IV.
Contexto Filosófico sobre la Eutanasia en América Latina
Panorama general sobre la eutanasia en Latinoamérica
(tendencias y desafíos comunes)
El debate sobre la eutanasia en América Latina se enmarca en un
contexto bioético particular, que se distingue de los enfoques
principialistas anglosajones por su énfasis en los "macroproblemas" y
conflictos colectivos (Pérez Flerima et al., 2012). La bioética
latinoamericana, a menudo denominada "bioética de intervención" o
"bioética de protección", busca soluciones autóctonas a desafíos como la
exclusión social, la pobreza, la discriminación y la insuficiencia de
recursos en los sistemas de salud pública (Pérez Flerima et al., 2012).
Una tendencia común es la confusión terminológica entre "eutanasia",
"suicidio médicamente asistido" y "muerte digna" (Asociación Española
de Bioética y Ética Médica, 2018; Unidad de Humanidades y Ética
Médica, sf; Comisión Nacional de Bioética, sf). Esta imprecisión no es
meramente semántica, sino que puede ser utilizada estratégicamente
en el discurso público y legislativo para estigmatizar o normalizar ciertas
prácticas (Unidad de Humanidades y Ética Médica, sf). Por ejemplo, la
promoción de "voluntades anticipadas" en México ha permitido avanzar
en la autonomía del paciente sin legalizar directamente la eutanasia
activa, sorteando así la fuerte oposición social y religiosa (Comisión
Nacional de Bioética, sf, p. 7).
Un desafío fundamental es la falta de acceso a cuidados paliativos
adecuados y accesibles en muchos países de la región (Organización
Mundial de la Salud, 2021; Kottow, 2014). Filósofos como Juan Carlos
Tealdi argumentan que la demanda de eutanasia es a menudo un
"síntoma del fracaso de la buena medicina y de un sistema justo"
(Tealdi, 2025), lo que subraya la necesidad de fortalecer estos servicios
como una alternativa ética y humana al sufrimiento. La "mistanasia",
concepto que se refiere a muertes prevenibles por injusticias sociales,
también resalta la responsabilidad colectiva en la prevención del
sufrimiento y la promoción de una vida digna (Garrafa & Tabet, 2016).
Influencias de factores culturales y religiosos en Latinoamérica
La influencia de las creencias religiosas, especialmente la tradición
cristiana hegemónica, es un factor cultural predominante que genera
una fuerte oposición a la eutanasia en América Latina (Conferencia
Episcopal Española, 1998; Ortiz Quesada, sf). Las jerarquías religiosas a
menudo invocan la voluntad divina y la sacralidad de la vida como
argumentos irrefutables (Ortiz Quesada, sf).
Sin embargo, existe una notable divergencia entre la postura oficial de
las instituciones religiosas y la opinión pública. En países como México,
un porcentaje considerable de la población apoya la legalización de la
eutanasia "independientemente de la religión" (Zambrano Rodríguez,
2021). Esto sugiere que la felicidad puede tener perspectivas éticas
personales más flexibles o influenciadas por sus experiencias de
sufrimiento, lo que crea una fractura interna dentro de las comunidades
religiosas (Zambrano Rodríguez, 2021).
El debate se enmarca en una tensión entre la autonomía individual y la
sacralidad de la vida (Garrafa & Tabet, 2016). Algunos bioeticistas
latinoamericanos, como Juan Carlos Tealdi, critican una noción de
autonomía "ilimitada e inflexible", argumentando que un enfoque
puramente individualista puede socavar el bien común y la naturaleza
relacional de la dignidad humana (Tealdi, 2025). Esta perspectiva
prioriza la justicia social y el bienestar colectivo, sugiriendo que la
verdadera autonomía solo puede ejercerse en un contexto de sistemas
de apoyo social adecuados (Pérez Flerima et al., 2012; Vidal, 2010).
Casos relevantes en la región (Colombia, Ecuador, Argentina,
México, Canadá, Chile, Uruguay)
La situación legal y el debate sobre la eutanasia varían
significativamente en América Latina:
Colombia: Es el único país de la región donde la eutanasia activa
ha sido despenalizada bajo condiciones judiciales específicas, a
través de la Sentencia C-239 de 1997 de la Corte Constitucional
(Lozano Villegas, 2001). Es importante destacar que en Colombia,
al igual que en Canadá, hubo un consenso sobre la necesidad de
un desarrollo adecuado y completo de los cuidados paliativos
antes de la promulgación de una ley de eutanasia (Organización
Mundial de la Salud, 2021).
Ecuador: Recientemente, la Corte Constitucional de Ecuador
despenalizó la eutanasia activa bajo ciertas condiciones, marcando
un hito al reconocer el derecho a una muerte digna como una
extensión del derecho a la vida digna y al libre desarrollo de la
personalidad (Universidad Pontificia Comillas, 2025). El caso de
Paola Roldán Espinosa fue clave para abrir este debate y la
audiencia pública en la Corte Constitucional (Roldán Espinosa,
2023).
Argentina: La eutanasia y el suicidio médicamente asistido están
prohibidos (Tealdi, 2011). Filósofos como Juan Carlos Tealdi se
oponen firmemente a su legalización, considerándola un "grave
retroceso ético" y un síntoma de fallas en el sistema de salud
(Tealdi, 2025). El enfoque se ha centrado en el derecho a una
"muerte digna" a través de la ortotanasia y las directivas
anticipadas, evitando la obstinación terapéutica (Tealdi, 2011).
José Alberto Mainetti también ha abordado la "medicalización de la
muerte" y la eutanasia piadosa como homicidio (Mainetti, 2008).
México: La eutanasia está expresamente prohibida y penalizada
(Cámara de Diputados, sf). Sin embargo, existe un alto porcentaje
de la población a favor de cambios legales que la permiten,
independientemente de su religión (Zambrano Rodríguez, 2021).
El debate se ha canalizado hacia la implementación de
"voluntades anticipadas" como un mecanismo para garantizar el
derecho a una muerte digna y la autonomía del paciente sin
recurrir a la eutanasia activa (Comisión Nacional de Bioética, sf, p.
7; González Valenzuela, 2007). Juliana González Valenzuela ha sido
una figura clave en este impulso (González Valenzuela, sf).
Canadá: Ha legalizado la asistencia médica para morir (MAID, por
sus siglas en inglés), lo que incluye la eutanasia (Organización
Mundial de la Salud, 2021). Miguel Kottow menciona a Canadá
como un país que ha implementado "filtros" rigurosos para su
aplicación, como la voluntad expresa y reiterada del paciente y la
revisión por un comité ético (Kottow, 2014).
Chile: Aunque la eutanasia no está legalizada, existe un debate
activo. Miguel Kottow es un defensor de su legalización,
argumentando que no debe limitarse a pacientes terminales, sino
extenderse a aquellos con discapacidades graves que impiden una
"existencia razonable" (Kottow, 2014). El caso de Susana Moreira,
una paciente con distrofia muscular degenerativa que aboga por la
legalización, ha impulsado el debate legislativo (Moreira, 2025).
Uruguay: Un proyecto de ley para regular la eutanasia y el
suicidio médicamente asistido ha avanzado en el parlamento
(Pasquet, 2022). Las encuestas muestran un alto apoyo público a
la eutanasia (82%) y al suicidio asistido (62%) (Sindicato Médico
del Uruguay, 2020). La propuesta busca garantizar el derecho a
transcurrir dignamente el proceso de morir y considerar la muerte
por eutanasia como muerte natural, estableciendo procedimientos
y la posibilidad de objeción de conciencia para los médicos
(Pasquet, 2022).
Implicaciones para el Debate Panameño: Lecciones Aprendidas
de Otros Países y Adaptación al Contexto Sociocultural de
Panamá
En Panamá, la eutanasia y el suicidio asistido no son legales, y el Código
Penal sanciona el homicidio (Silvera, 2003). Sin embargo, el debate está
en curso, con una reciente propuesta de ley presentada ante la
Asamblea Nacional para regular estas prácticas (Aparicio, 2024; Destino
Panamá, 2024). Esta iniciativa busca establecer requisitos y
procedimientos estrictos, como la mayoría de edad del paciente,
capacidad de decisión libre y consciente, padecimiento de una
enfermedad grave e incurable o sufrimiento insoportable sin posibilidad
de alivio, solicitud voluntaria y reiterada, evaluación por dos médicos
(uno especialista), un período de reflexión de al menos quince días, y
revisión por un comité independiente (Aparicio, 2024).
Las lecciones aprendidas de otros países latinoamericanos y del mundo
son cruciales para el debate panameño:
1. Claridad Terminológica: La experiencia de la confusión entre
"eutanasia" y "muerte digna" en México (Unidad de Humanidades
y Ética Médica, sf) subraya la importancia de definir con precisión
los términos en cualquier legislación panameña para evitar
malentendidos y estigmatizaciones. Como señala la Unidad de
Humanidades y Ética Médica (sf), "la palabra eutanasia es la reina
de la discordia y la confusión en los debates en torno a la muerte
digna".
2. Fortalecimiento de Cuidados Paliativos: La demanda de
eutanasia a menudo surge de un sufrimiento no paliado y la falta
de acceso a una atención integral (Organización Mundial de la
Salud, 2021; Kottow, 2014; Tealdi, 2025). Colombia y Canadá
priorizaron el desarrollo de leyes de cuidados paliativos antes de
legalizar la eutanasia (Organización Mundial de la Salud, 2021).
Para Panamá, esto implica que cualquier avance en la legislación
sobre el final de la vida debe ir acompañado de una inversión
robusta en sistemas de cuidados paliativos que garanticen el alivio
del dolor y el apoyo holístico, como ya se menciona en la
propuesta de ley panameña (Aparicio, 2024).
3. Abordaje de Factores Culturales y Religiosos: La fuerte
influencia religiosa en América Latina (Zambrano Rodríguez, 2021)
y la divergencia entre la jerarquía y la opinión pública (Zambrano
Rodríguez, 2021) son factores a considerar. La estrategia de
México con las "voluntades anticipadas" (Comisión Nacional de
Bioética, sf) demuestra una vía pragmática para expandir la
autonomía del paciente dentro de marcos culturalmente sensibles.
El alto apoyo público a la eutanasia en Uruguay (Sindicato Médico
del Uruguay, 2020) también muestra que las sociedades pueden
evolucionar en sus perspectivas.
4. Salvaguardas y Controles Rigurosos: Los ejemplos de
Holanda, Bélgica, Oregón y Canadá (Organización Mundial de la
Salud, 2021) demuestran que la legalización de la eutanasia y el
suicidio asistido requiere "filtros" estrictos para prevenir abusos y
garantizar la autonomía genuina del paciente (Kottow, 2014). La
propuesta panameña ya incorpora muchos de estos requisitos,
como la evaluación médica múltiple, la solicitud reiterada y el
período de reflexión (Aparicio, 2024).
5. Enfoque Sistémico y de Justicia Social: La bioética
latinoamericana, con su énfasis en la "bioética de intervención"
(Pérez Flerima et al., 2012), sugiere que la eutanasia no es solo
una decisión individual, sino que puede ser un síntoma de fallas
sistémicas. Esto implica que Panamá debe abordar las
desigualdades en el acceso a la salud y garantizar que la opción
de la eutanasia no se convierta en una "solución" para la
negligencia del sistema (Tealdi, 2025; Garrafa & Tabet, 2016).
Como argumenta Tealdi (2025), "cualquier demanda de eutanasia
es principalmente un síntoma del fracaso de la buena medicina y
de un sistema justo que protege la salud de cada persona".
La adaptación al contexto sociocultural de Panamá requerirá un diálogo
informado y multidisciplinario que considere no solo los aspectos legales
y médicos, sino también las profundas implicaciones éticas, culturales y
religiosas. El objetivo final debe ser garantizar el derecho a vivir y morir
con dignidad, en un marco de equidad y respeto por la condición
humana, abordando las causas subyacentes del sufrimiento y
asegurando que las decisiones al final de la vida sean verdaderamente
autónomas y no impuestas por circunstancias adversas.
V. Conclusiones
El análisis de las contribuciones de los filósofos y bioeticistas
latinoamericanos sobre la eutanasia revela un campo de debate rico y
multifacético, profundamente arraigado en las particularidades
socioculturales y socioeconómicas de la región. Lejos de ser una mera
réplica de los discursos occidentales, la bioética latinoamericana ha
desarrollado enfoques distintivos que contextualizan las decisiones
sobre el final de la vida dentro de los marcos de justicia social y
derechos humanos.
Existe una diversidad de posturas, que van desde la oposición explícita a
la eutanasia activa, argumentando que es un síntoma de fallas
sistémicas en la provisión de cuidados (Tealdi, Mainetti, Pfeiffer,
Francisconi, Dieterlen), hasta la defensa de su legalización extendida
más allá de los pacientes terminales, enmarcándola como una cuestión
de salud pública y biopolítica (Kottow). Pensadores como Garrafa y Vidal
integran la discusión en el paradigma de la "bioética de intervención",
enfatizando que las decisiones individuales están intrínsecamente
ligadas a macroproblemas como la pobreza y la desigualdad, lo que
implica una responsabilidad social colectiva para asegurar una vida
digna y, por extensión, un morir digno. Mainetti, por su parte, ofrece una
crítica profunda a la "medicalización de la muerte", abogando por la
recuperación de la agencia del individuo en su proceso de morir y la
evitación de la obstinación terapéutica. Pfeiffer, al reorientar el debate
hacia la "vida digna", subraya la importancia de la dignidad humana
como fundamento inalienable, alertando sobre los riesgos de la
devaluación de la vida en contextos de vulnerabilidad. Juliana González
Valenzuela, si bien no aboga directamente por la eutanasia activa donde
está prohibida, impulsa la autonomía del paciente a través de
"voluntades anticipadas" para asegurar una muerte digna.
La persistente confusión terminológica entre eutanasia, suicidio asistido,
ortotanasia y muerte digna no es solo un desafío semántico; es una
dinámica que influye en la percepción pública y en las políticas,
permitiendo la implementación de soluciones como las "voluntades
anticipadas" para expandir la autonomía del paciente sin confrontar
directamente las prohibiciones legales. Esto demuestra una adaptación
estratégica a las realidades sociales y religiosas.
El debate en América Latina se caracteriza por una tensión constante
entre la autonomía individual y la sacralidad de la vida, pero esta
dicotomía se completa por la fuerte influencia de una ética social que
prioriza la justicia y el acceso equitativo a los cuidados. La tras
discusiónciende el ámbito clínico-individual para convertirse en un
imperativo ético y político que exige la mejora de los sistemas de salud y
el fortalecimiento de los cuidados paliativos como condiciones
necesarias para un morir verdaderamente digno. La bioética en la
región, por tanto, se consolida como una herramienta crítica para
navegar estas complejidades, buscando garantizar no solo el derecho a
morir, sino, principalmente, el derecho a vivir y morir con dignidad en un
contexto de equidad y respeto por la condición humana.