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Dicen

El documento aborda el amor de Jesús hacia los enfermos y el significado del sacramento de la Unción de enfermos como un acto de acompañamiento en el sufrimiento. Se enfatiza la importancia de estar presente con aquellos que sufren, ofreciendo consuelo y amor, y se reflexiona sobre la experiencia del duelo y la búsqueda de la esperanza en medio de la oscuridad. La Unción no es solo un rito final, sino una expresión de la cercanía de Dios y la comunidad hacia el enfermo.
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Dicen

El documento aborda el amor de Jesús hacia los enfermos y el significado del sacramento de la Unción de enfermos como un acto de acompañamiento en el sufrimiento. Se enfatiza la importancia de estar presente con aquellos que sufren, ofreciendo consuelo y amor, y se reflexiona sobre la experiencia del duelo y la búsqueda de la esperanza en medio de la oscuridad. La Unción no es solo un rito final, sino una expresión de la cercanía de Dios y la comunidad hacia el enfermo.
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Dicen

que tienes una manera extraña amar,


que el tuyo es un amor difícil y misterioso.
Y también yo me pregunto:
¿dónde estás cuando el sufrimiento
me encierra en la soledad?
¿Dónde encontrarte cuando
me respondes con el silencio?
¿Por qué tanta oscuridad…
por qué tanto sufrimiento?

Así comienza un libro sobre oraciones para el duelo. Nos habla de lo


extraño del amor de Jesús hacia el enfermo. Porque nos cuesta entenderle,
ver como está a su lado, como está y camina en la enfermedad.
Pero creo que es lo más común. Ya que la enfermedad nos encierra en
nuestro dolor, encierra a los que le acompañan en su impotencia. Y el silencio
es tan fuerte y potente que nos desborda. Y solo vemos la parte final de esta
oración: ¿Por qué tanta oscuridad… por qué tanto sufrimiento?

En este día que vamos a hablar del sacramento de la Unción de


enfermos. Voy a dialogar con el acompañamiento que hacemos a la persona
enferma.

Tú sabes, Señor,
que me cuesta
creer que no te has desentendido de mí,
que nada de lo mío te es indiferente,
que eres el siempre presente,
el que habita en lo más hondo de mi soledad,
el que alienta la vida de mis preguntas,
el que me espera y me acompaña.

Esta afirmación es fundamental, me cuesta verte, pero estás. Me cuesta


sentirte, pero estás. El sacramento de la unción nos habla de estar con el que
sufre, con el enfermo. Es el sacramento del acompañamiento, de hacerle ver
al enfermo que estamos con él. No es el sacramento del último momento. En
la carta de Santiago hace está recomendación:
[14] ¿Que uno de vosotros cae enfermo? Llame a los ancianos de la
comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando el nombre
del Señor. [15] La oración hecha con fe sanará al enfermo y el Señor lo hará
levantarse; y si ha cometido pecados, se le perdonarán.
Santiago nos invita a estar al lado del que sufre, para que sienta que la
comunidad no le abandona a su suerte. El recuerdo el domingo cuando me
acerque a ver a Ángel y tuvimos un rato de oración y celebramos el
sacramento de la Unción.
Acoger el amor que Nieves le había regalado y donado a lo largo de ese
mes, abrirse al misterio de dejarse amar por Jesús, sentir la presencia de una
de sus hijas. Y decirme este soy yo en este momento, y acojo el amor donado
por vosotros.
De alguna manera se abría a sentirse acogida, en su impotencia, se
abría a dejarse amar, esa mirada de gratitud y de decir a Jesús esto soy. No
hay juicio en la Unción, hay acogida. No es ver al hombre pecador. Es ver a la
persona necesitada de amor y, en su impotencia, darle la bendición: Este
gesto expresa la cercanía de Dios y su consuelo, así como la preocupación
cariñosa de la comunidad por el hermano enfermo para que tenga toda la
ayuda del Espíritu que va a necesitar en la enfermedad que vive.
Posteriormente ungirle con el oleo de los enfermos: El óleo cura las
heridas, tonifica el cuerpo del atleta, significa la elección mesiánica, simboliza
la tierra prometida con el pan y el vino y comunica bendición, cercanía, paz,
alegría, confianza, etc. El óleo consagrado por el obispo el día de Jueves Santo
recibe del Ministerio Pascual toda su fuerza y significado: es la cercanía del
amor redentor y salvador de Cristo junto al que sufre, hecha realidad por la
mediación de la Iglesia.
Ungiendo su cabeza: Siente que estoy contigo y en sus manos: siente
que camino en este momento tan duro o tan oscuro o lleno de sinsentido.
De alguna manera era hacerle ver que Jesús no le deja de su mano. Es
hacerle participe de su amor misericordioso.
Podríamos expresarlo así:
¿Quién como Tú, Jesús,
puede comprender
el sufrimiento que me oprime,
la oscuridad que me envuelve,
la ausencia que me vacía?

¿Quién como Tú,


peregrino infatigable y solidario
de los caminos inseguros e inciertos,
podría acompañarme
hacia la paz y el descanso?

Señor Jesús,
hoy, sin embargo, me pregunto
dónde encontrarte…
¿En la angustia del huerto,
en la espera dolorosa de la cruz?
¿Clavado entre el cielo y la tierra
y abandonado de Dios?
¿En la súplica y en el llanto?
¿En el viernes o en el domingo?

Señor Jesús,
quiero creer y esperar que no te has ido del todo,
que sigues siendo compañero de camino,
presencia discreta y entrañable,
en los fríos huertos de la soledad,
en las esperas sin esperanza…

Este sacramento que hace tan presente el amor de Dios al hombre, a la


mujer débil, habla que el amor regalado, el amor donado no ha fracasado, que
la mirada al dolor no nace de un fracaso, sino que habla de esa mano tendida
en el acompañamiento en la enfermedad, habla de que… Qué difícil es acabar
esta frase, porque los que habéis estado con él durante la enfermedad. Pero
desde esa confianza en la resurrección afirmaremos como los de Emaús:
Señor, Tú sabes que la enfermedad y la muerte
de un ser querido
siempre nos llevan allá donde nunca hemos estado,
nos empujan hacia el agujero negro del misterio que más duele,
nos introducen en un mundo de sombras.
No es fácil andar a tientas cuando la vida apremia.

Tú que viniste para llevarnos a un nuevo Emaús,


donde siempre amanece,
acompáñanos en el largo camino del duelo
y de la despedida sellada por la pérdida bajo el palo de nuestra cruz.
Recorre con nosotros el pasado de los recuerdos
que dan soporte a la vida huérfana de presencia,
ayúdanos a visitar de nuevo los lugares
que, a menudo desapercibidamente, dieron aliento a nuestras vidas,
ábrenos a la revelación de las verdades que solo la muerte ilumina,
calienta nuestro corazón con las palabras, divinas y humanas,
que nos abren a tu Presencia:
La Presencia que transforma en Vida
el pan amargo de nuestros sudores
y en nueva savia de plenitud
la sangre que brota de nuestro corazón herido.
Amén.

Señor Jesús,
ahora que estoy en duelo,
necesito creer que tu pasión por la vida no fue en vano,
que las puertas abiertas a la esperanza
no se han cerrado.
Necesito creer que Tu apuesta
colmará definitivamente mis esperanzas.
Ahora, Señor, que estoy en duelo,
me toca vivir la ardua estación
de un sufrimiento
que hiere mis sentimientos,
que ofende a la razón,
que busca y no encuentra…
Señor, ayúdame a seguir creyendo
que Tú eres Vida
10que no se ausenta de mi vida,
esperanza que no defrauda,
que Tú, Señor, eres el Dios
apasionado de la vida.

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