LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
Magistrado ponente
STC11703-2018
Radicación n.° 11001-02-03-000-2018-02535-00
(Aprobado en sesión de doce de septiembre de dos mil dieciocho)
Bogotá, D. C., doce (12) de septiembre de dos mil
dieciocho (2018)
Decídese la tutela promovida por Javier Elías Arias
Idárraga frente al Procurador Delegado en Asuntos Civiles
y la Sala Civil Familia del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Pereira, integrada por los magistrados Jaime
Alberto Saraza Naranjo, Duberney Grisales Herrera y
Edder Jimmy Sánchez Calambás, con ocasión de la acción
popular adelantada por Cristian Vásquez Arias, radicada
bajo el número 2016-00625-03, en la cual el aquí quejoso
funge como coadyuvante.
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1. ANTECEDENTES
1. El petente reclama la protección de las
prerrogativas consagradas en los artículos 13 y 29 de la
Constitución Política, presuntamente quebrantadas por la
corporación atacada.
2. Comenta, en síntesis, que el colegiado “se niega
a tramitar la apelación” propuesta contra la sentencia de
primer grado, proferida dentro del asunto materia de esta
salvaguarda, “PESE A ESTAR SUSTENTADA CON REPAROS
CONCRETOS DESDE EL JUEZ A QUO” (sic).
Agrega que el Procurador querellado “(…) no prueba
ni demuestra cómo [le] ha brindado [sus] garantías
procesales y no actúa en la a popular (sic)”,
desconociendo así lo reglado en la Ley 734 de 2002.
3. Solicita, en concreto, ordenarle al juzgador i) dar
curso a la aludida alzada, “pues ya tiene reparos
concretos”, sin olvidar “que la CSJ SC L[.]” le ha impuesto
en numerosas oportunidades desatar “la apelación, al ya
contar con reparos concretos en primera instancia”; ii)
exigirle al representante del Ministerio Público acreditar
“(…) cómo ha actuado en la acción popular hoy
tutelad[a]”; iii) informarle si el no acatamiento por parte
del tribunal de los precedentes dictados por,
particularmente, la Sala de Casación Laboral sobre tal
impugnación y su fundamentación, puede configurar el
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delito de prevaricato; y iii) expedirle copias “físicas gratis
de todo lo actuado amparado art 4 acuerdo 1772/03 Sala
Administrativa CSJ, las que recoger[á] en secretaría TSSCF
de Pereira (sic)”.
I.1. Respuesta del accionado
El ad quem aseveró haber apoyado su decisión en el
ordenamiento jurídico y descartó la violación de garantías
del petente.
La Procuradora 1 Judicial II en Asuntos Civiles,
adscrita a la Procuraduría Delegada para Asuntos Civiles y
Laborales, expresó, entre otras cosas, que no es
“jurídicamente responsable por las actuaciones que
despliegue la Sala Civil Familia del Tribunal Superior de
Pereira”.
2. CONSIDERACIONES
1. Javier Elías Arias Idárraga cuestiona,
puntualmente, la providencia de 15 de junio de 2018,
mediante la cual la Sala Civil Familia del Tribunal Superior
de Pereira declaró la deserción de la apelación propuesta
por el citado señor y Cristian Vásquez Arias contra la
sentencia dictada por el Juez Civil del Circuito de Santa
Rosa de Cabal, dentro de la acción popular N° 2016-
00625-03.
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2. Este auxilio no sale avante, por cuanto no se
halla irregularidad en el proceder confutado.
2.1. El ad quem emitió el auto objetado porque el
extremo recurrente, entre tal, el acá promotor, no se
presentó a la audiencia en la cual debía sustentar el
referenciado medio de defensa.
Se precisa, en el caso examinado Cristian Vásquez
Arias1 y el tutelante formularon ese recurso y allegaron
ante el estrado a quo un escrito cuestionando,
puntualmente, las razones sustentantes de la sentencia
de tal juzgador desestimatoria de sus pretensiones.
Ahora bien, la presentación de ese memorial no
eximía a Arias Idárraga de asistir a la diligencia de
“sustentación y fallo” programada por el colegiado, a
fundamentar de manera oral su inconformidad con la
señalada providencia, por así imponerlo la regla 322 del
CGP; empero, no lo hizo.
2.2. En ese orden, no erró el tribunal al negar el
trámite de la comentada alzada porque, se reitera, el
censor estaba compelido no sólo a aportar el aludido
documento contentivo de los reparos elevados frente al
referenciado proveído, sino también a concurrir ante el ad
1
Vale indicar el citado señor tampoco compareció a sustentar la alzada por él deprecada.
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quem en la fecha prevista para el efecto, a ampliar de
viva voz esos reproches.
Lo aducido porque como lo ha aseverado esta Corte
en recientes oportunidades, quien apela un fallo no sólo
debe mencionar en forma breve sus reparos concretos
respecto de ese pronunciamiento, sino acudir ante el
superior para sustentar allí esa impugnación, apoyado,
justamente, en esos cuestionamientos puntuales.
Sobre lo esgrimido, esta Colegiatura en pretéritas
ocasiones y de manera unánime, ha indicado:
“(…) [Aunque] el apoderado apeló la sentencia estimatoria
dictada en audiencia de 3 de marzo de 2016 por el Juzgado
Trece Civil del Circuito de Barranquilla y le fue concedido el
recurso en el efecto suspensivo, no compareció a la
diligencia programa por el superior para la sustentación el
30 de agosto de 2016 y ante ello se declaró desierto con
base en las siguientes disposiciones del Código General del
Proceso:
“El inciso 2º del numeral 3º del artículo 322 establece: «al
momento de interponer el recurso en la audiencia, si hubiere
sido proferida en ella, o dentro de los tres (3) días siguientes
a su finalización o a la notificación de la que hubiere sido
dictada por fuera de audiencia, deberá precisar, de manera
breve, los reparos concretos que le hace a la decisión, sobre
los cuales versará la sustanciación que hará ante el
superior» (subraya la Corte) (…)”.
“El inciso 4º de dicha preceptiva, prevé que: «Si el apelante
de un auto no sustenta el recurso en debida forma y de
manera oportuna, el juez de primera instancia lo declarará
desierto. La misma decisión adoptará cuando no se precisen
los reparos a la sentencia apelada, en la forma prevista en
este numeral. El juez de segunda instancia declarará
desierto el recurso de apelación contra una sentencia
que no hubiere sido sustentado» (negrillas y subrayas
fuera del texto) (…)”.
“Al respecto esta Sala ha sostenido que «el legislador previó
como sanción la declaratoria de desierto del recurso de
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apelación interpuesto contra una sentencia cuando: (i) no se
precisan, de manera breve, los reparos concretos que se le
hacen a la decisión, al momento de presentar la
impugnación en la audiencia, si hubiere sido proferida en
ella, o dentro de los tres (3) días siguientes a su finalización
o a la notificación de la que hubiere sido dictada por fuera de
audiencia y (ii) cuando no se presente la sustentación de los
mencionados reparos ante el superior» CSJ STC11058-2016,
11 ago. 2016, rad. 02143-00, entre otras). Subraya la Sala.
(…)”2.
En otro asunto equiparable, esta Corporación negó
la salvaguarda peticionada, por cuanto,
“(…) [D]el auto del colegiado no emerge irregularidad con
entidad suficiente como para permitir la intromisión de esta
particular justicia. Adviértase, el juzgador expresó:
“Teniendo en cuenta que el actor popular (…) no se ha
hecho presente a esta audiencia, como lo anunció en escrito
que obra a folio 12 del cuaderno de segunda instancia,
aduciendo amenazas de muerte en su contra, sin que
allegara prueba alguna de tales declaraciones, entonces esta
Magistratura declara desierto el recurso en los términos del
artículo 322 del Código General del Proceso que le impone la
carga de sustentarlo en esta audiencia”.
“La inconformidad del interesado con el pronunciamiento
reseñado por ser adverso a sus intereses no le abre paso a
esta particular justicia, por cuanto se halla reservada para
eventos de patente desafuero judicial, lo cual no se
configura en el pleito examinado, pues, la providencia fue el
producto del estudio realizado al acervo demostrativo
aportado, a la luz de las reglas jurídicas pertinentes (…)”3.
3. En relación con el momento para interponer el
remedio vertical, esta Corte, a la luz de lo reglado en el
canon 322 ídem, ha explicitado que si la providencia es
proferida en audiencia, la alzada debe impetrarse en la
misma diligencia. Por el contrario, si el pronunciamiento
se emitió fuera de esa oportunidad, se cuenta con tres (3)
2
CSJ. STC6055 de 4 de mayo de 2017, exp. 08001-22-13-000-2017-00100-01.
3
CSJ. STC7554 de 31 de mayo de 2017, exp. 11001-02-03-000-2017-01262-00.
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días siguientes a la notificación de la decisión para la
formulación de tal impugnación.
Atinente a la sustentación, el legislador previó,
específicamente, respecto de las sentencias, que la
fundamentación de la apelación debía darse ante el ad
quem a partir de los reparos concretos aducidos ante el a
quo.
En cuanto a lo discurrido, esta Corporación
esgrimió:
“[D]ándole un sentido integral al artículo 322 de[l Código
General del Proceso], se tiene que de acuerdo a su numeral
1º, cuando la providencia se emite en el curso de una
audiencia o diligencia, la apelación «deberá interponerse en
forma verbal inmediatamente después de pronunciada», a lo
que seguidamente indica que de todos los recursos
presentados, al final de la audiencia el juez «resolverá sobre
la procedencia (…) así no hayan sido sustentados».
“Significa lo anterior que una es la ocasión para interponer el
recurso que indudablemente es «inmediatamente después
de pronunciada», lo cual da lugar a que se verifique el
requisito tempestivo, y otro es el momento del desarrollo
argumentativo del reproche, que tratándose de sentencias
presenta una estructura compleja, según la cual la
sustentación debe presentarse frente al a quo y luego ser
desarrollada «ante el superior», conforme lo contemplan los
incisos 2º y 3º del numeral 3 del citado canon 322 (…)”.
“En tal sentido, el segundo de los apartados de la preceptiva
en cita establece: «al momento de interponer el recurso en
la audiencia, si hubiere sido proferida en ella, o dentro de los
tres (3) días siguientes a su finalización o a la notificación de
la que hubiere sido dictada por fuera de audiencia, deberá
precisar, de manera breve, los reparos concretos que
le hace a la decisión, sobre los cuales versará la
sustanciación que hará ante el superior» (…)”.
“Conforme a la disposición bajo estudio, para la presentación
de esos concretos y determinados reparos que deben
realizarse para habilitar la apelación de una sentencia
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dictada en audiencia, se establecen dos oportunidades: (i) al
momento de interponer el recurso, que como se sabe debe
realizarse de manera inmediata a su pronunciamiento y (ii)
dentro de los tres (3) días siguientes a la finalización de
dicha audiencia (…)”.
“Este entendimiento lo expresó la Sala al señalar que:
«4.5.2.- Respecto al momento en que el memorialista debe
“precisar de manera breve, los reparos concretos que le
hace a la decisión, sobre los cuales versará la sustentación
que hará ante el superior”, la ley hace la misma
diferenciación dependiendo de si tal resolución se dictó en
forma oral o escrita.
“Así, determina que si la providencia “se profirió en
audiencia”, el interesado podrá cumplir la referida carga i)
bien “al momento de interponer el recurso” o ii) “dentro de
los tres (3) días siguientes a su finalización”. Empero, de
haberse emitido «por fuera de audiencia”, deberá hacerlo
“dentro de los tres (3) días siguientes a […] la notificación”.
(CSJ, STC10557-2016, 3 ago. 2016, rad. 2016-00608-01)
(…)”.
“Como resultado de la interpretación dada a la norma en
cita, de su secuencia lógica surge lo preceptuado en el inciso
final del numeral 3º, al señalar que «Si el apelante de un
auto no sustenta el recurso en debida forma y de manera
oportuna, el juez de primera instancia lo declarará desierto.
La misma decisión adoptará cuando no se precisen los
reparos a la sentencia apelada, en la forma prevista en este
numeral», y para afianzar indica que «El juez de segunda
instancia declarará desierto el recurso de apelación contra
una sentencia que no hubiere sido sustentado» (…)”.
“(…) Ciertamente, esta Corporación, mediante reciente
pronunciamiento aclaró: (…) ante la evidente contradicción
que al respecto ofrecen las citadas providencias, la Sala
entra a estudiar nuevamente el tema y, atendiendo el
contenido de la norma adjetiva en comento, precisa que:
“(…)”.
“c) Frente al momento en que el recurrente debe «precisar
de manera breve, los reparos concretos que le hace a la
decisión, sobre los cuales versará la sustentación que hará
ante el superior», la norma establece que:
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“- Si la sentencia se «profiere en audiencia», podrá cumplir
dicha carga, (i) «al momento de interponer el recurso» o, (ii)
«dentro de los tres (3) días siguientes a su finalización».
“- Si se emite «por fuera de audiencia», le corresponderá
efectuar el señalado acto procesal i) «dentro de los tres (3)
días siguientes a […] la notificación»
“d) Se declarará desierto el medio vertical «cuando no se
precisen los reparos a la sentencia apelada» (CSJ, STC15304-
2016, 26 oct. 2016, rad. 00174-01, reiterada en STC16932-
2016, 23 nov 2016, rad. 00305) (…)”4.
De lo consignado en el canon 322 ídem, se
desprenden diferencias en torno a la apelación de autos y
sentencias, aspecto sobre el cual esta Sala reciente y
unánimemente, expuso:
“(…) a) Para los primeros, el legislador previó dos
momentos, uno relativo a la interposición del recurso, el cual
ocurre en audiencia si la providencia se dictó en ella o,
dentro de los tres (3) días siguientes a la notificación de la
decisión controvertida si se profirió fuera de aquélla; y, dos,
la sustentación, siendo viable ésta en igual lapso al referido
si el proveído no se emitió en audiencia o al momento de
incoarse en la respectiva diligencia, todo lo cual se surte
ante el juez de primera instancia (…)”.
“b) En cuanto a las segundas, el remedio vertical comprende
tres etapas, esto es, (i) su interposición y (ii) la formulación
de reparos concretos, éstas ante el a quo, y (iii) la
sustentación que corresponde a la exposición de las tesis o
argumentos encaminados a quebrar la decisión, conforme a
los reparos que en su oportunidad se formularon contra la
providencia cuestionada. Dichos actos se surten
dependiendo, igualmente, de si el fallo se emite en audiencia
o fuera de ella, tal como arriba se expuso (…)”5.
4. Se infiere, entonces, que tratándose de autos
esta Sala ha identificado como fases del recurso de
apelación, en primera instancia: interposición del recurso,
4
CSJ. STC de 9 de febrero de 2017, exp. 68001-22-13-000-2016-00808-01; ver en el
mismo sentido el fallo de 13 de marzo de 2017, exp. 76001-22-03-000-2017-00041-01
5
CSJ. STC6481 de 11 de mayo de 2017, exp. 19001-22-13-000-2017-00056-01
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sustentación, traslados de rigor y concesión; y, en
segunda: la inadmisión o decisión. Para las sentencias, en
primera instancia: interposición, formulación de los
reparos concretos y concesión; y, en segunda: admisión o
inadmisión con su ejecutoria, fijación de audiencia con la
eventual fase probatoria, sustentación oral y sentencia.
Por tanto, le corresponde al recurrente no sólo
aducir sus quejas puntuales ante el a quo, sino acudir a la
audiencia fijada por el superior para el efecto y
fundamentar allí el remedio vertical, tal y como lo prevé el
reseñado canon 322 ídem.
5. En cuanto a ese último aspecto, esta Corte
estima pertinente señalar que el vigente Estatuto
Procedimental Civil, en su Título Preliminar, establece sin
ambigüedad la forma como deben surtirse las actuaciones
judiciales, esto es, de manera “(…) oral, pública y en
audiencias (…)”6, principio neural del sistema procesal
orientador en toda la Ley 1564 de 2012.
Esa circunstancia conlleva un cambio en la
estructura de los decursos seguidos tradicionalmente por
escrito y les impone a los usuarios de la administración de
justicia modificar su comportamiento, pues ahora, entre
otras cuestiones, están compelidos a presentarse
6
“(…) Artículo 3°. PROCESO ORAL Y POR AUDIENCIAS. Las actuaciones se cumplirán en
forma oral, pública y en audiencias, salvo las que expresamente se autorice realizar por
escrito o estén amparadas por reserva (…)”.
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personalmente frente al juez para exponerle sus
argumentos.
Lo anterior, sin duda, pugna por el respeto y
garantía de principios trascendentales como los de
oralidad, concentración, celeridad, transparencia,
contradicción e inmediación desarrollados en los cánones
4° y siguientes de la dicha obra. Igualmente, las reglas
106 y 107 ídem, contemplan la metodología a seguir para
el desarrollo de los litigios, dirigida, concretamente, a
lograr que aquéllos además de tener una duración
razonable (art. 121 del C.G.P.), comprendan solamente
una audiencia inicial y, si es el caso, una de instrucción y
juzgamiento.
La contundencia de la oralidad y del derecho a ser
oídos para los justiciables, partes y terceros, es tal que el
numeral 1º del artículo 107 consagra la nulidad de la
actuación de presentarse “(…) la ausencia del juez o de
los magistrados (…)” en la respectiva diligencia. A su
turno, el inciso 5º de la misma preceptiva impone la
convocatoria “(…) a una audiencia especial con el solo fin
de repetir la oportunidad para alegar (…)” cuando se
presenta el cambio del juez que debe dictar el fallo y,
aunado a ello, el numeral 6º ídem prescribe: “(…)
Prohibiciones. Las intervenciones orales no podrán ser
sustituidas por escritos (…)”; en concordancia con el
numeral 7º del art. 133, donde se prevé la invalidez del
decurso si “(…) la sentencia se profier[e] por un juez
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distinto del que escuchó los alegatos de conclusión o la
sustentación del recurso de apelación (…)” (se subraya).
Soslayar, entonces, la sustentación oral de la
apelación ante el superior, impuesta en el canon 322 del
Código General del Proceso, contradice los postulados en
mención y, de contera, el principio democrático
representativo, según el cual es el Congreso de la
República, revestido de una amplia potestad legislativa, el
competente para regular los decursos judiciales (art. 150,
C.P.).
La facultad asignada a ese órgano no es absoluta,
dado que siempre debe ajustarse a los fines de la
administración de justicia, a los principios de
proporcionalidad y racionalidad y, por supuesto, a los
derechos supralegales de los justiciables.
Sobre lo enunciado, la Corte Constitucional en
sentencia C- 124 de 1° de marzo de 2011, sostuvo:
“(…) [E]l legislador no está facultado para prever, bajo el
simple capricho o la arbitrariedad, las ritualidades
procesales, “(…) pues no puede desconocer las garantías
fundamentales, y debe proceder de acuerdo con criterios de
proporcionalidad y razonabilidad, a fin de asegurar el
ejercicio pleno del derecho de acceso a la administración de
una justicia recta. Por ello las leyes que establecen
procedimientos deben propender por (…) hacer efectivos los
derechos de defensa, de contradicción, de imparcialidad del
juez, de primacía de lo substancial sobre lo adjetivo o
procedimental, de juez natural, de publicidad de las
actuaciones y los otros que conforman la noción de debido
proceso (…)”.
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Radicación n.° 11001-02-03-000-2018-02535-00
En torno al cambio del procedimiento escritural por
el verbal en materia civil, el Alto Tribunal Constitucional al
pronunciarse respecto de las distintas medidas insertas
en la Ley 1395 de 2010, expresó sus razones para tener
por apegado a la Carta Política ese proceder.
Así, indicó que el objetivo de dicha reglamentación
“(…) es evidente: obtener la descongestión de los despachos
judiciales a partir de reformas al procedimiento que
privilegien la celeridad y la consecución de decisiones sin
dilaciones justificadas, de acuerdo con el mandato
constitucional, sirviéndose para ello de un modelo procesal
regido por la oralidad, de una nueva concepción del
procedimiento civil, fundada en la preeminencia de las
audiencias orales, en contraposición con el peso específico
del proceso escrito (…). El legislador, en ese orden de ideas,
hace uso de la amplia facultad de configuración legislativa, a
fin de establecer a la oralidad como un instrumento de
superación de la inveterada congestión de la jurisdicción civil
en Colombia. Esta solución legislativa, que está dirigida a
garantizar un proceso eficiente y, a su vez, respetuoso de los
derechos fundamentales de las partes, en especial el debido
proceso, se muestra prima facie compatible con la
Constitución. A su vez, la preferencia que [se] hace (…) por
la oralidad en el proceso civil significa una
reconceptualización de la función de administración de
justicia. Por años, el procedimiento civil ha sido
arquetípicamente escrito, incluso respecto de procesos que
formalmente han sido denominados por décadas como
‘verbales’. En tal sentido, la reforma legal en comento busca
lograr que la audiencia sea el escenario preferente de
desarrollo del proceso (…)”.
“En términos de autores como Chiovenda, ‘la experiencia
derivada de la historia permite añadir que el proceso oral es
el mejor y más conforme con la naturaleza y las exigencias
de la vida moderna, porque sin comprometer en lo más
mínimo, antes bien, garantizando la bondad intrínseca de la
justicia, la proporciona más económicamente, más
simplemente y prontamente’. La instauración de la oralidad,
en ese orden de ideas, también es un escenario de
satisfacción de derechos constitucionales. Ello en el
entendido que la audiencia oral está precedida de garantías
que, si bien tienen raigambre procesal, son parte integrante
de los derechos al debido proceso y al acceso a la
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administración de justicia. Estas garantías refieren a la
inmediación, la concentración y la publicidad (…)”7 (subraya
fuera de texto).
A la luz de lo discurrido, la oralidad se erige como
postulado rector de la actual Codificación Procesal Civil y
demanda ser respetada con ímpetu dentro de los juicios
de esa especialidad, pues a través de ella se logrará la
realización de prerrogativas como la contradicción y
defensa. Además, se busca garantizarle a los
administrados la facultad de ser oídos por los funcionarios
judiciales, cuestión que, al final, les impone a todos los
sujetos procesales intervenir con transparencia,
fundamento de la democracia participativa.
6. Ahora, aunque algunos podrían aducir la
configuración de un procesalismo a ultranza al exigirse la
sustentación de la apelación de una sentencia ante el ad
quem, porque, en criterio de aquéllos, esa autoridad
elabora previamente su fallo de fondo, atendiendo,
exclusivamente, a los “reparos concretos” ventilados
frente al a quo y pretiriendo la posterior argumentación,
lo cierto es que tales aseveraciones no tienen la entidad
suficiente para derruir principios prevalentes como la
publicidad, transparencia y el derecho a ser oído.
Lo esgrimido, toda vez que el legislador concibió la
etapa memorada no sólo para que las partes actuaran
públicamente y con transparencia, exponiendo sus
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Corte Constitucional. Sentencia C- 124 de 1° de marzo de 2011
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apreciaciones, sino para evitar juicios secretos
provenientes de los funcionarios jurisdiccionales.
Así, la nueva Codificación Procesal Civil lucha por
lograr que los falladores definan los casos bajo su
conocimiento en las diligencias establecidas, tras
escuchar las aserciones de los extremos de la litis.
El hecho de actuar de manera contraria no le resta
eficacia a la normatividad y tampoco vuelve adecuado un
comportamiento prejuicioso. Recuérdese que compete a
las autoridades jurisdiccionales, en primer lugar, la
aplicación de las leyes y, en mérito de ésta, la resolución
de los asuntos en las audiencias consagradas para el
efecto y no antes.
La oralidad no es un fin, sino un medio para
conquistar la transparencia en el ejercicio de la actividad
procesal en la solución de casos como desarrollo de la
tutela judicial efectiva. No es el culto a la forma, mucho
menos, como erróneamente se confunde con leer textos
elaborados previamente; no es cuestión de lecto -
escritura, porque en estas hipótesis subyace las más de
las veces una equivocada concepción que traslada la
magna y auténtica misión de juzgamiento en cabeza del
juez a los auxiliares. Es tornar público y cristalino el juicio
y la función de la judicatura, y por supuesto, la de los
representantes de las partes, por cuanto los intervinientes
exponen sus argumentos para que sean conocidos, para
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que haya contradicción y una defensa válida, todo en
presencia de la jurisdicción. Procura que el fallo no sea
secreto, ni las decisiones se tomen al margen de lo
comprobado y vertido en la deliberación racional e
instrucción probatoria pública. Es materializar el debido
proceso previsto en el art. 29 de la Carta.
Una providencia en esta nueva cultura del Estado
constitucional no debe anclarse en lo oculto, en
construcciones gramaticales escritas frías, que inclusive
atentan contra el medio ambiente, que apartan la
interpretación del lenguaje humano y corporeidad,
presente en los sentidos y en el proceder de los extremos
del litigio. Un sistema oral no puede prescindir del todo de
la escrituralidad, es cierto, pero no puede ser un debate
de notas o copias donde el juzgador se aleja de la parte,
de su rostro y de su sentimiento expresado en la
conducta.
La oralidad tiene su manifestación en la
inmediación, en la publicidad del asunto y en la
concentración uniéndolas íntimamente al compeler al
fallador para dirigir directamente la instrucción probatoria,
los alegatos y la decisión; cosa que no acontece
propiamente con la escrituralidad que en nuestro sistema,
distancia al ciudadano del administrador de justicia y
torna frío al proceso. Lo escrito es riesgo para la
desigualdad y dispersión, pero esencialmente para la
posibilidad de que los sujetos de derecho no sean
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Radicación n.° 11001-02-03-000-2018-02535-00
escuchados, oídos y vencidos en juicio ante la presencia
de los jueces singulares o colegiados, cuando la instancia
o la alzada no se surte con su presencia.
Un procedimiento oral y público, además, potencia
la democracia participativa y la posibilidad de que la
actividad de los jueces sea objeto de escrutinio ante la
comunidad jurídica y la opinión pública por el ejercicio de
sus funciones, porque de esa manera puede de primera
mano conocer su desempeño, el modelo de juez, los
esquemas de administración de justicia y auscultar a
quienes fallan los asuntos de la ciudadanía en el
reconocimiento de prerrogativas. Por supuesto, compete a
esa opinión y a esos visores sociales respetar la
autonomía e independencia judicial con enorme celo, sin
interferir en tan sagrada labor.
Esa posibilidad de forjar simultáneamente
democracia participativa y deliberativa, es propósito, que
únicamente se consolida procurando la concentración de
actuaciones para realizar el mayor número de actos en el
menor tiempo, agotándolos en una audiencia, en lo
posible. Además, ello, da identidad al juzgador que
instruye, oye el alegato y resuelve; admite que evacúe los
interrogatorios, revise los documentos que se le
presentan y analice los testigos y su reacción física y
psíquica a los cuestionarios formulados por los
intervinientes o por el propio juez; observe directamente
las cosas u objetos materia del litigio; permite que
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reflexione, oiga y defina con fundamento en lo probado y
alegado, en inmediatez física y con la activa participación
de los sujetos legitimados procesal y sustancialmente. Se
trata entonces de la adecuación de la democracia y
socialización del proceso civil.
El citado principio también busca el desarrollo de un
trámite público, dentro de un tiempo razonable, sin
dilaciones injustificadas o inexplicables como ejecución
del debido proceso.
7. Se insiste, desde la propia arquitectura del
Código General del Proceso, la fundamentación o
sustentación de la apelación contra sentencias es durante
la segunda instancia en audiencia; y no de otro modo -
como lo quiere hacer ver el aquí tutelante-, en desarrollo
de la oralidad y de la publicidad, cual de forma puntual lo
imponen las premisas contempladas en el numeral 5º, art.
327 del aludido Código, al decir: “(…) ejecutoriado el auto
que admite la apelación, el juez convocará a la audiencia
de sustentación y fallo (…)”, reivindicación consignada en
el epílogo del 330 ibíd: “(…) audiencia de sustentación y
fallo (…)”, lo anterior, como efecto directo del art. 3º del
ibídem, cuando consagra: “Las actuaciones se cumplirán
en forma oral, pública y en audiencias, salvo las que
expresamente se autorice realizar por escrito o estén
amparadas por reserva (…)” (subraya fuera de texto).
Por esas razones el numeral 6º, art. 107 ejúsdem
determina: “(…) Las intervenciones orales no podrán ser
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sustituidas por escritos (…)”, de tal modo que
corresponde al juez oír e instruir y conducir
personalmente el decurso, al punto de que “(…) [c]uando
se produzca cambio de juez que deba proferir sentencia
en primera o segunda instancia, quien lo sustituya deberá
convocar a una audiencia especial con el solo fin de
repetir la oportunidad para alegar. Oídas las alegaciones,
se dictará sentencia según las reglas generales (…)”,
siguiendo el inciso 5º, numeral 1º, art. 107 ibídem. De no
procederse así, esto es, sustentando en audiencia ante el
juez que debe resolver la causa, indefectiblemente se
engendra nulidad, en los términos del numeral 7º, art. 133
del mismo ordenamiento: “(…) Cuando la sentencia se
profiera por un juez distinto del que escuchó los alegatos
de conclusión o la sustentación del recurso de apelación
(…)”. En fin, no se trata de presentar un escrito de
sustentación ante un juez diferente al que debe resolver
la alzada, como lo hizo la promotora de este amparo, sino
de exponer los fundamentos del disenso por el recurrente,
y consecuentemente, de escuchar y oír los alegatos y la
argumentación por el juez a quien directamente
corresponde fallar la cuestión, en desarrollo de la
inmediación, según se infiere cristalinamente de la nueva
axiología procesal.
Lo dicho, obviamente, en relación con las
sentencias.
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8. Así las cosas, resulta razonable la postura
asumida por el tribunal querellado frente al asunto
sometido a su conocimiento, lo cual frustra el éxito de
este resguardo, por cuanto, con fundamento en la
conducta asumida por los apelantes y las normas jurídicas
pertinentes, decretó la deserción de la memorada alzada.
La inconformidad de Javier Elías Arias Idárraga con
el pronunciamiento materia de este auxilio no le abre
paso a esta particular justicia, pues la sola divergencia
conceptual no puede ser venero para demandar este
amparo porque la tutela no es instrumento para definir
cuál planteamiento hermenéutico en las hipótesis de
subsunción legal es el válido, ni cuál de las inferencias
valorativas de los elementos fácticos es la más acertada o
la más correcta para dar lugar a la intervención del juez
constitucional.
9. La argumentación esbozada en sede de
impugnación por la Sala de Casación Laboral, cuando ha
revocado decisiones de esta Sala para en su lugar
conceder el amparo en casos como el presente, cual es, la
improcedencia de exigir una doble sustentación, pues
ello, no lo prevé el legislador, según se motiva; tesis que
da pábulo al disenso del accionante.
Conforme a la citada corporación, “interpuesto el
recurso de apelación y sustentado en debida forma ante
el a quo, el juez de alzada debe tramitarlo, así el
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interesado no asista a la audiencia de sustentación por él
programada”8.
Ese criterio de la homóloga no se comparte ni acoge
por este juzgador, porque el mismo entraña
implícitamente una lectura equivocada desde los criterios
procesales previstos en el actual C.P. del T. y de la
Seguridad Social inaplicables en materia civil, pues las
reglas de la segunda instancia y de la apelación se hallan
expresamente reguladas por la Ley 1564 de 2012.
Memórese, el artículo 66 del Código de
Procedimiento Laboral, modificado por el 10° de la Ley
1149 de 2007, establece que las sentencias serán
apelables “en el acto de [su] notificación mediante la
sustentación oral estrictamente necesaria; interpuesto el
recurso el juez lo concederá o denegará inmediatamente”
(se subraya).
Por su parte, el canon 889 de tal Código, consagra la
“audiencia de trámite y fallo en segunda instancia”, en la
cual “se oirán las alegaciones de las partes y se resolverá
la apelación”.
Como se aprecia, es en el área laboral donde se
faculta al impugante para fundamentar la alzada por él
propuesta frente al fallo de primer grado ante el mismo a
8
Fallos emitido el 7 de marzo de 2018 en el proceso de tutela 78847 y reiterado en la
sentencia emitida el 23 de mayo pasado en el expediente 79973.
9
También modificado por la Ley 1149 de 2007, art. 13.
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quo, mas no en el campo civil, por cuanto en esta última
materia el legislador en forma expresa impuso que tal
acto procesal se cumpla en segunda instancia y de viva
voz.
Adicionalmente el C.G. del P. diferencia en materia
de apelación de sentencias las fases de interposición del
recurso, formulación de reparos concretos o pretensión
impugnaticia y sustentación en audiencia de segunda
instancia o formulación de alegatos, debiendo asistir
perentoriamente, el recurrente so pena de deserción del
recurso.
El ordenamiento procesal del trabajo no surte de
ese modo la rituación y sustentación de la alzada, sino de
la forma prevista en las reglas anteriores, metodología
que ahora, impropia e inadecuadamente procura imponer
la Sala Laboral al enjuiciamiento civil, reglado por
disposiciones recientes que abogan por la celeridad y
transparencia democrática y deliberante.
Aunado a lo anterior, tampoco se comparte el
planteamiento de la Sala de Casación Laboral, de un lado,
por soslayar sin explicación de índole alguna, el principio
de oralidad, orientador del actual plexo procedimental
civil, cuya finalidad, entre otras, es lograr que el juez
perciba a través de lo oído, la problemática que las partes
en contienda jurídica ponen a su consideración, y
partiendo de esa interacción directa resuelva lo que en
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derecho corresponda, como ejercicio del derecho
fundamental a ser escuchado y juzgado por el mismo juez
que falle cada instancia.
Y, de otro, por preterir las normas regulatorias del
aludido medio de defensa que imponen, por ejemplo, que
la sustentación del referenciado remedio vertical se surta
ante el juzgador ad quem, pues, de lo contrario, la
actuación es nula (art. 133.7 CGP).
10. Siguiendo los derroteros de la Convención
Americana de Derechos Humanos10 y su jurisprudencia, no
se otea vulneración alguna a la preceptiva de la misma
como tampoco del bloque de constitucionalidad, que
ameriten la intervención de esta Corte para declarar
inconvencional la actuación atacada.
El tratado citado resulta aplicable por virtud del
canon 9 de la Constitución Nacional, cuando dice:
“(…) Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en
la soberanía nacional, en el respeto a la autodeterminación
de los pueblos y en el reconocimiento de los principios del
derecho internacional aceptados por Colombia (…)”.
Así como por la regla 93 ejúsdem, al estipular:
“(…) Los tratados y convenios internacionales ratificados por
el Congreso, que reconocen los derechos humanos y que
prohíben su limitación en los estados de excepción,
prevalecen en el orden interno”.
10
Pacto de San José de Costa Rica, firmado el 22 de noviembre de 1969 y aprobado en
Colombia por la Ley 16 de 1972.
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“Los derechos y deberes consagrados en esta Carta, se
interpretarán de conformidad con los tratados
internacionales sobre derechos humanos ratificados por
Colombia (…)”.
Y, del mismo modo, el mandato 27 de la Convención
de Viena, sobre el Derecho de los Tratados de 1969 11,
debidamente ratificada por Colombia, según el cual: “(…)
Una parte no podrá invocar las disposiciones de su
derecho interno como justificación del incumplimiento de
un tratado (…)”12.
10.1. Aunque podría argumentarse la viabilidad del
control de convencionalidad sólo en decursos donde se
halla el quebranto de garantías sustanciales o cuando la
normatividad interna es contraria a la internacional sobre
derechos humanos, se estima trascendente efectuar dicho
seguimiento en todos los asuntos donde se debata la
conculcación de prerrogativas iusfundamentales, así su
protección resulte procedente o no.
Lo aducido porque la enunciada herramienta le
permite a los Estados materializar el deber de garantizar
los derechos humanos en el ámbito doméstico, a través
de la verificación de la conformidad de las normas y
prácticas nacionales, con la Convención Americana de
Derechos Humanos y su jurisprudencia, ejercicio que
11
Suscrita en Viena el 23 de mayo de 1969.
12
Aprobada por Colombia mediante la Ley 32 de 1985.
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según la Corte Interamericana se surte no sólo a petición
de parte sino ex officio13.
No sobra advertir que el régimen convencional en el
derecho local de los países que la han suscrito y
aprobado, no constituye un sistema opcional o de libre
aplicación en los ordenamientos patrios; sino que en estos
casos cobra vigencia plena y obligatoriedad con carácter
impositivo para todos los servidores estatales, debiendo
realizar no solamente un control legal y constitucional,
sino también el convencional; con mayor razón cuando
forma parte del bloque de constitucionalidad sin quedar al
arbitrio de las autoridades su gobierno.
10.2. El aludido control en estos asuntos procura,
además, contribuir judicial y pedagógicamente tal cual se
le ha ordenado a los Estados denunciados –incluido
Colombia-14, a impartir una formación permanente de
Derechos Humanos y DIH en todos los niveles jerárquicos
de las Fuerzas Armadas, jueces y fiscales 15; así como
realizar cursos de capacitación a funcionarios de la rama
13
Corte IDH. Caso Gudiél Álvarez y otros (“Diario Militar”) contra Guatemala. Sentencia de
noviembre 20 de 2012. Serie C No. 253, párrafo 330.
14
Corte IDH, Caso Vélez Restrepo y familiares Vs. Colombia, Excepción preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 3 de septiembre de 2012. Serie C No. 248, párrs. 259
a 290, criterio reiterado Caso Masacre de Santo Domingo Vs. Colombia, Excepciones
preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 30 de noviembre de 2012. Serie
C No. 259, párrs. 295 a 323.
15
Corte IDH, Caso de la Masacre de Las Dos Erres Vs. Guatemala, Excepción Preliminar,
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2009. Serie C No. 211,
párrs. 229 a 274.
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ejecutiva y judicial y campañas informativas públicas en
materia de protección de derechos y garantías16.
Insistir en la aplicación del citado control y esbozar
el contenido de la Convención Interamericana de
Derechos Humanos en providencias como la presente, le
permite no sólo a las autoridades conocer e interiorizar las
obligaciones contraídas internacionalmente, en relación
con el respeto a los derechos humanos, sino a la
ciudadanía informarse en torno al máximo grado de
salvaguarda de los mismos.
Además, pretende contribuir en la formación de una
comunidad global, incluyente, respetuosa de los
instrumentos internacionales y de la protección de las
garantías fundamentales en el marco del sistema
americano de derechos humanos.
11. Develar si el ad quem atacado incurrió en
prevaricato al emitir el pronunciamiento acá confutado, le
corresponde a la justicia penal, a la cual puede, si a bien
lo tiene, acudir el tutelante a formular la respectiva
denuncia.
12. Si el actor estima que el representante del
Ministerio Púbico cuestionado mediante esta tramitación
no cumple sus funciones, está facultado para poner en
16
Corte IDH, Caso Furlan y familiares Vs. Argentina, Excepciones preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2012. Serie C No. 246, párrs. 278 a
308.
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conocimiento del organismo competente esa presunta
irregularidad, quien definirá si le asiste o no razón en sus
aseveraciones y de hallar configurada alguna falta
disciplinaria, seguro, adoptará los correctivos pertinentes.
13. A costa del petente del ruego, expídanse las
copias por él solicitadas, de las cuales no hay lugar a
exonerarlo, por cuanto no adujo y menos acreditó la
ausencia de recursos económicos para sufragarlas. Ahora,
si el promotor requiere el envío de ese material deberá
también cubrir su valor, aclarando desde ya que la
remisión se hará a la dirección que aporte para el efecto,
excluyendo la de la secretaría del tribunal a quo, pues
entre sus funciones no se halla la de recepcionar la
correspondencia de los usuarios de la justicia.
Referente al pago de las citadas piezas procesales,
es pertinente recordarle al señor Arias Idárraga lo dicho
por la Corte Constitucional al respecto:
“(…) desde la perspectiva constitucional, resulta totalmente
admisible y razonable que, bajo ciertas circunstancias, se
impongan cargas pecuniarias a las partes y trámites
procesales específicos, los cuales no desconocen de suyo el
núcleo esencial de los derechos en juego, pues, se repite, el
hecho mismo de acudir a la administración de justicia
supone algunas erogaciones económicas para las partes y el
sometimiento a un proceso sin que esto viole el principio de
la gratuidad y el acceso a la administración de justicia”17.
14. Corolario de lo narrado, no se accederá a la
salvaguarda deprecada.
17
Sentencia C-808 de 2002, en la cual se reitera lo dicho en la C-1512 de 2000.
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3. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
RESUELVE:
PRIMERO: NEGAR la tutela solicitada por Javier
Elías Arias Idárraga frente al Procurador Delegado en
Asuntos Civiles y la Sala Civil Familia del Tribunal Superior
del Distrito Judicial de Pereira, integrada por los
magistrados Jaime Alberto Saraza Naranjo, Duberney
Grisales Herrera y Edder Jimmy Sánchez Calambás, con
ocasión de la acción popular adelantada por Cristian
Vásquez Arias a Bancolombia S.A., radicada bajo el
número 2016-00625-03, en la cual el aquí quejoso funge
como coadyuvante.
SEGUNDO: Notifíquese lo así decidido, mediante
comunicación telegráfica, a todos los interesados.
TERCERO: Si este fallo no fuere impugnado
remítase el expediente a la Corte Constitucional para su
eventual revisión.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE
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AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
Presidente de Sala
MARGARITA CABELLO BLANCO
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
Con salvamento de voto
LUIS ALONSO RICO PUERTA
Con aclaración de voto
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
Con salvamento de voto
OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
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