Montserrat Balderas Martínez
Tipo: Expositivo
Propósito General: Doctrinal
Propósito específico: Este mensaje tiene el propósito de enseñar a la iglesia que el perdonar a nuestros
hermanos está en el corazón de Cristo; nos es necesario hacerlo para restaurar la relación con ellos y vivir en
comunión los unos con los otros.
Base bíblica: Mateo 18: 21 – 35
Título: El perdón en el corazón de Cristo
Tema: El perdón como medio para restaurar la relación con nuestros hermanos.
Interrogante sermónica: ¿Por qué debo perdonar a mis hermanos para seguir el ejemplo de Cristo?
Introducción:
En un mundo donde las ofensas y el resentimiento abundan, es fácil caer en la trampa de no perdonar por
intentar guardar el “orgullo” o la “dignidad”, esta decisión a su vez provoca enemistades y contiendas que
rompen con la comunión como iglesia de Cristo. La psicología nos enseña que nos es necesario perdonar
porque debemos de sanar nuestro corazón, perdonar porque debemos tener paz mental, perdonar porque eso
nos libera; pero hermanos, nosotros llegamos a perdonar a nuestro prójimo porque las Escrituras nos enseñan
que Cristo anhela que de la misma manera en que Él nos ha amado amemos a nuestro prójimo, ¿ Qué significa
esto? ¿Significa que debo tener un corazón tan noble para perdonar la ofensa de mi prójimo y permitirle
establecer una comunión sana conmigo nuevamente? Si, eso significa.
Proposición:
Jesucristo comienza el pasaje del Capitulo dieciocho introduciendo a sus discípulos al amor entre hermanos,
empezando con una comparación al utilizar a un niño de ejemplo del cómo debe de ser la condición de
nuestro corazón para poder entrar al Reino de los cielos, bien sabemos que en el corazón de un pequeño no
hay rencor guardado sino que pareciera que cada día empiezan de nuevo con las personas, a continuación,
hace mención del hecho de no hacer caer a los seguidores de Cristo, evitando a toda costa ser de tropiezo a
aquellos que le han recibido en su corazón, esto nos hace entender que por muy maduros que imaginemos ser
no estamos exentos a no cometer un error y no por no cometerlos estamos con el derecho de señalar y hacer
caer un juicio que no nos corresponde hacer sobre la vida de nuestros hermanos que han caído. Seguido a
ellos menciona la conocida parábola de la oveja perdida, dando entrada a la idea de la restauración antes que,
al juicio o condenación por las malas decisiones de las personas, aquí podemos observar el corazón del pastor,
que, dejando las noventa y nueve, va y busca a la oveja perdida, a fin de que ésta siendo rescatada pueda
volver al redil con el resto. A continuación, Jesús hace énfasis al principio de la restauración al mencionar en el
versículo quince el cómo se debe perdonar la ofensa del hermano. Con todo esto podemos intentar percibir el
corazón de Cristo hacia la restauración de nuestros hermanos y casi a la mitad del capítulo nos revela la
manera en que podemos lograr esa restauración no solo de los hermanos sino también de la comunión como
Cuerpo de Cristo.
Oración de transición:
Montserrat Balderas Martínez
La manera en que podemos restaurar la relación como iglesia es a través del perdón que Jesús nos enseña a
otorgar, al comprender los motivos por las cuales debemos de otorgar el perdón a nuestros hermanos
podremos experimentar una reconciliación y armonía entre la iglesia de Cristo.
Palabra clave:
Motivos para perdonar a nuestros hermanos
1. Motivo 1 – Jesús nos lo indica
El Señor Jesucristo ya había enseñado en el pasaje anterior la importancia que tenía para Dios la restauración
de las personas y sus relaciones; sin embargo, pareciera que no queda claro. Pedro está con la duda: ¿Qué tan
lejos deben ir los discípulos con respecto al perdón?, De acuerdo con los lideres religiosos de aquellos días, 3
eran las veces que se debía perdonar la ofensa de un prójimo, pero después de la tercera, era Valido y
Razonable tomar Represalias. El libro de Lucas 17:3-4 menciona “sí tu hermano pecare contra ti, repréndele; y
si se arrepiente, perdónale. Y sí siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me
arrepiento; perdónale”. La pregunta de Pedro tiene sentido sí la intención fuera dejar de perdonarle al
momento en que sobrepase nuestro hermano el límite del perdón, sería como tener a la mano una calculadora
para ir calculando las veces en que éste te hiere; sin embargo, Jesús le responde a Pedro “No te digo hasta
siete, sino hasta setenta veces siete” (v. 22).
Dejando atrás la calculadora que Pedro podía tener en su corazón, Jesús le hace ver a Pedro que no se trata de
condición sino de gracia, de la misma manera en la cual Dios nos da su perdón, es la manera en la cual
debemos de concederlo a nuestros hermanos arrepentidos a fin de que estos seguidores no sean extraviados
sino restaurados.
Jesús no estaba extendiendo el límite legal del perdón. No estaba hablando absolutamente de ley ni de límites.
Al hablar de setenta veces siete no estaba refiriéndose a cuatrocientas noventa veces. Simplemente agarró el
número de Pedro y lo multiplicó por sí mismo y después por diez, indicando una cantidad que en la práctica
estaba más allá de toda cuenta. Mantener registros es algo que no debe considerarse, y un cristiano con un
corazón perdonador no piensa nada al respecto. Perdona la centésima ofensa o la milésima con la misma
facilidad y misericordia que la primera, porque esa es la manera en que es perdonado por Dios.”
- John Macarthur
2. Motivo 2 - Porque Dios nos perdona
Jesús al ver la manera en que quizás sus discípulos no comprendían la importancia del perdón relató una
parábola (Mateo 18: 23 – 32). El rey en la parábola hizo cuentas con sus siervos para ver cuánto dinero era lo
que les debían estos. Al llegar con uno de sus siervos, este le debía diez mil talentos, “Mas éste, no pudiendo
pagar, mandó su señor venderle, y a su mujer e hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase. Entonces aquel
siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré (v. 25 – 26), quizás el
siervo solo quería más tiempo para ver sí ocurría algún milagro, quizás su rey podría morir y la deuda ser
borrada, la Biblia nos dice “movido a misericordia (griego = splanchnistheis, un profundo sentimiento enorme
de compasión) el señor de aquel siervo le soltó y le perdonó la deuda. El rey fue más lejos de lo que el esclavo
le pidió. Le concede, no solamente un poco más de tiempo, sino el perdón de la gran deuda.
Montserrat Balderas Martínez
¿Cuál es ese fundamento en el que nos podemos aferrar cada vez que sea necesario conceder perdón, aun a
las ofensas más profundas y las traiciones más doloras que podamos experimentar en este mundo lleno de
maldad e injusticias?
Respuesta: El evangelio,
Esta parábola de los deudores, en Esencia se trata del evangelio de Cristo; Y es por eso por lo que esta
parábola comienza de esta manera: “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer
cuentas con sus siervos” (V. 23).
Esta primera parte de la Parábola hace alusión a al rey como Dios, no literalmente, pues Dios no nos pediría a
nuestra esposa e hijos por el pago de nuestra deuda, sino que hace referencia a la figura de autoridad
perdonando a quien le sirve a él. La figura del siervo podemos decir que somos nosotros, que, al mirar esa
gran deuda, imposible de pagar ni con todos nuestros esfuerzos por el resto de nuestra vida podríamos pagar.
En aquel tiempo, un denario equivalía al salario diario de un trabajador, ahora bien, un talento equivalía a seis
mil denarios y este siervo le debía al rey diez mil talentos, podemos concluir que ni trabajando toda su vida
sería capaz de pagar tal deuda. Al igual nosotros, es evidente que esta deuda inmensa e impagable de este
siervo con su rey, representa la deuda por el pecado que todo ser humano tiene con Dios, es necesario que
sepamos que nuestro pecado nos pone en una deuda legal con Dios porque al pecar estamos quebrantando su
ley. Es por esa razón que cuando Jesús les enseñó a sus discípulos a orar, dijo las siguientes palabras: Y
perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. (Mateo 6:12) Y
luego en el (v. 14) agregó lo siguiente: Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también
a vosotros vuestro Padre celestial;
El hombre está en deuda con Dios porque no le rinde a Dios la adoración y obediencia debida a su nombre; el
pecado representa una deuda enorme la cual ninguno de nosotros somos capaces de cumplir. Como este
siervo deudor, así también nosotros estamos en una gran deuda con nuestro creador a causa de nuestras
iniquidades. No existe la cantidad de dinero suficiente o el número de obras de caridad o actividades religiosas
suficientes para poder cubrir esa deuda en la que todo ser humano sin excepción se encuentra. (Romanos
3:23)
Es por esta razón, que el perdón de Dios es una de las verdades más gloriosas del evangelio de Cristo, porque
en cristo todos nuestros pecados han sido perdonados, nuestra deuda ha sido cancelada por Cristo.
Romanos 8:1 - Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan
conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
3. Motivo 3 – Sino perdonamos, no seremos perdonados.
Este mismo siervo a quien la deuda le había sido perdonada, salió de ese lugar e hizo cuentas con sus
consiervos, hallando a uno que le debía cien denarios, le obligo a pagarle la deuda, este consiervo le rogo por
un poco más de tiempo, pero este mal siervo lo mando con la cárcel hasta que pagase la deuda; el resto de los
siervos al ver la acción de este siervo, se lo comentaron al rey y este mandó a llamar al siervo y le dijo
“siervo ,malvado, toda aquella deuda te perdone, porque me lo rogaste ¿No debías tú también tener
misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?, entonces su señor, enojado, le entrego a los
verdugos, hasta que pagase lo que debía” (v. 32 -33) Esta parábola termina con “Así también mi Padre celestial
hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a sus hermanos sus ofensas” v.35
Montserrat Balderas Martínez
Hermanos sí algo deberíamos de cuidar es el hecho de reconocer constantemente que somos salvos por una
gracia inmerecida, cuando olvidamos este principio fundamental, caemos en la trampa de creernos superiores
al resto, esta misma superioridad nos impulsa a no perdonar a nuestros hermanos ya que no miramos la
magnitud de nuestras fallas delante de Dios como algo grande y por consecuente creemos que la falta de
nuestro hermano es imperdonable. Pero no es así.
No debemos confundirnos aquí; el perdón de Dios no se basa en nuestras obras. El perdón y la salvación se
basan totalmente en la persona de Dios y por la obra redentora de Jesús en la cruz. Sin embargo, nuestras
acciones demuestran nuestra fe y la medida en la que entendemos la gracia de Dios (Santiago 2:14-26 y Lucas
7:47). Somos completamente indignos, aun así, Jesús escogió pagar el precio por nuestros pecados y darnos el
perdón (Romanos 5:8). Cuando verdaderamente entendamos la grandeza del don de Dios para nosotros,
vamos a transmitirlo a otros. Hemos recibido la gracia, y a cambio deberíamos extender la gracia a otros. En
la parábola, estamos quizás indignados por el siervo que no perdona una deuda menor después de haber sido
perdonado por una deuda impagable. Sin embargo, cuando no perdonamos, estamos actuando como el siervo
de la parábola.
La falta de perdón también nos priva de la vida plena que Dios quiere para nosotros. En lugar de promover la
justicia, nuestra falta de perdón empeora y termina en amargura. (hebreos 12:14-15) menciona, "Seguid la
paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar
la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean
contaminados". Así también, (2 Corintios 2:5-11) recalca que la falta de perdón puede ser una apertura para
que Satanás nos haga desviar.
El perdonar a nuestros hermanos en Cristo, le ayuda a este a ser restaurado y vuelto a su redil, cuando
tenemos un corazón con amargura y resentimiento, difícilmente esa relación se va a restaurar y optara el uno o
el otro en terminar apartándose del Señor; recordemos que el anhelo del corazón de Cristo es “para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. (Juan 3:15), este es el corazón del Padres, el cual
también debería ser el nuestro, así que, si el perdonar a tu hermano le ayudare a no perderse, estamos
cumpliendo el propósito de nuestro Señor.
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os
perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:32)
Conclusión:
El perdón está en el corazón de Cristo, como seguidores de Él también debería estar en el nuestro, quizás no
sintamos esa paz o perdón al instante en nuestro corazón después de otorgar el perdón, pero con el paso del
tiempo, sin descuidar nuestra relación con Cristo, podremos experimentar esa libertad caminando de su mano,
no se trata de sentimientos sino de obediencia a su Palabra. El perdonar a nuestro hermano, puede provocar
que éste no se pierda y si no lo hace, estamos cumpliendo el propósito de nuestro Señor.
Aplicación:
¿Hay algún hermano en tu vida a quien necesites perdonar?
¿Estás dispuesto a perdonar a los demás tal como Dios te ha perdonado a ti?
Montserrat Balderas Martínez
Hermano piensa en la gracia que te ha sido concedida y recuerda que de la misma manera en la cual te ha sido
dada, el Señor espera que la demos a quienes nos lastiman. Estamos a tiempo hermanos, Cristo está hablando
a nuestros corazones, Él anhela traer paz en medio de nosotros.
Ora por ese hermano, pídele al Señor que quite toda dureza de su corazón, que te permita tener un dialogo en
el amor de Cristo. Confía en que Dios puede hacer la obra, pero tú tienes que dar el primer paso.
Invitación:
Si hoy te das cuenta de que no has perdonado a alguien, te invito a acercarte al altar y orar para que Dios te
conceda la fuerza de perdonar. Recuerda que el perdón es el camino hacia la libertad y la paz en nuestro
corazón y provoca la reconciliación con nuestros hermanos, a fin de que nadie se pierda, sino que sigamos
permaneciendo en Él.