0% encontró este documento útil (0 votos)
10 vistas5 páginas

Reseña Doctrina Social de La Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia, aunque históricamente subestimada, ha sido crucial para abordar problemas sociales como la pobreza y la explotación laboral, especialmente bajo el liderazgo del Papa Francisco. Desde su origen en la encíclica Rerum Novarum, ha evolucionado para incluir derechos humanos y justicia global, pero enfrenta desafíos en su aplicación práctica y conexión con la realidad cotidiana de las comunidades. A pesar de su enfoque en el bien común, la doctrina ha sido criticada por su falta de adaptación a cambios sociales y por no traducir sus principios en reformas efectivas.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
10 vistas5 páginas

Reseña Doctrina Social de La Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia, aunque históricamente subestimada, ha sido crucial para abordar problemas sociales como la pobreza y la explotación laboral, especialmente bajo el liderazgo del Papa Francisco. Desde su origen en la encíclica Rerum Novarum, ha evolucionado para incluir derechos humanos y justicia global, pero enfrenta desafíos en su aplicación práctica y conexión con la realidad cotidiana de las comunidades. A pesar de su enfoque en el bien común, la doctrina ha sido criticada por su falta de adaptación a cambios sociales y por no traducir sus principios en reformas efectivas.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Reseña Doctrina Social De La Iglesia

Presentado por:

ANALITICA VII

Universidad Santo Tomás


Seccional Tunja

Septiembre

RESEÑA
La Doctrina Social de la Iglesia ha sido un elemento esencial en la tradición católica,
aunque tradicionalmente nunca ha tenido suficiente difusión e incluso ha sido
infravalorada dentro de la misma Iglesia. Esta doctrina, a lo largo de los años, ha
sido fundamental para abordar problemas sociales como la explotación laboral, la
pobreza y las desigualdades económicas, no obstante a menudo ha enfrentado
dificultades para conectar con la realidad cotidiana de las personas, especialmente
con aquellos más pobres y marginados. Con el liderazgo del Papa Francisco, la
doctrina social de la iglesia ha experimentado un renacimiento, convirtiéndose en
algo más accesible y relevante para el mundo contemporáneo. Francisco ha logrado
que se visibilice la importancia de la doctrina social de la iglesia en la lucha contra
las injusticias, remarcando la necesidad de una Iglesia que no solo predique sobre
justicia, sino que además la practique activamente, solidarizándose con los
oprimidos.

La Doctrina social de la iglesia tiene sus cimientos en la encíclica Rerum Novarum,


publicada en 1891 por el Papa León XIII, que dio respuesta a las nuevas realidades
sociales de finales del siglo XIX, especialmente marcadas por la industrialización.
En este momento histórico, surgieron graves problemas sociales, como la
explotación de los trabajadores, que tuvieron afectación especialmente en mujeres y
niños. La Iglesia, a través de este documento, procuró la defensa de los derechos
de los obreros y enfatizó que la fe cristiana no puede apartarse de los problemas
humanos. Rerum Novarum fue un hito vital, siendo que dio inicio de la doctrina
social de la iglesia como una respuesta directa de la Iglesia hacia los desafíos
sociales de su tiempo. Esta encíclica, no obstante, no fue una respuesta separada,
sino el resultado de una naciente reflexión dentro de la Iglesia acerca de las
injusticias sociales, comúnmente agrupada bajo el concepto de "catolicismo social".

Durante el siglo XX, la doctrina social de la iglesia se desarrolló y expandió para


tratar nuevas preocupaciones económicas, políticas y sociales. Pío XI, con su
encíclica Quadragesimo Anno (1931), arremetió contra el "imperialismo mundial del
dinero", por otro lado Pío XII y Juan XXIII empezaron a dar más atención a las
desigualdades globales, haciendo un énfasis especial en el contraste entre los
países opulentos del norte y los marginados económicos del sur. Juan XXIII,
particularmente, trazó una nueva etapa en la evolución de la doctrina social de la
iglesia con sus encíclicas Mater et Magistra (1961) y Pacem in Terris (1963), en las
que se empezó a hablar acerca de los derechos humanos, paz y justicia global. Esta
transición de enfoque permitió lograr una visión más extendida de los problemas
sociales, diferenciándose de la óptica eurocentrista que había prevalecido en la
Iglesia hasta entonces.

La doctrina social de la iglesia también fue trascendente en la reconciliación de la


Iglesia con los derechos humanos. El Concilio Vaticano II, llevado a cabo bajo por
Juan XXIII y continuado por Pablo VI, significó un cambio importante en la relación
de la Iglesia con la modernidad. La Iglesia asumió una postura más abierta al

1
diálogo, al reconocer que debía tener más adaptación a las nuevas realidades
sociales sin dejar de lado a su misión de anunciar el Evangelio. Este cambio de
perspectiva no solo significó un reconocimiento de los derechos humanos como
esenciales para la dignidad humana, sino también una crítica hacia el
individualismo que muchas veces permea el discurso sobre la justicia social. Desde
este enfoque, la doctrina social de la iglesia propone que los problemas sociales no
pueden tener resolución desde un enfoque exclusivamente individual, sino que
necesitan un esfuerzo colectivo para cambiar las estructuras injustas.

En la dirección de Juan Pablo II y Benedicto XVI, la doctrina social continuó


configurandose a los desafíos globales. Juan Pablo II, en encíclicas como Laborem
Exercens (1981) y Centesimus Annus (1991), abordó problemáticas como la
globalización y la dignidad del trabajo, enalteciendo la importancia de que los
trabajadores no solo debían recibir un salario justo, sino que también debían contar
con la oportunidad de vivir una vida creativa y participativa en el proceso de la
creación divina. Para Juan Pablo II, el trabajo era mucho más que algo reducido a lo
económico, era un modo de hacer parte en la obra creadora de Dios. Por otro lado,
Benedicto XVI, en Deus Caritas Est (2005) y Caritas in Veritate (2009), hizo énfasis
en el rol de la esperanza y la caridad al interior de la vida cristiana, resaltando que el
cristianismo no es meramente un conjunto de normas morales, sino un hecho
salvador que cambia la vida de quienes creen.

Un momento fundamental en la historia cercana de la doctrina social de la iglesia


fue la crisis económica mundial de 2008, que impactó significativamente en las
reflexiones del Papa Benedicto XVI. En Caritas in Veritate, Benedicto expuso un
nuevo modelo de desarrollo que superara tanto el capitalismo salvaje como el
colectivismo marxista. Propuso que la cooperación entre el Estado, el mercado y la
sociedad civil era esencial para evitar el desenfreno del mercado y asegurar que
este sirviera al bien común.

La Iglesia debe no solo tiene que predicar sobre la justicia social, sino hacerla parte
del diario vivir, siendo solidaria con los marginados y oprimidos. Esto es clave en el
discurso del Papa Francisco, quien ha insistido en que la Iglesia debe tener contacto
y brindar ayuda en las vidas con más necesidades. Francisco ha regresado una
visión de la Iglesia hacia los pobres y marginados, subrayando que la relación lógica
entre la palabra y la acción es vital para que la doctrina social de la iglesia tenga una
trascendencia real en el mundo.

Crítica:

Aunque la doctrina Social de la Iglesia ha sido crucial en la respuesta a los


problemas sociales y ha conseguido aportar a la reflexión alrededor de la justicia,
los derechos humanos y la pobreza, su impacto ha estado restringido en varios

2
aspectos. Primero, la iglesia en sí, ha enfrentado inconvenientes para agregar
plenamente estos principios en su estructura y acción pastoral. Aunque la doctrina
social de la iglesia se erige en valores éticos y morales significativamente arraigados
en lo respectivo a la tradición cristiana, la inclusión concreta de estos principios ha
sido desigual y, en más casos, nunca suficiente para producir cambios estructurales
significativos en las sociedades donde opera.

Una de las principales dificultades de la doctrina social de la iglesia es su


desconexión con la realidad cotidiana de muchas comunidades, especialmente
contextos donde la Iglesia no ha tenido capacidad de adaptación a los cambios
sociales, económicos y políticos. Aunque el Papa Francisco ha regresado algo el
valor a la doctrina social de la iglesia y ha sido enfático en lo importante de la
solidaridad, la doctrina aún parece ser vista como abstracta o teórica para muchos
creyentes. Este entendimiento puede deberse en parte a la falta de formación sobre
la doctrina social de la iglesia dentro de la propia Iglesia, lo que contribuye a su
escaza comprensión y aplicación. A pesar de los esfuerzos actuales, la doctrina
social de la iglesia no ha conseguido adentrarse entre los laicos y en las
comunidades.

Además, si bien la doctrina social de la iglesia trata de manera eficaz las


desigualdades socioeconómicas y establece principios como el salario justo y la
protección de los derechos laborales, su impacto real en las políticas públicas es,
regularmente, escasa. La influencia de la doctrina social de la iglesia ha sido más
notoria en los discursos morales y en ciertos gremios del activismo social, pero no
siempre ha logrado traducirse en una presión efectiva para la reforma legislativa o la
transformación de las estructuras económicas desiguales. En muchos países, la
Iglesia ha sido juzgada por su pasividad ante gobiernos que perpetúan las
injusticias, y en algunos casos, incluso se ha puesto de lado de regímenes
autoritarios.

Por otro lado, existe una contradicción histórica en la posición de la Iglesia respecto
a la modernidad. Aunque el Concilio Vaticano II marcó un cambio hacia una Iglesia
más abierta y en diálogo con el mundo contemporáneo, las controversias entre la
tradición y la modernidad persisten. El reconocimiento de los derechos humanos y la
promoción del bien común han sido bastiones importantes de la doctrina de la
iglesia, pero la Iglesia ha tardado en reconciliarse por completo con conceptos como
la igualdad de género o los derechos reproductivos, sectores donde muchas veces
su enseñanza se percibe como en conflicto con los avances en derechos humanos.

Para dar clausura, la crítica al individualismo que surge de la doctrina social de la


iglesia es válida desde un punto de vista moral, mas puede caer en una
simplificación del contexto social. Si bien es cierto que muchas problemáticas
sociales requieren de una transformación de la colectividad, el enfoque de la
doctrina social de la iglesia a veces resta importancia a los derechos individuales y

3
la autonomía personal, componentes vitales en las sociedades contemporáneas. El
énfasis en el bien común es plausible, pero debe conseguir equilibrio con el respeto
a la diversidad y la libertad de elección en una pluralidad de contextos éticos y
culturales.

Referencias:

● Ildefonso Camacho Laraña, (2000). "Doctrina Social de la Iglesia: una visión


en conjunto"

● https://youtu.be/1zsqVbTomGo?feature=shared

También podría gustarte