La universidad
Latinoamericana hoy
Entre la post CRES 2018
y la post pandemia
DAMIÁN DEL VALLE
Coordinador Plataforma Regional
de Integración Universitaria (PRIU)
Profesor-Investigador de Políticas Educativas
en el Área de Formación Docente de la
Universidad Nacional de las Artes (UNA)
a pandemia del capitalismo financiero y del neoliberalis-
L mo, y su nueva versión neoconservadora y antidemocrá-
tica, hace varios años que viene disputando y trastocando la
idea de universidad que en nuestra región se fue configuran-
do, con avances y retrocesos, con luchas y trágicas perdidas,
desde la Reforma universitaria de 1918 hasta hoy.
Podemos decir que hace ya un largo tiempo las universi-
dades están en una zona sísmica de alta actividad, en la que
estamos tratando de fortalecer sus cimientos, apuntalando
sus vigas, resistiendo los embates de la mercantilización y el
productivismo, enfrentando su refuncionalización pragmáti-
ca y también derribando algunos muros que necesitaban ser
tirados. En ese escenario, se desató un nuevo terremoto, una
nueva pandemia: la del coronavirus, que, en su emergencia,
puede tirar abajo los muros que queremos sostener y for-
zarnos a apuntalar las vigas incorrectas.
La pandemia debe ponernos en alerta: cualquier cimien-
to nuevo que introduzcamos, cualquier refuerzo que esta-
mos obligados a hacer, va a tener que afirmarse sobre la
base del reconocimiento de una permanente inestabilidad.
Pero también nos alerta sobre la necesidad fundamental de
dejar espacio para la flexibilidad conceptual, experiencial
y operativa: tenemos, más que nunca, que aprender de la
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experiencia, de lo que estamos haciendo, de lo que nos está
pasando, y hacerlo en lo posible desde una lectura históri-
ca. Unir pasado y presente para poder proyectar un futuro
sobre el que podamos incidir sin que nos fuercen las ten-
dencias o los poderes constituidos.
A dos años de la Conferencia Regional de Educación Su-
perior (CRES) realizada en 2018 en Córdoba, que ratificó
no sin luchas el sendero trazado en Cartagena 2008, y en
medio de uno de los mayores desafíos sanitarios, socioe-
conómicos y culturales que afrontó la Humanidad, a noso-
tras y nosotros, universitarias y universitarios de América
Latina, se nos impone una pregunta: ¿cómo vamos a posi-
cionarnos, como se va a posicionar la universidad pública
en la disputa por la narrativa acerca del futuro de nuestra
sociedad y por el futuro de la universidad en particular?
La importancia de esta pregunta radica en que no pode-
mos deslindar el futuro pospandémico de las pandemias
anteriores a las que ya veníamos sometidos, porque apenas
descienda el peligro sanitario con la generalización de la
vacuna todavía vamos a estar (quizás más que nunca) fren-
te a un conflicto ideológico y político sobre la definición de
la naturaleza de la crisis y los caminos de futuro, tanto de
la sociedad en general como de la universidad en particu-
14 lar. Si nuestras universidades, si nosotros como actores de
la universidad –los docentes, los estudiantes, los sindica-
tos, las redes académicas, los gestores universitarios– no
podemos hacer frente a esa pregunta, la universidad va a
estar más debilitada que antes frente a fuerzas que ven este
escenario como una gran oportunidad para lograr imponer
más aun la lógica mercantil, desreguladora, que busca qui-
tar a las universidades de cualquier misión social pública y
transformadora.
En pocas palabras, se trata de una alternativa entre, por
un lado, un retorno acrítico a una normalidad (lo que sea
que esa palabra signifique o vaya a significar) lo más rápi-
da y menos conflictiva posible, inclusive haciendo algunos
cambios para que todo siga y, por el otro, la convicción de
no dejar pasar el terremoto de la pandemia para apunta-
Damián del Valle
lar aquellos cimientos que mencionábamos más arriba, es
decir, ese proyecto de universidad que sea un actor estra-
tégico en la generación de una alternativa al modelo de so-
ciedad y de civilización en el que venimos viviendo. Parte
de estas respuestas pueden llegar a venir de la mano de las
formas en que veníamos respondiendo a los ataques antes
de la pandemia, pero no podrán agotarse en ellas.
Ahora, ¿de qué hablamos cuando hablamos de univer-
sidad latinoamericana? Esto, por supuesto, no significa
que no debamos reconocer o que no sepamos de la gran
diversidad que existe en nuestros ya masivos sistemas de
educación superior. Claramente, la diversificación y la
diferenciación institucional es uno de los datos de lo que
ha acontecido en la realidad de las universidades en todo
el continente. Esto a priori no es bueno o malo, excepto
cuando constatamos que esa diferenciación ha sido promo-
vida o guiada por fuerzas del mercado que buscan reducir
la idea de universidad, en el “mejor” de los casos, a una ex-
pendedora o certificadora de competencias para el merca- 15
do de trabajo, cuando no, en el peor, buscan directamente
ensanchar el propio mercado educativo para simplemente
ganar dinero a partir de las esperanzas de nuestros jóvenes.
Pero estamos convencidos que existe un modelo latinoa-
mericano de universidad, que se opone –como ha quedado
en claro en distintos foros internacionales– al avance mer-
cantil desenfrenado. Ese modelo encuentra sus formula-
ciones más claras y contundentes en las declaraciones del
2008 y del 2018 de las conferencias regionales de educación
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superior (CRES). Allí se han logrado avances formidables
en el sentido de lo que Adriana Chiroleu llama la demo-
cratización externa de las universidades. Es decir, de la in-
corporación en su interior de otros saberes y otros sujetos
sociales históricamente excluidos. Nuestro continente lo
hizo a través de diversos tipos institucionales y formatos de
universidad. Universidades emblemáticas, universidades
regionales, universidades interculturales, universidades de
artes, universidades pedagógicas y diversas políticas públi-
cas. Por eso decimos que el problema no es la diferencia-
ción en sí, sino el sentido de esa diferenciación.
Hablar de la universidad en América Latina implica reco-
brar cierta épica, implica reconocer que existe un conjunto
común de ideas representadas por aquellas instituciones
que se reconocen en esa trayectoria histórica y política que
va desde la Reforma de 1918 hasta la CRES de 2018. Impli-
ca reconocer que existe a lo largo del tiempo y del espacio
una cierta continuidad en la identidad de las universidades
en las que nos reconocemos. Esa identidad común ha ido
tomando en los últimos años diferentes formas de articu-
lación, de construcción política y de luchas colectivas (un
informe reciente del PIECI sobre las políticas de educación
superior en la pandemia muestra que, en México y Argen-
16 tina, el 42% de las acciones universitarias en la emergencia
se dirigió hacia la comunidad y no exclusivamente hacia el
interior del sistema universitario. En esta línea, se fueron
configurando gran cantidad de redes académicas sobre la
idea de producción colectiva de conocimientos. Estos es-
pacios político-académicos, de enorme amplitud, mostra-
ron su vigor en la CRES 2018 de Córdoba, articulando un
movimiento para sostener muchos de estos pilares sobre
los que reconocemos la idea de universidad latinoamerica-
na en un contexto muy diferente al que precedió y acompa-
ñó a la CRES 2008.
Precisamente, dos de estas redes académicas interna-
cionales organizaron las actividades de las cuales provie-
nen los materiales que hoy presentamos: la Plataforma
Regional de Integración Universitaria (PRIU) del Instituto
Damián del Valle
de Estudios y Capacitación de la Federación Nacional de
Docentes Universitarios de la Argentina (IEC-CONADU) y
la Cátedra UNESCO “Universidad e Integración Regional”.
La primera de estas actividades fue la jornada Un mapa
de la universidad latinoamericana hoy: A dos años de
la CRES 2018, frente a los desafíos de la pandemia, rea-
lizada el 3 de agosto de 2020, en la que confluyeron Axel
Didriksson (México), Denise Leite (Brasil), Freddy Álvarez
(Ecuador), Carmen Caamaño (Costa Rica), Claudio Suas-
nábar (Argentina), Daniela Perrotta (Argentina) y Célia Ca-
regnatto (Brasil) para transmitir los modos en los que las
universidades de sus países afrontaron la emergencia y/o
para caracterizar la situación de la educación superior allí o
en la región en su conjunto. La otra actividad fue una confe-
rencia de René Ramírez Gallegos, exministro de Educación
Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de Ecuador y
coordinador del eje de Innovación Científica, Tecnología e
Innovación de la CRES 2018, que se realizó, con el título
Ciencia, técnica y artes, a 2 años de la CRES 2018 organi- 17
zada en articulación con el diplomado superior en Investi-
gación, transferencia y desarrollo (ITD) el 6 de noviembre.
Ambas, acompañadas por cientos de asistentes, fueron
espacios no solo de reflexión y debate académico sino tam-
bién de profundización de la coordinación estratégica y
política entre quienes defendemos aquella idea para la uni-
versidad latinoamericana. Como resumió Axel Didriksson,
“estamos aportando a la construcción de una muy sólida
corriente del pensamiento latinoamericano, que da cuenta
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de que tenemos una raigambre crítica y al mismo tiempo
propositiva. Toca el momento de aprovechar esta crisis ge-
neral, desde la perspectiva de nuestro trabajo académico
y de nuestras universidades, y procurar elevar el nivel de
estas disertaciones hacia definiciones de política pública
que conduzcan a una nueva etapa de integración regional.”
Producto de esos encuentros, como dijimos, es la pre-
sente compilación. Con el compromiso de todas y todos los
participantes, aun sabiendo el riesgo que implica el paso
de la oralidad a un formato escrito, decidimos conformar
este registro de nuestras reflexiones durante la pandemia,
pensándolo también como puntapié para los cambios que
estamos afrontando y, sobre todo, que debemos afrontar.
Si bien, como dijimos, estamos convencidos de que existe
una idea de universidad latinoamericana, esta no es una idea
esencialista, sino la que fuimos construyendo con nuestras
luchas colectivas y permanece siempre inacabada. En ho-
nor a ello, hoy más que nunca, tenemos el desafío de seguir
repensándola para poder colaborar con la construcción de
otro mundo, de un mundo mejor que este y que aquel en el
que, si no tomamos cartas en el asunto, viviremos.
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