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CHISTE

Freud analiza el chiste como un mecanismo que revela procesos psíquicos inconscientes y estrategias lingüísticas, destacando su función social de expresión velada. A través de ejemplos, muestra cómo los chistes permiten comunicar lo inexpresable y criticar normas sociales mediante técnicas como la condensación y el desplazamiento. La esencia del chiste radica en su formulación lingüística, donde el efecto cómico surge de la manipulación del lenguaje más que del contenido en sí.
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CHISTE

Freud analiza el chiste como un mecanismo que revela procesos psíquicos inconscientes y estrategias lingüísticas, destacando su función social de expresión velada. A través de ejemplos, muestra cómo los chistes permiten comunicar lo inexpresable y criticar normas sociales mediante técnicas como la condensación y el desplazamiento. La esencia del chiste radica en su formulación lingüística, donde el efecto cómico surge de la manipulación del lenguaje más que del contenido en sí.
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 Freud, S.

(1905) “El chiste


y su relación con lo
inconciente (II. La técnica
del chiste)”. En Obras
completas, Buenos Aires,
Amorrortu editores, 1976,
VIII, 18-21 y 46-54.
Freud aborda el fenómeno del chiste como un mecanismo complejo que involucra
procesos psíquicos inconscientes, estrategias lingüísticas y una función social de
expresión velada. A través de ejemplos concretos, analiza cómo el chiste trasciende
lo meramente cómico para revelar dinámicas profundas del inconsciente y de la
comunicación humana. Los tres ejes propuestos (el chiste como formación del
inconsciente, su rol para decir lo indecible y la centralidad de la expresión verbal)se
entrelazan en su análisis.

El chiste como formación del inconsciente


Freud vincula el chiste con procesos inconscientes análogos a los observados en los
sueños. La técnica del chiste, como la condensación o la formación de palabras
mixtas, refleja un trabajo psíquico que combina elementos reprimidos con formas
socialmente aceptables. Por ejemplo, en el caso de Hirsch-Hyacinth, la palabra
"famillionarmente" surge de la fusión de "familiar" y "millonario", una creación
lingüística que condensa dos ideas: la familiaridad y la condescendencia del
millonario. Este neologismo no es arbitrario; es resultado de una "fuerza
compresora" que sintetiza pensamientos latentes (la crítica a la hipocresía de las
relaciones de clase) en una expresión aparentemente inocua.
"La palabra neoformada coincide al comienzo con «familiar» de la primera
frase, y en sus sílabas finales, con el «Millioniir» de la segunda; por así decir,
subroga al elemento «Millionar» [...] y es justamente esta posibilidad [...] la
que favorecerá el sepultamiento de los otros componentes de menor
importancia" (p. 20/1).
Este proceso de condensación, similar al del sueño, permite expresar contenidos
críticos o agresivos sin confrontación directa, revelando la intervención del
inconsciente en la elaboración del chiste.

El chiste como modo de decir lo inexpresable


El chiste actúa como un vehículo para comunicar aquello que, por normas sociales o
represiones, no puede enunciarse abiertamente. Freud ilustra esto con el ejemplo
del hombre pobre que come salmón con mayonesa tras recibir dinero prestado. En
lugar de responder al reproche directamente, el hombre desplaza el acento psíquico
hacia una lógica absurda: cuestiona cuándo podría permitirse el lujo si ni en la
pobreza ni en la riqueza se lo permite. Este "desplazamiento" evade la censura social
al transformar una crítica a la hipocresía del benefactor en una aparente
incoherencia humorística.
"El chiste por desplazamiento es en alto grado independiente de la expresión
literal. No depende de las palabras, sino de la ilación de pensamiento [...] La
respuesta se dirige a otra cosa, como si hubiera incurrido en un
malentendido" (p. 49/50).
Acá, el chiste no solo evade la censura, sino que también expresa una amarga verdad
sobre la imposibilidad de escapar a las contradicciones sociales, utilizando el humor
como máscara.

El carácter chistoso reside en la expresión


verbal
Freud enfatiza que lo esencial del chiste no está en el pensamiento subyacente, sino
en su formulación lingüística. Por ejemplo, en el chiste de Heine sobre el "becerro de
oro", la gracia no radica en la crítica a la idolatría del dinero, sino en el juego de
palabras que desvía el significado de "becerro" (símbolo bíblico) hacia una alusión
personal al potentado como "buey viejo". Si se explicara el mismo pensamiento sin
el doble sentido, perdería su efecto cómico.
"El dicho de Hirsch-Hyacinth nos hacía reír; la traducción de Lipps o
nuestra versión, fieles a su sentido, [...] son incapaces de hacernos reír.
Entonces, si el carácter de chiste [...] se lo ha de buscar en la forma, en el
texto de su expresión" (p. 19).
La técnica (ya sea la formación de palabras mixtas, el doble sentido o el
desplazamiento) es lo que transforma un pensamiento agudo en un chiste,
demostrando que la risa surge de la manipulación ingeniosa del lenguaje, no del
contenido en sí.
Freud analiza el chiste como un fenómeno lingüístico y psíquico estructurado
mediante técnicas específicas. En el texto, se destaca la condensación con formación
sustitutiva y la creación de palabras mixtas como mecanismos centrales para generar
el efecto cómico. A continuación, se desarrollan los ejes propuestos:
La técnica del chiste
El chiste opera mediante estrategias que manipulan el lenguaje para producir un
efecto de sorpresa o risa. Freud enfatiza que su esencia no reside en el contenido del
pensamiento, sino en cómo se formula verbalmente. La técnica implica un trabajo
psíquico similar al de los sueños, donde se combinan condensación, desplazamiento
y sustitución.
"la técnica del chiste en este caso, como una condensación con formación
sustilutiva; en nuestro ejemplo, la formación sustitutiva consiste en producir
una palabra mixta." (p. 21).
Este proceso permite expresar críticas sociales, ironías o contradicciones de manera
velada, evitando la censura consciente.

Condensación con formación sustitutiva


Freud explica que la condensación fusiona dos ideas o palabras en una sola
estructura lingüística, eliminando elementos redundantes pero conservando un
sustituto que evoca ambas. En el ejemplo de Hirsch-Hyacinth, la frase original podría
ser:
«Rothschild me trató de manera familiar, como lo hace un millonario».
Sin embargo, la versión chistosa condensa esto en:
«R. me trató [...] por entero famillionarmente».
La "fuerza compresora" actúa suprimiendo la segunda proposición («como lo hace
un millonario»), pero deja un sustituto: la palabra mixta «famillionarmente», que
fusiona «familiar» y «millonario».
"La frase perdida no se fue sin dejar algún sustituto a partir del cual
podemos reconstruirla. [...] La palabra «familiar» [...] fue trasmudada en
«famillionarmente» [...] subroga al elemento «Millionar» de la segunda
frase" (p. 20).
Este sustituto permite al oyente reconstruir mentalmente la idea completa,
activando el efecto cómico.

Constitución de una palabra mixta:


«Famillionar»
 La "fuerza compresora" y el sustituto
La formación de la palabra mixta no es arbitraria. Freud describe una «fuerza
compresora» que sintetiza dos términos («familiar» y «Millioniir»), eliminando
partes menos relevantes pero preservando sílabas clave que evocan ambos
conceptos. Por ejemplo:

Familiar → F a m i l i á r

Millioniir → M i l l i o n i r
La fusión resulta en «Famillionár», donde las sílabas compartidas («m i l i») actúan
como puente.
"La palabra neoformada coincide al comienzo con «familiar» de la primera
frase, y en sus sílabas finales, con el «Millioniir» de la segunda; por así decir,
subroga al elemento «Millionar» [...] y es justamente esta posibilidad [...] la
que favorecerá el sepultamiento de los otros componentes de menor
importancia" (p. 20/1).
Este mecanismo asegura que, aunque la segunda proposición se omita, su esencia
persista en el sustituto lingüístico.

 Efecto hilarante de la palabra mixta


La risa surge de la incongruencia y la resolución repentina que implica decodificar la
palabra mixta. «Famillionarmente» es absurda fuera de contexto, pero en el chiste,
revela una crítica a la condescendencia de los ricos: el trato «familiar» está teñido de
la distancia jerárquica del «millonario». Si se explicara el pensamiento sin la palabra
mixta, perdería su fuerza cómica.
"La palabra mixta, «famillionar», incomprensible en sí misma, [...] es ahora
la portadora del efecto por el cual el chiste constriñe a reír" (p. 21).

La palabra mixta como núcleo del efecto


cómico
Freud insiste en que el chiste depende de la forma lingüística, no del contenido. La
palabra mixta obliga al oyente a realizar un trabajo interpretativo, descubriendo la
doble capa de significado. Este proceso activo de desciframiento genera placer y risa.
"El dicho de Hirsch-Hyacinth nos hacía reír; la traducción [...] son incapaces
de hacernos reír. Entonces, si el carácter de chiste [...] se lo ha de buscar en
la forma, en el texto de su expresión" (p. 19).

CHISTES Y SU EXPLICACION
"Rothschild me trató como a uno de los
suyos, por entero famillionarmente" (p.
18).
Este chiste paradigmático ilustra perfectamente el mecanismo de condensación con
formación sustitutiva. La expresión "famillionarmente" surge de la fusión de dos
términos: "familiar" y "millonario". Freud destaca cómo esta palabra mixta opera
como un atajo psíquico que condensa en una sola expresión lo que normalmente
requeriría una explicación más extensa ("me trató con la familiaridad característica
de un millonario").
El efecto cómico se produce a través de varios niveles. Primero, por la sorpresa que
genera el neologismo inesperado. Segundo, por el proceso de decodificación que
debe realizar el oyente para comprender la fusión semántica. Y tercero, porque tras
esta aparente simpleza lingüística se esconde una crítica social mordaz a las
relaciones de poder y la condescendencia de clase. La palabra inventada permite
expresar lo que sería difícil decir directamente: que el trato "familiar" del millonario
está siempre mediado por su posición de privilegio.
Lo más significativo es que, como demuestra Freud al compararlo con versiones
"reducidas", el carácter chistoso no reside en el pensamiento en sí (la observación
sobre el comportamiento de los ricos), sino exclusivamente en su formulación
lingüística. Cuando se explica el contenido sin la técnica de condensación,
desaparece por completo el efecto cómico, confirmando que la esencia del chiste
está en su artificio verbal más que en su mensaje.

"Vea usted -dijo Soulié a Heine- cómo el


siglo XIX adora al becerro de oro". Con
su mirada puesta en el objeto de esa
veneración, Heine respondió, como
rectificándolo: "¡Oh! Este ya no debe de
ser tan joven" (p. 47).
Este excelente ejemplo muestra el mecanismo de desplazamiento combinado con
doble sentido. Soulié utiliza la expresión "becerro de oro" en su sentido metafórico
bíblico, como símbolo de la idolatría al dinero. Heine, en cambio, realiza un
desplazamiento deliberado del significado, interpretando la frase en su sentido
literal como referencia a un animal, específicamente uno que ya habría crecido.
La técnica chistosa opera mediante varios recursos simultáneos. Por un lado, el
doble sentido de la expresión "becerro de oro", que admite tanto la lectura
simbólica como la literal. Por otro, el desplazamiento del foco de atención desde la
crítica social (la adoración al dinero) hacia una observación aparentemente banal
sobre la edad del animal. Este giro inesperado genera el efecto cómico, que se
potencia por la ironía implícita en sugerir que el verdadero problema no es la
idolatría al dinero, sino que se está venerando a un "buey viejo".
Freud destaca cómo este chiste, al igual que los demás, pierde completamente su
gracia cuando se lo reduce a su contenido conceptual. Si en lugar de la ingeniosa
respuesta de Heine simplemente se dijera "sí, la gente adora el dinero",
desaparecería el efecto humorístico, demostrando una vez más que lo esencial del
chiste está en su formulación y no en su idea subyacente.

"Dos judíos se encuentran en las


cercanías de la casa de baños. '¿Has
tomado un baño?', pregunta uno. Y el
otro le responde preguntándole a su vez:
'¿Cómo es eso? ¿Falta alguno?'" (p. 48).
Este chiste trabaja principalmente con el mecanismo de doble sentido aplicado al
verbo "tomar". La pregunta inicial utiliza la expresión "tomar un baño" en su
acepción coloquial de "bañarse", mientras que la respuesta interpreta el verbo en su
sentido literal de "sustraer" o "llevarse algo". El efecto cómico surge de este
malentendido deliberado, que refleja un estereotipo sobre la aversión judía al baño.
Lo más interesante desde la perspectiva freudiana es cómo este chiste combina dos
técnicas: por un lado, el doble sentido de la palabra "tomar", y por otro, un
desplazamiento del foco de atención desde el acto de bañarse hacia la posibilidad de
que alguien haya robado un baño. Esta combinación crea una dinámica donde la
respuesta no sigue la línea lógica esperada, sino que introduce una interpretación
completamente inesperada pero lingüísticamente válida.
Como señala Freud, si se reemplaza la expresión "tomar un baño" por un simple
"bañarse", el chiste se desvanece inmediatamente, lo que demuestra que su
efectividad depende enteramente del juego de palabras y no del contenido
conceptual. Este caso ilustra especialmente bien cómo el inconsciente aprovecha la
polisemia del lenguaje para crear efectos humorísticos que, al mismo tiempo,
pueden vehiculizar contenidos culturales o críticas sociales.

"Un pobre se granjea 25 florines de un


conocido suyo de buen pasar, tras
protestarle largo tiempo su miseria. Ese
mismo día el benefactor lo encuentra en el
restaurante ante una fuente de salmón
con mayonesa. Le reprocha: '¿Cómo?
Usted consigue mi dinero y luego pide
salmón con mayonesa. ¿Para eso ha
usado mi dinero?'. Y el inculpado
responde: 'No lo comprendo a usted;
cuando no tengo dinero, no puedo comer
salmón con mayonesa; cuando tengo
dinero, no me está permitido comer
salmón con mayonesa. ¿Entonces, cuándo
comería yo salmón con mayonesa?'" (p.
48/49).
Este chiste opera mediante un desplazamiento lógico que desarma el reproche
original. El benefactor cuestiona el uso irresponsable del dinero prestado, pero el
pobre evade la crítica construyendo una falsa dicotomía: presenta como única
alternativa posible el consumo inmediato del lujo prohibido. La gracia reside en
cómo transforma una observación sobre prioridades económicas en un aparente
dilema existencial.
Freud destaca acá cómo la técnica del chiste permite expresar una rebelión contra
las normas sociales. El protagonista no se defiende con argumentos racionales, sino
que subvierte la lógica para cuestionar implícitamente el sistema de valores que le
impide disfrutar incluso cuando tiene recursos. La comicidad surge de esa inversión
de perspectiva, donde lo que debería ser una justificación se convierte en una
provocación absurda pero irrefutable.
Si eliminamos el artificio ("Necesitaba darme un gusto"), desaparece tanto la crítica
social velada como el efecto humorístico. Esto confirma que el chiste no está en la
queja sobre la pobreza, sino en su formulación paradójica.

"Un mercader de caballos recomienda un


corcel a uno de sus clientes: 'Si usted
agarra este caballo y lo monta a las 4 de
la mañana, para las 6 y media está en
Presburgo'. — '¿Y qué hago yo en
Presburgo a las 6 y media de la
mañana?'" (p. 53).
Acá el mecanismo principal es el desplazamiento del punto de atención. El vendedor
enfatiza la velocidad del animal como virtud, pero el cliente ignora completamente
este atributo para fijarse en un detalle irrelevante (la hora de llegada). La comicidad
nace de esa incongruencia: mientras el mercader ofrece un dato objetivo, la
respuesta se centra en una subjetividad absurda.
Freud subraya cómo este chiste ejemplifica la ruptura de expectativas. El oyente
anticipa una réplica sobre las cualidades del caballo, pero obtiene una objeción
intrascendente que desarma la lógica de la conversación. Es significativo que, al igual
que en otros casos, si simplificamos el diálogo ("Es muy rápido" — "No me interesa"),
el efecto cómico se pierde, demostrando que reside en el giro inesperado de la
interacción.

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