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Castidad

La castidad es una virtud malentendida que se relaciona con el respeto y la espera en el amor, integrando la sexualidad de manera madura y responsable. No se trata de abstinencia, sino de un amor ordenado que reconoce la dignidad del cuerpo como templo del Espíritu Santo. La castidad implica una lucha diaria y un compromiso con la fe en Cristo, donde el amor se convierte en un camino hacia la libertad y la transparencia del amor divino.

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Castidad

La castidad es una virtud malentendida que se relaciona con el respeto y la espera en el amor, integrando la sexualidad de manera madura y responsable. No se trata de abstinencia, sino de un amor ordenado que reconoce la dignidad del cuerpo como templo del Espíritu Santo. La castidad implica una lucha diaria y un compromiso con la fe en Cristo, donde el amor se convierte en un camino hacia la libertad y la transparencia del amor divino.

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LA CASTIDAD

Comentado y tomado
del libro "Palabras de
la vida interior" de
Enzo Bi anchi
CASTIDAD
No es fácil hablar de l a castidad. Se trata de
una palabra y de una real idad que con
frecuencia se entiende de manera reducti va,
aunque a veces incl uso se l a ignora y hasta
ridiculiza; en otros casos, se l a suel e confundi r
con la virginidad o también se l a identi fi ca con
la abstinencia sexual . Por esto resul ta
oportuno redescubrir el val or antropol ógi co de
la castidad y, por tanto, su val or espiri tual
cristiano. La etimología nos sugiere que el
casto (castus) es el que rehúsa el incesto (i n-
castus). El no-casto, en su raíz, es el
incestuoso.

El casto vive sus rel aciones aceptando l a


distancia y respetando l a al teridad (que no se
reduce a la diferencia). El no-casto no busca
la relación, sino la fusión y l a con-fusi ón que
definen normalmente el incesto. Este senti do
fundamental sitúa l a castidad en l a senda del
aprendizaje del arte de amar y de vivir l a
sexualidad de manera madura y responsabl e.

4
Por tanto, no se trata de una virtud negati va,
marcada por prohibiciones y vetos, sino
eminentemente positiva, «que confiere a l as
relaciones humanas su transparencia y su tono
general, y permite a l as personas reconocerse
en el respeto de su ser más íntimo» (C. Fl i po).
Escribe J. Gründel: castidad es l a
disponibilidad interior del hombre a afi rmar
plenamente la propia sexual idad, a reconocer
los impulsos sexuales en su carácter
integralmente personal y social , y a insertarl os
con total sentido en el conjunto de l a vi da
humana».

La castidad es amor ordenado (amor


ordinatus), que no pospone l as cosas grandes
a las menores» (Agustín de Hipona). Y puesto
que implica la asunción radical de l a propi a
corporeidad, no exige renegar del cuerpo o de
la sexualidad, sino su integración en l a vi da
personal. Pide al hombre que cumpl a el
mandato de ser el propio cuerpo, l e invi ta a
vivir la sexualidad bajo el signo del símbol o,
no de la imagen.

5
En particular, recuerda a l a persona l a
necesaria integración de l a temporal idad en el
amor: la castidad es espera, gradación y
duración. Rechaza l a fusión del «todo y
pronto», la lógica de l o inmediato y del
consumo. De este modo, se configura tambi én
como lucha contra l a absol utización y l a
despersonalización de l a pul sión sexual , contra
la búsqueda de la satisfacción a cual qui er
precio, contra la disipación, contra l a
cosificación de la sexual idad.

La castidad nos recuerda que el amor es


también ascesis, fatiga, trabajo, y que requi ere
una purificación a fin de ser intel igente y
respetuoso con el otro y su misterio, es deci r,
que tiende realmente al bien del otro. Rei ner
Maria Rilke ha dejado escrito: «Nada es tan
arduo como amarse. Es un trabajo, un trabajo
de cada día. Además, l os jóvenes no están
absolutamente preparados para esta di fi cul tad
del amor.

6
Naturalmente, la concepción cristiana de l a
castidad la considera insertada en l a fe en
Cristo, conectada a l a adhesión personal a Él ,
enraizada en su seguimiento y siendo
expresión del amor por Él .

Tanto en el matrimonio como en el cel i bato, l a


castidad es respeto del misterio del cuerpo
propio y del cuerpo del otro: percibe el
cuerpo como personal y expresivo, antes de
mirarlo como objeto de deseo. Más todaví a,
considera el cuerpo humano como templ o del
Espíritu santo y morada de Dios (l Cor 6, 19),
como lugar de glorificación de Dios (l Cor 6,
20). Y el celibato casto por causa del Rei no
sólo puede ser vivido gracias a un gran amor
por el Señor y a la fe en l a resurrección,
además de a una madurez humana marcada
por la capacidad de amar y de adhesión a l a
realidad.

7
La castidad se juega en l o profundo del
corazón y es, por tanto, un camino, una
tensión incesante, una l ucha, y no se confi gura
jamás como un estado conseguido de una vez
para siempre. San Cesáreo se expresa así a
propósito de la castidad: <<Entre todas l as
luchas que los cristianos deben combati r, l as
más duras son las l uchas por l a castidad,
donde el combate es diario y rara l a vi ctori a».
La victoria no es más que un don, un
acontecimiento de l a gracia, l a imposici ón,
gracias a la fe, de las energías de l a
resurrección sobre l as pul siones egocéntri cas
de la persona.

8
El cristiano encuentra un apoyo y una
pedagogía para esta l ucha en l a eucari stí a,
que le recuerda que «el cuerpo no es para l a
impudicia, sino para el Señor, y el Señor es
para el cuerpo» (l Cor 6, 13). Al l í, ante el
cuerpo del Señor donado por amor, el
creyente encuentra l a enseñanza para
relacionarse con el propio cuerpo y con el del
prójimo. Y se ve confirmado en l a vocaci ón a
la comunión, al amor, a l a fraternidad, a
convertirse en un signo del amor de Di os por
todos los hombres.

Al generar un corazón puro que sabe ver l a


realidad y a los otros en Dios, l a castidad hace
del hombre una transparencia del amor y de l a
potencia de Dios. El poder con el que Di os
«ha resucitado al Señor, nos resucitará
también a noso(l Cor 6, 14).

9
Comentari o
La castidad en toda su complejidad es
algo que muchas veces es
malentendido, es ridiculizado, es
ignorado muchas veces por los mismo
bautizados... En final el autor lo
declara como el respeto,
reconocimiento y sapiente espera de
dar amor en la forma adecuada a la
que estoy llamado a dar, en el
momento indicado, y por ello es un
amor auténtico y ordenado (como lo
dirá San Agustín) tanto para mí como
para los otros, porque la castidad
también refleja un santo amor propio
y por eso es una lucha diaria y
permanente, porque requiere
purificar el amor que tengo y que doy.

11
La castidad es necesaria para
aprender, con la ascesis, a dar algo
que es sumamente difícil en la vida de
cada bautizado, pero requerido, y ello
es un verdadero amor, viendo cada
uno de sus aspectos no como algo
ligero, pasajero que no haya que
trabajar, sino por el contrario porque
cada uno de esos aspectos forma la
complejidad del amor mismo.

12
Se expresa el respeto por mi mismo, y
por el otro, en la medida que también
se le reconoce en su propio cuerpo
como la morada de Dios, el templo del
espíritu Santo, por eso es que vivir la
castidad es una gracia, y una gracia
que todo cristiano requiere, porque si
los bautizados somos templo de Dios,
entonces debemos reconocer al resto
también como tal, con dignidad y no
como un objeto de deseo. También a la
propia persona, y por ello me debo
hacer respetar, por eso no es solo
dintinguida para los que siguen el
celibato, es para todos.

13
La castidad tendrá un valor tal que se
lucha en el corazón, es decir, que
también todo desorden o orden de esta
virtud se encuentra en el corazón, y
por eso un afecto, una muestra de
afecto o de cariño impulsado por un
deseo desordenado de la dimensión
sexual o con segundas intenciones será
también un ataque contra la castidad,
pues la castidad como una lucha del
corazón, al ceder la batalla y consentir
el deseo en el corazón mismo, me lleva
a violentar está virtud (que es Dada
por el mismo Dios que habita en el
corazón) y me ciega a ver al otro como
templo mismo de Dios, por ende este
mismo acto me pondrá en peligro de
un acto aún más grave.

14
Todo esto en fin generales, será
resultado de un verdadero amor a
Cristo, y entre más exija mi vocación
y mi vida de la castidad, más gracia
por amor a Cristo necesitaré. Una
forma de amar más la virtus y a Dios,
será la eucaristía dirá el autor que es
el reflejo perfecto, porque en ella, el
cuerpo de cristo en mi, me llena, y me
dice que el cuerpo es para el señor, y
el señor para cuerpo.

15
Pero debemos esclarecer con todo esto
algo, la castidad es el hacerme libre,
de una persona, de una sexualidad
desordenada, de una esclavitud, pero
no es solo abstinencia, es LLENARME
A MÍ de DIOS, y llevar mi sexualidad
que se vive en muchos otros aspectos
de la vida, hacia Dios, para hacerme
libre. De lo contrario me quedarán
vacíos de mis afectos no llevados a
Dios y abstenidos, que me llevarán a
explotar o a apegarme a la gente, a ser
posesivo, a estar frustrado, a apegarme
a las cosas, o a los demás, apegarme a
las amistades y por ende desorganizar
nuevamente mis afectos y forma de
ver las cosas que pretendían se
ordenadas por la virtud.

16
Así, para concluir encontramos
textualmente que, la castidad genera
un hombre con corazón puro que
sabe ver la realidad y a los otros en
Dios, "la castidad hace del hombre
una transparencia del amor y de la
potencia de Dios". Es una decisión
que se toma y da olor a rosas, pues
entonces amamos de verdad, pero su
camino es entre espinos y nos parece,
aún así, el propio hombre se hace
plenamente ¡LIBRE!

17
María y José,
modelos de
castidad y pureza
Jesús, José y
María, les
doy el
corazón y el
alma mía.
Amén.

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