DECÁLOGO O 10 MANDAMIENTOS Y MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA
1ERA PARTE. EXPERIENCIA HUMANA O CRISTIANA.
A continuación, los participantes realizarán una reflexión, a partir de las siguientes interrogantes:
¿Qué de especial tienen los mandamientos? ¿por qué y para qué?
¿La Iglesia también pone sus mandamientos?
2DA PARTE. PALABRA DE DIOS, COMPARTIDA, MEDITADA Y VIVIDA.
REFLEXIÓN COMUNITARIA.
Los ¿Cuáles son los 10 mandamientos?
mandamientos de
la Ley de Dios en Primer Mandamiento
las Sagradas Amarás a Dios sobre todas las cosas.
Escrituras
«Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de
Prefiguración y servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás
Origen Apostólico escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que
hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te
postrarás ante ellas ni les darás culto» (Ex 20, 2-5)
Este primer mandamiento lo podemos entender mejor de la siguiente forma:
en el tiempo de los hebreos en el desierto (40 años), el influjo de otras
religiones que estaban alrededor y adoraban figuras de animales, Dios se
muestra reclamando su lugar como Creador y Libertador del pueblo de
Israel que los ha sacado de Egipto. Sin embargo, cuando los hebreos son
azotados por víboras, Dios manda a construir una serpiente de bronce y
quien había sido mordido y la miraba sanaba. Es decir, Dios quiere que le
demos su lugar, hoy día los católicos y otras confesiones religiosas tienen
en su culto imágenes de Jesús, de la Virgen, de los santos, de ángeles, sin
embargo, nosotros no adoramos imágenes, estas sirven al igual que una
fotografía para recordar que esas personas existen y son modelos a seguir.
Segundo Mandamiento
No tomarás el nombre de Dios en vano.
«No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios» (Ex 20, 7; Dt 5, 11).
La blasfemia es por supuesto tomar el nombre de Dios en vano, además de
una falta grave. Blasfemar es aludir a Dios con la intención de ofenderle,
decir o pensar palabras de odio, de reproche, injuriarle, faltarle al respeto,
etc.
El catecismo en su artículo 2148 explica que la prohibición de blasfemar
«se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas
sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar
prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte.
El abuso del nombre de Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de
la religión».
Cuando alguien jura, está poniendo a Dios por testigo de lo que afirma,
invocando a Dios, que es la Verdad, como garantía de la propia. Por
tanto, jurar falsamente es tomar el nombre de Dios en vano.
En este sentido el artículo 2150 dice que el segundo mandamiento «prohíbe
el juramento en falso. Hacer juramento o jurar es tomar a Dios por
testigo de lo que se afirma. Es invocar la veracidad divina como garantía de
la propia veracidad. El juramento compromete el nombre del Señor. 'Al
Señor tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás'».
Por otro lado, el perjuro es jurar a sabiendas de que no se va a cumplir la
promesa, o que no se mantiene lo jurado. «El perjurio constituye una grave
falta de respeto hacia el Señor que es dueño de toda
palabra. Comprometerse mediante juramento a hacer una obra mala es
contrario a la santidad del Nombre divino» (2152 CIC).
Tercer Mandamiento
Santificarás las fiestas.
«Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás
todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu
Dios. No harás ningún trabajo» (Ex 20, 8-10; cf Dt 5, 12-15)
Los católicos guardan el domingo porque en este día ocurrieron los hechos
más importantes relacionados con la salvación, basados en la traducción
antes mencionada. De esta forma, así como los judíos guardaron el sábado
para recordar la obra de la creación, así los cristianos celebran el domingo
para recordar la obra de la redención.
La idea de la preeminencia del domingo sobre el sábado proviene de la
Biblia y de la tradición de la naciente Iglesia católica con sus concilios y los
escritos de los llamados Padres de la Iglesia.
De hecho San Pablo dice:
Que nadie los venga a criticar por lo que comen o beben o por no respetar
fiestas o el día sábado, pues eso no es sino sombras de la realidad que es
Cristo Jesús
Otro dato bíblico que confirma la importancia del domingo es que el libro
del Apocalipsis menciona el Día del Señor. La costumbre de llamar a este
primer día de la semana el "día del Señor" se basa en la creencia que "el día
del Señor" significa el Domingo (Ap 1,10).
Cuarto Mandamiento
Honrarás a tu padre y a tu madre.
«Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la
tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar» (Ex 20, 12).
Honrar a los padres significa amarlos, respetarlos, teniendo cuidado de
no causarles dolor y ser agradecidos por todo el amor que nos han
dado.
El Catecismo de la Iglesia Católica subraya la importancia de este
cuarto mandamiento que se dirige expresamente a los hijos en sus
relaciones con sus padres. Se refiere también a las relaciones de
parentesco con los demás miembros del grupo familiar.
Asimismo, se extiende a los deberes de los alumnos con los maestros, de
los empleados con los jefes, de los ciudadanos con su patria. Este
mandamiento implica y sobreentiende también los deberes de los padres y
de todos los que ejercen una autoridad sobre otros.
Quinto Mandamiento
No matarás.
«No matarás» (Ex 20, 13).
La vida humana es sagrada, porque desde su comienzo, es Dios quien la
crea. Solo Dios es Señor y dueño de la vida, desde que empieza hasta que
termina. Asimismo, hay que ver la vida como un regalo de Dios y saber
que solo él y nadie más decide cuando empieza y cuando termina.
El Catecismo afirma que “el quinto mandamiento condena como
gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y
los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama
venganza al cielo”.
El quinto mandamiento también prohíbe hacer algo con la intención de
provocar indirectamente la muerte de una persona. Por ejemplo, los
traficantes (de droga, armas, órganos), que con lo que venden provocan la
muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un
homicidio.
También exponer a alguien a algo que tenga riesgo mortal. Por ejemplo,
una persona que conduce borracho pone en peligro la vida de los que le
acompañan y de los de afuera. Y, por último, el negarle la ayuda a una
persona que está en peligro. Por ejemplo, si una persona pasa de largo y no
ayuda a los que tuvieron un accidente.
El aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un
desorden moral grave en cuanto eliminación deliberada de un ser humano
inocente” afirma el Catecismo.
la eutanasia como pecado mortal: "Por eutanasia en sentido verdadero y
propio se debe entender una acción o una omisión que por su naturaleza y
en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor (...).
Es una grave violación de la ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada
y moralmente inaceptable de una persona humana (...). Semejante práctica
conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del
homicidio".
El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y
perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mimo.
Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos
de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales
estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo" nos dice
el Catecismo.
El quinto mandamiento también nos enseña que debemos respetar el alma,
la salud, el cuerpo y la fama de los otros. Asimismo, no debemos odiar,
enojarnos o tener deseos de venganza con nuestros hermanos.
Sexto Mandamiento
No cometerás actos impuros.
«No cometerás adulterio» (Ex 20, 14; Dt 5, 17).
Pues el Señor ha dicho: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque
ellos verán a Dios" (Mt 5,8). También, Jesús va más allá y recuerda que lo
impuro tiene más que ver con la actitud de corazón: “Nada de lo que entra
de fuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre
es lo que le hace impuro” (Mc 7, 15).
El sexto mandamiento de la Ley de Dios prohíbe todos los pecados
contrarios a la castidad. También toda acción, mirada o conversación
contrarias a la castidad. Los pecados contra la pureza, cometidos con pleno
conocimiento y consentimiento pleno, son siempre graves.
Los principales medios para guardar la santa pureza son: la oración, la
confesión y la comunión frecuentes, la devoción a la Santísima Virgen, la
modestia y la guarda de los sentidos y la huida de las ocasiones de pecar,
como conversaciones, miradas, lecturas, amistades y espectáculos
deshonestos.
Séptimo Mandamiento
No robarás.
«No robarás» (Ex 20, 15; Dt 5,19).
Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y de los
frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el respeto
del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad privada. La
vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los
bienes de este mundo.
Octavo Mandamiento
No darás falso testimonio ni mentirás.
«No darás testimonio falso contra tu prójimo» (Ex 20, 16).
En este mandamiento se prohibe la mentira y se manda respetar la buena
fama del prójimo. Debemos amar la verdad, porque Cristo es la verdad y Él
nos enseñó que la Verdad nos hace libres y nos santifica. Recuerda que a ti
no te agrada ni quieres que te engañen ni que hablen mal de ti, pues tu
tienes que amar al prójimo como a ti mismo, y por tanto no mientas ni
hables mal de nadie, ni le quites la buena fama, porque esto lo prohibe Dios
en este mandamiento.
El octavo mandamiento de la Ley de Dios nos manda decir la verdad y
respetar la fama del prójimo y nos prohibe: atestiguar lo falso en juicio,
calumniar al prójimo, decir cualquier clase de mentira, murmurar, juzgar
mal del prójimo, descubrir sin motivo sus defectos, y toda ofensa contra el
honor y la buena fama de los demás. El que difama o calumnia al prójimo,
además de confesar su pecado tiene la obligación grave de restituirle la
honra y la fama que le ha quitado. El octavo mandamiento manda a los que
trabajan en los medios de comunicación social que informen siempre de
acuerdo a la verdad, a la libertad y a la justicia, y que respeten la buena
fama del prójimo y de las instituciones.
Noveno Mandamiento
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
Este mandamiento se refiere a los pecados internos contra la castidad:
pensamientos y deseos. Completa al sexto.
Incluye los deseos deshonestos y las complacencias en malas acciones,
aunque no se piensen cometer o ya se hayan cometido.
Dice Jesucristo: «El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido
adúltero con ella en su corazón».
«Nuestra moral cristiana no es una moral hipócrita, que se fija sólo en lo
externo; al contrario, exige una congruencia entre el acto interno de la
voluntad y la acción externa».
Hoy la televisión propaga las fantasías sexuales.
Es un modo de difundir la inmoralidad, pues dicen los psicólogos que «la
idea lleva al acto».
Por eso la moral católica manda rechazar los pensamientos y deseos
deshonestos.
Quien sinceramente desea evitar un acto prohibido, debe evitar también el
camino que lleva a él.
Se trata, naturalmente, de deseos de cosas prohibidas.
Para los esposos son lícitos los deseos de todo aquello a lo que tienen
derecho.
Igualmente los novios pueden desear que llegue el día de su matrimonio.
Es claro que para que haya pecado en este mandamiento, como en cualquier
otro, es necesario desear o recrearse voluntariamente en lo que está
prohibido hacer.
Quien tiene malos pensamientos, imaginaciones o deseos contra su
voluntad, no peca. Sentir no es consentir.
El sentir no depende muchas veces de nosotros; el consentir, siempre.
El pecado está en el consentir, no en el sentir.
Siente el cuerpo, consiente el alma.
Y quien peca es el alma, no el cuerpo.
No creas que has consentido en un mal pensamiento porque haya durado
más o menos.
Décimo Mandamiento
No codiciarás los bienes ajenos.
«No codiciarás [...] nada que [...] sea de tu prójimo» (Ex 20, 17). «No desearás
su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de
tu prójimo» (Dt 5, 21).
El décimo mandamiento de la Ley de Dios nos dice: "No codiciarás los
bienes ajenos". Pues el Señor ha dicho: "Donde [...] esté tu tesoro, allí estará
también tu corazón" (Mt 6, 21). Este mandamiento nos prohíbe el deseo
desordenado de riquezas y la envidia de los bienes ajenos. Por otro
lado, nos enseña a vivir desprendidos de los bienes materiales y a trabajar
con diligencia para mejorar nuestra situación actual con el corazón abierto a
las necesidades de los demás. El camino puesto por Dios para que los
hombres individuos, familias, pueblos y naciones lleguemos a la felicidad
con paz y amor en este mundo y en el Cielo es cumplir los Diez
mandamientos de la Ley de Dios.
Los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia son las principales obligaciones de
un católico respecto de su vida de sacramentos y la estructura eclesial. En un sentido amplio, se
puede entender por tales a todas las leyes eclesiásticas; pero en un sentido más estricto
y teológico se consideran mandamientos de la Iglesia «aquellos preceptos eclesiásticos que obligan
a todos los fieles cristianos y que fueron dictados para mejor guardar los divinos».
OÍR MISA ENTERA TODOS LOS DOMINGOS Y FIESTAS DE GUARDAR.
Los días santos de la custodia o precepto que pueden que no sean en el domingo son diez:
1 de enero: Solemnidad de Santa María, Madre de Dios.
6 de enero: Epifanía del Señor.
19 de marzo: Solemnidad de San José.
Ascensión de Jesús, jueves de la sexta semana de Pascua.
Corpus Christi, primer jueves después el domingo de la Santísima Trinidad.
29 de junio: Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo.
15 de agosto: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.
1 de noviembre: Solemnidad de todos los santos.
8 de diciembre: Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
25 de diciembre: Navidad.
CONFESAR LOS PECADOS MORTALES AL MENOS UNA VEZ CADA AÑO, y en
peligro de muerte, y si se ha de comulgar.
COMULGAR AL MENOS POR PASCUA DE RESURRECCIÓN. Por tratarse de la fiesta
mas importante de la cristiandad es nuestro deber participar de la misa y comulgar en gracia de
Dios.
AYUNAR Y ABSTENERSE DE COMER CARNE CUANDO LO MANDA LA IGLESIA.
Días de ayuno: Miércoles de Ceniza y Viernes Santo.
Días de abstinencia de carne o cualquier otro alimento determinado por la Conferencia
Episcopal: todos los viernes, sobre todo Cuaresma, a menos que una solemnidad sea un viernes.
El ayuno y la abstinencia es una obligación de la Iglesia Católica para todas aquellas personas que
quieran voluntariamente seguir a Cristo. En términos teóricos es muy sencillo: el ayuno significa
renunciar a la comida, y la abstinencia renunciar a comer carne.
Se le pide ayunar a las personas desde los 18 hasta los 59 años. Y esto implica no comer entre horas
y hacer una sola comida al día. La Iglesia pide esta penitencia únicamente el miércoles de ceniza y
el viernes santo.
La abstinencia implica a partir de los 14 años de edad y hasta la vida eterna. Consiste en no comer
carne y se realiza el miércoles de ceniza, el viernes santo y todos los viernes de cuaresma -aunque la
Iglesia recomienda extenderlo a todo el año.
Esta renuncia tiene un sentido y hay que entenderlo para vivirlo correctamente. Lo importante no es
el hecho de no comer o no comer carne -aunque también es importante-, sino entender que este acto
se realiza como penitencia, y para acercarse un poco a eso que estamos viviendo: la fiesta más
importante para los católicos: la pasión y la resurrección de Jesús.
Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.
“Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y
repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno.
Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las
casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.
Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la
comunidad a los que se habían de salvar” Hch 2,45-47.
Este mandamiento nos recuerda como vivía la primera comunidad cristiana, por tanto, así como
ellos ponían todo en común y colaboraban en sus necesidades, hoy día debemos ayudar a la Iglesia
en sus necesidades.
Pregunta Final: ¿Porqué cumplir los mandamientos?
Los mandamientos son instrucciones amorosas de Dios nuestro Padre para que tengamos bienestar
y felicidad físicos y espirituales mientras estemos en la tierra; además, nos dan a conocer l a
disposición y la voluntad de Dios sobre nuestro progreso eterno y prueban nuestro deseo de
obedecer Su voluntad.
Los mandamientos no son una carga ni una restricción, el Señor nos ha dado cada uno de ellos para
nuestro desarrollo y progreso, para nuestra felicidad y verdadera libertad.