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La cola magica
Cuarta edicion: julio de 2003
© 1975 dy Ediciones de la Flor S.R.L.
Gorriti 3695, C1172ACE Buenos Aires, Argentina.
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Hecho el deposito que dispone la ley 11.723
Impreso en la Argentina
Printed in Argentina
ISBN 950-515-802-5
GRISELDA GAMBARO
La cola magica
llustrado por
Juan Marchesi
EDICIONES DE LA FLOR
Coleccion: Libros de la Florcita
a cargo de Kuki Miler
Otros titulos de esta coleccién:
RAY BRADBURY
La nifia que ilumin6o la noche
SILVINA OCAMPO
EI caballo alado
UMBERTO ECO
Los tres astronautas
EUGENE IONESCO
Cuento Ne 1
Cuento Ne 2
AUGUSTO ROA BASTOS
El pollito de fuego
Los juegos 1
FERNANDO ALEGRIA
La ciudad de arena
CLARICE LISPECTOR
El misterio del conejo que sabia pensar
GUY DES CARS
El tren de Papa Noel
MICHEL BUTOR
Los espejitos
ITALO CALVINO
El bosque sobre la ruta
JAMES THURBER
Muchas lunas
WALMIR AYALA
La paloma de la paz
ARIEL DORFMAN
La rebelién de los conejos magicos
VINICIUS DE MORAES
El Arca de Noé
MARTHA MERCADER
Fuga
COLECCION LIBROS DE LA FLORCITA
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Hawi: una vez un perro que tenia un nombre curioso, se
llamaba Epaminondas.
Este perro sufria mucho porque, aparte del nombre muy
largo, tenia una cola mucho, mucho mas larga. ‘Tan larga que
la cola tenia su propio nombre, se llamaba Pandora.
Pandora le creaba grandes problemas al pobre Epami-
nondas. Por ejemplo: Epaminondas salia a pasear, cruzaba la
calle cuando el semaforo sefialaba luz verde, pero como la
cola era tan larga, el semaforo cambiaba a rojo y Pandora
todavia seguia cruzando.
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L os automovilistas veian la cola de Epaminondas como si
fuera una alfombra y se asombraban de que se moviera sola.
Claro, no veian a Epaminondas que en el otro extremo de la
calle, trraba y trraba de la cola, con miedo de que se la pisaran
los autos.
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@@ Y Pandora? Pues Pandora estaba muy asustada. ; Y todo
ese ruido de bocinas! ;Bu-bu! ;Buuuuuuu!
Cuando por fin cruzaba la calle se subia sobre Epaminondas
y no queria bajar.
Epaminondas se sentia muy humillado. g;D6nde se habra
visto, pensaba, un perro con la cola en la cabeza?
—jBajate, Pandora! —le decia, sacudiéndola.
A fin, Pandora se tranquilizaba y ocupaba su lugar.
Epaminondas volvia la cabeza y la miraba con cierto orgullo.
En resumidas cuentas, Pandora no era fea, un manto de rey
parecia.
O.:: veces, Pandora le creaba problemas a proposito al
pobre Epaminondas. Hacia travesuras. Se enroscaba alrededor
de un arbol como si fuera un matambre.
Epaminondas seguia caminando tranquilamente hasta
que daba un paso y se iba de bruces al suelo. Volvia trotando
a buscar a Pandora.
—{ Qué te pasd? —le preguntaba, muy enojado, y Pandora
ponia cara de inocente.
—Me enredé —decia, y Epaminondas debia dar vueltas
alrededor del arbol para desenroscarla.
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C on tantas vueltas se mareaba y se abrazaba a Pandora
como si estuviera borracho.
Esto le gustaba mucho a Pandora: que Epaminondas la
abrazara. Aprovechaba y se trepaba nuevamente sobre
Epaminondas, le cubria hasta los ojos y no lo dejaba respirar.
Entonces, Epaminondas le ordenaba ir al suelo otra vez.
—j Qué cola! —protestaba.
P.. no tener mas problemas, la dobl6 como
una frazada y se la puso sobre el lomo, Pandora
contentisima de pasear sobre semejante
carruaje.
Wein. caminando, Epaminondas llegé a una playa.
Era muy temprano. Las olas recién se despertaban y tenian
ese movimiento que tienen las olas cuando han descansado
bien y se levantan de buen humor. Llegaban hasta la playa
suavemente, la lamian y se volvian para atras. Era una delicia
verlas.
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E paminondas y Pandora se quedaron mucho tiempo
mirando las olas, hasta que calento6 el sol y aparecié un chico
con una Cafia de pescar.
El chico le result6 simpatico a Pandora, porque ella se
estiro, desperezandose, y le rozo la cara.
El chico vio la cola y exclam6é un ;OH!, tan grande, con
una expresion tan cOmica de sorpresa, que Pandora se echo a
reir como reia ella, agitandose de derecha a izquierda y de
izquierda a derecha. Hasta Epaminondas
se echo areiryse mojo las patas en el agua.
D espués Ilegaron mas chicos. Tito, el de la cafia de pescar, les
mostr6 a Pandora.
—Es mi amiga —diyo, acariciandola.
—jQué hermosa es! —exclamaron los chicos, y Epami-
nondas se sintid muy orgulloso. Sacé pecho y le brillaron los
ojos marrones.
Pandora escuchaba en silencio, haciéndose la modesta.
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L os chicos le pidieron permiso a Epaminondas para
sentarse sobre la cola. Epaminondas los dej6 y Pandora se
extendio cuan larga era sobre la arena. Como era muy limpia,
les pidié a los chicos que se limpiaran los pies y los chicos se
sacudieron la arena de entre los dedos.
—Fste dedo gordo esta sucio —decia Pandora, y los mandaba
a baflarse.
—Este tiene las ufias largas.
—Basta, Pandora —dijo Epaminondas porque a Pandora le
gustaba mandar y no la terminaba mas con su mania de limpieza.
—Pueden sentarse, chicos —dijo Epaminondas y los chicos
se sentaron juiciosamente, como sobre un almohadon de
terciopelo.
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— @ Podemos saltar? —preguntaron después.
— {Como no! —contest6 Epaminondas, de comin acuerdo
con su cola, a quien los saltos de los chicos le producian
cosquillas.
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4 Ah, qué gusto tuvieron entonces todos los chicos! ;Qué
felicidad! Suavemente, se zambullian en la cola afelpada
Saltaban y, de vez en cuando, Epaminondas juntaba todas sus
fuerzas y los llevaba un trecho, corriendo, y entonces la cola
cargada de chicos, se levantaba en el aire y parecia una alfombra
magica volando sobre la arena.
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Impresiones Graficas JC S.R.L.,
Carlos Maria Ramirez 2409 (1437) Buenos Aires, Argentina,
en el mes de julio del aio 2003.
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