Al orar a nuestro Padre Celestial, debemos decirle lo que
realmente sentimos en el corazón, confiar en Él, pedirle perdón,
suplicarle, agradecerle y expresarle nuestro amor. No debemos
repetir palabras ni frases sin sentido (véase Mateo 6:7–8).
Debemos orar a nuestro Padre
Celestial
Imagen
A woman sitting at a desk with the scriptures open in front of
her. She has her hands clasped and eyes closed in prayer.
¿Qué es la oración?
A los maestros: Este capítulo se organiza bajo cinco encabezamientos, cada uno de los
cuales es una pregunta en cuanto a la oración. Usted puede utilizar estas preguntas como
guía para su lección. Si el entorno del salón de clases es tal que se puedan tener análisis
en grupos pequeños, considere dividir a los miembros de la clase en grupos de dos a
cuatro integrantes y asignar a cada grupo una de las secciones del capítulo. Pida a cada
grupo que lea y analice la sección asignada y que comparta experiencias personales que
se relacionen con ella; luego analicen las cinco secciones todos juntos, centrándose en las
preguntas que sean de mayor interés para los miembros de la clase.
Jesús enseñó: “Por tanto, siempre debéis orar al Padre en mi
nombre”(3 Nefi 18:19).
La oración es una de las mayores bendiciones que tenemos
mientras estamos sobre la tierra; por medio de ella podemos
comunicarnos con nuestro Padre Celestial y buscar Su guía
diariamente.
La oración es un diálogo franco y sincero con nuestro Padre
Celestial. Debemos orar a Dios y a nadie más. No debemos
orar a ningún otro ser ni cosa hecha por la mano del hombre o
de Dios (véase Éxodo 20:3–5).
¿Por qué oramos?
La oración ha sido una parte importante del Evangelio desde
el principio del mundo. Un ángel del Señor mandó a Adán y a
Eva que se arrepintieran e invocaran a Dios en el nombre del
Hijo (véase Moisés 5:8) y ese mandamiento nunca se ha
revocado. La oración nos ayudará a acercarnos a Dios.
Nuestras oraciones influyen en todos nuestros pensamientos,
palabras y hechos.
Debemos orar para pedir la fortaleza necesaria para resistir
las tentaciones de Satanás y sus seguidores (véase 3 Nefi
18:15; D. y C. 10:5); debemos orar para confesar nuestros
pecados a Dios y pedirle que nos perdone (véase Alma
38:14).
Debemos orar para recibir la guía del Señor y Su ayuda en
nuestro diario vivir. Debemos orar por nuestra familia y
amigos, por nuestros vecinos, por nuestra cosecha y por
nuestros animales, por nuestro trabajo diario y otras
actividades. Debemos orar para pedir protección de nuestros
enemigos (véase Alma 34:17–27).
Debemos orar para expresarle amor a nuestro Padre Celestial
y para sentirnos más cerca de Él. Debemos orar a nuestro
Padre para agradecerle nuestro bienestar y todo lo que nos da
a diario (véase 1 Tesalonicenses 5:18). También debemos
orar para pedir a nuestro Padre Celestial que nos dé la
fortaleza necesaria para vivir el Evangelio.
Debemos orar con el fin de mantenernos en la senda recta y
angosta que conduce a la vida eterna. Debemos orar a Dios,
el autor de toda rectitud, para que seamos rectos en nuestros
pensamientos, palabras y acciones.
¿De qué forma le ha ayudado la oración a estar más
cerca de nuestro Padre Celestial?
¿Cuándo debemos orar?
Podemos orar siempre que sintamos la necesidad de
comunicarnos con nuestro Padre Celestial, ya sea en silencio
o en voz alta. A veces necesitamos estar a solas para poder
derramar toda nuestra alma a Él (véase Mateo 6:6). Además,
podemos orar durante nuestras actividades diarias, en las
reuniones de la Iglesia, en casa, al caminar por un sendero o
por la calle, en el trabajo, al preparar la comida, doquiera que
nos encontremos sin importar lo que estemos haciendo.
Podemos orar de día o de noche; cuando estemos solos o con
otras personas. Podemos tener a nuestro Padre Celestial en
nuestros pensamientos en todo momento (véase Alma 34:27);
podemos “ora[r] siempre…” (D. y C. 10:5).
En ocasiones, quizá no sintamos deseos de orar; tal vez nos
sintamos enojados, desilusionados o disgustados. Sin
embargo, en esos momentos es cuando debemos hacer un
esfuerzo especial por orar (véase 2 Nefi 32:8–9).
Debemos orar en privado al menos una vez por la mañana y
otra por la noche. En las Escrituras se nos habla de orar por la
mañana, al mediodía y al atardecer (véase Alma 34:21).
Se nos ha mandado hacer oraciones familiares para que
nuestra familia sea bendecida (véase 3 Nefi 18:21). Los
líderes de la Iglesia nos han aconsejado orar en familia cada
mañana y cada noche.
También tenemos el privilegio de orar para agradecer y pedir
una bendición por los alimentos antes de cada comida.
Iniciamos y concluimos todas las reuniones de la Iglesia con
una oración; damos gracias al Señor por Sus bendiciones y
pedimos Su ayuda con el fin de adorarle en una forma que
sea agradable para Él.
¿Cómo debemos orar?
No importa dónde estemos, ya sea que estemos de pie o
arrodillados; ya sea que oremos verbalmente o en silencio, en
forma individual o a favor de un grupo, debemos siempre
hacerlo con fe, “…con un corazón sincero, con verdadera
intención…” (Moroni 10:4).
Al orar a nuestro Padre Celestial, debemos decirle lo que
realmente sentimos en el corazón, confiar en Él, pedirle
perdón, suplicarle, agradecerle y expresarle nuestro amor. No
debemos repetir palabras ni frases sin sentido (véase Mateo
6:7–8). Siempre debemos pedir que se haga Su voluntad,
recordando que a veces lo que deseamos no es lo mejor para
nosotros (véase 3 Nefi 18:20). Al terminar la oración,
debemos hacerlo en el nombre de Jesucristo (véase 3 Nefi
18:19).
¿De qué forma se contestan las
oraciones?
¿Por qué piensa que las respuestas a las oraciones no
siempre se reconocen fácilmente? ¿Por qué piensa que
las respuestas a las oraciones no siempre llegan cuando
las queremos o de la manera en que las queremos?
Las oraciones sinceras son siempre contestadas. A veces la
respuesta es no, debido a que lo que hemos pedido no es lo
mejor para nosotros; a veces la respuesta es sí, y
experimentamos un sentimiento cálido y de seguridad con
respecto a lo que debemos hacer (véase D. y C. 9:8–9). A
veces, la respuesta es “espera un poco”. Nuestras oraciones
son siempre contestadas en el momento y en la forma en que
el Señor considera que son de más beneficio para nosotros.
En ocasiones, el Señor contesta nuestras oraciones por medio
de otras personas, ya sea por medio de un buen amigo,
nuestro cónyuge, uno de nuestros padres u otro miembro de
la familia, un líder de la Iglesia o un misionero; cualquiera de
esas personas puede ser inspirada a efectuar algo que sea la
respuesta a nuestras oraciones. Un ejemplo de ello es la
experiencia que tuvo una joven madre cuyo bebé sufrió un
accidente: ella no tenía los medios para llevar a su pequeño al
doctor, era nueva en el vecindario y no conocía a sus vecinos.
La madre oró para pedir ayuda y, en pocos minutos, una
vecina llamó a la puerta y dijo: “Tuve el impulso de venir y ver
si necesitabas algo”. Entonces, la vecina ayudó a la joven
madre a llevar el bebé al doctor.
Con frecuencia Dios nos da el poder para contestar nuestras
propias oraciones. Cuando oramos para pedir ayuda,
debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para lograr
lo que deseamos.
A medida que vivamos el evangelio de Jesucristo y oremos
siempre, tendremos gozo y felicidad. “Sé humilde; y el Señor
tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus
oraciones” (D. y C. 112:10).
¿De qué manera nuestro Padre Celestial ha contestado
sus oraciones?
Pasajes adicionales de las Escrituras y
otros recursos
Santiago 1:5 (los que debemos pedir).
1 Tesalonicenses 5:17; Salmos 55:17; 2 Nefi
32:9 (cuándo debemos orar).
Alma 34:26 (dónde debemos orar).
3 Nefi 19:6, 24 (cómo debemos orar).
D. y C. 88:63–65 (de qué forma se recibe respuesta a las
oraciones).
Moroni 10:3–5; Alma 37:37 (las promesas de la oración).
Santiago 5:16 (el poder que tiene la oración de una
persona recta).
Guía para el Estudio de las Escrituras, “Oración”, pág.
153.