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RESUMEN

El documento refleja el agradecimiento hacia los líderes y misioneros que han servido en la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera en Perú, destacando su dedicación y sacrificios a lo largo de los años. Se reconoce que la obra realizada es de Dios y se expresa el deseo de que la Iglesia continúe creciendo y unida en Cristo. Además, se menciona la importancia de la colaboración y el impacto positivo que ha tenido en la vida de las personas involucradas en la misión.

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RESUMEN

El documento refleja el agradecimiento hacia los líderes y misioneros que han servido en la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera en Perú, destacando su dedicación y sacrificios a lo largo de los años. Se reconoce que la obra realizada es de Dios y se expresa el deseo de que la Iglesia continúe creciendo y unida en Cristo. Además, se menciona la importancia de la colaboración y el impacto positivo que ha tenido en la vida de las personas involucradas en la misión.

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A través de los años, El Dios soberano ha velado por la buena marcha de la Iglesia a

nivel Nacional. Nos ha dado hombres que han sabido servir con distinción en la
Junta Nacional. Personalmente, agradezco a Dios por cada hombre que ha servido
como presidente de la Iglesia. Hasta aquí, el Señor me ha permitido conocer
personalmente. Delante de ellos, saco mi sombrero, inclino mi cabeza y digo,
“Gracias por vuestro servicio a la Iglesia y a Dios”. Los que han servido hasta la fecha
son: Juan Espinoza, Guillermo Rosales, Raúl Díaz, Germán Perales, Samuel
Calderón, Wilson Chávez, Luís Palomino, Carlos Torres y el actual, Julio Rosas.

Lamento que esta sea tan solo una historia parcial de la obra de la Alianza en el Perú.
No tuve el privilegio de estar presente en cada Iglesia para indagar sobre su historia
particular. Por lo tanto, es imposible preparar una historia completa de todas las
Iglesias de la IACYM en el Perú. Sin duda, hay otras Iglesias e individuos, con
historias tan o más interesantes que las incluidas. De aquí unos años, será labor de
otro preparar una historia más completa. Porque hay páginas que se escriben todos
los días en todas las Iglesias de la Alianza en el Perú. Y otras Iglesias nacen. – Se
espera, sin embargo, que los datos aquí proporcionados sirvan para hacer nacer en
nuestros corazones acciones de gracias a nuestro Dios por lo que El ha logrado
mediante un conjunto de hombres y mujeres, laicos, pastores y misioneros. Gracias
a Dios por cada alma salvada; por los hermanos y hermanas fortificados; por cada
Iglesia establecida; por cada alumno graduado; por cada pastor en activo y por cada
adulto, joven y niño que alaba a Dios desde lo profundo de su corazón. La obra
descrita en esta historia no es la obra exclusiva de ningún hombre. Es obra de Dios.
Dios se ha dignado a usar hombres, mujeres, jóvenes y niños para hacer Su obra;
pero la obra es de El... “¡A él sea la gloria!”

Hasta mediados del año 1999, 118 misioneros de la Alianza Cristiana y Misionera
componían la lista de los que han contribuido un total de 1,550 años a la extensión
del Reino de Dios en el Perú. Algunos han entregado hasta sus vidas y otros las de
sus amados. Benjamín Barton murió de tuberculosis contraído durante su estadía en
Cahuapanas. Los esposos Carlos Volstad sepultaron a un hijo en Huánuco. La fiebre
tifoidea, contraída en su viaje en barco a Iquitos, segó la vida de Samuel Warren. Sus
restos descansan en un nicho en Iquitos esperando la venida del Señor. Nunca llegó
a su destino - Cahuapanas. En el mes de agosto del año 1962, la hermana Louísa
Gaertner murió en un accidente de tránsito en el kilómetro 72 de la Panamericana
Norte. Viajaba con su esposo y pequeña hija, rumbo a su primera asignatura
misionera en la ciudad de Chimbote. Y los esposos Vance y Faith Field y Jaime y
Elizabeth McKerihan sepultaron pequeños hijos en Lima. La señorita Joyce Houck
enterró a sus padres en el Cementerio Británico en Lima después de su muerte
inesperada causada por la caída de un avión de la Compañía Faucett en la montaña
Cárpish, entre Huánuco y Tingo María.

La muerte no se ha limitado a tocar la puerta de los misioneros. Hay pastores que


han tenido que andar detrás de un ataúd que contenía el cuerpo de un miembro muy
querido de su familia. Conozco a muchos de ellos personalmente. Si el Señor tarda
mucho en Su venida, otros más pasarán por esas aguas; pero también contarán con
la ayuda de Dios en el cumplimiento de Su promesa de otorgar Su gracia y Su fuerza
para cada día. Ha sido una inspiración para mí ver como el Dios que servían les pudo
consolar, fortalecer, y ungir para un ministerio más eficaz aún. Mientras el Señor me
dé aliento no cesaré de orar por la Iglesia en el Perú:
A que sea una alianza, de personas unidas en Cristo.
A que sea cristiana una familia de redimidos por Cristo.
A que sea misionera, trabajando dentro y fuera del país.

Agradezco muy profundamente a todos aquellos pastores que han tenido la gentileza
de acercarse a la sede de la Misión para las entrevistas que forman la base de las
historias de las distintas Iglesias. Sin su colaboración esta obra hubiera quedado en
mis sueños. Desde el fondo de mi corazón les doy mis más sinceros agradecimientos.
Lamento no haberme visto con todos. – Muchos de los datos sobre la vida del Doctor
Alberto Benjamín Simpson y el nacimiento de la Alianza he recogido de las obras de
los señores A. T. Thompson y el Dr. A. W. Tozer. – Agradezco a Pablo Clark por su
gentileza en facilitarme las “memorias” de su padre que narran sus experiencias en
su viaje de reconocimiento tanto en el Brasil por el río Araguayo; como también sus
viajes por la selva peruana para establecer la obra en Cahuapanas.

He demorado demasiado en terminar este libro porque no he podido dedicarme


exclusivamente a ello; pero el viaje ha sido de mucha bendición para mí. He
descubierto datos que me han inspirado. He visto ejemplos que me han desafiado a
un servicio mejor para mi Señor. Y he podido ver con más claridad la mano de Dios
obrando en Iglesias, en individuos y en toda la obra de La Iglesia Alianza Cristiana
y Misionera del Perú. – Es verdad que el Señor nos llevó a España para abrir obra
para la Alianza en al año 1978; pero una buena parte de nuestros corazones se ha
quedado en el Perú. Las vidas de muchos hermanos de la sierra, de la selva y de la
costa se han entretejido en nuestros corazones de tal manera que seria imposible
olvidarnos de ellos. Nuestras vidas han sido indescriptiblemente enriquecidas por
haberles conocido. Ha sido un privilegio muy grande el haber podido colaborar con
personas tan nobles como mis hermanos peruanos. Por todo lo que se ha logrado a
través de los años; y seguros de mayores logros en el futuro para Cristo y Su causa;
unamos nuestras voces para decir: “¡La Dios Sea la Gloria!”.

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