Plazo de Gracia
Plazo de Gracia
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La Sala I de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, quince meses después del fallo citado en el parágrafo anterior, esto es el 30 de
diciembre de 2004, en autos: "GCBA c. Davola, Manuel s/ejecución fiscal-avalúo", dispuso por unanimidad que
es extemporánea la presentación de un escrito presentado un minuto después de vencido el plazo de gracia y,
como fundamento de tal decisión, remitió a lo expuesto oportunamente por el cimero tribunal (in re "Cantera
Timoteo S.A. c. Mybis Sierra Chica S.A. y otros", fallo del 30 de setiembre de 2003, entre otros), confirmando
la regla del carácter perentorio y fatal que tienen los plazos procesales y la naturaleza excepcional del plazo de
gracia, previsto, especialmente, cuando razones de fuerza mayor impidan cumplir el acto en el tiempo
correspondiente. También los camaristas reflexionaron sobre qué pasaría en el supuesto de admitirse el remedio
intentado, pues nada impediría que en un futuro próximo se peticionara de igual forma por haberse vencido el
término en cuestión en cinco minutos y así sucesivamente.
La importancia de este fallo es mostrar cómo los tribunales inferiores van ajustando sus decisiones a los
lineamientos que la CSJN les va señalando.
III. El segundo fallo de la Corte
Pocos días después de pasados los diecisiete meses de dictada la resolución mencionada en el acápite (1), la
propia Corte abre un remedio de reposición y, en los mismos autos: "Cantera Timoteo S.A. c. Mylbis Sierra
Chica S.A. y otros", la mayoría considera presentado en término el escrito de interposición del recurso de queja,
que el primer fallo había declarado extemporáneo. Para ello, sostiene que si bien es cierto que las resoluciones
de la Corte por las que rechaza los recursos de queja por apelación denegada no son, como principio,
susceptibles de reposición, cabe apartarse de dicho criterio en los supuestos en que el pronunciamiento de la
Corte tenga clara incidencia en la garantía constitucional de la defensa en juicio.
Agrega que las razones expresadas por la peticionaria autorizan a hacer excepción a los principios de
perentoriedad de los plazos procesales, y aplicar lo dispuesto por el art. 157 del CPCCN, pues una solución
diferente importaría dejar de lado los evidentes motivos de justicia y equidad que median en autos. Concluye
con que la solución anterior dada al caso desatendía el hecho de fuerza mayor que se había invocado.
La minoría destaca que al no tratarse de providencias simples, a las que alude el art. 238 del CPCCN, las
decisiones de la Corte por las que se rechaza los recursos de queja por apelación denegada no son, como
principio, susceptibles de reposición y si bien es admisible apartarse de ese principio a fin de evitar un excesivo
ritualismo, como el caso del error material evidente, no lo es cuando se pretende cambiar un supuesto error de
juicio, intentándose alterar el sentido de lo que el tribunal había ya decidido sobre la base de fundamentos
razonados, tal como había ocurrido en la anterior resolución, la cual se pronunció expresamente sobre el tema
que ahora se quiere rever, retomando una actividad jurisdiccional que había fenecido. Y ello es así no sólo por
elementales razones de seguridad jurídica, sino, y con mayor razón, cuando el resultado contrario implicaría
afectar el derecho de defensa de la otra parte, que no es oída en el procedimiento de la queja y que, por
vencimiento de los plazos, había incorporado a su patrimonio los derechos resultantes de una sentencia pasada
en autoridad de cosa juzgada. Recalca también que el plazo de gracia no constituye una prolongación del
término ya fenecido a las 24 horas del día anterior, sino que está previsto para remediar las consecuencias
perjudiciales que podría ocasionar una situación de fuerza mayor que impidiera hacer la presentación judicial en
tiempo oportuno. La solución contraria implicaría dejar librado a la discrecionalidad de los jueces determinar
cuál es el tiempo de demora admisible más allá del legal o cuáles las razones de fuerza mayor que pudieran ser
invocadas, por lo que, en definitiva, el instituto de la preclusión quedaría a merced de la voluntad arbitraria de
los magistrados.
IV. Una explicación sólo aparente: la distinta integración del tribunal
Las dos resoluciones de la CSJN en el mismo expediente fueron dictadas por tribunales con diferentes
miembros. En la primera, la del 30/09/2003, conformaron la mayoría que declaró extemporánea la queja
presentada un minuto después de vencido el plazo de gracia, los doctores Augusto César Belluscio, Enrique
Santiago Petracchi, Antonio Boggiano, Adolfo Roberto Vázquez y Juan Carlos Maqueda. Mientras que la
minoría quedó integrada por los doctores Eduardo Moliné O´Connor y Guillermo A. F. López.
En la segunda resolución, del 03/03/05, que admitió la queja presentada un minuto después de vencido el
plazo de gracia, la mayoría fue conformada por los doctores Carlos S. Fayt, Raúl Zaffaroni, Juan C. Poclava
Lafuente, Martín Irurzun y Carlos M. Pereyra González. La minoría la integraron los doctores Enrique S.
Petracchi, Augusto C. Belluscio, Antonio Boggiano y Juan Carlos Maqueda.
En cuanto a números, en el primer fallo el resultado fue de 5 votos a favor y 2 en contra, mientras que en el
segundo, fue de 5 a 4. Esto es, 7 ministros conformaron el total del primer tribunal y 9 los del segundo.
Pero además, quienes intervinieron en el primer fallo eran todos ministros naturales de la Corte. En cambio,
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en el segundo, el cuerpo debió de integrarse con 3 conjueces, miembros de las Cámaras Federales, que fueron
quienes dieron la mayoría, juntamente con los ministros Fayt y Zaffaroni, quienes tampoco habían votado en el
fallo anterior.
La Corte, al momento en que se escribe este comentario, tiene a su vez, una nueva integración, con la
incorporación de las doctoras Elena Highton de Nolasco y Carmen Argibay y, eventualmente, puede
conformarse con otros conjueces.
Nos parece muy elemental justificar estas contradictorias posiciones en un mismo expediente, con la única y
aparente explicación de que en cada caso el tribunal tuvo una distinta integración, y ponernos a especular con
las posibles variables en su conformación para pronosticar eventuales futuros resultados.
El mero cambio de ministros, entendemos nosotros, no puede ser nunca visto como una justificación que
legitime el cambio de la jurisprudencia.
Hay más de un motivo para pensar que, más allá de la ocasional integración de sus miembros, nuestro
tribunal supremo debe constituirse en el cuerpo que a través de sus sentencias consolide el estado de derecho,
cuya coherencia y previsibilidad contenga los eventuales desvíos de los tribunales inferiores y fije las pautas
señeras hacia una sociedad con más y mejor justicia.
V. Un antecedente similar
Hemos encontrado en los antecedentes de la CSJN, dos fallos, también dictados en el mismo expediente. El
primero, resuelto el 2 de julio de 1981, en el que en un considerando de cinco renglones, el Tribunal rechaza la
queja porque el tiempo para deducirla había vencido con anterioridad a su interposición. En el segundo, dictado
el 13 de octubre de 1981, también en un considerando de la misma extensión, la Corte estima atendibles las
razones expuestas por la recurrente para justificar el retardo de un minuto en la presentación del recurso directo,
circunstancia que justifica, afirma, aplicar lo dispuesto por el art. 157 del Cód. Procesal y disponer la
revocatoria de la resolución anterior, pues de lo contrario, dice, se frustraría por un exceso ritual una vía
eventualmente apta para obtener el reconocimiento del derecho invocado.
Estos fallos coinciden con los que comentamos en cuanto a que: 1) En ambos se trató de la interposición de
un recurso de queja por denegación del extraordinario un minuto después de vencido el plazo de gracia y 2) La
vía de la reposición fue el medio común que admitió la Corte para revocar lo anteriormente decidido.
Sin embargo, las diferencias son importantes: 1) Mientras que en los fallos en comentario, la composición
del Tribunal fue distinta en las dos resoluciones, en este antecedente fueron exactamente los mismos ministros
quienes se pronunciaron contradictoriamente. Integraban esa Corte los doctores Adolfo R. Gabrielli, Abelardo
F. Rossi, Pedro J. Frías, Elías P. Guastavino y César Black. 2) En ambas resoluciones sus miembros se
pronunciaron por unanimidad, en consecuencia, a diferencia de los fallos comentados, aquí no hubo disidencias
y 3) En este antecedente, ambas posiciones de la Corte constituyeron meras afirmaciones dogmáticas, mientras
que en "Cantera Timoteo S.A.", las dos resoluciones son fundadas, circunstancia que atiende mejor el debido
servicio de justicia de cara a la sociedad.
VI. La inadmisibilidad del remedio de revocatoria
Más allá que conforme la redacción del art. 238 del CPCCN, el remedio de revocatoria o reposición sólo
procede contra las providencias simples que causen o no gravamen irreparable, que no es el caso de autos, lo
cierto es que la Corte ha admitido este medio de impugnación en casos en los que algún autor ha llamado
"reposición in extremis"(2), cuando es tan evidente el error material, que no corregirlo constituiría un apego
insustancial a las formas por las formas mismas. Pero, evidentemente, como bien lo explica la minoría en el
segundo fallo de la Corte, este no es el caso, pues la resolución del primer fallo, al estar debidamente fundada
conforme a derecho, había agotado toda posibilidad de impugnación, habiendo pasado en consecuencia la
cuestión bajo la autoridad de la cosa juzgada material, quedando incorporado el derecho al patrimonio del
vencedor, como lo ha dicho reiteradamente la propia Corte y, en consecuencia, definitivamente amparado por la
garantía constitucional de la propiedad, que consagra el artículo 17 de nuestra Constitución Nacional. Por lo
tanto, la Corte, cuando dictó el primer fallo, agotó o consumió su jurisdicción y no debió volver a conocer con
el endeble argumento de "que ha hecho un nuevo análisis resultando a la luz de la prueba aportada ... las razones
de fuerza mayor expresadas por la peticionaria", cuestión ésta que ya había sido debidamente evaluada en el
primer fallo.
Es evidente, que en el segundo fallo hay un nuevo juicio sobre idéntica cuestión, ya resuelta por el mismo
tribunal, procedimiento que, además de no estar previsto en norma legal alguna, abre camino hacia la
inseguridad jurídica, violenta el derecho de defensa de la contraria y constituye una palmaria violación al debido
proceso.
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VII. La doctrina de los propios actos
Una pregunta que se reitera entre los abogados está referida a si los tribunales quedan vinculados por sus
precedentes. Si bien en nuestro sistema continental el precedente no tiene la misma fuerza obligatoria que tiene
en los países anglosajones en los que rige el common law, tampoco el juez puede apartarse de las líneas
interpretativas seguidas por él mismo en similares circunstancias. Y es por ello que, por un camino o por el otro,
el valor seguridad está protegido en ambos sistemas, porque, en definitiva, es lo que hace previsible la solución
del conflicto. Cada vez es más frecuente leer fallos en los que la decisión está fundada en la aplicación de la
doctrina de los propios actos de las partes en el proceso, cuando la conducta disvaliosa de una de ellas,
simultánea o sucesivamente acumula pretensiones o defensas contradictorias, reacomodando su posición, según
sea favorable o no a sus intereses. Y desde hace un tiempo, los autores se preguntan si esta doctrina también es
aplicable al tribunal, respondiendo en forma afirmativa (3). Aquí no se trata de mantener inmutable un derecho
en el tiempo, cuando el contexto va cambiando, sino de conducirse con criterios homogéneos que se ajusten a la
normativa vigente, porque no debe olvidarse que el plazo de cinco días termina a las 24 horas del quinto día y
no en las dos primeras del siguiente, que son "de gracia", precisamente, para cubrir eventuales contratiempos
ocurridos dentro de los cinco días.
VIII. El derecho de la parte contraria
El proceso civil tiene principios concretos, como el de la igualdad de las partes, también llamado principio
de contradicción o de bilateralidad de audiencia, que hace a la esencia del debido proceso y a la garantía de
defensa en juicio consagrada en el art. 18 de la Constitución Nacional. Al entrar la Corte en este segundo fallo y
revocar lo decidido en el primero, violó ese elemental principio. Como lo sostuvo la minoría, en el recurso de
queja la contraria no tuvo posibilidad de ser oída, por lo que suponemos la perplejidad de la contraparte cuando
su abogado le comunicó primero, que habían ganado el caso en la Corte, que aplicando la ley había declarado
extemporáneo el recurso presentado por la contraria, por lo que había quedado firme la decisión de la Cámara y,
diecisiete meses después, el letrado le comenta que nuevamente la Corte se había pronunciado sobre la misma
cuestión, admitiendo esta vez la queja que antes había rechazado, lo que abría la posibilidad de que el fallo de la
Cámara fuera revocado.
IX. La incertidumbre del abogado
Uno de los valores más preciados que hacen a una buena administración de justicia es el de la previsibilidad,
componente esencial de la seguridad jurídica. Tanto los abogados como los tribunales inferiores van tomando
decisiones, interpretando y aplicando la ley, conforme las pautas y los lineamientos que bajan de los tribunales
superiores. Además, y quizás lo más importante, es que existen dos sujetos en conflicto, que esperan justicia, y
para que ello sea posible dependen tanto de abogados como de jueces, quienes a través de un sistema reglado,
llamado proceso judicial, se la prometen. De allí que la razón de ser tanto de abogados como de jueces y del
mismo proceso judicial son los llamados justiciables, para quienes la mayoría de las veces estos vaivenes
resultan incomprensibles y es el abogado quien después se enfrenta con la responsabilidad de tener que explicar
lo inexplicable (4). Cuál será la suerte, nos preguntamos, de quienes asesoraron no recurrir ante la consulta de un
colega por la presentación de un escrito presentado un minuto después de vencido el plazo de gracia ante el
primer fallo de la Corte, y cuál el consejo después del segundo y, si en lugar de un minuto, ¿fueran dos o cinco?
Estas situaciones llevan a un estado de incertidumbre, tanto a los tribunales inferiores que tienen el mismo caso
para resolver, como a los abogados que tienen que aconsejar a sus clientes sobre la conveniencia de iniciar o no
un proceso judicial en idénticas circunstancias.
X. La importancia de la necesidad del acuerdo en los tribunales colegiados
Tradicionalmente la organización judicial en el orden nacional y federal ha mantenido un sistema de doble
instancia, con un juez unipersonal y un superior colegiado, y también ha dispuesto que este último sesione
mediante "acuerdos", esto es, la deliberación de sus miembros para acordar una solución consensuada aplicable
al caso. La idea es provocar un debate interno, con una regla que es fundamental: escuchar al otro para
comprender sus argumentos, y no escucharlo simplemente para reforzar los propios y rebatirlo. De la lectura de
los fallos surge una cuestión que se reitera también en las resoluciones de las cámaras de apelaciones, cual es
que los votos aparecen como la suma de posiciones individuales, reveladoras de la inexistencia de acuerdo, sin
argumentar, la mayoría de las veces, una crítica fundada que refute la opinión del otro, para reafirmarse
exclusivamente en la propia. Esto desconcierta tanto a los tribunales inferiores como a los abogados, quienes
esperan pautas orientadoras, claras, precisas y concordantes sobre las cuales dictar los fallos o aconsejar a sus
clientes. Pareciera que priman en los tribunales colegiados las posiciones o los intereses personales de cada
miembro por sobre la búsqueda del consenso para una solución acordada. Por eso esta situación debe revertirse
con el esfuerzo de todos, para hacer del proceso y de su resultado un método previsible y creíble de resolución
de conflictos.
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Especial para La Ley. Derechos reservados (ley 11.723)
(1) Autos: "Majdalani, Juan C. c. Majdalani, M. T. y otros", publicados en LA LEY, 1981-D, 490, con nota
laudatoria del doctor Rodolfo B. Rotman.
(2) Ver PEYRANO, Jorge W. en "Estado de la doctrina judicial de la reposición in extremis. Muestreo
jurisprudencial", p. 61 y sigtes., en Revista de Derecho Procesal N° 2 Medios de impugnación. Recursos I. Ed.
Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 1999.
(3) Ver por ejemplo: EISNER, Isidoro, "La doctrina de los propios actos compromete también al obrar del
tribunal", LA LEY, 1987 C, 820, y GARAY, Alberto F., "La Corte Suprema debe sentirse obligada a fallar
conforme sus propios precedentes", JA, N° 5729 del 19/06/91.
(4) Una encuesta publicada por el diario La Nación el domingo 22 de mayo de 2005, reveló que el 97,7%
de los abogados cree que la Justicia no satisface las necesidades de los ciudadanos.
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