Superior Tribunal de Justicia
Corrientes
C03 40742/5
En la ciudad de Corrientes, a los doce días del mes de abril de dos
mil once, estando reunidos los señores Ministros del Superior Tribunal de Justicia,
Doctores Guillermo Horacio Semhan, Juan Carlos Codello y Fernando Augusto Niz, con la
Presidencia del Dr. Carlos Rubín, asistidos de la Secretaria Jurisdiccional Dra. Norma
Cristina Plano de Fidel, tomaron en consideración el Expediente Nº C03 - 40742/5,
caratulado: “PEREZ, EULOGIA EN REPRESENTACION DE SUS HIJOS
MENORES M. A. E., J. D. E. Y M. I. E. C/ DOMINGO GOMEZ SIERRA S/ DAÑOS
Y PERJUICIOS”. Habiéndose establecido el siguiente orden de votación: Doctores
Guillermo Horacio Semhan, Fernando Augusto Niz, Juan Carlos Codello y Carlos Rubín.
EL SUPERIOR TRIBUNAL DE JUSTICIA
SE PLANTEA LA SIGUIENTE:
CUESTION
¿QUÉ PRONUNCIAMIENTO CORRESPONDE DICTAR EN
AUTOS?
A LA CUESTION PLANTEADA EL SEÑOR MINISTRO
DOCTOR GUILLERMO HORACIO SEMHAN, dice:
I.- La Excma. Cámara (fs. 247/253) declaró la inconstitucionalidad
del art. 317 del Código Procesal y acogiendo la apelación del demandado estimó el planteo
de caducidad de instancia rechazado en primera instancia. Disconforme el actor deduce
recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley (fs. 258/260).
II.- El caso es de aquellos en que la declaración de caducidad puede
ocasionar un agravio de imposible reparación ulterior. Ello, pues en virtud de lo dispuesto
por el art. 3987 del Código Civil, el reclamo resarcitorio en función de un hecho ocurrido el
11 de abril de 2005 no podrá formularse en otro proceso al haber a la fecha transcurrido el
plazo legal de la prescripción liberatoria.
Además se ha cumplido con el depósito de la carga económica y se
han respetado las reglas técnicas de la expresión de agravios. La impugnación resulta pues
admisible.
III.- Para así decidir la Excma. Cámara dijo, con cita de doctrina y
jurisprudencia, que el art. 317 del ordenamiento procesal civil y comercial viola la "garantía
de la doble instancia" y el "principio de igualdad".
Para concluir que la caducidad de instancia ha operado indicó que,
aunque no puede dudarse de la buena fe de la actora, el plazo legal ha transcurrido. Ello lo
dedujo a partir del hecho que primeramente corrió traslado de la demanda al domicilio en el
que el demandado denunció en el expediente penal conexo y, luego, a un domicilio
suministrado por el Juzgado Federal que, a la postre, resultó desactualizado. Más, continuó
diciendo, lo que se le reprochaba es la demora producida desde que tuvo conocimiento del
frustrado diligenciamiento de la cédula de fs. 49/50, pues debió solicitar la publicación de
edictos o la notificación bajo responsabilidad.
IV.- El recurrente extraordinario denuncia violación de la ley y
doctrina legal pues, según dice, la aludida norma no vulnera principios constitucionales.
En relación a la caducidad decretada postula su revocación pues alega que su pedido de
publicación de edictos es anterior al planteo del demandado.
V.- En este proceso en el que menores de edad, entre otros
miembros el grupo familiar, reclaman resarcimiento por los daños que les causó la muerte
de su padre, la Alzada, para prescindir del texto expreso del art. 317 del C.P.C. y C., que
veda la posibilidad de apelar la decisión que rechaza el incidente de caducidad, declaró su
inconstitucionalidad.
Si bien en una primera lectura, y en los términos en que se encuen-/
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tra redactada, pareciera que la norma contraría el principio de igualdad, a poco que se
medite puede advertirse que el mentado apartamiento no importa alteración sustancial de
aquella pauta y, por el contrario, traduce sólo una limitación razonable al ejercicio del
derecho de defensa, al igual que sucede en otras tantas disposiciones de la ley ritual, pues la
decisión en tal caso tiende a la continuación del proceso, permitiendo dilucidar la
controversia sin perjuicio sustancial para quien la acusara, que sigue siendo sujeto de litis
(COLOMBO, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Comentado, 1969, v. II,
pág. 710); por lo demás la doctrina y jurisprudencia nacional no cuestionan su validez
constitucional (MORELLO-SOSA-BERIZONCE, Códigos Procesales…, Platense, v. IV-
A, pág. 294 y sus citas; HIGTON-AREAN, Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación, Comentado, Hammurabi, Bs. As., 2006, v. 5, pág. 901 y sus citas; GOZAINI, O.,
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Comentado, La Ley, Bs. As., 2002, v. II,
pág. 168; FALCON, E., Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Comentado,
Astrea, Bs. As., 2006, v. 1, pág. 841 y sus citas; FALCON, E., Caducidad de Instancia,
Abeledo Perrot, Bs.As., 1989, pág. 233 y sus citas; COLOMBO-KIPER, Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación, Comentado, La Ley, Bs. As., 2006, v. III, pág. 386;
FASSI, S., Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Comentado, Astrea, Bs. As.,
1971, v. 1, pág. 534; De GREGORIO LAVIE, Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación, Comentado, Ediar, Bs. As., 1985, v. 1, pág. 797 y sus citas; FORNACIARI, M.,
Caducidad de instancia, Depalma, Bs.As., 1981, pag. 232 y sus citas; ARAZI, R., Derecho
Procesal Civil y Comercial, 2da. Ed., Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2004, pág. 42). Y no
varía la conclusión precedente la alegación de la pretensa garantía de la doble instancia
pues, en rigor, el mandato de la jurisprudencia trasnacional lo que manda es hacer efectivo
el derecho a recurrir el pronunciamiento de mérito, lo que, es obvio decirlo, no se computa
en el caso.
VI.- Así las cosas corresponde descalificar la decisión de la Cámara
que declaró la inconstitucionalidad del art. 317 del ordenamiento procesal local
confirmando el pronunciamiento primigenio, con lo que quedan desplazadas, lógicamente,
las demás cuestiones sobre las que se pronunció la Alzada.
VII.- Por lo que si este voto resultare compartido por la mayoría de
mis pares corresponderá hacer lugar al recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley
deducido a fs. 258/260 y en su mérito dejar sin efecto la sentencia de Cámara, declarando
inapelable la de primer grado (N° 544 del 21/10/2008); con devolución del depósito
económico. Con costas de la instancia de Alzada al demandado vencido. Regular los
honorarios profesionales de los Dres. Marcela Caballero y Jorge A. Pérez Rueda, como
vencedores, en el 30% de lo que oportunamente se fije para el vencedor en primera
instancia (art. 14 ley 5822). Regular los honorarios profesionales de la Dra. María Esther
Menises, como vencida, en el 30% de lo que oportunamente se fije para el vencido en
primera instancia (art. 14 ley 5822), todos en su condición de monotributistas ante el
I.V.A.
A LA CUESTION PLANTEADA EL SEÑOR MINISTRO
DOCTOR FERNANDO AUGUSTO NIZ, dice:
I. Disiento con el voto emitido por el colega preopinante en base a
los fundamentos que seguidamente expongo.
II. Contra el pronunciamiento dictado por la Sala II de la Excma.
Cámara en lo Civil y Comercial de esta ciudad (fs. 247/253), que al acoger el planteo
recursivo de la parte demandada, decretó la invalidez constitucional del art. 317 del C.P.C.
y C. y, declaró a su vez, la caducidad de instancia del presente proceso, la parte actora
interpuso el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley en tratamiento (fs. 258/260).
III. Para así decidir, las juezas votantes en primer término
coincidieron en la declaración de inconstitucionalidad del art. 317 del C.P.C. y C. por
afectar gravemente la garantía de la doble instancia establecida por la Constitución Provin-
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cial. Y por desconocer el principio constitucional de igualdad ante la ley.
Entrando a considerar la apelación subsidiaria contra el auto Nº
1660 de fs. 118, entienden que al dictar la Resolución Nº 545 la jueza de la anterior
instancia le dio la razón a la parte demandada al sostener que la documental agregada a fs.
74/115 fue presentada en forma tardía, pero aún así no admitió la revocatoria imponiéndole
las costas al recurrente. En ese sentido, razonan que el agravio del recurrente existía y debió
ser atendido, toda vez que la documental agregada consistente en copia certificada de las
actuaciones penales fue formalmente agregado a la causa, situación que bien el recurrente
pudo haber entendido que el juez no prescindiría de su valoración al momento de decidir.
Si el juez consideraba extemporánea debió ordenar su desglose, por lo tanto a su juicio,
existía agravio suficiente para el recurrente.
De todos modos consideran que la decisión debe mantenerse, pero
por otras razones, pues aún cuando el incidente de caducidad no haya sido abierto a
pruebas, la documental de marras no podía ser soslayada porque se refiere a un hecho
alegado oportunamente y cuya conducencia al caso debió ser analizada, pues de lo contrario
se incurriría en lo que la doctrina de la Corte Suprema descalifica por arbitrariedad por
prescindencia conciente de la verdad jurídica objetiva. Revocan, sin embargo la imposición
de las costas al recurrente distribuyéndolas por su orden, porque juzgan que la demandada
vencida tuvo razones más que fundadas para formular sus objeciones por vía de
revocatoria.
Luego disienten en relación a la caducidad de instancia, Así, para la
Dra. Nicolini de Franco para que la caducidad ya cumplida sea subsanada, el art. 315 del
C.P.C. y C. exige no sólo la realización de actos idóneos para el desarrollo del proceso, sino
también el consentimiento de la otra parte, sea quien fuere el que la impulse, el tribunal o la
parte. Y en torno al argumento esgrimido por la magistrada de primer grado, basada en la
doctrina del Superior Tribunal de Justicia donde se sostuviera el criterio de la purga
automática, explica que esa jurisprudencia no configura el caso de una doctrina
uniformemente mantenida por el máximo tribunal provincial, sumado al hecho de que la
jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación es distinta, razón por la cual
entiende que los precedentes de la Corte local no tiene fuerza vinculante para los órganos
judiciales inferiores.
Siguiendo esa línea de razonamiento, al descalificar el
pronunciamiento recurrido y en ejercicio de la plenitud de la jurisdicción de la Alzada, la
magistrada votante en primer término efectúa un nuevo análisis de la cuestión.
Con ese temperamento, y abordando la cuestión relativa a la
legitimación del demandado para plantear la caducidad de instancia antes de la notificación
del traslado de la demanda, señala que la instancia se abre con la interposición de la
demanda de acuerdo a lo normado por el art. 310 último párrafo del C.P.C. y C., en
consonancia con ello, si el demandado se notifica espontáneamente de la existencia del
proceso, está legitimado para plantear la nulidad desde ese momento.
En cuanto a la improcedencia de la perención en razón de la
conducta procesal abusiva del demandado de dificultar la individualización de su domicilio,
parte de la premisa de que el plazo de caducidad estaba cumplido el 14 de agosto de 2007 a
las 9 hs., y que el demandado no consintió actos de impulso procesal posteriores. Tampoco
duda de la buena fe de la parte actora en intentar localizar el domicilio del demandado, pero
no existe prueba directa ni indiciaria de que el Sr. Gómez Sierra haya tenido efectivo
conocimiento del traslado de la demanda, por lo tanto, descarta la existencia de elementos
de juicio suficientes para calificar la conducta procesal del demandado como abusiva, ni
que ésta haya tenido incidencia en el curso del plazo de perención.
En ese contexto, tiene en cuenta para juzgar operada la caducidad
de instancia la inactividad procesal de la parte actora objetivamente constatada desde el 30
de abril al 27 de agosto de 2.007, eximiendo de costas a la parte actora vencida en razón del
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planteo de inconstitucionalidad, las dificultades para la individualización del domicilio del
demandado, así como las interpretaciones divergentes en torno a la subsanación de la
caducidad cumplida.
La Dra. María Herminia Puig basada en la doctrina del Superior
Tribunal de Justicia desarrolla su disidencia en este punto, toda vez que a su juicio el acto
procesal llevado a cabo por la actora el 27 de agosto de 2.007 purgó la caducidad de
instancia acaecida, pues no necesitaba del consentimiento de la contraria para que produzca
sus efectos.
Sobre el punto en desacuerdo interviene el Sr. Presidente de la
Cámara Dr. Carlos Benítez Meabe para dirimir la cuestión, inclinándose por la posición
sustentada la por Dra. Nicolini de Franco. Al respecto sostiene que con la sanción de la ley
22.434 el texto del art. 315 del C.P.C. y C. se amplió y estableció que la petición deberá
formularse antes de consentir el solicitante cualquier actuación del tribunal o de la parte
posterior vencimiento. Y que los fallos del Superior Tribunal se basan en la opinión de los
Dres. Morello -Sosa - Berizonce, sin explicar que esos autores comentan los arts. 315 y 316
y dan una interpretación del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Buenos Aires,
provincia en la que siguió vigente el texto originario del C.P.C. y C., sin atender a la
reforma de la ley 22.434.
En ese entendimiento, constató el efectivo trascurso del plazo de
caducidad entre el 30 de abril de 2.007 y el 27 de agosto de 2.007, sin que existan actividad
útil tendiente el progreso de la acción, confirmando la perención de la instancia.
IV. Se agravia el recurrente extraordinario de la declaración de
inconstitucionalidad del art. 317 del C.P.C. y C. desoyendo la jurisprudencia reiterada de la
CSJN en el sentido que se trata de una acto de suma gravedad institucional, que debe ser
considerada como la última ratio del orden jurídico; y con citas doctrinarias abona la
constitucionalidad del precepto, en tanto no vulnera los principios constitucionales de
igualdad ante la ley y defensa en juicio.
Señala que el demandado y sus apoderados efectuaron abuso
procesal para obstaculizar la notificación de la demanda, denunciando en sede penal un
domicilio y en el presente proceso otro distinto, lo que demuestra una actitud tendenciosa
para evitar el diligenciamiento de la notificación de la demanda, que de todos modos, a su
juicio cumplió con su finalidad que no es otra que el demandado se entere de la existencia
de un proceso en su contra.
V. La impugnación resulta admisible pues el recurrente embate una
pronunciamiento que por sus efectos es equiparable a definitiva. En primer término porque
se pronunció sobre la invalidez constitucional del art. 317 del C.P.C. y C., que deniega la
apelación cuando se rechaza el planteo de caducidad de instancia. Luego, la caducidad
dictada en el presente proceso puede ocasionar un agravio de imposible reparación ulterior.
En ese entendimiento es que considero admisible la vía
extraordinaria intentada, habiéndose cumplido con el depósito de la carga económica y
respetado las reglas técnicas de la expresión de agravios.
VI. Por una cuestión metodológica, corresponde abordar en primer
término el agravio relativo a la validez constitucional de la norma procesal local que impide
apelar el rechazo de la caducidad de instancia.
En tal sentido, compartiendo las reflexiones del Dr. Castello en su
obra "Notas sobre el Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia de Corrientes”,
ed. Mave, Bs. As., 2005, p. 368, participo de la idea de que la limitación de la apelación es
inconstitucional por vulnerar los principios de igualdad ante la ley y defensa en juicio. Me
explico.
Liminarmente debemos reconocer que sobre el tema existen
opiniones encontradas tanto en el ámbito doctrinario como en el jurisprudencial, e incluso
dentro de éste último el dictado de fallos plenarios diametralmente opuestos. Ello fue pues-
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to en evidencia por el Dr. Juárez, Luciano D., en un trabajo de su autoría, "Acerca de la
apelabilidad del auto que rechaza la caducidad de instancia en la economía del CPCC
Santafesino”, LLLitoral 2006 (abril), 01/01/2006, 293, en el que explica que en la Cámara
Civil y Comercial de Rosario dos fallos plenos consagran por mayoría la interpretación que
deniega la apelación. Luego, según refiere, el mismo tribunal entendió recientemente que la
cuestión resulta apelable.
Pero, más allá de ello, los sostenedores de la tesis de la
inapelabilidad no logran rebatir el argumento de que siendo inapelable el rechazo de la
caducidad de instancia, en caso de tratarse de un decisorio errado, el agravio que producirá
al recurrente no podrá ser reparado ni por la sentencia ni por los recursos que contra ella se
interpongan. Ello es así, pues la pretendida caducidad resuelta negativamente no integrará
la materia de ese pronunciamiento, por lo que no cabe la posibilidad de lograr allí la
reparación pertinente.
Desde un plano supralegal, se observa que la norma procesal
prohíbe a una de las partes en forma arbitraria impugnar una resolución interlocutoria
cuando lo está concediendo a la otra en iguales condiciones. Ello, altera el principio de
igualdad ante la ley garantizado por el art. 16 de la Constitución Nacional, otorgando una
ventaja a una de las partes del proceso, quién podrá apelar la resolución que declaró
perimida la instancia, impidiendo que, en idénticas condiciones lo haga la contraria cuya
petición de caducidad de instancia le fue rechazada.
Sin dudas que el legislador ha pretendido priorizar la celeridad de
los trámites, así como también el mantenimiento del proceso restringiendo el modo de
operar la caducidad, empero, ello no puede ser impuesto a cualquier precio, sacrificado
principios constitucionales que debe ser respetados en el proceso judicial como son el
principio de igualdad y el defensa en juicio.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el sentido expuesto,
tiene dicho que la garantía constitucional del art. 16 implica la igualdad para todos los
casos idénticos y comporta la prohibición de establecer excepciones que excluyan a unos de
lo que se concede a otros en idénticas circunstancias (Fallos: 123:106). Además, las
distinciones establecidas por el legislador en supuestos que estime distintos son valederas
en tanto no obedezcan a propósitos de injusta persecución o un indebido privilegio (Fallos:
303:1580; 304:390; 305:823; 306:1844; 307:582, 1121 y 321:92, entre muchos otros).
Lo precedentemente expuesto en modo alguno prescinde del
criterio seguido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación y sostenido repetidas veces,
en cuanto a que la declaración de inconstitucionalidad es un acto de suma gravedad
institucional que debe ser considerado como la última ratio del orden jurídico.
VII. Una vez confirmada la invalidez constitucional de la norma
procesal por los fundamentos precedentemente expuestos, corresponde adentrarnos al
tratamiento de la caducidad de instancia.
En ese quehacer, al fallar en la causa "Banca Nazionale del Lavoro
S.A. c/ María Manuela Cruz s/ Ejecutivo", Sent. Nº 81/09, reiterada en "Díaz, Federico
Armando c/ Dorian Karina Bermúdez, Gaudencio Julián González s/ Ejecución
Alquileres", Sent. Nº 92, entre muchas otras, tuve la oportunidad de abandonar la postura
asumida al votar en numerosas causas venidas a este Superior Tribunal por asuntos
análogos a los aquí debatidos.
El Superior Tribunal con diferente composición a la actual dejó
sentado su posición en el precedente "Sánchez" (Res. Nº 40/03) disponiendo que si el
interesado en pedir la declaración de perención, con posterioridad al vencimiento del plazo,
consiente cualquier actuación oficioso del tribunal, no puede peticionarlo en adelante; y
tampoco puede hacerlo cuando media purga o convalidación, lo que ocurre si vencido el
plazo ha promediado un acto de impulso procesal útil llevado a cabo por la otra parte.
Sostuve además que cuando la interrupción es provocada por la petición impulsora de la ///
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parte, produce ese efecto por si misma, es decir sin necesidad de que concurra la
conformidad de la otra parte. Y solamente puede oponerse al acto impulsorio cuando se
tratare de una actuación oficiosa del tribunal.
Esta tesis a la cual he adherido en varias oportunidades (v.gr.: Sent.
Nº 59/07, entre muchos otros) proviene de una hermenéutica cuya base reposa en la opinión
de autores de reconocida trayectoria y en fallos anteriores a la reforma del Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación dispuesto por ley 22.434, que luego de una renovada
reflexión me permití abandonar.
Las razones son que el art. 315 del Código Procesal Civil correntino
prevé que la petición de caducidad deberá formularse antes de consentir el solicitante
cualquier actuación del tribunal o de la parte posterior al vencimiento del plazo legal. Como
se observa, la norma no realiza ninguna distinción entre actuación oficiosa o de parte, sino
que requiere que el acto impulsorio no sea consentido por el interesado en pedir la
perención.
Lo que importa en realidad es que la actuación de impulso del
proceso, sea que provenga de la parte o de oficio, no sea consentido por el que peticiona o
denuncia la caducidad, no debiendo interpretarse que sólo el consentimiento de una
"actuación del tribunal" produce la subsanación de la instancia; por el contrario, todo acto
de impulso procesal que realice cualquiera de las partes o el tribunal puede servir para que
la instancia quede subsanada.
Así, del juego armónico de la última parte del art. 316 "[…] pero
antes de que cualquiera de las partes impulsare el procedimiento", con la parte del art. 315
que dice: "[…] la petición deberá formularse antes de consentir el solicitante cualquier
actuación del tribunal o de la parte posterior el vencimiento del plazo legal, y se
sustanciará únicamente con un traslado a la parte contraria", surge que el sistema de
convalidación requiere que el plazo se encuentre vencido pues de lo contrario la parte no
puede oponerse al acto de impulso. Cualquier acto de impulso procesal que se realice antes
de vencer el plazo constituye un simple acto interruptivo del plazo de la perención; y en ese
caso el efecto interruptivo se obtiene con la simple realización del acto de impulso sin
necesidad de consentimiento alguno.
No se trata de consentir el acto de impulso procesal sino de
consentir que la instancia continúe: hay un plazo desde la realización del acto de impulso
posterior al vencimiento del plazo de caducidad para que el interesado manifieste su
voluntad de que la instancia continúe o no; como ese plazo se computa desde el acto de
impulso, por ello se habla de consentimiento del acto; pero no se presta consentimiento al
acto sino que se consiente que la instancia continúe. Si el acto de impulso lo realiza el
tribunal o la parte a quien perjudicaría la perención, para que ocurra la subsanación de la
instancia es necesario el consentimiento de la contraria. Y si esta última realiza el acto de
impulso, con ello ya está expresando su voluntad de que la instancia continúe y la misma
queda subsanada (Loutayf Ranea, Roberto, "Subsanación de la caducidad de la instancia”,
LA LEY 1979-C, 754).
La Corte Suprema de Justicia de la Nación tiene dicho en este
sentido, que las presentaciones de la actora que tiene lugar cuando ya ha vencido el plazo
que establece el art. 310 inc. 2º, del CPCCN, no sanean la caducidad si no fueron
consentidas por la demandada, quien la opuso en su primera presentación en el juicio y en
el plazo oportuno (art. 315 del Código nacional) (CSJN, 23/3/93, RepED, 28-72, Nº 10).
Es decir, no es suficiente para que tenga lugar la purga o
convalidación la realización de actos impulsorios posteriores a la paralización de la causa
durante el lapso de perención, sino que también es necesario el consentimiento de la
actividad del procedimiento.
En el caso de autos, el interesado en obtener la perención y por
consiguiente no convalidar la instancia, ha efectuado el planteo de caducidad exteriorizando
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inequívocamente su voluntad de no consentir el acto impulsorio de fs. 51/52.
VIII. En ese contexto, de las constancias de la causa se logra
verificar que desde la notificación del auto Nº 2976 que tuvo por agregada la cédula de
notificación Nº 21653 (fs. 49) ocurrida el 30 de abril de 2.007 y la presentación de la parte
actora solicitando la publicación de edictos citatorios el 27 de agosto de 2.007 (ver cargo de
fs. 52), transcurrió el plazo de caducidad previsto en el art. 310 inc. 2º del C.P.C. y C..
En base a las consideraciones expuestas, corresponderá rechazar el
recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley tenido a consideración, y en mérito a ello
confirmar el resolutorio recurrido, con costas al recurrente vencido conforme al principio
objetivo de la derrota (art. 68 del C.P.C. y C.), y pérdida del depósito económico.
Regulando los honorarios profesionales de la Dra. María Esther Menises, en el 30% de lo
que oportunamente se fije en primera instancia, y en la condición de monotributista ante el
I.V.A. (art. 14 ley 5822). Tarifando los correspondientes a los Dres. Marcela E. Caballero
y Jorge A. Pérez Rueda, como patrocinado y patrocinante, respectivamente, y también
como monotributistas ante el IVA, en el 30% de lo que se precise en primera instancia (art.
14; ley 5822) y en la proporción prevista por el art. 8º. Así voto.
A LA CUESTION PLANTEADA EL SEÑOR MINISTRO
DOCTOR JUAN CARLOS CODELLO, dice:
Que adhiere al voto del Sr. Ministro Dr. Guillermo Horacio
Semhan, por compartir sus fundamentos.
A LA CUESTION PLANTEADA EL SEÑOR PRESIDENTE
DOCTOR CARLOS RUBIN, dice:
Que adhiere al voto del Sr. Ministro Dr. Guillermo Horacio
Semhan, por compartir sus fundamentos.
En mérito del precedente Acuerdo el Superior Tribunal de Justicia
dicta la siguiente:
SENTENCIA Nº 28
1°) Hacer lugar al recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley
deducido a fs. 258/260 y en su mérito dejar sin efecto la sentencia de Cámara, declarando
inapelable la de primer grado (N° 544 del 21/10/2008); con devolución del depósito
económico. Con costas de la instancia de Alzada al demandado vencido. 2°) Regular los
honorarios profesionales de los Dres. Marcela Caballero y Jorge A. Pérez Rueda, como
vencedores, en el 30% de lo que oportunamente se fije para el vencedor en primera
instancia (art. 14 ley 5822). Regular los honorarios profesionales de la Dra. María Esther
Menises, como vencida, en el 30% de lo que oportunamente se fije para el vencido en
primera instancia (art. 14 ley 5822), todos en su condición de monotributistas ante el
I.V.A.. 3°) Insértese y notifíquese.
Fdo: Dres. Semhan-Niz (disidencia)-Codello-Rubin.