CASO CLÍNICO 4 – “La habitación cerrada”
Mariela es una mujer de 41 años, madre soltera de dos adolescentes. Acude a
psicoterapia por lo que ella describe como una “sensación constante de encierro”
que se intensifica cuando está sola en casa. Aunque trabaja como contadora en una
empresa mediana y no ha reportado dificultades laborales significativas, ha
comenzado a experimentar episodios de ansiedad cuando llega a su hogar por las
tardes. Refiere que al entrar a su casa, en especial a su recámara, siente que las
paredes “se cierran” y que le falta el aire, incluso si las ventanas están abiertas. Ha
empezado a evitar estar sola y constantemente deja la televisión encendida aunque
no la vea, como una forma de sentir “presencia” en casa.
Durante las sesiones, la terapeuta nota que Mariela tiene una narrativa muy
estructurada, casi rígida, en torno a su rol como madre. Habla con orgullo de haber
criado sola a sus hijos, enfatiza que siempre ha sido “muy fuerte” y “nunca se ha
permitido derrumbarse”. Relata que, desde muy joven, tuvo que cuidar de su madre
enferma, ya que su padre murió cuando ella tenía 10 años. A los 17, su madre sufrió
un accidente cerebrovascular que la dejó parcialmente paralizada, lo que obligó a
Mariela a dejar la universidad para dedicarse a su cuidado.
Cuando se le pregunta por su vida amorosa, Mariela desvía el tema o lo minimiza.
Menciona brevemente que tuvo algunas parejas “sin importancia” en su juventud y
un embarazo inesperado del cual “se hizo cargo sin pedirle nada al padre”. Describe
su vida afectiva con frases como: “No tengo tiempo para eso” o “Nunca lo he
necesitado realmente”. Sin embargo, hay momentos en los que la terapeuta nota
que Mariela se quiebra al hablar de las noches solitarias, aunque enseguida se
recompone y cambia de tema.
En una sesión particularmente emotiva, Mariela menciona un sueño recurrente: se
encuentra en una casa antigua, caminando por pasillos oscuros y escuchando el
llanto de un bebé detrás de una puerta cerrada. Sabe que el bebé está solo y
necesita ayuda, pero al intentar abrir la puerta, esta está trabada o desaparece.
Siempre despierta con el corazón acelerado y una fuerte sensación de angustia.
A pesar de su disciplina diaria y del control que ejerce sobre su rutina, Mariela
empieza a manifestar síntomas somáticos: palpitaciones, insomnio y una
contractura crónica en la espalda. Se muestra sorprendida de que el malestar
persista “a pesar de que todo está en orden”. En consulta, reconoce que a veces se
siente vacía, pero enseguida lo atribuye al cansancio o a la carga de
responsabilidades.
Preguntas guía para el análisis grupal:
1. ¿Qué elementos del relato podrían estar enmascarando un conflicto psíquico
inconsciente?
2. ¿Qué función podría estar cumpliendo el síntoma (sensación de encierro) en
la estructura psíquica de Mariela?
3. ¿Cómo podría interpretarse el sueño desde una perspectiva simbólica?
4. ¿Qué se puede inferir del discurso defensivo y del rol sobreadaptado de
Mariela respecto a sus vínculos afectivos?
5. ¿Qué mecanismos de defensa parecen estar presentes en el discurso o en las
conductas de Mariela?