MODULO 1530.
INTERVENCIÓN OPERATIVA EN INCENDIOS URBANOS
Fernando
DIXGUEL03
CONCEPTOS BASICOS DEL FUEGO
REACCIONES QUIMICAS DE OXIDACIÓN REDUCCIÓN
Para poder entender el concepto de combustión y poder explicar todos los
productos que ésta produce, es necesario que anteriormente se introduzcan
conceptos más básicos como qué es un fuego.
Definimos el fuego como una reacción química que general luz y calor, en que se
mezclan un combustible con el oxígeno del aire en presencia de calor; estos tres
elementos que acabo de mencionar son los que forman el llamado “triángulo del
fuego”.
Las reacciones químicas de oxidación-reducción son aquellas en las que se produce un
intercambio de electrones entre un oxidante que los gana, y un reductor que los
pierde.
Para que se produzca una reacción de óxido-reducción es, por lo tanto, necesaria la
presencia de un agente oxidante y de un agente reductor.
El agente oxidante más común es el oxígeno del aire, aunque existen otras sustancias
que actúan como oxidantes al liberar oxígeno con facilidad, como por ejemplo el
nitrato sódico (NaNO3) o el clorato potásico (KClO3). Algunos compuestos contienen
oxígeno en sus moléculas, de tal forma que su oxidación puede realizarse sin aporte
exterior de oxígeno.
El agente reductor será cualquier materia que no se encuentre en su estado de
máxima oxidación, y la variación de este estado dependerá de su composición química.
EL TRIANGULO Y TETAEDRO DEL FUEGO
El triángulo del fuego es un concepto que engloba los tres elementos
imprescindibles para que pueda producirse el fuego:
o El combustible, que se define como cualquier sustancia capaz de arder y que
puede presentarse en estado sólido, líquido o gaseoso.
o El comburente, que suele ser el oxígeno del aire, es el componente oxidante
de la reacción
o El calor o energía de activación es la energía que se precisa aportar para que
el combustible y el comburente reaccionen en un tiempo y espacio
determinado.
Como se ha visto, en una reacción de óxido-reducción intervienen un oxidante y un
reductor. En terminología de incendios, el oxidante se denomina comburente y el
reductor combustible. Las reacciones que tienen lugar entre ambos se denominan
combustiones.
Para que el fuego se inicie, es necesario que los reactivos (comburente y combustible)
se encuentren en unas condiciones favorables en las que pueda producir la reacción.
La energía necesaria para que la reacción se inicie se denomina energía de activación, y
es proporcionada por las fuentes de ignición.
El calor de reacción es la energía que se gana o se pierde cuando tiene lugar una
reacción.
En una reacción endotérmica, los productos que se forman contienen más energía que
los reaccionantes. Para que la reacción continúe, es necesario un aporte constante de
energía. En una reacción exotérmica, parte de la energía se disipa al ambiente,
provocando los efectos térmicos derivados del incendio, y el resto revierte en forma de
calor sobre los reactivos, aportando la energía de activación necesaria para que el
proceso continúe.
Además de estas tres condiciones básicas para que tenga lugar el proceso de
combustión , en un proceso de incendio, las moléculas que componen el material
combustible deben adquirir una velocidad suficientemente alta para que los
choques producidos entre ellas sean lo suficientemente violentos como para poder
romperse y de esta manera dar lugar a átomos y/o radicales libres (los cuales que
definen como fragmentos de moléculas cargadas eléctricamente lo que los hace
susceptibles de reaccionar); y éste es un requisito previo para que una reacción
química como es el fuego pueda producirse.
EL TETAEDRO DEL FUEGO
Aunque los procesos de combustión son muy complejos, se pueden representar
mediante un triángulo en el que cada uno de sus lados representa a uno de los tres
factores esenciales para producir un fuego: combustible, oxidante y energía, tal como
se representa en la figura siguiente.
Esta representación se aceptó durante mucho tiempo. Sin embargo, muchos fenómenos
anómalos no podían explicarse completamente mediante este triángulo. Para poder
explicar tales fenómenos, es necesario incluir un cuarto factor: la existencia de
reacciones en cadena.
Para ello se ha propuesto una nueva representación de las condiciones necesarias para
que se produzca un fuego, en forma de tetraedro, reproducido en la figura siguiente
La razón para emplear un tetraedro y no un cuadrado es que cada uno de los cuatro
elementos está directamente en conexión con los otros tres. El retirar uno o más de los
cuatro elementos del tetraedro hará que éste esté incompleto y, por consiguiente, el
resultado será la extinción de la reacción.
LA REACCIÓN EN CADENA
La reacción en cadena de la combustión se da cuando es el propio fuego el que
realimenta el combustible de manera que, puede seguir produciéndose la combustión
con el calor por sí mismo generado.
La combustión necesita elevadas temperaturas y las reacciones deben sucederse de
modo tan rápido que generen calor a mayor velocidad del que se disipa. Se la energía
total desprendida en la reacción, aproximadamente 2/3 partes es disipada al ambiente
calentando el aire, las estructuras y provocando los efectos térmicos derivados del
incendio, mientras que la otra parte (1/3 del calor producido) retorna al proceso de la
combustión, calentando a la mezcla combustible y los productos reaccionantes, al
proceso de la combustión, calentando a la mezcla combustible y los productos
reaccionantes y aportando la energía de activación para que el proceso continúe.
Hasta los años 50, el triángulo del fuego explicaba perfectamente el fenómeno de la
combustión, sin embargo a raíz de la utilización de agentes extintores para la
aeronáutica (Tetracloruro de carbono) se observó que éstos extinguían el fuego sin
incidir en ninguno de los tres lados del triángulo, por lo que la reacción en cadena
constituyó la cuarta cara del “tetraedro del fuego”
Aunque las reacciones químicas se suelen representar mediante una ecuación sencilla,
en la que dos o más reactivos dan lugar directamente a los productos de combustión, el
mecanismo real de la reacción puede no responder a esa ecuación, sino que sigue un
proceso complicado, con formación de radicales intermedios y ramificaciones, vueltas
atrás, etc. Esos compuestos intermedios no son estables por lo que, igual que se pro-
ducen, reaccionan y vuelven a desaparecer. Por ello, en las ecuaciones simplificadas no
aparecen más que los reactivos iniciales y los productos finales.
Simplificando, para que se produzca progrese un incendio debe generarse suficiente
calor como para vaporizarse parte del combustible e inflamar el vapor que se mezcla
con el oxígeno; y para que la combustión se mantenga, el propio fuego debe generar
suficiente calor como para vaporizar aún más combustible y que este vuelva a mezclarse
con el oxígeno y se inflame, esto genera aún más calor y el proceso sigue una espiral de
retroalimentación.
ANÁLISIS DE LOS ELEMENTOS DE LA COMBUSTIÓN
Como hemos visto, para que se inicie y mantenga un fuego es necesaria la coexistencia
de los cuatro elementos del tetraedro del fuego.
El análisis a priori, en un escenario de riesgo, de cada uno de estos cuatro elementos
permitirá determinar su peligrosidad relativa respecto a la probabilidad de inicio, a la
propagación y a las consecuencias de un incendio.
LOS COMBUSTIBLES
Se define como combustible cualquier sustancia capaz de arder, es decir, capaz de
combinarse con un oxidante en una reacción rápida y exotérmica. Podemos citar como
ejemplos:
• Carbón.
• Monóxido de carbono.
• Muchos compuestos ricos en carbono e hidrógeno, como los hidrocarburos.
• Elementos no metálicos fácilmente oxidables, tales como el azufre y el fósforo.
• Materiales que contengan celulosa, tales como madera, textiles, etc.
• Metales, como aluminio, magnesio, titanio, circonio.
• Metales alcalinos, como el sodio, potasio, etc.
Todos los combustibles arden, o entran en combustión, en fase gaseosa. Cuando el
combustible es sólido o líquido, es necesario un aporte previo de energía para llevarlo
al estado gaseoso, a este proceso se le denomina pirolisis.
Pirolisis es la parte del proceso de descomposición química irreversible de una sustancia
causada por el incremento de temperatura. Cuando se aplica calor a una sustancia, se
produce una reacción química que lo descompone en sustancias nuevas. La sustancia
original se descompone en moléculas (el elemento más pequeño que puede existir
independientemente) que vuelven a unirse con otras formando sustancias nuevas.
Los combustibles pueden encontrarse en cualquier estado de agregación, sólido, líquido
o gaseoso, pero debe aclararse que lo que arde con llama son los vapores que
desprenden los combustibles en el proceso de la combustión. En el estado sólido habrá
de producirse con carácter previo una destilación pirolítica, esto es, una
descomprensión de la materia sólida que la lleve al estado gaseoso generado los
compuestos volátiles que finalmente combustionarán. En estado líquido, por el
contrario, no será necesaria esta pirolisis del material dado que estos compuestos
volátiles inflamables se generarán por evaporación.
En comparación con los líquidos y gases inflamables, los combustibles sólidos se
consideran generalmente menos peligrosos porque la ignición de estos requiere
generalmente un contacto suficientemente largo con el foco de calor que permita el
desprendimiento de vapores inflamables.
PELIGROSIDAD DE UN COMBUSTIBLE RESPECTO A SU POSIBLE IGNICIÓN
La peligrosidad respecto a su ignición depende de una serie de variables:
o Proporción combustible-comburente (oxidante).
o Temperatura mínima a la que el combustible emite suficientes vapores
para alcanzar dicha concentración.
o Energía de activación que es necesario aportar a la mezcla para que se
inicie el proceso y se desarrolle la reacción en cadena.
Estas variables se pueden analizar por medio de unas constantes físicas, propias de cada
combustible.
Límites de inflamabilidad (o de explosividad)
Para que sea posible la ignición, debe existir una concentración de combustible
suficiente en una atmósfera oxidante. Una vez que se inicia la combustión es im-
prescindible un aporte continuo de combustible y de oxidante para que se mantenga.
Pero no todas las mezclas combustible-comburente (oxidante) son susceptibles de
entrar en combustión, sino que solamente reaccionarán algunas proporciones de
mezcla determinadas. Se definen los límites de inflamabilidad como los límites extremos
de concentración de un combustible en mezcla con un oxidante. El límite superior de
inflamabilidad es la máxima concentración de vapores de combustible en el aire, por
encima de la cual no se produce la combustión; y el límite inferior de inflamabilidad es
la mínima concentración de vapores de combustible, en mezcla con el aire, por debajo
de la cual no se produce la combustión.
Estas concentraciones se expresan en porcentaje en volumen de vapores de
combustible en mezcla con oxidante. Los valores que aparecen en la bibliografía se
suelen dar en porcentaje de vapores de combustible en mezcla con aire.
La más pobre de estas concentraciones se denomina Límite Inferior de Inflamabilidad
(LII). La más rica de las concentraciones se denomina Límite Superior de Inflamabilidad
(LSI).
Las concentraciones intermedias entre ambos límites están incluidas en el Intervalo o
Rango de Inflamabilidad, y son todas las mezclas capaces de entrar en combustión.
Por debajo del LII la mezcla es demasiado pobre en combustible para arder, y por encima
del LSI la mezcla es demasiado pobre en oxidante.
Ambos límites, en condiciones ambientales normales de presión y temperatura, no se
ven afectados sensiblemente por pequeñas variaciones de estas, pero cuando el
aumento de temperatura es elevado, se amplía el intervalo de inflamabilidad.
En la bibliografía americana se les suele dar también el nombre de límites de
explosividad. Ambas denominaciones son compatibles puesto que el hecho de que la
mezcla se inflame o explote depende de otras circunstancias, y no solamente de la
concentración.
Límites de inflamabilidad en interior de nube de vapor
Si comienza la combustión arderá toda la nube de gas
Comburente
21% Oxígeno
Zona dentro
del rango de
inflamabilidad
Baja
concentración
de gas > LSI Atmósfera < LII Aire
Mezcla inflamable
estequiométrica
Los datos de límites de inflamabilidad y explosividad que aparece en tablas de
diferentes autores pueden no coincidir exactamente, debido principalmente a las di-
ferencias en las condiciones de partida de los ensayos.
Punto de encendido *(según norma UNE-EN ISO 13943)
Es la mínima temperatura (ºC) a la que una sustancia combustible, en presencia del aire,
emite suficiente cantidad de vapor para que la mezcla sea susceptible de inflamarse, en
presencia de un foco de ignición o por el aporte de una energía de activación externa.
Este término suele aparecer en la bibliografía inglesa bajo el nombre de flash-point, y en
la bibliografía en castellano se identifica frecuentemente con el punto o temperatura de
inflamación.
Punto de inflamación *(según norma UNE-EN ISO 13943)
Existe otra temperatura específica y es aquella a la que un combustible emite vapores
con suficiente velocidad para propiciar la combustión continuada. Dicha temperatura se
denomina punto de inflamación (fire point en inglés), y suele estar unos grados por
encima del punto de encendido.
Temperatura de ignición espontánea o de autoignición
Es la mínima temperatura a la que debe calentarse un combustible en presencia de aire
para producir su ignición espontánea, sin el aporte de una energía de activación externa
o fuente de ignición.
PELIGROSIDAD DE UN COMBUSTIBLE RESPECTO A LA ENERGÍA Y PRODUCTOS
EMITIDOS EN SU COMBUSTIÓN
Los factores importantes que contribuyen a la peligrosidad de un combustible una vez
inflamado son:
Poder Calorífico
Es la cantidad de calor que puede emitir un combustible por unidad de masa, al sufrir
un proceso de combustión completo. Las unidades más utilizadas para el poder
calorífico son las Megacalorías por Kilo de combustible (Mcal/kg). La norma UNE-EN-ISO
lo define también como calor de combustión (J/kg).
Como ejemplo el alcohol etílico tiene un poder calorífico de 6,45 Mcal/kg, el propano
10,98 Mcal/kg y el tolueno 8,69 Mcal/kg
Reactividad
Se consideran reactivos aquellos productos que pueden sufrir reacciones de gran
potencial energético por mezcla, frotamiento o contacto. Determinados productos son
propensos a sufrir rápidas transformaciones químicas que los convierten en otras
sustancias, estas transformaciones pueden causar lesiones directas mediante las
reacciones químicas, generar calor intenso, el cual puede causar incendio y/o
explosiones o producir lesiones por quemaduras o generar gases o vapores tóxicos.
Algunos ejemplos de estas sustancias son el flúor, el acetileno, los peróxidos
Toxicidad de los productos de combustión
Toxicidad es la capacidad que tiene una sustancia de causar un efecto perjudicial sobre
un organismo vivo (según norma UNE-EN ISO 13943). Algunos combustibles pueden
emitir en su combustión humos y gases que por su gran toxicidad dificultan las
condiciones de evacuación y extinción.
Velocidad de combustión
La velocidad de combustión en una masa combustible es la cantidad de combustible
consumida por unidad de tiempo en unas condiciones dadas. Se expresa en kg/s. Esta
velocidad aumenta a medida que disminuye la compactación del combustible, llegando
a ser en ocasiones explosiva, como en el caso de algunos combustibles gaseosos o en el
de ciertos sólidos finamente pulverizados. tal es el caso de algunos combustibles
gaseosos. Cuando se produce una inflamación súbita generalizada en la superficie del
conjunto de los materiales combustibles en un recinto, nos encontramos con el
fenómeno conocido como “flashover”, fenómeno que se describirá en otros capitulos.
Velocidad de propagación de la llama
Es la medida de la velocidad lineal de propagación superficial de las llamas en un
combustible en una dirección determinada, e indica la capacidad de extensión y
propagación de un fuego; se aplica especialmente a los combustibles sólidos utilizados
como revestimientos.
EL COMBURENTE
El comburente es cualquier agente capaz de oxidar un combustible en una reacción
rápida y exotérmica. Generalmente, aunque no siempre, el oxígeno del aire es el agente
comburente más común en todas los fuegos e incendios, puesto que al aire contiene
aproximadamente un 21% en volumen de oxígeno.
Algunas sustancias químicas, tales como el nitrato sódico (NaNO3) o el clorato potásico
(KClO3), pueden actuar también como oxidantes al emitir fácilmente oxígeno bajo
ciertas condiciones. Otros productos como la nitrocelulosa pueden arder sin ser
necesaria la presencia de aire por contener oxígeno en su propia estructura molecular.
A continuación, se indican algunos ejemplos de agentes oxidantes:
o Oxígeno y ozono (aire)
o Peróxido hidrógeno
o Halógenos (flúor, cloro, bromo y yodo)
o Ácidos nítrico y sulfúrico concentrados
o Óxidos de metales pesados, particularmente aquellos que tienen valencia alta,
tales como el dióxido de manganeso, dióxido de plomo…
o Nitratos, cloratos, perboratos y peróxidos
o Cromatos, dicromatos, permanganatos, hipocloritos e hipobromitos
Desde el punto de vista de incendio, el oxígeno del aire es el comburente principal, pues
en casi todos los siniestros, el aire es el agente que alimenta el fuego. Pero a pesar de
que el oxígeno representa un papel muy importante en la mayoría de los procesos de
combustión, hay que mencionar la existencia de algunas combustiones especiales en las
que esto no es así, por ejemplo, ciertos metales como el calcio y el aluminio pueden
quemar en una atmósfera de nitrógeno, o el polvo de magnesio que puede arder en una
atmósfera de anhídrido carbónico.
Aunque un comburente es cualquier agente oxidante capaz de oxidar un combustible,
en una reacción rápida y exotérmica, este término se suele aplicar a mezclas de gases
en las cuales el oxígeno está en proporción suficiente para que en su presencia se inicie
y desarrolle la combustión, ya que el oxígeno es el agente oxidante más común. Por ello,
el aire, que contiene aproximadamente un 21% en volumen de oxígeno, es el combu-
rente más común en todos los fuegos e incendios.
Para que se desarrolle la combustión, en los procesos normales, es necesaria la
presencia de una proporción mínima de oxígeno en el ambiente. Esta proporción
mínima se determina por medio del ensayo del índice crítico de oxígeno.
LA ENERGÍA DE ACTIVACIÓN
Como ya se indicó anteriormente, es la energía mínima que necesitan los reactivos para
que se inicie una reacción.
Esta energía es aportada en la combustión por las fuentes de ignición. Un foco puede
provocar la ignición si su energía en intensidad (temperatura) y en extensión (cantidad
de calor) es suficiente para aumentar la temperatura en una zona de la masa
combustible por encima de su punto de autoignición.
MODALIDADES DE COMBUSTIÓN
El proceso de combustión puede tener lugar de dos formas diferentes, con llama (en la
que se incluyen las explosiones) y las superficiales sin llama, también llamadas
incandescentes.
Combustión con llama.
La combustión con llama se asocia a velocidades de combustión relativamente altas
expresadas en términos de liberación de energía. La llama, como ya se ha comentado
anteriormente, se produce en la fase gaseosa, por lo que arderán siempre con llama los
combustibles líquidos y gaseosos, y en ocasiones los sólidos, siempre que en su
descomposición se generen suficientes compuestos volátiles.
Dentro de las combustiones con llama podemos diferenciar según se produzcan llamas
de difusión o de premezcla, en función de si el combustible se mezcla, o no, con el
oxígeno antes de la zona de combustión.
Combustión incandescente.
Es aquella que se produce sin llama, pero tiene manifestación visible en forma de
ascuas. En la combustión sin llama se oxida directamente la superficie carbonizada,
generando localmente el calor suficiente para producir una nueva carbonización del
combustible adyacente aún sin quemar. Al no existir llama por no poder mantener el
combustible la combustión de la fase gaseosa, el oxígeno del aire entra en contacto
directo con la capa carbonizada y facilita que continúe directamente la combustión
incandescente o de brasa.
Solo ocurre en materiales combustibles sólidos, siendo relativamente lenta en
comparación con la combustión con llama. La combustión incandescente limita
generalmente a materiales porosos que pueden formar una escoria carbonosa al
calentarse. El oxígeno del aire se propaga lentamente entre los poros del material y
dentro del mismo se produce una zona de reacción brillante, aunque este brillo no se
vea siempre desde el exterior. Estos materiales porosos son malos conductores del
calor, de modo que, aunque la reacción de combustión se produce lentamente,
conservan suficiente calor en la zona de reacción para mantener la temperatura elevada
necesaria para que la reacción continúe.
Algunos ejemplos de combustión sin llamas son las de carbono puro y la de algunos
metales fácilmente oxidables, como el magnesio, el aluminio, circonio, uranio, socio,
potasio…
EXPLOSIONES
Una explosión es la liberación súbita de gas a alta presión en el ambiente. Esta energía
liberada se disipa mediante una onda de onda de presión. Existen dos tipos de
explosiones:
Las explosiones se pueden clasificar según la naturaleza u origen del fenómeno en
químicas o físicas.
Explosiones químicas.
Tienen su origen en una reacción química, generalmente una combustión de alta
velocidad de reacción. Dada una masa reactiva, hay dos formas de que se produzca esta
reacción: en toda la masa a la vez (Reacción uniforme) o iniciándose en un punto y
avanzando sobre el resto, a través de un frente con una determinada velocidad
(Reacción de propagación)
Deflagraciones y detonaciones. Son reacciones de propagación en los que el frente de
la llama avanza a velocidad subsónica (deflagración) y supersónica (detonación)
Explosiones físicas.
Tienen su origen en un fenómeno físico, sin que se produzcan cambios químicos en las
sustancias. El origen de la explosión no es una reacción química, se da por un cambio en
el estado físico de la materia, lo que provoca una evaporación súbita y como
consecuencia una onda de presión destructiva.
CLASIFICACIÓN DE LAS COMBUSTIONES EN FUNCIÓN DE LA VELOCIDAD
DE PROPAGACIÓN
Se entiende como velocidad de propagación la velocidad con la que avanza el frente de
la reacción, es decir, la velocidad con la que se mueve el frente que separa la mezcla no
reaccionada de los productos de la reacción. En base a dicho parámetro las reacciones
se clasifican en:
o Oxidación lenta: no se consideran combustiones en sentido estricto, ya que la
reacción transcurre de forma que la energía desprendida es disipada en el medio
sin producir aumento local de temperatura, no existe pues reacción en cadena.
Un ejemplo de esto sería la oxidación del hierro, el amarilleado del papel o la
oxidación del organismo.
o Combustión normal: la velocidad de reacción es apreciada visualmente, pero se
mantiene inferior a un metro por segundo. La energía desprendida es en parte
disipada en el ambiente, y el resto se invierte en activar la mezcla de comburente
y combustible manteniendo la reacción en cadena. Son los incendios normales:
las combustiones de papel, madera...
o Combustión deflagrante o deflagración: a velocidad de propagación es superior
a un metro/seg. pero inferior a la velocidad del sonido en el medio. Aquí ya
aparecen fenómenos de sobrepresiones como consecuencia de la generación de
gases y la temperatura de la reacción, pudiendo alcanzar estos valores
comprendidos entre 1 y 10 veces la presión inicial, normalmente la presión
ambiental (1 bar). Las ondas de presión generadas se mantienen paralelas entre
sí, sin discontinuidades, generando efectos sonoros o flashes.
En este caso la velocidad del frente de presiones (onda de choque) es superior a
la del frente de reacción o frente de llamas. Un ejemplo de esto sería la
combustión de los vapores de líquidos combustibles, polvos en suspensión o
combustible finamente subdividido como harina de molinos, polvo de grano en
silos, etc.
o Combustión detonante o detonación: la velocidad de propagación es superior a
la velocidad del sonido en el medio. La sobrepresión generada puede alcanzar
valores de hasta 100 veces la presión inicial. Las ondas de presión generadas en
este caso sufren una discontinuidad que provoca la aparición de una onda de
choque. En estos casos, el frente de llamas, que en la deflagración sufría un
cierto retraso respecto el frente de presiones, acompaña y va a la misma
velocidad que el frente de presiones. En realidad, lo que ocurre, es que es la
onda de choque la que proporciona la energía de activación a los productos de
la reacción. Ejemplo los explosivos industriales (dinamita, goma 2, trilita…)
TRANSMISIÓN DE CALOR
El calor o energía térmica, se transmite por tres mecanismos diferentes:
• Conducción.
• Convección.
• Radiación.
CONDUCCIÓN
Si un extremo de una barra metálica se coloca en una llama mientras el otro se sostiene
con la mano, se observará que esta parte de la barra se va calentando cada vez más,
aunque no está en contacto directo con la llama. Decimos que el calor alcanza el
extremo frío de la barra por conducción a lo largo o a través de la sustancia que la forma.
Las moléculas del extremo caliente aumentan la violencia de su vibración si se eleva la
temperatura de dicho extremo. Entonces, cuando chocan con sus vecinas que se
mueven más lentamente, parte de su energía cinética es compartida con ellas, que la
transmiten a su vez a las situadas más lejos de la llama. Por consiguiente, la energía de
la agitación térmica se transmite a lo largo de la barra de una molécula a otra, si bien
cada molécula permanece en su posición inicial.
Es bien sabido que los metales son buenos conductores de la electricidad y así mismo
buenos conductores del calor. La aptitud de los metales para conducir la corriente
eléctrica es debida al hecho de que en su interior hay electrones llamados libres, esto
es, electrones que se han desprendido de los átomos de donde procedían.
Los electrones libres toman parte también en la propagación del calor y son causa de
que los metales sean tan buenos conductores de aquél; en efecto, lo mismo que las
moléculas, participan en el proceso de transmitir la energía térmica de las partes más
calientes a las más frías del metal.
La conducción del calor puede únicamente tener lugar cuando las distintas partes del
cuerpo se encuentran a temperaturas diferentes, y la dirección del flujo calorífico es
siempre de los puntos de mayor a los de menor temperatura. A veces la definición de
igualdad o desigualdad de temperaturas se basa en el fenómeno del flujo calorífico; esto
es, si el calor pasa de un cuerpo a otro cuando ambos se encuentran en contacto, la
temperatura del primero es, por definición, mayor que la del segundo, y si no hay paso
de calor del uno al otro, sus temperaturas son iguales.
Para que tenga lugar la transmisión de calor por conducción, es imprescindible la
presencia de materia, ya que como se ha indicado anteriormente, el calor se transmite
por las vibraciones de las moléculas. Cuanto mayor es el grado de disgregación de la
materia, menor es la conducción de calor, que se transmite mejor en los sólidos que en
los líquidos, y en éstos mejor que en los gases. En el vacío absoluto, el calor no se
transmite por conducción.
CONVECCIÓN
La expresión convección se aplica a la propagación del calor de un lugar a otro por un
movimiento real de la sustancia caliente. Son ejemplos de éstos la estufa de aire caliente
y el sistema de calefacción por agua caliente. Si la sustancia se mueve por flotabilidad o
diferencia de densidad provocada por la diferencia de temperatura, el proceso se
denomina convección natural o libre. Si la sustancia es obligada a moverse por un
ventilador o una bomba, el proceso se denomina convección forzada.
De forma general se podría decir que los fluidos pesan menos por unidad de volumen
tal como se vayan calentando, esta menor densidad de la materia, se origina por la
dispersión de sus moléculas por efecto del calor. El fluido al ser menos denso tiende a
ascender mientras que la materia más densa y fría desciende ocupando el espacio
dejado por un fluido a mayor temperatura.
La expresión radiación se refiere a la emisión continua de energía desde la superficie de
todos los cuerpos. Esta energía se denomina energía radiante y se encuentra en forma
de ondas electromagnéticas que se propagan con la velocidad de la luz y se transmiten
a través del vacío lo mismo que a través del aire. (En realidad mejor que en el aire,
puesto que son absorbidas por éste en cierta proporción). Cuando inciden sobre un
cuerpo que no es transparente a ellas, como la superficie de la mano o las paredes de la
habitación, son absorbidas y su energía es transformada en calor.
La energía radiante emitida por una superficie por unidad de tiempo y por unidad de
área, depende de la naturaleza de la superficie y de su temperatura. A bajas
temperaturas, la radiación por unidad de tiempo es pequeña y la energía radiante es
casi toda ella de longitud de onda relativamente grande. Cuando la temperatura
aumenta, la radiación por segundo crece muy rápidamente, siendo proporcional a la
cuarta potencia de la temperatura. Por ejemplo, un bloque de cobre a una temperatura
de 100ºC (373ºK) irradia aproximadamente 300.000 ergios/seg., o sea, 0,03 w por cada
centímetro cuadrado de su superficie. A la temperatura de 500ºC (773ºK) emite
aproximadamente 0,54 w por centímetro cuadrado, y a 1000ºC (1273ºK) irradia alre-
dedor de 4 w/cm2. Esta cantidad es 130 veces mayor que la emitida a la temperatura
de 100ºC.