y
allí noté salir de mi cuerpo un lago que regó la tierra .>>>
Otra alma me dijo: «Si llega á cumplirse el deseo
(1) Marca de Ancona.-Fano ciudad .
(2) Pádua, que debió su fundación á Antenor.
(3) Azzon III de Este, mandó asesinar en Oríaco á
Jacobo de Cassero, y está alma le acusa aquí.
-
170
que te anima al monte gigante, ten la caridad de
acordarte del mío .
Nací en Montefeltro; soy Buonconte (1) . Para
nada se cuidan de mí ni de Juana ni los otros; y por
este motivo estoy entre estos con la frente baja.
Yo le pregunté: «¿Por qué violencia ó casualidad
fuiste arrancado de Campaldiso, donde no se halla ni
siquiera tu tumba?»
¡Oh! me dijo, corre al pié de Casentino un río
llamado Archiano, que brota en el Apenino y sobre
Eremo (2) Arribé acribillado de heridas allá donde
pierde su nombre, escapando á pié y quedando en-
sangrentada la llanura. Allí perdí vista y palabra por
el nombre de María; y caí sin que quedara mas que
mi carne .
Te diré la verdad, y tú la harás conocer á los vi-
vos; me cogió el ángel de Dios, y voceaba el Infier-
no: «Tú, del Cielo, ¿por qué me lo arrebatas?
Su parte eterna me quitas, de la que solo me priva
una insignificante lágrima, más de bien distinto modo
trataré yo la otra parte del mismo.>>>
<<Bien sabes cómo se condensa en el aire aquél
vapor húmedo que se resuelve en el agua cuando
llega á la región del frío; arribando, pues, allí el
genio del mal, que no piensa sino en el ageno daño,
desató el aire y los rayos, valido del poder de su na-
turaleza (3) .
Después de extinguirse el día, llenó el valle de
sombras desde Prato Magno hasta la cima de los
Apeninos, y preparó el Cielo de suerte que el denso
(1) Hijo de Guido Montefieltro, casado con Juana ,
murió en la batalla de Campaldiso, en 1289. Batallaba
contra los güelfos .
(2) Convento Camaldulense .
(3) En teología es admitido que pueden hacer llover
los demonios, según lo confirma San Agustin en el
capítulo VIII de la ciudad de Dios.
171
viento se convirtiese en agua. La lluvia cayó á
torrentes , los barrancos tuvieron que rebosar el agua
que la tierra no absorbió, y las corrientes encrespa-
das se lanzaron al inmenso río, sin que fuera dado
detenerlas .
El furioso Archiano encontró mi cuerpo helado y
lo llevó hacia el Arno, descomponiendo la cruz que
ya formara con mis brazos sobre el pecho al vencer-
me el dolor. Luego de arrastrarme por sus orillas ,
concluyó por enterrarme en la arena y escombros
que trajo en su curso .>>>
<<Cuando regreses al mundo y hayas descansado
de tu largo viaje, añadió un tercer espíritu , no te
olvides de mí, que soy la desgraciada Pía. Me hizo
Sienna y me deshizo Maremme; harto le consta á
aquél que al darme su mano hizo que pasara á mi
dedo su alianza de fina pedrería (1) .>>
CANTO VI
SUMARIO
Sigue hablando sobre los que se arrepienten en el ins-
tante de su violenta muerte.-Interin preguntaba
Virgilio a una alma un tanto apartada de las demás
qué camino del monte era más asequible, reconoce
Dante en ella á Sordello de Mantua.-Este y Dante se
abrazan . Apóstrofe en contra de las disensiones de
Florencia é Italia entera.
Perplejo se halla al salir del juego el que pierde,
y mohino aprende y repite uno en pos de otro los
golpes de que fué víctima. La muchedumbre sigue
(1) La Pía, descendiente de la familia noble de los
Tolomeos de Siena, la mandó encerrar su esposo Nello
della Pietra , acusada de adúltera, en el castillo de Ma-
remmes, cuyos aires pútridos la mataron . En siete ver-
sos consiguió el poeta revivir y vengar á la triste Pía.
-
172 -
al otro que marcha delante; nadie se propone excitar
un recuerdo en el dichoso, que sin parar oye á uno
y á otro, y tendiendo una mano que jamás es estre-
chada, puede evadirse de los que le cercan .
Así me encontraba yo en medio de aquella cohorte
apiñada, girando mi vista de una á otra parte, pro-
metiendo mucho para desembarazarme de ella.
Estaba alli el Aretino (1), que murió en manos de
Ghino di Tacco, y el otro que se ahogó en persecu-
ción de sus enemigos (2) . Allí estaba orando, con
los brazos extendidos , Federigo Novello (3) y el de
Pisa, que puso de relieve la hermosa alma de Mar-
zucco (4) .
También ví el conde Urso (5) ; aquella alma iba
apartada de su cuerpo por la malicia y la envidia, y
no por sus pecados, como decía ella misma. Hablo de
Pedro de la Brosse (6), que en tanto esté en la tierra,
puede ponerse en guardia la princesa de Brabante,
para no verse entre la atribulada cohorte .
Al verme libertado de tantas sombras que eleva-
ban preces para que otros lo hicieran por ellas, con
objeto de acortar el tiempo de su santificación, prin-
cipié vo de este modo:
«¡Oh astro mío (7), que según creo niegas en ab-
soluto en tu texto que las preces ablandan los decre-
(1) Mensser Benicasa de Arezzo , auditor en Roma de
la Rota, fué muerto por Ghino di Tacco , cuyo hermano
y sobrino habia condenado á la última pena.
(2) Cione Tartatti de Arezzo.
(3) Fué muerto por el Bostoli Fornaivolo.
(4) Marzucco besó la mano del matador de su hijo
Farinata.
(5) Urse, descendiente del conde Napoleone di Bar-
baja, fué asesinado por su tio el conde de Alberti.
(6) Favorito y secretario de Felipe el Hermoso, acu-
sado injustamente por la reina de haber intentado se-
ducirla, y sentenciado á la horca.
(7) Por Virgilio.
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173 -
tos celestiales! ¡Si será desvanecida la ilusión de esas
almas que me piden eso mismo? ¿Será que no he
comprendido tu idea?»
Y me dijo: «Claro está lo que he escrito; que se
examine con santo y recto juício, y resultará que no
podrá ser falaz de esas almas la esperanza. Efectiva-
mente, lo sublime del juício de Dios no pierde nada
en que la llama del amor haga en un punto lo que
debiera hacer el alma desterrada aquí .
Al asentarlo así, la oración era incapaz de pur-
gar la falta, por hallarse el pecador separado de Dios,
que hubiera sido el móvil de aquella oración . Apártate
del abismo de esa duda, esperando á la que alum-
brará entre la verdad y tu inteligencia.
Ignoro si me entiendes; me refiero á Beatriz, la
que verás en la cúspide de este monte, radiante y
feliz .
Yo á mi vez dije: «Mi buen Maestro, puesto que
no me fatigo, alarguemos el paso; mira por otra parte
la sombra que la montaña proyecta. »
Entonces me dijo: «Hoy avanzaremos lo que po-
damos; más esta senda tiene diferente forma de la
que te figuras. Primero que llegar allá arriba has
de volver á ver al que ya se esconde en la cuesta,
de suerte que no puedes interrumpir sus rayos con
tu cuerpo.
Sin embargo, repara en aquella inmóvil que, sola
y aislada, encamina sus miradas á nosotros; ella nos
dirá el camino más corto y recto . »
Y llegamos á ella: «¡Oh alma lombarda! ¡Qué al-
tiva y orgullosa estabas! ¡Qué nobleza la tuya al di-
rigir tus ojos á nosotros !>>>
Nos dejaba avanzar sin proferir palabra, cual el
que mira y reposa.
Virgilio se le aproximó rogándola nos indicara el
mejor sendero, sin que ella respondiera á esta de-
manda; pero se enteró respecto á nuestra patria y
- 174 -
vida, y mi dulce maestro empezó así: «Mántua..... »
Súbitamente incorporada la sombra, se lanzó hácia él
esclamando :
«¡Ah Mantuano! ¡Soy Sordello de tu amada tie-
rra! » Y los dos se abrazaron (1) .
¡Oh esclava Italia! ¡Morada del dolor! ¡Buque sin
piloto en rabiosa tempestad, ya eres el centro de la
prostitución!
Al grato nombre de su pais natal, se aprestó
aquella bella alma á festejar á su conciudadano; en
tanto que susmoradores viven en contínuas luchas y
hasta los que viven resguardados por los mismos
muros se desgarran recíprocamente.
¡Oh misero! Rebusca en tus playas, y repara si
hay en tu seno una pequeña parte de tí mismo que
disfrute de paz verdadera.
¿Qué le hace que Justiniano dispusiera tu freno,
si la silla está vacante? Tu vergüenza tendría más
disimulo sin él. ¡Ah raza que debieras con tu obe-
diencia dejar que César ocupara la silla, si entendie-
ras lo que te ordena Dios, vé como el bruto se ha
tornado reacio desde que tocaste su brida, por no
haberle adiestrado primero con la espuela!
¡Oh Albertode Germanía, que dejas al bruto del
todo indomable y cerril, al deber ceñir tus ijares,
que sobre tu sangre caiga el fallo justo de un esplen-
doroso cielo , y que sea tan claro y nuevo como le
teme su sucesor .
Alejados de aquí por la concupiscencia, ¿Por qué
consentisteis con tu padre que quedara abandonado
el eden del imperio? Hombre dejado, ven y verás
los Montescos y Capuletos llenos de nefandas sos-
pechas, y á los Monaldi y los Filippeschi, tristes y
abatidos.
(1) Sordello, poeta Mantuano, que escribió en len-
gua provenzal. (Autor del Tesoro de los Tesoros).
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175 -
Llega, cruel , llega á presenciar la opresión de tus
nobles, observa sus descuidos, y notarás si Santafiara
está en seguridad; llega, verás á tu Roma que llora
su orfandad, voceando á todas horas: «César mío ,
¿por qué no vienes junto á mí?»
Llega á ver cómo se ama aquí, y si no tienes un
resto de compasión hacia nosotros , que te aver-
güence siquiera tufama lastimosa.
Permitid que lo diga, Jove soberano, que por
nosotros fuiste crucificado en la tierra, ¿no es cierto
que tu vista se halla siempre fija aquí? ¿Tal vez ha-
brás ordenado en el arcano de tu juicio inaccesible
bien á la previsión nuestra?
La sierra de Italia está sembrada de tiranos; el
más miserable, desde que ingresa en un partido, se
torna un Marcelo .
Querida Florencia, satisfecha debes estar de esta
digresión que no te atañe, gracias a la cordura de tu
buen pueblo.
Hay varios que tienen en su corazón la justicia ;
pero este es lento en demostrarla, por no disparar el
arco infructuosamente, en tanto que su pueblo tiene
la justicia en lo más saliente de sus labios .
En otros puntos hay quien esquiva los cargos pú-
blicos; mas tu solícito pueblo responde, sin ser in-
vitado, á los cargos de la ley: «¡Me someto á ella!»
Alégrate, pues , que te sobran motivos; eres rica,
y á tus bienes van unidas paz y prudencia . Que digo
verdad, el resultado lo enseña .
Atenas y Lacedemonia, con su ilustración y leyes
rancias, dieron ténue ejemplo de cordura en compa-
ración tuya, que labras en Octubre sútiles reglas que
no llegan a mediados de Noviembre.
¿Cuántas veces en estos postreros tiempos, según
recordarás, ha trocado las teyes, la moneda, los des-
tinos, las costumbres, y renovado los miembros de tu
pueblo?
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176 -
Si te place recordarlo y abrir los ojos, verás que
te encuentras como enfermos que se agita en el lecho
buscando postura que temple su padecer.
CANTO VII
SUMARIO
Se dá á conocer Virgilio á Sordello, que se prosterna y
abraza las rodillas de su conciudadano.-Anuncia
Sordello á los dos viajeros, que de noche no puede
subirse á la montaña del Purgatorio.-Después les
muestra los descuidos, tardíos en el arrepentimien-
to, obcecados con el poder y los honores. En una
pradera tapizada de flores , esperan la hora de su pu-
rificación .-Enrique de Inglaterra , el marqués de
Monferrato .- Cuando llega la noche entonan un
himno las almas de que habla el anterior canto .
Luego de saludarse con buen gracejo tres ó cua-
tro veces, Sordello retrocedió un paso diciendo:
«¿Quién sois?»
<<Antes de dirigirse á este monte las almas mere-
cedoras de subir hasta Dios, mis restos fueron ente-
terrados por Octavio .
Virgilio soy, que solo por una falta perdió el Cielo:
la de careeer de fé .» Esto repuso mi Maestro .
La impresión de Sordello fué tal, que bajó los
ojos, se acercó con humildad á Virgilio, y abrazán-
dole por la parte baja del cuerpo, exclamó:
<<¡Oh gala de los latinos, por quien nuestra lengua
ha mostrado su belleza! ¡Prez eterna del sitio do ví
la luz! ¿A qué obra, á qué gracia debo el verte? Si
no soy indigno de oir tu voz, dime si vienes del In-
fierno y de qué recinto. »
Hé atravesado todos los círculos de las lágrimas
para llegar aquí; la virtud del Cielo me vá guiando,
177 -
y con ella vengo. No es por haber hecho y si por de-
jarde hacer, el perder el alto sol de tu anhelo, y que
conocí demasiado tarde .
Allá bajo se halla un tristísimo lugar, no por los
padecimientos, sino por las tinieblas (1), en el que las
quejas no resuenan mas que como suspiros hondos.
Allímoro con los inocentes que derrocó la inflexible
Parca, antes de haberlos purificado del original pecado .
Me acompañan los que no fueron revestidos con
las tres santas virtudes (2), y que limpios de vicios
observaron todas las demás .
Pero si puedes y lo sabes, danos alguna luz por la
que podamos llegar mas pronto á la verdadera entra-
da del Purgatorio.>>>
La sombra respondió: «Ningún sitio nos está de-
signado; antes bien se me consiente recorrer la parte
superior y cuanto hay á mi alrededor, donde yo pue-
da ir, me uno á tí y te guiaré.
Mas como declina el día y no es posible subir de
noche, debemos buscar un sitio seguro. A nuestra
derecha hay reunidas algunas almas, si bien algo
apartadas; y si consientes te acompañaré hasta ellas ,
seguro de que te complacerás de conocerlas.>>>
Y le contestó: «¿Cómo es eso? ¿Si se intentara su-
bir de noche, habría quien cortara el paso, ó tal vez
le faltaran las fuerzas?
Sordello entonces trazó una raya en el suelo con
el dedo, diciendo: «Ni esta raya podrás atravesar
cuando el sol haya desaparecido, sin otro impedi-
mento que las tinieblas de la noche, que por la im-
posibilidad enque nos ponen, contienen nuestra vo-
luntad, Sin embargo, se podría descender y dar vuel-
tas por la cuesta, en tanto el horizonte nos esconde
el día. »
(1) El Limbo .
(2) Las virtudes teologales .
DANTE 12
178 -
Mi Maestro entonces, maravillado, dijo : «Lléva-
nos, pues ya que se puede estar placenteramente. »
Al habernos alejado un poco, observé que el
monte formaba un valle semejante á los de aquí
abajo .
«Iremos , dijo la sombra, allí donde la cuesta des-
cribe un recodo y esperaremos el nuevo día. »
Entre la cuesta y el llano había un tortuoso ca-
mino que nos llevó á la ladera del valle, donde es
menor que en el centro la vertiente que concluye.
El oro y la plata fina, el albayalde, la púrpura, el
palo del Brasil pulimentado y la fresca esmeralda en
el instante de romperse, serían pálidos comparados
con las yerbas y flores de aquel valle,que les exce-
derían en resplandor, según excede siempre lo que
es más á lo que es menos .
La naturaleza no ostentaba allí solo los colores,
sino la fragancia de multitud de aromas que formaban
un desconocido conjunto.
Ví sentadas allí entre el follaje y las flores algunas
almas que no se percibían del exterior, por razón del
valle, y estaban cantando la Salve Regina.
«Antes de que acabe de descender el sol, dijo
nuestro acompañante, no exijáis que os lleve hacia
ellas, pues desde esta eminencia notaréis los gestos y
los rostros mejor que estando en el valle y en su
compañía.
Aquel espíritu sentado mas alto que los otros,
cuya posición indica descuido de lo que debiera
hacer, y que no mueve los labios para cantar, fué
Rodolfo el emperador (1). El únicamente podía curar
las heridas causa de la muerte de Italia, porque ya
es tarde para ser resucitada por otro cualquiera.
El otro, que solo con su mirada le alienta, gobernó
(1) Padre de Alberto, emperador, tan bruscamente
atacado por el poeta en su apóstrofe á Italia.
-
179 -
la tierra en que nace el agua que lleva el Moldava al
Elba y este al mar .
Su nombre fué Ottocar (1), y en pañales valió
más que su hijo Wenceslao con toda su barba, que
se arrastra por el fango de la lascivia y de la pereza.
Y el Romo que consulta con aquel de rostro bené-
volo, falleció en su fuga deshonrando la noble flor de
lis (2). Ved cómo se maltrata el pecho. Mirad al otro
que suspira; convierte la palma de la mano en lecho
de su mejilla (3); son padre y suegro de los males de
la Francia. Les consta su abyecta y viciosa vida, y
de aquí la pena que les corroe .
Aquel tan membrudo (4) que canta en el propio
tono que el de pronunciada nariz (5), cinó la cuerda
de todas las honras; si luego de él hubiera sido rey
el joven que permanece sentado á su lado, el valor
de su raza aún tendría vida .
De sus sucesores no se puede hablar así: Jacobo
y Federico poseyeron varios reinos, mas ninguno de
ellos obtuvo lo mejor de la herencia. Es raro ver su-
bir hasta las ramas la humana probidad por haberlo
ordenado así el que nos lo otorga, con objeto de que
se la demandemos .
Mis frases se dirigen á aquel espíritu de tan pro-
nunciada nariz, lo mismo que á Pedro, el que canta
con él , y que ya motiva las justas querellas de la
Pulla y Provenza.
Cuanto ha degenerado más la planta de su si-
miente (mas que Margarita y Beatriz), se engrie Cons-
tancia (6) de su esposo.
(1) Ottocar, rey de Bohemia.
(
2) Felipe el Romo, rey de Francia, hijo de San Luis .
(3) Enrique de Navarra .
(4) Pedro III de Aragón,
(5) Carlos I, rey de las dos Sicilias .
(6) Esposa de Pedro III, Margarita y Beatriz de Be-
renguer V, conde de la Provenza.
180
Mirad al rey de la modesta vida sentado allí solo;
es Enrique de Inglaterra (1) . Tiene el consuelo de
que son sanos sus retoños.
El que está tendido entre ellos mirando hacia
arriba, es Guillermo, por el que Alejandro y los su-
yos hacen llorar á Monferrato y el Canavesano (2).
CANTO VIII
SUMARIO
Ostentando flamigeras espadas, bajan dos angeles
guardadores del valle. Después llega una serpiente
que es arrojada por los celestes espíritus.-Conrado
Malespina profetiza á Dante su destierro cercano.
Corría ya la hora en que crece la tristeza de los
navegantes y en la que el corazón se oprime el día
de la separación de sus queridos amigos. Era la
hora, en fin, que enardece de amor al peregrino si
escucha á lo lejos el tañido de la campana que parece
gemir por el día que fenece, cuando dejé de percibir
todo rumor y observé á unas de las almas que con la
mano rogaba que se la oyese .
Unió y alzó sus dos manos, fija su mirada en el
Oriente, cual si hubiera dicho á su Dios: «No anhelo
otro alguno.»
Yde su boca salió con tal devoción y con tan sua-
ves notas el Te lucis ante (3), que aquel himno me
hizo olvidar de mi propio .
Las demás almas acompañaron su canto tierna y
(1) El hijo de Ricardo.
(2) Guillermo, marqués de Monferrato, cuya muerte
ocasionó la guerra entre sus hijos y los vecinos de Ale-
jandría.
(3)
(
3 ) Himno á San Ambrosio.
181
devotamente, puestas en las celestes ruedas sus mi-
radas .
Observa, lector, aquí la verdad faz á faz, pues es
tan claro el velo que la envuelve, que con facilidad
la penetrarás .
Después ví aquella silenciosa y magnífica cohorte
en humilde postura contemplar el cielo; de lo alto
salir dos ángeles con dirección hacia abajo, ostentan-
do flamígeras y romas espadas, y cuyas túnicas, ver-
des cual las recién nacidas hojas, flotaban á capricho
del viento, movidas por el verde plumaje de sus alas .
Uno de ellos se paró algo más abajo del sitio do
nos hallamos, en tanto que el otro lo verificó al opues-
to lado, quedándose las almas entre los dos .
Nos era harto fácil distinguir sus blondos cabellos;
mas al fijarnos en sus rostros nos deslumbrábamos,
sucediendo á nuestra vista lo que á una fuerza de
demasiada tensión, que acaba por amortiguarse.
<<Los dos vienen del regazo de María, observó
Sordello , para librar al valle de la serpiente que pron-
to llegará (1). »
Ignorante yo de la vereda que traería para venir
al valle, me volví aterrado y fui á unir mis bor
hombros
á los de mi leal guía .
Prosiguió Sordello diciendo: «Bajemos ahora ha-
cia las magníficas sombras para hablarlas, puesto que
será muy de su gusto el veros.>>>
Solo creía haber descendido tres pasos, al ver á
una de ellas, que me miraba cual si me hubiera co-
cocido. Aunque el aire se iba oscureciendo, todavía
me dejó ver entre los ojos de la sombra y los mios lo
que me escondía antes, por lo que vinimos el uno
sobre el otro. ¡Ah noble juez, oh Nino! (2) ¡Cuánta
fué mi alegría al no verte entre los culpables!
(1) Emblema de la tentación .
(2) Nino, de los Visconti de Pisa,
Pisa, juez en Gallura ,
Cerdeña, dirigía al partido de los güelfos .
-
182-
Nos dirigimos todos los cariñosos saludos, y des-
pués me interrogó: «¿Cuándo viniste al pié de la
montaña á través de las olas inmensas ? »
<<¡Oh! le repuse, arribé esta mañana por la senda
de la pena y de la angustia; no he perdido aun la
vida primitiva, aunque adquiera la otra continuando
aquella mala vereda. >>>
Al escuchar mi contestación, Sordello y él retro-
cedieron , cual personas acosadas de súbito asombro .
El primero se volvió á Virgilio, y el segundo á
una alma que permanecía sentada, voceando: ¡Con-
rado, llega á ver lo que Dios en su misericordia
dispuso!
Después volvió á mí: «Por el agradecimiento que
debes al que tan oculto tiene su primer manantial ,
que no hay atajo para arribar á él, cuando te en-
cuentres allende las grandes olas, dí á mi hija Juana
que ruegue por mí en el paraje do se oye á los ino-
centes .
No presumo que su madre continúe amándome,
porque dejó el níveo velo (1) que un día debe hallar
de menos la infeliz . Ella me enseñó lo que dura en
la mujer la llama del amor, si no se vé atizada fre-
cuentemente por el roce ó la vista.
La víbora que campea en el escudo milanés, no le
alzará tan bella tumba como la hubiera alzado el
gallo de Gallura.>>>
Hablando así, se notaba en su exterior la señal
del celo recto que ardía con medida en su pecho .
Mis ojos se elevaban á la parte del Cielo en la que las
estrellas son más lentas, según los pedazos de la
rueda más cercanos al eje.
Mi Maestro me dijo entonces: «Amado hijo, ¿qué
observas allí arriba?»
(1) Velos de [luto, según el uso de aquella época .
Beatriz de Este casó segunda vez con Galeas, de los
Visconti de Milán.
1
-
183 -
Y le contesté: «Me fijo en las tres antorchas, por
las que arde allá abajo el polo (1) . »
El á mí: «Las cuatro estrellas refulgentes que
viste esta mañana (2) , han descendido , y esas han
ascendido al sitio que aquellas ocupaban. »
En tanto me hablaba, Sordello lo llevó hacia sí,
diciéndole: «¿Ves allí nuestro enemigo? Y tendió el
dedo para marcarle el punto .
En aquella parte que abre el pequeño valle, se
hallaba una serpiente, acaso la que dió á Eva el pú-
trido alimento. Avanzaba el dañino reptil por entre
las flores y la yerba, girando de vez en cuando su
cabeza hacia la espalda, y lamiéndose según animal
que pretende afinarse .
No lo ví, y por consiguiente no puedo precisar
cómo los azores celestiales se movieron, pero observé
el movimiento de uno y otro.
Al percibir el aire que se agitaba debajo de sus
verdes alas , huyó la serpiente, y los ángeles se reti-
raron a sus puestos con vuelo igual.
La sombra que se aproximó al juez, acudiendo á
su llamamiento, no cesó de mirarme en el intervalo
de aquella acometida.
<<Que la luz que te guía á lo alto encuentre en tu
ánimo tanto alimento como es preciso para llegar á
la esmaltada montaña; » y después dijo: «Si has oido
algo del valle de Magra ó del vecino país, dímelo,
pues en aquella tierra fuí verdaderamente notable.
Me llamaban Conrado Malaspina (3); no soy el
primero de este apellido, mas sí su descendiente. A
los míos les profesé un amor que se apura aquí.»
<<No he visitado vuestro país, mas ¿dónde se vivirá
en Europa que no haya llegadó vuestro nombre? La
(1) Las virtudes teologales.
(2) Cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia ,
Fortaleza y Templanza.
(3) Gran señor de la Lunigiana.
-
184 -
inmarcesible gloria de vuestra casa dá tal lustre á los
señores y al país entero, que no es desconocida ni
aun de aquellos que no la vieron jamás .
Yjuro (jasí llegue con tanta seguridad allá arriba!)
que vuestra honorífica estirpe mantiene la gloria á
que es acreedora, una mano liberal y un invencible
brazo .
La rutina y buen carácter le proporcionaban tales
ventajas, que aun cuando el jefe maldito del mundo
extravíe los demás hombres, solo ella cumple su de-
ber, despreciando la mala senda . »
El : «Vete ahora, y antes que entre siete veces el
sol en la capacidad que ocupa el Aries, tu cortés
opinión te será clavada en la cabeza con clavos más
aguzados de lo que pueden expresar las palabras, á
no ser que la Providencia detenga su curso .
CANTO XI
SUMARIO
Cuenta el poeta que se durmió, y en el sueño, al ama-
necer, tuvo una visión.-Al despertar se dirige à un
sitio más elevado, cerca de su maestro fiel, que lo
llevó hasta las puertas del Purgatorio.-El angel
guardian de aquella puerta, se la abre muy dili-
gente.
La amiga de la vetusta Titho , salida de los brazos
de su dulce compañera, se vislumbraba ya at Oriente
con toda su blancura. Lucían en su frente preciosas
perlas, cuya posición figura á aquél helado animal (1)
que hiere con su cola al hombre.
(1) Escorpión .
-
185 -
La noche había avanzado dos pasos y seguía su
marcha ascendente en el sitio en que nos hallába-
mos, en tanto que el tercero obligaba ya inclinar sus
alas. Yo, que arrastraba todo lo que de Adán nos
viene, me sentí dominado por el sueño, y me tendí
sobre la yerba en que estábamos sentados los cinco .
A la hora próxima al alba, cuando empieza la go-
londrina á entonar sus tristes endechas , en recuerdo
acaso de sus primitivos dolores (1); á la en que el
espíritu más extraño á la carne y menos abstraído de
terrenos pensamientos, casi es divino en las visiones ,
creí ver en sueños una águila suspendida en el Cielo,
con plumaje de oro, tendidas alas y preparada á
descender, y me pareció que yo me hallaba allí do
fueron abandonados los suyos por Ganimedes , al
Ilevárselo la cohorte celestial .
Me ocurrió también esta idea: «Esa águila puede
que acostumbre á cazar aquí, y tal vez no se digna
ir á otro sitio . >>>
Después me pareció que furiosa cual el rayo, ve-
nía sobre mí y me ascendía á la región del fuego,
donde me figuraba abrasarme con ella, sin que tar-
dara aquel quimérico calor en apartar mi sueño.
Aquiles no debió estremecerse menos mirando á
su alrededor sin saber donde se hallaba , al tomarlo
su madre en Chiron, y trasladarlo dormido á Scyros ,
de donde los griegos lo sacaron más tarde, de lo que
me estremecí yo. El sueño se escapó de mis pupilas ,
y me quedé estático y como helado de terror .
A mi lado sólo estaba el que me servía de sostén.
Ya el sol hacia más de dos horas que había salido , y
mi rostro estaba mirando al mar .
«No temas nada, dijo mi guía, tranquilízate, pues
nos hallamos en seguro puerto; más bien que repri-
mir, puedes demostrar aquí tu vigor .
(1) Conviene recordar la fabula de Progneo .
-
186 -
Ya has llegado al Purgatorio; ve la muralla que le
cerca y encierra; mira la entrada allí donde el muro
es interrumpido .
Durante el alba, precursora del día, en tanto que
dormitaba tu alma entre las esmaltadas flores, ha
llegado una mujer diciendo: «Soy Lucía (1)», permi-
tid que me lleve al que duerme, yo he favorecido su
camino . »
Sordello, como las otras bellas almas, se queda-
ron; te llevó, y al lucir el día se dirigió al monte,
pisando yo sus huellas. Me dejó aquí, luego de mos-
trarme con sus divinos ojos esta entrada abierta,
desvaneciéndose ella y tu sueño.»
Quedéme como hombre que cree después de du-
dar, y en el que con el temor brota la esperanza,
por haberle sido revelada la verdad; al notarme mi
Maestro sin ningún cuidado, se fué hacia la alta mu-
ralla, y yo hice por seguirle.
Bien ves, lector, cómo elevo el origen de mis
cantos; no te extrañe, pues, el que procure sostenerle
conmás arte cada vez. Nos aproximamos y vimos
aquella parte que parecía abierto muro poruna hen-
didura que separa una pared; más noté en ella una
puerta con tres gradas de distintos colores, y un
portero profundamente callado.
Y según iba abriendo los ojos más y más, ví que
estaba sentado en la grada superior, y que su traza
me era insoportable. Ostentaba en la mano una es-
pada desnuda, que hería nuestra vista con sus rayos;
en vano intenté mirarla .
«Decidme desde ahí lo que queréis, dijo: ¿dónde
está vuestro guía? Ved que vuestra venida no os sea
fatal>>>
.
Una mujer celestial, que de todo está informada,
(1) Lucía, emblema de la gracia de la luz.
-
187 -
le repuso mi Maestro, nos dijo poco hace: «Id, que
allí está la puerta.>>>
<
-<<Que afiance ella vuestras plantas, observó el
cortés portero; llegad y subid nuestras gradas (1 ). »
Y avanzamos; la primera era de tan hermoso y
puro mármol, que en él me ví según parezco á los
demás . Era la grada segunda de color sombrío, y se
hallaba hendida en su extensión. La más alta, ó sea
la tercera, me pareció de un pórfido tan encendido ,
cual sangre que brota de las venas .
En ella estaban impresas las huellas de los piés
del ángel de Dios, que permanecía sentado en el
umbral de la puerta, cuyo umbral me pareció un
diamante .
Mi Maestro me impulsó por las gradas á que me
conducía mi buena voluntad, diciendo: «Pide con
humildad que se abra la puerta. »
Con devoción me arrodillé á los santos piés y ro-
gué que se me abriese Láng
por caridad; antes me golpeé
el pecho tres veces. El ángel me trazó siete veces
con la punta de su espada en la frente la letra P,
diciéndome: «Haz por lavar esas manchas cuando
estés dentro (2) . »
La tierra desecada ó ceniza sería de parecido
color al de sus vestidos, de los cuales extrajo dos
llaves. Una era de oro y otra de plata; antes con la
blanca y luego con la amarilla, intentó abrir la
puerta, lo que me llenó de alegría (3).
«En el momento que una de estas llaves, nos
dijo, faltando á su uso, no gira regularmente en la
(1) La primera grada representa la sinceridad de la
confesión; la segunda la contricción; la tercera la sa-
tisfacción.
(2) Emblema de los siete pecados capitales .
(3) La llave de oro asemeja la ciencia que un sacer-
dote necesita para poder juzgar; la de plata, la autori-
dad que para absolver tiene la Iglesia.
-
188 -
cerradura, la puerta no abre. Una de estas llaves es
más preciosa; más la otra requiere más arte y cono-
cimiento, por ser la que mueve el resorte.
La conservo de Pedro, quien me dijo era prefe-
rible equivocarse por abrir la puerta que por tenerla
cerrada, con tal que se postren á mis piés los peca-
dores.>>
Después empujó para adentro la sagrada puerta,
diciendo: «Pasad, más tened entendido, que el que
está condenado á salir de aquí, ha de mirar hacia
atras.>>
La sonora puerta giró rechinando sobre sus goz-
nes con más fuerza que rugió la torre Tarpeya cuando
fué arrojado de ella el gran Metelo, quedando vacía
de su tesoro .
Me volví para oir atento el primer rumor, y me
pareció percibir una voz, que entre varios dulces
cantos, entonaba: Te Deum laudamus.
En mí se reprodujo un efecto a imitación del que
se experimenta comunmente cuando se enlazan las
voces y el órgano. Tan pronto se oyen las palabras
como dejan de percibirse .
CANTO X
SUMARIO
Cuando penetran en el Purgatorio, ascienden ambos
poetas al circulo primero , do se purifica el vicio del
orgullo.- Principian por ver esculpidos en las pare-
des infinitos ejemplos de humildad.-Luego ven
andar las almas de los orgullosos abrumadas por
enormes pesos .
Una vez pasado el umbral de la puerta que la
mala inclinación de las humanas almas consiente
-
189
abrir tan raramente para hacer conocer el tortuoso
camino, comprendí por su sonido que se había cerra-
do tras de nosotros .
Si mis ojos se hubieran dirigido bacia ella, ¿cómo
haberme excusado por tan grave falta?
Ascendimos por medio de dos hendidas rocas,
cuyas sinuosidades entre una y otra remedaban á la
ola que escapa para enseguida volver.
«Debemos, dijo mi Maestro, tener la previsión
de aproximarnos siempre al lado de mayor hundi-
miento.>>
Siendo causa de que nuestros pasos fuesen tan
extraños y lentos, que la luna, menguante a la sazón,
se había retirado hacia su lecho para descansar, al
salir nosotros de la senda estrecha. Más al notarnos
libres y en descubierto donde el monte vuelve á ha-
cerse para atrás, yo rendido y ambos ignorantes res-
pecto á nuestro camino, hicimos alto en una plata-
forma mas solitaria que la senda que hay a través
del desierto .
Del borde dbismoal eal pié del alto camino que
sigue descendiendo siempre, no se hubiera medido
más que tres veces el cuerpo del hombre; por do-
quiera se tendiese la vista, siempre creia las laderas
de la plataforma al mismo trecho.
Apenas habían pisado aquella vía nuestras plan-
tas, notó que la parte interior, que, recta y cortada
á pico, hubiera sido inaccesible, era de blanco már-
mol y engalanada con bajos relieves, que no Poly-
cletes precisamente, sino la naturaleza contemplaría
con envidia. El ángel que bajó á la tierra con la
dichosa nueva de la paz, suplicada con tantas lágri-
mas por espacio de tantos años, y que luego de la
dilatada prohibición abrió el Cielo, estaba grabado
allí en candorosa actitud, y tal era la naturalidad con
que parecía, que no se asemejaba en modo alguno á
una figura muda.
-
190 -
Podía jurarse que estaba profiriendo el Ave, pues
también estaba representada allí la que quiso las
llaves para abrir las puertas al supremo amor, y que
su actitud decía claro: Ecce ancilla Dei, con tal pre-
cisión , como precisa es la huella que en la cera deja
un objeto.
«Que tu razón no se fije en un solo punto» , dijo
mi dulce guía, que me tenía á su lado por la parte
do el hombre tiene el corazón .
Adelanté observando, y luego de María, y hacia
la parte que estaba el que me hacía avanzar, ví otra
historia grabada en la piedra, por lo que adelantando
á Virgilio, me acerqué para tenerla más á la vista.
Allí se representaba en el mármol el carro y bue-
yes que llevaban el arca santa, tan temido por quien
pretende desempeñar un cargo que Dios no se ha
dignado confiarle.
Más adelante había alguna gente distribuída en
siete coros, lo que explicaba y hasta hacia repetir á
dos de mis sentidos: canta y no canta. La vista y el
olfato también están discordes ante el nublado de
incienso que cubre al humilde salmista que antecede
bailando al bendito y santo vaso; siendo á la sazón
más y menos que un rey.
De la cúspide de un palacio hermoso que había en
frente, Michol le observaba con la actitud de una
mujer triste y desdeñosa.
Arranqué mis piés del puesto que ocupaba, para
ver de cerca otra historia que lucía detrás de Michol ,
en la que se hallaba esculpida la gloria imperecedera
del príncipe romano, que con su sublime virtud excitó
al Papa Gregorio á una victoria tan inmensa (1) .
(1) Para entender en esto, sedebe saber, que leyendo
undía el Papa Gregorio la historia de Trajano, se
afectó de tal suerteal pensar que no había salvación
para aquél emperador, á pesar de sus virtudes, por ser
pagano, que penetró en una iglesia yorócontalfervor
1
191 -
Me refiero al emperador Trajano. Estaba en el
freno de su caballo una viuda hecha un mar de lá-
grimas; en torno suyo se destacaba una multitud de
caballeros, y las águilas de oro tendían sobre su
cabeza las alas al viento .
La infelice parecía exclamar entre ellos .
<<¡Oh señor, venga la muerte de mi hijo! bien ves
que tengo destrozado el corazón. »
El parecía responderle: «Espera que vuelva. »
Ella impulsada por la amargura:
«¡Oh señor, y si no tornas! » Y él: «El que esté
donde me hallo sabrá vengarte. » Ella: «¿Y de qué
puede servirte el bien que practique otro, si olvidas
tú lo que te toca hacer? »
Y él, por fin: «Serenate, pues he de cumplir una
obligación antes de adelantar. La justicia lo manda,
y la piedad me retiene.>>>
El que jamás vió cosa nueva (1), fué quien pro-
dujo aquellas palabras inteligibles, para nosotros
nuevas, por no existir otras parecidas en la tierra.
Interin me deleitaba yo en la contemplación de
aquelios cuadros de humildad, tanto más dignos de
admirar cuanto que no se ignoraba la mano del
artífice, murmuraba el poeta: «¡Cuántas almas van
llegando lentamente; ellas nos llevarán á las supe-
riores gradas .>>
Aunque ávidos mis ojos por contemplar todas
aquellas cosas nuevas, no tardaron en dirigirse á él .
Lector, no quisiera que te desviases de tus bue-
nas disposiciones, para que veas cómo quiere Dios
que se paguen las deudas. No te fijes en la especie
por el alma de Trajano, que súbito tuvo la revelación
de que Dios había oido sus preces, y que el emperador
estaba fuera de los tormentos del Infierno, mas al mis-
mo tiempo se le prohibió que orase por ningún otro
pagano. (Grangier).
(1) Dios .
192 -
del martirio, sino en lo que le sigue; calcula que cual-
quiera que pueda ser, no pasará del grande juício .
En aquel punto empecé asi : «Maestro, no me pa-
recen almas lo que veo moverse hacia nosotros;
ignoro lo que será, y sin embargo tiemblo á su as-
pecto.>>>
El me dijo: «La pesadísima clase de su tormento,
de tal manera les hace encorvar hacia el suelo, que
mi vista dudó también al principio; pero observa con
fijeza y con tus ojos endereza lo que está debajo de
esas grandes piedras . Así podrán comprender el tor-
mento destinado á cada uno . >>>
¡Oh soberbios , miserables y débiles cristianos, que
careciendo de la vista del entendimiento, fiáis en
vuestros pasos que os hacen volver atrás! ¿No sabéis
que somos los gusanos nacidos para dar forma á la
mariposa angélica (1), que, sin tropiezo, vuela hasta
la justicia de Dios? ¿Por qué se endereza como el
gallo vuestro espíritu, siendo unos insectos defectuo-
sos y miserables, cuya formación abortó?
Como para aguantar el peso de una viga, se vé
frecuentemente a lo largo de las maderas una hu-
mana figura unido el pecho con las rodillas, causan-
do con su presunto mal un sentimiento en el que la
vé, así noté yo aquellas almas al intentar exami-
narlas.
Verdad es que se hallaban más y menos contraí-
das, según que llevaban más ó menos peso en sus
hombros; pero hasta la que sustentaba menos peso
parecía exclamar: «No puedo más. »
(1) El alma.
193 -
CANTO XI
SUMARIO
Honra de los orgullosos.-Virgilio les pregunta por
qué camino puede subirse más fácilmente. Andan-
do los dos poetas, reconoce Dante el alma del pintor
Uderesi de Gubbio, que le refiere la historia de los
pintores italianos, sucediéndose tan rápidamente,
que en seguida la gloria del uno hace olvidar la
del otro .
«¡All Padre nuestro que estás en los Cielos, no
ceñido á ellos , y sí por el inmenso amor que ateso-
ras para los primeros seres que habitan en lo alto,
ensalzados sean por todas las criaturas tu poder y
nombre, y gracias se te prodiguen por tu sabiduría
eterna!
Que llegue á nosotros la paz de tu reino, pues si
no viene á nos, no podemos llegar á ella, sin embar-
go de nuestra inteligencia.
¡Como te hacen los ángeles sacrificio de su volun-
tad entonando el Hossana, también los hombres te
le pueden hacer!
Dispénsanos hoy el cotidiano maná, sin el que va
siempre atrás el que más se empeña en adelantar
por este desierto áspero.
Y así como nosotros perdonamos los males que
nos han causado, perdónanos benéfico sin pararte en
la mezquindad de nuestros méritos.
La virtud nuestra, que con tanta facilidad su-
cumbe, no la equipares con el antiguo adversario;
mas bien líbrala de él, ya que con tanta maña sabe
tentarla.
DANTE 13
-
194 -
Esta postrera súplica, amado Señor, no es por
nosotros, que ya no la necesitamos, y sí por los que .
quedaron detrás de nosotros.>>
De este modo , orando por ellos y por nosotros sus-
tentaban su peso aquellas almas , remedo del que á
veces se figura uno llevar en sueños. Si bien la carga
era desigual , recorrían todas abatidas y-apenadas la
primera cornisa, para purificarse de las sombras del
mundo.
Si allí siempre se ora por nosotros, ¿qué es lo que
deben dejar de decir y hacer por aquellas almas los
que poseen una voluntad cimentada con sanas raíces?
Es necesario ayudarlas á lavar las manchas que
del mundo se llevaron, para que limpias y ligeras
puedan volar á la mansión de la luz.
<<¡Oh, que la justicia y la misericordia os liberten
pronto para que podáis batir las alas que deben tras-
portaros al punto de vuestro anhelo !
Indicadnos por dónde se vá más pronto á la esca-
la, y en caso de haber más de un camino, el que sea
menos largo; pues fatigado todavía con el peso de la
carne de Adán, el que me acompaña, sube con lenti-
tud á pesar de su deseo.>>>
Las frases en respuesta a las que acababa mi
guía de proferir, no supimos quién las pronunció, y
fueron estas: venid á la derecha con nosotras, á la
orilla , y hallaréis un sitio por donde puede salir un
viviente.
Si no fuera por esta pesada piedra que oprime mi
frente altiva, precisándome á inclinar el rostro, haría
por ver si podía conocer al que siendo viviente no
se nombra, por si podía excitar
arcon mi tormento su
piedad.
Latino fuí é hijo de un gran toscano llamado Gui-
llermo Aldobrandeschi; ignoro si conocéis este nom-
bre. La preclara alcurnia y los magníficos hechos de
mis progenitores tan altivo me hicieron, que sin
-
195 -
acordarme siquiera de nuestra común madre, des-
precié de tal suerte á los hombres, que aquel des-
precio fué origen de mi muerte, como les consta á
los sieneses , y como hasta los niños lo saben en Cam-
pagnatico (1).
Soy Humberto, y mi orgullo, no solo causó mi
daño, sino el de todos mis parientes; por causa de
mi pecado llevo aquí este peso, hasta que de esta
manera haya cumplido con Dios. Lo que no hice en-
tre los vivos, lo practico entre los muertos .>>>
Al escucharle incliné la cabeza; uno de los espi-
ritus y no el que acababa de hablar, se volvió bajo el
peso de su abrumadora carga, y como me conociera ,
me llamó, fijando con gran pena sus ojos en mí , que
seguía sus movimientos con la frente baja.
«¡Ah! le dije, zeres tú, Oderiso, prez de Agobbio,
honra del arte llamado en Paris iluminación? (2) . »
«Hermano, dijo, agrada más ahora el papel que
ilumina Franco Bolognese (3); la gloria es entera para
él; para mí solo queda una parte muy ténue.
No hubiera sido tan cortés en mi vida, por esti-
mularme el deseo de sobresalir y brillar en el arte á
que mi alma se dedicaba. Estoy ahora sufriendo el
castigo que me fué impuesto por tan ciego orgullo; y
aún no ocuparía este sitio, si pudiendo pecar aún no
me hubiese vuelto a Dios .
¡Oh futura gloria del humano poder, planta de
ninguna duración, cuyo follaje tan pronto se agosta
cuando no crece en tiempo de barbarie!
Cimabue (4) creyó imperar en el campo de la pin-
(1) Los sinieses, irritados contra el orgullo de Hum-
berto, hicieron matar en Campagnatico al hijo de los
condes de Santafiora. Su padre lo fué Guillermo Aldo-
brandeschi .
(2) Agobbio, en el ducado de Urbino, patria de Ode-
resi , pintor de miniaturas .
(3) Se refiere á Francisco de Bolonia .
(4) Cimabue falleció en 1300.
-
196 -
tura, y Giotto (1) es ahora el que priva, dejando em-
pañado ú oscuro el renombre de aquel.
Un Guido (2) también precipitó á otro Guido (3)
en la gloria del habla ó la lengua, y tal vez ha nacido
ya otro que arrojará de los pedestales á los dos.
El ruído del mundo no es sino un soplo, que ya se
agita en un lado, ya en otro,y que truecade nombre
al cambiar de sitio .
Tu fama , ¿sería más grande si solo hubieras de
despojarte de la carne carcomida por la edad, de lo
que pudiera serlo muriendo antes de perder tu in-
fantil gracia? Dime, ¿quién te recordará después que
se sucedan tres mil años? Tiempo comparado con la
eternidad más corto, que el empleado para un mo-
vimiento de párpados.
La Toscana entera aclamó el nombre del que
está delante de tí, y que tampoco camino hace,
sin que haya apenas quien lo nombre en Siena hoy ,
de donde era señor al ser destruída la rabia flo-
rentina (4), tan altiva á la sazón como humillada
hoy.
La fama vuestra es de el color de la yerba, que
brota y pasa, quitándole su color el mismo que verde
la hace salir de las entrañas de la tierra . >>>
Yo á él : «Tus veraces palabras infiltran en mi co-
razón una saludable humildad, y comienza á ceder
mi exagerada inchazón; mas dime, ¿quién es el de
que ahora mismo me hablabas?»
Me repuso: «Es Provenzano Salvani; se halla aquí
por la presunción de haber querido regir á Siena
por sí solo. Desde su muerte anduvo y anda sin des-
canso de esta manera; tal es la moneda que ha de
(1) Giotto en 1336.
(2) Guido Guinicello, poeta Boloñés.
célebre poeta,hijode
Guido, célebre poeta, Cavalcante.
(
4) En la batalla célebre de Monte-Aperto, ganada
por los sieneses.
-
197 -
devolver en pago todo el que fué audaz en demasía
allá abajo.>>>
Y á mi vez le dije: «Si el alma que no se arre-
dintió hasta la última hora, está al pié del monte y
no sube hasta aquí (á no ser que le auxilie una salu-
dable prez) , mientras no pase un tiempo igual al que
vivió, ¿cómo se le ha consentido á él arribar aqui?»
<<Cuando vivía con más gloria, respondió la som-
bra, se prosternó por su voluntad en la plaza de Sie-
na, deponiendo toda vergüenza, y para libertar á su
amigo del dolor que le apenaba en la cárcel de Car-
los, tembló por todos sus miembros .
Nada diré más, aunque mis palabras sean oscuras;
pero sin que tarde, tus conciudadanos harán de suer-
te que podrás alcanzar el sentido.
El acto aquel sacó á Provenzano del confin del
Purgatorio .>>>
CANTO XII
SUMARIO
Luego de dejar á Oderesi, los poetas contemplan infi-
nitos ejemplos de orgullo grabados en la cornisa.-
Avanzan dirigidos por un ángel, que moviendo sus
alas, limpia á Dante del pecado del orgullo.-Ascien-
den al segundo círculo, do se purifica el pecado de la
envidia.
Como pareja de bueyes uncidos por el yugo, fui-
mos la extenuada alma y yo hacia adelante, interin
lo consistíó mi dulce Maestro; mas cuando me insi-
nuó : « Déjale, pues aquí debe impulsar cada uno su
barca con remos y velas.>>>
Erguí mi cuerpo como el que se dispone a andar,
-
198 -
aunque mis pensamientos siguiesen encorvados bajo
la prisión del desaliento .
Poniéndome en acción, iba pisando con buen ta-
lante los pasos de mi guía, probando ambos de esta
suerte nuestra agilidad, diciéndome él : « Inclina ha-
cia abajo tu vista, pues viendo donde posas el pié, te
será el camino menos penoso . »
Como para tener recuerdo de los que descansan
en los sepulcros de las iglesias se graba en las lápidas
la efigie de tal manera que su memoria hace brotar
nuestras lágrimas, así ví el sendero que media entre
la montaña y el abismo sembrado de figuras, más
semejantes todavía por el talento de la mano del es-
cultor.
Por una parte notaba el que fué creado con más
nobleza que toda criatura, deplomarse del cielo cual
un rayo; por otra á Briareo (1) , atravesado por un
celeste dardo, tendido en el Timbrero (2); veía á
Marte y á Palas, todavía armados al lado de su pa-
dre, considerar los miembros exparcidos de los gi-
gantes; á Nembrod (3) junto a su inmensa torre,
mirar con extravío las naciones que le acompañaron
al Senaar .
¡Oh Níobe (4), que dolor experimenté al verte es-
culpida entre siete, y siete infantes muertos!
¡Oh Saúl, cómo atravesado por tu misma espada
me pareciste allí muerto en el Gelboe, que desde
aquel punto está privado de lluvia y rocio!
¡Oh demente Arangnea, te contemplé allí casi
convertida en araña, y apenada entre las ruinas de la
obra comenzada por ti en hora nefanda!.
(1) Briareo, Titán.
(2) Nombradia de Apolo.
(3) Uno de los operarios de la torre de Babel .
(4) Hija de Tantalo, mujer de Amfión; según el poe-
ta, tuvo catorce hijos.
199 -
¡Oh Roboam (1) , ya no me parece aquí amenaza-
dora tu faz, puesto que aterrorizado huyes en un
carro, antes de que seas arrojado por los demás!
Con mucha claridad dice aún el duro pavimento
lo carísimo que hizo pagar Alemeón (2) á la que de-
bió su ser, su adorno desventurado .
Desmostraba á los hijos de Senaquerib, lanzán-
dose sobre el templo y del modo como lo dejaron
muerto.
También retrataba la ruina y castigo de Cyro al
decirle Tomyris: «Tenías sed de sangre y yo te aho-
go con ella.>>
Representaba la huída de los asirios, luego de
la muerte de Holofernes, y las fases de aquella car-
nicería.
Comtemplaba á Troya (3) reducida á cenizas . ¡Oh
Ilión! (4) ¡Qué ruinosa y envilecida te ponían en re-
lieve aquellas pinturas!
¡Quién sería el autor del pincel y el escoplo que
trazara aquellas posiciones y sombras que el más re-
finado talento no se cansaría de admirar?
Cada muerto parecía tal, y los vivos se semejaban
á los vivos. Ni los testigos de aquellos hechos lo con-
templaron mejor que yo , siguiendo mi camino , pisán-
dolo todo y con la vista baja.
A pesar de esto, envaneceos y marchad erguides ,
hijos de Eva. ¡No bajéis la cabeza para contemplar
vuestro áspero camino!
Tanto anduvo en torno del monte, que el sol
había avanzado en su curso más de lo que se figuraba
nuestro espíritu preocupado, cuando el que marchaba
(1) Roboam, hijo de Salomón; diez tribus se suble-
varon contra él.
(2) Hijo de Amfiarao .
(3) Troya, provincia .
(4) Ilión, su capital.
-
200 -
delante de mí, me dijo: «¡Alza la frente! ya es tiem-
po de dejar ese tardío y distraído paso.
Repara el ángel que se apresta á venir á nosotros;
he aquí la sexta sierva del día que cumplió ya con
su cometido (1).
Que se vea en tu faz y persona el más sumiso
respeto, para que se complazca en hacernos ascender
más; ten en cuenta que no brillará otra vez este
día.>>>
Tan avezado estaba yo á sus consejos de no per-
der un instante, que era imposible me fueran oscuras
sus palabras .
La divina criatura vestida de blanco, ya se hacer-
caba hacia nosotros, radiante su rostro cual estrella
matutina. Luego que abrió los brazos, movió también
las alas y dijo: «Llegad, cerca de aquí se hallan unas
gradas muy fáciles para el que está purificado. »
Muy raros son los que acuden á este llamamiento .
¡Oh humana raza, salida para volar á la altura! ¿Por
qué al más leve viento te caes ?
Nos condujo el ángel á una peña cortada á pico, у
allí me dió con sus alas en la frente (2), ofreciéndo-
nos un seguro y sosegado viaje.
Como para ascender por la montaña que se eleva
la iglesia que domina á Florencia (3), la bien admi-
nistrada ciudad. sobre Rubaconte, se hallan gradas
que hacen más asequible su ascenso (gradas hechas
en tiempo que los registros y públicas medidas tenían
seguridad); así se dulcifica allí la escarpada pendien-
te que viene del otro círculo, cuyas enormes laderas
nos encierran por todos lados .
Al encararnos por el desfiladero, algunas veces
(1) Sesta hora .
(2) Para borrar una de las P. P. de la frente de Dan-
te, el pecado del Orgullo.
(3) Iglesia de San Miniato.
-
201 -
entonaron con una melodía indescriptible: Beati pau-
peres spiritu.
¡Qué diferentes son de los del infierno aquellos
senderos! Aquí se penetra en medio de dulces can-
tos, allí entre gemidos horrendos.
Ya subíamos la escalera santa, y creyéndome con
más agilidad que cuando me hallaba en el llano, es-
clamé: «Dí, Maestro, ¿qué peso me han quitado de
encima que apenas percibo cansancio al andar?>>>
Y me contestó: «Así que las P. P. que casi borra-
das están en tu frente (1)desaparezcan, como una de
ellas acaba de ocultarse, tus piés quedarán tan á dis-
posición de tu buen deseo, que ya no hallarán fatiga,
ysu ventura y placer lo cifrarán en subir. >>
A imitación del que, ignorándolo, lleva algo en la
cabeza, hasta que lo advierten las miradas de los
demás, y que valiéndose de las manos busca, palpa
y consigue saber lo que la vista no podía dominar;
así yo, extendiendo los dedos de mi diestra, no hallé
más que seis de las letras que el ángel marcara en
mi frente . Mi Maestro sonrió al verme.
(1) El pecado del Orgullo, que es el más grande, hizo
desaparecer al quitarse los otros seis .
202 -
CANTO XIII
SUMARIO
Hallan los poetas algunos espíritus que refieren varios
ejemplos de amor, sin cesar en su vuelo.-Después
ven las almas de los envidiosos rezando las letanias
de los santos-Un cilicio cubre á los envidiosos, que
tienen cosidos los ojos con alambre.-Habla Dante á
Sapia, dama sienesa .
Nos encontrábamos en la parte superior de la es-
calera donde segunda vez se estrecha el monte, cuya
subida purifica a los pecadores.
Reina allí también un círculo cual el primero en
torno de su cumbre, con la sola distinción de que su
arco se halla más próximo á cerrarse. Sus bordes son
lisos sin esculturas ni relieves; la senda está desnuda
y la piedra es de un lívido color (1) .
«Si esperamos á alguien para que nos diga qué
camino hemos de seguir, objeto el poeta, temo que
suframos algún retraso.>>>
Después miró con fijeza al sol; con su pierna for-
mó un centro, en el que estribó su movimiento y оро-
nerse alguna razón , tus rayos deben guiarnos
siempre. »
Con nuestra activa voluntad , en breve tiempo
habíamos recorrido lo que se llama una milla acá en
la tierra .
Cuando sin verlos oímos volar hacia nosotros va-
rios espíritus, que al emitir su voz brindaban cortes-
mente à la mesa del amor. La voz primera que volan-
(1) Tinte ó color de la envidia .
-
203 -
do pasó, dijo: Vinum non habent (1), y marchaba
repitiéndolo detrás de nosotros .
Y antes de alejarse, y oyéndolo todavía, cruzó
otra voz diciendo: «Yo soy Orestes, >> y sin detenerse
pasó como la primera.
«¡Maestro mío! dije entonces , ¿qué voces son
esas?» Y al preguntar otra voz, exclamó: «Amad á los
que os causaron males.>>>
Mi guía : «Este círculo castiga el pecado de la en-
vidia y lo azota, agitando su látigo el amor. El freno
de los pecadores, de diferente sonido. Creo que lo
oirás antes de arribar al paso del perdón .
Sin embargo , fija tu mirada a través del aire en
esta parte, y notarás muchos que están tendidos ante
nosotros , apoyados en la roca. »
Mis ojos se abrieron más, y ví varia sombras de-
lante de mi rebujadas en mantos del propio color
que la piedra.
Avanzando un tanto más, oí vocear: «¡Ruega por
nos , María! » Y luego: «Miguel, Pedro y todos los
santos, rogad por nosotros.>>>
No puedo admitir que pise la tierra un hombre
tan duro, que no se apiadase de lo que después noté .
Al aproximarme á aquellos espítus, que no podía
dejar de ver ninguno de sus movimientos, adverti
que de mis ojos brotaba un dolor inmenso.
Creían que estaban cubiertos por un cilicio vil,
cada uno mantenía al otro en su hombro, y que todos
se sostenían por las rocas . Lo mismo se ponen los
ciegos que carecen de pan en los Perdones (2), donde
piden por precisión, apoyando cada uno su cabeza
en la del otro, para que la caridad ablande los cora-
zones, no solo con el acento de las palabras, sino con
la vista , que no excita menos .
(1) Palabras de la Virgen á Cristo, en las bodas de
Canaan.
(2) Las iglesias.
-
204 -
Y como el sol no vá hasta los ciegos, así la luz
del ciego retira sus dones á las sombras á que me
refiero, pues todas ellas tienen los párpados recosidos
con alambre, como el gavilán por domesticar (1) .
Pareciéndome una ofensa el mirar a quien no po-
día mirarme me volví hacia mi sabio guía, y como
antes de decirle palabra supiera lo que iba á indicar-
le, adelantándose á mi pregunta, me dijo: «Puedes
hablar, pero lacónico y sensato. »
El gran poeta seguía por el lado del camino en
que se puede caer al abismo, por no haber pretil al-
guno, y å la parte opuesta estaban aquellas sombras
padeciendo de tal suerte, por efecto de su cruel cosi-
do, que sus megillas estaban surcadas por un mar
de lágrimas.
Me volví hacia ellos y dije: «¡Oh vosotros que
teneis la seguridad de gozar de la luz del Cielo,
único móvil de vuestro anhelo! ¡Quiera Dios que la
gracia haga disipar la espuma de la conciencia vues-
tra, volviendo á correr el cauce de vuestro espírit-
cristalino y sin mancha!
Indicadme (siendo para mí espíritu de gran pre-
cio) si se halla entre vosotras alguna alma latina, y
conociéndola, puede que le sea de utilidad.
¡Ah hermano! nosotros tenemos una ciudad verí-
dica cada una; mas tú quieres decir el alma que
haya peregrinado por Italia durante su vida. »
La contestación creí percibirla algo más adelante
del sitio en que me hallaba yo, procurando, por lo
tanto, hacerme oir desde aquel punto. Entre las som-
bras me figuré notar una en actitud de esperar , y si
se me dice como pude verlo, fué por tener levantada
la barba, por estilo del que no vé.
Y le dije: ¡Oh espíritu que te inclinas para su-
(1) Medio observado en la falconeria, antes de cono-
cerse el capirote.
-
205 -
bir, si eres quien me respondió, dime tu país ó tu
nombre.>>
- Siniesa fuí, repuso, que purifico con estos mi
culpable vida, gimiendo por el que ha de darse á
nosotros. No fuí sabia, por más que tal se me nom-
braba, porque me causaron más alegría las ageuas
desdichas que mi ventura propia.
Y para que veas que no miento, oye si fuí tan de-
mente como te digo: empezaba ya á declinar por la
cuesta de mis años, cuando hallándome próximos á
Colle mis conciudadanos, al frente de sus contrarios,
pedí á Dios cosa que El mismo concedía .
Todos fueron derrotados y vencidos en aquel lu-
gar é inútil fuga, en tanto que yo gocé al ver tal
carnicería de una manera grande, que me hizo decir
levantando al Cielo mi cabeza: Desde hoy dejo de
temerte. Tal hizo el mirlo equivocado por algunos
días de calor en el invierno .
En mi última época hice por armonizarme con
Dios, y aún la penitencia no hubiera condensado mi
deuda, á no haberse dolido de mis faltas Pedro Pet-
tinagno (1), en sus santas preces .
Mas ¿quién eres tú que de tal modo te enteras de
nuestra condición, y que á lo que me figuro tienes
abiertos los ojos, y respiras al hablar?»
-Mi vista, le repuse, será cosida aquí también,
más por pequeño espacio, por ser reducido mi peca-
do de envidia; pero mi pánico crece al pensar mi
alma en el martirio del anterior círculo, pareciéndo-
me sustentar ya sobre mis hombros la carga que allí
se lleva .
Ella á mí: ¿Quién te ha guiado a nosotras, si has
de tornar allí abajo?» «Este que ves y que perma-
nece callado . Soy sér viviente, dime por tanto, esco-
(1 ) Ermitaño de Florencia .
-
200 -
gitado espíritu , si deseas que mi planta se mueva por
tí en el bajo terreno .>>>
-¡Oh! tiene tal novedad lo que me dices, que dió
ella, que es una inequívoca muestra de que Dios te
ama; siendo así, auxíliame con tus plegarias.
Te ruego, en nombre de tu mayor deseo, que
hagas por reabilitar mi nombre! si posas tu planta
alguna vez en tierra de Toscana. Lo encontrarás
entre aquel fatuo pueblo que pone todo su conato en
Talamona (1), por más que sea vana su esperanza,
como cuando busca á Diana. Pero todavía los almi-
rantes tendrán mayor pérdida. »
CANTO XIV
SUMARIO
Prosigue el circulo de la Envidia. Se paran los dos
poetas para oir á messer Guido del Duca y Rinieri de
Calboli . El primero censura las costumbres de Tos-
cana y Romania . Siguiendo su marcha Dante y Vir-
gilio, oyen varias voces por los aires citando ejemplos
de envidia.
«¿Quién será el que cruza por nuestra montaña,
sin que la muerte le haga alzar el vuelo, y que á su
antojo cierra y abre los ojos?»
-No sé quién es, pero sí que no se halla sólo: pre-
gúntale tú , que estás más proximo, recibiéndole be-
névolo para que no tema hablar. >>>
De este modo se referían á mí dos espíritus, apo-
yándose recíprocamente hacia la mano derecha . Al
(1) Se mofa de los sieneses porque compraron el
puerto de Talamona en el Mediterráneo.
-
207 -
fin uno de ellos me dijo así; «¡Alma que dentro de un
cuerpo te diriges al cielo! por caridad danos consue-
lo, diciéndonos de dónde vienes y quién eres; pues el
inmenso favor que has logrado, nos maravilla cual
cosa no vista. >>>
Yo: «Por el centro de la Toscana cruza un ria-
chuelo que vá á Falterona (1) , y al que no satisface
una distancia de cien millas; junto a aquel riachuelo
adquiri mi mortal cuerpo. Demostraros quién soy se-
ría vano, por ser mi nombre bastante ignorado . »
-Si no me engaña el objeto de tus palabras, me
contestó te refieres al Arno . >>>
Otra sombra dijo: «¿Por qué oculta el nombre de
dicho río, cual si fuera una cosa horrenda?»
Y la sombra interrogada habló así: «No sé , mas
es de razón que se pierda el nombre de tal valle,
pues desde su nacimiento (do se alza tan gigante el
monte del que Peloro se desprendiera (2) , que en
corto espacio es mayor la altura de aquella cordillera
montuosa), hasta que el río desaparece en reparación
de lo que el cielo extrajo del mar, al que todo río
debe el caudal que ostenta en su curso, pervirtién-
ron de tal suerte su índole los moradores de aquel
misero valle, que no parece sino que se han alimen-
tado en los pastos de Circeo.
Aquel río sigue su escaso curso entre sucios le-
choncillos (3), más á propósito para alimentarse de
bellotas, que de las sustancias que dan vida al hom-
bre; después halla á su descenso unos perros más
quisquillosos que lo que su fuerza manda (4), por lo
que desdeñosamente les vuelve el hocico, y según
crece y aumenta en rapidez aquel desventurado y
(1) Falterona, montaña del Apenino.
(2) Peloro, promontorio en Sicilia.
(3) Los moradores de Casentino .
(4) Los de Arezzo,
208 -
maldito río, más grande es el número de perros que
halla que se tornan lobos (1) .
Luego, cuando vá arrastrándose por hondas gar-
gantas, halla una zorras tan dañinas, que ni siquiera
temen los lazos (2).
Aunque otro me escuche, no dejaré de repetirlo
quepuede ser de utilidad á éste, con tal que no se
olvide de las cosas que me descubre un recto espí-
ritu .
Descubro á tu nieto haciendo de cazador de aque-
llos asustados lobos (3) al notarle en las orillas del
horrible río; veo que vende sus carnes ante de cazar-
los, después los mata cual perros viejos , y al quitar
vidas se quita su honra.
Lleno de sangre sale de la selva triste (4), de tal
suerte devastada, que en diez siglos no brotará en
ella su anterior fuerza .
Según se demuda el rostro del que oye el anuncio
de futuros males, por cualquiera lado que haya de
venirle la desgracia, del mismo modo ví yo á la otra
alma que nos miraba contristarse, al percibir tales
palabras.
La fisonomía de la una y el lenguaje de la otra me
entraron en deseo de saber sus nombres, que hube
de preguntarles luego de muchos ruegos . El espíritu
que antes habló, prosiguió de este modo:
«Tú deseas que haga por tí lo que de ninguna
manera me quieres conceder; más ya que Dios quiere
que refleje en tí su gracia, no seré avaro: sabe que
(1) Florentinos avaros y golosos .
(2) Los de Pisa.
(3) El alma que está hablando es Guido del Duca; se
dirige a Rinieri. Del Duca se refiere á Fulcieri , nieto de
Rinieri , que siendo podestá en Florencia, sobornado por
los Negros , hizo encerrar y matar á los principales
Blancos .
(4) Florencia.
-
209 -
soy Guido del Duca. Tanto inficionó la envidia mi
sangre, que ante la ventura del hombre hubieras
visto lívida mi faz .
La paja que siego es el resultado de mi semente-
ra. ¡Oh humana raza! ¿A qué poner tu corazón donde
un bien reclama la exclusión de otro?
:
Este otro es Rinieri, honra y tesorero de la casa
de Calboli, en la que nadie supo heredar sus obras . Y
no sólo sus descendientes están privados , entre el Pó
y la motaña, el mar y el Reno, de las precisas condi-
ciones para la verdad y dicha de la vida, sino que
hasta en los confines se halla el suelo tan plagado de
venenosos retoños, que todo cuidado en su cultivo
sería ya muy tardío.
¿Do se hallan el buen Licio (1) y Arrigo Manar-
di, (2) Pedro Traverso (3) y Guido Carpigna? (4)
¡Ab, romañoles, oh raza bastarda, puesto que echa en
Bolonia sus raíces un forjador (5) y que un Bernardi-
no de Fosco (6) en Faenza, emanado de una grana,
se convierte en tallo noble!
No extrañéis mi llanto, joh toscano! al recordar á
Guido di Pratra, Ugolino de Azzo, Federico Tigno-
so y todos los suyos, como á la familia Trauersaro y
Anastagni. ¡Oh! estas dos familias perdieron su he-
rencia de virtud .
Si me lamento al acordarme de aquellas damas,
caballeros , sus acciones y sus alegrías, es porque la
(1) Licio Valbona, hombre honrado. Su hija, después
de entregarsele, casó con Ricardo.
(2) Los comentaristas no están acordes respecto de
este personaje.
(3) Pedro Traverso, señor de Ravena, casó su hija
con Esteban, rey de Hungría.
(4) Noble de Montefeltro.
(5) Alude al forjador Lambertuccio, que se hizo gran
señor.
(6) Hombre valiente, pero de condicion humilde.
DANTE 14
210
cortesía y el amor excitaban sus almas, donde tan de-
pravadas son hoy.
¡Oh palacio Brettinoro (1)! ¿Por qué no desplo-
marte al sucumbir tu familia y deudos por no dar
oído al crimen?
Hace bien en no dar barones Bagnacavallo; como
hace mal Castoraco y Conio peor, que se empeña en
producir semejantes condes. Los Pagani procrearán
cuando desaparezca su mal genio, pero no quedará
de ellos un recuerdo de pureza.
¡Ah Hugolino de Fantoli! seguro está tu nombre,
puesto que no se aguarda sucesor que degenerando
le oscurezca .
Mas déjame, Toscano, que ahora las lágrimas me
serán más dulces que las palabras, pues el recuerdo
de nuestra patria ha lacerado mi corazón.>>>
Sabiendo que aquellas almas amadas percibían
nuestros pasos, su silencio aseguraba nuestro ca-
mino .
Al hallarnos solos después de haber andado un
trecho, hé aquí que cual rayo que hiende el espacio,
viene á nosotros una voz , exclamando:
«¡La obligación del que me halle es matarme! (2).»
Y se ocultó como el trueno que se aleja luego de des-
garrar la nube.
No bien había resonado el metal de aquella voz
en nuestros oídos, se dejó oir otra cual segundo
trueno:
«Soy Aglaura (3), la que convirtieron en piedra:>>>
En aquel momento retrocedí y no avancé, para pe-
garme más á mi guía.
Habiendo sucedido la calma, me dijo Virgilio :
(1) Castilla de Romaña, regido por tiranuelos .
(2) Caín .
(3) Aglaura, hija de Cecrops; poseída por las Fúrias ,
se mató.
-
211 -
«Tal era el freno que siempre debía haber sujetado
al hombre en sus límites; mas vosotros devoráis el
cebo con tal vehemencia, que el anzuelo del mortal
enemigo os arrastra hacia él, no haciendo caso del
freno ni de las inculpaciones.
El Cielo llamándoos gira ante vosotros, poniendo
de relieve sus bellezas eternas; mas vuestra vista no
mira sino á la tierra, y sois castigado por el que
nada se le oscurece .
CANTO XV
SUMARIO .
Recinto tercero, do se purifica el pecado de la cólera.-
Ascendiendo por las gradas que un ángel les indica,
llegan los poetas al recinto tercero.-Extasiado, con-
templa Dante ejemplos de mansedumbre. Una nube
de humo envuelve súbitamente a ambos poetas, sin
que puedan distinguir nada.
El tiempo intermedio entre la hora tercia al prin-
cipio del día en la esfera, que cual un niño juega y
se agita, era el que el sol parecía invertir en marchar
hacia la noche. Allí lucía Vesper, y en la tierra era la
media noche .
Nos daban los rayos en la cara, pues habíamos
rodeado todo el monte, y directamente marchábamos
al ocaso .
Percibiendo que turbaba mi frente un resplandor
mayor, me admiré en medio de tantas cosas que no
conocía; y alzando las manos sobre mis pupilas, pro-
cureme un resguardo en el que se estrelló el resplan-
dor excesivo .
Tal como un rayo que refleja en el agua ó en un
-
212 -
espejo sube al opuesto lado, y continúa ascendiendo
de la misma manera que ha descendido, al contrario
que la caída perpendicular de la piedra, según lo en-
señan el arte y la experiencia; así me figuré que me
inundaba una luz reflejada delante de mí, que mi
vista hizo por evitar.
«Padre y Maestro amado, ¿qué resplandor es ese?
del que no puedo resguardar mi vista y que casi me
inunda? Me parece que avanza hacia nosotros, le dije. »
Y me repondió . «No te admire el que aún te des-
lumbre la familia celestial: es un enviado que viene
á invitar al hombre á la subida.
Pronto, en vez de angustiarte esas cosas, gozarás
cuanto te consienta sentir la naturaleza .
Al hallarnos próximos al bendito ángel, nos dijo
con alegre voz: «Pasad por esa escalera menos recta
que las otras. »
Ya habíamos ascendido hasta salir del círculo,
cuando tras de nosotros oímos este canto: Beati mise-
ricordes (1 ) , y «Regocíjate tú que eres vencedor. >>>
Mi guía y yo subíamos solos, ideando yo en tanto
aprovechar aquellas frases; así que dirigiéndome á
á él, le pregunté: ¿Qué quería significar el espíritu
de la Romania (2) al decir de bienes que uno excluye
al otro?>>>
Y Me dijo: «Conoce hoy el riesgo de su pecado
mayor; no te extrañe, pues, el que le condene, para
que otros no viertan tantas lágrimas. Si vais detrás
de bienes que puedan disminuir, por ser tantos los
que os afanáis por ellos, os sentiréis acosados por la
envidia; mas si alzáis vuestros deseos hasta el cariño
á la suprema esfera, vuestro corazón no será presa de
tales temores .
(1) Palabras de Jesucristo .
(2) Guido del Duque. Lo siguiente pertenece a la
escolástica .
213
En este recinto, cuanto más se dice nuestro, más
poseído se está del legítimo bien, y más viva está en
el pecho la llama de la caridad sacra. »
-Deseo inmensamente más tus respuestas, le dije,
de lo que las pudiera desear á haber callado hasta
aquí, y creo que me acosan más dudas que antes .
¿De qué modo puede ser que un bien repartido
haga más ricos á sus poseedores, cuanto más crecido
sea el número ? »
El á mí: « Como fijas siempre tu mirada en las
cosas terrenas, de aquínace la oscuridad que hallas,
hasta en el centro de la luz verdad. Aquel bien inefa-
ble é infinito que mora en lo alto, se lanza el amor
cual rayo hacia un cuerpo lúcido, y en él se refunde
tanto, cuanto más grande es su ardor; de suerte, que
según se extiende la caridad, crece en ella la eterna
virtud.
Cuanto más crecido es en las alturas el número
de almas unidas entre sí, se aman más, y cual espejo
refleja cada uno su puro y hermoso amor .
Si mis razones no te bastan, ya verás á Beatriz ,
que te calmará ese y los demás deseos .
Sin embargo, sigue adelantando, para que des-
aparezcan ligeras, según lo están ya dos, aquellas
cinco manchas, que sólo con lagrimas se bo-
rran (1).>>
Al ir á decirle: «Complacido estoy, » vi que llegá-
bamos al otro círculo, y mis anhelantes y vagas mi-
radas me hicieron callar.
Ví de pronto un templo que contenía gran número
de personas, y no me cansaba de admirar aquella
estática visión. Una mujer, con la tierna solicitud de
una madre, decía á la entrada: «Hijo mío, ¿por qué
te has conducido así? Tu padre y yo te buscaba-
(1) Lasdos manchas, Orgullo y Envidia, cinco P. P
quedaban sólamente en la frente del poeta .
-
214
-
mos (1), convertidos en raudal de lágrimas.» Cuando
ella dejó de hablar, desapareció todo cuanto se había
presentado á mi vista.
Después se me presentó otra mujer, cuyas meji-
llas estaban regadas por el agua que destila la pena
al nacer de un gran despecho contra otro, la que
decía: «Si eres dueño de la ciudad por cuyo nombre
se suscitaron entre los dioses tantos altercados, y de
la que brotan rayos de todas las ciencias (2), vénga-
te, oh Prisistrates! (3) del temerario brazo que rodeó
el talle de nuestra hija. »
Y aquel tierno y piadoso señor parecía respon-
derle con ademán sereno. «¿Qué haremos del que
mal nos quiere, si el que nos ama, condenado está
por nosotros?>>
Ví también varios hombres, quemados por el fue-
go de la cólera, asesinar á un joven á pedradas, vo-
ceándose los unos á los otros: «¡Martiriza! ¡Marti-
riza (4)! »
Y ví á la pobre víctima á punto de ser derribada
bajo el peso de la muerte, trocando sus ojos en puer-
tas del cielo , y rogando á Dios en su martirio con
aquella actitud que mueve tanto á la piedad, que
perdonara á sus asesinos .
Así que mi alma pasó de aquellas visiones, pues-
tas de fuera de su alcance á las cosas verdaderas ,
también puestas fuera del mismo, comprendí que en
sustancia no eran mis errores falsos .
Mi Maestro , que podía verme hacer lo que cual-
quier hombre al despertar de un letargo, me dijo:
¿
Qué es lo que tienes? ¿Cómo apenas te puedes
tener?
(1) Palabras de la Virgen y José al Niño Jesús .
(2) Atenas .
(3) Valerio Máximo.
(4) San Esteban. (En los ejemplos de resignación.)
-
215 -
Más de media legua has andado con paso incierto
y cerrando los ojos, cual hombre vencido por el sue-
ño ó el vino . »
-¡Oh dulce protector mío! Si me oyes, te diré la
aparición que he tenido al vacilar mi ánimo así , le
dije. »
Yél á su vez: «Oculto con cien caretas no se me
escaparía el más mínimo de tus pensamientos .
Cuanto has visto es revelación para que abras tu
alma á las aguas de paz que brotan en la fuente
eterna .
Ya ves que no te he interrogado: «¿Qué tienes? »
como lo verifica el que sólo mira por sus ojos, y que
deja de mirar al yacer el cuerpo inanimado. Te lo he
preguntado únicamente para que tus piés recobren
su vigor, pues es preciso excitar á los perezosos,
harto tardíos en invertir bien el término de la vís-
peгa. »
Con atención proseguíamos nuestra marcha, por
haber oscurecido, haciendo por descubrir el más gran-
de trecho posible á través de los refulgentes rayos del
nocturno astro, cuando poco a poco se fué extendien-
do hacia nosotros un humo oscuro como la noche , sin
hallar medio ni sitio para librarse de él. Muy pronto
nos interceptó el aire y hasta el uso de los ojos .
--
216
CANTO XVI
SUMARIO
Interin Virgilio iba en pos de su guía, descubre Dante
entre el espeso humo las almas de los que se dieron
á la cólera.-Aquellas almas elevaban dulces preces
al cordero celestial.-Una de entre ellas, Marco Lom-
bardo, enseña á Dante que no es el influjo del Cielo
quien decide los actos del hombre.
Ni la lobreguez del Infierno, ni la de la noche de
tormenta sin estrellas, hubieran traído á mi vista un
velo tan espeso como el producido por el humo que
nos cercaba, ni eran tan terribles sus tinieblas .
No pudiendo estar abierto el ojo, se aproximó mi
fiel y sabio Maestro ofreciéndome su hombro, y como
el ciego sigue al lazarillo para no tropezar con un ob-
jeto que pueda herirle ó lastimarle, seguía yo atrave-
sando aquel aire triste y denso, oyendo á mi faro,
que me decía: «Haz por no apartarte de mi. »
Percibía muchas voces, que cada una parecía orar
para conseguir del Cordero celeste que borre los pe-
cados, misericordia y paz .
Agnus Dei era su tema; todas pronunciaban aque-
lla palabra en el propio tono, de suerte que parecía
haber entre ellas completa armonía.
<<¡Oh mi protector! dije, ¿serán espíritus los que
oigo?»
Yél á mí: «Has acertado; ocúpanse en aflojar el
nudo de la cólera . »
-«¿Pues quién puedes ser tú que pasas á través
de nuestrohumo, y hablas de nosotras cual si todavía
dividieses el tiempo en calendas?» Esto dijo una voz ,
y mi Maestro á mí:
-
217 -
<<
Responde, é indaga si se sube á lo alto por aquí.>>>
Y yo: «¡Oh alma que estás purificándote para pre-
sentarte bella ante el que te creó! Maravillas escu-
charás si me sigues .>>>
-«Te seguiré, mientras se me consienta, dijo ella,
y si el humo no deja que nos veamos, el sonido nos
aproximará á falta de los ojos. »
En aquel punto empecé yo: «Voy a lo alto con
esta forma que la muerte deshace, y llegué aquí á
través de los infernales tormentos. Puesto que Dios
me recibe en su gracia, de suerte que me consiente
admirar su corte de un modo tan particular, no te
niegues tú á decirme quién fuiste antes de morir, y
más bien dímelo pronto; del mismo modo espero me
digas si es esta la senda que debo seguir, siendo tus
palabras mi norte.>>>
-<<He sido lombardo, y me llamaban Marco (1 ) .
<
He sido sabio en los asuntos del mundo, y amigo de
la probidad, hacia la que hoy nadie tiende su arco.
Si has de arribar á lo alto, prosigue tu camino vía
recta. >> Esto me contestó , añadiendo:
«Ruégote que al estar en lo alto ores por mi. »
<<
Yo á él: «Prometo cumplir tu encargo; mas me va
una duda á envolver, si no puedo esclarecerla . Antes
era tenue y ahora ya es grande, desde que junto tu
opinión, muy verídica para mí, con otra que oí fuera
de este recinto .
Así permanece el mundo tan falto de virtud, se-
gún me indicas, y plagado de malicia. Mas te ruego
me des tan clara razón de ello, que pueda probarla á
los demás, pues unos estriban aquella razón en los
Cielos, y otros aquí abajo. »
Principió aquella alma por exhalar un suspiro que
concluyó en jay! el dolor, y después prosiguió :
(1) Veneciano noble, amigo de Dante.
-
218 -
«Ciego está el mundo, hermano, y bien compren-
do que vienes de él .
Los vivientes no halláis causa que no atribuir al
Cielo, cual si todo tuviera precisión de venir de lo
alto.
Siendo así, desde luego desaparecía de vosotros
el libre albedrío, y no sería justo recibir premio por
el bien, ni castigo por el mal .
El Cielo coopera al principio de vuestros actos, si
bien excluyo algunos; mas aún siendo así , se os da
luz suficiente para distinguir el mal y el bien.
Se os dotó también del libre albedrío, que aunque
en las primeros embates contradice á la celeste in-
fluencia, puede luego, con buena dirección, vencerlo
todo.
En libertad, estáis sometidos á una mayor fuerza
y á una mejor naturaleza; la que os dió el espíritu,
que el Cielo no posee en su inflajo .
De suerte, que si el presente mundo se desvía, la
razón reside en vosotros, y entre vosotros ha de bus-
carse; yo puedo ser hoy verídica prueba de ello.
Sale el alma de manos del que la acaricia en su
espiritu antes de su existencia, cual niño que á un
tiempo llora y sonríe, medio articula yjuega. Aque-
lla candida alma que lo ignora todo, mas que provie-
ne de un bienaventurado creador, vuelve placentera
al que es su encanto y su alegría.
Al principio desea los bienes de valor efímero, y
engañado vuela de ellos en pos, si un guía ó freno
no dirige su amor.
Han sido precisas leyes para que sirvan de freno,
también se han necesitado reyes que de la verídica
ciudad (1) supieran, cuando menos, discernir la
torre (2) .
(1 ) El Cielo .
(2) Deberes sociales .
1
-
219 -
Existen las leyes, mas ¿quién toma á su cargo el
hacerlas observar? El pastor que va delante del ga-
nado puede rumiar, mas no tiene las uñas hendidas .
Porlo que el rebaño, al notar que su guarda se ali-
menta de lo que él está ávido, á su vez lo devora sin
exigir otra cosa.
Por esto verás que la mala dirección es móvil de
las culpas del mundo, y que la naturaleza no es la
viciada entre vosotros.
Roma, que morigeró al mundo, tuvo dos astros (1)
que irradiaban en una y otra vía, la del mundo y
la celeste. Uno de los dos astros eclipsó al otro por
completo; la espada se unió al báculo pastoral, pero
por la fuerza, así que no podían conservar entre ellos
armonía, pues unidos, habían de dejar de temerse .
Si no crees mis palabras, pon tu mirada en la espi-
ga, ya que todas las yerbas se conocen por la semilla..
En el sitio que fecundizan el Adigio y el Pó (2),
sólo existía el valor y la cortesía, antes de las quere--
llas de Federico (3), al paso que hoy pudiera reco-
rrerle sin miedo el que por rubor evitara hablar y lle--
garse á la sociedad honrada.
Sin embargo, subsisten aún tres ancianos (4) en
los que la avanzada edad hace desear otra edad nueva,
pues se retarda la hora en que Dios los lleve á vida
mejor.
Estos son: Conrado de Palazzo, Gerardo y Guido
di Castel, al que justamente se le llama en Francia
el Sencillo Lombardo .
Puedes decir muy bien, que la iglesia de Roma,
para unir los dos gobiernos, cae en el fango, en el
que su misión y ella serán del mismo modo man-
chadas>>>
.
(1) El Papa y el emperador.
2) La Lombardia y Romania.
(
(3) El emperador y el primer Federico.
(4) Alude a Conrado de Palazzo y los otros dos.
-
220 -
-«¡Ah mi amado Marcos! le dije, ¡divinamente
raciocinas! Entiendo ahora por qué los descendientes
de Leví fueron privados de la herencia (1) .
Mas ¿quién es Gerardo al que das tanto saber,
ese residuo de la extinguida raza, reproche de este
siglo de barbarie?>>>
-<<0 me engañan tus palabras ó pretenden sedu-
<
cirme, respondió Marcos, puesto que al hablarme
pareces ignorar cuanto al buen Gerardo se refiere.
No le se dar otro nombre, á no darle el de su hija
Gajá (2). Quedad con Dios, pues yo no puedo ale-
jarme más .
Repara cómo luce el alba y empieza á blanquear
á través del humo. Aquí está el ángel , yes necesario
que parta yo antes de que él se presente . >>>
Dicho esto, no quiso oirme más .
CANTO XVII
SUMARIO
Luego de salir con Virgilio de entre el humo espeso ,
Dante ve con su imaginación muchos ejemplos de
cólera . Después, ambos poetas, seguidos de un an-
gel , ascienden por las gradas que llevan al circulo
cuarto.-Llegada la noche, se paran.-Virgilio ex-
plica á Dante cómo en el círculo cuarto se purifica
el pecado de la Pereza.
Recuerda, lector, si en alguna ocasión te ha en-
vuelto en los Alpes una nube, entre la que sólo pu-
dieses ver lo que el topo á través de la película que
tapa su visión, cuán débiles se introducen los rayos
(1) Moisés los dedicó al sacerdocio .
(2) Según Grangier, era hermoso espejo de castidad.
-
221 -
del sol en el seno de los humedecidos y espesos
vapores que comienzan á dilatarse, y luego enten-
derás cómo torne yo á ver el sol momentos antes de
ocultarse.
De suerte, que igualando mi paso al de mi leal
Maestro, salí de aquella nube al estar los rayos amor-
tiguados en la parte inferior del monte.
¡Oh pensamiento, que algunas veces llevas al
hombre å tan remota altura, que no percibe los mi-
les de trompetas que suenan a su alrededor! ¿Quién
te da estimulo cuando los sentidos no te agijonean?
¡Oh,lo que te estimula es un resplandor formado en
el Cielo, é por sí mismo, ó por la divina voluntad
que la manda aquí bajo!
La faz de aquella que su impiedad la tornase en
la avecilla que más se complace en cantar (1 ), pre-
sentóse á mi fantasía .
Se concentró entonces de tal suerte mi espíritu
en sí propio, que dejó de percibir cuanto se refería
al mundo exterior; y en mi mente exaltada sólo noté
la imagen de un Crucifijo altivo y desdeñoso (2), y
así le ví que moría.
En torno suyo estaban el gran Azuero, su esposa
Esther y el buen Mardoqueo, que en sus acciones y
palabras siempre fué sin tacha.
Y al romperse por sí sola aquella imagen, cual
gorgorita al faltarle el agua que le dió forma, ví apa-
recer una joven que gimiendo, decia: «¡Oh reina!
¿Por qué te impulsó tu cólera á la nada?
Te mataste por no perder á Lavinia (3) y á pesar
de ello me perdiste, y yo, hija tuya, lloro tu pérdi-
da, madre mia, más que la del otro (4). »
(1) Filomela, hija del rey de Atenas, Pandión .
(2) Amau .
(3) Hija de Amata y del rey latino. (Libro XII; Vir
gilio).
(4) Tarno .
-
222 -
Como cuando nueva luz lastima los cerrados pár-
pados, súbitamente se intercepta el sueño, y aunque
interrumpido , no huye del todo, así se evaporaron
mis ideas enseguida que hirió mi rostro otra luz más
inmensa que la que se nos concede.
Me volví para ver dónde me hallaba, y una voz
me dijo: «¡Asciende por aquí!» y borró en mí todas
las demás ideas .
Mi anhelo por ver al que me hablaba fué tal, que
no paré hasta descubrirlo; mas como nuestra vista
decae ante el sol que se vela en su luz, así noté que
mis fuerzas decaían .
«Ese, observó mi Maestro, es un divino espíritu ,
que sin pedírselo, nos dice el camino del monte, y se
esconde en su misma luz .
Se conduce con nosotros cual el hombre debiera
conducirse con sus prógimos, pues el que aguarda
una súplica al ver una necesidad, se prepara con
malicia á negar todo auxilio.
Obedezca nuestra planta á tan santa invitación;
hagamos por subir antes que llegue la noche, ya
que no podríamos verificarlo hasta que volviese el
>>
:sol .»
Esto dijo mi protector, y los dos fuimos hacia
una escalera; al sentar mi pie en el primer escalón,
percibí una especie de movimiento de alas que daba
aire á mi rostro (1), y una voz diciendo: ¡Beati paci-
fici! (2) que desconocen la cólera mala.
Los últimos rayos precursores á la noche se ele-
vaban ya tan rectos en el borde del horizonte, que las
estrellas se veían por todos lados .
« ¡Valor mio! ¿Por qué me abandonas? decía para
mí, por demandarme tregua la fuerza de mis piernas.
(1) El ángel borrando la tercera P. (Pecado de la có-
lera .)
(2) San Mateo.
-
223 -
Ya estábamos en el sitio en que deja de ascender la
escalera, parados cual buque que arriba al puerto.
Luego de fijar mi oído por ver si apercibía algo
en el círculo nuevo, le dije, volviéndome á mi guía:
<Padre mio, ¿qué ofensa se purifica en el sitio
que estamos? Si nuestra planta se detiene que no ce-
sen tus palabras .>>>
El me contestó: «El amor al bien que no supo
cumplir su deber, debe seguir aquí su marcha; el
remo que fué harto pesado, debe seguir aquí traba-
jando las olas .
Mas para que lo entiendas mejor, pon en mí tu
idea, y este alto será de gran ventaja para ti.
«Hijo mío, ni el Creador ni los creados fueron
nunca sin amor, voluntario ó natural, ya lo sabes .
El natural amor siempre estuvo exceptuado del error;
mas el otro puede equivocarse, ya por lo culpable de
su móvil, ya por más ó menos impetuoso.
En tanto que este amor va á los primordiales bie-
nes ó se templa á sí propio en su apego á los bienes
secundarios, no es objeto de culpable placer; mas
cuando se ladea el mal, ó sigue el bien con más ó
menos calor que el debido, la criatura va contra su
Creador.
De lo que deducirás, que el amor es en vosotros
el germen de toda virtud y de todo vicio; pues como
el amor no puede ser ageno á la salvación de su
objeto, todas las cosas deben preservarse de su mis-
mo odio.
Y como no se concibe que un sér creado exista por
si propio, y apartado del primer ser, es agena en él
toda idea que tienda al odio por su Creador.
Resultando, á ser fija esta división, que el mal
que se quiere es en contra del prógimo, y que dicho
amor tiene tres maneras de nacer en vuestro limo .
La primera es cuando se estriba en la caída del
vecino el encumbramiento propio, y por esto se anhela
-
224 -
verle bajar de su apogeo. La segunda es al temer
perder el favor, honra y fama al notar la prospe-
ridad del prógimo, y para ahorrar una gran tris-
teza, se le desea todo lo contrario. La otra causa
viene del furor producido por cualquiera injuria , y
que en su venganza ciega el resentido, sólo busca el
daño de su ofensor .
Estas son las tres clasificaciones de amor que se
expían allí abajo. Deseo ahora que conozcas el otro
amor que va tras del bien sin arte ni medida .
Cada uno concibe y aahela confusamente un bien
para complacer su espíritu, y hace los esfuerzos ima-
ginables para conseguirle.
Si os impulsa un lento amor á alcanzar dicho
bien, este círculo, luego de un preciso arrepenti-
miento, será el sitio de vuestro castigo.
Otro bien existe que no hace la felicidad del hom-
bre, porque no posée la esencia de todo bien; ni es
raíz, ni fruto.
El amor que se entrega á él sin tasa, se expía en
tres círculos que se hallan bajo nuestra planta; mas
no te insinuaré el reparto de aquel triple castigo,
para que lo puedas indagar por tí mismo.
CANTO XVIII
SUMARIO
El gran Maestro que en el canto precedente dijo que
todas las obras buenas ó malas provenían del Amor,
denota aquí lo que es Amor propiamente, y habla de
la humana Libertad.--Almas de Perezosos que va-
gan corriendo por el círculo.-Los dos primeros citan
ejemplos de diligencia, y los otros dos del grupo,
ejemplos de Pereza.- Dante es vencido por el sueño.
Acabado su discurso, examinó mi ánimo el dulce
doctor, para ver si manifestaba contento; en tanto
-
225
que yo, acosado de nueva sed, callaba, en mi exte-
rior , diciendo en mi interior: «Tal vez le molestan
mis sobradas preguntas.»
Mas aquel solícito padre, notando la cobardía del
deseo que sin manifestarlo me animaba, me dió
aliento para expresarme, hablándome.
Así que dije: «Maestro, mi vista se anima de tal
suerte á tu luz, que veo claro lo que abarca tu razón
ó explica.
Con todo, te ruego, dulce protector, me demues-
tres ese amor, causa del bien y el mal .>>>
<
-<<Trae hacia mí, me contestó, los ojos de tu pre-
clara razón , y verás palmariamente el error de los
ciegos que se tornan en guías .
El corazón, formado por el amor, avanza hacia
cuanto apetece, tan luego como nota el atractivo del
placer.
Vuestra fantasía os dibuja un sér real, y lo des-
arrolla en vosotros con tales encantos, que vuestra
alma se fija en aquel objeto; si al fijarse se eleva so-
bre él, aquella inclinación es amor natural, que se
une á vosotros por el placer.
Después , según el fuego que por su forma va á lo
alto, hecha para subir hacia donde mejor vive en su
verídico centro, el alma enamorada se da al deseo ó
movimiento espiritual, y jamás reposa hasta obtener
la cosa amada .
Así verás cual se esconde la verdad á los que ase-
guran que todo amor es laudable por sí, tal vez por
parecerles siempre bueno su móvil; mas no será
buena toda huella material, aunque siempre sea buena
la cera en que se graba. >>>
-<<Tus frases y la atención de mí espíritu en se-
<
guirlas, le contesté, me han aclarado el amor; mas
todo esto ha venido á despestar en mí dudas enor-
mes. Porque procediendo el amor de objetos exte-
riores, sin que tenga ninguna parte el alma, nada
DANTE 15
- 226
de particular tendrá el seguir un camino recto ó
torcido..
El á mí: «Sólo te podré decir lo que es dado en-
tender á nuestra razón en el asunto; lo restante es
obra de fe; espera á llegar á Beatriz (1), pues á ella
corresponde .
Toda forma sustancial, diferente de la materia,
y que empero está unida á ella, absorbe en sí una
particular virtud, que sin sus obras no puede sen-
tirse ni explicarse; pero se revela por sus afectos,
como por su verde color la vida de la planta .
De dónde emana el conocimiento de aquellas pri-
mordiales nociones , lo ignora el hombre, según des-
conoce la inclinación de sus primeros deseos, que en
nosotros vienen á ser lo que en la abeja el afán de
hacer miel, sin que merezca castigo ni lauro aquella
voluntad primitiva.
Sin embargo, para resistir aquel primer deseo,
está en nosotros la virtud que aconseja (la razón)
que debe hallarse siempre en el quicio del consenti-
miento .
El principio del merecimiento es la razón, según
rechace ó acepte los buenos culpables amores.
Los sabios, que por la reflexión alcanzarón el fon-
do de las cosas, dicidieron por innata aquella liber-
tad, y legaron la moral al mundo.
Suponiendo que todo amor que nace de vosotros
debe su origen á la necesidad, se debe suponer del
mismo modo que hay suficiente valor en vosotros para
reprimirle.
Esta es la virtud noble á la que llama Beatriz
libre albedrío; haz por no olvidarla si es que te ha-
ble en ella . »
La luna, que comenzó á elevarse perezosa á me-
dia noche, hacía que las estrellas nos parecieran
(1) La Teología.
- 227 -
más extrañas , y asemejaba en el firmamento un sello
encendido .
Iba recorriendo por el Cielo aquella senda abra-
sada por el sol, cuando el morador de Roma le ve
declinar entre Córcega y la Cerdeña.
Y la benéfica sombra, por la cual Piétola (1) tiene
más nombre que cualquiera otra población del Man-
tuano, había librado mi espíritu del terrible peso que
antes le abrumaba .
Luego de haberme demostrado tan claras razones
sobre todos los asuntos, me hallaba yo como hombre
que sueña descansando; pero de pronto se desvane-
ció mi soñolencia por algunas almas que avanzaban
detrás de nosotros .
Como en tiempos el Ismeo y el Asopo (2) notaron
correr en sus riberas de noche una furiosa multitud,
por necesitar de Baco los tebanos, así ví yo adelantar
en aquel círculo y cojeando á los que conducían una
recta voluntad y un justo amor.
En breve llegaron á nosotros, por venir corriendo
aquellas almas, de las que las dos primeras voceaban
muy alto:
«Corrió María diligente á la Montaña; César, por
juzgar á Lérida, dejó á Marsella y voló á España (3) .
¡Pronto, pronto! que un amor tibio no haga que
perdamos tiempo, voceaban las que seguían tras de
ellas; pues el celo del bien rejuvenece la gracia. »
<-<<Almas en las que un vehemente fervor quizá
recompensa hoy el abandono que en nuestra tibieza
empleasteis para el bien; éste, que aún es vivo (y no
os miento), quiere ir á lo alto apenas vuelva el sol á
lucir, decidnos el paso más breve . »
(1) Pequeño pueblo junto a Mantua , en el que nació
Virgilio; antes Andes .
(2) Rios de Beocia y Achata.
(3) Ejemplos de Diligencia, opuestos á la Pereza.
-
228 -
Estas fueron las palabras de mi guía, contestando
un espíritu: «Síguenos y encontrarás la abertura.>>>
Es tan inmenso en nosotros el deseo de avanzar,
que no nos podemos parar: si te parece este justo
castigo un tanto impolítico, nos dispensarás .
Abad fuí (1) en San Zenón y Verona, en el impe-
rio del magnífico (2) Barbarroja, al que todavía no
ha echado en olvido Milán en su dolor.
Tiene ya un pie en la sepultura, el que llorará
por aquel monasterio, anonadándolo el poder que
tuvo en él; pues en lugar del lejítimo pastor colocó
allí á su hijo, malo de cuerpo y depravado de espí-
ritu, y emanado de una unión mala (3) .
No se si dijo más el alma, ó si calló en tanto esta-
ba ya alejada de nosotros; mas of estas palabras que
me complazco en recordar.
Y el que era mi auxilio en todo apuro, me dijo:
«Mira hacia aquella parte: ¿ves á los dos que vienen
denostando á la pereza?»
Dos almas seguían á otras dos, diciendo : «La na-
ción para la que el mar se abrió, feneció primero que
sus herederos vieran el Jordán; y aquella que hasta
el final no partió las fatigas con el sucesor de Ani-
quises, se condenó á sí propia á una vida sin gloria.»
Al no permitirme la distancia ver aquellas som-
bras, me ocurrió una nueva idea, de la que surgieron
varias y diferentes que ocuparon mi pensamiento,
hasta que se cerraron mis ojos, trocando mis ideas en
sueño .
(1) Gerardo II.
(2) Tono de ironía.
(3) El hijo natural de Alberto de la Scala, señor de
Verona.
229
CANTO XIX
SUMARIO
Círculo quinto, do se purifica el pecado de Avaricia.-
Dante explica una visión que tuvo en su sueño.-
Salido el sol, continúan la marcha los poetas, y en-
terados por un ángel, ascienden al círculo de los
Avaros .
A la hora en que acaba de extinguirse el calor
del día ó morir víctima del frío de la tierra, ó el de
Saturno no basta á atenuar el de la Luna; cuando
los geománticos (1) notan el signo, según ellos, su
mayor fortuna, elevarse en Oriente antes del alba,
marchando por aquella vía del Cielo que no estará
oscurecida mucho tiempo, se me presentó en sueños
una mujer tartamuda, bizca, patoja, manca y de
color cetrino (2).
La examiné, y como el sol reanima la entumición
de los miembros por el frío nocturno, mi mirada dió
ánimo á su lengua. Después la hizo enderezar y
colorear su rostro taciturno, cual lo exige amor.
Al notarse suelta la lengua, principió á cantar con
tal dulzura, que sólo á duras penas pude evadirme
de élla.
«Yo soy, dijo en su canto, la sirena dulce que en
el centro del mar desvía al navegante fascinado al
oir mis hermosos ecos .
Mi cantó desvió á Ulises de la senda de sus aven-
(1) Geomancia es el arte de acertar las cosas por sig-
nos trazados casualmente en papel ó arena .
(2) Lombardi opina que es la Mentira .
230 -
turas; el que me oye, rara vez me deja mientras con-
sigo fascinarle. »
No había cerrado sus lábios, cuando vino á mi
lado una santa mujer (1) decidida á anonadar á la
primera.
«¡Ah Virgilio! ¿Qué mujer es esa?» decía altiva-
mente; mas él venía con los ojos puestos en la santa
mujer. Esta cogió á la primera, y rompiendo sus
vestidos, la descubrió por delante, enseñándome su
vientre; la fetidez que de él emanaba me despertó
súbitamente .
Giré mi vista, en tanto me decía mi buen Maes-
tro: «Te he llamado tres veces lo menos. Alza y ven;
busquemos la abertura por do debes entrar.>>>
Al levantarme, la luz del día llenaba ya los círcu-
los de la sacra montaña, y al andar el sol estaba de-
trás de nosotros .
Siguiéndole con la cabeza inundada de ideas, oí
hablar así: «Llegad, por aquí es por donde se entra.>>>
Aquellas palabras fueron dichas con una dulzura ig-
norada en la región de la muerte.
Tendidas sus alas á imitación de las del cisne, nos
llevó el que acababa de hablar por entre ambas la-
deras de la áspera montaña, y con el movimiento de
sus plumas aventó mi frente (2), asegurando: «Ven-
turosos los que padecen, por tener con que consolar
sus hermosas almas .>>>
Siendo así, ¿qué es lo que miras en el suelo? me
dijo mi guía cuando se elevó el ángel sobre nosotros .
Yo: «Una visión nueva que me sujeta á la tierra
acaba de traerme tales dudas, que no puedo dejar de
acariciarla . » P
-«Ha visto, me respondió, á la vetusta hechicera,
(1) La Verdad, según él mismo.
(2) El ángel borra la P. (Pecado de la Pereza), di-
ciendo: Venturosos los que lloran. (San Mateo V.)
-
231 -
que en los circulos que se hallan bajo nuestra planta,
hace élla sólo verter tantas lágrimas. ¿No has repara-
do también cómo puede el hombre prescindir de
ella?»
<<
Basta. Pisa la tierra con tu planta, y pon tu mi-
rada en el llamamiento que te hace el eterno Rey
con sus inmensas ruedas .>>>
Lo mismo que el halcón, que examina antes sus
garras, llega á la voz del cazador y después tiende su
vuelo impulsado por el anhelo de la presa que le
atrae , recorrí yo á la abertura de la roca que servía
de escalera, y marché hasta el sitio ó entrada del
círculo.
Luego de entrar en el círculo quinto, ví varias
almas echadas con la espalda hacia arriba y llo-
rando (1) .
« Ad hæsit pavimento anima mea (2)» exclamaban
en voz casi imperceptible y ahogada por sollozos .
¡Oh, escojido por Dios, en los que la justicía y la
esperanza hacen menos penoso el tormento, guiadnos
á las superiores gradas!
-Si llegáis libres y exentos de permanecer echa-
dos , y deseáis encontrar el camino más breve, siga
vuestra diestra el borde exterior del círculo. »
Tales fueron la súplica de mi guía y la contesta -
ción que le fué dada de un sitio algo apartado . En lo
que dijo, comprendí que aquella alma no sabía la
mitad de mi destino .
Puse mi vista en la de mi Maestro, que por medio
deun placentero signo otorgó lo que mis ojos le de-
mandaban con tal deseo.
Viendo que podía obrar con libertad, me aproxi-
mé á aquella criatura, cuyas palabras me lo habían
hecho reconocer, diciendo: «Espíritu cuyas lágrimas
(1) De los Avaros.
(2) Salmo 118.
-232 -
sazonan la expiación, sin la que no puede llegarse á
Dios, deja por mi un momento tu gran desvelo .
¿Quién fuiste, y por qué todos vosotros permane-
céis boca abajo? Dímelo, y también si deseas que
consiga algo para tí en aquel mundo del que salí
vivo .»
El á mí: «Bien sabrás por qué hace el Cielo que
estemos con la espalda hacia él; pero antes scias
quod ego fuí sucesor Petri (1 ).
Por entre Sestri y Chiavari se engolfa un famoso
río, (2) del que nace el título que ostenta mi fa-
milia.
Sólo un mes y días bastaron para darme á cono-
cer cuánto pesa el gran manto en hombros del que le
preservó del fango; en comparación con ella, las
demás cargas son plumas leves .
¡Oh! Tardía fué mi conversión; únicamente al
nombrarme romano pastor, comprendí lo engañoso
de la vida.
Allí pude ver que no había reposo para el coга-
zón, y que en la mortal vida no se podía subir más
arriba: en cambio prendió en mí el fuego del amor á
la eterna vida.
Hasta aquel punto fuí alma miserable, apartada
deDios y del todo avaro, por lo que, como ves, reci-
bo aquí el castigo .
Lo que va en pos de la Avaricia, aquí se ve con
la purificación de las almas echadas boca abajo el
más horrendo torcedor que se halla en este monte.
Como fija nuestra vista en lo terrenal, no se elevó
al Cielo, la Justicia ahora les arrastra por los suelos .
Como la Avaricia agostó en nosotros el amor á
(1) Adriano V, Papa.-«Sabe que fui sucesor de Pe-
dro.» Reinó un mes y nueve días. Venía de la familia
Flesel, de Génova.
(2) Lavagno.
-
-
233
todo verdadero bien, é hizo malograr toda buena
obra, la Justicia nos castiga con este padecer.
Ligados de piés y manos y sujetos, en tanto le
plazca al justo Señor, estaremos aquí inmóviles y
tendidos.>>>
Me prosterné y quise hablar; pero como lo notara
el espíritu con sólo escuchar, me dijo:
«¿Por qué doblas la rodilla?» Yo á él: «Ante
vuestra dignidad, me precisa la conciencia á humi-
Ilarme . »
<<Alzate y endereza tus piernas, hermano, me res-
pondió. Deja las preocupaciones, que como tú y
todos los otros, sirvo al propio poder.
Si comprendiste el pasaje del Evangelio santo,
que dice: Neque nubent (1), no ignorarás por qué te
hablo así .
Vete, pues, no quiero que te detengas más tiem-
po; tu presencia interrumpe el llanto que procura la
dicha de que antes hablaste.
Allí abajo tengo una sobrina llamada Alagia (2),
que es de natural bueno; si nuestra casa con su mal
ejemplo no la ha maleado.
Ella sola tengo allá abajo . »
(1) «Quiere decir que en la eterna vida será igual
todo el mundo. No habrá esposo ni esposa. (San
Mateo) .
(2) Mujer de Marcelo, protector de Dante.
-
234 -
CANTO XX
SUMARIO
Alli todos lloran y permanecen tendidos en el suelo.-
El Papa Adriano V.-Siguiendo á su Maestro, habla
Dante con el alma de Hugo Capeto, quien le refiere
ejemplos de Pobreza, Liberalidad y deAvaricia.
Ninguna voluntad debe luchar con otra mejor; de
suerte, que por complacer aquel espíritu y á expensa
del deseo, quité del agua la esponja de mi afán, no
dando lugar á que estuviera saturada.
Seguí mi camino con mi guía recorriendo todos
los sitios libres a lo largo de las peñas, cual se re-
corre un angosto muro á lo largo de sus almenas;
pues las almas que fluían por sus ojos y gota por
gota todo el veneno que guarda el mundo entero,
obstruían el opuesto borde.
¡Oh , maldita seas, loba antigua, que con tu vo-
raz apetito causas más daño que todas las fieras
juntas (1)!
¡Ah Cielo, que en tus movimientos mudas, según
se cree, los asuntos de aquí abajo! ¿Cuándo llegará
el que la ha de hacer huir?
Marchábamos con paso tardo, yo con la idea fija
en las sombras que enternecido oíagemir y quejarse,
cuando de repente oigo vocear: «¡Oh dulce Madre!»
Pareciéndose aquella voz lastimera á la de una mu-
jer en el punto de salir del parto. Y luego: «Tú has
sido tan pobre, como lo manifiesta el pesebre en que
hiciste depósito del fruto santo. »
(1) La Avaricia .
-
235 -
Después oí: «¡Oh buen Fabricio, que elegiste la
virtud con pobreza, al vicio con tesoros! »
Aquellas frases me eran tan queridas, que avancé
para conocer el alma que las emitía.
Todavía hablaba de la liberalidad con que favore-
ció Nicolás á las vírgenes, para que no se extraviara
su honor en el escollo de sujuventud (1).
¡Oh sombra, que con tal cordura hablas! dime
¿quién fuiste y por qué sola repites aquellos mere-
cidos loores?
No quedarán sin premio tus palabras, si yo torno
al mundo para concluir el corto trayecto de
de esta
vida que vuela á su fin.>>
Ella á mí: «Te responderé, no por el favor que
aguardo de allí abajo, sino porque luce en títan par-
ticular gracia antes de morirte .
Yo he sido raíz de una planta nociva que proyeс-
ta una fatal sombra en todo el orbe cristiano, y que
únicamente por rareza produce gratos frutos .
Mas si Donai , Gante, Lila y Bruges, tuvieran la
fuerza precisa, muy luego se verificaría la venganza,
que ruego incesantemente al Supremo Juez .
En la tierra me llamaron Hugo Capeto; de mí
tomaron vida los Felipes y Luises, por quienes es
regida la Francia desde hace poco (2).
Mi padre lo fué un carnicero de París . Al faltar
los antiguos reyes, á excepción de uno que se cubría
con la parda túnica, asía yo la nave del Estado, y
tenía tal poder en aquel nuevo cargo, y me cercaban
tantos amigos, que mi hijo fué elevado al vacante
trono, viniendo de él los sagrados huesos de los mo-
dernos reyes .
En tanto aquella hermosa dote de la Provenza no
(1) SanNicolás, obispo en Mira.
El constante gibelino no olvida el apoyo que
Felipe de Valois prestó á los güelfos .
-
236 -
hizo que mi sangre perdiera el rubor, era de poca
valía, mas no hacía daño alguno; pero allí principió
sus rapiñas con el auxilio de la violencia y la menti-
ra. Después, para enmendarse, tomó el Pornthieu y
Normandía, apoderándose de la Gascuña.
Cárlos (1) marchó á Italia, y por enmienda hizo
víctima á Coradino (2) , y arrojó al Cielo á Tomás (3)
para proseguir el camino de enmendarse.
No remoto veo un tiempo que empujará fuera de
Francia á otro Carlos (4), para que se conozcan más
bien él y los suyos. Saldrá de ella sin otra arma que
la lanza de Judas, afilando tanto su punta, que tras-
pase el cuerpo de Florencio.
Allí no ganará tierras, pero sí un nefando pecado
y ladeshonra de tanto peso, cuanto que le hará pare-
cer más pequeña la villana acción llevada á cabo.
Al otro (5), que ya salió preso de su nave, veo que
vende á su hijo, usando del regateo cual los negreros
con sus esclavos .
¡Avaricia! ¿Qué más puedes ejecutar, cuando así
ganaste á mi sangre, que no le importa su misma
carne?
Mas para simular la atenuación del mal futuro y
pasado, veo penetrar en Aragni las flores de lis y
preso á Cristo (6), en la imagen de su Vicario. Otra
vez lo veo sometido al escarnio y la mofa; veo la
reincidencia del vinagre y la hiel; veo que muere
entre dos vivos ladrones .
También veo á otro Pilatos tan impio, que aún no
se sacia con todo esto, y que careciendo de orden
(1) Carlos de Anjou, hermano de San Luis.
(2) Coradino, vástago de Federico II .
(3) Santo Tomás de Aquino.
(4) Carlos de Valois, hermano de Felipe el Hermoso .
(5) Carlos II, reyde Sicilia.
(6) Bonifacio VIII fué preso por Nogaret y Colonna,
jefes de ejercito de Felipe el Hermoso, otro Pilatos.
-
237 -
superior, lleva al templo sus bárbaros deseos ( 1) .
¡Dios mio! ¿Cuándo me cabrá el placer de contem-
plar la venganza oculta en tus arcanos, que tu justa
cólera te hace grata?
Por lo que decía respecto á la única esposa del
Espíritu Santo, y que te ha encaminado á mí para
conseguir una explicación, te declaro que es parte
de nuestras plegarias durante el día; mas llegada la
noche, sacamos á luz ejemplos completamente dis-
tintos .
Entonces aludimos á Pigmalión (2), al que su sed
de oro convirtió en traidor, ladrón y parricida, como
también la miseria de Midas el avaro, castigado por
su desmedida petición, que no merece mas que mofa
eterna .
Después cada uno recuerda al demente Acán (3)
y lamanera como robó los despojos del enemigo;
de suerte que aún parece acosarle aquí la rabia de
Josué .
Luego nos referimos á Sáfira y su esposo; ensal-
zamos á los que pisaron á Heliodoro, y por toda la
montaña se oye el eco de la villanía de Polimuestor,
que mató á Polidoro. Ultimamente se dice: «¡Oh
Craso! dinos, puesto que no lo ignoras, el sabor
del oro .
Algunas veces hablamos unos en voz alta y otros
en voz muy baja, con arreglo al sentimiento que nos
domina, que tan pronto nos precisa á andar de prisa
como despacio.
No era sólo yo el que se ocupaba ahora en referir
(1) Se refiere a la destrucción de la orden del
Temple.
(2) Pigmalión, hijo de Belo y hermano de Dido.
(3) Acán, se le apedreó por robar parte del botín de
Jericó.-Safira, Ananias, Heliodoro, Craso, etc., son
ejemplos de avaricia castigada.
-
238 -
nuestro recuerdo diario, sino que ningún otro alzaba
tanto la voz , »
Ya nos habíamos apartado de aquella alma, y
hacíamos por subir cuanto antes, cuando oí retemblar
la montaña, como al chocar con violencia algo que
se desploma; el frío que me dió, sólo es comparable
con el de la muerte .
No se extremecía Delos con tal fuerza antes de
que Latona practicara en ella su nido para dar á luz
los ojos del Cielo (1) .
Enseguida se alzó de todos lados un grito tal,
que mi Maestro, volviéndose, me dijo: «No temas
nada, en tanto sea yo tu guía. »
Exclamaban todos: «Gloria in excelsis Deo, » se-
gún lo pude entender, por venir de un sitio cercano
al que yo me hallaba.
Suspensos é inmóviles quedamos, cual la prime-
ra vez que los pastores oyeron aquella música , hasta
que acabó la oscilación y cesó aquella.
Luego reanudamos la marcha de nuestro viaje
santo, mirando las echadas almas que proseguian en
sus quejas de costumbre.
Si no miente mi memoría, jamás me atormentó
tan cruel el deseo, por saber lo que mi mente no
lograba alcanzar. Como nuestra marcha era enton-
ces tan rápida, no me atreví á preguntar; de suerte ,
que continué mi camino, tímido y reflexivo .
(1) Apolo y Diana.
239 -
CANTO XXI
SUMARIO
El monte del Purgatorio se extremece y las almas can-
tan: «Gloria a Dios.>>- Prosiguen su camino los
poetas y hallan un Espíritu,-Le preguntan el moti-
vo de aquel extremecimiento y del canto de Gloria.
-El Espíriiu responde que acontece cada vez que
unaalma se acaba de purificar.-Ultimamente se da
á conocer el Espíritu, resultando ser el poeta Stasio .
La sed natural que no se extingue sino con el
agua, por la que la mujer de Samaria pidió la gra-
cia, me acosaba impulsándome a seguir á mi guía
por aquella áspera senda, notándome enternecido
ante los justos castigos de Dios .
De la misma manera que describe Lucas la salida
de Cristo del sepulcro, presentándose á dos hombres
que halló en el camino, se nos apareció una sombra
que venía detrás de nosotros, viendo á sus piés las
tendidas almas, sin que la hubiésemos notado hasta
que nos dijo : «Hermanos míos, sea con vosotros la
santa paz . » Súbitamente nos volvimos, y después de
hacerle mi Maestro una benévola señal, principió de
este modo:
>>>¡ Que en el bienaventurado concilio te reciba en
paz el tribunal de lo justo, que me condena á eterno
destierro!
-«¿Cómo podéis andar con tal velocidad, contes-
tó el espíritu, si sois sombra de las que Dios no re-
cibe en lo alto? ¿Quién pudo guiaros hasta aquí?»
Mi sabio Maestro: «Si observas las señales que
este tiene en la frente trazadas por el ángel, no
-
240 -
tarás que le asiste el derecho de reinar con los bue-
nos (1)
Mas como la que está hilando día y noche no ha-
bía concluído con relación á este de llenar el huso
que Clotho dispone á cada uno de los mortales, su
alma, que es nuestra hermana, no podía ir sola á lo
alto, pues no distingue cual nosotros. Por lo que se
me sacó de la vasta garganta del Infierno con objeto
de que le enseñara el camino, y lo haré en tanto mi
ciencia pueda encaminarle.
Mas dime , si acaso lo sabes, ¿por qué la monta-
ña experimentó poco hace tan enorme sacudída , y
por qué desde la cima á su base reblandecida por el
mar, todas las sombras que se hallan en él han pare-
cido vocear á un tiempo?»
En esta pregunta hallaba Virgilio cual en una
aguja, el ojo de mi anhelo, de suerte que, gracias á
la esperanza, fué mi sed menos rabiosa.
El espíritu comenzó así: «No es cosa que baya
sufrido el monte sin previo mandato, o que se halle
fuera de sus leyes.
Este lugar está exceptuado de toda alteración. El
murmullo no puede venir sino de lo que el Cielohaya
recibido en él de la santa montaña, y no de otro mo-
tivo; pues no llueve, ni graniza, ni nieva, ni cae
rocío ni escarchas más acá de la puerta de las tres
gradas pequeñas .
No se ven tampoco en él grandes ni ligeras nubes,
ni centellas, ni la hija de Thaumas, que tan á menu-
do cambia de paraje (2) allí abajo.
No existe vapor que alcance más elevación que
la de las tres gradas, allí do se asienta el vicario de
Pedro .
Tal vez más abajo siente el monte mayores ó me-
(1) Se refiere á las letras P.
(2) El arco Iris .
-
241 -
nores sacudidas; mas no se cómo estas alturas no se
extremecen nunca, impulsadas por el viento que
oculta la tierra .
Sólo se conmueven cuando un alma, al notarse
purificada, se eleva ó pone en acción para volar á
lo alto, que es cuando va unida á aquella voz general .
La voluntad es la sola prueba de purificación; ella
es la que mueve al alma, libertada ya de su castigo ,
á trocar de morada; el alma está gozosa ante aquella
voluntad justa. El alma anhelaría verse libre antes de
aquel punto; mas no se lo consiente el deseo de su
purificación, pues la justicia divina le da por tor-
mento aquel propiodeseo que lo animó al pecado.
Yo, que estuve echada bajo el dolor durante más
de quinientos años, no he percibido hasta hoy la vo-
luntad de una más grata mansión .
Esta es la causa por qué viste retemblar el monte
y oíste á los espíritus las alabanzas al Señor para
que los consienta pronto en el Cielo . »
Esto dijo la sombra: «Y como segun la intensidad
de la sed se disfruta más en beber, me sería imposible
describir el contento que me dió.>>>
A su vez dijo el sabio guía: «Ahora vislumbro la
red en que se os caza, y la manera como cada uno se
liberta de ella; » por qué se conmueve la montaña y
cuál es la causa de vuestro gozo.
Consiente ahora en que sepa quién fuiste, y ¿por
qué estuviste aquí tendido cinco siglos? Permite que
lo traduzca de tus propias palabras .
-En el tiempo en que elbuen Tito, con lacoope-
ración del gran rey, vengó la herida de que manó la
sangre vendida por Judas, respondió el espíritu, me
hallaba yo allí abajo, ostentando el título más dura-
dero y honroso (1), y era algún tanto célebre, si bien
aún carecía de fe.
(1) Titulo de Poeta .
DANTE 16
-
242 -
Mi canto fué tan dulce, que aunque Tolosano (1),
Roma me llevó hacia sí, mereciendo que ella coro-
nara mis sienes con mirtos .
En la tierra se me llamó Stacio; canté á Tebas y
después al grande Aquiles; mas caí en mi carrera
rendido por el segundo peso.
Mi ardor halló chispas que le encendian en la di-
vina llama, en que millares se abrasaron .
Me refiero á la Eneida, que á un tiempo fué mi
madre y nodriza en poesía, y sin la que no hubiera
escrito ni un pensamiento el más pueril.
Por haber habitado allí abajo en tiempo de Vir-
gilio, retardaría un año la salida de mi destierro.>>>
Aquellas frases hicieron que Virgilio se dirigiera
á mí con un talante, que callando podía traducirse:
«No digo nada. » Mas no siempre lo puede todo la
voluntad que manda.
Siguen tan de cerca el llanto y la risa á la pasión
de que está uno poseído, que se doblegan menos á la
voluntad del hombre más sincero .
De suerte, que sonreí como el hombre que da una
seña , y la sombra calló para mirarme los ojos, por
descubrirse mejor en ellos las afecciones del alma.
¡Oh , dijo , quiera Dios que lleves tu gran em-
presa á término feliz! Mas ¿por qué entreabría aho-
ra tus labios la sonrisa? »
Entonces me hallé en doble apuro, por querer el
uno que hablara, mientras el otro me ordenaba callar;
por fin Virgilio leyó mi tristeza.
«Habla sin miedo, observo mi guía, pero dile lo
que tiene empeño por saber. »
Yo: «Mi sonrisa te ha extrañado, espíritu anti-
guo; mas quiero que sea más grande tu asombro .
(1) Stacio, autor de la Tebaida y la Aguileido, natural
de Nápoles. Dante escribió antes de publicarse ó tener
noticia de esta obra última .
-
243 -
Este que guía mi vista allí arriba, es Virgilio, del
que quizá aprendieras á cantar con tal fervor á los
hombres y á los dioses.
Si has atribuído á otro motivo mi sonrisa, desva-
nece tu equivocación , y cree que procedía tan sólo de
lo que dijiste respecto á Virgilio.
Stacio se bajaba ya para abrazar las rodillas de
mi protector; mas este le dijo: «Hermano, no obres
así, puesto que eres una sombra delante de otra. »
Y aquélla, levantándose: «Ya habrás entendido
lo inmenso de mi amor hacia tí, puesto que me olvido
de nuestra vanidad al tratar á un espíritu como á un
sólido cuerpo.>>>
CANTO XXII
SUMARIO
Sexto círculo, do se purifica el pecado de la Gula.-
Ven los poetas en él un sorprendente árbol, cuajado
de odoriferas frutas, regado por una cristalina co-
rriente que venía del monte. De su raíz salía una
voz que citaba ejemplos de Templanza.
El ángel había quedado detrás de nosotros, des-
pués de ponernos en camino del círculo sexto, y de
haber quitado una de las manchas de mi frente (1).
Y losque ponen su anhelo en la justicia , nos ha-
bían dicho con dulce acento : « Bienaventurados los
que tienen sed, » sin concluir el empezado versículo .
Con más agilidad que en las demás aberturas , lle-
vaba yo tal paso, sin rendirme, que seguía allí arri-
ba á las tenues sombras (2) .
(1) La de la Avaricia.
(2) .....Quid non mortalio pectora cogis ,
Auri sacra fames! (Eneid ., lib . III) .
-
244 -
Virgilio, entonces, dijo: «El amor nacido de la
virtud inflama otro amor, siquiera brille exteriormente
su llama.
Desde el punto en que Juvenal bajó al limbo del
Infierno con nosotros, y me mostró el cariño que me
profesabas, fué tal mi voluntad para contigo, que no
existirá otro más grande hacia persona que jamás se
ha visto; de suerte, que tendré por muy corta la as-
censión de estas gradas .
Más dime y perdona como amigo, si la confianza
suaviza el freno de mi lengua, y también como amigo
háblame. ¿Cómo la avaricia pudo anidar en tu cora-
zón, sin embargo del recto sentido que te escu-
daba?»
Stacio sonrió al oir aquellas palabras y respondió:
<<Tus palabras son tan queridas para mí, como
otras tantas pruebas de afecto.
A menudo se notan cosas que dan falso motivo á
la duda, por permanecer ocultas las verdaderas
causas .
Según tu interrogación, crees que en la otra vida
me dominó la avaricia, tal vez por hallarme en aquel
círculo; pues sabe, con todo, que la avaricia estaba
harto separada de mí yque mis
is desórdenes secasti-
garon con mil lunas.
Y si no se habían moderado mis deseos al re-
flexionar los versos, en que tú exclamas casi indignado
contra la naturaleza humana:
¡Oh execrable sed de oro! ¡Donde no llevas tú el
corazón de los mortales! Yo mismo , dando vueltas,
sufriré las luchas de los condenados .
Allí pensé en que podían abrirse en demasía las
manos para gastar, y me arrepentí de aquel como
de los otros males .
¡Cuándo podrán resucitar sin cabellos por la igno-
rancia que os veda el arrepentimiento de aquel pe-
cado, en la vida ó en su último término!
245 -
Sabe que la falta que se halla en contraposición
al otro pecado, seca aquí su saña con el propio pe-
cado .
De suerte, que si yo he permanecido por purifi-
carme con los que lamentan su avaricia, fué por la
falta opuesta. »
El magnífico cantor de los bucólicos versos, dijo
entonces : «Al cantar tú los nefandos combates de
donde emanó la doble tristeza de Jocasto, no veo (en
los acentos en que Clío expresa por tu boca) que te
colocara la fecon los fieles, sin
sinla
la que las buenas
obras son efímeras .>>>
«Si es esto, ¿qué sol ó luz disipó de tal manera
tus tinieblas, que encaminases luego tus velas hacia
el barquichuelo del pescador?»
El: «Tú, el primero, me dirigiste al Parnaso,
para beber en sus manantiales, y también el primero
que me iluminó en el amor a Dios .
Tú hiciste cual el que anda en la noche, llevando
detrás de él una luz que le es inútil, más que guia
en su camino á las personas que vienen en pos, sobre
todo al decir: «El siglo va regenerándose, renace la
justicia con los tiempos primitivos del género huma-
no, y nueva raza viene del Cielo .
Fuí por tí poeta y cristiano. Para que entiendas
más fácilmente mi obra, tenderé las manos para
darle sus verdaderos tintes
El mundo entero estaba ya impregnado de la ve-
rídica creencia sembrada por los embajadores del
eterno reino, y tus citadas frases se referían á los nue-
vos apóstoles; así que yo me acostumbré á visitarlos.
:
Después los ví tan llenos de santidad, que al
perseguirlos Domiciano, mis lágrimas se mezclaron
con las suyas.
En tanto estuve en la tierra, les dí mi apoyo, ha-
ciéndome sus rectas obras despreciar las otras tam-
bién rectas .
246 -
Antes que condujese los griegos en mi poema al
río de Thebas, había sido bautizado; mas por temor
fuí cristiano secretamente, y seguí mucho tiempo
ostentando el paganismo. Aquella tibieza fué origen
de que recorriera el cuarto círculo más de cuatro
siglos.
Tú, que rompiste el velo que me vedaba el su-
premo bien, ya que nos sobra tiempo hasta llegar
al fin de nuestro camino, dime, silo sabes , ¿dónde
está nuestro antiguo Terencio? Y Cecilio , Plauto,
Varrón, ¿do están?Dí si fueron condenados, y á qué
círculo.>>>
<
-<<Todos ellos, Perso, yo y otros varios , dijo mi
guia, permanecemos con aquel griego á quien las
musaslactaron más que á otro alguno . Estamos en el
círculo primero de la tenebrosa cárcel, tratando aún
algunas veces del monte en que todavía residen nues-
tras nodrizas .
Están también con nosotros Anacreonte, Simoni-
des, Agathon y otros griegos, que ornaran sus sienes
de laurel en otros tiempos.
Allí se ven tus heroicas Antigoma , Deifila, Argia
é Ismena, tristes cual antes .
Está la que inició Langia (1), la hija de Tiresias
y Thetis, Deidamia y sus hermanas . »
Los dos poetas callaron para ver con atención lo
que había á su alrededor, por haber ya subido las
gradas y pasado los muros.
Las cuatro siervas del día (2) ya quedaban
detrás, y la quinta se hallaba en el timón del carro ,
encaminando hacia lo alto su encendida punta, cuan-
do mi guía dijo: «Me parece debemos volver nuestro
hombro derecho al borde del círculo, para dar vuelta
á la montaña, como acostumbramos . »
(1) La fuente Langia, que indicó Hypsipyle á los ca-
zadores .
(2) Las cuatro horas primeras .
247
Aquella costumbre fué la indicación, y emprendi-
mos más segura marcha, luego de convenir la otra
virtuosa alma.
Ellas me precedian; yo iba sólo detrás oyendo
sus palabras, que tan clara me daban á conocer la
poesía.
Sin embargo, pronto fuimos interrumpidos por la
vista de un arbol que hallamos en medio del camino,
lleno de delicadas y odoríferas frutas .
Y como según se va elevando al Cielo va disminu-
yendo el abeto de rama en rama su tronco, aquel le
disminuía según se aproximaba a la tierra, tal vez
:
para que nadie trepase por él .
De una roca nació un cristalino líquido por el
lado en que cerraba nuestro camino, que iba exten-
diéndose sobre las hojas .
Ambos poetas se llegaron al árbol , y del centro
del follaje les gritó una voz: «Absteneos de este
alimento. >>
Después añadió: «María se cuidaba más de que
fuese digna la boda, que de su propia boca, que hoy
ruega por nosotros .
Las romanas antiguas se conformaron con beber
agua; Daniel, despreciando el manjar, adquirió la
ciencia .
Bello cual el oro fué el primer siglo; con hambre,
las bellotas fueron deliciosas; un néctar fueron los
arroyuelos con la sed.
Miel y langosta fué el alimento del Bautista en el
desierto; por lo que fué tan digno cual os lo retrata
el Evangelio .
248
CANTO XXIII
SUMARIO
Dante, Virgilio y Stacio hallan las almas de los Golosos.
-Extenuados de hambre y sed, mascan de continuo
los Golosos, aunque en vano.- Buonagienta, de
Luca, Bonifacio, meser Marchese y Foresio.-Censu-
ra del último contra los vestidos inmodestos de las
damas de Florencia .
Estando con mi vista puesta en el verde follaje,
como el que malgasta el tiempo siguiendo á una ma-
riposa, el que para mi era más que padre, decía:
<<Ven á mí, querido hijo, hay que invertir mejor el
tiempo que se nos otorgó .>>>
A la vez llevé mi vista y mis pasos hacia los
sabios que tan cuerdamente hablaban yque gracias á
ellos no me era dificultoso andar; cuando de repente
se oyó llorar y cantar: labia mea domine, de una ma-
nera que á un tiempo produjo en mí placer y pena.
<<¡Oh dulce Padre! exclamé; ¿qué oigo ahora?» Y
él: «Sombras que acaso van á desatar el nudo de
sus pecados .>>>
Cual pensativos caminantes que hallan á su paso
personas desconocidas, hacia las que se vuelven sin
parar su marcha, una muda y piadosa cohorte venía
en pos de nosotros con veloz paso, y al adelantarnos
se fijaban en nosotros .
Todos ellos tenían ojos negros y hundidos, y el
rostro tan pálido y descarnado, que su piel dibuja-
ba los contornos de sus huesos .
Creo que Eresichthon no se vería reducido á una
tan seca piel, cuando más temió por el hambre. De
249 -
suerte, que decía yo pensando en mi propio: «Tal
era la nación que arruinó á Jerusalén al comerse
María á su mismo hijo (1) . »
Sus ojos eran cual anillos sin perlas; el que en la
faz del hombre lee las letras O. M. O. , hubiera podido
notar perfectamente en su cara la letra M. (2) .
¿Quién, ignorante de la causa producto de tal
efecto, hubiese creído que el olor de una fruta y de
un agua excitase su anhelo hasta el caso de atormen -
tarles tan horriblemente?
Yo me admiraba al ver su extenuación, porque
ignoraba la causa de su flaqueza; cuando hé aquí que
de los huecos de sus cabezas, volvió su vista hacia
mí una sombra, que mirándome con fijeza, exclamó
con extentórea voz: «¿Qué gracia tan especial se me
otorga?
Por su fisonomía jamás lo hubiera conocido; mas
su voz me patentizó cuánto habían perdido sus fac-
ciones, y aquel recuerdo lo que fueron antes aque-
llos deformes labios y conocí el rostro de Foresio.
«¡Ah! me dijo, no te fijes en esta lepra que quita
el color de mi piel, ni en la carne de que carezco;
dime sólo la verdad: ¿Quiénes son las dos almas que
te escoltan?»
A lo que contesté: «Tu faz, la que lloré muerta
ya, no excita menos mi pena al verla hoy tan tras-
formada .
Dime, pues, de Dios en nombre, la causa de vues-
tra flaqueza; no me hagas hablar de otro asunto, en
tanto que no calme mi asombro, porque mal se puede
hablar de una cosa estando absorbido por otra. »
El á mí: «De la eterna justicia viene una virtud
(1) Mientras el cerco de Jerusalén, por Tito .
(2) Según fisonomistas, se puede leer OMO, así dis-
puesto 10 of en las facciones de nuestra cara. Las
dos O son los ojos; y la nariz, cejas y mejillas forman
laM. 1
-
250 -
sobre el agua, y ese suelo que ya dejamos detrás, y
aquella secreta virtud, es la que de tal suerte nos
extenúa .
Todas esas almas que lloran y cantan por haber
obedecido ciegas á su boca, han de purificarse aquí
pormedio de hambre y sed.
El aroma que viene de las frutas y el agua que se
extiende por la verdura, enciende en nosotros el anhe-
lo de comer y beber, sin que una vez sóla al pasar
por este sitio no se avive nuestra angustia; angustia
dije, debiendo decir consuelo, pues la voluntad que
nos lleva al árbol es la que indujo al Cristo á decir
lleno de júbilo: ¡Eli! al libertarnos con la sangre de
sus venas (1) . »
Yo á él : «Foresio (2), desde el día que cambiaste
el mundo por la mejor vida, aun no transcurrieron
cinco años. Si el poder de pecar terminó en tí antes
de llegar la hora del saludable dolor que nos recon-
cilia con Dios, ¿por qué viniste aquí arriba? Yo me
figuré hallarte aun allí abajo, donde se repara el
tiempo con el tiempo. »
El: «Es mi Nella la que con sus constantes quejas
me hizo librar el grato agenjo del dolor. Con sus pre-
ces piadosas y suspiros me extrajo de la costa do se
espera, librándome de los demás círculos.
Es tanto más amable á Dios mi buena vida, á la
que tanto quería yo, cuanto que es sola en obrar bien;
porque la Barbagia de Cerdeña tiene más púdicas
mujeres que la Barbagia en que yo dejé la mía (3) .
¡Oh dulce hermano! Se presenta ya á mis ojos un
(1) Elí, ¿lamma sabactbani? Dios mío, ¿por qué me
abandonaste?
(2) Foresio, florentino, era hermano de Corso Donati
y de la bella Picarda, que hallaremos en el canto III del
Paraíso .
(3) Monte de Cerdeña, de mala fama. La otra Bar-
bagia quiere decir Florencia.
251
futuro tiempo, para el que no será muy remota la
hora presente, en el que se prohibirá desde el púl-
pito á las deshonestas florentinas seguir mostrando
Ios pechos.
¿Qué mujeres bárbaras ni sarracenas hubo nunca,
que para obligarlas al decoro se tuviera que acudir á
censuras espirituales ú otras órdenes?
Mas si aquellas libertinas supieran lo que para
muy en breveles depara el Cielo, ya tuvieran abierta
la boca para aullar; pues que si no me equivoca mi
previsión, estarán tristes antes de que el vello se di-
buje en las mejillas del niño mecido todavía en la
cuna al arrullo de su ama .
¡Ay hermano! no te ocultes más; ya ves que no
sólo yo, sino todas esas almas, miran el punto en que
tu cuerpo veló el sol.»
Yo áa él: « Si te acuerdas de lo que fuiste para mí
y cómo me conduje contigo, creo que aquel recuerdo
te será enojoso. El sabio que marcha delante de mí
me sacó de aquella vida hace pocos días, cuando la
hermana de aquel (indicándole el sol) se hallaba en
toda su redondez . Ese sabio me llevó á través de la
noche profunda hasta los muertos verdaderos, y con
mi verdadera carne que le va siguiendo .
Su favor me ha sostenido hasta aquí en las gradas
y recodos de la montaña, que os endereza á vosotros
por el mundo haberos torcido. Dice que me acompa-
ñará hasta el sitio en que estará Beatriz. Allí me que-
daré sin él .
Virgilio es quien me habló de este modo (seña-
lándoselo con el dedo); y el otro es la sombra por la
que pocohace retemblaron todas las bóvedas de vues-
tro vasto imperio al separarse de él . »
-
252 -
CANTO XXIV
SUMARIO
Luego de separarse de Foresio los tres poetas, llegan
cerca de otro árbol , del que nace uua voz que recita
ejemplos de gula .-Ultimamente un angel les indica
las gradas del séptimo y prostrer circulo .
Nuestra conversación no daba lugar á que langui-
deciera nuestra marcha; antes por el contrario, andá-
bamos con tal presteza, cual buque impulsado por
favorable viento .
Y las almas, que asemejaban á cosas ú objetos
muertos dos veces me daban á entender en los ho-
yos de sus ojos la sorpresa que les causaba el ver-
me vivo.
Yo , siguiendo mi conversación, observé: «Esa
sombra, por culpa de otro, va tal vez á lo alto con
más pausa de la que quisiera .
«Y díme, si no lo ignoras, ¿dónde se halla Picar-
da(1)? como también si entre esta infinidad que me
mira hay alguna persona notable para mí.>>>
Foresio respondió: «Mi hermana, tan hermosa y
buena (que no sé lo que fué más), triunfante disfruta
ya de su corona en las alturas del Olimpo.>>>
Luego añadió: «Aquí puede llamarse á cada uno
por su nombre, a causa de lo que alteró el hombre
nuestra semejanza.
Este (indicándole con el dedo), es Buonagiunta de
Luca (2), y aquella sombra que está más separada y
(1) Picarda, hermana de Foresio.
(2) Buonagiunta, gran poeta de Luca.
-
253 -
flaca que las otras, tuvo en sus brazos á la santa
Iglesia . Procedía de Tours, y expía por medio del
ayuno las anguilas de Bolsena (1), que mandaba gui-
sar con vino blanco .>>>
Otros muchos me citó, y parecía que era gusto
de ellos el que los nombrara, pues ni uno se puso
sombrío .
Entre aquellos hambrientos que estropean sus
dientes mascando inútilmente, ví á Ubaldino della
Pila , y á Bonifacio, que con su roquete alimentó á
tantos (2) . /
También ví á messer Marchese, que tan sobrado
tiempo tuvo para beber en Forlí (3), y que sin em-
bargo de no apurarle la sed, jamás se vió satisfecho.
Según el que principia por examinar y concluye
por estimar más lo uno que lo otro, asi hice yo con
el de Luca que aparentaba conocerme más que los
otros .
En su especie de murmullo parecía nombrar á
Gentucca (4) , con aquella garganta, á pesar de estar
llagada y consumida por disposición de la divina jus-
ticia.
¡Oh sombra, le dije, que tan deseosa de hablar
conmigo pareces, haz de manera que te pueda com-
prender y que tus palabras nos sean gratas á todos.>>>
Entonces principió así: «Ha nacido una mujer que
todavía no ostenta el velo que te hará agradable mi
ciudad, aunque algunos se lo censuren. Irás con esta
(1) Martín IV, de Tours, Papa.
(2) Ubaldino della Pila y Bonifacio, arzobispos, fa-
mosos glotones.
(3) Marqués de Rigogliosi. Su sumiller le dijo en una
ocasión, que se le criticaba porque no hacía mas que
beber, a lo que aquel respondió riendo: ¿Por qué no
dicen que siempre tengo sed?
(4) Hermosa jóven de Luca, á la que Dante amó en
honor á Beatriz,
254 -
predicción; si padeciste algún error por el que yo
murmuro, lo que acontezca te lo demostrará.
Mas dime, ¿acaso no contemplo al que acaba de
publicar los versos que empiezan de este modo:
Damas qué sabéis lo que es amor (1)?>>
Yo á él : « Cuando me inspira Amor, obro de ma-
nera que cuanto me dicta interiormente lo revela al
exterior.>>>
-«¡Oh hermano! dijo. Ahora veo claro el nudo
que nos sujetó al Notario, á Guitone y á mí (2) á tan
largo trecho de aquel hermoso y nuevo estilo que me
reveló. En este instante veo cómo vuestras plumas
retratan con fidelidad al que tan bien dicta, lo que á
la verdad no sucedió con los nuestros. El que trepa á
más altura, no distingue un estilo de otro; » y calló
como satisfecho .
Como las aves que se están en el invierno cabe el
Nilo, formando algunas veces una compacta masa,
todas las sombras que estaban allí volvieron el ros-
tro, y alijeraron el paso, veloces por su flaqueza y
por su voluntad.
Cual hombre que rendido de correr deja adelan-
tar á sus compañeros, y anda con lentitud hasta repo-
ner su sofocada respiración, dejó Foresio que ade-
lantara la santa cohorte, marchando detrás de ella
conmigo, diciéndome: «Cuándo te volveré á ver?»
-<<Ignoro la vida que me resta, le respondí; pero
mi vuelta no será tan cercana, que en alas del deseo
no haya arribado ya antes á la orilla; pues el lugar
en que se me colocó para vivir, se desprende cada
vez más del bien, y parece destinado á una lastimosa
ruína . ».
(1) El Amor.
(2) Jacobo Lentino, llamado Notario , Guitone de
Arezzo, poetas de poca valía.
255
-«Veo al más culpable (1) atado á la cola de una
fiera , arrastrado al valle en que no se perdona nin-
guna culpa.
El paso de la fiera va aumentando en rapidez, y
aumentará más hasta que el cuerpo, chocando en to-
das partes, quede destrozado indignamente.
Ya nopueden girar mucho esas esferas (levantan-
do su mirada al Cielo), para que entiendas lo que
mis palabras no pueden aclararte más.
Te dejo, porque el tiempo es de gran valía en este
reino, y ya llevo perdido mucho hablando así con-
tigo.>>>
Como ginete que á galope se lanza de entre el
escuadrón que adelanta, para lograr la honra del
primer encuentro, se separó aquel espíritu de nos-
otros , quedando yo en el camino con los dos que fue-
ron en poesía tan célebres capitanes (2) .
Al hallarse bastante lejos para que mis ojos pu-
dieran seguirle, cual mi espíritu siguió sus palabras ,
noté las ramas de otro árbol frutal, cuyas manzanas
estaban harto cerca de mí por hallarme vuelto hacia
aquella parte.
En las raíces de aquel árbol ví levantar las manos
á varias almas, y gritar como niños que, acosados
por vanos deseos, hacen muchas súplicas, á las que
no responde aquel á quien se dirijen; y que para
avivar más su apetito, hace pender sobre ellos y sin
ocultarlo el objeto de su vehemencia.
Después partió aquella cohorte como desengaña-
da, y notamos entonces el grande árbol , sordo á tan-
tas preces y lágrimas .
<<Continuad adelante sin aproximaros; más eleva-
(1) Corso Donati, jefe de los Negros y hermano de
Foresio , que pertenecía á los Blancos, fué muerto en
las calles de Florencia en 308.
(2) Virgilio y Stacio .
-
256 -
do es el arbolcuyo fruto mordió Eva, y del que es un
retoño el árbol que veis. >>>
Esto dijo no se quién, á través de las ramas. Vir
gilio, Stacio y yo adelantamos, codeándonos para
aproximarnos más ála parte do se eleva la senda.
«No os olvidéis, añadió la voz, de los malditos
formados en las nubes, que repletos combatieron á
Theseo con su duplicado pecho. No os olvidéis de los
hebreos que debiendo denotaron su molicie, por lo
queno los aceptó Gedeón como compañeros cuando
bajó las colinas cerca de Madian. »
Así , al acercarnos á uno de los dos bordes, discu-
rríamos escuchando los distintos pecados de la gula,
seguidos en otra época de justas miserias. Luego de
encontrarnos nuevamente en medio del camino y de
haber andado más de mil pasos, meditando cada uno
sin hablar:
«¿Do vais tan pensativos y sólos?» dijo repentina-
mente una voz que me hizo aterrar, cual se estreme-
ce un animal apocado ó miedoso .
Alcé la cabeza para ver lo que era, y nunca se
observó en la fragua vidrio ni metal tan reluciente y
enrojecido, como lo era el espíritu que decía: «Si
deseáis subir, pasad por aquí, por ser esta la senda
del que aspira á la paz.>>
Como brisa de Mayo, precursora de la aurora, que
difundiéndose embalsama, por estar impregnadade
flores y yerbas, advertí yo que un aura acariciaba mi
frente, y noté el movimiento de la pluma que me
hizo aspirar el aroma de ta ambrosía (1 ) .
También oí decir: «Venturosos los que de tal ma-
nera se hallan inspirados por la gracia, que el cariño
a la comida no hace humear en su corazón hartos de-
"a el ángel la P. de la frente de Dante, signo
1
257
seos, y que sólo siente apetito en tanto que es esta
moderada,»
CANTO XXV
SUMARIO
Círculo séptimo y último, do se purifica el pecado de la
Lujuria.-Explica Stacio a Dante la portentosa obra
dela generación ,yde
y deque
quémanera revisten las almas
una forma visible .-Sombras que entre las llamas
citan ejemplos de Castidad. Continuación.-Ven los
poetas varias almas de Lujuriosos que entre las lla-
mas adelantan hacia las primeras .-Al juntarse, se
abrazan citando ejemplos de Lujuria, y después si-
guen su marcha.
Ya era la hora en que para subir no consentía el
retardarse, pues el sol había abandonado el cír-
culo meridional en Tauro, y la noche en el Escor-
pión (1) .
De suerte, que cual hombre que nadale detiene en
su marcha, cualquiera que sea la idea que le domi-
ne, penetramos en el pasaje uno de otro en pos , y
tomamos la escalera, que por su angostura precisa á
separarse á los que la suben.
Menos vivo es el deseo de la tierna cigüeña que
altea al dejar su nido, que el mío por saber quién era
el que de aquel modo se encendía y apagaba, llegan-
do hasta simular el movimiento del que se propone
hablar.
Aunquenuestra marcha fuera harto veloz, no dejó
de insinuarme mi Maestro : « Dispara el arco de tu pa-
labra, que tienes tendido hasta el hierro . »
(1) Las dos de la tarde.
DANTE 17
-
258 -
Entonces, con seguridad, empecé así: «¿Cómo
se enflaquece allí donde el alimento no es pre-
ciso?»
-<<Si te acordaras cómo Maleagro se consumió se-
<
gún se iba consumiendo una brasa, me respondió,
no tendrías ahora tal dificultad en entender esto.
Y si contemplases que al deslizar vuestra imagen
se desliza en el espejo, lo que crees verde te parecie-
ra maduro .
Mas para que satisfagas tu deseo, aquí está Sta-
cio, al que invoco y luego sea la panacea de tus
heridas.>>>
-<<Si allí donde eres, le manifiesto el reino eter-
<
no , repuso Stacio, sea mi evasiva el no poderme
negar.>>>
Después continuó : «Hijo , si tu alma recihe y con-
serva mis palabras, no te quepa duda que te ilumina-
rán respecto á lo que dices.
La parte más pura de la sangre que jamás absor-
bieron las voraces venas, quedando como los su
perfluos alimentos fuera de la mesa, ejerce una vir-
tud en el corazón que le predispone á la formación
de todos los humanos miembros, según lo que para
transformarse en aquellos miembros atraviesa las
venas .
Después , al estar más digerido, baja á un sitio,
que es mejor callar que mencionar, de donde se
alambica sobre la sangre en el vaso natural de otro
ser, do una y otra sustancia se juntan, dispuesta la
una á obrar por efecto de la perfección del punto de
que emana .
En aquel momento principia á obrar la paterna
sangre , coagulándose primero, y después revivando
lo que había hecho consistente consu materia .
La activa virtud de la sangre paterna, trocada en
alma vejetativa tal como las plantas (con la única
distinción de que esta sigue su curso, en tanto que la
259
otra está ya en la orilla), obra de suerte, que desde
Juego principia á agitarse y sentir cual la esponja ma-
rina, y después organiza la facultad del hombre, de
que es el germen .
Hijo amado, tan pronto ensancha como se dilata
la virtud procedente del paterno corazón, y del que
Ja naturaleza deriva todos los miembros; mas como
pasa de animal á racional, no pueden entenderlo aún;
cuestión es esta que equivocó á otro más sabio que
tú (1), cooperando con su doctrina á apartar del alma
el intelecto posible, por no observar en este ningún
órgano especial .
Abre tu razón á las verdades que te demuestro,
y sabe que tan luego queda acabado en el fetus el ar-
ticular del cerebro, alegre el primer Móvil se vuelve
hacia aquella grande obra de la naturaleza, inspirán-
dole un nuevo espíritu que rebosa virtud, y que junto
á su sustancia forma con la parte activa de ella una
sóla alma que vive, que siente y que se mueve .
Para que te sorprendan menos mis palabras, fija-
te en el ardor del sol , el que se convierte en vino, si
se une al humor que se desprende de la viña.
Así que Laquesis ha apurado el vino, se separa
el alma de la carne, arrastrando contenidas en su vir-
tud las facultades divinas y humanas Las facultades
que sienten, casi todas son mudas, mas la memoria,
inteligencia y voluntad, tienen en su movimiento más
sutilidad que antes ,
Sin parar y por sí sóla, llega el alma á una de
las riberas , en que se le indica la senda que debe
seguir; después que
que la sujeta el nuevo lazo, luce á
su alrededor la virtud informativa del mismo modo y
tan esplendorosa como cuando vivió en sus miem-
bros .
Y así como cuando la atmósfera se halla lluviosa
(1) Averrhoes .
-
260-
efecto de los rayos del sol que la bañan, aparece or-
nada de distintos matices, así la misma toma en
torno la forma que virtualmente le dá el alma que se
desprende de ella .
Y á imitación de la llama que sigue al fuego en
todos sus movimientos, la nueva forma va en pos del
espíritu.
Ultimamente, debiendo á aquella forma el alma
su apariencia, se la llama sombra; después organiza
cada uno de sus sentidos, incluso el de la vista. Por
lo cual, hablamos, reímos y derramamos lágrimas,
según lo habrás oído en la montaña.
Conforme se van agitando nuestros deseos y pa-
siones, va cambiando de forma la sombra. Esta es la
causa de lo que motiva tu admiración . »
Ya estábamos en el postrer tormento, y girando
á nuestra derecha, cuando otro cuidado nos sorpren-
dió. Allí al borde del monte impelía la llamahaciael
exterior, saliendo del abismo un viento que la lleva-
ba hacia lo lejos, precisándonos á marchar uno detrás
de otro por el borde del precipicio; así que por un
lado temía al fuego y por otro lado al abismo .
Mi Maestro me decía: «Aquí hay que refrenar la
vista, cuando tan fácil es equivocarse .>>>
Summæ Deus clemenciæ (1) oí cantar en medio de
aquel volcán, lo que despertó en mí el no menos
abrasador deseo de volverme .
Noté recorrer las llamas á varios espíritus, y aun-
que seguí mirándolos, fué alternando mi vista entre
sus pasos y los míos.
Luego de aquel himno , vocearon: Virum non cog-
nosco (2), y después volvieron á entonar el himno en
voz baja.
Concluyéndolo, volvieron á gritar: «Diana se
(1) Himno que se canta en los maitines del sábado.
(2) San Luc. I.
-
261 -
quedó en el bosque, arrojando de él á Hélice, que
había gustado el veneno de Vénus (1) . »
Y volvió á cantar, celebrando á las mujeres y á
los maridos que fueron castos, según lo prescriben la
virtud y el matrimonio. Esto, á lo que creo, les es
suficiente por el tiempo que el fuego les abrasa; puesto
que tales son sus cuidados, tales sus prácticas.
Que su herida postrera del Purgatorio se cicatrice.
CANTO XXVI
SUMARIO .
Habla Dante con Guido Guinicelli de Bolonia y Daniel
Arnault de Provenza.-Instados por un angel atra-
viesan las llamas los poetas y suben las gradas últi-
mas . La noche los detiene en la cima .
Siguiendo á lo largo el bosque uno en pos de otro,
decía á menudo el célebre guía: «Te advierto que
Ileves cuidado y te ayudes.»
El sol que brillaba ya por todo el Occidente, tro-
cando en blanco mate su color celeste, daba en mi
derecho hombro, haciendo aparecer con mi cuerpo
más rojiza la llama á varias almas que andaban
preocupadas .
Por esta causa hablaron de mi diciendo: «Aquel
parece no tener cuerpo ficticio >>>
Después quisieron saberlo con seguridad y se me
aproximaron cuanto pudieron , mas guardándose de-
ponerse donde el fuego no pudiera alcanzarles .
«¡Oh tú , que vas rezagado de los otros dos, no por
(1) Ninfa de Diana a quien sedujo Júpiter.
262
caminar más pesado, sino acaso por respeto, dime
quién se abrasa en la sed y el fuego! No solo para mi
es necesaria tu respuesta, pues todos estos tienen una
sed más voraz que la que sienten por el agua fría los-
indios ó los etiopes .
Dí, ¿por qué con tu cuerpo formas una muralla
que se antepone al sol, cual si todavía no hubieras
caído en poder de la parca?»
De esta suerte me hablaba una de las sombras , á
la que aún no había respondido, por
por estar fija mi
atención en otra novedad que se acababa de presen-
tar á mi vista .
Por medio de la inflamada senda llegaba otra
cohorte, con el rostro vuelto a la primera, lo que me
llevó á la sorpresa y á la duda.
En una y otra parte noté que las sombras se apre-
suraban y se abrazaban, pero sin detenerse, quedando
por las trazas tan satisfechas con aquella pequeña
muestra de aprecio; asemejando á las hormigas que
en medio de sus tostadas legiones van á encontrarse
cara á cara, tal vez por preguntarse sobre su camino
ó sobre su botín .
Luego de aquella cariñosa entrevista y antes de
moverse, todas las almas principiaron á vocear con
todas sus fuerzas; las de la cohorte primera: «¡ Sodo-
ma y Gomorra! » Y las de la otra: «Pasifæ se envolvió
con el pellejo de una becerra para que el toro se
echara sobre su lujuria. >>>
Después, cual grullas que se encaminan, parte á
los montes Rifeos, parte á los arenales, unas teme-
rosas por el celo y otras por el sol, obraron ambas
cohortes ; yéndose la una en tanto venía la otra, y
llorando todas, principiaban nuevamente sus cantos,
y los gritos
ritos que mejor les convenían.
Entonces volvieron á acercarse á mí las primeras
almas que me interrogaran, y me parecieron atentas
y preparadas á oir.
-
-
263
Yo, que había por dos veces observado su anhelo,
principié así: «¡Oh almas que tenéis la seguridad de
arribar al estado de la paz. Mis miembros todavía no
han quedado allá abajo ni verdes ni maduros; están
aquí conmigo con su sangre y coyunturas .
Marcho allí á lo alto para dejar de ser ciego; una
mujer (1) que nos supera es la que me proporciona
la gracia. Esta es la causa por qué en vuestro mundo
arrastro mi cuerpo mortal .
¡Quiera Dios veáis satisfecho tan luego el más
vivo de vuestros deseos! ¡Quiera el Cielo amoroso y
vasto admitiros bajo sus artesonados !
<<Mas decidme, para que pueda escribirlo, ¿quiénes
soisy cuál la cohorte que viene en pos de vosotros?»
Menos sorprendido se queda el montañés que pe-
netra por vez primera en la ciudad, de lo que se
quedaron aquellas almas, á juzgar por su apostura;
pero al hallarse libres del primer estupor, que pronto
cede en los grandes corazones:
<<¡Afortunado tú, que para lograr mejor vida vie-
nes en busca de experiencia á nuestros ámbitos !
contestó la sombra que al principio nos interrogara .
Las sombras que no vienen con nosotros, hicie-
ron el pecado por el que César, mientras su triunfo,
fué objeto de mofa y oyó que le llamaban reina (2).
Por eso se apartan gritando ¡Sodoma! reprochán-
dose, según oiste, y excitando con su vergüenza la
voracidad de la llama .
Nuestro pecado todavía fué más en contra natura-
leza; pero como no observamos la humana ley, y por
el contrario saciamos nuestro apetito cual bestias ,
así por nuestro baldón preferimos cuando nos sepa-
ramos el nombre de aquella que se trocó en bestia
con la piel de otra bestia.
(1) Beatriz, ó la Teología.
(2) Suetonio. (Véase. )
-
264 -
Ya sabes nuestras acciones y culpas. Si deseas
saber nuestro nombre, ni acaso sabría decirtelo , ni
tengo espacio para ello.
Apesar de ello te diréel mío: Soy Guido de Gui-
nicelli (1), y estoy purificándome por haberme arre-
pentido antes de mi postrera hora.>>>
Como se mostraron los dos hijos al notar á su
madre sometida al furor de Licurgo (2), así me
mostré yo (mas no con el frenesí que hubiera desea-
do), cuando oi su nombre Guido, mi padre y el de
muchos que valen más que yo, que escribieron dulces
rimas amorosas .
Absorto estuve contemplándolo largo rato, sin
poder acercarme más á él á causa de la llama.
Cuando me satisfice de mirarle, me ofrecí de co-
razón con aquellas protestas que aseguran la since-
ridad del que ofrece.
El á mí: «Tú me abandonas, porque percibo ya
una huella tan clara, que el Letheo no pudiera bo-
rrarla, ni siquiera oscurecerla.
Mas si tus palabras son verídicas, dime: ¿por
qué me manifiestas en tus acciones y miradas que te
soy amado?»
Yo á él : « Vuestros divinos versos, interín subsis-
ta el moderno lenguaje, harán grata siempre la plu-
ma que los trazó . »
-<<¡Oh hermano, repuso, aquel (y me indicó con
el dedo á otra sombra que le precedía) fué mejor ar-
tista en su lengua patria (3)!
En versos amorosos y en prosa novelesca, superó
á los otros y deja que hablen los necios que dicen ha-
berle sobrepujado el Limosin (4).
(1) Poeta bolonés .
(2) Thoas y Eumenio hallaron a su madre Hipsi-
pile cuando Licurgo, rey de Nemea, iba a decretar su
muerte .
(3) Arnaldo Daniel, poeta provenzal.
(4) Gerardo Bertueil,mal poeta de Limoges.
-
265 -
Se fijan más en e Imurmullo que en el hecho, y
así emiten su parecer antes de escuchar el arte ó la
razón .
De esta manera se hizo respecto de Gueltone.
dándole á voces el puesto elevado, hasta que quedó
vencido con la verdad proferida por voz de muchas
personas .
Ahora, si posees el gran privilegio de penetrar
en el claustro en que el Cristo era abad del cole-
gio (1), dile por mí del Pater noster lo que se nece-
sita en este mundo, donde ya no podemos pecar. »
Después, acaso para ceder el puesto a otro que le
seguía, se ocultó en la llama, como en el agua des-
aparcce el pescadillo al zambullirse .
Adelanté un poco hacia el que me indicaran, y le
dije que mideseo estaba dispuesto á hacer á su nom-
bre una grata recepción.
El, con mucha gentileza, me dijo algunos versos
laudatorios y sentidos y se ocultó en el fuego purifi-
cador.
CANTO XXVII
SUMARIO
Dante tiene nueva visión.-Los tres poetas llegan á la
cima de la montaña del Purgatorio al romper la auro-
ra. Virgilio allí deja á Dante la libertad de obrar , sin
que le pida consejo .
El sitio de donde el sol desprende sus primeros ra-
yos sobre la ciudad en que fué vertida la sangre de
su Hacedor(cuando caeel Ebro bajo el elevado signo
(1) El Paraíso .
266 -
de la Balanza, y el agua del Ganges se calienta al
ardor del Mediodía), se hallaba ocupado por el astro;
el día iba á desaparecer, cuando placentero se nos
presentó el ángel de Dios, y separado de la llama,
empezó á cantar: Beati mundi acorde (1), siendo su
voz mucho más vibrante que la nuestra.
Después siguió: «Santas almas, no podéis pasar
más adelante, á no morderos el fuego. Entrad á las
llamas, no ensordezcáis al canto que viene de más
lejos.>>>
De este modo habló el ángel cuando llegamos cer-
ca de él. Por lo que me volví á escucharle, como
aquel que ponen en la huesa .
Junté y alcé mis dos manos mirando al fuego, y
pensando con vehemencia en los cuerpos humanos
que ya había contemplado quemarse.
Mis buenos compañeros se volvieron hacia mí ,
diciéndome Virgilio: «Hijo amado, aquí puede ha-
llarse un tormento, pero no la muerte. Acuérdate də
que te guie sano y salvo en hombros de Geryón .
¿Qué no ejecutaré ahora que me hallo más próximo
áDios?
Has de tener la seguridad, que aún cuando per-
manecieses mil años sobre estas llamas, no te abra-
sarías ni un sólo cabello; si no lo crees, ponte al lado
de ellas, y como prueba, aproxima la punta de tu ves-
tido al fuego contus manos.
Aparta de tí todo temor, ven hacia aquí, y sigue
con seguridad la senda.>> Yo, sin embargo de mi con-
fianza, permanecía inmóvil.
Al notarme indeciso y obstinado, Virgilio, me
dijo: «Mira , hijo mío, entre tú y Beatriz no media
mas que esa valla. «
Como al nombre de Thisbao, estando moribundo
Pyramo, abrió los ojos y lo miró debajo del moral ,
(1 ) San Mateo.
267 -
que desde aquel punto dió encarnada fruta; del mis-
mo modo, venciendo mi indecisión, me volví yo hacia
mi sabio Maestro, al oir el nombre que aún tenía eco
en mi alma .
Aquí él hizo un movimiento de cabeza y dijo:
¡Cómo! ¿Queremos quedarnos aquí? Y me sonrió
cual se hace con un niño que se domina con una
fruta.
Después , precediéndome, se lanzó á la llama ro-
gando á Stacio que siguiera detrás, él que por es-
pacio de un largo trecho nos había apartado á en-
treambos .
Al estar en medio del fuego, me hubiera arrojado
para refrescarme en el ardiente vidrio; tan inmenso
era el calor que percibí en él.
Mi maestro, para fortalecerme, iba nombrándome
á Beatriz, diciendo: «Ya me parece que veo sus ojos .>>>
Cantando más allá, nos guiaba una voz, y nos-
otros , tijos en ella, salimos de las llamas alli donde
debe subirse .
Venite, benedicti patris mei (1 ), decía en medio de
tal resplandor, que mi vista deslumbrada no podía
verla. «El sol se marcha y se aproxima la noche, no
os detengáis; mas bien acelerad el paso en tanto que
el Occidente no se ennegiezca . »
La senda ascendía recta á través de la roca por la
parte del Oriente, y yo interceptaba delante dede mi
los rayos del sol ya fatigado y bajo .
Muy escasas gradas habíamos subido, mis sabios
compañeros y yo, cuando observamos desvanecerse
nuestra sombra, y que el sol se ponía tras de nos-
ortos .
Y antes de que en todas partes tomara el horizonte
la misma faz, y que por do quiera la noche tendiese
su crespón, cada uno de nosotros hizo cama de una
(1) San Mateo.
-
268 -
grada, pues la índole de la montaña nos arrebataba la
facultad, más bien que el gusto de subir.
Como las cabras que antes de repletarse eran tan
revoltosas y atrevidas en la cima de las montañas, y
que mientras el sol luce rumian con dulzura sin me-
nearse en la sombra, vigiladas por el pastor que se
apoya en el cayado, y según el pastor que se queda
á la intemperie para velar por su rebaño apacible,
temiendo que algún lobo lo disperse, tal nos hallá-
bamos los tres entonces. Yo era la cabra y ellos los
pastores , rodeados doquiera por la gruta.
Poco Cielo descubríamos, pero en él se veían las
estrellas de más tamaño que el de costumbre.
Mirando y rumiando tuve sueño, sueño que suele
tener noticias anticipadas de lo que ha de suceder .
Me figuro que á lahora en que Cytherea, que
siempre parecía inspirada por el fuego del amor, des-
pedía desde Oriente sus rayos primeros sobre el
monte, ví una mujer entre sueños, hermosa y joven,
que iba recogiendo flores en la campiña, y que decía
en su canto :
«Sepa, quien preguntemi nombre, que soy Lía (1),
yque tiendo mis manos por doquier para construir-
me una guirnalda.
Con objeto de agradarme en el espejo, me adorno
aquí; en tanto que mi hermana Raquel (2) no se quita
del suyo en todo el día.
Tanto le complace el ver sus preciosos ojos , como
ámí el adornarme con mis propias manos; a ella ver
y á mí obrar nos satisface.>>>
Ya ante los destellos precursores del día (destellos
tanto más gratos á los peregrinos cuanto que á su
reaparición se hallan más próximos á su país), se
(1) Lía, hija de Labán, primera esposa de Jacob , ó la
vida activa .
(2) Raquel , segunda esposa del mismo, ó la vida
contemplativa.
-
269
desvanecían las tinieblas y mi sueño con ellas. Me
levanté, pues, al notar que mis compañeros y maes-
tros estaban levantados .
<<La sabrosa fruta que la inquietud de los mor-
tales busca de rama en rama, satisfará hoy tu ham-
bre.>>>
Estas palabras me dirigió Virgilio, á las que no
igualó donativo alguno en placer.
Fué tan inmenso mi creciente deseo de llegar á
lo alto, que por momentos notaba nuevas alas para
mi vuelo.
Al estar la escalera recorrida por completo debajo
de nosotros y llegar á la postrera grada, Virgilio me
dijo mirándome: «Has visto el fuego de un día y el
otro eterno, y hé aquí, hijo del alma, el punto del
que á mi no me es permitido pasar.
Por medio de mi inteligencia y arte te he traído
aquí ; ahora toma por guía tu voluntad; saliste de
los escabrosos senderos y angostas veredas.
Repara el sol que irradia en tu frente; ve la
yerba, las flores y los arbustos que produce por sí
sóla esta tierra .
Mientras llegan radiantes de júbilo los preciosos
ojos que llorando me condujeron á tí, puedes des-
cansar ó recorrer esta deleitosa mansión.
No esperes por más tiempo mis palabras y con-
sejos; tu libre albedrío, sano y recto es, y sería poco
cuerdo no obrar con arreglo á tu juício.
De suerte, que colecándote sobre tí, te pongo co-
rona y mitra .>>
270
CANTO XXVIII
SUMARIO
Llegando los tres poetas á la cumbre de la montaña del
Purgatorio, avanzan hacia el bosque del Paraiso te-
rrenal.-Son detenidos por el Letheo.-Ven en opues-
ta orilla a Matilde, que cogiendo flores y cantando se
aleja. Por indicación de Dante, Matilde desvanece
algunas de sus dudas.
۱
Anhelando ver el interior y diámetro del bosque
divino, vivo y frondoso que moderaba a la vista el
albor del naciente día (1 ), sin esperar más , dejé el
borde y me encaminé con lentitud a través de la
campiña, posando por doquiera mi planta por un
odorífero suelo .
Un aire suave é invariable azotaba dulcemente
mis sienes .
Las hojas, ávidas por agitarse ante aquel cefirillo
embalsamado, se inclinaban hacia otras , dirigiéndose
al sitio en que la montaña sagrada proyecta su pri-
mera sombra (2) .
Sin embargo, no se apartaban tanto de la línea
que en sus copas dejaran las aves de ejercer su ofi-
cio. Así es , que gorjeando con alegría acogían las
horas primeras, mezclando el zumbido del follaje con
sus rimas suaves .
Así es el murmullo que se exparce de rama en
(1) Arriba Dante al Paraíso terrenal, en la cima de
la montaña del Purgatorio .
(2) Hacia Occidente.
271
rama por los pinos de la ribera de Chiassi (1) al dar
Eolo libre curso al Sirocco (2) .
Por mesurados que mis pasos fueran, ya me
habían llevado al interior del bosque, y no podía
calcular el sitio por donde había entrado.
Mas aquí no pude pasar adelante, por impedír-
melo un arroyo, cuya corriente doblaba a mano iz-
quierda las yerbas nacidas en sus orillas .
Las aguas que aquí abajo son más puras, parece -
rían turbias, si se compararan con la que no oculta
ninguna cosa , aunque corra ennegrecida por una
sombra eterna, que jamás dejó brillar en su superfi-
cie rayo de luna ni de sol .
Mis piés se pararon, mientras mis ojos examina-
ban el país que se extendía al otro lado del río, ad-
mirando la variedad y verdura de sus arbustos .
Allí se me apareció (como suele aparecer una cosa
que súbitamente desvanece otra) una Dama sóla, que
según se alejaba cantando, cogía flores de las que es-
taba empedrado su camino.
«¡Oh bella dama,le dije, que así disfrutas de los
rayos de Amor, á juzgar por el semblante que suele
ser reflejo del alma! dignate aproximar á este río lo
suficiente á poder oir tu canto.
Tú me recuerdas el lugar en que se hallaba Pro-
serpina, y lo bella que era antes de perderla su ma-
dre, perdiendo á un tiempo las flores de su primavera .
Como mujer que al bailar dá vueltas con sus piés
juntos, colocando escasamente un pie delante del
otro, así se volvió hacia mí, pisando las matiza-
das florecillas , á imitación de la púdica virgen que
baja su vista.
De tal suerte me complació, que acercándose
podía yo oir distintamente sus palabras .
(1) En las cercanías de Ravena
(2) Viento Sudeste .
-
272 -
Al llegar al punto en que la yerba es bañada por
las ondas del caudaloso río, me dispensó la merced
de alzar los ojos .
No es posible que la luz fuera tan refulgente
bajo los párpados de Vénus, al herirla su hijo equi-
vocadamente.
Sonriéndome desde la derecha orilla, iba cogien-
do las flores que aquella venturosa tierra produce
sin ninguna simiente .
El río, solo nos separaba unos tres pasos; mas el
Helesponto que atravesó Jerges (frente a la vanidad
humana), no fué más odioso á Leandro, al hallarse
entre Sestos y Abydos , de lo que aquel río lo fué para
mí al no poderlo atravesar.
<<Sois recién venidos, dijo élla, y tal vez porque
sonrío en este privilegiado lugar de la humana natu-
raleza, os asombro y levanto alguna sospecha en vo-
sotros ; pero el salmo Delectasti despidé una claridad
que disipará las nubes de vuestra razón .
Tú que vienes delante y me pediste que hablara,
dí si deseas saber algo más, pues vine preparada á
responderte á cuantas indicaciones me hicieras >. >>
«El agua y el murmullo del bosque, le repuse,
combaten en mí una fé nueva, en cosa que oí y es
contraria á esta. »
A lo que contestó : « Yo explicaré cómo viene de su
causa lo que te asombra de tal suerte, disipando tu
ceguera .
El bien soberano, que á sí sólo se complace,hizo
al hombre bueno y para lo bueno, y le cedió este lu-
garen aras de eterna paz.
Con motivo de su falta, estuvo el hombre aquí
muy poco; y por efecto de la misma trocó en quejas
y luto la inocente sonrísa y los suaves placeres (1 ) .
(1) Según comentadores, Adán y Eva sólo estuvie-
ron siete horas en el Paraíso terrenal; del albaal me-
diodía .
273 -
Para que las tormentas más abajo excitadas por
las exhalaciones del agua y la tierra, que en cuanto
pudieran escapar hacia el calor no dieran ninguna
guerra al hombre, fué, según es esta montaña ele-
vada hacia el Cielo, y está al abrigo de las tempesta-
des desde el punto en que le cierra la puerta .
A pesar de esto, como el viento se agita en derre-
dor impulsado por el móvil primero, si el circulo no
rompe por ninguna parte, da aquel movimiento á
esta elevación, que es completamente libre en el
viento vivo y puro, y hace mugir el bosque por su
frondosidad .
Las plantas, impulsadas de esta manera, impreg-
nan el aire de su virtud, y en remolinos se esparse
circularmente .
La otra tierra, conformees digna por sí ó por su
Cielo , concibe y dá muchos árboles de distintas
clases .
Enterado de esto ya, no lo contemplarás allí
abajo cual maravilla , aunque nazcan las plantas sin
simiente .
Conviene que sepas que la santa campiña en que
te hallas, está cuajada de todos géneros de semi-
llas, y que hay aquí frutos que no se conocen allí
abajo.
Esta agua que ves, no viene de ninguna vena ali-
mentadapor el vaporque el frío del Cielo cambia en
Iluvia, cual rio que lleno pierde su agua, sino que
procede de una fuente segura que toma de la volun-
tad de Dios toda la que derrama por sus dos canales .
Por este lado baja con una virtud que borra la
memoria del pecado, y por el otro devuelve la idea
de todos los beneficios.
A éste se le llama Letheo ( 1) , á aquél Eunoé (2), у
(1) Olvido .
(2) Buen espíritu .
DANTB. 18
-
274 -
no tiene efecto hasta que se ha bebido de los dos.
Su sabor es superior al delas demás aguas, y aun-
que tu sed se halle lo bastante dormida para no dete-
nerte más, todavía por particular gracia te daré un
corolario, y no creo que lo que digo te seamenos gra-
to, aunque por tí supere mucho á mis ofertas.
Los poetas que tanto ponderaron la edad de oro ,
y su venturoso estado, tal vez soñaban con este lu -
gar en el Parnaso.
Aquí se alzó inocente el humano tallo; aquí hubo
primavera perpetua, y todas las frutas; aquí manó el
néctar que todos mencionan.»
Enaquel punto me volví hacia mis poetas (1) у
noté que esta postrera explicación les hizo sonreir, y
volví á poner mis ojos en la bella Dama.
CANTO XXIX
SUMARIO
Cuenta el poeta, que recorriendo con Matilde las már-
genes del rio Letheo, observó en el bosque una clari-
sima Juz, y oyó por los aires una suave melodia,
después siguió una procesión , en la que un Grifo iba
tirando deun carro triunfal . Al llegar cerca de Dante,
se paró el Grifo con su comitiva.
Cantando como una mujer apasionada, y un ver-
sículo en pos de otro, entonó el Beati quorum tecta
sunt peccata (2) .
(1) Por Virgilio y Stacio .
(2) Dichosos los que son ocultos sus pecados, es
decir, perdonados, porque han sido del Purgatorio.
(Salmo XXXI . )
275 -
Después, cual ninfas que solas se van por las som-
bras del bosque, unas con deseo de huir y otras de
ver al sol , adelantó ella contra la corriente del río
y por su margen, y yo la imitaba y seguía á paso
mesurado .
Todavía no habríamos andado cien pasos, cuando
giraron también las riberas , volviéndome á colocar á
la parte de Levante.
A poco de empezar nuestra marcha, se volvió ha-
cia mí la Dama, diciéndome: «Hermano mío, mira y
oye.»
Cuando un repentino resplandor recorrió el gran
bosque en todos sus ámbitos; de tal suerte brillaba ,
que me ocurrió la duda de si sería un rayo .
Mas como el rayo termina con la misma rapidez
que viene, y el resplandor aquel irradiaba cada vez
más. me decía á mímismo: «¿Qué es esto?»
Una preciosa armonía pobló la luminosa esfera;
entonces el buen celo me hizo vituperar la osadía de
Eva; ya que allí do el Cielo y la tierra se prestaban
á la obedencia, sólo la mujer aquella que, no bien
acaba de ser creada, no pudo someterse á permane-
cer bajo algún velo . Si reformada hubiese estado
bajo aquel velo, yo hubiera disfrutado antes y por
más espacio aquellos innefables deleites .
En tanto que a través de aquellas inmensas pri-
micias del goce eterno continuaba yo en suspenso y
anhelaba mayor delicia, delante de nosotros, el aire,
imitando á un gran fuego, se presentó abrasado bajo
el verde ramaje, y el melodioso sonido que antes
oyéramos se trocó enun canto claro y distinto.
Vírgenes sacrosantas, si he tolerado por vosotras
alguna vez hambre, frío y vigilias, la necesidad me
hace invocar vuestro auxilio; necesario es que Heli-
cón derrame sus aguas sobre mí , y que el coro de
Urania me ayude á describir en versos cuestiones tan
difíciles .
-
276 -
Después me figuré entrever siete árboles de
oro (1), equivocado por la mucha distancia que había
entre nosotros y el nuevo objeto; mas cuando estuve
bastante cerca, la virtud, que junta el discurso á la
razón, me demostró que eran candelabros, y que las
voces entonaban Hossana (2) .
Los preciosos muebles lucían más puros que un
cielo despejado y que la luna al centro de su mes á
media noche.
Admirado me volví hacia Virgilio, y él me contes-
tó con una mirada no menos llena de extrañeza. De
nuevo fijé mis ojos en los jigantes candelabros que
venían hacia nosotros tan pausadamente, que les hu-
biesen ganado en velocidad las mismas desposadas .
La Dama entonces me voceó: «¿Por qué con tal
atención miras aquellas luces, dejando de observar
lo que viene detrás ?>>>
Entonces noté detrás de los candelabros perso-
najes con trajes blancos (3), jamás brilló aquí bajo
semejante blancura .
Ala izquierda, el agua resplandecía, reprodu-
ciendo mi izquierdo costado, cual lo hubiera verifi-
cado un espejo.
Al llegar á un sitio en el que sólo el río me apar-
tabe del cortejo, me paré para observar mejor.
Vi que las llamas seguían adelante, y quedar tras
sí el aire pintado de bellos matices; parecían igual
número de pinceles tirando líneas; de manera que
en el lado superior quedaban siete líneas diferen-
tes (4), conteniendo en sí los colores del arco a'el sol
y de la cintura de la luna.
Los estandartes iban apartándose de mi vista, de
(1) Emblema de las siete gracias del Espiritu Santo.
(2) Hossana, quiere decir : Sálvanos ó vivifica.
(3) Los Patriarcas .
(4) Siete Sacramentos .
-
277 -
suerte que los creía á unos diez pasos del último can-
delabro visible .
Bajo el hermoso cielo que relato, venían á pare-
jas veinticuatro ancianos coronados de flores de lis (1 ),
cantando: Bendita seas entre las hijas de Adán y
benditas tus gracias por la eternidad . >>>
Luego que las flores y yerbas que estaban ante
mí se hallaron libres de aquellos elegidos, como en el
Cielo sucede la luz á la luz, después de los ancianos
seguían cuatro animales coronados de verdes hojas (2) .
Todos ostentaban seis alas vestidas de plumas,
las que asemejarían á los ojos de Argos á no carecer
de vida .
Lector, no gastaré más versos para retratar las
formas de aquellos animales, pues los muchos que
tengo todavía que emplear, no me consienten ser más
extenso .
Mas lee á Ezequiel , que los describe según los ve
venir de las heladas regiones con el viento, la nieve
y el fuego ; y tales como pinta en sus libros, estaban
allí, á excepción de lo que se refiere á las plumas ,
que Juan está conmigo y se separa de él.
La distancia que mediaba entre los cuatro anima-
les estaba ocupada por un carro triunfal colocado
sobre dos ruedas (3) y tirado por un Grifo.
El Grifo tendía sus alas entre la línea del medio
y las otras seis , sin causarles, al moverlas, ningún
perjuicio.
A tal altura se elevaban, que pronto se las perdía
de vista. El Grifo tenía los miembros de oro en la
(1) Los veinticuatro libros del nuevo y viejo Testa-
mento .
(2) Los cuatro Evangelistas.
(3) Alegoría de la Iglesia. La aparición del carro y
su cortejo recuerda Ezequiel y el Apocalipsis. El carro
s la Iglesia; las dos ruedas, elantiguo y nuevo Testa-
es
mento; elGrifo, con doble naturaleza, Jesucristo.
278
parte del cuerpo en que pertenecía á ave, y en su
resto blancos y encarnados.
No sólo Roma careció de un tal carro para feste-
jar á Escipión el Africano y al mismo Augusto , sino
que aun el del sol sería insignificante comparado con
el que nos viene ocupando.
El carro del sol, que al apartarse fué devorado
por las llamas á petición de la suplicante Tierra ,
cuando Júpiter fué justo en los arcanos de su cólera ;
hacia el lado de la rueda derecha había bailando tres
mujeres (1). La una estaba tan encarnada , que á
duras penas se la distinguiría del fuego; la otra pare-
cía su carne y huesos esmeralda , y la última era
blanca cual la nieve al caer.
Ya parecían guiadas por la blanca mujer , ya por
la encarnada , y á cuyo canto avanzaban las otras
lenta ó velozmente .
Hacia la izquierda del carro se holgaban cua-
tro mujeres vestidas de púrpura (2), acomodándose
sobre una de ellas que ostentaba en la cabeza tres
ojos.
Luego del coro mezclado que acabo de bosque-
jar, ví dos ancianos de diferentes vestidos, pero idén-
ticos en la actitud ; los dos tranquilos y veneran-
dos. (3)
Uno parecía discípulo del gran Hipócrates , que
creó naturaleza para los animados seres que le son
más estimados .
El otro parecía desempeñar misión contraria, pues
llevaba una reluciente espada , con tal filo , que
me espantó desde la parte opuesta del río. Después
(1) Las tres virtudes teologales: la Fe, color nieve; la
Esperanza, esmeralda, y la Caridad, color de fuego.
(2) Las cuatro cardinales virtudes: Templanza, Fuer-
za, Justicia y Prudencia con su vista triplicada.
(3) San Lucas, que era médico, y San Pablo.
-
279 -
noté cuatro personajes de porte humilde (1) y tras
elllos un anciano dormido, con rostro lleno de inspi-
ración (2) .
Los últimos siete vestían cual la primera cohorte ,
con la sola distinción de que no estaban coronados
de lís, y sí de rosas y varias flores encarnadas , que
á lo lejos juraría cualquiera ser una llama sobre las
sienes .
Al llegar el carro frente á mí, resonó un trueno , y
cual si se hubiese prohibido á los magníficos perso-
najes pasar adelante , pararon allí con los primeros
candelabros .
CANTO XXX
SUMARIO
Desciendedel cielo Beatriz. A su presencia Virgilio
desaparece.-Beatriz, sentada en su carro triunfal,
reprendea Dante; después, dirigiéndose alosánge-
les, se querella de la vida que, sin embargo de sus
consejos, siguió el poeta aquí abajo, haciendo abuso
de la naturaleza y de la gracia.
Cuando el septentrión del primer cielo (3), que
jamás tuvo Oriente ni Occidente, ni más nube que el
velo que sobre él dejara el pecado, y que indicaba
alli su deber á cada uno, tal como nuestro septen-
trión inferior instruye al que lleva el timón para
arribar con dicha al puerto, hubo parado, los perso-
(1) Santos Santiago, Pedro, Juan, y Judas, hermano
de Santiago .
(2) San Juan, por motivo de su Apocalipsis.
(3) Septentrión del primer cielo, ó sean los siete
candelabros del anterior canto .
280 -
najes santos que fueron los primeros en llegar entre
los candelabros y el Grifo, se volvieron hacia el ca-
rro como su continuo capataz.
Yuno de entre ellos, cual enviado del Cielo, cantó
por tres veces: Veni, sponsa de Libano (1), y todos
los otroscantaron luego de él.
Como los bienaventurados se alzarán súbitamente
de sus tumbas en el postrer juicio entonando Alle-
luia, recobrada su voz por fin, así en el divino carro
se alzaron ad vocem tanta senis cien ministros y em-
bajadores de la eterna vida.
Todos exclamaban: Benedictus qui venis (2); des-
pués echando flores á su alrededor: Manibus ó date
lilia plenis .
Yo había visto á primera hora la parte oriental
manando rocío, mientras había bella serenidad en el
resto del Cielo , y la faz del sol aparecer cubierta de
sombras , de suerte que á través de los vapores que
templaban su resplandor, podía la vista mirarlo largo
espacio. De la misma manera á través de un nublado
de flores arrojadas por angélicas manos, que tornaban
á caer sobre el carro y al lado de él, y cubierta con
un blanco velo y coronada de olivo, aparecióseme una
mujer (3); su manto era verde, y su vestido del color
de la llama .
Y mi alma que hacía mucho tiempo no se había
domínado por el asombro y el miedo, á su presencia ,
sin comprenderlo por el socorro de la vista, y sí por
la escondida virtud que venia de ella, apercibió el
inmenso placer del antiguo amor.
Cuando mi vista contempló aquella elevada vir-
tud, que me hiriera antes de mi salida de la niñez,
(1) Cantar de los cantares, C. IV.
(2) Palabras pronunciadas por los judíos al entrar
Jesús en Jerusalén .
(3) Beatriz , ó sea la Teología .
281 -
me volví á la izquierda con la solicitud y respeto del
niño que corre hacia su madre, cuando teme ó tiene
alguna pena, á fin de decir á Virgilio: «Toda mi
sangre se extremece: conozco las señales de mi llama
antigua.>>>
Mas Virgilio ya nos habia privado de su vista (1) ;
Virgilio, aquel padre dulce, al que ella me diera para
mi salvación .
Y ni aquel terrenal Paraíso, perdido por nuestra
antigua madre, impidió á mis mejillas, limpias por
el rocío, que se ennegrecieran con mis lágrimas .
«Dante, aunque se vá Virgilio, no llores aún; y
mejor debes llorar por otra herida.>>>
paraComo un almirante que vá á la popa y á la proa
ver los hombres que gobiernan los ot
otros buques
y estimularles á que obren bien, noté en la parte
izquierda del carro (cuando me volví al oirme nom-
brar que es preciso citar aquí), a la mujer que ya se
me había presentado con el velo, en medio de la an-
gélica fiesta, dirigir su vista hacia mí desde la parte
allende del río .
Si bien el velo que pendía de su cabeza, corona-
da con hojas de Minerva, velaba sus facciones en
parte, con su imperiosa y regia actitud, siguió de
este modo, imitando á aquel que, cuando habla , re-
serva para el fin las más enérgicas frases :
<<¡Contémplame bien, soy la misma Beatriz! ¿Cómo
te dignaste acercarte á esta montaña? ¿Tal vez no
sabías que el hombre es feliz?»
Mi vista inclinó hacia las cristalinas ondas ; pero
al verme retratado en ellas, la dirigí á la yerba; tanto
era el rubor que me sobrecogía .
La acerba ternura de Beatriz me la representó cual
madre irritada ante su hijo .
Al callar ella, entonaron los ángeles súbitamente:
(1) Desaparece la Poesía ante la Teologia.
282 -
Inte, Domine, speravi (1); pero no llegaron mas que
hasta Pedes meos .
Cual la nieve congelada y endurecida entre los
árboles y montes que dibujan el dorso de Italia al
soplo del vendabal de Esclavonia, y después de des-
hecha, mana, tan luego como la tierra que no tiene
sombra, envia su halito semejante al fuego que de-
rrite la vela; me quedé yo sin lágrimas ni suspiros
ante los ecos de aquellos cuyas cadencias responden
de continuo á las cadencias celestiales .
Pero al comprender por sus dulces melodías que
se lastimaban de mi pena más que si dijeran: «Mujer,
¿por qué de ese modo le maltratas?» El hielo que en
torno de mi corazón se hallaba endurecido, se trocó
en soplo y agua, y principió á desbordar la pena por
mi boca y por mis ojos.
:
Inmóvil ella á la derecha del carro, dirigió estas
palabras á las compasivas sustancias :
<<Vosotros veláis en día sempiterno, sin que la
noche ni el sueño os escondan ni un paso de los que
dá el siglo en sus mortales sendas; mi respuesta será
dada con más cuidado del que podáis apetecer, para
que pueda oirme el que está gimiendo en la orilla
opuesta, á fin de que su falta y dolor sean ambos de
la misma extensión .
No sólo por virtud de las grandes esferas que en-
caminan cada germen hacia un fin, con arreglo á las
estrellas que le guían, sino por el ámplio don de las
divinas gracias, que al manar sobre nuestras almas,
hacen brotar de ellas vapores que ascienden á una
elevación que la vista no puede alcanzar, aquel fué
durante su vida tan virtualmente, que toda sana
costumbre hubiera producido en él grandes resulta-
dos . Pero el suelo abandonado é inculto, es tanto
más malo é ingrato cuanta mayor es su fuerza.
(1) Trigésimo Salmo, principio.
283 -
Mucho tiempo lo pude sostener con mis miradas
de niña; conmigo lo levé dirigido á la recta senda;
mas tan luego como arribé al umbral de mi segunda
edad y cambié de vida, se apartó él de mí y se dió
á otras .
Cuando ascendí de la carne al espíritu y crecí en
belleza y en virtud, le fuí menos amada y menos
grata.
Encaminóse por la falsa senda y siguió las qui-
méricas imágenes de un bien que jamás cumplió por
entero ni una de sus ofertas .
No me sirvió obtenerle inspiraciones por las que
le llamaba en sueños ó de otra forma, en tanto pres-
cindió de ello .
Dejóse caer en tal abyección, que ya eran insufi-
cientes cuantos medios ponía en juego por salvarle,
si no le enseñaba las condenadas razas .
Por eso recorrí la estancia de los muertos , diri-
giendo mis súplicas y llanto al que te condujo aquí
arriba.
El elevado decreto de Dios no se cumpliría, si pa-
sase el Letheo probando semejantes manjares sin
haber satisfecho el tributo de arrepentimiento que
hace verter muchas lágrimas.
CANTO XXXI
SUMARIO
Beatriz reprende nuevamente á Dante, quien contesta
con la confesión de sus errores.-Luego de la confe-
sión, cae sin sentido . Matilde sumerge á Dante en el
Letheo, y le hace probar sus aguas.
<<Oh tú, que te hallas á la otra parte del sagrado
río, añadió Beatriz con el mismo tono de reconven
284
ción y que tan amargo me pareció; dí, ¿es verdad
esto? Tu confesión es preciso que acompañe á esta
acusación inmensa . >>>
De tal suerte quedé confundido, que mi voz tré-
mula quedó apagada antes de articular palabra .
Luego de una espera, prosiguió :
«¿En qué piensas? Responde, ya que tus recuer-
dos funestos no están borrados todavía con las aguas
del Letheo .
Mi confusión y temor reunidos hicieron brotar de
mis labios un sí tan tenue, que no bastaba el oído
para comprenderlo .
Como ballesta que asaz tendida rompe, y aflo-
jándose el arco y la cuerda llega la flecha con poca
rapidez al punto donde se dirigió, fuí yo en dere-
chura al peso de mi inmensa carga, derramando tan-
tas lágrimas y exhalando tantos ayes, que á su paso
mi voz llegó casi á extinguirse.
Ella entonces me dijo: «En medio de los buenos
deseos que de mí emanaban, haciendo que amaras el
bien, fuera del que nada hay deseable, ¿qué profun--
dos abismos ó cadenas has encontrado que te desva-
nezcan la esperanza de proseguir adelante?
¿Qué goces ó ventajas has notado en la frente de
los demás , para dudar de tal suerte ante aquellos
objetos?»
Luego de un largo y triste suspiro, apenas tuvo
aliento para responder, ni casi fuerza para verifi-
carlo, y sollozando dije: «Las cosas presentes tor-
cieron mi camino tan luego como se ocultó vuestra
faz . »
Ella: «Callando ó negando lo que confiesas, no me
sería tu falta menos sabida. ¡Tan grande es el Juez
que lo sabe!
Mas cuando la confesión del pecado viene de la
boca del pecador, se vuelve la muela en nuestra ce-
lestial Corte contra el filo del arma .
285
Sin embargo, para que tu error no te cause tal
vergüenza y para que otra vez seas más firme al oir
las sirenas, arroja la simiente de tu llanto y oye : No
ignoras que mi carne allí abajo sepultada era la
que debía dirigirse hacia un final diametralmente
opuesto .
Ni el arte ni la naturaleza podían prometerte
nunca un placer igual al de los preciosos miembros
en que estuve yo encerrada, y que se convirtieron
en polvo; y si mi muerte pudo privarte de aquella
inefable dicha, ¿qué objeto mortal podía inspirarte ya
una ilusión?
Al primer flechazo que te arrojaron los fementidos
bienes, debías haber alzado tu vista al Cielo y se-
guirme á mí, que ya no era cosa falaz .
No debieras plegar tus alas para sentirte herido
de nuevo en el bajo suelo, bien por cualquier niña (1 )
ó por otra vanidad perecedera .
La tierna avecilla puede recibir algunos golpes;
pero en vano se preparan redes y flechas al ave pro-
vista de plumas y que puede alzar su vuelo.>>>
Cual el niño que, mudo de rubor y con la vista
baja, permanece de pie oyendo y conociendo las fal-
tas de que está arrepentido, me hallaba yo cuando
me dijo élla: «Puesto que tal dolor te causa el oirme,
alza la cabeza y te dará más dolor el mirarme.
La robusta encina opone menos resistencia al ser
arrancada de raíz por
por el viento Norte ó por el proce-
dente de la tierra de Jarbe, de la que yo opuse á su
órden de alzar la cabeza; y como al decir esto impli-
caba el rostro, sentí todo el veneno que sustentaban
sus palabras .
Por último, al levantar el rostro, noté que las be-
llas criaturas habían cesado ya de esparcir flores, y
mis miradas, todavía un tanto vagas , vieron á Bea-
(1) Maligna referencia á la Gentuca,joven Lucana .
animal sagrado, que bajo una solaper-
Es naturalezas .
ón, y allende del río de verdes y flo-
s separaba, parecióme tan superior
sura , que lo era mucho más
nás mientras permaneció en
1 aguijón del arrepenti-
á alcanzar mi amor,
oso .
mente, que caí sin
í, lo supo aquella
ví á mi lado á
mal me decía:
del río, y al
por la su-
of cantar
scribirlo,
deó por
acerme
eofre-
e me
llas;
es-
le
Lir
or
-
287 -
allí (1 ) y que tienen más segura vista, afianzarán la
tuya. »
Esto me dijeron con su canto, conduciéndome des..
pués hasta el Grifo (2), allí donde Beatriz se hallaba
vuelta á nosotros. Apenas llegamos , me dijeron:
<<Que tus miradas no sean escasas; te hemos puesto
ante las esmeraldas, desde cuyo punto el Amor te ha
arrojado ya sus dardos .>>>
Miles de deseos más ardientes que la llama unie-
ron mi vista á los ojos radiantes que se fijaban en el
Grifo .
Cual sol que refleja en el espejo, irradiaba la bes-
tia de ambas naturalezas en los ojos de Beatriz , ya
en una forma, ya en otra .
Calcula, lector, si debía sorprenderme el ver la
bestia tan inmóvil en sí, y transformarse en su refle-
jada_imagen .
En tanto que asombrado y gozoso, mi alma pro-
baba aquel alimento, que saciando por sí, altera tam-
bién por sí , las otras mujeres que parecían de más
alta prosapia, avanzaron cantando y bailando de un
modo angelical.
«Beatriz , vuelve tus ojos santos (este era el tema
de su canción) hacia tu fiel, que tanto caminó por
verte .
Por caridad, dignate descubrirle tu boca, para
que vea la segunda belleza que escondes. »
¡Oh resplandor de eterna luz! ¡Quién es el que,
palideciendo á la sombra del Parnaso ó que después
de haber bebido en su algibe, no se confundiera al
intentar presentarte cual te me apareciste allá do el
Cielo te envuelve en su armonía cual en una sombra,
cuando tú al aire libre te me acercaste!
(1) Fe , Esperanza y Caridad .
(2) El Cristo.
- 288 -
CANTO XXXII
SUMARIO
El magnifico poeta, con Matilde y Stacio, sigue la ce-
lestial procesión, llegandoalpiedel árbol de las cien-
cias del Bien y del Mal.-Cantando un himno los
biena enturados, el poeta cede al sueño .
Mi vista estaba tan clavada calmando la sed de
diez años, que mis demás sentidos se hallaban pos-
trados (1), y mis ojos, descuidándolo todo, tenían
muros por doquier, mientras la celestial sonrisa de
mi amada Dama me subyugaba con sus antiguas
redes .
En aquel instante tuve que volver mi faz precisa-
mente á la izquierda, donde las diosas decían: «¡Mira
demasiado fijo!»
Y la incomodidad que sienten los ojos al ser he-
ridos por el sol, me quedó por un rato sin vista.
Mas cuando se recobró ante un tenue resplandor
(digo tenue, comparándolo con la inmensa luz de la
que forzosamente me apartaba), ví que la celestial
cohorte había tomado por la derecha, y que camina-
ba teniendo el sol y las siete llamas de frente.
Tal como á favor de los broqueles se forma un
cuerpo de tropas, y poco a poco cambia de dirección
con su bandera, antes de acabar por completo su
evolución, así las huestes del reino celeste, que iban
delante del carro, habían desfilado antes que éste
girase su lanza.
(1) Murió Beatriz en 1290; Dante escribía en el
año 1300 .
289 -
Después se colocaron las mujeres próximas á las
ruedas , y el Grifo puso en acción el bendito carro,
sin agitar ninguna de sus plumas .
La bella Dama que me hiciera vadear el río,
Stacio y yo , seguimos la rueda que dibujaba el cír-
culo más pequeño .
En tanto recorríamos la parte del bosque (solita-
ria por el delito de la que oyó á la serpiente), se
oyeron angélicos cantos ordenando nuestro paso .
Libertada una flecha del freno que la sujeta, re-
correría en tres veces la distancia que habíamos an-
dado al descender Beatriz .
En aquel punto oí que todos decían «Adán. » Des-
pués rodearon un árbol desnudo de flores y hojas.
Su copa, que se extiende tanto, cuanto es más alta,
sería admiración por su altura de los indios, en sus
bellos bosques .
«¡Alabado seas, Grifo, por no haber destrozado
este árbol con tu pico, grato al paladar y nocivo para
el vientre que se le aproximó! »
Este fué el grito que alzara el cortejo en torno del
árbol; el animalde dos naturalezas, repuso: «Así se
conserva el germen de toda justicia.>>>
Y yendo hacia la lanza del carro, la arrastró al
pie del árbol deshojado, dejándole el carro, que era
de la propia madera .
Como nuestras plantas al desprenderse la gran
luz confundida con la que resplandece tras el celes--
tial Pez, se cubren de botones y se renuevasu color,
antes de que el sol unza sus caballos bajo otra estre-
lla, tal recobró sus colores más muertos que los de
la rosa y más vivos que los de la violeta, revivan-
do aquel árbol cuyas ramas estaban tan desarro-
padas.
Jamás he vuelto á oír el himno que se cantó á la
sazón, (aquí abajo no se conoce), y del que no supe
aguantar todo el aire .
DANTE 19
-
290
Si me fuera dable pintar como se durmieron los
impíos ojos de Argos al oír la historia de Syrinx,
aquellos ojos que tan cara tuvieron que pagar su
exajerada vigilancia, y según el pintor pudiera pre-
sentar un bosquejo, os retrataría de la manera como
me dormí; empero que lo verifique aquel que tan
perfectamente sabe dibujar el sueño .
Trataré, pues, desde el punto en que desperté,
manifestando que un resplandor transpasó el velo de
mi sueño, y que una voz me dijo: «¡Levanta! ¿Qué
es lo que haces?»
Ni los ángeles al notar las divinas flores del man-
zano, cuyo fruto ansian por hacer las eternas delicias
del Cielo; ni Pedro, Juan y Santiago, llevados á la
cima del Thabor, y derrumbados ante el celeste res-
plandor, se alzaron á la voz que debía interrumpir
más profundos sueños, y vieron que Elías y Moisés
desaparecieron, y que la túnica de su maestro había
cambiado de color, quedaron más pasmados de lo que
quedé yo al despertar de mi sueño.
Aquella caritativa mujer, que guiara mis pasos á
lo largo del río, estaba inclinada hácia mí.
Entonces le dije : « Do está Beatriz?» Y ella: «Con-
témplala sentada en la raíz del árbol de flamantes
hojas (1) .
Mira la compañía que la rodea. Los demás van en
pos del Grifo al Cielo entonando himnos más bellos
y misteriosos que los que entonaron en estos lugares.>>>
Si fué más larga su respuesta, nolo sé, pues se
hallaba ya ante mi vista la que cerrara mi espíritu á
todo otro objeto .
Sola y sentada en el duro suelo estaba , cual si
se hubiera encargado de la custodia del carro que
yo viera atar al árbol por el animal de ambas formas .
(1) El árbol del Bien y del Mal, vivificado por el Grifo
Jesucristo .
-
291 -
Las siete ninfas (1) formaban un corro, teniendo
en la mano aquellas luces que no temen el Aquilón
ni el Austro ,formándole un claustro con sus cuerpos .
<<Por corto tiempo vivirás en este bosque, y eter-
namente estarás conmigo, ciudadano de aquella Roma
cuyo Cristo es Romano; de suerte que, por bien del
mundo que vive mal, pon tu vista en ese carro, y al
regresar allí abajo haz por escribir lo que viste .>>>
Esto me dijo Beatriz ; y como yo estaba comple-
tamente á sus mandatos, dirigí la vista y el alma
donde quiso ella.
Jamás descendió con más velocidad el fuego de
la densa nube, aun venido del sitio más elevado del
Cielo, de la con que se arrojó sobre aquel árbol el
ave de Júpiter, desgarrando su corteza y tronchando
sus flores y nuevas hojas.
Después , con todo su vigor, empujó el carro, que
zozobró como un buque en riesgo por los embates
de las olas .
A poco rato ví que penetró en el carro de triunfo
una zorra que parecía no haberse alimentado nunca
de sana comida.
Mi Dama le reprendió con tal ahinco sus repug-
nantes faltas, que la precisó á escapar con gran pres-
teza, tanta como le consentían sus huesos descar-
nados .
Después ví descender al carro un águila, y lo
llenó de plumas, y parecida á la voz que lanza un
corazón torturado, salió del Cielo una voz que dijo:
<<¡Qué mal cargada estás, barquilla mía!»
Luego me pareció que la tierra se abría entre las
dos ruedas , y noté salir de ella un dragón que hundió
su cola en el carro , y cual avispa que aparta su agui-
jón, apartó el dragón su cola funesta, arrancó parte
del fondo del carro y se fué asaz contento.
(1) Las siete virtudes.
-
292-
El resto del carro, imitando á la tierra vivaz que
se repara con la grama, volvióse á cubrir con el plu-
maje que el águila le ofreciera, acaso con intención
pura y benéfica.
Las ruedas y la lanza se cubrieron con ella en
menos intérvalo del que un suspiro tiene abierta la
boca.
De esta manera transformado, ví asomar varias
cabezas por el edificio santo, tres en la lanza y una en
cada ángulo .
Las primeras ostentaban cuernos cual los de los
bueyes, y las otras cuatro tenían un sólo cuerno en la
frente; jamás se vieron mónstruos semejantes.
Tan segura cual castillo en la alta cima de un
monte, ví á una prostituta del todo escotada, sentarse
en el carro y mirar con cínico descaro á su alre-
dedor.
Y como para evitar que se le arrojase, ví á un gi-
gante que con frecuencia cambiaba sus abrazos con
los suyos; mas habiendo puesto ella en mí su ávida mi-
rada, el furioso amante la azotó de piés á cabeza, y
ciego de cólera y desconfianza, deslizó el monstruoso
carro, arrojándolo tan lejos por el bosque, que sus
árboles cual broquel me ocultaron a la prostituta y á
la bestia (1) .
(1) El final de este canto se refiere todo á las perse-
cuciones sufridas por la Iglesia. El águila es la perse-
cución de los emperadores; la zorra, la de los herejes;
el dragón, la de Mahoma, el carro con las siete cabezas
es la Iglesia llevada por los siete pecados mortales.
293
CANTO XXXIII
SUMARIO
El poeta, guiado todavía por Matilde y Stacio, bebe las
dulces aguas del río Eunoé.-Purificado, podrá ya
subir hasta las estrellas .
Deus venerunt gentes ( 1 ) , este fué el grato ecoque
-ya á tres voces, ya á cuatro, principiaron llorando las
mujeres ; Beatriz las oía con tal abatimiento, que úni-
camente Maria, al borde de la Cruz, por el dolor, fué
algo más demudada .
Mas cuando las otras vírgenes dieron paso á su
voz, se puso de pie, y arrebatada como el fuego , dijo :
«Modicum, et non videvitis me; et iterum, queridas
hermanas, modicum et vos videvitis me (2). »
Después hizo que se pusieran las siete mujeres
ante ella, y sólo porun signo nos hizo colocar detrás ,
á mí , á la Damay al sabio que con nosotros se que-
dara (3) .
Comenzó á dar pasos en aquel orden, pero apenas
había dado algunos diez, cuando fijó su vista en mis
ojos y me dijo con toda tranquilidad: «Camina másde
prisa, para que si te hablo puedas oirme . »
Al hallarme próximo á ella, me interrogó: «Her-
mano , ¿cómo viviendo en mi compañía, no me haces
pregunta alguna? »
Entonces me sucedió lo que á los que por efecto
de respeto no saben proferir una frase, puesto que
(1) Salmo XXVIII.
(2) San Juan, cap . XVI .
(3) Stacio .
-
294-
con sonidos casi sin articular, principié así: «Señora ,
vos sabéis mis necesidades y lo que á ellas pueda
convenir. »
Ella á mí: «Deseo que en adelante depongas todo
temor ó vacilación, de suerte que no me hables cual
hombre que sueña .
Has de saber, que el fondo del carro que rom-
pió la serpiente, fué y ya no es; mas que sepa el
culpable que la venganza de Dios no teme ante su
sopa (1).
Siempre no se hallará sin sucesión el águila que
dejó su plumaje, por el que primero se convirtió en
monstruo y después en presa .
Veo ya claro, y lo refiero al partir, algunas es-
trellas cercanas , al abrigo de obstáculos ó inconve-
nientes, y que con ellas llegará tiempo en que el
número quinientos diez y cinco (2) mandado por
Diós , destruirá la prostituta y al gigante que con
ella pecaba.
Tal vez mi oscura predicción, según Themis y
Esfinge, no te convenza, pues también turba mi
inteligencia, mas luego los hechos serán las Náya-
des (3), que desatarán el apretado nudo de este enig-
ma, sin menoscabo de sus rebaños y de sus mieses .
Marca bien estas palabras, y como salieron de mí,
muéstralas á los que moran en aquella vida ó viaje
hacia la muerte.
(1) Según el pueblo fiorentino, era suficiente comer
una sopa sobre la tumba del muerto para precaverse de
toda venganza .
(2) Para entender esta predicción, debe tenerse pre-
sente que Dante quiere escribir quinientos con la le-
tra D, cinco con Vy diez con X Estas tres letras dan
la palabra Dux, general; de lo que se deduce que un
general destruirá a la prostituta y al jigante . Según
comentadores, sería el emperador Enrique VII, y según
otros , Can el grande de Verona .
(3) Referencia á los versos de Ovidio .
295
Te encargo que procures cuando las describas , no
ocultar cómo se hallaba el árbol (1) que dos veces se
profanó ante tí.
El que lo deshoje ó rompa, infiere ofensa á Dios
con blasfemia de hecho, pues Dios lo hizo santo para
su único uso .
Por morder su fruto, la primera alma esperó en el
dolor y deseo un espacio de cinco mil años y más, al
que castigó en sí mismo la mordedura (2) .
Está dormido tu espíritu si no entiende que por
causa particular es aquél árbol tan elevado y frondoso
en su copa .
Y si tus ideas vanas no hubieran sido en torno de
tu espíritu como el agua del Elsa (3), y si al com-
placerte en éllas , no hubieras manchado tu espíritu
cual Pyramo manchó la moral fruta.
Por sólas estas circunstancias conocerás, para be-
neficio espiritual, la justicia de Dios en el entredicho
de que circuyó el árbol .
Mas como veo es de mármol tu inteligencia, y
que en el pecado se oscureció hasta el caso de des-
lumbrarte mis ecos, quiero que los lleves , si no
escritos, grabados en tí, por la propia causa que
lleva el peregrino un bordón rodeado de palma. »
Yo á mi vez: «Jamás cambió la cera la figura en
ella impresa; mi razón tampoco cambiará vuestra
huella.
Mas ¿por qué vuestra anhelada palabra se re-
monta á tal altura sobre mi vista, que cuanto más
se afanan mis ojos en seguirla, con más facilidad la
pierden?>>>
Para hacerte conocer, repuso ella, la escuela que
(1) La Iglesia.
(2) El Cristo que purgó la falta de Adan .
(3) Riachuelo en Toscana, que cubre de una сара
densa de tártaro los objetos en el sumergidos .
-
296 -
seguiste, y á fin de asegurarte que su doctrina
puede seguir mis palabras, y últimamente para
que observes que nuestra vida se aparta de la divina
cual se aleja de la tierra el Cielo que á más altura
gira . >>>
Aquí le dije: «No me acuerdo de haberme sepa-
rado nunca de vos, por lo que no me arguye la con-
ciencia .>>>
«Justamente no te puedes acordar de ello, me
respondió sonriendo; piensa que bebiste las aguas del
Letheo .
Y si el humo corrobora la vida del fuego, aquel
olvido denota claramente que tu preocupada voluntad
cometió otras varias faltas .
Desde este punto mis palabras serán tan termi-
nantes,
Mos
cual conviene á tu vista miope. >>>
Más refulgente y lento era á cada paso el_sol al
recorrer el círculo del meridiano, que cambia confor-
me las distintas situaciones de la tierra; cuando pa -
raron (cual se para la vanguardia ó guerrilla que
precede á un cuerpo de ejército, si acontece alguna
novedad en su marcha), las siete Damas, al arribar
á un umbrío sitio que empezaba á ser claro y triste,
asimilando su claridad a la que despide el verde fo-
llaje y las negras ramas de los Alpes sobre sus frescos
arroyuelos .
A presencia de ellos el Eufrates y el Tigris pare-
cían emanar de una misma fuente, yque cual inti-
mos amigos, se apartaban con lentitud eluno del otro .
¡Oh luz y gracia de la humana raza! ¿Qué agua es
esa que viniendo de un propio origen , se ensancha
después y se divide?
Se me contestó: «Ruega á Matilde que te lo ex-
plique. » Y la bella Dama repuso como quien se dis-
culpa:
«Esta y varias cosas que por mí le han sido dichas ,
seguramente no las borró el agua del Letheo. »
-
297 -
Beatriz : «Tal vez alguna de aquellas enormes
preocupaciones que a menudo nos suelen quitar la
memoria, haga que su espíritu ofuscado no distinga
por sus ojos.
Mas por allí se escurre el Eunoé; llévale al río , y
según tu costumbre, que se reanime su desvanecida
fuerza>>>
.
Como tierna y preciosa alma que jamás se escusa ,
y cuya voluntad la forma de la agena voluntad, tan
pronto como le ha sido indicada por un signo; echó á
caminar la bella Dama al estar yo á su lado, diciendo
á Stacio, como acostumbran las mujeres: «¡Vente
con él!»
¡Ah lector! á no ser por la falta de espacio, canta-
ría en parte la rica bebida de la jamás me creyera
saciado; mas ya que el papel dedicado al segundo
canto está lleno, no me consiente seguir el freno del
arte.
Aquella santa agua me restauró, cual se reponen
las nuevas plantas, renovadas en sus hojas nuevas ,
quedándome puro y preparado para ascender á las
estrellas .
EL PARAÍSO 1)
CANTO PRIMERO .
SUMARIO
Luego de la acción de gracias al genio de la Poesía, que
lo llevara poco a poco hasta la contemplación de los
objetos divinos, Dante refiere que, guiado por Bea-
triz, pudo desde el terrenal Paraíso elevarse al Cielo .
La grandeza del que todo lo impulsa, penetra en
el orbe, manifestándose más explenderosa en unos si-
tios que en otros .
En el Cielo, que recibe más diáfana su luz, ví
cosas que son imposibles de explicar para el que des-
ciende de las alturas; pues según nuestra inteligen-
(1) Dante dió al Infierno la forma de embudo inmen-
so, en cuyo fondo está Satan; la forma de una montaña
al Purgatorio, desde cuya prominencia el alma se lanza
á los Cielos. El Paraíso tendrá diez esferas, en las que,
guiado por Beatriz, irá penetrando, y son: La Luna,
Mercurio, Vénus, Sol , Marte, Júpiter, Saturno, la de
las Estrellas fijas, el Primer Móvil y el Empireo.
300 -
cia se aproxima al objeto de su anhelo, penetra de
tal modo en él, que á la memoria le es imposible re-
troceder .
Sin embargo, las preciosidades delreino santo que
pude atesorar en mi alma, serán en adelante motivo
para mi canto .
¡Oh gran Apolo! haz de mí para este postrercanto
un vaso rebosado de tu poder, cual tú lo pides para
tu amado lauro .
Hasta ahora tuve suficiente con una de las cum-
bres del Parnaso; en adelante me hacen falta las dos
para proseguir el resto de mi ruta.
Introdúcete en mi pecho infundiéndome el aliento
de que estabas poseído, al sacar de apuro los miem-
bros, de Marsyas .
¡Oh divina virtud! si vienes á mí de manera que
pueda bosquejar la sombra del reino de la Paz, graba-
da en mi mente, me observarás dirigirme á tu amado
árbol y laurearme con sus hojas, de las que la idea y
tú me habreis hecho merecedor.
Con tal rareza, ¡oh padre mio! se logra el laurel
por triunfo, César ó poeta (falta y rubor de la huma-
na voluntad) , que al desearlo un espíritu, debía el
follaje de Peneo extender la alegría en derredor de la
venturosa divinidad de Delfos .
A la ténue chispa sigue la llama voraz; tal vez
después de míse orara con vozmás entonada, de suer-
te que Gyrha (1) se digne responder.
Laclaridad del mundo viene á los mortales por
diferentes aberturas; mas cuando nace de esta, en la
que se unen cuatro círculos formando tres cruces, su
carrera es mejor y también es mejor su influjo; mo-
dela y marca mejor á su capricho la cera de nuestro
mundo ,
Ya llegaba casi á lo alto el alba, por medio de
(1) Dios .
-
301 -
aquella abertura, y aquí abajo la noche; de suerte,
que el alto hemisferio era blanco y el otro negro .
cuando ví que Beatriz miraba al sol, dirigiendo su vista
á la izquierda; jamás el águila miró con más fijeza .
Y como un segundo rayo brota del primero, re-
montándose álo alto, imitando al peregrino que se
quiere volver, del mismo modo la acción de Beatriz ,
penetrando en mi mente por mis ojos, dió vida á mi
acción, y contra nuestra naturaleza y costumbre,
puse la vista en el sol.
Infinitas cosas que hay posib'es allí, dejan de
serlo aquí, por virtud del sitio creado para la humana
especie .
La claridad del sol no la puede arrostrar por largo
trecho, mas sí el suficiente para verle despedir chis-
pas en su alrededor, semejantes á las que brotan dek
candente hierro al salir de la fragua.
Súbito me pareció que el día iba juntándose al dia,
cual si el que puede (1) hubiera embellecido el Cielo
con un nuevo sol .
Beatriz tenía la vista fija en las eternas ruedas (2) ;
mis ojos se posaban en ella apartados de lo alto; y
al contemplarla me aconteció lo que á Glanco al
gustar aquella yerba que le hizo acompañante de los
dioses marinos .
El poder de trashumanar no podría explicarse per
verba; baste este ejemplo para el que la gracia le
reserve la experiencia.
Si fuera yo sólo aquel á quien ha poco creaste, y
tú sabes, Amor que riges el Cielo, joh tú que me
elevaste á la luz!
Cuando el celestial movimiento que eternizas, joh
espíritu anhelado! me hizo fijar en él por la gran ar-
monía que combinas v disciernes, pareciome que se
(1) Dios .
(2) Las Esferas .
302-
iluminaba á la llama del sol una parte grande del
Cielo, y que jamás las lluvias ó corrientes formaran
tan extenso lago.
Lo nuevo de aquellos sonidos y aquella luz diáfana
me abrasaron de modo en el deseo de inquirir su
causa, que nunca sentí tan vivo aguijón .
De modo , que ella, que me veía como yo mismo
me observo, quiso satisfacer la conmoción de mi
alma, y antes de preguntarle, abrió ella los labios
diciendo :
«Tú mismo retardas el entenderlo todo con tus
ideas falsas; de suerte, que no alcanzas lo que alcan-
zarías á haberlas desvanecido.
Ya no te hallas en la tierra, según tú crees; el
rayo, cuando se desprende del sitio de su formación ,
es menos velóz que tú al ascender á este lugar.>>>
Si me hallé fuera de la primera duda, merced á
aquellas breves y tiernas frases, me envolvió todavía
más otra nueva duda .
Y le dije: «Muy contento me veo libre de mi pri-
mer asombro; mas ahora me admiro de cómo he po-
dido ir aún más allá que esos aéreos cuerpos .>>>
Ella, después de suspirar piadosamente, encaminó
hacia mí su vista con la solicitud de una madre ante
el delirio por su hijo, y me habló así:
«Todas las cosas observan un orden entre sí, y
dicho orden es la forma que hace al universo pare-
cido á Dios .
Las criaturas observan aquí las huellas de la eter-
na fuerza, que es el fin para el que fué invertido el
orden antes citado .
En este orden toda criatura tiene su inclinación,
y conforme su diferente suerte, se aproximan menos
ó más á su principio .
De suerte, que giran hacia distintos puertos, por
el gran occéano del ser, cada uno con el instinto que
le fué dado y que le conduce.
303 -
Uno de esos instintos conduce el fuego hacia
la luna; el otro es un móvil en el corazón de los
mortales; el otro junta y amasa la tierra en si
misma .
Y aquel arco no hiere sólo á las criaturas que ca-
recen de inteligencia, sino también á las que poseen
el intelecto y el amor.
La Providencia, que lo dispone con tal sabiduría,
aclara contínuamente con su luz el Cielo en que
rueda la primera causa que es de la más grande
velocidad .
Y allí es donde ahora , como á punto marcado, nos
empuja la virtud de aquel orden que dirige cuanto se
lanza hacia un grato objeto.
Verdad es que como la forma no se halla siempre
de acuerdo con la intención del arte, porque la ma-
teria es muda para responder, a menudo se desvía de
aquel camino la criatura que tiene el poder, si bien
impulsada de aquella manera, de dirigirse por otra
senda .
Y como puede notarse caer el fuego de una nube,
cae ella al verse desviada hacia la tierra su primer
impulso por un engañoso placer .
Ya no debe asombrarte tu ascensión, si no me
equivoco, más de lo que te extrañaría ver descender
un río de la cumbre de una montaña .
Maravilloso fuera en tí, si libre de todo inconvé-
niente, te hubieras sentado abajo, como lo sería el
que estuviese en paz sobre la tierra la viva llama.>>
Después alzó nuevamente su vista hacia el Cielo.
304 -
CANTO II
SUMARIO
Penetra el poeta con Beatriz en el cuerpo de la Luna ,
primera esfera.-Acción de gracias al Altísimo.-
Beatriz explica á Dante el motivo de las manchas
que se observan en la Luna .
¡Oh, los que deseosos de oír habéis seguido en un
bote mi buque que adelanta cantando, girad la proa
para observar nuevamente vuestras riberas , no os
desviéis en el mar, pues al perderme podríais con fa-
cilidad extraviaros .
Nunca han sido hendidas las aguas en que voy á
penetrar. Mi vela es impulsada por Minerva; Apolo
me guía, y las Musas me enseñan las Osas .
Vosotros, pocos, que tendisteis desde luego el
cuello hacia el pande los ángeles , del que aquí se
vive, sin poderos ver saciados de él, echad al mar
vuestro buque, viniendo en pos de mi estela sobre el
agua, que pronto se volverá á unir.
Los gloriosos Argonautas que pasaron á Colcos,
se extrañaron menos de lo que extrañaréis vosotros al
ver á Jason transformado en boyero .
La contínua sed creada con el anhelo de arribar
al reino establecido sobre Dios, nos conducia con una
velocidad parecida á la con que miráis el Cielo.
Beatriz estaba fija en lo alto, interin yo me fijaba
en ella, y tal vez en menos tiempo que se invierte
en poner un dardo en el arco y salir volando, me ví
llegado á un sitio en el que un admirable objeto atrajo
mi atención. Entonces, la que no podía ignorar mi
-
305 -
más recóndito pensamiento, volviose á mí, tan bella
como llena de gracia .
«Eleva á Díos tu reconocida alma, me dijo, pues
que nos ha transportado á la estrella primera. »
Me pareció que nos hallábamos envueltos en una
nube refulgente, sólida y densa, tan bella como dia-
mante herido por el sol.
La eternal perla (1) nos admitió en su seno, cual
la superficie del agua recibe un rayo de luz, conti-
nuando unida .
Siendo yo cuerpo, no se concibe aquí abajo como
una dimensión pueda permitir otra, ni lo que debe
suceder si un cuerpo penetra en otro; de suerte, que
ardíamos en deseo de ver aquella esencia, en la que
se nota como se reune a Dios nuestra naturaleza .
Allí se notará todo lo que creemos por la fe, sin
ninguna demostración; todo se manifestará por sí
sólo, como la primitiva verdad queha creído el hombre.
Yo dije: «Señora, con toda la gratitud que cabe
en mi, doy gracias al que me elevó del mundo mortal .
anh
Mas decidme: ¿qué manchas oscuras son las de este
cuerpo, objeto que á tantas fábulas ha dado margen
allí abajo respecto á Caín (2)?»
Ella me contestó sonriendo : «Si la idea de los
mortales se pierde ante todo lo que no pueda abrir
la llave de los sentidos, en verdad no debieran herirte
tanto en adelante los dardos del asombro, puesto
que si va en pos de los sentidos, bien notarás que tu
raza tiene cortos vuelos .
Sin embargo , dime lo que pienses acerca de ello. >>>
Entonces yo respondí: «Lo que aquí arriba me
parece de forma diferente, debe proceder decuerpos
transformados y de cuerpos densos, á mi entender. >>>
( 1) La Luna.
(2) El pueblo creía ver å Caín en las manchas de la
Luna llevando un haz.
DANTE 20
-
306 -
Ella á su vez: «Con seguridad notarás que tu
creencia es basada en fundamentos falsos, si oyes
bien el argumento que te voy á oponer.
La esfera octava ofrece distintas estrellas, que por
la cantidad y calidad de la luz, puede verse que son
de aspectos diferentes . Si aquellas diferencias fueran
producto de cuerpos transformados y densos, no hu-
biera en dichas estrellas mas que una virtud distri-
buída en más grande, más pequeña ó igual escala .
A pesar de ello, varias virtudes deberán ser el
fruto de formales principios, y estos, á excepción de
uno, se destruirán por tu raciocinio.
Hay más; si un extraño cuerpo formase esas ne-
gras manchas , de las que me preguntas el motivo,
elplaneta estaría entonces en algún punto privado
de su material; ó según el cuerpo de un animal, que
tan pronto muestra su gordura, tan pronto su flaque-
za, variaría de color el planeta en sus diferentes
partes.
Si los extraños cuerpos dibujasen esas manchas,
se verían en los eclipses del sol, pues su luz pasaría
á través de la luna, según atraviesa los demás cuer-
pos raros , lo que no sucede así.
Por lo que debe examinarse la otra suposición, y
si llega á destruirla, tu parecer será considerado
como falso .
Si el cuerpo raro ó transformado no puede transpa-
sar la Luna, es necesario que haya un punto por el
que su contrario le dé paso; y de aquí el que surja el
rayo, cual brota el color de un vidrio ó cristal conte-
niendo una capa de plomo .
Dirás que el rayo de luz aparece aquí más oscuro
que en otros sitios, pues tiene que reflejar á mayor
profundidad; mas esta idea tú mismo la desvanece-
rás con la experiencia, ese manantial do brotan los
raudales de vuestras artes .
Cogerás tres espejos, para poner dos de ellos algo
-
307 -
retirados de tí, y hacer que el tercero se halle más
lejos aún, y luego fijas tu vista entre los dos primeros.
Vuelto de este modo á los espejos, procura que
detrás de tí se alce una luz que domine á los tres y
torne á tí con el reflejo de los tres espejos; aunque
el que se halle á la sazón más lejos no dé una tan
extensa luz, verás que ilumina con tanta viveza como
los otros dos .
Entonces, como los parajes que cubiertos de nieve
se hallan libres de su color y de su primitiva frialdad,
á favor de los ardientes rayos del sol, desprendido
tu espíritu de sus falsas opiniones, recibirá por vo-
luntad mía una tan viva luz, que sólo á su aspecto
la notarás centellear .
En et Cielo de la divina paz se agita un cuerpo,
cuya virtud encierra el ser de todo cuanto contiene;
y el Cielo, con arreglo á su número de estrellas, re-
parte aquel ser entre diferentes estrellas, de él diver-
sas y en él habidas .
Los otros cielos disponen de otra manera las dis-
tinciones que contienen, llevándolas al fin y objeto á
que fueron destinadas .
Aquel organismo del mundo, como ahora lo ves,
desciende de grado en grado, de suerte que toman de
lo alto la virtud que han de comunicar abajo.
Observa cómo por esa senda me encamino hacia
la verdad que deseas, para que en adelante puedas tú
sólo seguirla con paso firme.
La agitación y virtud de las sagradas esferas, de-
bes atribuirlas á móviles bienaventurados, como la
obra de martillo ha de atribuirse al herrero .
El Cielo octavo, al que tantas luces hacen esplen-
doroso, coge el aspecto de la profunda ciencia que
le imprime el movimiento y que se convierte en su
timbre.
Y como el alma, sobre el polvo vuestro, viene por
diferentes miembros á confundirse con distintas po
-
308-
tencias , así la sabiduría desarrolla centuplicada su
bondad entre las estrellas , siempre girando de su
unidad .
Toda virtud se junta por medios diferentes al
bello cuerpo que vivifica, al que se enlaza, como la
vida en vosotros .
Esta virtud, amalgamada por los cuerpos, brilla
por la grata naturaleza de donde emana, cual la ale-
gría en la pupila vivaz .
Aquella es la virtud de su procedencia y no de los
cuerpos transformados ó densos, lo que parece en la
luz desigual; esta es el principio que produce, con
arreglo á poder, lo claro y lo oscuro.>>>
CANTO III
SUMARIO
Dante halla en la Luna las almas de las que, habiendo
hecho voto de virginidad , la violencia les obligó á
no cumplir su voto. Picarda, hermana de Foresio,
dice al poeta, que todos los bienaventurados se con-
forman con su grado de gloria, y después la regla de
la orden religiosa que ella y Constancia, hija del rey
Rogerio, habían abrazado en la tierra .-Con arreglo
á varios comentadores, el poeta escogió la Luna
para moradade la virginidad, pues siendo este pla-
neta muy frío, predispone las almas á la castidad.
Consta además, que en el antiguo, Diana ó la Luna
era diosa de la virginidad.
El sol aquel (1) que en un principio enardeció de
amor mi corazón, me descubrió luego por medio de
sus palabras y sus pruebas el bello aspecto de la pura
verdad .
(1) Beatriz , ó sea la Teologia,
-
309 -
Yo por declararme convencido ó lleno de persua-
sión, cual debía, alcé la cabeza para hablar , mas se
me apareció una visión que de tal suerte me absor-
bió, que dejé de pensar ya en mi revelación .
Como por virtud de cristales transparentes, ó por
la del agua clara y serena, cuyo fondo no esté oscuro
por la mucha profundidad, vienen á nuestra vista
tan debilitados los objetos, que la perla en la frente
blanca no se presentaría con más lentitud á nuestros
ojos, así noté á varias figuras que se preparaban á
hablar. Por lo que caí en un error contrario al que in-
flamó el amor entre el hombre y una fuente (1) .
Como al notarlas me figuré que eran producto de
algún espejo , volví la faz para examinar su proceden-
cia, mas nadapudever; entonces la dirigí á mi dul-
císimo guía, y me sonrió naciendo fuego de sus mi-
radas santas .
<<No estrañes que me ría de tu pueril raciocinio ,
me observó Beatriz; tu pie todavía no se posa en la
senda de la verdad, por lo que tropiezas según cos-
tumbre .
Esas figuras que notas son sustancias verídicas ,
aquí desterradas por no haber cumplido su voto .
Las puedes hablar, oir y creer, porque la luz ver-
dadera que las alegra, no consiente que sus pasos
se aparten nunca de ella . >>
Yo me dirigí á la que más dispuesta me parecía
á hablar, y cual hombre embarazado por la precipi-
tación, dije así :
«Oh alma creada felizmente, que bajo los rayos de
la eterna vida, sientes una dulzura que no se puede
comprender si no se ha gozado .
Tendré motivo de reconocimiento , si tienes la
dignidad de indicarme tu nombre y vuestra común
suerte . »
(1) Narciso .
-
310
La sombra súbitamente con ojos de complacencia:
«Nuestra caridad jamás cierra la puerta á un deseo
justo; se congratula con la de Dios, que quiere que
toda su corte se le asemeje.
En el mundo fuí una religiosa, virgen, y si evo-
cas tus recuerdos, me verás, si bien hoy más bella.
Recordarás á Picarda (1). Destinada fuí aquí con
esos otros seres bienaventurados, y también lo soy
en la más lenta esfera (2) .
Henchidos nuestros afectos con los solos goces del
santo espíritu, se regocijan, según el orden con que
él los estableció. Esta suerte, al parecer indigna,
nos está deparada por descuidar nuestros votos ó
romperlos en parte.>>>
Yo á ella: «En vuestros semblantes brilla el des-
tello de la divinidad, que hace cambiar el aspecto ó
la idea que se ha conservado de vosotras. Así es , que
fuí tardío en recordarte, mas ayudado por tus pala-
bras , ahora ya me es fácil conocerte.
Pero decid, vosotras que sois dichosas en esta
esfera, ¿no anheláis más elevado sitio para ver mejor
á Dios , para adorarle mejor y ser más queridas de él?»
Se sonrió un poco con las otras sombras, y des-
pués me contestó tan placentera, que parecía abra-
sarse en el amor del primer hogar.
<<<Hermano, una virtud caritativa enfrena nues-
tra voluntad , y no nos deja desear más de lo que
poseemos, por extinguir en nosotras la sed de todo
otro bien .
Si anheláramos morar á más altura, disentiría
nuestro deseo de la voluntad del que aquí nos
reune; y las esferas celestiales no admiten tal dis-
cordancia .
Si te fijas bien en su naturaleza, notarás que aquí
(1) Picarda, de los Donati, nacida en Florencia.
(2) La Luna, según Ptolomeo.
-
311
es preciso vivir en la caridad, y que es hasta indis-
pensable en nuestro bienaventurado sér ceñirse á la
divina voluntad; de suerte, que nuestras voluntades
se fundan en una sola .
El que guardemos un orden por grados , complace
á todo este reino, como á su rey, cuya voluntad hace
nuestra voluntad .
En ella reside nuestra paz; aquella voluntad es el
mar al que se une todo lo que ella creó y lo que pro-
cede de la naturaleza . >>
Aquello me hizo comprender que todo sitio del
Cielo és Paraíso, aunque la gracia del supremo bien
no se exparza en él por iguales partes .
Entonces me sucedió lo que al que está saciado de
un plato, que lo desvía para probar otro que apetece ,
puesto que con la acción y la palabra hicę por saber
de aquella alma qué tela siguió tejiendo hasta el
final .
«Una vida arreglada, un eminente mérito, me ob-
servó, ponen á la mujer en un sitio del Cielo más
elevado que el nuestro, según el traje de la orden
que viste y el velo con que se cubre en vuestro mun-
do(1), para seguir hasta la muerte, ya velando, ya
durmiendo con el esposo que admite todo voto que
armonice la caridad con su anhelo .
Por ir en pos deella, me aparté del mundo, siendo
aun muy joven, me encerré bajo su hábito y ofrecí
seguir el camino de su orden; pero algunos hombres,
más avezados al mal que al bien, me arrancaron de
mi amado claustro. Dios sabe lo que fué después de
mi vida.
Por lo que hace á ese otro resplandor que ves á
mi diestra y que luce con toda la luz de esta esfera ,
dice para sí, lo propio que te he dicho de mí misma .
(1) Santa Clara, de la orden religiosa de Francisca-
nas, á la que había pertenecido Picarda .
-
312 -
Mas cuando tornó al mundo contra sn deseo y
sus santas costumbres, no se vió jamás despojada del
velo de su rostro .
Es la luz de la bella Constanza (1), que luego del
segundo orgullo de la Suabia, engendró el tercero y
último poder de la raza aquella. >>>
Esto dijo Picarda, y después empezó á entonar
el Ave-María, y cantando desapareció, cual se oculta
un objeto de grave peso á través del agua oscura.
Mis ojos, que la siguieron hasta su desaparición ,
se volvieron al objeto de un deseo mayor, posándose
enteramente en Beatriz: mas despidió ésta tales ra-
yos ante mi vista, que no me fué dable soportarlos .
De aquí mi detención en preguntarla .
CANTO IV
SUMARIO
Dante continúa en el planeta de la Luna. Le revela
Beatriz dos verdades: una respecto á la morada de los
Bienaventurados ; la otra referente á la diferencia en-
tre la voluntad mixta y la absoluta voluntad.-Dante
pregunta si hay forma de reparar los votos que fueron
quebrantados.
De dos platos puestos á idéntica distancia, y que
los dos fueran igualmente gratos, un hombre , árbi-
tro de escoger, se moriría de hambre antes de probar
uno; lo mismo acontecería al cordero colocado entre
dos hambrientos lobos, y al perro colocado entre dos
gamos .
Por eso, aunque no hablaba, no me arrepiento;
(1) Imitación de Ovidio .
-
313 -
suspenso con mis dudas, era necesario aquel inter-
valo; á pesar de todo, no me envanezco de haber
obrado así .
Callaba, mas el deseo se dibujaba en mi faz y
como también en ella se destacaba mi pregunta, era
esto más digno que las mismas palabras.
Beatriz practicó lo que Daniel librando á Nabu-
codonosor de la cólera que le hiciera tan injusto y
cruel .
Y me dijo: «Te veo atraído por dos deseos com-
pletamente opuestos; tanto más grande es tu cuidado ,
cuanto no puede expresarse exteriormente .
Hé aquí tu argumento: si persevera la buena vo-
luntad, ¿por qué la violencia de otro ha de empeque-
ñecer mi mérito propio?
También hallas otro motivo de duda en que las
almas parezcan volver nuevamente á las estrellas ,
conforme la sentencia de Platón (1) .
Estas son las ideas que pesan con igual fuerza
sobre tu voluntad; de suerte que principiaré por la
que tiene más hiel .
De los serafines, el que penetra más en Dios, ya
sea Moisés, Samuel ó uno de los Juanes (el que te
plazca), prescindo de María, tiene su asiento en el
propio cielo en que acabas de ver aquellos espíritus,
y cuentan de existencia los mismos años .
Sin embargo, todos aquellos serafines embellecen
el círculo primero, y su vida es más ó menos grata,
según el grado en que perciben el Espíritu eterno .
Aquellas sombras se presentaron aquí, no porque
sea esta la esfera de su destino, sino para decirte
cuál de las esferas tiene menor elevación .
Esta es la manera como debe hablarse á vuestro
espíritu, ya que sólo entiende por el sentido lo que
después es digno de la inteligencia .
(1) Véase Timeo .
-
314 -
Por eso la Escritura se aviene á vuestras faculta-
des , y da á Dios manos y piés, en tanto que ella lo
ve de forma diferente .
La santa Iglesia os presenta también bajo hu-
mana apariencia á Gabriel, Miguel y al que sanó á
Tobías.
El pensamiento de Timeo (1) acerca de las almas ,
no tiene conexión con lo que aquí se ve, pues pare-
ce pensar según habla. Dice que el alma torna á su
estrella, figurándose que se desprendió de la misma
cuando la naturaleza la quiso unir á una forma .
Tal vez su idea disienta de lo que manifiestan
sus palabras, y en esta hipótesis no hay por qué des-
preciar su intención.
Si cree que la honra y lo vituperable de la in-
fluencia vuelven á aquellas esferas, tal vez su flecha
dió en algún blanco de verdad .
Ya aquel mal apreciado principio extravió casi
al mundo entero; de suerte que con igual ahinco se
ha adorado á Mercurio, que á Júpiter y á Marte.
Tu segunda duda no envuelve tanto veneno, puesto
que su malicia no podría apartarte de mí .
Que á los ojos de los mortales aparezca injusta
nuestra justicia, es cuestión de fe, no de herética
malicia. Mas como nuestro entendimiento puede pe-
netrarse de esta verdad , voy a complacer tu deseo.
Si la violencia se ejerce sin oposición del que la
sufre, no servirá á aquella alma de evasiva la vio-
lencia, pues cuando la voluntad no quiere, jamás se
apaga; al revés, practica lo que la naturaleza en el
fuego, aunque la violencia la abata infinitas veces .
Y hé aquí por qué al doblegarse poco ó mucho la
voluntad, cede ante la fuerza; de este modolo prac-
ticaron aquellas almas, puesto que podían regresar á
la morada santa.
(1 ) Quiere decir, Platón en el Timeo .
-
315 -
Si hubiera sido completa ó entera su voluntad,
como la que manifestó Lorenzo en las parrillas, y lo
que hizo á Mucio tan enérgico contra símismo, las
hubiera conducido nuevamente, tan luego como se
vieran libres , á la senda de que habían sido aparta-
das; mas es harto rara una tan sólida voluntad.
Por virtud de estas frases , si las tomas cual debes,
queda deshecho el argumento que aun te hubiera mo-
lestado algo más .
Mas ahora se presenta á tu vista otro mal paso,
del que en vano querrías salir tú sólo; antes te ha-
llarías rendido .
Infundí cual cosa verídica en tu espíritu, que en
un alma bienaventurada no cabe la mentira, por ha-
llarse siempre próxima á la primitiva verdad .
Según pudiste oir por boca de Picarda, que Cons-
tanza siempre amó el velo, de suerte que esto pare-
cía contradecirme; has de saber, hermano, que
suele suceder que para huir el riesgo, hace uno, con-
tra su voluntad, lo que no se debe hacer. Véase lo
que aconteció á Alcmeón, que, instado por su padre,
mató á su misma madre, y que no por perder la pie-
dad, se hizo impío .
Deseo pienses sobre esto, que si se juntan la fuer-
za y la voluntad, resultan las faltas inexcusables .
La absoluta voluntad no consiente el mal , pero
consiente en él, en tanto cree caer en otro más grande ,
y cede á fin de evitarlo.
De manera, que al expresarse Picarda de aquel
modo, era porque se refería á la absoluta voluntad, y
yo aludo ála otra; así las dos decimos lo cierto.>>>
<<<
Tal fué el desborde del santo manantial al brotar
de la fuente do estriba toda verdad, que calmó mis
dos voraces deseos .
¡Oh amante del amante primero (1)! ¡Oh Dama
(1) Beatriz, amada de Dios .
-
316 -
celestial! exclamé, cuyo acento me circunda y ani-
ma, mi afecto no es tan inmenso que consienta de-
volver gracia por gracia; mas el que lo sabe y ve
todo, que conteste por mí .
Bien observo que no puede satisfacerse nuestro
entendimiento, á no iluminarlo la verdad, fuera de
la que no brilla otra alguna .
Tan luego como la ha alcanzado, reposa en ella
cual la fiera en su cubil; y hay que alcanzarlo para
que no sean estériles todos nuestros anhelos .
Por el deseo brota la duda al pie de la misma
verdad, cual un retoño; y forma parte de nosotros el
trepar hasta la cima de colina en colina .
Ello me induce y alienta joh señora! á haceros
nueva pregunta respecto de otra verdad que se me
oscurece .
Deseo saber si puede el hombre suplir los votos
no cumplidos, valiéndose de buenas acciones , que
sean de peso grave para vuestra balanza .
Beatriz me miró con ojos amorosos, y tan divinos ,
que sintiéndome arrobado me volví , quedándome con
la vista baja.
CANTO V
SUMARIO
Proponiéndose Beatriz resolver la duda de Dante, ex-
puesta en el anterior canto, referente á la esencia del
voto, le manifiesta el medio de atender á los no cum-
plidos votos.-Después ascienden al segundo cielo ,
planeta de Mercurio.-Multitud de almas bienaven-
turadas van hacia el poeta, y una de tantas se propo-
ne responder a todas sus preguntas.
« Si acaso te parezco más refulgente en este cen-
tro del ardiente amor, que cuanto hay en el suelo , y
-
317 -
hasta soy superior á la fuerza de tu vista, no lo ex-
trañes, porque esto proviene de una magnífica vista
que, como abarca bien los objetos, los examina con
la misma rapidez que los nota .
Ya veo resplander en tu mente la eterna luz ,
cuya vista sola enardece en nosotros el amor.
Si alguna cosa atrae luego el vuestro, es sólo un
rayo tenue que reluce a través del objeto de vuestra
atracción .
Tú deseas saber si por favor de otras buenas ac-
ciones puede cumplirse la falta del voto, con objeto
de que el alma sehalle libre del remordimiento .>>>
De esta manera empezó su canto Beatriz; y como
persona que prosigue su plática sin interrumpirse,
siguió de este modo su santa enseñanza.
<<El más inmenso dón que Dios en su liberalidad
nos concedió al crearnos, que está más de acuerdo
con su bondad y que tiene en más estima, es el libre
albedrío del que sólo están dotadas las inteligentes
criaturas .
Si te fijas un poco en este principio, comprende-
rás ahora el gran valor de un voto, si se hizo de suer-
te que consintiera Dios al consentir tú; pues una vez
practicado el trato entre Dios y el hombre, se hace
sacrificio de aquel albedrío de que hablo, quedando
sacrificado por su mismo hecho .
Así, pues , ¿qué puede darse en cambio? Si tienes
el convencimiento de hacer buen uso de tu oferta, es
querer practicar buena obra con objeto mal adqui-
rido.
En adelante ya sabrás á qué atenerte sobre el
principal punto . Mas como la Iglesia santa concede
dispensas en esto, lo que parece inconsecuente con la
verdad que te revelé, necesario te será estar de so-
bremesa un intervalo, para la mejor digestión del ali-
mento sólido que has tomado .
Pon tu razón en lo que te presento, y guardalo
318 -
en tí mismo, pues el oir sin retener no presta ense-
ñanza.
Dos circunstancias son precisas para la perfecta
esencia de aquel sacrificio: una es el propio objeto
que se sacrifica, la otra el pacto en sí mismo. Esta
última no se borra nunca si deja de observarse; á
ella aludía hace poco al hablar de un modo abso-
luto.
Por este motivo, en los hebreos fué una necesi-
dad el ofrecer, si bien la ofrenda solía sufrir un cam-
bio como no debes ignorar (1 ) .
Por lo que hace á la otra causa que te mostré,
como dando base á la materia del sacrificio, puede
ser de tal índole, que no haya falta al trocarla por
otra materia .
Sin embargo, que no cambie nadie por autoridad
propia el peso de su hombro, sin una vuelta de las
Ilaves blanca y amarilla (2) .
Calcula que es insensato todo cambio, si el objeto
que se deja ó prescinde no está dentro del que se
toma nuevamente como dos en cuatro .
Todo objeto que sea tal su peso por su valor, que
atraiga la balanza hacia sí, no puede reemplazarse
con ningún otro .
¡Que dejen los mortales detomar porjuego el voto
que les obliga! Observad fidelidad, y no ceguéis al
obligaros, cual Jefte en su ofrenda primera. Mejor
le hubiera estado decir: «Mal hice, » que obrar peor
cumplimentando su voto; y se puede considerar tan
insensato al gran jefe griego , que precisó á Ifigenia
á que llorara, haciendo llorar por ella á locos ycuer-
dos, aloir mencionar tan bárbaro culto.
¡Oh cristianos , moveos con más lentitud; no imi
(1) Levitico , c . I, v. VIII.
(2) Ténganse presentes las dos llaves de la Iglesia,
canto IX, del Purgatorio.
-
319 -
téis á la pluma que vuela á todos vientos; no creais
que sirva toda agua para lavaros.
Tenéis para guía el Antiguo y Nuevo Testamento
y el Pastor de la Iglesia; que sea esto suficiente á
vuestra salvación .
Si un mal deseo os llama a otro sitio, sed hombres
y no locas ovejas, para que no se mofe de vosotros el
judío, enmedio de vosotros .
No practiquéis lo que el corderillo, que deja la
leche de su madre, é inocente y juguetón lucha con-
tra sí mismo, por capricho sólo. »
Según lo escribo, me habló Beatriz. Después vol-
viose llena de deseos hacia el punto en que brilla más
el mundo .
Su mutismo, y la metamórfosis operada en sus
facciones , dispusieron mi espíritu á otras nuevas
cuestiones .
Y como flecha que da en objeto antes de cesar
la agitación de la cuerda, volamos al reino segun-
do (1) .
Observé tan radiante á mi Dama al penetrar en la
luz de aquel cielo, que el planeta por ella fué mucho
más luminoso .
¡Y si la estrella pudo transformarse y sonreirse,
qué haría yo, que por naturaleza soy inamovible en
todo!
Tal como en un estanque de agua limpia y serena
llegan solícitos los pececillos al objeto que procedien-
do del exterior lo creen su pasto, así noté yo llegar á
nosotros miles de esplendores que gritaban: «¡Hé
aquí motivo para aumentar nuestros amores ! »
Y en tanto que cada uno se dirigía á nosotros,
veíase regocijada el alma á través del vivo resplandor
que despedían.
Calcula, lector, si parase aquí lo que ahora empie-
(1) Cielo de Mercurio .
-
320 -
za , cuál sería el hambre horrible que sentirías por
saber el resto, y por tí apreciarás cuánto anhelaba en-
terarme yo de la condición de aquellos esplendores
desde el punto que los ví .
<<<Por felicidad nació aquel á quien la gracia con-
siente ver los tronos del eterno triunfo antes de salir
de la milicia de los vivos; inflamados nos hallamos
del resplandor que se extiende por todo el cielo; así,
si quieres iluminarte respecto á nuestra suerte, pue-
des saciar tu deseo .>>>
Estome dijo uno de aquellos piadosos espíritus;
luego Beatriz: «Puedes hablarles confiado y creerles
como dioses .
-Veo que vives cual en un nido, y este en tu
propia luz, trasmitiéndola por tus ojos, puesto que
brilla al sonreir; mas desconozco quién eres y por
qué tienes, joh alma digna! el grado de la esfera
que se esconde á los mortales por los rayos de
otra (1).
Esto indiqué á la luz que me había hablado, y
desde que la hablé empezó á brillar más todavía,
Cual el sol que se esconde por luz sobrada, cuan-
do el calor ha disipado los vapores que le atempera-
ban, se escondió para más placer en su resplandor la
figura santa, y de aquel modo me respondió lo que
dirá el siguiente canto.
(1) Los rayos del Sol .
321 -
CANTO VI
SUMARIO
El Espíritu que propusiera al poeta responder á sus pre-
guntas, declara ser Justiniano el emperador, y refiere
después las glorias del Aguila romana.-En Mercu-
rio residen las almas que por sus bellas acciones se
supieron elevar a la gloria. Brilla alli la luz de
Romeo, ministro de Raimundo Berenguer y conde de
Provenza .
<<Luego que Constantino dirigiera el águila contra
el curso del Cielo que antes siguió, tras el usurpador
antiguo de Lavinia (1), quedose el ave de Dios por
espacio de más de cien años en un extremo de Euro-
pa, en los montes de donde saliera.
La sombra de sus alas santas gobernó el mundo,
pasando de una en otra mano; de suerte, que en es-
tos cambios, vino á parar á las mías.
Fuí César, y soy Justiniano, que por voluntad del
primitivo amor, del que jamás me aparté, suprimí de
las leyes lo inútil y superfluo.
Antes de trabajar en esta obra, creí que había en
Cristo una sola naturaleza, y me conformaba con tal
creencia, mas el bienaventurado Agapeto, gran pas-
tor, me llevó con sus palabras á la fe verídica.
Le creí, y cuanto me dijo lo veo claro ahora ,
cual ves tú una parte falsa y otra verdadera en toda
contradicción . Tan luego como me puse al lado de la
Iglesia, le plugo á Dios inspirarme en pago de aque-
lla obra , y á ella completamente me dediqué.
(1) Luego que Constantino condujo de Roma á Bi-
zancio el águila romana que siguió a Eneas de Oriente
a Occidente y país de Lavinia.
DANTE . 21
-
322 -
Los ejércitos se los confié á mi Belisario, y de tal
modo le auxilió la diestra de Dios, que fué señal
para mí de que debía darme al reposo.
Mi respuesta aquí va encaminada á tu pregunta
primera; mas el asunto me precisa á hacerla seguir
todavía de otras aclaraciones, para que contemples la
razón de los que se alzan contra el signo sagrado y
santo, los que se lo apropian y los que á él se opo-
nen (1).
Contemplo la sublime virtud que lo hizo venera-
ble, y que principió su gloria el día en que Palas
falleció para darle el imperio (2) .
No ignoras que el Aguila residió en Alba más de
tres siglos, hasta el día que lucharon por ella tres
contra tres (3) .
Tampoco ignoras lo que practicó desde el rapto
de las Sabinas hasta el quebranto de Lucrecia, du-
rante siete reinados, que sojuzgó las vecinas na-
ciones .
Bien sabes lo que hizo, llevada por aquellos cé-
lebres romanos, contra Breno, Pyrrho y los demás
príncipes aliados .
Por ella Torcuato y Quincio (4), que obtuvo re-
nombre por su cabellera descuidada, los Decio y
Fabio se granjearon una merecida fama, que me
complazco en admirar.
Ella derrocó el orgullo de los árabes, que detrás
de Aníbal pasaron las Alpestres rocas, de las que te
desprendes tan altivo, joh rio Pó!
Muyjóvenes aún, á su abrigo vencieron Scipión
y Pompeyo, pareciendo amargo el triunfo alcanzado
al pie del monte donde naciste (5).
(1) Se refiere a Güelfos y Gibelinos.
(2) Por el hijo de Evandro.
(3) Combate entre Horacios y Curiacios.
(4) Quincio Cincinato .
(5) Monte de Fiesolo al lado de Florencia, patria de
-
323 -
Después en aquella época en que el Cielo se
dignó conducir el mundo al estado de paz de que él
es modelo, César lo tomó por voluntad de Roma; y
lo que ella practicó desde el Var al Rhin, el Isere y
el Saona lo notaron, 'y el Sena lo vió, como también
el valle cuyas corrientes hinchen el Ródano .
Lo que hizo luego de salir de Rávena, y el paso
del Rubicón, fué de tal velocidad, que ni lengua ni
pluma podrían seguirle.
Fué ella la que dirigió á España sus tropas , des-
pués hacia Durazzo, y la que tan rudamente hirió en
Farsalia, que hasta el ardiente Nilo apercibió el dolor
emanado de su empuje .
Simais y Antandre, desde do se lanzara (1), tor-
naron á verla, como también el lugar donde descan-
sa Héctor; después, por desgracia de Ptolomeo, partió
nuevamente .
De allí cayó en Juba como la centella; después
volvió á dirigirse á vuestro Occidente, donde oía vi-
brar el clarín de Pompeyo.
Por lo que ejecutó ella con el que la llevó
luego (2), están Bruto y Cassio ladrando en el infier-
no (3); Módena y Perusa padecieron mucho por
esta consecuencia .
Aún llora aquella Cleopatra, que al huir del Agui-
la, recibió súbita y tremenda muerte del áspid.
Con este voló el águila romana hasta el mar Rojo;
y con el mismo fundo en el mundo una tan grande
paz, que se cerró el templo de Jano .
Lo que sin embargo me excita aquel signo á ha-
blar de él , hizo al principio lo que no correspondió
Dante. Fiesolo se arruinó por las legiones romanas, por
haber dado asilo á Catilina.
( 1) Con Eneas.
(2) Con Augusto.
(3) Téngase Presente el canto último del Infierno.
324 -
á lo que debía practicar después en el mortal reino
que le está sometido, pues que aparentemente fué
oscuro y mezquino, si se le contempla en manos del
César tercero, con vista iluminada y afección sin
mancha. Porque el justicia eternal que me inspira,
le otorgó con el brazo del que cito la merced de ven-
gar la divina cólera (1).
Que te admire, empero, lo que te voy á decir.
Después voló el águila con Tito á vengarse de la
venganza del antiguo pecado (2).
Y cuando se clavó en la Iglesia el lombardo dien-
te, le auxilió Carlomagno, venciendo al amparo de las
alas del águila.
Ya puedes juzgar á los que te mencioné antes, y
calcular si sus faltas son el origen de todos nuestros
males .
El uno opone la amarilla flor de lis al signo co-
mún; el otro se lo apropia, sin tener en cuenta mas
que su partido; mucha tarea es el saber cuál de los
dos faltó más .
Celebren, bajo enseña nueva, sus conciliábulos
los gibelinos; mal siguen á aquel de quien ella y la
justicia los aparta .
A pesar que el nuevo Carlos (3) no la venza con
sus güelfos , debe temer á los que arrancaron las
crines al más terrible león .
Suelen llorar los hijos las faltas de sus padres, y
no puede creerse que cambie Dios sus armas por la
flor de lis .
Esta reducida estrella (4) está llena de buenos es-
(1) El tercer César, Tiberio, pudo vengar la muerte
deCristo .
(2) La muerte de Cristo fué la venganza de Dios por
la falta de Adán, y Tito fué á castigar á los ejecutores de
dicha venganza.
(3) Carlos, rey de Pulla.
(4) Mercurio.
325 -
píritus, que tuvieron actividad en la tierra para velar
por la fama y la honra.
Y cuando se alzan los deseos hacia esta estrella ,
desviándose así, necesario será que los rayos del
verdadero amor sean menos vivos y más lentos en
elevación .
En el tamaño de nuestros méritos y recompensas
está una parte inmensa de nuestra alegría, porque
jamás la miramos ni menor ni mayor. De suerte,
que la viniente justicia de tal manera atenúa nuestro
deseo, que le sería imposible fijarse en la maldad .
Diferentes sendas siguen ambos conciertos; por lo
que los distintos grados de nuestra vida formanmag-
nífica armonía en estas esferas .
En esta esmeralda brilla la luz de Romeo (1) , cuya
preciosa obra obtuvo mala recompensa; los proven-
zales, que fueron en contra suya, podrían reir largo
trecho; verdaderamente anda mal quien convierte
en propia desventura la ventura de otro.
Raimundo Berenguer tuvo cuatro hijas, todas
reinas, obra de Romeo, humilde individuo y errante
peregrino .
Después , impulsado Raimundo por palabras im-
prudentes, pidió cuenta á aquel que le volviera siete
y cinco por diez, lo que le precisó á partir anciano
y desvalido. Si el mundo supiera apreciar su va-
lor, al verse obligado á mendigar su sustento, en
vez de alabarle, cual lo hace, lo ensalzaría mu-
cho más .
(1) Regístrese en las Crónicas la historia de aquel
Romeo.
326 -
CANTO VII
SUMARIO
Desaparece con los otros Espiritus el Emperador.-Bea-
triz esclarece algunas dudas surgidas en la mente
del poeta á consecuencia de las palabras del empera-
dor respecto de la redención , la inmortalidad del
alma y resurreción del cuerpo.
¡Hosanna sanctus Deus Sabaoth, super illus trans
clarite tua felices ignes Malaboth!
Este fué el canto, que volviendo hacia su esfera,
me pareció que entonaba aquella sustancia (1) , sobre
la que brilló doble luz (2).
Y ella, con las demás, tornaron á empezar su
danza, y cual rápida llama súbitamente se ocultaron
á mi vista.
Yo, dudando , me decía: «¡Díselo, díselo á la Dama
á quien adoras y que templa tu sed con el dulce
néctar de sus labios.>>>
Mas el respeto que de mí se apoderó por By
por IZ, me inclinaba cual hombre que dormita (3).
Beatriz no me consintió mucho rato en aquella
actitud, pues me iluminó con una sonrisa suficiente á
hacer la felicidad de un hombre en medio de las
llamas .
«Según me dice mi infalible razón, piensas , cómo
una venganza justa pudo castigarse justamente . Mas
(1) Justiniano .
(2) Quiere decir que el esplendor de Justiniano se
aumentó en una mitad, por practicar la virtud de la
caridad respecto á Dante.
(3) Biz, diminutivo de Beatriz .
-
327-
óyeme, y pronto despejaré tu espíritu con el presen-
te de una inmensa verdad .
Por no tolerar un freno conveniente para la fa-
cultad llamada albedrio , el hombre que no nació (1 )
al condenarse, también condenó á su raza. De lo
cual provino el que la humana especie llorara enfer-
miza allí abajo por siglos en un error grave, hasta
que se dignó descender el Verbo de Dios.
Naturaleza, que se había apartado de su Creador,
fué á la sazón unida por él á su persona, con sólo la
acción de su eterno amor.
Pon ahora tu espíritu en mis palabras. La natu-
raleza aquella unida á su Creador, según fué creada,
era buena y sincera; mas ella propia se desterró del
Paraíso, al desviarse de la senda de verdad y vida .
Por lo que el tormento sufrido en la cruz, si se
tiene presente la naturaleza tomada por el Crucifica-
do, con más justicia que ninguna otra hizo sensible
su peso; así como no habrá otra más injusta, si se
tiene en cuenta la persona que la sufrió, y a la que
se uniera aquella naturaleza .
Una sóla acción produjo cosas bien distintas;
porque la misma muerte les plugo á Dios y á los ju-
díos; por ella tembló la tierra y abriose el Cielo .
Así ya no debe ser incomprensible para tí el oir
que un justo tribunal castigó una justa venganza.
Sin embargo, veo que de una en otra idea, tu es-
píritu se ha ido cerrando en un nudo, del que anhela
verse libertado .
Tú te dices : «Entiendo lo que he acabado de oir;
mas no sé por qué nos redimió Dios de aquella ma-
nera . »
Querido hermano, impenetrable es aquella dispo-
sición para el hombre, cuyo espíritu no se halle en-
grandecido por la llama del amor.
(1) Adán .
-
328 -
Y como, verdaderamente, se examina mucho
aquel punto y se entiende poco, yo te haré ver que
fué aceptada como la manera más digna .
La bondad divina, que no conoce el rencor, chis-
pea ardiendo en sí propia, de suerte que hace na-
cer las bellezas eternales, produciendo lo infinito,
pues que nada cambia la huella que de la misma
emana .
Cuanto le es más afín el sér que produce, más le
complace, porque
porque el santo ardor que luce en todas
sus obras, vive más en la que más se le asemeja.
La naturaleza humana tiene sobre las demás
obras, la ventaja de aquellos dones cercanos; mas
si le llega á faltar uno siquiera, debe ceder de su no-
bleza .
El pecado sólo le arrebata su libertad y su pare-
cido al Supremo Bien, porque refleja ya muy tenue
su blanca y purísima luz; y no torna jamás á su
habitual dignidad, á no llenar el hueco abierto por
culpa suya, y á no expiar con penas justas los place-
res malos .
Al pecar vuestra naturaleza entera en su germen,
fué desposeída de sus dignidades y arrojadadel Pa-
raíso, siéndole imposible recobrarlas, si lo meditas
bien, á no ser por uno de estos medios .
Opor el de que perdonara Dios en su bondad el
pecado, ó bien porque el propio hombre reparara su
extravío .
Pon ahora tu vista en el arcano del eterno consejo
y oye según puedas mis palabras .
Jamás podía el hombre, en sus naturales límites ,
procurar debida satisfacción, por serle imposible des-
cender su humilde obediencia, cuanto había aspirado
á elevarse desobediente .
Era, pues, necesario que Dios volviera al hombre
á la vida completa por sus vías propias; esto es, por
uno ó ambos caminos.
-
329 -
Mas como la obra era tanto más apreciada al ar-
tista, cuantoque era la que mejor señalaba labondad
del corazón de donde había salido, la divina gracia
que dió su imagen al mundo, se complació en proce-
der para todas sus sendas á fin de elevaros hacia ella.
Tan precioso ygrande fuéel progreso que se operó
entonces, que no tendrá igual desde el día primero
hasta la postrera noche.
La generosidad de Dios fué más inmensa al darse
él mismo para hacer al hombre capaz de elevarse,
que lo hubiera sido despidiéndolo absuelto. Además,
que los otros medios eran insuficientes ante la justi-
cia, no habiéndose humillado el Hijo de Dios hasta
encarnarse .
Con objeto de colmar todos tus deseos, retrocede-
ré un poco para aclararte ciertos puntos, á fin de que
lo veas todo cual lo veo yo.
Tú te dices: « Contemplo el aire, el fuego, al agua
y la tierra, y todas sus mezclas se corrompen yper-
manecen poco, yá pesar de ello aquellas cosas fueron
otras tantas criaturas; de suerte, que á ser verídico
cuanto me has indicado, debían hallarse al abrigo de
toda corrupción . »
Hermano amado, los ángeles y el libre y puro lu-
gar enque te encuentras, pueden decirse creados,
cual lo son de hecho en su completo sér. Mas en
cuanto á los elementos que citas y á lo que de ellos
procede, te diré que les dió su forma una potencia
creada.
La materia deque fueron formadas está creada,
creado fué también el informante poder en esas estre-
llas que van girando alrededor de ellos .
El alma de los brutos y plantas, compuestas de
distintas materias, deben vida y movimiento á las
santas estrellas (1).
(1) Según escolásticos, el alma de los brutos pro-
cedíade
dela
lanaturaleza,yyde Dios la de los hombres.
-
330 -
Empero la vida nuestra aspira sin intermisión á
la suprema bondad, y con tal velocidad se prende de
ella, que la desea sin cesar .
De todo lo cual puedes investigar también vuestra
resurrección, si calculas cómo se creó la carne hu-
mana al ser creados los dos primeros padres .>>
CANTO VIII
SUMARIO
Suben el poeta y Beatriz á la esfera de Venus cielo ter-
cero),quepor su humedad, dicen los antiguos comen-
tadores,predispone al amor. Esta influencia, perju-
dicial antes, es hoy pura y espíritual.
espíritual.-Carlos
-C Martel ,
reyde Hungría, dice al poeta cómo de un padre vir-
tuoso puede nacer un mal hijo.
El mundo se figuraba antes, con perjuicio de su
alma, que de los rayos de la hermosa Cypris, que
gira en el tercer cielo, dimanaba el amor loco, y por
eso en su error los pueblos antiguos no sólo la hon-
raban con sacrificios y votos, sino que rendían
tambien culto á Dionea y Cupido, como madre é
hijo, diciendo que este se sentaba junto al seno de
Dido .
Y daban el nombre de aquella por la que princi-
pia mi canto, á la estrella que mira con placer al
sol, á sus rubias pestañas, á la cabellera què flotaba
á su espalda.
No noté el subir á aquella esfera (1), mas me figu-
ré que me hallaba en ella, al ver que mi Dama em-
bellecía más y más.
(1) Planeta Venus .
-
331 -
Cual en la llama se nota la chispa, y cual en la
voz se nota voz, cuando está sostenida por un mismo
tono y la otra va corriéndolos todos, así ví en aquella
luz á otros resplandores agitarse en torno suyo, con
más ó menos agilidad, según reflejaban la eterna
claridad .
Jamás emanaron de la fría nube, visibles ó invi-
sibles, tan veloces vientos, que no hubiesen parecido
pesados al que hubiera presenciado venir hacia nos-
otros las divinas luces, cuyo círculo principiaba en el
elevado cielo de los Serafines .
En pos de las que se nos aparecieron antes se oía
un Hosanna, tan. melodioso, que he anhelado siem-
pre volver á oir.
Una de ellas descendió entonces más á nosotros,
y dijo:
«Todas estamos preparadas á complacerte, para
que en nosotras te regocijes .
Giramos aquí en el propio círculo, con el mismo
circular movimiento y con idéntica sed que los ce-
lestes príncipes, á quienes ya digiste en el mundo:
«Vosotros, que hacéis mover el cielo tercero con
vuestra inteligencia (1) » , nos hallamos tan poseídas
de amor, que por complacerte no nos será menos
grato un instante de reposo. »
Luego de fijar mi vista respetuosamente en mi
Dama, y que ella con la suya le dió contento y ani-
mo, la volví hacia la luz que tan amorosamente se
me acababa de ofrecer, y la dije: «¿Quién eres?»
denotando mi voz un rendido afecto .
¡Oh! entonces la ví brillar más, por el nuevo gozo
que aumentaba su alegría al hablar yo .
En el colmo de su esplendor, me dijo:
<<Poco tiempo me tuvo el mundo allí abajo; si hu-
(1) Principio de la cancone primera del Convivio
amoroso .
-
332 -
biese estado en él algún tiempo más, muchos males
existirán que no hubieran existido (1) .
Me escondo á tu vista por la alegría de que estoy
envuelto y que tanto brilla, según envuelve el gu-
sano la seda que le tapa.
Me quisiste mucho, y no te faltaba razón para
ello; pues si hubiese estado más plazo allí abajo, no
te hubiera enseñado de mi amor sino las hojas .
La margen izquierda bañada por el Ródano, lue-
go de juntarse este con el Sorgue, aguardaba llega-
se el instante de admitirme como su dueño; así como
la punta de Ausonia, donde se alzan Bari , Gaeta
y Catona, desde que la Trento y el Verde descansan
en el mar.
Lucía ya en mis sienes la diadema de aquella
tierra que baña el Danubio, al dejar las tudescas
márgenes (2) .
La bella Trinacria (3) que apareció entre Pachino
y Peloro, y en el golfo que más violento azota el
Euro, no por Tyfeo (4) y sí por el azufre que exhala
su suelo; la bella Trinacria había esperado á sus
reyes por mí nacidos de Carlos y Rodolfo, si el mal
gobierno que alimenta siempre á los pueblos para
las revoluciones, no hubiera excitado á gritar á Pa-
lermo: «¡Muero , muero (5)! »
Y si hubiera sido precavido mi hermano, evitara
la atroz avaricia de sus ministros catalanes, para no
sufrir luego las consecuencias.
Verdaderamente debía cuidar por sí ó por otro, á
que no estuviera su nave cargada en demasía, ó más
de lo que pudiera sobrellevar. Su carácter, que de
(1) Sombra de Carlos Martel, rey de Hungría; Dante
lo conoció en Florencia.
((2) LaHungría.
3) Sicilia.
(4) Uno de los Titanes aplastados en el Etna.
(5) Vísperas Sicilianas .
333
liberal se trocó en avaro, necesitaría servidores dedi-
cados á otras tareas que la de encerrar dinero en
sus cofres (1).
-Yo creo, dije entonces, ¡oh señor! que la in-
mensa alegría de que tus acentos llenan mi alma,
la notas tú cual la noto yo, en aquel en quien nace
y acaba todo goce, me es tanto más amada esta ale-
gría, cuanto creo que al contemplar á Dios ves mi
dicha.
Puesto que te soy deudor de la felicidad que sien-
to, ilumíname, ya que con tus palabras has desper-
tado en mí la duda de que una buena semilla puede
dar un mal fruto .
Entonces me dijo: «Si me es posible demostrarte
una verdad, girarás la vista hacia el objeto de tu pre-
gunta, así como ahora le das la espalda.
El bien que agita y alegra el reino que cruzas ,
hace de su providencia el móvil de esos grandes
cuerpos, y no sólo se abrigan todas las naturalezas
en el seno de su idea, que es la perfecta, sino que
todas á un tiempo hallan en ellas también su salva-
ción, pues todos los disparos de aquel arco van al
blanco de un fin previsto, cual el dardo se dirige al
objeto.
De otro modo, el cielo que pisas, en lugar de
efectos vivos, no produciría más que ruinas, lo que
es imposible, si las inteligencias que agitan esas
estrellas no son viciosas, cual no pueden serlo, si se
atiende el espiritu primero que las formara per-
fectas.
¿Deseas contemplar esta verdad más claramente?
Y yo: «No, pues creo imposible que la naturaleza
falte en lo que es indispensable.>>>
El alma prosiguió: «Dí, ¿habría para el hombre
(1) Roberto, hermano de Carlos Martel , hijo de
Carlos II .
-
334 -
en el suelo una peor existencia que la de no vivir en
sociedad? Sí , le repuse, y no me preguntó ei moti-
vo de ello .
-¿Y puede verificarse esto, si vive el hombre allá
abajo entregado á diferentes artes? No, si vuestro
maestro dijo verdad en sus letras . >>>
Continuando el alma en sus deducciones, díjome :
«Luego, vuestros diferentes efectos deben reconocer
causas distintas; por lo que nace uno, Solón, otro
Jerges , otro Melquisedech y otro que perdió á su
hijo que volaba por los aires.
La naturaleza de los celestiales círculos, que da
su forma á la mortal cera, confecciona bien su obra,
mas la aplica sin ninguna distinción .
De aquí viene que al salir de su madre Esaú se
aparte de Jacob, y que Quirino nazca de tan vil
padre, que le haga elevar á Marte (1) .
La naturaleza engendrada, fuera idéntica á la na-
turaleza engendradora (2) , si la divina Providencia
no fuera siempre la más fuerte.
Ya dispone tu espíritu de lo que no se alcanzaba
antes; mas para que sepas que me complace el ins-
truirte, te quiero armar aún de este corolario:
«Siempre es estéril la naturaleza, si no le es ami-
ga la fortuna, como lo es cualquier semilla arrojada
lejos del suelo á propósito para su cultivo.
Y si se apoyara el mundo allí abajo en los cimien-
tos asentados por la naturaleza, ciertamente tendría
mejores habitantes; más vosotros dedicáis el templo
al que nació para blandir la espada, y elegís por rey
al que debiera ser un confesor. Notad si os alejáis del
verdadero camino.
(1) Rómulo, hijo de Rhea Sylvia y del Dios Marte.
(2) La naturaleza del hijo debía ser igual a la del
padre.
335 -
CANTO IX
SUMARIO
Dante halla en el planeta Venus á Cunizza, hermana de
Ezzelin Romano, la que le anuncia las desdichas que
le están deparadas á la Marca de Treviso -Después
habla con el trovador Fulco de Marsella .
Bella Clemencia (1), luego que tu padre aclaró
mis dudas y me refirió las traiciones que pesarían
sobre tu raza, me dijo:
«Calla y deja que corran los años; sólo te puedo
anunciar que á nuestras desdichas seguirá un justo
arrepentimiento.>>>
Ya la santa y viva luz (2) se había vuelto hacia
el sol que la inunda, como al bien que basta á todo.
¡Oh, almas impías, dementes y seducidas, que
alejáis vuestra vista del bien para ponerla en las va-
nidades!
Cuando hé aquí que otro esplendor descendió á
mí, manifestando por medio de la luz que le envolvía,
deseo de agradarme.
La vista de Beatriz, que, como antes, estaba
puesta en mí, me indicó su asentimiento dulce á mi
anhelo .
«¡Oh, complace mi deseo, bienaventurado espí-
ritu! le dije, y dame prueba de que mis pensamien-
tos pueden reflejarse en tí.»
Entonces, la luz que aun me era nueva, desde el
(1) Hija del rey Carlos Martel, esposa de Luís el
colérico, rey de Francia.
(2) Carlos Martel, rey de Hungría .
-
336 -
fondo en que antes cantara, principió á decirme, cual
el que se regocija en obrar bien:
«En aquel lado (1) de la parte depravada de Ita-
lia, situada entre Rialto y las corrientes del Brenta y
el Piava, se alza una colina (no á gran altura), de la
que descendió una insignificante llama, pero que
causó gran desastre en toda la comarca.
Ella y yo brotamos de un mismo sitio; á mí se me
llamó Cunizza (2), y brilló aquí por vencerme la luz
de la estrella (3).
Mas contenta y sin remordimientos, uso de indul-
gencia para contigo, respecto de mi suerte,lo que
tal vez os sorprenda á vosotros.
Esa alhajā rara y luminosa (4) del cielo nuestro,
que está próxima á mí, quedó gran fama en la tierra,
y antes de que perezca su gloria, se juntarán cinco
siglos al presente.
¡Contempla si debe ser bueno el hombre, para
que su vida primitiva quede otra segunda en la
tierra!
De seguro no piensa así aquella turba habida en-
tre el Tagliamento y el Adigio, que ni aun vencida se
arrepiente .
Mas luego se verá que Padua y sus moradores ,
sordos á la voz del deber, trocarán el agua de la la-
guna que lame á Vicenza (5) .
Y allí do el Sila y el Cagnano se juntan, hay quien
(1) Venecia .
(2) Cunizza, hermana de Ezzelin de Romo, tirano de
Padua.
3) «Brillo aquí, por haberme vencido la luz de la
(
estrella de Venus, cuyo infiujo nos abrasa de amor.>>>>
(Grangier.)
(4) Fulco de Marsella.
(5) Alude a la victoria alcanzada en 17 de setiembre
de 1314, por Can Grande della Scala, contra Jacobo de
Carrara.
-
337 -
domina con frente activa, mientras se está fabrican-
do la red para cogerlo.
Todavía llorará Fieltro el perjurio de su inicuo
pastor, perjurio tan horrible, que jamás se penetró en
Malta por otro idéntico (1).
Asaz ancha debería ser la cuba en que cupiese la
sangre ferrarense, y operación harto pesada para el
que hubiera de pesar onza por onza la sangre que ce-
derá aquel cortés sacerdote (2) para manifestarse
adicto á su partido; estas cesiones armonizarán con
las costumbres de tal país .
Allí arriba hay unos espejos, á los que vosotros
llamáis tronos, por los que se reflejan en nosotros los
juicios de Dios; de suerte, que nuestras mismas pala-
bras nos parecen buenas y verídicas.>>>
Entonces calló el alma, y me pareció volverse
á la esfera, en la que se volvió á colocar según estaba
antes .
El otro espíritu ó luz que ya me era conocido ,
apareció á mi vista cual un rubí herido á los rayos
del sol.
Alli arriba, la alegría da un vivo esplendor, cual
la risa entre nosotros; mas allí abajo oscurece la som-
bra, según entristece el alma.
«Dios todo lo vé, dije, y tu vista le penetra, joh
bienaventurado espíritu! de suerte, que no existe vo-
luntad en él que te se pueda ocultar.
Y siendo así, ¿por qué tu voz (3), que continua-
mente recrea al Cielo con los ecos de aquellas pia-
dosas llamas, que se fabrican una caperuza con
sus seis alas, no llenó mis deseos? No esperaría á
(1) Torre cerca del lago Bolsena, cárcel de los
Papas .
(2) Alejandro, obispo de Plasencia, que entregó los
amparados en Ferrara al gobernador de Pulla.
(3) Habla con Fulco de Marsella, obispo y gran poeta
provenzal .
DANTE 22
338
que me la pidieras, si yo notara en tí cual tú notas
en mí.»
Contestó el alma : « La más dilatada concha ó valle
do se extiende el agua emanada de aquel mar que
circuye la tierra, se prolonga de tal suerte contra el
sol entre dos riberas opuestas, que pone el meridiano
donde antes se hallaba el horizonte.
Fuí yo uno de los tantos ribereños de aquel valle,
entre el Ebro y el Macra , que por un curso poco ex-
tenso apartó á Génova de Toscana.
Al mismo diámetro de Oriente y Occidente, se
hallan situadas Bugia y la tierra do naciera yo, que
entibió con su sangre en otro tiempo las olas de su
puerto(1).
Fulco se me llamó en aquella nación que tanto
conociera mi nombre, y este cielo está por mí ilu-
minado, como yo lo fuí por él; pues ni esa hija de
Belo (2), que se olvidó de Siqueo é hizo olvidar á
Creusis; ni Rodopea, la que fué engañada por Demo-
fonte , ni Alcides, cuando tuvo á Yola cerrada en su
corazón, se abrasaron en más llamas que yo, mien-
tras me lo consintió la edad.
A pesar de todo, aquí se vive en el arrepenti-
miento; y antes se alegra uno, no por las faltas, que
no acuden más á la memoria, sino por la soberana
virtud que ordena y prevee .
Se admira aquí aquel arte que da tan grandes y
maravillosos efectos, y se descubre el bien por el que
el mundo alto obra con el mundo bajo .
Mas para que te lleves limpias de toda duda las
ideas que han brotado en esta esfera, es necesario
que prosiga en mis instrucciones .
Tú deseas saber quién está en la luz que brilla tan
(1) Marsella, sitiada por César. En frente de Marse-
lla está Bugia en la costa de Africa.
(2) Dido.
339 -
próxima á mí, cual rayo de sol en el agua pura; pues
sabe que esa apacible alma es la de Rahab, unida á
la orden nuestra, en la que luce en primer lugar.
Se fué al Cielo desde el sitio en que acaba la
sombra proyectada por vuestro mundo, antes de que
se librase ninguna alma por la victoria de Cristo.
Muyjusto era que la colocase en alguna esfera,
cual una pala del gran lauro que él alcanzó con sus
manos clavadas en el leño, pues aquella mujer había
favorecido las primeras hazañas de Josué enla tierra
santa, que tan poco ocupa la mente del Papa.
Tu pueblo (1 ) , retoño del primero que volvió la
espalda á su Creador, y cuya existencia fué un lago
de lágrimas; tu pueblo produce y extiende una mal-
dita flor (2), que ha logrado descarriar carneros y
ovejas, por haber convertido en lobo el pastor. Por
ella fueron echados al olvido el Evangelio y grandes
doctores, y sólo se estudian decretales, como se nota
hasta la saciedad en sus márgenes .
Esta es la ocupación del Papa y los cardenales;
sus miradas no se dirigen ya á Nazaret, do abrió sus
alas el ángel Gabriel. Mas el Vaticano y los otros
lugares santos de Roma, que fueron la tumba de
aquella milicia, de la que fué Pedro jefe, muy luego
estarán libres del adúltero (3) .
(1) Florencia.
(2) Florines de oro, moneda toscana.
(3) Parece que vaticina la muerte de Bonifacio, y
nombra adultero á este mal Papa, por corromper á la
esposa de Dios, que es la Iglesia (Grangier).
-340 -
CANTO X
SUMARIO
Indicación del orden invertido por Dios en la creación
del universo .-Beatriz, más relumbrante cuanto más
se eleva, lleva á Dante al Sol, ó el cuarto cielo.-
Almas cantando y á la vez formando una corona
y dando vueltas. Una de ellas es Santo Tomás de
Aquino.
Al contemplar su Hijo con el amor que uno á otro
exhalan eternamente, obró el inefable Poder en una
armonía tan inmensa y perfecta todo cuanto nuestra
inteligencia y ojos aperciben, que es imposible admi-
rar la obra del Creador, sin tomar parte en su virtud.
Eleva, pues, joh lector! conmigo tu miradahacia
las altas esferas por la parte en que un movimiento
choca con otro opuesto, y observa allí el arte del
maestro que le amó, en términos de no apartar jamás
la vista de él .
Repara cuál se desprende de allí el oblicuo círcu-
lo (1), llevando á los planetas para contentar al
mundo que los llama. De no ser su camino oblicuo,
habría más de una vana influencia en el Cielo, y casi
todo poder moriría allí abajo .
A poco que se apartara de esta recta línea, cau-
saría interrupción en el orden del mundo arriba y
abajo.
Lector, prosigue ahora en tu asiento y piensa en
las cosas de que aquí se da noticia anticipada, si
quisieras llenarte de gozo antes de cansarte.
(1) El Zodíaco.
-
341 -
Ante tí he dejado el alimento que ya tú sólo pue-
des alcanzar, pues reclama todos mis desvelos la
materia de que me he convertido en narrador.
El más grande ministro de la naturaleza, que
imprime al mundo la virtud celestial y mide el tiem-
po con su luz (1 ) , giraba hacia el celeste signo antes
descrito, hasta el caso de que las horas se presen-
tan más pronto.
Yo me hallaba en él (2), sin notar el traslado
ascendente, como no nota el hombre una idea antes
de ocurrírsele .
Beatriz , aquella Dama, á la que se ve pasar de un
bien á otro mayor con tal rapidez, que el tiempo no
puede medir; ella por sí tan esplendorosa, joh! lo que
fué en el sol donde yo penetraba, lo que fué á la
sazón, no por efecto de color ni luz más viva, nadie
lo podría imaginar aunque yo me atreviera á expli-
carlo acudiendo al ingenio y al arte; mas se me
puede creer, y debe desearse el verla.
No tiene nada de particular que nuestra imagina-
ción no alcance altura tal, pues jamás penetró mi-
rada allende del sol .
Esta era la familia cuarta del Supremo Padre,
familia á la que sustenta sin hambre, con enseñarle
cual dependen de él el Espíritu y el Hijo.
Beatriz exclamó: «Agradece al Sol de los ángeles
que por su gracia te elevo á este visible astro.>>>
Nunca el corazón de un mortal se vió más repen-
tinamente dispuesto á la devoción y entregarse á Dios
del todo, como me sucedió á mí al escuchar tales
palabras; de tal suerte se reconcentró en él, que
hasta Beatriz fué legada al olvido .
Aquello no pareció incomodarla, puesto que se
sonreía; yo divisaba el resplandor de su vista riente
(1) El Sol .
(2) Había entrado en el Sol .
-
342 -
entre otros objetos, y mi idea estaba absorta en una
sola .
Observé varias luces vivas y triunfantes que ha-
cían un círculo, y de sí propias una corona; aun era
más dulce su voz que reluciente su rostro.
Tal notamos alguna vez á la hija de Latona (1),
cuando el aire impregnado de vapores conserva el
redondel de que se forma su corona.
En la celestial corte de donde regreso, hay dis-
tintas joyas tan preciosas y tan raras, que no se las
puede extraer de aquel reino.
El canto de aquellas luces era una de dichas
joyas; el que no pueda obtener alas para volar á lo
alto, oiga lo que va a decirle un mudo de aquel
reino .
Después que cantando aquellos soles refulgentes
formaron tres veces círculo á nuestro alrededor,
según las estrellas de los polos fijas siempre, me pa-
recieron un remedo de las mujeres que, sin dejar la
danza, pasan en silencio á ver si van conformes con
las nuevas notas .
Luego oí que una de aquellas luces habló así:
«Puesto que el rayo de gracia do se inflama el ver-
dadero amor que crece amando, brilla duplicado en
tí de tal suerte, que por esta escala te lleva á lo
alto, y que sin volverla á subir nadie baja, el que
negara á tu sed el vino de su redoma, no tendría más
libertad que el agua que no puede bajar al mar.
Deseas saber de qué plantas floridas está tejida
esa guirnalda que contempla al rodearla la bella
Dama que es tu guía en tu viaje al Cielo . Yo he sido
uno de los corderillos del rebaño santo que condujo
Domingo por la senda en que el alma que no se ex-
travía, se fortifica.
El que se halla más cerca, á mi derecha, fué mi
(1) La Luna.
-
343 -
Maestro y hermano; él es Alberto de Colonia; yo
Tomás de Aquino .
Si deseas saber quienes son los otros, siga tu
vista mis palabras al recorrer la corona bienaventu-
rada .
Aquella otra chispa nace de la sonrisa de Gracia-
no (1), quien fué por sus escritos tan útil á los dos
derechos, que se le agregó al Paraíso .
El que le sigue, ornato de nuestro coro, fué aquel
Pedro (2) que, cual la viuda, ofreció á la santa Igle-
sia su tesoro .
La luz quinta (3), la más bella entre nosotras,
arde con tal amor, que allí abajo desean todos saber
algo de ella. Es el elevado espíritu, en el que fué
innata una ciencia tan profunda que, si es verdad la
verdad, no se elevó ningún otro que aprendiese tanto.
¿Ves la luz de aquel cirio? pues es el que vió me-
jor allí abajo , en la naturaleza de los ángeles, y el
que mejor comprendió su misión (4) .
En el otro resplandor pequeño sonríe aquel abo-
gado de los cristianos templos, de cuya doctrina se
sirviera Agustín (5) .
Luego si diriges la vista de tu espíritu de una en
otra luz, siguiendo mi elogio, debes estar anhelante
por conocer la octava.
Se complace en sí propia en vista del supremo
bien, la santa alma que demuestra en toda su des-
nudez el engañador mundo al que se digna consul-
tarla (6) .
(1) Benedictino de San Félix, autor de la Concordia
de los cánones discordantes .
(2) Pedro Lombardo, señalado con el nombre de
Maestro de las sentencias.
(3) Salomón.
(4) Dionisio Areopagita .
(5) Pablo Osorio .
(6) Boecio, consultado varias veces por Dante, está
sepultado en la iglesia de Cieldauro, en Pavia.
-
344-
El cuerpo de donde se arrojó descansa en Ciel-
dauro, y ella, desde el martirio y destierro, vino á
esta mansión de celeste paz .
Repara allá más lejos, cómo arroja llamas el ar-
diente espíritu de Isidoro, de Beda y de Ricardo (1) ,
que fué más que hombre en sus meditaciones.
Esa, de la que apartas tus miradas para fijarte en
mí, es la luz de un espíritu que, en la gravedad de
sus ideas, le parecía sobrado lenta la muerte; es el
eternal resplandor de Signier (2), que, al profesar en
la calle de Fouarre, excitó con sus silogismos la en-
vidia, llenos de verdades .>>>
Como el reloj que nos llama a la hora en la que la
Esposa de Dios (3) se levanta á cantar los maitines á
su esposo para merecer su amor, ó como cuando va-
rias ruedas giran en sentido inverso, formando un
sonido de dulces notas, que hinchen de amor al es-
píritu dispuesto felizmente, noté yo moverse á la
gloriosa esfera y dar tal dulce armonía á sus ecos,
que sólo se puede conocer donde el goce es eterno.
(1) Ricardo , canónigo de San Victor.
(2) Signier de Constray, profesor en París, en la
calle de Fouarre, que tomó este nombre, que en lo anti-
guo quería decir paja, porque los estudiantes, en lugar
de bancos, se sentaban sobre paja.
(3) La Iglesia.
345 -
CANTO XI
SUMARIO
El magnífico doctorSanto Tomás deshacealgunasdudas
que ha observado en el espíritu del poeta.-Después
cuenta la seráfica vida de San Francisco de Asís .
¡Oh pesamientos locos de los mortales! ¡Qué tor-
cidos son vuestros raciocinios, que os hacen incli-
nar el vuelo hasta besar la tierra con vuestras alas !
Unos dedicados al derecho, otros á los preceptos de
la medicina; quién al sacerdocio, quién reinaba á
merced de la fuerza y los sofismas; unos hurtaban ,
otros se dedicaban á los negocios públicos; muchos
enervaban sus fuerzas en los placeres carnales, y
otros se daban á la ociosidad, en tanto que yo, libre
de todo esto , había ascendido al Cielo con Bea-
triz, donde se me esperaba una acogida tan glo-
riosa.
Al volver cada una de las almas al sitio en que
antes se hallara, paró cual la vela en su candelero,
y oí en el resplandor que hablara antes (1) una voz
que dijo estas palabras, siendo cada vez más dulce y
pura:
<<Cual yo me ilumino en la eterna luz, así al no-
tar tus pensamientos en el divino resplandor conozco
las causas de donde vienen .
Dudas, y anhelas que mi voz use de palabras tan
claras, que pongan al alcance de tu inteligencia las
otras frases que proferí: Camino en que uno se fortifica;
(1) Santo Tomás de Aquino.
-
346 -
y las de: No se elevó otro alguno. Mas es necesario
distinguirlo bien .
La Providencia, que rige el mundo con la ciencia
que confunde la humana mirada que se proponga
penetrarla, y que para llevar á su Bien Amado (1)
la esposa del que, arrojando un grito á lo alto, se
unió á ella con su bendita sangre para traérsela
más confiada en sí propia y más fiel, la Providen-
cia dispuso en su favor dos principios para que la
guiasen, la caridad y la sabiduría; uno de ellos ,
por su ardor, fué seráfico (2); el otro, por su sa-
ber, fué en la tierra aureola de luz de los queru-
bines (3).
Hablaré de uno sólo, y será cual si hablase de
ambos, pues que todas sus obras se encaminaron al
mismo fin.
Entre el Tupino y la corriente que baja de la co-
lina que escogiera por vivienda el bienaventurado
Ubaldo, hay una fértil costa dependiente del alto
monte, que indica á Perusa el calor ó frío por la
puerta del Sol (4), en tanto que detrás del monte gi-
men en yugo pesado Nocera y Gualdo .
Dedicha costa, donde su corriente es más pausada,
vino al mundo un sol, parecido al nuestro, que fre-
cuentemente parece salirdel Ganges .
Que los que desean hablar sobre aquel lugar no
lo nombren Asís, por la pobreza de esta sola palabra;
que le llamen Oriente, si quieren darle su acepción
verdadera.
Antes de que se alzara aquel sol , principiaba ya
á sentirse en la tierra un efecto saludable de su in-
mensa virtud , porque desde niño estuvo en guerra
(1) La Iglesia esposa de Jesucristo.
(2) San Francisco.
(3) Santo Domingo.
(4
) La Puerta Perusa, que lleva á Asís.
-
347-
con su padre por adorar á aquella mujer (1) á
quien como á la peste nadie abre sus puertas gus-
toso.
Con ella se unió á presencia de su corte espiri-
tual, y la amó más tiernamente cada día. Ella, viuda
de su primitivo esposo (2), hacia mil y cien años,
despreciada y oscurecida, no se le había presentado
ningún otro esposo.
No le sirvió de nada que el que fué espanto del
mundo, sólo á ella la halló sin miedo al primer lla-
mamiento, junto a su caro Amyclas (3); tampoco le
sirvió de nada el ser consecuente y atrevida hasta el
caso de que, mientras María estaba al pie de la cruz,
se subiese á ella con el Cristo .
Más claro , Francisco y la Pobreza son los aman-
tes que deben verse desde ahora en mis palabras un
tanto confusas .
Su paz y sus rostros radiantes de júbilo, su amor,
su asombro, sus miradas dulces, eran causa para
otro de ideas santas: mientras que el piadoso Ber-
nardo fué el primero en descalzarse para volar en
pos de semejante premio, pareciéndole lenta su veloz
carrera .
¡Oh extraña riqueza! ¡Oh verídico bien! Edigio
se descalzó , lo mismo que Silvestre, en seguimiento
del Esposo, por el entusiasmo con que amaban á la
esposa.
Desde aquel punto aquel maestro y padre se fué
con su Dama (4), y con la familia que ya anudaba el
humilde cordón .
Y no fué la cobardía la que le hizo bajar la vista ,
(1) La Pobreza.
(2) El Cristo .
(3) El pescador que pasó á César en su barca de
Epiro á Italia.
(4) La Pobreza.
-
348 -
por ser hijo de Bernardone (1), ni la que le precisó á
presentarse tan ostensiblemente despreciable; puesto
que dijo regiamente á Inocencio su austera regla,
recibiendo la primera aprobación para su orden.
Luego de haber crecido la infeliz grey de aquel
pastor, cuya preciosa vida sería mejor contada entre
las glorias celestiales, el Espíritu Eterno, valién-
dose de Honorio, hermoseó con una segunda corona
la voluntad santa de archimandrita. Y cuando por
el deseo del martirio predicó ante el soldán altivo á
Cristo y los que le siguieron, como notase rebeldes
á convertirse á aquellos pueblos, por hacer algo, se
fué á recoger el fruto de sus semillas á Italia.
En una roca escarpada que reside entre el Tiber
y el Arno, recibió las postreras llagas del Cristo
que conservaron sus miembros por espacio de dos
años .
Así que le plugo al que le escogiera para obrar
un bien tan marcado, elevarlo al galardón á que
era acreedor por haberse humillado tanto, encomen-
dó á sus hermanos, como herederos directos , su
querida Dama, ordenándoles que la amaran con fide-
lidad.
La hermosa alma se desprendió á la sazón de su
cubierta mortal para regresar á su reino, y no eligió
otro féretro para su cuerpoque lapobreza.
Piensa ahora quién fué el digno colega de Fran-
cisco, comisionado para conservar en alto mar la
barquilla de Pedro, y encaminarla hacia su idea.
Fué nuestro Patriarca (2); por lo que notarás que
el que sigue ciegamente los preceptos de Domingo ,
acopia magníficas mercancías .
(1) Tratante en lanas. San Francisco nació en Asís
en 1182. Se le llamó Francisco, por lo bien que poseía
el francés,
italianos . idioma del que se servíanlos
comerciantes
(2) Santo Domingo.
349 -
Sin embargo, su grey ha estado tan anhelante de
nuevo alimento, que no pueden satisfacerla otros
diferentes pastos; y cuanto más se alejan de él las
vagabundas ovejas, tienen menos leche al regresar al
corral.
Varias de ellas, temiendo el riesgo, se agrupan
alrededor del pastor, mas en su número tan in-
fimo, que de poco paño se les puede fabricar el
hábito.
Ahora, si mis palabras no son oscuras, si has
atendido con atención y si tu espíritu conserva lo que
dije, debe estar algún tanto satisfecho tu deseo, pues
que viste dónde puede podarse el arbusto, y habrás
entendido la restricción de mi razonamiento prece-
dente, al decir: En el que uno se fortifica si no se ex--
travía .
CANTO XII
SUMARIO
Cuando hubo hablado Santo Tomás, la corona de las
luminosas almas giró de nuevo, reapareciendo una
corona mayor, formada de Bienaventurados. Entre
ellos estaba Buenaventura.
Cuando la Bienaventurada llama (1) acabó de pro-
nunciar aquellas frases, principió á rodar la muela
santa, y antes de girar sobre síuna vez, lo encerró
otra esfera en un círculo, regularizando los movi-
mientos y los cantos.
(1) Santo Tomás.
-
350
Estos aventajaban en armonía á los de nuestras
musas y sirenas, cual aventaja la luz directa á la re-
flejada.
Como se ve á dos arcos paralelos del propio color
encorvarse sobre la nubecilla, al enviar Juno su
mensajero, y que el externo nace del interno (ase-
mejándose á la vez á la errante ninfa que consumió
el amor cual el sol consume los vapores (1), como
se ve, repito, encorvarse las dos arcas que son pre-
sagio para el hombre, por motivo de la alianza que
efectuó Dios con Noé, de que jamás sufriría el dilu-
vió; así giraban en torno nuestro las dos guirnaldas
de eternas rosas; la guirnalda externa dependía de
la interna .
Así que el baile y aquella gran fiesta de cantos y
llamas, mezcladas entre sí por aquellas luces rego-
cijadas y tiernas, pasaron juntas y unánimes, pare-
ciéndose á los ojos que á un tiempo se abren y
cierran, sumisos á la voluntad que los agita, emanó
de entre el coro de nuevas luces una voz, que al vol-
verme hacia el sitio de donde partía (2), produjo en
mí el efecto que á la aguja el girar hacia el polo.
Hablando de esta suerte: «El amor, á quien debo
mi belleza, me induce a tratar del otro jefe, con
cuyo motivo se ha hablado de mí con tal favor.
Es justo que donde esté uno de ellos , aparezca el
otro; ya que militaron por la propia causa, su gloria
debe lucir al propio tiempo.
El ejército de Cristo, que tanto costó amarle nue-
vamente, iba en pos de su enseña, tímido, pausado
y poco numeroso, cuando los riesgos de aquella mi-
licia alarmaron al perpetuo Emperador, no porque la
cohorte lo mereciera, sino por efecto de su gracia,
mandó, como se ha dicho, en socorro de su esposa
(1) El Eco .
(2) San Buenaventura .
-
351
dos campeones, á cuya actitud y palabra replegóse el
extraviado pueblo .
En aquel lugar del orbe (1), donde sopla el bello
céfiro para abrir las nuevas hojas con que se engala--
na Europa, y no distante del ruido de las olas, tras
las que en su prolongada fuga se esconde el sol algu-
nas veces para todos los vivientes, se halla la dicho-
sa Callaroga (2), protegida por el grande escudo en
que vence el león, y á su vez es vencido (3) .
Aquel paraje fué la cuna del rendido amante de
la cristiana fe, del atleta santo, tan bueno para los
suyos como terrible para sus adversarios, y cuya
alma, al ser creada, tuvo tan viva virtud, que en el
seno de su madre le inspiró el dón de la profecía.
Celebrados los esponsales entre la fe y él en la
pila sacrosanta, en los que se dotaron de mutua
salud , la Dama que asistió por él vió durmiendo al
admirable fruto que debía provenir de él y de sus
sucesores; y para hacer mas ostensible lo que era,
descendió un espíritu para darle el nombre del que
le poseía por completo. Se le nombró Domingo (4) ,
y habló de él cual del labrador que escogiera el
Cristo para ayudarle en sus viñas .
Pareció bien á todos por el enviado y familiar del
Cristo, pues su primer amor fué por el primitivo
consejo que el Cristo diera.
Infinitas veces su nodriza lo halló despierto y arro-
dillado, cual si dijera en su silencio: « Vine á este fin .»
¡Oh tú , padre suyo, justamente llamado Félix, y
tú su madre, llamada Juana, á ser verídica la etimo-
logía de vuestros nombres (5) .
(1) España.
(2) Hoy Calahorra, do naciera Santo Domingo en 1170.
(3) Armas de Castilla.
(4) Domingo.
(5) Félix ó Dichoso. Juana en hebreo significa favo-
recida de la gracia.
-
352 -
El no fué de este mundo, en el que se siguen
afanosamente las lecciones de Ostia y Tadeo, porque
no pensó más que en el amor al verídico maná ( 1),
debido á lo cual en corto tiempo fué un insigne doctor.
Entonces principió á cultivar la viña que tan pronto
pierde su verdura si no llena su deber el encargado
de su dirección .
Y dirigiéndose hacia esa sede, en la que fuera
antes el pobre más socorrido (falta que no achaco á
la santa sede y al que ocupándola la denigra (2), no
exigió dispensas para poder dar dos ó tres por seis,
tampoco pidió el primer desocupado beneficio; non
decimas quæ sunt pauperum Dei, sino la licencia para
combatir herejes, para aquella simiente de la que
nacieron las veinticuatro plantas que se alzan en torno
tuyo (3).
Después, con su doctrina y voluntad juntas, in-
gresó en su apostólico oficio cual torrente desprendi-
do de un alto manantial, combatiendo con más fuerza
los retoños heréticos, allí do era mayor la resis-
tencia.
Pronto salieron de él algunos arroyos que fecun-
dizaron el católico jardín, dando vida nueva á sus
plantas.
Si una rueda del carro en que se defendió la Igle-
sia y derrotó á los enemigos, fué así, con facilidad
observarás la excelencia de la otra rueda (4) , de que
te habló Santo Tomás antes de mi llegada..
Mas las huellas que abriera la parte superior de
su circunferencia han sido abandonadas; de suerte,
que donde estaba el bien, está el mal ahora .
La familia que iba siguiendo fielmente las huellas
(1) El cardenal Ostiense, ó de Ostia, que escribió
sobre las decretales. Tadeo, médico florentino.
(2) Bonifacio VIII .
(3) Los veinticuatro Bienaventurados .
(4) San Francisco de Asis.
-
353 -
de Francisco, se ha desviado de tal modo de su
marcha , que hoy pone la punta del pie donde antes
sentara el talón. Más pronto se notará la mies ema-
nada del mal cultivo, que la zizaña se queje de que
no se la lleve al granero .
Concedo que hojeando todas las hojas de nuestro
volumen, todavía podría hallarse una página que
dijese: «Soy tal cual fuí » Mas no sería ni de Casala
ni de Aquasparta, de do vinieron dos hombres, que
uno afloja y otro lira exajeradamente de la regla.
De mí sabré decir que soy la vida de Buenaven-
tura y de Bagnoregio; en los grandiosos oficios en
que me educaron, prescindí siempre de los tempora-
les afanes. Iluminato y Agustin se hallan aquí (1);
ellos han sido los primeros que entre los pobres des-
calzos que llevando el cordón se hicieron amigos de
Dios .
Con ellos está aquí Hugo de San Victor (2), como
también Pedro Mangiadore (3) y Pedro el Español,
que luce en la tierra por sus doce libros. Lo mismo
que el profeta Nathan y el metropolitano Crisósto-
mo (4), y aquel Donato (5) que tuvo la dignación de
emprender el primer arte; luego sigue Rabán, y á
mi lado luce Joaquín, abad de Calabria , adornado del
profético espíritu .
Me ha sido necesario alabar a aquel héroe de la
Iglesia; tan conmovido me hallaba por la simpatía
ardiente y suave acento de fray Tomás, que cual á
mí, conmueve á esta cohorte entera . »
(1) Religiosos de San Francisco.
(2) Priorde San Victor, que falleció en el año 1142.
(3) O Comesto, historiador eclesiástico, nacido en
Lombardía .
(4) Arzobispo de Constantinopla.
(5) Gramático que enseñó á San Jerónimo .
DANTE 23
354 -
CANTO XIII
SUMARIO
Cuenta á Dante la vida de Santo Domingo, y le indica
que residen en el Sol. Este canto está dedicado á la
gloria de la vida religiosa.-Describe el poeta las
brillantes coronas, danzas y conciertos.-Después
ruega á Santo Tomás le explique el sentido de al-
gunas especies contenidas en el décimo canto.-
Salomón, el sabio rey, revela una verdad al poeta.
El que desee comprender bienlo que entonces ví,
que conserve aquella imagen mientras hablo, con la
fijeza de una roca. Quince estrellas irradiaban con
tal fulgor en algunos puntos del Cielo, que atravesa-
ban el aire más espeso: figúrense el carro para el que
el espacio del Cielo es asaz extenso, á fin de que de
día y de noche pueda volver el timón sin desapare-
cer. Figúrense la boca de aquel cuerno, que principia
en el pico del eje en torno del cual gira la esfera pri-
mera; figúrense que aquellas estrellas al juntarse,
describieron en el Cielo dos signos idénticos al que
formara la hija de Minos al sentir el frío mortal (1) .
Después, que uno de aquellos signos mezcla sus ra-
yos con otro, que los dos giran de suerte que van en
opuesto sentido, y tendrán idea de la sombra de la
werídica constelación y de la doble danza que había
alrededor mío , ó del punto en que me hallaba. Es
tan superior lo que vi á lo que comúnmente alcanza-
mos, como el movimiento celeste, que supera en ve-
(1) Se refiere a la corona de Ariana, colocada por
Baco entre las constelaciones (Ovidio).
-
555 -
locidad á todos los demás, sobrepuja al movimiento
de la Chiana (1) .
Se cantaba alli, no á Baco ni á Peán, sino a tres
personas de distinta naturaleza, y en una persona
sola se reunía la naturaleza divina con lahumana.
Los cánticos y las danzas pararon, y los santos
resplandores giraron hacia nosotros, regocijándose de
pasar del uno al otro cuidado .
Después , cesando el silencio que reinaba por
disposición de aquellos dioses, la luz, por la que
me fuera referida la historia del pobre Dios (2) , me
dijo:
Ya que queda trillado parte del grano (3), y se
halla reunido en su granero, el grato amor me invi-
ta á trillar lo restante.
Tú te figuras que en el costado del que fué extraí-
da la costilla para crear la hermosa boca, cuyo pala-
dar tan caro fué para el mundo (4), y que aquel
costado (5) que atravesó una lanza, por lo que de tal
suerte satisfizo la justicia de Dios, que hizo esta in-
clinar la balanza hacia el punto de sus méritos , sin
embargo del enorme peso de nuestras faltas, fué
extendida una igual luz á la que se concediera á la
humana naturaleza, por la gran virtud que hizo al
uno y al otro .
De manera que te sorprende cuanto he dicho, al
referir que el bienaventurado que encierra la esfera
quinta no tiene segundo .
Contempla mi respuesta, y notarás que tu idea y
mis palabras son, respecto á la verdad, lo que el cen-
tro respecto á todos los lugares del círculo.
(1) Río de la Toscana .
(2) Santo Tomás, quien refirió la vida de San Fran-
cisco.
(3) Ya que tu primera duda está deshecha.
(4) Eva.
(5) Costado de Cristo .
-
356 -
Lo que no perece y lo que puede perecer, se debe
considerar como un esplendor de aquel objeto que
Nuestro Señor engendra amando; pues aquella luz
viva (1), que emana del radiante Poder, sin des-
prenderse de él mas que el Amor, cuya relación hace
su trinidad, concentra por sus rayos por efecto de
bondad en nueve esferas, cual en un espejo, estando,
sin embargo, unida eternamente.
De allí desciende hasta los últimos poderes, ami-
norando su fuerza por grados, desuerte, que conclu-
ye por crear seres insignificantes. Esos seres son, á
mi juicio, las cosas engendradas que el Cielo en su
agitación produce con ó sin germen.
La materia de estos seres y la causa de donde
vienen, pueden obrar de diferentes maneras, y sea
cual fuere la forma peculiar de cada uno, siempre se
destaca en él más ó menos la divina idea; por lo que
se ve que un mismo árbol dá, con arreglo a su espe-
cie, frutos malos y
y buenos, y vosotros nacéis con
buenas ó malas inclinacioncs.
Si estuviera la materia dispuesta del todo y el
Cielo en toda su suprema virtud, se destacaría la ideal
belleza más acabada; mas la naturaleza da siem-
pre una imperfecta forma, asemejándose en sus obras
al artista que entiende el arte, pero cuya mano es
insegura.
De suerte, que si el amor ardiente predispone y
hace descender los rayos de la primitiva virtud, con-
seguimos la perfección en este punto. Por lo que un
día fué creada la tierra de una manera digna de toda
perfección animal, y por lo que la Virgen concibió
con pureza .
Mientras apruebo tu opinión, cuanto que nunca la
naturaleza humana fué ni será lo que pudo ser en
(1) El Verbo .
-
357 -
estas dos personas. Si no prosiguiera, tú exclamarías
ahora: ¿Cómo ese llegó á ser mi igual (1)?
Mas para que entiendas lo que aparece incompren-
sible, calcula quién era y la causa que le movió á
pecar al decirle: «Pide. >>>
No me he expresado de modo que no pudieses ver
claro que aquel hombre fué un rey que pidió sabidu-
ría para ser un buen rey.
No trato de saber el número de las celestes natu-
ralezas, ni si lo preciso con lo contingente danlo ne-
cesario, ó bien si est dare primum motum esse; ó si
en un semicirculo se puede colocar un triángulo sin
ángulo recto .
Si has entendido bien lo que dije, y aun esto, no-
tarás que la sabiduría real es la ciencia sin par, á la
que me refería. Y si pones tu atención además en las
palabras se elevó, verás que sólo pueden aludir á los
reyes; sin embargo, de tantos reyes, pocos fueron los
buenos .
Pesa la distinción que te hago de mis palabras, y
podrás conservar tu creencia para el primitivo padre
nuestro muy querido (2); que todo esto sea un con-
trapeso para tus pies, para que te haga mover con
lentitud cual hombre rendido, hacia el sí y el no, que
te es imposible ver.
Necio entre los necios es, el que sin distinguir
niega ó afirma lo que hace extraviar la general opi-
nión, y que nuestra mente sea ofuscada por las pa-
siones.
Iútil es que se aparte de la orilla, porque jamás
regresa á ella como antes el que corre en busca de
la verdad, sin estar seguro en su oficio. Irrevocables
pruebas son Parmenides , Brisso y otros muchos que
no sabían do caminaban .
(1) Salomón .
(2) Cristo.
-
358 -
Del propio modo obraron Sabellino y Arrio, y los
otros insensatos que fueron otros tantos áspides para
las Escrituras , en los que al mirarse los rectos rostros
parecían torcidos .
Que los hombres no se atrevan á juzgar, como lo
suele hacer el dueño de un campo de trigo antes de
que [llegue á sazón, pues ví mustio zarzal, seco en
el invierno, lucir después preciosas rosas, y un buque
hacer feliz y tranquila travesía, naufragando á la en-
trada del puerto .
Aunque Monna, Berta y miser Martino (1) vieran
volar y hacer ofrendas, no se figuren verlo cual se
ve en el divino consejo; porque puede caer el uno y
levantarse el otro .>>>
CANTO XIV
SUMARIO
Fortalecido cada vez más, asciende el poeta con Beatriz
al cielo quinto ó el de Marte.- Resplandeciente luz
en la que estaba Jesucristo con las almas de los
Bienaventurados que combatieran por la fe.-Armo-
nía celestial .
El agua que contiene un vaso redondo, va desde
el centro á la circunferencia y de ésta al centro (2),
según el movimiento que le da impulso de la parte
exterior ó interior. Esto pasó á mi espíritu tan luego
como la gloriosa alma de Tomás acabó de hablar,
(1) Berta y Martino, nombres de la plebe ó personas
ignorantes.
(2) Al hablar Tomás, Dante parecía colocado en el
centro de un vaso de agua agitada, y al hablarle Beatriz,
en la circunferencia de dicho círculo.
-
359 -
por el parecido que había entre sus palabras y las de
Beatriz, á la que plugo decir después de Tomás:
«Este, por más que no lo demuestre con la voz
ni con el pensamiento, necesita ver la raíz de otra
verdad .
Indicadle si la luz que adorna vuestra sustancia
subsistirá Jeternamente en vos, según se halla ahora ,
y de ser así, decidle lo que pasará luego que volváis
å ser visibles (1), para que no los perjudique la
vista.>>>
Como una explosión ó un arranque de alegría
agita y arrastra en un baile á los bailarines más bu-
Iliciosos, que alzan la voz y exageran sus gestos , así
los sacrosantos círculos significaron más ardor en sus
bailes é himnos magníficos al oir el expresivo ruego
que se les hacía .
Quien se querella de que tenga que morir aquí
abajo para morar en lo alto, no ha visto la divina
frescura de la lluvia eterna .
El uno, dos y tres, que vive é impera siempre
entre tres, dos y uno, y que sin circunscribirse lo cir-
cunscribe todo (2), fué tres veces cantado por cada
espiritu con tal armonía, que oirla sería suficiente
galardón á todo mérito .
Entonces percibí en la más bella luz del más pe-
queño círculo una modesta voz, cual la del Angel á
María, que repuso (3) :
«Todo el interregno que dure la festividad del Pa-
raíso, lucirá el amor nuestro alrededor de este ropaje .
Su reflejo es idéntico á la llama de nuestro
amor (4); este ardor viene de nuestras celestiales
(1) Luego de la Resurrección .
(2) LaTrinidad.
(3) Lamodesta voz, según Landino, es la de Pedro
Lombardo; otros autores dicen que era la de Salomón.
(4) Cuanto más sabemos, amamos más, y cuanto
amamos más, mayores la luz que nos rodea.
360 -
visiones, que serán tanto más altas, cuanto sea ma-
yor la parte que, á más de sus propios méritos, tenga
en la gracia el alma .
Al vestir la gloriosa y santa carne, será nuestra
persona más fácil de conocer. Entonces crecerá la
gratuita luz que nos regala el supremo bien; luz que
nos consiente verla, también entonces aumentará
nuestra visión santa, en el ardor que en ella se infla-
ma, y el rayo que se desprende del ardor.
Mas tal como el carbón que produce llama, sobre-
puja á ésta en deslumbradora hermosura, de suerte
que aparece en el centro de ella, así este resplandor
que nos cerca quedará vencido por el de la carne que
todavía cubre la tierra .
De manera, que ni podrá cansarnos aquel gran
resplandor, pues los órganos corporales serán sufi-
cientes á cuanto pueda labrar nuestra delicia .>>>
Me parecieron los coros tan ligeros en decir amén,
que pusieron de relieve su deseo de revestir sus mor-
tales cuerpos, sin que acaso fuera por ellos y sí por
sus madres, padres ó seres que les fueran amados
antes de ser eternales llamas .
Cuando hé aquí que alrededor de aquellos res-
plandores emana y se añade una claridad idéntica á
la de un luminoso horizonte, y tal como anochecido
principian á entreverse en el Cielo nuevos resplan-
dores que parecen ser y no ser, así creí ver nuevas
sustancias que describían un círculo fuera de las dos
circunferencias .
¡Ah verídico reflejo del Santo Espíritu! ¡Tan bri-
llante lo contemplaron mis deslumbrados ojos, que
les fué imposible resistirle!
Mas Beatriz se me mostró tan placentera, que
aquella visión quedará entre las que mi memoria no
pudo retener .
A pesar de ello , mis ojos alcanzaron la fuerza
precisa para alzarse, yme contemplé transportado con
-
-
361
mi Dama al cielo de una más grande salvación (1) .
En seguida noté que me encontraba á más altura ,
gracias a la sonrisa encendida de la estrella, que
hubo de parecerme más colorada que antes .
Contoda mi alma y con el acento trémulo, ofrec
á Dios el tributo de mi gratitud, debida a aquella
nueva gracia, y todavía no se había apagado en mi
corazón la llama del sacrificio , al percibirle aceptado
y gustoso, porque se me presentaron tan deslum-
brantes resplandores encarnados en dos rayos , que
exclamé: «¡Oh Helios (2), cómo los embelleces!
Como Galaxia (3) , que esmaltada de luces grandes
y pequeñas, describe entre los polos del mundo una
tan clara línea que hace dudar á los más sabios , di-
bujaban aquellos rayos constelados en las profundi-
dades de Marte el signo verídico (4) que forma en el
círculo la reunión de los cuadrantes .
La memoria vence aquí al talento, pues en aquella
resplandecía Cristo, y sería en vano que buscase digna
comparación .
Mas el que toma la cruz y va en pos del Cristo,
me perdonará lo que omito aquí, al contemplar un
día en aquel árbol el resplandor del Cristo.
Desde el uno al otro lado de la cruz y entre la
parte superior y la base, se agitaban dos luces bri-
llando con más fulgor al unirse y pasar á otro punto ,
según se ven en la tierra volar los átomos en curva ó
recta línea, pesados ó ligeros , variando continuamen-
te de aspecto, y removiéndose en el rayo que frecuen-
temente entra en la sombra, que el hombre en su
cuidado reserva contra el calor .
(1) Fué transportado á un más elevado cielo, por
lo que se acercó más á Dios, que es la verdadera sal-
vación.
(2) El Sol.
(3) Por la Vía láctea .
(4) La Cruz.
-
362 -
Y como el laúd ó el arpa que con sus muchas
cuerdas dan una suave melodía, hasta para el más
profano en las notas, aquellas luces principiaron sobre
la cruz una armonía que embalsamaba mis sentidos,
sin embargo de no entender sus estrofas .
Comprendí que encerraban altas alabanzas, pues
decian: <<¡Resucita y vence!» Mas me aconteció lo que
al que oye sin entender.
De tal suerte me hallaba arrobado, que hasta la
sazón nada me había ligado tan dulcemente.
Tal vez estas palabras se tengan por asaz atrevi-
das, por tener en menos que aquella dicha la de con-
templar los preciosos ojos en los que cifro mi anhelo .
Mas ella no ignora que las impresiones de todas
las bellezas son más vivas cuanto más se eleva quien
las siente, y que yo no me había vuelto hacia ella;
me podrá perdonar aquello de que me acuso para
escusarme, al notar mi veracidad, pues el placer sa-
crosanto que emana de aquella mirada, no puede
explicarse, puesto que, conforme nos elevamos , es
más puro.
CANTO XV
SUMARIO
El tatarabuelo de Dante, Cacciaguida, lo acoge tierna-
mente.-Esplícale la genealogía de los Alighieri.-
Después habla de las antiguas costumbres de Floren-
icia.-Acaba por decirle que combatiendo á los turcos,
murió por la fe de Cristo.
La buena voluntad por la que se manifiesta el
amor cuya idea es sana, así como la de la concupis-
cencia se manifiesta por una nefanda voluntad, hizo
- 363 -
callar á aquella suave lira y reposar las santas cuer-
das (1) que tira y afloja la mano celestial .
¿Podrán ensordecer á las súplicas justas, las sus-
tancias que para inspirarme el deseo de dirigirles yo
una, guardaron acorde silencio?
Muy justo es que se queje el que por amar cosas
perecederas se deshace de aquel otro amor.
Según fuego voraz que recorre un reposado y puro
cielo y se lleva nuestras hasta entonces indiferentes
miradas , asimulando á una estrella que cambia de
sitio y que dela parte en que brota y dura poco, no
se extingue claridad alguna, noté yo del extremo de-
recho al fin dela cruz volar un astro (2) de la conste-
lación brillante en aquel cielo.
En vez de soltarse el diamante, recorrió la lu-
minosa línea, asemejando fuego tras del alabastro .
No apareció la sombra de Anquises con menos
piedad (si hemos de dar crédito á nuestra prime-
ra musa) al percibir á su hijo en los Elíseos Cam-
pos.
De suerte que puse en ella toda mi atención , y
volviendo la vista hacia mi Dama, entre las dos me
quedé asombrado . En sus ojos brillaba tal sonrisa ,
que creí ver por los míos el fondo de mi gracia y
Paraíso (3).
Después, aquel espíritu que inspiraba tal dulzura,
añadió á sus primeras frases cosas que no entendí;
tanta era la divinidad con que se expresaba, no por-
que tuvieran idea de ocultármelas, sino porque tenía
que hacerlo precisamente, por ser superior su con-
cepción á la inteligencia humana.
A pesar de esto, así que el acto de su afecto ar-
diente se extendió suficientemente para que su voz
(1) Se refiere á las almas de los Bienaventurados.
(2) El alma de Cacciaguida, tatarabuelo de Dante.
(3) Creía encontrarse en el colmo de la felicidad.
-
364
descendiese hasta los límites de nuestra comprensión,
hé aquí lo que primero pude oir: «¡Trino y uno,
bendito seas, que tan benéfico te muestras á mi
sangre!>>
Luego añadió: «El grato y dilatado deseo que hizo
brotar en mí la lectura de aquel inmenso volumen,
en el que jamás cambian lo negro y lo blanco, fué
calmado por tí, hijo mío, en medio de la luz que te
dirijo la palabra; le doy gracias rendidas á la que te
procuró alas para volar á estas alturas .
Te figuras que viene hasta mi tu idea por medio
del que es primero, como de la conocida unidad
vienen el cinco y el seis; por lo que no me pregun-
tas quién soy, ni por qué me he fijado en tí más
regocijado que cualquiera otro de esta cohorte alegre .
Te figuras lo que es; pues en esta vida los pig-
meos y los grandes, miran el espejo en el que antes
de pensar se retratan los pensamientos .
Mas para que el sagrado amor que continuamente
contemplo con ojos fijos, y que me inspira un deseo
dulce, arribe al colmo de su regocijo, di con voz
firme y alegre tu deseo, pues que mi contestación se
halla preparada .
Me volví á Beatriz, y como antes de respirar me
comprendiera, me sonrió de suerte que acrecentó mi
anhelo .
En aquel punto principié así: «Desde que logras-
teis la primera igualdad, el amor y la sabiduría son
de idéntico peso en vosotros; porque en el Sol (1 )
que os alumbra con su brillantez y os abrasa con su
ardor, son tan idénticas ambas virtudes, que las otras
semejanzas serían vanas.
Mas la voluntad y poder en los mundanos tienen,
por una causa que nos es desconocida, desiguales
alas. Por lo que yo, que soy mortal, percibo aquella
(1) Dios.
-
365-
desigualdad en mi, y sólo de corazón os agradezco
vuestra paternal acogida.
Perla viviente que enriqueces ese joyel magnífi-
co (1), te ruego me indiques tu nombre>>
«¡Querido retoño mío, cuya espera me complacía
tanto, yo he sido tu raíz!>>--Tal fué su respuesta.
Después añadio: «Aquel, del que tomó origen tu
raza y que más de cien años se ocupa en dar la
vuelta á la cuesta primera de la montaña, fué mi
hijo y bisabuelo tuyo; es necesario que tus oficios
aminoren su larga fatiga.
Casta y sobria vivió en paz Florencia en su anti-
guo recinto, desde el que percibe las horas tercia y
nona, ni tenía argollas ni corona, ni esbeltas muje-
res , ni más preciosos cinturones que las personas que
los lucian; y al nacer la hija no amedrentaba á su
padre, pues la hora de enlazarla y el dote no habían
rebosado aún toda codicia .
A la sazón no se hallaban casas sin niños , ni había
aparecido Sardanapalo para demostrar lo que en un
aposento puede practicarse.
Montemalo (2) todavía no era vencido por vuestro
Uccellatojo, que igual lo superará en pujanza como
en decaimiento .
Ví salir á Bellinción Berti (3), con cinto de cuero
y hueso, y apartarse del espejo á su mujer con la
cara sin afeites .
Ví á los de Nerli y Vecchio, conformarse con una
piel simple, y á sus mujeres dedicadas á hilar. ¡Oh
venturosas mujeres! las cuales todas sabían el sitio
(1) La cruz de fuego.
(2) Montemalo ó Monte Mario, cerca de Roma; Ucce-
llatojo, monte cercano á Florencia; significa que Roma
aun no había sido vencida por Florencia, mas que pronto
acabaria el esplendor de ésta.
(3) El padre de la bella Gualdrada .
-366 -
de su tumba, y que ninguna de ellas se hallaba sola
en su lecho para la Francia .
Una velaba su cuna, y para acallar al pequeñue-
lo, hacía uso de aquel eco que forma el primer rego-
cijo de los padres y las madres, en tanto que otra,
tirando de la blanca cabellera de su rueca, razonaba
con su familia respecto de los troyanos, de Roma y
de Fiesole .
A la sazón un Cianghella ó un Lapo Salterello,
hubieran causado la misma novedad que hoy causa-
rian un Cincinato ó una Cornelia .
Invocada á gran voz la Virgen María, permitió que
naciera bajo una dulce techumbre, do se disfrutaba
la más completa paz y la más leal civilización, y en
vuestro bautisterio antiguo fuí á un tiempo llamado
cristiano y Cacciaguida.
Eliseo y Moronto fueron mis hermanos; mi mujer
era procedente del valle del Po, y de allí se formó tu
segundo nombre. Luego seguí al emperador Conra-
do (1 ) , que premió mis hechos gloriosos. A su ser-
vicio fuí contra la ley maligna de aquel pueblo (2),
que por causa de vuestro pastor usurpó los dominios
vuestros .
Aquella infame raza me libró allí del mundo fe-
mentido, cuyo amor tantas almas envilece, y el tor-
cedor me proporcionó esta paz santa.»
(1) Conrado III, que murió en 1152.
(2) Los sarracenos, que entonces devastaban la Italia.
367 -
CANTO XVI
SUMARIO
Indica Cacciaguida el sitio y época de su nacimiento.-
Dice lo que entonces era la ciudad de Florencia, las
principales familias que en élla figuraban, y última-
mente, los desórdenes que vinieron de las costumbres
nuevas .
¡Ah raquítica nobleza de la sangre, si eres el
móvil del orgullo de los hombres en esta tierra donde
tan débil es nuestro espíritu , no serás ya nunca para
mí objeto de veneración, pues que allí do no hay
mezquinos deseos (en el Cielo), me glorificaba de
ello!
Verdaderamente eres un ropón que luego se
acorta, á no estirarlo de continuo, por circuirle con
su tijera el tiempo .
Por la frase vos, á la que rindió vasallaje Roma ,
Ja primera , y en el uso de la que sus descendientes
perseveraron menos , tornarán á comenzar mis pa-
labras .
Beatriz , que se hallaba un tanto apartada á la
sazón, empezó á sonreir, asemejándose á la que tosió
á la primera falta de esa Ginebra de que tratala Cró-
nica (1).
Principié de este modo: «Vos, mi padre, sois quien
me dais la precisa fuerza para hablar; tan alto me
eleváis, que soy infinitamentemás de lo que fuera.
(1) Téngase presente el episodio de Franca de Ri-
mini .
-
368 -
Mi alma, fertilizada por tantos raudales, se convierte
en una fuente de alegría que contiene sin romperse.
Amado tronco, decidme quiénes fueron vuestros
abuelos , y qué años formaron época en vuestra niñez.
Mencionadme el rebaño de San Juan (1); indicad-
me lo que fuera á la sazón, y quiénes eran los per-
sonajes y los que ocuparon los puestos encumbrados .>>>
Como el carbón es avivado por la llama al soplo
del viento, así ví brillar á mis caricias aquel resplan-
dor; y si hermoso pareció á mi vista, más grato fué
su acento á mi oído, cuando me dijo, y no en nuestra
flamante lengua:
«Desde el día que se dijera Salve (2), al parto en
que mi madre, que hoy es una santa, se vió libre de
mi peso, ese planeta (3) se inflamó quinientas cin-
cuenta y tres veces debajo de los pies de su león.
Mis abuelos y yo vimos la luz en el lugar do se
halla el último distrito de la ciudad (4), para el que
corre en vuestros anuales juegos .
Confórmate con esto, relativamente á mis abue-
los; lo que han sido y su procedencia, es mejor ca-
llado que hablado .
Cuantos se hallaban á la sazón en aptitud para
llevar las armas, desde la estatua de Marte (5) al
Baptisterio, formaban un quinto de los que en la ac-
tualidad hay con vida; mas la población, que es ahora
una amalgama de gentes de Campí, Figgine y Cer-
taldo, era entonces pura, hasta el más humilde in-
dividuo .
¡Oh! ¡Más valiera tener por vecinos á los que nom-
bro, y que nuestra frontera se hallase en Galluzzo y
Trespiano, que sustentar tales gentes dentro de vues-
(1) Alude á Florencia, cuyo patrón es San Juan.
(2) De la salutación del ángel a 1090 6 1091.
(3) Planeta Marte.
(4) Barrio de San Piero .
(5) Estatua de Marte en Ponte Vechio .
369
tros muros y tener que aguantar el hedor del labriego
de Aguglione y del Signa, que se apercibe ya al
tráfico!
Si la nación más degenerada de la tierra no se
hubiera conducido cual madrastra con César, y casi
cual cariñosa madre con su hijo (hubo florentino,
mercader ó cambista que se hubiera vuelto á Simi-
fonti , do su padre pordioseaba), aún los Conti se ha-
llarían en Montemurla, en Cerchí, en Pievre de An-
cona y acaso en Valldigrieve los Buondelmonti.
La confusión de las clases ha sido siempre la base
de las desgracias de una ciudad, cual lo es para el
cuerpo la acumulación excesiva de alimentos .
Ciego el toro , se rinde al cordero ciego , y sola una
espada, corta alguna vez mejor que cinco. Si te paras
en Luvi y Urbisaglia, y de la manera como desapa-
recieran y cual siguen en pos de ellas Chiusi y Sini-
gaglia, no te asombrarás al ver cómo se desvanecen
las familias, cuando hasta los mismos pueblos tienen
época marcada .
Vuestras cosas fenecen cual vosotros, aunque al-
gunos objetos lo disimulan, y parecen durar á causa
de la cortedad de nuestra vida.
Como la carrera del cielo de la Luna, que oculta
y descubre continuamente las orillas del mar, prac-
tica respectivamente á Florencia la fortuna. De suerte,
que no se debe extran de lo que diga de aquellos
debe extrañar
florentinos , cuya fama yace envuelta en las corrientes
de los tiempos. Ví á los Ughi, los Catellini, los Fi-
lippi , los Greci, los Ormani y Alberichi, siendo ciu-
dadanos ilustres, á su decadencia; ví del mismo modo
juntos con los de Senella y los de Arga, á los Sol-
danieri, Ardiaghi y Bostichi, tan grandes como anti-
guos.
Próximos á la puerta, cargada hoy con una fla-
mante felonía de tanta gravedad, que luego hará zo-
zobrar vuestra nave, se hallaban los Ravignani, de
DANTE 24
-
370 -
os que descendieron el conde Guido y cuantos toma-
ron luego el nombre del grande Bellincione .
Ya sabía gobernar Della Pressa, y Galigaio había
dorado en su casa la guarnición y pomo de su es-
pada.
Inmensa era ya la columna del Vair (1), é ilus-
tres los Sachetti, Guiochi, Siſanti, Barucci, los Galli
y los que se avergüenzan á la idea de la medida (2) .
La rama de donde vinieran los Calfucci ya era
grande, y ya habían sido elevados á las sillas curu-
les los Sizzi y los Arriquzzi .
¡Qué poderosos contemplé á los que se destroza-
ron con su orgullo propio! Las bolas de oro lucían en
todos los grandes hechos de Florencia.
Igual practicaban los padres de los que, según
queda vacante la sede episcopal, engordan concu-
rriendo al Consistorio. La altiva familia (3), terrible
cual un león para el que huye, y mansa cual la ce-
bra para el que le muestra los dientes ó el bolsillo ,
principiaba á destacarse; mas eran tan pigmeos sus
hombres, que no quiso Ubertino Donato que su sue-
gro le enlazase con ella.
El Caponsacco ya había venido de Fiesole al
mercado y Ginda é Infangato eran ya buenos pa-
tricios .
Una cosa increbíle y veridica te diré; se penetra-
ba en el insignificante recinto que formaba la ciudad
por la puerta pequeña que tomaba nombre de la
casa de la Pera .
Los que ostentan las preciosas insignias del gran
barón (4), cuya honra y nombre se animan en la
fiesta de Tomás, recibieron sus órdenes caballeres-
(1) El escudo de los Billi.
(2) Los Chiaramontió Tosinghi , que alteraron la me-
dida del grano.
(3) Los Adiriam .
(1) Hugo , el marqués de Toscana .
-
371 -
cas y sus privilegios, por más que estuviera adheri-
do al bando del pueblo el que rodea su blasón con
bordado de oro .
Existían ya los Gualterotti é Importuni, y sería
más grande el sosiego del Borgo, á no haber encon-
trado vecinos nuevos .
La casa de donde emanaron vuestros torcedores ,
por la justa cólera que os destruyó y puso término
á vuestra vida venturosa, llegó con los suyos á los
honores más encumbrados. ¡Ah Buondelmonte! ¡Qué
mal obraste evitando su enlace (1) cediendo del otro
á las instancias !
Algunos tristes se hallarían alegres, si Dios hi-
ciera dón de tu cuerpo á Ema, cuando por primera
vez fuiste á la ciudad. Necesario era, sin embargo,
que Florencia inmolara una víctima sobre la piedra
quebrada que guarda el puente, ya que ha desapare-
cido la paz.
Con ésta y otras varias familias ví á Florencia en
completa calma, y no tenía causa alguna por qué
llorar; he visto á su pueblo con dichas familias tan
justo y glorioso, que jamás la flor de lis que forma
pico de la lanza, se vió enrojecida ni inclinada por
discordia civil . »
(1) Y enlazarse á una Donati ; de aquí partieron las
querellas entre los güelfos y los gibelinos.
372
CANTO XVII
SUMARIO
Recuerda Cacciaguida al poeta las desgracias que le
predijeron en el Infierno y en el Purgatorio.- Vati-
cina á su vez à Dante su destierro de Florencia, y la
hospitalidad que encontrará entre los señores della
Scala. Ultimamente le encarga que escriba cuanto
ha visto en su viaje.
Como el que llegó á Climene para orientarse de lo
que contra él oyera, y cuya imprevisión es motivo aun
de que los padres confíen menos respecto á sus hi-
jos (1), quedéme yo, y tal parecí á Beatriz y áá la santa
luz (2) que por mi cambió antes de sitio.
La Dama dijo entonces: «Exhala el ardor de tu
nhelo, á fin de que se vislumbre impreso su inte-
rior sello; no porque tus palabras te nos manifiesten
mejor, sino para que te determines á revelar tu
sed y te pueda proporcionar otro el elixir para cal-
marla. »
-<<¡Oh dulce tallo mío! es tanta la altura de tu
elevación, que cual ven los espíritus terrenales que
no hay triángulo suficiente á contener dos obtusos
ángulos, percibes tú las cosas contingentes antes de
suceder, con sólo mirar el sitio en que son presentes
todos los tiempos .
En tanto que bajo el apoyo de Virgilio, me halla
(1) Faetonte exigió á Climene le dijese si era tal
hijo de Apolo .-Además era tan poco previsor y guiaba
tan mal el carro de su padre, que enterados los otros
padres, fueron desde allímenos confiados en sus hijos .
(2) Cacciaguida.
-
-
373
ba en el monte donde se curaban las almas y mien-
tras bajaba al mundo de los muertos, se me mani-
festaron cosas de tal transcendencia respecto á mi fu-
tura vida, que aun creyéndome un tetragono contra
los embates del porvenir, quisiera saber la suerte
que me está deparada, pues que siempre trae más
calma la flecha prevista.>>>
Esto manifesté á la luz que me hablara antes,
para insinuarle mi deseo según idea de Beatriz . Y
en lugar de las ambigüedades en que caían los pue-
blos locos (1) antes de que fuera inmolado el Cor-
dero de Dios, redentor de las culpas, me respon-
dió en correcto latín y claras frases aquel paterno
amor habido en su luz que se manifestaba son-
riendo:
<<Lo contingente, que no pasa más allá de los lí-
mites de vuestra materia, se halla todo figurado bajo
la eterna mirada; á pesar de ello, la necesidad depen-
de sólo de la mirada del que ve por la corriente des- 1
cender la nave .
De aquí llega á mis ojos la época que para tí se
aproxima, según viene al oído el dulce eco del ór-
gano.
Partió Hipólito de Atenas por la malevolencia y
perfidia de su suegra, según partirás tú de Floren-
cia. Esto es lo que se desea, lo que se pide y lo que
no tardará en verificarse, por lo que del asunto se
ocupan allí donde diariamente se comercia con el
propio Cristo .
El delito surgirá del vencido partido, según uso;
mas la divina venganza probará la verdad; élla, que
es dispensadora de las venganzas .
Precisado te verás á separarte de tus más queridos
objetos; éste es el primer flechazo que arroja el arco
del destierro; sufrirás el mal sabor del ajeno pan, y
(1) Por los oráculos de las Sibilas.
-
374 -
el cansancio que da el subir y bajar por la escalera
de otro. Mas tu carga pesada será la estúpida y
mala compañía, con la que te dirigirás al valle;
pues desagradecida, loca ¿é impía, se declarará en
contra tuya, si bien al poco trecho se ruborizará por
ello .
Su proceder será el proceso de su brutalidad, de
suerte que será grande loor para tí el haberte forma-
do tú solo un partido. Tu primer auxilio y tu primer
asilo, se deberán á la cortesía del gran Lombardo
que conduce sobre su escala el ave sacrosanta (1 ) .
Pondrá en tí tan magnífica mirada, que entre
ambos el favor y el ruego será primero el que entre
los demás tiene costumbre de ser último . Al lado de
él notarás al que al nacer recibió una fuerza tal de
aquella estrella, que serán hermosos todos sus
actos (2) .
Aun los pueblos no tuvieron motivo de notarlo ,
por causa de su corta edad, pues sólo nueve años
giran estas esferas á su alrededor. Mas antes de que el
Gascón (3) sorprenda al gran Enrique (4), principia-
rá á resplandecer el fuego de su virtud en menos-
precio al oro y las fatigas. Hasta tal punto será mag-
nánimo , que ni sus contrarios callarán respecto
á ello .
Puedes contar con él y sus beneficios; muchos
hombres serán reformados por él, y ricos y pobres
cambiarán su condición. No digas á nadie las pre-
dicciones que sobre él te acabo de hacer, mas procu-
ra esculpirlas en tu mente.>> Otras cosas me insinuó
que parecerán increíbles hasta á los que las vean.
Después añadió: « Estos son los motivos de lo que
(1) No están acordes los comentadores respecto de
este gran Lombardo.
(2) El Grande Can, nacido en la influencia de Marte .
(3) El Papa Clemente V.
(4) Enrique VII, emperador, fallecido el año 1313.
-
375 -
te se dijera, y estos los lazos que te se esconder
detrás de pocos años.
Sin embargo, quiero que los vecinos no exciten
tu envidia, pues tu vida será más duradera que el
plazo prefijado para castigo de su avilantez . »
Así que la santa alma demostró con su silencio
haber concluído la trama que necesitaba la tela que
para su urdimiento le presentara yo, fluctué cual el
que quiere aconsejarse de persona capaz de amar y
ver recta y cariñosamente .
Ya noto, padre mio, que el tiempo aguijonea su
corcel hacia mí para asestarme un golpe tanto más
brusco, cuanto que se cede á él con más facilidad;
siendo así, será oportuno armarme de previsión ,
para que si se me despoja del sitio que me es más
amado, no pierda los demás para mis estrofas .
Allí abajo en la tierra siempre amarga, y en la
preciosa cima de la montaña de do me sacaran los
ojos de mi Dama para conducirme al Cielo, supe cosas
tales, que el mencionarlas acaso sería para algunos
harto duro . Pero siendo un amigo tímido de la ver-
dad, me espongo á que se confunda mi vida con la
de los que llamáis al presente, antiguo tiempo.>>>
La luz en que sonriera el tesoro habido para mí
en aquella esfera, principió á lucir cual espejo de oro
á los rayos del sol, y me dijo :
<<Unicamente una conciencia manchada por su
mismo rubor ó por el de otro, hallará violenta tu voz .
De suerte, que no debes incurrir en mentira alguna ,
y más bien depón tu visión, quedando para el sar-
noso el oficio de rascarse do le pique. Si al pronto tu
palabra es áspera al paladar, dejará en cambio una
alimentación sana al hallarse digerida .
Tu voz será cual el vendabal que azota especial-
mente las cumbres más elevadas, lo que será muy
honorifico. Por esto sólo te fueron presentadas en
estas esferas en la montaña y en el valle del dolor
-
376 -
almas de acreditada fama; pues el espíritu del que
oye no pára su atención ni su fe en ejemplos de os-
curo y no conocido origen, ni en obras apenas per-
ceptibles>>>
CANTO XVIII
SUMARIO
IndicaCacciaguida á Dante algunos de los Espíritus
que formaban la Cruz de Marte.-El poeta, guiado
todavía por Beatriz, asciende al planetaJúpiter, ó al
sexto cielo.- Ve a las almas de los Santos describien-
do unasticia
grande
sanajusticia águila; son los que administraron
en latierra.
Aquel bienaventurado espíritu se deleitaba ya en
mis palabras, mientras yo saboreaba mis reflexiones ,
templandolo dulce conlo amargo , cuando la mujer
que me guiaba á Dios, dijo: «Muda de idea y calcula
que me hallo próxima al que nos aligera del peso de
nuestras faltas .>>>>
Me volví á la tierna voz de la que me anima, y
dejo de describir el amor que entonces contemplé en
sus divinos ojos, no sólo por desconfianza de mis pa-
labras, sino también por lo débil de mi espíritu, que
mal podría repetir lo que no alcanza, á no servirle
otros de guía.
Unicamente aseguraré, que al considerarla, mi
amor quedó exento de todo deseo. En tanto que la
eternal alegría irradiaba el peregrino rostro de Bea-
triz, hacía mi dicha con su inspirado aspecto; pene-
trándome ella á la luz de una sonrisa, me dijo :
«Vuélvete y oye, pues el Paraíso no se halla so-
lamente en mi vista.>>>
377 -
Tal como en el semblante se dibuja algunas veces
la vehemencia de la pasión que arroba el alma, noté
yo en las chispas del santo resplandor, al cual me
volvía , el deseo de proseguir algún tiempo más nues-
tra conversación .
Yal efecto respondió: « En esa quinta zona del ár-
bol que por la copa se vivifica, dando continuo fruto
sin perder nunca sus hojas (1), hay felices espíritus
que antes de llegar al Cielo tuvieron allá abajo tan
inmensa celebridad, que no se halla musa que no
ensalzara sus actos.
Repara los brazos de la cruz, y los que ahora te
nombre verificarán lo que en la nube su fuego veloz .
Sobre la cruz ví que pasaba un resplandor con
nombre de Josué, así que fué nombrado, sin que su
nombre me fuera conocido antes de pasar.
Al nombre del gran Macabeo vi agitarse una luz
que daba vueltas; el regocijo era el látigo de aquel
celestial peón.
Al oir nombrar á Carlomagno y Rolando, mi vista
siguió cuidadosa á dos luces, cual sigue el cazador el
vuelo del halcón.
Después á mi vista pasaron sobre aquella cruz
Guillermo, Ricardo, el duque Godofredo (2) y Ro-
berto Guiscardo; la luz que antes me dirigiera la pa-
labra, también se agitó, y mezclándose con las demás
me enseñó lo artista que era entre los cantantes ce-
lestiales .
Me volví á la izquierda á fin de que Beatriz me
indicase con el ademán ó la mirada lo que debiera
hacer, y noté tal pureza en sus ojos y tal alegría en
su rostro , que sobrepujaba en hermosura á todos los
(1) El planeta Marte , circulo quinto del Paraiso.
(2) Godofredo duque de Lorena, conquistó á Jeru-
salén. Guiscardo, duque de Normandia conquistó á
Sicilia .
-
378 -
demás, y hasta á la misma belleza que antes admi-
rara en ella .
Y cual con creciente regocijo ve el hombre incli-
nado al bien, que avanza de día en día hacia la vir-
tud, vi yo que mi ascensión circular dibujaba en el
Cielo un mayor arco, al contemplar á Beatriz , decha-
do de belleza , más deslumbradora cada vez .
Como se desvanece el rubor de la nivea mejilla
de la mujer que perdió la vergüenza, conoció mi
vista, al volverme en la tenue blancura del sexto
planeta (1), que me acababa de admitir en su seno , y
que el amor que residía en aquel faro deJúpiter, des-
cubría á mis ojos nuestro abecedario entre sus rayos .
Las aves que se alzan sobre el río y que al vislum-
brar su alimento forman veloces una línea, ya cur-
va, ya recta, no se pueden comparar por su ligereza
con las criaturas sacrosantas que cantaban volan-
do entre la luz, describiendo ya una D, ya una I, ya
una L.
Al principio se agitaban acompasadamente can-
tando; y después de trazar uno de aquellos signos,
pasaban y callaban.
¡Oh musa íntima de Pegaso, que cantando eter-
nizas los espíritus y haces inmortales cual tú las
ciudades y naciones, dame luz para que pueda reve-
lar aquellos rostros, según los ví, y haz notable tu
valimiento en estos pocos versos !
Las luces por cinco veces formaron siete vocales
y consonantes, y anoté por orden aquellos trazos, se-
gún la manera cómo se me presentaban.
Diligite Justitiam: este es el primer verbo y nom-
bre de toda composición; Qui Judicatis Terram, los
últimos . Al trazar la M de la postrera palabra, aque-
llas luces tenían tal disposición, que Júpiter parecía
de oro y plata .
(1) Planeta Júpiter.
-
379 -
En aquel punto ví bajar otros resplandores sobre
la superior parte de la M, do pasaban cantando: Creo
en el bien que las atrae.
Y cual del choque de dos brasas brotan infinidad
de chispas, tenidas por los necios por otros tantos
augurios, así miles de resplandores parecían subir,
unos á gran altura, otros no tanto, según la distri-
bución del sol que los alumbra. Al estar cada uno
en su sitio, ví que formaban la cabeza y cuello de un
águila.
No necesita guía el que pintó esto; él mismo se
basta, y de él viene la virtud que da forma á los
nidos. Los otros bienaventurados, que en un prin-
cipio se conformaban con fabricar sobre la Muna
corona de lis, hicieron luego una pequeña oscilación
y quedó acabada la forma del águila.
¡Ah grata estrella! ¡Cuántas joyas preciosas me
indicaron que nuestra justicia es obra del Cielo, del
que eres diamante divino!
Por lo que pido á la razón, principio de tu fuerza
y movimiento, que indague de dónde procede el
humo que oscurece tus rayos, para que se irrite
nuevamente contra los comerciantes del templo que
debió su cimiento á los milagros y á la sangre de los
mártires .
¡Oh milicia del cielo que contemplo, adora á Dios
por los que existen en la tierra extraviados por causa
del ejemplo nocivo !
Antes era costumbre hacer guerra con la espada;
hoy se practica arrebatando aquí y allí el pan que el
padre caritativo reparte entre sus hijos.
Mas tú, que escribes tan sólo para borrar (1), cal-
cula que Pedro y Pablo, que murieron por la viña
que tú abandonas tanto, viven aún. Puedes decir con
(1) Bonifacio VIII, a quien se acusa de alzar entre-
dichos, por sólo procurarse dinero al levantarlos.
-
380 -
verdad: « Pongo de tal suerte mis deseos en el que
apeteció morir solitario (1) y fué arrastrado al tor-
mento, que desconozco al pescador y á Pablo .
CANTO XIX
SUMARIO
Apóstrofe contra las simonías y avaricia de sus tiem
pos.-Interroga el poeta á las Almas que describen
la celeste Aguila, sobre la posibilidad de salvarse ó
no el que no conociera y practicara la fe cristiana.
Delante de mí , y con las alas tendidas , estaba la
bella imagen que con su dulce arrobamiento acrecen-
taba el placer de las almas allí reunidas. Asemejaban
preciosos rubíes que reflejaban en mi vista herida
por los resplandores del sol más refulgente. Lo que
ahora debo bosquejar, no puede cantarlo voz humana ,
ni aun concebirlo; pues ví y aun percibí al pico decir
en su voz peculiar: yo y mío, no teniendo en su idea
el vos y el vuestro .
Después empezó así : «Me hallo elevado á tal glo-
ria, por haber practicado la justicia y la piedad,
gloria que no puede eclipsar deseo alguno. En la
tierra es tan grata mi memoria, que aun la malevo-
lencia la ensalza, á pesar de que no sigan sus
huellas.>>>
Y como es uno exclusivo el calorque dan distintos
tizones , uno sólo era el eco que venía
jade aquella, sin
embargo de formarla distintos amores.
(1) Quiere decir en los fiorines que tenían la imagen
de San Juan Bautista .
-
381 -
Yo respondi: «¡Ah! eternas flores del continuo
goce, que cual único aroma me dáis vuestros per-
fumes
fumes, reposad, exhalando la crudeza del inmen-
so ayuno que tan grande hambre me hizo pasar
allá en el mundo, do para mí no existía ningún
alimento .
No ignoro que si la divinajusticia es espejo para
otra esfera, la vuestra deja de percibirla á través de
un crespón; vosotros no ignorais la atención con que
la oigo, ni la duda que siembra en mi un ayuno tan
antiguo.>>>
Como el halcón al contemplarse desembara-
zado de su capirote, bate las alas, y orgulloso de-
muestra sus deseos, vi agitarse al águila formada
de alabanzas de divina gracia, cuyas voces sólo pue-
den entender los que gozan de ellas en las alturas.
Luego respondió: «El que giró su compás al ex-
tremo del mundo, y que guardó en el espacio tan-
tos objetos ocultos y potentes , no pudo dejar en todo
el orbe más inmensa prueba de su poderío que su
Verbo no la sobrepujase; la que nos enseña que
el primer orgulloso, sin embargo de tener más
talla que ninguna otra criatura, cayó antes que al-
canzara la razón que da la gracia, por no esperar
la luz .
De lo que viene, que toda criatura de menos talla
que aquélla, es receptáculo asaz angosto para dar
cabida á un bien sin límite, y que sólo se puede me-
dir por si propio; así, nuestra vista (que no es más
que uno de los rayos del espiritu que todo lo llena),
no puede por su pequeñez tener fuerza tal, que note
su principio en los preciosos límites .
La vista que se dispensa á nuestro mundo, penetra
en la eternal justicia cual el ojo en el interior del
Occéano, el que aunque vea el fondo en la orilla, deja
de verle en la alta mar; el fondo está, mas la pro-
fundidad le esconde .
-
382-
No hay luz que no emane de este paraje sereno,
que nunca se ve cubierto de celajes; fuera de él
todo son tinieblas y sombras de la carne ó su pon-
zoña .
Creo haber descorrido suficiente el velo que te
ocultara á la viva justicia, sobre la cual preguntabas
y decías:
«La criatura nacida en el Indostán, do nadie nom-
bra al Cristo, ni sobre él se lee ni escribe, siendo sus
actos y deseos sanos y morales, la vida de aquel sér
no debe tener tacha; y aun muriendo sin bautizar y
sin fe, ¿con qué justicia se podrá condenar? ¿Qué
tanto de culpa tendrá por no creer?
A pesar de ello, ¿quién eres tú para querer perte-
necer a un tribunal que ha de juzgar á miles de mi-
llas, siendo así que tu vista no domina mas que un
palmo de distancia? Verdaderamente habría materia
de duda y asombro para el que fuera, como yo, á no
resplandecer la Escritura en vosotros .
¡Oh seres terrenales! ¡Ah menguados espíritus !
La primitiva voluntad, sana por sí propia, jamás se
apartó de sí, que es el bien infinito. Unicamente es
justo lo que le es afin; no existe bien creado que la
pueda atraer; ella es la que produce el bien con sus
resplandores . »
Como cigüeña que se agita en el nido luego de
haber templado la necesidad de sus hijuelos, y cual
el que de éstos la mira satisfecho, así alcé yo la
frente ante la imagen que tendiera sus alas movidas
por infinitos espíritus.
En tanto se agitaban , decía cantando: «Mis acor-
des serán oscuros para tí, cual lo es para los que mo-
ráis allá abajo la eterna justicia. »
Los magníficos acordes del Santo Espíritu siguie-
ron todavía reposando en el signo hecho á los roma-
nos, tan temibles para el mundo entero; añadiendo
el águila: «Jamás pudo ascender á este imperio
-
383 -
quien no creyó á Cristo, antes ó luego de su martirio
en la Cruz. Hay ecos que vocean: ¡Cristo, Cristo ! que
en el instante del juicio final se hallarán más aleja-
dos de él que alguno que no conociera al Cristo.
Semejantes cristianos los condenará el etíope al
separarse ambos colegios, uno rico para la eternidad,
otro pobre para siempre .
¿Qué dirán los persas á vuestros reyes al ver
abierto el libro do están trazadas todas sus torpezas?
Entre los actos de Alberto se notará aquel que luego
lanzará el águila, bajo la que el reino de Praga no
será sino un páramo.
Se verá allí el dolor excitado en las orillas del
Sena, por el que sucumbirá de resultas de una heri-
da que le inferirá un jabalí (1) .
También se notará el exagerado orgullo de los
escoceses é ingleses, dementes hasta el caso de no
saber detenerse en su límite, y la lujuria y vida vo-
luptuosa de aquellos monarcas de España y Bohe-
mia (2), que ni conoció ni apreció el heroismo .
Señalada con una I, se verá también allí la bon-
dad del Cojo de Jerusalén (3), cual lo será con una
M el que marchó contra él .
Asimismo se verá la doblez y avaricia del posesor
de la isla de Fuego (4), en la que Anquises dió fin á
su larga caminata. Y en prueba de su escaso vali-
miento, su rótulo se formará de caracteres truncados,
que expresarán mucho en poco trecho.
En cada uno se verán las bajezas del hermano y
del tío, que envilecieran una nación valiente y dos
coronas .
Reconocidos serán allí los reyes de Portugal y
(1) Felipe el Hermoso.
(2) Alfonso y Wenceslao.
(3) Carlos, monarca de Pulla y Jerusalén.
(4) Federico de Sicilia .
-
384 -
Noruega, y el de Rascio, que alteró los límites de
Venecia.
¡Venturosa será Hungría si no permite que se la
maltrate más! ¡Venturosa podrá ser Navarra, si se
refugia en las montañas que la_circuyen!
Crean todos que Nicosia y Famagusta claman ya
por el momento de la venganza, y se agitan y que-
rellan por causa de la bestia que las dirige (1),
bestia que no se aparta de las huellas de los otros
brutos.
CANTO XX
SUMARIO
Apóstrofe contra las malas obras de diferentes príncipes
cristianos . Dante nota en la celestial Aguila las
almas de varios reyes que obraron con justicia y
virtud.-Admirándose de ver en el Cielo dos persona-
jes que no practicaron la cristiana fe, le dice elAguila
el modo cómo se salvaron aquellos dos espíritus .
Al descender de nuestro hemisferio el que lo alum-
bra todo, y extinguirse el día por todos lados, el
Cielo, iluminado antes por él, se muestra tachonado
de luces, de entre las cuales sólo una resplandece.
Aquel estado del Cielo acudió á mi imaginación
al cerrar su pico el signo del mundo; porque teniendo
más brillo aquellos esplendores, comenzaron nueva-
mente algunas melodías que han desaparecido ya de
mi mente .
(1) Dos poblaciones de Chipre, sometidas á Enri-
que II.
-
385 -
¡Oh grato amor, siempre sonriente , qué abrasador
te creía en medio de los resplandores que aspiran
solo sacrosantas ideas! Luego que aquellas preciadas
y brillantes joyas, de que vi engalanada la luz santa,
callaron sus celestiales notas, me pareció oir el mur-
mullo de un río que al descender de una cascada ,
muestra el raudal de su curso .
Y cual emana el sonido al más tenue contacto de
un arpa, ó al entrar el aire en la churumbela, nació
un mugido del cuello del águila, cual si fuese tala-
drado . El mugido ó rumor, súbitamente se tornó en
voz, saliendo por un pico formando conceptos, que
cuidé de esculpir en mi corazón por aguardarlos con
tal ansiedad .
<<La parte de mí misma que nota, y que en las
águilas vulgares puede sostener la brillantez del sol,
desea que se la mire ahora con fijeza, me dijo, por-
que entre los fuegos que dan forma á mi faz, los que
dan brillo al ojo de mi cabeza son los principales de
todos sus grados.
El que luce en medio de la niña, ha sido el gran
cantor del Espíritu Santo, que llevó el arca de pue-
blo en pueblo (1); hoy sabe lo que vale su canto y
el resultado de su voluntad, por el galardón relativo
que ha recibido.
Entre los cinco que describen el arco de mi ceja,
el más cercano á mi pico, dió consuelo à la viuda al
morir su hijo (2); por la práctica de esta grata vida
y la de la contraria, sabe qué caro sale el no ir en
posdelCristo.
El que le sigue en sentido ascendente, retras ó la
muerte mediante una verídica penitencia (3), ha
aprendido ahora que no cambia el arco eterno, sin
(1) El rey David.
(2) Trajano, emperador.
(3) Ezequías.
DANTB . 25
-
386 -
embargo que allí abajo una prez ardiente junte la
víspera con el otro día.
El que va en pos de él, transfirió las leyes en Bi-
zanzio (1), por lo que, a pesar de su sana idea, pro-
dujo resultados tristes, y se hizo griego para dejar
su sitio al Pastor; hoy sabe que el mal que produjo
inocente no le daña, aunque diera pie á la destruc-
ción del mundo .
El que notas en el descenso del arco, fué Guiller-
mo, quien echo de menos la tierra que llora á Carlos
y Federico (2); conoce ahora como aprecia el Cielo
áun justo rey, según lo dice su brillante resplandor.
¿Quién creería que en la tierra, tan plagada de erro-
res , que Rifeo el de Troya es la quinta luz de estos
santos resplandores ?
Respecto á la divina gracia, sabe él más hoy que
to que pueda ver el mundo, aunque su vista no al-
cance todavía su fondo .>>>
Cual ave que cantando se eleva, y súbitamente
calla satisfecha de su postrera armonía, cref á la
imagen del signo de la suprema voluntad, á cuyo
placer vuelven las cosas al sér que tuvieron; y aunque
mi duda fuese como en el vidrio el color que toma,
no pude guardar silencio por más tiempo .
<<¿Qué cosas son esas?>> hizo emanar de mis labios
la gravedad de su peso, por notar grandes pruebas
de regocijo. Después, con la vista más enardecida,
me repuso el bendito signo, por no acrecentar más
mi asombro :
«Comprendo que crees esas cosas porque yo te las
sugiero, y sin conocer el motivo; de suerte, que, si
bien proferidas, no dejan de estar ocultas; practicas
lo que el que aprende de memoria, que no conoce el
sentido sin que otro se lo aclare. Regnum cælorum
(1) Constantino .
(2) Guillermo II , llamado el Bueno, rey de Sicilia.
-
387 -
cede ante la fuerza de un ardiente amor y de una
tan viva esperanza que triunfan de la divina volun-
tad; no como consigue el hombre dominar á su se-
mejante, pues que sólo vencen porque ella se deja
vencer, y vencida triunfa por su gran bondad.
Extrañeza te causa el ver la primera y quinta alma
de la ceja en la mansión celestial; mas no vinieron
paganas de sus cuerpos cual te figuras, y sí cris-
tianas, poseyendo fe ardiente la una en los pies que
habían de sufrir (1), la otra en los que habían su-
frido (2) .
La una salió del Infierno, del que jamás se regre-
sa con sana intención, y tomó otra vez su cuerpo en
premio de una esperanza viva, que diera tal fuerza á
las plegarias elevadas á Dios para resucitarla, que
consiguió inclinar su voluntad eterna. La gloriosa
alma á que me refiero, vuelta á unir á la carne de la
que no tardó en apartarse, creyó en el que lo podía
auxiliar, y así creyendo, se inflamó de suerte que,
la llama de verídico amor, luego de su otra muerte,
mereció el honor de asistir á esta fiesta .
La otra, por gracia nacida de una fuente tan mag-
nífica que jamás el ojo del humano sér pudo pene-
trar allende de la superficie, estuvo en la tierra do-
tada de un sano espíritu; y de merced en merced, le
abrió Dios los ojos que supo poner en nuestra venide-
ra redención . Cuando hubo creído en ella, dejó de
padecer la infección pagana, y fué el cuchillo de la
perversidad del hombre.
Las tres mujeres que has advertido en la rueda
diestra del carro (3), lo sacaron de pila tres mil y
más años antes de su bautismo . ¡Ah predestinación ,
qué distante se halla tu raíz de los ojos que no dis-
tinguen el gran móvil!
(1) Rifeo .
(2) Trajano .
(3) Tres virtudes Teologales .
-
188 -
Y vosotros , mortales , sed prudentes en vuestras
ideas, pues que nosotros, que no vemos á Dios , to-
davía no conocemos todos los escogitados. Sin em-
bargo, disfrutamos en nuestra ignorancia, cifrando
nuestra felicidad en querer lo que apetece Dios.
Este fué el grato elixir que la divina imagen me
diera para alargar mi vista míope.
Y cual un profesor de citara sigue en las cuerdas
los ecos de la voz del cantante para formar grata
armonía, del mismo modo en tanto hablaba aquella
imagen sacrosanta, recuerdo que ví las dos bien-
aventuradas luces que formaron sus párpados, agi-
tarse uniformes y acompañar sus palabras con nue-
vos rayos .
CANTO XXI
SUMARIO
Dante asciende desde la esfera de Júpiter á la de Satur-
no, ó sea el Cielo séptimo.-Forman en él una gran
escala los que se dedicaron a la vida de la contempla-
cion . Responde San Pedro Damián á todas las pre-
guntas del poeta.-Increpa lamolicie y lujo del clero
de su siglo. La esfera de Saturno.
Mi vista se fijaba de nuevo en la faz de mi Dama,
á la par que todos mis sentidos, por no dominarme
ya otra idea; empero ella no se sonría.
Por fin, me dijo: «Si me sonriera, fuera de tí lo
que fué de Semelé al quedar reducida á ceniza; pues
mi hermosura, como has notado, se va iluminando
según avanzamos gradualmente al eterno palacio, y
de no templarla, vendría á brillar tanto, que tuhu
389
mana fuerza, expuesta á sus rayos, asemejaría á la
rama desgarrada por la centella.
Estamos ya en el séptimo esplendor, que, situado
bajo el pecho del ardiente león, extiende con él sus
rayos hacia la tierra para templar su ardor. Pon tu
espíritu al lado de tus miradas, y convierte tus ojos
en espejos para la imagen que en ellos se va á re-
flejar.»
Quien comprendiera lo que mi vista se deleitaba
en aquel bienaventurado aspecto, antes de tener que
invertirla en otro objeto, sabría cuán grata me era la
obediencia á mi guía celestial, y marchar de una en
otra dicha .
En el planeta que, cuando gira en derredor del
mundo, toma el nombre de aquel amado rey en
cuyo reinado se aniquiló todo mal, noté una escala
del color de los rayos del sol, la que era tan elevada,
que mi vista no la alcanzaba (1). Ví descender por
ella tan gran número de esplendores, que me figuré
estaban allíjuntas todas las luces celestiales; y cual
las cornejas tienen la costumbre á laaurora de agitar-
se unidas para calentar sus alas antes de alzar el
vuelo y seguir diferentes derroteros, igual practica-
ron aquellos resplandores, hasta que cada uno ocupó
ellugar que le correspondiera.
El que se quedara más próximo lucía tanto (2) ,
que yo me decía: Bien practicó el amor que me anun-
cias. Mas aquella de quien yo esperaba el mandato de
hablar ó callar estaba muda; por lo que á mi pesar
no moví los labios. Sin embargo, élla, que con los
ojos que todo lo ven notaba mi silencio, me dijo:
<<<Satisface tu vehemencia . >>>
Y entonces empecé: «Aunque mis méritos sean in-
(1) Escala de Jacob.
(2) San Pedro Damián , ermitaño antes y luego car-
denal .
390 -
dignos de tu contestación, dime, por favor, á la que
me consiente interrogarte, alma que oculta te hallas
en tu alegría, ¿por qué causa te me acercas tanto, y
por qué no se escuchan en esta esfera las gratas ar-
monías del Paraíso, que con tal devoción vibran en
las otras?»
«Mortales son tu oído y tu vista, me repuso; no se
canta aquí por la propia razón que no se sonríe Bea-
triz . Si bajë hasta este punto de la escala santa, fué
por halagarte con la palabra y con el resplandor de
que me hallo revestida. No te figures que mi solicitud
sea hija del amor, pues allá arriba se arde en uno tan
inmenso cual te lo demuestra el resplandor; mas la
elevada caridad que nos hace siervas cuidadosas á la
voluntad que rige el mundo, nos coloca aquí en este
orden que te sorprende.>>>
-Ya noto, vaso sagrado, le dije, que es sufi-
ciente en esta corte un libre amor para hacerse sier-
vo de la eternal Providencia; maslo que no entiendo ,
es por qué has sido entre tantas la sola encargada de
esta misión . »
Todavía no se había extinguido la última frase,
cuando la luz se pareció concentrar, girando cual
rueda veloz .
Después repuso el amor habido en su centro : «La
divina luz refleja en mí, penetrando por entre la que
estoy inundada; y me eleva tanto su virtud, unida á
mi vista, que noto hasta la magnífica esencia de donde
emana . De allí nace la alegría que me rodea, pues lo
claro de mi vista iguala al esplendor de sus rayos .
Mas ni el alma que brilla en el cielo con más
fuerza, ni el serafín que más penetrara á Dios con su
mirada, pueden responder á tu pregunta; de tal
suerte se adelanta lo que pidas en el arcano del eter-
no secreto, que no hay inteligencia que lo pueda
comprender.
Dilo de este modo al regresar al mundo mortal,
-
391 -
para evitar el que continúe más trecho por tal cami-
no . El espíritu que aquí es luz, en la tierra no es
mas que humo; mal podrá allí abajo lo que no puede,
aunque logre elevarse.>>>
Tan corrido me dejaron sus palabras, que olvidé
mi duda, reduciéndome con humildad á interrogarle
quién era.
<<Entre las dos riberas de Italia y próximas á tu
patria (1), se hallan dos peñas tan elevadas, que el
trueno retumba en su base; forman un pico nombra-
do Catría, junto al cual se encuentra una ermita
que se consagra exclusivamente al culto de Latria. >>>
Esto me dijo por vez tercera; luego añadió: «De
tal suerte me dediqué allí al servicio de Dios , que
con sólo algunas viandas aderezadas con el jugo de
la aceituna, discurría por calor y el frío, feliz con
mis ideas de contemplación. Aquel claustro daba
abundante producto para esta parte del Cielo, en
tanto que hoy está tan desierto, que habrá por preci-
sión que revelarlo pronto .
Allí me llamaron Pedro Damián y Pedro el pes-
cador, en el convento de Nuestra Señora en las már-
genes del Adriático; muy tenue era ya mi mortal
vida, al ser llamado para obligarme á tomar el cape-
lo que pasa siempre de peor á peor .
Llegó Cefas, y también el vaso escogido (2) por
el Santo Espíritu; ambos flacos y descalzos , recibien-
do el sustento de ajena mano. Los modernos pasto-
res son tan cómodos, que desean se les acompañe ,
se les sostenga y aun que se les levante por la es-
palda. Cubren de suerte con paños sus palafranes,
que marchan dos bestias debajo de una sola piel (3) .
¡Oh tolerancia, cuánta paciencia tienes !>>>
(1) Ducado de Urbino.
(2) San Pablo .
(3) Dicton de Florencia.
-
392 -
Cuando acabó de decir esto, ví algunos resplan-
dores que bajando corrían de una en otra grada ,
dándoles más luz cada movimiento. Al llegar en torno
del espíritu que me hablara, pararon prorumpiendo
tal eco, que aquí abajo no hay estruendo compara-
ble; no pude entenderle porque su ruído me anonadó .
CANTO XXII
SUMARIO
Refiere San Benito al poeta que en el monte Casino
llevó el nombre de Cristo .-De allí asciende el poeta
con Beatriz hacia el signo de Géminis, ó la esfera
última .
Asombrado me volví á mi protectora, cual el
niño que busca apoyo en quien lo amparó, y élla ,
cual madre cariñosa que acude á auxiliar la pena de
su hijo, con la voz que acostumbra á calmarle, me
dijo:
¿Te olvidas que te hallas en el Cielo, do todo es
seguridad , y que cuanto en él se practica viene de
un celo recto? ¿Cómo has resistido las armonías de
las luces y mi sonrisa, y te ha impresionado de tal
modo un solo grito? Si hubieras entendido las plega-
rias que contiene, estarías al cabo de la venganza
que notarás antes de tu muerte .
Jamás hiere la espada celestial ni muy pronto
ni muy tarde, con arreglo á la idea del que la espera
con alegría ó miedo. Vuélvete en seguida á otro lado
ynotarás varios espíritus ilustres, si tu mirada se
pone en la dirección que te demuestro .>>>
Efectivamente, miré do quiso élla, y ví cien pe-
queñas esferas que se hermoseaban mutuamente con
-
393 -
sus propios rayos. Mi posición fué en aquel punto la
del que se siente aguijoneado de un vehemente deseo
y no se atreve á preguntar por no incurrir en impru-
dencia. Pero la mayor y más resplandeciente de
aquellas perlas, avanzó para desvanecer mi curiosi-
dad, y oí de su interior (1 ):
«Si contemplaras cual yo la caridad que vive en
nosotros, hubieran sido manifiestos tus pensamien-
tos; mas para que por tu silencio no retardes la lle-
gada al sublime objeto, desvaneceré con antelación
la idea que más te ocupa.
El monte en cuyo declive se halla Casino, fué
visitado en tiempos, especialmente en su cima, por
hombres extraviados y malos, habiendo sido yo el
primero en conducir allí la verdad que tanto nos en-
salza aquí (2) . Tanto brilló en mí la gracia, que pude
arrancar de sus contornos el culto impio, que sedujo
todas las ciudades del mundo .
Esos fuegos todos han sido hombres que se die-
ron á la vida de la contemplación, abrasados en el
ardor que hace brotar las flores y sagrados frutos .
Están aquí Romualdo y Macario (3), como mis her-
manos que se cerraron en claustro con perseverante
corazón.>>
Yo le dije: «El cariñoso afecto con que me hablas
y que veo en vosotros, me inspira la confianza que
el sol á la flor cuando se abre para recibirle; así, te
ruego, padre querido, me digas si mi gracia será su-
ficiente para consentirme ver tu faz .>>>
El: «Tus magníficos deseos serán satisfechos en
la última esfera, do se satisfacen todos los otros y los
míos, porque todos los votos son perfectos allí; úni
(1) Se refiere al fundador San Benito .
(2) Había un templo dedicado á Apolo.
(3) Ha habido dos Macarios. Romualdo, fundador de
la orden camaldulense, en el año 952.
-
394 -
camente en aquel lugar está toda parte, do siempre
fué. Aquella esfera no se halla en ningún punto que
gire entre los polos, y parte nuestra escala hasta ella
por lo que á tu mirada se esconde .
Jacob observó que la parte superior se encami-
naba á las alturas, al parecerle tan llena de ángeles.
Mas nadie por pisarla aparta su planta de la tierra;
mi orden no sirve ya allí abajo sino para man-
char papel. Sus murallas, que antes daban forma
á un monasterio, son en la actualidad una caver-
na, y las cogullas de hoy son sacos de harina ne-
fanda.
Ni la más ciega usura es tan repugnante á Dios,
como el fruto de esos tesoros que de tal modo ha-
lagan la avaricia de los monjes. Cuanto ahorra la
Iglesia es propiedad de los que piden de Dios en
nombre, y no de parientes y otros malvados.
La mortal carne es de tal modo delicada, que
no se halla buena institución que dure del naci-
miento de la encina á la emanación de su fruto.
Pedro principió sin oro ni plata, yo con las vigilias
y oración, y Francisco creó su orden con la humil-
dad. Si atiendes al origen de cada orden y á la altura
que ha llegado, verás lo negro trocado en blanco.
Más admirable sería ver corregido este abuso,
que lo debió ser el verretirar las aguas del Jordán y
del Occéano cuando fué voluntad de Dios . >>>
Cuando acabó de hablar, fué el alma á incorpo-
rarse á su cohorte , que concentrándose se elevó cual
torbellino .
Mi grata Dama, con un signo, me impulsó á as-
cender en pos de ella por la escala; de tal modo su
virtud venciera mi naturaleza. Jamás en la tierra
hubo movimiento tan veloz cual mi vuelo . Ojalá, lec-
tor, pudiera volver á alcanzar aquel lauro glorioso,
por el que frecuentemente lloro mis pecados, dándo-
me golpes de pecho, como es positivo que no pon-
-
395 -
drías yapartarías el dedo del fuego más súbitamente
que lo hice yo al penetrar en el signo Tauro (1)
¡Ah, estrellas celestiales! ¡Oh virtuosa luz! de la
que recibí mi ingenio, como quiera que sea, entre
vosotros nacía y se ocultaba el padre de la mortal
vida (2) al respirar yo por vez primera el toscano
ambiente .
Al consentirseme luego la gracia de penetrar en
la alta vía que os hace mover, vagué por vuestra
morada y por vosotras devotamente suspira hoy mi
alma, para tomar el valor necesario en el trance que
se encuentra .
Te hallas tan próximo à la verdadera salvación ,
díjome Beatriz, que es necesario sea penetrante tu
mirada; de modo, que antes de proseguir, mira hacia
abajo y notarás cuántos coloqué bajo tu planta, para
que tu corazón se presente regocijado ante la cohorte
hermosa que acude tan alegre por esta bóvedaeterna.>>>
Entonces pasé mi vista á través de las siete esfe-
ras, y ví de tal suerte nuestro globo, que no pude
menos de sonreir á su triste cariz: venturoso el que
le tiene enpoco y que no piensa sino en el otro mun-
do, que es el que merece el nombre de hombre de
bien.
Contemplé á la hija de Latona (3) inflamada en
aquella sombra, que me la presentara, al parecer,
densa y dilatada. Pude alli resister el aspecto de tu
hijo ó Hiperión (4), y noté cual giran a su alrededor
Maya y Dionea (5) .
De allí creí ver á Júpiter atemperando á su padre
(1) Penetra en la esfera octava, ó la de las estrellas
fijas .
(2) El Sol .
(3) La Luna.
(4) El Sol , hijo de Hiperión .
(5) Mercurio fué hijo de Maya; Venus hija de Dionca.
Se refiere Dante á las esferas que había recorrido.
396
y á su hijo; ví claramente sus cambios, como tam-
bién el tamaño, velocidad y diámetro respectivo de
los siete planetas. Este insignificante punto, que
tanto nos envanece, me pareció solo el efecto de unas
cuantas peñas emanadas del fondo del mar, mirando
con los gemelos eternos que me acompañaban.
Después mi vista se posó en los divinos ojos (1).
CANTO XXIII
SUMARIO
Cuenta Dante que vió brillar al Cristo sobre los Bien-
aventurados lo mismo que el Sol .-Después vió a
María, que llevaba un cordero, el cual cantaba con
armoniosa voz.
Cual fiel trasunto del ave que en medio de la no-
che va á posarse cercana al nido de sus hijuelos ,
para tenerlos á la vista y proporcionarles la indis-
pensable comida (penoso y halagüeño trabajo), y
que desde las entreabiertas ramas eleva fervientes
súplicas por la aparición del sol, contemplando con
fijeza el nacimiento del alba, del mismo modo es-
taba atenta mi bella Dama hacia la región menos
veloz del Sol (2), en tanto yo, al notarla tan
suspensa, me parecía al que , aguijoneado de un
vehemente deseo, se calma aguardando; peque-
ño, sin embargo, fué este interregno, puesto que
pronto se vió resplandecer el Cielo: entonces dijo
Beatriz:
(1) Beatriz, ó la Teología .
(2) El Mediodía.
-
397 -
<<Aqui están las triunfantes legiones del Cristo,
y el fruto proporcionado por la agitación de estas
esferas>>>
.
Su faz creí notarla del todo inflamada; de sus
ojos manaban raudales de alegría, que no me atrevo
á bosquejar. Como Febo sonrie entre las eternales
ninfas (1) que irradian en el Cielo, así ví yo sobre mi-
les de resplandores un sol , que cual el de aquí abajo,
los inflamaba con sus celestiales rayos , y a través
de su diáfana luz se me representaba tan visible la
brillante sustancia, que mi vista no la podía resistir.
«¡Ah amada Beatriz! » ella repuso: «Lo que te
absorbe es virtud, á la que nada puede resistir.
Reside allí el saber y la fuerza que entre el Cielo y la
tierra abrieran las sendas que dieron motivo á tantos
anhelos . »
Cual fuego que desgarrando la nube va dilatándo-
se hasta el caso de no poderle ésta contener, y contra
su sér se arroja hacia abajo, así se arrebató mi espí-
ritu ante aquellas maravillas, sin que recuerde lo que
fuera de él .
«¡Abre tus ojos y repara lo que soy! Objetos viste
que te hicieron soportar mi sonrisa. »
Me hallaba yo cual el que recuerda una ilusión
olvidada que en vano procura atraerla, al oir aquella
oferta tan digna de aceptación y que jamás se borra-
rá del libro do se anota lo pasado. Aunque las len-
guas que Polimnia y sus hermanas amamantaron
con su especial leche, se movieran en este momento
en mi socorro, no me sería fácil cantar aquella de-
liciosa sonrisa y la pureza del resplandor que alum-
braba á aquella sacrosanta faz De suerte, que para
bosquejar el Paraíso, debe el sacro poema dar un
salto cual hombre que en su marcha encuentra un
corte.
(1) Alude å las estrellas .
-
398 -
Quien contemple el peso de la cuestión y el hom-
bro humano que carga con él, seguramente no extra -
ñará el temblor del hombro. No es derrotero para un
barquichuelo, ni un medroso nanclero va en pos de
mi proa atravida .
«¿Por qué te subyuga tanto mi rostro, que no te
fijas ni aun en el bello jardín que florece con los ra-
yos del Cristo? Allí está la rosa (1) en la que se en-
carnó el divino Verbo, y los lirios, cuyo aroma ense-
ña la recta senda (2) . »
De esta manera me habló Beatriz, y yo, que no
anhelaba sino seguir sus indicaciones, puse á prueba
mis párpados otravez. Como antes, mi vista circun-
dada de sombras viera una florida pradera, merced á
uno de los rayos del sol que atravesaba la rota nube,
igual ví entonces infinidad de resplandores alumbra-
dos en la altura por refulgentes rayos, sin notar el
nacimiento de su luz .
¡Ah bella virtud (3) , que así les iluminas, cuál
te elevaste para que mis débiles ojos pudieran con-
templarte! El nombre de la divina flor (4) que invoco
todas las mañanas y las noches, detuvo á mi espí-
ritu para mirar el más inmenso de aquellos esplen-
dores (5) .
Cuando mi vista me dibujó la hermosura y ta-
maño de la viviente estrella, que igual vence allá
arriba como aquí abajo, desprendióse un resplandor
*del fondo celeste (6) con la forma de círculo ó coro-
na, y ciñó la estrella girando en torno suyo. La mejor
armonía, ó que más pueda halagar el oído aquí abajo,
asemejaría el rumor de un trueno, si se compara con
(1) La Virgen. (Rosa mistica.)
(2) Los Apóstoles .
(3) El Cristo.
(4) La Virgen .
(5) La misma.
<(6) Gabriel el arcángel.
-
399 -
el eco de aquella lira que servía de corona al bello
zafir conque el más esplendoroso cielo se arroba.
<<Soy el angélico amor girando en derredor del
sublime gozo, emanado del vientre ó morada de
nuestro anhelado; y seguirá girando, reina celes-
tial, en tanto irás en pos de tu Hijo y proseguirás
haciendo con tu vista más divina aun la suprema
esfera .>>>
Al acabar de este modo la circular música, to-
dos los resplandores ensalzaron el nombre de María.
El real manto (1) de todas aquellas esferas, que se
enardece y anima inmensamente más al soplo del
amor de Dios , tenía la interior orilla tan remota , que
aunque puesto sobre nosotros , no me era posible notar
su forma; de suerte, que mis ojos no tuvieron el vi-
gor necesario para seguir la coronada llama que se
elevara detrás de su divina progenitura. Luego,
todos aquellos resplandores se elevaron á un tiempo,
practicando lo que el niño, que satisfecho de mamar,
extiende los brazos hacia la joven madre, probando
aquella acción el cariño que le posee.
Después de haberme hecho comprender con tal
claridad la ternura sin límites que profesaban á Ma-
ría, quedáronse delante de mi aquellos resplando-
res, entonando tan preciosa Regina Cæli, que jamás
la olvidará mi mente.
¡Oh, qué cúmulo de tesoros ví en aquellas ricas
arcas, que tan buenos fueron en el mundo para el
bello cultivo! Allí se disfruta del caudal que llorando
se llevó al destierro de Babilonia (2), donde el oro
quedó.
Allí se regocija en su victoria con el alto Hijo de
Dios y de María y con el antiguo y nuevo concilio,
el que posee las llaves celestiales.
(1) Primer móvil, ó cielo noveno.
(2) San Pedro con los Santos del A. y N. testamento.
400 -
CANTO XXIV
SUMARIO
Beatriz , luego de demandar al apostólico colegio que
fuese benigno con Dante, ruega á San Pedro que lo
encamine en cuestiones de fe .-El gran Apóstol hace
varias preguntas al poeta .
¡Ah , escogitada compañía en la cena del Cordero
santo, que os sacia hasta el caso de que sea cumpli-
da siempre vuestra voluntad! ¡Si por gracia del Al-
tísimo prueba éste lo que se desprende de vuestra
mesa antes de que la muerte le acorte el plazo, no os
olvidéis de su voraz ardor y atemperadle un poco,
ya que os sustentáis del manantial de que nace todo
lo que él piensa! »
Esto dijo Beatriz, y aquellas alegres almas se
trocaron de esferas sobre los polos fijos, brillando
cual cometas. Como el rodaje en el mecanismo del
reloj se mueve de manera que á la vista del curioso
parece inmóvil la primera y veloz la última, giraban
entre sí aquellos deslumbradores círculos, dándome
á conocer la beatitud por la velocidad ó lentitud de
su marcha .
Además de lo que ya había notado por su hermo-
sura, ví aparecer un tan feliz resplandor, que ningún
otro se le parecía en claridad, el que giró tres veces
alrededor de Beatriz , cantando tan divinamente,
que sería inútil querer recordar su canto, ni descri-
birlo podría mi pluma, aunque no fuera así; pues ni
lamente ni la palabra tienen para ello la necesaria
fuerza .
«¡Oh mi sacrosanta hermana, que con tal devo
-
401 -
ción te nos acercas , has de saber que con tu afecto
ardiente me hiciste desprender de aquella divina
esfera (1) . » Después de pararse aquel bendito fuego,
dirigió su soplo hacia mi Dama, manifestándola lo
que antes dije.
Ella á su vez: ¡Oh eterna luz del gran personaje á
quien Nuestro Señor entregó las llaves de esta in-
mensa alegría, que él condujo allí abajo; interroga
á éste á tu placer sobre los puntos sencilllos ó difí-
ciles respectivos á la fe que te permitió andar sobre
el Occéano!
Tú no ignoras si ama, si aguarda ó si cree, puesto
que tiene los ojos fijos allí do se refleja todo; y ya
que este es el reino de los ciudadanos de la sincera
fe, será bien que le hables de él á éste con objeto de
glorificarle.>>>
Cual el alumno que se prepara en silencio, en tan-
to que el profesor propone la materia que debe apro-
bar, más no resolver, iba yo en pos de razones, inte-
rin él hablaba, á fin de poder quedar airoso ante tal
examinador y tal asunto. «Explícate, cristiano, me
dijo : ¿Qué es fe?»
Inmediatamente levanté la faz hacia el resplandor
que acababa de interrogar. Después me volví á Bea-
triz, la que me hizo una seña veloz para que vertiese
el agua de mi interior manantial.
«Así la gracia que me consiente la confesión con
mi primer primipilar (2), haga que mis ideas sean
bien precisas. »
Después añadí: «Según lo escribió, padre mío, la
pluma verdadera de tu amado hermano (3), que con-
tigo hizo que Roma entrara en el buen redil, la fe es
(1) San Pedro, que se dispone á preguntar á Dante
sobre Fe.
(2) Primipilar, jefe de la primitiva centuria entre los
romanos.
(3) San Pablo.
DANTB. 26
-
402 -
el germen de las cosas que se esperan, y el argu-
mento de los objetos que no se ven; así me parece
su esencia . »
Aquí me dijo: «Recto es tu juicio, si juzgas bien
por qué la puso entre las sustancias y después entre
los argumentos.>>>
Yo en seguida: «Los objetos profundos que aquí se
me manifiestan, se hallan de tal manera escondidos
allí abajo á la vista de todos, que sólo subsisten en
la creencia, en la que se estriba la alta esperanza;
hé aquí cómo es en el lugar de sustancia, y cómo sin
otra luz es necesario argüir sobre esta creencia, en
lugar de argumento .>>>
Luego of: «Si cuanto se adquiere allá abajo por la
ciencia fuera tan perfectamente entendido, no cabría
allí el espíritu del sofisma >> Después añadió: «Prueba
evidente de esto es la liga y el peso de la moneda
que en ella cabe. Mas dí: la tiene tu bolsa?»
Yo: «La poseo tan reluciente y completa, que no
tengo duda respecto á su cuño. »
El sabio resplandor: «Ese tesoro en que se funda
vuestra virtud, ¿de dónde lo adquiriste?» Yo: «El
copioso rocío del Santo Espíritu que cayó sobre las
vetustas y modernas páginas, es el silogismo
moqueme
convenció, de modo, que cualquiera otra aclaración
me parecía oscura á su lado. »
Entonces me dijo de nuevo: «¿Cómo tienes por
divina palabra la antigua y la moderna proposición
que de tal suerte tehan convencido?» Yo: «La ver-
dadera prueba son las obras que siguieron por las
que la naturaleza jamás enrojeció el hierro ni hirió
el yunque.»
A lo que seme repuso: «Dí, ¿quién corrobora que
fuesen tales obras lo que se quiere probar? No hay
quien lo jure. Si el mundo fué convertido al cris-
tianismo, sin efectuar milagros, digo, aquello no dejó
de ser un milagro más inmenso que todos los demás.
-
403 -
Porque tú penetraste pobre y en ayunas en los
campos, á fin de sembrar la buena planta, que fué
viña antes, y que ahora se ha vuelto zarza. »
Acabadas estas palabras, la santa y magnífica
corte preludió en las esferas: «Alabemos al solo Dios
enla melodía que se entona en las alturas.>>>
El varón (1) que al preguntarme había sabido
atraerme tan biende rama en rama, tanto, que nos
aproximábamos ya á las postreras hojas, empezó de
nuevo de este modo: «La gracia que se prestó á tu
espíritu, te abrió la boca hasta el caso de no poder
más , de suerte que apruebo lo que de ella salió. Sin
embargo, es preciso explicar tu creencia, y cómo te
se ha podido ofrecer.>>>
¡Ah , santo padre, que ves lo que creiste con tal
firmeza, que venciste el sepulcro luego de salvar
otra planta más tierna (2), dije, deseas que diga la
fórmula de mi viva creencia, y también quieres in-
quirir el motivo !
A lo que contesté: «Creo en un Dios sólo y eter-
no, que sin moverse conmueve todo el Cielo, merced
al amor y al deseo, y vienen en apoyo de esta creen-
cia, no sólo pruebas físicas y metafisicas, sino otras,
tales como la verdad que llovió de aquí para Moisés,
los profetas, salmos, Evangelio y todos los que des-
pués de santificados escribisteis.
Además , creo en tres eternas personas con una
sola esencia, de tal modo una y del mismo modo
tres, que á un tiempo admiten sunt y est. La mistica
naturaleza á que me refiero, fué esculpida varias
veces en mi espíritu por la evangélica doctrina; tal
es el fundamento, tal la chispa que se torna en llama
y que centellea en mí cual estrella en el firmamento.
(1) San Pedro .
(2) San Pedro penetró en el sepulcro primero que
San Juan , sin embargo de llegar éste antes.
-
404 -
Como el dueño que al recibir noticia halagüeña
de su siervo le abraza con efusión, el apostólico res-
plandor que me mandara hablar me circuyó cuando
acabé, luego de bendecirme y cantar por tres veces,
en tanto le satisfacieron mis respuestas.
CANTO XXV.
SUMARIO
Después deoir sus contestaciones, aprueba el Santo las
creencias de Dante.- Lo examina Santiago Apóstol,
respecto de la Esperanza, y le hace tres preguntas.-
A la primera responde Beatriz y á las otras dos el
poeta.- San Juan Evangelista notifica al poeta que
su mortal cuerpo quedó en la tierra.
Si el sacro poema en el que tanta participación
ha tenido el Cielo y la tierra, lo que ha sido motivo
de que enflaquezca durante algunos años, triunfa un
día de la crueldad que me separa del bello apris-
co (1) en que dormitaba cordero, contrario de los
lobos que la desgarran, si bien poeta de diferente
voz y cabellera, tomaré entonces la corona sobre la
pila de mi bautismo, pues allí penetré en la fe que
muestra á Dios las almas, por la que Pedro circunda-
ra mi frente (2) .
En seguida avanzó ánosotros un resplandorper-
teneciente á la propia cohorte de que saliera el pri-
mero de los vicarios que Cristo dejara en la tierra;
observándome regocijada mi Dama: «¡Contempla el
(1) Florencia .
(2) Alfin del canto precedente.
-
405 -
varón, por el que allí abajo se peregrina hasta Gali-
cia(1) .»
A imitación de dos torcaces que al unirse se arru-
llan, ví yo á aquellos grandiosos príncipes acogerse
mutuamente (2), glorificando el maná que los sacia
en las alturas. Luego de aquel grato cumplimiento ,
cada uno silencioso coram me, se paró, siendo tan
refulgentes, que oscurecían mi vista.
Sonriente Beatriz, dijo: «Ilustre alma que descri-
biste el regocijo de nuestra basílica, haz que resuene
la esperanza en esta mansión. Bien la figuraste tan-
tas veces como Jesús se apareció con todo su resplan-
dor á sus tres alumnos.
-<<Alza la frente y está tranquila, pues es nece-
<
sario que el que aquí llegue del mortal mundo, ma-
dure al calor de nuestra llama. » Esto dijo el segundo
resplandor. Y entonces alcé la vista hacia aquellas
montañas (3), que me la hicieron bajar con su peso
enorme .
Ya que nuestro emperador (4) te concede el don
de permitirte entrar antes de tu muerte en el sitio
más oculto de su palacio con sus grandes, á fin de
que habiendo examinado la verdad de él, acrecientes
en tí y en los otros de allí abajo la esperanza que ha
de conseguir su eterna posesión, y pregones lo que
es, según brilla en tu espíritu y de donde procede.>>>
Esto dijo el resplandor segundo.
La caritativa mujer que guiara el plumaje de mis
alas á tal altura, dispuso así mi contestación: «La
Iglesia de hoy no tiene otro hijo que espere más,
según lo describe el sol que refleja sobre nuestra
(1) Santiago, dispuesto a preguntar á Dante sobre
la Esperanza.
(2) San Pedro y Santiago .
(3) Los mismos .
(4) Dios.
-
406-
multitud; por lo que desde Egipto se le consintió
venir á Jerusalén, antes de libertarse del servicio.
Con respecto á los otros dos puntos enunciados
por tí, no porque los ignore, sino para que te repita
como te es amada aquella virtud, los dejo de su
cuenta, porque no le serán dificultosos ni objeto de
jactancia, consiéntale la gracia de Dios responder á
ellos . »
Cual alumno que con brevedad y alegría responde
al profesor respecto á las preguntas que no ignora, á
fin de demostrar sus alcances, dije yo: «La esperan-
za es la positiva espera de la futura gloria, emanada
de la divina gracia y de los anteriores méritos; hé
aquí el fulgor que viene en mí de las estrellas, de-
rramándolo el primero en mi corazón el soberano
cantor (1), del magnífico Maestro .
Que aguarden en tí, dijo en sus cantos, los que
no ignoran tu nombre; y ¿quién que atesore mi fe
lo ignora? De tal suerte me inundó tu espístola, que
estoy lleno de ella, y la hago refluir en los demás.>>>
Mientras hablaba, ví en el centro vivo de aquel
fuego oscilar una llama seguida y veloz cual la cen-
tella, la que me dijo luego: «El amor en que me
abraso aún por la virtud que me acompañara hasta
el martirio y hasta dejar el campo de batalla, desea
que te hable, puesto que lo esperas; me regocija el
que digaslo que te promete la esperanza.
Yo: «Las modernas y antiguas Escrituras clasifi-
can la suerte de los espíritus que Dios ha adoptado,
y la mía se me presenta terminante. Isaías opina
que vestirá cada una en su patria un ropaje doble,
siendo su patria esta grata vida, y tu hermano (2)
determina con más claridad la revelación, al referir-
se á las blancas túnicas . »
(1) David. (Ps. 9.)
(2) San Juan Evangelista .
- 407 -
En el instante de acabar las palabras anteriores ,
oímos sobre nosotros Sperent in te, á que respondieron
todos los círculos: «Entre ellos brilló un resplandor
con tal fuerza, que si el Cáncer tuviera tal claridad,
un día de invierno tendría la duración de un mes .
El luminoso esplendor se dirigió á los otros dos
- que seguían girando cual convenía á su voraz amor ,
como se incorpora y principia á bailar una joven gra-
ciosa, con la idea de festejar á bella desposada, y no
con la idea de incurrir en ninguna falta.
Interin aquella luz, reunida á las otras, princi-
piaba su canto y movimiento, mi Dama ponía en
ellas su vista cual esposa inmóvil y silenciosa.
Es el que reposó en el seno de nuestro Pelica-
no (1) , y desde la cumbre de la cruz fué escogido
para el gran acto.>>>
Esto dijo mi Dama, sin que dejasen de ser sus
miradas tan atentas como antes de hablar. Según el
que mira y cree ver que se eclipsa el sol un poco y
por tanto mirar concluye por no ver, me quedé yo
en vista de aquella llama, en tanto decía: «¿Por qué
te deslumbra un objeto que aquí no ocupa su lugar?
Mi cuerpo es tierra en la tierra , y esto será con
todos los otros, hasta que su número sea idéntico al
de los decretos eternales. Sólo los esplendores que
alzaron su vuelo ostentan dos vestidos en este dicho-
so claustro; esto lo repetirás allí abajo .>>>
Después de estas frases, se paró el inflamado cir-
culo; tan grato era el eco de aquellas tres voces ,
como el que para que cesen la fatiga ó el riesgo
produce un silbato y paran los remos que azotaban
las olas. ¡Qué inmensa fué mi emoción al volver-
me á Beatriz sin que alcanzara verla, sin embargo
de estar á su lado, y en el mundo de las bienaven-
turanzas!
(1) Jesucristo.
-
408 -
CANTO XXVI.
SUMARIO
Unicamente el Cristo y la Virgen subieron en cuerpo y
alma al Cielo .-Examina San Juan Evangelista al
poeta sobre la Caridad.-Responden con un himno
Ios Bienaventurados á las acertadas contestaciones
de Dante.-Adán refiere a Dante la época de su dicha
y la de su infortunio.
İnterin estaba vacilante con motivo de lo des-
Jumbrado de mi vista, brotó del centro de la llama
una voz que atrajo mi atención, y que decía: «Mien-
tras recobras la vista que perdiste al contemplarme ,
será del caso que te desquites hablando; principia
por decirme a lo que tu alma tiende, y cree que tu
vista está extraviada y no perdida ó muerta, pues la
mujer que te dirige en esta mansión, tiene en la mi-
rada la virtud que tuvo la mano de Ananías (1 ) . »
Y á mi vez le dije: «Que más luego ó más tarde
acuda á mis ojos el remedio, puesto que fueron las
puertas por donde ella penetrara con la llama que
continuamente me inflama. El bien que practica esta
regocijada corte es el alfa ó el omega que me dicta,
según si es sencillo ó difícil . »
La propia voz que destruyera mi pánico, emanado
de mi súbito deslumbramiento, me impulsó el deseo
de hablar, al decir: «Necesarioserá que te limpies en
más angosta criba; es preciso que indiques quién
encaminó tu arco á tal objeto (2) .
(1) Giró la vista hacia San Pablo .
(2) San Juan, que va a interrogar al poeta sobre el
amor .
-
409
Yo repuse: «Los sabios argumentos y la autoridad
que de aquí se desprenden, son los que deben haber
esculpido en mí aquel amor; pues que el bien por sí
atiza más el amor, cuanto que es más grande aquel
bien.
De suerte, que es taninmensa la ventaja de aque-
lla esencia, que cuanto existe bueno fuera de ella es
emanación de su luz, y tendrá más amor el alma del
que considere la verdad fundamento de aquella prue -
ba. Dicha verdad me fué probada por el que os-
tenta el primer amor de todas las eternas sustancias;
como me lo demuestran las palabras del verdadero
Creador, que hablando de sí propio dijera á Moisés :
Te haré notar el supremo bien, y tú me lo manifies-
tas también principiando el sublime anuncio que pro-
clama los arcanos de las alturas con más eficacia que
otro cualquier heraldo. >>>
Entonces oí : «En nombre de la humana razón y
en el de la autoridad que se halla de acuerdo con
ella, reserva para Dios el más grande de todos tus
amores . Mas dí si te sientes arrastrado á él todavía
por otras cadenas, y con cuántos dientes te muerde
aquel amor.>>>
No me fué desapercibida la santa idea del águila
de Cristo (1) , ni el punto hacia el que demandaba mi
confesión; de suerte que le contesté: «Cuantas mor-
deduras pueden contribuir á elevar el alma á Dios,
han cooperado á mi caridad; pues la existencia del
orbe y la mía, la muerte que arrostró para darme
vida, la que guarda tan fiel como yo, y la viva
razón de que antes hablé, me arrancaron del nocivo
amor para conducirme al borde del perfecto amor.
Las hojas que cubren el jardín del eternal jardinero,
me son queridas con arreglo al bien que élles comu-
nica . »
(1) San Juan .
-
410 -
Dichas estas palabras, emanó del Cielo un purisi-
mo canto, y mi Dama, con las demás, decía: ¡Santo,
Santo, Santo!
Y cual el que despierta al fulgor de la luz por el
sentido de la visión, que va en pos de la claridad de
una en otra membrana, y que luego despierto queda
horrorizado de lo que contempla, tan súbita es la
metamórfosis operada, hasta que viene en su socorro
la razón, así Beatriz despejó el nublado de mis ojos
con la luz de los suyos, que resplandecían á miles
de millas .
En el momento ví con más claridad, y con asom-
bro, pregunté quién era el cuarto esplendor que
ante nosotros veía. Mi Dama: «El alma primiti-
va (1), creada por la primitiva virtud, considera
placentera á su Creador desde el fondo de esos ra-
yos.»
Cual inclinado follaje al soplo del vendabal que
por su fuerza peculiar, pasada la ráfaga, se eleva de
nuevo, quedé yo asombrado, mientras me hablaba
Beatriz; y cuando conseguí el deseo de hablar á mi
vez, lo hice así:
«¡Ah exclusivo fruto que alcanzaste perfecta ra-
zón (2) , oh padre vetusto del que toda esposa es
hija y nuera; con la posibledevoción te ruego que me
hables. >> Ya ves mi anhelo, que templo para escuchar-
temás pronto. »
Algunas veces se agitade tal modo el animal de-
bajo de su piel, que por ella se perciben todos sus
movimientos internos; igual se hubieran podido notar
á través de la mía, según se me aproximaba regoci-
jada y llena de luz el alma primitiva por compla-
cerme .
(1 ) Adán.
(2) Adán fué creado de 30 años de edad, con perfec-
tas facciones y en el complemento de todos sus sentidos .
-
411 -
En seguida me dijo: «Sin indicarme tu deseo, lo
contemplo con más certeza que contemplas tú la
sepa porque la veo reflejada en el
cosa que mejor sepas,
espejo do todo refleja. Tú deseas saber cuándo me
colocará Dios en el elevado jardín en el que te dis-
puso esa grande escala para ascender, qué intervalo
me fué amado aquel jardín, cuál fué el motivo de la
cólera celeste, el idioma que hablara y cuanto prac-
tiqué.
Hijo mío, no fué por probar el árbol, causa de tu
largo destierro, y sí únicamente por no cumplir la
orden recibida .
En el punto (1) de donde tu Dama hizo partir á
Virgilio, era donde yo anhelé durante el interregno
de cuatro mil trescientas dos solares revoluciones,
fijar mi residencia: y nuevecientas treinta veces ví
girar el sol hacia todas las luces que se hallan en su
marcha mientras estuve en la tierra .
La lengua de que me valía fué extinguida antes
de que los hombres de Nembrod (2) labraran la obra
sin fin. No existe racional efecto de eterna dura-
ción, por motivo de la voluntad del hombre que va
renovándose con la influencia celeste .
El emitir palabras el hombre, es acto natural;
mas el que lo verifique de uno ú otro modo, es lo
que la naturaleza deja á su criterio. Antes de mi des-
censo á los infernales torcedores, en la tierra se daba
el nombre de El al Supremo Bien, origen de la dicha
que me circunda.
Después fué nombrado Eli, lo que consistiría en
que losusos de los mortales son cual las hojas de las
ramas , que se marchan cediendo su sitio á otras
nuevas . En la montaña más elevada sobre la onda
(1) El Limbo .
(2) Nembrod, nieto de Can , que alzara la torre de
Babel.
-
412 -
llevaba yo una vida sin mancha, que fué culpable
desde la que es primera hora hasta la segunda, al
cambiar el sol de lugar á la hora sexta.
CANTO XXVII
SUMARIO
Furor de San Pedro contra los pastores malos . Los
Santos desaparecen, elevándose .-Dante también
sube con Beatriz á la esfera novena, titulada el Pri-
mer Móvil -Le son reveladas la naturaleza y virtud
de aquella principal esfera .
<<<
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo ; »
este himno fué entonado por todo el Paraiso con tal
suavidad, que arrobó todo mi sér. Cuanto veía me
pareció una sonrisa del universo; la dulzura se in-
troducía en mí por el oído y por los ojos .
¡Oh gozo! ¡Oh dicha inefable! ¡Oh dicha llena de
amor y de ventura! ¡Oh segura riqueza sin anhelos!
Las cuatro antorchas continuaban encendidas ante
mí, y la primera principió á resplandecer, teniendo
el aspecto cual lo tendría Júpiter, si él y Marte fue-
sen aves y cambiasen sus plumas .
La Providencia, que es la que reparte aquí el
tiempo y las ocupaciones, había ordenado el silencio
á aquellos coros santos , y percibí lo siguiente: «No
te sorprenda el que notes mi cambio de color mientras
te hable, pues verás que también lo cambian todos
los demás esplendores .
El que usurpa en la tierra mi lugar, que se halla
vacante en presencia del Hijo de Dios (1), convirtió
(1) Bonifacio VIII, Papa.
-
413 -
mi cementerio en cloaca de sangre y podre, que
para el perverso, desplomado de aquí, es allí abajo
objeto de consuelo.>>>
En aquel instante vi que el Cielo se pintaba del
color que da el sol al ponerse y al nacer á las nubes
opuestas. Como virtuosa mujer que, fija en sí misma,
sè ruboriza sólo al oir la falta ajena, noté yo cambiar
el aspecto de Beatriz, figurándome que debió ope-
rarse idéntico eclipse en el Cielo mientras la pasión
del Supremo bien (1). Después prosiguió de este mo-
do, siendo su voz tan diferente, que no podía ser
más grande el cambio operado en su ademán.
«La esposa de Cristo (2) no tomó alimento de mi
sangre ni de la de Lino, ni de la de Cleto (3) , para
avezarla á adquirir oro, y sí para lograr aquella feliz
vida, por lo que Sixto y Pío, Calixto y Urbino ver-
tieron su sangre, luego de tan amargas lágrimas .
No fué nuestra idea el que parte del cristiano
pueblo se sentara á la derecha de nuestros sucesores ,
y parte á la izquierda, ni que las llaves que me fue-
ran encomendadas se trocaran en lema para una ban-
dera alzada contra los que recibieran el agua bautis-
mal, ni que se utilizasen para sello de privilegios
venales y falsos que me ruborizan y me irritan.
Con la ropade pastor se notan aquí lobos voraces
en todo pasto. ¡Oh justicia divina! ¿Por qué te ador-
meces? Los de Cahors y Gascuña (4) se preparan
á libar nuestra sangre; jah, magnífico principio! ¿A
qué final eres dispuesto? Sin embargo, la Providen-
cia, que valida de Escipión defendió en Roma la
honra del mundo, pronto lo amparará según mi pa-
recer .
(
(
21)
) Jesucristo.
LaIglesia.
(3) Lino y Cleto, Papas de los tiempos primitivos.
(4) Juan XXII procedía de Cohors, y Clemente Vde
Gascuña.
-414
Y tú, amado hijo, á quien el mortal peso llevará
Juego allá abajo, abre tu boca y no escondas lo que
no escondo yo . »
Según en nuestra atmósfera fluctúan los helados
vapores al tocar el sol el cuerno de la celeste cabra,
ví que fluctuaban en el éter los vapores triunfales,
antes pasados á nuestro lado. Mi vista siguió su for-
ma hasta que la distancia no le consintió extenderse .
Por lo que mi Dama, al notar que había dejado de
mirar á lo alto, me insinuó: «Depón tu vista, у герага
lo que has girado. »
Desde el momento en que miré por primera vez,
noté que había recorrido el arco completo (1) que di-
buja desde el centro al final el primerclima; de suerte
que veía más allá de Cádiz el demente paso de Uli-
ses, y más acá la ribera en la que Europa viene á ser
de tan gustoso peso; y hubiera descubierto algo más
de aquel rincón de la tierra, á no avanzar el sol bajo
mi planta, separado de un signo y algo más.
El cariñoso espíritu con que venero á mi Dama,
ardía con más fuerza que nunca en el anhelo de di-
rigirla los ojos. Si naturaleza y arte apelaron á los
encantos con el fin de atraer el alma con la vista, pá-
lidos son todos ellos en comparación del placer ce-
lestial que me iluminara al reparar su sonriente faz .
El valor de que me revistiera su mirada, me arrancó
del precioso nido de Leda (2), trasladándome más
veloz al Cielo.
Sus partes altas y más rápidas eran tan iguales,
que en vano querría distinguir la que escogió para
que yo la ocupase. Mas Beatriz, que advertía mi
(1) Hacia el trópico de Cancer, con arreglo a Ptolomeo.
(2) Signo de Géminis, desde donde los ojos de Beatriz
le arrastran al principal móvil, ó esfera nona, que no
es debido su movimiento a otra alguna, antes bien, lo
presta á las demás .
-
415 -
deseo, principió á hablar con tal regocijo, que pare-
cía que Dios cifraba en élla su complacencia.
«La naturaleza del orbe, que pára el centro de él
y hace girar las restantes partes en torno suyo, par-
len de aquí cual de un límite, sin que este cielo
posea otro espacio que el divino espíritu en el que se
inflaman el amor que le hace girar y la virtud que
precisa á llover. El resplandor y el amor le descri-
ben en círculo, según él los demás, y aquel círculo
solo lo entiende quien lo formó . No es determinado
su movimiento por otro alguno, pero el de los otros
se dirige por éste, tal como la mitad de diez es
cinco .
Ya comprenderás ahora que tiene sus raíces el
tiempo en esta maceta, y sus hojas en las otras . ¡Ah
concupiscencia! ¡Hundes de tal suerte en tu seno á
los mortales, que ninguno puede alzar sus ojos fuera
de tus ondas !
Sí que florece en los hombres la voluntad, mas la
eternal lluvia convierte en endrinos las verídicas
ciruelas. La inocencia y la fe sólo se hallan en los
niños, pero huye tan luego ó antes de que el vello
asome á sus mejillas . Hay joven que todavía tarta-
mudeando, al hallar su lengua suelta, devorará el
alimento que le presenten, sin importarle la luna.
También existe tartamudo que, amando y oyendo á
su madre, luego al hablar en voz alta, desearía verla
enterrada .
Por lo que de níveo que era antes el cutis de la
bella joven (1), se transforma en negro. Concluya tu
asombro al comprender que no hay quien rija en la
tierra; de suerte, que la humana familia se desvía.
Mas antes que salga del invierno el mes de Enero ,
con motivo de estar allí abajo tan abandonado el
centeno, girarán de suerte los principales círculos,
(1) La humana especie, hijo del Sol.
416 -
que la dicha, con tal vehemencia aguardada, vol-
verá la popa hacia donde hoy tiene la proa, y nave-
gará con rectitud la flota. Luego de la flor nacerá
el fruto verídico . >>>
CANTO XXVIII
SUMARIO
Dante participa habérsele consentido ver la divina
Esencia.-Nota un punto que despide reflejos de más
viva luz, en torno del cual van girando nueve círcu-
los.-Beatriz le esclarece de qué manera los nueve
círculos se hallaban en relación con las nueve esferas
del mundo que siente, diciéndole luego la angélica
jerarquía.
La que conduce mi alma al Paraíso me reveló la
verdad sobre la actual vida de los infortunados mor-
tales, como nota en un espejo la llama de una bujía
el que se halla detrás, antes de verla y fijarse en élla,
y como se vuelve á ver si el espejo ha hecho exacta
la reproducción, y ve que ambas se relacionan cual
la nota y las palabras, me acuerdo que observé yo,
fijándome en los bellos ojos que con el amor formara
el lazo que me sujeta, y que al apartarlos, apareció
en el Cielo; lo que se verifica cada vez que contem-
plamos su extensión.
En seguida ví un punto (1) que irradiaba tal luz,
que si no los cierro, indudablemente hubiera abra-
sado mis ojos . La estrella que desde aquí aparece
más tenue, á su lado parecería una luna, cual una
(1) Dios . L
417 -
estrella cerca de otra. Casi parece que dista de su
círculo la luz que le traza, al ser la corona de vapo-
res la más espesa, cual dista del rededor del punto
un círculo de fuego, que gira con tal presteza, que
sobrepujaría en gran manera al movimiento más veloz
en dar vuelta al orbe .
Estaba aquel círculo rodeado por otro, y seguían á
éste un tercero, un cuarto, un quinto y un sexto cír-
culo, y sobre éstos giraba el séptimo, en tan inmensa
extensión, que la embajadora de Juno sería asaz an-
gosta para contenerle. Lo mismo sucedía respecto del
octavo y el noveno (1), siendo el movimiento de aque-
llos círculos más pausado, según que se hallaban sus
números más alejados del primero; en cambio lucía
más su llama, según se encontraba más apartada de
la pura luz, con motivo, á lo que me figuro, de ase-
mejarse más á ella.
Al notarme mi Dama presa de tal inquietud, me
dijo: «Si la tierra estuviese dispuesta con el orden
de esas ruedas, me satisfacería la razón dada; mas
en el mundo sensible son tanto más elevadas las es-
feras, cuanto más se apartan de su centro . Por lo
que, si mi deseo ha de satisfacer en este celestial y
admirable templo que tiene por límites el amor y la
luz, he de inquirir por qué el original y la copia gi-
ran de distinta manera; esta es la idea que preocupa
y no me explico.
No es mucho que tus dedos no basten para tal
nudo, porque es tanto más apretado cuanto que ja-
más se tocó . »
Esto observó mi Dama; luego prosiguió: «Ten
presente lo que te voy á decir para que satisfagas tu
deseo, y sobre ello aguza tu entendimiento .
Los materiales círculos son largos y estrechos,
(1) Los nueve coros que circuyen su punto céntrico
ó sea Dios .
DANTE 27
418
con arreglo á la cantidad esparcida sobre todos sus
lados . Cuanto mayor es el mérito, más grande es el
bien producido; y cuanto mayor uncuerpo, más gran-
de el bien que contiene, si son todas las partes de
aquél del mismo modo perfectas.
De suerte, que este círculo que arrastra en pos de
si todo el orbe , pertenece al que más ama y más
sabe (1); por lo que si mides por su virtud, y no por
su extensión , esas sustancias que están en torno tuyo,
notarás una proporción gradual y admirable entre un
cielo y su inteligencia.>>>
Claro y puro cual el hemisferio al dulce soplo de
Boreas , que disipa y dispersa la niebla densa, á fin de
que vuelva á lucir el Cielo sus infinitas bellezas , se
quedó mi pensamiento ante la terminante contesta-
ción de mi Dama, reflejando en él la certeza cual el
astro en el Cielo.
Acabadas sus frases, principiaron a centellear los
círculos cual hierro en la fragua abrasadora, produ-
ciendo cada chispa otras muchas, cuyo número bien
pronto superó al de la multiplicación de las casillas
del tablero .
En aquel momento oí cantar Hossana de uno en
otro coro hasta el punto fijo que ubi les tiene y ten-
drá por siempre. La que notaba las dudasde mi es-
píritu, me dijo: «Los círculos primeros te han ense-
ñado los serafines y los querubines. Siguen con tal
velocidad su atracción, para edentificarse en lo
posible con el punto donde derivan, consiguiéndolo
con arreglo á lo que descubrendesde la mayor ele-
vación .
Los otros amores que giran á su alrededor se
Ilaman tronos de la divina mirada, porque acaban el
(1) El noveno cielo ó primer móvil, pertenece al cir-
culo de los serafines .
-
419 -
primer ternario (1); has de saber que su regocijo es
tal, que su vista penetra en la verdad donde des-
cansa toda inteligencia; de lo que se puede dedu-
cir que el punto de beatitud se deriva de la acción
de ver, y no de la de amar que va en pos de
ella.
Y como es el ver el galardón que engendra la
gracia y la buena voluntad, va procediéndose por
grados . El otro ternario, que germina así en esta
perpetua primavera que jamás despoja el nocturno
Aries (2), canta eternalmente Hossana con tres tonos
que resuenan en las tres clases de alegría de que se
forma.
A esta jerarquía corresponden las elevadas diosas
que sou las Dominaciones y las Virtudes; el tercer
coro es el de las Potencias. Después, en los círculos
séptimo y octavo, giran Principados y Arcángeles .
El postrero está dedicado á los juegos de Angeles .
Todas las miradas de dichos círculos penden de lo
alto, y tienen tal influencia abajo, que impulsados
impulsan á todos hacia Dios .
Dionisio (3) consideró con tal ardor esos círculos,
que los clasificó cual yo lo hago; mas luego Gregorio
se apartó de él, por lo que al penetrar en el Cielo
se rió de sí propio.
Que un mortal revelara en el mundo una verdad
tan escondida, no quiero que te admire (4) , pues se
Ja descubrió quien aquí la viera con otras muchas
cosas verídicas de este círculo .
(1) La primera de tres jerarquías; cada una tiene
tres coros .
(2) El Otoño, que se encarga de despojar nuestra
primavera.
(3) San Gregorio no describe el cielo como Dante ,
mas sí San Dionisio Areopagita .
(4) San Pablo , que en éxtasis fué elevado al Cielo , y
el que enseñó á San Dionisio .
420
CANTO XXIX
SUMARIO
Instruye Beatriz à Dante respecto de la creación de los
ángeles . Después habla contra los predicadores y
teólogos, que, apartándose del Evangelio, se deleitan
en la invención de fábulas .-Ultimamente le vuelve
a hablar sobre la sustancia de los ángeles.
En el momento que los dos hijos de Latona, tapa-
dos con los signos Aries y Balanza, forman unidos
un cinto con el horizonte (1), y desde el punto en
que el zenit los equilibra, hasta que uno y otro, mu-
dando de hemisferio, se sueltan de aquel cinto, por
idéntico intervalo Beatriz sonríe, contemplando con
fijeza el objeto que deslumbrara mi vista .
Luego dijo: «Sin que me interrogues, te diré lo
que deseas oir, pues lo he visto donde va á dar todo
ubi y todo quando; no para acrecentar su perfección
(que no podría ser), sino para que su resplandor pu-
diera decir: Yo existo .
El eternal amor se abrió prematuramente en su
eternidad, fuera del espacio, á su placer, y creó
nueve órdenes de amores; y no porque antes dejase
de ser activo , puesto que ni antes ni luego corrió la
palabra de Dios sobre las aguas .
Forma y materia reunidas y proporcionadas,
emanaron de aquel acto limpio de imperfecciones,
cual salen tres flechas de un arco de triples cuerdas;
y como en el vidrio, cristal ó ámbar brilla un rayo, y
(1) En tanto el Sol y la Luna se hallan uno en Oriente
y otra en Occidente.
- 421 -
que desde el puntode arribar a una de aquellas es-
pecies, hasta su formación, no media espacio alguno;
así aquel triple efecto irradió á un tiempo de su
Señor y su Dios, sin diferencia en su principio (1) .
A la sazón se concreó y estableció el orden de las
sustancias aquellas, las que cimentaron el mundo en
el que se produjo el puro acto. La materia de pureza
ocupó el lugar inferior; mas en el centro agregó un
nudo tal á la fuerza y la materia, que jamás se des-
hace.
Jerónimo escribió que los ángeles se crearon mu-
chos siglos antes de que fuese hecho el otro mundo;
mas esta veracidad, expuesta á tu presencia, se halla
consignada en algunos pasajes de los escritores de
Santo Espíritu, según tú mismo lo podrás ver si lo
observas con detención, y hasta la razón lo entiende
en parte; cómo se explicaría que los móviles hubie-
ran estado tanto tiempo sin su perfección (2) .
Ya sabes dónde, cómo y cuándo fueron creados
dichos amores; y ya son tres las extinguidas llamas
de tu deseo. Al fin del intervalo necesario para con-
tar veinte, una fracción de aquellos ángeles turbó ya
el mundo. La otra siguió fiel y principió con pla-
cer la obra de tu admiración, que jamás deja de
girar.
El móvil de la caída lo fué el orgullo maldecido
que viste aplastado por la gran mole del mundo . Los
que aquí observas, en su modestia reconocieron la
bondad que tan bien los dispusiera para comprensio-
nes tan elevadas .
De suerte, que sus obras fueron de tal modo pre-
miadas por la gracia que da luz, que hoy poseen el
(1) Se debe a Mamiani della Rovere, desterrado cual
Dante, elhaber tenido la dignación
ación de esclarecer este
trabajo con sus consejos.
(2) Hubiesen quedado imperfectos, á no poseer el
suficiente poder para mover los cielos. (Grangier .)
422 -
galardón de una plena y firme voluntad. Quiero que
lejos de la duda tengas el convencimiento de que el
recibir la gracia es más meritorio cuanto mayor es el
afecto á que se deba .
De hoy más contemplarás á tu sabor, sin necesi-
tar de otro, este consistorio entero, si te has fijado en
mis razones. Mas como en las escuelas de la tierra
se lee que es tal la angélica naturaleza, que com-
prende, recuerda y quiere, te hablaré todavía para
descubrirte la verdad en su pureza, ya que allí abajo
se sufre alguna confusión por los equívocos de tal
enseñanza .
Las sustancias aquellas, luego de complacerse en
la imagen de Dios, no quitaron su vista de ese ros-
tro al que nada se esconde; y como por lo propio
su vista no fué distraída por otro objeto, de aquí el
que no se dividiera su idea y el que no necesiten
recordar .
Por eso allí abajo se sueña despierto, unos cre-
yendo y otros dudando de esta verdad; mas existe
en los primeros mayor pecado y baldón. En la tierra
jamás al filosofar seguís ningún sendero; tanto os
dominan la apariencia y sus quiméricas ideas .
Esta conducta, sin embargo, se mira en lo alto
menos mal que la que rechaza la Escritura Sacra. No
os fijáis en la sangre que costó el cimentarla en el
mundo, ni en lo grato que es el que va en pos de
ella con humildad.
Unicamente por parecer, se recurre al ingenio y
se hacen invenciones que sirven de base á los predi-
cadores, y el Evangelio está callado. Uno dice que
la luna retrocediera á la pasión del Cristo, y que se
cruzó para que el sol no pudiera descender á la tie-
rra; otro , que se escondió la luz por sí propia, de lo
que vino que aquel eclipse fuera tan fatal para los
españoles y los indios, cual para los judíos .
En Florencia son más escasos en número los Lapo
-
423 -
y los Bindo (1) de lo que lo son los cuentos que por
todas partes durante un año se refieren en los púlpi--
tos; de suerte, que las infelices ovejas regresan á su
corral saciadas de verde, sin que por ello les sirva de
pretexto su ignorancia .
Cristo no pudo decir á su primer convento: Pre-
dicad majaderías al mundo, sino que dió la verdad
por texto á sus alumnos, siendo pregonada por éllos
con tal energía, que en sus palestras por encender la
fe, trocaron el Evangelio en lanzas y yelmos .
Ahora se predican asuntos bufos y grotescos, con
los que solo se logra excitar la hilaridad de los oyen-
tes, y al conseguirlo se hincha la cogulla. Pero en
cambio, se anida tal pajarraco (2) en el pico de la
cogulla, que si lo viera la gente no perdonaría á los
de que ella esperan el perdón .
Y de tal manera se halla la sandez arraigada en
la tierra, que sin prueba se confía en toda promesa;
de aquí el que ensanche el vientre el puerco de San
Antonio , y que tomen carne otros infinitos, peo-
res que los puercos y que pagan con moneda sin
cuño .
Después de esta digresión, vuelve los ojos hácia
el recto sendero, para aligerar éste y el tiempo. La
naturaleza de los ángeles acrece de tal suerte en
número á cada grado, que no existe palabra ni hu-
mana sabiduría capaces de explicarlo. Atendiendo á
la revelación de Daniel, notarás que en los millares
que refiere no cita número .
Unicamente la primera luz que brilla sobre toda
su naturaleza, investiga su esencia de tantas mane-
ras cuantos son los esplendores á que ella se halla
unida. De suerte, que como al acto intuitivo sucede
(1) Lapo en vez de Jacopo, y Bindo por Aldobrandino,
son nombres muy generales en Florencia.
(2) El demonio.
424 -
el efecto, la dulzura del amor es en los ángeles más
ó menos ardorosa .
Juzga desde este punto la elevación y extensión
del eterno poder, ya que se multiplica en tantos es-
pejos , siendo siempre exclusivo .
CANTO XXX
SUMARIO
Sube el poeta con Beatrizal círculo décimo, el Empíreo .
-Allí Beatriz se reviste de una inmensa hermosura.-
Luegodeuna sobrenatural visión, le es permitido ver
al poeta el triunfo de los Angeles yBienaventurados.
-Su protectora le enseña el número de los escogita-
dos, y le hace ver la grandeza de la ciudad Celestial.
Acaso á distancia de seis millas de esta esfera,
luce la sexta hora (1), y este mundo ladeó ya su som-
bra casi en horizontal, cuando el centro del cielo que
sobre nosotros se alza, principia á ponerse de ma-
nera, que distintas estrellas concluyen por esconderse
en nuestras profundidades; y según va acudiendo la
magnífica sierva del Sol, se cierra el cielo de uno en
otro resplandor hasta el más grande; de suerte, que
aquel triunfo (2) que continuamente se agita en de-
rredor del punto que me deslumbrara, asimilando el
contenerse en lo propio que él contiene, mi vista se
extinguió gradualmente; así que la aflicción de no ver
nada y mi amor, me precisaron á fijar los ojos en
Beatriz .
(1) El Mediodia .
(2) El coro angélico.
-
425 -
Si cuanto de élla llevo dicho hasta ahora, se pu-
diera juntar en una balanza, sería poco, comparado
con este instante.
La preciosidad que noté en élla, no solo se halla
fuera del alcance de lo ideal, sino que me figuro que
solo su Creador puede alcanzarla del todo . Me declaro
vencido por este pasaje de mi tema, más que lo fuera
autor alguno, ya cómico , ya dramático .
Así como fatiga el sol al párpado que tiembla más ,
así se estanca mi espíritu á la idea de aquella sonri-
sa dulce. Desde el momento que ví su rostro por
vez primera acá en la tierra , hasta el en que disfruté
de aquella inefable vista, no se ha interrumpido el
hilo de mi canto; mases necesario que mi poema
deje de bosquejar aquí la belleza de mi Dama, cual
lo debe verificar todo artista que arriba al supremo
esfuerzo de su arte .
Dejo á la gloria de otra trompa mejor que la mía
el dar fin á tan arriesgada empresa. Beatriz contestó
con la apostura y la voz de un solícito director:
<<Del mayor de los celestes cuerpos hemos ascen-
dido al Cielo de la luz pura (1), luz intelectual que
rebosa amor, amor del bien supremo lleno de rego-
cijo, regocijo que supera á las dulzuras todas .
Verás aquí ambas milicias del Paraíso (2), una
de ellas con igual aspecto que la notarás en el final
juicio. »
Cual el rayo que súbitamente disipa las visuales
facultades , arrebatando al ojo el poder precisar los
más marcados objetos, un nuevo resplandor envol-
vió mi vista, quedándome prendido de tal modo entre
el crespón de su luz, que no ví cosa alguna .
«El amor que tranquiliza este cielo recibe siempre
(1) Del Móvil primero al Empireo.
(2) Milicia de los ángeles leales y la de los escogi-
tados .
-
426 -
con idéntica salutación al que penetra en él, con ob -
jeto de preparar el cirio para que pueda resistir su
fulgor. » Al oir aquellas sucintas frases de Beatriz ,
senti que me elevaba sobre mis fuerzas, naciendo en
mí una nueva vista, que no destruyó ya ningu-
na luz .
Al punto ví un resplandor semejante á un
raudal que deslumbrante se extendía por entre dos
orillas vestidas de preciosas belloritas, del que mana-
ban hermosas chispas, que cual rubies venían á dar
sobre las flores .
Después , como electrizadas por aquellos aromas ,
tornabau á zambullirse en aquel asombroso abismo ,
saliendo una mientras entraba otra.
Mi adorada protectora me dijo: «El gran deseo
que en este instante te devora y que te empuja á en -
tender lo que estás viendo, tanto me complace cuanto
que te eleva; será del caso que bebas de esa agua
para que mitigues tu sed voraz.» Luego prosiguió:
<<El agua y los topacios que en ella salen y en-
tran y las márgenes sonrientes, sombras son y noti-
cias de la verdad; no porque estos objetos sean os-
curos por sí, sino porque la falta reside en ti, que tu
vista no tiene aún la fuerza del atrevimiento . »
Ningún niño se arrojaría más ávido al pecho de
su madre al despertar más tarde que de costumbre ,
que lo verifiqué yo (para trocar mis ojos en mayores
espejos), á fin de inclinarme á la corriente donde uno
se perfecciona.
Así que mis bordes se hubieron humedecido en
ella, me pareció que el río de largo se trocaba en
circular. Después, cual los que bajo el antifaz apare-
cen distintos de lo que eran antes , y si selo quitan
vuelven á su sér, así cambiaron las flores, siendo su
regocijo tal, que ví con claridad manifestarse en el
cielo ambas cohortes .
¡Ah resplandor de Dios, por el que pude notar el
- 427 -
inmenso triunfo del imperio de la verdad, consiénte-
me el dón de poderlo describir cual lo pude ver!
Enlo alto se ostenta una luz que hace que el
Creador sea notable á la criatura, que cifra en verlo
su ventura. Dicha luz se esparce en forma circular,
pero tan grande, que su diámetro sería sobrado
ancho para el sol .
Cuanto de ella se nota, no es sino un rayo que re-
fleja en la cumbre del primer Móvil, que toma de allí
su sér; y como en el agua de su base se cree mirar
el collado á fin de examinar su aspecto y el tesoro
de sus yerbas y de sus flores, así suspensas alrede-
dor del río luminoso ví que se miraban por miles de
grados todas las almas que de la tierra han vuelto
allí arriba .
Y si el más ínfimo grado reconcentra en sí tal luz,
¿qué esplendor será el de aquella flor en sus más
elevadas hojas? Mis ojos no se extraviaban ante la
magnitud de la rosa, que en su cantidad y calidad
sustentaba aquel gran regocijo.
En aquel lugar es igual el cerca que el lejos,
pues donde rige Dios sin favoritos ni intermediarios,
las leyes naturales no tienen acción. Del centro do-
rado de la rosa emana un perfume de alabanzas al
sol, que produce aquella perpetua primavera.
Mi protectora , como el que calla queriendo hablar,
me impulsó diciéndome: ¡Repara qué inmensa es la
reunión de las blancas estelas, y cuánta es la circun-
ferencia de nuestro pueblo! ¡Tan plagadas están nues-
tras gradas , que son pocos ya los llamados á ellas!
En el trono que estás viendo, por motivo de la
corona puesta sobre él, se sentará, primero que tú
concurras á la boda, el alma augusta en el mundo
del gran Enrique (1), que reformará la Italia, antes
de que aquel país se halle preparado á recibirlo .
(1) Enrique VII.
-
428 -
La sórdida codicia os embrutece de modo, que os
iguala al infante que fallece de hambre rechazando á
la nodriza .
Entonces será prefecto divino (1) un sér que pú-
blica y privadamente llevará un camino contrario á
aquel rey. Mas Dios le consentirá poco espacio en el
oficio santo, y será sumido allí donde el mago Simón
está por sus obras, siendo él la causa de que se hunda
más el Anagni (2) .
CANTO XXXI
SUMARIO
Prosigue Dante, viendo arrobado, la gloria del Paraíso.
-Volviéndose hacia Beatriz, que tornó á ocupar su
lugar celeste, le da gracias por el gran favor que le
ha dispensado.-Por ruego de San Bernardo se le
consiente ver en su dichaá la reina celestial, la Vir-
gen María.
Cuando con la forma de una rosa de deslumbrante
blancura se presentó á mi vista la santa milicia que
Cristo con su sangre convirtiera en su esposa, la otra
milicia que volando ve y entona la gloria del que
inflama su amor y cuya magnanimidad hiciera tan
grande (cual enjambre de abejas, que ya se posa en
la flor, ya en el objeto de su trabajo), descendía á
la flor bella adornada de otras tantas flores, para
marchar todavía desde allí hacia el lugar do su amor
permanece eterno .
(1) O sea soberano Pontifice; alude a Clemente V.
(2) Bonifacio VIII .
429 -
Aquellas almas tenían el rostro de viva llama, sus
alas eran de oro y el resto de tal blancura, que supe-
raba á la nieve en mucho. Descendiendo gradual-
mente á la flor, agitaban sus alas á fin de esparcir el
ardor y la paz que acababan de obtener. Y aunque
se cruzase entre lo alto y la flor aquella alada fami-
lia, no interrumpía el esplendor ni la vista, pues la
divina luz entra en el universo con una fuerza tal ,
del que es acreedor á ella, que no puede hallar in-
conveniente .
Aquel imperio tranquilo y alegre, rico en espíritus
antiguos y modernos, tenía los ojos y el amor pues-
tos en un sólo objeto. ¡Ah, luz triplicada, que irra-
diando en una sola estrella, alegras de tal manera la
vista de aquellos espíritus, contempla la tempestad
que ruje aquí abajo!
Si los salvajes que proceden de las playas que
cubre constantemente Helice (1), girando con el hijo
que cariñoso sigue, se asombraban al ver á Roma y
sus elevados edificios, cuando Letrán se alzaba sobre
toda obra mortal (2), ¿cuánto más grande no sería
mi sorpresa al cruzar de lo mortal á lo divino, de lo
temporal á lo eterno, de Florencia á un inmenso
pueblo justo y sabio! Entre mi sorpresa y mi alegría,
me contentaba con no oir ni hablar .
Como peregrino que disfruta observando tenaz-
mente el templo en el que acababa de terminar su
voto, con idea de explicar luego su arquitectura, con-
templaba yo la viva luz, fijándome en las gradas y
en los costados. Notaba allí rostros que excitaban á
la piedad , hermoseados con la luz elevada y su son-
risa, y embellecidos con todas las gracias .
Ya mi vista se había poseído de la forma del Pa-
(1) La Osa grande.
(2) San Juan de Letrán , la primera iglesia de Roma
y del orbe católico.
430 -
raíso, sin haberse parado, sin embargo, en ninguno
de sus sitios, cuando impulsado de nuevo deseo, me
volví hacia mi Dama. Aguardaba una cosa, y me su-
cedió otra harto diferente; me figuraba ver á Beatriz
y noté un anciano vestido cual la gloriosa familia.
En sus ojos brillaba la benignidad, y su faz osten-
taba la dulzura de un padre cariñoso. «¿En dónde
está élla?» le pregunté al punto. El repuso: «Soy en-
viado por Beatriz á fin de poner término á tu deseo;
si te fijas allá arriba en el tercer círculo del grado
supremo (1), la verás ocupando el trono que su mé-
rito le alcanzara . »
Sin responder alcé la vista, y ví que se formaba
una corona mientras reflejaban en ella los eternales
rayos
os.. De lo profundo del Occéano hasta la más ele-
vada región do el trueno retumba, hay menor distan-
cia que la que me apartaba de Beatriz; mas nada me
apesadumbraba, por venir su imagen hasta mí con
claridad.
«¡Oh mujer, en quien mora mi esperanza, y que
por salvarme te dignaste asentar tu planta en el In-
fierno! cuanto ví y contribuyó á acrecentar en mi el
vigor y la gracia, a tu grandeza y á tu bondad lo debo .
Desde las cadenas me llevaste á la libertad por
cuantos medios y veredas estuvieron en tu mano; así,
guarda para mí tus dones, á fin de que mi alma.
que ya curaste, sea de tu gracia al desprenderse del
cuerpo. >>
Acabada mi plegaria, aunque tan distante Bea-
triz, me sonrió, volviéndose después hacia la eterna
fuente .
El anciano dijo á su vez: «Para que complemen-
tes tu viaje, por lo cual una prez y un santo amor á
tí me remiten, pasa tu vista por este jardín, pues
(1) Los tronos están en el circulo tercero de la je-
rarquía primera .
431
que verle te prestará más valor para ascender hacia
el divino rayo .
La reina celestial, por la que me abraso en per-
petuo amor, nos concederá todas las gracias, por ser
yo su fidelísimo Bernardo (1). »
Como el que llega de la Croacia por contemplar
á nuestra Verónica (2), y no se sacia de verla con
motivo de su gloriosa forma, y más bien se dice en
tanto se la muestran: ¡Jesus mío, Jesucristo, verí-
dico rey, tal era vuestra faz! Así veía yo el vivien-
te resplandor del que, mientras sus contemplacio-
nes, gozó en la tierra prematuramente de la paz ce-
lestial .
Entonces me dijo : « Hijo de la gracia, no compren-
derás esta bienaventurada vida, si prosigues con la
frente inclinada .
Repasa los más remotos círculos, no parando hasta
ver el trono de la Reina á quien pertenece este
reino . »
Alcé la vista, y según la parte oriental del hori-
zonte gana por la mañana en resplandor á la en que
se pone el sol, así noté yo al extremo un punto
del círculo que sobrepujaba en claridad á todos los
otros .
Este lábaro de concordia brilla en el medio,
eclipsando el fulgor de las demás llamas, cual eclip-
sa el de todos los demás puntos del Cielo, aquel
donde se espera el carro que tan mal condujera
Faetonte .
En aquel centro observé millares de ángeles que
la acariciaban con desplegadas alas, ostentando cada
uno de ellos una actitud y un esplendor diferentes .
A sus festejos y sus cantos ví sonreir una peregrina
(1) San Bernardo, emblema de la vida contemplativa.
(2) La Croacia ó todo remoto país. El santo sudario
que se debe a Santa Verónica.
432
beldad, qee regocijaba la vista de todos los otros
santos .
Aun siéndome dado explicar todas las frases que
la imaginación concibiera, no osaría á expresar la
más tenue de sus delicias .
Cuando Bernardo observó mi atención hacia el
objeto de su amor, volvió sus ojos hacia él con tal
afecto, que todavía acrecentó en los míos el ardor con
que lo admiraban.
CANTO XXXII
SUMARIO
Manifiesta San Bernardo á Dante el orden de la coloca-
ción de los Santos del Antiguo y el Nuevo Testamen-
to. Ante todo le hace fijar en la gloria de la Inma-
culada Virgen .
El contemplador (1), en su felicidad, se toma el
cargo de cicerone, y principia con estas palabras sa-
crosantas: «La herida que restañara y sanara María,
se enconó y abrió de nuevo por aquella mujer bella
que está á sus plantas (2).
«En la hilera que describen los puestos terceros ,
están, cual ves, sentadas debajo de ella Raquel y Bea-
triz; también están Sara y Rebeca, Judit y la bisa-
buela (3) del chantre, que por la pena desu falta dijo:
Miserere mei.
Cuando desciendas, verás las otras de uno en otro
(1) San Bernardo .
(2) Eva.
(3) Ruth .
433
trono, pues en la rosa te las mencionaré hoja por
hoja; del séptimo grado hacia abajo , cualde lo alto
hasta dicho grado van sucediéndose las israelitas,
dibujando todas las hojas de la flor, pues con arre-
glo á la mirada que la fe puso en Cristo, son
esas mujeres el marco que separa los sagrados esca-
lones .
Al lado que la flor está revestida de todas sus
hojas, se hallan sentados los que no dudaron de la
venida del Cristo , y en el otro en el que los semicir-
culos se interrumpen por algunos huecos, se hallan
los que volvieron sus ojos hacia Cristo mientras estu-
vo en el mundo .
Y como en esta parte el trono glorificado de la
Reina celestial y los otros sitios inferiores se hallan
separados, lo mismo en el opuesto lado del justo
Juan, que continuamente santo, padeció soledad,
martirio é infierno por espacio de dos años ( 1) , se
halla separado del de los santos Francisco, Benito,
Agustín y los otros, bajando hasta aquí de uno en
otro círculo .
De suerte, que sorprende la gran divina Provi-
dencia, pues uno y otro adorador de la fe llenarán
del propio modo este jardin. Has de entender, que
desde la grada que aparta por en medio ambas di-
visiones, hasta la inferior, no hay ninguno que se
halle sentado por propio mérito, y sí por el de otro,
bajo alguna condición; son almas desprendidas de la
cubierta mortal, antes que pudieran escogitar la ve-
rídica fe.
Sencillamente lo notarás en su faz y en sus infan-
tiles voces , si te fijas con alguna atención. Dudas
ahora, y en la duda callas; mas yo te quitaré los
lazos que sujetan tus ideas sutiles .
No es posible que en este imperio inmenso suceda
( 1) En el Limbo, do esperó dos años al Cristo .
DANTE . 28
-
434 -
un acto fortuíto, como tampoco cabe la tristeza, ham-
bre ó sed, pues por eterna ley, cuanto contemplas
se halla establecido de suerte que cada objeto ocupa
su sitio, como el anillo el dedo. De aquí que esa
cohorte que acudió tan veloz á la vida verdadera, no
fué sine causa más o menos grande.
El rey, por el que se conserva este reino en tal
dicha y gozo, que ningún deseo puede ir más ade-
lante, al establecer todos los espíritus bajo su grata
mirada, los dotó de distinta gracia; te basta el pro-
ducido efecto. Todo esto os es con claridad corrobo-
rado en la Escritura Sacra, por los mellizos que en
el vientre materno se agitaron coléricos (1 ), pues
con arreglo al color del cabello, debe la elevada luz
otorgar la corona de la gracia; por lo que, sin tener
en cuenta sus obras, fueron puestos en distintas gra-
das , estribando solo su diferencia en la infusión de la
primera gracia.
En los primeros tiempos era suficiente, para sal-
varse con la inocencia poseer la fe de los padres .
Pasadas las primeras edades, tuvieron los niños ne-
cesidad de la circunsición, para reponer la fuerza de
sus alas inocentes .
Mas llegada la época de la gracia, los inocentes
que no habían recibido la perfección del bautismo
del Cristo, quedaban suspensos en el Limbo. Repara
ahora el rostro que se asemeja más al Cristo, pues
que solo con su luz te puede preparar á ver el Cristo.
Tanta alegría ví llover sobre él, traída por los
santos espíritus, creados para volar á aquel occéano
de dicha, que cuanto hasta alli viera estaba muy
lejos de causarme semejante sorpresa, por darme de
Dios verídica semejanza.
El amor (2), que descendió el primero entonando
(1) Esaú , que era rubio, y moreno Jacob .
(2) El ángel San Gabriel.
435 -
Ave-Maria gratia plena, tendió sus alas ante él, y la
bienaventurada corte respondió por todas partes al
divino canto; de suerte, que cada espíritu lo creía
mas refulgente.
<<¡Ah Santo Padre (1), que tienes la dignación de
estar aquí abajo por mi causa, abandonando el dulce
sitio que ocupas por la eternidad, ¿qué ángel es
aquel que con tal regocijo pone su mirada en la de la
Reina , y que de tal suerie ama que parece abrasado?>>>
Esta pregunta le dirigí á aquel que se hermoseaba
con el resplandor de María, cual se hermosea con el
del sol la estrella del alba .
Y me repuso : «La confianza y gracia que puede
poseer un ángel, se hallan en él; esta es nuestra vo-
Juntad, por haber sido el conductor de la palma á
Maria, al querer cargar con nuestras culpas el Hijo
de Dios . Ahora , según te vaya hablando, pon tu
vista en los grandes ciudadanos de este piadoso y
justo reino.
Los dos que están sentados allí arriba, más dicho-
sos, puesto que se acercan más á la augusta Matrona,
casi pueden llamarse las dos raíces de la rosa. El de
su izquierda es el padre, que por gustar ávidamente
la fruta, bizo libar la copa del dolor á la humanidad
entera (2) .
Hacia su derecha ve el padre antiguo de la Igle-
sia santa, á quien confiara el Cristo las llaves de esta
flor sin igual (3) . El que viera antes de morir los
tiempos borrascosos que había de atravesar la dulce
esposa (4), conquistada con la lanza y los clavos,
sehalla sentado próximo á aquél; estando también
cerca el jefe á cuyo mandato vivió del maná el ingra-
to puebio, tan variable y obcecado .
( 1 ) San Bernardo .
(2) Adán .
(3) San Pedro .
(4) La Iglesia .
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436
Frente á Pedro puedes ver á Ana, tan subyugada
en la contemplación de su Hija, que ni agita los ojos
al cantar Hossana. Delante del gran padre (1) se
halla sentada Lucía (2), la que te enviara á Beatriz
cuando cerraste los ojos junto al abismo. Mas como
ya pasó tu sueño, haremos pausa, asemejándonos al
sastre que construye la ropa con arreglo al paño con
que cuenta.
Elevemos en este punto los ojos hacia el amor
primero, para que al contemplarle penetres lo po-
sible en su esplendor. Mas temiendo no retrocedas
al querer avanzar, debes conseguir el dón con tus
plegarias , al agitar las alas; después seguirás con
alma é intención, haciendo por no separar tu corazón
de mi ruego. » Entonces principió esta santa prez.
CANTO XXXIII
SUMARIO
San Bernardo pide a la Virgen María con fervorosa sú-
plica, que alcance para el poeta el dón de elevarse
hasta la misma vista de Dios. Luego, iluminado
Dante, penetra con la mirada la augusta y magnífica
Trinidad, y observa en el Verbo la Humanidad junto
á la Divinidad.
«¡Ah, Madre y Virgen! Hija de tu propio Hijo, la
más elevada y humilde de todas las criaturas, térmi-
no invariable de la eterna voluntad, tú ennobleciste
(1) Adán .
(2) Santa Lucía de Sigamsa, emblema de la gracia
queda luz.
-
437 -
la humanidad, cuyo autor no desdeñó convertirse en
su misma obra .
En tu regazo se inflamó el amor, cuya llama
germinó esa flor en la eterna paz. Tú significas aquí
para nosotros un sol de piedad en su mediodía, y
entre los mortales, vivo raudal de esperanzas. Mu-
jer, eres tan inmensa y poderosa, que el que deman-
da gracia, sin llegarse á tí, se propone que su deseo
se eleve sin alas .
Tu magnanimidad no sólo atiende al que implora ,
sino que suele anticiparse á su demanda. En tí re-
side la misericordia, la piedad, la munificencia y
cuanto bueno puede residir en la criatura; por esta
razón, el que desde los abismos del universo hasta
aquí vió una en pos de otra las existencias de los
espíritus, te ruega le otorgues la indispensable fuerza
para alzar más su vista hacia el Supremo Bien.
Y yo, que jamás deseé para mí con más ardor
aquella vista cual lo deseo para él, á tí elevo todas
mis plegarias, rogándote no sean estériles, para que
deshagas las nubes de su mortalidad con tus preces,
á fin de que se le muestre la Soberana alegría.
Asimismo te demando, ¡oh reina celestial! que lo-
gras cuanto quieres, guardes íntegros sus afectos
luego de tal vista, y que tu infiujo venza los huma-
nos impulsos. Repara que Beatriz y los otros bien-
aventurados unen sus manos asociándose á mis
ruegos . »
Los ojos que Dios adora (1) , puestos en el que
oraba por mi, nos hicieron conocer cuán gratas le
eran aquellas preces. Después se alzaron sobre la
luz eternal, en la que no parece posible pueda po-
nerse tan penetrante el ojo de la mísera criatura.
Amedida que me iba aproximando al final de
todos mis votos, se extinguió en mí, cual debía, la
(1) Los ojos de la Virgen Maria .
-438 -
llama de todo anhelo. Bernardo, sonriente, me decía
que mirase á las alturas; mas ya me hallaba yo en la
actitud que él quería, pues mi vista, más pura cada
vez , penetraba por grados en la inmensa luz, que es
la sola verídica.
En aquel punto mi vista excedió á mis palabras,
pues éstas ceden á presencia de aquella visión, cual
cede la memoria ante lo portentoso. Según el que en
sueños distingue, y que despierto retiene la impre-
sión producida sin acordarse del resto, así estoy yo,
por haber acabado mi visión casi por completo; y
todavía noto fluir en mi alma la dulzura que de ella
vino, deshaciéndose cual la nieve al calor del sol , y
desapareciendo como por el aire las simples hojas
que tenían los decretos
osde la sibila .
¡Oh soberana luz, que te levantas sobre las ideas
de los mortales, dí á mi espíritu un tanto de lo que
tú parecías, haciendo que mi lengua tenga bastante
fuerza para dar á las razas venideras un tenue des-
tello de tu gloria! Si consigo recordar tus triunfos y
hacer que se destaquen en mis versos, siempre se
podrá entender algo.
Con la herida que recibí del vivo resplandor, creo
que hubiera cegado, huyendo de él mi vista. Sin
embargo, recuerdo que persisti hasta juntar mi mi-
rada al más infinito poder. ¡Oh dón celestial, por el
que tuve el valor de fijar los ojos en la eterna luz
que arrebataba mi vista!
Con toda claridad ví allí un volumen unido por los
amorosos lazos, que tenía todas las hojas esparcidas
por el universo; allí estaban las sustancias, los acci-
dentes y sus cualidades, de tal suerte amalgamados,
que cuanto yo pudiera decir no sería ni una sombra
ligera.
Me figuro que noté la forma universal de aquel
nudo, ya que al mencionarlo me advierto poseido
del más inmenso júbilo. Un pequeño intervalo pro-
-
439 -
duce enmí más olvido que el que causaran veinti-
cinco siglos pasados desde la empresa que hiciera
admirar á Neptuno de Argos la sombra.
Por lo que mi suspendido espíritu admiraba fija ,
inmóvil y cuidadosamente, y seguía admirando con
progresivo amor. Es tal el efecto que produce aque-
lla luz, que no se puede apartar la vista para fijarse
en otra cosa, pues el bien que dimana de la volun-
tad se junta estrechamente á ella, y fuera de ella es
imperfecto lo que allí es magnífico .
Más incapaz será mi palabra para decir lo que
recuerdo, que lo sería un niño que todavía hume-
deciese su lengua en el materno pecho; no porque la
luz tuviese más de un sencillo aspecto, y que siem-
pre es lo que antes era, sino por motivo de mi vista,
que al contemplarla se fortificaba; y según ésta iba
cambiando, también se alteraba aquella sola apa-
riencia .
El uno (1) parecía reflejarse por el otro, cual el
Iris por el Iris, y el tercero asemejaba una llama que
de todos lados brotaba á un tiempo (2) .
¡Oh y qué impotencia la de mi voz para emitir
una idea! Está tan lejana de lo que ví, que no me
basta el decir poco. ¡Oh eterna luz, que moras sola en
tí, que sola te entiendes y que así te amas y sonríes!
Aquel círculo que parecía en tí concebido, cual refle-
jo de luz, así que mis ojos principiaron a recorrerle,
me pareció contener en su centro nuestra efigie , con
su mismo color, por lo que mi vista se introducía en
él por completo .
Como el geómetra dedicado exclusivamente á me-
dir el círculo, que no encuentra en su razón la base
que le es necesaria, me hallaba yo ante aquella nueva
visión. Me propuse ver cómo estaba la efigie unida y
(1) El Hijo por el Padre .
(2) El Espíritu Santo.
-
440 -
⚫ adaptada al círculo, mas mis alas no poseían la nece-
saria fuerza, á no iluminarme un esplendorque calmó
mi anhelo .
Mi elevada imaginación desfalleció aquí; mas mi
deseo y voluntad, cual rueda movida á compás, iban
girando al exterior, empujados por el amor que hace
mover el sol y las estrellas .
FIN.
DANTE ALIGHIERI
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APUNTES BIOGRÁFICOS
Nació Dante (diminutivo de Durante), en la
ciudad de Florencia, en el mes de Mayo de 1265, y
perteneció á la antigua familia de los Cacciaguida,
uno de cuyos antepasados murió gloriosamente en
las Cruzadas en 1147. Fueron sus padres Alighieri
Degli Elisei y Madona Bella; el primero falleció
dejando niño al Dante, y la segunda, mujer de ele-
vado y distinguido carácter le educó en medio de
los trastornos de su patria y de las agitaciones de
toda Europa, infundiendo en él ideas graves y sen-
timientos enérgicos. El Dante, desde su tierna
edad, dió muestra de precoz talento, dedicándose á
los estudios con tal afición, que formaba contraste
con el desvío que hacia el manifestaban los demás
niños .
Llegado apenas á los diez añcs , se enamoró de
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una niña de extraordinaria belleza, hija de Folco
Portinari, llamada Beatriz, (aunque algunos auto-
res creen que el poeta ocultó bajo este nombre en
sus escritos, por respeto á la honestidad de su
amada, el verdadero nombre de la doncella). Con
el tiempo creció de tal modo su naciente pasión,
que por espacio de quince años la dedicó notables
poesías amorosas, dominándole de tal modo seme-
jante amor que, después de muerta Beatriz, no
sólo la dedicó su inmortal poema, sinoque la pre-
sentó como á su guía en su alegórico viaje al
Paraíso; pues Beatriz fué para el Dante el ideal de
la beldad universal .
Apesar de lo dicho, fué tan platónico el amor
de nuestro poeta hacia Beatriz, tan desligados de
compromisos amorosos estaban, que élla casó con
el joven Simón de Bardi, falleciendo al poco tiempo ,
antes de cumplir los veinte y cinco años, en 1290;
y él, después de muerta Beatriz, tuvo la desgracia
de casarse con Gemma Donati, á instancia de ami-
gos y parientes que deseaban desvanecer de ese
modo la profunda tristeza que se apoderó del Dante,
y cuyo casamiento agravó más todavía las angus-
tias de su corazón: nuestro poeta tuvo que sepa-
rarse de su esposa, por incompatibilidad de carác-
ter, según dice Boccaccio.
La única y eterna musa del Dante fué Beatriz;
así se trasluce en todas sus obras, y ya en la Vita
bona, escrita á los 16 años, relata la historia de
esta pasión que sólo había de terminar para él con
la vida.
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443 -
El Dante estudió en Bolonia según unos , y en
Cremona y Nápoles según otros . Regresó á Floren-
cia hacia el año 1289 y estuvo mezclado en las
confusiones políticas que alteraban á Florencia
como á toda la Italia, y en las que hubieron de-
intervenir los reyes de Francia y los emperadores
de Alemania. Los Gibelinos, divididos entre ellos,
le tuvieron sucesivamente por amigo y adversario,
pues combatió en 1289 á Campaldino contra los-
Gibelinos de Arezzo, y en 1290 contra los Pisanos.
Desempeñó varias y difíciles misiones diplomáticas
y políticas; fué nombrado prior de artes en 1300,
y miembro del Consejo superior de Florencia, du-
rante la lucha de Negros y Blancos. En esta lucha
de pasiones é intereses, más que de principios po-
líticos, los Blancos ó Gibelinos, á los que pertene-
cía el Dante, representaban la independencia de la
nobleza tlorentina; y los Negros ó los Güelfos, cuyo
inspirador era el Papa Bonifacio VIII, personifica-
ban la democracia, sostenida por la intervención
francesa. Los Gibelinos apelaron á los socorros-
del extranjero, y él mismo demandó auxilio al
emperador Enrique VII, pidiéndole ser el primero
en marchar sobre Florencia; pero mientras estaba
de embajador enRoma, el partido de los Güelfos,
rehecho por el poderoso influjo de Carlos de Valois,.
le hizo desterrar y condenar á ser quemado vivo
en 1302 : esta sentencia cruelísima se hizo exten-
siva á trece de sus partidarios , entre los que
alcanzó á Petrarcco , padre del dulcísimo poeta
Francisco Petrarca, condenados todos ellos á ser
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quemados vivos como reos de dilapidación y tras-
tornadores del orden público.
Tomó asilo en Verona en el palacio de uno de
sus partidarios; pero tuvo que escapar de allí é ir
sucesivamente á Bolonia, á Padua, á Lueca y des-
pués á Rávena. Sus peregrinaciones le condujeron
últimamente á París, donde estuvo en tiempos
anteriores , como embajador de Florencia. Allí es-
tudió y tomó los grados de bachiller y de maestro
en Teología.
En 1315 se le ofreció levantarle el destierro,
pero con condiciones tan humillantes , que no
quiso regresar á su patria.
Dante buscó entonces un asilo seguro en la
Romanía á donde fueron a buscarle enviados de
Guido Novello de Poletani, señor de Ravena, y una
vez allí, desligado por completo de los negocios
públicos, se dedicó con afán al cultivo de la filo-
sofia y de las letras y á la enseñanza de las mis-
mas. Transcurrieron así ocho años , que fueron los
más tranquilos de la vida del poeta, cuando
en 1321 fué enviado por Guido á ajustar la paz
con los venecianos . No pudiendo vencer la obstina-
ción de aquel ambicioso Senado, regresó á Rávena.
La tristeza que le causó el mal éxito de su misión
y las molestias del viaje, le produjeron tan perni-
cioso efecto que enfermó durante el camino. Agra-
vóse su molestia al llegar á Rávena, y espiró el 14
de Setiembre de dicho año. Su generoso protector
le costeó magníficos funerales y colocó sus restos
en un magnífico cenotafio de mármol,que hubiera
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convertido en suntuoso monumento á no haberle
sorprendido la muerte muy poco después que fa-
lleció el Dante .
Nuestro poeta se vengó de sus enemigos dán-
doles en el Infierno de un poema inmortal , sitio
adecuado á sus fechorías ó á sus crímenes . LA DI-
VINA COMEDIA, como debía llamarse más tarde la
gran trilogia Dantesca, no apareció íntegra hasta
después de la muerte del autor, circulando única-
mente manuscrita y por fragmentos durante su
vida; sin duda porque temió que sus alusiones é
invectivas á varios poderosos ó á sus familias, de-
sencadenaran odios y rencores de fatales conse-
cuencias .
Las demás obras del Dante son: Poesías líricas
la Vita Nuova, Tratado de la monarquia y Tratado
de la elocuencia vulgar.
Terminaremos estos apuntes biográficos del
autor deLa DIVINA COMEDIA con la siguiente anéc-
dota, extractada de su vida.
Pasando el Dante por cierta calle observó que
un herrero entonaba neciamente una de sus cancio-
nes, al són de los golpes que daba en el yunque,
mutilando ó uniendo los versos, de tal modo, que le
causaron profundo enojo. Perdió la paciencia y se
precipitó en la tienda del herrero y empezó á arro-
jar á la calle las herramientas y los útiles del ig-
norante artesano . Asombrado éste le preguntó si
se había vuelto loco; y el poeta en vez de contes-
tarle, le dijo: -«¿y tú, que haces?-Yo, contestó
el herrero, me ocupo en mi trabajo; pero vos echáis
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á perder mis herramientas, lanzándolas á la calle .
-Dante le replicó:----Si no quieres que estropee lo
tuyo, respeta lo mío.-¿Pues qué cosa vuestra es-
tropeo yo? contestó el herrero . - Cantas mis
versos, no como yo los escribí, sino como se te an-
toja; mi trabajo es éste, y en vez de respetarlo, lo
estropeas néciamente .
ÍNDICE
PÁGINAS
EL INFIERNO . • 5
EL PURGATORIO. 152
EL PARAÍSO .. 299
DANTE ALIGHIERI . 441
Esta obra se halla de venta en las prin-
cipales librerías al precio de DOS pesetas.
Los pedidos á la librería de Pascual
Aguilar, Caballeros, 1, Valencia.
BIBLIOTECA SELECTA
Colección de obras de los mejores autores nacionales y extrangeros
OBRAS PUBLICADAS
I
Viaje alrededor de mi cuarto y Escursión nocturna alre-
dedor de mi cuarto, por J. Maistre, I vol.
II Werther, por Goethe . I
III Aventuras maravillosas, por Edgard Poe . I 35
IV Avatar, por Teófilo Gautier (3.ª edición). I
V
Leyendas de Oro, por T. Llorente (2.ª edición) . 1
VI
VII
El Endemoniado, por C. Dickens. ( 3.ª edición) .
Hugo-el-Lobo, por Erckman Chatrian..
VIII Amorosas, por Teodoro Llorente ( 2ª edición I
IX Baladas, por Walter Scott .
X Cántico de Noche-Buena, por C. Dickens. 1
XI Cuentos de los Vosgos, por Erckman Chatrian . 1
XII Novelas Alemanas y Escandinabas .
XIII Vencido! por Mme . Emilio de Girardin. 1
XIV La Reina de Saba, por T. Bayley Aldrich
XV. Doloras, por D. Ramón Campoamor .
XVI VVII EI Mundo tal y como será en el año tres mil, por Emilio
Souvestre.. 1
XVIII El Progreso, por Emilio Souvestre. 1
XIX Cuentos flamencos , por E. Consciense. 1
XX Dos Episodios, por E. Vichert.. 1
XXI El Título de Propiedad, por E. Eggleston. I
XXII Federico el guardabosque, por E. Chatrian. 1
XXIII Cuentos suecos .. I
Seguirá
Aventuras de un niño Calavera.
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Dn 118.8
La Divina comedia;
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L
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