CÓMO SER SALVO
Ann Calatayud February 1, 2023
Instrucciones:
Para elegir a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal, debemos creer que Él es el único Hijo del Padre. Cuando
vino a la tierra, nació de una virgen, siendo enteramente Dios y enteramente hombre. Él vivió entre nosotros, siendo
tentado en todo, así como nosotros, y aún así, sin mancha de pecado. De esta manera, Él se convirtió en un sacrificio
aceptable por los pecados del hombre. Dios Lo envió porque amó al mundo y aún lo ama. Esto quiere decir que Él te
ama y ¡envió a Su Hijo para entregar Su vida para que pudiera restaurar y llenar la tuya!
Antes de entrar en una travesía de liberación, debemos recibir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal.
Utiliza el video de abajo para hacer este compromiso con Jesucristo.
La Oración: Jesús, vengo delante de Ti y reconozco que soy un pecador. Me arrepiento. Llamo a Tu nombre y pido
que me limpies con tu sangre. Perdóname por mis pecados. Te invito a mi corazón, Jesucristo. Yo creo que naciste de
una virgen, moriste y resucitaste en el tercer día para que yo pueda tener vida eterna. Abro mi vida a Ti y te pido que
entres en mí y seas mi Señor y Salvador. Gracias por salvarme. Amén.
Cuando la Biblia habla sobre la salvación se refiere a la liberación espiritual que Dios da a todos los que deciden creer
en Jesús, se arrepienten de sus pecados y comienzan a vivir para él. La salvación por medio de Jesús nos libera del
poder del pecado y de la muerte espiritual. En Cristo encontramos la verdadera vida, abundante y eterna.
(Juan 3:16-17): Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se
pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por
medio de él.
(Romanos 10:8b-10): Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y
crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser
justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
(Hechos 4:11-12): Jesucristo es “la piedra que desecharon ustedes los constructores, y que ha llegado a ser la piedra
angular”. De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres
mediante el cual podamos ser salvos.
(2 Timoteo 1:9-10): Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su
propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo; y ahora lo ha
revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible
mediante el evangelio.
(Efesios 2:8-9): Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es
el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.
(Tito 3:3-7): En otro tiempo también nosotros éramos necios y desobedientes. Estábamos descarriados y éramos
esclavos de todo género de pasiones y placeres. Vivíamos en la malicia y en la envidia. Éramos detestables y nos
odiábamos unos a otros. Pero, cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó,
no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la
regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por
medio de Jesucristo nuestro Salvador. Así lo hizo para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos que
abrigan la esperanza de recibir la vida eterna.
(Juan 5:24): Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna y no será
juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
(Lucas 19:9-10): Hoy ha llegado la salvación a esta casa —le dijo Jesús—, ya que este también es hijo de Abraham.
Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Romanos 10:12-13): No hay diferencia
entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan,
porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo».
(Romanos 1:16): A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los
que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles.
(Hechos 16:30b-31): Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo? Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán
salvos —le contestaron.
(1 Timoteo 1:15): Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo
a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
(Hebreos 7:25): Por eso también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive
siempre para interceder por ellos.
(Juan 10:9-10): Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad,
y hallará pastos. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan
en abundancia.
(Juan 10:27-28): Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán,
ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.
(Tito 2:11-14): En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y nos enseña a
rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio
propio, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador
Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido,
dedicado a hacer el bien.
(Romanos 6:23): Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús,
nuestro Señor.
(Hebreos 9:27-28): Y así como está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el
juicio, también Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos; y aparecerá por
segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan.
(Isaías 61:10): Me deleito mucho en el Señor; me regocijo en mi Dios. Porque él me vistió con ropas de salvación y
me cubrió con el manto de la justicia. Soy semejante a un novio que luce su diadema, o una novia adornada con sus
joyas.
(Marcos 16:16): El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.
(Salmo 18:1-2): ¡Cuánto te amo, Señor, fuerza mía! El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el
peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!
(Efesios 1:13-14): En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la
salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Este garantiza nuestra
herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.
(Filipenses 3:20): En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor
Jesucristo.
(Santiago 1:21): Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir
con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida.
(Marcos 8:34-35): Entonces llamó a la multitud y a sus discípulos.Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que
se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su
vida por mi causa y por el evangelio la salvará.
(1 Pedro 2:1-3): Por lo tanto, abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia, deseen
con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación,
ahora que han probado lo bueno que es el Señor.
(Mateo 24:10-13): En aquel tiempo muchos se apartarán de la fe; unos a otros se traicionarán y se odiarán; y surgirá
un gran número de falsos profetas que engañarán a muchos. Habrá tanta maldad que el amor de muchos se
enfriará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo.
(1 Tesalonicenses 5:8-10): Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos siempre en nuestro sano juicio,
protegidos por la coraza de la fe y del amor, y por el casco de la esperanza de salvación; pues Dios no nos destinó a
sufrir el castigo, sino a recibir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Él murió por nosotros para que, en
la vida o en la muerte, vivamos junto con él.
(Mateo 1:20-21): Pero, cuando él estaba considerando hacerlo, se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo:
«José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará
a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
(Hechos 2:19-21): Arriba en el cielo y abajo en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y nubes de humo. El sol se
convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y esplendoroso. Y todo el que
invoque el nombre del Señor será salvo.
(1 Pedro 1:8-9): Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y, aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con
un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.
(1 Pedro 3:21b-22): El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena
conciencia delante de Dios. Esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo, quien subió al cielo y tomó su
lugar a la derecha de Dios, y a quien están sometidos los ángeles, las autoridades y los poderes.
(Hechos 13:47): Así nos lo ha mandado el Señor: “Te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi
salvación hasta los confines de la tierra”».
(Romanos 5:10): Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su
Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!
(1 Corintios 1:18): Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que
se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.
(Mateo 16:25): Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la
encontrará.
(1 Corintios 15:1-4): Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y
en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De
otro modo, habrán creído en vano. Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo
murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras.
(Hebreos 5:7-9): En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que
podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento
aprendió a obedecer; y, consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le
obedecen.
(Isaías 33:22): Porque el Señor es nuestro guía; el Señor es nuestro gobernante. El Señor es nuestro rey: ¡Él nos
salvará!
(Salmo 80:19): Restáuranos, Señor Dios Todopoderoso; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.
(Salmo 3:8): Tuya es, Señor, la salvación; ¡envía tu bendición sobre tu pueblo! Selah
(Isaías 52:7): ¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del
que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, del que dice a Sión: «Tu Dios reina»!
(Salmo 37:39): La salvación de los justos viene del Señor; él es su fortaleza en tiempos de angustia.
(Salmo 62:1-2): Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Solo él es mi roca y mi salvación; él es
mi protector. ¡Jamás habré de caer!
(Salmo 62:6-7): Solo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer. Dios es mi salvación y mi
gloria; es la roca que me fortalece; ¡mi refugio está en Dios!
(Salmo 34:18): El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.
(Miqueas 7:7): Pero yo he puesto mi esperanza en el Señor; yo espero en el Dios de mi salvación. ¡Mi Dios me
escuchará!
(Salmo 25:5): Encamíname en tu verdad, ¡enséñame! Tú eres mi Dios y Salvador.
(Salmo 18:35): Tú me cubres con el escudo de tu salvación, y con tu diestra me sostienes; tu bondad me ha hecho
prosperar.
(Salmo 31:16): Que irradie tu faz sobre tu siervo; por tu gran amor, sálvame.
(Salmo 68:19): Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día sobrelleva nuestras cargas. Selah
(Salmo 79:9): Oh Dios y Salvador nuestro, por la gloria de tu nombre, ayúdanos; por tu nombre, líbranos y perdona
nuestros pecados.
(Jeremías 17:14): Sáname, Señor, y seré sanado; sálvame y seré salvado, porque tú eres mi alabanza.
(Jonás 2:9): Yo, en cambio, te ofreceré sacrificios y cánticos de gratitud. Cumpliré las promesas que te hice. ¡La
salvación viene del Señor!
(Salmo 118:25-26): Señor, ¡danos la salvación! Señor, ¡concédenos la victoria! Bendito el que viene en el nombre del
Señor. Desde la casa del Señor los bendecimos.